Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo es suficiente (parte 1)

Héctor Salcedo 14 diciembre, 2014

El contentamiento no es una alegría superficial ni una indiferencia estoica ante la vida, sino un estado del corazón donde uno se siente suplido y satisfecho independientemente de las circunstancias. Pablo escribe sobre esto desde la cárcel en Roma, encadenado a un soldado, recibiendo apenas lo mínimo para sobrevivir y esperando un encuentro con el César que podría significar su ejecución. En esas condiciones declara: "He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación". Si él pudo escribir eso en tales circunstancias, entonces Dios ya ha provisto todo lo necesario para nuestro gozo presente.

La palabra griega que Pablo usa para contentamiento implica no depender emocionalmente de lo externo, sentirse autosuficiente. Pero a diferencia de los estoicos, que hacían de su corazón un desierto y lo llamaban paz, el contentamiento cristiano no es indiferencia sino preferencia por Cristo. El corazón contento no es el que no desea nada, sino el que desea a Cristo. Pablo revela el secreto: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". No es una declaración de positivismo ni automutilación; es reconocer que Cristo capacita al creyente para enfrentar cualquier situación.

La primera lección que emerge es la confianza plena en la providencia de Dios. Cuando los filipenses finalmente envían ayuda después de diez años, Pablo no los recrimina sino que se alegra, reconociendo que antes les faltaba la oportunidad. Un corazón descontento es un corazón desconfiado. El contentamiento es fe en acción, creer que Dios orquesta todas las cosas para bien.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Como ustedes recordarán, hace un par de semanas yo estuve predicando, hablando acerca del Salmo 100. Y más que del Salmo 100, hablamos de lo que el Salmo 100 comunica. El salmista hacía dos llamados: un llamado a la alabanza gozosa y un llamado a la gratitud en la vida de aquellos que somos hijos de Dios, que somos ovejas de su prado. Eso es lo más natural, que aquellos que hemos sido recipientes de la gracia de Dios, en la cantidad y de la forma que hemos sido, pues tengamos esta actitud de gratitud y de alabanza a nuestro Señor por lo que él ha hecho en nosotros.

En realidad, esa no es lo que cada uno de nosotros vive. No todos vivimos en un estado de gratitud permanente o de alabanza gozosa constante. Somos humanos, somos seres caídos, somos imperfectos, y entonces en nuestros vaivenes no siempre tenemos esa condición, no siempre tenemos esa actitud. ¿Qué tiene que darse en el corazón para que una actitud como esa sea, si no permanente, muy frecuente en nuestros corazones? ¿Qué es lo que tiene que pasar, qué tiene que estar presente en nuestros corazones para que podamos vivir vidas de alabanza gozosa y de gratitud a nuestro Señor?

Y yo quiero sugerir que el contentamiento, ese estado del corazón que produce vidas agradecidas y una alabanza constante a nuestro Dios, es el estado de contentamiento en nuestros corazones. Y de ese tema es que yo quiero hablar en el día de hoy. Creo que es una fecha apropiada también, porque es una fecha donde muchos de nosotros nos vemos presionados incluso por la generación en la que vivimos a hacer de la Navidad un tiempo más que de comunión y cercanía con la razón de la Navidad, que es Jesús, un tiempo de compras y de consumo y de descontento hasta cierto punto. Porque no todos se llevan en la vida lo que estaban esperando, sobre todo muchos niños que piden cosas que no les dan, y hay descontento y falta de gozo y tristeza en lugar de haber alegría y entusiasmo.

Pero yo quisiera que fuéramos a Filipenses 4 y leyéramos ahí una porción de esta carta que Pablo le escribe a los filipenses. Es una porción sumamente conocida por la mayoría de nosotros, si no por todos. Y Pablo da un testimonio de cuál es el estado de su corazón. Yo quisiera que entonces de ese texto nosotros extraigamos algunas lecciones para nuestra vida. Filipenses 4, versículos 10 al 13, dice así:

"Me alegré grandemente en el Señor de que al fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmigo. En verdad antes os preocupabais, pero os faltaba la oportunidad. No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

Oremos. Señor, te queremos pedir que tú puedas iluminar este texto delante de nosotros, de tal manera, Señor, que sea alimento para mi alma, alimento para nuestra alma, y que podamos, Señor, abrazar las lecciones que tú tienes para nosotros en este hermoso pasaje. En tu nombre, Jesús. Amén y amén.

Como les dije, este es un pasaje muy conocido, y es evidente que el tema del pasaje, del texto, es contentamiento. Pablo dice en dos ocasiones: "He aprendido a contentarme, he aprendido a estar contento cualquiera que sea mi situación." Y antes de yo extraer las lecciones que Pablo nos da aquí, digamos el testimonio que él nos da, yo quisiera hacer algunas observaciones del pasaje, algunas enseñanzas que están a la vista, que están implícitas aquí, y que van a servir también para nosotros entender mejor lo que Pablo nos está comunicando.

