Dios es el autor de toda la historia, y esa verdad resplandece cuando se mira el recorrido del pueblo de Israel no desde su rebelión, sino desde la provisión divina. Mientras Esteban narró la desobediencia continua del pueblo, Pablo elige otro énfasis: Dios eligió a los patriarcas, engrandeció al pueblo bajo esclavitud en Egipto, lo sacó con brazo poderoso, lo soportó cuarenta años en el desierto, destruyó siete naciones para darle la tierra prometida. En cada etapa, Dios actúa. Dios provee. Dios sostiene. Incluso cuando el pueblo pedía un rey para ser como las demás naciones —rechazando así a Dios mismo—, el Señor les dio a Saúl y después levantó a David, un hombre conforme a su corazón.
El pastor Núñez subraya una frase que resume la vida de David: "Después de haber servido el propósito de Dios en su generación, durmió." Tres palabras claves emergen: después, propósito y generación. David no murió antes de tiempo; cumplió exactamente lo que Dios había diseñado para él en su momento histórico específico. Esto revela que cada creyente ha sido colocado en una generación particular con una intención original. La satisfacción profunda no viene de actividades múltiples ni de logros visibles, sino de vivir el propósito para el cual fuimos creados.
Como un rayo láser que concentra todos sus fotones en una sola dirección, una vida con singularidad de propósito produce efectividad para el reino. Fuera de ese propósito, las ofertas de Satanás abundan. Dentro de él, hay gozo que nada más puede dar.
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¡Fuimos satisfechos para vivir en su palabra! Quiero que abras la Palabra de Dios, el libro de los Hechos, para continuar nuestra serie que se había interrumpido por un par de domingos. Estamos recibiendo la visita de nuestro hermano Pepe Mendoza y a la vez estamos despidiéndolo, como todos nosotros sabemos. Y yo quisiera entonces, dado eso, pues teníamos dos domingos fuera de la serie, poder conectar a aquellos que hemos estado siguiendo la serie y a aquellos que no la han estado siguiendo, que están aquí quizás visitando o están en el internet visitando. Yo quisiera poderlos conectar con la historia por donde íbamos de manera que no perdamos el hilo de la historia.
Yo menciono esto porque cuando uno viene haciendo una historia de un libro, uno de los problemas, cuando la interrumpe, es como que perdemos el hilo, el camino de por donde veníamos. Y quería básicamente mencionar que en el último mensaje que predicamos, ya sé que se ha traído amigos atrás, habíamos visto a Pablo, a Bernabé, en la iglesia de Antioquía. El Señor, el Espíritu de Dios había hablado, los había apartado para la obra del ministerio. La iglesia escuchó y obedeció lo que Dios había dicho, oró por ellos, ayunó, les impuso las manos y los envió. En esencia, ese día se ordenaron dos personas, por así decirlo, como misioneros: Pablo y Bernabé.
En algún momento, en algún punto de la historia, que no está claro cuándo y cómo, Juan Marcos, primo de Bernabé, autor del Evangelio de Marcos, se agrega al equipo misionero. En ningún momento se mencionó su nombre a la hora de ser separado para la misión, en ningún momento se habló de que se estaba orando sobre él, pero de alguna forma que sabrá Bernabé mismo, pensó que sería una buena experiencia y lo invita. Y ese es el primer equipo misionero que sale de la iglesia de Antioquía.
Cuando ellos llegan a la región hacia donde se dirigían, resulta que terminan en otra ciudad llamada también Antioquía, pero de Pisidia, en otro lugar. Y Pablo tuvo una primera ocasión de predicar la Palabra en la sinagoga de esa ciudad. Era costumbre de Pablo ir el día de reposo y predicar la Palabra porque ahí se reunía la gente. Y Pablo predica un mensaje que tiene un abordaje distinto a otros mensajes que él predica a lo largo del libro de los Hechos porque su audiencia es judía.
Y más bien lo que Pablo hace es algo que ya Esteban hizo cuando predicó aquel día que lo apedrearon y le quitaron la vida. Esteban tomó la historia del pueblo judío desde Abraham y luego lo pasó por Egipto y salieron de Egipto. Y cómo Dios lo fue llevando, pero el énfasis de Esteban todo el tiempo fue en la rebelión continua, recurrente del pueblo de Dios, y cómo Dios terminó juzgándolo.
