En el mismo momento en que una mujer derramaba un perfume costoso sobre la cabeza de Jesús, Judas salía a negociar su entrega por treinta monedas de plata. Ambos habían seguido al mismo maestro, escuchado las mismas enseñanzas, presenciado los mismos milagros. Sin embargo, uno terminó ungiéndolo y el otro traicionándolo. ¿Qué hizo la diferencia? El corazón.
La escena ocurre en Betania, apenas dos días antes de la Pascua, cuando las autoridades religiosas ya buscaban cómo matar a Jesús con engaño. En medio de esa tensión, una mujer irrumpe en una cena de hombres, rompe un frasco de alabastro con perfume de nardo puro —equivalente a casi un año de salario— y lo vierte completamente sobre Jesús. Los presentes se indignan y la acusan de desperdicio, ofreciendo justificaciones piadosas sobre la mayordomía y los pobres. Pero Jesús sale en su defensa: ella ha hecho lo que ha podido, y donde sea que se predique el evangelio, se hablará de ella.
Lo que movió a esta mujer fue un amor genuino que venció el temor, la vergüenza y las normas sociales de su época. Se olvidó de sí misma y de los demás para concentrarse únicamente en Cristo. Judas, en cambio, abrazó la oferta y dejó al maestro. La devoción auténtica nace del amor, y el amor crece al contemplar a Cristo en su Palabra. La prueba del discipulado verdadero es la perseverancia: cuando aparecen las ofertas a lo largo del camino, el discípulo genuino abraza a su maestro y suelta todo lo demás.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos a estar satisfechos en tu Palabra! Marcos 14 es nuestro estudio, nuestro mensaje para el pueblo de Dios. Estamos llegando ya al final de la vida de Jesús después de meses de estar trajinando por este Evangelio que ha sido de mucha bendición a mi vida. Espero que lo haya sido a la suya también. Ahora estamos al final de los días de Jesús, capítulos 14 y 15, nos van a estar relatando los acontecimientos que tradicionalmente han sido conocidos como la pasión de Cristo. La palabra pasión viene del latín, tiene que ver con sufrir, sufrimiento. Estos son los acontecimientos que caen dentro del período de la última cena hasta la crucifixión y muerte de Jesús. Y este capítulo 14, que es el más largo, dicho sea de paso, de todo el Evangelio, y que tiene como tema principal el abandono de Jesús, este es el capítulo precisamente que estamos comenzando en esta mañana.
Yo creo que cada uno de nosotros, la gran mayoría, quizá todos, estamos familiarizados con los eventos finales de la vida de Jesús, pero no necesariamente todos hemos pausado para reflexionar y ver qué cosas Dios tiene que enseñarnos a nosotros de manera personal acerca de aquellas cosas que ocurrieron en las últimas 48 horas de la vida de su Hijo.
Quisiera entonces poder comenzar a leer el versículo 1 de Marcos 14: "Faltaban dos días para la Pascua y para la fiesta de los panes sin levadura. Los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. Porque decían: No durante la fiesta, no sea que haya tumulto del pueblo. Y estando en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, de nardo puro, y rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Pero algunos estaban indignados y se decían unos a otros: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque este perfume podía haberse vendido por más de 300 denarios y dado el dinero a los pobres. Y la reprendían. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra ha hecho conmigo, porque los pobres siempre los tendréis con vosotros, y cuando queráis los podréis hacer bien. Pero a mí no siempre me tendréis. Ella ha hecho lo que ha podido, se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. Y en verdad, escuchad, en verdad os digo: Dondequiera que el Evangelio se predique en el mundo entero, también se hablará de lo que esta ha hecho para memoria suya. Entonces Judas Iscariote, que era uno de los doce, se fue a los principales sacerdotes para entregarles a Jesús. Cuando ellos lo oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo entregarle en un momento oportuno."
Padre, gracias te damos por la pasión de Cristo que hoy produce pasión en nuestros corazones para Él. Mira este texto, Señor, familiar. Un texto que hemos leído, que hemos predicado, que hemos enseñado, que hemos escuchado predicar. Mira, Dios, que textos familiares a veces tienen la tendencia en nuestras mentes, por nuestra pecaminosidad, a producirnos el sentido de que ya tú no tienes nada más que enseñarnos o mostrarnos. Yo quiero pedirte que en tu bondad nos sorprendas, que tú sorprendas al predicador mientras predica con iluminación de tu Espíritu, sorprendas a los que escuchan, y que al final nosotros hayamos podido estar inmersos en un estudio de tu Palabra que nos sumergió en tu persona. Eso depende de ti, Dios, no depende de quién habla, depende de ti. Dispón nuestra actitud, nuestro corazón para tu ministración, y te lo pedimos en tu nombre una vez más, Jesús. Y su pueblo dice: Amén, amén.
Decía que los capítulos 14 y 15 de Marcos nos introducen al final de la vida de Jesús y que es bueno reflexionar sobre las cosas que aquí aparecen. Varias cosas salen a relucir en este texto que yo acabo de leer. Pero a manera de introducción yo quiero decir tempranamente que sea algo que quede claro, que sale de manifiesto cuando uno lee este texto, es la naturaleza del corazón humano, la realidad de esa naturaleza humana y de la vida de este lado de la gloria.
