Integridad y Sabiduria
Sermones

El Cristo y Su misión

Miguel Núñez 27 octubre, 2013

Conocer la identidad de Cristo es inseparable de entender su misión. Sin comprender quién es Jesús, resulta imposible abrazar el significado de su cruz y su resurrección. Esta verdad emerge con fuerza en Marcos 8, cuando Jesús, camino a Cesarea de Filipo —una región pagana llena de templos a dioses falsos—, hace a sus discípulos la pregunta más importante de sus vidas: "¿Quién decís que soy yo?" Pedro responde con una revelación que solo pudo venir del Padre: "Tú eres el Cristo". Pero inmediatamente queda claro que Pedro no comprendía las implicaciones de lo que acababa de declarar.

Cuando Jesús anuncia que debe padecer, ser rechazado por los líderes religiosos, morir y resucitar, Pedro lo lleva aparte y lo reprende. El mismo hombre que proclamó a Jesús como el Mesías ahora se opone a su misión. La respuesta de Cristo es fulminante: "Quítate de delante de mí, Satanás". En un instante, Pedro pasa de ser instrumento de Dios a ser instrumento del enemigo. La diferencia radica en dónde estaba su mente: cuando pensaba en las cosas de Dios, fue usado para revelación; cuando pensó en las cosas de los hombres, se convirtió en piedra de tropiezo.

Las falsas expectativas bloquean el entendimiento. Los discípulos esperaban un rey conquistador que liberara a Israel de Roma, no un Mesías sufriente. Jesús les habló claramente tres veces sobre su pasión, y aun así no entendieron. Solo después de la cruz y la resurrección sus mentes fueron reorientadas para comprender que sin la vida de Cristo no hay méritos, sin su muerte no hay perdón, y sin su resurrección no hay esperanza.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Marcos 8:27-33, para que yo con ustedes pueda recordar exactamente donde estuvimos. La semana anterior habíamos dejado a Jesús en Betsaida, y ahí en Betsaida él fue encontrado por unos amigos que tenían un ciego, le traen el ciego, le ruegan que lo sane, Cristo escupe sobre sus ojos, el ciego recobra la vista parcialmente en primera instancia, Cristo vuelve, lo toca y recobra la vista completamente, y ya dejó de ver a los hombres como árboles, sino que los veía con claridad. Y entonces él, después de efectuar ese milagro en el anonimato, por así decirlo, porque lo había sacado de la aldea, lo había tomado de la mano, lo había llevado fuera a la periferia, él le instruye para que no regrese a la aldea, para que no vaya a dar testimonio a Betsaida, sino que en su lugar se vaya a su casa y pueda contar quizás a los miembros de su casa lo que Cristo había hecho por él.

Y justo después de eso, entonces continúa el texto que yo quisiera leer en esta mañana comenzando en el versículo 27: "Salió Jesús con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo; en el camino preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y le respondieron diciendo: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, uno de los profetas. Él les preguntó de nuevo: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro le dijo: Tú eres el Cristo. Y él les advirtió severamente que no hablaran de él a nadie. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar. Y les decía estas palabras claramente, y Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderle. Mas él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las cosas de los hombres."

Bueno, Jesús sale de las inmediaciones de Betsaida, como dijimos, y sale hacia el norte hacia Cesarea de Filipo, unos 40 kilómetros de distancia hacia el norte contando a partir de Betsaida o a partir del mar de Galilea o el lago de Galilea. Esa era una región muy conocida en aquella ocasión por diferentes razones. Entre otras cosas, allí existía, o allí está, uno de los manantiales que le da origen al río Jordán. Era un área que estaba como a un día de camino, de acuerdo como la gente caminaba en aquella ocasión, y Cristo aún no ha llegado allí cuando comienza a conversar con sus discípulos, pero en el camino él hace algunas preguntas importantes.

Originalmente la región o la ciudad se llamaba Paneas, se llamaba de esa manera en honor al dios griego Pan, dios que se consideraba, o en la mitología griega era considerado como el dios de los ganados, de los pastores, de la naturaleza, de la cacería, y era un dios representado por una figura mitad hombre y mitad cabra. Y eso nos da a nosotros una idea de hasta dónde Adán y sus descendientes realmente cayeron cuando se despegaron de Dios, que el hombre es capaz de concebir a un dios con una imagen tan grotesca como esa. Bien decía G. K. Chesterton que cuando el hombre se aleja, cuando el hombre deja de adorar a Dios, él termina adorando cualquier cosa. Y es por eso que es clara la historia, puesta una evidencia que nosotros o adoramos a Dios, o somos idólatras de algo o de alguien en su lugar. Juan Calvino lo decía de esta manera: el corazón humano es una máquina fabricadora de ídolos, y solamente la Palabra de Dios es capaz de destruir dicha maquinaria.