En primer lugar, este texto está al final de la carta a los filipenses. Es ya el cierre de la carta de Pablo, es una nota de gratitud. Los filipenses le habían enviado a Pablo una dádiva, le habían enviado un regalo donde él estaba. En esta ocasión estaba preso en Roma, y le mandan un regalo con Epafrodito. Él entonces recibe este regalo y les indica, fíjense que dice en el primer versículo que leímos, el versículo 10, que se alegra grandemente en el Señor de que al fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmigo. Eso tiene que ver con el regalo que recibe de parte de los filipenses. Es una nota de gratitud, y al exponer esta nota de gratitud, al escribir esta nota de gratitud al final de su carta, Pablo nos deja ver cuál es su visión acerca de este tema del contentamiento. O sea que toda nuestra lección del contentamiento es más como algo que Pablo está testificando, no algo que Pablo está enseñando. Él nos está mostrando su corazón y nos está diciendo cómo él lidió con la tentación al descontento en su vida.

Por lo menos antes de entrar a las lecciones, ¿qué es el contentamiento a partir de la palabra usada en este texto para hablar de él? La palabra que Pablo utiliza es autarquía, es una palabra griega, es una palabra muy usada en esa época sobre todo por un grupo de individuos emísticos llamados estoicos, de donde viene el estoicismo. No sé si ustedes conocen la expresión estoicismo, que es una persona que no se inmuta por nada, que no se altera por nada, que nada le da nada, una persona fría, casi flemática. Los estoicos utilizaban mucho esta expresión para referirse a ese estado donde las cosas no me inmutan. Esa es la palabra que Pablo utiliza ahí. Implica no depender, estar por encima de las circunstancias. Su énfasis no es en el contentamiento, perdón, no es en la risa, es en la independencia emocional de las cosas. A eso es que se refiere la palabra: es no quedar ligado emocionalmente a los problemas y las circunstancias, es ser autosuficiente, no necesitar ayuda. Yo estoy bien, yo estoy suplido, sentirse satisfecho, tener suficiente. Ese es el estado al que Pablo se refiere aquí. O sea que no es una alegría per se, aunque el contentamiento pudiera incluir alegría, sino que es un estado del corazón en el que yo me siento que tengo lo que necesito. Pablo se siente así.

Y si nosotros comparamos ese estado, ya hasta ahí nosotros vemos que este estado del alma de Pablo es sumamente confrontador para el estado de nuestra alma muchas veces. Vivimos en una generación particularmente descontenta, que tiene mucho pero disfruta poco de lo que tiene. Vemos muy comúnmente como la gente, de hecho el que más tiene tiende a estar más descontento que el que menos tiene. En una ocasión se cuenta de un rey que estaba... y no pude detectar si la historia es una historia real o es una historia ficticia, pero ilustra el punto. Se cuenta de un rey que se enferma y uno de sus místicos o magos o curanderos le dice que busque en la ciudad, en el pueblo, una persona contenta, y que a esa persona contenta y satisfecha le tome la camisa y la use él. Y sucede que hicieron una búsqueda intensa de todo el mundo en el pueblo para encontrar una persona contenta, y sucede que no tenía camisa. Asociando que el contentamiento muchas veces no está ligado al tener, sino que muchas veces vemos absolutamente lo contrario en la vida.

Bill Gothard decía: experimentamos el contentamiento cuando nos percatamos que Dios ya ha provisto todo lo que necesitamos para nuestro gozo presente. Hoy, ahora, en tu vida, no importa cuáles sean tus circunstancias y mis circunstancias, la Palabra nos indica que Dios ya ha provisto todo lo suficiente para tu gozo presente, para tu contentamiento.

Como les decía, para los griegos esta es una palabra que significaba sentirse no necesitado, que no necesitaba de nada. Para ellos era llegar a un punto de la total indiferencia, que no le importaba nada y no se interesaban en nada, al punto que cualquier cosa que ellos perdieran ni les afligía ni les importaba ni les entristecía. Alguien decía, hablando de los estoicos, que los estoicos para sentirse contentos hicieron de su corazón un desierto y lo llamaron su paz. O sea, hicieron del corazón algo que no sentía, y entonces ellos decían que estaban en paz. En buen dominicano era el punto de "ni fú ni fa". ¿Ustedes saben cuál es ese punto? Es un punto de "ni fú ni fa". Es el estado de los estoicos.

