En las décadas de 1970 y 1980 existía un fervor notable por la segunda venida de Cristo; hoy, esa expectativa parece haber perdido fuerza. Muchos creyentes expresan deseos de casarse o ver a sus nietos antes de que el Señor regrese, como si los gozos terrenales superaran la gloria venidera. Sin embargo, la Escritura dedica una atención inmensa a este tema: uno de cada treinta versículos del Nuevo Testamento se refiere al retorno de Cristo, y por cada profecía sobre su primera venida hay ocho sobre la segunda. Los profetas del Antiguo Testamento, el Señor Jesús y los apóstoles hablaron con una sola voz sobre este día.
Los falsos maestros que Pedro confronta en su segunda carta niegan esta promesa con sarcasmo, preguntando dónde está la venida prometida si todo sigue igual desde la creación. Pero ignoran deliberadamente el registro bíblico: Dios ya irrumpió en la historia al crear el mundo de la nada, y lo hizo nuevamente al destruirlo con el diluvio. El próximo juicio no será global sino universal; los cielos y la tierra actuales están reservados para el fuego.
¿Por qué no ha venido aún? Porque Dios vive fuera del tiempo y porque es paciente, no queriendo que nadie perezca. Pero ese día llegará como ladrón: los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos se desintegrarán con fuego intenso. Para quienes han creído, será el fin del dolor, las lágrimas y la muerte; para quienes no, el comienzo de la muerte segunda. En vista de que todas estas cosas han de ocurrir, Pedro pregunta: ¿qué clase de personas deberíamos ser en santa conducta y piedad?
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Y quiero invitarte, al igual que el domingo pasado, a ir a la segunda carta del apóstol Pedro, a aquellos que estaban dispersos en diferentes lugares del imperio romano, probablemente en el noreste de lo que hoy es Turquía.
Mi mensaje en esta mañana ha sido titulado "El día del Señor", y el título solo debiera, no estoy diciendo que lo hará, pero debiera despertar un gran interés. En la década de 1970 y 80 había mucho ánimo, interés, mucho fervor acerca de que Cristo vendría, y había letreros por todos lugares: "Cristo viene, Cristo viene", y como que era la doctrina de moda de aquel entonces. Pero como que eso pasó de moda. Hoy en día muchos se han relajado, se han acostumbrado, se han entretenido, de tal forma que hablar del día del Señor, el día de su regreso, su segunda venida, no es algo que necesariamente entusiasma a muchos. Si estuviéramos en los 70 u 80 al anunciar cuál es el título del mensaje, probablemente hubiese habido una cierta algarabía entre los presentes, pero esta es otra época.
Y a veces oímos a personas, hemos oído más de una vez a personas decir: "Pastor, yo quisiera que el Señor venga, pero yo quisiera casarme primero". En otras palabras, el gozo de estar casado no se compara con la gloria que ha de venir. O "yo quisiera ver a mis nietos antes de que el Señor regrese", porque no hay manera de que yo pueda tener gozo como el que los nietos me podrían dar. Y expresamos con eso una enorme incredulidad acerca de lo que está de aquel lado de la eternidad. Es como si quisiéramos de nuestro Señor que prestara atención a nuestros programas individuales y que Él ajustara su programa al nuestro, de manera que yo pudiera realizar el mío de este lado y luego entonces yo comenzar a realizar el suyo de aquel lado. Pero yo decía que a la luz del Nuevo Testamento la realidad es que debiéramos prácticamente levantarnos todos los días pensando: "Podría ser hoy el día del Señor. Podría ser hoy el día en que yo vea a mi Dios cara a cara".
Y recuerdo estar en un avión, no voy a dar algo de detalle, con mi esposa, y entramos en turbulencia. Veníamos de Cuba, algunos desconocen la historia, y bueno, ocurrió algo: el avión bajó, los motores descendieron de su ruido normal, la velocidad cayó y se oyó un gran ruido afuera como de algo que estaba suelto. Yo pensé que fue por lo menos uno de los motores del avión, y yo me volteé para donde mi esposa, la vi más o menos tranquila, pero estaba justo a punto, cuando se calmó el avión, de decirle: "Vamos a ver a nuestro Señor". Y realmente debiéramos tener esa garantía y debiéramos tener ese interés por conocer un poco más acerca de lo que ha de venir, pero el interés en la escatología, las últimas cosas, ha descendido enormemente.
Yo escuché en una ocasión a un líder internacional que yo incluso respeto, hablando de las últimas cosas, y me decía: "La verdad que no me importa". ¡Ay! "No me importa". Literalmente me dijo: "No me importa". Yo decía: "Wow, no parece que amas la Biblia tanto como dices, si veo que las han dado. Hay una parte de la Biblia que yo creo que no has entendido". Y uno de cada treinta versos del Nuevo Testamento se refiere a la segunda venida. Eso es como simplemente un aperitivo de todo el resto que te voy a decir.