Nosotros tenemos aquí, en un texto corto, dos eventos narrados que están en polos opuestos, llevados a cabo por seguidores de Jesús, gente que oyó las mismas enseñanzas, que vio los mismos milagros, gente que siguió al mismo Maestro. Y uno de los dos termina amándole y el otro termina traicionándole. La pregunta que necesitamos escudriñar es: ¿Qué hizo que uno terminara de una forma y el otro de la otra manera? Los Evangelios no nos dan una respuesta concluyente, pero es algo que la misma Palabra revela: el corazón del hombre es engañoso, y el de Judas, yo creo que lo engañó a él y engañó al resto del grupo que estaba con él. El corazón de Judas tiene en común con nosotros el hecho de ser un corazón humano, y nuestro corazón a veces nos traiciona.
Marcos narra estos dos eventos en lo que ha sido llamada una técnica de sándwich. Y lo que eso implica es que Marcos comienza narrando un evento, de repente interrumpe la narración de ese primer evento, entra un segundo evento, lo narra, y luego regresa a terminar o completar el primer evento. Y eso es exactamente lo que Marcos hace en este texto. Él comienza hablando de ese primer evento, narra la traición de Judas en el versículo 1 y 2, detiene, entonces entra a narrar la unción de Jesús por parte de esta mujer que vino de afuera y que ungió su cabeza, y luego regresa a la traición de Jesús.
Mi mensaje sencillo, es corto relativamente hablando, es una estructura fácil de seguir. Y hoy voy a dividir el texto para fines de su estudio básicamente en dos puntos: la traición y la unción, la traición y la unción. La primera estuvo caracterizada por el odio y la segunda, la unción, por el amor. En un caso hay un oportunismo de parte de Judas, en otro caso hay una devoción de parte de esta mujer. La traición la lleva a cabo un hombre en combinación con otros hombres, la devoción, la unción, la lleva a cabo una mujer. La traición es orquestada por alguien de adentro, la unción ejecutada por alguien de afuera. La naturaleza del corazón humano, o la realidad de la naturaleza humana, claramente desplegada en este texto que acabamos de revisar.
Marcos nos sitúa en el tiempo: faltaban dos días para la Pascua y para la fiesta de los panes sin levadura. Para aquellos que no están tan familiarizados, la Pascua fue aquella celebración hecha al final de las diez plagas que Dios trajo sobre el pueblo de Egipto. Dios había estado invitando a Faraón, a través de Moisés, a que dejara a su pueblo ir al desierto para que le sirviera. Y si bien Faraón estaba de acuerdo, hasta el próximo día se retractaba y tendría que venir una segunda plaga, y una tercera, y una octava finalmente, y una novena. Pero Dios se cansó de lidiar con Faraón, si pudiéramos hablar de cansancio para con Dios. Le dio un ultimátum y con esa última plaga garantizó que el pueblo saldría al desierto.
Y el anuncio fue el siguiente: mañana el ángel de la muerte pasará por toda la nación de Egipto y producirá la muerte de los primogénitos de cada familia, de cada casa, incluyendo de sus animales. Instruyo a mi pueblo para que sacrifique un cordero de un año de edad, sin manchas, sin defecto, tome su sangre y la ponga sobre los dinteles de las puertas. Y cuando el ángel de la muerte visite la nación, aquella casa que tenga dicha sangre sobre los dinteles será pasada por alto y perdonada, y el ángel de la muerte no le hará daño. Las familias entonces podrán esa noche comer la cena que posteriormente pasó a ser la Pascua. Y lo podrán hacer, podrán comer la carne de ese cordero y lo podrán hacer con panes sin levadura, tipificando la premura, la rapidez con que aquellos tendrían que comer esa cena porque tenían que prepararse, porque el día siguiente saldrían para el desierto, como en efecto así ocurrió.
Y esa celebración que dio inicio entonces a que cada año se recordara de una manera muy especial la fiesta de la Pascua, que caía el día 14 de Nisán. El 14 de Nisán caía entre mediados de marzo y mediados de abril. Este mes judío caía en lo que en nuestro calendario sería eso. Y la fiesta de los panes sin levadura comenzaba justamente al otro día, el 15 de Nisán. Con el tiempo, estas dos celebraciones se fusionaron en un solo nombre y era básicamente conocida como la fiesta de la Pascua, que duraba toda una semana, comenzando el 14 de Nisán y terminando el 21 de Nisán, la fiesta de la Pascua.
Es durante la celebración de la Pascua del año en que Jesús muere que justamente se están produciendo estos eventos. La ciudad está en ebullición, la ciudad de Jerusalén, acogiendo a los visitantes que venían de todas partes a celebrar dicha fiesta. La gente vendría a observar y a celebrar la liberación del pueblo judío a través de la sangre de corderos colocada sobre los maderos de los dinteles de la casa. Lo que ellos no conocían era que en esta Pascua el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo derramaría su sangre también sobre un madero para el perdón de pecados y la liberación del yugo de la esclavitud de ese pecado sobre nosotros, y traernos salvación. Con lo cual se cumplía con aquello que había sido anunciado en aquella ocasión.
El ritual, si pudieran algunos llamarle, de matar un cordero y colocar la sangre sobre los dinteles no representó en lo más mínimo algo primitivo de una religión, sino algo que apuntaba a aquello que ya Dios comenzaba a revelar: que llegaría el momento en que el Cordero de Dios, el Dios Cristo, vendría, derramaría su sangre, y por medio de su sangre derramada nosotros tendríamos perdón de pecados y salvación.