El nombre de la ciudad pasó de Paneas a Cesarea de Filipo después que Herodes el Grande construyó allí un templo, y su hijo, entonces, Filipo, lo decora de tal manera que lo convirtió en un templo, una atracción arquitectónica. Y entonces al mismo tiempo el hijo de Herodes le cambió el nombre de Paneas a Cesarea para honrar al César, ya que el templo que se construyó allí fue en honor al César precisamente, y luego le agregó su nombre Filipo, o Cesarea de Filipo. Era una ciudad que promovía la adoración o el culto a ese dios Pan, pero a la vez permitía y promovía la adoración al dios de tu preferencia. La ciudad y sus inmediaciones tenía unos 14 templos, de tal forma que esta era una ciudad, una región sumamente religiosa pero religiosamente pagana, o paganamente religiosa. Y es interesante que cuando Cristo decide poner de manifiesto su identidad, quién era, no lo hace en territorio hebreo o judío, sino que lo hace precisamente en las inmediaciones de una tierra completamente pagana.

Camino hacia esa región Cristo se detiene y le hace a los discípulos dos preguntas cardinales. Las dos preguntas realmente eran una misma pero tenían que ser respondidas por sujetos diferentes. La primera es esa pregunta: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y la segunda pregunta: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y para responder entonces a dos preguntas yo quiero que veamos el texto de hoy, o que veamos en el texto de hoy básicamente dos enseñanzas acerca de la persona de Jesús: su identidad y su misión. Su identidad y su misión, y por eso yo he titulado este mensaje "El Cristo y su misión".

Si tú entiendes la identidad de Cristo, si verdaderamente la entiendes, tú entiendes su misión. Parece una imposibilidad entender la misión del Señor sin haber previamente entendido su identidad, y de aquí que Cristo comienza justamente en ese punto: ¿Quién dicen los hombres que yo soy? Y luego: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y yo necesito entender ambas cosas, su identidad y su misión, para mi salvación.

El texto comienza con dos preguntas, básicamente preguntas que pudiéramos hacer hoy de la misma manera, y en cierta forma tendríamos respuestas similares, en cierta forma, a las que se dieron en esa ocasión. Y con eso yo quiero decir respuestas variadas. Hoy en día algunos dirían que Cristo simplemente fue o es un maestro; otros dirían que fue quizás el más grande de los iluminados, o que fue un profeta, como dicen los mormones y dicen los musulmanes. De hecho, estos dos grupos llegan incluso hasta decir que fue el hijo de Dios con h minúscula, porque no era Dios. De tal forma que en cierto modo las respuestas con relación a la identidad de Cristo permanecen variadas, como existieron respuestas variadas en el primer siglo.

En el judaísmo de aquella ocasión lo usual, lo acostumbrado, no era que los rabinos hicieran preguntas a sus discípulos; no, no, los discípulos le hacían preguntas a los rabinos porque ellos eran la fuente de sabiduría. Pero como esto no es un grupo ordinario de discípulos, es el maestro Jesús que frecuentemente está cuestionando a sus discípulos para saber hasta dónde ellos habían entendido, o para poner de manifiesto hasta dónde ellos habían entendido todo lo que él venía enseñando, todo lo que él venía haciendo. La realidad es que la respuesta a esta pregunta me envía o a la gloria o a la condenación. Esta es una pregunta cardinal, este es un punto histórico, un momento histórico en la narrativa del Evangelio, en la narrativa de la vida de Jesús. De hecho es lo que en inglés llamaría un turning point, un punto de giro en el Evangelio de Marcos, donde a partir de aquí las cosas van a comenzar a dirigirse en otra dirección. Han venido en una dirección, las enseñanzas se han ido en una dirección, pero ahora las cosas toman otro color, otro camino.

Y es esencial porque a partir de aquí el Maestro se propone preparar a sus discípulos para su pasión. Y esto es lo que ellos no entienden pero necesitan entender. Cristo había enseñado acerca del reino de los cielos, Cristo había hecho obras que iban en dirección de la afirmación de él como el enviado de Dios, pero ellos habían permanecido sin entendimiento. Habían permanecido sin entendimiento debido a falsas expectativas, y esto es una realidad. Fue una realidad de ellos, es una realidad de todos nosotros. Nosotros escuchamos y entendemos muchas veces dependiendo de las expectativas con las que yo estoy escuchando. Eso es cierto de mí, es cierto de cada uno de nosotros. Es la razón por la que en un mensaje unos pueden escuchar una cosa y otros pueden escuchar otras, y a veces yo me he encontrado con que personas han escuchado cosas opuestas, porque dependiendo de las expectativas que yo tengo del mensaje, del pasaje, del predicador, en esa misma medida yo pudiera oír de una mejor o peor manera.

Y Jesús entonces a través de preguntas trata de explorar sus mentes, de poner de manifiesto sus mentes, sus pensamientos, y de enseñarles a la vez. Y comienza con esta pregunta en el versículo 27: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" Le respondieron, versículo 28, diciendo: "Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, uno de los profetas."

En los días de Jesús abundaban las opiniones, opiniones acerca de Jesús. Las opiniones iban desde el completo rechazo hasta la completa aceptación. Para unos Jesús no era más que un impostor; todavía ese testimonio está en la literatura, como que Jesús vino como un impostor, sobre todo en la literatura hebrea. Para otros Jesús era un enviado de Satanás, hacía los milagros por el poder de Beelzebú. Ese es el contexto en que Jesús habla del pecado imperdonable: que si yo estoy haciendo los milagros en el poder del Espíritu de Dios y tú le atribuyes esos milagros a Beelzebú y no al Espíritu de Dios, entonces ¿a dónde, a quién vas a ir para revelación de verdad? ¿Quién te va a dar convicción si rechazas la obra del Espíritu Santo? Y por tanto quedas en tu pecado y quedas bajo condenación.

