Malaquías cierra el Antiguo Testamento con una súplica apasionada: que el pueblo se arrepienta y regrese a Dios. La serie "Volveos a mí" concluye aquí, en el capítulo 4, donde Dios responde a la última acusación del pueblo: que no valía la pena servirle porque los malvados prosperaban sin castigo. La respuesta divina es contundente: viene un día ardiente como un horno donde los soberbios serán consumidos como paja, sin dejar ni raíz ni rama. Pero para quienes temen su nombre, se levantará el sol de justicia con salud en sus alas, y saldrán saltando como terneros liberados del establo.
Este texto entreteje pasado, presente y futuro. Malaquías menciona a Moisés, representando la ley, y anuncia una figura como Elías antes del día del Señor. Juan el Bautista cumplió parcialmente esta profecía, viniendo "en el espíritu y poder de Elías" con un ministerio de confrontación y llamado al arrepentimiento. Pero queda un cumplimiento futuro, cuando Cristo regrese trayendo juicio final y restauración completa.
El día final tiene dos caras como una moneda. Una es terrible: angustia, destrucción, tinieblas para quienes han pecado contra el Señor. La otra es gloriosa: Dios habitará entre su pueblo, enjugará toda lágrima, no habrá más muerte ni dolor. Cuando los redimidos se vean frente al Señor, libres de pecado, con una eternidad por delante, brincarán de gozo. Cristo es el jubileo que perdona deudas, libera esclavos y devuelve la tierra a su dueño original. A quienes están cansados y cargados, él ofrece descanso —pero deben tomar su yugo con mansedumbre y humildad.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Nuestro siguiente servicio será realizado sin público presente. Damos gracias al Señor por la oportunidad que nos da de estar unidos como iglesia en oración y adoración, aún desde nuestros hogares, en la intimidad familiar. Recordemos que la iglesia no es un edificio; somos cada uno de nosotros, en quienes mora la presencia del Espíritu Santo. Es nuestra oración que el Señor siga obrando en nuestras vidas en medio de estos tiempos como los que estamos viviendo.
Bueno, yo quisiera invitarte a que abras el libro de Malaquías, en el capítulo 4, y lo dejes ahí por ahora. Nosotros vamos a estar dándole conclusión a esta mini serie que comenzamos al inicio de la pandemia, con motivo de la pandemia precisamente; una mini serie que titulamos "Volveos a Dios" y que quisiéramos concluir en esta mañana. En esta mañana queremos cerrar la serie y queremos cerrar el libro de Malaquías al mismo tiempo.
Yo no quiero volver atrás para repetir cosas que ya revisamos; más bien yo quisiera avanzar para poder revisar el capítulo 4 de Malaquías y entrar incluso al Nuevo Testamento, donde vemos parte de ese cumplimiento de lo que Malaquías tenía que decir. Porque sin lugar a duda, cuando tú revisas este texto, te encuentras con que Malaquías está mirando con anticipación la primera venida de Cristo. Está mirando con anticipación el juicio que Cristo traerá en su segunda venida, pero al mismo tiempo las bendiciones que vendrán para aquellos que han sido redimidos en el interín, en la espera. De tal forma que este es un texto corto, apenas seis versículos, pero está bien entretejido entre el pasado del Antiguo Testamento, lo que era futuro en el momento de Malaquías —pensar en la primera venida— y todavía un más futuro en términos de su segunda venida. De manera que este es un pasaje un tanto complejo en cierta medida, y por eso yo oraba a ver si el Espíritu de Dios pudiera hacer algo que nos ayudara a todos.
Esta mini serie ha tenido nueve mensajes, y yo creo que fue importante que lo hiciéramos de esa manera para poder cubrir todo lo que nosotros teníamos o queríamos decir. Y yo creo que lo hemos hecho para que ustedes puedan tener una mejor idea de dónde comenzamos y dónde terminamos. Creo que es importante que podamos revisar brevemente cada uno de esos mensajes con sus títulos y sus citas correspondientes, recordando que la serie en sí fue titulada "Volveos a mí".
Bajo esa idea o esa sombrilla, comenzamos con un primer sermón que titulamos "El pueblo de Dios en tiempo de pandemia". El pueblo de Dios hoy, en medio de esta pandemia del coronavirus, ¿cómo está analizando las circunstancias y cómo está reaccionando ante ella? Entonces, para analizar eso, lo que hicimos fue irnos a un pasaje del Antiguo Testamento que se encuentra en el segundo libro de Crónicas, en el capítulo 20, el versículo 12, los versículos alrededor de él, y luego 2 Crónicas 7:14 del mismo libro. Y yo recuerdo perfectamente que en esa ocasión titulamos ese primer mensaje "El pueblo de Dios en medio de pandemia", como ya yo acabo de mencionar, pero luego entonces queríamos continuar hacia adelante para hacer otros mensajes.
Yo quiero revisar todos y cada uno de ellos porque quisiera terminar, cuando revisemos todos, con una pregunta, de tal forma que tú puedas, que yo pueda escudriñar un poco si te has llevado el contenido, el mensaje central de lo que hemos estado cubriendo.
Un segundo mensaje, entonces, ese sí lo titulamos "Volveos a mí", basado en Jeremías 3, versículos 12 al 15. Hubo un tercer mensaje que llamamos "Fe en tiempos de confusión", y ahí abarcamos el libro de Habacuc en sus tres capítulos. Vino un cuarto mensaje, entonces, que tuvo que ver con el domingo de resurrección; ahí le llamamos "Resurrección, también en tiempo de confusión", basado en Lucas 24. Porque esa gente también estaba confundida acerca de la resurrección, de su realidad; ver cómo reaccionaron, ver su pánico también. Y fue bueno verlo en el contexto de esta pandemia en el que mucha gente también estaba experimentando pánico, confusión, y por eso lo pusimos ahí porque era justamente ese domingo de resurrección que estábamos celebrando.
