Integridad y Sabiduria
Sermones

El costo del discipulado

Miguel Núñez 16 julio, 2017

La salvación es gratuita —Cristo pagó ese precio con su sangre— pero el discipulado tiene un costo que cada creyente debe asumir personalmente. Esta distinción atraviesa el pasaje de Lucas 14, donde Jesús, rodeado de multitudes, no intenta seducirlas con promesas de bendición sino que eleva el estándar: el que no aborrece padre, madre, esposa e hijos, el que no carga su cruz, el que no renuncia a todas sus posesiones, no puede ser su discípulo. No se trata de odiar a la familia en sentido literal, sino de reconocer que ninguna relación humana puede competir con el señorío de Cristo. Cuando los lazos familiares entran en conflicto con la obediencia a Dios, el discípulo debe elegir.

La cruz que Cristo pide cargar no es la enfermedad crónica ni la dificultad inevitable de la vida, sino el costo de abrazar su causa. Los cristianos del primer siglo fueron tratados como los peores ciudadanos no por su mal comportamiento, sino precisamente por su fidelidad. Dietrich Bonhoeffer, quien murió colgado semanas antes de la liberación de su campo de concentración, lo entendió así: la pasividad cristiana es gracia barata, pretender seguir al Cristo crucificado sin pagar ningún precio.

El pastor Núñez cierra con una ilustración sobre un hombre que quiere comprar una perla preciosa. El vendedor le pide todo: su dinero, su casa, su carro, su familia y finalmente a él mismo. Luego le permite usar esas cosas, pero con una condición: nunca olvidar quién es el verdadero dueño. Así funciona el discipulado. Todo lo que tenemos nos ha sido prestado, y cuando Dios lo requiera, debemos entregarlo sin resistencia para su gloria.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a orar, mis amados, en su Palabra.

Bueno, los últimos tres mensajes estuvimos hablando de qué nos moverá a ir. Comenzamos esa miniserie con aquellas palabras de Jesús cuando él dijo: "Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones." Dos mil años después, la mayoría de sus hijos todavía no han obedecido ese mandato. Y dos mil años después, tampoco nos ha inquietado mucho la desobediencia al mandato. Nos enfocamos por tres domingos consecutivos en el ir, qué nos va a mover, qué se requerirá para ir.

Yo quiero enfocarme en el día de hoy en la segunda parte del mandato, que es hacer discípulos. Que de hecho, de acuerdo a los estudiosos, es la única porción que está en imperativo realmente. De todo este texto del versículo 16 hasta el 20, parte final de Mateo. Yo quiero usar un texto hoy que está en Lucas 14 para que podamos responder a la pregunta de qué es un discípulo, cómo Cristo concebía un discípulo. ¿Qué tipo de persona él debe ser? ¿Qué tipo de mensaje nosotros debiéramos estar compartiendo con aquellos que estamos tratando de formarlos como discípulos, de tal forma que ellos puedan tener la imagen que el Maestro soñó para con ellos y con nosotros?

Y con esa introducción, yo quiero leer entonces Lucas 14 del 25 hasta el final. "Grandes multitudes le acompañaban, y él volviéndose les dijo: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, a su mujer, a hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo para ver si tiene lo suficiente para terminarla? No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar. ¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con diez mil hombres es bastante fuerte como para enfrentarse al que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación y pide condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones no puede ser mi discípulo. Por tanto, buena es la sal; pero si también la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonada? No es útil ni para la tierra ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga."

Jesús ha pronunciado estas palabras inmediatamente después que él terminara de relatar una parábola para con ellos. Es la famosa parábola de la gran cena, donde hay una invitación de parte del dueño o el amo de la casa a un grupo de personas. Evidentemente la invitación había salido hacia ellos hace mucho tiempo para que hicieran preparativos, pero el día ya de la cena, el mismo día de la cena, hay una segunda invitación para que ellos pudieran venir. Y el amo o dueño de la casa envía su siervo, y ese siervo regresa contando las excusas que cada uno de ellos puso.

Déjame leerte a partir del versículo 18 hasta el 20 qué dijeron, porque es eso que motiva a Jesús a hablar de lo que yo acabo de leer. Escucha lo que ellos fueron diciendo en la parábola: "Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un terreno y necesito ir a verlo, te ruego que me excuses. Y otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos, te ruego que me excuses. También otro dijo: Me he casado, y por eso no puedo ir."

Jesús escucha estas palabras, o mejor dicho, relata estas excusas de parte de los hombres, ayudándonos a entender las diferentes razones que a lo largo de la historia los hombres han ido dando para en un momento dado no abrazar su causa. Él sabe que eso pasaba en ese momento y continuaría pasando a lo largo de toda la historia. Él sabe que las multitudes están siguiendo, pero él nunca se dejó impresionar por ellas. Él las admiró, claro, pero nunca se dejó impresionar por ellas.

