La compasión no es un tema opcional en la vida cristiana, sino una demanda divina. Miqueas 6:8 resume en tres frases lo que Dios espera de quienes han sido transformados por el evangelio: practicar la justicia, amar la misericordia y andar humildemente con Dios. Sin embargo, resulta llamativo que aunque hay iglesias reconocidas por su doctrina, su adoración o su celo misionero, raramente una congregación es conocida por su espíritu de compasión. Y esto contrasta directamente con la vida de Jesús, cuya cualidad emocional más destacada fue precisamente la compasión que lo movía ante las multitudes angustiadas y abatidas.
El problema es que a nosotros nos faltan ojos para ver el dolor del otro, corazón para sentirlo y voluntad para actuar antes de que nos lo pidan. La parábola del buen samaritano lo ilustra con claridad: el sacerdote y el levita vieron al herido, pero usaron la ley ceremonial para justificar su inacción, preguntándose qué les pasaría si se acercaban. El samaritano, en cambio, se hizo la pregunta correcta: ¿qué le pasará a este hombre si no lo ayudo? La diferencia estuvo en que uno vio el sufrimiento y fue movido a aliviarlo, mientras los otros vieron una inconveniencia para sus planes.
La falta de compasión niega la imagen de Dios tanto en nosotros como en el otro. Como señala el pastor Núñez, el egoísmo es la manifestación externa del amor que no tenemos por el prójimo. La compasión genuina, en cambio, nace de una relación íntima con Dios que infunde su amor en nosotros y nos impulsa a complicarnos la vida por el bien de otros.
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Hoy en la mañana no estamos iniciando una serie nueva. Terminamos la serie del libro de Hechos la semana pasada, pero vamos a tomar unos domingos de puente, por así decirlo, y poder predicar algunos temas que consideramos vitales para la iglesia de Cristo. Este es uno de ellos, de manera que, en vez de iniciar la serie próxima, estaré cubriendo un tema que yo compartí recientemente para la Coalición por el Evangelio en nuestra iglesia, en los salones de atrás, en un evento especial que se celebró precisamente para considerar la falta de compasión entre los hijos de Dios.
Una de las cosas que veíamos es que a nosotros nos faltan frecuentemente ojos para ver el dolor del otro. Nos falta, en otras ocasiones, corazón para sentir el sufrimiento de ese otro. Nos falta voluntad para acudir en ayuda de aquel que está en necesidad. Y otras veces nos faltan todas esas cosas, pero nos falta entonces, por esa misma cosa, intencionalidad para movilizarnos antes de que el otro solicite dicha ayuda.
La realidad es que hay diferentes pasajes, múltiples pasajes en la Biblia donde se habla de la compasión de una u otra manera, pero raramente tú escuchas un mensaje dedicado a la compasión. Quizás la palabra está en el texto que se está tratando, quizás usamos cinco, diez minutos para hablar de ella, pero el hecho de tomar toda una reflexión para hablar acerca de la necesidad de compasión, yo creo que raramente nosotros nos encontramos con esa realidad.
Hay un texto en Miqueas 6:8 que es ampliamente conocido. Es un solo versículo, tiene tres frases claves, y yo quiero dedicar todo el tiempo que tenemos hoy a una de esas tres frases. Y esto es lo que el texto dice: "Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno". Él te ha dicho, ha declarado, ha hecho manifiesto, ha revelado lo que es bueno. "¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti sino solo —ahora es como un resumen— practicar la justicia, amar la misericordia" —esa es mi frase para el texto de hoy— "y andar humildemente con tu Dios?"
Es como que Miqueas 6:8 hace un resumen de cómo Dios espera que tú y yo caminemos si somos verdaderamente hijos de Dios. Practicar la justicia tiene que ver con la necesidad de que aquellos que nos identificamos con Él podamos estar pendientes, si tú quieres, de la necesidad del otro y las necesidades incluso en nuestra sociedad, y que nosotros tengamos una motivación para ir y llenar dicha necesidad. Amar la misericordia tiene que ver justamente con ese sentido de mostrar compasión, no solamente ir y llenar una responsabilidad, sino sentir una cierta tristeza por aquel que está necesitado. Y andar humildemente con tu Dios tiene que ver básicamente con caminar en comunión con Dios de una manera que tú recuerdas continuamente la necesidad que tú tienes de gracia.
De una manera que Miqueas nos da como ese resumen al que yo me refería de cómo Dios piensa que alguien que ha sido tocado por el evangelio —no simplemente que escuchó el evangelio, no simplemente que hizo una profesión de fe, sino alguien que fue transformado por el evangelio— cómo él debiera caminar día a día. Y la razón por la que Dios menciona esto en Miqueas es en el contexto, como lo vamos a ver prontamente, de los ofrecimientos de sacrificios. Sería para nosotros en el contexto de venir a la iglesia, en el contexto de ir a un estudio bíblico, de estar aquí en la reunión de oración. Y lo que Dios está diciendo es que nada que yo pueda hacer, si no tiene como un componente de eso que yo también hago estas tres cosas de las que estoy hablando, es como una hipocresía. Es como decir que soy una cosa, pero no me comporto como tal.
