Integridad y Sabiduria
Sermones

Despertando mi conciencia

Héctor Salcedo 19 junio, 2016

La conciencia es un regalo de Dios para el alma, una alarma interior que nos advierte cuando algo anda mal, del mismo modo que el dolor físico alerta al cuerpo de una herida. Sin embargo, a pesar de este sistema de advertencia constante, cualquier creyente puede caer en los pecados más vergonzosos, sin importar su madurez espiritual. David lo demuestra: un hombre de cincuenta años, compositor de salmos, adorador, líder admirado, cayó en adulterio, manipulación y asesinato. No fue una caída repentina sino un deslizamiento gradual. Había ignorado su debilidad con las mujeres, había acumulado concubinas contra el mandato de Dios, y estaba ocioso cuando debía estar en batalla. Cuando vio a Betsabé, Dios le advirtió claramente —"es esposa de Urías"— pero él ignoró la alarma y procedió.

Lo más impactante es que David permaneció casi un año en ese pecado sin confesarlo. Sus propios salmos revelan que durante ese tiempo su cuerpo se consumía, no dormía, gemía de día y de noche, sentía la mano de Dios pesando sobre él. La alarma sonaba constantemente, pero él la silenció como quien rompe con un martillo el bombillo de advertencia del vehículo y sigue conduciendo hacia el desastre.

Dios, en su gracia, envió al profeta Natán a confrontarlo. Ese es el corazón redentor de Dios: no abandona a sus hijos en el pecado, los busca. Y cuando David finalmente reconoció su falta —"he pecado contra el Señor"— en ese mismo instante recibió el perdón. La cruz es suficiente para cubrir cualquier pecado de quienes se acercan con arrepentimiento genuino.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bien, hermanos, antes de buscar el texto que nos corresponde para el día de hoy, quisiera introducir este mensaje con la siguiente reflexión. Algunas de estas cosas ustedes las conocen, pero para los que no las conocen les va a servir de reflexión y de introducción.

Dios nos ha regalado físicamente el dolor. El dolor es un regalo, dicen los médicos, porque el dolor opera como una alarma para el cuerpo. Cuando el cuerpo tiene un problema, una situación de cualquier naturaleza física, de enfermedad o de golpe o de algo que le pasa, el dolor llama la atención sobre esa área y entonces uno puede ponerle atención al área adolorida. Es lamentable que a veces, producto de ciertas enfermedades, hay gente que pierde la capacidad del dolor, y entonces como pierde la capacidad del dolor, se da golpes y no se da cuenta, y ese miembro entonces se le infecta, se le deja de funcionar. Eso le pasa mucho al leproso o al diabético avanzado, que pierde esa capacidad del dolor. El dolor, efectivamente, físicamente hablando, es un regalo de Dios.

Y de la misma manera que el dolor opera en el cuerpo físico, la conciencia opera en el alma de la misma manera. Dios nos ha dado una capacidad, una habilidad interior para sentir dolor o culpa cuando hemos hecho lo malo delante de Él, y es una gracia, una bendición que nosotros todos contemos con una habilidad de ese tipo, con una capacidad para saber lo que está bien y lo que está mal. De hecho, el libro de Romanos en su capítulo 2 indica que aun los que no conocen a Dios tienen una capacidad, aunque poco desarrollada, pero tienen una capacidad para saber lo que está bien y lo que está mal. Y en ocasiones, cuando hacen lo mal hecho, sus conciencias los acusan, como si ellos conocieran la ley, porque Dios ha puesto hasta cierto punto la ley en el corazón del hombre. Y de esa manera entonces la conciencia opera, opera como el dolor en el cuerpo, opera la conciencia de la misma manera en el alma.

Y yo creo que parte de nuestro caminar como creyentes es desarrollar por un lado nuestra capacidad, la capacidad de nuestra conciencia de percatarse del pecado, y no solamente nuestra capacidad de percatarse del pecado, sino que nuestra voluntad responda a los gritos de nuestra conciencia.

Y vamos a ver un relato en el día de hoy, de 2 Samuel capítulo 12, acerca del rey David y cómo el rey David se relacionó con su conciencia en un momento muy crítico de su vida. El momento quizás más famoso de su vida no solamente fue la lucha o la pelea con Goliat, sino que fue su pecado con Betsabé. David es famoso por ese pecado. Y precisamente en ese momento de su vida él actuó hacia su conciencia y con su conciencia de una manera que yo creo que es aleccionadora para nosotros.

Y yo quisiera entonces que fuésemos a 2 Samuel capítulo 12 y leamos desde el versículo 1 hasta el versículo 15. Aunque no lo vamos a exponer completo, pero vamos de ahí a extraer algunas lecciones. Nos dice así el texto: "Entonces el Señor envió a Natán a David, y vino a él y le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, pero el pobre no tenía más que una corderita que él había comprado y criado, la cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su seno, y era como una hija para él. Vino un viajero al hombre rico, y este no quiso tomar de sus ovejas ni de sus vacas para preparar comida para el caminante que había venido a él, sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que había venido a él."

