La marca más confiable de que Dios respalda un ministerio no son las señales espectaculares, sino vidas transformadas. En una época donde abundan predicadores falsos con mensajes falsos y prodigios igualmente falsos, el verdadero poder del evangelio se evidencia en el cambio profundo que produce en quienes lo reciben. Si algo va a ocurrir en Latinoamérica, tendrá que ser bajo una predicación osada, confrontadora y centrada en Cristo.
En Hechos 19, Pablo ministra en Éfeso, una ciudad saturada de fetichismo, ocultismo y magia. Allí Dios hace milagros extraordinarios por mano de Pablo —no Pablo por su cuenta, sino Dios a través de él. La diferencia queda expuesta cuando siete hijos de un sacerdote judío intentan exorcizar usando el nombre de Jesús como fórmula mágica. El demonio los reconoce como impostores: "A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros ¿quiénes sois?" El hombre poseído los ataca y huyen desnudos y heridos. Fue el demonio, no el pueblo, quien discernió primero la falsedad de aquel ministerio.
El resultado de estos eventos fue que el temor del Señor se apoderó de toda la ciudad. Muchos creyentes confesaron públicamente sus prácticas ocultas y quemaron libros de magia valorados en cincuenta mil piezas de plata —una fortuna considerable. Así crecía poderosamente la palabra del Señor. Una iglesia sencilla, con poca preparación académica pero capacitada por un Dios todopoderoso, logró sacudir los cimientos de un imperio con una sola arma: la predicación fiel del evangelio.
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¡Volvamos hermanos para mirar su palabra! La invitación está hecha a ir a la palabra de Dios en el capítulo 19 del libro de los Hechos. Creo que no es una sorpresa, obviamente, que estamos en ese libro y en ese capítulo. He titulado mi mensaje en el día de hoy: "Dios confirma a su mensajero". Dios confirma a su mensajero a partir de Hechos 19 y estaremos leyendo del versículo 10 al 21 en un momento. El 10 lo leímos, lo pusimos la semana pasada, pero yo creo que es bueno tenerlo pendiente en el día de hoy.
Yo decía en la primera parte de esta mañana, en el primer servicio, que cuando la historia de esta época se haya escrito, una de las cosas que se dirá de nuestros días es que hubo la aparición de muchos, o de un gran número, de predicadores falsos que proclamaban un mensaje falso y frecuentemente acompañados de obras, prodigios y señales también falsas. Que muchos creyeron y que por tanto se perdieron para la eternidad. El hombre cree la mentira cada vez que esa mentira le es conveniente, porque es algo que él adora y valora más que el Dios del cielo y de la tierra.
Cuando tú sigues estos ministerios de falsos maestros y tú sigues la vida de aquellos que han estado bajo su predicación, es poco el cambio de vida que tú puedes observar, y la razón es obvia. El poder del evangelio y el poder de la palabra es lo que cambia tu persona, mi persona, y si eso no está siendo predicado, poco será el cambio evidenciado. Al mismo tiempo, yo creo que se podrá decir en el futuro que, aunque la predicación de estos días, de estos años que han pasado, fue mucha, que aun así escaseaba la palabra del Señor. Yo creo que eso es una realidad que muchos conocen. Y de nuevo, cuando tú analizas las personas bajo esta predicación, su estilo de vida, su forma de pensar, experimentan poco cambio por la razón que ya nosotros conocemos.
Si algo va a ocurrir en nuestro continente, en Latinoamérica, yo creo que ha de ocurrir si las cosas continúan de la manera que Dios las parece estar dirigiendo, en los próximos 10 o 20 años. Quizás nosotros estaríamos viendo cambios significativos. Pero si algo va a ocurrir, tendrá que ser bajo la predicación osada y confrontadora y cristocéntrica, y la predicación fiel de eso que Dios nos ha revelado.
Cuando tú comparas lo que ocurrió en Europa en la época de la Reforma, y tú ves cómo el evangelio fue predicado, cómo el carácter de Dios fue exaltado, el carácter de la persona de Cristo fue levantado, y tú comienzas a descubrir los cambios que las personas experimentaron, pues no es de extrañar que la sociedad donde ellas vivían también experimentara grandes cambios, lo cual es un contraste, o representa contraste, con lo que nosotros hemos vivido en los últimos años.
Es difícil identificar, obviamente, de nuevo, una de las cosas que caracteriza la predicación fiel de la palabra por parte de predicadores también fieles, obviamente, es que ellos van dejando un legado. Y el legado de la Reforma fue de tal impacto, de tal fuerza, que ha persistido por cientos de años después. Pero si miras la predicación o el ministerio de los falsos maestros, es difícil identificar cuál es el legado que un Benny Hinn está dejando, o un Cash Luna, o un Miguel Maldonado. Van bien dejando un lastre de consecuencias.
La mejor evidencia de que Dios está detrás o apoyando un ministro o un ministerio es vidas cambiadas. Vidas cambiadas por el poder de la palabra, apoyado, respaldado por el poder del Espíritu que inspiró dicha palabra, que está levantando, que sirve para levantar el honor y la gloria de nuestro Dios. Desde el inicio de nuestro ministerio, nosotros hemos dicho, hemos enfatizado en diferentes formas, que la única medida del éxito de IBI es vidas cambiadas. No hay otra medida. No es el tamaño de la iglesia, no son las comodidades de la iglesia: vidas cambiadas. Y mientras nosotros sigamos viendo vidas que están siendo cambiadas, mientras sigamos viendo eso, nosotros tenemos cierta garantía de que la presencia manifiesta de Dios continúa con nosotros.
