Integridad y Sabiduria
Sermones

Coqueteando con la verdad

Miguel Núñez 4 agosto, 2019

Coquetear con la verdad tiene consecuencias que pueden extenderse por toda la eternidad. El reciente caso de Joshua Harris, quien tras vender millones de libros y pastorear una megaiglesia anunció su abandono de la fe, ilustra una realidad inquietante: hay una diferencia abismal entre profesar la fe y poseerla. La mejor evidencia de una fe genuina es la prueba del tiempo, la perseverancia constante en el camino de Dios por un largo periodo.

El apóstol Pablo, prisionero en Cesarea, fue llamado a testificar ante el gobernador Félix y su esposa Drusila, una pareja sin escrúpulos morales. Pablo no se intimidó ante el poder del gobernador; les predicó un sermón de tres puntos: la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. No habló de justicia humana sino de la perfección moral que solo Cristo puede otorgar, esa santidad que los escribas y fariseos pretendían alcanzar con rituales externos mientras sus corazones permanecían divorciados del espíritu de la ley. Les habló del dominio propio como fruto del Espíritu, no como fuerza de voluntad humana. Y les recordó que existe un tribunal celestial donde todo será revisado.

Félix tembló ante estas palabras, pero en lugar de arrepentirse, despidió a Pablo diciendo que lo llamaría cuando tuviera tiempo. El texto revela que mandaba buscar al apóstol con frecuencia, esperando recibir dinero a cambio de su libertad. Tenía más deseo de riquezas que de salvación. Como Herodes, quien sabía que Juan el Bautista era justo y santo y le gustaba escucharlo, pero terminó decapitándolo, Félix coqueteó con la verdad sin abrazarla jamás.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Abre en tu Biblia el libro de los Hechos, capítulo 24, del versículo 24 al 27. El pasaje es corto, pero es un pasaje empaquetado de contenido.

Antes de entrar en la introducción, algunas de las cosas que yo necesito decir en esta mañana o quiero decir acerca del texto. Hace unos días atrás, la comunidad evangélica internacional fue sacudida, por así decirlo. Alguien que no esté al día conoce la noticia: cuando se anunció que el ex pastor Joshua Harris estaba anunciando su divorcio y, peor aún, anunció que había abandonado la fe cristiana. Joshua Harris fue el autor del libro "I Kissed Dating Goodbye", o "Dije adiós al cortejo, dije adiós al noviazgo", un libro que en su momento en inglés vendió 1.2 millones de ejemplares. Un pastor de una mega iglesia con una doctrina sólida, predicador de un evangelio bíblico, predicador de la gracia bíblica, donde en ningún momento en su vida anterior había dado el menor indicio de una desviación doctrinal, y hoy, de acuerdo a sus declaraciones, suena casi como un ateo.

Yo creo que hay grandes enseñanzas. Hay mucha gente con la esperanza de que él pueda regresar al camino, y ciertamente yo creo que no debiéramos perder esa esperanza. Pero me atemoriza el hecho de que quizás no sea el caso. Puedes leer Hebreos 6 de un grupo de personas que probaron del don celestial y gustaron de la buena palabra, y el texto dice que si ellos se desvían es imposible retornarlos para arrepentimiento. No sé si él está en ese grupo, pero pensando en el texto de hoy y lo que acaba de ocurrir recientemente, no hay duda de que hay una gran diferencia entre profesar la fe y poseer la fe. Tú puedes profesar la fe y no poseerla, y aquellos que solo la profesan se van a desviar, porque 1 Juan 2:19 es clara cuando dice: "Salieron de nosotros, pero en realidad nunca eran de nosotros", y la razón por la que salieron de nosotros fue para poner en evidencia que nunca lo fueron.

En un artículo que yo escribí para la Coalición por el Evangelio hace un tiempo reciente atrás, tenía que ver con el hecho de que la vida cristiana es un maratón y no una simple carrera. Yo decía que quizás no sea una idea original, pero decía que la mejor evidencia de que verdaderamente yo soy cristiano y de que verdaderamente he nacido de nuevo es la prueba del tiempo. La prueba del tiempo: la perseverancia en el camino de Dios de manera constante por un largo período de tiempo. Hay algunos que han pagado el precio, un alto precio como el apóstol Pablo, y han llegado hasta el final y terminaron pagando con su propia vida.

Hay otro grupo que ha perseverado por un largo tiempo, pero no hasta el final. Es triste que justo esta semana un libro escrito por Paul David Tripp, que se llama "Un llamado peligroso" (Dangerous Calling), diciendo que el pastorado es un llamado peligroso, tiene un endoso. Varios endosos en la parte de atrás: tiene cinco personas que endosaron el libro. De esos cinco, tres están fuera del ministerio, y uno de ellos es Joshua Harris. Una gran tristeza, porque no sabemos de los que están aquí o de los que estamos aquí cuántos permanecerán.

Hay otro grupo que ha escuchado el mensaje una y otra vez, una y otra vez, nunca dieron el paso de abrazarlo y nunca se comprometieron, y van camino a la condenación eterna. Aquellos que se exponen a la verdad, al evangelio, de manera recurrente sin abrazar las demandas del evangelio están coqueteando con la verdad. Ese es el título de mi mensaje: coquetear con la verdad tiene consecuencias dolorosas, duraderas, severas, y tan duraderas que pudieran ser para toda la eternidad.

La Palabra registra un par de personajes, o más de un par, que coquetearon con la verdad. Herodes Antipas, aquel que decapitó a Juan el Bautista, fue un hombre que coqueteó con la verdad y terminó en la condenación. Escucha lo que el texto de Marcos 6:20 nos dice acerca de Herodes y Juan el Bautista: "Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo". Herodes sabía que Juan el Bautista era un hombre justo y santo. La combinación de esas dos palabras no es común. Y lo mantenía protegido; lo tenía en la cárcel, pero protegido. Y cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo. Herodes llamaba a Juan el Bautista, parece que de vez en cuando, le escuchaba y se quedaba con la boca abierta, perplejo. No es una palabra común tampoco. Y sin embargo, llegada la hora, él decidió complacer a su esposa y decapitarlo. Él estuvo coqueteando con la verdad.