"Y se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el Señor, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir, y debe pagar cuatro veces por la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión. Entonces Natán dijo a David: Tú eres aquel hombre."

"Así dice el Señor Dios de Israel: Yo te ungí rey sobre Israel y te libré de la mano de Saúl. Yo también entregué a tu cuidado la casa de tu señor y las mujeres de tu señor, y te di la casa de Israel y de Judá. Y si eso hubiera sido poco, te hubiera añadido muchas cosas como estas. ¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo a sus ojos? Has matado a espada a Urías heteo y has tomado a su mujer para que sea mujer tuya, y lo has matado con la espada de los hijos de Amón."

"Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado la mujer de Urías heteo para que sea tu mujer. Así dice el Señor: He aquí, de tu misma casa levantaré el mal contra ti, y aun tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu compañero, y este se acostará con tus mujeres a plena luz del día. En verdad tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto delante de todo Israel y a plena luz del sol."

"Entonces David dijo a Natán: He pecado contra el Señor. Y Natán dijo a David: El Señor ha quitado tu pecado, no morirás. Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión de blasfemar a los enemigos del Señor, ciertamente el niño que te ha nacido morirá. Y Natán regresó a su casa."

Este es un texto o una historia muy conocida por la mayoría de nosotros. Fue el momento en el que el profeta Natán, como leímos, se acerca a David y lo confronta con su condición de pecado. Y es un texto que en la medida que reflexionaba en él trajo convicción a mi propia alma, y sentía que estaba trillando un camino para el que yo me sentía indigno.

Aquí vemos un hombre grande en el Señor, uno de los grandes de la fe, un hombre que caminó con Dios desde su juventud, y lo vemos aquí en unas condiciones deplorables espiritualmente hablando. Lo vemos sucio, lo vemos desalineado moralmente, lo vemos empecatado en un pecado que lo mantuvo durante un tiempo relativamente largo. Y es alguien que viene de afuera y tiene que venir y decirle: "Tú estás mal." Así de ciego estaba David en ese momento que Natán viene a hablar con él.

Y hay algunas lecciones, hay múltiples lecciones que podemos sacar de este pasaje. Honestamente, el pasaje da para varios mensajes. Pero yo quisiera concentrarme en algunas cosas que tienen que ver con el caminar de David y aplicarlo a nuestra vida, porque yo creo que es un ejemplo y una historia que está ahí porque así somos nosotros. David nos representa en la forma como nosotros nos relacionamos con nuestro pecado y con la forma como manejamos nuestras conciencias en la medida que nosotros pecamos.

Y como decía al principio, la conciencia es una alarma para el alma, y a pesar de esa alarma para el alma que tenemos ahí presente, muchas veces la ignoramos e incurrimos en cosas que la alarma nos ha dicho: "No incurras, no entres ahí." Pero aun así incurrimos en ella. Y esa es la primera lección personal que yo quisiera que nosotros entendiéramos y reflexionáramos: a pesar del trabajo de nuestras conciencias, que nunca deja de trabajar. La conciencia nunca está en blanco, es como la mente. Si yo les digo ustedes en este momento no piensen en nada, no piensen en nada, no es posible. La conciencia siempre está dando veredictos de lo bueno y de lo malo, sintiendo apoyos y es bueno, sintiendo culpabilidad y es malo. La conciencia siempre está encendida, es un radar que nos ayuda a caminar por la vida.

Pero a pesar de su trabajo, y sin importar quién seamos, y sin importar dónde estemos en nuestro caminar espiritual, nosotros podemos caer en el peor de los pecados. Primera lección. Todos nosotros estamos expuestos a literalmente dar vergüenza, hacer cosas y actuar de maneras que nos avergonzarían a nosotros cuando lo vemos de lejos, pero cuando estamos en eso y nos involucramos en eso, a veces ni siquiera nos percatamos de lo grave y lo mal que estamos. El ejemplo de David es un triste recordatorio precisamente de eso. Cualquiera de nosotros puede caer en cualquier pecado.

Y eso nos debe llevar a la sobriedad en nuestro caminar. Eso debe elevar la sensibilidad de nuestra alma hacia nuestros deseos pecaminosos. Nuestra principal lucha, hermano, no es contra un mundo difícil, no es contra la situación económica complicada. Nuestra principal lucha es con nuestras propias tendencias pecaminosas, con nuestras propias inclinaciones.

Y la Biblia es un ejemplo de eso. Todos sus personajes principales... Y si hay algo por lo que yo creo en la Biblia, es porque la Biblia expone los pecados y los problemas de sus personajes principales. No los oculta, no los tapa, los expone y nos dice a nosotros: así somos. Y por eso necesitamos a Dios y por eso necesitamos a Cristo. Porque de todos los personajes principales de la Biblia, el único que permaneció sin pecado fue Cristo. Tentado en todo como nosotros, pero sin pecado, dice Hebreos 4:15.

Y vemos a un personaje como Abraham, el padre de la fe, llamado a dejar su tierra a una tierra nueva, a dejar su parentela, y lo vemos mintiendo varias veces, mintiendo hacia la relación que tenía con su esposa, diciendo que era su hermana y no su esposa, para salvarse el pellejo, porque como era tan hermosa la iban a desear: "Si digo que soy su esposo, me van a matar a mí." Increíble. Y dejó que un hombre se llevara a su esposa en una ocasión. Abraham, como diría un americano: ¿qué?

