El apóstol Pablo amaba profundamente a la iglesia de Corinto, pero esa misma iglesia le causó más dolor que ninguna otra. Algunos habían cuestionado sus motivaciones, su carácter y su integridad como ministro, produciendo un distanciamiento que le robó la paz interior. Cuando llegó a Troas para predicar el evangelio, Dios le abrió una puerta extraordinaria, pero Pablo no pudo quedarse: necesitaba encontrar a Tito para saber cómo había reaccionado la iglesia a su carta confrontadora. Siguió hasta Macedonia, atribulado por fuera con conflictos y por dentro con temores, hasta que finalmente Tito llegó con buenas noticias: los corintios habían llorado, se habían arrepentido y habían renovado su afecto por él.
Después de relatar esta lucha, Pablo da un giro para explicar cómo ve su ministerio. Usando la imagen del desfile triunfal romano, se presenta como un prisionero de Cristo siendo llevado en procesión hacia el matadero, pero para gloria del General victorioso. El conocimiento de Cristo que él predica es como una fragancia que se esparce por todas partes. Para quienes creen, ese aroma significa vida; para quienes rechazan el mensaje, huele a muerte y condenación. El mismo evangelio produce efectos eternamente opuestos.
Ante semejante responsabilidad, Pablo pregunta: ¿quién está capacitado para esto? Nadie por sí mismo. La suficiencia viene solo de Dios. Por eso Pablo no comercia con la Palabra como muchos hacen, sino que habla con sinceridad, como enviado de parte de Dios y consciente de estar siempre delante de Él.
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Les invitamos a abrir la palabra de Dios, después de haber adorado a nuestro Dios. La segunda carta a los Corintios, en que rompimos esta serie la semana pasada para reflexionar un poco acerca del niño que nos había sido dado en la persona de Jesús, a partir del versículo de Isaías 9, pero hoy regresamos a nuestra serie.
La segunda carta a los Corintios, capítulo 2, para continuar leyendo donde nos habíamos quedado. Vamos a estar leyendo a partir del versículo 12 hasta el 17. Le voy a pedir que pueda prestar atención, porque es un texto que aunque a primera vista no parece tan complejo, hay un par de imágenes ahí que el apóstol Pablo usa que le dan complejidad al texto a la hora de interpretarlo. De tal forma que, en la medida en que avancemos, no perder de vista el tren de la enseñanza, o sea, hacia dónde vamos, para que pueda entender con claridad lo que realmente el apóstol estaba tratando de comunicar a través de imágenes metafóricas o comparativas que Pablo ama usar en las cartas que escribió.
Algunos, o todos, o la mayoría, no sé, quizá alguien que esté visitando, recordará que hemos estado viendo esta carta que Pablo escribió a una iglesia que fue muy amada por él. Una iglesia que, junto con todo el amor que él le tuvo, le creó a Pablo muchos problemas. Probablemente fue la iglesia que más dolor produjo en el apóstol Pablo. Y la razón básicamente se debió, aparte de su inmadurez y divisiones e inmoralidad sexual con la que él tuvo que lidiar para corregir la iglesia, que sin lugar a duda le produjo dolor, lo que más dolor le produjo sobre todas esas cosas fue justamente que esta iglesia amada fue donde algunos se levantaron y cuestionaron sus motivaciones, sus intenciones, su carácter, su ministerio. Y eso produjo un distanciamiento entre ellos y Pablo, un distanciamiento que preocupó a Pablo, cargó a Pablo, de hecho le hizo perder su paz interior, que vamos a estar leyendo en el día de hoy.
El distanciamiento y esa pérdida de la paz interior de parte de Pablo, esa tensión que surgió, fue producida por los corintios. Sin embargo, quien se carga con esta situación es Pablo. Y para refrescar nuestra memoria yo quisiera mencionar tres o cuatro cosas simplemente que nos ayuden a conectar con el texto de hoy, también que ayude a aquellos que no han estado con nosotros en la serie a poder entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Pablo había hecho un primer viaje a la ciudad de Corinto. Durante ese viaje él plantó una iglesia, y eso ocurrió durante su segundo viaje misionero. Posteriormente Pablo se entera de que la iglesia no había madurado, y en su inmadurez había producido divisiones, divisiones donde unos se decían ser de Pablo, otro de Pedro, otro de Cristo, algunos decían que de ninguno. Y al mismo tiempo, esa inmadurez produjo un cierto libertinaje entre ellos que necesitaba ser corregido. Y nosotros necesitamos familiarizarnos con la primera carta a los Corintios para poder entender esta segunda carta de una mejor manera.
