Integridad y Sabiduria
Sermones

Dejemos la queja y la murmuración

Miguel Núñez 25 marzo, 2012

La murmuración parece algo inocente, casi natural —crecemos quejándonos desde que nacemos—, pero Dios se la toma de manera personal. Cuando el pueblo de Israel murmuraba contra Moisés y Aarón, Dios dijo: "¿Hasta cuándo tendré que soportar a esta generación que se queja contra mí?" La razón es sencilla: nadie más orquesta nuestra vida tan detalladamente como Él. Cada circunstancia ha sido preordenada o permitida desde la eternidad, y quejarnos de ella es quejarnos de quien la diseñó.

Pablo le pide a los filipenses que hagan todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones. No la mayoría, no solo las del ministerio: todas. El apóstol sabe que estas pequeñas grietas tienen la capacidad de erosionar la estabilidad de una iglesia hasta hacerla caer. Las murmuraciones son contagiosas —basta entrar a un círculo donde se está criticando a alguien para verse arrastrado en minutos— y hay algo en nuestra carne que las encuentra atractivas, quizás porque nos abren la puerta para dar nuestra opinión y satisfacer nuestro orgullo.

La motivación para detenernos es alta: somos llamados a resplandecer como luminares en medio de una generación torcida. Lo que Dios está haciendo en nosotros es más importante que lo que hace a través de nosotros, y la queja envuelve las virtudes que Él va formando hasta quitarles la luz. El pastor Núñez lo ilustra con una pregunta práctica: ¿podríamos pasar treinta días sin hacer un comentario negativo de nada ni de nadie? Si el descontento es un pecado que trae su propio castigo, el gozo que viene de Dios no depende de las circunstancias. Por eso Pablo podía estar rebosante en una prisión mientras el rey Acab estaba miserable en un palacio.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a ganar los para Cristo! ¡Ensálzale!

Muchos recordarán que en el mensaje anterior nosotros estuvimos hablando de cómo el apóstol Pablo le pedía a los filipenses que se ocuparan de su salvación con temor y temblor, y le decía la razón: porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer. Y les animaba que hicieran evidente externamente la salvación que ya Dios les había dado en su interior. Muchas veces la manera como nosotros vivimos esa vida que ya Dios nos ha regalado afirma o niega nuestra salvación, por lo menos delante de los hombres.

Pablo les da instrucciones en el pasaje anterior y les da instrucciones en este pasaje que tienen por meta el ayudar a la armonía entre los hermanos, entre los hermanos de Filipos, pero por aplicación entre los hermanos de todas las iglesias que componen el reino de los cielos. En esta ocasión Pablo les va a hablar acerca de la necesidad de parar las murmuraciones y las discusiones entre ellos.

Creo que todos sabemos que no hay nada más desmoralizante que tener un espíritu de queja al lado. Y yo trataba de ilustrarlo esta mañana con un grupo de soldados en la jungla de Vietnam yendo a pelear y que uno de ellos estuviera quejándose de que hay mosquitos que le están picando. Imagínate que eso continúe por días, lo desmoralizante que eso pudiera ser para un equipo. Bueno, no estamos en la jungla y no estamos en Vietnam, pero estamos en guerra, estamos en medio de una batalla espiritual que no comprendemos, que se da, que ocurre en las regiones celestiales según Efesios describe, que nosotros no podemos controlar. Y por tanto necesitamos simplemente obedecer las órdenes, las instrucciones, y de esa manera entonces el equipo de Dios necesita seguir las instrucciones dadas en su Palabra para no ser distraído a lo largo del camino.

Con eso entonces yo quiero leer desde el versículo 14 al 18, y dice de esta manera: "Haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo, sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano. Pero aunque yo sea derramado como libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros. Y también vosotros, regocijaos de la misma manera y compartid vuestro gozo conmigo."

Recordarán que en el mensaje anterior había una instrucción: ocupaos de vuestra salvación, e inmediatamente después una razón: porque Dios obra en vosotros tanto el querer como el hacer. Pablo sigue el mismo flujo de ideas en este pasaje. Él les da una orden o mandato, un imperativo, les dice: haced todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones, y luego les deja ver la razón: para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios en un mundo perverso y torcido.

Yo quiero que en el día de hoy nosotros podamos ver en primer lugar los síntomas iniciales de la división en la iglesia, en segundo lugar que veamos la motivación para detener la gangrena de la división, y en tercer lugar que podamos ver que la santificación que para o que detiene esa división tiene un costo. Para usar las palabras de O'Brien en el comentario sobre este pasaje: haced todas las cosas sin murmuraciones.

¿Cuántos de nosotros pudiéramos decir que no hemos violado ese mandato? ¿Cuántos de nosotros podemos decir que en los últimos treinta días no hemos violado esa ordenanza? ¿Los últimos siete días? ¿Los últimos tres? ¿Las últimas veinticuatro horas? Qué bueno, por lo menos veinticuatro horas, desde que nos levantamos esta mañana. ¿Te das cuenta lo común que es esto? Y es el peligro, porque cuando algo es común se hace natural y pierde la fuerza que realmente tiene a la luz de la Palabra de Dios.