Y los tres versículos anteriores, en Miqueas 6:5-7, me ayudan a entender un poco ese contexto. Escucha, esto es el profeta como hablando a nombre de la nación, a nombre del creyente en el Antiguo Testamento: "¿Con qué me presentaré al Señor y me postraré ante el Dios de lo alto?" ¿De qué manera voy delante de Dios y me postro y le pido? "¿Me presentaré delante de Él con holocaustos, con becerros de un año?" Cosa que la ley mandaba. "¿Se agrada el Señor de millares de carneros, de miríadas de ríos de aceite?" Cosas que la ley ordenaba como parte de los servicios de adoración. "¿Ofreceré mi primogénito?" —bueno, eso no estaba en la ley— "¿por mi rebeldía, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?" O sea, cuando yo he pecado grandemente, ¿debiera yo, debido a la gravedad de mi pecado, estar dispuesto incluso a sacrificar mi primogénito como lo hizo el Señor? ¿Es eso lo que Dios espera? ¿Es esa la manera como yo debo presentarme delante de Dios?
Y la respuesta a esas preguntas que yo acabo de mencionar es un rotundo no. Eso no es como tú vas a presentarte delante del Señor, no porque los sacrificios del Antiguo Testamento fueran inservibles, porque Dios los prescribió. Pero lo que sí queda claro es que hacer cualquiera de esos sacrificios que acabamos de mencionar —tomar becerros de un año y sacrificarlo por millares, poder tomar toneladas de aceite de unción y poder ofrecer holocaustos todos los días— si estas cosas no van acompañadas de una preocupación genuina por la condición del necesitado, si eso no va acompañado de una compasión por aquellos que sufren, y si no hay un caminar humilde delante de Dios, cada una de esas cosas ofrecidas a Dios es algo que Dios rechaza. De hecho, no es solamente algo que Dios rechaza, es algo que Dios aborrece.
Ofrecerle a Dios oraciones, textos bíblicos, versículos bíblicos, un estudio bíblico, decirle a alguien "voy a orar por ti", si eso no está acompañado de estas cosas que veníamos mencionando, incluyendo un espíritu humilde, es algo que literalmente Dios detesta. De hecho, escucha lo que Dios dice en 1 Samuel 15:22: "Y Samuel dijo: ¿Se complace el Señor tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor?" En otras palabras, puesto en el contexto de hoy en esta mañana: ¿se complace tanto el Señor en que estés aquí esta mañana, que estés aquí en la Santa Cena el miércoles, como que vivas una vida de obediencia? Porque una cosa sin la otra realmente para Dios no cuenta. Es algo que la voz refiere aquí: el obedecer es mejor que un sacrificio, el obedecer es mejor que estar aquí, es mejor que venir a la Santa Cena del Señor. Y el prestar atención, que la grosura de los carneros; el prestar atención a su voz, a sus mandatos, a lo que ordena, es mejor que ir a ofrecerle carneros al Señor. Ese es el contexto del Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento es todo lo demás que nosotros hacemos: ir a las cárceles. Si yo no tengo un espíritu de compasión, no tengo un espíritu de humildad, no tengo un espíritu de obediencia, realmente es algo que Dios pudiera decir: "Eso me apesta", porque simplemente luce bien, pero no sale de un corazón que está bien. Y eso es lo que Miqueas está refiriendo.
La realidad es que si nosotros leemos los artículos que salen acerca de iglesias, los comentarios que se hacen, frecuentemente hay iglesias que han sido conocidas o siguen siendo conocidas hoy en día por su buena doctrina —pudiera mencionar un número de ellas—. Hay otras iglesias que son conocidas por su buena adoración: las voces, los cantos, la centralidad de los cantos en Cristo Jesús. Algunas han sido conocidas por su intensidad al orar. El Tabernáculo de Brooklyn, por ejemplo, en una ocasión tenía un movimiento de oración de veinticuatro horas al día, no paraba. Y cuando finalmente dijeron: "Bueno, esto como que se está haciendo largo", lo redujeron a doce horas al día. Esa es una iglesia conocida por eso. Hay iglesias que son conocidas por su esfuerzo misionero y su movimiento de plantación de iglesias. Hay otras que son conocidas por su apologética, su celo por la verdad. Y todo eso está bien, y todo eso es bíblico, y todo eso es plausible.
Pero raramente —puedes hacer el ejercicio tú mismo— una iglesia es conocida por su espíritu de compasión. Es raro. De hecho, no puedo pensar en una. No digo que no haya iglesias que tengan ministerios de compasión y de misericordia, no. Pero que su renombre, su fama, su reputación sea la compasión, eso es raro. Y eso tiene probablemente su razón.
Sin embargo, si tú miras, si tú analizas en los evangelios la vida de Jesús, tú puedes pensar por ejemplo la vida de Jesús y sus enseñanzas, tú puedes pensar la vida de Jesús y sus milagros, la vida de Jesús y su discipulado de estos hombres. Pero cuando tú piensas en la vida de Jesús en su mundo emocional, la cualidad número uno —yo no creo que esto esté sujeto a discusiones siquiera— la cualidad número uno del mundo emocional de Cristo fue su espíritu de compasión, sin lugar a dudas.
En Mateo tú encuentras cuatro ocasiones diferentes donde dice que Jesús fue movido a compasión. En Marcos tú encuentras tres relatos donde dice que Jesús fue movido a compasión. En Lucas tú encuentras otros tres relatos donde dice que Jesús fue movido a compasión. Yo estoy simplemente refiriéndome a los relatos donde se habla de que el corazón de Jesús fue movido a la compasión. Sin embargo, el número de relatos en los evangelios donde claramente, aunque no aparezca la palabra compasión, Cristo está siendo movido a algo como la compasión, son múltiples. De manera que la cualidad número uno del mundo emocional de Jesús fue la compasión.
La pregunta es: ¿por qué esa no es la realidad en nosotros? A nosotros nos faltan ojos, nos faltan ojos para ver. Porque algunos ven, pero viendo no se percatan de la realidad detrás de lo que ven. Algunos ven al que está en la calle pidiendo, que está sucio, que huele mal, y algunos incluso se atemorizan, pero no perciben la realidad de esa pobreza en que vive.
