¿Y si Cristo viniera hoy? La pregunta no es retórica ni lejana. Según las Escrituras, su regreso puede ocurrir en cualquier momento, y la iglesia primitiva vivió con esa convicción de inminencia. El Antiguo Testamento contiene más de trescientas profecías sobre la venida de Cristo, y la mayoría —más de doscientas— aún esperan cumplimiento en su segunda aparición. Si las profecías de la primera venida se cumplieron al detalle, las que faltan se cumplirán de la misma manera.
Pedro advierte que vendrán burladores preguntando con sarcasmo dónde está la promesa de su venida, argumentando que todo sigue igual desde el principio. Pero ignoran deliberadamente el pasado: Dios creó por su palabra, y por esa misma palabra destruyó el mundo antiguo con agua. Ahora los cielos y la tierra están reservados para el fuego, guardados para el día del juicio. Lo que ha demorado ese día no es lentitud divina, sino misericordia: Dios no quiere que nadie perezca.
Ese día vendrá como ladrón. Habrá un estruendo, los elementos se fundirán con intenso calor, y todo lo que valoramos —cuentas de banco, propiedades, inversiones, carros de calidad— será consumido. El único dinero que volvemos a ver es el que invertimos en el reino de Dios. Pero la buena noticia es lo que espera al creyente: un cielo nuevo, una tierra nueva, la presencia de Dios entre los suyos, sin muerte, sin llanto, sin dolor. En vista de esto, pregunta Pedro, ¿qué clase de personas debemos ser en santa conducta y piedad?
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¡Qué imos, amigos, para mi vida en su Palabra! Bueno, yo quisiera invitarlos a abrir la Palabra de Dios en la Segunda Epístola de Pedro, capítulo 3. Vamos a estar leyendo desde el versículo 1 al 13, pero lo vamos a dividir en secciones, como hemos hecho con otros mensajes, para una mejor exposición, explicación y entendimiento de parte de ustedes.
Recuerda que el domingo anterior nosotros estuvimos meditando acerca de la primera venida de Cristo, pero lo hicimos de una manera distinta. Lo hicimos a partir de una pregunta, y la pregunta era: ¿Y si Cristo no hubiese venido? ¿Cuáles serían las consecuencias sobre toda la humanidad y cuáles serían las consecuencias para aquellos de nosotros que hemos creído? Yo prometí que en este domingo estaría predicando acerca de la segunda venida de Cristo, y que la pregunta sería: ¿Y si Cristo no viene? Pero mientras más me detenía en la pregunta, más incómodo me sentía, porque eso es una imposibilidad.
De manera que yo cambié la pregunta y quiero abordar el tema desde otra interrogante, y la interrogante es: ¿Y si Cristo viniera hoy? Fíjense por un momento: ¿Y si Cristo viniera hoy? Yo quise hacer esa pregunta por más de una razón. Por un lado hablamos de la primera venida de Cristo, como dijimos, y esta sería la segunda venida de Cristo, de manera distinta. Como dos partes de un libro, en ese tiempo es en el que nosotros estamos viviendo, lo que en el inglés llaman el "now but not yet", el ahora pero no todavía. Ya hay una parte que se cumplió, pero hay otra parte que no se ha cumplido, y estamos viviendo en ese tiempo.
Pero también yo quise abordar la pregunta porque una de las preguntas más frecuentes que yo he oído como pastor, tanto en nuestro país, en nuestra iglesia, como cuando viajo, es la pregunta de si yo creo que Cristo está a la puerta, si yo creo que esta generación lo va a ver, si yo creo que Cristo vendrá en pocos años. Y a la verdad que la Palabra de Dios registra que solamente el Padre conoce ese día y hora, y el Hijo ahora lo conoce, pero no lo conocía en su paso por la tierra. Me llama la atención cada vez que leo el pasaje, que ni aun los ángeles lo saben. De manera que en el cielo hay una multitud de miríadas de miríadas de ángeles, arcángeles, querubines, serafines, y ese día y hora está vedado para ellos también.
Ahora bien, yo afirmo con toda convicción, a pesar de mi humanidad caída y limitada, que esta generación verá el fin de una era: el fin y el colapso de la civilización de Occidente. A mí no me cabe la menor duda de que si Dios me concede 20 años más, yo lo veré, porque ya ha comenzado. Alguien me preguntó hace un tiempo atrás qué significaba eso, y yo no había meditado mucho en la pregunta a pesar de que entendía lo que era, y me tomó como un tiempo el desarrollarlo. Pero yo tengo hoy una respuesta mucho más concisa.
Básicamente, el colapso de la civilización de Occidente yo lo explico de esta manera: es un deterioro progresivo del orden moral, de la inmoralidad, de la violencia y de la desvalorización del ser humano, que los valores cristianos habían traído a la sociedad e impactaron enormemente, sobre todo lo que es Europa y Estados Unidos. Pero ahora resulta que Europa está en grandes problemas. Europa quiso unirse y formar la Unión Europea y darle fortaleza, pero la Unión Europea, desde que se formó, se ha ido debilitando. Gran parte de la razón por la que no ha colapsado es por los enormes billones de dólares que Alemania, una nación tan rica, le ha inyectado a la economía para no dejarla caer. Pero Alemania ahora está inestable.
