El pecado entre los discípulos de Cristo no debería sorprender a nadie. Hacernos seguidores de Jesús nos hace perdonados, no perfectos. Lo que sí debería sorprendernos es cuando ese pecado se ignora, se pasa por alto o se trata con ligereza. Mateo 18 nos presenta un proceso claro: si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si no te escucha, lleva testigos; si aún resiste, dilo a la iglesia; y si tampoco escucha a la iglesia, trátalo como un no creyente. Es sencillo de entender, pero difícil de practicar, porque confrontar incomoda tanto al que va como al que recibe.
Este proceso es necesario por razones que la Escritura misma revela. El pecado tiende a enraizarse en el corazón, como la necedad ligada al niño de la que habla Proverbios. También se esconde: cuando Adán pecó, Dios tuvo que salir a buscarlo. Y a veces ni siquiera lo vemos en nosotros mismos hasta que alguien nos lo señala. Sin embargo, lejos de ser un acto de intromisión o legalismo, la disciplina bíblica está bañada de gracia. Su gradualidad protege al hermano, su discreción lo cuida, y su objetivo no es avergonzar sino restaurar.
La parábola de la oveja perdida, justo antes de este pasaje, revela el corazón de Dios: Él deja las noventa y nueve para buscar la descarriada. Y lo hace a través de nosotros. Cuando un creyente confronta con mansedumbre a otro que se ha desviado, se convierte en instrumento divino. Este cuidado mutuo no es tarea exclusiva de los pastores; es responsabilidad de toda la iglesia. Solo así, velando los unos por los otros con amor y verdad, la comunidad de fe puede crecer en salud espiritual.
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Vamos a la Palabra y abramos nuestras Biblias en Mateo 18, el Evangelio de Mateo, capítulo 18, y vamos a ubicar el versículo 15. Vamos a leer en unos minutos acerca de estos pasajes donde Cristo nos instruye a cómo lidiar con el pecado de nuestros hermanos en la iglesia. Quería simplemente darles una muy brevísima introducción al mensaje, y la introducción es simplemente la siguiente: todos nosotros estamos en un proceso de crecimiento y moldeo a la imagen de Cristo, aquellos que hemos aceptado a Cristo como Señor y Salvador y que nos consideramos discípulos de Jesús. La Biblia dice que estamos siendo moldeados a la imagen de Cristo. Bueno, ese proceso de moldeo, ese proceso de crecimiento, no lo podemos hacer solos. Nosotros necesitamos de la participación y del concurso de otras personas en nuestras vidas para que ese proceso sea acelerado y sea bueno y sea provechoso. Y esa es mi introducción, y de eso es que vamos a hablar en el día de hoy. Yo he titulado el mensaje "Cuidando de mi hermano", y en la medida que vayamos desarrollándolo, se darán cuenta por qué lo hemos titulado de esa manera.
Entonces leamos Mateo 18, versículo 15 al 20. Nos dice así la Palabra de Dios: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia. Y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. En verdad os digo, todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo. Además os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."
Bueno, es un pasaje conocido por muchos, sobre todo la última parte que tiene que ver con que lo que atéis en la tierra será desatado en el cielo, y luego el ponernos de acuerdo en la oración. Pero el contexto completo realmente es un proceso de cómo lidiar en la iglesia con el pecado de nuestros hermanos, ya sea que nosotros seamos víctimas de ese pecado o testigos de ese pecado de mi hermano.
Este pasaje, primero, lo que nos dice es que el pecado entre los discípulos de Cristo va a ocurrir. Eso no es algo que debe sorprender a nadie. Nosotros no deberíamos salir sorprendidos y decir: "¡Oh! ¿Y fulano es cristiano? Porque mira lo que hizo." Sí, fulano es cristiano y mira lo que hizo. Eso es algo normal, habitual en un ser pecador, porque hacernos discípulos de Cristo no nos hace perfectos, nos hace perdonados, pero no perfectos. Por lo tanto, es algo que debemos esperar y anticipar.
Pero lo otro que este pasaje me indica, aparte de que el pecado es algo que yo debo esperar, es que el pecado no debe ser pasado por alto. El pecado en la vida de mis hermanos, obviamente en mi propia vida, pero en la vida de mis hermanos, no debe ser ignorado ni obviado, sino tratado de alguna manera, de una manera que se prescribe en este pasaje.
Y es interesante que Jesús se refirió a la iglesia en dos ocasiones. Ya en un mensaje anterior yo me refería a esto, y no voy a profundizar mucho en ello, pero sí es bueno tener en cuenta lo siguiente: Cristo habló, mencionó la palabra "iglesia" dos veces o tres veces, en dos pasajes únicamente, por lo menos de eso es que tenemos reporte. La primera ocasión fue en Mateo 16, o sea, dos capítulos antes de este pasaje, donde les dice a los discípulos lo siguiente. Estoy leyendo en Mateo 16, versículo 13: "Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" O sea, él estaba preguntando sobre él. "Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas. Y él les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiéndole, dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia" —ahí está la palabra— "y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."
En este breve pasaje, donde hay un intercambio con los discípulos, Jesús dice: "¿Quién dice la gente que yo soy?" Bueno, la gente dice esto. "Pero ustedes, ¿qué creen que yo soy? ¿O quién creen ustedes que yo soy?" Y Pedro, obviamente con una declaración muy precisa, a la que Jesús dice: "No, esto te lo reveló Dios, mi Padre", le dice: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Cuando le dice "el Cristo", le está diciendo... Cristo es la palabra para Mesías en griego, Christos es Mesías en griego, y lo que le está diciendo es: "Tú eres el Mesías prometido en nuestras Escrituras, que es el Hijo del Dios viviente." Y Jesús dice: "Esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre." Y ahora le responde a Pedro: "Y tú eres Pedro, y sobre esta roca, sobre la roca de lo que tú acabas de decir, sobre la afirmación de que yo soy el Mesías, que yo soy el Hijo del Dios viviente, esa es la roca sobre la que yo voy a edificar mi iglesia."