Pablo escribió la primera carta a los Corintios desde Éfeso, donde estuvo un tiempo ministrando. Desde allí Pablo hizo una visita corta a Corinto. Ya mencioné esto en el primer mensaje, una visita muy breve que le fue muy dolorosa, precisamente porque al llegar allí Pablo no encontró el apoyo moral que él pensó encontraría de parte de aquellos que eran sus más cercanos colaboradores. Y por tanto Pablo corta esa visita y regresa a Éfeso.
Desde Éfeso entonces él escribe una carta que hoy no tenemos, una carta que ha sido considerada como severa o confrontadora, donde Pablo aprovecha la oportunidad para hacer un par de cosas. Por un lado, confronta la inmadurez que estaba caracterizando a los corintios. Y por otro lado, confronta a alguien en particular, como vimos en el último mensaje con relación a esta carta, donde esa persona había logrado alborotar, si pudiéramos decir, el ánimo de otros al cuestionar la integridad de Pablo y al pensar que Pablo no era un ministro confiable, que hoy decía una cosa y mañana decía otra.
Pablo pensó regresar a Corinto para confrontar esa situación. Entendió, por amor a ellos, que esa otra visita iba a ser todavía más dolorosa y decide enviar esa carta a la cual yo me acabo de referir, con la intención y la esperanza de que esa carta produjera el arrepentimiento que él quería ver en ellos y luego la sanación de la relación Pablo-Iglesia de Corinto. La carta es enviada y aparentemente Pablo envió posteriormente a Tito a averiguar qué pasó con la carta, a averiguar de qué manera ellos habían reaccionado a la carta, a indagar si la carta había producido el resultado deseado. Porque eso es lo que estaba cargando a Pablo, que esta situación no se resolvía. Y Pablo amaba tanto a esta gente que se sentía abrumado, como vamos a ver en un momento. Y entonces él queda con Tito de juntarse en Troas. Troas era una ciudad, vamos a ver en un momento, importante, y un lugar como de encuentro por el lugar estratégico que ocupaba.
Con esa introducción entonces yo quiero que tú puedas seguirme en la segunda carta a los Corintios, capítulo 2, a partir del versículo 12: "Cuando llegué a Troas para predicar el satisfacer de Cristo y se me abrió una puerta en el Señor." Escucha, se le abrió una puerta en el Señor. Y sin embargo, escucha lo que sigue: "No tuve reposo en mi espíritu por no haber encontrado a Tito, mi hermano, despidiéndome de ellos al ir para Macedonia. Pero gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva en triunfo y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento. Porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para unos olor de muerte para muerte, y para otros olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién está capacitado? Pues no somos como muchos que comercian con la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo."
Gracias por la sinceridad del apóstol Pablo al escribir. Gracias por su compromiso con tu causa. Gracias por preservar esta carta para nosotros. Ilumina nuestro entendimiento, oh Dios, y permite que nosotros podamos ser nutridos en esta mañana por lo que el predicador tenga que exponer, pero cuida su exposición de tal manera que él pueda reflejar la verdad aquí escrita, inspirada por tu Espíritu a través del apóstol que vivió estos eventos dos mil años atrás. Ayúdanos a entenderlos para la gloria de tu nombre, en Cristo Jesús. Amén.
Como mencioné, Pablo amaba a los corintios y sin embargo fue la iglesia más problemática de todo su ministerio. Parecería que esta fue una de las iglesias más amadas por el apóstol, parecería de esa manera. Y por tanto el reporte que Tito le podría traer de Corinto era de suma importancia para poder calmar al apóstol Pablo.
Si hay algo que yo aprecio de Pablo es que cuando tú lees sus cartas con detenimiento, tú casi puedes hacer, sin el casi, tú puedes hacer una biografía de Pablo a partir de las cartas que él escribe a las iglesias. Donde él no solamente revela los problemas de la iglesia y no solamente revela las instrucciones que él da a la iglesia, sino donde tú puedes también sentir el latir del corazón de Pablo, que valga la redundancia, latía de diferente manera en diferentes ocasiones según el caso. A veces tú lees sus palabras y tú puedes sentir su pasión, su ánimo, su gozo, su espíritu de triunfo. Y otras veces tú te detienes a leer a Pablo y tú casi lloras con él.
Yo no sé si ha tenido esa experiencia, pero no le miento si le digo que yo he tenido esa experiencia donde tú puedes pausar, tú puedes detenerte, ponerte en sus sandalias, ponerte en la ocasión, en el momento, y tú casi puedes sentir el dolor de Pablo y llorar con él. Con frecuencia debido a los problemas interrelacionales de las iglesias y del daño que dichos problemas podrían causar, no tanto a él, sino a las ovejas de Cristo y al nombre de Cristo. Pablo parece sufrir en carne propia las inmadureces y las divisiones de las iglesias.