Está inestable porque Angela Merkel está saliendo como canciller de la nación, donde ya tiene más de... bueno, desde 2005 a esta parte, más de diez años en el poder. En el año 2017 ella fue votada como la mujer más poderosa del mundo por décima vez: once años consecutivos siendo considerada la mujer más poderosa del mundo. Ella está saliendo; ella fue la propulsora número uno de abrir las fronteras para el avance de la migración, y hoy en día Alemania tiene grandes problemas con la migración musulmana. Inglaterra comenzó en el mercado común europeo y se salió, porque no podía sostener la economía propia en medio de una comunidad que también estaba en peligro. El Medio Oriente sigue ardiendo como siempre.
La iglesia de Europa se murió; la iglesia en Estados Unidos está en estado agónico, y los mejores líderes que tenemos están de acuerdo con lo que yo acabo de decir. Esa misma nación ha experimentado un deterioro enorme, un deterioro moral en los últimos 20 años, a pesar de las pequeñas luces que vemos aquí y allá en los últimos dos años. Y en términos de la apostasía, yo no creo que la apostasía en medio de la cual nosotros nos encontramos tenga precedentes; es algo sin precedente. De manera que el colapso, yo creo, ha comenzado y terminará en esta generación. Estoy convencido de que la civilización occidental, tal como la conocemos hoy, va a colapsar en esta generación, en la próxima o en la siguiente.
Entonces, si ese colapso coincidirá con la venida de Cristo, eso yo no lo sé, porque si ni los ángeles lo saben, mucho menos yo pudiera saberlo. El Señor Jesús expresó en sus propias palabras esta verdad que yo acabo de enunciar. ¿Recuerda el discurso escatológico acerca de las últimas cosas de Mateo 24 y 25? En Mateo 24, esto es lo que Jesús dice:
"Pero de aquel día y hora, nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo en su humanidad en ese momento, sino solo el Padre. Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será la venida del Hijo del Hombre."
Lo que Cristo dijo en esa ocasión es que el día que Él regrese —imagínate que fuera hoy, que fuera en este momento— el mundo estaría haciendo lo que siempre hace. El mundo que no conoce a Cristo estaría bebiendo, estaría comiendo, hasta que Cristo aparezca en los cielos. El creyente infiel será encontrado en su infidelidad. Gente estaría manejando en sus carros, gente estaría viajando en avión. Eso independientemente de cuándo el rapto ocurra o no ocurra; no estoy hablando ni siquiera del rapto, estoy hablando de su venida, el momento de su venida. Lo mismo que pasó en los tiempos de Noé: que la gente hizo todo lo que se hacía siempre y cada día, hasta que Noé entró y se cerró la puerta. De esa misma manera, el mundo estará haciendo las cosas que normalmente hace.
Otros estarán en bares, otros estarán en discotecas, otros en conciertos seculares, otros en prostíbulos, otros frente a una computadora viendo pornografía. Y en la sociedad, y sospecho que la iglesia que se ha ido desviando, continuará desviándose hasta el mismo día de su aparición.
Pero tenemos que regresar a la pregunta. Quizás alguien esté pensando: "Pastor, se está distanciando del mensaje." Pero es una introducción larga, porque yo necesito preparar la mente para entender el contexto de hoy, para entender el "¿y si viniera hoy?". Porque yo no estoy hablando en abstracto; es verdad que esto es una suposición, pero yo quiero volverlo a la realidad en el sentido de que pudiera ser hoy. Pues vamos a traerlo cerca a casa, y para traerlo cerca a casa, yo tenía que abordar las condiciones del mundo. Y ahora yo voy a abordar tu mente y tu corazón.
Si Cristo viniera hoy, quizás nunca te has hecho esa pregunta. Pero si nunca te la has hecho, yo quiero hacértela de varias maneras. Escucha con atención. Si Cristo viniera hoy, ¿cómo habrías vivido tú el día de ayer? Si Cristo viniera hoy y tú lo supieras de antemano, ¿qué hubieras hecho durante todo el mes de diciembre, que recuerda por lo menos en cierto modo su primera venida? ¿Cómo te hubieras preparado si hubieses sabido que hoy, 30 de diciembre, vendría? ¿Cómo te hubieras preparado para celebrar el día 24 en la noche, en familia, con amigos, y el 25? ¿Lo hubieras hecho de otra forma, de otra manera, sabiendo que cinco días después Él aparecería?
Si ese fuera el caso, y tú lo hubieses sabido desde el primero de enero del 2018, ¿hubieras trabajado menos y pasado más tiempo con tus seres queridos? ¿Hubieras acumulado menos? ¿Hubieras gastado menos? ¿Hubieras regalado más de lo que tienes acumulado y colgando en un clóset? ¿Hubieras regalado con más sentido de propósito, y no simplemente porque es Navidad y hay que cumplir? ¿Si Cristo viniera hoy? ¿Hubieras valorado más a la gente que está a tu alrededor, comenzando con tu propia casa, dándoles más tiempo y no dejándoles sentir que quizás son una carga o una excusa? Si Cristo viniera hoy y tú lo hubieses sabido a principio de año o a principio de mes, ¿hubieras testificado más de Cristo con las oportunidades que tuviste? ¿Si Cristo viniera hoy y lo supieras, habrías vivido más santamente?