La iglesia se basa en el hecho de que Cristo es el Hijo de Dios. Y es la iglesia de Cristo. Es interesante que Cristo use el artículo posesivo: "mi iglesia". Y luego dice: "Y las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia." Por lo tanto, la iglesia es un grupo de personas que creemos en Cristo como Hijo de Dios, que le pertenecemos a él y que se nos ha dado una garantía de victoria. Esa es la primera parte donde Cristo habla de la iglesia, lo que la iglesia es.
Y luego viene Mateo 18, dos capítulos más adelante, y Jesús habla de la iglesia en una segunda ocasión. Ya nosotros sabemos lo que la iglesia es por la primera vez que Cristo se refirió a ella; ahora nos dice qué debe ocurrir dentro de la iglesia. Y dentro de la iglesia debe ocurrir esto: que si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. Y ahí continúa todo lo que leímos. En la iglesia entonces, en esa comunidad que cree en Cristo, que se basa en esta declaración y que tenemos una garantía de victoria, debemos velar los unos por los otros en nuestro caminar espiritual. Si tu hermano peca, no es algo que puedes pasar por alto, es algo que tienes que atender, que tú tienes que lidiar con ello. Es interesante verlo de esa manera. Y la iglesia, la comunidad de creyentes a la que nosotros pertenecemos, nosotros tenemos esta responsabilidad de velar por el caminar espiritual los unos de los otros.
Esto es algo difícil de hacer. No es difícil de entender, está clarísimo. El pasaje claramente indica que si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas, y luego continúa un proceso. Es sencillo lo que Jesús está diciendo, pero obviamente es difícil de hacer. ¿Y por qué? Porque confrontar a otro con su error no es cómodo, no es algo que yo busco hacer. A mí no me gusta venir con la noticia de que tú estás mal. No, yo tiendo a evadir ese tipo de conversaciones. Yo tiendo a eximirme de esa responsabilidad: "No me toca eso a mí, los otros, que está más cerca de él..." Y puntos suspensivos, buscamos todas las formas posibles por nosotros no tener que tener esa conversación donde nosotros presentemos al otro, confrontemos al otro con su desvío, con su error, con su pecado. Es problemático, es difícil, la gente se ofende, nosotros sabemos que la gente se siente mal.
Pero no solamente es difícil para el que lo tiene que hacer, es que también es difícil para el que tiene que recibir la confrontación, para el que tiene que ser confrontado. A nosotros no nos gusta ser confrontados. Lo que primero hacemos es defendernos, justificarnos, escondernos. De múltiples maneras nosotros tratamos de también evadir esta cuestión de ser confrontados. Ambas cosas son complicadas y a ninguno nos gusta ser confrontado.
Y en la medida que yo hablo de este mensaje, el énfasis va a estar fundamentalmente en el que tiene que ir y hablar, pero yo no quiero dejar de lado también el deber que tiene el que recibe la confrontación de humildemente aceptar cuando se le confronte. Es una virtud cuando el que está errado pone atención y corrige. El libro de Proverbios dice literalmente que confronta al sabio y te amará. Es de sabio escuchar la corrección, escuchar que estoy mal. Eso es bueno, me corrige, me instruye, me hace crecer.
¿Y cómo, cuándo somos confrontados, con tanta facilidad nosotros no queremos que lo seamos? Es porque vivimos en una generación donde es casi un entendimiento generalizado que nadie tiene el derecho de meterse en mi vida. El problema es que muchos de nuestros desvíos causan consecuencias sobre otros, y tú tampoco tienes el derecho de vivir de una manera, y yo tampoco tengo el derecho de vivir de una forma que traiga consecuencias sobre la vida de los otros. Por lo tanto, la corrección, la confrontación, la reprensión es algo bueno cuando ocurre en mi vida.
Algunos cristianos entienden que esta práctica descrita en estos pasajes es sencillamente una intromisión a mi privacidad, que es contrario a la libertad cristiana. Otros conciben esta aplicación de la disciplina como un acto legalista, porque al final, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todo, todo, todo mal. "No me juzgues, porque tú también tienes problemas." Sí, es cierto, pero no estamos hablando de ese problema en esta ocasión. Otro grupo entiende que esto contradice la gracia y que, por tanto, no debería ser practicada en la iglesia. Hay gente que literalmente ignora por completo este pasaje o ignora su aplicación inmediata, y la aplicación es clara, esto está clarísimo.
Si tu hermano peca, repréndelo a solas. Si no te escucha, ve con testigo. Si no te escucha, dilo a la iglesia. Si no te escucha la iglesia, sacado. Eso es lo que dice el texto claramente, pero por la dificultad que implica aplicarlo, algunos decimos: "No, eso se refiere a otra cosa, tiene que ver de otra manera."
Claramente, Mateo 18 nos instruye, nos dice, nos manda a estar ocupados con el caminar el uno del otro. En ese caminar tenemos que estar ocupados mutuamente, y definiríamos entonces este proceso que está escrito aquí de la manera siguiente: la disciplina entonces de la iglesia, este proceso interventor, es un proceso interventor mandatorio mediante el cual una iglesia guía amorosamente a uno de los suyos que ha caído en pecado por ignorancia o desobediencia, al arrepentimiento y a la restauración de su caminar con Dios.
Eso es el proceso que se sigue, es un proceso mandatorio mediante el cual una iglesia guía amorosamente, porque tiene que estar bañado de amor y de gracia el proceso. Guía amorosamente a uno de los suyos que ha caído en pecado por ignorancia o desobediencia, al arrepentimiento y a su restauración en su caminar con Dios.
Fíjense que es mandatorio. ¿De qué forma y en dónde vemos que es mandatorio? Bueno, en primer lugar, versículo 15-16: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". El pasaje ahí, el verbo es en imperativo. Es algo que yo tengo que hacer. El discípulo de Jesús tiene el mandato de ir donde su hermano que está en pecado y tiene el deber de intervenir.
Es tanto así que en 1 Corintios 5 se da una situación en la iglesia de Corinto donde la iglesia no ha intervenido en la vida de una persona, y Pablo reprende a los corintios por no haber reprendido al hermano. Y les dice en 1 Corintios 5, del versículo 2: "Y ustedes se han vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros. Pues yo, por mi parte, aunque ausente en el cuerpo pero presente en el espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió esta acción".