Y tú puedes ver algo de eso en esta carta a los Corintios. Donde todavía no hemos llegado, pero si tú avanzas, a situaciones como decimos en el lenguaje de computadora un fast forward, si tú avanzas a la carta, llegas al capítulo 11, tú lees estas palabras en el versículo 28: "Además de tales cosas externas, estas presiones, estas persecuciones, está sobre mí," escucha la palabra, "la presión cotidiana de la preocupación por todas las iglesias." Hay suficiente problemas afuera, hay suficiente persecución, hay suficiente odio hacia la fe cristiana. Aparte de sus problemas externos, todos los días de una manera cotidiana yo siento una presión. ¿Y qué es lo que te presiona, Pablo? Es la preocupación por todas las iglesias.
Pablo no se preocupó tanto por una iglesia como la de Tesalónica, que fue una iglesia a la que aplaudió tanto que la consideró como modelo para las iglesias de toda Macedonia y Acaya, y aún más allá. Pero sí se preocupó por iglesias como la de Corinto. Se sintió cargado. Esta situación lo agobió. Fue como una carga, una angustia, un peso. Y por eso es que él llega a Troas, está esperando encontrarse con Tito, está esperando un reporte de parte de Tito. Dime Tito, ¿cómo está la iglesia de Corinto? Dime, ¿cómo reaccionó a mi carta? Tito no está ahí. Él dice que no tenía, no tuvo paz.
Esto es como el texto comienza a describir la experiencia de Pablo en Troas. El versículo 12: "Cuando llegué a Troas para predicar el satisfacer de Cristo y se me abrió una puerta en el Señor." Esto es, imagínate esta primera parte: él llega a Troas, en Troas se le abrió una puerta para predicar el Evangelio, de manera que Pablo se siente afirmado. Si había algo que movía a Pablo era el deseo de predicar el Evangelio. Y Pablo no dice que él abrió una puerta, sino que "se me abrió una puerta." Dios, lo estudiamos, estaba guiando a Pablo, un hombre que vivía consumido por predicar a Cristo en todos los lugares donde Pablo había estado, donde podía estar.
Pablo había estado en Troas, Pablo había predicado el evangelio en Troas, y sin embargo Pablo volvió a Troas. Volvió a Troas a predicar el mismo evangelio que había predicado anteriormente. Fue allí en Troas donde Pablo tuvo una visión la primera vez que estuvo allí, de un varón macedónico que lo llamaba a que fuera y le ayudara en aquella región, y esa visión resultó ser extremadamente estratégica porque fue la visión que abrió el evangelio para toda Europa.
Troas, al ser un puerto de mar, era un puerto estratégico. Era de hecho el puerto más importante en Misia, en el noroeste de Asia Menor, lo que es Turquía hoy. Tenía para esa época una buena cantidad de habitantes, treinta, cuarenta mil personas, fundada unos trescientos años antes de Cristo. De manera que como puerto marítimo, en el lugar que estaba, era un lugar estratégico para la evangelización, y fue a partir de ahí justamente que Europa es evangelizada. Dios dirige los pasos de sus evangelistas, y en este caso Dios dirigió a Pablo en esa dirección, y Europa recibe las buenas nuevas justamente porque Dios llevó a Pablo hasta Troas.
Pablo nunca llegó a ningún lugar con interés turístico. No sé si usted se percata de eso, pero en ningún sitio Pablo estaba tratando de ver cuál era el mejor resort del área. Pablo llegó a cada uno de los lugares que llegó con un único interés, y fue un interés evangelístico. Y en este caso Pablo dice: "Se me abrió una puerta". Es obvio quién la abrió. En la dirección de Troas a predicar el evangelio se le abre una puerta, pero está esperando tener un encuentro en Troas que no puede tener con su hermano Tito.
Pablo hace uso de la puerta que Dios le ha abierto, pero no completamente. Hay algo en el texto que nos deja ver que, a pesar de que Dios había orquestado esta oportunidad, Pablo no tuvo paz aun con la puerta abierta, como nosotros dijimos. Pablo fue un hombre dirigido por Dios, fue un hombre que continuamente veía la mano de Dios sobre él y no se movía por asuntos emocionales. Sin embargo, aquí hay algo que está cargando su alma, y que nosotros vamos a poder ver de una mejor manera cuando hagamos de nuevo otro salto hacia adelante en la carta y podamos ver qué pasó cuando él llegó a encontrar a Tito finalmente.
Nosotros somos, según la Palabra de Dios, criaturas suyas hechas en Cristo Jesús para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, y de esa forma entonces Dios abre puertas. Y Pablo entendía bien el concepto de abrir puerta; lo usa más de una vez en sus cartas, de cómo Dios había abierto una puerta grande en Éfeso, de donde él escribió esta carta, y ahora cómo Dios había abierto otra puerta en Troas. Y él llega allí, pero resulta, escucha lo que él dice: a pesar de la puerta que se abrió, a pesar de que Dios está trabajando, a pesar de que él fue a predicar el evangelio, a pesar de eso, dice el versículo 13: "No tuve reposo en mi espíritu".
