Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Y qué si Cristo no hubiese venido?

Miguel Núñez 23 diciembre, 2018

Sin Jesús no hay Navidad, y sin embargo, paradójicamente, hoy se celebra Navidad sin Jesús. Es como celebrar un cumpleaños sin el cumpleañero. Esta contradicción abre la puerta a una pregunta más profunda: ¿qué hubiera pasado si Cristo nunca hubiese venido? El mismo Jesús plantea esta posibilidad en Juan 15:22 cuando dice "si yo no hubiera venido". La respuesta revela consecuencias devastadoras que pocos han considerado.

Si Cristo no hubiese venido, ocho mil millones de personas estarían hoy camino a la condenación eterna, sin contar los miles de millones que ya habrían llegado. No habría manera de conocer verdaderamente a Dios, pues Cristo vino a revelarlo. La humanidad viviría aplastada bajo el peso de la culpa —la causa número uno de visitas a consejeros y psicólogos— sin una cruz donde depositarla. La mujer que confiesa sus abortos, los padres que cargan con los fracasos de sus hijos, el adicto que reconoce su esclavitud: ninguno tendría hacia dónde dirigirse porque no habría sacrificio que removiera el pecado. Los corderos del Antiguo Testamento nunca pudieron hacerlo; por eso no había silla en el tabernáculo para que el sacerdote descansara. Pero Cristo sí se sentó a la diestra del Padre porque su obra quedó consumada.

Sin su venida no existiría el evangelio, ni gracia, ni misericordia con fundamento. No conoceríamos la anchura ni la profundidad del amor de Dios. No tendríamos abogado ante el Padre ni sumo sacerdote que empatice con nuestras tentaciones. Satanás conservaría intacto su poder sobre la muerte, la Biblia terminaría con una amenaza de maldición, y el mundo entero viviría fuera de foco, sin saber distinguir la verdad de la mentira. Pero Cristo sí vino, y al hacerlo cambió la historia para siempre.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos hermanos para vivir en Su palabra! Días como estos, yo creo que muchos de nosotros hemos escuchado múltiples veces una frase que yo pronuncié al principio, y es que Jesús es la razón de la ocasión. Sin embargo, yo creo que la población, incluyendo los cristianos, se deja abrumar con las actividades típicas de estos días. Y se le olvida que, sin Jesús, no hay Navidad.

Paradójicamente, escúchame, sin Jesús no hay Navidad. Paradójicamente, sin embargo, hoy en día hay Navidad sin Jesús. Algo que yo no puedo imaginar, es como celebrar tu cumpleaños sin ti. La escena del 24 de diciembre usualmente pasa sin ninguna reflexión acerca de la persona que nos dio la Navidad. Y lo mismo ocurre al día siguiente.

De hecho, pocas personas meditan acerca de Jesús durante todo el mes de diciembre, no solamente el 24, no solamente el 25, durante todo el mes de diciembre. Sin embargo, los preparativos para la noche de mañana comienzan semanas antes de que llegue el día. Por semanas, la gente piensa acerca de lo que se va a comer. De aquí en adelante vamos a hablar de lo que vamos a regalar, y comenzamos a pedir vía Internet cosas que todavía faltan para regalar dentro de dos meses. Frecuentemente, dejando fuera al invitado especial: a Jesús.

Dado lo que yo acabo de mencionar, pensé que sería bueno reflexionar en esta mañana acerca de la primera venida de Jesús. Vamos a reflexionar hoy acerca de la primera venida de Jesús, y lo vamos a hacer desde un ángulo distinto. Vamos a hacer una pregunta: ¿y si Cristo no hubiese venido? Yo no sé cuántos de nosotros nos hemos hecho una pregunta semejante. ¿Cuáles serían las consecuencias para nosotros de que Cristo no hubiese venido a este mundo? Posiblemente muy pocas personas han considerado la sobriedad de esta interrogante.

Sin embargo, yo creo que muchas personas —probablemente la mayoría de nosotros, no sé si todos, pero quizá todos— nos hemos hecho preguntas con esa frase: ¿y si? Piensa por un momento. ¿Y si yo no hubiese conocido a mi esposo o a mi esposa?, preguntan algunos. ¿Y si yo hubiese sido cristiana?, preguntan algunas más. ¿Y si yo no hubiera tenido este hijo?, yo he oído esa pregunta más de una vez. ¿Y si yo no tuviera esta enfermedad?, pregunté yo. ¿Y si yo me hubiese casado con otra persona? ¿Y si yo me hubiera puesto a estudiar cuando estaba más joven, si lo hubiese pensado mejor? ¿Y si yo tuviera dinero? Hemos hecho preguntas como esas. ¿No? ¿O qué? Porque yo creo que si no, tendríamos un grupo de mentirosos.

Estas son preguntas de índole personal, pero se me ocurrió hacer otras preguntas de índole internacional. Simplemente recordando que en el año 1931 se publicó un libro que se llamó "Reescribiendo la historia". Un grupo de historiadores se reunieron y comenzaron a plantear una serie de preguntas viendo acontecimientos del mundo y pensando: ¿y si hubiese ocurrido de otro modo? Hay preguntas como: ¿y si Napoleón hubiese emigrado a América? Pero yo quiero hacer otras preguntas.