Jacob, a quien Dios amó, nació junto con Esaú. Y Jacob, lleno de engaño, lleno de manipulación, engañó a su hermano y le quitó su primogenitura con un plato de lentejas, con una habichuela. Y luego engaña a su suegro, y luego es engañado por su suegro a su vez. Y casi toda su vida estuvo lidiando con su corazón manipulador. De hecho, su nombre significa suplantador. Ay, Jacob. Y Dios tuvo misericordia de él y sigue trabajando con Jacob y lo convierte en Israel. Y Dios le cambia el nombre de Jacob a Israel, porque luchó con Dios y prevaleció, y Dios lo bendijo.

Y luego vemos a Moisés, el gran Moisés, que mató a un hombre y se escondió. Y estuvo errante por cuarenta años en el desierto, escondiéndose de las autoridades egipcias porque había matado a un hombre.

Y Sansón, un hombre que se dejó llevar por sus lujurias, un juez de Israel, un hombre grande. Y si seguimos diciendo personajes e individuos de la Biblia, personajes principales, vemos cómo todos ellos dan vergüenza. Gracias a Dios que mi historia no está ahí. No porque no daría vergüenza, porque yo no soy un personaje principal. Pero si tu historia se escribiera en la Biblia, ¿qué diría Dios? Si tu vida se escribiera, si la Biblia escribiera tu historia, tus pensamientos y tus intenciones, la forma como tú procedes en tu vida, ¿qué diría Dios de ti y de mí? Y a veces vemos esta gente y decimos: "¡Wow! ¿Y cómo David pudo hacer eso? ¿Y cómo Abraham pudo hacer eso?" ¡Ay, si mi historia se escribiera! Ustedes dirían exactamente lo mismo de mí.

¿Qué fue lo que hizo David para tener una idea de qué es lo que yo estoy hablando? Un gran hombre, un gran hombre de Dios, pero que cayó vergonzosamente en un pecado con el cual quedó marcado para toda su vida y por toda la historia. Tres mil años después estamos hablando del pecado de David. David, estando ocioso en su casa, vio desde su terraza una mujer muy hermosa, dice la Biblia. Cuando la Biblia dice "muy hermosa", no usa el "muy" recurrentemente. Cuando la Biblia dice que una mujer o un hombre es de buen parecer, es una cosa extraordinaria; cuando dice que es muy hermosa, era que era algo despampanante.

Bueno, David la vio, aun teniendo muchas mujeres, la deseó. Preguntó por ella: "¿Quién es esa mujer?" Como haciéndose el chivo loco. Y se le dijo, oigan lo que se le dijo: "Esa es la hija de Eliam, esposa de Urías heteo." Usualmente cuando alguien preguntaba sobre otras personas, se le daba su genealogía, pero no su relación conyugal. Esto fue una advertencia de Dios claramente. Dios le mandó a decir: "Esa mujer es casada", porque posiblemente a quien David le preguntó ya se la olía. Pero David, haciéndose el loco, él cree que no se están dando cuenta, ¡cuánto más Dios!

Si ve, entonces David, habiendo recibido esa información, habiéndole dicho "esa mujer es casada", dijo: "Búsquenmela." Y esa noche estuvo con ella, y esa noche quedó embarazada. Y al enterarse David del embarazo de la esposa de Urías heteo, trató de ocultar el embarazo y mandó a buscar al esposo que estaba en el frente de batalla. Trató de atontarlo y decirle: "Ve a tu casa, ve a tu casa", para que estuviera con su esposa y para que se pensara que el niño era de su esposo. Pero el hombre no entró en eso. El hombre dijo: "¿Cómo yo voy a estar con mi esposa si mis hombres están peleando en el frente de batalla? Eso no está bien." Una manera más de Dios confrontar a David con su falta de integridad.

Y un segundo día, cuando David se dio cuenta que el hombre dormía en la puerta con sus siervos, David lo manda a buscar otra vez y lo emborracha. David, el compositor de Salmos, lo emborracha y le dice: "Ve, desciende a tu esposa." "No, no, yo no voy a hacer eso." Y David no lo logró. No logró que este hombre fuera a su casa para él encubrir el embarazo. Y como no tuvo opción, vamos a decirlo así, lo mandó de nuevo para el frente de batalla, pero le dio una nota. Y le dijo: "Llévate esa nota contigo y entrégasela a Joab, que es tu jefe." Y la nota decía: "Joab, pon a Urías en el frente de batalla donde está más caliente la batalla, para que lo hieran y muera." Con el mismo individuo mandó la nota de muerte, con la misma persona que él iba a matar, que él mandó a matar. Y se nos cuenta que él fue colocado en el frente de batalla, murió junto con muchos otros producto del pecado de David. Increíble la maquinación y la manipulación y la maldad de David en este escenario.