Él sabía que las multitudes son, como hemos dicho en otras ocasiones, como la mariposa de la noche, que en inglés llaman "moth," que es atraída por la luz y comienza a acercarse, y comienza incluso a danzar alrededor de la luz. Pero una vez ella se pega del bombillo o del tubo de la lámpara de querosene, el calor hace que ella vuele y se aleje. Jesús era esa luz. Las multitudes se sentían atraídas por esa luz de su persona, de su enseñanza, de sus enseñanzas. Pero una vez ellas comenzaban a presentir que esto les iba a costar algo, al igual que la mariposa, las multitudes tendían a alejarse. Jesús sabía del comportamiento de las multitudes.

En la parábola anterior, las excusas tenían que ver: dos tenían que ver con cosas materiales —yo compré un terreno, tengo que ir a verlo; yo compré cinco yuntas de bueyes, yo tengo que ir a probarlos— y una tenía que ver con una relación —yo me acabo de casar, yo no puedo—. Pero la verdadera razón no estaba ni en las cosas materiales ni estaba en la esposa con la que te acabas de casar, sino en la persona que da la excusa. Y Jesús ahora entonces, en estas palabras que yo leí, lo que él va a hacer es precisamente dirigirse a las cosas materiales, al yo que da la excusa, y a nuestras relaciones. Porque eso es exactamente lo que las excusas fueron.

El texto comienza diciendo: "Grandes multitudes le acompañaban." Jesús siempre se vio rodeado, después del primer año que fue un año más incógnito. En su segundo año siempre se vio rodeado de multitudes. De hecho, hay no menos de 34 pasajes en los cuatro Evangelios que nos hablan de cómo las multitudes seguían a Jesús, aunque algunos de ellos son pasajes paralelos. Pero Jesús continuamente estaba percatándose de la gente que le seguía.

En ocasiones la gente le seguía por esa personalidad magnética que yo me imagino que debía haber tenido. Dios hecho hombre, ¿cómo no tener algo especial solamente al verlo? En otras ocasiones por sus enseñanzas, que eran verdadera luz que atraía a los hombres. Otras veces por sus milagros, simplemente porque querían otro hombre a quien ver que los maravillara. En otras ocasiones fueron atraídos por los panes que se comieron, dice Jesús en Juan 6. Pero él nunca se dejó impresionar por ellas.

Escucha a Charles Spurgeon predicando sobre este mismo texto, el 22 de febrero del año 1874 en un día domingo. Él dice lo siguiente: "Se puede observar que cuando las multitudes abandonaron al Señor, él no se deprimió. Y cuando su ministerio se hizo popular, él no se sintió eufórico. Él se mantuvo calmado en medio del alboroto de las multitudes."

La multitud alrededor de Jesús tenía diferentes motivaciones para aglutinarse. Entre ellas estaban los que yo he llamado los amantes de la verdad y los fanáticos de la verdad; ellos no son iguales. Los amantes de la verdad están listos para abrazar la verdad, pagar un costo, seguir la verdad. Los fanáticos de la verdad son como los fanáticos del béisbol, que están dispuestos a vitorear lo que ven, lo que escuchan, están dispuestos a aplaudir la verdad, pero desde las gradas, nunca desde el terreno. Ya que hay que pagar un costo, mejor salimos del estadio. Y Jesús tenía gente que era amante de la verdad y gente que era fanática de la verdad. Él estaba causando un gran revuelo, pero no todo el mundo tenía el mismo nivel de compromiso ni la misma intención.

Jesús, en esta ocasión, percatándose de que las masas le seguían, toma el estándar y lo eleva un poco más para clarificar algo que quizás ellos no tenían claro todavía. Y es que la salvación fue y es gratuita para nosotros. Él pagó el costo. Pero el discipulado tiene un costo que a mí me toca pagarlo. Él no va a pagar el costo del discipulado. Él pagó su costo, el costo de la salvación. El costo del discipulado, aunque él es quien lo va a ir llevando a cabo, él me va a pedir a mí que yo lo pague. Y de hecho, es la razón por la que muchas de las Biblias tienen este texto subtitulado: "El costo del discipulado."

No hay duda de que el tema de este texto es el discipulado. Escucha: Versículo 26, "no puede ser mi discípulo." Versículo 27, "no puede ser mi discípulo." Versículo 33, "no puede ser mi discípulo." Discipulado es el tema. Pero la vida cruz-céntrica es la forma de vivir la vida discipular. Esto es lo que él está tratando de ayudarnos a entender. Discipulado es el tema; la vida cruz-céntrica es la forma de tú vivir tu vida discipular. Cuando nosotros no tenemos esa forma cruz-céntrica de vivir, eso es cuando las demandas y exigencias del ministerio, o mejor dicho, de la causa de Cristo, nos parecen muy elevadas, exageradas o radicales.

