Integridad y Sabiduria
Sermones

David y Su gigante

Jairo Namnún 4 noviembre, 2018

Frente a un gigante de tres metros que desafiaba a Israel durante cuarenta días, todo el ejército —incluido el rey Saúl, el hombre más alto del pueblo— se acobardó. Nadie mencionaba a Dios; todos miraban hacia su rey humano esperando una solución que nunca llegó. Entonces apareció David, el hijo menor de Isaí, un pastor de ovejas enviado simplemente a llevar pan y queso a sus hermanos. Y lo primero que hizo al escuchar las amenazas de Goliat fue preguntar: "¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?"

David no era el guerrero que Israel esperaba. Era pequeño, sin experiencia militar, armado solo con una honda y cinco piedras —las herramientas de su humilde oficio de pastor. Rechazó la armadura de Saúl porque no la necesitaba: su confianza no estaba en el bronce sino en el Señor que lo había librado del león y del oso. "La batalla es del Señor", declaró antes de correr hacia el gigante.

Pero el mensaje central no es que debemos ser como David. Nosotros somos el pueblo atemorizado, incapaces de vencer a nuestros propios gigantes. Lo que Dios da a su pueblo asustado no es un ejemplo a imitar sino un salvador. David venció poniendo en riesgo su vida; Jesús, el hijo de David, venció entregando la suya. En la victoria de nuestro mediador, todos somos victoriosos. La vida cristiana se gana rindiendo las armas y dependiendo de él.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos llamados para vivir en Su Palabra! Les voy a pedir que abran sus Biblias y me acompañen a Primera de Samuel, el primer libro de Samuel, capítulo 17. Creo que en algún momento ya lo pusieron ahí detrás. Sí, quedamos en hablar, así que si no está ahora mismo... no, eso soy yo. Pero ya tienen idea de lo que vamos a estar hablando.

Pero antes de llegar ahí, al texto, les voy a decir que mañana, el 5 de noviembre, es un día que mi familia y yo recordamos bastante. Es un día muy especial para mi esposa y para mí; hablábamos de eso esta semana. Y no es aniversario, es en septiembre, y Patricia va a tener 10 años de soportarme. Bendito sea Dios la salvación y el matrimonio del Señor. Sino que es el segundo cumpleaños de nuestra perra, que se llama Luna. Y me da que el pastor Miguel casi me baja del púlpito, pero el año pasado resulta que Luna, nuestra perra, es un Golden Retriever, es hija de una camada, o es parte de una camada que es hija de la perra principal o la perra modelo de esta veterinaria llamada El Arca de Molly, que se llama la perra. Entonces, cuando cumplió su primer año, el año pasado hicieron un cumpleaños para esa camada ahí en El Arca. El Arca pertenece a miembros de nuestra iglesia.

Entonces yo recuerdo ese día porque fue mi familia completa. No toda mi familia tiene mi apellido, y parte de mi familia que fue es un joven llamado Carlos Xavier Álvarez, conocido aquí entre nosotros como Bubucha. Yo lo recuerdo porque tres días antes a Bubucha se le había diagnosticado un linfoma, un cáncer. Él tenía 22 años y su diagnóstico en ese momento, aunque él no lo sabía todavía, estábamos esperando confirmación y algunos sabíamos que era tan malo como pudiera ser para un joven de 22 años. Estábamos hablando de meses y no de años de vida, a menos que el Señor hiciera algo.

Yo estaba con él cuando hizo la primera llamada al pastor Miguel. Estamos celebrando un cumpleaños y estaba con él poco tiempo después cuando el Señor dio el milagro: lo sanó, lo sanó completamente. Solo tres meses después de ese diagnóstico él estuvo aquí dando gloria a Dios porque el Señor... no fue un error, no fue una equivocación, fue un milagro de Dios. Y el Señor estuvo aquí hablando de la sanidad que Él hizo. Y yo recuerdo ese 5 de noviembre porque, a tres días de habérsele declarado esta enfermedad tan horrenda como es el cáncer, Bubucha, Carlos, había querido ir al cumpleaños de Luna y estaba ahí con nosotros.

Hermano, ¿de dónde uno saca fuerzas para lidiar con los problemas que trae la vida? ¿De dónde uno saca cuando tú tienes 22 años y te declaran cáncer? ¿O tú eres el padre de ese joven? ¿De dónde tú sacas cuando tú tienes toda tu vida trabajando en un lugar y de pronto te encuentras que te despiden, que es la reducción de personal? ¿De dónde tú sacas para tú enfrentarte simplemente con el día a día de la vida? ¿De dónde uno saca valentía? ¿De dónde tú sacas confianza? ¿Qué energía uno saca para uno soportar o para uno enfrentar nuestros gigantes?

Y es en ese sentido que en esta mañana nos vamos a encontrar con una de las historias más famosas de toda la Biblia, uno de los personajes más famosos de toda la Biblia. De hecho, es la primera historia, la primera enseñanza que yo recuerdo haber hecho hace como 14 años en una iglesia. Primera vez que yo enseñé algo fue este texto de Primera de Samuel 17. Así que acompáñenme, vamos a leer los primeros tres versículos. A horar otra vez y hagamos campamento en el valle de Ela. Esa es la Palabra de Dios.