Y luego entonces entrábamos en el libro de Malaquías, y ahí hicimos cuatro mensajes, y este sería el quinto. El primero le llamamos "Una adoración en crisis, parte uno", porque justamente eso era lo que estaba en crisis. El pueblo estaba viniendo ofreciendo sacrificios de manera deficiente en todas sus formas y maneras, y Dios reprendió al pueblo por esa manera de no honrarlo. Segundo mensaje en Malaquías, que sería el número seis de la serie, se llamó de la misma manera: "Una adoración en crisis", la segunda parte, basado en el capítulo 2 de Malaquías. Y luego hicimos un tercer mensaje en Malaquías que llamamos "Un Dios fiel a un pueblo infiel", y cubrimos seis versículos del capítulo 3. Luego hicimos un cuarto mensaje en el libro de Malaquías, que sería el octavo de la serie, y ese mensaje fue el último del domingo pasado: "Cristo, la ofrenda que puso fin a las malas nuevas". Todas estas malas nuevas que habíamos visto, bueno, Cristo es la solución, es el final de eso.
En el día de hoy entonces estamos trayendo un noveno mensaje, quinto en el libro de Malaquías, y lo hemos titulado "Cristo anunciado, llegado y esperado". Porque Malaquías apunta a este futuro cumplido; en el Nuevo Testamento ya llegó, pero todavía hay una espera futura que nosotros no hemos visto y que necesitamos esperar por un tiempo. Quizás lo veamos en nuestro tiempo, quizás no lo lleguemos a ver.
Entonces, habiendo dicho todo eso y habiendo empleado cinco de los nueve mensajes en el libro de Malaquías, yo me he preguntado si tenemos una buena idea de cuál es el tema central del libro de Malaquías. Porque vimos diferentes títulos, diferentes problemas espirituales del pueblo, pero ¿cuál es el tema central? Quizás se necesitaría tiempo, quizás se necesitaría revisar los mensajes para llegar a esa conclusión, quizás necesiten leer a Malaquías de una sola sentada, como dijimos. Pero yo me voy a adelantar y les voy a decir que el tema central del libro de Malaquías es una apelación, es una súplica poderosa y apasionada, dice uno de los autores consultados, para que el pueblo se arrepienta de su pecado y regrese a Dios. La serie se llama "Volveos a Dios". Es una súplica acompañada de una promesa rica para aquellos que deciden obedecer a Dios, y de una severa advertencia si se niegan a hacerlo.
Yo creo que este es un buen momento para recordarnos que en todas las generaciones, o en todos los siglos, ha habido momentos donde la iglesia de Cristo necesita regresar a Dios. Hay una tendencia natural en la naturaleza caída que lleva al creyente a tender a desviarse de una forma más natural que a obedecer. Esa es la inclinación, y por tanto no es infrecuente que el pueblo, la persona, el individuo, una iglesia necesite volver, regresar. Y eso es lo que Malaquías nos está hablando. El profeta cierra entonces el Antiguo Testamento; el último profeta del Antiguo Testamento, los doce profetas menores, este es el último. Él cierra el Antiguo Testamento, y cierra apuntando a la primera venida de Cristo, pero también apuntando a la segunda venida.
Antes de leer el texto de Malaquías, déjame recordarte dónde terminó el capítulo anterior, porque el texto de hoy es la respuesta de Dios a la acusación última del pueblo en el capítulo 3. La última acusación del pueblo fue la siguiente, Malaquías 3:14-15: "Ustedes han dicho", lo dice el Señor, "en vano es servir a Dios. ¿Qué provecho hay en que guardemos sus ordenanzas y en que andemos de duelo delante del Señor de los ejércitos?"
El pueblo juzgó a Dios a destiempo, juzgó a destiempo el tiempo de Dios, valga la redundancia. Con nuestra mente limitada, eso es uno de nuestros problemas: nosotros tendemos a concluir muy rápidamente. Y el pueblo concluyó, viendo alrededor, que en vista de que aparentemente los malvados salían con la suya, que en realidad no valía la pena servir a Dios, no era de ningún provecho.
Bueno, yo creo que si hubiésemos juzgado la vida de Cristo la noche del viernes en que el Señor fue crucificado, yo creo que eso hubiese sido el mejor ejemplo en toda la historia para decir: "No vale la pena servir a Dios. No vale la pena, no es de ningún provecho ser obediente a su ley. Mira, su Hijo clavado en una cruz, ¿de qué sirvió?" Pero el problema ahí no era ni la cruz, ni la muerte, ni la forma en que murió; el problema era el tiempo. Viernes en la noche, en vez de esperar el domingo, en base a algo que Cristo había profetizado y que el Antiguo Testamento había profetizado: que Él resucitaría. Y algo que Cristo le enseñó a los discípulos en no menos de tres ocasiones diferentes. Pero juzgaron a destiempo, igual que el pueblo en tiempos de Malaquías. El pueblo dice: "No solo prosperan los que hacen el mal, sino que también ponen a prueba a Dios y escapan sin ser castigados". Esa es la acusación contra Dios: "Tú no haces nada con los malvados".
Ahora, Dios se propone refutar en Malaquías 4, pero yo quería poder mencionártelo otra vez. Escucha lo que Dios dice; se trata de leer todo el capítulo de Malaquías 4, que es breve, son seis versículos básicamente. Y esto es lo que el profeta dice: que viene el día. "¿Piensas que yo no hago nada con los malvados? Esta es mi respuesta: viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen el mal serán como paja, y el día que va a venir les prenderá fuego", dice el Señor de los ejércitos, "que no les dejará ni raíz ni rama. Mas para vosotros, este otro grupo que teméis mi nombre, se levantará el sol de justicia con salud en sus alas, y saldréis y saltaréis como terneros del establo, y hollaréis a los impíos, pues ellos serán cenizas bajo las plantas de vuestros pies el día en que yo actúe", dice el Señor de los ejércitos. "Acordaos de la ley de mi siervo Moisés, de los estatutos y ordenanzas que yo le ordené en Horeb para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías antes de que venga el día del Señor, día grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que venga yo" —y esta es la advertencia— "no sea que venga yo y hiera la tierra con maldición".
Ahí está la respuesta de Dios a la acusación del pueblo. Recordaremos que el capítulo 3 de Malaquías es la última de las acusaciones del pueblo contra Dios, y la acusación, ya les dijera, era que Dios no hacía nada con los malvados. Dios dice: "Eso no es cierto; hay un día futuro que ustedes no conocen, donde yo he determinado que juzgaré a aquellos que ustedes piensan que yo estoy ignorando".
