Integridad y Sabiduria
Sermones

Cristo, nuestro ejemplo para dar

Miguel Núñez 10 julio, 2016

La motivación suprema para dar no es un mandamiento, sino una realidad que transforma: Cristo, siendo rico, se hizo pobre para que nosotros, siendo pobres, llegáramos a ser ricos. El apóstol Pablo presenta este versículo a los corintios no como una orden, sino como una prueba del amor genuino por Cristo y su obra. Las riquezas de las que habla no son materiales; se refieren al estado exaltado de Cristo en gloria, quien dejó la compañía de la Trinidad y los ejércitos celestiales para nacer en un pesebre, rodeado de animales en lugar de ángeles, acusado por aquellos a quienes vino a rescatar.

Las excusas para no dar se desmoronan frente a este ejemplo. ¿Que la gente no merece lo que damos? Cristo podría decir lo mismo de nosotros. ¿Que son malagradecidos? Dios nos proveyó durante años antes de que siquiera nos importara su nombre. ¿Que no saben administrar? Quizá deberíamos revisar nuestras propias deudas y prioridades. La inseguridad financiera que nos retiene revela incredulidad, como si el dinero pudiera darnos la seguridad que solo Dios ofrece.

Lo que éramos antes de Cristo era pobreza absoluta: corrupción, muerte espiritual, mentes en tinieblas, voluntades esclavizadas al pecado. Lo que seremos es riqueza inconcebible: incorrupción, gloria, poder, cuerpos espirituales, la imagen misma del celestial. El pastor Núñez advierte contra el evangelio de la prosperidad, que tuerce este texto para prometer riquezas temporales cuando Pablo habla de tesoros eternos. Dios quiere hombres espiritualmente ricos, no materialmente satisfechos. La generosidad fluye cuando comprendemos cuánto hemos recibido.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Gracias. Y ahora, por favor, a mi casa. Quiero invitarte a que abras la Palabra, la segunda carta del apóstol Pablo a los corintios.

Gracias damos a aquellos de ustedes que estuvieron orando tanto por mi esposa como por mí. Estuvimos en Puerto Rico el viernes y ayer sábado. Estuvimos hablando allá, tanto ella como yo. Dios nos acompañó, Dios estuvo allí, Dios ministró, Dios nos regresó anoche, aquí estamos. Con gozo y habiendo ministrado y habiendo sido ministrados. Y gracias de nuevo por orar.

Segunda carta a los corintios, capítulo 8. Vamos a estar leyendo del versículo 9 al 15, pero nosotros vamos a cubrir un versículo, que es el versículo 9. Yo creo que se lee de este texto, pero leerlo de la manera que mencioné nos ayuda a verlo en su contexto. La próxima semana entonces pasamos al 10 y a los versículos siguientes.

Yo comencé la semana anterior mencionando que los capítulos 8 y 9 de esta carta contienen suficientes enseñanzas para darnos las directrices, para nosotros saber cómo dar a la luz de todo lo que la Palabra tiene que decir. También hablamos de cuál fue la ocasión durante la cual el apóstol Pablo pasó a la iglesia de Corinto estas enseñanzas. La iglesia había comenzado a tomar una ofrenda, una recolecta para enviar a Jerusalén, a los santos necesitados de Jerusalén, el año anterior. La recolección se paró, quizás por el mismo conflicto que estos corintios sostuvieron con el apóstol Pablo. Y ahora, en esta ocasión, en esta segunda carta, a la que conocemos como segunda carta, Pablo está tratando de motivarlos a completar aquello que ellos habían iniciado un año atrás.

Y mencionábamos la semana anterior, yo quiero entrar un poco en esa dirección otra vez, porque estos dos capítulos no son simplemente acerca de la necesidad de completar dicha ofrenda, sino que tienen que ver mucho con nuestra condición del corazón a la hora de ofrendar. Y esto es simplemente una ocasión que el apóstol Pablo está usando para poder ilustrar de qué forma se supone que los hijos de Dios ofrenden, pero al mismo tiempo lo hace en un contexto en particular.

Y es difícil hablar muchas veces de un tema que al incrédulo y al creyente les resulta incómodo por alguna razón. Yo decía que es más fácil entender la dificultad que tiene el incrédulo a la hora de dar, que entenderlo en el caso del creyente que ha recibido gracia sobre gracia. Y decía que lamentablemente muchos de los hijos de Dios han permitido o han cedido mucho de su corazón al señorío del dinero. Pero que es peor aún que aquellos que han sido hechos así nunca admiten o pueden ver que realmente tal efecto ha ocurrido, mientras que aquellos que están a su alrededor sí lo pueden ver. Y eso es una realidad del cristiano que nunca puede ver, o del hombre incrédulo aún, que nunca puede ver el pecado en el cual se encuentra atrapado. La misma prisión en la que se encuentra se lo impide.

El apóstol Pablo nos ayuda a entender muchas cosas en esta carta acerca de la condición de nuestro corazón, pero el resto de la Biblia nos ayuda a entender muchas cosas de cómo el dinero, las finanzas, en el reino de los hombres son vistas desde el ángulo, desde la cosmovisión del reino de Dios. Y una de las cosas que Cristo enseñó y que aparece en Lucas 16:11, acerca de la relación que existe entre Dios, o de la relación que existe entre nuestras finanzas y mi relación con Dios, es esta que estoy a punto de leer. Te la voy a parafrasear primero, luego te leo el texto, pero en esencia es esto: hay una relación entre tu relación con Dios y el manejo de las finanzas. Hay una relación entre la manera como Dios termina bendiciéndote con las cosas espirituales y cómo manejas las cosas terrenales.