Los filisteos reunieron sus ejércitos para la guerra y se concentraron en Soco, que pertenece a Judá. Y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim. Y Saúl y los hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a los filisteos. Los filisteos estaban a un lado del monte e Israel estaba al otro lado del monte, y entre ellos el valle.

Subió el telón. Estamos en el valle de Ela en una guerra bastante vieja. Filisteos e Israel luchando era pan de cada día en el libro de Samuel. De hecho, cientos de años antes ya estaban luchando una gran batalla entre los filisteos. ¿Recuerdan a Sansón? Las últimas palabras de Sansón, ¿no es cierto?: "Muera Sansón con todos los filisteos." Es interesante: filisteos, filistinos, palestinos. Aunque no son exactamente el mismo pueblo, la misma guerra que luchó Israel contra los palestinos... que de hecho yo soy libanés, descendencia libanesa. No lo veían, ya lo ven, ya ven el árabe. Mi descendencia es libanesa, así que en cierto sentido todavía hoy Israel sigue luchando contra filisteos.

Al principio del libro, estos enemigos inclusive habían logrado capturar el arca del pacto de Dios, este manifiesto, este símbolo de la manifiesta presencia de Dios con Israel. De hecho, en parte la razón por la que Israel tenía un rey ahora, Saúl, era por los filisteos. Era porque ellos estaban cansados de tener tanta guerra y no tener a alguien que los dirigiera, y ellos pidieron un rey que les ayudara a luchar sus batallas. Así es que a Israel le pasó lo mismo que te pasa a ti y a mí, que se nos olvida que nosotros no necesitamos a nadie sino que lo tenemos a Él. Ellos habían olvidado que el Señor luchaba sus batallas por ellos, y ellos querían que un rey luchara sus batallas por ellos.

Nota que el versículo uno dice que los filisteos se reunieron para la guerra, o sea que no fueron los israelitas que buscaron esta guerra, sino que la guerra vino hacia donde ellos. Si este es un recordatorio de la promesa de Jesús de que en el mundo tendremos aflicción. Esa promesa, claro, le falta una parte, pero esa promesa no la ponemos en tacitas o la ponemos en el carro, pero dime que no se siente totalmente real: que en el mundo tendremos aflicción. Esa es la verdad en Cristo y es la verdad sin Cristo también. Siempre hay un enemigo, siempre hay una batalla más, siempre hay algo por lo que luchar, siempre hay algo contra quien luchar.

Ahora, ¿tú has tenido un día donde las cosas van mal, que tú dices "ya no aguanto más" y de pronto se empeoran? ¿Te ha pasado eso, que tú dices "ya no doy más" y te atacan cuando vas para tu trabajo y viene otra cosa? Eso le pasó a Israel, porque el texto continúa en el versículo 4 y dice... Entonces ya ahí está el plato, está toda esta discusión, está este valle, el valle de Ela, donde están desde un lado del monte Israel, desde el otro lado del monte vienen los filisteos, y entonces, versículo 4: "De los ejércitos de los filisteos salió un campeón llamado Goliat, de Gat, cuya altura era de seis codos y un palmo." Y luego sigue describiendo a Goliat.

En español, seis codos y un palmo más o menos son tres metros, un poco más de nueve pies. Yo mido seis pies. Imagínate metro y medio arriba de mí, o sea como por aquí sería más o menos. Madre, como por aquí más o menos. No voy a hacer el ridículo, no me voy a poner a saltar aquí, pero imagínense a este ser vivo.

El texto sigue, lo voy solamente a resumir porque son medidas que nosotros no usamos. Pero por ejemplo, sabemos que él tenía una armadura que ahí se menciona que es de bronce. Los filisteos tenían como un monopolio con el bronce; el mismo Samuel nos habla de eso. Pero esta armadura pesaba 126 libras. Eso pesa mi esposa, y él la tenía de armadura. Imagínate la fortaleza de este guerrero de nueve pies que carga una armadura de 126 libras, que dice más adelante que él tiene un escudero porque su escudo es tan grande que otra persona lo carga por él. El tamaño de este hombre era tal, la fuerza de este hombre era tal, la imponencia de este hombre era tal, que por supuesto que el versículo le llama un campeón.

Esta palabra es una palabra interesante. No es una palabra común en la Biblia; de hecho, solo se usa en este capítulo. Y lo que quiere decir literalmente es "el hombre en el medio," y se convirtió en "campeón" porque el hombre en el medio... Esta palabra solo se utilizaba refiriéndose, cuando hay dos ejércitos, siempre hay uno, el más grande, el más fuerte, que es el que se para en el medio primero y aguanta los primeros balazos, el primero que lucha. El paladín, dice Reina-Valera creo. Este hombre en el medio, este campeón, el que sale a nombre de los filisteos.

Ahora, ¿todos han escuchado que a veces la gente te dice, tus padres seguro te lo dijeron, que tú no debes creértela, que tú no eres la gran cosa? Pues a Goliat no le decían eso. Nadie le decía: "Goliat, no, no te la creas, que tú no eres la gran cosa." ¿Cómo tú le dices eso a un hombre de nueve pies? Este hombre era la gran cosa. Él, humanamente hablando, tenía todas las razones para creérsela, y él se la creía.