Más de un cuarto de la Biblia es profecía predictiva de cosas que van a venir, y de ese número de profecías predictivas un tercio tiene que ver con la segunda venida de nuestro Señor. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están llenos de promesas acerca de que Cristo regresará, tanto el Antiguo como el Nuevo. Más de mil ochocientas referencias aparecen en el Antiguo Testamento acerca de la segunda venida, y diecisiete de los libros del Antiguo Testamento hacen prominente el tema. No es simplemente que lo mencionan, es que adquiere prominencia. En los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento, diecisiete le dan prominencia a este tema.
De los capítulos del Nuevo Testamento, doscientos sesenta capítulos, hay más de trescientas referencias al regreso del Señor, con uno de cada treinta versos, como ya mencionamos, que tiene que ver con dicho día. El Nuevo Testamento tiene veintisiete libros, veintitrés de los libros hacen referencia al retorno de Cristo. Los otros cuatro son tres cartas personales, como la de Filemón, y el otro es la carta a los Gálatas, que tiene algo que tú puedes inferir acerca de dicho retorno.
Por cada profecía, escucha, por cada profecía sobre la primera venida de Cristo, que es la venida que nos da salvación, hay ocho acerca de la segunda venida. Por cada profecía de la primera venida hay ocho acerca de la segunda venida. Y eso tiene todo el sentido del mundo, porque en la primera venida Cristo apenas inauguró su reino. Hay una inauguración, más o menos. En la segunda venida Él viene a instaurar su reino en plenitud. De manera que ahora conocemos en parte y vemos en parte, pero entonces conoceremos completamente y veremos completamente.
Nosotros debiéramos escudriñar aquellas cosas que Dios se molestó en revelar, porque no es posible que le estemos diciendo a nuestro Dios: "Gracias por molestarte en revelar estas cosas con tantos detalles, pero la verdad que no me interesa; la vida de este lado de la eternidad me tiene más entretenido que lo que aquello pudiera hacer". Y yo creo que ahora, al final de año, puede ser un buen tiempo para rumiar un poco, para buscar en la Biblia aquellas cosas que quizás yo no me he detenido a pensar.
Y con eso como introducción, yo quiero leer entonces contigo del capítulo 3 de la segunda carta de Pedro, los primeros diez versículos, para darle continuidad en el próximo mensaje a este tema.
Versículo 1: "Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento, para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles. Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores con sus sarcasmos, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: '¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación'. Cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existen desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua. Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. Pero amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas".
Tú puedes mirar a tu alrededor, tú puedes mirar los grandes edificios, te puedes ir a grandes urbes: Nueva York, Londres, París, Tokio, Dubái, donde la gente viene y describe grandes estructuras. Todo eso será quemado. Puedes ver tus cuentas de banco: serán quemadas. Puedes ver tus carros: serán quemados. Tus residencias: serán quemadas. Nada será dejado. No sé si eso te anima, pero la razón por la cual me anima es porque será quemado para yo entrar a un mejor lugar con mejores cosas. Esa es la gran diferencia entre el aquí y ahora y el allá y después.
Este es el quinto mensaje de nuestra serie, y en esto Pedro ha estado batallando en contra de los falsos maestros que se han levantado dentro de la iglesia y que han buscado una estrategia de cómo diluir o negar, contradecir el mensaje que ya ellos habían aprendido. El capítulo anterior, para aquellos de ustedes que no estuvieron, Pedro estuvo atacando de manera frontal la conducta, y no solamente la conducta, sino también el carácter de los falsos maestros. Y decíamos que el capítulo 2 de esta carta de Pedro contiene algunas de las palabras más severas en contra de dichos maestros, y que si tú las puedes rumiar bien y meditarlas bien, son palabras que debieran erizar tus pelos, ponerte los pelos de punta. Algunas de esas palabras contienen advertencias que tú no encontrarás de manera similar en ningún otro libro o carta del Antiguo o del Nuevo Testamento, hasta el punto que Pedro llama a estos falsos maestros, o los compara, con animales irracionales que, no conociendo las cosas que acaecen a nivel de las huestes espirituales de maldad, se atreven a maldecirlas, a blasfemarlas.
Pero esta vez Pedro, más que atacar el carácter y la conducta de los falsos maestros, lo que está tratando de hacer es atacar la enseñanza, o por lo menos esta enseñanza, en este grupo de hermanos entre ellos, que estos falsos maestros están logrando introducir. Y Pedro está tratando de mostrar cómo ellos están negando la posibilidad de que Cristo pudiera retornar. Y la verdad es que si tú logras convencer a alguien de que Cristo no regresa, lo has convencido de que no habrá juicio, y si no habrá juicio, lo habrás convencido de que él puede vivir libertinamente.