¿Qué era lo que estaba aquí en juego? Había un individuo en la iglesia que tenía una relación impura con su madrastra. Eso es lo que estaba pasando. Y nosotros leemos en 1 Corintios 5 que los corintios no habían hecho nada. Estaba todo el mundo... Miren, este mandato de "si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas", nadie lo había hecho. Nadie había puesto en curso este proceso. El hermano estaba conviviendo, por lo visto, por lo que leemos en 1 Corintios 5, en una relación impura con su madrastra, y ellos estaban hechos los chivos locos.
En el versículo 4: "En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando estéis reunidos, y yo con vosotros en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne". Pablo lo que está diciendo es: expúlsenlo de la iglesia y dejen que las consecuencias de su pecado vayan tras él. En ese sentido es que se refiere a que sea entregado a Satanás.
En otra ocasión, en 1 Tesalonicenses 5:14, Pablo dice que tenemos que amonestar a los indisciplinados. La palabra original para amonestar es "molestar" a los indisciplinados, a los que viven desordenadamente, a los que viven de manera indisciplinada, sin orden en su vida, sin estructuras en su vida, de manera irresponsable. Pablo dice: moléstelos. No en el sentido intencional de la palabra de que se hagan bellacos con ellos, no, no. Sino que ellos no pequen y no vivan en este desorden sin que nadie les diga nada. Esa no es la idea. El que está viviendo en desorden, en irresponsabilidad, de manera desorganizada, la iglesia tiene el deber de molestarlo, decirle: no puedes estar ahí, no puedes hacer eso, no puedes cometer eso, no puedes actuar de esa manera. Esto es lo que se refiere aquí con amonestar a los indisciplinados.
Y en 2 Tesalonicenses 3, del versículo 6, se habla de individuos que andaban desordenadamente. Un individuo o un grupo de individuos, no sabemos si era uno o más, que no querían trabajar. No querían trabajar, no querían proveer para los suyos. Y es aquí donde Pablo emite la dura declaración de que el que no trabaje que no coma. Es ahí que él dice que con esa persona ni se asocien, ni se asocien con ese tipo de personas. Pero obviamente les llama a confrontar a la persona y atraerla a la sensatez. No habían hecho eso.
En múltiples pasajes vemos entonces que este mandato de Mateo 18 Pablo lo hace, lo lleva a cabo él mismo, y les instruye a las iglesias a que lo lleven a cabo dentro de su funcionamiento interno. Era algo que se esperaba que las iglesias hiciesen.
Yo sé que la pregunta es: bueno, okey, de acuerdo, ¿pero en qué casos? Porque si nos vamos a poner a señalar cada cosa que un hermano hace mal, nos vamos a criticar constantemente. Porque honestamente nosotros vivimos llenos de problemas y llenos de defectos y llenos de cosas que pudieran considerarse como mal hechas. Obviamente tenemos que crear algunos criterios. Y esto no es una clase de cómo aplicar la disciplina de la iglesia, sino que quiero ver los principios. Pero algunas cosas que nos van a ayudar a tomar decisión en cómo, en bajo qué condiciones confrontar, en qué casos confrontar al hermano.
Lo primero es que la Reina Valera, que no es esta traducción —esta es La Biblia de las Américas—, la Reina Valera en el versículo 15 dice: "Y si tu hermano peca contra ti". Algunos han entendido que eso implica que es cuando el hermano peca contra mí que yo tengo que confrontar. La Biblia de las Américas, que está basada en manuscritos más antiguos, quita el "contra ti". Y hay un debate: hay quienes dicen "contra ti", si he pecado contra ti, o pecado a nivel general. En realidad no tiene mucha importancia, porque ya sea contra mí o ya sea contra el cuerpo de Cristo del que yo soy parte, un hermano cuando peca, cuando ha habido una vida desordenada, desorganizada, irresponsable, está pecando contra mí de manera indirecta aunque no sea una ofensa personal, porque yo soy parte del mismo cuerpo al que ese hermano pertenece. Por lo tanto, yo tengo el deber de, si yo soy testigo o víctima de un pecado de un hermano, ir y confrontar y reprenderlo primero a solas. Eso lo primero.
Lo segundo es que fíjense que el primer paso, quien va a reprender al hermano no es un comité. Es la persona, es una persona que se da cuenta de lo que está pasando, del desvío de este hermano, de la inclinación, del deseo pecaminoso, de la acción pecaminosa. Pues este hermano es el que tiene que ir a confrontar al otro.
Lo otro que podemos ver también en la Palabra es que hay errores doctrinales que a veces necesitan ser corregidos. Hay creencias que la gente tiene a veces de la Palabra de Dios, de su propia vida personal. Por ejemplo, cuando una persona entiende que puede hacer lo mal hecho porque "Cristo murió por mí", yo tengo que corregir a esa persona. Es cierto que Cristo murió por ti y te perdonó. El problema es que en vista de que Cristo murió por ti, la Palabra nos llama a ser santos. Porque Cristo murió por ti, porque Él es digno de nuestro mejor sacrificio, de nuestra vida santa. Entonces yo tengo que corregir ese tipo de enseñanzas que llevan a la persona a vivir una vida ligera con el pecado. Es que los errores doctrinales tienen que ser corregidos.
A veces hay inclinaciones o fallos o acciones que afectan la unidad del cuerpo. Si yo veo un hermano chismeando contra otro hermano, levantando falso testimonio contra otro hermano, si yo veo un hermano diciendo que tal persona dentro de la iglesia no manejó las cosas adecuadamente, lo primero que tengo que decirle es: hermano, ¿pero por qué no vas tú directamente y se lo dices? No estemos dividiendo el cuerpo y produciendo división entre nosotros. Todo aquello que afecte la unidad del cuerpo, el amor mutuo, tiene que ser confrontado.