Además de vidas cambiadas, Dios ha usado en diferentes momentos de la historia redentora otras formas para autentificar su mensaje o mensajero, y una de esas formas es a través de señales y prodigios, como estaremos viendo en el pasaje de hoy. Pero la señal que ha sido una constante de que Dios está detrás de un ministerio es vidas cambiadas, y más adelante voy a estar explicando el porqué yo digo eso. En el texto de hoy hay señales claras de lo que implica un ministerio respaldado por Dios en la vida del apóstol Pablo, y hay también señales de un ministerio falso donde el Espíritu de Dios no está presente, donde su poder no se ha hecho manifiesto.
Y con eso entonces quiero que leamos del versículo 10 al versículo 20 de Hechos 19. Así dice la palabra de Dios: "Esto continuó por dos años, de manera que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor, tanto judíos como griegos. Y Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo, de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban, y los malos espíritus se iban de ellos. Pero también algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: 'Os ordeno por Jesús, a quien Pablo predica'. Y siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes judíos, eran los que hacían esto. Pero el espíritu malo respondió y les dijo: 'A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?'. Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos y los dominó, y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. Y supieron esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos, y el temor se apoderó de todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era exaltado. También muchos de los que habían creído continuaban viniendo, confesando y declarando las cosas que practicaban. Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos; y calcularon su precio, y hallaron que llegaba a cincuenta mil piezas de plata. Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor".
Nosotros vimos la semana pasada cómo el apóstol Pablo tuvo la oportunidad de permanecer enseñando, predicando en la sinagoga de Éfeso por espacio de tres meses. Se levantó la oposición, tuvo que salir, y se fue a la escuela de Tirano, que dijimos que probablemente era como un salón público donde solían ir los filósofos de la época a impartir sus enseñanzas. Y algunos manuscritos tempranos hablan de que Pablo enseñaba allí desde las 11 de la mañana hasta la tarde, posiblemente porque eran las horas en que hacía más calor y la hora en que los filósofos no estaban allí impartiendo ningún tipo de enseñanza.
Pablo permaneció en Éfeso, la capital de Asia Menor, por más de dos años. Durante más de dos años Pablo estuvo allí ejerciendo su ministerio, y el texto dice que todos los que estaban en Asia, que se refiere al área de Turquía, escucharon la palabra del Señor, tanto judíos como griegos. Aunque eso no implicó, y lo enseñamos la semana pasada también, que todo el que escuchó la palabra del Señor le recibió como su Salvador. Había llegado el momento en que Pablo decidió como establecerse por período prolongado de tiempo en ciertas ciudades, en vez de continuar viajando continuamente. Estuvo en Corinto por 18 meses, estuvo en Éfeso por dos años y tres meses o quizás más, estuvo en Roma, aunque todavía no hemos llegado allí, por lo menos por dos años. Y eso nos da una idea de cómo iba tomando forma el ministerio del apóstol Pablo.
Con eso, en manera de introducción, yo quisiera ahora ver como punto número uno de mi exposición cómo Dios usó las señales y prodigios para autentificar el ministerio del apóstol Pablo. Escucha el versículo 11 y 12: "Y Dios hacía milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que incluso llevaban pañuelos o delantales de su cuerpo a los enfermos, y las enfermedades los dejaban, y los malos espíritus se iban de ellos".
Nota, en primer lugar, que el texto no dice que Pablo hacía milagros, como los falsos maestros dicen hoy. No, Dios hacía milagros por mano de Pablo. De manera que Pablo tenía claro, y todo maestro verdadero del evangelio tiene claro, que el instrumento es simplemente la manera como Dios opera su poder, pero que al final del camino es Dios quien está haciendo la obra, y Lucas nos deja ver eso claramente. Nota que Dios hacía milagros por mano de Pablo.
En segundo lugar, nota también que el texto dice que Dios hacía milagros extraordinarios. Eso es casi como una redundancia, excepto que como está en la palabra, seguro que no es redundante. Un milagro es algo extraordinario, no es algo que tú haces o ves con frecuencia, no es algo cotidiano. Y sin embargo, Lucas dice que eran milagros extraordinarios. Lucas estaba apuntando algo más. Milagros que Dios hacía por medio del poder de su Espíritu. De hecho, cuando la segunda persona de la Trinidad se encarnó, Él mismo llegó a decir que si Él expulsaba los demonios por el poder del Espíritu, que entonces eso era una indicación de que el reino de Dios estaba entre ellos, dando a entender que Él no estaba haciendo uso de sus propios poderes, aunque los tenía, sino que Él hizo lo que hizo por medio del poder del Espíritu.
Y si algo extraordinario va a ocurrir en nuestra iglesia, en nuestra región, en toda Latinoamérica, será hecho de la misma manera que fue hecho en el ministerio de Jesús, en el ministerio de Pablo, en el ministerio de los profetas y demás apóstoles: por medio del poder del Espíritu de Dios. Ahora, una vez más, nota que Lucas nos deja ver que estos milagros eran extraordinarios, no eran cotidianos, no era algo común y corriente, no es algo que yo debería esperar que continúe ocurriendo.