Si ese fuera el caso, tratarías de enmendar todas tus relaciones antes de que llegue. Y si la respuesta es sí a cualquiera de esas preguntas, entonces tú y yo sabemos lo que debemos hacer. Porque de acuerdo a la Palabra, Él pudiera venir en cualquier momento. Si hubo algo que la iglesia primitiva afirmó y defendió, fue la inminencia del retorno de Cristo, que Cristo podría venir cualquier día, en cualquier momento, porque no lo vamos a saber hasta que llegue, como Noé y su civilización no supieron del diluvio hasta que comenzó.
¿Podría el año 2019 ser el año de su retorno? No sé, quién sabe. No podemos preguntárselo ni a un ángel siquiera, porque no lo sabe. Y con esa introducción, yo creo que estamos más o menos preparados para situarnos en la pregunta y lidiar con el texto de Pedro en su Segunda Carta, capítulo 3.
Yo voy a leer los primeros dos versículos y luego seguimos más adelante. "Amados"— les está escribiendo a creyentes —"esta es ya la segunda carta que os escribo."
En las cuales se escucha como recordatorio: "Despierto en vosotros vuestros sinceros entendimientos para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles." Es la introducción a lo que Pedro quiere decir. Él quiere hablar de la segunda venida de Cristo, pero comienza identificándolos como hermanos en la fe y los llama "amados". Creo que tres veces usa esa palabra para referirse a los destinatarios de esta carta. Él dice que la intención de la carta es despertar su entendimiento: "Necesito despertar en ustedes un entendimiento sincero."
Sin embargo, él dice que la forma como va a despertar ese entendimiento no es con cosas nuevas, sino para que recordéis; esto es viejo. Las palabras que ya fueron dichas previamente por los profetas del Antiguo Testamento, por el Señor Jesús y luego por los apóstoles. En ese orden: los profetas primero, el Señor Jesús después, y luego los apóstoles, que continuaron el trabajo que Jesús inició. Pedro nos revela que estos tres hablaron de la segunda venida, y sabemos que Dios no miente y Dios no cambia.
Pedro revela aquí, sin decirlo explícitamente: "Hermanos, amados, ustedes saben que hay una coherencia desde el Antiguo Testamento, los evangelios, las epístolas y otros libros escritos en el Nuevo Testamento acerca de la segunda venida de Cristo." Pero no sé cuántos de ustedes se percataban de que el Antiguo Testamento habla no solamente de la primera venida, sino también de la segunda venida. Pedro está diciendo: "Ustedes lo conocen; yo simplemente se lo quiero recordar." Y la razón por la que el pueblo de Dios tiene que ser recordado continuamente de las mismas verdades es porque, en nuestra humanidad caída, nos familiarizamos tanto con los eventos —la cruz, la primera venida, la segunda venida— que de alguna manera se nos olvidan, y vivimos como si literalmente no lo supiéramos.
O sea, hay que volver a recordar esas mismas cosas. Es como que hay que desempolvar lo que ya había sido dicho, y eso es lo que Pedro está haciendo: "Voy a desempolvar las palabras que ya fueron dichas de antemano." El Antiguo Testamento habla tanto de la primera venida como de la segunda venida. De hecho, el Antiguo Testamento habla más de la segunda venida de Cristo que de la primera, y te voy a decir cuánto más en un segundo.
Hay múltiples textos en el Antiguo Testamento —que yo prefiero llamar el Primer Pacto, porque la palabra "antiguo" no me suena bien, ya que suena como que ya no tiene sentido conocerlo ni estudiarlo— que hablan de la primera y la segunda venida. Hay textos que hablan de la primera y la segunda al mismo tiempo, en un solo texto; más de uno. Yo te voy a leer simplemente uno con el que estás familiarizado para que lo puedas ver.
Isaías 61:1 en adelante dice lo siguiente: "El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar la libertad de los cautivos y liberación a los prisioneros, para proclamar el año favorable del Señor." ¿Les suena familiar? ¿Quién habló esas palabras? Jesús mismo, cuando salió del desierto y fue a predicar por primera vez, a iniciar su ministerio; este es el texto con el que Él inicia.
Sin embargo, Jesús se quedó corto con relación a la cita que estaba usando. Porque Él comienza en Isaías 61, lee el primer versículo, comienza a leer el segundo versículo y se para en la mitad del segundo versículo, que termina con "el año favorable del Señor." ¿Sabes por qué? Porque hasta ahí ese texto es acerca de la primera venida. De ahí en adelante es acerca de la segunda venida. Déjame leerlo: "Para proclamar el año favorable del Señor" —ahí donde Jesús se para y no dice más nada— y luego continúa la segunda venida: "y el día de venganza de nuestro Dios." Eso no tiene nada que ver con la primera venida. "Para consolar a todos los que lloran, para considerar a los que lloran en Sión, que se les dé corona en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido, para que sean llamados robles de justicia, plantío del Señor para que Él sea glorificado."
Un texto, dos venidas: la primera y la segunda. Cristo usa la primera parte para hablar de la primera venida y se detiene, porque no vino aún a cumplir la segunda venida de su persona. Ahora, yo les dije que el Antiguo Testamento tiene más profecías acerca de la segunda venida que de la primera venida. Alguien hizo un conteo y llegó a unas 335 profecías: aproximadamente 100 cumplidas en la primera venida, y más de 200 sin cumplir que tienen que ver con la segunda venida. ¿Tú crees que este es un evento importante de estudiar? ¿No te añade fe?