Sin embargo, no todo el mundo tenía ese entendimiento. Había gente del mismo Sanedrín, como Nicodemo, que tenía una opinión más favorable de Jesús. Recordemos las palabras de Juan capítulo 3 versículo 2, que dice lo siguiente: que Nicodemo vino a Jesús de noche y le dijo: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro." Nicodemo, miembro del Sanedrín, le reconoce como un enviado de Dios y como maestro, y dice: "No, no, yo sabemos que tú has venido de Dios porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él." Nicodemo ha escuchado, Nicodemo ha visto lo mismo que otros han escuchado y han visto, y Nicodemo concluye que este es un enviado de Dios, y otros concluyen que este es un demonio, un enviado de Satanás. ¿Te das cuenta de cuán opuestas pueden ser las opiniones de los seres humanos escuchando la misma cosa?

Jesús sabe que su tiempo se aproxima. Es tiempo de darle un giro a las enseñanzas, es tiempo de ir preparando este grupo para lo que venía y para lo cual ellos no estaban aún preparados. Ellos necesitaban conocer la identidad de Cristo para poder conocer o entender su misión, entender la cruz. No puedes entender la cruz sin su identidad. El Cristo y su misión son inseparables, y el entendimiento de ambos también son inseparables.

Entonces, en la respuesta de la gente, una de ellas era que este era Juan el Bautista. Nosotros sabemos que ese es el pensamiento de Herodes. Herodes estaba convencido de que Juan había regresado en la persona de Jesús para atormentarlo, porque Herodes lo había decapitado. Y nosotros vimos ese texto. Es algo un tanto extraño, porque los saduceos no creían en la resurrección, aunque sí creían que aquellos que habían partido de este mundo podían ir al próximo mundo y desde allí poder empoderar a personas aquí para hacer el trabajo que Dios les había encomendado. Pero a pesar de que no creían en la reencarnación, algunos pensaban como Herodes que este era Juan el Bautista.

Otros pensaban que no, que era Elías, pero probablemente lo que estaban pensando era que era el espíritu de Elías. Desde arriba, Elías se consideraba un profeta extraordinario. Como nunca murió, como Dios se lo llevó sin experimentar la muerte, se consideraba que Elías desde allá, desde arriba, ayudaba a los fieles, ayudaba a los que lo necesitaban, consolaba a los débiles, y que Elías entonces como que supervisaba la labor de los fieles. Algunos pensaban que era este Elías, que es el profeta con el que se cierra el Antiguo Testamento y que se espera que todavía regrese antes del día del juicio del Señor. Y entonces todavía en el pueblo judío, digo, al día de hoy, algunos esperan que Elías vendrá uno de estos días y se sentará a la mesa con ellos.

Pero otros pensaban que Jesús era simplemente uno de los profetas anteriores, uno de los grandes profetas. Y aunque eso era un título o nombre de cierta honorabilidad, ninguno de ellos hacía justicia a la persona de Jesús. Al contrario, empañaban su identidad y su gloria. Y lo que Cristo está haciendo con estas preguntas es explorando un poco, haciendo un ejercicio espiritual de entendimiento de su misión a partir de lo que sus discípulos habían oído y habían visto. Y él quería poner de relieve frente a ellos a aquellos que habían quizás mal entendido, pero ellos tienen que hacer una decisión. Ellos no pueden hacer una decisión, o no pueden llegar a una conclusión acerca de la persona de Jesús que es simplemente congruente con las corrientes de la época. Ellos tienen que llegar a una convicción personal que es independiente de lo que el resto del pueblo estaba considerando acerca de Jesús.

Pero ellos no habían entendido, y lo vamos a seguir viendo. Y decíamos que una de las razones, o la razón principal por la que no podían entender, era por la expectativa que ellos tenían, no por la falta de claridad de parte de Jesús. No, no, no, no. Jesús predicó la palabra no adulterada con claridad en todo momento, y aun así unos concluían, como decíamos, que tiene un demonio, y otros decían: "Pero ¿quién es este que habla como alguien que tiene autoridad?" Ante el mismo mensaje, nadie había reconocido a Jesús hasta este momento por lo que él era, incluyendo sus discípulos.

De hecho, el mejor título que los discípulos le habían otorgado a Jesús hasta este momento aparece en Mateo 8:38: "Maestro." En Marcos 4:41, después de calmar la primera tormenta, todavía ellos están preguntando: "¿Y quién es este que hasta los vientos le obedecen?" El título más alto que le habían dado a Jesús hasta este momento se lo dieron los demonios, cuando eran confrontados con Jesús y terminaron confesando: "Tú eres el Hijo del Dios Altísimo."

De manera que cuando Jesús pregunta: "Pero vosotros, ¿quién decís que yo soy?" y Pedro responde: "Tú eres el Cristo," eso es una declaración fuera de serie. El Ungido, el Mesías. Es aquí donde el Evangelio de Marcos se devuelve en otra gira, en otra dirección. Es aquí donde el Evangelio de Marcos comienza a perder velocidad en el avance de los eventos hasta prácticamente pararse en la última semana de Jesús, como lo vamos a ver prontamente. Y Jesús por primera vez escucha de parte de uno de los suyos decir: "Tú eres el Cristo."