Y sucede como la persona que en una ocasión, una persona feliz, una persona que se alegaba, que disfrutaba mucho de la vida, vinieron y le hicieron una entrevista y le decía un señor: "¿Cuál es el secreto para la felicidad? ¿Cuál es el secreto en su vida para usted estar como está, así feliz, contento siempre?" Y entonces la persona respondió: "Mi técnica, mi secreto es no discutir. No discutir con nadie, no discutir por nada, no reclamar nada. Ese es mi secreto." Y el entrevistador le decía: "Pero es que no puede ser que sea tan sencillo." Y entonces el entrevistado le dijo: "No, está bien, como tú quieras." Ese era su secreto de no discutir, no discutir, no alegar nada.

Hermanos, ese no es el estado que Pablo habla aquí. Pablo no habla de un estado de indiferencia emocional. Pablo no habla de un estado de "ni fú ni fa", de que no me importan las cosas. Pablo no habla de indiferencia; Pablo habla de una preferencia por Cristo. El corazón cristiano contento no es el que no desea nada, sino que lo que desea es Cristo. Y ahí entonces está el secreto que Pablo alega que él encontró.

Fijémonos también, hermanos, que en este pasaje, en la medida que lo leemos, el Espíritu tuvo el cuidado de inspirar a Pablo en uno de los peores momentos de su vida a escribir este texto. No es casual, hermanos, que Pablo escribiese del contentamiento estando donde está y cómo está. Cuando Pablo escribía esto, nosotros sabemos que está preso en Roma. No sabemos qué tiempo tenía preso, pero sí sabemos en qué condiciones estaba. Pablo estaba confinado a un pequeño espacio, estaba encadenado a un soldado romano todo el tiempo, 24 horas. Venía un soldado en un turno, lo encadenaban, luego cambiaban de turno, cambiaba el soldado y Pablo seguía encadenado a un soldado romano. Estaba limitado en la gente que podía ver y obviamente estaba limitado en las cosas que podía disfrutar en cuanto a su...

Necesidad, se recibía lo mínimo, lo básico para que no se muriera. Y por encima de todo eso, él estaba a la espera de una reunión con el César. Él apeló como ciudadano romano a ver al César para discutir su caso, y él sabía que ese encuentro con el César pudiera significar su ejecución. O sea, que Pablo estaba en unas condiciones precarias esperando lo peor, humanamente hablando.

En ese contexto, hermanos, él escribe: "Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de tener necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." En esas condiciones. Pensemos ahora en nosotros: ¿cuáles son nuestras condiciones que impedirían que yo escribiese algo como eso? Lo que me impide escribir algo como eso, hermanos, no son mis circunstancias, es el estado de mi corazón. Porque si este hombre pudo escribir eso en esas condiciones, como ya les dije, Dios ha provisto ya todo lo necesario para nuestro gozo presente.

El contentamiento entonces es un estado del corazón que nos habilita, nos capacita para enfrentar la vida, incluso con gratitud. A mí me sorprende que Pablo comienza su pasaje diciendo: "Me alegré grandemente en el Señor, me alegré grandemente en el Señor, de que al fin ha revivido vuestro cuidado para conmigo." Este hombre tiene todavía ganas de alegrarse, tiene fuerzas para alegrarse, viviendo las peores circunstancias.

Otra cosa entonces que podemos decir del contentamiento, y todavía no hemos entrado a las lecciones que Pablo nos enseña, solamente estamos haciendo observaciones para que podamos entender cabalmente lo que aquí está ocurriendo y de qué se trata el contentamiento. Sabemos también por la Palabra que esta condición es una virtud y es un mandato.

Fíjense que en Primera de Timoteo 6, Pablo escribiéndole a Timoteo le dice en su versículo 6, Primera de Timoteo 6:6, dice: "Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento, porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos."

Es una virtud del corazón, es una cualidad. Ustedes saben que ustedes pueden dividir las condiciones de una persona en cualidades o defectos. Este es una cualidad, es un brillo del alma, es algo que destella bondad: el contentamiento. El estado del corazón, el que yo puedo estar contento con poquito, porque Pablo había entendido que él no necesita tanto, sino a Cristo, para estar contento en su vida. ¿Qué tanto requiero yo en mi propia vida? ¿Qué tanto requiero yo para sentirme contento? No alegre, sino en ese estado donde yo estoy bien, me siento bien, estoy suplido. ¿Qué necesito yo?

Es una virtud, pero también es un mandato. Hebreos 13:5 dice: "Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis." Y me gusta lo que agrega ahora: "Porque él mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé." La fuente de mi contentamiento, la razón de mi contentamiento es que tengo al Señor. No importa lo que tengamos; si tienes al Señor, tienes la mayor riqueza, el mayor tesoro que un ser humano puede tener. Entonces aprendemos también de la Palabra que el contentamiento es una virtud y es un mandato.

Algo también que vemos en este pasaje es que es algo que se aprende, que se desarrolla. No es algo que explota en mi corazón en un momento dado. No es algo que desciende del cielo; es algo que se aprende y se desarrolla. En un sentido desciende del cielo, porque el Espíritu me habilita para estar contento, pero es algo que se construye en mi alma.