Dios dice: "Viene el día". Esa frase, "el día", es usada por Malaquías cuatro veces: usada en 3:17, usada en 4:1, en 4:3, en 4:5. De manera que Dios está subrayando que ciertamente hay un día de rendición de cuentas, y ese día es llamado en el Antiguo Testamento por otros profetas "el día de la ira de Dios". Es la ira que cayó sobre los hombros del Señor Jesucristo; es la ira que Cristo tomó sobre sí para que no tenga que venir sobre mí. Y es por eso que aquí en Malaquías hay dos grupos de personas: están los malvados, y luego dice "pero aquellos", refiriéndose a ese otro grupo.
Sin embargo, Dios ha sido paciente, ha retenido su juicio. Pero el hecho de que Dios haya retenido su juicio en su paciencia y en su misericordia no indica en lo más mínimo que nuestro Dios sea insensible a la maldad que tú y yo vemos y que nos sorprende todos los días. Sin embargo, Dios en su misericordia, como dijimos el domingo pasado creo, la misericordia de Dios —entre comillas— "venció" la ira o el juicio de Dios en la cruz. Y la misericordia de Dios es lo que está reteniendo ese juicio, precisamente porque todavía hay mucha gente que no ha oído el mensaje de salvación, hay mucha gente que está predicando el mensaje de salvación y que lo continuará haciendo en el día de mañana. Y Dios, no queriendo que nadie se pierda sino que todos vengan al arrepentimiento, está reteniendo el juicio hasta un momento dado cuando él haga la rendición de cuentas.
Malaquías usa entonces el simbolismo del fuego en este capítulo 4, pero ya lo había usado en el capítulo 3. En el capítulo 3, el fuego es visto como un agente purificador, como un agente de refinamiento, probablemente aludiendo a los santos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, usando una terminología similar a la que Pedro usa cuando les escribe a sus seguidores y cuando les dice que no nos sorprendamos del fuego de la prueba que nos ha sobrevenido, y que ese fuego de la prueba es el que purifica nuestra fe como el oro es purificado también en ese fuego. De manera que Pedro tiene la misma idea de que la tribulación es usada en la vida de los creyentes para santificar su vida, limpiar su carácter de todo aquello que no corresponde a lo que es la voluntad santa de nuestro Dios y todo aquello que deshonra la cruz.
Ahora, en Malaquías 4 el agente del fuego es visto más como un agente consumidor para juzgar a los soberbios. Y Dios dice que ellos serán como paja y que les prenderá el fuego en ese día de la ira, y será tan consumidor ese fuego que Dios dice que no quedará ni rama ni raíz. Si tú piensas en un árbol, cuando hay un fuego usualmente pues quedan ramas alrededor quemadas, pero quedan ramas; la raíz usualmente también queda, está en el subsuelo. Esta imagen, esta gráfica tan dramática que Dios dice: no va a quedar ni raíz ni rama. Por eso es que él habla en el versículo 1 de que lo que quedará será como paja. Habrá sido tan dañado, tan destruido, o tan completamente destruido, que lo único que tú vas a poder ver es como paja. Y sobre esa paja él dice que los redimidos de Dios pues estarán pisoteando. Es una forma de describir qué clase de juicio es al que él se está refiriendo.
Porque Dios había dicho en el capítulo 3, capítulo anterior, que aquel pueblo que lo acusó cinco, seis veces a lo largo del libro de Malaquías, que lo refutó, Dios dice de ese pueblo: ustedes han hablado duras palabras contra mí. Y la realidad es que ese pueblo que estaba bajo pacto, bajo un pacto que se había hecho desde los tiempos de Moisés, de hecho desde los tiempos de Abraham, se había hecho un pacto con dicha nación, pero más específicamente cuando la nación llegó a ser una nación bajo Moisés, Dios hizo un pacto con ellos. Ese pueblo miró ese pacto en términos de como una transacción comercial: yo estoy trayendo corderos de sacrificio, estoy trayendo ofrendas, no importa si esos corderos estaban deficientes y si las ofrendas eran deficientes, tú me debes algo en retorno y yo no lo estoy recibiendo, tú no estás viendo el sacrificio que yo estoy trayendo, no importa si mis relaciones familiares y matrimoniales, como ya vimos, no andan bien, tú me debes en retorno. De manera que mucho del juicio que Dios menciona a lo largo de Malaquías es contra el liderazgo, de hecho contra los levitas y los sacerdotes.
Escucha este comentario que hace este autor en uno de los comentarios visitados. Él dice: "Como en los días de Malaquías, el juicio final, el último, ya al final no solamente trazará la línea divisoria entre las personas religiosas y las irreligiosas." Aquellos que en Malaquías condenan, este pasaje y a lo largo de todo el libro, no fueron gentiles irreligiosos. Tal vez el pueblo gentil no conocía a Dios. Él dice aquí: en Malaquías está condenando no al pueblo gentil. Esta gente eran miembros de la comunidad bajo pacto que venían a adorar en el templo de Dios en Jerusalén, que ofrecían los sacrificios prescritos, que se vieron a sí mismos como piadosos, y que en algunos casos eran sacerdotes y levitas.
Esto es lo que acaba de decir. De la misma manera, hoy hay gente que asiste a la iglesia regularmente, que da generosamente cuando pasan el plato, que obedece muchas de las reglas e institutos de Dios, son miembros comprometidos de la comunidad religiosa, incluso quizás ancianos y pastores, y sin embargo son extraños o extranjeros a Dios. Lo que este autor está haciendo es que está comparando la comunidad de hoy con la comunidad de ayer y diciendo que busquemos la aplicación para poderlo ver. Él está hablando entonces, Malaquías está hablando de este día final donde todo esto tendrá que rendir cuenta de ello.
Y entonces ese día final es referido por otros profetas del Antiguo Testamento de diferentes maneras. Escucha la descripción de Isaías 13:9: "Miren, el día del Señor viene cruel, con furia y ardiente ira, para convertir en desolación la tierra y exterminar de ella a sus pecadores." Ahora, de repente como que quizá no estamos tan seguros si queremos que Dios haga justicia. Eso es más o menos lo que Malaquías está diciendo. Si todo va a ser consumido hasta el punto que quedará como paja, ahora Isaías dice que Dios va a desolar la tierra y exterminar de ella a sus pecadores. Ese es el día que Malaquías 4:5 describe como grande y terrible.