La palabra Cristo es el griego de Mesías en hebreo, que simplemente significaba ungido. Y el ungido era una persona que había sido divinamente seleccionada. No hay en el Antiguo Testamento un concepto claro desarrollado del Mesías, del Ungido. En el Antiguo Testamento se ungían varias personas: se ungían los reyes, se ungían los profetas, se ungían los sacerdotes.

Y Jesús, ciertamente como profeta, era aquel de quien había hablado Moisés en Deuteronomio 18. Jesús como sacerdote es el gran Sumo Sacerdote nuestro de que habla el libro de Hebreos o el autor de Hebreos. Y como Rey, es el Rey entre los reyes. Como profeta reveló al Padre, reveló la voluntad de Dios, hizo predicciones futuras, algunas cumplidas, otras por cumplirse. Como sacerdote él se ofreció a sí mismo, esa fue su ofrenda en la cruz, él intercedió, él intercede ante el Padre. Y como Rey nosotros sabemos que Jesús es el heredero de todos los reinos de este mundo. De manera que, independientemente de cómo lo veamos, como profeta, como sacerdote, como Rey, él merecía el calificativo de el Ungido.

Pero otros reyes, otros profetas y otros sacerdotes habían sido ungidos previamente a su persona, de manera que el concepto de ungido, el Mesías, el Cristo, no estaba bien conceptualizado. Y ellos tenían más bien una idea de un rey descendiente de David que vendría en algún momento con poder, sin pecado, que restauraría las cosas en Israel, liberaría al pueblo de sus enemigos, que establecería la paz. Pero jamás ellos tenían en su mente la posibilidad de un Mesías espiritual.

Esa es la razón por la que los esenios, que es un grupo de fariseos que se separa aún más y se va a las cuevas del Mar Muerto, ellos desarrollaron, de hecho, un concepto más desarrollado, o tuvieron, escribieron acerca de un concepto más desarrollado del Mesías, pero todavía distorsionado. Ellos concebían a un Mesías descendiente de David, un Mesías Rey que haría todo eso que el pueblo esperaba, restaurar las cosas, y concebían a un Mesías espiritual descendiente de Aarón, que quizás era a quien se refería Isaías 53, cuando habla de aquel hombre que vendría a sufrir en nuestro lugar.

Pero para los discípulos, un Mesías sufrido, sufriente, no. Hijo de Dios que vaya a terminar muriendo, y mucho menos en una cruz, todo el que moría en un madero era maldito. La versión de Mateo 16 nos dice que Pedro dijo algo más. Pedro dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Concebir al Hijo del Dios viviente, el Cristo, como alguien que va a morir, que va a sufrir en manos de los escribas y sacerdotes y demás, era algo que ellos no podían entender.

Cuando Pedro trae esa revelación, "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente," Jesús está completamente consciente. "Pedro, eso no te lo reveló ni carne ni sangre," dice Mateo 16, "sino mi Padre que está en los cielos." Esto ha venido de muy alto. Ni siquiera un ángel te lo reveló, esto te lo reveló mi Padre mismo, porque de otra manera jamás hubieses llegado a esa conclusión.

Y hay una enseñanza para todos nosotros, y es que cualquier cosa que nosotros sepamos acerca de Dios, las sabemos por revelación de nuestro Dios. Si Dios no la revelara, no supiéramos absolutamente nada. Estaríamos adorando a un hombre o a una figura mitad hombre, mitad cabra, como este dios Pan, o algo en su lugar.

Y de hecho, si aquí hay alguien que vino sin conocer a Jesús como el Cristo, con sus implicaciones, el Redentor, mi Salvador personal, yo quiero animarte a que aun ahora tú puedas comenzar a orar y pedirle a Dios que abra tus ojos del entendimiento, que te dé iluminación, que te dé revelación para tú poder ver lo que de otra manera jamás pudieras ver. Y ver la necesidad de perdón, en un corazón que es pecador, y la necesidad de un Redentor en la persona de Jesús para el perdón de esos pecados, y la necesidad de tú conocerle, declararle y seguirle como el Cristo. Pero eso tendría que venir de Dios.

Y Pedro, entonces, iluminado por Dios, le dice: "No, tú eres el Cristo, tú eres el Hijo del Dios viviente." Escucha la respuesta de Jesús entonces a lo que Pedro dice: "Y él les advirtió severamente que no hablaran de él a nadie." No solo les advirtió, sino que se lo advirtió severamente. Es como una contradicción. ¿No es contradictorio? Casi. Tú viniste, ¿a qué viniste? Tú viniste a revelar tu misión, y ¿cómo es que ahora estamos llegando a la verdadera identidad de quien tú eres, tú eres el Cristo, y de repente tú le dices a Pedro y al resto de ellos que no lo revelen a nadie, y se lo dices, les adviertes severamente?