Esta historia es la ilustración perfecta del famoso texto de Primera de Corintios 10:12: "Por tanto, el que cree que está firme, cuide que no caiga." El que cree que está firme, recuerde: usted no está tan firme y yo no soy tan firme como pensamos que somos. Cuidemos de no caer. Escuchemos las advertencias de Dios: "Esposa de Urías heteo." "No voy a bajar donde mi esposa." David debió darse cuenta de su pecado, de su falsedad, de su hipocresía. Sin duda alguna su conciencia estaba trabajando en esos momentos. David no ignora que esto está mal. David es el cantor de Israel, el hombre que conoce la ley. David sabía perfectamente lo que estaba haciendo, pero prefirió los placeres temporales del pecado que la obediencia a Dios, e ignoró y calló su conciencia.

Y es desconcertante ver esto en la vida de David, sobre todo que no estamos hablando de un niño, de un adolescente. No estamos hablando del adolescente que venció a Goliat. David en este momento tiene unos cincuenta años aproximadamente. Es un hombre maduro, un hombre experimentado, distinguido como hombre de Dios, compositor de Salmos, músico, poeta, adorador, pastor fiel, valiente guerrero, líder excepcional, admirado por todos, y cayó estrepitosamente por no hacerle caso a las alarmas de su conciencia y las advertencias de Dios de que no se fuera por ese camino, de que no hiciera eso. Y esta no fue su único pecado, pero sin duda alguna es el más conocido.

Y cuando lo vemos así, lo vemos en el capítulo 12, pensamos que David cayó estrepitosamente, pero lo de David no fue una caída, sino que fue un deslizamiento, y eso pasa en nosotros. Fue un deslizamiento gradual. David tiene una debilidad que sabemos cuál era, ¿verdad? Tenía una debilidad con el sexo femenino, con las mujeres. David le había dicho a su pueblo en Deuteronomio 17, a los reyes, que no acumulen caballos, que no acumulen oro y plata, y que no tengan muchas mujeres. Deuteronomio 17 claramente lo dice, pero David ignoró la Palabra de Dios.

Oigan lo que dice Segunda de Samuel 5, versículo 13, al inicio del reinado de David: "Después que vino de Hebrón, David tomó más concubinas y mujeres de Jerusalén, y le nacieron a David más hijos e hijas." David le había dado ya hace tiempo, esto es siete capítulos atrás, años atrás, rienda suelta a su debilidad. Él no le había puesto caso a ese aspecto de su vida. Quizás él se sentía un hombre exitoso, próspero, fiel a Dios: "Bueno, todo el mundo padece de algo, todo el mundo tiene que tener algún vicio", ese tipo de cosas que justifican nuestro accionar pecaminoso. "Esto no es nada comparado con lo que los otros reyes paganos hacen. Imagínense los paganos, hasta sacrifican sus hijos. Yo lo que tengo es más mujeres." Justificando su accionar.

Y ese es el corazón humano: nosotros justificamos nuestros pecados haciéndolos más pequeños que los otros, o haciéndolos menores porque hemos hecho una gran obra, una buena obra para Dios. Entendemos que podemos darnos licencias en ciertas áreas de nuestra vida. Y desde ya yo quiero mencionar que no nos concentremos en el pecado de la lujuria y de la sensualidad que David cometió. Esto es así para todo pecado, comenzando desde el orgullo, el resentimiento, la ira, la falta de perdón, y vamos a ver en un momento alguna de esas cosas.

Probablemente David se deslizó porque hubo un debilitamiento en sus disciplinas. ¿Dónde yo veo eso? Bueno, porque nos dice en el capítulo 11, ahí mismo, leímos el 12, ¿verdad? En el 11, cuando usted lee en el versículo 2, dice: "A la tarde, David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey." Perdonen, es el versículo 1. El versículo 1: "Aconteció que en la primavera, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla..." ¿Dónde estaba David? Versículo 2: en su terraza, paseándose. Parece que había ya un debilitamiento en sus disciplinas como hombre, en sus disciplinas espirituales, en llenar sus roles, sus responsabilidades como rey, como líder.

Y cuidado también cuando nosotros comenzamos a debilitarnos en nuestros compromisos y responsabilidades como padres, como esposos, como trabajadores, como siervos de la iglesia, y comenzamos a soltar para descansar. A veces tenemos que hacerlo, pero David parece que había comenzado a soltar alguna de sus disciplinas, unido a que no le había hecho mucho caso a su propia debilidad y estaba en franca oposición a Dios en el tema de las mujeres. En esas condiciones, entonces, un enfriamiento espiritual, los placeres de este mundo comienzan a brillar más, y yo siento ahora que me gusta más lo que el mundo me ofrece que lo que Dios me promete, y comienzo a ceder moralmente. Mi propia conciencia se comienza a desensibilizar y a pensar que no es tan malo como la gente dice. Y entonces mira a Betsabé desde su terraza y la manda a buscar y cede a su carne.

¿Qué pasó en ese momento? Bueno, el famoso autor Dietrich Bonhoeffer escribió un libro del pecado y él decía que el pecador, en el momento que peca, no es que él odia a Dios o lo ha despreciado, es que él se olvida de Dios. Es como que Dios no está en la escena, Dios no está presente en mi toma de decisión en ese momento. Lo que predomina es mi carne y mis deseos, lo que yo quiero hacer. Y eso de que "cuide que no caiga", David ni lo intentó. David parecería muy gozoso de tirarse y sumergirse en aguas contaminadas.