Otra cosa es aquellos aspectos que tienen que ver con tu pureza y mi pureza de vida: la mentira, la falsedad, el chisme, la irresponsabilidad financiera, el mal testimonio de cualquier índole, la impureza sexual. Tiene que ser confrontada entre nosotros, y vemos ejemplos en la Palabra. Yo solamente mencioné estas tres sombrillas: errores doctrinales, temas que tienen que ver con la unidad de la iglesia, o temas que tienen que ver con la pureza de vida. La Biblia tiene ejemplos concretos de que estas son cosas que deben ser confrontadas.
Ahora bien, hay ocasiones donde yo soy testigo de un pecado de un hermano, pero ahí mismo me doy cuenta que el hermano tiene convicción de pecado. O sea, imagínense que yo estoy compartiendo con alguien y veo que este hermano le habla mal a su hijo o a su esposa. Yo digo: "¡Pero...!" Me quedo callado. Pero ahí mismo yo veo a este hermano decir: "Wow", y le dice a su hijo: "Mi hijo, perdóname, perdóname, reaccioné mal". O le dice a su esposa: "Mi amor, perdóname, respondí mal". Y yo soy testigo de su desvío pero también de su arrepentimiento. Ya yo me retiro. Yo no tengo que hacer nada con eso, ¿de acuerdo? Porque he sido testigo del arrepentimiento ahí mismo de la persona.
En otras ocasiones son cosas quizás pequeñas, que un hermano tiene un pequeño desvío. Yo voy manejando con él en el carro y el hermano... alguien se le mete en el medio y suelta una palabra soez, una mala palabra. Y yo hago: "Wow". Pero me doy cuenta que eso no es un patrón en la vida del hermano, se le salió la ira. Yo no lo estoy justificando. Lo que estoy diciendo es que hay algunas cosas donde el amor cubre multitud de pecados. Yo tengo que tener un manto de gracia para lidiar, porque imagínate: "Ah, hermano, pero esa no es una palabra que tú debes decir", e inmediatamente, tan pronto el hermano suelta el exabrupto, me voy a convertir en una persona crítica e inquisidora. Hay cosas donde yo tengo que ver.
Ahora bien, si yo veo que fue ahí y fue allí y veo que es un patrón de hablar de manera no pura, yo digo: "Mi hermano, yo he sido testigo en varias ocasiones de este patrón en tu vida. Yo quiero que tú lo revises". ¿Se fijan la forma? Hay veces que son pecados que tenemos que ver si son patrones, y más que señalar de manera inmediata la falta en cuestión.
Ahora bien, hay asuntos que no tengo que esperar que sea un patrón por su gravedad. Yo tengo que señalarlo inmediatamente. Si yo veo una persona con otra persona, un hermano con otra persona que no es su pareja, yo no voy a decir: "Déjame ver si hay un patrón". Yo inmediatamente tengo que decir: "Aquí hay problemas", y tengo que planificar y buscar la manera de confrontar a esa persona, porque por el nivel de gravedad y las implicaciones de ese pecado necesita ser confrontado de manera inmediata ante la más mínima falta.
Y uno puede decir: de acuerdo, estoy de acuerdo con todo este proceso, estoy de acuerdo con que se lleve a cabo, pero aun así es difícil, es duro. Y yo quisiera explicar al menos tres razones bíblicas por las cuales este proceso es necesario. Porque cuando uno ve estas cosas uno diría: "¿Pero no es mejor orar por ese hermano? Parece que Dios le dará convicción de pecado. ¿No es mejor hacer eso?" Bueno, eso es parte de lo que tenemos que hacer, pero no es todo lo que tenemos que hacer, porque la Biblia nos prescribe una manera específica de actuar.
Manera de proceder específica. Si la Biblia nos dijera: "Si tú observas el pecado de tu hermano, inmediatamente ora por él para que el Señor le traiga convicción de pecado", no estuviéramos predicando esto. Pero eso no es lo que la Biblia dice. La Biblia dice que yo tengo que involucrarme. ¿Por qué es eso?
Bueno, la primera razón es que el pecado tiene esta virtud, podemos decir este vicio, de enraizarse en el corazón, de meterse adentro de nosotros y casi que esclavizarnos. Aunque Cristo nos ha hecho libres del pecado, dice la Palabra, en Romanos 7 Pablo habla y da testimonio de su propia lucha. Él dice en el versículo 19: "Pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico." Pablo está luchando con cosas, con tendencias, con inclinaciones en su corazón que como que no termina de dejar. Y es precisamente por ese tipo de resistencia del pecado a ceder que la confrontación a veces es necesaria. Porque la confrontación me expone, viene con ella la vergüenza, me ruborizo: "Ay, mi hermano, tú sabes eso." Y ese tipo de shock me genera un incentivo adicional a desenraizar el pecado que con facilidad se mete en el corazón.
Fíjense que Proverbios 22, hablando del niño, hablando de la disciplina del hijo y del papá, en su versículo 15 dice: "La necedad está ligada al corazón del niño." Entonces, ¿a qué quiere decir eso? Hay como una... es como que no se puede quitar. Y uno ve cómo se lidia con los niños, y uno quiere, los padres queremos, que a la primera ocasión que uno les señala algo no lo vuelvan a hacer jamás. Pero vuelven a lo mismo, y dice: "Pero ¿yo no te dije eso ayer? ¿Qué es lo que te pasa?" Hermano, proyecten esa misma tendencia en el pecado veinticinco años más adelante. Tenemos un hombre de treinta y cinco, de cuarenta, de cincuenta, que a los otros lo confrontamos con una cosa y le decimos: "¿No te lo dijimos ayer?" A un hombre de cincuenta años, la misma cuestión en el corazón, es como que está ahí abajo y hay que ir a donde él está.
Entonces, mas el que lo ama... dice, perdón: "La necedad está ligada al corazón del niño; la vara de la disciplina la alejará de él." En el caso de los niños hay una manera de proceder; en el caso de los adultos, esta es la manera de proceder: tú lo confrontas, lo reprendes, vas con testigos, y si no, llevas el proceso hasta que la persona entra en la sensatez, se da cuenta que está mal, que está desviado, que tiene que corregir. Esa es la primera razón por la que nosotros tenemos que llevar a cabo este proceso: por la tendencia del pecado a enraizarse en nuestros corazones.