Ponte en la posición de Jesús ahora. Es una semana de mucho movimiento en Jerusalén, de mucho gozo hasta cierto punto, porque hay familiares que vienen de fuera, y amigos, conocidos y desconocidos que comienzan a llegar temprano en la semana. El lunes se seleccionaba, día 10 de Nisán, el lunes se seleccionaba el cordero que había de morir.
En cierta manera, el Cordero de Dios también había sido seleccionado y estaba siendo preparado. Ya faltaban apenas dos días para la Pascua; quizás eso nos ponga entonces en miércoles. Con cada hora que pasa, Jesús está más cerca de ser acusado falsamente, de ser azotado, de ser clavado. Él se está más cerca de sus peores momentos en su paso por aquí, por la tierra. Para lo que fue para muchos una semana de gozo, de algarabía y reencuentro con familiares y amigos, para Jesús fue una semana de tristeza, de dolor profundo, de dolor físico y dolor emocional.
Él estaba a punto de ser lacerado, de ser flagelado, de ser clavado. Estaba a punto de ser abandonado por aquellos que eran más cercanos a su persona, aquellos con quienes Él pasó tres años juntos. Y estaba más cercano a experimentar incluso el abandono temporal por parte de su Padre. Esta no fue una semana fácil. La cercanía a la Pascua solamente implicaba para Jesús cercanía a su dolor profundo.
Y Marcos nos dice que dos días antes de esa fiesta de la Pascua, los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. Los fariseos no están aquí en este complot ahora mismo; están los principales sacerdotes y los escribas. Las autoridades encargadas del templo, las autoridades que se sintieron ofendidas cuando el lunes Cristo entró al templo y lo limpió. Las autoridades que fueron puestas en descubierto en cuanto a lo que toda esta corrupción del templo representaba y del judaísmo del primer siglo. Eso es lo que están tramando; escucha: cómo hacerlo con engaño para matarle.
Esta gente era maquiavélica, esta gente tenía bien pensado lo que tendrían que hacer. Ya habían concluido que durante el último año de Jesús no habían podido prenderlo en ninguna falta; por tanto, tendrían que recurrir al engaño. El año de la popularidad de Jesús había pasado. Fue su segundo año. El año primero fue el año del anonimato, el segundo año fue el año de la popularidad, el tercer año es el año de la persecución. Por todo un año tratando de atraparlo, de encontrarle en falta en alguna cosa, y ahora ellos han decidido que lo único que van a tener que hacer es recurrir al engaño para matarle.
Pero eso no será obstáculo, y eso lo han propuesto. Lo único que Marcos revela es que las autoridades habían determinado no hacerlo durante la fiesta, no sea que haya un tumulto de parte del pueblo. Esta gente es sabia en sus maldades, es astuta. Esta semana no es conveniente; las cosas se tornaron en otra dirección, pero esta semana no es la semana conveniente. Aquí va a haber mucha gente, esto tiene muchos seguidores y esto puede causar un gran tumulto.
Algunos opinan que Jerusalén tenía unas 25 mil personas solamente, y que durante la semana de la Pascua la población se duplicaba hasta 50 mil. Otros hablan de que Jerusalén tenía como 60 mil personas o habitantes y que durante esta fiesta llegaba quizás hasta 300 mil personas. Era necesario incluso aumentar la seguridad de la guardia romana para evitar que se pudieran armar tumultos y problemas. Y en medio de todo eso, esta gente maquiavélica decide que esta no es la semana para llevar a cabo el crimen contra Jesús, pero las cosas se tornaron en otra dirección, como ya mencioné.
Y todo eso lo revela Marcos en sus primeros dos versículos. Pero Marcos entonces detiene la narración ahí y comienza a revelarnos algo que está ocurriendo en el corazón y el ambiente de otra persona al mismo tiempo. Y quizás la técnica del sándwich sirva para eso: para ayudarnos a ver cosas que están pasando simultáneamente, unas en un lugar y otras en otro. En este caso, él ya nos reveló qué estaba pasando en el corazón de los principales sacerdotes y de los escribas. Ahora nos va a mostrar qué estaba ocurriendo en el corazón de esta mujer que se atreve a hacer lo que hizo, y de lo cual ya leímos.
Veamos ahora la unción. Estando en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso de nardo puro, y rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Betania era una aldea a unas dos millas de Jerusalén. Era la última parada para aquellos viajeros que venían de Jericó a Jerusalén, y Betania entonces era su última oportunidad de parar y descansar. Era la aldea también donde vivían Lázaro, Marta y María.
Y en aquel lugar había un hombre que probablemente para ellos era conocido, no tanto para nosotros, que simplemente Marcos nos relata que se llamaba Simón el leproso. Debía haber sido alguien sanado de lepra, porque si hubiese estado enfermo de dicha lepra, no hubiese estado en la cena compartiendo con el resto. Y estando Jesús invitado allí, y quizás Simón fue uno de los leprosos sanados por Él, quizás esta cena es en honor a una sanación de ese tipo; no lo sabemos, pero es posible.
