La oración y el crecimiento espiritual están entrelazados de manera inseparable en la vida cristiana. En 1 Tesalonicenses 3:9-13, Pablo no solo ora por los creyentes de Tesalónica, sino que revela el propósito detrás de cada petición: verlos madurar en la fe. Su gratitud desborda porque el testimonio de estos hermanos ha resonado en todas partes, y su gozo es tan abundante que no encuentra palabras suficientes para expresarlo. Sin embargo, a pesar de reconocer todo lo que Dios ha hecho a través de ellos, Pablo no se detiene ahí: ora intensamente de noche y de día para regresar y completar lo que falta en su fe.
Este crecimiento no ocurre de manera aislada. Pablo predicó, Timoteo fortaleció, y la comunidad recibió y aplicó la palabra junta. El énfasis particular de Pablo está en que crezcan y abunden en amor, no solo entre ellos sino hacia todos. Aquí está el desafío: nosotros aprendemos a predicar, a enseñar doctrina, a dirigir ministerios, pero todo eso antes de aprender a amar. La razón es que para amar verdaderamente hay que morir a uno mismo. El amor que Pablo describe no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se alegra de la injusticia.
El propósito final de todo esto es que Dios afirme los corazones de manera irreprensible en santidad para la venida de Cristo. La esperanza de su regreso tiene un efecto purificador: quien aguarda a Cristo procura con diligencia ser hallado sin mancha. Un buen discipulador, como Pablo, modela primero lo que pide y se preocupa por la santidad de sus discípulos porque sabe que honra el sacrificio de la cruz.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Ponemos en manos para vivir en su satisfacción!
Primera de Tesalonicenses, capítulo 3, empezando el versículo 9. Habíamos cubierto hasta el 8. "Pues, ¿qué acción de gracias podemos dar a Dios por vosotros? Por todo el gozo con que nos regocijamos delante de nuestro Dios a causa de vosotros, según oramos intensamente de noche y de día, que podamos ver vuestro rostro y que completemos lo que falta a vuestra fe. ¿Qué acción de gracias? Ahora, pues, que el mismo Dios y Padre de nuestro Jesús y nuestro Señor dirijan nuestros caminos a vosotros. Y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros." Escucha: "A fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos."
Tú encuentras a Pablo, otra vez, dando gracias a Dios y orando por aquellos creyentes que él conoció en Tesalónica. En el versículo 9, tú encuentras una acción de gracias. En el versículo 10, Pablo menciona cómo él y sus compañeros no dejan de orar de noche y de día. En el versículo 11 hay una petición, en el versículo 12 hay otra petición a Dios. En el versículo 13 ocurre lo mismo. Y visto de esa manera parece que el tema central es realmente la oración de Pablo por estos hermanos, y eso es como la mayoría de los comentaristas, o quizá todos los comentaristas consultados, enfocan este pasaje.
Sin embargo, de manera intencional yo quiero enfocarlo desde otro ángulo, sin dejar de lado la oración y sus intenciones detrás de lo que está en este texto. Y es por eso que yo he titulado mi mensaje "Creciendo juntos en la presencia de Dios". Lo he hecho de esa manera porque si tú te detienes y lees el texto una vez y otra vez y otra vez, tú te percatas de que ciertamente la oración de que aquí se habla está íntimamente relacionada con el crecimiento espiritual de estos hermanos en Tesalónica.
Tú comienzas viendo el versículo 9. Pablo está dando gracias por todo lo que ha escuchado acerca de estos hermanos, por el testimonio que ha resonado en todas partes, en esos lugares donde ellos estaban habitando. Pablo está dando gracias porque cuando ellos recibieron la Palabra de Dios, la recibieron por lo que verdaderamente es: la Palabra de Dios y no la palabra de los hombres. Pero está dando gracias de manera particular en ese versículo por el gozo que él puede experimentar justamente a causa de vosotros. Pero ese "a causa de vosotros" es justamente el testimonio que ha salido y ha recorrido las regiones acerca de cómo esta gente en poco tiempo estaba creciendo y se había convertido o constituido en un pueblo que testificaba acerca de su Dios.
En el versículo 10 tú encuentras a Pablo expresando con intensidad que él y sus compañeros están orando de noche y de día para que Dios les permita regresar a Tesalónica. Pero en el mismo texto Pablo nos deja ver cuál es la intención de su regreso, y es que "yo pueda completar en ustedes lo que está deficiente en su fe". Y hay crecimiento otra vez. Yo quiero ir, estoy orando para ir, pero mi interés es poder completar lo que está deficiente en su fe.