Pablo en dos ocasiones, en el versículo 11, en la segunda parte, dice: "Pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación." Pero en verdad es algo que se aprende, es algo que se desarrolla en la vida. Y una vez más en el versículo 12, al final, en la segunda parte, dice: "En todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre." Dos ocasiones habla del aprendizaje, de la instrucción, de cómo él ha desarrollado esta cualidad en su propia vida.

Spurgeon, refiriéndose a esta condición, a este aspecto del contentamiento, de que es algo que se aprende, decía que el contentamiento no es un poder para ser ejercitado de manera natural, sino una ciencia para ser adquirida gradualmente. Si es algo que yo aprendo, es algo que yo tengo que intencionalmente proponerme aprenderlo. Correcto. Si es un milagro que ocurre en mi corazón, yo no tengo nada que hacer. Pero si es algo que yo aprendo, es algo que yo tengo que tener intencionalidad de aprenderlo.

Y yo creo que hay muchas maneras de hacer eso, y no me voy a limitar a tratar de enumerar todas las maneras de aprender el contentamiento. Pero algunas solamente, algunas cosas que podemos mencionar. Cuando estoy en momentos de aflicción o necesidad, ¿cuántas veces yo me detengo a valorar lo que tengo y dejar de entristecerme por lo que no tengo? En momentos de aflicción y de necesidad son buenos momentos para reflexionar en lo que tengo y dejar de pensar en lo que no tengo o lo que carezco.

Otra forma de aprenderlo es cuando en mí hay un deseo de adquirir algo, por ejemplo, no hacerlo inmediatamente, pensarlo, meditarlo, no a las compras compulsivas. Tratando de esperar en el tiempo y viendo si yo me siento contento aún sin tener eso que yo quiero desesperadamente tener. Yo diría, yo les confieso, que ese es uno de los aspectos que yo mismo he trabajado en los últimos años en mi vida.

Vivimos en una sociedad de consumo que quiere tener todo hoy, todo lo nuevo, todo lo último, todo lo reciente. Y cuando aparecen las cosas que queremos, inmediatamente adquirirlas. Yo he tratado de esperar, de esperar. Me lleva un deseo de tener algo, de comprar algo, aunque pueda, espero. Le digo al corazón: "Tú tienes razón de estar contento ya. No tengo que tener eso nuevo, no tengo que tener una nueva relación para yo estar contento ya con lo que tengo." Y espero, y disciplino mi corazón, y doblego mi carne para que el Señor entonces pueda mostrar que yo tengo suficiente.

Entre otras formas, hermanos, es algo que se aprende, es algo que se desarrolla, es algo que me tengo que proponer entonces incorporar a mi vida. El contentamiento no es un estado natural, es un estado espiritual de mi alma. Y si yo espero entonces que surja, nunca surgirá; tengo que desarrollarlo.

Y aquí Pablo habla de que él descubrió el secreto de estar saciado. Es interesante que usa esa palabra, porque es un secreto a voces. Es un secreto que le llama secreto, simplemente no porque está escondido, sino porque pocos se enteran por dónde hay que buscarlo. Él dice "el secreto"; parece que el contentamiento está como esquivo ante nosotros, pero no lo es. Dice "el secreto". Él dice incluso que aprendió de ese secreto, y la palabra que utiliza es una palabra que utilizaban los místicos cuando iban a ser iniciados en cuestiones místicas, esos rituales para ser iniciado en algo místico. No es que Pablo está diciendo eso; estoy diciendo que él está usando una palabra que utilizaban los místicos, de que él ha sido iniciado en el secreto del contentamiento, de cómo vivir una vida independiente de lo que le está ocurriendo y estar suplido y sentirse bien. De ese secreto es que Pablo nos habla.

Fíjense algo interesante también. En este pasaje Pablo habla de que sé vivir en pobreza, sé vivir en riquezas, habla de abundancia, habla de escasez. Parecería que el contentamiento solamente es algo que bueno, hay que predicarle al que tiene poco, o al que carece, o al que está en escasez. Pero Pablo habla que él sabe también vivir en contentamiento aun estando saciado. Pero, ¿no es como que no se supone, Pablo, que el que está saciado está contento? No, fíjate, no es así. Para yo estar contento en la abundancia también tengo que aprender contentamiento.

Leyendo de este texto, yo a MacArthur le escuché decir que él tiene una teoría personal, no lo puede apoyar en la Palabra, pero él tiene una teoría personal de que el que más tiene, menos contento está. Y ahí le puse la ilustración del rey que busca la camisa. Y dice que el más contento no tenía camisa. Es curioso también ver cómo la abundancia de juguetes aburre al niño. Nosotros, ustedes se han percatado, mientras más juguetes tiene un niño, más aburrido dice él que está. Y cuando lo que tienen es una latica y una ruedita, él está ahí entretenido con su latica, con su juguetito.