Y si hay algo que queda claro en el versículo 11, que no lo vamos a cubrir hoy, es que Pedro nos dice que en vista de que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, escucha, qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad. Pedro entiende que la realidad de que hay un juicio que viene debe ser una motivación para el cristiano para vivir piadosamente y con una conducta santa, de forma que cuando nosotros no vivimos de esa manera estamos completamente contradiciendo lo que Dios ya ha revelado. Nosotros debiéramos brillar como luminares en un mundo oscuro, precisamente como testimonio de todo lo revelado en la Palabra. Y a eso es que se refiere el apóstol Pedro.
El primer mensaje de esta serie lo titulamos "La importancia de recordar lo aprendido", y Pedro vuelve otra vez a hablar de la necesidad de recordar. La razón es que Pedro está haciendo eso porque sabe que hay verdades que tú las aprendes tempranamente en la vida cristiana y que con el tiempo, como que aquellas pierden su brillo, pierden su peso, como que pasan a un segundo plano. Y lamentablemente esa misma verdad que antes me animaba a vivir piadosamente ya no tiene la misma fuerza para frenar mis impulsos carnales, mis pasiones de este lado. Es por eso que Pedro vuelve otra vez a recordar la importancia, o a mencionar la importancia de recordar lo aprendido. Y eso es lo que yo quiero que veamos en primer lugar: la importancia de recordar y de afirmar lo que Dios ha revelado, incluyendo aquellas cosas que aún están por venir.
Nota cómo Pedro hace el énfasis. Primero, 2 Pedro 3:1-2: "Amados, esta es la segunda carta que os escribo, en las cuales" —escucha— "como recordatorio" —no les hace nada nuevo, estoy recordando— "como recordatorio despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento." ¿Para qué? Tú quieres que yo tenga un entendimiento sincero para que recordéis —ahí está la palabra otra vez, esta es la quinta vez en tres capítulos que Pedro les dice "tienen que recordar"— "para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles."
Pedro comienza la carta llamándoles hermanos, o amados más bien. Esa es una buena palabra, porque si hay algo que debiera distinguir a la persona que ha nacido de nuevo es el amor que debe tener por aquellos que también han nacido de nuevo, porque habrán sido hechos hermanos con él en Cristo. Pedro usa la palabra más de una vez, de manera que él volvió a llamar a estos seguidores "amados", y entonces les recuerda por qué él está escribiendo esta segunda carta: "Yo tengo el deseo de despertar en ustedes un entendimiento sincero."
No sé cuánto usted recordará, porque lo hemos enseñado ya hace un tiempo atrás. La palabra "sincero" en el original tenía que ver con estas vasijas de barro que se fabricaban, que con el tiempo se cuarteaban, y entonces les ponían cera para cubrir la cuarteadura, y entonces la pintaban, y tú la comprabas como si nunca hubiese cuarteado. Y los vendedores honestos le ponían "sin cera". Ya ahí viene: sin cuarteaduras. Entonces Pedro dice: "Yo quiero despertar en ustedes un entendimiento que no tenga cuarteaduras, que sea sincero, que sea claro." Un entendimiento que sea tan claro que sea capaz de producir en ustedes un cambio en su estilo de vida, porque aprender nuevas verdades o recordar verdades viejas que no van a tener ningún impacto en mi estilo de vida no tiene ningún sentido. Mejor ni las aprendamos ni las recordemos. Eso es lo que Pedro se está refiriendo.
Y él dice que les está trayendo esto a manera de recordatorio, y vuelve e insiste: "Para que recordéis las palabras dichas de antemano." ¿Dichas por quién? Se dice quiénes: los santos profetas, por el mandato del Señor Jesucristo, y por vuestros apóstoles. Tres fuentes distintas de autoridad que representaron tres períodos diferentes en la Biblia: los santos profetas, Antiguo Testamento, una gran parte del Antiguo Testamento; el Señor Jesucristo, la primera parte del Nuevo Testamento; y luego los apóstoles, la última parte del Nuevo Testamento. Con lo cual Pedro estaba mostrando la unidad de toda la Biblia con relación a este tema que él está hablando.
Y eso era importante y sigue siendo importante. Los falsos maestros estaban tratando entonces de desacreditar la enseñanza de los santos profetas, del Señor Jesucristo y de los apóstoles. ¿Por qué? Si tú estudias la historia bíblica, si tú estudias la historia de la humanidad, tú encuentras cuán predictiva es la conducta del pecado. Ya he anunciado en otros círculos que yo creo que en los próximos años me encantaría producir un libro que se llame "La anatomía y la fisiología del pecado": la estructura y el funcionamiento del pecado, para que podamos ver que la conducta del pecado es predecible, como si tú fueras un profeta. Es idéntica.