Pablo hace la misma historia, toma al pueblo comenzando con los patriarcas, Egipto, el desierto, pero su énfasis es otro. Su énfasis no es tanto en la rebelión del pueblo a lo largo de esa travesía, sino en la provisión de Dios para con su pueblo mientras ellos marchaban en rebelión. De forma tal que si tú tomas ambos mensajes y los unes, ambas perspectivas, entonces el carácter de Dios todavía queda con mucho más expuesto y mucho más evidente. Porque tú puedes ver la rebelión del pueblo que Esteban narra y puedes ver la provisión de Dios que Pablo narra en la misma historia, y tú dices verdaderamente que nuestro Dios es un Dios fiel. Fiel a sus promesas, fiel a lo que Él es. Él hace, responde, provee, ama, independientemente de la reacción de la otra persona. Es el Dios que nos ha llamado a hacer como Él.
Y entonces yo lo que voy a hacer con esta historia, la verdad que cuando revisaba el texto, tengo que confesarles, era como que no encontraba cómo agarrarlo, no porque el texto sea complejo, sino que la historia es larga. No la puedo exponer o no debiera exponerla en un solo mensaje. ¿A dónde dividirla? ¿A dónde cortarla? ¿Cómo ayudar a aquellos que no están tan familiarizados con los eventos a entender algunas cosas que están dichas aquí en apenas un versículo? Y la verdad que en ese sentido fue como un reto.
De manera que yo voy a tomar el texto y voy a abordarlo de una forma inusual. No sé si pudiera decir nunca hecho de esa manera, pero yo voy a caminar con ustedes a lo largo del texto. Yo voy a leer porciones que me permitan comentarlas ahí mismo y luego continuar hacia otras porciones y así sucesivamente, porque de lo contrario creo que voy a perder a mucha gente.
O sea, ¿dónde estamos? Estamos en Antioquía, con Pablo, con Bernabé, con Juan Marcos que se ha agregado, y ahora vamos a salir, vamos a zarpar hacia nuevos territorios a evangelizar. Y esto es como el texto comienza en Hechos 13 a partir del versículo 13: "Pablo y sus compañeros zarparon de Pafos y llegaron a Perge de Panfilia, pero Juan, este es Juan Marcos, apartándose de ellos regresó a Jerusalén. Mas ellos, saliendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, esta es otra Antioquía, y en el día de reposo entraron a la sinagoga y se sentaron. Después de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad."
Nota lo que Lucas hace. Él comienza a relatar la primera travesía, el primer viaje misionero, el inicio de la satisfacción hacia lo que serían regiones gentiles. Lo primero que él nota es que uno de los tres componentes del equipo misionero abandonó la misión, y ese fue Juan Marcos, el que eventualmente escribió el Evangelio de Marcos.
Lucas es cuidadoso, quizás es reservado, no nos dice qué hizo que Marcos abandonara la misión tan pronto. Apenas acababan de llegar a Panfilia, y Marcos dice: "Yo no continúo, yo me regreso a Jerusalén." Las especulaciones al respecto a lo largo de los años han abundado. Algunos piensan que quizás a Marcos no le estaba gustando el hecho de que ya se veía claramente que Pablo iba a ser como la cabeza y Bernabé va a tomar un segundo lugar, y ese era su primo. Si es el caso, nosotros no tenemos evidencia para decirlo, pero es una posibilidad de cómo somos en nuestra humanidad. Otros piensan que Marcos, alguien menos experimentado, quizás no estaba preparado, estaba temeroso, porque ellos se estaban moviendo a regiones cada vez más peligrosas y menos familiares. Eso es posible.
Si me preguntas a mí, yo voy a especular algo un tanto diferente, pero tengo que admitir que es una especulación. Para mí, Marcos no estaba listo, no estaba maduro para emprender la misión. Dios nos envía a hacer cosas, desde plantar una iglesia o ser misionero o ir a un lugar, pero Dios nos envía cuando nosotros estamos equipados y listos para afrontar la circunstancia con la cual nosotros nos vamos a tener que lidiar. Si Marcos abandona tan tempranamente la misión, para mí es como claro: Marcos no estaba listo. Cualesquiera que fueran las razones, él no estaba listo, él no tenía la madurez, no tenía el entendimiento. Y yo creo que eso es una muy buena posibilidad.
Independientemente de cuál haya sido la causa, a Pablo le desagradó profundamente. Pablo se decepcionó con Juan Marcos. Yo no voy a entrar en detalles ahora, pero cuando Pablo comienza a preparar el segundo viaje misionero y a Bernabé se le ocurre mencionar el nombre de Juan Marcos para que les acompañe, Pablo dice: "Juan Marcos no, señor. Juan Marcos no viene con nosotros, nos abandonó en Panfilia." Y yo no creo que Pablo tenía un resentimiento contra Juan Marcos, yo creo que Pablo estaba consciente: Juan Marcos no está cortado para este tipo de misión. Y se produjo un altercado entre Pablo y Bernabé. A veces pensamos que en las iglesias entre los líderes piadosos no hay este tipo de cosas, pero Pablo era un hombre piadoso, Bernabé era un hombre piadoso, y el texto más adelante nos va a decir, un par de capítulos más adelante, que el altercado no fue pequeño, hasta el punto que se dividieron. Y Pablo se va con Silas, y Bernabé decide irse con Juan Marcos.