No digo que todo el que tiene poco está contento tampoco. No, Pablo dice hay que aprender a estar contento en lo poco. Pero también dice hay que aprender a estar contento en lo mucho. Es un desafío del corazón. Es un desafío de la vida espiritual. Este estado de contentamiento es un desafío serio a nuestra espiritualidad. Y como les decía hace un momentito, no es indiferencia tampoco. No es que nada me da nada, no es que yo no deseo nada. Es más que indiferencia: preferencia por Cristo. Ahí está el contentamiento.

En este estado entonces, en el que venimos describiendo, es en el que Pablo se encuentra. No es algo que le enseñaron, él testifica de ello. Él está contando lo que está pasando en su alma. Estoy contento. Él ha aprendido el secreto. Él está dando un testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida, de cómo Dios ha construido esa virtud diligentemente en su corazón. Y ahí entonces nosotros aprendemos de él.

Entonces, hasta aquí hermanos, ya sabemos lo que es el contentamiento. Es un estado del corazón que no depende de lo externo para sentirse pleno. Es un estado del corazón donde el corazón se siente bien y suplido, sea en escasez o sea en abundancia. En el caso del cristiano no es una indiferencia, es una Cristo-suficiencia. Eso también lo vemos en el pasaje. También aprendimos que es una virtud como un mandato, y es algo que se desarrolla. No es algo que surge, es algo que se desarrolla.

Entonces, ¿cuál es el secreto? Lo he dicho de diferente manera. ¿Cuál es el secreto? Cuéntanos, Pablo. Dinos, dinos, dinos. Cuéntanos.

Porque uno como que se queda esperando, y como les decía, es un secreto a voces. Pero es el versículo 13: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." He aprendido el secreto. Versículo 13. Leamos desde el 12 una vez más: "Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad. En todo y por todo, he aprendido el secreto: tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad." Fíjense que el secreto se ve bien. El secreto de tener abundancia como de sufrir necesidad. Punto. "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Es el secreto, es la manera. Yo no voy a hablar de eso esta semana, voy a hablar de eso la semana que viene, pero quiero introducir algunas cosas.

Fíjense que "todo lo puedo," ¿verdad? Lo cortamos ahí. "Todo lo puedo," dijo Pablo. "Todo lo puedo en Cristo." Esto no es una declaración de positivismo. Esto no es una declaración de automotivación, de que todo lo podemos, de que todo lo que nos propongamos... Ustedes han oído el refrán absurdo de que todo lo que tú te propongas lo puedes lograr. ¿Qué es eso? Es una automotivación, es como para decirnos a nosotros, aunque sea mentiras, pero para que me anime. "Todo lo puedo en Cristo." Pero lo contrario también es cierto. Juan 15 dice: "Apartados de mí, nada podéis hacer."

Entonces, la capacidad de yo contentarme, cualquiera que sea mi situación, no es un estado programado del alma. Es un resultado de mi comunión con Cristo. Es un resultado de mi comunión y mi cercanía y mi valoración del Señor, ¿sí o no? Es el secreto. No es que "todo lo puedo si tú te lo propones." Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Él me fortalece.

Oigan lo que estas traducciones, diferentes a esta, indican de esta redacción. En el original, curiosamente, no aparece la palabra "Cristo." Lo que dice el original, en griego, es: "Todo lo puedo por medio de aquel que me fortalece." Y obviamente es Cristo. La palabra "que me fortalece" es dynamis. Es más compleja, pero más básicamente es como un dínamo, es algo que me da poder, que me nutre de poder para yo hacer lo que tengo que hacer. Lo que está diciendo es que aquel, Cristo, me da el poder para hacerlo todo. Todo lo que acabo de describir: de vivir en pobreza, de vivir en prosperidad. Eso, Él me da el poder. "Soy capaz de enfrentarlo todo por medio de aquel que me hace capaz." Es una traducción distinta: "Soy capaz de enfrentarlo todo por medio de aquel que me hace capaz."

Entonces, ya yo les dije, yo no voy a hablar de eso, pero solamente les dejo la siguiente inquietud: si tu estado actual, el estado de tu alma, tú no te sientes en contentamiento, suplido, satisfecho en tu vida, no busques más cosas, busca al Señor. Eso es lo que necesitas, eso es lo que yo necesito. En otras palabras, este estado de contentamiento que experimentaba Pablo era algo que Cristo le habilitaba para experimentar. Es aquel que me da poder para hacer lo que debo hacer. Entonces, hermano, ¿sabes el secreto? Es que Cristo capacita al creyente a estar contento. Mi prescripción no es "conténtense, contentémonos." No. Acerquémonos a Cristo.