Hay una segunda cosa, y es que el pecado no solamente tiende a enraizarse; es que el pecado es esquivo, se esconde, tiende a esconderse. Cuando Adán y Eva cometen el primer pecado en Génesis 3, lo primero que pasa es que Dios sale a buscarles y le dice: "¿Dónde estás?" ¿Cómo así? No, Dios sabe dónde Adán está, pero Adán tenía que salir y decir: "Yo estoy mal." La gente cuando está en pecado no hace eso. Cuando está mal no hace eso. Cuando está mal, a la gente hay que ir a buscarla.
Y una de las primeras cosas que nosotros como pastores sabemos que ocurre en la vida de un hijo de Dios cuando está mal es que ya no lo comenzamos a ver en las reuniones y comienzan a llegar tarde. Lo primero que pasa es que comienzan a llegar tarde. Luego comienzan a ausentarse de manera puntual: que no viene aquí, que no viene acá, que tenía un compromiso familiar, que tenía un juego, que tenía una cosa. Y cuando tú ves, bien no viene, y media también tú no te das cuenta. Y cuando uno ve, hermano, que no tiene tiempo que uno lo ve, uno lo ve a la soja, le dice: "¿Cómo tú estás?" No es "¿cómo tú estás?", no es "¿cómo tú estás?" "Bien, bien." No, "dime cómo tú estás." Porque uno sabe que cuando una persona está mal, desviada, descarriada, en pecado de cualquier tipo, tiende a esconderse, tiende a no dejarse ver. Y esa tendencia es contrarrestada con la disciplina, con este proceso de disciplina y de cuidado mutuo que tenemos que establecer.
Alguna gente no solamente se esconde del pecado —el pecado se esconde—, sino que hay mucha gente que ni siquiera ve su pecado. Son ciegos, no lo ven. A mí me ha pasado en múltiples ocasiones, yo mismo lo he visto en consejería. Cuando uno está lidiando con una situación, con una vida, con una persona, uno le dice: "Fulano, pero míralo de esta manera". Y uno solo lo presenta, y la persona dice: "Guau, pero yo no lo había visto así. En verdad usted tiene razón, pastor. Eso es un acto de egoísmo, eso es un orgullo de mi parte, eso es cierto, eso es mentira. Mío, yo no lo estaba viendo". O sea, era mintiendo y yo estaba ciego. Y la gente, cuando se expone a la confrontación descrita aquí, comienza a ver cosas que no veía antes en su corazón. Este es un proceso necesario para exponer cosas que la gente no sabe que están ahí, a menos que se las digan. Increíble. Y yo lo digo, como les dije, por la experiencia de consejería que tengo, pero también por situaciones en mi propia vida. Hay cosas que el Señor ha sacado de mi vida exponiéndome con otros hermanos. Me ha expuesto gente, mi esposa me ha expuesto en algunas ocasiones y me ha dicho: "Tú tienes un tema de egocentrismo, tú no hablas, tú no comunicas". Hay cosas que yo no me daba cuenta que eran así, pero son así. Increíble.
Vamos a la tercera razón: el pecado se enraíza en nuestro corazón, el pecado es esquivo y se esconde, a veces no lo vemos. Pero hay otras razones, y es que a veces —no a veces, es que— la disciplina es necesaria porque cuando es aplicada de manera adecuada, otros son persuadidos a no pecar. Literalmente, en 1 Corintios 5, con el mismo individuo aquel que tuvo el problema con su madrastra, Pablo está hablando con los corintios. Él está escribiendo y les dice: "¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa?" Lo que está diciendo es: si ustedes dejan esto sin tratar en la iglesia, hay otros que serán incentivados a cometer no solamente ese pecado, sino otros pecados, porque la iglesia se percata que el pecado se trata con ligereza, que no se lidia con él, y otros entonces se ven motivados a pecar. Y ahí entonces Pablo les instruye a que lleven a cabo este proceso.
Al punto incluso que en 1 Timoteo 5:20, Pablo habla de la disciplina a líderes de la iglesia, a líderes, y le dice Pablo a Timoteo: "A los que continúan en pecado, líderes, repréndelos en presencia de todos, para que los demás tengan temor de pecar". 1 Timoteo 5:20. Es decir, que la reprensión pública de un líder, como parte de un proceso de disciplina, genera en otros temor a pecar. Fíjense cómo entonces, claramente, este procedimiento es un procedimiento necesario para el caminar espiritual de los hijos de Dios. Ya sea porque hay cosas que no salen finalmente de nosotros porque tendemos a aferrarnos a ellas, ya sea porque es difícil dejarlas, o ya sea porque otros tienen que ver el ejemplo para no pecar. Por múltiples razones es un proceso necesario.
Y uno puede decir: "Oye, pero aun así es duro, me resulta difícil, me resulta todavía como que deberíamos proceder de otra manera porque es muy difícil". Pero en realidad, cuando lo vemos en detalle, es un proceso que está bañado de gracia de principio a fin, bañado de paciencia con el pecador.
Fíjense, por ejemplo, ¿cuál es el gatillo de la disciplina, de este proceso? El gatillo es: "Y si tu hermano peca, si tu hermano se desvía, si tu hermano se equivoca moralmente, ve y repréndelo". ¿Cómo así? ¿Por qué? Bueno, porque el pecado trae consecuencias dolorosas. Si yo voy manejando en una carretera y hay un precipicio más adelante en unos 500 metros, y sucede que yo voy a 90, 100 kilómetros por hora y me estoy durmiendo, y hay un precipicio adelante, ¿yo no agradecería que uno que va conmigo me diga: "¡Eh!"? ¿Tú no agradecerías que una persona que está contigo en el carro se dé cuenta del precipicio y te diga: "¡Te vas a caer!"?
Es el llamado de: "Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". No dejes que el pecado cobre fuerza en su vida, no dejes que el pecado comience a cobrar consecuencias en la vida de tu hermano. Tú lo amas, pues ve y repréndelo. Si no lo reprendes a tiempo y dejas que el pecado avance, va a ser peor todavía mucho más adelante. Corrígelo a tiempo. Es un proceso lleno de gracia y de verdad y de paciencia como hermanos.