Juan le dijo a Herodes: "No te es lícito vivir con Herodías, la mujer de tu hermano Felipe". Ella se llenó de resentimiento, y en su resentimiento decidió quitarle la vida a Juan el Bautista y diseñó todo un plan para lograrlo. La Palabra de Dios nos recuerda una y otra vez lo serio que es oír la verdad y rechazar la verdad.

Al final de la década de 1990 yo escuché un mensaje acerca del texto que voy a exponer, predicado por Ravi Zacharias, uno de los grandes apologistas y uno de los hombres más brillantes que el mundo cristiano tenga el día de hoy. Y él le llamó "Flirting with the Truth", o "Coqueteando con la verdad". De manera que yo estoy tomando prestado el título. Para evitar el plagio quiero decirlo, y poder exponer este texto, pero de una manera muy diferente a cómo él lo hizo. Su exposición fue brillante, es típico de este gran pensador, pero su abordaje fue más bien filosófico, porque eso es lo que él es; normalmente es muy filosófico, a pesar de que es un cristiano comprometido. Mi abordaje es un abordaje pastoral para las ovejas, y para quizás algunos o muchos, no lo sé, que todavía no son ovejas, pero que al escuchar el mensaje pudieran abrazar la verdad y llegar a ser parte de la familia de Dios. Quizás gente que está considerando la posibilidad de la fe cristiana como el camino a seguir.

Pero yo quisiera que me permitan, como siempre, refrescar su memoria para que podamos ver exactamente dónde nos encontramos. El apóstol Pablo, recuerden, había llegado a Cesarea acompañado de un grupo de militares que fueron protegiéndolo después de que se había formado un complot. Había unas cuarenta y tantas personas que habían hecho juramento de no tomar ni comer nada hasta matar a Pablo. Eventualmente el comandante se enteró, lo envía a Cesarea, él llega a Cesarea, y entonces allí también llegaron autoridades judías del Sanedrín, incluyendo el sumo sacerdote, y llegaron acompañados también de un abogado de nombre Tértulo para presentar sus acusaciones contra Pablo.

Vimos cómo las acusaciones de este abogado fueron precedidas de una gran lisonja a este gobernador que estaba caracterizado por una vida de crueldad. Sin embargo, el abogado habló de la bondad y la gran dicha que este hombre había hecho por el pueblo de Israel, todo lo cual era mentira. Félix tenía una reputación completamente diferente. Eventualmente el apóstol Pablo pudo defenderse, presentó su defensa de una manera mucho más escueta, y en su defensa presenta su testimonio y termina hablando de una resurrección final, perdón, de la cual participarán los justos y los impíos.

Esta fue la primera vez que Félix como gobernador tenía la oportunidad de escuchar al apóstol Pablo. Él sabía, en la presentación de Pablo, que era un hombre inocente, pero como le faltaban convicciones, él no quiso soltarlo aún y dijo: "Bueno, vamos a reservar el veredicto hasta que venga el comandante Lisias", que no sabemos si llegó a ir, "y entonces nosotros vamos a resolver tu caso". Sin embargo, mientras tanto, él ordenó que a Pablo lo tuvieran bien guardado en la prisión y le dieran completa libertad para que sus amigos pudieran venir y ministrarle, como dice el lenguaje original. Y eso es donde estamos. Tenemos a Pablo en prisión con completa libertad para ser visitado por sus amigos.

Ahora vamos a continuar en el versículo 24 del capítulo 24 hasta el versículo 27, y con eso cerramos ese capítulo: "Pero pocos días más tarde llegó Félix con Drusila, su mujer, que era judía, y mandó traer a Pablo y lo oyó hablar acerca de la fe en Cristo Jesús. Y al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix, atemorizado, dijo: 'Vete por ahora, pero cuando tenga tiempo te mandaré llamar'. Al mismo tiempo tenía esperanza de que Pablo le diera dinero, por eso acostumbraba a llamarlo con frecuencia y conversar con él". Nada nuevo debajo del sol. "Pero transcurridos dos años, Porcio Festo llegó como sucesor de Félix, y deseando hacer un favor a los judíos, Félix dejó preso a Pablo". Dos años. Por hacer un favor a los judíos, en prisión. ¿Qué pecado habría cometido Pablo para ser tratado de esa manera? Ninguno. Era un representante del evangelio de Cristo.

Y como Félix había oído ya a Pablo por una vez, esta vez viene su mujer Drusila. Algunas traducciones o textos bíblicos de otro tiempo, diferentes a los textos bíblicos de donde esta traducción se produjo, dejan ver como que la iniciativa vino de Drusila, su esposa. Yo tengo que hablar un poquito de la familia de Drusila para que tú entiendas delante de qué pareja Pablo está. Esta es la audiencia de Pablo.

Drusila era hija de Herodes Agripa I, y Herodes Agripa I es el Herodes que aparece en el capítulo 12 del libro de los Hechos, de quien hablamos y quien fue responsable de mandar a decapitar a Jacobo, el apóstol Jacobo, el hermano de Juan. El texto dice en el capítulo 12 que en un momento dado él hizo una aparición ante el pueblo. El pueblo vino y al oírlo hablar dijo: "¡Wow! Estamos oyendo la voz de Dios, no la voz de un hombre". Y como Herodes no le dio la gloria a Dios, un ángel del Señor vino y le quitó la vida ipso facto, y se llenó inmediatamente de gusanos y se lo comieron los gusanos. Esa es una buena ilustración de que en el Nuevo Testamento, en la era de la gracia, nuestro Dios no ha dejado de ser un fuego consumidor. Esa es una buena ilustración de que jugar con la gloria de Dios no es algo que Dios toma a la ligera.