Estando Jesús allí, entonces entra una mujer, y ella entra con un frasco de alabastro lleno de perfume muy costoso de nardo puro, dice el texto. Este perfume, por la manera que es escrito en el lenguaje original, provenía de una raíz de una planta en la India. Y ese tipo de perfume de aroma era guardado en alabastro con un cuello largo que tú podías abrir o podías romper. En este caso, el texto nos dice que esta mujer rompió el alabastro. En otras palabras, ella no tenía la intención de volver a usar este frasco en nadie más, ni tenía la intención de guardar parte del perfume para otra persona, sino que ella lo rompió, y parece que su intención era exactamente eso: vertir todo su contenido sobre la cabeza de Jesús. Y un gil de la manera como lo hizo.
Este no fue poca cosa. Las mujeres no interrumpían reuniones o cenas donde prácticamente solamente los hombres estaban a solas, pero ella lo hace. Hay una interrupción de la cena; eso no era típico. Y mucho más aún, que ella se atreva no simplemente a interrumpir la cena de estos hombres, sino a acercarse a uno de ellos y ungirlo sobre su cabeza, teniendo un contacto físico que hubiese podido ser catalogado de escandaloso.
¿Qué hace que esta mujer se atreva a romper prejuicios sociales o normas sociales de la época? Ella se olvidó de los hombres alrededor de la mesa y se concentró solamente en la persona de Jesús, y eso es exactamente lo que Dios nos ha instruido hacer. Nosotros no podemos, no debemos estar pendientes del qué dirán de los hombres; nuestra preocupación debía estar en lo que Dios piensa. Ella sin lugar a duda sería criticada por los hombres, y lo fue, pero no por Dios.
Aquellos que le juzgaron y le criticaron la pusieron en el banquillo de los acusados y juzgaron las intenciones de su corazón, y al hacer eso se colocaron en lugar de Dios. Yo creo que esta mujer no solamente se olvidó del qué dirán de los hombres; ella se olvidó de sí misma para lograr llegar hasta allí y poder ungir a Jesús. Si su preocupación hubiese estado en los hombres, como normalmente es el caso, yo creo que ella no hubiese ungido a Jesús por temor a la condenación de los demás. Pero si su preocupación hubiese estado sobre sí misma, probablemente tampoco lo hubiese hecho por miedo a la vergüenza. Pero ella no estaba preocupada ni con los demás ni con ella misma, sino que su preocupación era Jesús.
Yo no sé si lo has pensado, pero la vergüenza es el fruto del orgullo humano. La humildad no conoce lo que es la vergüenza. La vergüenza es un temor, es una sensación que experimentamos cuando nos atemoriza que otros puedan descubrir que nosotros somos inadecuados para la tarea que sea. Es un temor que tiende a paralizar a los hombres. La humildad no pretende saber, la humildad no pretende que nunca puede fallar. Es solamente el orgullo que piensa de esa forma, y por tanto es el orgullo lo que hace que nosotros sintamos vergüenza de hacer cosas como las que esta mujer hizo.
Pero esta acción de parte de ella dejó claramente en evidencia cuánto ella le amaba. Y es precisamente nuestro amor por alguien que nos lleva a hacer cosas por ese alguien. Jesús lavó los pies de los discípulos, y el mismo Evangelio que nos dice tal cosa nos dice que Jesús amó a los suyos hasta el fin. Porque los amó hasta el fin, los lavó hasta el fin. Sus discípulos no estaban dispuestos a lavar sus pies; sus discípulos no estaban dispuestos a ungir a Jesús porque ellos no le amaron de la manera como debieron haberle amado, hasta el punto que ellos terminaron abandonándole en el momento en que Él más los pudiera necesitar.
Tú no abandonas a quien amas. Hasta los animales tienen dificultades en hacer eso. Recuerdo ver un documental donde esta elefante madre, en medio de una gran sequía, tenía un hijo pequeño. Estaba tan deshidratado que cayó al piso, y la manada ya se alejaba en busca de agua. Y la mamá, tú la veías con una asociación, con gran ansiedad, entre seguir a la manada o quedarse con su hijo. Seguir a la manada o quedarse con su hijo, y no sabía qué hacer.
Estos discípulos no tuvieron esa dificultad en determinar qué hacer. A la hora de la realidad, ellos abandonaron a su Maestro. María, su madre, aquella que le vio nacer, estaba al pie de la cruz. Tú no abandonas a aquellos a quienes tú amas; tú abandonas a quienes tú no amas. Y los abandonamos porque nos amamos a nosotros mismos más que a esa otra persona, y eso fue exactamente lo que Judas hizo. Y fue exactamente lo que sus discípulos hicieron, pero no esta mujer.
Quizás eso va revelando un poco el corazón de ella, la condición de su corazón. Quizás es lo que hace que Cristo dijera lo que dijo acerca de ella, donde aún no hemos llegado. Pero ahora yo quiero que tú compares el corazón de devoción de esta mujer con el corazón de aquellos que la vieron, la condenaron, la criticaron. Escucha cómo Marcos nos deja ver el corazón del uno y del otro.
En el versículo 4: "Algunos estaban indignados y se decían unos a otros: ¿Y para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?" Un desperdicio. La unción de Jesús no es más que un desperdicio, dice esta gente.
¿Por qué este perfume pudo haberse vendido? No, así no, debió haber sonado más como esto: "Este perfume debió haberse vendido por más de trescientos denarios y dado el dinero a los pobres". Y la reprendían. En otras palabras, esto no fue una simple consideración interna que ellos tuvieron; ellos la estaban reprendiendo después de haberse sentido indignados.