Déjame ayudarte a entender lo que es esta vida cruz-céntrica que Cristo habla: "El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo." En ocasiones hemos oído decir a alguien que tiene una enfermedad crónica, terminal, o una dificultad con un hijo: "Yo me imagino que esta es mi cruz." De eso no es que Cristo está hablando. Es cierto que esa enfermedad o situación con tu hijo personal tú tienes que llevarla con aceptación, pero cuando Cristo habla de que el que quiera seguirlo debe tomar su cruz e irse tras él, él no está hablando de los padecimientos que las aflicciones nos causan a todos los que vivimos de este lado de la gloria, uno más temprano, uno más tarde.

No, Cristo está hablando del costo de seguirle, el costo que tiene para mi vida el yo abrazar su causa. Esa es mi cruz. Y Cristo está diciendo: el que quiera seguirme necesita tomar su propia cruz de manera personal, cargarla, y entonces irse detrás de mí. Él está hablando sin duda alguna a personas que conocían y estaban identificadas con la crucifixión. Quizás en la mente de ellos tenían esta imagen de la persona que ya ha sido latigada en un lugar, ha sido lacerada, y que ahora va con la parte horizontal de la cruz cargándola hacia el camino de la crucifixión, hacia el lugar de la crucifixión. Quizás esa imagen estaba en su mente, y Cristo les está diciendo: "Ok, recuerda que esta cruz había sido reservada para los peores ciudadanos, los criminales, aquellos que realmente la misma sociedad no quería."

De esa misma manera, si ustedes me siguen y hacen lo que les toca hacer, muchas veces serán considerados entre los peores ciudadanos, como ocurría en el primer siglo o como ocurría en la Alemania de Hitler, y ustedes sufrirán el peor de los castigos. Yo recordaba esta mañana al grupo anterior que la razón por lo que la sociedad nos considera tan buenos ciudadanos hoy no es porque nosotros somos mejores cristianos que los del primer siglo. Es porque nosotros no estamos haciendo lo que los cristianos del primer siglo hicieron, que confrontaron su sociedad, confrontaron sus injusticias, confrontaron su modo de vida contrario a lo que era la Palabra de Dios, expusieron las mentiras. Y de esa manera, para la sociedad ellos llegaron a ser los peores ciudadanos. Nosotros toleramos las injusticias, compartimos incluso las desigualdades, y por eso somos tan buenos ciudadanos para la sociedad.

Cristo está ayudándonos a entender: escúchame, una vez tú eres salvo, tú tienes ahora un llamado que abrazar, y es llegar a ser mi discípulo de una manera que tú me puedas representar. Que cuando tú estás en un lugar, otros puedan saber de qué se trata la vida cristiana porque están viendo la manera no solamente como tú la hablas, sino también como tú la vives. Si bien es cierto que Jesús se pone contento, por así decirlo, con un solo pecador que verdaderamente se arrepiente y comparte el gozo con los ángeles, no es menos cierto que Jesús nunca estuvo a gusto con diez mil que le siguieran simplemente por los beneficios.

Qué distinto es la manera como Jesús hizo evangelismo y discipulado a como hoy nosotros tendemos a hacer evangelismo y discipulado. Muchas veces hoy parece ser que estamos tratando de seducir a los hombres a entrar al reino de los cielos con todas estas promesas y bendiciones y maravillas, y Jesús parece hacer todo lo contrario, como que está tratando de alejar a las multitudes. Si tú hubieras estado el día en que Jesús le dice a esta multitud de hombres judíos, mujeres, niños, que al que no come su carne y bebe su sangre —a una población que no estaba supuesta a comer cierto tipo de carne y a quien se le tenía prohibido beber sangre— y Jesús sale con que el que no come mi carne y bebe mi sangre no es digno de seguirme, y ahora tú estás aquí en la misma multitud escuchando estas otras palabras, hubiera sido fácil concluir: este rabino es extraño, él como que no quiere gente.

Mira lo que pasó aquella vez cuando oyeron de comer su carne y beber su sangre: como resultado de esto, muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con él. Y ahora mira con lo que sale: "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre y a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo." No entiendo a este hombre. Las multitudes están aquí y mira cómo les habla. Precisamente la razón por lo que les está hablando de esta manera es porque las multitudes estaban allí. Cristo estaba subiéndoles el estándar porque él quería que el que le fuera a seguir le siguiera con la motivación correcta y con el entendimiento correcto de qué se trata la vida cristiana.

Obviamente esto es una hipérbole. Una hipérbole es una exageración expresa con la intención de enfatizar algo. Es una mentira que el que está escuchando sabe que tú estabas hablando hiperbólicamente, pero tiene el énfasis en su mente hecho. Es como que tú dijeras hoy: "En el día de ayer yo tenía un deseo tan grande de comer chocolate que yo hubiera ido a la luna si hubiese sido necesario." Nadie que dice eso dice "bueno, yo estoy hablando hipérbole." Claro, y da una explicación. El que está escuchando sabe lo que tú estabas tratando de comunicar. De esta misma manera, Jesús no explica lo que está tratando de comunicar. Ellos entienden. Pero por un lado él está tratando de ayudarles a entender que nuestras relaciones humanas no pueden estar por encima de su señorío.