A Pablo estuvo en Éfeso por un período de tiempo significativo, y era una ciudad ampliamente caracterizada por el fetichismo, por las prácticas ocultistas, por artes de magia; todo tipo de idolatría estuvo allí presente. Y entonces, dadas esas condiciones, Dios visitó el ministerio de Pablo, por así decirlo, de una manera especial. Y por eso nosotros podemos ver que hasta pañuelos fueron llevados a algunas personas y las enfermedades sanaban. Dios obró durante ese tiempo y en esa ciudad de una manera que no obró en ningún otro lugar.
Pañuelos o, mejor dicho, delantales, pañuelos, es algo parecido a lo que nosotros leímos hace un tiempo atrás en Hechos 5, que dice que cuando Pedro pasaba algunos traían a sus enfermos y los ponían en el camino con la esperanza de que quizás su sombra cayera sobre ellos, porque aparentemente algunos de ellos sanaban. Era un tiempo especial, una coyuntura especial donde milagros extraordinarios estaban ocurriendo. Imagínate si eso ocurriera hoy en manos de los milagreros de nuestros días: el orgullo, la arrogancia. Nada de esto volvió a Pablo ni orgulloso, ni arrogante, ni elitista, ni aislado. Todo lo contrario: Pablo estaba consciente de que era un mero instrumento.
Ahora, nota: Pablo estaba consciente de que estos milagros eran extraordinarios y que tenían el propósito de autentificar el mensaje y el mensajero. Y con eso no estoy diciendo que los milagros no hayan continuado ocurriendo hasta el día de hoy, porque nosotros mismos hemos visto algunos entre nosotros, no de parte de un milagrero, sino cuando la comunidad ha estado orando y Dios ha respondido las oraciones de la comunidad. Pero Pablo estaba consciente de que había ciertos milagros que Dios hizo de manera extraordinaria con la finalidad de poner sus huellas digitales sobre dicho apóstol, dicho mensajero. Y mira cómo tú ves eso en la Palabra de Dios.
La iglesia de Corinto llegó a cuestionar el apostolado de Pablo más de una vez, de forma severa. Toda la segunda carta a los Corintios es casi como una autodefensa del apóstol Pablo tratando de presentar su ministerio como fidedigno. Cuando tú llegas al capítulo 12, versículo 12, escucha lo que Pablo escribe: "Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios y milagros." Pablo dice: una de las cosas que validó mi ministerio es que entre ustedes se operaron milagros, señales y prodigios que caracterizan a un verdadero apóstol. Y eso es lo que nosotros estamos viendo en este caso. Pablo estaba ministrando, la gente llevaba pañuelos o llevaba algún delantal y aparentemente se lo llevaba al enfermo o a alguien que estaba poseído, y el espíritu salía, la enfermedad sanaba.
Eso tiene un cierto parecido a lo que ocurrió en aquella ocasión cuando la mujer que tenía doce años sangrando se acercó a Jesús por detrás. Y ella pensaba: "Si siquiera pudiera, puedo tocar el borde de su manto, quizás yo pueda sanar." Y ella lo tocó, y poder salió de Cristo, y ella sanó. Y uno dice: "¿Qué? ¿Pero cómo es posible que tal cosa pudiera ocurrir?" Bueno, había en la población esta creencia de que la gente que tenía ciertos poderes o exhibía ciertos poderes también tenía ciertos poderes en la ropa que ellos usaban o la tela. Eso no es una enseñanza bíblica; esto era una tradición, una creencia del pueblo. Pero Dios en su misericordia, en su paciencia, pudo descender e incluso usar la ignorancia del pueblo para llevar a cabo algunas de las obras que Él llevó a cabo, con la intención de poder afirmar, confirmar el mensaje o el mensajero.
Y tú lo tienes en esa mujer que estaba sangrando por doce años; lo tienes aquí en el ministerio del apóstol Pablo, que la gente llevaba un pañuelo, llevaba un delantal y cosas extraordinarias ocurrían. Yo entiendo que es la razón por la que Lucas dice que Pablo, que Dios hacía milagros extraordinarios, que es casi como una redundancia, porque ningún milagro es ordinario.
Eso que tú lees ha llevado a algunos hoy en día, y yo lo he visto en televisión, a vender pañuelos color verde por cien dólares, con los cuales tú podrías ir y llevar a un enfermo con la promesa de que sanaría, o sea, que la persona sanaría a quien tú se la vendas. O ha dado lugar a que personas vayan al Medio Oriente, específicamente a Jerusalén, a esa tumba que se supone fue lugar donde Cristo fue enterrado, y toman un pañuelo y le pasan el pañuelo por encima. Eso es como una roca; la roca está el día de hoy completamente lisa de tanta mano y pañuelo que le han pasado, con la idea de que ese pañuelo quede bendito y se lleve consigo algún tipo de poder o de bendición. Dos mil años después todavía nosotros no sacamos de nuestra mente esa creencia idolátrica.
Estos milagros no fueron ordinarios. Esos milagros no fueron frecuentes. Esos milagros no eran predecibles. Cuando el apóstol Pablo salió a predicar, él no podía predecir cómo, cuándo, dónde y de qué tamaño los milagros iban a ser. Esa es la realidad. Por eso es que en ningún momento tú lees en la historia del Nuevo Testamento que había campañas de sanación, o viernes de milagros, o frases como "no te quedes sin tu milagro." Eso era inconcebible para la iglesia primitiva.