Mira lo que dice el versículo 8. Goliat se paró, oye esto, se paró y gritó a las filas de Israel: "¿Para qué han salido a ponerse en orden de batalla? ¿Acaso no soy yo filisteo y ustedes siervos de Saúl? Escoja a un hombre y que venga él contra mí." O sea que Goliat no solo era grande, también era muy creativo. Él se inventa este método que no es común en el Antiguo Testamento, aunque ha ocurrido en otros momentos en la historia, de hacer un duelo entre lo mejor de Israel y lo mejor de los filisteos, y ahí se resuelve la discusión.

Pero nota algo: él conocía de Saúl. ¿Notaste que dice "acaso no son ustedes los siervos de Saúl"? ¿Por qué él conoce a Saúl? Hay diferentes razones, pero ¿recuerdan? No sé si recuerdan mucho de Samuel. En 1 Samuel 9:2 se habla de Saúl, y qué se dice de él: que era un hombre bien parecido. En 1 Samuel 9 se dice que era un hombre de familia rica, pero también se dice que de los hombros hacia arriba no había nadie más alto que él.

Saúl era, por lo menos para los estándares de Israel, un gigante. A nivel israelita él era grandísimo, era grande, era buen mozo, era poderoso, era de buena familia. Israel había pedido un rey, y si había un momento donde este rey tenía que lucírsela era aquí. Tenemos al gigante Goliat, está bien, pero nosotros los israelitas podían decir: "Nosotros tenemos a nuestro gigante, Saúl, el rey de Israel". Las cosas no están tan mal, tenemos en quién descansar. ¿Y qué dice el versículo 11? Exactamente eso. Y Saúl e Israel descansó en Saúl, y dice: "Cuando Saúl y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, se acobardaron y tuvieron gran temor".

El rey de Israel habían pedido, el rey conforme el corazón de su pueblo, el hombre más alto que todos los demás israelitas: acobardados y con gran temor. No solo Saúl sino también Israel, los descendientes de los que cruzaron por el mar secos, aquellos que comieron el maná, aquellos que vieron el fuego, la columna de fuego, que vieron la nube, aquellos que vieron a Jericó caer, aquellos que escucharon de Sansón hace solo unos años, aquellos que vieron el arca del pacto con la presencia de Dios ahí, aquellos que sabían que eran el pueblo más especial delante de toda la tierra: despavoridos, llenos de temor. El rey que ellos pensaban que iba a salvarlos ahora se volvió un temeroso, y el pueblo junto con él.

Y eso sigue pasando hoy, porque cuando nosotros queremos resolver nuestros problemas haciendo nuestra voluntad y no la voluntad de Dios, nosotros no encontramos salvación. Y eso fue justamente lo que Israel quiso hacer con Saúl: resolver sus problemas de guerra haciendo su voluntad, eligiendo un rey como las demás naciones. Pero nuestro Dios en misericordia sigue actuando. Nuestro Dios no deja que un desacierto del pasado sea el final de la historia. Nuestro Dios redime y nuestro Dios muestra aquí un camino mejor.

Acompáñenme al versículo 12. Acabamos con Israel despavoridos, el filisteo parado como un gigante gritando: "¡Vengan!" Y la historia hace como una pausa, como si fuera una película. Está toda la escena de la guerra y de pronto, una pausa. Versículo 12: "David era hijo de aquel efrateo de Belén de Judá, llamado Isaí. Y este tenía ocho hijos. En los días de Saúl, Isaí ya era viejo, avanzado en años entre los hombres. Los tres hijos mayores de Isaí habían ido con Saúl a la guerra. Los nombres de los tres hijos que fueron a la guerra eran el primogénito Eliab, Abinadab el segundo, y Sama el tercero. David era el menor. Los tres mayores siguieron, pues, a Saúl, pero David iba y venía de donde estaba Saúl a Belén para apacentar el rebaño de su padre".

"Y dijo Isaí a su hijo David: Lleva ahora a tus hermanos un efa de grano tostado y estos diez panes, y corre al campamento donde están tus hermanos. Lleva también estos diez quesos al capitán de los mil, y mira a ver cómo están tus hermanos y trae noticias de ellos. Porque Saúl y tus hermanos y todos los hombres de Israel están en el valle de Ela, peleando contra los filisteos. Y se levantó David muy de mañana, dejó el rebaño con guarda, y tomando las provisiones se fue como Isaí se lo había mandado".

La acción tomó una pausa para mostrarnos a Dios actuando, pero la manera que Dios actúa es sorprendente, es fuera de lo común. ¿Han visto la película de Troya? Quizás la conoces, que se publicó en el 2004, muy famosa en su momento. Inicia de una manera similar a esta, muchos dicen copiando esto que está aquí. Hay un gran gigante que aparece y va a hacer guerra contra los griegos, y dice algo muy similar: "Ven y luchemos, enfréntame". Y entonces los griegos van y buscan a su mejor guerrero: Aquiles. Conoces el nombre, ¿no es cierto? Este gran campeón que nunca había perdido una batalla, que nunca había ni siquiera sangrado en una batalla. Y pues Aquiles era Brad Pitt, así que eso ayuda también.

Entonces van y buscan a su mejor guerrero, y viene este guerrero y va y resuelve al gigante sin un problema. Le habla mal a su rey, le dice: "A mí no me importa, yo hago lo que yo quiera", y se va. Y ya tú esperas eso de un campeón que nunca ha perdido una batalla. Pues cuando aparece un Goliat como este, tú esperarías que Dios va a traer a Goliat 2.0, uno mucho más grande, mucho más fuerte. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos. Él no resuelve las cosas a nuestra manera.