Este pasaje, yo les decía, compartía hace un par de días con alguien en la oficina, casi todos los mensajes que uno ve de este pasaje tienen que ver con contentamiento. Pero viéndolo bien, es un pasaje que me dice, me habla más que del contentamiento, me habla de la suficiencia de Cristo. Es que Cristo es suficiente para mí en cualquiera que sea mi situación.

Entonces, con esas observaciones, ahora vamos a empezar. Esa fue la introducción. Vamos a empezar a ver las lecciones que Pablo testifica. Yo voy a ver una; son tres. Voy a ver una hoy y dos la semana que viene, para concluir con todas las implicaciones de "todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Por aquí nosotros vemos no solamente el secreto, vemos tres lecciones.

Lección uno, y está evidente en el versículo 10, es que Cristo habilita al creyente a confiar plenamente en la providencia de Dios. Esa es la primera lección que Pablo aprendió: Cristo habilita al creyente para poder confiar plenamente en la providencia de Dios. La segunda lección, que está en el versículo 11, la primera parte: no que hable porque tenga escasez. ¿Pero qué? Él se la estaba viviendo en lo mínimo, el menor nivel posible. Está preso, sin casi nada, y dice: "No, yo no tengo escasez. No me falta nada." Cristo habilita al creyente para estar satisfecho con poco. Segunda lección. Y tercera lección: Cristo habilita al creyente a saber vivir, no importando sus circunstancias, mucho o poco. Esas son las tres lecciones que vemos ahí.

Y el secreto para esas tres cosas —para confiar en la providencia de Dios, para vivir con poco, y para vivir independiente de mi circunstancia— el secreto es estar en Cristo. Cristo me da el poder.

Entonces, ¿qué nos dice esta primera lección a nosotros? Cristo me habilita para confiar totalmente, absolutamente, en la providencia de Dios. Miren lo que dice el versículo 10: "Me alegré grandemente en el Señor de que al fin habéis reavivado vuestro cuidado para conmigo. En verdad, antes os preocupabais, pero os faltaba la oportunidad." Antes se preocupaban por mí, pero les faltaba la oportunidad para hacerlo.

Hermanos, nosotros sabemos ya, ya yo mencioné en qué condiciones estaba Pablo aquí. Pero un dato que no mencioné es que la iglesia de Filipos fue una iglesia que ayudó a Pablo en más de una ocasión. Y en esta ocasión, donde ellos lo están ayudando, habían pasado alrededor de diez años desde su última ayuda. ¡Diez años! Era como que habían olvidado, digamos, el caso de Pablo. Lo habían cerrado: "Ya Pablo está por su cuenta, nosotros estamos por nuestra cuenta."

Filipos es una iglesia que Pablo fundó. Recuerden en el libro de los Hechos que Pablo llega a Filipos, lo apresan, y hay un terremoto en la cárcel. Ahí se le acerca el carcelero. El carcelero se iba a suicidar, y Pablo le dice: "No te mates, que estamos todos aquí." Y se acerca, y el carcelero le pregunta: "¿Qué necesito hacer para ser salvo?" Y Pablo le dice: "Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu casa." Ese es el carcelero de Filipos. De ahí, Pablo se movió a la casa del carcelero, toda su casa fue salva, y esa fue la semilla inicial de la iglesia de los filipenses: el carcelero.

Digan a mí, ¿qué le decimos nosotros? "No, ¿cómo está la cosa? Pablo está preso. ¿Qué bueno podemos ver?" Yo estoy preso, y ahí Pablo convierte al primer individuo de la ciudad, y entonces comienza la iglesia de Filipos, o la iglesia de los filipenses, que es una iglesia que ha sido grandemente usada por el Señor para muchos de nosotros.

Entonces, fíjense que aquí él les dice: "Qué bueno que han reavivado vuestro cuidado para conmigo." Hace diez años que no sé de ustedes. Ha florecido su amor, eso es lo que dice en el original: nuevamente su amor ha florecido. Y Pablo está alegre. Pablo no está resentido, Pablo no se siente mal, no se siente olvidado. No se siente como aquellos de nosotros que a veces vemos amigos que sentimos que están en falta con nosotros, les hicimos un favor, y les ponemos culpa arriba como para que se sientan mal. Tú lo llamas a uno, tú no buscas a uno. ¿No se sienten así a veces? ¿No han dicho eso, o no les han dicho eso? A mí me molesta mucho, me irrita que me pongan culpa. Sí. Pero Pablo no les dice nada de eso. Pablo no los recrimina. Pablo está contento con que Dios haga o no haga en su vida. "Yo sé que ustedes se preocupaban por mí."

Esto es una excelente aplicación, hermanos, de un pasaje que está antes de este. Antes de este leímos en el 4:10. El 4:8-9 es: "Hermanos, pensar en todo lo bueno, todo lo puro, todo lo santo, todo lo que es digno, todo lo que es virtuoso, todo lo que es digno de buen nombre, en eso pensad." Él está pensando lo mejor con estas gentes: "Ustedes querían, ustedes tenían amor por mí, ustedes querían cuidarme, pero no había, no había habido oportunidad."