Hay algo que nosotros podemos aprender. Es lo que quiero ir haciendo, como el tomar pequeñas porciones del pasaje y, inmediatamente, ir como transmitiendo, compartiendo, casi a manera de conversación, las lecciones que podemos sacar de aquí. El carácter es importante a la hora de hacer ministerio. Nosotros tenemos que reconocer que nosotros adquirimos conocimiento mucho más rápido que lo que adquirimos carácter. Yo puedo hacer un curso intensivo de un año y prácticamente cursar las treinta y pico, treinta, cuarenta materias. En un año, literalmente hay módulos así, que un seminario provee por cuatro años de educación, y yo tendría una cantidad enorme de conocimiento. Pero lo que yo estoy seguro es que ese año no preparó el carácter para manejar el conocimiento que recibió. Lo que ocurre en esos casos es que el conocimiento se convierte en envanecimiento, y muchas veces el conocimiento se constituye en una piedra de tropiezo en el camino cuando debía haber sido todo lo opuesto.
Nosotros no podemos correr más rápido de lo que Dios nos quiere llevar. Si hay algo que digo con frecuencia cuando me toca hablarle a líderes más jóvenes que yo: nunca te coloques en una posición donde tu carácter no ha llegado. Si tu carácter no ha llegado, la posición te va a quebrar, te va a aplastar, no vas a poder sostenerte en dicha posición.
Entonces Pablo está ahí con Bernabé, pero Juan Marcos no está, él los abandonó en Panfilia. Y estando Pablo ahí sentado con Bernabé en la sinagoga el primer día de la semana, lo invitan a hablar: "Ese hermano, si tiene algo que decirnos, dígalo." El texto dice que primero leyeron la ley, luego leyeron los profetas, en ese era como la costumbre, el orden.
Y luego, si había alguien en la congregación cuyas credenciales eran más o menos conocidas, se les invitaba sin que ellos tuvieran nada preparado particularmente. Y este fue probablemente el caso de Pablo. Pablo era fariseo, fariseo de fariseos, había sido entrenado en la ley, había estudiado bajo Gamaliel, con toda probabilidad fue rabino, parte del Sanedrín. De manera que si ellos conocían parte de esto, pues quizás eso hace que ellos le digan: "Hermano, si tiene algo que decirnos, díganos."
El versículo 16: "Pablo se levantó y haciendo señal con la mano, dijo: Hombres de Israel y vosotros que teméis a Dios..." Está hablando a dos grupos distintos: hombres de Israel, judíos, y el otro grupo eran gentiles que probablemente eran como Cornelio, con temor a Dios. "Hombres de Israel y vosotros que teméis a Dios, escuchad. El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella, y por un periodo como de cuarenta años lo soportó en el desierto."
Nota cómo Pablo enfatiza que Dios tomó el pueblo bajo esclavitud y lo engrandeció. Eso no está ahí por accidente. Normalmente las poblaciones esclavas son diezmadas en la esclavitud por el maltrato. En este caso el pueblo de Dios es llevado a Egipto por cuatrocientos años, cuatro siglos de esclavitud, y en vez del pueblo ser diezmado, lo que el pueblo hace es que se crece y se engrandece. De hecho, el temor de Faraón era precisamente, en un momento dado cuando comenzamos a leer el libro de Éxodo, es justamente cuán grande, cuán numeroso y cuán más poderoso que nosotros ese pueblo es. Los egipcios son los libres, los judíos son los esclavos, y sin embargo los esclavos son más numerosos y más grandes que los libres.
Tú puedes ver la mano de Dios ahí. Tú puedes ver a Dios actuando. Tú puedes ver a Dios que, independientemente de las circunstancias en las que nosotros vivamos, nuestro Dios es capaz de fortalecernos aún bajo la peor opresión posible. En mi manejo de vidas, si tú haces consejería, si tú te relacionas con gente de cerca, tú descubres que la vida tiene vueltas y tiene imprevistos, con presiones, invocaciones, capaces de aplastar a cualquier persona. Y nuestro Dios tiene el poder y la gracia multiforme para levantar a cualquiera de sus hijos en medio de las peores presiones, de presiones aún sofocantes.