Nosotros, nuestro hábitat es la queja. Tú naces de una madre y a la media hora de haber nacido, una hora, dos horas después, ya te estás quejando porque tienes hambre. Y así crecemos y nos acostumbramos. Nos acostumbramos tanto que esto, que es a la luz de la Palabra de Dios, y como vamos a ver más adelante, una falta, un pecado grave, serio, para nosotros no tiene tanta importancia. Es algo más bien sencillo del común vivir, del diario vivir, y que incluso no deberíamos prestarle tanta atención. Y sin embargo, a la luz de lo que la Palabra tiene que decirnos, es todo lo contrario.

Ahora nota cómo Pablo, en el entendimiento que él tiene cuando nos da la instrucción, nota cómo él dice: haced todo. Él no nos habla de hacer la mayoría de las cosas, no nos habla de hacer las cosas que tienen que ver con el ministerio, nos habla de hacer todas las cosas sin murmuraciones ni discusiones. Y yo creo que es fácil de entender a la luz de la misma teología de Pablo por qué él habla de esa manera, por qué él es tan absoluto. Y es que no importa la situación en la que tú y yo estemos, es algo que ha sido preordenado desde toda la eternidad por nuestro Dios. Todas las circunstancias han sido de una u otra forma enviadas o permitidas por nuestro Dios. Desde la eternidad pasada Él había visto las situaciones y circunstancias en las que tú y yo estaríamos, y por tanto, cuando lo vemos de esa forma, ya comienza la queja, la murmuración, la discusión a tomar un peso que quizás no habíamos visto o que quizás no le habíamos dado.

Dios nos creó como representantes de Él para ser portadores de su gloria. Su gloria ha sido manchada, pero todo aquello que es contrario a su carácter contribuye a disminuir cada vez más esa gloria, esa imagen que Él puso en el hombre, cuando en realidad Dios tiene todo el interés de hacer lo opuesto. Y a veces entonces estamos en una situación tipo el desierto de los israelitas y como que no acabamos de salir de ella. Una de las razones, no siempre la razón, pero una de las razones, es que como hemos hablado en otros casos, Dios tiene un currículo de enseñanzas de la vida y nosotros tenemos que pasar por materias que son mandatorias. Una de esas materias es Antiqueja 101, Antiqueja 102, Antiqueja 103, y es como si esa materia se prolongara toda la vida.

En el original, déjame decirte cuál es la palabra: es "goggusmos", que la palabra misma es como una palabra onomatopéyica, el sonido suena a murmuración: goggusmos. La pregunta es qué significa eso, y hay diferentes expresiones del significado en el lenguaje original. Una de las fuentes consultadas dice que es la expresión externa de una insatisfacción interior que nosotros no creemos merecer. Es una insatisfacción interior y que en el fondo yo no creo que me merezco esto o este trato. La misma fuente decía que es el reflejo de una insatisfacción secreta que no estamos dando a conocer. En otras palabras, hay una insatisfacción en esta área que es secreta, que no estamos dando a conocer, pero está saliendo en esta otra área, y esas dos cosas no están necesariamente relacionadas.

Walter Hansen, que tiene yo creo el comentario más completo sobre Filipenses, dice que tiene que ver también con susurrar quejas, o con el hablar en secreto acerca de alguien, o el hacer comentarios negativos acerca de alguien cuando ellos no están presentes. ¿Cómo vamos? Vamos quemando ya. Eso es goggusmos.

La otra palabra es discusiones, y esa palabra tiene que ver con conversaciones que siembran el espíritu de la división, conversaciones porfiadas, si no en intensidad de palabra, en intensidad de emoción. Y Pablo está diciendo a esta iglesia que está experimentando estas rencillas: es necesario, filipenses amados, gozo y corona mía, por favor detengan eso. No se corresponde con la humillación de Cristo de la cual él acaba de hablar en versos anteriores. No se corresponde con la actitud de humildad que hubo en Cristo Jesús, que abandonó su gloria y no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. No se corresponde con el ejemplo de mansedumbre y humildad que Él nos dejó. ¡Detengan eso!

Y nadie conoce realmente cuáles eran las causas de las murmuraciones en la iglesia de Filipos. Algunos postulan que eran murmuraciones acerca de Pablo, otros piensan que no, que más probablemente eran acerca del liderazgo de la iglesia, otros hablan de que eran decisiones que se habían tomado en la iglesia, otros hablan de que en realidad no tenemos la menor idea o que quizás era contra Dios mismo. Pero independientemente de cuáles eran las causas, evidentemente tenían la intensidad o la propensidad necesaria, o la capacidad de desestabilizar la iglesia, hasta el punto que Pablo apela al espíritu de unidad en los primeros versículos de Filipenses 2. Pablo apela a la humillación de Cristo inmediatamente después, en los versículos 6 al 11, y ahora está apelando a que detengan las murmuraciones.

Pablo estaba consciente de que estas pequeñas cosas son capaces de erosionar lo que es la estabilidad espiritual, moral, emocional de una iglesia hasta hacerla caer. Pablo sabe que nunca ha ocurrido una división de una iglesia sin que en su inicio haya habido murmuraciones y discusiones que se fueron propagando como la gangrena. Él está consciente de eso. Quizás el problema no es tan grande aún, pero él sabe que es como una grieta en la zapata que tiene la capacidad de hacer caer todo el edificio.