Entonces, con relación a esto que estoy hablando, esta es la estrategia que tú la ves a lo largo de la historia bíblica y a lo largo de la historia de la humanidad: si yo quiero desacreditar, si yo quiero que tú no le prestes atención a lo que alguien enseña o a su testimonio, la estrategia es primero desacreditar al mensajero. Si tú desacreditas al mensajero, cuando el mensajero hable tú habrás desacreditado su mensaje. Y eso es lo que estos falsos profetas están tratando de hacer. Estos falsos maestros o falsos profetas están diciendo: "Esos santos profetas, ellos hablaron basura, cosas que nunca han ocurrido. El Señor Jesucristo no era tal Señor. Los apóstoles hablaron de su propia cuenta." De manera que cuando tú leas ahora lo que ellos dijeron, o que ellos revelaron, o que escribieron, no le prestes atención, no es verdad. Y tú ves eso una y otra vez, una y otra vez. Esta gente tenía una desviación de su conducta tal que Pedro les dijo en el capítulo anterior: "Atrevidos y obstinados." Son los que están tratando de desacreditar a los profetas, a Jesucristo y a los apóstoles.
Muchos de los profetas del Antiguo Testamento anunciaron la venida del Señor Jesucristo. E Isaías, por uno, habla del día del Señor: capítulo 2 del día, capítulo 13, capítulo 3 del día, capítulo 16. Jeremías habla de la venida del Señor; en el capítulo 30:7 habla de que ese día será día de angustia para Jacob. Daniel, capítulo 12, versículo 1, dice que ese será un tiempo de angustia cual nunca hubo desde que existen las naciones. Joel habló de la primera venida, habló de la segunda venida. Amós, Sofonías, Zacarías. Ahora, Isaías ha sido considerado como el profeta mesiánico que le dedicó mucho tiempo a hablar de la primera venida de Cristo.
Escucha cómo él toma el capítulo 24, y yo te voy a leer solamente una porción de seis versículos de cómo él describe el día del Señor. Y nuevamente, si tú te colocas en la tierra en ese momento y escuchas con detenimiento, y puedes como imaginarte lo que está pasando, yo creo de nuevo que tus pelos debían como erizarse. Y aquí: "El Señor arrasa la tierra, la devasta, trastorna su superficie y dispersa sus habitantes. Le sucederá lo mismo al pueblo como al sacerdote" —porque ya se comportan igual, el pastor y el pueblo se comportan igual— "al siervo como a su amo, a la doncella como a su ama, al comprador como al vendedor, al que presta como al que toma prestado, al acreedor como al deudor." Todos se comportan de la misma manera, no hay diferencia. "La tierra será totalmente arrasada y completamente saqueada, porque el Señor ha dicho esta palabra. De duelo y marchitada está la tierra, el mundo languidece y se marchita, languidecen los grandes del pueblo de la tierra. También la tierra es profanada por sus habitantes, porque traspasaron las leyes, violaron los estatutos, quebrantaron el pacto eterno. Por eso una maldición devora la tierra y son tenidos por culpables los que habitan en ella. Por eso son consumidos los habitantes de la tierra y" —escucha— "pocos hombres quedan en ella."
La tierra ha sido profanada y como consecuencia ahora ha sido arrasada. Y si bien es cierto que nosotros como creyentes no esperamos ser de los que reciban dicho juicio, pudiéramos estar presentes en el momento en que llegue un juicio como tal. Pero por lo menos también nos puede quedar en la mente como aplicación que nosotros, que somos hijos de Dios —porque este es al pueblo de Dios que le están hablando— nosotros que somos hijos de Dios debiéramos cuidar de no profanar la ley de Dios, de no profanar las ordenanzas de Dios, las leyes. Como dice, las leyes fueron violadas precisamente para que el nombre del Señor no sea profanado entre los incrédulos y que pueda haber un testimonio creíble de que estas cosas van a suceder. Pedro, tan pronto anuncia la destrucción de todo el universo, dice: "En vista de que todas estas cosas van a ocurrir, ¿qué clase de personas deberían ser? Personas que viven en santa conducta y en piedad."
En el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo habló de esto. Le dedicó dos capítulos, el 24 y el 25 de Mateo, a hablar de esto. Si quiero leer una sola porción de cómo Él habló de este día. Mateo 25, versículos 31 al 34: "Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas delante de Él todas las naciones." Todo el mundo ha de ser juzgado. "Y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Entonces el Rey dirá a los de su derecha, las ovejas: 'Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde antes de la fundación del mundo.'" Venid, benditos de mi Padre, a un reino que mi Padre preparó desde antes de que el mundo fuera fundado. El mundo no existía y había un reino futuro que no existía, el reino futuro que ya Dios había preparado para cuando Adán y Eva y sus descendientes surgieran, y Cristo pagara por ellos, y eventualmente entraran en gloria, pudieran entrar en ese reino. Eso es a los de la derecha.
Pero aquí, al lado izquierdo, hay otro grupo. Versículo 41: "Entonces dirá también a los de su izquierda: 'Apartaos de mí.'" ¿Cuál es el antónimo de bendito? Malditos. "Al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles." Yo decía que si yo no hubiese leído la Biblia, jamás me hubiese imaginado que de los labios de Jesús pudiera salir la palabra "maldito". Tampoco hubiese podido imaginar que el mismo lugar para el diablo y los demonios es el lugar de los hombres incrédulos. Eso debe por lo menos llamarnos a la sobriedad; es un lenguaje extremadamente severo.