Que una vez yo abrazo la causa, yo necesito estar dispuesto a ser ignorado por mis familiares, a ser burlado por mis familiares, a ser incluso expulsado y rechazado por mis familiares. ¿Recuerdan cuando David danza delante del Señor? La primera persona que lo condenó burlonamente y sarcásticamente fue su propia esposa Mical. David dice: "Yo prefiero humillarme delante de Dios antes que estar guardando" —ahora estoy interpretando parte de lo que dijo— "antes de estar guardando la imagen y la compostura del rey ante estas siervas con quienes tú hablaste acerca de mi danza espontánea para el Señor." David tenía claro dónde estaba Dios y dónde estaban sus relaciones.

Un amigo nuestro que estuvo aquí en República Dominicana como misionero, creo que les hablé de él en alguna ocasión, cuando él abrazó la fe evangélica sus padres literalmente lo expulsaron de la casa. Su padre le dijo que no le iba a pagar la universidad y decidieron no conocer ni siquiera a sus hijos por muchos años. Ellos eran y son parte del Opus Dei, de la iglesia católica. Una de las cosas que dificulta la evangelización, cuando se estudian las religiones, es precisamente la relación tan estrecha que existe entre los lazos familiares y la religión, hasta el punto que en religiones como el hinduismo, el judaísmo, el catolicismo romano, el tú abrazar la fe evangélica u otra fe cualquiera es simbólico y sinónimo de traición.

Y Cristo está diciendo: cuando eso se da, tú necesitas elegirme a mí por encima de las relaciones humanas. La traición es sentida de forma tal que familiares se sienten obligados a ir y confrontar a esta persona, como nosotros vimos ocurrir en nuestra propia familia en la medida en que algunos abrazaron la fe evangélica tempranamente y fueron visitados por miembros de la familia para ser confrontados por el nuevo paso que habían dado. En esos casos tú tienes que elegir mi persona sobre tus relaciones.

Jesús mismo en una ocasión mostró esto. Es la aplicación de su enseñanza. Escucha lo que ocurre en Lucas 8:20-21: "Y le avisaron: Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte." Pero respondiendo él les dijo: "Mi madre y mis hermanos son estos que oyen la Palabra de Dios y la hacen." Mis hermanos que están allá afuera ni siquiera creen en mí en este momento. Mis medio hermanos que están allá afuera, biológicos, algunos de ellos incluso creen que yo estoy loco, que he perdido la cabeza. En este momento yo quiero que entiendan que la preponderancia es estos que han creído la Palabra de Dios y la están llevando a cabo. Esos son mi madre y mis hermanos. Con esto Cristo mostraba cómo Dios su Padre, su causa, estaba tomando preponderancia sobre sus relaciones porque habían entrado en conflicto. Jesús no acepta competencia con absolutamente nada.

Mira cómo lo dice en Mateo 19:29: "Todo aquel que haya dejado casas o hermanos o hermanas o padre o madre o hijos o tierras por mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna." Aquí, cuando Cristo está hablando de dejar alguna relación, escucha: esposa no está aquí. No cojan la idea que no... ni se animen tampoco. En el pasaje anterior la esposa estaba porque obviamente Cristo tiene superioridad sobre todas mis relaciones humanas. Aquí, cuando él habla de dejar padre o madre o hijos o hermanas o tierras por mi nombre, la esposa no está porque no es algo que tú estás supuesto a dejar. Pero Cristo está diciendo: la salvación es gratis, el discipulado tiene un costo. Tú tienes que estar dispuesto a pagar el costo si quieres ser mi discípulo.

Pero yo creo que estas cosas se prueban más frecuentemente en cosas más pequeñas que estas y que son cotidianas. Muchas veces quizá las vemos semanalmente y no nos percatamos dónde Cristo y mis relaciones entran en contradicción y dónde frecuentemente nosotros elegimos las relaciones por encima del Señor. Déjame hacer uso de una sola ilustración de algo que hemos vivido múltiples veces en consejería. Un novio cristiano, una novia cristiana, comprometidos, quieren casarse, quieren celebrar su boda de una manera. Sus padres son inconversos, quieren celebrar su boda de otra manera. Los novios, en algunos de los casos que me ha tocado, están convencidos de que la manera como ellos quieren celebrarla sería la manera que agradaría a Dios. Los padres inconversos tienen una forma que ellos entienden que no agradaría a Dios. Pero son mis padres.

Entonces el padre terrenal va a tener preponderancia sobre el Padre celestial si tú estás convencido de que esta otra manera es la que agrada a Dios —si estás convencido, porque quizá no lo estás—. ¿Por qué eliges relaciones terrenales por encima de mi relación con Dios? Pero como eso ocurren múltiples cosas en la vida del cristiano: "Bueno, no lo hice para no ofenderla, para no ofenderlo..." Para que, sobre todo cuando estamos hablando de no ofenderlo a ella, pero ofendemos a Dios con la misma acción.