Yo hablaba con alguien bien joven en el día de ayer en una consejería semi de emergencia. Le decía: "Escucha, lo único que quiero es que salgas de aquí hoy, y luego seguimos hablando, con la esperanza de que no importa dónde estás, cómo te sientes, cómo piensas, nuestro Dios es capaz de sacarte de donde estás." Y eso es exactamente lo que ocurre en esta historia. La esclavitud no diezmó al pueblo, la esclavitud prosperó al pueblo. El pueblo se hizo más numeroso, se hizo más fuerte que los egipcios. Y la realidad es que entonces Dios, después de ese tiempo, los saca para llevarlos a la tierra prometida.
Tú puedes ver que los planes de Dios son indetenibles. Cuando Dios se propone algo, él lo consigue, no importa cuáles sean las circunstancias. Y esa fortaleza que Dios tiene, capaz de hacer lo que él quiera, es precisamente lo que tú ves a lo largo de esta historia. Nosotros no tenemos idea de imaginar cuán capaz nuestro Dios es de hacer camino en el desierto, de hacer sendas donde no las hay, de sacarte de donde tú estás, de fortalecerte en la debilidad, porque nuestro Dios tiene la gracia multiforme capaz de penetrar y capaz de hacer en medio de la nada, el todo. El hombre puede ser creativo, él puede ser creativo trabajando con lo que ya existe, pero nuestro Dios es Creador, de manera que él llama las cosas que no son como si fueran, porque él conoce la capacidad que él tiene de hacer de la nada todo lo que él ha hecho.
Pasado el tiempo de la esclavitud, entonces Dios oyó el clamor del pueblo. Solo que Dios le dice a Moisés: "Yo he oído el clamor de mi pueblo ahí en Egipto por cuatro siglos. Yo he oído el clamor y ahora yo estoy dispuesto a visitarlo y a sacarlo para llevarlo a una tierra donde mana leche y miel."
Ahora, tú pensarías que después de cuatrocientos años de penurias, como que el viaje a la tierra prometida debía ser directo. Ya descansen, tienen cuatro siglos. Pero no. Vamos a la tierra prometida, Moisés, pero vamos vía el desierto. El desierto, donde solo hay arena. ¡El desierto! Señor, pero tú no nos vas a sacar, en buen lenguaje nuestro, de Guatemala para llevarnos a "Guatepeor." Aquí por lo menos hay comida, aquí por lo menos hay agua. ¿Al desierto? Sí, nos vamos vía el desierto. ¿Sabes por qué, Moisés? Porque para tú, mi pueblo, disfrutar las bendiciones de la tierra prometida, necesitas pasar por el calor del desierto, donde el calor derrita las impurezas del corazón que jamás le permitirían aquilatar y saborear y apreciar y agradecer mis bendiciones. De manera que vamos para la tierra prometida, pero nos quedan cuarenta años en el desierto.
Moisés no sabía eso. Moisés pensó: "Bueno, si nos vamos directo de aquí allá, son once días." Se ha calculado de esa manera. Y como para el Señor un día es como mil años y mil años como un día, bueno, once días fueron cuarenta años camino a la tierra prometida. Muchas veces Dios quiere bendecirnos, quiere darnos incluso a veces hasta los deseos del corazón, pero Dios sabe que el corazón no está listo para manejar los deseos que está pidiendo. Y Dios entonces se toma su tiempo.
Ahora, el versículo 18 del texto que leí me dice que Dios lo soportó por cuarenta años. Pablo no subraya tanto aquí que lo sustentó, aunque Dios fue quien lo sustentó, sino que lo soportó. En otras palabras, Pablo quiere que nosotros entendamos algo del carácter de Dios. El Dios proveedor es como fácil de ver. Lo que muchas veces no vemos es que Dios es un Dios lento para la ira y abundante en misericordia, y Dios lo soportó. A veces he estado con alguien y digo: "No lo soporto." Bueno, Dios a veces pudiera decir: "Ese pueblo mío rebelde, no lo soporto," pero lo hace.
Este es el pueblo que llegó al extremo de adorar ídolos, después llegó al extremo no solamente de adorar ídolos, sino de fabricarlos con las manos, y luego ir y sacrificarles sus propios hijos a ídolos que ellos habían construido con sus manos. ¡Te imaginas cuánto hubo que soportarle a este pueblo! La idolatría, y luego el sacrificio de sus propios hijos a ídolos hechos con la mano. Y Dios supo ser fiel a un remanente que estaba en medio de ese pueblo, a quien él había hecho promesas, y a quien él pretendía cumplirle, y todavía terminar de cumplir hasta nuestros días las promesas que él hizo.