Lucas 16:11: "Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?" Cristo llama riquezas injustas a todas las riquezas terrenales. Él llama riquezas verdaderas, porque son las únicas que desde el ámbito, desde la cosmovisión de los cielos, son las únicas que verdaderamente son consideradas riquezas. Todas las riquezas de aquí abajo, de este reino en el que nosotros vivimos, no son consideradas como riquezas a la luz de lo que Dios tiene que decir. Y por tanto él habla de riquezas injustas y riquezas verdaderas. Las riquezas verdaderas corresponden a las cosas que Dios puede dar y que tienen que ver con su reino celestial, y las riquezas injustas son todas las riquezas de este mundo, porque en la cadena de eventos de cómo el dinero se produce hay siempre injusticia a lo largo del camino. Y Dios dice: yo observo cómo los hombres, y en particular mis hijos, administran lo que yo les doy, y conforme a su fidelidad yo los bendigo con riquezas verdaderas o no.

Y a la hora de nosotros pensar en el ofrendar, o en dar, o diezmar para Dios, muchas veces, como hablamos ya en el mensaje anterior, la excusa ha sido que realmente no tenemos suficiente efectivo para dar a tales propósitos. Ojalá pudiéramos tener, ojalá yo tuviera mucho más para dar mucho más. Y cuando tú revisas las estadísticas y los estudios, realmente tú descubres que muchas veces la gente no tiene para darle a Dios porque ya se ha gastado lo que tenía en cosas que no tienen valor eterno.

Algunas estadísticas nos podrían ayudar. Y una vez más, yo quiero decir que estas estadísticas vienen de Estados Unidos simplemente porque esta nación estudia todos estos fenómenos sin cesar, cada cosa queda registrada. Nosotros no tenemos tal cosa necesariamente en América Latina, pero mira, una idea: en el año 2004 los norteamericanos gastaron 540 billones de dólares en entretenimiento. En el año 2015, la Asociación Americana de Productos para Mascotas, perros, gatos y demás, estimó que los estadounidenses gastaron un total de 23 mil millones de dólares en alimentos para mascotas, 14 mil millones de dólares en productos diversos y medicamentos sin receta para sus mascotas, 15 mil millones de dólares en cuidado de veterinarios, 2,100 millones de dólares en compra de animales vivos, y más de 5 mil millones de dólares en servicios para mascotas como el peinarlos, hotelería y demás, para un total de casi 60 mil millones de dólares, o 60 billones de dólares en lenguaje norteamericano, porque nuestro billón de dólares no es el billón de dólares de ellos. Pero en su lenguaje, 60 billones de dólares. Si tú quieres saber cuánto es eso en lenguaje norteamericano, en inglés, el presupuesto de República Dominicana es 14.6 billones. Ellos gastaron en mascotas 60, cuatro veces más.

Si bien es cierto que esas estadísticas no representan necesariamente los hábitos de los cristianos, sabemos que por lo demás muchos estudios han demostrado que los gastos o los hábitos de gastos del cristiano no difieren mucho del no cristiano, excepto quizás por vicios como drogas, alcohol, cigarrillos y juegos de azar, y cosas de ese tipo que representan pecados extremos en la cultura. Nosotros gastamos en las cosas que mi corazón tiene interés, y nosotros no invertimos en las cosas que nuestro corazón no ha desarrollado ningún interés, o ha desarrollado poco interés, o menos interés que aquellas cosas en las que yo realmente invierto la mayoría de mis finanzas.

Los corintios no nos revelan exactamente cuál era la lucha en este momento, pero aparentemente había una cierta apatía para completar algo que ya habían iniciado. Él habla en la primera carta, en el capítulo 16, de esa ofrenda y cómo iba a ser llevada hasta Jerusalén. Y ahora que les escribe esta segunda carta, va a motivarlos para que completen aquello que ellos habían iniciado. Él está dando una motivación para que ellos pudieran hacer algo que habían dejado a medias. Él va a darles un incentivo.

Y lo primero que él hace es, como vimos en el mensaje anterior, que él les presenta un incentivo terrenal, un ejemplo, una ilustración. Y esa ilustración tenía que ver con las iglesias de Macedonia: Berea, Filipos, Tesalónica. Cómo esas iglesias dieron de la manera como vimos la semana pasada: dieron de su profunda pobreza, dieron en medio de una gran aflicción. Estas iglesias dieron voluntariamente, dieron de acuerdo a sus posibilidades y más allá de sus posibilidades. Estas iglesias dieron de esa manera porque primero se dieron al Señor y luego se dieron a nosotros mismos, dice el apóstol Pablo.

De manera que con ese entendimiento ahora, no solamente de cuál era el contexto de esta carta o de este tema que Pablo está tratando, sino también habiendo visto ese modelo, ilustración, ejemplo terrenal, el apóstol Pablo y ahora nosotros pasamos a ver el ejemplo por excelencia, la motivación suprema para dar. Eso es lo que Pablo va a presentar ahora. Ya les presentó algo terrenal, ahora les va a presentar algo celestial para que ellos puedan entender por qué un hijo de Dios debiera dar generosamente.