Las murmuraciones son peligrosas porque son contagiosas. Y no sé si usted ha estado alguna vez en la situación donde llega a un círculo de cuatro o cinco personas, están hablando de algo, están murmurando de algo de lo cual usted ni siquiera era parte ni conocía, y diez minutos después o cinco minutos después usted está en el mismo torbellino con los demás. Eso nos habla de cuán contagiosa es. Hay algo en la carne nuestra que le resulta atractiva la murmuración, que le resulta seductora, gustosa. Y yo creo que, reflexionando sobre mi mensaje y viendo mi propia vida, yo creo que en parte es porque la murmuración nos abre la puerta para poder dar nuestra opinión y por tanto poder satisfacer nuestro orgullo. Yo pude ver eso mirando hacia atrás.

Es no solamente atractiva, no solamente contagiosa, pero también es muy divisiva. Pensemos por un momento, ¿cuáles son las cosas que nos hacen murmurar? No son distintas a las de la gente en el libro del Génesis. Son momentos diferentes. Piensa cuando estábamos niños, tus padres te trajeron un juguete y de repente tú lo viste, abriste el papel esperando otra cosa: "No, no lo quiero". Cuando lo piensas, es que muchas veces tú estabas esperando algo mejor. "Este es un trato que yo no me merezco, este juguete no, yo no quiero eso". Un niño quizás en su mente no tiene las palabras o los mecanismos para decir "es que yo me merezco un mejor trato", pero él sabe que él quiere un mejor juguete.

Y nosotros no nos quejamos cuando queremos mejores juguetes, pero tú y yo sí nos irritamos cuando pensamos que debimos haber recibido un mejor trato. Pensamos que se me debió haber consultado primero; yo he estado ahí múltiples veces. Pensamos que yo debía haber sido la persona seleccionada, y Dios, que está en control de mis circunstancias, no está ignorante de lo que yo estoy pensando, como tampoco está ignorante de cómo le está orquestando esas piezas del rompecabezas. Cuando no nos tratan bien, nos quejamos; cuando no nos sentimos bien, nos quejamos; cuando mi espacio es invadido, nos quejamos; cuando mi tiempo es interrumpido, nos quejamos; cuando las cosas no salen como yo quiero, pero siempre salen como Dios quiere.

Si usted cree en la soberanía y la providencia de Dios, usted y yo sabemos que las cosas frecuentemente no salen como yo quiero, pero sí salen como Dios quiere. Y ese sentido, si lo tenemos presente, es lo que va a ir deshaciendo en nosotros este espíritu de queja que es tan frecuente.

En otra ocasión, nosotros nos quejamos porque... Déjenme traer esto al ámbito de la iglesia, por ejemplo, porque Pablo le está escribiendo a Filipos. Aunque la aplicación es a todas las esferas de la vida, cuando dice "haced todo sin murmuraciones", la aplicación inmediata es la iglesia de Filipos. Entonces, déjenme mencionar una de muchas causas de murmuraciones en el ámbito de la iglesia. Con frecuencia el liderazgo, en general, es motivo de murmuración, y muchas veces la razón es sencilla: es que no conocemos las discusiones, a veces de horas, a veces de días, a veces de meses, que han transcurrido para que el liderazgo llegue a una conclusión o decisión. Entonces, muchas veces, lo único que conocemos es la decisión, pero no tenemos tampoco en cada caso ni siquiera la libertad de poder explicar, porque pudiera ser antiético o hasta antibíblico el poder hacerlo, cada una de las cosas que fueron discutidas antes de llegar allí. Y esa falta de conocimiento, de información, produce en nosotros un espíritu de queja que, si pudiéramos conocer otros detalles, quizás no estuviera allí.

Déjenme ilustrarlo con la Palabra de Dios. Pedro recibió una visión de parte de Dios en un momento dado. Pedro era judío, la visión tenía que ver con gentiles, él estaba supuesto a buscar a Cornelio, un gentil, lo cual era un no-no en aquella ocasión. Y estaba supuesto a visitar a Cornelio, predicarle la Palabra, y Pedro obedece, Pedro accede, Pedro entra a la casa de Cornelio, Pedro predica la Palabra, Dios trae salvación a Cornelio y toda su casa. Hay gozo, hay alegría, hay algarabía, pero ahora Pedro tiene que regresar desde Jope a Jerusalén.

¿A ver, adivina cuál fue la noticia que primero llegó a Jerusalén? No la de la salvación de la familia de Cornelio, no, sino que Pedro se juntó con gentiles. Pero ocurrieron juntas: Pedro se juntó con gentiles y los gentiles son salvos. Pero resulta que la noticia que llega a Jerusalén es la de que Pedro se juntó con gentiles. Y entonces dice Hechos 11, a partir del versículo 2: "Y cuando Pedro subió a Jerusalén, los que eran de la circuncisión le reprocharon". Le reprocharon por algo que Dios orquestó, diciendo: "Tú entraste en casa de incircuncisos". Yo me lo imagino: "Tú entraste en casa y comiste con ellos". Entonces Pedro comenzó a explicarles en orden lo sucedido, diciendo... y el texto continúa.

¿A dónde yo quiero ir con esto? Porque en el versículo 18, cuando Pedro termina de explicar, escucha lo que dice el texto: "Y al oír esto, se calmaron y glorificaron a Dios, diciendo: Así que también a los gentiles ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida". ¿Por qué no dijeron: "Pedro, ven acá, oímos que tú entraste en casa de gentiles, y nosotros y tú sabemos que eso no se podía hacer, ¿qué fue lo que pasó? ¿Tú estás cambiando de opinión? Explícanos, Pedro"? Pero no, inmediatamente Pedro llega, le reprocharon: "Tú entraste en casa de gentiles". Ellos no habían oído todavía la noticia de que la casa de Cornelio se convirtió, o quizás la oyeron, pero como no era algo que ellos podían creer, la echaron a un lado. Y Pedro les dice: "No, mira qué es lo que ha ocurrido".

