El crecimiento espiritual no ocurre por accidente ni de manera silvestre; requiere reconocer con honestidad que no hemos llegado a donde debemos estar. En Filipenses 3:12-16, el apóstol Pablo —el misionero más prolífico de la historia, autor de trece cartas del Nuevo Testamento— confiesa que más de veinte años después de su conversión todavía no ha alcanzado la imagen de Cristo. Si él no había llegado, tampoco nosotros. Esta conciencia de imperfección es el primer requisito para avanzar: quien se siente completamente satisfecho con su condición espiritual ha detenido su carrera.
Pero reconocer la necesidad no basta; hay que poner esfuerzo intenso. Pablo describe su caminar como una persecución fiera hacia la meta, la misma palabra que usó para describirse cuando perseguía a la iglesia. La vida cristiana es comparada con una carrera donde el atleta se despoja de todo peso, se abstiene de lo que le resta velocidad y golpea su cuerpo hasta hacerlo esclavo. El ejemplo de Cristiano Ronaldo ilustra esta realidad: su disciplina extrema en dieta, descanso y entrenamiento explica sus capacidades físicas extraordinarias. De igual manera, quien quiere disfrutar los beneficios espirituales de una vida abundante no puede alimentarse de frituras morales.
Todo ese esfuerzo debe enfocarse en una sola dirección: ser conformados a la imagen de Cristo. Esa es la meta, el premio del supremo llamamiento, aquello para lo cual fuimos alcanzados. Cuando esta es nuestra brújula, cada circunstancia —incluso el dolor— cobra sentido al revelar cómo está puliendo nuestro carácter para hacernos más semejantes a Jesús.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Buenos días, hermanos. Buenas tardes. El Señor nos bendiga, nos dirija en esta tarde. Y quisiera irles pidiendo que vayamos buscando Filipenses, el libro de Filipenses. Vamos en un momentito a leer un pasaje ahí.
Antes de eso quisiera reflexionar acerca de algunas cosas que nos van a servir de introducción al mensaje. Como muchos de ustedes quizás pueden haber experimentado, nosotros los seres humanos en general tenemos una necesidad de crecer en cualquier área de la vida, en cualquier ámbito de nuestra existencia. Hay como una especie de mecanismo interno que nos impulsa a crecer. Los deportistas quieren ser mejores deportistas, los profesionales quieren ser mejores profesionales en sus respectivas áreas, los médicos saber más del cuerpo, de la anatomía, los ingenieros quieren saber otras técnicas y conocer otras técnicas. En el ámbito profesional queremos ser mejores, en el ámbito deportivo queremos ser mejores. A nivel relacional nosotros también queremos en general crecer en la forma como nos relacionamos con los demás. Hay algo en nosotros que nos impulsa a crecer. Yo entiendo que es algo puesto ahí por Dios.
Cuando estamos inamovibles o, digamos, sin crecimiento, pues no nos sentimos bien, no nos sentimos bien con nosotros mismos y sentimos como que el mundo no avanza de la manera que debería avanzar. Y eso no es la excepción en la vida cristiana en sentido general. El cristiano está llamado también a crecer en su caminar como creyente, como discípulo de Dios, como seguidor de Jesús. Estamos supuestos a crecer y en la Biblia hay múltiples formas en la que se nos enseña a crecer.
El apóstol Pablo en particular usa los deportes como una forma de comparar el caminar del cristiano. Y en múltiples ocasiones vemos a Pablo. No sabemos si era que a Pablo le gustaban los deportes o era que estaba inmerso en una cultura que le gustaban los deportes. Vemos en esa época, en Europa, sobre todo Grecia, Grecia donde Pablo estuvo, ya se practicaban los juegos olímpicos y era muy conocido, muy famoso, muy asistido. Y entonces Pablo quizás hacía uso de ese gusto cultural e hizo uso de los deportes para ilustrar el caminar del cristiano y la carrera cristiana y en particular el crecimiento del cristiano.
Y la carrera parece que los deportes se pueden comparar con la vida cristiana. Las carreras tienen un inicio, tienen un fin. Las carreras al final tienen un premio. Las carreras también tienen reglas en las cuales se practican. También hay preparación antes de la carrera para hacer un buen papel. Todo eso se puede comparar con la vida cristiana. Y por eso Pablo hace uso de múltiples ilustraciones y analogías de los deportes en la vida cristiana.
Y hoy vamos a leer un texto, un pasaje, donde Pablo hace uso de una comparación deportiva para ilustrar el crecimiento del cristiano y en particular su crecimiento personal. ¿Cómo él crecía espiritualmente? Y en este texto de Filipenses 3 del versículo 12 al 16, vamos a ver al menos tres requisitos y componentes del crecimiento espiritual de Pablo, que nos va a servir obviamente de lección a nosotros, de cómo nosotros podemos crecer en la vida cristiana.
Y entonces leamos en Filipenses 3, versículo 12 al 16, nos dice lo siguiente. Un versículo muy conocido, un pasaje muy conocido. Dice Pablo: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que todos los que somos perfectos tengamos esta misma actitud. Y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios. Sin embargo, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado."
Como les dije, un pasaje muy conocido por muchos de nosotros. Y el pasaje contiene múltiples lecciones, y de todas las lecciones que el pasaje contiene, pues nos vamos a concentrar en aquellas que tienen que ver con el crecimiento cristiano, porque entendemos que es el tema principal de este pasaje.