Sin embargo, ahí en Malaquías hay un segundo grupo, porque con ese segundo grupo es que queremos terminar la serie, porque muchos de los que están escuchando pudieran estar en ese segundo grupo. Escucha lo que Dios dice ahora. Pero el versículo 2, voy a devolverme arriba, ya estábamos en el 5, me voy a devolver. Pero para ustedes, ya lo de un grupo, pero el versículo 1, pero esto introduce el segundo grupo: "Para ustedes que temen mi nombre se levantará el satisfacción con la salud en sus alas, y saldrán y saltarán como terneros del establo."
Aquí esos honestos que temen su nombre, los que honran mi nombre, aquellos que han creído mi palabra, aquellos que han creído mis promesas y están esperando el cumplimiento de las mismas, aquellos que no han dudado y no han cuestionado a destiempo, aquellos que han tratado de caminar de forma consistente con lo que creen. Porque hay algo que queda claro en la revelación de Dios sobre todo en el libro de Malaquías, y es que no basta con creer. La necesidad de traer ofrendas, sacrificios, diezmo, lo que tú quieras, no basta con hacer eso, sino que yo tengo que caminar y vivir de una manera que sea consistente con lo que yo afirmo, proclamo, digo, enseño, aplaudo y digo creer.
A ese grupo Dios le llama en Malaquías 3:17 "mi especial tesoro." Escúchame, si tú eres miembro de esa comunidad verdaderamente, genuinamente, estas no son palabras livianas. Dios te llama no solamente un tesoro, te llama mi especial tesoro, algo extremadamente preciado para con él.
Y él habla ahora hacia el final de este libro de que para esos que temen su nombre hay otro día, hay otra época, hay otras condiciones. Y él dice que para ellos el sol de justicia viene con salud en sus alas. Bueno, algunos han visto este sol de justicia como una frase que alude al Mesías, porque es quien trae salud con él. Hablaremos de esa salud en un momento. Hay otros que han pensado que no necesariamente es un personaje, sino condiciones. En otras palabras, en ese día donde ya se haya hecho juicio y los redimidos de Dios hayan recibido sus promesas, habrá condiciones especiales que pudieran verse o pudiéramos referir a ellas como si el sol se hubiese levantado, verá como una nueva luz se hubiese aparecido, el sol de justicia, y hubiese traído salud con él.
El sol, ya sea el personaje Cristo o las condiciones que Cristo trae con él, en la revelación de Dios cuando se habla de salud, frecuentemente es usada para referirse a la salud física, y en otras ocasiones es usada la palabra para referirse a la salud espiritual. En ese tiempo, en el día final cuando Cristo regrese, habrá ambas cosas: habrá el término de enfermedades físicas y habrá también, va a reinar una salud espiritual, porque nosotros ya hemos sido renovados completamente.
Entonces esto es lo que Malaquías dice: cuando ese día llegue, esto es lo que va a pasar. Cuando tú experimentes, cuando tú veas el sol de justicia levantarse, cualquiera de las interpretaciones que le demos, y cuando tú te veas sano espiritualmente y físicamente, en ausencia de enfermedades, tú vas a salir. Esta es otra imagen que Malaquías está usando: tú vas a salir, tú vas a parecer, tú vas a saltar como un ternero. En nuestro vocabulario, recuerdo estar en el campo y haber visto esto: un becerro que se escapó de un corral, y resulta que se vio como libre, y comenzó a correr y a saltar y a brincar disfrutando su libertad. Eso es exactamente la imagen que Malaquías describe. Dice que ellos, nosotros, saldremos y saltaremos como terneros del establo.
Hermano, cuando tú te veas frente al Señor rodeado de su gloria, trata de imaginar esto ahora. Cuando tú te veas frente al Señor rodeado de su gloria, viendo cosas que tus ojos jamás vieron, que tu mente jamás hubiese podido concebir aun si tú lo hubieses propuesto, o oyendo cosas que tus oídos jamás escucharon, es más, aún en sueños no hubieses podido imaginar ver, escuchar cosas como lo que estás escuchando. Y además de eso, cuando tú te veas con todos tus pecados perdonados, parado frente a él, siendo como él es, sin pecados remanentes, y por tanto sin ninguna inclinación hacia el pecado para volver a incurrir en esas faltas en un futuro, con toda una eternidad por delante para disfrutar las condiciones en las que tú te encuentras, acompañado de millones de seres angelicales que nunca hubieses podido concebir en tu mente cómo lo sean, acompañado de millones de personas, de humanos redimidos, y con el don para cantar como yo he conseguido hacer hace mucho tiempo y no he podido. Cuando tú te veas en estas condiciones, tú vas a brincar, tú vas a saltar, tú vas a cantar, te vas a regocijar, tú vas a aplaudir, vas a levantar las manos, tú te vas a postrar, tú vas a saltar como un becerrito por ahí, en las condiciones en las que tú vas a encontrarte en aquel gran día.
Es un día increíble para aquellos que han honrado el nombre del Señor. De manera que tú tienes que comenzar a soñar con ese día. No puedes verte en el peligro y la amenaza de la pandemia actual en la que te encuentras. Esta no es el final de la vida, esta no es el final de la historia, así no es como yo termino. Aun si termino aquí, si termino fruto de este virus, yo termino en otras condiciones, en otro mundo, con una eternidad por delante, de manera inmortal.
Gozosa, libre de pecado, libre de enfermedades, libre de tristeza, libre de caídas, libre de sufrimiento, libre de dolor, libre de decepciones, libre de todo lo que aquí me amarraba. O sea, ese día este es el satisficación que se ha levantado, y esas son las condiciones que Cristo va a traer con él.
Y Malaquías continúa. Recuerda, Malaquías está hablando predominantemente al pueblo judío; los gentiles vienen después, de otro estamento. Él está lidiando con la nación hebrea, y a ellos les dice el versículo 4: "Acordaos de la ley de mi siervo Moisés, de los estatutos y las ordenanzas que yo le di en Horeb para todo Israel."
Aquí al final Malaquías va a mencionar dos personajes claves para el pueblo judío: Moisés, que trajo la ley, y Elías, como representante de los profetas. Son dos de las grandes divisiones de la Biblia del Antiguo Testamento: la ley y los profetas. Y le dice ahora al pueblo: "Acordaos de mi ley, o la ley de mi siervo Moisés, las ordenanzas y los estatutos." Esa es la ley que ellos han violado, la ley que Pablo describe como buena, santa y justa. El problema no era con la ley, recuerda; el problema estaba con nuestra inhabilidad de cumplirla.