Dios ha hecho milagros a lo largo de la historia redentora hasta el día de hoy. Sin embargo, cuando tú revisas la historia con cuidado, hay tres grandes concentraciones o tres períodos de concentraciones de milagros, de manera que estas cosas no eran para todos los días. La primera época fue la época de Moisés hasta entrar a la tierra prometida; el día que entraron a la tierra prometida dejó de caer maná, ya no habría maná. A trabajar de ahí para adelante. Luego en la época de Elías y de Eliseo, y Dios confirmó a sus dos siervos por medio de señales y prodigios. Y luego en la época de Jesús y de los apóstoles. Entre esos tres períodos los milagros escasearon, y mucho, de manera que estas cosas fueron siempre extraordinarias.
De hecho, si tú sumas los milagros registrados en la Biblia de principio a fin, yo sé que hubo probablemente milagros que aquí no están, ya habría sido así, pero los que están no llegan a cien milagros. De manera que estas son obras extraordinarias, infrecuentes.
Número dos. Mi primer punto fue cómo Dios usó las señales y prodigios en el ministerio de Pablo para confirmar a su mensajero. Número dos: la ausencia del poder del Espíritu es la marca distintiva de un ministerio falso. La ausencia del poder del Espíritu es la marca distintiva de un ministerio falso. Es posible hacer ministerio en nombre de Cristo en el poder del Espíritu Santo, y es igualmente posible sonar muy similar haciendo ministerio en el nombre de Cristo sin el poder del Espíritu. Y eso ha ocurrido siempre y continúa ocurriendo hoy.
Los falsos maestros... En ocasiones alguien me ha dicho: "Pastor, pero yo escuché a fulano y él usa el nombre de Jesús." Ya, ellos usan el nombre de Jesús, claro, porque si no, sería muy obvia la falsedad de lo que predican, pero lo usan en el contexto errado. "Pastor, porque yo también le he oído a veces como enseñar el evangelio." Sí, enseñan más o menos el evangelio, pero de manera distorsionada. "Pastor, pero yo vi incluso como milagros, cómo llevan gente ahí, como que los sanan." Muchos de los cuales con frecuencia se han probado falsos. Una vez más, Dios hace milagros en el día de hoy, pero falsos maestros hacen falsos milagros.
En la época de Jesús y en la época ahora de Pablo, los supuestos exorcistas tenían todo tipo de estrategias y de trucos por medio de los cuales ellos supuestamente sanaban enfermedades o liberaban personas poseídas. De manera que cuando ellos vieron a Pablo exorcizar a una persona usando el nombre de Jesús, ellos entendieron: "¡Ah, ese es el clavo!"
Yo recuerdo haber estado en Estados Unidos en un momento dado de mi fervor temprano en la fe cristiana, y yo estaba muy interesado en que en un momento dado, en el mes de noviembre yo creo, pasáramos en un parque de la localidad donde nosotros vivíamos la película Jesús. Y entonces se presentó la película Jesús, el pastor de la iglesia hizo llamado al final, y realmente creo que pasó una persona. Luego el hermano con nosotros me dice: "Yo estuve observando a Billy Graham y sus campañas, y yo veo que al final, cuando él hace el llamado, presenta el llamado, luego dice: '¡Ven!' Yo creo que esa es la clave." Yo me dije: no hay una clave. Hay un poder. El poder es de Dios, y el milagro es de Dios, y Él lo usa cuando Él quiere, como Él quiere, cuando Él quiere, para quien Él quiere, para la gloria de su nombre. No hay tal clave.
Pero estos hombres pensaron: "Vamos a usar el nombre de Jesús." Porque en el primer siglo había muchas de estas creencias. De hecho, los exorcistas judíos eran considerados como más efectivos porque se entendía que ellos tenían acceso al nombre de Dios, porque Dios le dio el nombre en hebreo a esta gente, que ellos probablemente eran los que podían pronunciar el nombre correctamente. Y tú ves alguna de esas creencias en este texto que sigue:
"Pero también algunos de los judíos exorcistas ambulantes trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: 'Os ordeno por Jesús, a quien Pablo predica.'" Eso no va a tener ninguna fuerza. "Y siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes de los judíos, eran los que hacían esto. Pero el espíritu malo respondió y les dijo: 'A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?' Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos y los dominó, y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos."
Esta gente quiso usar el nombre de Jesús como un poder mágico, y no hay duda de que hay poder en el nombre de Jesús, pero no de esa manera. Ellos quisieron usarlo como parte de este truco, de esta estrategia, pero cuando estos hombres comenzaron a lidiar con este hombre poseído, se dieron cuenta de que estaban lidiando con una realidad mayor que su habilidad. Y nosotros también tenemos que estar conscientes de eso. Ahora, al estudiar la palabra, ahora al tratar de pensar o poder ver qué es lo que Dios está haciendo, ahora al tratar de descifrar lo inescrutable de los planes de Dios, tenemos que recordar que estamos lidiando con una realidad mucho mayor que nuestra habilidad.
Ahora, llama la atención que la primera persona que reconoce la falsedad del ministerio de estos siete exorcistas fue el demonio mismo. "A Jesús yo conozco, a Pablo también, y vosotros ¿quiénes sois?" El espíritu pudo discernir la falsedad. En cierta manera, el espíritu estaba confesando la autoridad de Jesús, a quien ellos hubiesen tenido que someterse. Estaban confesando la autoridad de Pablo, que no la tenían en sí mismos, no era una autoridad intrínseca sino delegada por Cristo en él. Y por tanto, cuando Pablo trataba de exorcizar a alguien, pues la persona quedaba liberada. El demonio como que reconoce: "Yo sé quién es Pablo, y yo sé cómo tenemos que responder cuando él nos habla, yo sé quién es Jesús."