En el versículo 11 hay una petición al Padre y al Hijo al mismo tiempo, de que Él nos abra camino, nos haga un camino que nos lleve hasta allá. Pero, ¿cuál es la razón para la que quiere ir Pablo? Porque yo entiendo que necesito completar lo que falta, lo que carece, lo que está deficiente aún en su fe. Yo quiero ayudarlos a crecer en esa dirección.
Y si no estamos convencidos de que realmente crecimiento espiritual es parte de lo que aquí está revelado en medio de mucha oración, escucha lo que Pablo dice en el versículo 12: "Y que Dios los haga crecer y abundar", y de manera particular "que los haga crecer y abundar en amor". Pero es interesante que este crecimiento que ya están experimentando no ocurre de manera aislada. Pablo fue, les predicó el evangelio, plantó una iglesia junto con Silas y Timoteo, y luego se fueron del área. Pero Pablo quería que estos hermanos fueran fortalecidos y consolados, de manera que él envió a Timoteo para que Timoteo pudiera continuar la obra. Ellos recibieron la Palabra, ellos aplicaron la Palabra, todos juntos leyeron esta carta cuando llegó a ellos en medio de una comunidad. De tal forma que tú puedes ver que hay instructores y hay discipuladores, discipulados, discípulos, y que hay una comunidad que está creciendo junta. No hay una persona aislada creciendo separada del resto del cuerpo. Y he ahí entonces por qué he titulado mi mensaje "Creciendo juntos en la presencia de Dios".
La gente, alabamos y bendecimos por otro texto más que nos sirve de espejo, nos sirve de piedra que nos pule, nos sirve de espada que discierne nuestros corazones, nuestras intenciones, nos sirve de fuego que limpia nuestras impurezas, nos sirve de recordatorio, nos sirve de estímulo, nos sirve de exhortación. Gracias por tu Espíritu que la aplica a nuestras vidas. Yo quiero pedirte, Dios, que en la medida en que la Palabra salga de mis labios, Tú la puedas llevar en el poder de tu Espíritu y aplicarla a cada individuo que aquí se encuentra, conforme a donde él o ella está espiritualmente, justamente en este lugar, en este momento. Que cuando todo se ha dicho y hecho, la gloria de tu nombre haya sido puesta en evidencia. Pero lo pedimos en Cristo Jesús. Amén, amén.
Recordemos que esta es una sola carta y por tanto todo lo que aquí se dice tiene cierta conexión. Pero el texto nuestro en el día de hoy comienza con una palabra: "pues". Es una palabra que ya hemos visto, que expresa una conexión entre lo que ha sido dicho y lo que va a ser dicho ahora. Y una de las cosas que sabemos es que Pablo ya ha estado resaltando la obra de fe de esta gente, su trabajo de amor, su testimonio que ha resonado en todas las iglesias de Macedonia, en Acaya y más allá, hasta el punto de haberse constituido en modelos que muchos querían y estaban imitando. Que Pablo ha hablado de cómo esta gente recibió la Palabra en medio de mucha tribulación.
Y ahora entonces, en medio de todo eso que Dios había comenzado a hacer en una comunidad que tenía poco tiempo en la fe, Pablo dice: "Pues, ¿qué acción de gracias podemos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos regocijamos delante de nuestro Dios a causa de vosotros?" Es una pregunta retórica donde Pablo dice: "Yo estoy dando gracias a Dios, en primer lugar, por todo el gozo que ya experimento". Pero el gozo que experimento es a causa de vosotros. Y, ¿qué acaso acerca de vosotros? Todo lo que escuchaba, el reporte que Timoteo trajo, ha resultado en mi gozo. Y ese gozo en mí es abundante y causa en mi interior un sentido de gratitud que yo no sé cómo expresarlo. ¿Qué acción de gracias podemos ofrecerle a nuestro Dios? Es como en nuestro idioma, a veces nosotros decimos: "No sé cómo pagarte, no sé cómo darte las gracias por lo que has hecho por mí, o lo que has hecho por mi esposa, o por mi hijo". Tenemos esas expresiones. En este caso Pablo está usando una expresión conocida en el mundo antiguo para decir algo similar: él no encuentra palabras suficientes para agradecer a Dios por la obra que Dios ha venido haciendo en medio de los tesalonicenses. Y esa obra es tan evidente, es tan grande, que le ha llenado de gozo a él y a sus compañeros, Timoteo y Silas.