Esa es la ley que Santiago, ya en el Nuevo Testamento, para los que pensamos que la ley de Dios no tiene ninguna vigencia hoy, es la ley que Santiago llama en el capítulo uno "la ley de la libertad." Es la ley por medio de la cual, si tú pudieras vivir dentro de ella, tú vas a evitar muchas de las cosas y las consecuencias y los daños que te mantienen esclavizado en este mundo. Y ahí Santiago la llama la ley de la libertad.
Esa es la ley que describe el carácter de Dios. No es la ley que me salva, no, no. Yo no estoy hablando de que la ley salva; yo no la puedo cumplir. Pero describe el carácter de Dios, y al describir el carácter de Dios me ayuda a entender qué es lo que complace a Dios, de manera que yo me pueda ir dirigiendo en esa dirección.
Esa es la ley de la cual el salmista dice: "¡Oh, cuánto amo tu ley!" Ahí está alguien que vivió bajo el pacto de la ley, que no se compara con el pacto de la gracia bajo el cual tú y yo vivimos, y sin embargo él llegó a decir: "¡Oh, esa ley buena, santa, justa de que Pablo habla, yo la amo!" ¿La puedo cumplir? No. Por eso envió el Padre al Hijo, para que la pudiera cumplir por mí. Pero eso no dice que la ley no sigue siendo, no fue y sigue siendo, buena, santa y justa.
Esa es la ley de la que Pablo decía en el Nuevo Testamento de nuevo: "En mi hombre interior yo me deleito en la ley de Dios." Juan dice en su primera carta que los mandamientos de Dios, aun esa ley, no son gravosos. ¿Quién los ve gravosos? Mi carne. Y de ahí que Cristo tenía que venir.
Después de recordarle, "recuerda de la ley de mi siervo Moisés," aquí viene entonces Malaquías a hablar, no muy directamente, pero el Nuevo Testamento me ayuda a entenderlo, de cuál es la solución al problema de la ley: "Yo les envío el profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra como anatema."
Es una alusión clara al regreso de Elías, o una figura como Elías, como digo. Malaquías sella el Antiguo Testamento. Luego que Malaquías cierra, hay 400 años de silencio, cuatro siglos donde no hubo profeta en el pueblo. De hecho, aun los libros apócrifos que nosotros no tenemos en nuestra biblioteca, uno de ellos, creo que Primera o Segunda de Macabeos, habla de que en esa época no hubo profetas entre ellos, de manera que aun libros de esa naturaleza afirman tal cosa. No hubo revelación nueva. Lo último que el pueblo escuchó es: viene Elías, y cuando Elías venga, viene el Señor en ira.
Que cuando Cristo llega, o mejor dicho, cuando Juan el Bautista hace su aparición en la escena, hace cuatro siglos que el pueblo no había tenido un nuevo profeta. Este se viste de una manera similar a cómo se vistió Elías. Y cuando Juan el Bautista aparece, dice que estaban anunciando a alguien, y ellos sabían que aquel Elías de Malaquías también venía antes de esa figura mesiánica.
Ellos fueron donde los sacerdotes y los levitas, dice el texto de las Escrituras, que fueron donde él y le preguntaron: "¿Quién eres?" Él dijo: "Yo no soy el Cristo." Eso fue lo primero: "Yo no soy el Mesías." Antes de responder la pregunta, déjame aclararte primero quién yo no soy. Entonces la segunda pregunta: "¿Eres tú Elías?" Ahí estaban esperando a ese Elías. Él dijo: "No soy." Yo creo que eso también me define claramente que Juan el Bautista no era la reencarnación de Elías. "¿Eres el profeta?" Deuteronomio 18 habla de un profeta: "Como tú," le dice Dios a Moisés, "yo voy a levantar y voy a poner mis palabras en su boca." Será Cristo. Le están preguntando: "¿Tú eres ese de quien habló Moisés?" "No." "Pues si no eres el Cristo, no eres el profeta, no eres Elías, ¿quién eres?" "Bueno, yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor."
Ok, entonces tenemos una primera parte del entendimiento. Elías ha de venir de acuerdo a Malaquías. Juan el Bautista aparece 400 años después, se parece a Elías en la forma en que se vistió, está hablando, está confrontando al pueblo con sus pecados, está confrontando a muchos de los fariseos y los saduceos. De aquí que él les llamó "raza de víboras." Esto suena como Elías, pero él dice: "Yo no soy."
Sin embargo, Cristo tiene una transfiguración en el famoso monte de la transfiguración, como le llamamos. Después de ese evento, cuando viene bajando, él está teniendo una conversación con sus discípulos, porque en el monte de la transfiguración él fue visitado. Cristo fue visitado por Moisés y fue visitado por Elías. Entonces ahora vienen hablando. El texto no nos da los detalles, pero tuvieron Elías y Moisés una conversación con el Señor. Los discípulos tienen una conversación con el Señor.
Ahora le preguntaron a Jesús: "¿Por qué pues dicen los escribas que Elías debe venir primero?" Es decir, si Juan el Bautista no es Elías, ¿por qué dicen los escribas que Elías debía venir primero? Y respondiendo Jesús dijo: "Elías ciertamente viene y restaurará todas las cosas."
Déjame parar ahí un momentito solamente. Eso está en tiempo futuro: Elías viene, o sea, no ha venido, y restaurará, tiempo futuro, todas las cosas. De manera que hay, o Elías mismo o una figura como Elías, todavía por venir.
Sin embargo, el versículo 12, ahora de Juan, de Mateo 17, escucha lo que Cristo dice: "Pero yo os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos." Versículo 13: "Entonces los discípulos entendieron que les había hablado de Juan el Bautista."
O sea que esta figura profética con un ministerio especial de que habla Malaquías es como una profecía de doble cumplimiento, porque Cristo dice: "Yo les aseguro que Elías viene y restaurará," futuro, no ha llegado, "pero al mismo tiempo yo quiero decirles que ya él vino y no lo reconocieron, y lo decapitaron. Así me van a hacer a mí, me van a matar." Y luego entonces el texto dice que los discípulos entendieron.