¿Cómo así, Pablo? Si quieres predicar el evangelio, tú has estado en Troas, tú conoces la región, Dios te ha abierto una puerta, ¿y tú no tienes reposo en tu espíritu? No, no tuve reposo en mi espíritu, porque al no encontrar a Tito mi hermano. Entonces, ¿qué hiciste, Pablo? "Despidiéndome pues de ellos, salí para Macedonia". No encontré a Tito. Si tú y yo quedamos de juntarnos aquí, Tito me iba a traer un reporte de la iglesia de Corinto. Cuando no le encontré, seguí para Macedonia porque quizás estaba en Macedonia.
La gran mayoría de los académicos están de acuerdo en que Pablo no estaba tan preocupado de si a Tito le pasó algo o no, sino que él no tenía el reporte que él estaba esperando encontrar en Troas. Al no encontrar el reporte que él estaba esperando en Troas, a pesar de tener una puerta abierta, Pablo dice: "No tuve reposo y no me quedé con la puerta abierta. No me quedé, me fui, me fui a Macedonia".
¿Cuál era el afán de Pablo de encontrar a Tito? Esto no lo estamos especulando; cuando tú avanzas la carta, él nos deja ver cuál era su afán. ¿Por qué no se quedó Pablo en Troas y continuó hacia Macedonia, a pesar de que la puerta estaba abierta? ¿Por qué no tenía paz? Porque en la iglesia de Corinto, a la que él amaba tanto, había surgido una situación donde algunos habían manchado su reputación, y al manchar su reputación había producido una tensión y un cierto distanciamiento entre la iglesia que él fundó y que él amaba, y el apóstol. Y ese conflicto pastor-oveja, como dice George Guthrie en su comentario, es capaz de secar los huesos de cualquier ministro de la Palabra. Y Pablo estaba sin paz.
¿Y sabemos algo más de eso? Sí, porque lo relata más adelante. Cuando lees Segunda de Corintios, es como que hace una pausa, relata una parte de la carta, y luego regresa a lo que pasó en Troas y sus emociones. En el capítulo 7 de esta misma carta, a partir del versículo 5, esto es lo que Pablo escribe: "Pues aun cuando llegamos a Macedonia" —llega a Troas, no encontró a Tito, sigue para Macedonia— entonces escucha ahora: "Pues aun cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo". Llegó a Macedonia y todavía no está en reposo.
¿Qué te pasa, Pablo? "Sino que nos vimos atribulados por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores". ¿Tú crees que Pablo era un individuo que nunca sufrió temores? ¿Que Pablo era un individuo que lo tenía, como dicen en inglés, "all together", tenía todos los factores, circunstancias, toda la paz, toda la estabilidad posible todo el tiempo? ¡No! Él dice: "Tuvimos atribulación por todos lados: por fuera, conflictos; por dentro, temores. Pero Dios, que consuela a los deprimidos..." ¿Tú crees que estaba como un poco deprimido? "...nos consoló". ¿Cómo, Pablo? "Con la llegada de Tito".
¿Y qué fue? O sea, ¿qué era lo que Tito representaba? ¿Qué tan grande era Tito? Escucha: "Y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo con que él fue consolado en vosotros, corintios, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto y vuestro celo por mí, de manera que me regocijé aún más".
Finalmente. Fue a Troas, tenía que ver a Tito, no encontré a Tito, seguí para Macedonia, llegué a Macedonia, no encuentro a Tito inicialmente. Y entonces Pablo quiere dejarnos saber: "Yo que estaba atribulado por fuera y por dentro —por fuera, conflictos; por dentro, temores— tengo una visitación de Dios, tengo una bendición de parte de Dios, el que consuela a los deprimidos, y Dios nos consoló". ¿Y cómo nos consoló Dios?, dice Pablo. De dos maneras: número uno, con la llegada de Tito, que era mi hermano, compañero de la evangelización; pero Dios también me consoló con el reporte que él trajo de parte de los corintios.
¿Y cuál fue el reporte que Tito trajo de parte de los corintios? Bueno, trajo vuestro gran afecto, vuestro llanto. La carta produjo arrepentimiento. Tito me dijo que ustedes lloraron cuando leyeron la carta, y vuestro celo por mí. Finalmente algo despertó en ellos, de manera que me regocijé aún más.