Yo creo que si hay algo que queda claro en la Palabra del Señor es que el ser humano necesita entender que, si bien es cierto que nuestro Dios es lento para la ira, no es menos cierto que Dios manifiesta su ira diariamente en este planeta, porque Él mismo así lo ha revelado. Escucha Romanos 1:18: "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia restringen la verdad, distorsionan la verdad, cambian la verdad", dependiendo de la traducción que usted tenga. Manera que Dios toma estas cosas extremadamente en serio, y la muerte de Herodes Agripa, creo que es una ilustración de cómo el juicio de Dios ocurre en ocasiones.

Drusila no solamente era la hija menor de este Herodes Agripa primero, era también la nieta de Herodes el Grande, el responsable de la matanza de los niños de dos años de edad o menos cuando Cristo tenía más o menos esa edad. Y recuerdan el relato de los Evangelios: porque trataba de eliminar el futuro potencial Rey judío que a él le habían dicho que había nacido. De manera que Drusila no viene de una familia moral ni piadosa en lo más mínimo. Era una joven judía que, de acuerdo a la historia, era extremadamente bella, preciosa.

Por su parte, Félix era un hombre inmoral y sin escrúpulos. Drusila, de hecho, era su tercera esposa, y él la había seducido y la había traído. Se la había quitado, por así decir, a un rey de una comunidad pequeña de nombre Aziso y se la llevó con él, pero ella participó de la huida, por así decirlo. De manera que tú tienes una idea ahora: que a Pablo lo han llamado a testificar frente a una pareja donde el esposo tiene poder, pero que tienen mente y corazones perversos.

Tú tienes a un hombre de corazón noble y piadoso frente a una pareja de corazón perverso, como te acabo de decir. Tú tienes un hombre de corazón íntegro frente a una pareja sin escrúpulos. Tienes a un hombre manso como Pablo frente a un Félix que es un hombre implacable. Tienes a un hombre que quería complacer a Dios únicamente, Pablo, frente a un hombre que solamente le interesaba complacerse a sí mismo.

Yo me puse en las sandalias de Pablo y pensé: el día que me llamen, o me llamaron, o me llamaran potencialmente a hablarle a esta pareja, yo creo que eso es como una oportunidad intimidante para hacer eso. Yo no sé si me hubiese tocado, si tenía la oportunidad de hablarles a esta pareja, yo no estoy seguro qué tipo de sermón yo le hubiese traído.

Sin embargo, en el texto tú puedes ver la estrategia de la predicación que el apóstol Pablo usó, porque lo primero que nos dice el versículo 24 es que Pablo le habló de la necesidad de tener fe en Cristo Jesús. Le habló acerca de la fe en Cristo Jesús, y si le habló acerca de la fe en Cristo Jesús, y tú conoces las enseñanzas de Pablo, yo creo que tú puedes más o menos especular sanamente qué debió haberle comunicado. Debió haberle enseñado que la única forma de obtener salvación es poniendo tu confianza en el sacrificio de Cristo en la cruz, y poderlo reconocer a Él como el único camino, la verdad y la vida, y que no hay ningún nombre debajo del cielo que no sea Cristo Jesús en el cual tú puedas ser salvo. Yo creo que algunas de esas cosas debieron haber estado ahí en su enseñanza para hablarle de la necesidad de la fe en Cristo Jesús. No creo que nosotros estaríamos pecando si asumimos cosas como eso: que Pablo le habló de que Cristo es el único camino y que le habló de su sacrificio.

Ahora, si Pablo le habló de la necesidad de la fe en Cristo Jesús, de ahí en adelante, ese tema, ¿cómo lo expuso? Yo creo que el texto nos dice eso. Él hizo un sermón de tres puntos, del único sermón de tres puntos que yo he encontrado en la Biblia, pero aquí hay uno. Porque el versículo 25 dice: le habló de la justicia, el dominio propio y el juicio venidero. Ahí están los tres puntos. Vamos a hablar de esas tres cosas y vamos a pensar acerca de lo que la Biblia dice de esos tres puntos, y en particular lo que Pablo escribió acerca de esos tres puntos. Ya que no está aquí, vamos a especular sanamente qué pudo haberle Pablo dicho acerca de cada uno de esos puntos.

La justicia. Algunos piensan que, como este hombre Félix era un hombre injusto, posiblemente Pablo le habló de la necesidad que él tenía de cambiar su injusticia por la justicia de los hombres. "Don't think so", como dicen en inglés. Yo no creo que de eso era que Pablo estaba hablando, porque cada vez que tú encuentras en el Nuevo Testamento la palabra justicia asociada inmediatamente con salvación, está hablando de otra cosa. Está hablando de la santidad perfecta que un hombre requiere para entrar al reino de los cielos, o está hablando de la perfección moral que tú y yo requerimos, o que Dios tiene en su carácter en sí mismo, y que tú y yo requerimos para entrar a la eternidad, o habla del carácter justo, sin pecado, de Cristo que yo necesito para poder tener salvación.