Otros ven, ven incluso con asombro: "¡Wow, imagínate! Está difícil, difícil vivir así. Yo no me imagino lo que sería vivir así". Pero no les duele, no hay como un dolor que los mueva a hacer algo. Otros ven, pero no hacen nada con lo que ven, porque el hacer algo representaría una inconveniencia. Y la realidad es que a nosotros no nos gusta tener inconveniencias en nuestras vidas. La compasión me complica, porque me obliga a hacer algo, me mueve a hacer algo, interrumpe lo que estoy haciendo, me desvía del camino.
Y otros ven, y al ver usan la fe cristiana, usan la fe cristiana, o sea lo que está en la Biblia, para justificar desobedecer la Biblia. Y ahora yo te lo voy a ilustrar. O sea, nosotros somos capaces de usar la Biblia para desobedecer la Biblia. Somos capaces de usar el nombre de Dios, vaciarlo de su contenido, porque usando el nombre de Dios estamos desobedeciendo a Dios. Y yo no conozco nada más pecaminoso que eso.
Mira este texto, muy conocido por ti, en el Nuevo Testamento, de cómo tú puedes ser muy religioso y al mismo tiempo usar la Palabra para justificar el no obedecer lo que la misma Palabra te manda. Escucha lo que dice Lucas 10, del 30 al 37: "Respondiendo Jesús dijo: Cierto hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, los cuales después de despojarlo y de darle golpes se fueron dejándolo medio muerto". En otras palabras, el texto dice medio muerto, pero probablemente si tú lo veías de lejos, lucía muerto. Bueno, se estaba moviendo, pero lo dejaron herido.
"Por casualidad cierto sacerdote" —es el pastor de hoy en día— "bajaba por aquel camino, y cuando lo vio pasó por el otro lado del camino". El pastor viene, va por aquí, ve a este hombre que luce medio muerto y hace esto: se va por el otro lado del camino. "Luego viene un levita" —el levita también participaba en la elaboración del templo, era parte de ese grupo sacerdotal, por así decirlo— "y cuando llegó al lugar lo vio y pasó por el otro lado del camino". Va a hacer lo mismo.
"Pero cierto samaritano..." Este samaritano era el inconverso. Yo le estoy llamando inconverso en el sentido de que los samaritanos solamente creían en los primeros cinco libros de la Biblia, la ley de Moisés solamente, y no creían nada más. No creían lo que los profetas habían escrito, no creían los Salmos, no creían los Proverbios; por tanto, era un incrédulo. Entonces, este es el incrédulo, "pero el samaritano que iba de viaje llegó donde él estaba, y cuando lo vio tuvo compasión". El pastor, el sacerdote, el anciano o diácono, el levita, lo ven y se alejan. Pero el incrédulo lo ve y le duele.
Y esto es lo que él hace: "Y acercándose le vendó sus heridas, derramando aceite y vino sobre ellas, y poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y lo cuidó". Lo cuidó durante esa noche. "Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al mesonero y dijo: Cuídalo. No puedo seguir aquí, pero cuídalo, y todo lo demás que gastes, cuando yo regrese te lo pagaré". No es solamente que me está costando esto, me va a costar algo más. "Yo te lo pago al regresar, tú me dices cuánto".
"¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores?" Y él le dijo: "El que tuvo misericordia de él". Se mira algo rápido que supo la respuesta. Y Jesús le dijo: "Ve y haz tú lo mismo".
Algo interesante del texto es que cuando se acercaron a Jesús, la pregunta que le hicieron fue: "¿Quién es mi prójimo?" Y Jesús le está diciendo: "Esa pregunta es la pregunta equivocada, esa no es la pregunta". Porque fíjate que Él no dice: "Ese samaritano era tu prójimo, que debiste ayudar". No. Sino que Jesús dice: "¿Cuál de los tres —el levita, el sacerdote o el samaritano— demostró ser él el prójimo?" Esa es la pregunta.
Entonces, ¿cómo es que ellos están distorsionando la ley? Esto fue probablemente lo que pasó; yo creo que queda más claro en el contexto hebreo. El levita y el sacerdote conocían la ley. La ley decía que si tú tocas o pasas muy cerca de alguien que está muerto, tú quedabas inmundo por siete días. Si el hombre luce como medio muerto, no se está moviendo y está todo herido, tú sabes que parece que está muerto. "Déjame yo no tocarlo ni pasar por ahí, no vaya a ser que yo quede inmundo". Y entonces ellos los dos se desvían. El samaritano probablemente no conocía bien la ley, porque apenas creía en los cinco libros de Moisés donde están estas reglas, pero no es que la conocía muy bien. Y entonces él, el menos conocedor, es el que se porta como un prójimo. Eso es lo que pasó.
El levita y el sacerdote conocían la ley ceremonial. La ley de Dios, para poder entenderla, nosotros la dividimos teológicamente en tres. No es que Dios hizo tres grupos de cosas, no. Él hizo una ley, pero para entenderla: había leyes civiles. Las leyes civiles tenían que ver con los crímenes y delitos y robos y demás que se cometían, y que fueron dadas para la nación de Israel exclusivamente durante ese tiempo. Estaban las leyes ceremoniales, que son aquellas que apuntaban a la venida de Cristo; estaban todas las fiestas y estaban todos estos rituales, incluso el declarar una cosa inmunda o no inmunda. Todo eso apuntaba a Cristo que iba a venir a quitar todo eso de en medio. Entonces la ley ceremonial es la que ellos quieren cumplir: "Déjame no contaminarme". Entonces, queriendo cumplir con la ley ceremonial, ellos violaron la ley moral.