Además de eso, fíjense en la gradualidad del proceso. Si tu hermano peca, explícitamente, ve y repréndelo a solas. Primero solo. Si te escucha, bien. Si no te escucha, lleva un par de testigos. Si te escucha, bien. Si no te escucha, ve a la iglesia. Si escucha a la iglesia, bien. Si no le escucha… Fíjense en la gradualidad, cómo Dios está cuidando a esta persona de no dañarla, de no exponerla de manera innecesaria. Incluso si el hermano cae en pecado y es corregido a solas y lo acepta, ahí se quedó el asunto. Ya has ganado un hermano. Entonces hay un proceso lleno de gracia.
Primero, porque te evita caer en peores consecuencias. En segundo lugar, porque la gradualidad del proceso revela la paciencia. La discreción, ya lo mencioné, la discreción del proceso: no, no, ve solo, luego con testigos. Hay una discreción recomendada.
La actitud del proceso: en Gálatas 6, Pablo dice: "Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, en algún pecado, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado". O sea, ve y repréndelo con mansedumbre, y sabiendo que tú también puedes estar ahí. Hazlo como a ti te gustaría ser confrontado. O sea, confróntalo a él como tú quieres que te confronten a ti.
Y es interesante la palabra también que se presenta aquí: "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". Esa palabra "repréndelo" es convéncelo, persuádelo de que está mal. A veces uno comienza a hablar con alguien, comienza a decirle lo que uno ha observado, y la persona no lo ve de manera inmediata. La idea no es: "Fulano, tú estás mal, tú oye, tú estás mal". Esa no es la palabra que se utiliza aquí. La palabra es: hazle ver su falta, convéncelo, persuádelo de que está mal. Y si no te escucha, entonces con dos o tres. Y la idea es: traten de persuadirlo de que está mal, traten de explicarle por qué lo que tú estás haciendo está mal. Miren que eso, la verdad, lo mismo aplica a los niños. Cuando uno corrige a un niño, la idea es que uno también le explica al niño por qué lo que está haciendo, esa manera de proceder, es incorrecta, y que él se convenza por dentro de que está mal.
Fíjense también, ¿se fijan que es un proceso con gracia y con misericordia y con amor? Fíjense también que el proceso es ganarlo: "Si te oye, has ganado a tu hermano". Pablo en Gálatas 6 dice: "Restauradlo en un espíritu de mansedumbre". O sea, que es ganarlo, es restaurarlo.
Con razón entonces Dios ve el proceso de disciplina como un acto de amor. Hebreos 12 dice: "El Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que toma por hijo". El proceso disciplinario es un acto de amor de Dios hacia nosotros, y nosotros somos los instrumentos de Dios para llevar a cabo el acto disciplinario. Los padres son instrumentos de Dios para llevar el acto disciplinario en la vida de sus hijos, y la iglesia es el instrumento de Dios para llevar a cabo el acto disciplinario de sus hijos, los miembros. No los pastores necesariamente podemos vernos involucrados. La idea es que a solas, que muchas de estas confrontaciones y disciplinas se queden en el primer o segundo paso, y que nosotros los pastores no nos enteremos, porque ustedes mutuamente —y nosotros mutuamente— estamos confrontándonos en amor, mutuamente, y está habiendo un crecimiento entre todos nosotros en nuestro caminar espiritual, porque estamos haciendo esta labor y estamos cuidando los unos de los otros. Estamos observando y haciendo lo que tenemos que hacer, con discreción y con amor y con gracia, todo lo que nos corresponde.
Entonces, claramente hemos entendido el proceso, las razones de su necesidad, y por qué es un proceso de gracia y de amor. Veamos entonces cómo es que se hace esto. De alguna manera ya lo dijimos, pero quizás algunas anotaciones.
Lo primero, ¿cómo es que se hace? "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". Ante el pecado yo voy, me siento con el hermano. Obviamente debo orar primero, preguntarle, pedirle al Señor que traiga convicción a ese hermano: "Señor, yo quiero que tú uses mis palabras, mis formas, para persuadir a este hermano de que está en lo incorrecto, de que está equivocado, de que está cometiendo pecado contra alguien o contra Dios". Bañar eso de oración primero.
Y luego escoger un momento y un lugar, y ya es lo serio. Decirle al hermano: "Yo quiero hablar contigo. ¿En qué momento y lugar nos podemos reunir, que tengamos un momento privado?" No en un pasillo, no en algo cotidiano, no por teléfono, no por WhatsApp. A mí me ha sorprendido la cantidad de confrontaciones entre matrimonios que se dan por WhatsApp. No, que "yo no me siento bien por esto", pero no hablan en persona, hablan por WhatsApp. Tenemos que darle solemnidad y dignidad a la confrontación, y que la persona pueda verme, tener contacto visual, y pueda ver mi lenguaje corporal, donde yo estoy interesado en tu bienestar. Y eso no se ve por email, no se ve por WhatsApp, ni se ve de otra manera. Se ve personal. Obviamente, cosas pequeñas que pudieran mencionarse en un pasillo y demás, pero hay otras cosas que necesitamos hacer aparte.
Fíjense algo que ahora será enfatizado: "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". Eso implica a solas, y que tú, mientras llegas al momento, no le has compartido a nadie el asunto. Entonces, me entienden, nadie sabe del asunto. No, no, porque lo que dice ahí es que en el momento estemos a solas, pero lo podemos compartir para buscar sabiduría.
Es posible que eso sea, es posible que tú no sepas cómo hacerlo, pero si vas a consultar cómo hacerlo, hazlo con una persona discreta para que a solas sea respetado. Dios está diciendo "a solas". Si yo comparto un asunto de alguien, que le compete a esa persona, sin haberlo compartido con esa persona primero, yo estoy pecando, yo estoy pecando y yo soy reprensible también. En múltiples ocasiones hay personas que han venido donde mí, me han dicho que se han sentido traicionados porque un asunto personal, antes de tratárselo a ellos, ellos saben que fue tratado entre otros. Y yo creo que con razón se sienten traicionados.