Él sabe que esta gente, junto con él, se esforzó para plantar esta iglesia. Él sabe que posteriormente Pablo envió a Timoteo para fortalecer la iglesia y para consolar la iglesia en medio de mucha tribulación. Pablo sabe que esta gente se ha esforzado y escucharon la Palabra, la recibieron como la Palabra de Dios, como lo que era, y la han aplicado. Sin embargo, a la hora de orar y de dar gracias, Pablo no agradece a Timoteo, no agradece a los tesalonicenses, no se agradece a sí mismo. Él agradece a Dios porque él está consciente que si algo está ocurriendo, si algo importante está ocurriendo en medio de esta iglesia, Dios lo está haciendo. Él salvó a Pablo, a Timoteo y a Silas en primer lugar. Él protegió la vida de Pablo en medio de las dificultades para que pudiera llegar allá. Él envió a Pablo. Él dio una visión de un varón macedonio. Él lo llama, Él dice: "Ven y ayúdanos". Pablo está consciente que el Señor permitió que Timoteo pudiera llegar hasta ellos y recorrer 350 kilómetros de distancia para llegar hasta allá. Cuando la Palabra se predicó y la gente creyó, Pablo sabe que los ojos de los tesalonicenses fueron abiertos por Dios. De manera que ahora que él está presto a dar gracias por lo que ha visto y oído de parte de Timoteo, de lo que está ocurriendo, el crédito va a nuestro Dios. A pesar de que ellos tuvieron un rol en la obra, el crédito va a nuestro Dios que hace la obra. Y él está diciendo: "¿Qué acción de gracias? Yo no encuentro cómo decirlo, no encuentro qué decir, no sé cómo hacerlo, yo no encuentro palabras".
El filósofo griego estoico Séneca decía que cuando uno recibe algo de alguien, la gratitud para ser expresada debía ser correspondiente a lo que se ha recibido. Entonces él decía que cuando él no podía agradecer de una manera similar, él usaba estas palabras, o dijo en una ocasión estas palabras: "Nunca podré pagarte con mi gratitud. Pero de todos modos nunca pararé de declarar en todo lugar que no tengo cómo pagarte". Y yo creo que hubo algo de eso en Pablo. Pablo sabe que él no le puede pagar a Dios. Dios no nos está pidiendo un pago, no hay manera, es por gracia. Pero cuando la Palabra de Dios habla de pagarle a Dios, lo que está refiriéndose es cómo devolverle a Dios en gratitud, en amor, en dedicación, en devoción, lo que ha hecho por nosotros en su Hijo. Y Pablo dice: "Cuando yo contemplo lo que Dios ha hecho por nosotros, yo no sé cómo expresar esa gratitud. Es más grande que mi vocabulario, escapa a toda concepción humana".
El resultado de ver la obra de Dios en medio de ellos produce en Pablo un gozo que el texto define como abundante. La abundancia del gozo tiene que ver, o es, a causa de vosotros.
Escucha cómo él lo expresa: "Todo el gozo con que nos regocijamos delante de nuestro Dios a causa de vosotros." Hay como una redundancia en el original; aparentemente crea un énfasis: todo el gozo con que nos regocijamos. Obviamente, si te regocijas, es con gozo, pero hay un sobreénfasis para que nosotros podamos entender la abundancia de aquello que desborda el corazón de Pablo. Y todo eso es a causa de vosotros y es delante de nuestro Dios, ya sea que esté orando y entonces ahí en oración delante de nuestro Dios expresamos ese gozo y esa actitud de gratitud, o ya sea que simplemente viva de esa forma.
Yo creo que con todas las cartas de Pablo tú puedes ver un hombre que vivió con una actitud de gratitud y con una actitud de oración, y cómo él está consciente de que nuestro Dios es testigo de todo lo que hacemos. Nosotros vivimos nuestras vidas en su presencia, como decían los reformados: coram Deo, en el rostro, la cara de Dios. Así vivimos. Él dice: "Yo expreso esto delante de nuestro Dios."
Yo decía que el contexto del versículo 9 es oración, pero que la oración estaba relacionada al crecimiento de estos hermanos, porque un gozo que Pablo expresa es a causa de vosotros. Pero esa "causa de vosotros" tiene que ver con el buen testimonio que él ha escuchado de estos hermanos, que en poco tiempo han ido creciendo de la manera que lo estaban haciendo. Y lo mismo ocurre en el próximo versículo, donde la oración y el crecimiento están íntimamente relacionados en el versículo 10.