Pablo está abandonado a la providencia soberana de Dios. Si Dios no lo permitió, es porque Él no lo quiso. Yo estoy contento con eso.

Yo sé que he estado mencionando un concepto de providencia que quizás algunos no saben lo que es. La providencia de Dios. Yo quisiera hablar brevemente de eso. Es un concepto mucho más conocido en siglos anteriores, pero hoy en día es menos conocido. Providencia es una palabra combinada que viene de "pro" —pro es que está anticipado— y "videncia" es ver. Es que Dios ve anticipadamente las cosas. Es el significado etimológico de la palabra. Pero el concepto teológico de providencia no es solamente que Dios ve, es que Dios orquesta. Y no solamente que Dios orquesta, es que Dios orquesta con propósito siempre.

Entonces, providencia de Dios es que Dios ve y sabe lo que ocurre anticipadamente, Él orquesta las cosas, y las orquesta con un buen propósito en mente. Es el concepto de providencia. Es un término poco usado en el día de hoy. La gente en el pasado tenía un entendimiento muy claro de esta idea de providencia. Se han descubierto muchas cartas de soldados, desde la Guerra Civil Americana a la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, y los soldados escribían mucho: "Si la providencia así lo desea, mañana viviré." O sea, si la voluntad de Dios así lo permite, si la orquestación de Dios así lo permite, viviré.

Dios puede actuar en el mundo, hermanos, de dos maneras distintas. Dios puede actuar de manera providencial o Dios puede actuar de manera milagrosa. Ambas son milagros, pero miren la diferencia. Imagínense que aquí ahora mismo está enferma una persona, ¿ok? Alguien está enfermo. Pasa adelante, oramos por él, y Dios lo sana completamente. ¿Ok? Eso es un milagro extraordinario, visible, ¿verdad? Dios tiene otra manera de sanar a esa persona también.

Dios le provee el médico que va a dar con su problema y que va a dar con la necesidad que tiene, y lo va a sanar en un proceso de un año. Y Dios va a permitir y va a orquestar las circunstancias para que ese individuo sea sano, usando medios secundarios, usando el médico, usando la medicina, usando los medios que tiene secundariamente aquí para hacer las cosas.

Dios puede, en un momento dado, cuando dos carros van a chocar, meter un ángel en el medio y que no pasa nada, ¿verdad? O Dios puede ponerle el semáforo en rojo, 400 metros antes, para que no choque, porque Él prevé, Él es providente y Él evita el accidente. Dios está actuando constantemente, hermanos, alrededor de nosotros, providencialmente. Él está orquestando, Él sabe lo que viene, Él sabe lo que va, Él está moviéndose en nuestras vidas.

¿Cuál de las dos maneras es más milagrosa? Decimos nosotros: "Ah no, cuando se sana de una vez o cuando se mete en el medio el ángel". No, yo creo que la providencia refleja más el carácter extraordinario de Dios, en el sentido de que se requiere la coordinación de miles de sucesos para que suceda su voluntad. Pero esa es la forma, digamos, por excelencia en la que Dios trabaja en el mundo. Dios está constantemente orquestando providencialmente sus propósitos. En otras palabras, hermanos, la providencia es Dios actuando. Dios actuando. Es la forma por excelencia en la que Dios lo hace.

Hoy en día, mucha gente duda de que esto sea así. Mucha gente duda de que esto sea así. Que Dios hace, que Dios ve, que Dios orquesta. Eso como que no tiene mucho sentido para mucha gente. Y hay un escepticismo rampante en nuestros días, un escepticismo. No solamente sobre la existencia de Dios, pero sobre el cuidado de Dios. Hay algunos que no creen ni siquiera que Dios existe. Hay otros que creen que Él existe, pero que Él no está muy interesado en nuestros asuntos. Es un escepticismo distinto, pero es escepticismo.

Y pasa como le ocurrió a este individuo. Esto es una historia que cita John Montgomery Boice, y honestamente, como me pasó con la primera, no sé si es una historia real o no, pero ilustra mi punto. Es un alpinista que está escalando una montaña ahí. No sé cuántos cientos de metros ya iba, pues se desliza, se cae, se desliza por la ladera de la montaña. Y al caer a un precipicio, hacia abajo, se agarra de una ramita. Y queda colgando. Queda colgando ahí sostenido con todas sus fuerzas de esa ramita. Y una vez se tranquiliza el movimiento, pues él ve para el cielo, porque él está solo, está en medio de una montaña, imagínense ustedes. Tú lo has visto, esa gente que se va sola. Yo no lo entiendo, pero bueno.