Y ahora yo te lo voy a ilustrar. La ley ceremonial hace una pregunta distinta a la ley moral. La ley ceremonial dice: "¿Qué me pasará a mí si yo hago esto? ¿Qué me va a pasar si yo paso por ahí, este hombre está muerto y quedo inmundo?" Esa es la pregunta que hace la ley ceremonial. La ley moral hace otra pregunta: "¿Qué le pasará a él si yo no ayudo a este hombre?" ¿Ves la diferencia? No es: "¿Qué me va a pasar si yo ayudo a este hombre, que quedo inmundo?" Sino: "¿Qué le va a pasar si yo no ayudo a este hombre?"
¿Cuál es la ley moral? La pregunta es, sabemos cuál es la ley ceremonial, que es esto de quedar inmundo. ¿Cuál es la ley moral? Yo te lo voy a leer de los labios de Cristo, pero es una ley que está enunciada desde el Antiguo Testamento. Y Él le dijo, Mateo 22 del 37 al 40: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas".
Esto es lo que Cristo está haciendo. En el primer siglo, los rabinos tenían yugos, decían. Entonces los discípulos venían y le preguntaban al rabino: "¿Cuál es tu yugo?" Y la pregunta tenía que ver con cuál es como tu mandamiento más pesado, tu mandamiento más grande. ¿Cuál es el mandamiento como del que cuelgan todos los demás? Cristo está aquí, aquí le están preguntando cuál es el primer mandamiento, solo que le están preguntando pero con otra palabra. Y Cristo en un momento dado responde, dice: "Mi carga es ligera, mi yugo es liviano". Lo que Cristo está diciendo: "¿Quieres saber cuál es el mandamiento más pesado de la ley de este rabino? Pues el mío es liviano".
Entonces, ahora, en otro contexto, ¿cuál es ese yugo? ¿Cuál es ese primer gran mandamiento? Y Él le dice, ahí te lo voy a decir, te voy a resumir: "Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo". De esos dos mandamientos dependen los diez mandamientos y todas las demás reglas que cuelgan de los diez mandamientos.
De manera que si tú haces esas dos cosas, si tú amas a Dios y tú amas a tu hermano, si tú pudieras hacer eso continuamente, tú no vas a pecar nunca. No pecarías contra tu hermano, no pecarías contra Dios, no pecarías contra ti mismo. Recuerda que cuando yo desobedezco, hay pecados que no solamente violan la imagen de Dios en el otro, pero violan la imagen de Dios en mí, porque yo tengo que amar al otro como yo me amo a mí mismo. Pero, ¿qué es lo que voy a amar de mí si yo soy un hombre caído? La imagen de Dios en ti es lo que voy a amar. De manera que si tú entiendes el amor a Dios y el amor al prójimo, ya tú no necesitas conocer ninguna otra ley, si tú obedecieras esas dos, porque tú vas a proteger la imagen de Dios en el otro, no la vas a violar, no la vas a profanar, y vas a proteger la imagen de Dios en ti y no la vas a profanar.
Mira una aplicación de la ley moral en el Nuevo Testamento, en el libro de Santiago, capítulo 2, versículos 15 y 16: "Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, y uno de vosotros les dice..." Si es un hermano que te habla de alguna necesidad real y tú le dices: "Bueno, déjame orar por ti, hermano", y tú oras por él, que está bien orar, pero tú realmente no le ayudas a resolver el problema que tiene, Dios dice por medio de Santiago: "¿De qué te sirve eso?" ¿De qué te sirve esa cristiandad que la has convertido ahora en una religiosidad? Porque lo que estás haciendo frecuentemente con esa oración es como llenando una ley ceremonial, por así decirlo, pero no estás llenando una ley moral que te ha dicho: "Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo".
Y ahora, si te das una idea de cuán frecuentemente estamos nosotros violando la ley moral de Dios, ¿cuál fue la diferencia entre el samaritano, el sacerdote y el levita? Bueno, escucha, versículo 33: "Pero..." —ese "pero" es importante— "cierto samaritano..." El "pero" dice: alguien que no hizo lo que el levita y el sacerdote hicieron. "...que iba de viaje, llegó donde él estaba, y cuando lo vio tuvo compasión".
Ahora, nota que la compasión no es como: "¡Wow, qué pena! Mira lo que le pasó a este hombre. Oye, déjame orar por él, pero tengo que seguir mi camino". No. ¿Qué es la diferencia con la compasión? Vendó sus heridas, lo llevó a un mesón, lo cuidó, lo montó en su caballo. De hecho, pagó dos denarios, le dijo: "Cuídamelo" —como si fuera un amigo—, "cuídamelo, y cuando yo venga yo te pago el resto".
Entonces, la pregunta grave, grande, de parte de Jesús es: ¿Cuál de estos tres mostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Y él dijo: "El que tuvo misericordia de él." O sea, ese es el prójimo. ¿Qué tiene este prójimo? Si tú has actuado como prójimo. La falta de compasión lo que hace es que niega la imagen de Dios en el otro. De hecho, la falta de compasión niega la imagen de Dios en ti y en el otro, porque se supone que Dios en su imagen es compasivo. Si yo no lo soy, yo niego la imagen de Dios en mí. El otro, creyente o no, tiene una imagen de Dios también. Y si yo no hago algo a su favor, por él, es que no me importa mucho la imagen de Dios en ese otro tampoco.