Piensa por un momento. ¿Y si Hitler hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial? ¿Y si Hitler no hubiese eliminado a seis millones de judíos en el Holocausto, qué fuera Israel hoy? ¿Y si Stalin no hubiese eliminado a 15 millones de rusos? ¿Y si Mao Zedong no hubiese eliminado a 45 millones de personas en cuatro años, para que el mundo alrededor aplauda a personajes como tal? ¿Y si Rusia y China nunca hubiesen ido por el camino del comunismo? ¿Y si Simón Bolívar no hubiese libertado a cinco de las naciones de Sudamérica? Piensa por un momento: ¿y si Juan Pablo Duarte y los demás no nos dan la libertad en 1844, qué sería de esta nación? ¿Has pensado en eso? ¿Y si la Reforma Protestante nunca hubiese ocurrido? ¿Te lo imaginas? Puedes imaginar las consecuencias para el mundo simplemente con algunas preguntas de esa índole, si le damos rienda a la imaginación.

Sin embargo, yo creo que de todas las preguntas que nosotros pudiéramos hacer comenzando con esa frase "¿y si?", la más importante de todas es la pregunta que estamos considerando en esta mañana: ¿y si Cristo no hubiese venido? ¿Cómo luciría el mundo de hoy? Porque Jesús vino a cambiar el rumbo de las naciones creyentes y de las naciones no creyentes, y así ha ocurrido.

Mi mensaje en esta mañana está basado en un versículo y, específicamente, en una frase de un versículo, aunque yo voy a mencionar tres versículos. Y la razón por la que estoy escogiendo este versículo es porque Jesús mismo usa la frase "si yo no hubiese venido". Entonces, como que en buen dominicano se cae de la mata: ¿cuál es el versículo? Escucha lo que Jesús dice en Juan 15:22: "Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado." El versículo 23 continúa: "El que me odia a mí, odia a mi Padre." Y el versículo 24 completa la idea del versículo 22: "Si yo no hubiera hecho entre ellos las obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado. Pero ahora las han visto y me han odiado a mí y también a mi Padre."

Esos tres versículos forman parte de la conversación que Jesús tuvo en el aposento alto, horas antes de su crucifixión. De manera que Jesús, cuando está enfrentando su muerte, reflexiona con sus discípulos acerca de su nacimiento, acerca de ese "¿y si yo no hubiese nacido, y si yo no hubiese venido?". Y de manera particular, él está conversando acerca del odio que el mundo tendría hacia él, y que por consiguiente tendrían hacia ellos.

Hablando de cómo el mundo los odiaría, Jesús trae tres condicionantes a esos versículos: "Si yo no hubiese venido" —versículo 22—, "si no les hubiera hablado" —versículo 23—, "si yo no hubiese hecho las obras que hice" —versículo 24—. Y entonces él hace una observación que entreteje estas condicionantes: en ese caso, no serían culpables de pecado.

Ahora, yo no quiero insinuar con esto, ni Jesús quiso decir tampoco, que hasta que él no vino el hombre no tenía pecado. Tengo que entender de qué él estaba hablando. Obviamente el contexto de esta conversación es el hecho de que "a los suyos vino, y los suyos no le recibieron". Aquellos que habían escuchado las profecías acerca de su venida —el pueblo judío escuchó las profecías—, luego él vino y cumplió dichas profecías. Y entonces, cuando él habló, no le escucharon; cuando él hizo las obras, no le escucharon. Y él está diciendo: si eso no hubiese ocurrido, ellos no serían culpables de este pecado: el rechazo de su persona, el rechazo y la incredulidad en ellos. Y a pesar de las palabras que él habló y a pesar de las obras que hizo, terminaron clavándolo y rechazando a Jesús.

Escucha cómo Jesús, de una manera anticipada, un poco antes, en el mismo aposento alto, habla y correlaciona sus palabras y sus hechos con la incredulidad de ellos, porque ese es el pecado del cual él está hablando. Él dijo: "Las palabras que yo os digo no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y si no, creedlo por las obras mismas." Si no creen las palabras que yo hablo —que en esencia no las hablo yo, las habla el Padre, de quien ustedes han escuchado desde la antigüedad—, entonces crean por las obras mismas. Si no creen las palabras, ustedes tienen las palabras del Antiguo Testamento que hablaban de lo que yo vendría a ser, y las estoy cumpliendo; pues entonces crean por las obras.

Eso es exactamente lo que Nicodemo le dice a Jesús la noche que vino a visitarlo. Le dijo: "Maestro, Rabí, sabemos que Dios está contigo." ¿De verdad, Nicodemo? Sí, porque nadie puede hacer las obras que tú haces si Dios no está con él. Tú lo percibiste, Nicodemo; eso es lo que Jesús le está diciendo.

Cuando el pueblo judío rechaza a Jesús, escucha lo que está rechazando: está rechazando las palabras del Padre, porque Jesús dijo que no son sus palabras; y está rechazando la revelación del Padre, porque Cristo dijo: "Yo he venido para revelar al Padre." De manera que si yo no hubiera venido, ustedes no tuvieran ese pecado. Pero ahora que yo he venido, ahora que yo he cumplido las obras de la ley, ahora que yo he hecho las obras que estaban profetizadas, ahora que yo les enseñé de una manera congruente con lo que ya se les había enseñado, ustedes son culpables de rechazarme a mí, de rechazar la revelación del Padre y de rechazar las palabras del Padre, que son las que yo hablo. Y de ese pecado les estaba hablando Jesús, y aún así ellos terminaron rechazándolo y clavándolo.