¿Qué se nos dice de David? Primero se nos dice que David es hijo de un anciano. Y tú dirás: "No, eso no significa tanto". Excepto que en este libro de Samuel ya ha habido dos hijos de ancianos. Primero los hijos de Elí, el sacerdote. ¿Se recuerdan esos hijos? Horrendos, horribles, corruptos. Y luego los hijos de Samuel cuando era anciano, también corruptos. Entonces cuando se nos dice que David es hijo de un anciano, tú dices: "Oh no". Si tú has estado leyendo el libro en una sola sentada, tú dices: "Vamos mal".

Luego se nos dice que David era el menor de ocho. El menor de ocho, imagínate eso. Si hoy el más pequeño de tres es añoñado, imagínate el más pequeño de ocho: el niño de la casa. De hecho, recuérdense que cuando Samuel va a buscar quién sería el rey conforme al corazón de Dios, desfilan los hijos delante de su papá. Y ve al primero y dice: "¡Ah, ese sí!" No, ese no. Ve al segundo: no, ese no. Ese no, ese no, ese no. Y cuando pasaron los siete, Samuel pregunta: "¿Cómo? ¿No hay más?" "Oh sí, yo tengo otro hijo". Como que David era un "también": "Ah sí, también yo tengo otro que está ahí afuera".

Se nos dice también aquí en el texto, muy cómico nos lo dicen, que los hermanos de David ya están en la batalla mientras él está apacentando ovejas. Va y viene. ¿Qué tipo de héroe es este? Y no solo eso, la última cosa que nos dice de David es lo que él va a hacer. Amado, este versículo presenta a David como un delivery. Literalmente el texto nos dice que el papá le dice: "Mira, tú podrías llevar un chin de pan y queso a tus hermanos, y me dejas saber cómo van. Mira, y mándale esto también al jefe". ¿Qué héroe es este? ¿Quién esperaría que la salvación de Israel iba a venir de algo tan pequeño, tan insignificante? Goliat aparece lleno de gloria, pero David es otra historia.

Ahora David llega al campamento, dice el texto, cuando el ejército salía en orden de batalla lanzando el grito de guerra. Y aquí es que se unen las dos historias. Vamos al versículo 23: "Mientras hablaba con ellos, el campeón, el filisteo de Gat llamado Goliat, subió entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras de su desafío. Y David las oyó. Cuando todos los hombres de Israel vieron a Goliat, huyeron de él y tenían gran temor. Y los israelitas decían: '¿Han visto a ese hombre que sube? Ciertamente sube para desafiar a Israel. El rey colmará con grandes riquezas al que lo mate, le dará su hija y hará libre en Israel a la casa de su padre'".

La situación va escalando. Ya han pasado 40 días desde el texto de cuando Goliat salió la primera vez. 40 días, todas las mañanas y luego todas las noches, salía este gigante a decir: "Mándenme uno y resolvemos esto. Uno solo, no hay problema. Mándenme un hombre", dice él. Y nota que la situación ha escalado porque al principio Goliat gritó, pero ahora dice que los hombres salían huyendo de él cuando lo vieron. O sea que Goliat se está acercando, la situación se está poniendo más tensa.

¿Y qué hacen los israelitas? Mira lo que el texto dice. Ellos dicen: "El rey colmará..." Los israelitas vuelven donde el rey. Una y otra vez ellos vuelven donde su rey. ¿Y qué hace su rey? El rey dice: "Yo tengo dinero, yo tengo poder, yo tengo autoridad. Bueno, yo voy a bendecir a alguien si se atreve a ir". Los israelitas van donde Saúl, y Saúl... ¿Donde quién no van? ¿Tú has escuchado el nombre de Dios hasta ahora ser mencionado? No hay oración, no hay mención del nombre del Señor en el pasaje.

Cuando Israel se encontraba de frente con una batalla imposible, una y otra vez iba donde Dios, y Dios casi siempre levantaba un juez, levantaba a alguien, mandaba un profeta, de alguna manera lo salvaba. Pero en este momento, ante la gigantesca batalla por delante, ¿dónde van ellos? Donde su rey. No donde su verdadero Rey, donde su rey.

Amado, hermano, tú y yo no somos muy diferentes. Por lo menos yo sé que yo no. Al momento de la batalla, al momento del gigante, ¿qué es lo primero que a mí me sale? Lo fácil que me sale: negociar, negociar con los problemas, resolver. Por eso queremos tener dinero, por eso queremos tener seguro médico, por eso queremos tener buenos colegios, queremos tener buenas relaciones, conocer gente, queremos ser buen mozos, queremos tener algo para negociar. Queremos tener algo con qué resolver cuando venga el Goliat.