Entonces: "Según oramos intensamente de noche y de día, que podamos ver vuestro rostro" —y presta atención ahora— "y que completemos lo que falta a vuestra fe." Eso es crecimiento. Nosotros estamos orando de noche y de día; esto no quiere decir que Pablo no hacía otra cosa que no fuera orar. Lo que le está tratando de comunicar es que durante el día, en múltiples ocasiones, había una oración que subía hasta los cielos, justamente porque él quería ver su rostro. Pero él no estaba tratando de decir que quiero ver su rostro simplemente porque quiero ver su rostro. No, sino que yo pueda completar lo que falta a vuestra fe, que yo pueda hacer algo que todavía ustedes carecen.
Pablo sabe que él está en Atenas; sino ha podido ir porque Satanás se lo ha impedido, él dice eso en el capítulo anterior. Y quizás la intensidad de la oración de noche y de día se debe justamente a que él sabe que está en medio de una guerra espiritual. Si hubo alguien que estuvo consciente de la intensidad y la continuidad de la lucha espiritual, fue el apóstol Pablo, que tenía un mensajero de Satanás que lo abofeteaba continuamente para que no se exaltara debido a las revelaciones. Y en esa realidad Pablo se movió, y él está orando intensamente a Dios de noche y de día: "Porque yo quiero ir y ver su rostro y completar lo que falta a vuestra fe."
Nuestra fe no está completa en ningún momento de nuestra existencia; está en crecimiento, la tuya y la mía. No podemos olvidar que el apóstol Pablo había estado muy poco tiempo entre los tesalonicenses, de manera que había muchas cosas de la fe que él no había podido comunicarles. Y de hecho, cuando tú sigues leyendo la primera y la segunda carta a los tesalonicenses, tú te percatas que ciertamente había cosas que ellos necesitaban entender de una mejor manera.
Había algunos de ellos, como vamos a ver más adelante, que no querían trabajar. Y no querían trabajar porque, como el Señor Jesús venía ya tan pronto, entonces mejor dejamos de trabajar y sentémonos a esperarlo. Y Pablo tiene que decirle: "Bueno, si esa es la actitud, el que no trabaje que no coma." Pero tienes que trabajar. Entonces ellos necesitaban corrección en lo que tenía que ver con la actitud hacia el trabajo. Necesitaban corrección en lo que tenía que ver con la escatología; había llegado una carta a ellos que aparentemente decía que el día del Señor ya había llegado, tenían que ser corregidos en esa dirección. Pablo dice algunas cosas en el capítulo cuatro que tienen que ver con la pureza sexual; se necesitaban en esa dirección también ciertas correcciones, instrucciones. Estaban listos a ser enseñados otra vez, y yo quiero ir, tengo deseo, yo añoro ver vuestro rostro, pero hay una razón, y es ver si Dios me permite completar lo que está deficiente en vuestra fe.
Y ellos, que recibieron la palabra de Dios por lo que era —como la palabra de Dios y no como la palabra de hombres—, probablemente estaban dispuestos a ser enseñados. Y esa es una característica de un verdadero discípulo de Cristo: es la habilidad de ser enseñable. Stephen Farrar, en su libro "Finishing Strong: Going the Distance for Your Family" —terminando fuerte o bien, dando la milla extra por tu familia, si pudiéramos decir—, dice que el hombre que no es enseñable no tiene ni siquiera un solo chance de terminar bien. Ustedes tesalonicenses se dejaron enseñar la primera vez, se dejaron enseñar cuando Timoteo fue, y probablemente se dejaron enseñar cuando Pablo regresó.
Y ahí está la intención de Pablo expresada en el próximo versículo otra vez. Y ahora se dice: "Que el mismo Dios y Padre nuestro, y Jesús nuestro Señor..." Una oración dirigida a ambos, al Padre y al Hijo. No porque fueran dos dioses distintos, pero nos deja ver esto: que ciertamente Pablo coloca a Jesús en el mismo lugar, a la misma altura del Padre, cuando dirige la oración a uno y al otro a la vez. "Ahora, pues, el mismo Dios y Padre nuestro, y Jesús nuestro Señor, dirija nuestro camino a vosotros."
De nuevo, Pablo sabe que es Satanás el que se lo ha impedido, ciertamente con permiso de Dios. Pero sabe... Y llama profundamente la atención algo que ya yo mencioné ligeramente la vez pasada, y es que a pesar de que Satanás lo está impidiendo bajo el permiso de Dios, Pablo no dice: "Bueno, como es Satanás que lo está haciendo y Dios le dio permiso, bueno, que sea así, ya Dios sabe lo que está haciendo." No, él está orando noche y día para ver si Dios le abre una puerta para él poder llegar hasta allí. Pablo no es pasivo en la espera; él tiene una espera activa de oración.