E increíble, nosotros podemos pensar lo que David hizo, pero nosotros tenemos el recordatorio de la Palabra de que eso no es un asunto de David, es un asunto de la naturaleza humana. Y estas cosas están ahí para que nosotros aprendamos, para que nosotros incorporemos estas enseñanzas y no nos veamos en la misma posición vergonzosa de David. Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado que no se caiga.

Y Gálatas 6:1 dice que cuando uno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Si tú ves algo recurrente en tu vida, la vida te reconoce que tú tienes que entender que tú puedes caer, que tú puedes ser tentado, que tú eres un hombre débil como todos los demás.

Y yo quiero hacer la salvedad, como dije hace un momentito, que cuando estamos hablando del pecado, todavía este es un gran pecado. Involucró lujuria, involucró adulterio, involucró manipulación y mentira, involucró asesinato. Todo eso involucró el pecado de David, quizás muchas otras cosas más, e hipocresía. Pero hay muchas otras cosas que son mucho más sutiles que esta. Quizás nosotros diríamos: "Quizá yo nunca me vería en una situación como esa." Pero hay muchas cosas sutiles en nuestra vida que nosotros le damos entrada, permitimos que estén con nosotros más tiempo del que deben estar.

Jerry Bridges escribió un libro que muchos de ustedes conocen, que se llama "Pecados respetables." Y la preocupación de ese autor en ese libro es que él está preocupado con que el cristiano está muy enfocado en los grandes pecados de la cultura, y no en los sutiles pecados de los cristianos. Oigan la diferencia: mucha preocupación con los grandes pecados de la cultura, y poca preocupación con los sutiles pecados de los cristianos. Parecería que nuestras conciencias se han insensibilizado para una serie de prácticas, de hábitos, de formas de pensar, de formas de reaccionar y de apetitos que no parecen molestarnos. Estamos insensibilizados hacia pecados más pequeños, y como pequeñas zorras dañan la obra de Dios en nuestras vidas.

¿Cuáles son los que cita Bridges en su libro? Bueno, les voy a presentar una lista. Pecados ante los cuales tenemos que estar advertidos, que la alarma de nuestra conciencia hoy se encienda ante situaciones como estas: ansiedad y preocupación, descontento ante la vida, queja, ingratitud, orgullo, "las cosas son como yo digo, como yo entiendo," egoísmo, falta de dominio propio en múltiples áreas, impaciencia e irritabilidad, ira, amargura, rencor, resentimiento, juicio hacia otros, falta de amor hacia otros y de compasión, envidias y celos, pecados de la lengua, del hablar, decirles a los otros de manera insensible algunas cosas que quizás tenemos que decirles pero no de manera insensible, mundanalidad, sensualidad, lujuria, y esto no es una acción como tal, pero todo el ámbito de la pornografía que está dentro de ese ámbito que acabo de indicar.

Definitivamente, hermanos, nuestras conciencias deben ser despertadas, y luego de despertadas, obedecidas. Es una habilidad que Dios nos da para nosotros honrarle, y que cuando nos hacemos cristianos, cuando nos convertimos y vendimos y rendimos nuestra vida al Señor, esa conciencia es reforzada con la Palabra y es fortalecida con la acción del Espíritu Santo en nosotros. Y está ahí precisamente para advertirnos, para guiarnos, para no dejarnos caer en las fosas y en las piscinas de agua contaminada en las cuales nosotros nos bañaríamos sin problema de no tener esa habilidad.

Entonces, hermanos, una cosa que yo quería señalar en este texto es que, a pesar del trabajo incesante de nuestras conciencias, con cierta facilidad nosotros caemos en pecados de toda índole, no importando nuestra condición espiritual y demás, sino que caemos porque somos débiles. Tenemos que tener eso en cuenta y advertir eso, y cuidar que no caigamos. El que crea que está firme, cuide que no caiga.

La segunda cosa, la segunda lección que podemos ver en este pasaje, es que a pesar de la persistencia de nuestra conciencia, denme un segundito, por favor. A pesar del trabajo de nuestra conciencia, a veces no solamente caemos en pecados, sino que permanecemos en el pecado mucho más tiempo del que deberíamos y del que imaginamos que podemos pasar ahí.

Ya nosotros describimos la macabra y perversa situación de pecado en la que David cayó, ¿verdad? Increíblemente, un hombre experimentado y un hombre espiritualmente maduro cayó en esa situación tan lamentable y tan vergonzosa desde el punto de vista espiritual. Pero más increíble nos va a parecer cuando sepamos que David duró casi un año desde que estuvo con Betsabé hasta que Natán vino a confrontarlo. Un año aproximadamente. Increíble.

¿Cómo sabemos eso? Bueno, porque si vemos el versículo 15 del capítulo 12 que leímos de 2 Samuel, dice: "Y Natán regresó a su casa, y el Señor hirió al niño que la viuda de Urías dio a David, y se puso muy enfermo." El niño había nacido, el niño del embarazo había nacido ya, había pasado nueve meses y quizás algún tiempito más, por eso decimos que es alrededor de un año.