Bueno, en parte tenemos que entender que Cristo tiene un año, año y medio, dos años quizás haciendo milagros, enseñando, profetizando, haciendo cosas extraordinarias. Y tú tienes gente como la gente de Betsaida y Corazín, que no se arrepiente, y Capernaúm, que no cree. Tú tienes fariseos que, en vez de llegar a la conclusión a la que Nicodemo llegó, están llegando a la conclusión de que yo tengo un demonio. Pues está llegando un momento en que esa revelación que se les había otorgado está siendo cerrada, de tal manera que a partir de ahora mayormente son ustedes, mis discípulos, los que necesitan entender mi identidad para que puedan luego abrazar mi misión y continuarla.

Yo soy el Cristo, el ungido, el seleccionado por Dios, el designado, el esperado, eso es ello. Pero yo estoy bajo un cronograma que Dios Padre ha diseñado, y ese cronograma incluye revelación en etapas. Es una revelación progresiva, y en este momento de esa revelación progresiva lo que toca es que ustedes conozcan mi identidad y que no la sigan revelando. Más adelante, de ustedes hacerlo con la expectativa del pueblo judío que existía, yo voy a tener que lidiar con la proclamación de Jesús, de mi persona como Rey, antes del Domingo de Ramos, como la Iglesia Católica le conoce, seis días antes, cinco días antes de mi crucifixión. Yo voy a tener que comenzar a lidiar con esa proclamación de Rey, algo a lo que yo no he venido en este momento.

De manera que silencio es la primera parte de la enseñanza. ¿Quién decís vosotros que yo soy? Tú eres el Cristo. La segunda parte, su misión, que no podía ser entendida sin entender su identidad. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar.

Jesús se identifica como el Hijo del Hombre que tiene que sufrir. Aparentemente ellos entendieron que el Hijo del Hombre y el Cristo eran la misma persona, porque cuando él se refiere al Hijo del Hombre como aquel que va a sufrir y a morir y a resucitar, es en ese contexto que Pedro le reprende y le dice: "Que no te suceda, Señor." De tal forma que de alguna manera ese título, Hijo del Hombre, los discípulos lo habían entendido como para Jesús. Es un título, un calificativo que aparece ochenta y una veces en los evangelios, y prácticamente en todas es Jesús que lo usa para referirse a sí mismo, quizás enfatizando su encarnación, su humanidad.

Y ahora Jesús les está diciendo que ese Hijo del Hombre necesita pasar por estas experiencias. Es interesante que ellos pudieron entender quién era el Hijo del Hombre, porque una vez más en el Antiguo Testamento eso no está claro. Porque es un título que es usado más frecuentemente de manera genérica para referirse a mucha gente distinta y diferente, con diferentes trasfondos, y solamente una vez aparece el título de Hijo del Hombre usado en el libro de Daniel para referirse específicamente a la persona de Jesús. Pero en ese momento del primer siglo, ojalá hubiesen concluido que el Hijo del Hombre de Daniel es este Hijo del Hombre que está aquí hablando, enseñando y haciendo milagros entre nosotros.

Nota cómo Daniel tiene esta visión y cómo Daniel ve a este Hijo del Hombre en el capítulo 7, versículos 13 y 14. Daniel ve a un Anciano de Días que representa al Padre y ve a un Hijo del Hombre que representa al Hijo. Escucha la visión: "Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo del Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido."

Si los discípulos en ese momento hubiesen recordado del Hijo del Hombre de que habló Daniel, jamás hubiesen pensado que este es el Hijo del Hombre que va a ir a padecer a manos del Sanedrín, porque el Hijo del Hombre de Daniel es alguien que recibe un reino eterno, es alguien a quien le dan todo poder, todo honor, toda gloria, todas las naciones vienen a glorificarle. Y ahora Jesús está diciendo que este Hijo del Hombre tiene que padecer hasta llegar a la cruz. Y ojalá hubiesen imaginado un Mesías sufriente, y por tanto sus falsas expectativas los llevaron a falsas conclusiones, como ocurre con nosotros.

Para ellos eso debió haber sonado como algo tan extraño como cualquier otra cosa, y eso es lo que hace que Pedro reaccione como Pedro reacciona. Que no puede ser, es que estas dos ideas no se compaginan, que tú vas a ir a sufrir a manos de los ancianos. Los ancianos eran setenta que componían el Sanedrín, ancianos laicos; algunos eran fariseos, otros eran saduceos. Los sumos sacerdotes o los principales sacerdotes, que incluían el sumo sacerdote de turno, Caifás; el sumo sacerdote anterior, Anás; y el sumo sacerdote sucesor de Caifás, Jonatán. Se supone que los tres estaban como parte del Sanedrín. Y los escribas, que eran los expertos de la ley.

De manera que Jesús está diciendo: "Yo tengo que ir a sufrir a manos de todos ellos que componen el Sanedrín. Ellos van a ser los culpables de mi pasión, de mi sufrimiento, de mi cruz, de mi muerte." De tal forma que ustedes necesitan entender que este Hijo del Hombre que está con ustedes hoy, que ha sido proclamado el Cristo, va a padecer, va a morir, lo van a enterrar, va a resucitar. Y yo me imagino lo que ellos estaban pensando en ese momento. Jesús les está instruyendo en la necesidad de su vida, de su muerte y su resurrección. Y yo necesito las tres cosas para salvación.