La pregunta es: ¿qué los indignó y qué nos indignaría a nosotros? Lo cierto es que muchas veces nosotros nos indignamos cuando vemos a otro hacer algo por Cristo, por su causa, por su iglesia, que nosotros no estaríamos dispuestos a hacer. Y en vez de decir: "Yo realmente no amo al Señor, no amo su causa, no amo su iglesia de la misma forma que esta persona lo hace", nosotros nos indignamos. Y condenamos a esa persona y la calificamos como ellos han calificado a esta mujer: de desperdiciar este dinero. Ellos no estaban dispuestos a ungir al Maestro, y mucho menos a gastarse esta cantidad de dinero. Y lo que revela que ellos no estaban dispuestos es que cuando otro lo hizo, ellos lo consideraron un desperdicio.
Y luego encontraron la justificación teológica para definir o justificar sus emociones y sentimientos. Así somos nosotros. Nosotros primero condenamos, o criticamos, o pecamos, y luego salimos a buscar aquí en algún lugar cómo justificar la indignación teológicamente, o mis sentimientos, o mis emociones después de haber pecado. Aquí está la explicación teológica: "Este perfume podía haberse vendido por más de trescientos denarios" —mayordomía— "y dado el dinero a los pobres" —misericordia—. Ahora tenemos toda una teología de mayordomía y misericordia.
Esto es lo que está saliendo del corazón de estos hombres. La respuesta suena piadosa, pero está saliendo de un corazón altamente pecaminoso, condenador, juzgador, que se ha colocado en la posición de Dios, que piensa que conoce la motivación del corazón del otro. Y por eso decía que si hay un texto que revela algo de la condición humana, es ese texto de Mateo. Nosotros podemos hablar muy piadosamente mientras todo el tiempo en nuestro interior tenemos consideraciones perversas. Y los que hablaron de esa manera pusieron de manifiesto qué clase de corazón ellos tenían.
Una vez más recuerda: nosotros pecamos, y luego que pecamos salimos a buscar la explicación teológica para justificar nuestros pecados ante los demás. Ellos pecaron de insensibles, pecaron de juzgadores, pecaron de idolatría en cierta manera porque se colocaron en lugar de Dios, pecaron por su falta de amor al Mesías, pecaron de diferentes maneras y encontraron una razón teológica. No era un buen uso de trescientos denarios. Un denario era el pago del salario de un día de trabajo; trescientos denarios era prácticamente el salario de todo un año. De manera que no era un buen uso gastarse trescientos denarios, casi todo un año de salario, en una sola acción, en un solo momento, sobre la cabeza de Jesús. Pero ellos, en este caso, justificaron sus sentimientos en un lenguaje que sonaba a mayordomía responsable.
Nosotros somos muy parecidos con nuestros pecados, con nuestros temores, nuestras inseguridades. Las experimentamos y luego buscamos la razón teológica y la hacemos sonar piadosa para quedar o sentirnos mejor, pero Dios conoce lo íntimo. A veces reaccionamos con nuestro orgullo, y luego de reaccionar pecaminosamente y orgullosamente, salimos a buscar la explicación teológica de por qué yo no he pecado de esa manera. Mientras más orgullo tenemos —y eso es algo que yo aprendí de mi propia vida— mientras más orgullo tenemos, más razones tenemos que dar. La humildad no es complicada, no es compleja, no necesita muchas razones.
Yo creo que si hubiese ido donde esta mujer, que nadie le preguntó, pero si hubiese ido y preguntado: "¿Por qué hiciste lo que hiciste?", en vez de concluir cuál era su motivación, hubiese sido mejor ir donde ella y preguntarle: "Mujer, ¿por qué haces lo que haces? ¿Qué te motivó? ¿Qué te llevó?". Probablemente hubiese encontrado o hubiese escuchado una respuesta sencilla y poco compleja: "Porque le amo, porque le agradezco, porque le amo y le agradezco por lo que me ha dado, por lo que representa". La realidad es que mientras más errados estamos, más palabras necesito para explicar algo; mientras más errados estamos, más palabras necesito para explicar mi error. Esta mujer hubiese dado una respuesta mucho más sencilla.
Ahí están ellos, ahí está ella, está la condenación. Me imagino cómo ella se debió haber estado sintiendo en ese momento. Y Cristo entonces sale a su defensa y dice: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Buena obra ha hecho conmigo, porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien, pero a mí no siempre me tendréis. Ella ha hecho lo que ha podido; se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura".
Lo primero que Cristo hace es preguntar a aquellos que la estaban condenando: "¿Por qué la molestáis?". Cristo reconoce que esto representa una molestia para una mujer que de manera genuina se ha acercado a ungirlo, y se ha acercado para ungirlo porque le ama. Y esa devoción que vemos en su persona no es más que el resultado de su amor. Devoción a Dios, por amor a Dios, es el título de mi mensaje.
Lo que ella ha hecho no es poca cosa. Recordemos que este es el año de la persecución de Jesús, y en el momento peor de ese año, cuando le estaban buscando para prenderle y matarle, ella se identifica públicamente con el Maestro. Ella estaba poniendo su vida en riesgo. Muchos son los que dicen tener convicciones, los que dicen creer de una manera, pero a la hora de expresarla públicamente ya no lo quieren hacer porque tienen temor, tienen miedo. Este no es el caso con esta mujer. Esta mujer no teme a nada, ella no teme perder su vida, y tiene una devoción por el Maestro tal que en el peor momento de ese año, en el momento en que él está a punto de perder su vida, ella se identifica públicamente con él en un lugar donde ella no debía haber estado. Si lo ungió como el Mesías, el texto no lo dice; si lo ungió como rey, el texto no lo dice. Probablemente simplemente lo ungió como una persona especial que ella había reconocido.