La palabra compasión en el lenguaje original es "splanchnízomai", en griego, de la raíz "splanchnon". Y "splanchnon" es una palabra que significa como entrañas: como el hígado, pulmón, los intestinos, los riñones. De manera que la idea detrás de la palabra compasión es como una metáfora para decir que la compasión se refiere a una emoción profunda que sale como de las entrañas. Y Jesús fue profundamente conmovido por las multitudes. La compasión no es otra cosa que el reflejo externo del amor interno que alguien tiene por el otro. Eso es como eso. Hay algo interno que es el amor de Dios por la imagen de Dios, que entonces se expresa externamente.
Mire esta definición de Google de lo que es compasión: "Sentimiento de tristeza" —que es hasta ahí donde llegan muchos por no más— "que produce el ver padecer a alguien." Lo que sigue es la clave, increíble cómo el mundo secular capta mejor que nosotros muchas veces el significado de las palabras. Entonces: "Sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo." En lo cual la compasión no es simplemente algo que yo siento, es algo que yo siento tan profundamente, tanto de adentro de mis entrañas, que me impulsa a querer aliviar el dolor, sufrimiento, dificultad de ese otro. Hay que decir entonces que la falta de compasión niega tanto la imagen de Dios en ti como la imagen de Dios en el otro.
Entonces, ¿qué es lo que hace que yo entienda bien el concepto de la imagen de Dios? Porque continuamente la imagen de Dios en nosotros la profanamos al desobedecer, y sobre todo con ciertos pecados, y profanamos la imagen de Dios en el otro también cuando practicamos ciertos pecados. Número uno, la idea correcta de la imagen de Dios te ayuda a respetar y amar al otro. Y hay cosas que tú haces contra el otro que pudieran ser hasta placenteras, pero no hablan de amar al otro; al contrario, lo estás destruyendo, estás destruyendo la imagen de Dios en el otro. Cuando respetas la imagen de Dios en el otro, tú muestras reverencia por Dios. Cuando tú cuidas del otro, tú muestras una reverencia por la imagen de Dios con la que ese otro fue creado.
Si tú violas o ignoras —que sería lo opuesto— la imagen de Dios en el otro, tú niegas el satisfactorionvangelio. Todo el mensaje acerca de la salvación y redención del hombre es negado cuando tú violas y profanas la imagen de Dios en ese otro. Y finalmente, cuando violas o ignoras dicha imagen, tú no estás reflejando a Cristo y luces como muy mal representante. De hecho, eso es como el otro te ve literalmente. Cuando yo violo la imagen de Dios en mi esposa, yo luzco como mal representante ante ella y ante aquellos que me observan.
Ahora, escucha, el énfasis de amar al prójimo lo hizo Cristo, pero no lo reveló Cristo. En otras palabras, esto había sido revelado, como dirían en inglés, "way back", muy al principio. En la Ley de Moisés, en los primeros cinco libros de la Biblia, de hecho en el tercer libro de la Biblia —tú pasas por Génesis, tú pasas por Éxodo y después viene Levítico— en el libro de Levítico 19:18 habla de que yo tengo que amar a mi hermano.
Entonces luego tú comienzas a moverte al Nuevo Testamento: aparece Lucas 10:27, aparece Mateo 5:43, aparece Mateo 19:19, aparece Romanos 13:9, aparece Gálatas 5:14, otra vez en Mateo 22:39, otra vez en Marcos 12:31, otra vez en Santiago 2:8. Nueve veces aparece la idea de que debes amar a tu prójimo. Pero que el prójimo mío es inconverso, pero que el prójimo es una persona muy inmoral. Entonces, ¿por qué es que lo voy a amar? ¿Por qué voy a amar a mi enemigo? Cristo dice que ame a mi enemigo, ¿para qué voy a hacer eso? Es que son portadores de la imagen de Dios. Y cuando amas la imagen de Dios, amas a Dios. Y viceversa, cuando la ignoras o la profanas, profanas o ignoras a Dios.
La compasión es el requerimiento para sentir el sufrimiento de otros. Recuerda cuando Cristo se desmontó de la barca y el texto dice que vio las multitudes, Mateo 9:36, y tuvo compasión de ellas. ¿Qué fue lo que Cristo vio cuando vio las multitudes que los discípulos no vieron? Porque dice que tuvo compasión de ellas, de ellas. Bueno, el texto nos dice que las vio angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Él no simplemente vio —una frase no gramaticalmente apropiada— pero Él no vio un gentío de gente. No, Él vio ovejas angustiadas y abatidas.
¿Qué es lo que pasa cuando tienes una multitud sin pastor? Él las vio como las ovejas son cuando no tienen un pastor: caminan sin rumbo definido, lucen ansiosas, inquietas, intimidadas. Las ovejas se intimidan del mover de una hoja, de un árbol, de un arbusto. Tristes. Ovejas sin pastor no tienen quién les escuche cuando ellas balan. Ovejas sin pastor carecen de esperanza, no tienen quién les dé consuelo en medio del dolor, no tienen quién se siente a escuchar su problema, su queja, su dificultad.
Y ya hay algo que nosotros frecuentemente donde fallamos es que nosotros creemos que la necesidad que Dios nos ha llamado a llenar es solamente la necesidad espiritual. Entonces tenemos ministerios para todos. Nosotros hemos sido llamados a llenar las necesidades espirituales y físicas de los que están a nuestro alrededor. Escucha lo que el texto del Evangelio dice, que Cristo, al desembarcar, vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor. Escucha lo que Él hace ahora. Nota cómo Él llena las necesidades espirituales y las físicas: "Y comenzó a enseñarles muchas cosas." Ahí está el alimento del alma en su enseñanza; es lo primero que hace.