Nota cómo Pablo resalta el carácter de Dios. Escucha: Dios escogió a los patriarcas, eso está ahí en el texto que leíamos. Dios engrandeció al pueblo. Dios lo sacó de Egipto. Dios lo soportó en el desierto. De manera que en todo momento Pablo está tratando de poner en manifiesto el carácter de Dios. Y eso es algo que yo estoy tratando de enfatizar: que cuando tú leas los eventos, cuando tú leas la historia del pueblo de Dios, que tú puedas tratar de ver el carácter de Dios que él está tratando de revelar en la historia. Es más importante el Dios detrás de la historia que la historia misma. La historia de la Biblia es la historia del carácter de Dios revelado en dicha historia.
Y para Dios llevar a la tierra prometida a ese pueblo, él tenía que desplazar la gente que estaba en la tierra prometida. La misericordia de Dios para con un pueblo rebelde. La tierra prometida estaba ocupada por siete naciones, lo vamos a leer en un momento. Y Dios tuvo que desplazar las siete naciones, quitarles su tierra y entregársela a su pueblo elegido. Y alguien pudiera estar pensando: "Pero eso no es justo." No, lo que pasa es que Dios había anunciado en el libro del Génesis que esa nación era tan malvada, tan pecaminosa, que Dios estaba esperando que el tiempo transcurriera, y cuando su pecado llegara al tope, al colmo ya, entonces Dios traería su pueblo y usaría a su pueblo como instrumento de justicia para desplazar a dichas naciones.
Escucha lo que el versículo 19 dice del texto de hoy: "Después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán, repartió sus tierras en herencia." Dios destruyó las naciones. Dios repartió la tierra. Una y otra vez tú puedes ver: Dios es quien hace, Dios es quien provee, Dios es quien nos lleva adelante.
De hecho, Dios dice a través del profeta Isaías en el capítulo 43, versículo 4, escucha: "Ya que eres precioso a mis ojos..." Y tú dices: "¿Y trae el precioso a mis ojos? El pueblo rebelde, el pueblo idólatra, ¿cómo que precioso a mis ojos?" Uno es precioso porque yo he hecho una elección de un remanente por el cual mi Hijo viene y va a morir. Y ese remanente, a quien yo le he hecho promesas, porque mi Hijo va a morir, es precioso a mis ojos. De manera que si tú eres parte de ese pueblo, mírate como alguien que Dios llama "precioso a mis ojos." ¿Te imaginas? En medio de la vez de nuestra rebelión, de nuestro pecado, Dios dice: "Recuerda, mírate, tú eres precioso a mis ojos."
"Digno de honra, y yo te amo," le dice. Dios es real: "Yo te amo, y te daré a otros hombres en lugar tuyo y a otros pueblos por tu vida." Y trae el: "Tú eres tan especial para mí que cuando vayamos a la tierra prometida, aquí hay gente que va a morir en batalla y va a morir para que tú ocupes su tierra. Y aquí hay tierra que ha sido labrada por otros, que tú no has cultivado, y se te va a ser entregada." ¿Te imaginas? El trato especial de Dios con su pueblo. Pero Dios precede eso que está a punto de hacer con el hecho de que: "Tú eres precioso a mis ojos. Yo he dado gente por ti, entregado gente por ti."
Esto fue exactamente lo que pasó en la cruz: "Yo entregué a mi Hijo por ti, entregué a otros pueblos por ti." Esto como que es un presagio de la cruz: "Yo voy a entregar a mi Hijo también por ti."
El versículo 19: "Todo esto duró como cuatrocientos cincuenta años, y después de esto les dio jueces hasta el profeta Samuel."
Vamos a hablar un poquito de su pueblo. Entra la tierra prometida y la conquista de la tierra prometida y la lucha por la tierra: 450 años, durante los cuales Dios les dio jueces. Jueces que no son como los jueces nuestros de juzgado, de la justicia nuestra; no, eran líderes militares. Lamentablemente con mucho carisma y poco carácter. No fue que Dios los eligió de esa manera, es que ellos se comportaron de esa manera.
Quizás uno de los más conocidos y uno de los que tú piensas que mejor se comportó fue Gedeón, que ganó aquella batalla de 300, 300 personas contra miles. Gedeón tiene la osadía de construir un ídolo, de adorarlo, y de tener un problema de carácter: colérico. Y en un momento dado, un grupo de sus propios hermanos judíos no le ayudaron en la batalla. ¿Sabes lo que hizo? Los mandó a matar a todos, simplemente porque no le ayudaron. Y después Sansón con su problema de lujuria.