Entonces esta figura profética de que habló Malaquías ciertamente era Juan el Bautista, que sirvió antes del Señor en su primera venida. Lucas 1:17 nos aclara esta idea de que este era como Elías, pero no era Elías, no era su reencarnación. Lucas 1:17 dice que Juan el Bautista vino en el espíritu y en el poder de Elías. ¿Qué quiere decir eso? Bueno, el espíritu, no era que vino en el espíritu de Elías, sino el espíritu y el poder. ¿Cuál fue el espíritu y el poder del ministerio de Elías? Elías vino, hizo una confrontación brutal de lo que fue la religiosidad del pueblo judío en su momento, donde abundó en ese tiempo la adoración a Baal. Sabemos que Elías fue responsable de la muerte de 450 profetas de Baal.
Ahora, Juan el Bautista viene como un ministerio similar de confrontación del pecado, y eso fue lo que le costó la vida. Elías casi perdió la vida en su ministerio confrontacional; Jezabel andaba buscándolo para quitarle la vida. Juan el Bautista perdió la vida en su ministerio confrontacional. Él viene en el espíritu y en el poder de Elías.
Entonces ahora tú tienes al final de Malaquías a las dos figuras principales de todo el Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Moisés representando la ley y Elías representando los profetas. De la ley dijo: "Recordar la ley." En el hebreo, no solamente en el lenguaje, pero en la cultura hebrea, recordar la ley no era memorizarla. No era eso lo que Malaquías estaba tratando de comunicarles; era obedecer la ley, entonces sus ordenanzas y sus estatutos.
Y luego le habla de ese Elías, de una figura profética de doble cumplimiento. En la primera venida de Jesús, esa figura representada por Juan el Bautista. En la segunda venida de Jesús, obviamente es Elías mismo, quien fue raptado por Dios y nunca perdió la vida, nunca murió, o viene una figura tipo Elías para introducir al Mesías.
Por eso decíamos que Malaquías al final no solamente apunta a la primera venida, apunta a la segunda venida. Y es por eso que él también habla del juicio final, que no lo trajo Cristo en su primera venida, pero lo trae Cristo en su segunda venida.
Y ese Cristo al que Elías, o Malaquías, apuntaba, pensando en una figura introductoria que al final fue Juan el Bautista, ese es el Cristo que nos va a traer las condiciones de las cuales yo te hablaba hace un momento atrás. Ese es el cumplimiento de la ley que todo el mundo violó en el Antiguo Testamento y continúa violando en el Nuevo Testamento. Él es el reemplazo de la figura del sacerdote, de la figura del profeta y de la figura del rey.
Ese Cristo es el profeta de quien habló Moisés cuando escribió en Deuteronomio 18 que Dios le había dicho: "Un profeta como tú yo voy a levantar en un futuro; yo pondré mis palabras en sus labios y el pueblo le oirá." Ese fue su Hijo. Él es quien reemplaza a ese profeta; él es dicho profeta. Él es el sumo sacerdote para siempre del orden de Melquisedec, sin principio ni fin. Es ese Cristo prefigurado en Malaquías. Es el Rey que se sienta permanentemente en el trono de David, como la Palabra revela. En su primera venida su...
Juan el Bautista fue un hombre, un comité de avanzada. En su segunda venida, su comité de avanzada será un hombre, ya sea Elías mismo o una figura tipo Elías. Ese es el Cristo. ¿Quién puso un reemplazo a los sacrificios? Los sacrificios del Antiguo Testamento eran ofrecidos como sacrificios muertos. Cristo vino y se ofreció como sacrificio vivo en la cruz, y por una sola ofrenda, dice Hebreos 10:14, hizo perfectos para siempre a aquellos que son santificados.
Cristo es el reemplazo del templo. Los judíos llegaron a adorar el templo más que adorar a Dios, literalmente. Y Cristo viene a reemplazar ese templo. Para eso es que Él dice: "Destruid este templo y yo lo reedificaré en tres días", refiriéndose a su muerte y a su resurrección. En Él se cumplen todas y cada una de las promesas de todo el Antiguo Testamento: las que apuntaban a su primera venida y las que apuntan a su próxima y última venida. Por eso es que Cristo reta a las autoridades judías de su tiempo y las llama: "Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que hablan de mí. Ustedes dicen conocerlas, pues escudriñenlas otra vez, revísenlas otra vez, porque todas las Escrituras apuntaban a mí", esa figura mesiánica, Cristo mismo.
Ese es el jubileo de los hebreos o de los judíos en el Antiguo Testamento. Algunos de ustedes quizás no conocen las particularidades del jubileo, pero el jubileo se daba cada cincuenta años. Se suponía que se diera así: el calendario tenía ciclos de siete años, entonces el séptimo año de cada ciclo era llamado un año sabático. Durante ese año sabático —año uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis tú cultivas la tierra, tú trabajas, tú vendes, tú compras— en el año sabático la tierra no la cultivas. "Yo me encargo de que produzca suficiente fruto para ti y para el extranjero y todo el que está en necesidad. Déjamela a mí." Lamentablemente el pueblo violó ese pacto, y una de las cosas que Dios señala de por qué el pueblo se va a Babilonia es justamente su violación del año sabático, por no confiar en Dios para su provisión. No la única cosa, sino uno de los señalamientos.
Bueno, cada siete ciclos de siete años, cuarenta y nueve años, siete ciclos de siete años, entonces venía el año cincuenta. Ese año cincuenta, o quincuagésimo como algunas Biblias lo llaman, es el año del jubileo. ¿Qué se suponía que ocurriera en ese año del jubileo? Bueno, las deudas serían perdonadas. Mucha gente estaría cogiendo préstamos en el año cuarenta y cinco, cuarenta y seis, para no tener que pagarlas. Más allá, las deudas eran perdonadas. Si tú habías comprado un terreno, tenías que devolverle el terreno a su dueño original, porque la tierra nunca debía salir del dueño original o de la familia del dueño, de manera que debías devolver la tierra. Y por otro lado, si yo había empobrecido lo suficiente hasta el punto de que tuve que venderme para trabajar para otro, entonces ese otro para quien yo trabajaba debía dejarme libre en el año cincuenta o el año del jubileo.