Sin la vida de Jesús yo no puedo ser salvo. Sin la muerte, sin la cruz de Jesús, yo no puedo ser salvo. Sin la resurrección de Jesús, yo no puedo ser salvo. Cristo vino a vivir una vida que cumpliera toda la ley, y esa es la razón por la que cuando llega Juan el Bautista y Juan el Bautista se rehúsa a bautizarlo, Cristo le dice: "No, Juan, tú tienes que aceptarlo porque es necesario. Quizás ahora no lo entiendas, pero es necesario que cumplamos toda justicia, toda la ley." Hay una ley que ha sido violada y una ley que ha quedado sin ser cumplida, y yo he venido a cumplir la ley.

Cuando Cristo cumpla la ley, él acumula méritos que hoy en día representan mis méritos y por lo cual yo puedo recibir bendiciones de Dios por los méritos de Cristo. Pero es su vida la que me permite tener dichos méritos. Su muerte me permite tener el perdón de pecado, pero su muerte sin su resurrección me deja en mi pecado, como el apóstol Pablo bien dice en 1 Corintios 15: si Cristo no resucitó, entonces todavía estáis en pecado, y nosotros somos los más dignos de lástima porque hemos estado viviendo y creyendo una cosa para un hombre que, cuando terminó su vida, terminó todo. Es su resurrección, la proclamación de su victoria sobre la muerte y sobre el pecado, lo que yo necesito hoy como esperanza y promesa de vida eterna. Yo necesito su vida, yo necesito su muerte, yo necesito su resurrección. Cristo les está hablando de esas cosas, pero ellos no las entienden.

El versículo 32 de Marcos 8, que leímos, dice que Cristo les decía estas palabras claramente. No hubo nada confuso. Cristo no les habló en parábolas; en este momento se acabaron las parábolas para esta revelación. Cristo no les habló en hipérbole. Cristo no les dio una metáfora. Cristo les habló claramente, pero ellos no entendieron.

Cristo vuelve a hablarles una segunda vez en los mismos términos, un capítulo más adelante, Marcos 9:30-32, y esto es lo que ese texto nos dice después de su segundo anuncio de su muerte: "Pero ellos no entendían lo que decía y tenían miedo de preguntarle." Ahora sí tienen problema, porque no entienden y tampoco preguntan.

No entendían lo que decía por lo que explicamos: sus expectativas eran otras. Y tenían miedo de preguntarle. El texto no nos dice por qué, pero quizás tenían miedo de encontrar la verdad. Así somos nosotros. A veces no vamos a consejería, o estando en consejería no nos atrevemos a preguntar, porque tenemos miedo de escuchar la verdad que yo en mi interior no quiero encontrar. O quizás tenían miedo de encontrar que, sabes qué, después de todo, Juan, Jacobo, Mateo, nosotros estamos siguiendo a un hombre que no era el que pensábamos. O quizás tenían miedo de ser reprendidos por Cristo otra vez, porque ya bastante que los ha reprendido por ser hombres de poca fe. O como cuando estaban en la barca después de la multiplicación de los panes: "¿Es que todavía no entienden?" Imagínate que ahora le hubieran dicho: "Jesús, Jesús, ¿qué? No entendemos." ¿Qué Cristo les hubiera dicho? ¿Cuál parte de que tengo que morir no entienden? ¿Cuál parte de que tengo que padecer no entienden? Pero sus expectativas bloqueaban su entendimiento.

Otro capítulo más adelante, Marcos 10, casi en el mismo versículo, del 30 al 34, Cristo vuelve a hablar de su muerte y resurrección, su pasión. Marcos 8, Marcos 9, Marcos 10, ellos siguieron sin entender. Aun después de que los sucesos ocurrieron, hay dos discípulos que van camino a Emaús, y Cristo se les presenta y comienza a hablar con ellos. Y ellos le dicen a Cristo... Cristo les dice qué es lo que ha pasado, y ellos le dicen a Cristo: "¿Es lo único que no sabe de lo que ha pasado?" Y comienzan a decirle que ellos habían seguido al Cristo, al que se suponía que había de venir, pero que de repente lo crucificaron y que ellos están confundidos. Pero yo creo que ellos no entendían por la misma razón que frecuentemente nosotros no entendemos: es que ellos resistieron el aprendizaje.

Si Cristo le anuncia en términos claros tres veces que él tiene que morir, que él tiene que padecer, y luego lo ven ocurrir, ¿cuál es la dificultad en entender eso? Y de esa misma manera, yo creo que muchas veces Dios, a través de su Palabra, a través de un sermón, a través de un estudio bíblico, a través de la misma lectura de la Palabra, muchas veces ha estado tratando de enseñarnos algo acerca de él o de su reino o de su revelación, y nosotros resistimos su enseñanza, resistimos el aprendizaje, porque sabemos que de aceptarlo vamos a terminar en un lugar distinto al que estamos o donde queremos estar.