Si Jesús no viene, ni tú ni yo conoceríamos a Dios. No habría manera. Habríamos oído de él, pero no lo hubiésemos conocido, porque el mismo Jesús declaró: "Yo he venido para revelar al Padre." Entonces, si vino para revelarlo, es porque no lo conocíamos. Y tú comienzas a ver las consecuencias del "¿y si Cristo no hubiese venido?".

Ahora bien, para nosotros que hemos creído —porque Jesús le estaba hablando acerca de un grupo que no creyó, que no creyó la revelación del Padre, que no creyó las palabras que él les habló, y que por tanto permanecieron en su pecado—, para nosotros los que sí hemos creído, ¿cuáles serían las consecuencias si Jesús no hubiese venido?

Yo quiero, por el tiempo que nos resta, que tú puedas prestar atención, reflexionar, meditar, escuchar la Palabra. Meditar no es escuchar superficialmente; aquel que oiga, aquel que tenga oído, que entienda. Esa es la idea: que escuche bien. ¿Cuáles serían las consecuencias si Jesús no hubiese venido?

Nosotros también estaríamos en nuestros pecados y bajo condenación, porque Jesús mismo dijo que había venido para dar su vida en rescate por muchos. De manera que nosotros jamás hubiésemos sido rescatados. Hasta que Jesús vino, el mundo no tenía esperanza. ¿Te imaginas lo que es levantarte todos los días sin esperanza, pensando que cuando te mueras ahí se acabó todo? Definitivamente, yo viviría de una forma muy distinta.

Si todos se va a acabar cuando yo muera, pues vive la macarena. Si Cristo no hubiese venido, en la actualidad habría, vamos a escucharme, ocho mil millones de personas camino a la condenación eterna. Ocho mil millones. Sin contar los miles de millones que ya están en dicho lugar. Esa no es una consecuencia pequeña.

¿Te imaginas mundos sin esperanza, con una sentencia de condenación eterna sobre tu cabeza todos los días, esperando solamente a que la sentencia comience a tener lugar? Sin lugar a dudas estoy convencido de que el índice de depresión, de ansiedad y de suicidio sería mucho mayor. La carga de culpa sería mucho mayor. De hecho, la causa número uno de visitas a psiquiatras, terapeutas, consejeros y psicólogos es el sentido de culpa que el hombre lleva sobre sus hombros.

Si Jesús no hubiese venido, nosotros viviríamos cargados de culpa, sin lugar a dudas. Yo no tendría qué decirle, como consejero, a la mujer que viene a confesarme que se ha hecho uno o más abortos en el pasado y que posteriormente ella descubrió que era culpable de haber asesinado a uno, dos o más de sus hijos. Yo no tendría nada que decirle, porque no habría un lugar adonde llevar la culpa. A padres que vienen cargados de culpa porque tienen hijos que vivieron una vida inmoral, y la inmoralidad de sus hijos se debe, según el veredicto de ellos mismos, a su crianza, y viven con esa acusación continua; yo no sabría hacia dónde dirigirlos para que puedan depositar su sentido de culpa, porque no habría cruz para llevarlo.

El drogadicto, el homosexual, el promiscuo que descubre que ha violado la ley de Dios y que ahora está cargado de culpa: estos son casos que yo he tenido en mi propia consejería. Yo no sabría qué decirles para redimir el pasado que ahora ellos no quieren tener, porque una vez más no habría cruz. Si Jesús no hubiese venido, nosotros estaríamos todavía sacrificando corderos al estilo del Antiguo Testamento, ofreciendo sacrificios, pero todavía cargados de culpa.

¿Te imaginas lo que es eso? Sacrificios van y sacrificios vienen, pero cuando yo voy al sacerdote y sacrifico un cordero y me voy a mi casa, resulta que me voy cargado de culpa, porque como bien revela el autor de Hebreos, la sangre de los machos cabríos y de los toros no podía remover el pecado ni tampoco la culpa. Cientos de años sacrificando miles de millones de corderos y el hombre cargado de culpa. Su venida puso fin a esos sacrificios que comenzaron a darse en el tabernáculo desde la época de Moisés, pero que no pagaron por el pecado de un solo pecador, no removieron su pecado, no removieron su culpa; pero había que seguirlo haciendo.

Cuando el sacerdote entraba al tabernáculo no había silla donde sentarse, y no había silla a propósito, por diseño, porque esos sacrificios no podían parar, porque el hombre peca continuamente, y lo único que el sacrificio iba a hacer era como aguantar ahí la ira de Dios, aguantar ahí la deuda; pero el hombre continuaba en deuda. Sin embargo, cuando Jesús vino, como el autor de Hebreos nos dice en Hebreos 1:3, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, después de que ofreció sacrificio en la cruz Él mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Es eso lo que ningún otro sacerdote podía hacer: los sacerdotes no se podían sentar. Él se sentó a la diestra del Padre porque no había más sacrificio que ofrecer. Todo había terminado, todo había terminado. Consumado fue.

Si Jesús no hubiese venido, la ley hubiese quedado sin cumplir, y la ley solo sería un acusador continuo de que yo vivo violándola. La ley no hubiese servido para ninguna otra cosa. La ley revela el carácter de Dios, pero sabe que lo que me permite ver el carácter de Dios en la ley es Jesucristo, cuando la cumple y la hace obsoleta. Cuando yo comienzo a descubrir: "¡Oh, pero esto es el carácter de Dios en los diez mandamientos!" Pero la ley ya se había quedado en vigencia acusándome continuamente.