De manera que, como Pablo le habló de la necesidad de tener fe en Cristo Jesús, cuando el texto me dice que le habló de justicia, yo entiendo que le está hablando de ese carácter moral justo, santo, perfecto que él requería y que él no tenía, y que solamente pudiera ser encontrado en la persona de Jesús. Esa es la razón, lo que acabo de decir es la razón por la que Cristo, enseñando en el Sermón del Monte, en Mateo 5:20, dice que si vuestra justicia —ya está nuestra palabra— no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Para los judíos de ese judaísmo del primer siglo, que estaba bastante distorsionado, la justicia era más bien algo externo que podía ser reducido a la memorización de la ley, en el dar de una manera en que, verdad, otros se enteraran de que estoy dando, que soy generoso. Pero Pablo estaba listo para hablar de otro tipo de justicia, de una justicia que tenía que ver con un cambio del corazón, de una justicia que produce un cambio del corazón que lleva entonces a un cambio de valores, que lleva a un cambio de lealtades.

Nosotros tenemos lealtades que hacemos en el mundo, con el mundo: lealtades con el dinero, lealtades con amigos que realmente están caracterizados por una vida pecaminosa, tenemos lealtades en asociaciones de negocios que no debiéramos tener, tenemos lealtades con una serie de ídolos que no debieran estar en nuestro camino. Tenemos un cambio cuando esta justicia se apodera de ti: nosotros experimentamos un cambio de prioridades con las cuales vivimos, y hay ídolos que comienzan a ser destruidos para poder entronar a Cristo Jesús. Pablo estaba hablando de esa justicia que es más interna que externa, pero que tiene una manifestación externa a la hora de vivir.

Los escribas y fariseos estaban más acostumbrados a una justicia caracterizada por actos externos de aparente piedad, pero con un corazón lleno de maldad y malas intenciones. Los escribas y los fariseos llegaron a pensar que la ley debía ser memorizada, lo cual estaría bien, pero todo el tiempo viviendo en violación de la ley. Se habían hecho expertos en aspectos minuciosos, pequeñitos de la ley, mientras vivían continuamente en incongruencia con los aspectos más importantes de dicha ley.

Por eso es que Cristo les dice en Mateo 23:23 lo que voy a leer en un momento. Pero en ese capítulo hay siete ayes: ¡ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay de escribas y fariseos! Yo quisiera leerte solamente uno a manera de ilustración: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!" Imagina si tú hubieses sido uno de ellos oyendo esto. "Porque pagáis el diezmo meticulosamente del eneldo, del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley." Cristo reconoció que en la ley había cosas de mucho peso y cosas de menor peso, y les dice que ustedes están cumpliendo con el diezmo. Eso es algo importante, pero sabes que hay cosas más pesadas que el diezmo con las cuales ustedes no cumplen, como la justicia, la misericordia, la fidelidad. Y estas son las cosas que debías haber hecho sin descuidar aquellas. Cristo no les estaba diciendo que las cosas de menor peso no tienen que hacerlas, no deben hacerlas; pero debieron haberse especializado en las de mayor peso sin dejar de cumplir las demás.

Ese párrafo comienza con un "ay". En la cultura hebrea había lo que ellos llamaban oráculos, dos tipos de oráculos o formas de Dios a veces expresarse. Había oráculos de maldición que comenzaban con un "ay", y oráculos de bendición que comenzaban frecuentemente con un "bienaventurado". Salmo 1: "Bienaventurado el hombre..." Eso es un oráculo de bendición.

En otras palabras, los escribas y los fariseos confiaban en su religiosidad que consistía en rituales de la ley, en repetición de lo que la ley decía, el Shemá de Deuteronomio 6:4 que lo recitaban todos los días hasta el día de hoy: "Escucha, oh Israel, el Señor tu Dios es uno", etcétera. Ellos diezmaban fielmente, pero con corazones que estaban completamente divorciados, fuera de sincronía con el espíritu de la ley. Ellos conocían el contenido de la ley, no hay duda de eso, pero no se conformaban a dicha ley. Había como un divorcio entre lo que ellos decían creer y lo que ellos vivían. En otras palabras, su enseñanza era mucho mejor que su práctica. Por eso es que Cristo les dice en una ocasión: "Haced como ellos dicen", porque la enseñanza era relativamente buena, "pero no hagáis lo que ellos hacen", porque su práctica era horrible. Y esa dicotomía entre lo dicho, lo enseñado, y su vivencia, los delataba y ponía en evidencia que ellos verdaderamente no eran creyentes.

Ese día, cuando Pablo le habla a Drusila y a Félix acerca de la justicia en conexión con la salvación, es de eso que le está hablando. Sobre todo a Drusila, que es judía y que sabe de qué estaba hablando Pablo cuando decía la justicia de Cristo, y en qué consistía esto, pero que no es esto lo que te va a dar salvación. Y Félix no era ignorante, porque en el texto anterior que leímos el domingo pasado, el domingo anterior al pasado, se nos dice que él estaba familiarizado con el Camino; él había oído de las enseñanzas del Camino.

Miren que eso es lo que Pablo está tratando de hacer. Y Pablo estaba, si tú piensas en el trasfondo cultural del momento, Pablo tenía griegos a su alrededor y para los griegos realmente lo que quizás iba a traer salvación al hombre y satisfacción era la filosofía griega. Pero la filosofía humana es vana, está vacía. Los romanos habían hecho grandes avances en las leyes, es la razón por la que Pablo tiene ciertos derechos que como ciudadano romano él podía apelar al César; no lo podían flagelar si no se llevaba primero a juicio. Entonces ellos confiaban en el orden y en el avance que habían logrado en las leyes. Los hebreos por otro lado estaban confiando en la moralidad de la ley para la salvación.

Y ahora Pablo está hablando de cuál es la llave que abre la puerta de la entrada al reino de los cielos, y comienza por la justicia. Que entendemos estaba hablando de la justicia de Cristo Jesús. Cuando Pablo hizo eso él se jugó su vida, porque él estaba frente a un hombre que pudo haberse airado cuando Pablo comienza a moverse en una dirección que eventualmente iba a tocar justamente sus prácticas. Pero cuando tú llegas a aquilatar el Evangelio, lo que el Evangelio es, tú te das cuenta que el Evangelio vale la pena que tú te juegues la vida, tu reputación, tu profesión, tu ubicación y cualquier otra cosa que tú necesitarías jugarte. Pablo le habló de la justicia de Cristo Jesús, de aquel que no conoció pecado y fue hecho pecado para que nosotros podamos ser hechos justicia de Dios en él. De esa justicia le está hablando, de esa perfección moral.