Y él comienza en el versículo 9 con esta palabra: "Porque". Y ese "porque" me lo conecta a lo que él dijo en el versículo anterior, como veremos en un momento. "Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegarais a ser ricos. Y doy mi opinión en este asunto, porque esto os conviene a vosotros, que fuisteis los primeros en comenzar hace un año, no solo a hacer esto, sino también a desear hacerlo. Ahora pues, acabad también de hacerlo, para que como hubo la buena voluntad para desearlo, así también la haya para llevarlo a cabo según lo que tengáis. Porque si hay buena voluntad, se acepta según lo que se tiene, no según lo que no se tiene. Esto no es para holgura de otros y para aflicción vuestra, sino para que haya igualdad." En otras palabras, no ando buscando que ustedes den tanto que los demás estén holgados y ustedes estén ahora en dificultad. "En el momento actual vuestra abundancia suple la necesidad de ellos, para que también la abundancia de ellos, que se haya en el futuro, supla vuestra necesidad, de manera que haya igualdad."

Como está escrito: "El que recogió mucho no tuvo demasiado, y el que recogió poco no tuvo escasez." Ahí está el apóstol Pablo diciendo a los corintios: esta es la motivación, la razón número uno por la que ustedes debieran dar. Y entonces, cuando él comienza a decir eso, presentar a Cristo y su entrega como la motivación, él precede ese versículo 9 con esto que voy a leer ahora, a ver si conecto.

"No digo esto como un mandato, sino para probar la sinceridad de vuestro amor o de nuestro amor." Escucha al apóstol Pablo diciendo que esto que él está haciendo, que él está pidiendo, no es un mandato, pero es una prueba. Es para probar lo genuino, lo real de su amor por Cristo, por su reino, por su obra, por lo que él ha hecho en ti. E inmediatamente después, entonces él presenta a Cristo como el mejor ejemplo, el mejor modelo, la mejor motivación, la mejor razón para que tú y yo podamos dar generosamente. Y esa razón aparece en el versículo 9.

Escucha otra vez: "Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo." Esto no es un mandato, esto es una prueba de amor. "Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros, por medio de su pobreza, llegarais a ser ricos."

Con ese solo versículo, el apóstol Pablo me deja ver algo de manera directa y algo de manera indirecta. Me deja ver una moneda directamente de una cara, y yo puedo concluir lo que hay del otro lado de la misma cara. Pablo me deja ver que la manera como Cristo se dio a sí mismo debe ser mi motivación número uno para yo dar. Eso está claro en ese texto; creo que no tengo que explicarlo más en este momento. Y por otro lado, me deja ver, me deja entrever, que lo que movió a Cristo a darse a sí mismo de esa forma fue su gracia que me visitó en amor abundante. Eso está ahí también: "Sin embargo, conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros..."

Entonces, esa es la motivación de Cristo para venir, para darse, para entregarse: la gracia que, al visitarme, se desbordó en amor hacia nosotros. Eso yo lo tengo claro de un lado de la moneda. Del otro lado de la moneda, entonces yo puedo concluir que muchas veces la razón por la que tú y yo no damos como debiéramos dar es porque no amamos como Cristo amó ni el mundo, ni la obra de Dios en el mundo, ni el reino de Dios. Porque claramente Juan 3:16 nos dice que Dios tanto al mundo lo amó, para rescatarlo obviamente, que envió a su Hijo unigénito. Dios amó y luego dio. El acto de amar precedió al acto de dar.

Y de esa misma manera, entonces yo puedo concluir del otro lado de la moneda que, si yo amara más al mundo a la manera de Dios, para ver la Gran Comisión extendiéndose, el Evangelio expandiéndose; si amara más al reino de los cielos, si amara más lo que Dios ama, yo diera más de mí en todo el sentido de la palabra. Yo puedo concluir eso, y yo puedo concluir también, que es el otro lado de la moneda, que la razón por la que tú y yo no damos más de lo que damos es porque nosotros no damos proporcionalmente.

Nosotros hemos recibido gracia sobre gracia, y su gracia ha sido infinita. Dios nos ha amado de manera infinita. Y nosotros entonces... Dios ha dado a su Hijo, su Hijo se ha dado a sí mismo justamente de esa forma, y nos ha dado todo eso en Cristo para mi beneficio. Yo lo he recibido, pero a la hora que a mí me toca dar, yo no doy proporcionalmente con lo que yo he recibido. De manera que, en un sentido, estoy siendo injusto, porque me quedo con mucho más de lo que debiera estar dando. De eso habló el versículo nueve, de la manera como Cristo se dio.

Algunos pudieran decir: "Bueno, pastor, usted sabe que yo no doy más porque es que yo he dado en el pasado, pastor, y yo he visto cómo la gente usa lo que yo le he dado, y la gente no se lo merece." Y Cristo, desde arriba, pudiera decir: "Bueno, tú tampoco te mereces mis bendiciones. Yo también he visto cómo has usado mis bendiciones."