Pero cuando Jesús fue a la cruz, se colgó, dio su vida, derramó su sangre, Él dijo: "¿Tetelestai?" Y consumado es: todo acabado, la ley ha quedado atrás. Y aunque Él no abolió la ley, sí la cumplió, y cuando cumplió la ley la hizo obsoleta. De manera que la ley me recuerda el carácter de Dios todavía, la ley me recuerda lo que complace a Dios, pero no me puede acusar, porque para eso yo tengo Abogado frente al Padre.

Escucha lo que Colosenses dice en el capítulo 2, versículos 13 y 14: "Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos." Escucha ahora: "Habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz." Cuando Cristo vino, Él tomó la ley que estaba llena de decretos que nos eran adversos, que me acusaban continuamente, y tomó la ley y la clavó en la cruz y la hizo obsoleta. Y la hizo obsoleta, dice el libro de Hebreos 8:13: "Habiendo cancelado el documento de deuda que consiste en decretos contra nosotros y que nos era adverso."

Hay más. Si Jesús no hubiese venido, no tendríamos el Evangelio; lo único que tendríamos es la ley. No Evangelio implica no misericordia por el perdón de mis pecados. No Evangelio implica no gracia para el ofrecimiento de vida eterna. Y alguien pudiera decir: "Pastor, entonces ¿Dios no tuvo gracia ni misericordia en el Antiguo Testamento?" Claro que sí. La pregunta no es esa; la pregunta es: sobre la base de ¿qué hubo gracia y misericordia en el Antiguo Testamento? Y en el Antiguo Testamento hubo gracia y misericordia sobre la base de que el Mesías vendría y pagaría por el pecado de aquellos que, en el Antiguo Testamento, todavía no le habían conocido a la manera como nosotros le conocemos.

De manera que si no lo hubiese habido en el Antiguo Testamento, no lo hubiese habido en el Nuevo Testamento. Si Cristo no viene, no habría base para perdonar los pecados de los hombres, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Tampoco habría base para darnos entrada al cielo.

Este es un punto fino de teología, pero tienes que aprenderlo para que puedas ver lo que ha hecho Dios. Ven a ver lo que ha hecho Dios. Si Cristo va a la cruz y muere en mi lugar, y eso es todo lo que hace, mis pecados podían ser perdonados; pero me dejan en una condición de neutralidad, no me pasan a la vida eterna. Porque Él no murió para pasarme a la vida eterna; Él murió para perdonar mis pecados. Entonces, ¿cómo paso a la vida eterna por los méritos de Cristo? ¿Y cuáles son los méritos de Cristo? El cumplimiento de la ley que me acusaba y condenaba a cabalidad. De manera que para yo entrar al cielo necesito la vida de Cristo cumpliendo la ley, y necesito la muerte de Cristo para el perdón de los pecados. Y ahí puedes ver entonces que, si Cristo no viene, yo no puedo tener ni perdón de pecado ni entrada al cielo.

Sigue pensando en lo que ha hecho Dios, porque todos estos son beneficios a favor del pecador. Si Cristo no viene, no tendríamos el Evangelio; solo habría justicia para condenarme. Si Cristo no viene y yo no tengo el Evangelio, ni siquiera soy hijo de Dios. ¿Y qué soy, pastor? Criatura de Dios. ¿Como los animales? Juan 1:12 claramente lo dice: "A todo aquel que le recibió, le dio el derecho de llegar a ser hijo de Dios", porque no lo era. Uno de los grandes errores de la humanidad es pensar que todo el mundo es hijo de Dios. La Biblia en ningún momento dice una cosa semejante; sería una herejía afirmar tal cosa. Todo el mundo es criatura de Dios, pero a los que le recibieron, que creen en su nombre, a esos Dios les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. No han sido de carne ni de la voluntad del hombre.

Todavía más. Si Jesús no hubiese venido, tú y yo no conoceríamos la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo, porque "de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, mas tenga vida eterna." La cruz fue la máxima expresión del amor del Padre, donde Él entregó a su Hijo. Y la cruz fue la máxima expresión del amor del Hijo, donde Él entregó su vida. Nosotros no tendríamos idea, en la persona de Jesús, de la anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Cristo.

El amor, la experiencia de ese amor que dejó a Pablo sin ninguna opción que no fuera predicar el Evangelio: eso dice Pablo en 2 Corintios 5, que el amor de Cristo lo constreñía, lo ponía entre la espada y la pared, como hemos dicho en otras ocasiones. Nosotros no sabríamos nada de eso. De hecho, nosotros no sabríamos cómo amar, porque de acuerdo a la Palabra de Dios, el verdadero amor viene del verdadero Dios. "Todo el que ama es nacido de Dios." Yo no tendría parámetro, yo no tendría motivación, yo no podría amar como Dios ama, yo no podría perdonar como Dios perdona, yo no tendría ejemplo ni modelo a seguir. Es Cristo quien me dejó tal modelo y tal ejemplo.