450 años donde el pueblo pecó. Y luego entonces el pueblo peca, Dios le impone consecuencias, el pueblo confiesa su pecado, el pueblo se arrepiente, Dios levanta un libertador, los saca de la esclavitud para comenzar otra vez. El pueblo peca, el pueblo sufre consecuencias, Dios los lleva entonces al arrepentimiento, se arrepienten, Dios levanta un libertador. Y cuatro siglos y medio en ese ciclo, siete veces. El pueblo de Dios, el pueblo escogido por Dios, se caracterizó más por la desobediencia que por la obediencia, o la rebelión más que la obediencia.
Y el texto que leímos dice que el último de ellos fue Samuel. Yo estoy tratando de explicar cosas que este texto está resumiendo en pequeños versículos y palabras y que pudiera perder a mucha gente. Entonces Samuel es el último de esos jueces. Samuel, el gran profeta, pero Samuel tiene un problema: no supo criar a sus hijos. Entonces los hijos de Samuel eran tan malvados como los jueces anteriores, y el pueblo vino donde Samuel y dice: "Nosotros no queremos a tus hijos por jueces, danos un rey para ser como las demás naciones."
Samuel se entristece. Samuel sabe que hasta ese momento Dios ha sido el rey del pueblo y el pueblo está rechazando a Dios. Cuando Samuel está triste, Dios le dice: "Samuel, tranquilo, ellos no te están rechazando a ti, es a mí que me han rechazado." Pero esto desagradó a Dios. Y cuando ellos pidieron rey, básicamente Samuel les dice que escojan: "¿Cuál rey ustedes quieren? Si quieren los deseos de su corazón, escojan." El pueblo pidió a Saúl, y Dios le dice: "Ahí pueden tener a Saúl."
Y Saúl gobernó por 40 años. Un hombre iracundo, caprichoso, utilitarista, quien usara a Samuel todo el tiempo para su propio beneficio, pero nunca mostró temor de Dios. Escuchen lo que el texto dice, cómo el texto lo dice en el texto de hoy: "Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante 40 años. Después de quitarlo, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón, que hará toda mi voluntad."
Esto es como el clímax de la historia del Antiguo Testamento en esta narración: Egipto, el desierto, tierra prometida, los jueces, Saúl, David. Imagínate qué es ser gobernado por 40 años por un rey malvado como lo fue Saúl. Dios les dio a Saúl, el texto dice que Dios les dio a Saúl, les dio lo que pidieron. Pero el texto también dice que Dios les levantó después a David, un hombre conforme a su propio corazón.
Si tú sigues la historia que hemos resumido hasta ahora, o que hemos estado leyendo en porciones, esto es lo que se ve en el panorama: Dios eligió a los patriarcas, Dios llamó, Dios movió, Dios salvó, Dios usó, Dios destruyó, Dios sacó, Dios engrandeció, Dios soportó, Dios sostuvo, Dios toleró. Dios, Dios, Dios, Dios, Dios, Dios, Dios, Dios.
Tú puedes hacer el argumento que yo he mencionado tantas veces: si hay un lugar donde tú puedes ver el carácter misericordioso de nuestro Dios, es en el Antiguo Testamento. No es el Dios ogro del que se habla; es continuamente lo contrario, el Dios que está continuamente, valga la redundancia, obrando a favor de sus hijos.
Y ahora nos dice que después de este rey malvado, de la tribu de Benjamín, de donde no iba a venir el Mesías, Dios levantó a David, de la tribu de Judá, de donde sí vendría el Mesías. Y lo que el texto hace entonces a partir de ahí, porque voy a tomar un desvío, es que hace un brinco a la persona de Jesús para presentar a Jesús como hijo de David, o descendiente.
Pero, como el texto en la historia no ha terminado con la historia del Antiguo Testamento, yo lo voy a hacer diferente. Yo voy a reservar ese salto hacia la persona de Jesús para el próximo mensaje, y voy a seguir con David para cerrar el Antiguo Testamento. Porque David como que cierra, no cierra el Antiguo Testamento, pero en esta narración es como el clímax y el resto es como añadidura.
Escuchen entonces en el versículo 36, porque en el 22 Dios levanta a David, en el 36 Dios dice esto de David: "Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió y fue sepultado con sus padres y vio corrupción."