Y sin embargo, muchas veces somos ignorantes de lo que la Palabra dice acerca de la segunda venida de Cristo. Si la primera venida ocurrió y las profecías fueron cumplidas al detalle, nosotros tenemos plena confianza para depositar nuestra fe en que las siguientes profecías se cumplirán de igual manera. En cierta forma, el mundo está preñado y el Hijo viene de camino. El mundo está en labor de parto y Él está en el canal, loco por salir.
Pedro va a narrar la segunda venida del Señor simplemente con un recordatorio —es lo que dicen los versículos 1 y 2— de lo que dijeron los profetas, de lo que dijo el Señor Jesús, y de lo que dijeron también los apóstoles. El texto continúa en el versículo 3: "Ante todo, saber esto: que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones y diciendo: '¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación.'"
¿Notaste cómo Pedro comienza? "Ante todo, saber esto." Es como nosotros decimos: "Mira, primero que nada, déjame decir." Antes de yo decirte cuál es el final de esta era y el principio de la venidera, yo quiero que sepas que en el ínterin va a haber burladores: hombres carnales, sarcásticos, que no solo van a tratar de minimizar la segunda venida, sino que van a burlarse de la verdad que nosotros creemos, y se van a burlar de nosotros mismos por creerla. Van a cuestionar la segunda venida de Jesús, y de una manera creciente. Yo creo que hemos estado leyendo la historia de esos burladores y viendo en persona a algunos de ellos.
Y ellos hacen esta pregunta: "¿Dónde está la promesa de su venida?" De acuerdo a estos burladores, desde que el mundo fue creado, desde que Adán y Eva fueron puestos en el jardín, nada ha ocurrido; todo sigue igual. Es como la canción aquella vieja: "El mundo sigue girando, girando, girando, nadie lo puede cambiar." Sí hay Alguien que lo puede cambiar. Pero estos burladores, en su ignorancia, niegan lo que ha ocurrido para quitarle valor a lo que no ha ocurrido todavía. Ellos ignoran el pasado precisamente para burlarse del futuro; cuestionan el cumplimiento de lo que ha de venir —la segunda venida— ignorando el pasado y pasando por alto toda una historia de eventos significativos que han de ocurrir.
Y Pedro va a responder a esa burla. El texto de hoy nos recuerda que sí habrá una destrucción, que no será por agua, pero que será por fuego el día del juicio. Al final del camino, los burladores niegan la existencia de un universo que rinde cuentas a Dios. Eso es lo que los burladores no quieren hacer: esa es la verdad que ellos no quieren masticar y digerir, que el mundo entero tiene que rendir cuentas a Dios, y que cuando lo haga al final, cuando Dios le haga rendir cuentas, no será bonito. Eso no les conviene. Y la manera por la que la gente niega a Dios y niega sus Escrituras es precisamente porque no le conviene lo que la Escritura tiene que decir, por lo menos no le conviene a su corazón rebelde.
Entonces Pedro ahora va a responder a los burladores. Dicen los versículos 5 y 6: "Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios. Por lo cual el mundo de entonces fue destruido siendo inundado con agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos."
Pedro comienza recordándoles la creación: el mar, la tierra existían desde hace mucho tiempo. Pero les recuerda también que la tierra salió del agua. Ciertamente es así: cuando tú lees el libro del Génesis, nueve veces aparece la frase "y dijo Dios", y en una de esas, "Dios dijo: 'Sepárense las aguas'", y apareció lo seco. De manera que la tierra surgió, ciertamente en ese sentido, del agua, y eso es lo que Pedro está tratando de ayudarles a creer y a entender. Él comienza con la creación y luego habla de un diluvio universal que eliminó a toda la población que el planeta pudo tener hasta ese entonces, dejando vivos solamente a ocho personas.
El llamado es para muchos, pero pocos los escogidos: ocho, y esos ocho se salvaron porque de alguna manera Dios casi tuvo que forzar, por lo menos a alguno, para que salieran. Dicho sea de paso, hay no menos de 200 culturas alrededor del mundo que tienen relatos de un diluvio universal con una coherencia con el relato bíblico de aproximadamente un 80%.
De manera que alguien se encargó de ir pasando ese relato de persona a persona y de región a región, para que quede registro casi en todo el planeta de que hubo un evento catastrófico en algún momento del pasado. Y ese elemento es el que los burladores olvidan e ignoran. Pedro se los está ayudando a recordar, porque ellos hacen eso ignorando que Dios creó la tierra por el poder de su palabra. Está ahora mismo sosteniendo esa misma tierra, ese mismo planeta, por la palabra de su poder, de la misma manera, pero con una diferencia. Acuerda lo que Pedro dice: Dios está preservando la tierra, los cielos actuales, la tierra actual; los está reservando, dice el texto, para destrucción.
Escúchelo: están reservados por su palabra para el fuego. Dios lo preserva por su palabra. Con lo cual, lo que Hebreos uno dice es que Dios sostiene el universo por la palabra de su poder, y que están guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Eso es exactamente lo que yo acabo de explicar.