Bueno, quizás algunos dicen: "Bueno, es que no saben aprovecharlo, con eso no le doy, pastor." Y Cristo dice: "¿Tú has revisado tu vida? Tú no has aprovechado lo que yo te he dado. Tú no has aprovechado mi Palabra. Yo he escrito un libro en toda la historia de la humanidad y tú no lo lees, tú no lo aprendes. Tú no has aprovechado tu hijo muchas veces como yo te lo he dado, no lo has cultivado para mí. Tú no has aprovechado el tiempo que yo te he dado. No has aprovechado el dinero, porque lo has malgastado o lo has invertido básicamente, mayormente, en cosas que no tienen valor eterno y que, desde la óptica de la eternidad, yo no estoy valorando. Y al final del camino, es mi dinero." Así que, si esa es la razón para no dar, encontremos otras excusas.

"Y pastor, yo tengo otra. Pastor, mira, yo he dado, pero qué gente tan malagradecida." ¿Tú has revisado tu récord con Dios? Dios pudiera decir: "¿Sabes qué? Era... te convertiste, bueno, a los 15, a los 20, a los 25, 30, 35. ¿Qué ajuste a cuánto te di antes de que yo te importara? Cuando tú no me conocías, cuando no te importaba mi nombre, mi reino, mi fama, mi gloria, yo te di. Te proveí, te di educación, te di padres que te alimentaron, te di albergue. Y sabes que aún después que naciste de nuevo, no te veo tan agradecido. Tienes muchas quejas. Tienes muchas quejas, y al final tú no reconoces que soy yo que te tengo donde te tengo, y no me agradeces." De manera que quizás puedes seguir buscando más razones para no dar, pero esa tampoco es una.

"Bueno, es que, pastor, no saben administrar. La gente no sabe administrar." Y Dios dice: "¿Tú has revisado tus finanzas? ¿Tú has visto las deudas, cómo andas? ¿Tú has visto de qué manera tú has invertido dinero en el reino de los hombres y no en el reino de los cielos? ¿Esa es una buena manera de administrar lo que yo te doy? ¿Sabes que tienes más riquezas injustas que riquezas verdaderas? Esa no es forma de administrar." De manera que esa no es otra buena excusa tampoco.

"Bueno, sí, es verdad, pero ¿sabe qué, pastor? Me reviso mi finanza, yo no sé si voy a tener suficiente en el día de mañana para dar de esa manera." O sea que, dice Dios, pudiera Dios decir: "O sea que te sientes inseguro." "Sí, si tengo que ser sincero, me siento..." "¿Y tú piensas que el dinero te va a dar la seguridad? ¿No yo, sino el dinero?" "Como que eso huele a incredulidad." "Como que sí, es verdad." "¿Sabes que la incredulidad es falta de fe?" "Así, no me había dado cuenta." "Bueno, es falta de fe. Y la falta de fe... todo lo que no es de fe es pecado."

Entonces, ¿cuál sería la razón? Es decir, alguien cuenta que en una ocasión él se graduó con un individuo muy eventualmente muy próspero. Y al comienzo de ellos iniciar sus carreras, hablaron de cuánto necesitaría para él o ambos retirarse tranquilamente. Y en esa ocasión su amigo dijo: "Bueno, eso toma como un millón de dólares," hace unos años atrás, obviamente. Y entonces pasaron diez años, y este amigo lo llama, él lo dice, se encuentra con él, dice: "Oye, con relación a aquella meta, ¿por dónde andas? ¿Cómo vas?" "Oye, tú no sabes lo ingenuo que yo era. Realmente yo pasé ya del millón, pero yo no me siento seguro, no. Yo estimo que yo requeriría como cinco millones de dólares para poder retirarme con seguridad."

Entonces pasaron diez años más, y él vuelve a hablar con su amigo y le dice: "Dime, ahora con la meta, ¿por dónde andas? ¿Cómo estás?" "Bueno, a la verdad que voy por 20 millones de dólares y todavía no me siento seguro. Yo era muy ingenuo." El amigo no se había percatado de cuán ciego él estaba con relación a sus metas. A veces nosotros no damos simplemente por nuestra forma egocéntrica de evaluar y de ver la vida.

Yo necesito recordar, yo me recuerdo continuamente a mí mismo, que yo fui llamado de las tinieblas a su luz admirable para proclamar sus virtudes. Y una de las virtudes extraordinarias de nuestro Dios es su habilidad para dar. Dios está contento en la Trinidad, se aman mutuamente, están satisfechos en sí mismos, son perfectos, no necesitan nada. Pero como Dios es amor, Dios decidió crear al hombre para dar al hombre parte de lo que él es, porque el amor da por naturaleza. Y por tanto, cuando su Hijo viene, viene justamente "por amor a vosotros." Eso es lo que el versículo 9 dice.

Dios Padre dio a su Hijo. Dio su Hijo, dio su vida, y cambió en la cruz por un hombre egoísta, rebelde, orgulloso, vanidoso, pretencioso, malagradecido, y todos los demás adjetivos. Si tú y yo tuviéramos la compasión de Jesús, diéramos movidos por lo mismo. No es lo que nosotros vemos en el otro lo que nos debe mover a dar; es lo que vemos en Jesús. El motor para dar es lo que vemos en él, y cómo él se ha dado, y cómo él me ha dado. Lo que debiera moverme a dar no es lo que veo en el otro. Si Dios hubiese esperado ver algo bueno en ti, jamás te hubiese dado salvación, y a mí tampoco. Si Dios hubiese esperado para ver algo bueno en ti, digno de darte algo, tú y yo estuviéramos esperando, y él también estaría esperando, y nunca llegaría a darnos nada. Es lo que veo en Jesús.