Número dos, Pablo le habló del dominio propio. Está parejano tú, dominio propio. Ni Félix, que vivió a expensas de los deseos de la carne, ni Drusila, que aparentemente usó su belleza para alcanzarse con Félix y obtener dinero, poder, estatus, prestigio. De manera que esta no era una pareja moral. Pablo le habló del dominio propio, pero él no habló de la fuerza de la voluntad. La fuerza de la voluntad y el dominio propio son dos cosas completamente diferentes. La fuerza de la voluntad es la habilidad que el ser humano tiene, creyente o no, de hacer un esfuerzo para tratar de conseguir lo que él quiere conseguir. Pero ese esfuerzo es limitado, el mismo es dominado con frecuencia por sus deseos, por sus pasiones. Si es un deseo pecaminoso que va detrás de deseos o de metas igualmente pecaminosas. Por otro lado, la habilidad que el hombre tiene de continuar persistentemente hasta llegar a su meta no es muy confiable, es altamente deficiente como la historia lo ha probado.

El dominio propio es otra cosa. Pablo le está hablando de dominio propio, eso es lo que ellos no han tenido. Eso es lo que ha llevado a tres esposas en el caso de Félix, eso es lo que ha llevado a que Drusila dejara a su esposo por otro lado. Dominio propio es una habilidad sobrenatural, es el fruto del Espíritu. Es una habilidad dada por Dios mediante el Espíritu Santo que mora en el creyente, para que él pueda llevar a cabo la voluntad de Dios que revela el carácter de Dios. Déjame decir eso otra vez para que ayude a nosotros que somos más lentos. Dominio propio es una habilidad sobrenatural dada por Dios, por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros, para llevar a cabo su voluntad, y esa voluntad es reveladora de su carácter.

Dada la vida de desenfreno de Félix, no es por accidente que Pablo decidió hablarle del dominio propio. Pablo fue un predicador y es un estratega extraordinario. Le voy a hablar, bueno, tengo que hablar de la justicia que ellos necesitan para entrar al reino de los cielos, tengo que hablar. Eso es salvación. Tengo que hablarle de santificación, dominio propio. Eso es fruto del Espíritu, fruto de la santificación. Y él se jugó su vida como se la jugó Juan el Bautista cuando le dijo a Herodes: "Tú estás viviendo con la mujer de tu hermano y eso no te es lícito, y tú lo sabes". Y terminó perdiendo su vida.

La vida cristiana nunca ha sido una vida segura. No lo fue para Jesús, no lo fue para los apóstoles. No lo fue para Jesús que terminó en una cruz, no lo fue para los apóstoles que terminaron martirizados, no lo fue para los reformadores, no lo es hoy en día para aquellos que están viviendo en países donde la fe cristiana es perseguida. Y aquí está Pablo frente a Félix y su esposa, y les predica este sermón sobre la justicia, el dominio propio, y escucha ahora, el juicio venidero.

Ese es sermón. Quizás Pablo le dice a Félix algo así: "Félix, tú tienes autoridad ahora, tú puedes dejarme en la cárcel. Pero quizás tú debes saber que hay un juicio venidero. Tú estás esperando que venga alguien y me pase juicio, pero eso es una cosa. Hay un tribunal celestial. En ese tribunal celestial es que se conocen las cosas como son, no es como parece aquí, es como son. Y si hay algo que yo sé, Félix, es que eso que está pasando, eso donde tú me tienes, esto va a ser revisado en el día final". Porque Pablo mismo les escribió a los corintios en su segunda carta, en el capítulo cinco, ¿qué cosa? Que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, Félix y Pablo, para que nosotros rindamos cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo. Tú no quieres llegar ahí con Cristo en contra, ¿vale? Él es el Juez.

Pablo le escribió a los corintios en su primera carta, en el capítulo cuatro, versículo cinco, le dice: "Por tanto, no juzguéis antes de tiempo". En otras palabras, hermanos, no vayan tan rápido. "Bueno Pablo, pero ¿por qué?" Escucha: "Sino esperad hasta que el Señor venga". "Hasta que el Señor venga, Pablo, pero yo me muero en el interín y me voy entonces sin haber juzgado a nadie". "Pero el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y las pondrá de manifiesto, y pondrá de manifiesto los designios de los corazones, y cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios".

Escucha lo que Pablo está diciendo. Si tú juzgas al de al lado, lo único que puedes hacer es juzgar lo que tú ves. Y lo que tú ves, tienes un corazón caído y pecaminoso que no sabe muchas veces juzgar bien. Pero cuando el Señor Jesucristo venga, Él va a juzgar no solamente lo que se ve, Él va a juzgar las intenciones y las motivaciones del corazón. Espera hasta que se pongan las cosas sobre la mesa, todas. Entonces Dios dará a cada cual la recompensa que le corresponde. Por eso Pablo dice no juzguen antes de tiempo.

Yo estoy tratando de pensar, si Pablo le habló de estas tres cosas, la justicia, el dominio propio y ahora el juicio final, ¿qué pudo Pablo haberle dicho? Bueno, estoy tratando de usar algunas cosas que el mismo Pablo enseñó. Pero me imagino que como Pablo fue entrenado por Cristo Jesús, él debió haberle dicho a Félix algunas cosas que las aprendió, bueno quizás todas de una u otra manera las aprendió del Señor Jesucristo.