Permítanme contarles de algo que me pasó antes de ayer. Alguien de otro país, que aquí ya yo había conocido, se me acerca y me dice: "Ah, todo lo que usted va a regresar mañana". Le digo: "Bueno, probablemente, pero no estoy seguro, probablemente". "Porque, ¿a mí me concede ahora con usted dos minutos?". Yo: "Sí, cómo no". Y entonces me dice: "Yo tengo que pedirle perdón". Entonces me dice: "Yo soy muy llorón", y comienza a llorar y llorar. Digo: "Bueno, cuéntame, ¿qué fue?". "Es que una vez yo lo escuché predicar y yo lo critiqué. Yo pensé que usted era más un psicólogo que otra cosa. Y luego yo me he permitido escuchar otras cosas y escuché el debate que usted tuvo con el homosexual, y cómo al final usted le decía de buena manera: 'Tú puedes no creer esta verdad, pero Cristo dijo que Él es el camino, la verdad y la vida, y que llegará el día en que él tendrá que creerlo, porque toda lengua confesará y toda rodilla se doblará y confesará que Cristo es el Señor para la gloria del Padre'". Y él lloraba desconsoladamente; el Espíritu de Dios evidentemente estaba sobre él. Él es un hermano, no sabía nada, pero: "No te preocupes, considérate perdonado, así somos, yo he estado ahí también, hermano". Esa es la naturaleza humana, que es así. ¿Te das cuenta? Nosotros tendemos, sin conocer toda la información, pensamos que estamos dentro del otro.

Recuerdan cuando vino Nancy DeMoss, cómo les pedía a las mujeres que por 30 días no hicieran un comentario negativo acerca de su esposo. Yo no sé cuántas lo hicieron, pero, ¿y si lo hicieron? Primero pienso: ¿y si nosotros tomamos 30 días para no hacer ningún comentario negativo de nada ni de nadie? "Pastor, pero espérese, porque yo no me estoy sometida a mi esposa, ahora, a mi esposo. Yo no tengo que estar sometido al mundo entero". No, es que Pablo dice "haced todo sin murmuración ni discusión". Eso debe incluir a todo el mundo y a toda circunstancia. ¿Te imaginas 30 días libres de la murmuración? "Pastor, por eso sería muy aburrido". No, es que yo te voy a enseñar a encontrar algo que es de mucho más disfrute y deleite para el alma que lo que la murmuración es para la carne.

Muchas veces nuestras quejas revelan alrededor de qué está girando nuestra vida, por la manera en que sale, en la manera en que Dios permite que ocurra. A veces nuestra insatisfacción realmente y la queja ni siquiera están relacionadas. Déjenme ilustrártelo rápidamente; yo creo que tú lo puedes ver porque lo has visto o lo has hecho. Tienes un problema con una secretaria en la oficina, no está siendo eficiente, o lo que sea, con un empleado. Te vas listo a la casa. Cuando llegas a la casa, tus hijos y la esposa pagan la insatisfacción que tuviste en la oficina, pero ellos no tenían nada que ver con esa insatisfacción. Cuando llegas, la comida tiene demasiada sal, está fría porque no la tenía lista a tiempo: "Eso no es lo que yo quería, esto ya lo han hecho cinco veces en una semana". Ira desplazada, insatisfacción desplazada.

Las insatisfacciones generales acerca de la vida encuentran quejas particulares en torno a circunstancias. Las insatisfacciones en general en torno a la vida generan quejas particulares en torno a circunstancias. Y cada uno de nosotros necesita cobrar más conciencia acerca del peso de la murmuración. Oye lo que Erwin Lutzer lo dice: "El quejarnos de nuestra suerte en la vida, la que sea, parece algo bien inocente, pero es algo que Dios se toma de manera personal".

Preguntémonos por qué Dios se lo toma de manera personal. Veámoslo primero en la Palabra y luego preguntémonos por qué Dios se lo toma de manera personal. En Números 14 nos encontramos en el versículo 2 o 3 el texto que nos dice que el pueblo se quejaba en contra de Moisés, pero tú sigue leyendo y en el versículo 26 Dios dice: "¿Hasta cuándo tendré que soportar a esta generación que se queja contra mí?". No, no, no, no, es contra Moisés y Aarón. Sí, pero ¿quién tú crees que orquesta la vida, los coloca allí? ¿Quién tú crees que está pendiente de lo que ellos estaban haciendo o no haciendo? ¿Quién tú crees que está pendiente de sus faltas o no sus faltas? ¿Quién está usando la circunstancia en la vida de Moisés y de Aarón para trabajar en ellos y en vosotros? ¿No soy yo, el Señor?

La razón por la que Dios se toma esto personalmente es porque no hay ninguna otra persona que orqueste mi vida tan detalladamente como Dios lo está haciendo. Él es el único, su propia persona; por tanto, mis quejas son tomadas personalmente por parte de Dios.