Y desde la época de Jesús, antes de la época de Jesús, la gente ha tenido dificultad para dar. Pero en ocasiones la gente ha dado, como pasaba en los tiempos del Maestro, para ganarse la aprobación de los hombres. Y cuando tú te acercas al Sermón del Monte, el capítulo 6, el Maestro hablaba de que no debiéramos tocar trompeta a la hora de nosotros dar. Y no sabemos exactamente cómo él estaba usando esa ilustración de la trompeta: si esto significaba que alguna gente le gusta ir y hacer alarde de que está dando, y ese sería como el toque de trompeta para que lo vean y lo aplaudan y lo aprueben; o si él se estaba refiriendo a ocasiones especiales cuando la trompeta era tocada en el templo, y entonces alguna gente aprovechaba la oportunidad para ir y dar entonces grandes cantidades justamente para ser vista.

No sabemos, pero evidentemente algunos de los hombres de los fariseos estaban dando dinero para ganarse la aprobación de los demás. Y no solamente para ganarse la aprobación de los demás, sino porque entendían muchas veces que la generosidad era una expresión de su santidad, lo cual, o de su santificación, no es cierto. En ese contexto del Sermón del Monte, Cristo dice que cuando nosotros damos de esa manera, nosotros somos hipócritas. La palabra hipócrita en el lenguaje antiguo de allá era usada literalmente, de ahí es donde viene, para referirse a un actor que está fingiendo en una obra de teatro algo que él no es. Y Cristo está diciendo: cuando tú das para ganarte la aprobación de los hombres o para que alguien te aplauda, estás fingiendo algo que no eres. Nosotros sabemos de diferentes maneras lo que se esconde detrás del corazón del hombre. No da dadivoso, motivaciones erradas, metas erradas.

Escucha esto que dice el libro de Tobías. El libro de Tobías es un libro no inspirado, por tanto no bíblico, pero que sí revela, fue escrito entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y aunque no es inspirado, no es parte de la Biblia, revela parte de cómo el hombre pensaba y continúa pensando. En Tobías 12:8 dice: "Es mejor dar limosna que amontonar oro; la limosna libra de la muerte y purga todo pecado". Ahora entiendes la venta de las indulgencias y la necesidad de tener estos libros deuterocanónicos como parte de la Biblia. En Eclesiástico, no Eclesiastés, Eclesiástico 3:14 dice: "La limosna que se le da a un padre no se borrará, y como restitución por pecados arraigará firmemente. En el día de la aflicción se tendrá presente en tu crédito, borrará tus iniquidades como el calor la escarcha".

Ahora podemos entender un poco la venta de las indulgencias. La gente ayer y la gente hoy creen que realmente el dar nos gana créditos con Dios, como que acumulamos puntos con Dios. Y Pablo está tratando de ayudarle a los corintios a entender en el versículo 9 de esta segunda carta, capítulo 8: ¿qué es lo que debe mover al hombre a dar? No tiene nada que ver con ganar créditos, no tiene nada que ver con ganar méritos. Tiene que ver con un ejemplo de una persona, ya no de Eclesiástico, de Macedonia, de una persona nada más y nada menos que Dios. Y eso es lo que le está tratando de presentar. No el aplauso de los hombres, no ganarnos el aplauso de esa aprobación. De hecho, Cristo dice en el Sermón del Monte que cuando tú das para ganarte la aprobación de los hombres o el aplauso de los hombres, ya has recibido lo que ibas a recibir. ¿Qué recibiste? El aplauso de los hombres, pero en el cielo eso no se registró como dádiva, porque eso no es lo que cuenta para Dios. Pero con frecuencia al hombre le ha importado más lo que el hombre tiene que decir o el aplauso del hombre, que lo que Dios tiene que decir o el aplauso de Dios.

Entonces, si no es el amor de Cristo, la gracia de Cristo apreciada por nosotros lo que nos motiva a dar, ¿qué motiva a la gente a dar en otras ocasiones? Bueno, ese es un sentido de culpa: no doy todo lo que debo dar, no lo di la semana pasada, no lo di el mes pasado, y mi conciencia me lo recuerda. Y yo, si no tengo la conciencia cauterizada, respondo a la conciencia y termino dando. Entonces, bueno, es un sentido de culpa. Pablo no está haciendo eso con los corintios. Él no le está cargando culpa a los corintios para darles esto, ni siquiera es un mandato. Esto es una cuestión de entendimiento de una realidad que ha ocurrido.

A veces nosotros damos por el sentido del deber o el sentido de obligación. Hay gente que tiene un alto sentido del deber. Entonces, a la hora de ofrendar, de diezmar, dan porque tienen un sentido del deber, pero no dan gozosamente, no dan alegremente. Y Dios dice en su Palabra que Dios ama al dador alegre, pero lo hacen por obligación. Y hacerlo por obligación es mejor que no hacerlo, pero Dios dice: sigue moviéndote porque necesitas entender finalmente 2 Corintios capítulo 8, versículo 9. Ahí está la motivación para nosotros dar: que Cristo, siendo rico, se hizo pobre para que nosotros, que éramos pobres, llegáramos a ser ricos.