Escucha lo que Cristo dice del juicio final en el sermón más famoso que tenemos hasta el día de hoy, el Sermón del Monte, en el capítulo 7, versículos 22 y 23: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor". En aquel día, ¿cuál día? El día del juicio, el día final. "¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Entonces estás llevándote la idea de lo que está pasando. Esta gente llega al tribunal y como que no me están tratando como creyente, y entonces yo le digo: "Señor, Señor, ¿qué pasa? ¿No profetizamos en tu nombre?" Cristo callado. "¿No echamos fuera demonios en tu nombre?" Cristo callado. "Señor, pero en tu nombre fue que hicimos milagros". "Y entonces les declararé: Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad".

¿Tú te imaginas en ese momento crucial donde la eternidad de tu alma se está jugando, se está determinando, donde tú llegas confiado de que tú has predicado, hecho milagros, tú has hecho de todo en el nombre del Cristo, y que el Cristo te dice: "Apartado de mí, que yo nunca te conocí, hacedores de iniquidad"? Eso tiene que ver con el juicio final. Estas verdades bien entendidas son capaces de hacer temblar a cualquiera.

Y yo no sé cuál de ellas Pablo le dijo, pero Félix tembló. Escucha lo que dice el próximo versículo, el versículo 25, si mal no me equivoco: "Félix, atemorizado..." Algunas traducciones dicen "aterrado". Dijo: "Vete por ahora". Es como que ya no aguanto, ya no aguanto, vete. "Pero cuando tenga tiempo te mandaré a llamar". Félix se llenó de miedo. Félix no fue capaz sin embargo de arrepentirse, ni ese día ni los próximos días cuando Pablo volvió. Félix estaba coqueteando con la verdad. El gobernador no quiso pagar el precio a pesar de su temor.

Kent Hughes, hombre piadoso ya en sus setentas, escribió un comentario sobre el libro de los Hechos, y él hace referencia al temor experimentado por Félix y menciona dos posibles realidades ante la predicación del Evangelio. Escucha la primera: número uno, gente que nunca tiembla o nunca ha temblado. Hay mucha gente así. Ha escuchado la verdad, saben que no han abrazado la verdad, que no viven conforme a la verdad, pero ni temen ni tiemblan. Yo creo que esa gente vive en negación. Yo creo que viven como en otra galaxia, viven distraídos con las cosas de este mundo. Y la razón por la que no tiemblan es porque ellos no se han detenido a considerar la posibilidad y las implicaciones en el día final de pararse delante de un Juez con un corazón y una vida completamente sucia, y un Juez que de acuerdo a Job 15:15, ni los cielos son limpios o puros para que los pueda ver. ¿Tú te imaginas? Nosotros no tenemos la menor idea de esa clase de santidad. Como no han considerado eso, no lo han rumiado, ellos no tiemblan.

Esta gente tiene menos sensibilidad que cosas inanimadas de la creación. Cuando el Señor descendió sobre el monte Sinaí a dar los diez mandamientos, el monte tembló de manera intensa, dice el texto. Eso es algo sin vida.

Cuando Isaías tuvo la visión del trono de Dios y lo vio sentado en su trono alto y sublime, el texto de Isaías 6:4 dice que se estremecieron los umbrales a la voz del que clamaba. Hubo una voz y los umbrales, los cimientos del templo, temblaron e hicieron lo que mucha gente no hace.

Y Habacuc, el profeta, no podía entender a Dios porque había tanta injusticia. Y Dios le había anunciado: "Yo voy a hacer justicia, yo voy a levantar a los caldeos, a los asirios, un pueblo sanguinario, y lo voy a traer contra mi propio pueblo para hacer justicia." Ahí Habacuc dice: "Yo no entiendo." Y Él dice: "Bueno, cuando tú lo veas, tú no lo vas a creer." Y entonces, de repente, el Señor se le aparece y habla con Habacuc. Escucha lo que dice el texto en Habacuc 3:16: "Oí y se estremecieron mis entrañas." Me imagino que los intestinos se movieron. "A tu voz temblaron mis labios, entró podredumbre en mis huesos." Se sintió como sucio, asqueroso, asqueado. "Y tiemblo donde estoy." Todo estaba temblando. Esa es la reacción de Habacuc.

Pero hay muchos que no tiemblan ante la realidad de Su Palabra, que no tiemblan ante la realidad de que hay un juicio venidero. Y por otro lado, el Señor bendice a aquellos que saben temblar ante Su santidad. Es como dijo el pastor Steve Brown: si tú nunca has temblado delante del Señor, tú nunca has estado delante del Señor. Y Dios bendice a aquellos que saben temblar ante la realidad del juicio venidero.

Isaías 66:2, escucha: "Todo esto lo hizo mi mano, y así todas estas cosas llegaron a ser," declara el Señor. "Pero a este miraré." Hay un individuo, hay una persona, hay un creyente a quien yo le voy a prestar atención. Escucha quién es: "Al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra."

Domingo tras domingo, quizás no en el sentido literal porque te mentiría, pero cuando yo abro esta Palabra y yo sé que yo tengo que predicar la Palabra inerrante, infalible, autoritativa, todo suficiente, dada por el Dios Santo, Santo, Santo, y yo tengo que hacer eso a través de labios inmundos, de mente caída y corazón caído, a mí se me erizan los pelos de la espalda. Simbólicamente, probablemente, pero eso es como yo me siento.

Se decía de un grupo que no tiembla. Hay un segundo grupo donde está Félix, que tiemblan pero ignoran el temblor. Yo creo que eso es tan malo o peor, porque estos hombres en su rebelión desafían a Dios. Félix se llenó de pavor, pero en vez de responder al temor que es parte de la convicción que está sintiendo, lo que hace es que manda a Pablo y le dice: "Vete. Cuando tenga tiempo te mandaré a llamar. Cuando me sobre el tiempo." La Nueva Traducción Viviente dice: "Cuando sea más conveniente volveré a llamarte." Pero Félix ignoró el temblor aunque lo experimentó.