Algo que yo entendía hace un tiempo, pero continúa escapándose de la memoria continuamente. Yo no sé si es convenientemente, pero como que a la hora de tú hacer las cosas no necesariamente está ahí en el lóbulo frontal para tenerlo ahí de frente. Y es que lo que Dios está haciendo en ti es más importante que lo que Dios está haciendo a través de ti. Lo que Dios está haciendo a través de mí, Él lo puede hacer a través de cualquier persona; de hecho, hasta una burra puede hacerlo.

Pero lo que Él está haciendo en mí es algo especial que tiene que ver con la formación de su imagen en mí, que Él concibió en la eternidad pasada y que ahora ha encontrado su cita en este tiempo, y ahora está formando esa imagen. Por tanto, déjame usarme a mí mismo como ilustración en mi pastoreo. Lo que Dios está haciendo en mí es más importante que lo que yo estoy haciendo a través de mí. Cuando yo comienzo a quejarme por algo, Dios me recuerda: "Eso de lo que te estás quejando es el instrumento en tu pastoreo que yo estoy usando para formar mi imagen en ti, y que tú no acabas de tener." A mí se me olvida. Una y otra vez, una y otra vez. Y Dios es tan bueno que Él me lo recuerda una y otra vez. Si te llevé a Estados Unidos por un tiempo, cuando terminé lo que quería hacer allá, te traje de regreso. Y ahora estoy haciendo nuevas cosas. Y esas nuevas cosas son mi instrumento.

Déjame leerte esta cita de alguien, dame un tiempito porque tengo que traducirla según voy leyendo: "Nunca debes quejarte de tu nacimiento, de tu entrenamiento, de tus empleos, trabajos, de tus dificultades. Nunca te hagas la imagen de que algo pudiera ser mejor si solamente tu suerte fuera otra y la esfera asignada a ti fuera otra. Dios entiende su propio plan y Él conoce lo que tú quieres mucho mejor de lo que tú lo conoces. Las mismas cosas que tú más rechazas y que llamas limitaciones fatales u obstrucciones son probablemente las que en un sentido tú más quieres. Tú las puedes llamar obstáculos, tú las puedes llamar dificultades, desalientos, pero son probablemente oportunidades de Dios. Trae tu espíritu hacia abajo, o más bien tráelo hacia arriba, para recibir la voluntad de Dios, para hacer su trabajo. Y en tu suerte, en tu esfera, bajo la nube de oscuridad que entiendas tener contra tus tentaciones, entonces tú encontrarás que tu condición nunca ha sido opuesta a tu bien, sino que al contrario es consistente con tu bien."

¿Por qué Dios lo orquestó? Porque Dios lo preordenó, porque Dios me trajo ahí. Te das cuenta que si pudiéramos recordar eso más frecuentemente nos quejaríamos mucho menos. Es contra eso que Pablo está hablando. Es esto que Pablo quiere parar, sabiendo que esto tiene el potencial de destruir la base moral, emocional, espiritual de una iglesia. Mientras más yo me quejo, más me alejo de lo que es el estándar de su Palabra. Cuando menos me quejo, eso me acerca a su Palabra.

En segundo lugar, yo quiero que veamos la motivación para dejar a un lado las murmuraciones: "Para que seáis irreprensibles". Es eso: no murmuréis, no tengáis discusiones, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.

Cuando la Palabra de Dios habla de ser irreprensible, no está hablando de la perfección moral que es Jesucristo y solamente Jesucristo pudo tener, pero la palabra en el original hace referencia a algo, a una condición externa observable. De tal manera que ante los hombres tú estás viviendo de una forma irreprensible. Dios sabe que tú no eres perfecto, Él conoce tu interior, Él conoce tus motivaciones, pero dentro de lo que como cristiano nos toca vivir, nosotros estamos caminando de esa manera. De hecho, para los diáconos y los ancianos o pastores del Nuevo Testamento es la primera condición: que sean irreprochables o irreprensibles, dependiendo de la traducción que nosotros tengamos. Siete veces aparece esa palabra en el Nuevo Testamento y tiene que ver precisamente con esa conducta.

Es la conducta a la cual Dios hace referencia cuando habla de Noé, de Job, de Daniel, en Ezequiel 14:14, y dice que en ese momento el pecado de Israel era tal, y para Él no se merecía nada de misericordia, que aun si estos tres estuvieran allí con su rectitud, con su righteousness, que aun Él no perdonaría a Israel. No es perfección, pero es integridad al caminar ante Dios, que hace que tú no seas atacable ante los hombres.

Y la palabra sencillo, porque nos llama a ser irreprensibles y sencillos, en el original tiene una connotación de pureza, algo no diluido, y que tiene que ver con mi condición interior. De manera que Dios me está diciendo, o Pablo me está diciendo: necesitas caminar de una manera que te haya santificado de tal forma que pueda ser que no haya mezcla, dilución, corrupción en tu interior. No de perfección moral.

Para que seáis hijos de Dios irreprensibles, sencillos, como hijos de Dios. Es que se supone que los hijos deben parecerse a los padres. Muchas veces lo vemos, tú dices: "¡Wow, pero tú eres igualito a tu padre!" Cuando un niño nace lo primero que preguntan es: "¿Y a quién se parece?" Pues resulta que los hijos de Dios no debiéramos ser tan disímiles de nuestro Dios. Él nos está formando a su imagen, y como Dios opera en nosotros el querer como el hacer, Pablo nos está animando a hacer nuestro mejor esfuerzo para que ciertamente nosotros podamos seguirnos sometiendo a esa voluntad de Dios, con lo cual su imagen va a continuar formándose en nosotros.