Hay más. Si Jesús no hubiese venido, nosotros todavía tendríamos que enfrentar la ira de Dios. ¿Te imaginas? El sacrificio perfecto de Jesús propició, que implica aplacó, la ira de Dios. ¿Y contra qué estaba Dios airado? Contra el pecado del hombre. ¿Y cuál es ese pecado, pastor? Todos, pero de manera particular, Romanos 1 revela cuáles son los dos pecados que hacen que Dios revele su ira: "Porque la ira de Dios se revela contra toda impiedad e injusticia de los hombres que suprimen la verdad" (Romanos 1:18). Al llegar al versículo 20-21, Dios dice: "Porque habiendo conocido a Dios, no le reconocieron como Dios ni tampoco le dieron gracias." Hay dos pecados capitales, universalmente, que han airado a Dios: que el hombre sabe que Él existe y lo niega.

Para Dios no hay ateo, porque el mismo texto que estoy citando dice que Dios se le reveló en la creación y se le reveló en su conciencia. En los años de 1800, cuando Sigmund Freud surgió, la discusión que se sostenía en ese momento, y que ya estaba entablada, era si había Dios o no; y muchos negaban a Dios.

Pero los ateos no podían explicar cómo es que, si no existe un Dios, en cada rincón del planeta tierra donde hemos ido la gente habla de un Dios. ¿De dónde salió eso de manera tan universal? Dios dice: "Porque yo se lo revelé en su conciencia."

Nosotros tendríamos que enfrentar la ira de Dios. Yo no creo que ninguno de nosotros quisiera enfrentar la ira de un Dios tres veces santo, infinitamente justo y omnipotente. Imagínate eso: yo tengo que enfrentar la ira de un Dios que es infinito en santidad, infinito en justicia, y luego todopoderoso, y es esa ira la que está sobre mí. Había una sola manera de resolver eso, y es que viniera un Salvador tan poderoso como ese Dios, Su Hijo, que pudiera recibir sobre Sus hombros la ira que ya yo no tengo que enfrentar.

Su Hijo fue propiciación. Ven, ven a ver lo que ha hecho Dios. Ven y ve en Su Hijo lo que ha hecho Dios. La ira de Dios demandaba la muerte de cada pecador, así de sencillo. Pero Cristo asumió la muerte de cada violador de la ley. ¡Wow! Cristo asumió la muerte de cada violador de la ley.

Ahora bien, todo eso es decir que si Cristo no hubiese venido, me habría terminado. Pero Él sí vino. Y como Él sí vino, el hombre puede encontrar perdón de pecado en Él. El hombre puede contar con que la ley ha sido cumplida a su favor, porque Cristo no derramó sangre por ningún pecado, sino que derramó Su sangre por cada uno de nuestros pecados. Escucha: los que cometiste ayer, los que cometas hoy, los que cometas mañana. Ven a ver lo que ha hecho Dios. Eso es extraordinario.

Hace dos mil años, Cristo no va a derramar un chorrito de sangre hoy, otro mañana y otro pasado, hasta que finalmente llegue el fin, porque cada vez que peco hay que derramar más sangre. No. Por un solo sacrificio, un solo derramamiento de sangre, Él perdonó para siempre los pecados de aquellos que están siendo llamados. Ven a ver lo que ha hecho Dios.

Escucha, como Cristo sí vino, escucha uno de los beneficios: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado." ¿Escuchaste eso? ¿Hay alguien aquí que nunca haya sido tentado? Si levanta la mano, ven al final y habla conmigo, pero tiene que confesar de por mentiroso. Pero este sumo sacerdote puede empatizarse con nosotros. ¿Por qué? Porque fue tentado en todo. "Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia, para que recibamos misericordia y hallemos gracia para la ayuda oportuna."

Eso yo lo tengo porque Él vino. Y si no hubiese venido, no tuviera tal sumo sacerdote. No tuviera nadie en los cielos que pueda empatizar con mis tentaciones. Número dos: yo no tendría una invitación a acercarme con confianza al trono de la gracia. Además, la única razón por la que dicha invitación existe es porque Cristo abrió el camino al Padre.

Lo que hubiese ocurrido si Él no viene es una invitación a no acercarse, como tuvieron los judíos cuando descendieron sobre el monte Sinaí, y el monte humeaba y el monte temblaba para entregar los diez mandamientos. Y Dios le dice: "¡Ve y dile al pueblo que no se acerca! Es más, pongo un cordón alrededor de la montaña, y el que traspase el cordón morirá, no importa si es un ser humano o un animal." Esa sería la invitación. Pero Cristo sí vino. Yo tengo una invitación de acercarme con confianza al trono de la gracia, porque ahí está mi sumo sacerdote que es capaz de empatizar con todas mis flaquezas.

Y todavía es mejor que eso. Porque cuando Juan vino a escribir su primera carta, escucha, en la primera parte que yo te mencioné habla de que Él se empatiza con mis tentaciones. Pero además, cuando su uno... escucha: "Y si alguno peca..." Yo creo que a ti te interesa escuchar esto, ¿verdad? Cuando pecaste la última vez, ¿hace cuánto tiempo fue? ¿Como un segundo? Porque nosotros vivimos en transgresión de la ley. "Y si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo." Como dirían en inglés, no hay nada mejor que esto: cuando tienes un sumo sacerdote que empatiza con tus tentaciones, y ese mismo Él es tu abogado cuando tú pecas, Él está a favor tuyo frente al Padre intercediendo por ti.

¡Ven a ver lo que ha hecho Dios en Su Hijo Jesús! Por eso es que tenemos que recordarlo y celebrarlo. Él me invita a acercarme justamente por ese Hijo. En Él nosotros hemos recibido gracia sobre gracia, dice Juan 1. Y la razón por la que tú lees este texto y como que no te percatas de lo que está refiriendo es porque no hemos reflexionado sobre todas estas cosas que Dios ha hecho en Cristo Jesús, que no estaban antes de que Él viniera.