"Y cuando ya era muy tarde, sus discípulos se le acercaron diciendo: El lugar está desierto, ya es muy tarde. Despídelos para que vayan a los campos y a las aldeas de alrededor y se compren algo de comer." Que ellos resuelvan. Pero ese "pero" también dice algo. "Respondiendo Él, les dijo: Dadles vosotros de comer." Aquí hay alguien como que está viendo algo que el otro no está viendo. Esto es similar a lo de Santiago: si tú le dices, si un hermano te dice que está en necesidad y que no tiene con qué vestirse y que tiene frío, y tú le dices: "Bueno, voy a orar por ti, vaya con Dios", y tú no haces nada para aliviar su carencia, ¿de qué te sirve?
Bueno, entonces, como Cristo está actuando, vamos a hablar un poquito más de eso. Pero déjame leerte una cita de la hija de Billy Graham. Escribió un libro que se llama en inglés "Just Give Me Jesus", simplemente dame a Jesús. Entonces, hablando de esta multitud, de esta compasión que Cristo sintió por las multitudes, escucha lo que ella dice: "En aquella multitud estaban los divorciados, los deprimidos, los enfermos, los poseídos, los dependientes de drogas, los airados, los felices, los quejones, los contentos, los crueles, los amables, los egoístas, los considerados, los callados, los críticos, los ofendidos y los calmados. Gente agregada en gran número cuyos sueños habían sido hechos pedazos, cuyos hogares habían sido fracturados, cuyos corazones habían sido destrozados, cuyas esperanzas habían sido deshechas." Jesús vio la gente y penetró su mente y su corazón y su pasado, y vio todo eso que los otros no vieron. Esos son los ojos que tú y yo necesitamos y que tú y yo frecuentemente no tenemos.
¿Cuál fue la diferencia? Jesús y los discípulos vieron la misma gente, en el mismo lugar, en las mismas condiciones. Entonces, ¿saben qué vieron los discípulos? El reloj, por así decirlo. "Maestro, ya es tarde, despáchalos." Ellos vieron el reloj. ¿Qué vio Cristo? Él vio un corazón herido, que era más importante que el reloj.
Los discípulos estaban más centrados en ellos mismos. Cristo los había llamado a reposar, a descansar, y entonces, cuando van caminando a descansar, la multitud viene corriendo detrás de ellos y, en vez de seguir para el descanso, Cristo se detiene y se pone a dar de comer a esta gente. Primero va a consolarles y luego va a darles de comer. Ellos estaban centrados en ellos mismos, y cuando tú vives centrado en ti mismo, todo parece una interrupción: una interrupción de tus planes, tu propósito, de tu agenda, de lo que tú quieres hacer. Y lo que Dios hace es que Él permite interrupciones continuas de nuestro tiempo, precisamente porque las interrupciones de nuestro tiempo me enseñan a amar al otro.
Con frecuencia yo llego a casa —Kathy está aquí, no me deja mentir— y ella me pregunta cómo me fue. Le digo: "Bueno, prácticamente no hice nada de lo que se suponía que yo hiciera, de las cosas que tenía pendientes por hacer." Bueno, ella me conoce, entonces no fue que yo me pasé el día con las dos piernas para arriba, echado en una silla para atrás —sería muy bueno tener un día así— pero no, es porque la puerta de mi oficina, que tiene una ventanita que tú puedes tapar solamente para que no te molesten, el noventa y ocho por ciento de las veces está abierta. Y la gente entra y me interrumpe, me quita tiempo. Y al final del día, cuando yo digo "no hice nada de lo que me tocaba hacer", termino concluyendo frecuentemente: pero hice todo lo que Cristo pensaba que yo tenía que hacer. Porque al final la vida no se trata de tareas, se trata de gente. Las tareas son simplemente el instrumento para llegar a la gente.
Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo. Eso es como tú y yo necesitamos ir pensando. Mira cómo Cristo, cuando tú lees el Evangelio, mira cómo Cristo reacciona. Las enfermedades lo movieron a compasión, y sanó paralíticos, ciegos, sordos. Pero no solamente las enfermedades; las posesiones demoníacas lo movieron a compasión. Las muertes movieron a Cristo a compasión. Él fue a la tumba y vio a Lázaro, y él sabía que lo iba a resucitar, pero vio a Marta y a María en dolor, y cuando las vio en dolor él sintió su dolor. De manera que las muertes hacen que Cristo resucite gente por la compasión.
El yugo religioso que los fariseos habían impuesto sobre la población, que los estaba ahogando en vez de darles libertad y en vez de darles gozo, movió a Cristo a la compasión y quiso defender a la población. Les dijo: "No hagan como ellos hacen, sino hagan como ellos dicen, pero no como ellos hacen, porque ellos dicen pero no hacen."
Esta realidad que Cristo vio continuamente es lo que hace que en un momento dado Cristo invite a la gente y les diga: "Venid a mí todos aquellos que están cargados y cansados, y yo los haré descansar." Hermano, ¿tú no te sientes cargado y cansado en ocasiones? ¿Tú no sientes en ocasiones como que "oye, si Cristo viniera hoy"? Y hay un gozo en que él venga, pero a veces la razón por la que tú lo estás expresando es que tú estás tan cargado, tú estás tan cansado. ¿No hay ocasiones en que tú quisieras...? Bueno, yo no voy a venir porque me lleve; yo creo que esas son menos, lo que quieren es preferir que él llegue. Pero yo sé que yo he estado ahí más de una vez. Recientemente he estado ahí, como que sabes qué, mejor que llegue o que me vaya.