Ese es el texto que los maestros del evangelio de la prosperidad les encanta usar y exprimir para hacerle decir lo que el texto no dice. Es obvio que Pablo no está hablando de riquezas materiales cuando dice que Cristo era rico y se hizo pobre, de la misma manera que no está hablando de riquezas materiales cuando dice que nosotros éramos pobres y llegamos a ser ricos. Pablo dice algo similar en 2 Corintios, en esta carta, en 6:10. Él dice: "Como pobres", él, Silas, Timoteo, "como pobres, pero enriqueciendo a muchos". Obviamente Pablo no hizo a nadie rico terrenalmente, pero sí los hizo ricos por la gracia de Dios, a través del evangelio de Cristo. Los hizo ricos a muchos cuando predicó el evangelio. De eso es que está hablando el apóstol.

Pablo está hablando de riquezas espirituales, y cuando el texto habla de que Cristo siendo rico se hizo pobre, está comparando el estado exaltado de Cristo con el estado de encarnación de Cristo. A eso es lo que se está refiriendo y a nada más. Pablo está pensando en aquel que existía en forma de Dios y cómo no consideró el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse. Aquel que era con Dios en el principio, aquel que estaba con Dios, que era Dios. Aquel que fue llamado el Logos, vino y se encarnó y habitó entre nosotros. Aquel que dejó la gloria de la divinidad para llegar hasta nosotros, de tal manera que en el día de mañana nosotros pudiéramos llegar a ser como Él.

¿Te imaginas? Dios deja su gloria para venir a visitar al hombre en una condición caída, en un mundo caído, corrupto, en deterioro, para que ese hombre un día pudiera llegar a ser como Él. Eso está en la Palabra. El apóstol Juan escribió de esto cuando escribió su primera carta, en 3:2, dice: "Amados, ahora somos hijos de Dios", ahora que hemos nacido de nuevo, "y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser". Es como que Juan está haciendo un suspenso. "Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es". Pero para verle como Él es y para ser semejantes a Él como dice Juan, Cristo tenía que dejar su estado de gloria y venir y encarnarse, y nacer incluso en un pesebre, en un lugar rodeado de animales.

Pero Pablo no nos está refiriendo a ese grado de pobreza porque nació en un pesebre. No, no, no, no, no. Él está hablando de otra cosa. Él está hablando del Dios que se encarna y ahora está ahí, en vez de rodeado de ángeles y arcángeles, rodeado de animales en un pesebre. En una provincia que Miqueas 5:2 describe como la más pequeña entre las familias de Judá. Aquel que abrió su boca y formó galaxias, el Hijo de ese Padre, está aquí en una aldea, la más pequeña de las aldeas de Judá. Dejó de ser adorado y servido por ángeles, arcángeles, querubines, serafines, para venir a este mundo y ser acusado por los hombres a quienes Él vino a rescatar. Es de esa pobreza que está hablando. Nada material.

Cómo el Hijo deja la compañía de la Trinidad y los ejércitos celestiales en gloria, para estar en la compañía de hombres caídos, prostitutas, leprosos, recolectores de impuestos, personas enfermas, mudas, cojas, endemoniadas a quienes Él liberó. Tú puedes ver cómo Cristo siendo rico se hizo pobre. Lo puedes ver. El Dios omnipotente que todo lo puede pasó sed, hambre, se cansó, lloró, se entristeció, sufrió dolor. La omnipotencia. El Dios omnipresente en su estado encarnado no lo era, estaba en un lugar a la vez. Su mente podía conocer cosas fuera de sí, pero Él estaba en un solo lugar a la vez en su estado encarnado. La segunda persona de la Trinidad, Dios, durante su encarnación no sabía el día en que regresaría. Él no perdió sus atributos, pero dejó de usar ciertos atributos teniéndolos, de tal manera que Él, siendo rico, ciertamente se hizo pobre para que yo, que era pobre, pudiera llegar a ser rico.

El Dios de gracia es tratado con injusticia. El Dios de gloria fue hecho maldición, clavado en una cruz. ¿En qué mente cabe esto? Las historias que realmente se constituyen en bestseller, hay muchas de ellas, son aquellos libros que se escriben acerca de un hombre o de una mujer que era hijo quizá de un campesino, hijo de alguien que no tenía gran estatus, y a través del esfuerzo y a través del trabajo, del trabajo esforzado, llegaron a ser grandes hombres de negocios o grandes millonarios. Y se escriben libros sobre su biografía, se constituyen en bestseller, libros que hablan de la miseria a la gloria. Pero no se ha escrito ningún libro de un hombre que voluntariamente estuviera en gloria y bajara a la miseria, excepto el libro de Dios, donde se describe la persona y la biografía del Señor Jesucristo. Es el único libro que se ha escrito de esa naturaleza, porque a la gente no le gustan las historias de gloria a pobreza. Nos encantan las de pobreza a la gloria.

El Dios de toda misericordia es tratado con injusticia. El Dios de toda consolación muere sin ser consolado. Sus amigos no estaban ahí. Ni siquiera Dios Padre vino en consolación cuando Él grita: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" El Dios de la consolación termina sin ser consolado. El origen de la vida muere. El dador de esa vida tiene que perder la suya. Cristo vino y se sometió a los rigores de esta vida terrenal, temporal, pasajera, para que yo pudiera disfrutar de una vida celestial y eterna. Tú puedes ver de qué manera Él, siendo rico, se hizo pobre.