Con todo este complot que David había hecho, o sea, este complot no había sido expuesto en ningún lado y era un secreto a voces, porque si hay algo que se sabe son este tipo de cosas. David tenía esto callado, trató de esconder por todas las vías posibles esta situación. Y es lo mismo que Adán hizo: Adán pecó y se escondió. Y es lo mismo que el hombre, el ser humano, tú y yo, hacemos cada vez que caemos en pecado. Nuestra tendencia inmediata es esa: no, no, tú sabes, acallar, esconder, camuflagear, hacer hipócritas con la situación.

Y muchos se enteraron por la vía de la milicia, porque Joab recibió la nota de matar a Urías, y Urías muere, y David manda a buscar a Betsabé para estar con ella en su casa. Urías se murió y ahí estaba con la mujer. Inmediatamente Joab se la llevó. Y los soldados que estaban, que eran compañeros de Urías, inmediatamente se dieron cuenta de que el rey había tomado la esposa de Urías, que acababa de morir.

A mí me llama la atención, y la Biblia es tan precisa, por eso una vez más la Biblia es la Palabra de Dios. En el versículo que leímos, el versículo 15, miren lo que dice: "Y Natán regresó a su casa, y el Señor hirió al niño que la viuda de Urías dio a David." O sea, no que Betsabé dio a David. No, esta es la mujer de otro hombre. O sea, Dios enfatiza ahí el pecado de David y la acción de haber tomado una mujer que no le pertenecía.

Y era obvio lo que David había hecho. Todo el mundo lo sabía, pero nadie se atrevía a decir absolutamente nada. Era el rey. ¿Quién iba a decir algo contra el rey? ¿Quién iba a juzgar esa acción como una acción pecaminosa e incorrecta? "Eso no debió suceder." "Ahí hay un problema del que no se ha hablado." "David no tiene ya el derecho de juzgar la nación, no tiene la moral para juzgar la nación después." Nadie dijo eso, nadie dijo eso.

Y eso es una situación particularmente peligrosa para David porque era rey. Como era rey, nadie se atrevía a decir nada. Pero para nosotros, cuando estamos en posiciones de cierta importancia, la gente como que no quiere decirnos las cosas como son. Y eso es una enseñanza para mí, para todos nosotros que tenemos algún tipo de responsabilidad, incluso para los padres dentro de los hogares, que como son papás, a veces la gente, o los muchachos, o la esposa, no se atreve a decir las cosas dependiendo de cómo reaccione.

Entonces, nos distanciamos y nos alejamos de aquellos que nos van a llamar la atención cuando fallemos. Y tenemos que tener eso en cuenta, porque alguien tiene que tener el derecho, dado por nosotros, de corregirnos cuando debamos ser corregidos. El que crea que está firme, cuide que no caiga. Deleguen en alguien esa tarea, pero con la puerta abierta, comprométete a no defenderte cuando esa persona venga a reclamarte y venga a confrontarte. Primero vas a escuchar y vas a reflexionar lo que se está diciendo antes de tú justificar la acción que has cometido.

Este hombre permaneció un año porque nadie le confrontó antes con esta situación. A pesar del trabajo de la conciencia, David no le escuchó. Ahora, increíblemente, Dios, que es fiel, yo entiendo que a través de su Espíritu estuvo confrontando a David persistentemente durante todo ese tiempo.

¿Dónde vemos eso? Bueno, cuando vamos a los Salmos 32 y 51, que fueron los dos salmos de confesión que David escribió después que fue confrontado por Natán. David escribió el Salmo 32 y el Salmo 51. Oigan algunas expresiones de David en ese tiempo. Salmo 32:3-4: "Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día, porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí, mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano." Salmo 51, los versículos 3, 8 y 12: "Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí." "Hazme oír gozo y alegría, que se regocijen los huesos que has quebrantado." "Restitúyeme el gozo de tu salvación, sostenme con un espíritu de poder."

¿Qué está diciendo David en estos textos? Bueno, David se enfermó: "Mi cuerpo se consumió mientras callé mi pecado." Lloraba y se afligía: "Gemir durante todo el día." Se sentía debilitado, dice: "Mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano." No dormía: "De día y de noche tu mano pesaba sobre mí." "Mi pecado estaba siempre delante de mí."

Señor, es que David estaba constantemente pendiente de que algo estaba mal. Y esa es la fidelidad de Dios trabajando en el corazón de nosotros, porque cuando nos desviamos de su camino, Él mantiene como una especie de heraldo en nuestras conciencias el mal que hemos cometido. Y gracias a Dios por eso, que nos deja el dolor de la conciencia para que sepamos que algo anda mal.

Pero David no le hizo caso a ese dolor, a ese gemir. No sabemos cuál fue la razón. ¿Por qué David, si se consumió físicamente, perdió el gozo de su salvación, su pecado estaba siempre delante de él, gemía de día y de noche, estaba pendiente de lo malo que había hecho, a pesar de todo eso, David no se hace cargo de su situación y confiesa y se arrepiente? ¿Por qué? Nosotros no sabemos, pero hay algunas especulaciones que podemos hacer. Definitivamente, David no le hizo caso a su conciencia.