Cuando Pedro lo oye prediciendo esta muerte, este sufrimiento, Pedro dice el texto que solo lo llevó aparte y comenzó a reprenderle. En otras palabras, Pedro, que ha hecho la declaración de que tú eres el Cristo, él no entendió bien lo que dijo, porque esto se lo han revelado de arriba. Pero si Pedro entiende bien que él es el Cristo, tú no reprendes al Cristo, tú no reprendes al Mesías, al Ungido, al enviado de Dios. Eso es imposible. De manera que Pedro no entendía la misma identidad que él acababa de revelar. Y el texto de Mateo 16:22, el texto paralelo, dice algo más: que Pedro comenzó a reprenderlo y le decía: "No lo permita Dios, Señor, eso nunca te acontecerá." Esto es como que Pedro estaba diciendo: "Pues no lo recibo." Y Cristo le pudo haber dicho: "Pues Pedro, recíbelo, porque si no lo recibes ni tú ni nadie va para la gloria." Sin muerte no hay glorificación.

El mismo Pedro que declara a Jesús como el Cristo es el mismo que está tratando de impedirle su misión ahora. ¿Puedes imaginarte este cambio? ¿Cómo Pedro pasa en un instante de lo sublime a lo ridículo, de la proclamación de Jesús como el Mesías a lo ridículo de reprender al Cristo? ¿Y tú piensas que nosotros no somos así? Capaces de pasar de palabras extraordinarias de revelación santa a acciones dignas de condenación. Capaces de pasar de un momento de adoración a un momento digno de condenación. Nosotros somos así de cambiantes. La misma persona que recibe entendimiento de parte de Dios y es usada por Dios y es instrumento de Dios, es la misma persona que el momento después es usada por Satanás y es instrumento de Satanás.

Eso es exactamente lo que nosotros leemos en la versión de Mateo, que cuando Pedro se lo lleva a un lado y lo reprende y le dice "no lo permita Dios," esto es lo que Cristo le dice: "Quítate de delante de mí, Satanás, me eres piedra de tropiezo, porque no estás pensando en las cosas de Dios sino en las de los hombres." Cristo se refiere en una sola conversación a dos personas: se refiere a Satanás cuando dice "quítate de delante de mí, Satanás," y luego se refiere a Pedro cuando le dice "me eres piedra de tropiezo porque no estás pensando en las cosas de Dios sino en las de los hombres." Cristo está revelando con esto que en este momento la persona que había sido instrumento de Dios hace un momento es ahora instrumento de Satanás. La persona que lo proclamó el Cristo está impidiendo su misión como Cristo.

Y eso nos da a nosotros una idea de cuán miserable, cuán usable, cuán cambiante nosotros podemos ser, y de cómo nosotros tenemos que caminar con sumo cuidado en total humildad, porque nosotros podemos ser en un momento dado instrumentos de bendición en las manos de Dios y al momento ser instrumentos en las manos de Satanás. Y Pedro tenía que aprender eso, porque el Pedro que reprende al Cristo, o mejor dicho, la condición, el corazón de Pedro que lo lleva a atreverse a reprender al Cristo, es la condición que tiene que cambiar en Pedro. Es la condición de autoconfianza, es la condición de autojusticia, es la condición en Pedro que lo lleva más adelante a decir: "Señor, aunque estos otros te nieguen, yo jamás te negaré. Ellos pueden hacerlo, pero yo no soy capaz de eso."

Y Dios está permitiendo estas altas y estas bajas en la vida de Pedro porque hay una condición en el corazón de Pedro que necesita ser cambiada. Yo necesito recordar entonces, también al lado de Pedro, que sin importar cuánto yo haya progresado en la vida cristiana, yo todavía soy usable por Satanás. Yo todavía puedo caer, no presa de posesión, pero yo puedo ser usado por él.

Ahora, la pregunta que tenemos que hacernos es: ¿qué es lo que hace que nosotros pasemos de una condición a otra? Yo creo que está aquí. Escucha la frase de Jesús: "No estás pensando en las cosas de Dios sino en las cosas de los hombres." En el momento en que Pedro dice "tú eres el Cristo," él está pensando en las cosas de Dios; ese es el momento en que él es instrumento de Dios. Pero en el momento en que Pedro comienza a reprenderlo, ya dejó de pensar en las cosas de Dios y él está pensando en las cosas de los hombres. Y entonces en ese momento se convierte en una piedra de tropiezo.

Y esa es una de las lecciones para nosotros: que nosotros podemos ser una piedra de tropiezo o para nosotros mismos o para otros, y frecuentemente ocurre cuando nosotros dejamos de pensar en las cosas de Dios y comenzamos a pensar en las cosas de los hombres. Dejamos de pensar en las cosas del reino para pensar en nuestros propios intereses, o nos convertimos en el Espíritu Santo del otro, o nos tomamos atribuciones que le pertenecen a Dios, o nos tomamos el lugar para dirigir la agenda de Dios o la agenda de otros. Y en esos momentos hemos dejado de pensar en Dios y hemos estado pensando en las cosas de los hombres, y en ese momento yo puedo ser piedra de tropiezo para mí o para la otra persona. La misma persona que declara al Cristo, la misma persona que se opone al Cristo. La misma persona que Dios usa, la misma persona que Satanás usa.

Cristo estaba, este es un momento histórico en la vida de los discípulos, Cristo estaba, como dice este autor, reorganizando su pensamiento. Frank Moore, en su libro "La Vida Cronológica de Jesús," dice lo siguiente: "Cristo se disponía a reorganizar su pensamiento con relación a la naturaleza y a la misión del Mesías. Ellos esperaban un reino terrenal con una armada humana, pero recibirían un reino espiritual con una armada celestial. Ellos esperaban liberación de Roma a través de un rey conquistador, pero recibirían liberación de pecados a través de un Señor resucitado." Pero eso iba a tomar tiempo. Eso iba a tomar enseñanzas.