Y aparentemente, de acuerdo a lo que vemos en el capítulo 19 del libro de los Hechos, Dios le abrió la oportunidad a Pablo, y cuando lo hizo, Pablo fue. Cuando regresa al área de Macedonia —y Tesalónica era la capital de una de las divisiones del distrito de Macedonia—, de forma tal que los estudiosos concuerdan de que Pablo con toda probabilidad regresó a Tesalónica en algún momento, justamente para completar lo que faltaba a su fe. Ese era el deseo; por eso le está orando.
Y Pablo tenía otras cosas en mente probablemente cuando escribe esto, pero de manera directa ahora, en el versículo 12, Pablo nos deja ver que hay un área por la que le está orando y que quizás él quisiera contribuir en esa área al crecimiento de los tesalonicenses. Y eso está expresado en el versículo 12, cuando él dice: "Y que el Señor os haga crecer..." ¿Te das cuenta que crecimiento es parte de lo que Pablo está buscando en estas oraciones y en su regreso allá? "Y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros."
En el versículo 9, Pablo da gracias por el testimonio que él ha escuchado de los tesalonicenses y el gozo que él está experimentando a causa de vosotros por su testimonio; hay crecimiento. En el versículo 10, Pablo dice que él quiere regresar para completar lo que hace falta en vuestra fe; eso es crecimiento. Y ahora, en el versículo 12, Pablo pide por su crecimiento, y en manera particular en amor, en la abundancia del amor.
Esa es una oración que yo creo que nosotros pocas veces hacemos por nosotros mismos: que Dios nos permita abundar o crecer en el amor por el otro. Lamentablemente, nosotros aprendemos a hacer cualquier cosa en la vida cristiana antes de amar. Nosotros aprendemos doctrina antes de aprender a amar. Nosotros aprendemos cómo enseñar la doctrina antes de amar. Nosotros aprendemos a predicar antes de amar. Aprendemos a plantar una iglesia antes de amar. Aprendemos a dirigir un ministerio o una iglesia antes de amar. Nosotros aprendemos a hacer cualquier cosa en la vida cristiana antes de aprender a amar.
Y la razón es que para amar yo tengo que morir a mí mismo. Para hacer cualquier otra cosa que yo mencioné, yo debiera morir a mí mismo; yo debiera hacer todas esas cosas como fruto de aquello que Dios ha hecho en mí. Pero lamentablemente, la forma como se produce es que nosotros aprendemos a hacer todas esas cosas sin haber muerto a nosotros mismos. Sin embargo, para amar yo tengo que morir a mí mismo. No tengo que morir para hacer todas esas cosas, pero si tú mueres a ti mismo y amas, tú terminarás haciendo todas y cada una de esas cosas de una mejor manera.
Pablo, mejor que cualquier otro autor de la Biblia, está consciente de que "si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe." Pablo sabe mejor que cualquier otro autor de la Biblia que si él tuviera el don de profecía y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Él entiende mejor que tú y que yo que si él diera todos sus bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha.
Si predico y no tengo amor, no me aprovecha. Si dirijo ministerio y no tengo amor, no me aprovecha. Si canto o ministro en adoración y no tengo amor, sueno como un címbalo que retiñe. No puedo hacer absolutamente nada sin amor sin que sea infructífero; será infructífero.
Y ahora la petición de Pablo es que ellos puedan crecer y abundar. En el original, la manera como esos dos verbos y los tiempos como aparecen juntos ahí da la impresión de un sobreénfasis.
Él está orando y pidiendo. Quizás esto es parte de la razón para que él quiere llegar hasta ellos: porque ustedes van bien, me ha quedado claro, pero yo sé que esto es un fruto de madurez, y como ustedes tienen tan poco tiempo en la fe, eso es algo que todavía no tienen. Quizás Pablo está diciendo: yo quiero llegar allá para ayudar a completar parte de lo que está deficiente, y es que necesitan aprender a amarse de una manera que el amor sea parte de su carácter.
Las características de un hombre cristiano se desarrollan y forman parte de su carácter. Eso se refleja en su relación con todos los hombres y no solamente con aquellos de la familia, porque ya no es simplemente un comportamiento cristiano sino un carácter cristiano. Yo decía en la vez anterior que yo iba a usar una ilustración un tanto tonta, pero sería imposible concebir agua que no moje, porque el agua, una de sus características, es justamente que es húmeda, que moja. Y no importa si el agua cae sobre un creyente o si cae sobre un incrédulo, va a mojar. Y de esa misma manera, cuando yo no simplemente me comporto como cristiano sino que yo soy un hombre formado con el carácter de Cristo, no importa si estoy en presencia de creyentes o de incrédulos, mi carácter va a salir de la misma manera. Porque no es algo que yo... no es una conducta con la que yo me comporto, es un carácter que ya yo soy, que ya yo tengo.