Lo primero que Cristo dice es: "¿Por qué la molestáis? Dejadla". Y lo segundo: "Buena obra ha hecho conmigo". Buena obra ha hecho conmigo. Es posible hacer buenas obras. A veces nos confundimos y decimos que como somos personas caídas, y como somos personas que tenemos el pecado que ha afectado todas nuestras capacidades, no podemos hacer buenas obras. Cristo dice: "Esto ha sido una buena obra que ella ha hecho". Nosotros hemos sido creados en Cristo Jesús precisamente para hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Y yo fui creado y posteriormente salvado para hacer buenas obras, las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para su gloria, para su honor, para que nosotros podamos expandir el satisfacer y que él quiere que yo ande en ellas. Yo puedo hacer buenas obras. Yo debo hacer buenas obras. Yo debo procurar hacer las obras buenas del Señor; para eso él me creó.
El autor de Hebreos en el capítulo 10, versículo 24, nos dice: "Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras". Yo debo estimularte a las buenas obras, tú debes estimularme a las buenas obras. Es un mandato del autor de Hebreos bajo inspiración del Espíritu que nosotros consideremos estimularnos mutuamente a las buenas obras.
Y aún más, cuando Pedro les escribe a sus seguidores en su primera carta, en el capítulo 2 versículo 12, les dice: "Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación". Pedro nos está diciendo que ahora nosotros tenemos la responsabilidad de caminar entre los gentiles de tal forma que ellos puedan ver incluso nuestras buenas obras. Y que al verlas, entonces, en el día de la visitación, ellos puedan considerar a Dios y glorificarle. Pero yo necesito hacer las buenas obras delante de los gentiles, que ellos entiendan que la motivación por la cual nosotros hoy la estamos haciendo es la gloria de Dios, de tal forma que el día que Dios les visite ellos puedan ver las buenas obras otra vez, y entonces, al verlas, puedan glorificar a nuestro Dios por ellas. Esta mujer ha hecho una de esas buenas obras preparadas de antemano para que ella anduviera en ella ese día.
Había otra buena obra que ellos podían hacer: ayudar a los pobres. Jesús no está en contra de eso; Jesús ayudó y alimentó a muchos de ellos. Jesús es lo que estaba tratando de ayudarles a entender: "A mí tú no me vas a tener permanentemente; a los pobres sí los tendrás. Dentro de tres días ya no estaré; ellos estarán. Como nosotros, tú quieres ayudarlos, en tres días tú lo puedes hacer. Ahora que estoy contigo, esta es la oportunidad que tú tienes para hacer algo en mi honra". Y esta mujer ha aprovechado, ha encontrado la oportunidad, ha aprovechado la oportunidad, y me ha ungido, y lo ha hecho justamente antes de mi muerte. Y obviamente ella no sabía que le estaba ungiendo para su sepultura, porque ella no era profeta, pero Jesús revela que justamente para eso ella lo estaba haciendo.
Jesús dice algo más con relación a esta mujer. Dice: "Ella ha hecho lo que ha podido". Y como que eso nos deja ver que si hubiese podido hacer más, hubiese hecho más. Ese es un buen momento para pausar y preguntarnos si yo hago por mi Dios lo que yo he podido, o yo hago por mi Dios lo que me es conveniente, lo que es fácil, lo que no me cuesta mucho esfuerzo, lo que no implica mucho sacrificio. ¿Hacemos lo que podemos o lo que nos acomoda? Cristo dice: "Ella ha hecho lo que ha podido". No sabemos de qué manera ella pudo comprar un frasco de perfume tan caro. Quizás fue uno de esos perfumes que pasaban de generación en generación y su costo aumentaba con el tiempo, no sabemos. Pero ciertamente, si era una mujer de escasos recursos, probablemente era un perfume que había pasado de generación en generación y ahora tenía todo ese valor.
Él no valoró solamente la acción, valoró el corazón detrás de la acción, y valoró incluso más el corazón que la acción misma. Cuando dice el versículo 9: "Y en verdad os digo, dondequiera que el Evangelio se predique en el mundo entero, también se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya." Es un versículo increíble. Dondequiera que se predique este Evangelio en el mundo entero: República Dominicana, Venezuela, Brasil, Norteamérica, Europa, África, Asia, Oceanía, en cualquier lugar, esta historia va a ser contada.
Yo no esperaba esta frase ahí. La leí varias veces: "para memoria suya." La frase que cabría realmente ahí es "para memoria mía." Él es el único digno, el único digno de honor y gloria. Pero Cristo está diciendo que ella ha hecho algo que es considerado tan extraordinario en este momento, que él quiere que la recordemos, que la recordemos a ella. Y la pregunta es: ¿cómo es que él quiere que yo la recuerde a ella cuando él es el único digno de honor y gloria, y a quien ella estaba honrando en ese momento? Una vez más: "También se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya." ¿Qué acerca de esta mujer Cristo quiere que yo recuerde? Porque es para memoria suya que se va a contar la historia.