Imagina lo que debía haber representado para Pablo, que está rodeado de conflictos. La vida de Pablo parece un solo conflicto interminable: conflicto con los judíos, conflicto con los gentiles, conflicto con las autoridades romanas, conflicto con las autoridades judías, conflicto con las iglesias, y en particular con esta iglesia que él amaba, donde el conflicto se ha producido porque algunos han mal juzgado el corazón, intención y motivación de Pablo. Pero ahora, Pablo, que se tomó el riesgo de confrontar a la iglesia vía una carta y vía Tito, Tito regresa y le dice: "Pablo, si tú supieras que la iglesia lloró. Yo te traigo su llanto, yo te traigo su afecto, yo te traigo su celo por ti, Pablo". Y Pablo dice: "Cuando vi a Tito me regocijé, pero me regocijé aún más con el reporte que Tito me había traído".
Ya esa situación Pablo la dejó en el pasado. ¿Te das cuenta cómo, si tú lees las cartas con cuidado, las mismas cartas te van explicando poco a poco cosas que quizás en un principio no están tan claras? Y una vez Pablo como que nos ayuda a entender el conflicto y su cierre, entonces en la carta él le da un giro completamente distinto ahora a lo que él continúa redactando.
Y esta es la parte que quizás comienza a complicarse un poco por la imagen que Pablo usa, y que ha dado mucha agua a beber a muchos académicos tratando de entender a qué se estaba refiriendo Pablo. Pero lo que Pablo hace ahora es que, a pesar de relatar el conflicto con los corintios, a pesar de dejarnos saber acerca de su dolor, de su llanto, de su preocupación, de su carga, Pablo quiere que nosotros entendamos cómo él ve su vida y su ministerio.
Hasta ahí la cosa como que no iba muy bien: hay un problema con los corintios, en Troas no puedo encontrar a Tito, se me abre una puerta grande en Troas pero no la puedo usar completamente, sigo para Macedonia, llego a Macedonia, no encuentro a Tito inicialmente. Y entonces como que Pablo quiere dejarnos saber: "Aparte de todo eso, yo quiero que tú entiendas cómo yo veo mi ministerio".
Versículo catorce. Así que, estoy leyendo la Nueva Traducción Viviente: "Gracias a Dios, que nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Ahora nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume. Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios, pero esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden. Para los que se pierden somos un espantoso olor de muerte y condenación, pero para aquellos que se salvan somos un perfume que da vida. ¿Y quién es la persona adecuada para semejante tarea?"
Lo primero que Pablo hace en esta parte del texto, después que nos cuenta de su lucha con los corintios, es dar gracias a Dios. Eso es algo que está patente en las cartas de Pablo: su espíritu de agradecimiento continuamente. Este es un corazón agradecido, este es un corazón que entiende que no importan las circunstancias en las que él se encuentra, física o emocionalmente.
Él entiende que está allí por el designio del amor divino, y tú tienes que entenderlo con esas mismas palabras: por el designio del amor divino. Y por tanto Pablo está agradecido, no importan las circunstancias en las que él se encuentra, y comienza a decir gracias a Dios. Pablo nos deja ver que les está agradecido porque está siendo llevado por Cristo. Eso es lo que el texto dice: "quien nos ha hecho sus cautivos y siempre nos lleva". Es como si Pablo entendiera que una vez él fue tumbado al suelo camino a Damasco, como que Cristo lo tomó de la mano y Cristo lo llevaba cautivo, dice Pablo en este texto, de la mano, por las circunstancias, por los lugares donde él tuvo que ir a evangelizar y donde él pasó sus vicisitudes y dificultades. El Evangelio avanzó contra viento y marea a través de un Pablo llevado de la mano por el Señor Jesús.
Y él habla entonces de que Dios nos lleva en triunfo en el desfile victorioso de Cristo. Esa es la imagen que los académicos no acaban de entender completamente ni de ponerse de acuerdo. Pablo habla de que Dios nos lleva en el desfile victorioso de Cristo. Es una metáfora, es una imagen de comparación. ¿A qué se está refiriendo Pablo? Parece que Pablo está pensando en el desfile de victoria del general romano.
Cuando un general romano iba a la batalla, si esa batalla llenaba ciertas condiciones o esa victoria llenaba ciertas condiciones, a su regreso él era recibido con honores extraordinarios. Pero para que eso pudiera darse de esa manera y ese desfile pudiera ocurrir, tendría que ser una batalla donde el general hubiese estado presente en el campo de batalla. No podía estar comandando desde lejos. Tenía que ser una batalla donde por lo menos cinco mil personas hubiesen perdido su vida del campo enemigo. Número tres, tenía que ser una batalla donde territorio hubiese sido agregado al imperio romano. Número cuatro, tenía que ser una batalla que hubiese puesto fin a la campaña bélica. Esta es la última batalla, aquí hay una derrota final. Y entonces en esas condiciones el general victorioso era traído a Roma y había todo un desfile, un desfile para honrar a dicho general.