Entonces tú puedes ver los ojos de Cristo versus nuestros ojos. Déjame hablar de este otro evento en la vida de Jesús que tú lo conoces muy bien. Jesús está en Judea, está en el sur, y tiene que ir hacia el norte, y dice que tenía que pasar por Samaria. Porque en realidad no tenía que hacerlo por Samaria, porque Samaria estaba ahí en el medio y los judíos, como odiaban a los samaritanos, o se iban por el área del mar o se iban por el lado del Jordán y evitaban Samaria. Pero Cristo tenía una cita en Samaria con una mujer samaritana.
Él llega y se encuentra con esta mujer. La mujer está buscando agua y Cristo le pide agua como una forma de establecer conversación, y a ella se le hace raro que un judío hable con ella. Primero, por ser judío, y ellos se odiaban. En segundo lugar, por ser hombre, ella era mujer, y los judíos no hablaban en público con las mujeres precisamente por el prejuicio que tenían. Y eso es como probablemente los discípulos la vieron: con prejuicio.
Si hubiesen conocido la historia que ella le dio a Jesús, que había tenido cinco maridos y el que tenía no era su marido, probablemente la hubiesen conocido como una mujer promiscua. De hecho, en el lenguaje de los jóvenes de hace unos años atrás —yo creo que me estoy quedando atrás, pero algunos recordarán todavía— hubieran dicho que esa mujer es un avión, precisamente por su promiscuidad. La hubiesen visto como una raza impura. Los samaritanos eran judíos casados con gentiles, entonces eran considerados raza impura.
Y la hubiesen visto como una mujer que andaba en busca de agua. De hecho, esta es una mujer que llega al mediodía, dice el texto, a buscar agua. No es una hora común. Al mediodía, en el Medio Oriente, el sol está de una manera insoportable. Con toda probabilidad ella fue al mediodía para evitar contacto con la gente, probablemente por su pasado, su vergüenza, que era conocida como tal. Eso es como los discípulos probablemente la vieron.
Pero Jesús la vio probablemente como una mujer abandonada y maltratada por cinco maridos y un sexto que ni siquiera es su marido. La usaron y la dejaron, la usaron y la dejaron. En cada uno de esos casos, probablemente en el momento que haya entrado en contacto con el hombre, pensó que el hombre la amaba, y cuando comenzaron a tener intimidad también probablemente sintió que el hombre la amaba. Pero sabes qué, ninguno de ellos la estaba amando, porque no estaban amando la imagen de Dios en ella que estaba siendo destruida.
Jesús vio una mujer abandonada. Vio una mujer portadora de la imagen de Dios en necesidad de redención. Y vio una mujer más sedienta espiritualmente que físicamente, y andaba buscando agua. Pero su sed primaria no era física. Por eso es que Jesús dice: "Si tú supieras quién yo soy, tú me pedirías de esta agua y la tomarías y no tendrías sed jamás." Algo que a ella le pareció extraño, pero Cristo se estaba refiriendo a una sed distinta a la sed con la que ella había llegado a aquel lugar probablemente.
Entonces, los discípulos no hubiesen ayudado a esta mujer porque hubiesen visto primero su pecado. Jesús vio las consecuencias del pecado, el daño del pecado, el dolor que el pecado había producido, en vez de ver el pecado. Eso probablemente, el hecho de ver el pecado —cinco maridos y ahora tiene uno que no es su marido— probablemente hubiese airado a los discípulos, mientras Jesús tuvo compasión. Ves la diferencia entre Jesús y el resto de los hombres, el resto de sus discípulos.
Bueno, por un lado, el problema de nosotros es que no nos gusta tener inconvenientes. Es más cómodo vivir sin interrupciones, hermanos, ¿sí o no? Hasta para mí que estoy tratando de hablar esto, claro que es más cómodo vivir sin interrupciones. El problema es que eso no es bíblico, porque eso no se va a dar nunca. Ahora, yo puedo tratar de evitar las interrupciones, pero eso tampoco es bíblico.
Jesús vio lo que los discípulos no podían ver porque tenía un corazón que sentía lo que el corazón de los discípulos no podía sentir. Jesús vio más allá que los discípulos por una razón: porque el amor ve más allá de la incomodidad y ve el beneficio de yo experimentar la incomodidad para ayudar al otro.
La vida que Jesús llevó, y ese día con la mujer samaritana, o los días que se encontró con multitudes, Jesús se complicó, complicó su vida, porque hubo que sentar y darle de comer a cinco mil personas. La realidad es que el amor complica. Eso lo estaba diciendo, lo he dicho más de una vez en diferente contexto. Pero este fin de semana que estaba enseñando un curso sobre matrimonio les decía que el amor complica la vida del amante y descomplica la vida del amado. Eso siempre será así.
Entonces, si tú quieres ver lo que otro no ve, tú necesitas compasión. La compasión es algo que tú sientes de manera natural y es el resultado de varias cosas. Por un lado, es el resultado de ver la imagen de Dios en el otro que está siendo atropellada, abusada. Por otro lado, el amor que tú experimentas por otro es el resultado del amor de Dios que ha bajado hasta ti y ha hecho residencia en ti. De manera que mi falta de amor por el otro es una falta de comunión con Dios, porque Juan dice en su primera carta, Primera de Juan: "El amor es de Dios; todo el que ama es nacido de Dios."
En tercer lugar, para yo tener compasión yo necesito hacer lo que Pablo dice en Segunda de Corintios 5 —no recuerdo el versículo exacto ahora mismo— pero en Segunda de Corintios 5 donde él dice: "De ahora en adelante ya no vemos a nadie según la carne." De ahora en adelante, el que está adelante de mí no es una simple samaritana, no es un simple inconverso. Es un potencial converso para Cristo, es un potencial redimido, es un potencial hijo de Dios. La compasión es el deseo, al mismo tiempo, de querer obedecer a Dios por amor a Dios.