Y yo creo que una de las cosas que necesita ocurrir cuando nosotros nacemos de nuevo es precisamente eso. Nosotros somos salvos, pero cuando nosotros somos salvos, nosotros tenemos una maraña de ideas, de pensamientos, de convicciones y de conclusiones en nuestras mentes, como la tuvieron los discípulos. Y Jesús tiene que, a través del Espíritu de Dios, poco a poco reorientar todo ese pensamiento. Y en ocasiones hay áreas de mi mente que han sido reorientadas, áreas que han sido hilvanadas de nuevo porque eran una maraña, pero hay áreas de mi mente que están completamente marañosas todavía y que poco a poco el Señor necesita enderezar porque están mal orientadas, porque están mal tejidas, porque nunca han sido enderezadas después del nuevo nacimiento.

Y eso toma tiempo. Y yo creo que el mayor trabajo en la vida de los discípulos comienza en este momento, en el que Pedro le declara el Cristo, en el que él comienza a revelar su misión y en el que Dios comienza a lidiar con la mala orientación de sus pensamientos. Eso tomó hasta después de la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Y una de las maneras entonces como Dios reorienta nuestros pensamientos, nuestras ideas, conclusiones, convicciones, es a través de caídas y sucesos y eventos significativos. Eso es lo que tú puedes seguir en la vida de Pedro, eso es lo que ocurre. Porque esos eventos son los que quiebran la coraza en nosotros detrás de la cual nos habíamos estado ocultando. Son esos eventos significativos los que nos enseñan, los que nos muestran nuestro sentido de autojusticia, como cuando Pedro dice: "No, a ti te podrán negar, pero yo no, yo no soy capaz de eso. Otros sí." Es en esos momentos cuando Dios nos muestra cuán enfocados estábamos, como Pedro, en lo de aquí abajo y no en lo de allá arriba. Es en esos momentos cuando Dios quiebra las barreras que no habían permitido hasta ese momento que Dios trabajara en nosotros. Es en esos momentos significativos de quiebre o de caída donde Dios nos enseña qué mal estaba nuestro corazón cuando pensábamos que estábamos todavía bien.

Esta es la primera caída de Pedro, pero Pedro representa a los otros diez u once. No es necesariamente que el corazón de los otros estaba mejor; es que Pedro es el que se atreve, pero representa al grupo de discípulos en esencia. Y ahora que Pedro lo declara como el Mesías, el Cristo, él es el que se opone a esa misión. Un poco más adelante, el Pedro que dice "no lo voy a negar, ellos pueden pero yo no," Cristo le permite ver que él no puede negarlo no solamente una vez, no solamente dos veces, pero tres veces.

Y Pedro es usado entonces con las llaves del reino. "A ti te entrego las llaves del reino," le entregó el Evangelio. Y con ese Evangelio que Pedro predica en Hechos 2, abre las puertas a los judíos. Luego Pedro en Hechos 8 abre las puertas a los samaritanos. Luego Pedro en Hechos 10 y 11 abre las puertas a los gentiles. Esa era la llave del Evangelio que Pedro estaría predicando, y con eso entraron los tres grupos que existían en ese momento. Pero ese mismo Pedro todavía necesita aprender, y Pablo tiene que reprenderlo públicamente en un momento en que él está siendo hipócrita por decir una cosa y luego hacer otra.

¿Te das cuenta entonces cómo Dios fue enderezando en la mente de Pedro y de los demás todas aquellas misconcepciones, malas concepciones, convicciones, malas interpretaciones, malas ideas que venían siendo arrastradas por generaciones incluso entre los judíos? Hasta que finalmente ellos lo entendieron: este es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, el unigénito del Padre, el Redentor, el Dios encarnado, el autor y consumador de nuestra fe.

Y este fue entonces un momento cúlmen en la vida de los discípulos. En la medida en que llegamos a este final, yo creo que quizás entre nosotros hay algunos que entraron sin conocerle como el Cristo con todas sus implicaciones. La respuesta a la pregunta de quién decís vosotros que yo soy, me envía a la gloria o me envía a la condenación.

Obviamente, cuando la respuesta es primero adecuada y en segundo lugar yo la abrazo con sus implicaciones: si Él es el Cristo, entonces Él es el único camino, Él es la única verdad y la vida. Si Él es el Cristo, es el único perdón en su cruz, a través de su sangre. Si Él es el Cristo, Él es el Señor, sobre cielo y tierra.

Pero quizás entre nosotros estamos todos los demás, que pudimos vernos porque Dios nos permitió ver a través de su Espíritu y del espejo de su Palabra. Al Pedro y nosotros con marañas en la mente todavía, de ideas y convicciones mal entretejidas, todo el tiempo ayudándonos a entender como Pedro que estábamos bien, pero continuamente revelándonos en el camino cómo nos convertimos en piedra de tropiezo. Y cómo en un momento somos usados por Dios y en el próximo somos usados por la carne, y cómo podemos pasar de sublime a lo opaco. En ambos casos estamos en la necesidad de arrepentimiento y de pedir la voz.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.