Pablo habla de ese día cuando les escribió a los tesalonicenses en su primera carta, capítulo 5. Pablo habla de ese día cuando les escribe en la segunda carta a los tesalonicenses, capítulos 1 y 2.
Juan describe cosas, eventos cataclísmicos cuando habla en Apocalipsis del capítulo 6 al 19. Son días terribles de juicio, de angustia. Ese es el día que los falsos profetas no quieren que la gente crea, porque si no hay juicio, no hay razón para vivir en santa conducta y piedad.
En manos, en vista de lo que Pedro dice, como todas estas cosas han de ocurrir, deberíamos vivir en santa conducta y piedad. Hay algo que nosotros pudiéramos decir entonces de manera práctica: no juguemos con el pecado. David pasó por la experiencia y luego vinieron las consecuencias sobre él, sobre sus hijos. En consejería me toca decir de vez en cuando: "Hermano" o "hermana", si es una pareja, "no han hecho esto, ni han hecho esto, ni han hecho esto. Si no lo quiere hacer por el Señor, si no lo quiere hacer por ti, yo te ruego que lo haga por tus hijos." Y la historia de David es un buen ejemplo para recordar, ¿no? Porque está en la Palabra. Honra a tu Dios, honra a su verdad, por amor a Él, por lo menos por amor a tus hijos.
Punto número dos: Pedro entonces les declara en qué consiste la herejía de sus días, versículos 3 y 4. "Ante todo sabed esto, que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación."
La frase "los últimos días", cuando tú lees en Hebreos, el autor se refiere a los días inmediatamente después de la resurrección de Cristo. Ahí comienzan los últimos días, de manera que Pedro escribió en los últimos días, nosotros estamos viviendo todavía en los últimos días. En estos últimos días se levantarían, una de las señales de que estamos en los últimos días es que se iban a levantar burladores de la segunda venida de Cristo. Y al burlarse lo iban a hacer con sarcasmo. Una cosa es que yo tengo cierto escepticismo de si Cristo vuelve o no vuelve, lo cual estaría muy mal, pero otra cosa es que cuando yo me refiero al evento yo me burle de él y yo use la burla con sarcasmo.
El problema es que quienes hacen eso son apóstatas, y el apóstata es alguien que ha llegado a ser dominado por el deseo de la carne. Y por eso decíamos el domingo anterior de los falsos maestros apóstatas, por supuesto, que una de las cosas que tú tienes que ver, analizar, es el manejo que los falsos maestros le dan al dinero, al sexo y al poder. Y hablamos de eso ampliamente la semana pasada y lo ilustramos perfectamente a partir de la Biblia.
Las pasiones temporales se los han dominado, y eso es de lo que se trata. Esta gente burlona, sarcástica, están dominados por el pecado, y la manera como hacen la pregunta lo expresa, parte de su sarcasmo: "¿Dónde está la promesa de su venida?" La realidad es que nada ha cambiado, desde que los padres durmieron todo sigue igual. "Yo no veo que haya ocurrido nada, yo no veo los juicios de Dios, ¿de qué es que tú me estás hablando?" Porque los falsos maestros se saltan intencionalmente las porciones de la Biblia que a ellos no les interesan, que pudieran contradecir lo que ellos están diciendo.
Pedro entonces, como punto número tres, lo que hace es que enfrenta a sus opositores con el registro bíblico. La semana pasada enfrentó su conducta y enfrentó su carácter; esta semana él está enfrentando la falsa enseñanza con el registro bíblico. Pedro cree la Palabra y usa la Palabra como su defensa. Y lo primero que Pedro hace es que se refiere a la creación, y te lo muestro ahora.
En otras palabras, no me digan que las cosas han continuado igual desde el principio, porque hubo un momento en que no había nada, había un vacío, y en ese momento Dios habló y las cosas fueron creadas. De manera que Dios irrumpió en la historia, cambió la historia con la creación, de manera que las cosas no han seguido igual.
Mira cómo Pedro dice esto en el versículo 5: "Pues cuando dicen esto no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios." No prestan atención al hecho de que la palabra de Dios estableció la tierra, que la hizo surgir de las aguas y que está establecida entre las aguas, y cómo lo hizo por la palabra de Dios. Ellos niegan el registro bíblico de la creación.
Pero entonces el mundo se corrompió, y como el mundo se corrompió, lamentablemente la corrupción fue tan profunda, tan extensa, tan global, que Dios tuvo que destruir el mundo. Y Pedro está diciendo que también están ignorando que hubo un diluvio. Versículo 6: "Por lo cual el mundo de entonces fue destruido siendo inundado con agua." No me digan que las cosas siguen igual. Incluso la edad de las personas cambió después del diluvio, la superficie de la tierra cambió, la capa de agua que había cayó. Ya nosotros no vivimos en el mismo mundo, de manera que ustedes están ignorando la revelación de Dios, el registro bíblico, para entonces poder hablar de la no existencia de una segunda venida.