Jesús está ahora diciendo: mi señorío no acepta competencia. El primer mandamiento de Dios es: "Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu fuerza, con toda tu mente." No tiene comparación, no tiene competidores. Jesús habla de eso, y luego él pasa entonces a hablar de esa otra área de nuestra vida que crea nuestros conflictos a la hora del discipulado, y es el yo. Y él comienza a hablar de la necesidad que yo tengo de cargar mi cruz y de ir entonces después detrás de él, en pos de él, o si no, no puedo ser su discípulo. Y tengo que crucificar mis sueños, mis aspiraciones, aquellas cosas que quizás ya no puedo hacer, aquellas cosas que quizás otros continúan haciendo pero que ya yo he crucificado, precisamente porque yo he decidido abrazar la causa de Cristo.

Quizás ahora Cristo quiere que nosotros entendamos que una vez yo recibo salvación y abrazo la vida de discipulado, esto es muy serio. Esta cruz, como yo mencionaba, fue reservada para los peores ciudadanos.

Y los cristianos del primer siglo terminaron en ella, no por su mal comportamiento, sino por su comportamiento ejemplar, pero eran tratados como los peores ciudadanos. En el caso de Dietrich Bonhoeffer en la Alemania de Hitler, terminó siendo colgado, justamente dos semanas antes de que ese campo de concentración fuera liberado, no por su mal comportamiento. De hecho, cuando tú lees los escritos, su comportamiento fue extraordinariamente ejemplar, pero fue el comportamiento ejemplar y la verdad que ellos seguían lo que lo llevó a la horca, pero lo llevó a morir como los peores prisioneros.

De eso es que Cristo nos está hablando: tú tienes que seguirme verdad independientemente del costo, aun si al comportarte de esa manera tú vas a terminar siendo tratado como lo peor de tu sociedad. El discipulado tiene un costo. La salvación fue gratis, Cristo pagó con su sangre, pero Él ahora me dice: "No, tú tienes un costo que pagar en tu discipulado. Yo lo voy a hacer, yo voy a formar mi imagen, pero tú pagas el costo."

Dietrich Bonhoeffer entendió eso perfectamente bien, hasta el punto que se unió a la resistencia en Alemania, entendiendo que Hitler no podía continuar. Y él escribió un libro en el año 1937 con el nombre "El costo del discipulado". Escucha lo que él dice, algo bien sencillo, pero no es su frase más conocida: "Solo el que cree es obediente, y solo el que es obediente cree." Solo el que cree es obediente. En otras palabras, la desobediencia es evidencia de que no has creído. Y solamente el obediente es el que da evidencia de que cree.

Y luego Dietrich Bonhoeffer decía: la pasividad del cristiano es una gracia barata. Es una gracia barata porque pretende con su pasividad mostrar, ilustrar, seguir después de Él, el Cristo que se ha crucificado, que ha derramado su sangre, que ha dado su vida. Y ahora, sin ningún costo para él, pretende ser discípulo de ese que se crucificó en la cruz y que lo dio todo, pero él quiere imitar su imagen, imitar su ejemplo a un costo extremadamente bajo. Dietrich dice: eso es una gracia barata, cheap grace, de la cual no quería nada.

Jesús nos dice: ¿Sabes qué? Usas tus relaciones familiares como excusa para no darle todo a Dios. No puedes competir conmigo. Usas tu propia vida como excusa, pero tienes que crucificarla, tienes que tomar tu cruz. No puedes competir conmigo.

Ahora lo que Jesús hace es que Él se va a la yugular. Él se va a la yugular del problema porque escucha lo que Él dice: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todas sus posesiones no puede ser mi discípulo." Algunos pudieran pensar: "Pero yo pensé que las relaciones familiares eran la yugular." No, no, no, las posesiones. La mejor evidencia de eso son las herencias. Como cuando una herencia está disponible, cómo nos enemistamos, perdemos las relaciones, pero nunca un pedazo de la herencia. Jesús sabe lo que necesita atacar, Jesús sabe de qué nosotros somos esclavos, Jesús sabe lo que nosotros valoramos.

Nosotros valoramos las posesiones de una forma tan extraordinaria que cuando nosotros vamos a dar una limosna, nos duele dar 50 pesos porque eso es demasiado. Entonces damos 5, sabiendo que tú no compras nada con 5 pesos hoy. "Bueno, por ahí completa con lo otro." Jesús no me mandó a que lo mandara a completar. Si nosotros vamos a un restaurante y nos compartimos, nos comemos 5,000 pesos entre varias personas, nos duele dar 100 pesos extra de propina porque ya la propina está incluida.