Entonces, a manera de ir cerrando el mensaje, una de las características de la compasión es que yo no puedo aprender a ser compasivo leyendo un libro. Eso no se aprende en libros, no importa cuántas historias de dolor y de sufrimiento tú leas. Eso es un atributo de Dios, la compasión, la misericordia. Y ese atributo de Dios llega a ti por infusión del Espíritu Santo en la medida en que tú te relacionas con ese Dios y él te pone en contacto con personas en dolor.
La segunda característica de la compasión es que para yo experimentarla yo necesito estar centrado en el otro. No hay otra manera. Si no estás centrado en el otro, jamás vas a sentir compasión por ese otro. Y tú consideras entonces a ese otro como superior a ti mismo, tal cual nos enseña en Filipenses 2. Ese es un requisito; solo así tú puedes ver las necesidades.
Número tres: la compasión toma en cuenta las consecuencias que el otro puede experimentar si yo no hago algo. ¿Cuáles serían las consecuencias en el caso del que fue dejado en el camino, el versículo donde habían asaltado? El samaritano hizo lo que el levita y el sacerdote no hicieron porque él pensó: "Si yo no hago algo, ¿cuál será la consecuencia? Bueno, quizás se muere ahí." Entonces, déjame cuidarlo, vendarlo, limpiar las heridas y déjame llevarlo a alguien que lo cuide.
La compasión es considerada: ve la necesidad humana, quiere llenar dicha necesidad, siente gozo al hacerla. Considera las consecuencias que el otro experimentaría si él no hace absolutamente nada. Por eso la respuesta de Jesús fue siempre la compasión.
Ahora, habiendo dicho eso, lo que sigue es como una consecuencia natural. ¿Cuál es la razón número uno por la que nosotros no somos movidos a compasión? La respuesta es una palabra: egoísmo. O egocentrismo. Si la compasión es la manifestación externa del amor interno que Dios ha infundido en mí, si es así, entonces el egoísmo es la manifestación externa del amor que yo no tengo por el otro. El egoísmo es la manifestación externa del amor que yo no experimento por ese otro. Eso es una gran realidad.
El egoísmo no se inmuta por el otro. El egoísmo no siente por el otro. Piensa, dice "qué pena," cerebralmente considera la pena, pero no siente dolor por el otro. El egoísmo no tiene sentido de urgencia: "Bueno, lo hacemos la semana que viene; siempre puede morir." El egoísmo no tiene sentido de tiempo. Es que tiene, como la mujer del Evangelio, tiene doce años sangrando.
Ha visto todos los médicos, ha agotado todo lo que tenía, ya no le queda nada y ha venido donde Jesús. "Yo soy su último recurso." Y el egoísmo no se complica, no se complica por el otro. Era una vida descomplicada. Entonces, ¿sabes qué? Es mucho más fácil vivir de esta manera. Es mucho más cómodo vivir de esta manera. Lo que no es, es bíblico. Tampoco es glorificante, no trae gloria a nuestro Dios.
Y lo que yo no he pedido, cuando yo tengo compasiones... Que la compasión también es resultado de tener paciencia y tener misericordia, y la paciencia y la misericordia soporta la dificultad que el otro me impone. Pero como decía William Barclay, en el contexto de noté, el soportar algo implica convertir en gloria lo soportado. Cristo soportó la cruz, pero no soportó la cruz como quien dice: "Bueno, mira, que es difícil pero lo voy a hacer porque tengo que complacer a mi Papá." No, Él convirtió un instrumento de maldición en un instrumento de bendición. Entonces, el soportar, por así decirlo, en términos bíblicos, es convertir en gloria lo soportado. No es que esa sea la definición, pero es como el sentido.
Entonces, al final, vamos a recordar lo que dijimos al principio para cerrar. ¿Tú quieres saber qué es lo que tú tienes que hacer para vivir bien? No estés oculto porque te ha sido declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Tú quieres saber lo que es bueno? No está complicado. Ni siquiera tengo que leerme un libro entero. Yo debo hacerlo porque me va a ayudar mucho más a conocer a Dios, pero Dios te dice: "Te lo voy a decir en un versículo."
Tú quieres saber no solamente lo que es bueno, tú quieres saber lo que Dios demanda de ti. Es Miqueas 6:8. El texto dice lo que Dios demanda. No es que Dios te sugiere, te recomienda, te dice que es una buena idea. No, Él te lo impone como una demanda. Solo tres cosas: practica la justicia, preocúpate por el bien de los necesitados alrededor de ti que están incluso fuera de este palacio. Ama la misericordia, no es que la practiques simplemente, sino que ames el ser misericordioso y tener compasión. Y anda humildemente con Dios.
Y para hacer eso necesitas, por un lado, una relación íntima con Dios, donde Dios infunda su amor. Pero necesitas valorar la imagen de Dios en ti y en el otro, de manera que no violes, ignores, pisotees, profanes la imagen de Dios en ti pecando contra ti mismo, ni profanes la imagen de Dios en el otro al pecar contra el otro.
Yo creo que se nos da una buena idea de cómo pudiera esta iglesia llegar a ser conocida por su espíritu de compasión. No es que no hay gente con espíritu de compasión, sino que el cuerpo de Cristo llegue a ser conocido como un cuerpo compasivo. Yo creo que eso adorna a la doctrina que defendemos. ¿No crees? Amén.