El que no conoció pecado fue hecho pecado para que yo pudiera llegar a ser justicia de Dios en Él. Él fue rechazado para que yo sea aceptado. ¿Te puedes imaginar eso? Él fue rechazado. "Padre, yo seré rechazado por los hombres. Incluso en la cruz prácticamente voy a lucir como que Tú mismo me has rechazado. Mi grito ahí va a sonar de esa manera. Pero yo voy a hacer esto, Padre, porque aquí hay gente rechazada que yo quiero que sean aceptadas". Él fue herido para que yo, que me había autoherido con mi propio pecado, pudiera ser sanado por sus heridas.

Puedes ver de dónde Cristo baja y se hace pobre de esta manera, no en términos materiales, sino de esta manera. La otra pregunta entonces es: si el versículo 9 me dice que él siendo rico se hizo pobre, ¿de qué manera yo era pobre y él me ha hecho rico? Tengo que contestar eso porque eso es lo que Pablo está presentando como motivación para dar.

Bueno, yo tengo que recordar que yo era un hombre corrompido por el pecado completamente y que yo voy a llegar a ser santo como Cristo, seré como él es. Wow, el hombre que quedó destituido de la gloria de Dios pasará la eternidad disfrutando de la gloria. Destituido de gloria, espiritualmente paupérrimo, y ahora voy a terminar disfrutando de una gloria eternamente. Adán y su descendencia lo perdieron todo, pero resulta que lo voy a ganar todo porque me van a hacer coheredero de Cristo. Ciertamente, ¿puedes ver de qué forma tú pasas de la pobreza a la riqueza?

Morí espiritualmente, estaba muerto en delitos y pecados, y ahora me han dado vida. Y no solamente vida, me han dado vida eterna, lo cual implica que no la puedo perder. Cuando mi progenitor pecó, quedó con una mente en tinieblas, entenebrecida, y Dios ha iluminado la mente. Y esa mente que hoy conoce parcialmente, entonces conocerá completamente, 1 Corintios 13. La voluntad que quedó esclavizada al pecado, llegará el día en que será sometida voluntariamente, gozosamente, a la voluntad de Dios para nunca más pecar. El hombre condenado a la muerte ha sido exaltado a la gloria.

Y ahora Pablo está diciéndoles a los corintios: ¿De qué otra motivación tú necesitas? ¿Qué otra cosa tú necesitas comprender o recibir para moverte a dar? Y quizás la mejor forma de yo resumir algunas de las cosas que quisiera decir hoy, y que por el mismo tiempo quizá no me dé tiempo hacerlo, quizá la mejor forma de hacer eso es leer al mismo Pablo, el autor de esta carta, pero la primera carta, al final de la misma, capítulo 15, cuando está hablando de la resurrección, para que tú puedas ver junto conmigo de qué manera tú pasas de la pobreza a la riqueza.

Versículo 42 del capítulo 15 de la primera carta a los Corintios, y siguientes: "Así es también la resurrección de los muertos. Se siembra un cuerpo corruptible" —eso es pobreza—, "se resucita un cuerpo incorruptible" —eso es riqueza—. "Se siembra en deshonra" —pobreza—, "se resucita en gloria" —eso es riqueza—. "Se siembra en debilidad" —pobreza—, "se resucita en poder". "Se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual" —eso es riqueza—. "Si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual".

Versículo 46: "Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural, luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal, y el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales, y como es el celestial, así son también los que son celestiales". Éramos terrenales, pero seremos celestiales. "Y tal como hemos traído" —míralo aquí— "tal como hemos traído la imagen del terrenal", así yo ya cargué con la imagen del terrenal, "también traeremos la imagen del celestial". Así como yo tenía una imagen de un hombre caído en delitos y pecados, de esa misma manera yo voy a heredar la imagen del hombre celestial. Ese es Cristo. Eso es riqueza.

"Y esto digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios" —porque eso es pobreza—, "ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible" —eso es pobreza—. "He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados" —eso es riqueza—. "Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad". Así es. "Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción" —¡aleluya!— "y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo".

¿Entendiste lo que es riqueza espiritual? Tú puedes ver todo lo que Dios nos ha concedido en Cristo Jesús. Era un pobre paupérrimo, destituido de su gloria, y ahora ha subido a la gloria de Dios por los méritos de Cristo, en el Amado. Esa es tu motivación para dar. ¿Puedes verlo?

Es inconcebible. Yo me voy a ir cerrando, resumiendo y aplicando en el contexto que estamos viviendo, porque estamos en medio de la peor apostasía posible que tiene que ver con el evangelio de la prosperidad. Y este versículo, 2 Corintios 8:9, es un versículo festín para ellos, porque ellos toman este versículo y lo tuercen como tuercen el resto de las Escrituras para significar que Cristo se hizo pobre para que yo sea rico materialmente. Es inconcebible pensar que los maestros de la prosperidad prefieran riquezas materiales, que no van más allá de la tumba, a las riquezas espirituales que le acompañan en la eternidad. Es inconcebible.

Predican el evangelio que al hombre le resulta atractivo, y que no es nuevo. El mejor predicador del evangelio de la prosperidad, ¿quién tú piensas que es? Satanás. Él fue y le predicó el evangelio de la prosperidad a Jesucristo en el desierto. El diablo a Cristo le dice: "Jesús, mira todos los reinos de este mundo, te los ofrezco". El evangelio de la prosperidad: no tienes que esperar, no tienes que ir a la cruz, no tienes que sufrir, lo puedes tener ahora mismo. De hecho, no tienes que someterte al Padre, lo puedes hacer aparte, a tu manera, ahora mismo. Solamente tienes que someterte, adorarme, te postras ante mí y lo tienes. Ahora, a mí me han sido dados, esto es alcanzable, Jesús. No lo tienes que trabajar, aquí y ahora.