Pedro continúa y dice: "Pero amados…". Es la segunda vez que usa la palabra "amados"; la usará una tercera vez en el resto de la epístola. "No ignoréis esto", pero lo está diciendo a ustedes: no sean ignorantes. Si los impíos son ignorantes, si los impíos no quieren saber o no quieren creer lo que pasó, no sean ignorantes ustedes. Yo simplemente les voy a recordar lo que ya fue dicho, lo que ya fue dicho tres veces: en la época de los profetas del Antiguo Testamento, en la época del Señor Jesús y en la época de los apóstoles.
"No ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día." Por eso nosotros no desesperamos a veces. ¿Cuánto será que el Señor va a hacer esto? Oye, ya pasaron ocho años, diez años, quince años, y el Señor dice que tú no entiendes que para Él mil años es como un día. El Señor no se tarda en cumplir su promesa según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.
Lo que hace que Dios haya retenido su segunda venida es su gracia y su misericordia, y esas dos cosas son la medida de su amor. Es el amor de Dios por los hombres lo que ha retenido su segunda venida. No es que sea lento para venir; es misericordioso, y su misericordia lo hace parecer lento ante los ojos de los hombres. Dios dice que es lento para la ira —y el día del juicio es el derramamiento de su ira— y abundante en misericordia. Esa es una de las frases que Dios usa repetidamente en el Antiguo Testamento para hablar de su carácter, de quién Él es y cómo Él es: "Yo soy lento para la ira y abundante en misericordia."
Los múltiples profetas enviados a Israel formaron parte de esa espera: un chance más a Israel, un chance más, un chance más, un chance más, y la paciencia y la misericordia del Señor siendo ejercitadas. Pero nosotros no podemos concluir que el hecho de que Dios haya retenido por un tiempo el derramamiento de su ira sea significativo o simbólico de que Él no va a venir. Cuando usted ve a una madre en estado de tres meses, y luego cuatro, y luego cinco, y luego seis, usted no concluye: "ese bebé no va a salir." No, pero todavía no es el tiempo. Si el bebé va a salir en la semana cuarenta, podría estar en la semana número treinta y nueve, día seis, y salir al día siguiente.
Ahora bien, si Dios no hiciera justicia, Dios no fuera un Dios justo. Y eso es algo que a algunos de nosotros nos cuesta, que estamos teniendo problemas con la ira de Dios, pero se nos olvida que en el mundo hay mucha maldad y aparentemente Dios la está tolerando. Y si Dios no hiciera justicia en algún momento en contra de esa maldad, Él no fuera un Dios ni bueno ni justo, porque implicaría que a Dios no le importa la injusticia de los hombres.
Ese era como el problema que Abraham tenía, la incredulidad que Abraham tenía, porque no conocía todavía el carácter de Dios, cuando Dios dice que va a destruir a Sodoma y Gomorra. Abraham intercede, se pone como si fuera un intermediario a interceder. Y esto es lo que Abraham dice: "¿En verdad destruirás al justo junto con el impío? Tal vez haya cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿En verdad la destruirías y no perdonarías el lugar por amor a los cincuenta justos que hay en ella?" Abraham mismo dice: "Lejos de ti esté hacer tal cosa: matar al justo con el impío, de modo que el justo y el impío sean tratados de la misma manera." Abraham le está diciendo a Dios: "Tú no puedes matar al impío de Sodoma y Gomorra junto con los justos que viven en Sodoma y Gomorra." Así que: si te encuentro cincuenta, ¿la perdonas? Y cuarenta y cinco, y cuarenta… usted ya sabe la historia: treinta y cinco, veinte, cinco. "Lejos de ti. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer justicia?", le pregunta Abraham a Dios. Ahí está lo que yo acabo de decir: si Dios no hiciera justicia, si no le encontrara la maldad que el mundo vive, no fuera Dios.
El impío tendrá un trato en ese último día, y el creyente tendrá otro trato. El día del Señor, del que habla Pedro, es el mismo día del regreso de Cristo para juzgar a los habitantes de la tierra según su obra. Este día marca el final de la era de la misericordia y la gracia. Nomás. Ahora entramos a otra era: la fase del juicio.
La frase "el día del Señor" aparece diecisiete veces en el Antiguo Testamento. ¿Se dan cuenta de cuánto hablan los profetas de la segunda venida? Tres veces en Isaías, dos veces en Ezequiel, cinco veces en Joel, dos en Amós, una en Abdías, dos en Sofonías —según si usted conoce el libro de Sofonías al dedillo, ¿verdad?—, una en Zacarías y una en Malaquías. Y la frase "el día del Señor" aparece en el Nuevo Testamento menos veces: cuatro. Una en Hechos, una en 1 Tesalonicenses 5:2, una en 2 Tesalonicenses 2:2, y otra en 2 Pedro 3:10, que es el texto de hoy. El día del Señor es una frase equivalente al día de la ira de Dios. Si tú juntas esas dos frases, entonces ya no son diecisiete apariciones sino veinticuatro apariciones.
Y Pedro nos habla de una venida que va a ser súbita, como ladrón en la noche, dice el texto que estamos considerando. Déjame continuar leyendo el versículo 10 para que podamos entender mejor. "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas." Sujétese a eso por un momento: "las obras que hay en ella serán quemadas", porque yo voy a referirme a eso en un momento.
"Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera", ¿qué sería pronto preguntarle a Pedro? "En vista de que todo esto va a ser destruido de esta manera, ¿qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor?" Todo va a ser fundido de tanto calor que habrá. "Pero según sus promesas, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia." Eso es lo que nos espera a nosotros. Al impío le espera un cuadro diferente; a nosotros nos espera un nuevo cielo y una nueva tierra donde solo habrá justicia. El justo y el injusto tratados de manera diferente. Dios mostrando su carácter a través de todo esto.
Pero la venida será súbita, será inesperada, será sorpresiva, será repentina. La gente estará haciendo lo que estaba haciendo. Algunos estarán casándose, dependiendo de quién haya sido tu testigo y la hora del día. Algunos estarán ante un juez civil; otros estarán delante de su propia congregación. Imagínate que viniera ahora. Imagínate que ocurriera en este momento.
Tú escuchaste lo que nosotros vamos a ver y escuchar. Va a haber un gran estruendo. El original da la impresión, no tanto de un estruendo, pero sí de un sonido, como diríamos en inglés, aterrador, amenazante. Porque es el sonido de una flecha disparada a gran velocidad cuando viaja a través del viento: es como un sssss. Pero no con el volumen que yo lo hice, obviamente, ni con el volumen de ninguna voz humana.
Dios considera que es importante que los hombres recuerden que habrá un día en que Él juzgará las acciones de los hombres. Dios parece pasar por alto injusticias, pero solamente parece, como ilustramos con la vida de Abraham. La frase "la ira de Dios" aparece más de cincuenta veces en la Biblia. ¿Tú crees que Dios piensa que es importante? Más de cincuenta veces Él habla, más en el Antiguo Testamento que en el Nuevo Testamento, de la ira de Dios en relación a su segunda venida. En el libro de Apocalipsis se habla de las siete copas de la ira de Dios. No sé si usted las ha leído, pero sería bueno que se acercara a lo que cada una de estas copas representa. Yo no quisiera estar presente cuando se derrame el primer chorrito de la primera copa, porque no es bonito lo que ocurre.
El libro mismo de Apocalipsis habla siete veces del furor de la ira de Dios. Furor de la ira. Ya con solo "ira" yo estoy amedrentado; pero "furor de la ira"… El diccionario de la Real Academia tiene como definición: "furor es ira exaltada." Otro diccionario tiene como sinónimo de furor: la furia. Siete veces en Apocalipsis: 14:10, 14:19, 15:1, 15:7, 16:1, 16:19 y 19:15. Este día el Señor pagará a los hombres conforme a su iniquidad.
El ruido de esa flecha que viaja a través del aire a gran velocidad, o el ruido que el original da la impresión… ¿Han estado frente a chimeneas? A algunos de nosotros nos encantan las chimeneas. ¿Ha oído ese crack, crack, como las chispas que se disparan, que la madera dispara cuando se está consumiendo? Es como una combinación de esas dos cosas. Eso lo va a hacer. Y yo creo que parte de ese sonido como de chispas que estamos describiendo es que el fuego habrá comenzado. Y eso es lo que nosotros vamos a estar escuchando.
Ahora, imagínate el poder, la grandeza y la sabiduría de un Dios que en un solo momento va a hacer implotar un universo que tiene más de 200 billones de galaxias, y cada galaxia con millones de astros. Y todo va a implotar y se va a consumir. Si grande e inmenso es ese evento, más grande es el Dios que lo está causando. Imagínate la grandeza de ese Dios, la sabiduría, el poder de ese Dios, cómo está haciendo que el universo entero implote, se consuma por fuego, y al mismo tiempo está preservando a los suyos de la total destrucción del universo.
Imagínate eso. Imagínate la sabiduría de ese Dios, el poder de ese Dios, cómo tiene la habilidad de sacarnos, como quien dice, del universo. Ese es el Dios a quien tú y yo exaltamos. El estado de ánimo de una persona en presencia de un gran terremoto —no de los terremotos de nosotros, del 5.0, sino de un terremoto de siete para arriba— es indescriptible. Yo tengo un hermano que creo que está aquí, que ha vivido en Puerto Rico; él y su familia estuvieron en México durante aquel gran terremoto de 1985, y él me cuenta que estando en la calle veía edificios que parecían que te iban a caer encima, y tú tenías que salir corriendo por acá, pero luego los edificios se movían para allá, y cuando tú llegabas de ese lado, ese edificio de aquí parecía que te iba a caer encima. Eso es un terremoto. Imagínate el universo colapsando.
Pedro describe —dice este autor— el día del Señor en términos cataclísmicos: será súbito, decisivo, drástico y final en su naturaleza. Yo hablaba de que este día, el del año 2018 en términos de los domingos, es el gran final. No; el gran final es este, es el final del drama, es el final de los tiempos. Y ese es un día que se va a recordar, tanto por los impíos como por los creyentes. Los impíos lo van a recordar porque ese es el día de su mayor dolor, y los creyentes lo vamos a recordar porque ese será el día de nuestra salvación completa y glorificación.