Déjame hablar de un grupo de personas que experimentó el temblor en el Antiguo Testamento e ignoró su propio temblor. Fueron los judíos. En el libro de Éxodo, el capítulo 20, reciben los Diez Mandamientos. En el versículo 18 y siguientes dice: "Y todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido de la trompeta y el monte que humeaba. Y cuando el pueblo vio aquello, temblaron." Sí, temblaron. Oyeron la voz de Dios, oyeron los Diez Mandamientos, oyeron lo que Dios estaba haciendo en Su manifestación, y temblaron. Y se mantuvieron a distancia. Entonces dijeron a Moisés: "Habla tú con nosotros y escucharemos, pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos."

Este pueblo oyó la voz de Dios. Este pueblo tembló ante la voz de Dios. Pero a la hora de ir a vivir, este pueblo ignoró por cuarenta años la voz y los mandamientos que le hicieron temblar.

Y a manera de aplicación, nosotros tenemos que quizás preguntarnos, aquellos que hemos creído: ¿realmente estamos nosotros ignorando la voz de Dios? Y aquellos que quizás nunca han hecho una profesión, nunca han abrazado la fe cristiana, quizás deban preguntarse: ¿estoy yo coqueteando con la verdad? O quizás, aun después de haber creído, quizás el coqueteo con la verdad continúa.

Quizás alguien aquí pudiera decir: "Pastor, pero usted acaba de leer un pasaje del Antiguo Testamento, de un Dios rígido y un Dios de poca gracia y un Dios de poca misericordia." La verdad, ¿tú piensas eso? Porque el Dios que yo encuentro en el Nuevo Testamento es el mismo Dios, con el mismo carácter, que hace las mismas cosas y promete hacer las mismas cosas.

Yo imagino que todo el mundo aquí sabe que el libro de Hebreos está en el Nuevo Testamento. Yo te voy a leer lo que el autor de Hebreos dice en el capítulo 12, a creyentes: "Mirad que no rechacéis al que habla, porque si aquellos en el Antiguo Testamento no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo."

¿Tú entendiste lo que el autor está diciendo? Si aquellos, con un pacto de menos promesas, con un mediador inferior que era Moisés, no escaparon al juicio de Dios, mucho menos nosotros ahora que tenemos un mucho mejor pacto con un mejor mediador, si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo.

Escucha ahora el contraste: "Su voz hizo temblar entonces la tierra." Sí, allá bajo el monte Sinaí tembló la tierra. "Pero ahora Él ha prometido," y yo sé que lo que promete Dios lo cumple, "diciendo: Aún una vez más, yo haré temblar no solo la tierra sino también el cielo." Nuevo Testamento.

"Y esta expresión, 'aún una vez más,' indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles." Yo voy a remover, yo voy a menear, por así decirlo, todo lo creado para que permanezca lo único que es inconmovible, que es mi reino. Eso es Nuevo Testamento, yo te sigo recordando.

"Por lo cual," versículo 28, "puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia." ¿Por qué tan serio? Algunos piensan que Pablo escribió Hebreos, pero no sabemos realmente quién es el autor de Hebreos. ¿Por qué tan seria esta manifestación? Escucha: ¿por qué? "Porque nuestro Dios es fuego consumidor." Pastor, pero eso está equivocado, eso es del Antiguo Testamento. No, es del Nuevo Testamento.

De manera que el texto nos recuerda, el texto que habla acerca de Pablo hablando con Drusila y Félix: él no se intimidó, no se intimidó ante el poder de Félix. Le recordó a Félix: hay un juicio venidero, y tú vas a estar ahí en ese juicio venidero. Es como si le dijera: considera lo que va a ser de ti, porque esto se va a revisar más adelante.

Lamentablemente, en la medida que el texto avanza un par de versículos más, vemos por qué Félix no abraza la fe cristiana a pesar de haber temblado. El versículo 26: "Al mismo tiempo tenía esperanza de que Pablo le diera dinero. Por eso," o sea, porque tenía la esperanza de que Pablo le diera dinero, "acostumbraba a llamarlo con frecuencia y conversar con él."

¿Qué cosa, eh? El corazón humano no cambia, el pecado del hombre no cambia, la historia no cambia. Solamente cambian los actores, lo dijimos un par de semanas atrás. El versículo 26 demuestra claramente que Félix, el gobernador, tenía más deseo de dinero que de su salvación. Más deseo de dinero que de su salvación. El texto claramente dice que Félix mandaba a buscar a Pablo con frecuencia, esperanzado en que Pablo le diera dinero para soltarlo. Era como muy acostumbrado.

Félix no conocía el corazón de Pablo. Félix no entendía que a Pablo no le interesaba el dinero. Ahora escucha, no era porque cuando nosotros decimos: "Fulano no le interesa el dinero", usualmente lo que nosotros entendemos es: "Fulano es un tipo sencillo, es como que no está pendiente de esas cosas". A veces entendemos, otra vez decimos: "Es un tipo como desprendido". No, no. La razón por la cual no le interesaba el dinero a Pablo, no le interesaba el dinero porque su mente hacía muchos años que no había estado de este lado de la gloria. Su mente estaba fija de aquel lado de la gloria, y como de aquel lado no hay nada que comprar ni vender, Pablo no tenía el menor interés en acumular cosas que iban a hacer inservibles cuando al entrar y pasar a alumbrar la eternidad por Dios. Donde esté tu corazón, ahí estará tu tesoro, y su corazón estaba de aquel lado.