En el tiempo que me queda, eso es exactamente lo que yo quiero hacer. Yo quiero hablar de ese versículo. Este versículo puede ser un mensaje por sí solo, pero no nos queda todo ese tiempo. Pero yo quiero culminar la historia del Antiguo Testamento con David, porque aquí es donde David muere, donde David es sepultado. Pero aquí hay cosas importantes que se dicen de David. Aquí hay tres palabras claves: después, propósito y generación.
El texto habla de la muerte de David, pero habla de la muerte de David en cierto contexto. Y parte de lo que el texto está ayudándome a entender es que, aunque David murió y vio corrupción como cualquier otro mortal, David no muere hasta después de... "Después" es una palabra clave. David muere cuando el propósito de Dios con la vida de David había terminado. Después de cumplir su propósito en su generación, David durmió.
Nosotros estamos viviendo un calendario que Dios tiene desde toda la eternidad, donde tú tienes un propósito que vivir y tú no serás llamado hasta que tu propósito no haya terminado. Por eso es que Jesús enseña y dice: "¿Quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?" No, no, no. Tú puedes preocuparte, tú puedes hacer lo que tú quieras; no podrás extender tu vida más allá del día que está señalado en tu calendario.
David sabía eso, como él dice en el Salmo 139: "Tus ojos vieron mi embrión, tú me entretejiste, tú me formaste." Pero me formaste para un propósito, y yo tengo que vivir tu propósito. Hasta que yo no termine de vivir tu propósito, mi vida no puede concluir. Después.
La palabra "después" no aparece de manera occidental. Después de David cumplir su propósito en su generación, David durmió. De manera que David tenía algo que Dios tenía que hacer con él en esa generación. Él no vino en la generación anterior, no vino en la generación posterior. En una generación. Los propósitos de Dios son tiempo específicos y de generación específica.
Yo no estoy como pastor en IBI, en República Dominicana, en este momento de la historia de Latinoamérica por accidente. Ni yo, ni los demás pastores que están con nosotros en la iglesia dirigiendo el pueblo de Dios. No, hay un propósito para el cual Dios levantó a cada uno de nosotros, y eso será así hasta que nosotros terminemos de vivir dicho propósito.
David entonces muere después. La plenitud del tiempo llegó, y Jesús vino, dice Pablo en Gálatas 4:4, cuando la plenitud del tiempo. Ni un día antes, ni un día después. Y de ahí entonces que tú puedes ver a Dios desarrollando la historia, usando sus líderes, usando su gente conforme a sus propósitos en su tiempo. No antes. Dios hace todo hermoso en su tiempo.
Si tú miras un reloj, un reloj de manecillas, a las doce del día, el minutero, la hora, la aguja de la hora, y el segundero están las tres como en el medio. Así se dio la venida de Cristo. Cuando todos los eventos habían sido orquestados, Dios envió a su Hijo. Hay un tiempo para cada cosa. Cuando nos vamos más allá, más rápido, a mayor velocidad de lo que Dios está haciendo las cosas, las cosas no funcionan, dañamos las cosas. Cuando vamos más despacio de lo que Dios quiere ir, muchas veces Dios termina usando a otra persona. Sus propósitos son indetenibles, pero el propósito de Dios es tiempo específico y generación específica.
Moisés estuvo en una idea a los cuarenta años de liberar al pueblo judío y terminó matando a una persona. Eso le costó el desierto por cuarenta años, huyendo, no pudiendo regresar. Porque, como ustedes entienden del texto de Éxodo, se nos dice que Moisés entendió que Dios tenía un propósito para él, pero ¿sabes lo que no tenía? El carácter para realizar el propósito. Y entonces, ¿qué va a pasar? Tienes que ir al desierto como ovejero por cuarenta años. Cuarenta años para formar el carácter.
Pero la gente hace un PhD en cinco años, un PhD, pero no un carácter. Tú puedes formar una celebridad de la noche a la mañana, pero no puedes formar un hombre de Dios de la noche a la mañana. Y a mayor responsabilidad, mayor el calor, mayor la dificultad, mayores los obstáculos en el camino.
Moisés quiso liberar al pueblo, pero a destiempo. Creo que he usado esta ilustración en otras ocasiones para que puedan entender la importancia del tiempo. David, después de haber cumplido el propósito en su generación, entonces murió. Tiempo, tiempo, tiempo.