Entonces este asunto de la discreción es un tremendo valor. Honestamente, hermano, yo he hecho el ejercicio, yo he tratado de quitar de mis conversaciones todo lo que tiene que ver con otros que no me incumbe, y yo me quedo casi sin nada, me quedo sin tema. En serio, se los digo en serio. Mi esposa es testigo, que está ahí, que a veces ella me pregunta algo y digo: "No, es un tema personal". No porque ella esté queriendo exponer a nadie, sino porque quizás yo hago algo, y yo vivo revisando: lo puedo, no lo puedo, no lo puedo compartir, no puedo compartir. Hay cosas que la gente me comparte con confianza que yo no se lo puedo decir a ella aunque sea mi esposa, porque es un asunto... Si fuera un asunto que me involucra a mí, yo se lo comparto, pero si no es un asunto que me involucra a mí, me explico, yo no tengo que compartir. Y tenemos otras medidas para protegernos en cuanto a ministrar a mujeres en el ministerio.
Bueno, el primer asunto es: ve y repréndelo a solas, y si te escucha, has ganado un hermano. "Has ganado un hermano", la palabra ahí es: has tenido un beneficio. Es un término comercial. Tuviste un beneficio porque tu hermano vale, tu hermano vale para Dios, y lo has ganado.
Pero si no te escucha, lamentablemente el versículo 16 dice que existe la lamentable posibilidad que no te escucha. El pecado está muy profundo, el orgullo está muy alto, no sé por qué razón, pero el hermano no te escuchó, no fuiste lo suficientemente persuasivo para hacerle entender su desvío. Y te dice: "Bueno, pues ve con dos o tres, ve con uno o dos". Pero dice: "Ve con uno o dos, contigo son dos o tres". Pero lamentablemente esto puede también fracasar. Obviamente entre una confrontación y otra confrontación debe pasar un tiempo. Tú le das una semana, dos semanas, tres semanas al hermano para que piense, reflexione, medite. Tú oras por él y luego vienes con dos o tres testigos. Aumenta eso, aumenta la presión sobre el hermano, lo expone más. Él ve que el asunto va cobrando otra dimensión. A veces a nosotros los pastores nos involucran ahí, pero no solo nosotros tenemos que estar involucrados ahí necesariamente. Tú puedes ir con un hermano cercano al otro, pero tiene que ser un hermano discreto y maduro. La selección de testigos no puede ser cualquiera, tiene que ser un hermano cercano y más cercano a ese otro hermano, maduro y discreto, que podamos persuadir al otro de que está mal.
El versículo 17 nos dice entonces que lamentablemente puede ocurrir que no nos escucha tampoco, ni a mí con los testigos. Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia. Ya ahí se involucran los líderes necesariamente porque los líderes tienen que comunicar lo que ha pasado. El hermano permanece en una situación inmoral, en su vida pecaminosa, y nosotros tenemos que decirlo a la iglesia. Y han venido muchos de ustedes de testigos aquí de procesos de disciplina donde tenemos que decir a la iglesia: "Fulano de tal está en tal situación". Nosotros les pedimos a ustedes, a los que lo conocen, a los que lo aman, aman a su familia, que lo busquen, que lo llamen. Todavía sigue siendo esa la idea: no es avergonzar a la persona, la idea no es hacerlo escarmentar, la idea es rescatarlo, rescatar a la persona. Es como el grupo de rescatistas que sale a buscar, a peinar un bosque cuando se pierde un niño. ¿Me han visto eso? Se pierde un niño y entonces la gente se toma de brazos y va peinando un bosque para tocar cada esquina. Bueno, vamos como iglesia y vamos peinando cada esquina de la vida del hermano para que si hay alguna oportunidad que se arrepienta, pues que lo haga.
Entonces esto también ocurre después de un tiempo. El versículo mismo 17, en la parte b, dice: "Y si también rehúsa escuchar a la iglesia..." Puede pasar eso, que el hermano no escucha ni siquiera la llamada de atención de un grupo más numeroso. ¿Y qué hacemos? "Sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos". Considéralo como un no creyente, considera que no está el Espíritu. Si un creyente, eso es lo más o menos lo que asume este pasaje, si un creyente es sometido a una primera confrontación, a una segunda confrontación, a una tercera confrontación de parte de la iglesia, si es creyente y el Espíritu Santo habita en esa persona, debería responder. Si no responde, que sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos, o sea, la definición de los que eran los no creyentes en esa época. Considera que no es un creyente, trátalo como un no creyente. Pablo dice en 1 Corintios 5: "Expúlsalo, expúlsalo de la comunión de la iglesia, expúlsalo de la membresía de la iglesia". Si era miembro, pues no se está comportando como tal.
Y entonces, ¿qué hace uno? Y si expulsamos a esa persona, entonces ¿cómo se va a convertir? No, ya él tuvo suficiente. Pues dejemos entonces que Dios lidie con él y Satanás también traiga consecuencia sobre su vida, lo que 1 Corintios 5 dice: "Entreguen a este tal a Satanás para la destrucción de su carne, para que su espíritu sea salvo". O sea, hay una consecuencia que él va a recibir ahora de ser expulsado de la comunión de la iglesia, donde Dios va a poder lidiar con él. Y si Dios lo trae, bien. Si Dios no lo trae, nos dolerá por él obviamente, pero es la forma como Dios prescribe que tenemos que lidiar con este tipo de situaciones.
Y hermanos, Dios está involucrado de principio a fin en este proceso. Esto no es algo que nosotros aquí en la iglesia lo hacemos... Hay muchas iglesias que no llevan a cabo este proceso, pero en la iglesia lo hacemos. ¿Y dónde vemos a Dios involucrado en este proceso? Fíjense, por favor, en el versículo 12 del capítulo 18, es unos versículos antes de este pasaje. Se nos cuenta la parábola de la oveja descarriada. Vean lo que dice el versículo 12: "¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la descarriada? Y si sucede que la halla, en verdad os digo que se regocija más por esta que por las noventa y nueve que no se han descarriado. Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos". Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano.