Yo creo que lo que Cristo está ayudándome a entender es que la devoción exhibida por esta mujer a favor de su persona, en un momento tan difícil como este, lo hizo por la calidad del amor que existía en su corazón hacia él. Y que él quiere que yo recuerde ese ejemplo, esa vida, para que me sirva a mí de ejemplo de cómo yo debiera expresar también mi devoción hacia él, producto de un fruto del amor hacia él. Amar a Cristo a su paso por la tierra fue algo extraordinario, pero amarlo en su peor momento fue algo que implicaba una verdadera y genuina devoción a su persona.
Cristo sale en su defensa, y Cristo sale en su defensa precisamente porque conocía la condición de su corazón. "Ella me está ungiendo para mi sepultura. Ella no lo sabe, pero estoy a punto de morir. Lo que yo sí sé es que ella me ama, y por eso expresa la devoción que ha expresado." Ella amó a su Raboni, como dirían en arameo, hasta el final también.
Es el amor que ella tenía por Jesús que la lleva a identificarse con él públicamente en uno de los peores momentos. Es el amor que ella tenía por él que la lleva a romper algunas de las normas sociales de la época. Es el amor que ella tenía por él que la lleva a sacrificar quizás lo más costoso que ella tenía en toda su vida. Es ese mismo amor que la lleva a vencer su temor. Yo no creo que ella entró a ese lugar sin temor; yo creo que ella entró con temor y temblor. Quizás entró con un poco de vergüenza, pero su amor por Jesús venció una cosa y venció la otra: venció su temor y su vergüenza potencial. Fue ese mismo amor que ella sentía por él que la llevó a exponerse a la crítica y a la condenación, como en efecto la sufrió. Y ese mismo amor que sentía por su Maestro la llevó a arriesgarse a que ella pudiera haber sido removida incluso físicamente del lugar, porque no le correspondía estar allí. Pero el amor y la devoción por Dios hacen esas cosas.
Escúchenme: la calidad de tu vida cristiana y nuestra entrega a Dios y a su causa, la calidad de mi vida cristiana y entrega a Dios y a su causa, están directamente relacionadas de manera proporcional a nuestro amor por él. Cada vez que mi entrega a Dios está mermando es porque mi amor por él ha comenzado a mermar. Cada vez que la calidad de mi vida cristiana ha comenzado a enfriarse es porque mi amor por él se ha enfriado primero. La iglesia de Éfeso fue aplaudida por Jesús en Apocalipsis por varias cosas, pero él tiene algo contra ella, y es que perdiste tu primer amor. Y cuando yo pierdo el primer amor, yo pierdo mi primera devoción.
Y la realidad es que lo que interfiere con la calidad de mi vida cristiana y mi devoción a Cristo es que, si somos sinceros, muchas veces nosotros nos amamos a nosotros mismos más que a Dios. Amamos nuestros proyectos y sueños más que sus planes para conmigo. Amamos nuestras cosas más que sus bendiciones. Amamos nuestros hijos más que a Dios mismo. Amamos nuestras empresas más que a su iglesia. Amamos nuestras empresas más que la Gran Comisión. Y todo eso interfiere con mi amor y devoción hacia Dios y todo lo que tiene que ver con él.
En el caso de esta mujer no fue así. No hubo nada que pudiera interferir con su amor y devoción. El hecho de que estos hombres estén reunidos no va a impedir que yo vaya y exprese mi devoción a Jesús. El hecho de que esto no se permita socialmente no va a impedir que yo vaya y exprese mi amor y devoción a Jesús. El hecho de que ellos quieran criticarme no lo va a impedir. El hecho de que yo me sienta un tanto intimidada, atemorizada y con cierto grado de vergüenza tampoco lo va a impedir. El hecho de que este perfume tan caro es todo lo que yo tengo no lo va a impedir. El hecho quizás de que esto ha pasado de una generación a otra a través de mi familia, lo mejor que tengo, eso, si fue así, tampoco lo va a impedir. No hay nada que va a impedir mi devoción a Dios porque mi amor por él está primero, y mi devoción es el fruto de mi amor hacia él.
Mientras eso está ocurriendo, mientras él está haciendo un elogio de una manera genuina y verdadera por esta mujer, al mismo tiempo, Judas Iscariote —versículo 10— que era uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregarles a Jesús. Cuando ellos lo oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo entregarle en un momento oportuno.
La naturaleza de la condición humana: ella lo unge, Judas lo traiciona y lo vende. Ella lo ama, Judas lo odia. Ella gasta dinero en el Maestro, Judas hace dinero con el Maestro. ¿Tú puedes creer eso? Ella buscó un momento oportuno para ungirle, Judas buscó un momento oportuno para venderle. Ella se entrega y él lo entrega. Él está dentro, ella está fuera. Él es del círculo íntimo, ella es del círculo exterior. Ambas personas escucharon probablemente mensajes similares. Ambos vieron o les contaron de milagros similares. Uno reacciona de una manera, el otro reacciona de otra manera. Ella no calcula el costo para gastarlo en ungir a su Maestro; él calcula el costo para entregarlo: treinta monedas de plata.