Bueno, nosotros pudiéramos decir: "Bueno pastor, yo no soy maestro, mucho menos un falso maestro, yo no estoy negando la segunda venida." Pero ¿de qué manera yo pudiera pensar, cómo nosotros pudiéramos negar parte de la revelación de Dios? Bueno, cuando nosotros entramos en la práctica del pecado —nota que no dije cuando pecamos— cuando entramos en la práctica del pecado con conocimiento de causa, estamos ignorando lo que Dios ha revelado.
Esa es la primera parte: ignoramos lo que Dios ha revelado, como esta gente está ignorando el registro bíblico. Ignoramos todas las historias de la Biblia donde Dios enjuició personas que pecaron a la manera en que yo estoy pecando. Ahora, en la medida en que yo permanezco en la práctica de ese pecado, se constituye como en una especie de burla. De ahí que cuando Pablo les escribe a los Gálatas les dice: "Nadie se burla de Dios." ¿A qué Carlos está refiriendo cuando dice que nadie se burla de Dios? En otras palabras, tú no puedes incurrir en la práctica del pecado, permanecer en la práctica del pecado, y pensar que Dios se quedaría de brazos cruzados.
Cuando nosotros hacemos eso sería como decirle a Dios: "Sabes qué, yo conozco tu revelación, pero no me asusta. No me amedrenta. Conozco tus historias bíblicas, pero no me amedrenta, no me frenan. No tengo la motivación para yo realmente hacer un sacrificio y someter mis deseos y someter mis pensamientos en cautividad a Cristo." O le estoy diciendo: "Dios, no te amo lo suficiente." Para creerle a Cristo cuando dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos." Eso sería como una forma presente aplicada a nuestras vidas. ¿Cómo pudiéramos nosotros ser como medio burlones o burladores de Dios? Si el precio es que Pablo habla de que nadie se burla de Dios en Gálatas 6.
El próximo juicio no va a ser global, sino universal. El diluvio fue global, toda la tierra, pero no universal porque el resto de los planetas no fue afectado. Pero el próximo juicio es universal. Todo: los cielos, la tierra, todo será removido.
Escucha cómo Pedro lo explica en el versículo 7: "Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos." ¿Cómo es que la tierra y los cielos están guardados hoy por su palabra? Por lo que dice Hebreos 1:3, que Dios sostiene su creación entera por el poder de su palabra. Por tanto, están siendo reservados por la palabra, creados por la palabra, reservados por la palabra y eventualmente destruidos por la misma palabra. Dios no hace nada que no sea por su palabra, de forma tal que cuando Dios habló y el universo se creó, de esa misma manera Dios volverá a hablar y el universo desaparecerá. Increíble cómo la Palabra de Dios nos ayuda a entender.
Ahora, esta vez el agua no tiene nada de intervención, es el fuego. Y todos serán destruidos junto con todos sus habitantes. Un día de destrucción de los impíos, dice el texto que leímos. En la época de la guerra fría, los años 60, 70, 80, cuando cayó el muro de Berlín en el 89 —quizás ese fue el término de la guerra fría— pero durante toda esa época, y se sigue hoy hablando, a través de que el mundo probablemente termine como fruto de una guerra atómica... olvídate de eso. ¿Quién destruye el mundo? No es el hombre que aprieta un botón, es Dios que aprieta su botón desde arriba y dice: "¡No más!"
Ahora, la pregunta sería, como punto número cinco: entonces, ¿por qué no acaba de venir? Fue cada verdad que tenemos como dos mil años de porque Cristo vino esperando. Pedro da la respuesta, versículo 8: "Amados..." Otra vez, amados, tranquilos. En buen lenguaje de ahora y de los jóvenes: tómalo con calma. "No ignoréis esto, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día."
¿Qué tú piensas que Pedro quiso decir con eso? Lo primero que Pedro te está ayudando a entender a ti y a mí, escúchame: ¿De qué tanto me estás hablando? ¿Dos mil años, pastor? ¿Dos mil años para quién? El Señor vive fuera del tiempo. El Señor no sabe lo que es el ayer, no sabe lo que es el hoy, no sabe lo que es el mañana en términos del calendario. De manera que en el calendario de Dios, en la persona de Dios, desde que Cristo vino hasta ahora no han pasado dos mil años, no ha pasado nada. Él vive un presente eterno.
Pero es que cuando Moisés le pregunta: "¿Cuál es tu nombre?", no dice: "Bueno, yo fui, Moisés, desde el principio." No, no dice eso. "Bueno, Moisés, yo seré cuando yo traiga mi plena consumación." No: "Yo soy." La otra frase que pudiera dar una mejor idea de que Dios vive en ese presente continuo es cuando Él se identifica como: "Yo, el que era, el que es, el que ha de venir." Yo soy todo eso al mismo tiempo.