Hay tres cosas que Pablo indica aquí que eran parte de su estrategia de crecimiento, valga la redundancia. La primera cosa que nosotros vemos aquí es que crecer como cristianos requiere estar conscientes de nuestra imperfección, de nuestras debilidades. ¿Cómo lo dice Pablo? Pablo dice en el versículo 12, comienza diciendo: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto." Yo no estoy ahí. Luego en el versículo 13 dice: "Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado." Pablo una y otra vez dice: yo no he alcanzado lo que se supone debo alcanzar, yo no he logrado lo que se supone debo lograr, hablando en la vida cristiana.
Y como vamos a ver más adelante, los consejeros, o terapeutas, o psicólogos dicen que una de las condiciones necesarias para que una persona supere un problema en su vida es que reconozca primero que tiene ese problema, que lo padece. Si la persona no siente que necesita ayuda, no entiende que tiene un problema, que padece de una condición, es muy poco lo que se puede hacer con él, porque ¿cómo se puede reparar lo que no está dañado? Si la persona no entra en razón, no hay forma de trabajar con él. ¿Cómo progresa entonces aquella persona que entiende que ya llegó, que no tiene nada que corregir, que no tiene nada que rectificar? Estar consciente de mi necesidad, de mi problema, es absolutamente necesario para yo poder mejorar en la vida, para yo poder corregir, para poder avanzar en cualquier ámbito de la vida, y obviamente incluyendo en la vida cristiana.
Mi crecimiento cristiano, en pocas palabras, va a requerir que yo me sienta hasta cierto punto insatisfecho. La Biblia enseña que debemos estar satisfechos en todo, contentos con lo que tenéis, correcto, excepto con nuestro crecimiento espiritual. Siempre debe haber una buena insatisfacción, una buena dosis de no contentamiento, por así decirlo, con nuestro estado espiritual, porque honestamente, hermanos, como pecadores que somos, nunca vamos a llegar a donde tenemos que llegar. Mientras vida tengamos siempre habrá algo que corregir, algo que modificar, algo de lo cual arrepentirnos, algo en lo cual crecer. Y Pablo, el apóstol Pablo, le confiesa a los filipenses que él mismo no considera que lo ha alcanzado. Si yo estoy absolutamente satisfecho con mi progreso espiritual y con mi condición espiritual, no hay progreso.
Miren cómo él lo dice, como ya les dije, en el versículo 12: "No que ya lo haya alcanzado." "Yo mismo no considero haberlo alcanzado." ¿A qué se refiere? ¿Qué es lo que Pablo no ha alcanzado, para ser más específico? ¿A dónde le estaba apuntando? ¿Contra qué él se está comparando? ¿Qué él dice? Yo no he alcanzado ese estándar.
Bueno, en la segunda parte del versículo 12 él dice: "O que haya llegado a ser perfecto." O sea, yo no lo he alcanzado, o sea, no he llegado a ser perfecto. La palabra ahí que usa para perfección significa completo, cabal, terminado. En otras palabras, Pablo dice: yo soy una obra en proceso, Dios está trabajando en mí, yo no he... Él no ha terminado en mí la obra. Y luego en la segunda parte del versículo dice: "Sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo Jesús." O sea, él no ha alcanzado la razón, aquello por lo cual Dios lo alcanzó a él, o Cristo Jesús lo alcanzó a él.
¿Y para qué fue que Dios nos alcanzó a nosotros? ¿Para qué fue que Dios alcanzó a Pablo? ¿Para qué Dios nos alcanza a nosotros? Oigan cómo lo dice Romanos 8:29: "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo." Cristo Jesús alcanzó, o Dios alcanzó a Pablo para hacerlo conforme a la imagen del Hijo. ¿Qué es lo que Pablo no ha alcanzado? La imagen del Hijo. El Hijo es perfecto, es completo, es cabal, es recto, es completamente justo. Pablo no ha alcanzado la imagen de Cristo en su vida.
Hay múltiples áreas de su vida, no sabemos exactamente cuáles, pero hay múltiples áreas de la vida de Pablo donde él carecía de virtudes que Cristo tenía y que él no tenía. Hay múltiples áreas de su vida donde también él hacía cosas y tenía motivaciones que no eran cosas que Cristo hacía ni eran las motivaciones que Cristo tenía. Hay cosas en su vida que evidentemente no se corresponden con la imagen de Cristo, y esto es lo que Pablo les está diciendo.
De hecho, en el versículo 13, fíjense que él dice: "Hermanos, yo mismo no considero haberlo alcanzado." La expresión en el original es algo así como "créanme." Yo no he llegado, yo no estoy donde debería estar, yo no soy lo que a veces la gente incluso supone que yo soy. Yo soy un trabajo en proceso por parte de Dios.
Y la razón por la que Pablo está enfático en este punto probablemente es porque en la iglesia de Filipos había esos días una corriente de personas que estaban proponiendo que se podía lograr la santidad completa o la perfección completa en este mundo. Venían del trasfondo judío y decían que si tú seguías la ley y si te circuncidabas, si llamamos a los judaizantes, ellos entendían que se podía lograr la perfección completa. Y se ve claramente que él mismo de hecho tampoco lo ha logrado, y es una forma de rebatir esta idea.
Dios está trabajando entonces en Pablo para hacerlo más parecido a Cristo. Y si Pablo iba a crecer, tenía que reconocer que él no había llegado. Dice F. B. Meyer: "La autoinsatisfacción es la base de nuestros más nobles logros." Cuando yo me siento totalmente satisfecho en un área de mi vida, se detuvo mi crecimiento, porque como dijo otro autor: "La satisfacción es la tumba del progreso." Si ya llegamos, si ya estamos donde íbamos a ir, pues ya no hay más avance en la vida.