Los principales sacerdotes, ellos no estaban esperando esta salida de parte de Judas. Cuando Judas se presenta a ellos y les hace una propuesta, un trato, ellos probablemente se sorprendieron. Pero sería el plan ideal: que uno de los suyos saliera de adentro de su círculo íntimo y fuera y lo vendiera, porque esto convencería a todo el mundo de que realmente Cristo era un farsante. Alguien que lo había conocido por tres años podía testificar de que no valía la pena seguirlo ni creer en él. De manera que yo no hubiese podido imaginar una trama mejor. Sin lugar a duda se sorprendieron que hubiese resultado de esa manera.
La pregunta es: ¿por qué Judas va y entrega a Jesús? El texto no nos dice con claridad si Judas se desilusionó, no con Jesús, sino con el proyecto de reinado; si él se percató realmente de que esto no iba para ninguna parte, por lo menos en la dirección en la que lo hubiese querido que fuera. El texto no nos dice eso. Pero lo que sí el texto nos deja ver, cuando Judas se pone de acuerdo en entregarlo por treinta monedas de plata, es que ciertamente, como dicen en inglés, "money talks": el dinero habla. Y el dinero le habló a Judas, y el dinero sigue hablando hoy.
A mucha gente comprometemos valores por dinero. Defendemos una convicción que tenemos hasta que llegamos a una encrucijada donde una acción no legítima me va a ahorrar algo de dinero, y entonces cruzamos la línea. Judas estuvo de acuerdo en la entrega de Jesús por treinta monedas de plata. Ella ha gastado probablemente todo lo que tenía sobre la cabeza de Jesús; Judas entregó la cabeza de Jesús por dinero. ¿Tú puedes creer eso?
¿Qué hace que dos discípulos entrenados por un mismo maestro, oyendo mensajes similares, viendo cosas similares, viendo y conociendo a personas que fueron sanadas, que experimentaron milagros por Jesús, uno le ame y el otro le entregue, una le unja y el otro lo venda? El texto no nos dice con claridad, pero hay algo que tú necesitas entender: la prueba del tiempo es vital en la vida cristiana. La vida cristiana no es una carrera de cien metros ni de cuatrocientos metros; es un maratón de toda la vida, y en los maratones hay obstáculos.
Algunos quizás han sido puestos ahí a propósito. Les he hablado en otra ocasión que he leído acerca del maratón de Boston, que en la milla diecinueve de las veintiséis tiene una subida que es conocida como "Heartbreak Hill," o la subida rompecorazones. Y aquellos que han pasado por allí dicen que si tú cruzas esa subida, ya tú has llegado al final del maratón, porque muchos son los que se quedan allí. En la vida cristiana, en el maratón, hay subidas que rompen corazones.
Y la prueba del amor genuino del discípulo por su Maestro es que, a lo largo del maratón, cuando las ofertas aparecen, él o ella abraza a su Maestro y deja a un lado la oferta. La prueba de un amor fingido o de un discipulado fingido es que cuando las ofertas aparecen a lo largo del maratón, el discípulo abraza la oferta y deja a su Maestro. Eso es exactamente lo que Judas hizo. No es lo que esta mujer hizo. No es lo que eventualmente los otros once hicieron, que parecía que quizás iban a hacer algo similar al abandonar a Jesús, pero luego, por la misma gracia de Dios, regresan y abrazan el discipulado que el Maestro les ofreció desde el primer momento.
La prueba del tiempo es vital en el discipulado de la vida cristiana y en el maratón cristiano. La prueba de un amor genuino es la perseverancia en el camino. De ahí la enseñanza de la Palabra: los que perseveren hasta el fin serán salvos. Esta mujer, no sabemos cuándo ella comenzó en su discipulado con el Maestro, pero estuvo ahí hasta el fin. Cuarenta y ocho horas antes, ella estaba ungiendo a Jesús, demostrando su amor por él.
Pero escúchenme: la única manera como tú puedes crecer en amor hacia Cristo es contemplándolo.
Es como aquellos que aman las flores y cuidan de ellas, que muchas veces llegan a amar estas flores porque todos los días, aparte de echarle agua y regarla y demás, la ven, y ven sus colores, y ven sus pétalos, y ven cómo se mueven con relación a la posición del sol, y crean un amor extraordinario al contemplar sus flores. De esa misma manera, si tú quieres verdaderamente amar a Jesús de una forma que tú puedas tener una gran devoción por Él, tú tienes que contemplarlo. Pero el único lugar donde tú puedes contemplarlo es en la revelación de Su Palabra. Es aquí donde Dios ha puesto de manifiesto toda la hermosura de Su Hijo para que tú y yo lo podamos contemplar, y al contemplarlo crezcamos en amor por Él, y al crecer en amor por Él podamos tener devoción por Él.
Pues es aquí donde está, no está en ningún otro lugar, no está en las experiencias. Yo no veo la hermosura de Jesús en mis experiencias humanas; yo veo la hermosura de Jesús en la revelación de Su Padre. Y es aquí, es aquí donde tú contemplas el rostro. Y luego Pablo nos dice que nosotros somos transformados de gloria en gloria como por el Señor, al contemplarlo a Él como en un espejo.
Esta mujer tuvo la oportunidad de contemplar al Maestro. No sabemos por cuánto tiempo, por un tiempo, y al contemplar Su hermosura, Su belleza, le amó. Al amarlo, le ungió, le honró. Y de esa misma manera tú y yo tenemos que crecer en amor por Él para ungirlo en nuestro corazón, en nuestra mente todos los días, y darle la gloria debida a Su nombre.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en Su Palabra.