Él es mi Salvador, Él es mi defensor, mi abogado frente al Padre, Él es mi sumo sacerdote, como ya dijimos. ¿Te imaginas viviendo en un mundo sin intercesor, sin Salvador, sin herencia? En la eternidad, la Palabra de Dios nos dice que nosotros vamos a heredar con Cristo, y no solamente vamos a heredar con Cristo, sino que vamos a heredar todo lo que Cristo ha hecho, porque somos coherederos con Él. Y al final de mis días yo seré como Él es. De manera que, si Él no viniera, al final de mis días yo sería como yo soy, y siempre fui en mi peor estado, peor de lo que es hoy.

La única razón por la que yo puedo ser un poco mejor es porque Cristo me ha hecho mejor. Pero mi esperanza, sin Él, sería: "¿Tú sabes qué? Tú eres un hombre pecador, la mente entenebrida, el corazón endurecido, la voluntad esclavizada, y como te mueras, así mismo te va a ir." No, porque Cristo vino y cambió la historia.

Si Jesús no hubiese venido, nosotros no sabríamos ni siquiera lo que es verdad. ¿Tú puedes creer eso? Tú no tendrías la menor idea de lo que es la verdad. Porque Cristo vino y dijo: "Yo he venido para dar testimonio de la verdad." Frente a Pilato, solo ante Pilato, Cristo resumió Su misión en una frase: dar testimonio de la verdad. Tú quieres saber por qué el mundo está corrompido, está bajo condenación: porque cambió la verdad de Dios por la mentira. Yo he venido para encarnar la verdad, para dar testimonio de la verdad, porque cuando Adán pecó y Eva pecó, ellos y sus descendientes perdieron la noción de lo que es mentira y de lo que es verdad. Y desde entonces el hombre ha vivido todo el tiempo creyendo que su mentira es la verdad.

Me hablaban esta semana de otra persona, me decían que esa persona cree, entiende fervientemente, que cumple los diez mandamientos. Eso es una mentira de marca mayor. Porque si eso es verdad, tenemos otro Jesucristo entre nosotros. La Palabra categóricamente afirma que todos nosotros continuamos siendo violadores de la ley, pero alguien cumplió la ley por mí.

Pero esa no es la primera vez que alguien dice eso. El joven rico en los Evangelios que se acerca a Jesús, Mateo 19, dice la misma cosa. Le pregunta a Jesús qué puede hacer para obtener la vida eterna. Y Jesús le dice: "Bueno, para probarlo, cumple los diez mandamientos: no robes, no hurtes, no cometas adulterio, no hagas todo esto." Y él le dice: "Yo he hecho todo eso." Y Jesús le dice: "No me diga. Podemos dejarte con una prueba: ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres." Y el hombre rico se fue triste. No porque no se puede ser rico y creyente en Cristo, no, sino porque Cristo sacó a relucir su verdadero dios.

El Salmo 116:11 dice que todo hombre es mentiroso. ¿Te has ofendido alguna vez cuando alguien te dijo mentiroso y te estaba diciendo la verdad? Salmo 116:11. Nosotros hemos permanecido en la mentira, no sabiendo ni siquiera lo que es verdad. Jesús es la verdad que nosotros no vemos. Jesús es la verdad que yo tengo que creer. Jesús es la verdad que me hace libre. La mentira me esclaviza, la verdad me liberta, y a eso vino Jesús.

Adán y Eva perdieron la noción de lo que es la verdad y el error. Y el que no ha entregado su vida a Cristo y el Espíritu no mora en él, todavía continúa sin poder discernir la verdad del error, y continuamente cree que su mentira es la verdad. Jesús es el lente que me ayuda a enfocar la vida. Literalmente, Jesús es como esa pieza giratoria de las cámaras manuales que te ayuda a enfocar, para que lo que estás viendo quede en foco. Jesús es el lente que enfoca el resto del mundo, que enfoca mi visión. Por tanto, si Jesús no hubiese venido, el mundo entero estaría fuera de foco, completamente, porque Él enfoca mi visión.

Sin Jesús, tú no puedes tener un hombre moral ni un mundo moral. No habría idea de lo que es bueno o malo, de lo que es la moralidad y la inmoralidad. Por eso, en el día de hoy la gente que no cree en Jesús piensa que bueno es lo que ellos creen que es bueno, y malo es lo que ellos creen que es malo. Claro, porque sin Jesús no hay manera de conocer lo que es bueno o malo, moral o inmoral. Sin Jesús nosotros no conoceríamos el camino al Padre. Sin Jesús nosotros no tendríamos posibilidad de vida eterna. Por eso Él vino y dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida."

Jesús es el camino que yo tengo que seguir, es la verdad que yo tengo que creer y es la vida que yo tengo que vivir. No hay muchos caminos, hay uno solo. Él es el camino. Hay una sola verdad, y es la que Él proclamó. Hay una sola vida eterna, y es la que Él puede dar.

Pero hay más. Si Jesús no hubiese venido, los poderes de las tinieblas nunca hubiesen sido desarmados, como afirma Colosenses 2:15. Pastor, ¿qué implica eso? Que yo tendría un enemigo más poderoso de lo que él es hoy, más poderoso de lo que él está hoy, para tentarme, para cruzarme y para hacerme caer. Él tiene mucho poder después de que lo desarmaron. Imagínate lo poderoso que él sería si no lo hubiesen llegado a desarmar.