Pero la humanidad se ha plegado. Jesús no lo hizo. Él sabía lo que eran riquezas eternas y lo que eran riquezas mundanas injustas. Cuando Cristo, que era rico, se hizo pobre en su encarnación, Satanás se encontró una manera de predicarle el evangelio de la prosperidad. Que tampoco nació ahí. El evangelio de la prosperidad nació en el Edén.

Porque escucha cómo se llama: evangelio de la prosperidad. En otras palabras, si me sigues te prospero. ¿Qué tú le puedes ofrecer a una pareja que lo tiene todo? No le puedes ofrecer salud, porque Adán ya la tenía. No se habían enfermado ni se iban a enfermar si no pecaban. No le puedes ofrecer cosas materiales porque ellos tienen el planeta entero, cierto. No le puedes ofrecer nada de lo que el evangelio de la prosperidad ofrece, pero le puedes ofrecer prosperidad. Porque, sabes qué, Adán, tú puedes prosperar. No tienes que seguir con esa imagen solamente del hombre, tú puedes ser como Dios, tú puedes subir más alto. Ese es el evangelio de la prosperidad en la serpiente del Edén.

Satanás conoce lo que le es atractivo a la criatura y, en esencia, le presenta el mismo regalo con otra envoltura. Este es el evangelio de la prosperidad para una pareja que lo tenía todo. Satanás hoy ofrece la prosperidad material a criaturas indigentes caídas.

Esta madrugada yo veía un video de Guillermo Maldonado, uno de muchos, donde él decía que una prostituta va a la intimidad —yo no voy a usar ni siquiera la palabra que él usó— con un hombre por dinero. Y Dios es igual, porque Dios no entra en relación con ningún hombre si tú no pactas con él primero. Dios es comparado con una prostituta que pacta con el hombre por dinero, y Dios pacta igual. ¿Tú puedes creer semejante aberración?

Satanás ofrece prosperidad a hijos desobedientes, porque en esencia la desobediencia no es más que un grito de independencia del Creador. Y los maestros de la prosperidad necesitan prestar atención al maestro del dinero: Salomón, hombre rico, poderoso, con sabiduría.

Esto es lo que Salomón escribió en Eclesiastés 5, del 10 al 12: "El que ama el dinero no se saciará de dinero". No hay límite. No es un millón, no son cinco, no son diez, no son veinte. No hay límite para parar, no hay meta para parar. "Y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias. También esto es vanidad. Cuando aumentan los bienes, aumentan también los que los consumen. Así pues, ¿cuál es la ventaja para sus dueños, sino verlos con sus ojos? Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma poco, pero la hartura del rico no le permite dormir".

Esto no representa una condenación del rico, porque este es Salomón, un hombre rico y poderoso que está hablando. Esto es una condenación para aquellos que valoran las cosas temporales por encima de las cosas espirituales. La visión del hombre es completamente terrenal, centrada en esta tierra. El evangelio de la prosperidad tiene como objetivo el hombre y su conveniencia; la exposición de la Palabra tiene como objetivo Dios y su gloria. Muy distinto. El evangelio de la prosperidad quiere el hombre materialmente rico; Dios quiere el hombre espiritualmente rico. Esa es la diferencia.

Es inconcebible pensar cómo el evangelio de la prosperidad toma Deuteronomio 28, que ofrece riquezas materiales, y lo presenta a la luz del Nuevo Testamento como las cosas que nosotros hubiéramos de buscar, cuando Deuteronomio 28 ciertamente son promesas de Dios, y son promesas temporales para la tierra prometida. Pero la tierra prometida no es el reino eterno de nuestro Dios.

Cuando tú llegas al Nuevo Testamento y encuentras el Sermón del Monte, no hay una sola promesa material. Porque ¿qué tú haces con promesas materiales en un reino eterno? ¿Qué tú haces con promesas temporales en la eternidad sin fin? ¿Dónde cuelgas cuadros, dónde cuelgas títulos, dónde parqueas carros, dónde construyes casas que no sabes ni cómo se construyen y las puedes construir? No hay lugar para lo material en el reino de los cielos. Y lo que Cristo enseñó justamente es esto: busca el reino de Dios primero y todo lo demás será por añadidura.

Y lo que Pablo está diciendo es: si tú quieres ser rico espiritualmente, aprende a ser generoso. Y tú tienes una motivación para ser generoso: es la generosidad de Dios. Y si tú no lo has visto, yo quiero mostrarte la máxima generosidad de tu Dios cuando te dio a su Hijo unigénito. Que siendo Hijo, que siendo rico, se hizo pobre. Siendo tú pobre, te hizo rico, de tal manera que tú, que estás destituido de toda la gloria de Dios, puedas ascender hasta su gloria y pasar el resto de la eternidad en la compañía del Padre, del Hijo y del Espíritu, en adoración, en servicio, en sumisión, en obediencia, en disfrute, en gozo, en medio de gloria por lo que su Hijo hizo en la cruz del Calvario.

Y vamos ahora a medir, a cuantificar hasta dónde llegó. No tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo en gracia.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.