Los hijos frecuentemente reflejan las condiciones de los padres. Tú escuchas a alguien que habla muy alto y frecuentemente en su hogar esa era la costumbre, hablar muy alto. Tú escuchas a alguien que habla con malas palabras y frecuentemente esa era la forma como se hablaba en su hogar. O encuentras a alguien que es más bien tímido y callado, frecuentemente en su hogar la situación que se dio produjo eso que ahora vemos en nosotros. De hecho, muchos rechazan a Dios bajo las excusas, sabemos que son excusas, pero muchos rechazan a Dios bajo las excusas de que: "Mira ese, dice que es cristiano y mira cómo camina, mira cómo anda."

Pablo nos está llamando a vivir, a tener un testimonio tal que el testimonio pueda silenciar aun a nuestros enemigos. Eso es lo que ocurrió con uno de los hijos de Francis Schaeffer. Uno de sus hijos, de nombre Franky, aparentemente rechazó a Dios, y él escribió posteriormente una biografía muy mala de su padre, que según las personas que le conocieron personalmente no se correspondía con lo que leías. Sin embargo, en una de sus páginas, Franky dice que a pesar de todo lo malo que tenía que decir de su padre, él tenía que admitir que él nunca había conocido a una persona que tuviera más amor por Dios, más amor por la verdad y más amor por el pueblo de Dios. Te imaginas que escribo una mala biografía y todavía tenga que admitir eso. Wow, como diría en inglés, "not bad", ¿no es verdad? No está tan malo. Obviamente, si él amaba tanto a Dios, amaba tanto la verdad, amaba tanto al pueblo de Dios, no parece que el resto de la biografía pudiera ser consistente con esa verdad.

Pero Pablo nos está llamando a vivir de una forma que sea notable, como fue notable para Franky el testimonio de su padre, de tal manera que nosotros podamos representar a nuestro Padre de una mejor manera. La forma como vivimos niega o afirma la salvación que está en nosotros. La forma como vivimos nos acerca a la verdad o nos aleja de la verdad de su Palabra, y eso es algo que tu Dios nos da a recordar: para que seáis irreprensibles, sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.

Las quejas tienden a poner como una envoltura sobre lo que es cualquier virtud que Dios haya estado formando en nosotros. Pedro nos dice que somos nación santa, pueblo escogido, real sacerdocio, para proclamar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Esas virtudes que Dios va formando en nosotros, cuando mi espíritu de queja comienza a salir, resulta que las va envolviendo hasta el punto de que les quita la luz.

Dios creó a Adán y Eva, como decíamos hace un rato atrás, para que ellos fueran portadores de su imagen, y como portadores de su imagen fueran representantes de quién Él es, de esas virtudes.

Ellos corrompieron el modelo, pero ese modelo está siendo regenerado por nuestro Señor, o fue regenerado, está siendo redimido en toda su extensión. En la medida en que nosotros nos alejamos de las virtudes que él tiene vía la murmuración, la discusión, en esa misma medida estamos no dejando ver las virtudes que él está forjando en nosotros. Y Pablo está interesado en que en medio de la oscuridad que hay en tus familiares, en medio de la oscuridad que hay entre tus amigos, en medio de la oscuridad que hay en tu lugar de trabajo y tu circunso social, que pueda haber una luz que sea evidente, que pueda disipar la oscuridad. ¿Cuánto de eso nosotros estamos haciendo en ejemplo, en modelo, en estilo de vida, en la forma que hablamos, en la proclamación de la verdad? Eso es lo que el apóstol nos está ayudando a entender.

Me recuerda esto a las palabras de Cristo, escúchalo: "Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar, ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa." En otro texto dice: "Mientras yo estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo." Pero ahora yo he puesto luz en vosotros, yo he puesto mi Espíritu, yo he puesto mi verdad, yo he encendido la llama, yo he encendido tu farol. Yo te he dejado aquí ahora como representante en este mundo torcido, en esta multitud, en esta sociedad oscura. Yo quiero que tú resplandezcas como luminar, porque me representas: mi carácter, mi verdad, lo que yo soy, para que el mundo me conozca, que tú seas atractivo a la gente que no me conoce, para que a través de ti yo me pueda revelar. De eso es que Dios está hablando.

En la vida cristiana, o en los veinte siglos de historia de la iglesia, ha habido en esencia cuatro reacciones que han sido estudiadas del cristiano a este llamado. Una es el monasterio, la separación total. La otra reacción es inmersión total, con mucho contacto y poco impacto, lo cual tampoco es bíblico. Lo tercero ha sido el cristiano de domingo solamente, tampoco es bíblico. Y el cuarto ha sido el modelo que los reformadores abrazaron: la transformación, estando en el mundo pero sin ser del mundo. "Padre, no te pido que los saques del mundo. Ellos están en el mundo, pero no son del mundo." No la glorificación de ese mundo perverso y torcido, no, no, no. Eso tiene que esperar. Es la transformación de ese mundo, donde debido a esa luz que los hijos de Dios irradian, porque proclaman la verdad y viven la verdad, los abortos son detenidos, por ejemplo, los índices de suicidios comienzan a bajar, el consumo de alcohol y drogadicción no desaparece pero disminuye.