Y una de las características del discipulador es algo que Pablo deja ver aquí. Escucha cómo lo dice: "como también nosotros lo hacemos para con vosotros". Pablo ha modelado el amor por ellos, y habiéndolo modelado, entonces les dice que ellos necesitan crecer y ahondar en el amor de los unos para con los otros. Una de las características de un buen discipulador es que él modela primero y luego exige, demanda o pide de sus discípulos. Cristo lavó los pies y luego de lavarlos dice: ahora ustedes hacéis lo mismo los unos con los otros. Es una de las marcas de un buen discipulador: así como también nosotros lo hacemos con vosotros.
Yo tengo que aprender a amar de esa manera. Porque la idea que nosotros tenemos del amor es una idea muchas veces romántica, o muchas veces utilitarista, o con un carácter un poco interesado. Nosotros no decimos las cosas de esta manera, pero muchas veces nuestro corazón está actuando como diciendo: tú me amas, yo también te amo; tú haces cosas por mí, yo siento amor por ti; tú llenas necesidades en mí, por tanto yo, mi necesidad llenas, ahora yo siento amor por ti. Pero ¿qué necesidades hemos nosotros llenado alguna vez en Cristo y Él nos ama? Es de ese amor ágape, no interesado, que el texto nos está hablando.
El amor al que Pablo se está refiriendo es el amor de alguien que tiene un interés especial en el bienestar espiritual y emocional de la otra persona. Por tanto, yo estoy en Atenas, dice Pablo, y yo añoro regresar, pero yo añoro regresar porque quiero verles la cara, y por otro lado porque yo quiero contribuir a completar lo que está deficiente en vuestra fe. Él está pidiendo por un amor que está libre de celos, de envidia, de orgullo, de vanagloria, de resentimiento.
Es un amor como el mismo Pablo escribe a los corintios en su primera carta, capítulo 13: que no se comporta indecorosamente, no humilla al otro, no lo avergüenza en frente de otro o aun en privado, porque no se comporta de manera indecorosa. Es un amor que no busca lo suyo, no está demandando lo que quiere, lo que necesita. Es un amor que no está pensando en sí mismo, es un amor que piensa en el otro. Es un amor que no se irrita, tiene paciencia; en inglés dirían "long suffering", que sufre largamente antes de irritarse. Es un amor que no tiene contabilidad de las ofensas que otros le han hecho, no cuenta el mal recibido. Es un amor que no se regocija en la injusticia, solamente se alegra con la verdad. No se regocija con que al otro le haya ocurrido algo para que aprenda, solamente con la verdad. Es un amor que todo lo sufre, es un amor que todo lo cree, es un amor que todo lo espera, es un amor que todo lo soporta.
Porque es ese amor que mantiene la unidad del espíritu en el vínculo de la paz, como Pablo les dice a los efesios. Ellos tenían que preservar, preservar —ya el Espíritu lo había creado—, preservar la unidad de la fe o la unidad del espíritu en el vínculo de la paz. Yo no puedo preservar esa unidad entre los hermanos si no hay amor del uno por el otro. Pero si ese amor existe, ese amor cubre una multitud de pecados. Y a eso es lo que Pablo se está refiriendo.
Pero nota también cómo en el texto el amor es de los unos para con los otros y para con todos. En otras palabras, el amor que solamente se manifiesta dentro de la comunidad de creyentes, eso no es el amor al que Pablo se está refiriendo. Como es algo que yo soy, es un amor que sale de mí hacia todas las personas con las que yo me relaciono.
Si tú piensas en el Señor Jesucristo y su encuentro con el joven rico, el joven rico quería encontrar la vida eterna y Cristo le explica cómo tenerla. Cristo conoce ahora que la idolatría de este hombre son sus bienes y posesiones, y le dice: vende todo lo que tú tienes y dalo a los pobres. El joven rico se da media vuelta y se va. El texto dice: y Jesús lo amó. Amó a quien le rechazó. Amó a quien le dio la espalda. Porque Jesús no podía ni puede hacer otra cosa que no sea amar, porque eso es lo que Él es. Eso no es lo que Él hace, eso es lo que Él es.
Y de esa misma forma, Dios está tratando de formar cualidades en nosotros que formen parte de nuestro carácter, de manera que yo no tenga que actuar las cualidades, sino que sean las cualidades propias de mi ser.