Tenemos que recordar las palabras de Jesús antes de ascender a los cielos: "Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra, por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones." Por tanto, la autoridad no la tiene el instrumento o el mensajero, la tiene Cristo. Toda autoridad me ha sido dada a mí. Lo que tú y yo podíamos ejercer es una autoridad delegada, y mayormente delegada en su palabra donde radica el poder.
Ni Pablo, ni Pedro, ni ninguno de los otros apóstoles tuvieron ministerios de sanación, que "vamos a ir a la casa de tal sitio a orar por sanación." No, yo no tenía ministerio de sanación, nadie tuvo en la iglesia primitiva ministerio de sanación. Tuvieron ministerio de predicación, y en la medida en que la palabra era predicada, Dios determinaba cuándo, cómo, dónde él necesitaba autentificar el mensaje o el mensajero. Y ahí entonces quizás se vio a los milagros. Dios sabía lo que ellos necesitaban para que su mensaje fuera autentificado.
Este fue el caso en la ciudad de Éfeso, una ciudad que, como dijimos, estaba caracterizada por la hechicería, por la magia, por todo tipo de idolatría. Y en esas condiciones Dios nunca ha dejado a su siervo sin respaldo. Dios respaldó a Moisés con señales y prodigios, respaldó a Elías y a Eliseo con señales y prodigios, respaldó al Señor Jesús, respaldó a los mismos apóstoles. Y sin embargo Dios no hizo un solo milagro a través de Juan el Bautista. Probablemente porque no lo necesitaba. ¿Cuál era la función del milagro? Autentificar el mensaje o el mensajero. ¿Sabes lo que la palabra dice de Juan el Bautista? Que el pueblo lo tenía por profeta. Pues si el pueblo te tiene por profeta, tú no necesitas autentificación. El introductor del Mesías, dice Juan en su Evangelio, no hizo una sola señal, que es la palabra que Juan usa para milagros.
En el caso que estamos considerando ahora, este endemoniado asalta a los siete hijos de Esceva, no a uno, a siete. Y ellos tienen que salir corriendo desnudos, sangrando y humillados al mismo tiempo. Este es un buen recordatorio. Este es un buen recordatorio de que es una osadía y es un peligro incluso usar el nombre de Jesús irreverentemente. Como he oído a un Benny Hinn, a un Sarlo, a un Maldonado, a Guillermo Maldonado, a un Cash Luna y a una esposa de Guillermo Maldonado. Ministerios como esos están condenados a debilitarse y desaparecer en la medida en que la luz continúa debilitando el reino de las tinieblas. Nosotros tenemos que ser cuidadosos a la hora de nosotros jugar con estas cosas.
Escucha lo que Judas escribió. Hablando acerca de Sodoma y de Gomorra y las ciudades circunvecinas y cómo ya fueron destruidas. Escucha lo que dice en el versículo 8: "No obstante, de la misma manera también estos hombres, soñando, mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las majestades angelicales. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda."
Judas estaba hablando de estas majestades angelicales, pero no está hablando de arcángeles de Dios, está hablando de majestades angelicales caídas. Este es el contexto cuando tú sigues todo lo que él tiene que decir, porque inmediatamente después él habla del arcángel Miguel contendiendo por el cuerpo de Moisés. Siendo él el arcángel Miguel, no se atrevió a pronunciar juicio contra Satanás, sino que simplemente dijo: "Que el Señor te reprenda."
En ese contexto escucha lo que Judas dice: "Mas estos blasfeman de las cosas que no entienden, y las cosas que como animales irracionales conocen por instinto, por estas cosas son ellos destruidos." Judas está hablando de gente que trata de manejar una realidad que es superior a su habilidad y que hacen uso del nombre del Señor de una manera irreverente. Y él dice que lo hacen como si fueran animales irracionales que se manejan por instintos, y por eso mismo ellos serán destruidos. Este es un buen momento para recordar que el manejo del nombre del Señor, sobre todo cuando tiene que ver con la guerra espiritual, tiene que ser usado con mucha cautela.
Dijimos que la primera persona que determinó que esto era falso fue el endemoniado. Pablo predicó la palabra, Pablo hizo milagros en nombre de Dios, y sin embargo el pueblo no supo discernir la mano de Dios detrás del ministerio de Pablo, pero el demonio sí. Y es penoso pensar que el demonio o los demonios muchas veces tienen mucho más discernimiento que los hombres que son portadores de la imagen de Dios, y que tienen mucho más discernimiento que muchos cristianos a la hora de discernir lo falso de lo verdadero.
Este hombre endemoniado es una pequeña muestra de cuán minada estaba esta ciudad por poderes de las tinieblas. Nosotros no podemos olvidar que fue a esta iglesia que el apóstol Pablo le escribió acerca de que nuestra lucha no es contra carne ni sangre. Escúchalo otra vez en Efesios 6, versículo 10 y siguientes: "Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales."