¿Y hasta dónde quedaron ellos desarmados? Bueno, vamos por partes. Mira lo que dice el libro de Hebreos, capítulo 2, versículos 14 y 15, leyendo la Nueva Traducción Viviente: "Debido a que los hijos de Dios son seres humanos, hechos de carne y sangre, el Hijo también se hizo de carne y sangre."

Pues solo como ser humano podía morir, y solo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, que tenía el poder sobre la muerte. Únicamente de esta manera el Hijo podía libertar a todos los que habían sido esclavizados por el temor de la muerte. El poder mayor de Satanás es justamente el poder de la muerte sobre nosotros, y él lo tenía, de acuerdo al autor de Hebreos. Pero cuando Cristo vino y se ofreció en sacrificio en la cruz, no solamente derrotó el pecado, sino que tomó una tumba prestada, porque solo iba a usarla por un par de días. Y cuando Jesús resucitó, venció la muerte.

Por eso es que Pablo escribe en su primera carta a los corintios, en 1 Corintios 15:55, dice: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón?" Ese aguijón ha sido deshecho por nuestro Mesías y Redentor. De manera que Él derrotó los poderes de las tinieblas, y una de las cosas que le quitó fue el poder sobre la muerte.

Si Cristo no hubiese venido, Satanás aún estaría llevando a cabo una enorme destrucción a gran escala. Como Cristo se había encarnado, Satanás comenzó esa destrucción, aprendió a cederla, y ha continuado hasta el día de hoy. Pero escucha lo que Juan nos dice cuando nos informa en su primera carta, en 1 Juan 3:8, que el Hijo de Dios vino para destruir las obras del diablo. De manera que si Cristo no hubiese venido, las obras del diablo estuvieran reinando de manera imperante. Como reina en muchas de las naciones que no le conocen, donde la esclavitud todavía existe, donde la trata sexual todavía existe, como reina en muchos de los lugares donde un hombre tiene cuatro, cinco, seis, siete, ocho o diez mujeres, si es posible.

¿Qué más? Si Él no hubiese venido, ¿saben dónde terminaría la Biblia? Con el último versículo de Malaquías. ¿Cómo termina el último versículo de Malaquías? "No sea que yo venga y maldiga la tierra." La Biblia terminaría con una amenaza de maldición. ¿Cómo te gustaría tener un libro que cierra con una amenaza de maldición? Pero no es así como la Biblia termina cerrando; la Biblia termina ofreciendo los cielos nuevos y tierra nueva. E imagínense todo lo que tenemos, porque Él vino. Y si Él no hubiese venido, no habría cielos nuevos ni tierra nueva; habría una amenaza de maldición.

Hay más. Si Jesús no viene, no hay Nuevo Testamento. Si no hay Nuevo Testamento, yo no tengo una carta dedicada al gozo, llamada Filipenses, que me sirva para reafirmar el gozo en medio de la tribulación; no habría Filipenses. Si Jesús no viene, no habría una promesa que me diga: "¿Sabes qué? Tú has hecho cosas malas, pero todas las cosas cooperarán para bien para todos los que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito." Yo no podría confortar a nadie diciéndoles: "Sé que eso fue terrible, pero sabes que Dios lo va a hacer cooperar para bien", porque yo no tendría Romanos. Romanos existe porque Jesús vino.

Yo no tendría la explicación de lo que es el matrimonio representando la unión de Cristo con su iglesia, que la carta de Efesios me explica. No tendríamos el libro de Apocalipsis, que termina prometiéndome que al final de los tiempos nosotros ganamos. Podemos estar como diciendo que estamos perdiendo ahora, pero nosotros ganamos, porque Cristo gana, y cuando Él ganó, yo gané. Imagina tener un libro donde Apocalipsis no está, y donde hay una promesa de que viviremos en su presencia, donde no habrá sol porque la luz que emana de su presencia es tan extraordinaria que no necesitamos el sol. No habría tal promesa.

Es más, si Jesús no viene y yo voy hacia atrás al Antiguo Testamento, tengo problemas también, porque yo no tendría idea de lo que el Salmo 23 realmente significa, porque el buen Pastor lo tipifica a Él. ¿Entiendes? Y peor aún, cuando leo Isaías 53 y me habla de los padecimientos de Cristo, yo estaría igualito que el eunuco etíope —acuérdate del eunuco en el libro de los Hechos que revisamos—, que no entendió ni papa, como decimos aquí; no entendió nada, y Felipe tuvo que explicarlo. ¿Y qué estaba leyendo? La única manera de entender Isaías 53 es porque Jesús vino, y yo puedo tomar lo que Él hizo, lo que Él sufrió y padeció, y traerlo hacia atrás y decir: "¡Eureka, eureka, lo he encontrado! Eso era lo que Isaías quería decir." O sea que el Antiguo Testamento sería como un enigma en muchos de sus pasajes.