Y eso es lo que Pablo nos dice: que para él, la base principal de su crecimiento era primero reconocer que él no había llegado. Es increíble que esta declaración, esta carta a los Filipenses, la escribe más de veinte años después de la conversión de Pablo, más de veinte años después. Y eso tiene importancia por varias razones.
En primer lugar, veinte años después, el gran apóstol que escribió trece cartas, que predicó en toda Europa, el misionero más productivo y prolífico de toda la historia conocida, el teólogo quizás más completo y profundo de toda la historia conocida del área cristiana, dice que veinte años después todavía hay cosas en su vida que él sabe que están mal. Eso es tremendamente importante. Yo no sé cuántos años tú tienes en la vida cristiana; quizá tú tienes diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, cuarenta años en la vida cristiana. Tú, ni yo, hemos llegado. Si Pablo no había llegado, tú tampoco has llegado. Ni yo tampoco he llegado. Al menos se requiere una buena dosis de humildad y de sensatez para reconocer eso.
No importa los años que tú tengas, no importa que tú sirvas en algún ministerio, no importa que tú seas líder de lo que sea, no importa lo mucho que tú te conozcas la Biblia y que te la hayas leído veinte veces en los últimos veinte años, no importa nada de eso. Si tú ignoras las debilidades que hay en tu vida, los pecados de los cuales todavía adoleces, las luchas que todavía no te hacen como Cristo, si tú ignoras eso o evitas eso, olvidas eso, te haces de la vista gorda de eso, tú no vas a crecer. Tú no vas a crecer. Y tenemos que ser honestos con nosotros si es que queremos crecer en la vida espiritual. Si soy cristiano, si voy a crecer como cristiano, deberé reconocer que lo necesito.
Algunos están conformes con su vida espiritual. Y como que los cambios adicionales requieren demasiado para lograrlos, están conformes con el nivel que han alcanzado en su vida espiritual. Hay otros que les ocurre con algunas cosas de su vida como nos ocurre a nosotros con la boca y las bacterias. Sí, hay que la boca contiene muchísimas bacterias para descomponer los alimentos; la saliva tiene bacterias para descomponer los alimentos y son bacterias que no son perjudiciales para la salud, y convivimos con ellas. Pero crea las bacterias espirituales y morales de nuestra vida sí son perjudiciales para el alma. No nos acostumbremos a convivir con ellas.
Hay cosas en nuestra vida, hay prácticas en nuestra vida, hay formas de tratar a los demás en nuestras vidas, hay pecados en nuestras vidas, hay inclinaciones y búsquedas y objetivos en nuestras vidas que deben resultarnos repulsivas. Pero algunos de nosotros nos hemos acomodado a esa realidad y no decimos como Pablo: "Yo sé que no he llegado". No, algunos de nosotros no lo decimos así, pero implícitamente como que nos comportamos como que hemos llegado, porque la carrera del cambio y del crecimiento ha cesado, el cuestionamiento personal ha cesado, y en pecados y prácticas que todavía cometemos nos justificamos en ellas. Y si no decimos "no hemos llegado, me falta mucho, tengo que crecer", no vamos a crecer, hermanos.
Lamentablemente, a veces nosotros no llegamos a una correcta apreciación de nuestra necesidad porque nos comparamos con estándares incorrectos. Nos comparamos con otros cristianos, con lo que otros hacen, y otros que están peor que nosotros. Si tú miras alrededor, si tú miras alrededor, tú vas a tener excusa para cometer las mayores atrocidades, porque ciertamente vivimos en una generación extremadamente perversa. Pero mi comparación para saber y conocer mi necesidad no debe ser con los que están alrededor mío, sino con la propia Palabra de Dios, que es mi espejo. Ese libro de Santiago es el espejo que me dice cómo yo estoy.
¿Tú quieres saber cómo tú estás en amor hacia el otro? ¿Qué es un amorómetro? ¿Tú quieres un amorómetro bíblico? Léete de manera concienzuda y detenida la parábola del buen samaritano en Lucas 10 del 25 al 37. Tú te lees esa parábola del buen samaritano y tú te preguntas en ese amorómetro a dónde tú llegas en tu amor, entrega y desinterés por los demás. Y si lo lees concienzuda, ética y honestamente, vas a llegar a la triste conclusión de que nosotros estamos más cerca del uno que del diez. Y eso te va a llevar a decirle: "Señor, perdóname". Y te va a llevar a pedirle al Señor: "Señor, hazme crecer en amor por los demás". Ese es el estándar contra el que nos tenemos que comparar.
Cuando tú pienses que tú eres justo con los demás, piensa en todos tus tratos hacia los demás. Y piensa si todos tus tratos pasan por el filtro de que tú tratas a los demás como tú quieres que los demás te traten a ti, Mateo 7, la regla de oro. ¿Tú puedes decirte a ti mismo honestamente, con tranquilidad de conciencia, que tu trato hacia los demás es igual al que tú quieres que tengan contigo? Si no es el caso: "Señor, perdóname. Yo soy un egoísta. Yo favorezco a las personas dependiendo de su condición. Peco de favoritismo. Perdóname. Hazme crecer en amor concienzudo y puro también".