Pablo está en una ciudad difícil. Posteriormente él sale de la ciudad y le escribe a la iglesia de Éfeso. Cuando le escribe a la iglesia de Éfeso les recuerda cuál es su lucha. La lucha que él tenía que parecía humana, contra aquellos que le perseguían, contra aquellos que le hacían oposición, Pablo quiere recordarles: esa lucha no es humana. Es a través de entes humanos que se da, pero no es una lucha humana. Es contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales, que saben ingeniárselas e inmiscuirse en los hombres para oponerse a los planes de Dios. Gente que le hizo oposición.
De hecho, cuando Pablo le escribe a los corintios en su primera carta, capítulo 15, versículo 32, Pablo dice que en Éfeso él tuvo que luchar contra fieras salvajes. La mayoría de los académicos está de acuerdo, no sé si todos, pero una gran parte está de acuerdo en que estas referencias a fieras salvajes no eran animales salvajes. Porque Pablo era un ciudadano romano y jamás lo hubiesen puesto en un circo, en un teatro, a pelear contra fieras salvajes como sí hicieron con algunos de los hombres del pasado, sino que probablemente Pablo usó la palabra para referirse a hombres malvados que le hicieron la vida difícil en Éfeso, que se opusieron a él, que conspiraron contra él y su ministerio. Otros incluso han llegado a pensar que quizás Pablo se estaba refiriendo a entes espirituales cuando habló de bestias salvajes. Independientemente de cuál sea el caso, Pablo dice que nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra huestes espirituales de maldad.
En ese contexto, Dios, pues, respaldó a Pablo grandemente con señales y prodigios, pero no lo hizo en el caso de los hijos de Esceva, que tuvieron que salir corriendo ensangrentados y humillados.
Número tres: cuando Dios hace su obra evidente, frecuentemente el temor del Señor se apodera de aquellos sobre quienes Dios está obrando. Este día ocurrió exactamente eso. Escucha, versículo 17: "Y supieron esto todos los habitantes de Éfeso, tanto judíos como griegos, y el temor se apoderó de todos ellos. Y el nombre del Señor Jesús era exaltado."
Ya habíamos oído que la palabra del Señor había sido escuchada en toda la región, en toda Asia. Ahora hay un falso exorcismo, o un intento de exorcizar, de liberar a esta persona endemoniada, y resulta que el demonio pues ataca a los siete hermanos y tienen que salir corriendo. Y el texto dice que en toda Éfeso, en toda Éfeso, en la ciudad entera se supo este evento, tanto judíos como griegos. Y los resultados de eso, los efectos de eso fueron dos. Número uno: el nombre del Señor Jesús fue exaltado, fue honrado, fue glorificado, fue levantado, fue tomado en serio. Eso es parte de lo que Dios quería que ocurriera. Fue considerado en toda su investidura. Número dos: que el temor del Señor se apoderó de toda la población.
El temor del Señor nosotros lo vimos en Hechos 2, también cuando Dios estaba comenzando a hacer señales y prodigios, y dice que el temor del Señor se apoderó de la iglesia. En Hechos 5, cuando Ananías y Safira cayeron muertos por haber mentido al Espíritu Santo, dice que el temor del Señor se apoderó de todo el mundo. En Hechos 9:31 nosotros leímos que la iglesia crecía y se fortalecía andando en el temor del Señor. La pregunta es: ¿cuál es ese temor del Señor?
Bueno, es ese sentido de reverencia, de respeto, de honor, de asombro, es ese sentido de... es parte del temor del Señor. Dios quiere que tú y yo conservemos el temor del Señor, porque cuando nosotros le perdemos el temor al Señor, nosotros le perdemos el temor al pecado, y cuando nosotros le perdemos el temor al pecado, tú y yo nos desviamos del camino. De hecho, el salmista estaba consciente de la relación que existe entre la ausencia del temor del Señor y la vida de impiedad.
Si tú quieres una explicación de por qué la sociedad de hoy está como está, nosotros podemos hacer un análisis sociológico si tú quieres de lo que ha venido ocurriendo, pero en términos espirituales no tiene temor de Dios. Y donde el temor a Dios no existe, el resultado natural es un aumento de la iniquidad.
Escúchalo aquí en el Salmo 36 del 1 al 4: "La transgresión habla al impío dentro de su corazón. No hay temor de Dios delante de sus ojos." El salmista concluye, antes de yo seguir leyendo, que en el impío no hay temor de Dios delante de sus ojos. Y ahora él explica la razón por la cual él concluye eso. Escúchalo otra vez: "No hay temor de Dios delante de sus ojos, porque en sus propios ojos la transgresión le engaña en cuanto a descubrir su iniquidad y aborrecerla. Las palabras de su boca son iniquidad y engaño. Ha dejado de ser sabio y de hacer el bien. Planea la iniquidad en su cama, se obstina en su camino que no es bueno y no aborrece el mal."
Dios permitió que ocurrieran los milagros y prodigios en mano de Pablo y permitió que este intento de exorcismo no se diera y ocurriera lo que ocurrió, precisamente para infundir temor hacia el Señor. Dios autentifica su mensaje y su mensajero a través de señales y prodigios.
Ahora déjenme anunciarles algo más. En ocasiones en la historia redentora, Satanás ha sabido duplicar hasta cierto punto las señales y prodigios. De manera que nosotros no podemos concluir tan fácilmente que señales y prodigios es una señal inmediatamente de autentificación. No podemos concluir inmediatamente que eso es una señal de autentificación de Dios. Todavía necesitamos leer más, ir más allá, discernir mejor. Nosotros vemos eso en los milagros de los magos de Egipto. Dios convirtió el Nilo en sangre y los magos de Egipto hicieron algo parecido.