Yo soy el pasado, el presente y el futuro. De manera que si estás hablando acerca de un programa de consumación de los tiempos, que tiene que ver con un ser que vive fuera del tiempo, para el cual mil años y un día son la misma cosa, es como si Pedro pudiera decir: cuando el Cristo vino, dos mil años no hace dos días. Y ni eso para el Señor. Eso es decir: no está atrasado conforme a como Él cuenta el tiempo. En una forma poética de decir, un año es como mil días, mil días como un año; no que no cuente el tiempo para Dios.
Razón número dos de por qué el Señor no acaba de venir: es que el Señor es benevolente, lento para la ira, abundante en misericordia. Escucha cómo lo dice el versículo 9: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza", sino que esta es la explicación: "que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento". El Señor pudiera ejecutar su juicio ahora mismo, decidir: a partir de esta noche, las doce de la noche, no habrá maldad en la tierra. ¿No te gustaría que ocurriera eso? De verdad. Tú sabes que a las dos cero uno tú no vas a estar presente entonces. ¿Por qué? Tú habrás sido destruido, porque parte de la maldad remanente está en tu corazón y en el mío.
Y los que pudieran ser salvos hoy no serán salvos, los que pudieran ser salvos mañana no serían salvos, los que pudieran ser salvos dentro de un año tampoco serían salvos. Muchos de los hijos y nietos de ustedes que quizás van a entrar al reino hoy o más tarde, tampoco entrarían. De manera que toma los cielos y dile al Señor: que sea como tú quieras, que tú eres lento para la ira, abundante en misericordia. No vayas a correr calendario ni rapidez.
La palabra arrepentimiento en el griego usualmente es metanoia, que implica un cambio de mente. Ahora, a final de año hablaba antes de ayer en un grupo de estudios de los GPS nuestros. Estaba súper concurrido esa noche y hablábamos un poquito, ahora a final de año, de todas las decisiones que la gente hace. Así es, porque la gente a final de año supuestamente toma decisiones y nunca cambian, porque ellos nunca han cambiado su manera de pensar. Si tú dices: a partir del primero de enero yo voy a leer la Biblia, y para el 15 ya no la estás leyendo, claro que eso iba a ocurrir, porque es un cambio conductual. Tú necesitas otro tipo de cambio para que eso ocurra.
Tú necesitas un cambio de pedirle a Dios, en ese caso en particular, en esa ilustración, de pedirle a Dios que te dé amor, pasión, entendimiento por su Palabra, de tal forma que de manera natural tú comiences el primero de enero a querer leer la Biblia. Eso es una transformación interna, porque tal como dice el libro de Proverbios en el capítulo 23: tal como el hombre piensa, así es él. Estás haciendo hoy en día lo que estás haciendo, bien o mal, piadoso o pecaminoso, porque así eres. O así soy.
Entonces, Dios quiere que la gente venga al arrepentimiento, que cambie su manera de pensar con relación a Él mismo, a Cristo mismo, y que cambie su manera de pensar con relación a sí mismo, a la persona entendiéndose pecadora y en necesidad de perdón, en necesidad de arrepentimiento y perdón de parte de Cristo. Y el Señor, en su paciencia y en su soberanía, Él sabe que tiene un número de redimidos que tiene que entrar; está esperando por ellos. Por eso Dios no acaba de enviar a su Hijo, pero el momento va a llegar. No te impacientes.
Cuando no estamos muy seguros, bueno, estamos seguros. ¿Cómo? De eso saben un poco más. Mira, Pedro comienza a decirte algo de cómo, por si acaso lo dudes. "Pero el día del Señor vendrá como ladrón". Ya yo sé algo. "En el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas".
¿Cómo viene el ladrón? Repentinamente, sorpresivamente. Quizás esta noche alguien intenta entrar a tu casa, pero tú no lo sabes. Como tú no lo sabes, tienes todas estas horas para prepararte para que él no venga o para quedarte despierto esta noche, pero no lo vas a hacer. Quizás Cristo venga esta noche, pero como no lo sabes, quizás todas estas horas que quedan Dios te da oportunidad de arrepentirte, de entrar al reino de los cielos. No vas a hacer nada porque tú no piensas que el día es esta noche. Eso es algo que te lo preguntan y tú sabes que puede pasar, pero no haces nada.
Si tú supieras que Cristo vendría esta noche, aun como creyente, tú pasarías este domingo diferente de como lo vas a pasar. ¿Sí o no? Seríamos santitos, estaríamos diciendo continuamente: pregunta, ¿me voy a sentar? ¿Estoy pecando? Me preguntan, me voy a preguntar. Para que el Señor me encuentre en mejor condición.
Cristo nos dijo algo. Pedro estaba copiando lo que Cristo había dicho en Mateo 24:42-43: "Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene. Pero comprended esto: si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche iba a venir el ladrón" —de eso está hablando Pedro— "hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa".