Es más, si somos totalmente honestos, por nosotros mismos nosotros quisiéramos ser Goliats. Nosotros quisiéramos no tener que estar dependiendo de otros. Es más, si somos totalmente honestos, nosotros quisiéramos ser Dios. No cuando estamos en iglesia, que el Espíritu se está moviendo y nos está adorando, pero a la hora del problema nosotros quisiéramos tener una varita mágica para resolverlo todo. ¿Y sabes cómo yo sé que es verdad? Porque a la hora del problema nosotros no vamos de inmediato en oración. Y si vamos en oración hay como que recordarse: "No, pero déjame orar antes de actuar". Y si una vez lo hacemos, en el próximo problema ¿qué hacemos? Volvemos a resolverlo en nosotros mismos. Es una súplica, hermano, de que tú y yo tenemos que aprender a confiar más. Y tenemos que arrepentirnos de nuestro orgullo.

Pero en este texto hay cuatro palabras que cambian completamente la panorámica. De hecho, en el original solamente son dos palabras. Están en el versículo 23, que dice: "David las oyó". No cambió nada afuera. Goliat seguía amenazando, los filisteos seguían confiando en su gigante, e Israel seguía atemorizado pensando quizás Saúl va a resolver. Pero algo cambió: David las oyó.

¿Acaso alguien lo notó? ¿Acaso a alguien le importó que el joven David de Belén oyera? Claro que no. Nadie prestó atención a que David estaba escuchando al gigante. Pero esta era la bisagra donde giraría todo el futuro de Israel. Y en la historia de Israel, que David oyera sería la bisagra donde giraría toda la historia.

Versículo 23: oye. Versículo 26: David habla. Acompáñame. Entonces David preguntó a los que estaban junto a él: "¿Qué harán por el hombre que mate a este filisteo y quite el oprobio de Israel? ¿Quién es este filisteo incircunciso para desafiar a los escuadrones del Dios viviente?" Ya te dije que faltaba hasta este momento. ¿Y qué es lo primero que hace David cuando habla? Mencionar a Dios. Hasta este momento no había mención de Dios, no hay mención de esperanza, no hay salida, no hay forma de resolver. Solamente estamos sumiéndonos unos a otros con temor y confusión.

Llega David el ungido y trae a Dios a la ecuación. Llega David y le recuerda a Israel quiénes eran ellos y contra quién se estaba enfrentando. Goliat había pedido: "Tráiganme un hombre." Aquí está el hombre. Goliat había dicho: "Mándenme un campeón." Aquí está el campeón. Dios había provisto un campeón ya. Pero una vez más, la gente no lo entendió.

Mira el versículo 28 y 29. Y Eliab su hermano mayor oyó cuando él hablaba con los hombres, y se encendió la ira de Eliab contra David y le dijo: "¿Para qué has descendido acá? ¿Con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la maldad de tu corazón, que has descendido para ver la batalla." Y David responde con uno de mis versículos favoritos de toda la Biblia. David respondió: "¿Qué he hecho yo ahora? ¿No fue solo una pregunta?"

Aquel que iba a traer salvación a Israel, el único que trajo a Dios en la ecuación, es de inmediato, de inmediato, desechado y burlado. Porque hay una gran diferencia entre ver las cosas como Dios las ve y como el hombre las ve. Y eso es un tema muy importante en todo el libro de Samuel.

Desde el principio, al inicio, ¿con qué abre la historia? Quizás recuerdan: este hombre Elcana, su mujer Penina y su otra mujer, Ana. Penina era la que estaba súper bien porque tenía muchos hijos, algo de vital importancia en el momento. Pero Ana era desechada por los hombres porque ella no tenía hijos. Y sin embargo era Ana la que era agradable a Dios. Porque Dios no ve como el hombre ve.

Qué pasa dos capítulos más adelante. Samuel, el joven que no tiene conocimiento, que no es maduro, que ni siquiera había caído en cuenta hasta mucho más adelante que era Dios quien lo estaba llamando. Este jovencito, sin gran pasado, sin gran abolengo. ¿Por qué? Porque Dios no ve como el hombre ve.

Dos capítulos más adelante, Israel tiene batalla contra los filisteos y pierde, y dice en el capítulo 5: "¡Ah! Yo sé por qué perdimos, que no tenemos el arca del pacto." Y van y buscan esta arca del pacto, como si tener un amuleto, tener un crucifijo, era suficiente para manifestar que Dios estaba con ellos. ¿Y saben qué sucede? Pierden. ¿Por qué? Porque Dios no ve como el hombre ve.

Y luego Saúl, el mejor rey de todo oriente, agradable a los ojos, agradablemente rico, con abolengo, con poder, alto, buen mozo, lo tenía todo. Desechado por Dios, porque Dios no ve como el hombre ve. Y David, desechado por sus hermanos, el hombre conforme al corazón de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no ve como el hombre ve.

Nota qué tan limitada era su corta vista, que lo que inmediatamente pasa cuando como por suerte, por chance, David dice: "Yo voy." Alguien se lo dice a Saúl. Saúl dice: "Bueno, se atrevió uno, que venga."

Versículo 31 en adelante. Cuando supieron las palabras que David había hablado, se lo dijeron a Saúl y él lo hizo venir. Y dijo David a Saúl: "¡No se desaliente el corazón de nadie a causa de él! Su siervo irá y peleará con este filisteo." Este es un hombre que está viendo como Dios ve.

Pero mira cómo ve el hombre. Entonces Saúl dijo: "David, tú no puedes ir contra este filisteo a pelear con él, porque tú eres un muchacho y él ha sido un guerrero desde su juventud."