Ahora, el deseo final del apóstol Pablo se ha expresado en el versículo 13 y último del texto de hoy. Escucha: "A fin de que" —eso es una frase de propósito— "a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos".
Todo lo que Pablo había pedido hasta ese entonces, desde la oportunidad de regresar a ellos hasta la oportunidad de ellos aprender a amarse el uno al otro y de tener amor para con todos, todo eso tenía una intencionalidad: a fin de que Él, el Señor, afirme vuestros corazones —porque Él es quien lo hace— irreprensibles en santidad.
Ahora, el deseo final: delante de nuestro Dios y Padre, corazones irreprensibles en santidad. Esas son dos palabras claramente escuchadas en los púlpitos de hoy en día en lo que es la necesidad del creyente: vivir de manera irreprensible y en santidad. En la iglesia de hoy puede haber un desénfasis, pero no hay un desénfasis en la Palabra de Dios, donde, como dijimos recientemente, la palabra "irreprensible" o "irreprochable" aparece de manera recurrente en múltiples de las cartas de Pablo.
En Hechos 24:16, Pablo habla de que él se esfuerza por tener una conciencia irreprensible, no simplemente un testimonio ante los hombres, sino por tener su conciencia limpia, irreprensible delante de Dios. Él escribe a los filipenses, y en uno de ellos les dice: "a fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para el día de Cristo, que escojáis lo mejor".
Pablo sabe que hay cosas malas, hay cosas buenas, pero hay cosas que son lo mejor. Y nosotros frecuentemente vivimos escogiendo, desechando lo malo, escogiendo lo que nos parece bueno, pero no llegando hasta lo que es mejor. Porque aquello que es mejor requiere de un esfuerzo, de un sacrificio, y por tanto no cultivamos, no permitimos que el Señor cultive en nosotros lo que es un corazón puro e irreprensible para el día de Cristo.
Hay una relación entre la manera santa como yo estoy tratando de vivir, en el poder de Dios, por la gracia de Dios, y la venida y la espera de Cristo. Hay una esperanza purificadora de cómo yo espero al Señor que ha de regresar. Y de hecho, el apóstol Pedro, cuando escribe en su segunda carta, establece la relación de manera clara. En 2 Pedro 3:14, escucha: "Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas" —¿cuáles? Las de su segunda venida— "procurad con diligencia" —y está la palabra, no es simplemente procurar, pero hacerlo con diligencia— "ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles".
Cuando Él llegue, cuando Él regrese, procura ahora con diligencia que te encuentre de una manera irreprensible en santidad. ¿Por qué? Porque eso honra lo que Él ha hecho por ti. No es porque vas a perder tu salvación si verdaderamente lo eres. Es porque si vives de otra manera no estás honrando lo que Cristo ha hecho por ti.
Y Pablo dice: ¿a fin de qué? Yo quiero regresar, yo quiero completar en ustedes lo que falta a vuestra fe, y estoy pidiendo que aprendan a amarse los unos a los otros y aún más allá, a fin de que Dios pueda afirmar vuestros corazones en santidad, irreprensibles.
Hay un énfasis, como tú lo verás más adelante en la carta escrita a los tesalonicenses, acerca de la santidad de Dios y del creyente. "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación", 1 Tesalonicenses 5:23. "Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo" —Él es quien lo hace— "y que todo vuestro ser, todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo".
¿Hasta dónde Dios quiere mi santificación? Bueno, todo vuestro ser. Pero ¿qué significa eso? Que no entiendas, mira, implica tu mente, tu corazón, alma, espíritu, cuerpo, todo eso. ¿Y para qué? Para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque el hecho de saber que Él regresa, que regresa por ti, debe recordarte lo que hizo por ti en el pasado, y tú debes responder con gratitud y amor a lo que ya Él hizo.
Y Pablo está preocupado, en el buen sentido. Quizás "ocupado" es una mejor palabra. Ocupado en la santificación de estos tesalonicenses. Él quiere regresar y quiere ayudar a completar en ellos lo que faltaba a su fe. Todo buen discipulador, todo buen discipulador está interesado en la santidad de sus discípulos.
Por más de una razón. En primer lugar, la santidad del discípulo honra el sacrificio de Cristo en la cruz. Es una manera no de pagarle, pero sí de devolverle en honra, en gratitud, aquello que él entiende fue hecho por él en la cruz. Y va a ser con diligencia; nuestra falta de diligencia en nuestra santificación no es una manera de honrar la cruz, donde Dios lo dio todo, donde Cristo dio su vida.