Imagínense que ustedes van conduciendo un vehículo y el vehículo les prende un bombillo que dice "sobrecalentado," hay problema. Si tú haces así con el bombillo, tú tienes dos opciones, evidentemente.

Una opción lógica es: hay problemas, detente, ve a ver qué es lo que pasa, repara lo que pasa. Cierto. Y la otra posibilidad es que tengo el bombillo, tengo un martillo, hay ahí al lado de ti, cojo un martillo, y yo le doy de un martillo al tablero del bombillo. Y tú sigues, y el carro explota. Eso es lo que nosotros hacemos con nuestras conciencias a veces, cuando no la atendemos. A veces nosotros hacemos cosas e inmediatamente nosotros sentimos una inquietud, y no nos sentimos tranquilos, y nos sentimos incómodos.

Y de una vez se levantan algunas voces. El orgullo te dice de eso así, ¿verdad? La lujuria te dice, eso no es nada, es normal. La envidia te dice, tú lo mereces, y en vez de catalogarla como envidia, te habla para atrás y te dice, tú lo mereces, eso es que...

Pero ojalá nosotros tengamos esta capacidad y habilidad desarrollada, fortalecida por la Palabra, reforzada por el Espíritu, por nuestra comunión diaria con Dios, de tal manera que cuando a la luz enciendan, yo hago así y me detengo y me paro y digo: ¿Qué pasa, Señor? ¿Qué pasa, Señor? Y como David: sí, escudríñame, Dios. Escudríñame, Dios, y conoce mi corazón. Pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno. Amén.

¿Qué esa sea nuestra reacción inmediata, sabiendo, hermanos, que el que encubre su pecado no prosperará, mas el que lo confiesa encontrará misericordia? Proverbios 28:13.

El Salmo 32 tiene un versículo muy chocante para nosotros, porque nos dice lo siguiente: no seas como el caballo o el mulo, que no tienen entendimiento, cuyos arreos incluyen brida y freno para sujetarlos y para guiarlos, porque si no, no se acercan a ti. ¿Qué es lo que Dios está diciendo? No seamos como el mulo, como el caballo, que no entiende y no responde a su conciencia, y Dios tiene que traernos como con un caballo se trae con un freno. Y si no se puede traer con un freno, así trae Dios a través de Natán a David, otra vez al camino.

Entonces yo no sé cómo estamos nosotros hoy en día en nuestras vidas personales. Pero, ¿hay algo en tu conciencia en este momento que esté molestándote? ¿Hay alguna alarma encendida en tu vida, en tu corazón en este momento? ¿Hay algo que tú entiendes que debes confesarle a alguien, comenzando a Dios, retirarte de eso? Cualquier cosa: puede ser una relación, puede ser un hábito, puede ser una forma de ser o de reaccionar ante ciertas cosas de la vida. Quizás algunas cosas que tienes que decirle a tu cónyuge, a tu pareja si tienes pareja de novios, a tus padres, a tu familia, a tu jefe, a tus pastores. No ignoremos, no rompamos el foco de la alarma de nuestras conciencias con el martillo de la necedad. Respondamos prontamente, no como lo hace el caballo y el mulo que hay que traerlo. Respondamos con entendimiento, con discernimiento, a la confrontación del Espíritu en nuestros corazones a través de nuestra conciencia.

Y la tercera enseñanza que vemos aquí, como les dije, es un pasaje que a mí me causa mucha reflexión y me ha producido mucha reflexión en estos días. La tercera cosa que podemos ver es que nosotros debemos estar abiertos a la confrontación de otros en nuestras vidas. Ya más o menos lo dije, pero quiero enfatizarlo ahora y exponerlo brevemente.

El accionar de nuestras conciencias, evidentemente, en ocasiones no será suficiente para llevarnos al arrepentimiento. Por eso Dios ha diseñado la hermandad, la familia de Dios, la familia de la iglesia, que se cuidan los unos a los otros y nos exhortamos a las buenas obras. Es uno de los objetivos de la iglesia.

Y entonces, en el versículo 12:1, no quiero pasar desapercibido lo siguiente. 12:1 dice: entonces el Señor envió a Natán a David. Oh, Señor, gracias. La gracia de Dios buscando al hombre. Buscando al pecador, al asesino, al adúltero, al mentiroso, al hipócrita. Dios le manda un profeta para que le muestre su horror y lo traiga al arrepentimiento. Este es lo mismo que Dios le dijo a Adán: ¿dónde estás? Este es el "¿dónde estás?" para David. Sal de tu escondite, sal de tu pecado, confiesa tu pecado. Yo quiero perdonarte.