Hay más, ya más cerca de casa. Si Jesús no viene, no habría ninguna iglesia, amigo mío. No habría ninguna otra iglesia en el planeta Tierra, porque la iglesia es la agencia de Cristo, la embajada de Cristo en este lugar. Y cuando tú imaginas un mundo sin iglesia, un mundo sin las oraciones de los cristianos, la Cruz Roja no existiría, literalmente; muchas de las agencias de benevolencia no existirían, muchos de los servicios sociales no existirían. Las grandes universidades de Estados Unidos que hoy son ateas, lamentablemente —Princeton, Harvard y Yale—, nunca hubiesen nacido; todas son el fruto de cristianos y de pretéritas iglesias locales. La Última Cena de Leonardo da Vinci nunca la hubieras visto. El Cristo de Miguel Ángel nunca lo hubieras visto. Los grandes acontecimientos de la humanidad nunca hubiesen acontecido.

James Kennedy escribió un libro justamente titulado de esa forma, y lo que hace no lo hace desde el punto de vista desde el que yo lo estoy haciendo; lo hace desde el punto de vista de la historia, de cómo la venida de Cristo y los cristianos que le siguieron influyeron en la ciencia, el arte, la educación y toda las demás áreas: la política, la eliminación de la esclavitud, la justicia social. Este sería el mundo; el mundo se parecería más a lo que era Roma y Grecia en la antigüedad.

Pero yo tengo que llegar a mi final. No podemos seguir hablando de todo lo que hubiese acontecido si Cristo no hubiese venido, porque no nos da el tiempo. Déjame cerrar con la idea de que sí vino. Porque ahí donde estábamos, no podemos quedarnos como si casi no hubiese venido. Entonces, no tenemos que estar deprimidos, porque sabemos que sí vino y sabemos de los beneficios que estamos disfrutando. Pero cuando Jesús vino, Él habló y obró. Eso es exactamente lo que dice Juan 15:22 y 24: "Si yo no hubiese venido y no les hubiese hablado", y luego dice: "y si no hubiese hecho las obras que yo hice, entonces no tendrían pecado." Pero Él vino, y habló, y obró.

Y entonces, ahora que Él vino, ahora yo le conozco de otra manera. Los que le conocieron en el pasado, cuando Él caminó sobre este planeta, le conocieron de otra forma. Un discípulo le llamaba Maestro, Raboni, y eventualmente, cuando llegaron a entender quién Él era, le llamaron Hijo de Dios. Los demonios le llamaron el Santo de Dios. Sin embargo, cuando Cristo usó un título para identificarse a sí mismo, simplemente se llamó Hijo del Hombre.

Nosotros, ¿cómo le llamamos? Salvador, Mesías, Redentor, Alfa y Omega, Principio y Fin, el Lucero de la mañana, el Lirio de los valles. ¿Cómo más se le llamaba? El Verbo. ¿Cómo más se le llamaba? Emanuel. No habría Dios con nosotros si Él no hubiese venido, pero Él vino. El universo lo reconoce como Señor. Él volvió a la vida; fue enterrado en esa tumba, como mencionamos. La tumba fue cerrada con una gran roca, y cuando Él resucitó, la dejó abierta y vacía. Fue clavado en la cruz, donde Él perdonó todos y cada uno de mis pecados.

Y entonces la cruz, que era un instrumento por excelencia de maldición, por la manera como Él lo obró, la volteó y la convirtió en instrumento de bendición. Eso es lo que hace nuestro Dios: el instrumento de maldición lo convierte en instrumento de bendición. Y cuando Él murió, el infierno tembló, y sus poderes y sus autoridades fueron desarmados. Ese es el Cristo que nosotros conocemos.

Él cumplió todas las profecías. Si Cristo no viene, hubiese hecho a Dios mentiroso, porque el Antiguo Testamento está lleno de profecías que Él tenía que cumplir. Y si Él no viene, nosotros no sabríamos nada de la fidelidad de Dios. Incluso no tendríamos esperanza para la segunda venida en lo más mínimo. Si fracasó la primera vez, no podría venir la segunda vez; ni siquiera habría venido la primera, y estaríamos todavía esperando que llegue. La larga espera. Pero sí vino, y cuando vino, Él probó la fidelidad de nuestro Dios.

Y antes de partir, al reunir a sus discípulos, declaró: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra." ¿No es así? Ningún gobernante de este mundo tiene autoridad en sí mismo, como Él le dijo a Pilato: "Tú no tendrías ninguna autoridad si no te lo hubiera dado el cielo. El cielo te ha permitido reinar, a pesar de lo malo que tú eres, pero te ha permitido reinar como juicio sobre esta nación." Cada nación tiene los presidentes que se merece. Eso no es un comentario político, sino teológico.

"Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", porque yo tengo autoridad en el cielo y en la tierra. Y número dos: "Yo te prometo que estaré con vosotros hasta el fin del mundo", hasta el fin de la era, o hasta que vosotros entréis al Padre. "Yo te prometo que mi autoridad estará a tu favor." Él está por nosotros, y promete su presencia contigo hasta el final de tus días o el final de la era. Nunca dejará a su iglesia. "Enseñadles todas las cosas que yo os he enseñado."

Este es el Cristo que predicamos, y ningún otro: el Señor del cielo y la tierra, Salvador del universo, Salvador de los hombres, Salvador de aquellos que ponen su fe en Cristo Jesús. Y esa es la razón por la que en este día nosotros quisimos celebrar, meditar y reflexionar acerca de qué hubiese pasado si Cristo nunca hubiese venido.

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, como la del unigénito del Padre." Y Él vino lleno de gracia y de verdad: la verdad que no podíamos discernir, y la gracia que necesitábamos, encarnada en la persona de Dios.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de Internet: www.integridadysabiduria.org.

¿Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.