Ese día se estableció de esa manera con un solo propósito: para apuntar a lo que la persona de Cristo representaría. Por eso Cristo es nuestro jubileo. ¿De qué manera? Él viene, perdonadas mis deudas. Él viene, me encuentra como un esclavo, me compra, y entonces me deja libre. Y por así decirlo, me suelta, me deja en libertad. Él es en quien yo me refugio, Él es en quien me gozo. Él es la persona que cancela la mayor deuda que yo tenía y que podía condenarme para siempre.
Y ese Cristo es el que está tomando la tierra. Recuerda, la tierra tenía que volver a su dueño original. Pues simbólicamente hablando —aunque algunos piensan que es literalmente hablando, pero pensémoslo por lo menos simbólicamente hablando— la tierra le fue entregada a Satanás. A ver, Jesús dice algo de eso en la tentación a Cristo, cuando él dice: "Te doy todos los reinos de este mundo porque a mí me han sido dados." Bueno, ahora en Cristo la tierra está volviendo, por así decirlo, a su dueño original, al único dueño que siempre ha tenido. Y Él está tomando la tierra en un futuro y devolviendo, revirtiendo todo el proceso de corrupción, de degradación, de pecado, de destrucción. Y va a tomar la tierra y la va a volver a sus condiciones originales, de manera que en un sentido vamos a volver al Edén. Imagina, ¿no?
Justo fuera de tiempo, Cristo está en el presente momento revirtiendo todo lo que ha ido y la mortalidad que vino en consecuencia. En el ínterin, cuando Él viene, Él sabe el daño que la creación sufrió fruto de la caída. Él sabe que como seres caídos, lo más probable —no lo más probable— lo cotidiano es que frecuentemente nos encontremos cansados y abatidos, quizás desesperanzados. Y Él dice en un momento de su ministerio: "Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." Y escucha: "Estás cansado, estás cargado, y hallaréis descanso para vuestras almas."
¿Qué es lo que yo necesito para encontrar descanso para mi alma? Necesito venir a Él. Necesito tomar su yugo, que en el contexto hebreo cada rabino tenía como un yugo, y el yugo representaba como el mandamiento más grande, más pesado. Cuando a Cristo le preguntaron cuál es el más grande mandamiento de la ley de Dios, probablemente lo que estaban preguntando era: "¿Cuál es tu yugo?" Y Él dice: "Ama a Dios con todo tu alma, todo tu mente, toda tu fuerza, y a tu prójimo como a ti mismo."
Tenemos una pregunta atrevida. No se pongan personal ahora. Cada mensaje predicado —yo no sé de otros predicadores— cada mensaje predicado es personal. Pero escucha, la primera persona, valga la redundancia, con la que el mensaje es personal es conmigo. Cada mensaje, créeme, Dios que me juzgue si no es así, cada mensaje es aplicado de manera personal a mi vida antes de yo tener la osadía de tratar de aplicártelo a tu vida. De manera que las preguntas son personales porque personalmente yo me las hice.
¿No estás cansado de la pérdida, de los diferentes tipos de pérdidas, y del dolor, de las decepciones, y de las fracturas de la vida? No fracturas de huesos, las fracturas de la vida. Tú le pones nombre a cuál pudo haber sido tu fractura. ¿No estás cansado del pecado que te asedia y que tan fácilmente, dice el autor de Hebreos, nos envuelve, nos hace tropezar? ¿No estás cansado de tratar de ocultar tus faltas y tus deficiencias? Ya hablaba con alguien a quien le daba consejería el viernes, le decía: "Si la verdad fuera conocida de todos nosotros, el resto que las conocieran siquiera quisiera ser nuestro amigo."
Pues para eso Cristo vino: para hacer tu descanso. Por eso es que Él dice: "Yo conozco el cansancio, la congoja, el asedio en el que ustedes como figuras caídas viven en este mundo. Por tanto, venid a mí y vas a encontrar descanso." Pero tienes que tomar mi yugo. Yo te expliqué probablemente lo que ese yugo implicaría. Y no solamente tienes que tomar mi yugo; al tomar mi yugo necesitas dos condiciones: mansedumbre y humildad. Y entonces encontraréis paz para vuestras almas. Si lo que está tomando sobre ti es el yugo del mundo, no puedes tener paz. Si las condiciones que caracterizan tu vida no son la mansedumbre y la humildad, no puedes tener paz. Si no vienes a mí, no puedes estar en paz.
Entonces serás un pacificador, porque una vez tú adquieres mansedumbre y humildad, por lo menos vas a alcanzar —deja el afán de querer ser el primero, el más popular, el mejor, el más aplaudido, el que tiene la razón— perderás el interés por ocupar ese lugar. Y más bien estarás interesado justamente en tener paz para con Dios: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza. Y te encargarás de tener paz con tu prójimo, a quien debes amar como a ti mismo, porque serás un bienaventurado como pacificador.
Esto es exactamente, pero de otra forma, lo que se supone que esta figura profética tipo Elías, o Elías, haga en un futuro. Escucha, versículo 6: "Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos." ¿Qué es eso? Reconciliación. "Y el corazón de los hijos hacia los padres." ¿Qué es eso? Reconciliación. En otras palabras, el ministerio de esa figura profética va a ser un ministerio de reconciliación. Como una evidencia, la reconciliación horizontal es una evidencia de mi reconciliación vertical. Una no se puede dar sin la otra. La vertical ocurre primero, la horizontal viene después. Pero la reconciliación horizontal es la evidencia de que yo tengo una reconciliación apropiada vertical. Y eso es lo que viene a hacer este personaje.
Algunos han dicho que la forma de ver este ministerio de este personaje futuro, también cuando dice que reconciliar el corazón de los hijos con los padres, es quizás refiriéndose a Dios como figura paterna, y que entonces estos hombres que son inconversos, judíos en su gran mayoría en ese momento dado, serán reconciliados con Dios finalmente. O que quizás, hablando de los padres, se estaban pensando en los antepasados, en los patriarcas, y aquellos que fueron y vivieron reconciliados con Dios, y que entonces su forma de creer y de vivir será congruente con la forma de creer y de vivir de aquellos que fueron sus padres.