Y ese desfile tenía un orden, de acuerdo a lo que ha sido descrito en los libros de historia de aquella época. En primer lugar iban representantes del Senado. Luego iban entonces aquellos que tocaban trompetas como anunciando la victoria que se había obtenido. Luego venían personas que cargaban objetos que representaban la victoria que se había obtenido del lugar que había sido conquistado. Cuando Jerusalén fue conquistada, objetos del templo fueron sacados y cargados y procesados, por así decirlo, o fueron en procesión también proclamando parte de esa victoria. Luego venían toros de color blanco que iban a ser sacrificados a Júpiter como parte del ritual de victoria. Luego los oficiales, príncipes, generales enemigos que habían sido capturados y que venían encadenados. Luego los músicos, luego los sacerdotes echando incienso, y finalmente el general romano en un pequeño carro de dos ruedas que quizás has visto en películas, tirado por cuatro caballos. Y entonces a ese general se le daba toda la honra.
Muchos académicos, de hecho quizá la mayoría hoy en día, entienden que Pablo tenía probablemente esa imagen. Pero la imagen que Pablo tiene es de Cristo como el general victorioso y él como un prisionero. Pablo mismo se llamó prisionero de Cristo. Pablo como un prisionero que ha sido tumbado al suelo camino a Damasco y donde él está siendo traído como prisionero de Cristo que va camino al matadero, porque aquellos que venían como prisioneros, aunque eran parte de la procesión, terminaban siendo ejecutados al final del desfile, que es exactamente como Pablo termina. Pablo está siendo llevado por Cristo de la mano como prisionero de Cristo, que él mismo se calificó, pero para ir al matadero, para la gloria del Evangelio del mismo Cristo.
Y tú oyes eso y dices: "Pero ¿cómo es posible que ellos pudieran llegar a conclusiones como esta?" Hasta que tú lees a Pablo mismo en la primera carta a los Corintios y el capítulo 4, y tú dices: "¡Eh! Eso como que tiene sentido". Escucha lo que Pablo dice en Primera de Corintios 4, versículo 9, y luego del 11 al 13: "Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros" —nos ha exhibido como un desfile— "los apóstoles en último lugar" —como en la procesión, que los prisioneros venían de los últimos— "como sentenciados a muerte. Porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo" —eso suena como un desfile— "tanto para los ángeles como para los hombres. Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados y no tenemos dónde vivir. Nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando nos difaman, tratamos de reconciliar". Escucha ahora: "Hemos llegado a ser hasta ahora la escoria del mundo, el desecho de todo".
Parece ser, dice Pablo, quien se llamaba a sí mismo prisionero de Cristo, que Dios nos ha puesto como en el último lugar de la procesión y nos ha estado exhibiendo ante los hombres y ante los ángeles, dice Pablo incluso. Hasta tal punto que nosotros, después de haber trabajado, de habernos agotado, de poder vernos y de haber trabajado, cuando nos ultrajaban bendecimos a aquellos que nos ultrajaron, cuando nos persiguieron lo soportamos, cuando nos difamaron tratamos de reconciliar, y hemos llegado a ser la basura del mundo, la escoria del mundo, el desecho de todos. Y tú piensas en esas palabras, pues tiene sentido que probablemente al escribir la segunda carta, porque es a la misma iglesia que le está escribiendo, Pablo está pensando en ese general victorioso: Cristo como el victorioso y él como prisionero de Cristo, siendo exhibido en frente de todos, camino al matadero para honrar a Cristo.
Pero ahora dice Pablo: Dios nos usa para difundir el conocimiento de Cristo por todas partes como un fragante perfume, o un aroma, como dice la Biblia de las Américas y que leímos al principio. El conocimiento de Cristo es el aroma del apóstol. El conocimiento de Cristo, el aroma del apóstol, es lo que Pablo está difundiendo cuando predicaba el Evangelio. Cristo y su mensaje son el aroma de Pablo. Para la vez, cuando Pablo predica ese mensaje, el mensaje predicado es el aroma de aquellos que escuchan la predicación.
Escucha cómo Pablo continúa el texto: "Nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios". El conocimiento de Cristo es la fragancia de Pablo, pero nuestras vidas, dice Pablo, son el aroma que sube hasta Dios. Tú puedes ver entonces de qué manera se da una cosa y luego la otra. Cristo, su mensaje, es mi aroma, dice Pablo, este es el aroma del conocimiento que yo estoy esparciendo. Pero ahora nuestras vidas, en la medida en que yo he vivido ese mensaje, nuestras vidas son la fragancia de Cristo que sube hasta Dios. El predicador predica el mensaje, pero luego, cuando él vive el mensaje, él se convierte en una fragancia que complace a Dios.