Cuando tú crees que tus ojos son puros, léete Mateo 5 donde Cristo dice: "Oigan una cosa, adulterio no es el que lo comete, sino todo el que ve una mujer y la codicia en su corazón, ya cometió con ella adulterio". Entonces se dice: "Señor, perdóname. Tengo que trabajar. No he llegado". O Efesios 5:3 que dice: "Y ni mundicia ni sensualidad y esas cosas que dice que ni aun se nombre entre vosotros como corresponde a santos". Ese es el estándar, señores.
Si nosotros somos honestos, si nos comparamos con el estándar bíblico y comparamos nuestras prácticas y nuestras vidas, vamos a llegar a la contundente conclusión de que ninguno hemos llegado. Y que hay una urgencia en que tenemos que seguir creciendo en nuestro caminar espiritual. Y ese es el primer requisito y condición para yo crecer: reconocer que estás mal en múltiples áreas de tu vida.
¿Haz un inventario? ¿Cuándo fue la última vez que pensaste introspectivamente? O en oración: "Señor, ¿dónde yo estoy? ¿Dónde realmente yo estoy en mi semejanza a Cristo, en mis motivaciones internas, en la dirección de mi vida, en mi trato hacia los demás, en mi devoción a Dios? ¿Dónde estoy?". Y saca de ahí entonces las conclusiones de en qué áreas debes crecer y debes arrepentirte y debes entregarte al Señor. Primera condición para crecer como creyente: reconocer nuestra necesidad, como Pablo lo hizo.
La segunda condición que está aquí en este texto también es que, si voy a crecer, no solamente necesito saber en qué estoy mal y reconocer que estoy mal, necesito poner mi mejor esfuerzo para crecer. Filipenses 3, una vez más, Pablo dice: "No que ya lo haya alcanzado o que haya llegado a ser perfecto" —eso fue lo que dijimos ya, Pablo reconoce su condición—, dice: "sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo Jesús". Luego en el versículo 14 dice: "Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús".
Ambas expresiones, "sigo adelante" y "prosigo", esas dos palabras son iguales en el original y significan literalmente intensa persecución detrás de un objetivo. Pablo lo usó en Filipenses 3:6 cuando se describió a sí mismo perseguidor de la iglesia. Esa fue la palabra "dioko" que utilizó: "Yo era un perseguidor fiero de la iglesia de Dios", Filipenses 3:6. Esa misma palabra, "perseguidor fiero de la iglesia de Dios", es la palabra que está aquí que dice "sigo adelante" y "prosigo hacia la meta". Mi crecimiento es una persecución fiera, intensa, con todo mi esfuerzo hacia la meta. Que vamos a ver ahorita en qué se trata la meta, pero así el crecimiento espiritual. Dejémoslo así por el momento.
En ambas ocasiones, esto es lo que significa moverse rápida y decididamente hacia un objetivo, con todo su esfuerzo. El crecimiento espiritual requiere esfuerzo. No es algo silvestre. Es cierto que es por gracia: Dios nos concede gracia para que nosotros podamos crecer espiritualmente, nos provee los recursos espirituales, su Palabra, su Espíritu en nosotros, la comunidad de la iglesia y múltiples recursos para que nosotros podamos crecer. Pero si nosotros no hacemos uso de manera esforzada y diligente de los medios que Dios provee para que yo crezca, yo no crezco. O lo haré muy mediocremente, o lo haré muy dolorosamente, porque Dios me va a hacer crecer. Pero requiere esfuerzo.
Pablo describe la vida cristiana como una buena batalla y le dice a Timoteo en 1 Timoteo 6:12: "Pelea la buena batalla". En 2 Timoteo 4 dice: "He peleado la buena batalla". En Hebreos 12, que no sabemos si lo escribió Pablo —es posible, y este quizás es un versículo que quizás apunte a la autoría de Pablo, que se usa una comparación deportiva—, en Hebreos 12, versículos 1 y 2 dice: "Que nos despojemos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe".
Pero no pasen por alto esta expresión de que nos despojemos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. ¿Una alusión deportiva? ¿Qué se está refiriendo el autor de Hebreos? Se refiere a que en aquella época en los juegos olímpicos la gente literalmente competía desnuda. Desnuda, sí, desnuda. Y por lo visto la tendencia es que dentro de poco también estaremos moviendo hacia eso, porque es cada vez menos ropa que se ponen en los juegos olímpicos. La gente se quitaba absolutamente toda pieza que le pesara, que le afectara su aerodinámica, que le quitara flexibilidad. Se liberaba de todo peso, de todo lo que le impedía su máximo desempeño, y corría rápidamente la carrera o corría, digamos, la disciplina que le tocaba, en la que le tocaba competir.
La idea era: yo me deshago de todo lo que me impide correr, yo me despojo de eso. Y fíjense que no se trata en este caso de pecados, porque dice: "despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia." O sea, puede ser cosas que no son pecado en mi vida, pero que te impiden correr adecuadamente la carrera cristiana. Son cosas que no son pecaminosas en sí mismas, pero no alimentan tu alma tampoco, no te hacen crecer como creyente. Al contrario, disminuyen tu velocidad, desvían tu curso.
Fíjense cómo entonces la Biblia usa múltiples ilustraciones para indicarnos que la carrera cristiana, el crecimiento cristiano, requiere esfuerzo. Lo describió como una batalla, lo describe como una carrera de la que tenemos que despojarnos de todo peso. A Timoteo, Pablo le dijo: "Disciplínate a ti mismo para la piedad." Eso es lo que significa: haz lo que tengas que hacer para cultivar el carácter de Cristo. El carácter de Cristo es el carácter piadoso por excelencia. Haz lo que tengas que hacer, disciplínate a ti mismo, ponte reglas a ti mismo, disponte disciplinas a ti mismo, de tal manera que la piedad del carácter de Cristo sea formada en ti.