Pero David respondió a Saúl: "Su siervo apacentaba las ovejas de su padre, y cuando un león o un oso venía y se llevaba un cordero del rebaño, yo salía tras él, lo atacaba y lo rescataba de su boca. Y cuando se levantaba contra mí, lo tomaba por la quijada, lo hería y lo mataba. Su siervo ha matado tanto al león como al oso, y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado los escuadrones del Dios viviente." Y David añadió: "El Señor que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de este filisteo." Porque David no veía como el hombre veía; David veía como Dios veía.

Y Saúl, ¿qué va a responder? "Ve, y que el Señor sea contigo." Se volvió a un angélico Saúl de pronto. Mencionó al Señor de pronto. "Venga, mira, Dios te bendiga, está bien, ve." Pero mira, ¿en quién estaban puestos los ojos de Saúl. Él dijo: "El Señor sea contigo," pero mira en quién estaban sus ojos. Sigue leyendo.

Saúl vistió a David con sus ropas militares. "Que Dios te bendiga, déjame darte lo que tú necesitas." Le puso un casco de bronce en la cabeza y lo cubrió con armadura. David se ciñó la espada sobre sus ropas militares y trató de caminar, pues no se las había probado antes. Entonces David dijo a Saúl: "No puedo caminar con esto, yo no tengo experiencia con ellas." David se las quitó, y tomando su cayado en la mano, escogió del arroyo cinco piedras lisas y las puso en el saco de pastor que traía en el zurrón, y con la honda en la mano se acercó al filisteo.

Una vez más, qué decepcionante era Saúl. Fíjate que él tenía... Primero, él deja que un joven, un muchacho que no tiene que estar allí, los represente. O sea, si Dios le había dado chance a él, que vaya él, que vaya él. Él está dejando el futuro de su reino en este joven muchacho. Pero mira hasta qué punto tenía puestos los ojos en los hombres, que este hombre tenía armadura. Él tenía espada, él tenía tamaño, él tenía experiencia de guerra, y él había estado bajo el Espíritu de Dios, y sin embargo se acobardó. Porque los Saúl siempre nos decepcionan.

Pero mira a David. Primero nota su confianza: él llega y dice "no tengan miedo, yo estoy por ustedes, no tengan miedo que yo voy." Luego nota la razón de su confianza: el Señor lo libraría como lo había hecho antes. Luego nota su ímpetu, nota su resolución: él no sería estorbado por ropas reales que no le servían en su tarea, él no necesitaba eso, él tenía al Señor.

Y nota sus armas. Esto no es coincidencia, hermano, es la Palabra de Dios apuntándonos a algo. ¿Cuáles eran las armas de David? Les pido que noten. El cayado, la honda, las piedras, lo que usaba como pastor, sus herramientas de pastoreo. Recuerda que ser el pastor era el trabajo vergonzoso de la familia. Se lo dieron al pequeño, al más bajo. Su hermano se lo había dicho también: "Ándate a cuidar las ovejas." Pero poco a poco, en esa ínfima labor de pastorear ovejas, en su debilidad, Dios estaba preparando a David.

Las herramientas del futuro rey, sus armas para vencer a Goliat, eran suyas por su debilidad. David sabía usar el cayado, la honda, las piedras por ser el menor, por ser el olvidado, por ser el más pequeño. David era fuerte porque era débil. David podría vencer a su gigante porque él no lo era.

Y es así como nos encontramos ya en el desenlace del conflicto, el desenlace ya, el final. Tenemos los dos paladines, los dos campeones, los dos hombres en el medio, los dos mediadores. El grande y poderoso Goliat, sin igual en oriente, tres metros de altura, cientos de muertes ya bajo su cargo, con una voz que causaba terror a todo israelita, con una armadura de más de cien libras, cubierto por arriba, por abajo, por delante y por detrás, una larga espada, una lanza, listo para la batalla. Y también tenemos al joven y hermoso pastor, desechado por los hombres, como oveja al matadero, con un cayado y un par de piedras. Y yo me imagino a Israel diciendo: "Esto no va a terminar bien."

Versículo 41. El filisteo vino y se fue acercando a David con su escudero delante de él. Cuando el filisteo miró y vio a David, lo tuvo en poco, igual que sus hermanos, igual que Israel, igual que Saúl, porque era un muchacho, rubio y bien parecido. Y el filisteo dijo a David: "¿Acaso soy yo un perro que vienes contra mí con palos?" Por su cayado. Y el filisteo maldijo a David por sus dioses. También dijo el filisteo a David: "Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo." Este Goliat se la creía. Este Goliat tenía razón para creérsela.

Entonces dijo David al filisteo: "Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado. El Señor te entregará hoy en mis manos y yo te derribaré y te cortaré la cabeza." ¿Con qué, David? ¿Tú no tienes más que tu cayado? Es que la batalla no era de él. "Y daré hoy los cadáveres del ejército de los filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, para que toda la tierra sepa que hay Dios en Israel. Y para que toda esta asamblea, para que Israel se dé cuenta, que el Señor no libra ni con espada ni con lanza, porque la batalla es del Señor y Él los entregará a ustedes en nuestras manos." Díganme amén. Bendito sea el Dios de David.