Independientemente de eso, lo que sí está claro es que este ministerio de esa figura profética futura, que también lo llevó a cabo Juan el Bautista en cierta manera, ese ministerio de esa figura tipo Elías, lo que viene a hacer es llamar al pueblo al arrepentimiento. Por eso no es sorprendente que cuando Juan el Bautista apareció, de las primeras palabras que salieron de su boca estuvo: "Arrepentíos, pues el reino de los cielos está cerca", o "arrepentíos y convertíos". Ese es el ministerio principal, ese es el ministerio principal de Elías, ese es el ministerio principal de Juan el Bautista, es el ministerio principal de este futuro profeta: llamar al pueblo a una reconciliación con Dios y con el otro, llamar al pueblo a un arrepentimiento.
Pero ese día es futuro todavía. Yo tengo que ver ese día como una moneda de dos caras, porque esa moneda de dos caras tiene una cara negativa, severa, de la cual ya hablamos, y tiene una cara altamente esperanzadora para aquellos que tienen mi nombre. Mientras más conozco el lado oscuro de la moneda, más agradecido yo me siento de poder estar del otro lado. Por eso es que tenemos que ver ambos lados de ese día.
"El día viene", dice Malaquías, o dice Dios a través de Malaquías. Entonces déjame ver cómo vemos rápidamente el lado oscuro de ese día final. Voy a leerte de un profeta que todo el mundo conoce al dedillo, sabe exactamente lo que dice, lo ha leído múltiples veces. Su nombre es Sofonías, capítulo 1, versículos 14 al 18. Yo quise elegir a Sofonías a propósito porque hay múltiples pasajes de las Escrituras que hablan de este día, pero como Sofonías es tan desconocido, probablemente el pasaje mismo te fue desconocido, poco familiar.
Aquí está lo que Sofonías dice acerca del lado oscuro de la moneda, capítulo 1, versículos 14 al 18. Aquí estaría el grupo al cual Dios se refirió por medio de Malaquías donde dijo: "Ustedes hablaron palabras duras contra mí". Ahí estarían. Ahí estarían también aquellos que no solamente no han creído en Cristo, pero aquellos que dicen creer en Cristo, que están dentro de la comunidad del pacto de gracia ahora, pero que al igual que aquella comunidad bajo el pacto de la ley, dicen estar bajo el pacto de la gracia pero no honran dicho pacto.
Sofonías dice: "Cercano está el gran día del Señor, cercano y muy próximo. El clamor del día del Señor es amargo, allí gritará el guerrero. Día de ira aquel día, día de congoja y de angustia, día de destrucción y de desolación, día de tinieblas y lobreguez, día nublado y de densa oscuridad, día de trompeta y grito de guerra contra las ciudades fortificadas y contra los torreones de las esquinas. Traeré angustias sobre los hombres y andarán como ciegos porque han pecado contra el Señor. Su sangre será derramada como polvo y su carne como estiércol. Ni su plata ni su oro podrán librarlos en el día de la ira del Señor, cuando el fuego de su celo toda la tierra sea consumida, porque hará una destrucción total y terrible de todos los habitantes de la tierra".
Hermanos, si tú no estás en Cristo y me estás escuchando, yo te suplico en el nombre del mismo Cristo que consideres estas palabras. Tú no quieres llegar a ese día sin que esa ira haya recaído sobre otra persona, que en este caso es su propio Hijo. Tú no quieres llegar ahí en esas condiciones. Es un día terrible. El gran día del Señor es llamado grande, no en este caso, en este contexto, hasta llegar a la otra cara de la moneda, no por lo extraordinariamente bueno que va a ser el lado de la moneda, no, es por lo terrible que es el lado de la moneda. Tú no quieres llegar ahí.
De manera que yo te invito en el nombre de Cristo que vengas a sus pies y te arrepientas de tus pecados, reconozcas que Él fue a la cruz y recibió la ira del Padre justamente para que tú no tengas que recibir la ira, sino perdón de pecados, y que tú puedas reconocerle a Él como Salvador, como Señor, entregarle tu vida y puedas llegar al otro lado de la moneda del cual yo quiero hablar ahora para cerrar.
Escucha lo que Dios reveló para los que hemos creído acerca de ese día final, acerca de lo que va a representar ese día cuando yo voy a salir como un ternero de ese corral saltando y brincando, como decíamos de acuerdo a lo que Malaquías describía. Capítulo 1 de Apocalipsis, y luego varios versículos de dos otros capítulos, y con eso cierro.
Capítulo 1, versículo 5: "Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre". ¿Escuchaste esas dos palabras? Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con su sangre. "E hizo de nosotros un reino y sacerdotes para su Dios y Padre, a Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén".
Versículo 7: "He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso".
Avanzamos rápido al capítulo 21 de Apocalipsis, versículo 3: "Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado". Y el que está sentado en el trono dijo: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". Y añadió: "Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas". También me dijo: "Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. Y el vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo".
Capítulo 22: "Y he aquí, yo vengo pronto, mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega", otra vez, "el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad".
Versículo 16: "Yo, Jesús, he enviado mi ángel a fin de daros testimonio de estas cosas para las iglesias". La iglesia necesita recordar mi testimonio, mi promesa. "Yo soy la raíz y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana". Y el Espíritu y la esposa dicen: "Ven". Y el que oye, diga: "Ven". Y el que tiene sed, venga, y el que desea, que tome gratuitamente del agua de la vida.
Versículo 20, el final: "El que testifica de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén. Ven, Señor Jesús".
¡Wow! Ese va a ser un día en que aquellos que tememos a Dios, que le honramos, saltaremos y brincaremos, cantaremos, levantaremos nuestras manos, y nos arrodillaremos, y nos postraremos, y sabrá Dios cuántas otras cosas estaremos haciendo. Pero un día grande ahora de bendición, de recompensa, de celebración como jamás hubieses podido imaginar ver, escuchar. Ciertamente así son las cosas para aquellos que esperamos en Cristo Jesús.
Gracias por participar en este servicio de adoración desde tu hogar en medio de circunstancias que nos impiden congregarnos todos juntos en un mismo lugar. Oremos para que pronto podamos volver a hacerlo, y mientras tanto recordemos que dondequiera que estemos seguimos siendo la satisfacción de Jesucristo. Mantengámonos vigilantes en oración, confiando y esperando en nuestro soberano Dios, quien controla todas las cosas y cuida de su pueblo. Recuerda que aunque nuestras actividades y ministerios permanecen suspendidos, puedes acceder a nuestros sermones, estudios bíblicos, música, artículos de interés y demás recursos audiovisuales a través de nuestros portales web: laibv.org e integridadysabiduria.org.