Entonces, el ladrón va a venir sorpresivamente, repentinamente. En este caso es como que Cristo es la figura de ese ladrón. La diferencia está en que cuando el ladrón entra a tu casa, usualmente no lo ves venir. En este caso, cuando Él irrumpa en la historia, escucha qué es lo que va a pasar: "Los cielos pasarán con gran estruendo". ¡Boom! "Y los elementos serán destruidos con fuego intenso". En los originales hay un sonido de silbido. "Y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas". La palabra traducida ahí como "destruido" implica derretirse, desintegrarse, y va a haber un gran estruendo.
Y ese gran estruendo, lo voy a leer en un momento, va a tener como un cierto crescendo, como que va a ocurrir en un tiempo bien corto, pero como que se va a comenzar a mover algo primero, y luego entonces el evento. Increíble eso. Dios habló y va a volver a hablar. Él habló y el universo se creó, como que explotó en existencia. Cuando Él vuelva a hablar, el universo va a implotar. ¡Boom!
Escucha cómo Cristo lo explicó en Lucas 21:25-27: "Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas". Comienzan a moverse las cosas. "Y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas". El mar comenzará a rugir y las olas comenzarán a moverse, y habrá eventos en los cielos, sobre el sol, sobre la luna. "Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo, porque las potencias de los cielos serán sacudidas" —son todos los astros—. "Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria".
Como que oscurece el sol, como que la luna tiene otro color, como que hay cosas que están ocurriendo, como que el mar comienza a rugir, como quien dice: prepárate, que ya comenzaron las cosas. Y de repente las potencias, los astros, los soles, las estrellas, las galaxias, las potencias de los cielos serán sacudidas.
De repente, recuerda Isaías 24 que te leí, versículo 3: "La tierra será totalmente arrasada y completamente saqueada, porque el Señor ha dicho esta palabra". A la tierra la van a vaciar: no plantas, no animales, no gente.
Pero para el que verdaderamente ha creído y ha nacido de nuevo, es un día de liberación. El día de la liberación de toda la creación de la esclavitud a la cual está sometida ahora y que gime, como dice Pablo: toda la creación gime con dolores de parto hasta ahora. Ese día libera la creación. Ese es el fin del pecado, ese es el fin del dolor, del sufrimiento, de las lágrimas, el fin de las decepciones, el fin de las pérdidas, el fin de los engaños, el fin de las traiciones, el fin de la muerte para nosotros. Por fin no se me va a morir un ser querido más. Pero el comienzo de la segunda muerte para aquellos que no han creído, que es la entrada al lago de fuego. La muerte segunda es la muerte más dolorosa de todas.
El cristiano debiera vivir diciendo: Maranata, ven pronto, Señor. La palabra Maranata es una palabra aramea y realmente está en pasado, significa "el Señor ha venido". Pero ha sido usada a lo largo de los siglos para significar: Señor, ven, te deseamos, estamos ansiosos de verte.
Lo que estamos viendo va a desaparecer. Todo esto que ves, mira a tu alrededor ahora mismo, todo esto que existe aquí, que hoy disfrutamos, no va a estar; va a ser quemado. Ya tuvimos una primera experiencia cuando se quemó la otra iglesia que teníamos, ¿recuerdan? Y entrábamos y no había nada. Quedó el púlpito y la Biblia, como diciendo: eso es lo único que realmente tiene valor. Todo lo demás fue destruido.
Ahora, escucha que esa destrucción masiva es seguida de otra cosa, que es lo que debe darnos alegría a nosotros. Apocalipsis 21:1-8, con esto cierro: "Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva" —¡aleluya!— "porque el primer cielo y la primera tierra pasaron" —¡gloria a Dios!— "y el mar ya no existe". Bueno, lo lamento por los que les gusta la playa. "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo".
"Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos". Imagina que te vas a levantar en la mañana: ¡Hola, Señor! ¿Cómo estás? ¿Cómo amaneciste? Tengo una pregunta, tengo una duda, porque no lo sé todo todavía.
"Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". Y añadió: "Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas". Ten por seguro que esto va a ocurrir.
Versículo 6: "También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo".
Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
Este es un día como agridulce, dulce y amargo. Dulce para los que hemos creído, amargo para los que no. Dulce porque aquellos que hemos creído entraremos en una nueva tierra y en un nuevo cielo, pero quizás al momento de entrar también estamos recordando los amigos y familiares que nunca hicieron una decisión por Cristo y que están entrando a la segunda muerte.
Por eso es que la Palabra, cuando trata del retorno de Cristo, lo trata con tanta sobriedad. Gozo claro que debe haber, absoluto gozo, pero con mucha sobriedad por todo lo que implica. Y así es como nosotros deberíamos verlo.
Por eso es que Pedro dice, lo vamos a ver en el próximo mensaje, el versículo 11: en vista de que toda esa destrucción que acabo de mencionar ha de acontecer, ¿qué clase de persona deberías ser en santa conducta y en piedad? La razón en ese versículo que Pedro está dando para vivir de esa manera es justamente la venida de Cristo y el juicio final. Espéralo de una manera digna de quién Él es y de lo que Él ha hecho por ti. Para esperarlo con gozo. ¿Cierto?