Sucedió que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando para enfrentarse a David, este corrió rápidamente hacia la línea de batalla. ¿Por qué él podía correr rápidamente? Porque no tenía armadura. Para enfrentarse al filisteo, David metió la mano en su saco, sacó de él una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se hundió en su frente y Goliat cayó a tierra sobre su rostro. ¿Por qué él pudo hacerle eso a Goliat? Porque Goliat confiaba en él mismo.

Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, e hirió al filisteo y lo mató, pero no había espada en la mano de David.

Entonces David corrió y se puso sobre el filisteo, tomó su espada, la misma arma del gigante, la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza con ella. Y cuando los filisteos vieron que su campeón estaba muerto, huyeron. ¡Qué bendita historia! ¡Qué final! ¡Cuánta valentía! Imagínate al pueblo de Israel, que estaba como saltando de alegría, llenos de gozo, con nuevos bríos para luchar contra los filisteos. Imagínate a los villanos, a los filisteos, ahora despavoridos pensando: si ese chiquitico le ganó a Goliat, ¿qué me va a pasar a mí?

El débil y joven pastor terminó trayendo la victoria al pueblo, y ahora en la victoria de David, todo Israel sería libre. En la victoria de este David todo Israel sería libre. Y tú que estás leyendo la historia, estás escuchando esta historia, que tienes un gigante económico delante de ti, o que tienes un gigante de salud, o un gigante de pecado, o un gigante de un hijo rebelde, tú estás pensando: yo tengo que ser como David, yo tengo que ser más valiente, yo necesito enfrentar a mi gigante con todas mis fuerzas. Y ese es justamente el detalle, que al pensar de esa manera nosotros perdemos de vista el mensaje más hermoso de este texto.

Así, porque yo lo enseñé también, así fue mi primera enseñanza. Fue esa, yo recuerdo haber presentado mi PowerPoint con el león y el oso, y yo iba diciendo cómo Dios te pone batallas pequeñas para luego ponerte la batalla más grande, cómo si tú confías en Dios tú puedes vencer toda batalla, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Y no me malinterpretes, es buenísimo ver a David. Este hombre es un ejemplo de confianza y valentía. Este hombre es un ejemplo de una persona que trataba de ver las cosas como Dios las veía. Pero si tú dejas solo los ojos en David, tú te pierdes la mejor parte de la historia.

Verás, el propósito del autor no es que pienses que tú eres David o que tú debes ser como David. Lo que el autor requiere es que tú te des cuenta que tú necesitas a David. Todos nosotros tenemos un enemigo delante de nosotros siempre. Hay un ejército completo en contra de nosotros. Tenemos en primer lugar a la muerte, siempre delante de nosotros, a una llamada de distancia, a un semáforo de distancia está la muerte. Y el pecado está siempre a la amenaza, a un momento de destruir tu familia, destruir tu ministerio, destruir tu trabajo. Y Satanás, como león rugiente, buscando a quién devorar.

El problema está en que nuestra primera tendencia cuando vemos al enemigo, ¿cuál es? El temor, acobardarnos, igual que Israel, olvidarnos del Dios de Israel. Y la segunda, buscar un Saúl, buscar a alguien que pueda ser suficientemente fuerte como para resolver nuestros problemas. Y una tercera, ojalá haya un Saúl que se convierta en un Goliat, ojalá todos nosotros pensamos tener un gran Goliat que pueda resolver eso por nosotros.

Y de hecho, a veces los cristianos andamos buscando una resolución igual. Nos atrevemos a decirnos cuando tenemos un problema: no te preocupes, sé fuerte, tú puedes darle pa'llá, todo lo puedo en Cristo que me fortalece, no importa lo que venga, yo tengo a Jesús y yo puedo ir para allá, tú puedes con eso, sé un valiente de Dios, sé valiente como David. Y decimos eso una y otra vez. Y a la verdad, eso es usar a Jesús como una armadura, eso es buscar el arca del pacto y que ande con nosotros. Eso es más, eso es un poquitico mejor que el evangelio de la prosperidad, solo un poquito. Es pensar que con solo mencionar el nombre de Dios nuestros problemas se van a resolver.

El propósito del texto, entonces, no es decirte que seas David, sino mostrarte que necesitas un David. Porque tú y yo estamos en esta historia, pero tú y yo no somos David, ni somos Goliat, ni somos Saúl. Tú y yo somos el pueblo de Israel. Tú y yo somos los que estamos asustados, los que nos enfrentamos a un enemigo demasiado grande, los que no podemos vencer a ese enemigo por nosotros mismos.

El Dr. Tim Keller comenta este pasaje diciendo: ¿Qué es lo que le da Dios a su pueblo asustado? Él no les da un ejemplo, Él no les da instrucción, Él les da un Salvador. Él no resuelve sus miedos con inspiración y con emulación, sino con sustitución y con imputación. Y eso es justamente lo que Dios nos da a nosotros para nuestros mayores gigantes.

Abre tu Biblia, por favor, conmigo. Vete al primer versículo del Nuevo Testamento. Primer versículo del Nuevo Testamento, con lo que inicia este amado libro nuestro del Nuevo Testamento. ¿Cuál es una de las primeras palabras de la Biblia cristiana? Dice: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David."

Hebreos 11, uno de los textos más hermosos de toda la Biblia, nos presenta este grupazo de gigantes en la fe, los grandes, el salón de la fama de la fe, incluyendo a David. Y luego, ¿qué dice Hebreos 12? "Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de nuestra fe."