Lamentablemente, la palabra "esfuerzo" hoy en día ha salido de los púlpitos porque tiene una connotación negativa. Cuando uno habla de esfuerzo, es como que uno está predicando salvación por obras. Y yo no estoy predicando salvación por obras, hermano. Somos salvos por fe en Cristo solamente y por la gracia de Dios. Yo no estoy hablando de salvación, yo estoy hablando de crecimiento espiritual, de la formación de la imagen de Cristo en mí. Yo soy salvo, pero mientras más yo crezco, más me parezco a Cristo. Son dos cosas diferentes. El esfuerzo del cual estoy hablando no tiene que ver con salvación por obras. O se piensa también que esfuerzo significa legalismo, que hay que ser muy legalista. Bueno, realmente, cuando la Biblia habla de batalla, de disciplina, de esfuerzo, de que nos abstengamos de todo, habla de esfuerzo y no puedo quitar esa palabra.
Yo creo que la mejor ilustración de esta verdad la da el mismo Pablo con otra ilustración deportiva en 1 Corintios 9. Oigan cómo lo pone Pablo, la carrera cristiana otra vez, ahora más detallada. Oigan lo que dice Pablo en 1 Corintios 9:24-27: "¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero solo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis. Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible. Por tanto, yo de esta manera corro, no como sin tener meta; de esta manera peleo, no como dando golpes al aire, sino que golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo, no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado."
¿Qué es lo que Pablo está describiendo? Él describe su carrera cristiana, su caminar cristiano, su disciplina personal para crecer espiritualmente. Pero él da varias exhortaciones que indican el esfuerzo que nosotros tenemos que poner en nuestra carrera cristiana. Lo primero que él dice es: "Corred de tal modo que ganéis." En los juegos, en los deportes, todos corren y uno gana, correcto. En la carrera cristiana nosotros sabemos que ya hemos sido salvos en Cristo, y de alguna manera todos somos ganadores, ¿o no? Es así. Hemos ganado la salvación porque Cristo la ganó por nosotros y le hemos recibido por fe. Ahora, eso no debe quitarnos a nosotros el ímpetu en la manera como corremos.
Por eso es que Pablo dice: "Corran." Oiga lo que dice: "Corred de tal modo que ganéis." Corran como si fuera para ganar. Hay mucha gente, no sé si usted lo ha visto practicando deporte, que no juega para ganar, juega para divertirse. Es lo que viene con aquella historia de que lo importante no es ganar, es competir. Ningún niño yo he visto que eso le convenza, nunca jamás. La gente quiere ganar. Para la gente que no quiere ganar, lo que quiere es competir. El que quiere competir tú lo ves que tira la bola mal y se ríe, o el frisbee. Yo estoy jugando frisbee y el otro con una carrera, porque quiere ganar. El que quiere ganar está interesado en ganar y quiere hacer la cosa bien, no el que lo que quiere es jugar. Pablo dice: "No, no, no, no. Corran como el que quiere ganar. Corran con intensidad, corran con ímpetu, corran con interés."
Aun somos ganadores todos, pero hay algo más que ganar además de la salvación. ¿Qué gana el cristiano cuando se disciplina a sí mismo para la piedad? ¿Qué gana el cristiano cuando se despoja de todo peso y del pecado que le asedia? Hermano, gana la vida abundante que Cristo nos vino a dar. Somos salvos, pero yo quiero una vida abundante aquí abajo. Yo quiero una vida de gozo, yo quiero una vida de libertad del pecado, yo quiero una vida de buenas relaciones y de relaciones edificantes los unos con los otros, yo quiero una vida que edifique a los demás. Y para eso yo necesito disciplinarme a mí mismo para la piedad. Yo quiero los beneficios espirituales que están prometidos para los que nos despojamos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corremos con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Yo quiero ganar, yo quiero ganar la vida espiritual. Yo no quiero la apatía del que quiere competir: "Vamos a competir, no importa si ganamos, no importa." No, gana lo importante. La vida espiritual, gana lo importante, y tenemos que proponernos hacerlo. ¿Por qué? Es lo que la Palabra nos dice.
Y entonces Pablo agrega, mira lo que Pablo agrega: "Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo." Está haciendo la comparación, acuérdense, con los deportes. ¿Cómo que se abstiene de todo? Bueno, no es de todo, porque ellos comen, ellos beben, ellos hacen muchísimas cosas. Bueno, sí se abstienen de todo tipo de cosas, muchas veces, para poder competir apropiadamente. "Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, y nosotros una incorruptible." O sea, ellos se abstienen para una corona corruptible. Nosotros nos abstenemos, es lo que Pablo está diciendo. Hay cosas de las que nos debemos abstener. Hay lugar para eso en la vida cristiana.
No sé si ustedes han visto a los deportistas cuando reciben su medalla de oro, verdad que le dan una mordidita. Realmente no sé exactamente, no sé si alguien lo sabe, pero me dicen que como que para ver si es real. ¡Qué gloria! Una medalla que tú tienes que morder un chin a ver si es real. Y la corona nuestra, que es una corona incorruptible e inmarcesible, debería ser la que más nos motive a seguir adelante con paciencia, con ímpetu, con esfuerzo, porque es una corona que no se corrompe nunca, es más gloriosa. Ellos se abstienen de todo para eso.