Y Dios, yo me lo imagino ya arriba diciendo: "Escúchame una cosa. ¿Cuál es la diferencia en la dádiva del que está en esta mesa, que representa mi imagen, y la dádiva del que está en aquella mesa, que representa la imagen del enemigo, del anticristo? Yo soy un Dios bondadoso, dadivoso, abundante, que te ha provisto abundantemente. Y cuando tú vas a representarme y a mostrar las virtudes de aquel que te sacó de las tinieblas y te trajo a su luz, ¿dónde están mis virtudes de bondad y de abundancia en tu vida?" No, porque las posesiones nos tienen agarrados y nos poseen, y nos duele. Matrimonios a veces no se deshacen porque lo que nos va a costar dividir las posesiones. Yo no estoy diciendo que debieran deshacerse, simplemente estoy mostrando qué es lo que los está manteniendo en posición.

Y eso es entonces lo que pasa a ilustrar el problema con dos ilustraciones. "Porque quién de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo para ver si tiene lo suficiente para terminarla. No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar."

En aquella cultura el honor era algo extraordinario, y sigue siendo hoy: todo el honor familiar, el honor personal. Hacer algo como esto... Nosotros estamos acostumbrados a esto porque a cada rato pasamos por una calle y hay una casa a mitad que nadie terminó, pero en aquella cultura eso no era común, eso era una vergüenza enorme. Jesús dice: a nadie, por lo menos en este tiempo, se le ocurre comenzar una construcción que no tenga seguridad de que la va a terminar. Tú tienes que, antes de sentarte, calcular el costo. Y de esa misma manera, quizás nosotros debiéramos estar diciendo a la hora de evangelizar: "Escúchame. Esto es lo que Cristo ofrece: vida eterna, pero te va a costar todo lo que eres y todo lo que tienes. ¿Lo quieres?" "No, pastor, venga otro día. Hoy yo no estoy comprando."

"¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con 10,000 hombres es bastante fuerte como para enfrentarse al que viene contra él con 20,000? Y si no, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación y pide condiciones de paz."

Con esta segunda ilustración, Cristo está tratando de enseñarnos que el discipulado es negocio serio, serious business como dicen en inglés. En el primer caso tiene que ver con construcción, y sabes que en cierta medida nosotros estamos construyendo, estamos construyendo un reino. Dios nos ha llamado para que participemos con Él a construir su reino. "El que conmigo no recoge, desparrama." Dios quiere que yo recoja y construya su reino; si no lo estoy haciendo, pues no estoy contribuyendo.

Pero de esa misma manera nos da ahora una ilustración para que pensemos en términos de guerra: un rey que va a la guerra. Estamos en medio de una guerra espiritual contra huestes de maldad. Estamos en medio de una guerra humana, en contra de valores que nos persiguen, en contra de antivalores que están tratando de ahogar nuestra fe. Y ciertamente nosotros nos estamos ahogando en medio de todo eso, y ni siquiera el pueblo de Dios se está percatando.

Lo que estábamos aquí anoche vimos, veíamos en el video final representado que ciertamente nosotros estamos en un estado de emergencia, pero el estado de emergencia ha pasado a ser la normalidad. Escúchame, si mi sermón llega a durar una hora hoy, en esa hora 1,625 niños habrán sido forzados a caminar en las calles y vivir en las calles. En esa misma hora, 1,667 niños murieron de hambre y de enfermedades. En esa misma hora, 125 niños y niñas fueron forzados a irse a la prostitución. Todo en una sola hora, y esto ocurre 24 veces al día, 365 veces al año, y el pueblo de Dios ni siquiera se entera del estado de emergencia de su mundo, como veíamos anoche. Una hora, esos son los resultados, y de esos niños quizás no hemos alimentado uno; de esas personas, no hemos alimentado una sola. Pero somos los discípulos de Cristo.

Yo creo que este es un buen momento para recordar las palabras de William Wilberforce cuando él decía: "Tú puedes elegir voltear el rostro, pero no puedes decir jamás que tú no lo sabías." Esta es la realidad de nuestro mundo. Tú puedes elegir voltear el rostro y como que ni siquiera te enteraste, pero jamás podrás decir que tú no lo sabías.

Como llegó a decir Dietrich Bonhoeffer: "Bueno, vinieron por los judíos y yo no era judío, no dije nada. Vinieron por los enfermos mentales y yo no tenía ninguna enfermedad mental, yo no dije nada. Vinieron por los católicos y como yo no era católico, yo no dije nada. Finalmente vinieron por mí, y cuando vinieron por mí ya no quedaba nadie para hablar."

Quizás sea un buen momento para recordarnos a nosotros que estamos en un mundo en guerra, que tú y yo tenemos que levantar el estándar de Dios. Cuando la vida está expuesta en riesgo, hablar en contra de lo que es un aborto. Que el matrimonio está en riesgo, no solamente por los divorcios sino por el avance de lo que es la agenda homosexual. Y tú y yo tenemos que levantar el estándar porque vivimos en un estado de emergencia, estamos en guerra, y tú y yo somos del ejército de Dios.