De ahí es que Pablo le dice a los romanos en el capítulo 12 que nosotros debiéramos ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo a Dios, y agradable a nuestro Dios. Ahora Pablo dice que nuestras vidas, cuando son ofrecidas de esa manera como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, resulta que suben hasta Dios como una fragancia o como un aroma. Dios se complace en los apóstoles, pero en la medida en que Pablo evangeliza y esparce el conocimiento de Cristo, ese conocimiento es aromático. Pero ese aroma o esa fragancia es percibida de manera distinta por aquellos que reciben el Evangelio y por aquellos que rechazan el Evangelio.
El versículo 15 de la Nueva Traducción Viviente —la Biblia de las Américas dice aroma— dice: "Esta fragancia se percibe de una manera diferente por los que se salvan y los que se pierden. Para los que se pierden somos un espantoso olor de muerte y condenación, pero para aquellos que se salvan somos un perfume que da vida".
Otra vez parece como que Pablo tiene en mente la procesión del general romano victorioso, porque hacia el final van los sacerdotes con los incensarios. Y ese incienso para los que iban delante, cautivos, representaba o recordaba algo, y para los que venían detrás, el general victorioso, representaba otra cosa. Para los que iban delante como derrotados, el incienso les recordaba la muerte hacia la cual estaban caminando. Pero el mismo incienso para el que venía atrás, el general victorioso, era recordatorio de la gran honra por la cual él estaba siendo traído delante de todos. El mismo incienso representaba para los cautivos una cosa y para el general romano otra cosa.
Y Pablo dice: esta fragancia, este aroma del Evangelio que yo predico, que yo esparzo, resulta que es distinto para diferentes personas. Para los que reciben es un aroma de vida, para los que reciben las buenas nuevas. Pero para aquellos que rechazan el Evangelio, las buenas nuevas son motivo de condenación y el mensaje huele a muerte. ¿Imaginas eso? Que el mismo mensaje que para unos huele a vida, para otros huele a muerte.
De hecho, Pedro en su primera carta usa un lenguaje distinto para ayudarnos a entender la misma cosa. En 1 Pedro 2:6-8, Pedro dice lo siguiente: "He aquí, pongo en Sion una piedra escogida, una piedra preciosa angular, y el que crea en Él no será avergonzado. Este precioso valor es pues para vosotros los que creéis". Aquí está Pedro diciendo que Cristo es una piedra angular, es una piedra preciosa, es de gran valor para los que creen. Pero la misma piedra, pero para los que no creen: "La piedra que desecharon los constructores, esa en piedra angular se ha convertido, y piedra de tropiezo y roca de escándalo". La misma idea de Pablo, pero con palabras distintas. Pablo dice: el Evangelio es aromático, tiene una fragancia; para los que creen es un aroma de vida, para los que se pierden tiene olor a muerte.
Pedro dice: "Yo tengo otra imagen, no es de una fragancia, es de una piedra. Cristo es una piedra preciosa, de gran valor, una piedra angular para los que creen; para los que se pierden, es una piedra de tropiezo y una roca de escándalo." Pablo está consciente de que el mensaje que él predica tiene consecuencias cósmicas, afecta la vida del individuo eternamente, para muerte o para vida.
Y esta es la razón por la que está esta pregunta en el texto de hoy. En la Nueva Traducción Viviente: "¿Y quién es la persona adecuada para semejante tarea?" La Biblia de las Américas hace la pregunta: "Y para estas cosas, ¿quién está capacitado?" La misma idea. Nadie. ¿Qué mortal es digno de predicar un Evangelio eterno? ¿Quién? Respuesta: nadie. ¿Quién es digno de predicar un Evangelio escrito con la sangre de la segunda persona de la Trinidad hecho hombre? Nadie. ¿Quién es digno y suficiente para predicar un Evangelio santo, sagrado, a través de labios impuros? Nadie. ¿Quién es digno de predicar un Evangelio de olor de vida que levanta personas muertas en delitos y pecados, que los levanta de su mortal andar espiritual? ¿Quién es digno de predicar un Evangelio tan preciado, tan precioso, tan poderoso como este? Nadie.
Pablo mismo se responde en el próximo capítulo de esta carta. En 3:5 dice: "No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios." ¿Quién es digno? Nadie. ¿Quién es suficiente? ¿Quién está capacitado? Nadie. ¿Qué piensan que yo pienso? ¿Que yo soy capacitado, que yo soy suficiente? Nuestra suficiencia proviene de Dios.