Hubo un tiempo atrás en que esos luminares hicieron su efecto tan significativo. Esos fueron los tiempos cuando tú todavía encontrabas en cada corte, a nivel de todos los países de Occidente, que antes de ser llamado como testigo tenías que jurar sobre una Biblia. Esos eran los tiempos donde había una conciencia cristiana en la sociedad sin que la mayoría fuera cristiana. Esos eran los tiempos donde en la mayoría de las escuelas el día se comenzaba con una oración al Dios de la Biblia. Esos eran los tiempos donde muchas cortes tenían los Diez Mandamientos colgando en sus paredes. Esos eran los tiempos cuando el aborto era un delito. Esos eran los tiempos cuando la prostitución era un delito. Esos eran los tiempos cuando la drogadicción era mínima. En medio de la sociedad oscura había una influencia cristiana en la sociedad.

Por eso hoy se llama a nuestros tiempos post-Christian, después del cristianismo. Llegó, hizo su impacto y se fue. Por eso ya no podemos hacer ninguna de esas cosas. De hecho, en muchos lugares de Estados Unidos, donde cuando yo salí de Estados Unidos todavía donde yo vivía existía lo que se llamaba la ley azul o Blue Law, que prohibía que los negocios, las tiendas abrieran en domingo porque era día de reposo. Esos tiempos se fueron. Y eso fue como parte de esa influencia de los luminares en medio de una generación perversa y torcida.

En tercer lugar y por último, veamos cómo la santificación tiene un costo. Como dice Ligon Duncan sobre este pasaje, Pablo comienza hablándote de que tú necesitas vivir de esa manera sosteniendo firmemente la palabra de vida. Esta es la palabra de vida, la verdad de Dios. Pero no es sosteniéndola en las manos, es viviéndola, es realmente viviendo esto en tu propia vida, en tu hogar, en la sociedad, donde trabajas. De esa forma, y de la única forma, es que tú puedes ser un luminar en la sociedad oscura, perversa, torcida.

Cuando tú lees desde el capítulo 2, desde el principio hasta el versículo 18 que yo leí hoy, te das cuenta que la mejor manera de tú realmente ser esa luz que Dios nos está llamando a ser es teniendo una vida de humildad como Cristo la llevó. Que muchas veces el orgullo nuestro ha ocultado esa luz, no ha permitido ver la luz que ya Dios puso en mí. La luz no es mía. "Vosotros sois la luz del mundo," pero no es mi luz, es la que él ha puesto en nosotros. Y habiéndola puesto en nosotros, muchas veces entonces nosotros también la hemos ocultado por cosas como las que hemos estado mencionando en el día de hoy.

Yo necesito adoptar el modelo de la cruz, el modelo de aquel que dejó su gloria. A Cristo le costó. La santificación que detiene la división tiene un costo. A Cristo, cuando vino, le costó su vida, le costó dejar su gloria. Yo tengo que hacer sacrificio para dejar cosas a un lado que no pueden estar presentes ya en una vida que ha sido dedicada a nuestro Dios.

Sammy Tippit tiene una cita en su libro Worthy of Worship, digno de adoración, que creo que es mitad de él, mitad de A.W. Tozer, y él dice: "El evangelio de Jesucristo es positivo y constructivo, pero tiene que ser destructivo en algunas áreas, destruyendo ciertos elementos que no pueden permanecer en una vida que agrada a Dios." Cuando yo recibo el evangelio, es las buenas nuevas de salvación, está lleno de gracia, pero también lleno de poder para destruir áreas que no pueden permanecer en mi vida.

Si Cristo va a continuar ejerciendo señorío sobre nosotros, y de esa manera yo me sostengo firmemente de la palabra de vida, y de esa forma entonces puedo resplandecer en medio de esa sociedad. Y Pablo continúa diciendo: "A fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano."

Pablo no está hablando de llenarse de gloria, eso es contrario al espíritu de todo lo demás que Pablo dice. Le está hablando de llenarse de satisfacción, de llenarse de gozo. Si llegara el día de Cristo y él pudiera ver que los filipenses llegaron, versus que llegó el día de Cristo y resulta que alguno de los filipenses, o muchos de lo que él tenía como corona, gozo y corona mía, no llegaron, entonces él dice: en ese día yo no tendría nada de qué gloriarme, nada de qué gozarme, y me habría dado cuenta que estos que no llegaron nunca eran salvos en primer lugar, y por tanto yo trabajé en vano. Eso es lo que dice. Pero si tú llegas, entonces yo tendré algo de qué gloriarme en el buen sentido, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano.

Pero Pablo está dispuesto a llegar hasta el último sacrificio para la santificación de estos filipenses. Mirad cómo lo dice en el versículo 17: "Pero aunque yo sea derramado como libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe..." La mayoría no están familiarizados con la ofrenda de libación. Era una ofrenda de líquido, de vino, como símbolo de gozo. Debía ser vino puro, y era un vino que Números 28 describe; es un vino que debía ser vertido, si se pudiera decir, sobre la base del altar. Pablo está diciendo: si yo tengo que ser derramado de esa manera al servicio de vuestra fe, yo estoy dispuesto. Yo estoy dispuesto a hacer esa ofrenda para que vosotros podáis resplandecer, resplandecer, para que vosotros podáis ser irreprensibles, sencillos, que sean como verdaderos hijos de Dios.

Él le dice exactamente lo mismo con otras palabras a los corintios. Escucha cómo él se lo dice. Él dice: "Yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas." Él no está hablando de salvarlos, eso es una imposibilidad. Él está hablando de ayudarles en su vida de santificación por medio del esfuerzo que él pudiera hacer como ofrenda a Dios en beneficio de aquellos por quienes Cristo murió.