Ahora mismo le pedimos al presidente que dé una declaración, y quizás si es necesario hasta una publicación que tengamos que hacer en contra de lo que se ha convertido el estadio de béisbol y todas estas mujeres vestidas a mitad, en contra de lo que son las buenas costumbres y los buenos valores, que amenazan lo que es la mente de nuestros hijos y el corazón de nuestros hijos. Y el pueblo de Dios, el ejército de Dios, no puede permanecer en silencio ante el colapso de su sociedad. Para algo Dios nos dejó aquí.

Ahora, esas dos comparaciones del rey que va a la guerra y del hombre que está construyendo y que se queda a mitad su construcción, realmente no nos van a mover si no creemos que estamos construyendo un reino porque Dios nos ha pedido que colaboremos. Ahora mismo estamos en esa construcción, y estamos en medio de una guerra espiritual de la cual Pablo nos habla. En ese caso, lo que va a ocurrir es que nuestra sal, nosotros, nuestra propiedad salubre, la vamos a ir perdiendo.

Y escucha lo que dice este texto al final: "Por tanto, buena es la sal, pero si también la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonada? No es útil ni para la tierra ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga."

En la antigüedad, porque esta gente sabe a lo que Cristo está refiriendo cuando habla de esta sal, en la antigüedad la sal tenía cuatro usos distintos. Uno de sus usos más frecuentes era para atizar el fuego. En aquella época no había gas, no había querosene, no había gasolina, y mucha gente lo que usaba era estiércol por el metano que contiene. Y entonces ese estiércol era llevado al muladar, por eso que Cristo dice que la sal cuando pierde su salinidad no sirve ni siquiera para echarla al lugar del estiércol. Cuando esa sal perdía su salinidad no servía para atizar el fuego. Dios nos ha puesto en este mundo para que nosotros aticemos el fuego a nuestro alrededor, y la varita, por así decirlo, para mover las brasas es el evangelio. Esta es la varita.

En segundo lugar, la sal era usada también para sazonar las comidas. Y un cristiano, una sal que pierde su propiedad, no sirve para sazonar las comidas, y un cristiano que pierde su virtud de discípulo tampoco sirve para sazonar ni su entorno, ni su familia, ni su sociedad.

En tercer lugar, la sal servía como preservativo, sobre todo de las carnes. Y Dios nos ha dejado en este mundo precisamente para nosotros poder contribuir a preservar la sociedad en medio de la cual Él injertó su iglesia, y que podamos hacer lo que nosotros vimos de la época de la Reforma, y en la época de Wilberforce, y en la época de Kuyper, y en la época de Juan Calvino en sus respectivos lugares.

Y un cuarto uso de la sal era como fertilizante, de manera que donde tú la ponías en la tierra pues las cosas que tú sembrabas ahí se daban más frondosas. Pero resulta que muchas veces donde tú colocas al cristiano no ocurre ninguna diferencia. Piense en esto, hermano: tú tienes a una persona que es discípulo de la cruz, tú lo contratas, lo pones en una oficina, y diez años después, cinco años después, hubiese dado lo mismo para fines del lugar que hubiesen ellos contratado un cristiano o un no cristiano. Él no tuvo ningún efecto fertilizador en ese entorno. Él no tuvo ningún efecto transformador en ese entorno. No atizó ningún fuego en el entorno donde lo colocaron, de manera que si ahí hubiese estado trabajando un budista, o un hinduista, o una persona que siga la Nueva Era, o un cristiano, diez años después el entorno hubiese permanecido exactamente igual. Y Cristo dice: no, esa sal perdió su propiedad.

Nosotros somos hoy la sal y la luz de la tierra. Y Cristo entonces termina diciendo: cuando eso ocurre, esa sal no es útil ni para la tierra ni para el muladar, que es el lugar donde va el estiércol. La echan afuera. ¿Qué significa eso de que la echan afuera? ¿Implica eso que la persona es expulsada de la fe cristiana y puesta en evidencia de que nunca fue? No sé. ¿Quizás implica eso, que la persona queda descalificada para ser usada por Dios? No sé. Quizás significa ambas cosas.

Lo que sí yo sé es que Cristo me está diciendo en esta parábola que yo necesito cargar mi cruz, crucificar mis sueños, deseos, cosas con las que yo añoraba, que yo necesito ponerlo a Él por encima de todas mis relaciones, y que yo necesito renunciar a todas mis posesiones o no puedo ser su discípulo.

Pastor, ¿y qué significa eso de renunciar a las posesiones? Porque usted no ha dicho nada de ello. Bueno, me alegro que preguntaras. Voy a contar una historia que va a exponer lo que eso significa. Voy a ir al pasaje que está en inglés, la voy a ir traduciendo simultáneamente.