Y David hace lo mismo que Adán. Y Dios hace lo mismo que hizo con Adán. Al pecador, al indigno, a la oveja perdida, al que se esconde de Dios, al que esconde su pecado, Dios lo sale a buscar si es su hijo. Y aquí vemos el deseo redentor de Dios. Hay un compromiso de Dios con la vida de David. La obra que yo empecé en tu vida, David, no se va a quedar a medio talle, no se va a quedar por mitad porque tú has decidido pecar con Betsabé. Yo voy a sanar eso, yo voy a cubrir eso, yo voy a perdonar eso, y te voy a hacer más grande espiritualmente hablando. A la luz de que mandó a Natán a David. Dios no desecha a David, Dios lo busca y lo trae de regreso. No lo deja en su pecado, le manda su profeta. ¡Wow! Y gracias, Señor, por tu gracia y por tu amor por tus hijos.

Hermano, si tú eres hijo de Dios, si tú estás descarriado o te desvías en algún momento, Dios se ha comprometido contigo que Él te va a mandar a buscar. Él te va a traer. Y te mandará a Natán. Quizás una persona como Natán, una circunstancia que te haga reflexionar como Natán hizo reflexionar. Pero Dios te va a traer. Tenlo pendiente para que cuando venga tu Natán, tú no lo resistas y tú puedas, al igual que David, decir: yo he pecado contra Dios. Responder a la confrontación de Dios por la vía de Natán. Reconocer tu error. Qué virtud es, una humildad tan grande, que podamos reconocer nuestro error.

Yo lo digo eso constantemente a mis hijos. Y a Sid y a Daniel casi se saben casi todo mi sermoncito. No que decir algo de mis hijos porque son parte de mi vida, en lo que te tengo que ver. Constantemente le digo a mi hijo de cuatro años y medio, Daniel, y al grande de nueve, constantemente se lo digo. Yo no sé si lo he dicho más de diez veces en los últimos dos meses. Mis hijos, una de las cosas más agradables y buenas que un ser humano puede tener es reconocer su error cuando se equivoca. Yo quiero que ustedes vean la cara de Daniel cuando yo digo eso. Él me mira así: sí, sí, sí. Cuatro años y medio. Yo a veces lo digo: ok, yo creo que él lo oye.

¿Qué virtuoso es verme a mí necesitado? Eso es lo que me conduce a Dios. Eso abre la puerta para recibir la gracia redentora de mi Señor. Dios se opone a los orgullosos y da gracia al humilde, dice Santiago. La Palabra alaba al que escucha el consejo. Se establece todo un proceso en la Palabra de cuando alguien se aparta.

Muchos pasajes hablan de esto, de la confrontación. Bueno, este es uno: Natán. Pero si nos vamos al Nuevo Testamento, Mateo 18 habla de eso. Si un hermano peca, ve donde él y repréndelo. Gálatas 6: si alguno es sorprendido en alguna falta, a vosotros que sois espirituales, restauradle. Primera de Corintios 5 habla de esa confrontación que se hizo a un hermano que estaba en fornicación con su madrastra. Segunda de Tesalonicenses 3:13-15. Y así hay múltiples pasajes que hablan de esta práctica normal, cotidiana, de hermanos que se aman y de que vamos a buscar aquel que se ha desviado, que está confundido, que está acallando su conciencia.

Y hay una tarea entonces para el que va y una tarea para el que recibe. Aquí David es el que recibe, y mi llamado es: cuando alguien venga a ti y te confronte, recibe la confrontación con gratitud. Es un acto de gracia de Dios. Dios ha enviado a alguien a buscarte, a extenderte la mano.

Y por último, hermanos, y esto lo voy a dejar para el gozo de nuestros corazones: no importa lo que tú hayas cometido, no importa lo que tú hayas hecho, no importa el tiempo que tú hayas permanecido en algo profundamente vergonzoso y malo, algo que tú no escribirías en un libro, algo que tú no le dirías a nadie ni siquiera, la cruz es más que suficiente para perdonar a aquellos que nos acercamos a Dios pidiendo su perdón y su redención. Absolutamente completo.

Increíblemente, increíblemente, hermanos, en el mismo pasaje, en el mismo capítulo, prácticamente en el mismo versículo que David se arrepiente, en el mismo versículo, oigan cómo lo ponen: entonces David dijo a Natán, he pecado contra el Señor. Oigan bien: David dijo a Natán, he pecado contra el Señor. Y Natán dijo a David: el Señor ha quitado tu pecado. ¡Qué increíble! ¡Increíble! En el mismo versículo. ¡Gloria a Dios!

Esa es entonces la historia de David, la historia lamentable, vergonzosa, que nos pone a nosotros como nosotros somos y pone a Dios como Él es. A nosotros necesitados y a Dios lleno de gracia. A nosotros perdidos y Dios buscándonos. A nosotros acallando nuestras conciencias y Dios obviando eso y haciéndonos entender como el caballo y al mulo, que yo tengo que venir.

Hermanos, revisemos nuestras vidas con conciencia, con entendimiento, con prontitud. No apaguemos las alarmas que nuestras conciencias y el propio Espíritu encienden en nosotros. Estemos atentos al llamado de atención de Dios en nuestras vidas, a veces interno y a veces a través de otros. Despertemos nuestras conciencias. Acudamos a Dios. Él está ahí para abrir sus brazos para nosotros y caminar con nosotros.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.