Y ve para el cielo y dice: "¿Hay alguien ahí que me pueda ayudar?" Y entonces hay una voz fuerte que dice: "Sí, estoy aquí. Suéltate, confía en mí". "¿Hay alguien más ahí que me quiera ayudar?" Entonces fíjense, él se dio cuenta que había alguien ahí. Su duda era si ese que está ahí quiere lo mejor para él. Es un tipo diferente de escepticismo. Y yo, si hago una encuesta aquí, yo diría, casi sin temor a equivocarme, que el 100% diría así: "Yo sé que hay alguien ahí, lo que yo no sé es si está por mí".

Y la confianza en la providencia de Dios es cuando yo confío no solamente que Dios está ahí, es que Dios está por mí. Yo sé, ustedes dice Pablo, yo sé que ustedes se interesaban por mí, pero les faltaba la oportunidad, porque Dios es el que sabe, hermanos. Dios es el que sabe.

Y ese escepticismo imperante, Dios afirma categóricamente en su Palabra que no tiene razón de ser, sobre todo para el cristiano, hermanos. Dios afirma categóricamente su cuidado providencial sobre los suyos. Mateo 6:31 dice: "Por tanto, no se preocupen, diciendo qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos, porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas, que vuestro Padre celestial sabe que necesitan todas estas cosas. Pero busquen primero su reino y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas".

Ahora yo agrego: providencialmente. Dios orquestará de que si tú te ocupas de su reino y su justicia, Él añadirá a tu vida, a través de su providencia y su poder orquestador, lo que tú necesitas, lo que yo necesito. Esa es una declaración contundente de la providencia benevolente de Dios.

Mateo 10:28: "No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de sus cabezas están todos contados. Así que no teman, vosotros valéis más que muchos pajarillos".

Otra declaración contundente del cuidado providencial. No es solo "¿hay alguien ahí?", es que ese que está ahí está por mí, es que Él vela por mí, Él cuida de mí. Y el famoso texto, el famoso pasaje, que es, digamos, la definición de providencia: "Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien. Esto es para los que son llamados conforme a su propósito". Es el texto por excelencia de la providencia de Dios. Todo en tu vida, todo en tu vida, Dios promete, coopera para bien en tu vida, en tu alma. ¡Wow!

Ejemplos bíblicos de la providencia de Dios. Génesis 50:20, José se encuentra con sus hermanos y en un momento dado le dice: "No les pese haberme vendido a Egipto". Vosotros, dice Génesis 50:20, pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó para bien, para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente. Confianza en la providencia de Dios le permitió a José soltar a sus hermanos, perdonar a sus hermanos, no estar resentido con sus hermanos. Le permitió a Pablo, después de 10 años de no haber recibido ninguna ayuda, soltar a los filipenses: no se preocupen, no habían tenido la oportunidad, Dios no había provisto la oportunidad, no fue el momento. Yo confío en Dios, confío en su providencia.

Y José dice eso mismo. En un momento dado está hablando con Mardoqueo la famosa reina Ester, ¿recuerdan? Está hablando con Mardoqueo, su tío, en Ester 4:14. Están discutiendo, los judíos están amenazados bajo este rey pagano, y van a matar a los judíos. Y Ester, siendo la reina, puede intervenir, y ella está temerosa, está en duda. Y Mardoqueo le dice: "¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?" Es la providencia actuando, es Dios actuando. Dios te puso ahí con un objetivo, con un propósito, hermanos.

El contentamiento en mi vida comienza, la zapata, el primer bloque, es que yo debo confiar en que Dios tiene control de las cosas, Dios orquesta para bien las cosas en mi vida. ¿De qué manera entonces yo pudiera vivir este pasaje de Filipenses 4? No el que leímos, sino este que dice: "Por nada estéis afanosos". ¿De qué manera yo vivo eso si yo no confío en el Señor?

No se preocupen. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos vamos como la suña? No, oren. Mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios, y la paz de Dios, que sobrepasa el entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. No es conténtense, es confíen. Confíen y Dios entonces les capacitará, Cristo les habilitará para vivir, nos habilitará para vivir de esta manera.

Un corazón descontento, hermanos, es un corazón desconfiado. El contentamiento es fe en acción, es confiar en que Dios tiene el control de las cosas y tiene la buena intención para mi vida en todo momento. Es así. Y es la primera lección que Pablo nos habla en este pasaje. Grandiosa lección, gloriosa lección.

Termino con esta cita. R.C. Sproul, hablando en un pequeño libro que se titula "Dios lo controla todo", uno de sus capítulos concluye de la manera siguiente: "Para mí no hay nada más reconfortante que saber que hay un Dios providencial que está consciente, que está tanto no solo de todas y cada una de mis transgresiones, pero también de cada una de mis lágrimas, de cada uno de mis dolores y de cada uno de mis temores".

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.