Hay cosas de las que nosotros nos tendremos que abstener. Sí, y esto no es legalismo. Hermanos, hay cosas de las que tú tendrás que abstenerte y yo me tengo que abstener. Hay actividades de las que no podemos participar, hay negocios en los que no podemos entrar, hay películas que no podemos ver, hay lugares a los que no podemos ir, hay series que no podemos ver, hay música que no podemos oír. Aunque, hermanos, aun los no cristianos, hay gente que le dice "no, tú no puedes oír esa música" a su hijo. ¿Por qué? Porque hay letras que contaminan el corazón y la mente. No seamos ignorantes, hay nocentes. Y si el cristiano quiere ganar, hay cosas de las que se tiene que abstener. Hay actitudes que nosotros no podemos darnos el lujo de tener en la vida cristiana. Nosotros tenemos que decirnos "no" en muchas ocasiones: no hables así, no te comportes así, no busques eso, no compres eso que no lo necesitas. Hermanos, hay cosas de las que tenemos que abstenernos si queremos ganar en la vida cristiana, y lo hacemos porque recibiremos una corona incorruptible.
Y entonces él dice: "Golpeo mi cuerpo y lo hago mi esclavo." No es a lo loco. No, yo me autodisciplino a mí mismo, porque el cuerpo muchas veces me va a decir: "No, no te levantes, no leas, no ores, no vayas a la iglesia." Y yo le digo a mi cuerpo: "No, usted va a ir a la iglesia, usted va a leer, usted va a crecer." Yo hago mi cuerpo mi esclavo. Y habrá momentos donde ciertamente habrá algún descanso legítimo, pero habrá momentos donde yo le diré a mi cuerpo... Y muchas veces es más frecuente que le dé una orden a mi cuerpo, a que yo escuche la orden de mi cuerpo, en lugar de hacerlo al contrario.
Entonces Pablo está hablando de este crecimiento, y si nosotros vamos a crecer, tendrá que ser así. Esta es otra forma de decir lo que Pablo dice en Filipenses 2:12: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor." Esa es la intensidad, el esfuerzo que tenemos que poner para nosotros crecer.
Un luchador una vez le pregunta a un entrenador: "Pero entrenador, yo quiero comer todo lo que yo quiero, yo quiero beber, salir de noche. ¿No puedo hacer eso y seguir luchando?" Y el entrenador le dijo: "Sí, sí, claro, tú lo puedes hacer, pero no vas a ganar. Tú quieres ganar y hacer eso, no se puede." Tú quieres una vida victoriosa espiritual y participar de las mismas cosas que el mundo participa, no se puede. Hay cosas de las que uno se abstiene.
Y yo voy a hacer una comparación, ahora voy a hacer una ilustración a partir de la vida de un futbolista muy conocido que se llama Ronaldo. Algunos dicen, los devotos de Ronaldo, que es el mejor futbolista del mundo. Pero yo, respetando a los que van por Messi, yo quiero decir que es uno de los mejores futbolistas del mundo. No sé si es el mejor, pero es uno de los mejores. Bueno, Ronaldo, todo el mundo dice: "¡Wah, Ronaldo, qué talento!" Sí, talento, pero vean la vida de Ronaldo para que ustedes se den cuenta del esfuerzo y la dedicación que este hombre tiene. De hecho, el presidente de la FIFA, el presidente anterior de la FIFA, definía a Ronaldo como un militar. Ese es un militar.
Y entonces, un instituto de biomecánica de Valencia le hizo un análisis a su cuerpo, e hicieron una serie, como un reality con Sky Sports. Este instituto de biomecánica reporta las capacidades físicas de Ronaldo. Dice que él es capaz de correr 25 metros en 3.61 segundos, que es apenas 13 centésimas menos que el campeón de España de 100 metros. O sea, que Ronaldo es un corredor de corta distancia de clase mundial, como si fuera un profesional del campo y pista. Adicionalmente, la investigación arrojó que él tiene capacidades de tres atletas combinados: piernas largas de un corredor de velocidad, cuerpo delgado de un corredor de media distancia y los músculos de un saltador de altura. De hecho, su salto promedio es de 78 centímetros, que es superior a los registros de la NBA.
¿Usted quiere disfrutar de los beneficios físicos de Ronaldo? Él tiene de 10 a 12 horas diarias de descanso como mínimo, nunca se acuesta tarde, nunca se levanta tarde tampoco. Ejercicios y entrenamientos diarios por más de seis horas, todos los días. Tiene múltiples disparos con arquero practicando su tiro. Su dieta siempre está supervisada por un médico. Aun cuando va a comer a un restaurante fuera, tiene que ponerse en contacto primero con un supervisor médico o alimenticio para ver qué es lo que va a comer ahí, cómo lo hacen, cómo lo fríen, cómo lo sancochan, cómo lo hierven. Nada de alcohol, incluyendo cerveza. Nada de frituras. Ningún plato puede llevar ninguna salsa. Si hay algo de dulce, tiene que ser natural, orgánico, a base de frutas, nada de chocolate. Come unas seis veces al día e ingiere 3000 calorías puras diarias para suplir su demanda de energía. Ahora, ¿lo entienden por qué Ronaldo es Ronaldo?