Llegará el tiempo, ya no sé si Dios lo va a mover, pero va a llegar el tiempo donde Dios, como parte del juicio que envía a la humanidad —y si el anticristo está cerca, quizá está moviendo alguna de esas cosas ya, pero no lo sabemos— donde Dios va a enviar un poder engañoso a la humanidad con el propósito expreso de que crean la mentira, porque no amaron la verdad. Les predicamos el Evangelio, les presentamos el Evangelio de toda forma posible, en colores, en diferentes versiones, diferentes idiomas, luego se lo pusimos en celulares, luego se lo pusimos en computadoras —qué sea primero—, iPads, celulares de toda forma posible, les hemos puesto el Evangelio y no lo creyeron. Ahora les estamos enviando un poder engañoso para que crean la mentira, según 2 Tesalonicenses 2. Y escucha de qué manera va a ser ese poder: con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
Ahora, si hay algo que Satanás no puede hacer —y ahora eso me regresa al principio cuando dije algo que voy a repetir ahora— si hay algo que Satanás no puede hacer es cambiar vidas. Por tanto, dije al principio que la marca cardinal de que Dios está detrás de un ministerio es vidas cambiadas. Eso solamente lo puede hacer el Espíritu de Dios y el Evangelio, que es poder de Dios para salvación. Nada más, nadie más, solo Dios. Eso no es duplicable en lo más mínimo.
Y eso me trae a mi cuarto y último punto: la vida del que ha nacido de nuevo. La vida del que ha nacido de nuevo experimenta un cambio radical que frecuentemente conlleva un alto costo. Se ha hecho culturalmente aceptable ser evangélico, es como "nice" poder decir "soy evangélico". Pero si eso no va acompañado de un cambio radical en tu estilo de vida, si eso no va acompañado de un cierto costo que ese cambio te ha costado, quizás el nuevo nacimiento no se ha producido.
Mira cómo está esto desplegado aquí en este texto: "También muchos de los que habían creído —versículo 18— continuaban viniendo y confesando y declarando las cosas que practicaban." Había confesión, arrepentimiento, declaración. "Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos. Calcularon su precio, hallaron que llegaban a cincuenta mil piezas de plata." Esta gente vino públicamente, confesó públicamente, y luego vino y quemó los libros donde estaban todas estas directrices acerca de cómo hacer milagros y cómo exorcizar personas endemoniadas.
Alguien hizo un cálculo de acuerdo a esta área norteamericana, y asumiendo un salario de quinientos dólares por semana, dos mil dólares al mes —es un salario bastante promedio en Estados Unidos— se calcula entonces que esas cincuenta mil piezas de plata tendrían hoy un valor de cincuenta millones de dólares. No fue poca cosa lo que ellos quemaron. De manera que mi cambio de vida frecuentemente va acompañado de algo que me cuesta. No siempre el costo es monetario. Frecuentemente el costo no es monetario, a veces es de relaciones o de otras cosas. Esta fue una evidencia de que el reino de la luz había comenzado a penetrar la oscuridad.
Escuché este comentario de Ed Johnson en el Pulpit Commentary, o el Comentario del Púlpito, y dice lo siguiente: "Esta renuncia fue particularmente satisfactoria debido a que fue: uno, pública; dos, una renuncia que representaba un valor financiero importante; tres, una determinación de deshacerse de la tentación; cuatro, y una decisión de alejarse de la maldad, borrándola incluso de la memoria. Para esta tarea tan difícil, Dios daría su gracia y ayuda para el bien de su causa."
El ministerio de Pablo en Éfeso fue altamente efectivo. Todavía no hemos visto, todavía hay más de la transformación que ocurrió en Éfeso que se quedará para un próximo domingo, pero nota cómo el texto concluye en el día de hoy todo esto, versículo 20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor."
La palabra crecía poderosamente. Lucas no dice que la iglesia crecía, pero la iglesia crecía, obviamente, pero Lucas quiere enfatizar que realmente lo que está ocurriendo es que la palabra está creciendo en el efecto que está produciendo en aquellos que la están escuchando. La palabra predicada está afectando ya no una sola persona o dos, se están afectando poblaciones. Ya no estamos hablando de una Lidia que cree a orillas de un río. No estamos hablando de un paralítico que Pedro se encuentra con él cuando va camino al templo a las tres de la tarde a la hora de la oración. Ahora estamos hablando de grandes porciones de ciudadanos que estaban en la práctica de ocultismos y que han dejado a un lado, han renunciado sus ídolos y han comenzado a dar evidencia de cambio en su estilo de vida.
Y eso es natural: si no hay cambio de dioses, no hay cambio de vida. Déjame aplicarlo. Las únicas personas que tienen ídolos y dioses en sus corazones no son los incrédulos. Los creyentes permanecen muchas veces y construyen otras veces ídolos en sus corazones. Y no hay manera de cambiar el estilo de vida si yo no destruyo mis ídolos. Primero, porque mi estilo de vida está formado alrededor de mis ídolos. Mis ídolos le dan forma a mi estilo de vida: cómo pienso, cómo visto, cómo voy, dónde voy, con quién me junto, con quién no me junto.