Amado hermano, David salvó a su pueblo poniendo en riesgo su vida. Jesús salvó a su pueblo entregando su vida. David pasó por el valle de sombra de muerte por Israel. Jesús fue al mismo vientre de la muerte por nosotros. David, el ungido, fue despreciado por sus hermanos siendo inocente. Jesús, el Mesías, fue despreciado por todos aun sin nunca haber hecho mal.

David se desvistió de las vestiduras reales que no le servían. Jesús se desvistió de su majestuosa vestidura real que le quedaba perfecta para vestirse de ropas de dolor, indignidad y humildad que nos pertenecían a ti y a mí. David sí buscó cumplir la voluntad del Señor siendo valiente. Jesús cumplió cada mandato de Dios hasta su muerte. David sería el mejor rey de la historia de Israel, pero Jesús es el Rey eterno de la creación. David venció al gigante terrenal a través de su debilidad usando su espada. Jesús venció al gigante de la muerte a través de su muerte, a través de la misma muerte venció la muerte. Y luego en su victoria garantizó su resurrección y mi resurrección.

En Jesús, Jesús ha vencido todo gigante. "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo."

Nuestro campeón nos da la victoria, nos regala la libertad, nos otorga la salvación, nos concede paz, nos regala vida eterna. Nuestro campeón vence a los gigantes por nosotros, y ahora en su victoria todos nosotros somos victoriosos.

Entonces, ¿cómo puedo yo vencer a mi gigante? Yo no puedo. Esa es la moraleja de la historia. Yo no puedo, tú no puedes. La historia de David y Goliat no es un llamado a la moralidad, es un llamado a la fe. Es un llamado a confiar en Dios que nos da un mediador. Es un llamado a confiar en el mediador de Dios. Es dejar de ver al gigante Goliat, o dejar de ver al gigante David, o dejar de ver al gigante Saúl, o dejar de ver al gigante muerte, y ver al único gigante que Dios suplió para nosotros. Y ahora en su victoria, por nosotros, el gigante mediador, el gigante Jesús.

Yo estaba hablando con Carlos Alberto de Bueyes, yo hablaba con él esta semana sobre su enfermedad, y él me dijo lo siguiente. Él no sabía que iba a usar nada de esto, o sea que fue... es Dios. Dijo: "La verdad es que fue el momento más difícil y temeroso de mi vida. Y gracias a Dios no estuve solo. Yo recuerdo ver a mis hermanos conmigo todos los días." Y entonces agregó: "Yo recuerdo cómo el confiar en Dios me dio tranquilidad. Yo recuerdo cómo el confiar en Dios me dio tranquilidad."

Si tú eres cristiano y te encuentras delante de dificultades que tú no puedes entender o comprender, mucho menos vencer, confía en el mediador. No confíes en tus fuerzas, no confíes en tus riquezas, no mires como mira el hombre, no confíes en Goliat, no confíes en Saúl, confía en el mediador. Ríndete al mediador.

Y yo sé que, pídele perdón a Dios por toda tu autosuficiencia. Por pensar que tú solo podías. Pídele perdón a Dios por tu deseo de protagonismo, por pensar que su vida se trata de ti. Pídele perdón a Dios por lo fácil que se te olvida, y se me olvida a mí, que la batalla y la salvación viene de Él.

Juntos, amados, oigan esto, pidámosle perdón a Dios por nuestra falta de oración, por lo fácil que se nos hace mirar a los lados en vez de mirar hacia arriba. Pidámosle perdón a Dios también por nuestra falta de confianza, porque pensamos que Él fue suficiente para perdonar nuestros pecados, pero no para ayudarnos con nuestras deudas, para ayudarnos con nuestra familia, para ayudarnos con nuestros pecados actuales. Y juntos, pidámosle a Dios que interceda por nosotros. Pidámosle a Dios que mande al mediador y que nos ayude. Pidámosle a Dios que resuelva, no a nuestras formas sino a la de Él.

Y es posible, es muy posible, que en una audiencia como esta haya algunos de entre nosotros que en verdad nunca han confiado en el mediador. Que estaban acostumbrados a vivir su vida luchando ellos contra sus gigantes. Si es tu caso, alguien te invitó a que vengas, yo quiero pedirte que por favor hables un poco más con esa persona. Sí, pero ahora mismo, toma un momento y ponte a cuentas con Dios y piensa lo siguiente: si Dios proveyó un mediador ya, tú no tienes que seguir luchando. Si Dios proveyó un David, no es para que seas tú quien gane a Goliat.

¿Sabes lo que Dios espera de ti? Es que tú le pidas perdón por pensar que tú puedes. Es que tú te arrepientas de tu orgullo. La vida cristiana, la batalla cristiana, se gana rindiendo las armas y dependiendo de Él. Así que si tú estás cansado de luchar por ti mismo, pídele perdón a Dios por estar luchando. Por estar luchando contra Él mismo.

Juntos, amados hermanos, pidámosle perdón a Dios por estar pensando que todo se trata de nosotros. Cuando en verdad el mediador es Él, el grande, poderoso, fuerte y buen Dios que es por nosotros.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. En nuestra página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición de forma gratuita.

Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de Internet: www.integridad y sabiduría.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Jairo Namnún

Jairo Namnún

Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.