Claro, si nosotros queremos beneficiarnos de los beneficios espirituales, de la grosura del cristianismo, no podemos estar comiendo frituras morales y espirituales. No podemos. Hay cosas que vamos a tener que dejar fuera de la dieta espiritual y moral de nuestra vida. Hay cosas de las que nosotros vamos a tener que abstenernos de consumir en aras de la carrera cristiana, en aras de la velocidad y en aras de la dirección de nuestra carrera cristiana.
Entonces, el crecimiento cristiano va a requerir, sin duda alguna, requiere una conciencia de que yo necesito ayuda, de que yo necesito crecer, de que yo estoy mal en ciertas áreas. Yo tengo que ser honesto conmigo mismo. Pero necesito poner todo mi esfuerzo para lograr algo, si es que voy a lograr algo. Pero necesito ponerle esfuerzo también, y este es el tercer punto, en el enfoque correcto, en la dirección correcta. Hermanos, mucha fuerza en la dirección incorrecta es inefectiva. Mucho esfuerzo haciendo lo que no es efectivo no funciona. Yo tengo que poner mucho esfuerzo e intensidad en la dirección correcta.
¿Cuál es la dirección de Pablo según este pasaje? Miren lo que él dice en Filipenses 3:12, en la segunda parte. Dice que él sigue adelante: "sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo Jesús." Versículo 13: "Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que está detrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús." Todos los esfuerzos puestos en que yo quiero lograr aquello para lo cual Cristo me llamó. Yo quiero lograr la meta, la meta y el premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús. Esa es mi concentración en la vida cristiana, según Pablo. Ahí es que yo pongo todo mi esfuerzo.
La imperfección de Pablo no lo detenía, no aminoraba su velocidad. Todo lo contrario. Dice: "Pero una cosa..." De hecho, en el original no dice "pero una cosa hago", dice "una cosa". Es como él decir: "Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo quiero. Mi olvido de lo que está atrás, me extiendo a lo que está adelante." ¿Y qué es lo que está adelante? La meta, el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Y estas tres cosas —aquello para lo cual fui alcanzado, la meta y el premio del supremo llamamiento— sucede que son la misma cosa. Yo fui alcanzado por Dios para hacerme semejante a Cristo. La meta del cristiano debe ser semejante a Cristo.
¿De dónde sacamos eso? Bueno, de múltiples textos. En Colosenses 1:28, Pablo les dice a los colosenses: "A Él proclamamos, amonestando a todos los hombres y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de presentar a todo hombre perfecto en Cristo." Efesios 4:12: Dios le dio dones a Su iglesia a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, al conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Gálatas 4:19: "Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros."
Eso es aquello para lo cual fuimos alcanzados: la imagen de Cristo en nosotros. Es la meta de Pablo y va a ser el premio también del supremo llamamiento. El supremo llamamiento, el superior llamamiento, el llamamiento de arriba en el original. Cuando Dios me llama, ya sea que Él venga, ya sea que yo vaya, yo recibiré la justicia completa de Cristo a mi favor. Seré como Él, seré recto, seré santo. Ese es el premio del supremo llamamiento.
Entonces, aquello para lo cual fui alcanzado, la meta de mi vida y el premio de Dios es ser como Cristo. Esa debe ser el principal enfoque de mi vida. Todo lo demás es accesorio. Sí, yo quiero lograr mejorar en mi carrera profesional. ¿Por qué? ¿Porque me pagan mejor? No, ¿por qué? Porque Cristo fue excelente en todo lo que hizo. Yo quiero crecer en excelencia. Yo quiero mejorar mi relación con mis familiares. ¿Por qué? ¿Para estar más tranquilo? No, ¿por qué? Porque Cristo me llama a reconciliarme con aquellos con quienes tengo que reconciliarme.
Cada cosa en la vida, cada meta yo la puedo tener, pero tiene que tener la motivación correcta de yo parecerme a Cristo, desarrollar una virtud de Cristo, o ahogar un defecto que no estaba en Cristo. Mi vida tiene que ser vista a través del objetivo de ser como Cristo. Aun los dolores y las aflicciones de este mundo, cuando yo veo lo que los dolores y las aflicciones de este mundo hacen en mi carácter y veo que están sacando brillo a mi carácter y me están haciendo parecerme más a Cristo, el dolor cobra otro color, cobra otro matiz. Porque cuando yo veo la virtud de la paciencia salir adelante debajo de la piedra del dolor, yo digo: "Bueno, qué bueno, entonces soy más paciente ahora. Soy más amoroso ahora. Soy más íntegro ahora. Soy más veraz ahora. Soy menos materialista ahora." Después que pasé esa situación de escasez y de problema, ahora me di cuenta que no era tan importante lo material. Todo eso, hermano, toda la vida se ve, cuando mi meta es Cristo, toda la vida se ve a la luz de cómo afecta eso mi parecerme a Cristo.
¿Cuál es la meta de tu vida? ¿Cuál es la meta de tu vida? ¿Estar tranquilo? ¿Ser rico? ¿Sin problemas? ¿Ser reconocido? ¿Aplaudido? ¿Tener un impacto? Si esas cosas no son fruto de tu deseo de ser como Cristo, son metas vanas. Es lo que dice 1 Juan 2:15-16, que la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la vanagloria de la vida, esas cosas pasan y el mundo con ellas. Pasan, se quedan aquí, se esfuman. Pero lamentablemente son cosas que nos distraen, distraen nuestra atención.