Hay un hombre que quiere comprar una perla a un vendedor de perlas, y él se acerca y le dice: ¿Cuánto es? El vendedor le dice: Es muy cara. ¿Cuánto es? Mucho. Bueno, ¿tú piensas que yo puedo comprarla?, pregunta el comprador. Claro, dice el vendedor, cualquiera puede comprarla. Pero yo pensé que usted dijo que era muy cara. Sí, yo dije eso. Bueno, entonces ¿cuánto es? Te cuesta todo lo que tú tienes, dice el vendedor. Ok, la compro. Ok, ¿cuánto tú tienes? Bueno, yo tengo diez mil dólares en el banco. Bueno, diez mil dólares. ¿Qué más? Eso es todo lo que tengo, nada más. Bueno, nada más. Bueno, yo tengo algunos dólares en mi bolsillo. ¿Cuánto tienes? Buenos, cien dólares. Eso es mío también, dice el vendedor. ¿Qué más tú tienes? Ya eso es todo, no tengo nada más. ¿Dónde tú vives?, pregunta el vendedor. Bueno, en mi casa. Ah, tú tienes una casa. El vendedor escribe: casa. Es mío. ¿Dónde tú esperas que yo duerma? En mi casa de campaña. Ah, tú tienes una casa de campaña también. Eso también es mío. No, no, no, no, un momento. ¿Qué tú esperas que yo duerma? En mi carro. Ah, tú tienes un carro. Bueno, sí, yo tengo dos carros. Bueno, los dos son míos. Mira, escúchame: tú has tomado mi dinero, mi casa, mi casa de campaña y mis carros. ¿Dónde mi familia va a vivir? ¿Tú tienes una familia? Sí, tengo una esposa y tres hijos. Ellos son míos también. Sí, ya los hijos.

De repente el vendedor exclama y dice: ¡Oh, casi se me olvida! Tú también. Tú también eres mío. Todo ha llegado a ser mío: tu esposa, los hijos, la casa, el dinero, el carro, y tú también. Ahora escucha: yo te voy a permitir que uses todas esas cosas por un tiempo, pero nunca te olvides, ellas son todas mías. Y cuando yo necesite una sola de ellas, tú tienes que renunciar a ella porque yo soy su dueño.

El que no renuncie a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo. Muchas veces lo tienes porque Dios te ha prestado lo que tienes. Pero nunca olvides de quién es la patente. Nunca olvides quién tiene el derecho sobre eso que tienes. Y eso que tienes, no importa lo que sea que tengas, eso le pertenece a nuestro Dios. Y el día que nuestro Dios te pida que renuncies a eso, Él tiene todo el derecho, y tú, si eres su discípulo, necesitas entregárselo para su uso, porque Él te lo permitió por un cierto tiempo para que lo disfrutaras. Ahora es tiempo de que nuestro Dios lo disfrute en el uso de su causa. Como Él entregó a su Hijo, tú entrega lo más preciado para ti. Eso es evidencia de discipulado.

Tu crucifixión comienza contigo: tú crucificas el yo. Sigue para tus relaciones: las entregas a Jesús. Y sigue para tus posesiones: tú renuncias a ellas. Le dices: Señor, Tú eres dueño de todo lo que soy, de todo lo que tengo. Cuando lo quieras, ni siquiera tienes que pedirme el permiso, es todo tuyo, para tu honor y para tu gloria. Yo quiero reflejar tu carácter, yo quiero ser como Tú eres. Donde yo vaya, yo quiero ser esa sal y esa luz. Yo quiero tener el efecto de la sal y el efecto de la luz. Perdóname si estaba perdiendo mis propiedades. Devuélveme el sabor, Jesús, porque yo quiero hacer aquello para lo cual Tú me creaste, y es tocar el mundo y cambiar el mundo para un Dios que merece todo lo mejor, en medio de un mundo que se pierde y que vive en un estado de emergencia.

¿Qué vas a hacer? Así tú puedes voltear el rostro, pero no puedes decir jamás que tú no lo sabías. Yo puedo voltear el rostro, pero no puedo decir jamás yo tampoco lo sabía. No, hemos estado siendo informados o recordados, incluyéndome a mí. O sea, hay una iglesia que ha sido bendecida enormemente, ¿cierto? O sea, hay una iglesia que por lo mucho que ha recibido tiene mucho que dar, ¿cierto? Pero IBI no es una persona, sino somos todos nosotros. Y todos nosotros tenemos un compromiso monumental ante el mundo que está allá afuera, porque a quien mucho se le da, mucho se le pide.

Y cada uno de nosotros puede aprovechar estas semanas que han pasado, quizás los días que siguen, para hacer una reflexión delante de Dios, decir: Señor, donde yo me acomodé, perdona mi pasividad, muéveme a la acción de la manera que Tú quieras, donde Tú quieras, cuando Tú quieras. Aquí estoy yo, envíame a mí.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.