Nota lo que Pedro dice en el versículo 11, que ya yo leí: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¿qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad?" En nuestras traducciones, eso que acabo de leer aparece entre signos de admiración, que obviamente el griego no tiene, pero los han puesto para darnos la idea del énfasis que el griego hace cuando habla de estas cosas: de la destrucción masiva de la tierra y de todo lo que en ella hay, aparentemente de todo el universo, y que en vista de eso nuestra manera de vivir debiera ser no conforme a la carne, sino conforme al Espíritu; debiéramos vivir en santa conducta y en piedad.
Pedro usa dos motivaciones para ayudarnos a vivir en santidad: el regreso del Señor y luego el día del Señor. En el día del Señor los hombres rendirán cuentas. Uno preguntaría: "¿Oye, pero qué forma de motivar a uno a la obediencia, hablando del juicio?" Algunos que yo conozco, incluso predicadores, solamente quieren hablar de la gracia como la motivación. Cuando tú lees la Biblia de tapa a tapa, te encuentras con que hay múltiples motivaciones, distintas y desde ángulos diferentes, para motivar al creyente a vivir en santidad.
Escucha lo que Juan Calvino decía con relación a esto, acerca de por qué Pedro usa, como si fuera el miedo, el temor del día del Señor para motivarnos a la santidad. Él dijo lo siguiente: "Esto ha sido añadido para que los fieles —esos somos nosotros— estén siempre velando." Él los sacude de su somnolencia. Calvino señala que el problema es que hay fieles —¿es eso? ¿Es un siervo, un hijo de Dios?— que viven en una especie de somnolencia, como si el mundo no se fuera a acabar, y obran como si no se fuera a acabar, y viven como si Jesucristo no fuera a venir. Los sacude de su somnolencia para poder esperar con atención a Cristo en todo momento; de lo contrario, nos volveríamos inactivos y negligentes. "¿Cómo es generalmente el caso?", dice Calvino. Y yo acuerdo contigo, Calvino. ¿Por qué? Y él mismo hace la pregunta: "¿Cuándo es que la carne se entrega a sí misma, sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo cerca?" Lo que Calvino está diciendo es que cuando nuestra mente no tiene la venida de Cristo cerca, la carne —la que todavía nosotros poseemos— se entrega a sí misma. Y Calvino no está pensando simplemente en los extremos de cómo la carne se entrega, que tiene que ver con bebidas, el sexo y una serie de cosas. No; la carne también se entrega a las cosas de este mundo, a las cosas materiales, a ganar, a acumular, a trabajar más para acumular más, para luego gastar.
Déjame darte testimonio de la Palabra misma. Voy a darte solamente algunos ejemplos de cómo la Palabra usa diferentes motivaciones para estimularte a ti y a mí a la misma cosa, que es la vivencia de la vida de piedad. En Levítico 19, la motivación para vivir como Pedro quiere que vivamos es que Dios es santo; por tanto, sed santos. En Filipenses 1:27, la motivación es el Evangelio: que vivamos una vida digna del Evangelio. Si el Evangelio realmente implica la muerte de este Redentor, el derramamiento de sangre por ti como pecador, el Evangelio —el recordatorio de lo que el Evangelio te trajo y de lo que te salvó— debiera ser una motivación enorme para vivir en santa conducta y piedad, como dice Pedro. En Juan 14:15, la motivación para la obediencia es el amor a Cristo: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos." En Hebreos 12:26-29, la motivación es la misma de la segunda carta de Pedro: el juicio del Señor, la venida del Señor. La Palabra nos ofrece toda una gama de motivaciones para vivir como Pedro nos está llamando a vivir.
Y él termina el texto, versículos 12 y 13, diciendo: "Esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con inmenso calor; pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia." De acuerdo a este versículo, los elementos se fundirán. Cuando la iglesia anterior que estaba operando en el edificio de al lado se quemó, hubo gran calor acumulado y nosotros vimos hierro doblado; pero este fuego va más allá de eso, y es que ese hierro que vimos doblado lo vamos a ver fundido, hierro líquido, por así decirlo. Este versículo nos recuerda que este es un mundo desechable. Tú has comprado una servilleta desechable: la usas una sola vez y la desechas. Pues Dios está usando este mundo una sola vez y lo va a desechar.
Ahora piensen en eso, porque yo quiero hacer algunas preguntas. Si tú sabes que este mundo es desechable, si tú sabes que el mundo —el universo entero— se va a colapsar y se va a fundir, oye lo que eso implica: todas nuestras posesiones, para las cuales hemos trabajado arduamente, las van a quemar; van a desaparecer. Todas las cuentas de banco, con todos los dólares y euros que pudiera tener —por no hablar de pesos dominicanos, que tienen menos valor— no las volverás a ver. Todas nuestras inversiones, donde las tenemos y chequeamos si nos dieron el beneficio, si nos pagaron los intereses este mes, desaparecerán. Tienes ropa de calidad: va a ser quemada. Tienes carro de calidad: lo van a fundir. Gracias por estar de acuerdo con la Palabra. Tienes joyas caras: se van a quemar, se fundirán. El mejor negocio que has hecho y que tienes en desarrollo: quemado. Es mala noticia para el incrédulo.