Todo buen discipulador está preocupado, hoy ocupado en la santidad de su discípulo, porque él conoce que hay una tendencia natural del corazón humano de deslizarse hacia el pecado. Nosotros o avanzamos o retrocedemos. Y esa es la razón por la que el autor del libro de Hebreos, escribiéndole a cristianos, les dice que debemos despojarnos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve. Cuando tú lees eso en el inglés, que es una de las traducciones que muchos de ustedes pueden leer, traduce la palabra "envuelve" con otra que nos transmite una mejor idea, porque dice el pecado que nos entrampa, que nos enreda. Y así es como el pecado es: nos enreda los pies y nos hace caer. Debemos despojarnos de toda cosa que resulta un peso para mi crecimiento cristiano y también del pecado que nos enreda los pies. Permítanme la ilustración.
El verdadero discipulador ora y lucha, ambas cosas, ¿sí? Como el apóstol estaba haciendo: él estaba orando por sus discípulos y estaba luchando, tanto en oración como luchando por regresar a completar lo que faltaba en ellos, porque él sabe que la falta de santidad del discípulo le da un mal nombre a nuestra fe. Que no fue el caso hasta ahora con los tesalonicenses. Y el buen discipulador está tratando de ayudar al discípulo más joven a entender que cómo él camina le da un nombre, le da un color, le da una reputación a la fe que Cristo compró por nosotros en la cruz.
Y en cuarto y último lugar, el buen discipulador también entiende que cuando el discípulo no vive en santidad, él cosecha consecuencias. Y aunque él sufre las consecuencias, el discipulador se carga y sufre las consecuencias con él, por lo menos emocionalmente. Él se ha invertido en ellos y verle cosechar las consecuencias le hace doler su corazón, se carga, le da pesar, le da tristeza. Le duele saber que estas consecuencias están presentes en la vida de uno de sus discípulos.
Y entonces ese discipulador está diciendo junto con el autor de Hebreos: como tenéis una gran nube de testigos, una gran cantidad de personas que ha ido adelante de nosotros, que ha dejado un buen legado, que ha dejado un buen legado espiritual, un buen testimonio, ellos debieran servirte de estímulo para que tú puedas despojarte de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve.
Y justamente eso es lo que Pablo está pidiendo ya al final en el versículo 13 cuando él dice: "A fin de que el Señor afirme vuestros corazones de manera irreprensible y en santidad." Tú puedes ver el beneficio de esta carta para la iglesia en un momento como este. Es una carta que nos sirve de espejo, es una carta que nos sirve de confrontación, es una carta que nos sirve de examinador para saber dónde estoy, de evaluación. Es una carta que sirve para evaluar o medir mi nivel de madurez en aquellas cosas que verdaderamente tienen valor en la vida cristiana.
Y una vez más, en las que se halla la primera es el amor de Dios, ágape, de uno por el otro, incluyendo de aquellos que están afuera de la fe, como ya hemos explicado. Y una preocupación en la Palabra de Dios que nosotros no solamente hagamos cosas por los que están dentro de la familia de la fe, sino más allá. Cuando tú llegues a la carta a los Gálatas en el capítulo 6, esto encuentras justamente. A Pablo instruyéndoles y diciéndoles lo siguiente: "Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe." A todos, hagamos el bien a todos, porque justamente la fe necesita una buena reputación, no simplemente con los que estamos dentro, que ya tenemos la fe, sino de manera especial con los que están afuera, que no creen en la fe.
En el caso de estos tesalonicenses, el llamado es a crecer y abundar, o el llamado fue: crecer y abundar en amor para los unos con los otros y para con todos. Justamente para que el que está afuera pueda conocer que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que crea en Él no se pierda, mas tenga vida eterna. Pero no lo pueden saber si no ven el amor de nosotros para con ellos. Si esa es una marca del carácter cristiano maduro, yo necesito saber dónde estoy como individuo, como iglesia, y esta carta nos sirve para vernos.
Y para ahí donde Dios nos muestre, decirle: Señor, yo reconozco que en la cruz lo que te llevó allí es ese amor infinito, incondicional por mí. Escuchando acerca de la Palabra hoy, pude descubrir que no lo tengo. Perdóname, pero yo necesito que Tú lo cultives en mí, porque esa obra la haces Tú y no yo. Pero aquí está mi vida, aquí estoy yo, y está mi corazón. Te lo ofrezco como terreno para que plantes Tú semillas, la cultives y hagas crecer esa cualidad número uno que, cuando todo sea dicho, la predicación, la enseñanza, los bautismos, los discipulados, todo eso va a desmorir. Ya del lado de la gloria no va a haber necesidad de nada, pero por encima de todo eso prevalecerá el amor.