Y MacArthur decía en uno de sus libros, que se llama "Mundanalidad", que el problema de la iglesia de hoy no es tanto que es perseguida por el mundo, es que es seducida por el mundo. El mundo está infiltrando la iglesia por medio de sus gustos y sus atracciones. El cristiano está desenfocado, está persiguiendo cosas de este mundo y no la semejanza a Cristo, y no la gloria de Dios como nos dice 1 Corintios 10:31, que sea que comamos o bebamos o hagamos todo para la gloria de Dios.
Entonces, ese desenfoque viene por la seducción del mundo. El mundo y sus encantos nos han dicho que hay otras cosas que tienen muchísimo brillo, que nos pueden dar mucha satisfacción aparentemente, y detrás de las cuales nosotros nos vamos. Pero son desvíos en la carrera espiritual. Es como el corredor que va hacia adelante y ve hacia los lados. Pablo dice: "No, no, yo me olvido de lo que está detrás y me extiendo a lo que está adelante." Así es que yo corro. La figura aquí es del corredor. Tiene que haber visto el corredor que va corriendo y va llegando a la meta y va enfocado en la meta, y en los metros últimos así se extiende. Es la figura que Pablo está usando. Me extiendo con esfuerzo. Miren eso en cámara lenta para que usted vea el esfuerzo muscular. Se le ven aquí por el pescuezo, la cosa. Se pone feísimo, hace sonidos así. Extrapolen eso a la vida espiritual.
"Señor, yo quiero ser como Tú. Quiero que Tu corazón se forme en mí. Quiero pensar como Tú. Quiero desear lo que Tú deseas. Buscar lo que Tú buscas. Responder como Tú respondes. Amar como Tú amas. Así es que quiero, Señor." Es esfuerzo extendiéndome a lo que está adelante, las virtudes de Cristo que todavía no he adquirido. No nos conformemos con nuestro nivel espiritual cuando no hemos llegado. No importa que tengamos 20, 30 años en la vida cristiana. Hay cosas todavía que hay que adquirir para la gloria de Dios y para gozo de nuestros corazones.
Entonces, esta es la enseñanza de este pasaje. Tres requisitos para yo crecer. Consciente de mi necesidad es la primera: yo tengo que estar consciente de mi necesidad, de mi debilidad, de mis imperfecciones. Yo tengo que poner mi mejor esfuerzo. La vida cristiana, mi crecimiento, no se da de manera silvestre. Yo tengo que poner mi mejor esfuerzo.
Yo tengo que poner mi mejor esfuerzo en parecerme más a Cristo, y que toda la circunstancia de mi vida yo la pase por ese filtro. ¿Cómo está eso? Modificándome para ser más como Cristo, con el mayor de los esfuerzos.
Al concluir eso, Pablo termina los versículos 15 y 16 diciendo: "Así que todos los que somos perfectos, tengamos esta misma actitud. Y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios." ¿Qué Pablo se refiere? ¿Por qué Pablo hace esa alusión? ¿Cómo así que todos los que somos perfectos? ¿No se acaba de decir que no es perfecto?
Por lo visto Pablo está usando la palabra "perfecto" aquí en otro sentido. Lo que le está diciendo, y la palabra "perfecto" es usada en ese sentido, es: los maduros. Todos los que somos maduros deberíamos tener esta misma actitud. En otras palabras, el maduro sabe que está mal. ¡Qué paradoja! El maduro sabe que necesita crecer. El que es maduro sabe que necesita avanzar, que no se puede quedar donde está. Ese es el maduro.
Entonces, todos los que somos maduros, tengamos esta misma actitud de que necesitamos crecer, de que no hemos llegado. Y si en algo tenéis una actitud distinta, y si tú no estás de acuerdo conmigo, eso también os lo revelará Dios. Que Dios trate contigo. Ya yo te expliqué lo que era, lo que yo quería decir, y Dios tratará contigo.
Sin embargo, dice: "Continuemos viviendo según la norma que hemos alcanzado." Aun si tú no estás deseoso de crecer y deseoso de copiar a Pablo, en esto Pablo dice: ahora lo que tú tienes que hacer, tú tienes que continuar viviendo según la norma que tú has alcanzado, o sea, según tu nivel de revelación, según tú conoces la Palabra. Obedece eso. Tú no quieres crecer como yo, tú no te quieres esforzar como yo, bueno, pero por lo menos eso, obedécelo, obedece la norma que tú has alcanzado. Y ahí él cierra su texto, o más bien esa parte de su pasaje.
Necesitamos crecer y disponernos a crecer, hermanos. La vida cristiana es una carrera, es una batalla, es una carrera de largo alcance. No llegamos nunca a la meta. Eso es una de las cosas buenas: que siempre hay retos adicionales, siempre hay cosas nuevas que aprender, siempre hay gozos y bendiciones nuevas que recibir.
Si nosotros nos disponemos a estar conscientes de mi imperfección, a poner mi mejor esfuerzo y a enfocarme de la manera correcta, quiero concluir con una oración puritana, una oración que hacía un puritano con relación a su propio progreso espiritual. Y es una porción de esa oración. Él le oraba a Dios y le decía: "Señor, que nunca me dé por satisfecho con mi progreso espiritual presente, sino que diligentemente a la fe añada virtud, conocimiento, templanza, piedad, bondad fraternal y amor. Que nunca descuide los ingredientes necesarios para completar mi carácter cristiano, que cultive lo importante, desarrolle lo hermoso, embellezca el Evangelio, ensalce mi relación con Jesús y me adapte a su providencia." Y que esa sea la oración de cada uno de nosotros.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.