Hermano, no hay nada nuevo debajo del sol. Félix no conocía el corazón de Pablo. ¿Tú piensas que Pablo iba a permitir que su corazón se corrompiera con una cosa que a él no le iba a servir una vez él pasar a alumbrar la eternidad? ¿En serio? ¿Tú piensas eso? En inglés dirían: "Are you kidding me?" ¿Dónde estás relajando? Félix no conocía el corazón de Pablo porque sin lugar a dudas Pablo tenía mucho más interés en la salvación de Félix que Félix mismo.

Sin lugar a dudas, el hacer mucho dinero es usualmente un deseo, esto es como un análisis, esto no es una acusación, yo lo que necesito es ayudar a formar una mente bíblica. El hacer dinero, el hacer mucho dinero, usualmente es de personas que tienen su mente demasiado en este mundo, donde aquí sí tiene un valor. Esa es la razón. Pero cuando tienes la mente de aquel lado, esta gente tiene poco tiempo para pensar en cómo hacer dinero y tiene más tiempo para pensar cómo hago discípulos con la gente que tengo alrededor. Pero eso que Cristo nos llama a hacer: amigos que nos esperen de aquel lado.

Hermano, tú necesitas entender, si tú no has abrazado la fe cristiana, que tú eres un hombre pecador, condenado, camino a la condenación eterna, y tú tienes una salida y una sola puerta. Que el camino que lleva a la salvación es estrecho, es angosto. Que son muchos los llamados, pocos los escogidos. No hay mucha gente que camina por ese camino, pero ese camino requiere una humillación donde yo reconozca mi estado de condenación y estado de pecador. Donde yo reconozca que un hombre, un rabino judío, que hace dos mil años vino, Dios mismo, se encarnó, cumplió la ley, fue a la cruz, derramó sangre para el perdón de tus pecados, que te ofreció su santidad, su justicia que te cubre por siempre, como dice la canción, para que tú puedas entrar a la eternidad, reconociendo que él es tu Señor y tu Salvador. Ese es el Evangelio resumido.

Déjame hablarte de dos posibilidades más y cierro. Es posible que tú nunca más vuelvas a oír el Evangelio después de esta ocasión. Muy posible. No lo sabemos, pero es posible. Es la historia de Dwight L. Moody. Casi seguro que fue lo que le ocurrió. Estaba predicando en los años 1800 en una gran multitud de la ciudad de Chicago. Él hizo un reto, un llamado a la salvación. Mucha gente no respondió. Esa noche ocurrió el gran fuego de la ciudad de Chicago. Tú lo puedes, un buen dominicano, "bugliar" cuántas cuadras se quemaron esa noche. Lamentablemente, un número significativo de personas habían estado ese día en el mensaje de Dwight L. Moody, y sin respuesta, pasaron de aquí a la condenación eterna. Es posible que tú no vuelvas a oír el Evangelio. No sabemos lo que esta tarde y esta noche tiene, ni el día de mañana.

Hay una segunda posibilidad que yo creo que todavía es peor, y es que la próxima vez que oigas el Evangelio, tu corazón esté más duro. Y no solamente más duro, imposibilitado de responder al Evangelio. Pastor, ¿y de dónde sacas esa cosa? De la Biblia, porque si no, no me atrevería a mencionarlo.

Escucha lo que Cristo dice, Mateo 13, del versículo 13 en adelante. Los discípulos se acercaron y le dijeron: "Maestro, nosotros no entendemos. ¿Por qué tú les hablas en parábolas? Porque ni nosotros entendemos las parábolas. Explícanos, a nosotros explícanos, pero yo no sé qué van a hacer aquellos". El Señor dice: "No, lo que pasa es que a ustedes se les ha dado el derecho de llegar a entender los misterios del reino de Dios, a ellos no". Pero, ¿por qué?

Escucha la respuesta, Mateo 13:13-15. Te lo voy a leer en la Nueva Traducción Viviente, que es un lenguaje mucho más llano. Por eso uso estas parábolas, pues ellos miran pero en realidad no ven, están bajo juicio, oyen pero en realidad no escuchan ni entienden. De esa forma se cumple la profecía de Isaías que dice: "Cuando ustedes oigan lo que digo, no entenderán. Cuando vean lo que hago, no comprenderán". ¿Se acuerdan de los milagros de Cristo? Vieron los milagros y los milagros y los milagros, y nunca entendieron que ese era el Mesías. Vieron y así vieron los milagros. "Pues el corazón de este pueblo está endurecido, y sus oídos no pueden oír, y han cerrado los ojos. Así que sus ojos no pueden ver, y sus oídos no pueden oír, y sus corazones no pueden entender, y no pueden volver a mí para que yo los sane".

La Biblia de las Américas y la mayoría de las otras Biblias más literales dicen: "No pueden entender, no pueden oír, no pueden ver, no sea que se arrepientan y yo los sane". En otras palabras, no les está permitido el arrepentimiento. El juicio fue decretado. Y por eso yo decía: en el caso de algunos, hay la posibilidad de que la próxima vez que oigan el Evangelio, su corazón esté más duro y su mente más incapacitada.

Hermano, esto es serio. Y eso lo especificó Félix. Él coqueteó con la verdad más de una vez. Mandaba a buscar a Pablo. Herodes sabía que Juan el Bautista era un hombre justo y santo. Se quedaba perplejo, le gustaba oír a Juan el Bautista, y terminó decapitándolo. Coquetear con la verdad, no responder a la verdad, es un asunto sumamente serio. Y que hoy en día tiene un término y no hay otra oportunidad.

De manera que yo quiero que tú puedas rumiar eso en el día de hoy, porque para aquellos que somos creyentes, que se nos ocurra de la misma manera, jugar con la verdad y no tomar en serio la verdad, no mostrando un cambio radical de tu estilo de vida, entre más oyes la verdad y menos muestras el cambio, más seria tu condición delante de Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.