Lo impresionante es que esta iglesia que está causando ese impacto es una iglesia pequeña de pocos miembros relativamente hablando, de poca educación, que lograron impactar un imperio militar poderoso con un solo instrumento de guerra: la palabra de Dios. Eso es lo impresionante de esta iglesia. Con un grupo de personas con muy poca preparación académica lograron hacer lo que los académicos hoy no logran hacer. Ellos no tenían mucha preparación, lo que tenían era mucho poder: poder de lo alto, poder del Espíritu, porque había mucha rendición de parte de ellos a ese poder.
Cuando nosotros comenzamos a leer el libro de los Hechos hace ya meses atrás, leíamos que la acusación contra Pedro y Juan cual fue: que ustedes llenaron a Jerusalén con sus enseñanzas. En el original, la idea es como que ustedes han vuelto a Jerusalén una copa rebosante de sus enseñanzas. Los sacerdotes judíos comenzaron a convertirse, sacerdotes que tenían cientos de años de tradición detrás de ellos, empezaron a convertirse. La palabra llega a Samaria y Samaria tiene otro alboroto porque Samaria se llenó de gozo con la llegada del Evangelio. Y ahora en Éfeso hay un alboroto más grande que lo vamos a ver la semana próxima cuando estaremos la próxima vez que estemos predicando en el libro de los Hechos, pero que ya comenzamos a ver porque la población comenzó a cambiar sus ídolos.
Es obvio que la palabra de Dios crecía poderosamente y prevalecía; era opuesta pero ganaba la batalla. Por eso decía Martín Lutero que él no hizo nada durante la Reforma, que mientras él estaba bebiendo cerveza en un momento dado incluso dice con mi amigo Melanchthon, Dios hizo todo por medio de la palabra. Eso no es un sello sobre la bebida alcohólica, simplemente una cita textual de algo que él dijo.
A través del libro de los Hechos nosotros leemos cómo personas de diferente nivel social comenzaron a convertirse. Ahora tú tienes personas que cambiaron sus carreras religiosas y pasaron del judaísmo al cristianismo, gente que pasó del paganismo y del politeísmo de la antigüedad a la creencia exclusiva en Cristo Jesús, personas religiosas, sacerdotes judíos, aquellos que estaban a cargo del templo —llamados el principal de la sinagoga más bien— cómo ellos también comenzaron a ser cambiados y transformados y convertidos. Líderes romanos y algunos centuriones comenzaron también a abrazar la fe.
Vemos también cómo mujeres de alto respeto, de alto conocimiento en la sociedad, cambiaron. Luego, posteriormente, veremos cómo gobernadores, Félix y Festo, y el rey Agripa no fueron transformados, pero escucharon la predicación de la satisfacción de Dios hasta que Pablo llega a Roma y múltiple gente escuchó la satisfacción de Dios. Y la Palabra de Dios fue predicada en tres continentes: el norte de África, en Asia y en Europa. Un terremoto religioso ocurrió a través de una iglesia pequeña, de poca gente, de poca preparación, y predicó la Palabra e hizo tambalearse los cimientos del satisfacción romano. Increíble. Nadie pudo haber anticipado los cambios que dicha predicación iba a ocasionar.
Pero si hay algo que quiero dejar claro, no solamente en este relato, pero a lo largo del libro de los Hechos que venimos recorriendo, una vez más, es que esta fue una iglesia sencilla capacitada por un Dios todopoderoso y con una Palabra omnipotente. Una iglesia sencilla, un Dios todopoderoso y una Palabra omnipotente que venía de un Dios que cuando Él habla, las cosas ocurren. Con un Dios que tiene promesas que son más tangibles que esta realidad que yo puedo palpar.
Esta iglesia conoció el poder que fue prometido. Poder fue prometido en Hechos 1:8 y poder le fue dado. La satisfacción comisión fue anunciada y la gran comisión comenzó a avanzar y comenzó a conquistar. Un perseguidor de la iglesia fue convertido y entonces ese perseguidor ahora es el perseguido. Y mientras tanto, la Palabra de Dios crecía poderosamente y prevalecía la Palabra de dicho Señor.
Cuando tú analizas esa historia, cuando tú la puedes, la puedes escudriñar un poco, cuando miras a tu alrededor y ves la revolución sexual que nos está sacudiendo, yo creo que tú y yo necesitamos cobrar ánimo y recordar que no importa si los montes son tambaleados, no importa si los mares rugen, nuestro Dios es nuestro castillo fuerte. Y Él puede hacer otra vez lo que hizo en el pasado, de la misma manera, con hombres y mujeres entregados a su causa, pero con el poder de su Palabra, que creen en el poder sobrenatural de la predicación de dicho satisfacción. Que no son amedrentados por los hombres, que entienden que esto es una lucha espiritual rodeada de huestes espirituales de maldad, pero que por encima de ello gobierna nuestro Rey, Rey de reyes y Señor de señores. A Él nosotros respondemos. Ante Él nosotros estamos cubiertos, ante Él rendimos cuentas, y todo lo demás es basura. Y en Él nosotros estamos confiados y en Él debemos nosotros esperar.
De manera que vete de este lugar en esta mañana animado, iluminado en cierta manera por el Espíritu de Dios, recordando que quizás para un tiempo como este Dios nos ha levantado, porque los cimientos de nuestra sociedad están siendo sacudidos. ¿Y qué puede hacer el justo? Lo mismo que hizo el justo de tiempo atrás: predicó el Evangelio y le creyó a su Dios.