Fíjense el contexto de esta parábola. O sea, este pasaje está dado en el contexto de la parábola de las cien ovejas, si la que se va, la que se descarría. No está hablando de un inconverso. Esa parábola es aplicada a los inconversos en Lucas 15, pero aquí es aplicada a los hermanos de la iglesia que se descarrían.
Entonces dice el versículo 12 que Dios deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la descarriada. ¿Cómo va Dios en busca de la descarriada? ¿Cómo es que Dios busca al hijo de Él que se descarría? Cuando tú vas y lo reprendes a solas, y si no, vas con testigos. Ese es el proceso por medio del cual Dios va en busca de la descarriada. Yo soy el instrumento de Dios para buscar la oveja descarriada de la iglesia. Yo, no los pastores. Yo como individuo, como miembro de la iglesia. "Ve, tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". Y cuando ocurre que yo tengo éxito en mi búsqueda, el cielo se regocija. Yo traigo regocijo al cielo con mi acción. Increíble. Y ahí está Dios. La intención de Dios es que nosotros seamos los brazos de Dios buscando la oveja descarriada.
Pero no solamente eso. Fíjense entonces, luego del versículo 17, en el versículo 18, luego de terminar "que sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos", ahora viene: "En verdad os digo, todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo". Este atar y desatar, que es muy conocido, muy usado de manera ligera, y la gente desata bendición y desata prosperidad y desata sanidad, este "que atéis, desatéis" es en el contexto de lo que estamos haciendo con un hermano que está en pecado. El hermano que está en pecado y que no se arrepiente, permanece atado bajo la disciplina de la iglesia, y Dios reconoce esa disciplina. Y cuando la iglesia observa el arrepentimiento de ese hermano: "Te perdonamos, levantamos sobre ti la disciplina de la iglesia", entonces Dios desata, hermano.
De la misma manera, continúa diciendo: "Además os digo que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Ese pasaje se ha aplicado a la oración, a la reunión de oración: "Dos o tres, ahí está Dios". Dios está cuando tú estás solo orando. Ese pasaje no es de la oración, ese pasaje es de la disciplina de la iglesia. Cuando tú... ¿Quiénes son esos dos o tres? Los dos son del versículo 16: "Lleva contigo a uno o dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos". Son los testigos del proceso disciplinario que dicen: "Sí, el hermano está en pecado". Están los hermanos están orando por este hermano y dicen: "Señor, nosotros queremos que tú persigas a este hermano, que lo convenzas de pecado". Están orando por su salud espiritual. Dios está en medio de este comité disciplinario.
Entonces no es un pasaje aplicado inmediatamente a la oración, aunque es cierto que Dios está en todas las reuniones de oración donde hay dos o más, y donde hay uno también. Tampoco podemos decir: "¿Qué? ¿A ver? ¿Dios no está?" No, Dios está orando solo, yo tengo acceso al trono de la gracia por Cristo.
Entonces, fíjense cómo Dios está buscando la oveja descarriada por medio de la iglesia. Y luego, en el proceso de deliberación, Dios está presente con nosotros, atando y desatando al hermano que nosotros estemos disciplinando, y luego respondiendo nuestra oración en torno a este hermano, a este proceso disciplinario. Entonces, cuando cualquier iglesia lleva a cabo este proceso, Dios es glorificado. Dios está interesado en la pureza de su iglesia, y nosotros somos los responsables de velar por esa pureza de la iglesia.
Con lo que quiero concluir es con un llamado a nosotros a comprometernos con un caminar conjunto donde estemos velando los unos por los otros, donde este no sea un asunto de los pastores que tienen que hacer eso, los líderes ministeriales. Hermanos, eso nosotros no lo podemos hacer por definición para este grupo de personas. Si la iglesia, a la cual ustedes y yo somos parte de ella, no nos comprometemos con velar los unos por los otros, por un caminar mutuo, tú por el mío y yo por el tuyo, nosotros no vamos a poder manejar la salud espiritual de la iglesia.
En un sentido, esto es un pastoreo dividido. Me explico: necesitamos dividir la carga de velar los unos por los otros. De ahí que nosotros les exhortamos a ustedes, o a la iglesia, que estén asignados a un grupo pequeño, que vayan a un ministerio que le corresponde a su condición, si es casado, si es soltero, si es joven, si es viejo, si es niño, para que haya gente observándole, mirándole, guiándole, de tal manera que tú no seas un desconocido, que yo no sea un desconocido, y que cuando yo esté bien, bien, aplaudimos, pero cuando yo esté mal, haya una confrontación amorosa.
Hermano, yo no sé tú, pero yo quiero estar en una iglesia en la que se me disciplina. Yo quiero estar en una iglesia donde haya hermanos velando, y que cuando yo estoy mal me digan: "Chacho, tú estás mal, déjame explicarte por qué, déjame mencionarte las razones, pero tú estás mal". A mí me daría miedo pertenecer a una comunidad que me tiene miedo, valga la redundancia, de decirme que yo estoy mal.
¿Oye, quién ha dicho aquí, quién ha llegado aquí? ¿Hay alguno que ha llegado a la perfección para entonces traerlo aquí, yo sentarme y que todos escuchemos? Cristo solamente es el perfecto, y todos nosotros estamos en proceso, y por lo tanto tú y yo somos el uno para el otro instrumento de Dios para poder crecer a la imagen de Cristo.
O sea, abracemos con responsabilidad, con solemnidad, este mandato, comenzando con nuestros hogares. Mujeres, esposos a esposas y esposas a esposos, tiene que haber una confianza de confrontarse mutuamente. Cuando tú eres confrontado, baja la guardia, escucha, no te defiendas, trata de recibir lo que se está diciendo. Y el confrontador, hágalo con gracia, con amor, no con crudeza, no con exasperación, que eso no llega, se cierran las puertas. Háganlo con los esposos, con los hijos, y luego con la comunidad de la iglesia, con mi grupo de parejas, con mi ministerio, con los otros hermanos, que andemos todos juntos de la mano.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.