Finalmente Pablo cierra este texto de la Palabra en el versículo 17, un texto tan apropiado para la iglesia de hoy: "Pues no somos como muchos que comercian con la Palabra de Dios." El evangelio de la prosperidad no es nuevo. "No somos como muchos que comercian con la Palabra de Dios, sino que con sinceridad..." Corintios, aquellos que habían hablado mal de Pablo y habían cuestionado su intención. "Con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo." Como de parte de Dios y delante de Dios. ¡Wow! ¡Qué frase!
Pablo comienza diciendo: "Hey corintios, yo no soy como otros predicadores que andan predicando para llenar sus bolsillos." De hecho, yo ni salario he recibido de nadie. No porque yo no tenga el derecho. Pablo mismo reconoce y defiende el derecho que tiene el ministro de la Palabra de vivir de la predicación de la Palabra. Pero dice: "En mi caso, para evitar justamente esto que ha ocurrido, yo no he recibido remuneración de parte de nadie." Y ahora yo estoy dispuesto y listo para decir: "Nosotros no somos como aquellos que comercian con la Palabra de Dios, que se han enriquecido a partir de ella, rascando oídos de aquellos que quieren escuchar."
No. La razón por la que yo no soy de esos es porque yo entiendo, dice Pablo, tan seriamente lo que es predicar el Evangelio. Predicar el Evangelio no es profesar verdades; predicar el Evangelio es hablar de parte de Dios y delante de Dios. Yo he sido comisionado por Dios. A mí se me ha entregado un Evangelio que viene de Dios. Yo tengo una autoridad delegada por parte de Dios, de manera que nosotros hablamos como de parte de Dios.
Yo no soy como otros que comercian una Palabra, que predican sin haber sido llamados, que predican sin tener el don de la predicación o de la enseñanza, que predican sin haber sido comisionados por Dios. Yo no soy de esos. Yo soy de estos otros que hablan de parte de Dios, enviados por Dios, bajo la unción de Dios, bajo la dirección de Dios. Y hablamos entonces como si es de parte de Él; hablamos delante de Él. No es tanto delante de los hombres; nosotros hablamos delante de Dios.
Pablo sabe que Dios es el testigo universal de todos los hombres. Dios es el testigo universal de cada palabra que nosotros pronunciamos. Yo me imagino que Pablo tiene en su memoria las palabras de Cristo cuando dice que daríamos cuenta de toda palabra ociosa que haya salido de nuestros labios. Y Pablo dice: "Nosotros hablamos de parte de Dios y delante de Dios, el juez de todos nosotros." Wow.
Pablo podía hablar a los hombres, pero lo hacía delante de Dios. Pablo podía predicar el Evangelio para la salvación de los hombres, pero lo hacía de parte de Dios. Pablo predicaba un mensaje con consecuencias cósmicas: o te da vida o te da muerte. Pablo entendía que cada vez que él predicaba la Palabra de Dios, si había una audiencia grande, había algunos que estaban recibiendo vida y había otros que estaban siendo condenados a muerte por el mismo mensaje. El mismo mensaje tenía una fragancia de vida para unos y un olor espantoso, dice la Nueva Traducción Viviente, de muerte para otros.
Yo te dije que a veces tú puedes leer a Pablo y sentir el peso de su corazón. Yo no creo que Pablo escribió esto de manera poética. Yo no me lo puedo ni siquiera comenzar a imaginar como una frase poética de yo hablar de que unos reciben y otros rechazan. Yo creo que Pablo escribió esto con dolor en su corazón de saber que cada vez que predicaba la Palabra había gente, había judíos, había gentiles, había de sus propios hermanos judíos que estaban oyendo y siendo condenados en el acto. Porque el rechazo de la Palabra que pudo haberles dado vida, pero que para ellos huele a muerte.
Y a la vez su corazón podía regocijarse cuando esa Palabra produjo vida en otros, y él entonces ver las vidas transformadas y decir: "Esto es como aromático para mí." Y ese es el resultado del aroma del Evangelio, el aroma de la Palabra de Dios que yo he experimentado. Y cuando yo vivo el Evangelio, mi vida, nuestras vidas, lo dice en plural, son el aroma de Cristo que asciende hasta los cielos.
Imaginas que tu vida viviendo el Evangelio es definida por Dios como una fragancia que asciende hasta su presencia, cayendo con complacencia a su nombre. ¿Dónde tú estás? El Evangelio que has escuchado, de alguna forma que el Espíritu de Dios ha iluminado en tu mente y en tu corazón, oye, ¿a qué te ha olido esta mañana? ¿A vida o a muerte? El Evangelio que hemos recibido, que hemos abrazado, ¿lo estamos viviendo? Y si lo estamos viviendo, tú tienes la garantía de que tu vida es un aroma grato a tu Dios. Y si no, hay algo discordante entre la fragancia de las buenas nuevas que conoces y que te dieron vida y tu vida misma.