Buena noticia para el creyente, porque al mismo tiempo que todos esos bienes son quemados, estarás entrando a una tierra donde no necesitas nada de eso, en lo más mínimo; de hecho, no tiene valor, ningún valor. Su valor será Cristo mismo, las riquezas en gloria, que no tienen comparación con ninguna de las cosas terrenales que nosotros vivimos, usamos y guardamos. Yo dije una vez hace poco —quizás fue el sermón anterior— pero lo voy a repetir, porque quizás lo repita todos los domingos: el único dinero y el único esfuerzo que tú vuelves a ver es el que inviertes en el reino de Dios. Déjame decir eso otra vez, para que cuando llegues a la casa entres a la computadora, etiquetes tu cuenta de banco y la mires por última vez, porque quizás Jesús viene ya: el único dinero y el único esfuerzo que vuelves a ver es el que inviertes en el reino de Dios, o el que inviertes en los hijos de Dios que irán contigo al reino.
Ayer yo hablaba con alguien y le decía: "Es que tengo un dinero del cual tengo que deshacerme —deshacerme— porque yo sé que me lo van a quemar si yo no me deshago de él." Pero la buena noticia es el versículo que nos dice que nosotros tendremos un nuevo cielo y una nueva tierra. El tiempo se fue. Yo quiero cerrar leyéndote un texto de cierta longitud, pero no tan largo tampoco, en el libro de Apocalipsis. Porque estamos hablando de un nuevo cielo y una nueva tierra donde no vamos a necesitar ninguna de todas esas cosas a las que ahora nosotros les damos valor, pero que ante los ojos de Dios no tienen el más mínimo valor.
Hablaba de que los carros... Si tienes un carro de calidad, te lo van a fundir. El otro día —hace un par de días— me visitó una pareja de la iglesia; vino a traerme un dulce, como una muestra de cariño. Y me decía —le dije: "Yo quería buscar a Katy porque ya está sin carro; el otro carro se lo presté a mi hermano"— y él me recordó: "Bueno, que usted dijo en una ocasión desde el púlpito que los carros son para ser prestados, usados y rayados y demás, porque eso cambió la manera en que voy a ver mi carro." Yo no sé si él le prestaba o no el carro a su esposa, pero cada vez que yo digo algo semejante... Y dije: "No lo puedo creer. No puedo creer que le das más valor a un carro que a tu esposa. ¿Dónde está tu corazón? No, que me lo puede rayar..." Esa es la forma de Dios recordarte: esto es desechable. Y si me lo chocan, mejor recordatorio, más claro, de que eso es desechable.
Literalmente nosotros hemos prestado un carro —bueno, no te puedo dar los detalles— pero a estas alturas son tres siniestros, y he prestado el carro. Cuando ves esto, ahora estamos como en medio de vacaciones, pero aun cuando estamos trabajando, tú con qué te vas a quedar.
No, yo encuentro que me lleve y me traiga. Tienes que deshacerte del apego a las cosas materiales. Las cosas materiales son para ser usadas, gastadas, rayadas, abolladas, porque de todas van a fundir todo.
Habiendo dicho todo eso, mira lo que te espera. A ver si tú vas a seguir pensando tanto en los carros, los bolígrafos, los relojes, en las joyas. Mira lo que te espera, porque no vas a poder manejar en el reino de los cielos y no necesitas un carro cómodo tampoco. No hay ojos enfermos en el reino de los cielos, no hay medicina en el reino de los cielos.
"Y vi un cielo nuevo" —Apocalipsis 21— "y una tierra nueva." De eso está hablando Pedro. Pero Pedro no dice cómo se va a lucir; sin embargo, Apocalipsis nos dice cómo: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe." ¿Qué, a usted le gusta la playa? Lo siento, pero usted va a nadar en la gracia abundante de nuestro Dios.
"Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios." Te van a preparar una ciudad nuevecita, en buen estado, sin estrenar —como dicen en el Cibao nuestro—. "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo."
"Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte." ¿Y dónde está, oh sepulcro, tu aguijón? "Ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor."
¿Escuchaste que van a secar las lágrimas? Quizás son algunas de las que tú todavía estabas derramando porque te quemaron el carro, la cuenta de banco, la propiedad, las inversiones. Porque las primeras cosas han pasado. "Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas."
"También me dijo: Hecho está." ¿Escuchaste esa frasisita? "Hecho está." Aún no ha ocurrido, pero, tenlo por seguro, como si ya hubiera ocurrido, porque el Dios del universo es quien lo ha afirmado. "Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo."
¡Aleluya! ¡Maranata! ¡De repente! Notadlo bien: esperamos un cielo nuevo, una tierra nueva, la presencia de Dios en medio nuestro, y seremos tal cual Él es, en esa ciudad santa. ¿Para qué quieres seguir siendo como eres? ¿Para qué quieres tener lo que tienes, si tienes una esperanza en gloria que te espera, preparada para los elegidos de Dios?
¿Y si viniera hoy? ¡Bum! Y salimos de esta dimensión, y de repente ahí está Cristo, y de repente te mirarás y dirás: "¡Wow! ¡Luzco como Él!" Y tú también. ¿Qué pasó? Que regresó el León de la tribu de Judá, el Cordero inmolado, el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Él ha regresado: el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, el descendiente de David, el Rey del cielo y la tierra. ¿Y si Cristo viniera hoy? ¿Y si viniera el 31? ¿Dónde te va a encontrar? ¿Qué vas a estar haciendo? ¿Qué va a estar consumiendo tu atención?
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