¡Qué mejor privilegio! Esa es la palabra. Qué mejor privilegio que gastarte tu vida ayudando a aquellos por quienes nuestro Cristo murió, para que ellos puedan seguir avanzando y formándose a la imagen, Dios formándolos a la imagen de su Hijo. ¡Qué mejor privilegio que eso, hermano! Para Pablo tuvo un costo, un costo alto, pero él estuvo dispuesto a pagar, porque él sabía que hubo un costo aún más alto que fue pagado previamente por su Señor.

Pablo nos dice que a nosotros se nos ha concedido, en esta misma epístola, por amor no solo creer en Él, sino sufrir por Él. Hay un costo. Es un costo que debiera movernos como un privilegio. Se nos ha concedido, es una dádiva que Dios me ha concedido para que yo pueda sufrir por Él, porque Él me capacita, y en la capacitación Él me forma aún más a su imagen, y en el sufrimiento Él viene aún más cerca de mí. Es un gozo, es una dádiva. Junto con creer en Él, Dios me dice: aquí va este otro regalito, que sufras por mí. Y es un privilegio.

Y Pablo dice: así yo lo veo. Si yo tengo que ser derramado como libación, algunos piensan que eso era más bien una referencia de que Pablo sabía que ya iba a morir, pero probablemente no. No en este caso por lo menos, porque él le dice a los filipenses en esta misma carta que él está seguro de que él va a salir y los va a volver a ver otra vez, y él los va a visitar otra vez. Entonces él no puede estar seguro de que se va a morir y de que los va a visitar al mismo tiempo. Entonces probablemente es más esto: que yo estoy haciendo al servicio de vosotros, yo lo veo como una ofrenda de libación a nuestro Dios.

Hermano, sobre todo tú que sirves, ¿has visto alguna vez tu servicio a Dios como una ofrenda de libación? ¿El servicio a los hermanos como una ofrenda de libación agradable a nuestro Dios? ¿Te imaginas el privilegio que Cristo me da, nos da, de poner en nuestras manos el cuidado de personas por quien Él dio su sangre? Es como que mira, Miguel, yo di mi sangre, yo compré esto a precio de sangre, cuídamelo. Y que yo no me queje, entonces no he entendido. Eso baja nuestras quejas.

Y Pablo dice: "Me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros." Pablo está en la cárcel. Ya ven cómo él está hablando: me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros. "Y también vosotros, os ruego, regocijaos de la misma manera y compartid vuestro gozo conmigo." Yo estoy gozoso, yo quiero que estén gozosos, y quiero que me compartan su gozo conmigo también. Es un abrazo de gozo mutuo. Te abrazo en gozo, abrázame en gozo.

Pero la única manera como yo puedo terminar disfrutando de ese gozo es si yo asumo la perspectiva de la cual Pablo me está hablando, que comenzó: a un lado las murmuraciones, a un lado las discusiones, porque tienes que brillar como luminares en una sociedad perversa y torcida, como hijos de Dios, como sencillos, como irreprensibles. Y eso te va a llenar de gozo, hermano. Eso te va a llenar de gozo.

Tengo que ir cerrando. Déjame cerrar con esta cita de Matthew Henry: "El descontento es un pecado que tiene su propio castigo." ¿Has estado ahí? Yo te testifico que es así. El descontento es un pecado que tiene su propio castigo, que hace que los hombres se atormenten a sí mismos. Vuelve al espíritu triste, voy lento porque estoy traduciendo, al cuerpo enfermo, y a todos los placeres y disfrutes agrios. Es el peso del corazón y la podredumbre de los huesos. Es un pecado que tiene su propio castigo. Se levanta no de una condición, sino de la mente. Y entonces nosotros encontramos a Pablo contento, gozoso, en una prisión, y a la vez al rey Acab descontento en un palacio. Encontramos a Pablo encadenado, gozoso, rebosante, en una prisión, y al rey Acab en un palacio descontento.

Porque el gozo tuyo y el gozo mío, hermano, no dependen de nuestras circunstancias, aunque frecuentemente es como tú y yo lo hemos vivido, pero tenemos que salir de esa condición. Tu gozo y el mío dependen de nuestro Dios. Por eso Pablo puede estar contento, rebosante, gozoso en la prisión, pero Acab está miserable en el palacio. Porque si no tienes a Dios no puedes tener gozo, y si tienes a Dios lo tienes todo.

Hermano, si permitimos que las circunstancias determinen nuestro gozo, hemos declarado al mundo quién es mi dios funcional sobre mis emociones. Somos adoradores de las circunstancias, y según ellas vayan, así voy yo. Pero eso no es lo que el apóstol Pablo vivió, y eso no es el llamado. Nuestro Dios nos ha puesto en este mundo, nos ha dado su Espíritu, nos ha dado su Palabra, su mente, nos ha prometido su protección, nos ha llamado hijos, ha puesto su luz, me ha dado un espíritu de valor y me ha dicho: hijo, ve y represéntame.

Me ha representado. Padre, que ellos dejen las murmuraciones y las discusiones para que sean uno, para que de esa manera el mundo sepa que Tú me enviaste. Un solo pueblo, un solo Dios, un solo Señor.

Cierra tus ojos ahí donde estás.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.