Creo que te he contado esta historia, una ilustración más bien. Una familia con dos hijas, una de 15 años y una de 28 años. La de 28 años está casada, la de 15 está soltera. La de 28 años viene a las 10 de la mañana: "Mamá, papá, ¡estoy embarazada!" ¡Wow! Hay aplauso, alegría y de todo. Se van a preparar unas cenas a la noche para celebrar. Hasta que las estrellas tardan dentro de la hija de 15 años que está soltera. Se va donde papá: "Papi, mami, ya también pueden celebrar otra vez, yo también estoy embarazada." Y ahora hay lágrimas, y llanto, y vergüenza, y dolor. Y la hija de 15 años dice, como se dice en inglés: "I don't get it, yo no entiendo. Yo soy hija también, ella es mi hermana, yo soy hermana de ella. Este es un nieto y este es un nieto." ¿Cuál es la diferencia? Tiempo. Tú estás fuera de tiempo, esa es la diferencia.
Y cuando tú miras la vida de David en la historia de Dios, él no estuvo fuera de tiempo. La historia de Cristo, él no estuvo fuera de tiempo. En el tiempo señalado, Cristo vino. Dios fue puesto en una generación. De David, David fue puesto en una generación porque Dios entendía que él tenía un propósito que llenar en esa generación. Fuera de esa generación, David hubiese sido como una pieza de un rompecabezas que no encuentra su lugar donde ser colocado. Pero el impacto de David fue mucho más allá que la generación en la que él vivió.
Tú estás en esta generación, tú estás colocado, tú tienes un propósito. A veces está más claro que en otros, pero tú tienes un propósito. Y tu sentido de satisfacción en la vida depende en gran manera de que lleves a cabo el propósito de Dios. Fuera del propósito de Dios no puedo encontrar satisfacción. Dios nos crea, Dios nos hace nacer, Dios nos coloca en una generación y nos coloca en posición. No solo en trabajos, nos coloca en ministerios y nos dice: "Dentro de esta posición, este es tu propósito." Y eso que es tu propósito es lo que mayor gozo y satisfacción te va a causar, porque yo te creé para ese propósito.
Yo estoy diciendo todo esto a manera de aplicación, pensando en la vida de David y en su propósito, cómo él no murió antes. Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. El alfarero no comienza a construir una vasija y alguien le pregunta: "¿Y para qué es esa vasija?" "No, no sé, yo estoy construyendo algo, después que la usen para lo que quieran." No. Si es una taza de café tiene un asa, si es un vaso no va a tener asa, es más profundo. De esa misma manera, Dios es ese alfarero. Tú eres como eso que él está construyendo. Eso que él pensó, y para lo que él te pensó, para eso te equipó. Para lo que él te pensó, ahí te colocó. Para lo que él te pensó, ahí él te quiere. Salir de ahí, salir del propósito de Dios, no te va a producir mayor satisfacción, porque tu satisfacción en la vida está íntimamente ligada a la razón por la cual Dios me creó.
A veces no estamos satisfechos porque no estamos viviendo el propósito de Dios. A veces estamos como dentro del propósito de Dios, pero no lo estamos llevando a cabo a la manera de Dios o en el tiempo de Dios. Pero satisfacción y propósito están íntimamente relacionados. Una vida sin propósito es una vida sin gozo, seguro. Una vida con múltiples propósitos es una vida compleja, porque Dios como que no nos quiere tan dispersos. Al final: "Johnny, ni sé cuál es el propósito de Dios para conmigo." Pero una vida con singularidad de propósito es una vida altamente efectiva para el reino de los cielos.
Otra ilustración que quizás se ha usado en otras ocasiones es simplemente estas luces que están aquí sobre mí. Ahora, lo que esas luces emiten son fotones, así se llaman. El rayo láser lo que emite son fotones. ¿Cuál es la diferencia entre esta luz que me ilumina con fotones y el rayo láser que no me ilumina pero que tiene poder de penetración? Una sola diferencia: todos los fotones del rayo láser están dirigidos en una sola dirección y eso le da su poder. Estas luces tienen fotones, dan luz, pero están todos dispersos. Da luz, pero no poder.
Bueno, de esa misma manera entonces, tú eres como ese rayo de luz en las manos de Dios, creado con un propósito en una generación. Y él es el único que tiene la capacidad de tomar tus fotones, que son tus dones, tus talentos, las oportunidades, las ocasiones, tus habilidades, y dirigirlas todas en una sola dirección, de tal manera que tu vida es una vida efectiva para el reino de los cielos. Eso es lo que Dios quiere hacer. Necesitas singularidad de propósito de vida, y donde eso está, eso producirá en ti el mayor gozo.
Nosotros fuimos creados para vivir en relación con Dios. Nosotros fuimos creados para amar a Dios. Nosotros fuimos creados para obedecer a Dios, para vivir en total dependencia con nuestro Dios. Lamentablemente, nosotros con frecuencia vivimos más en relación con nuestras oportunidades, nuestros talentos, con nuestras finanzas, con nuestros planes, nuestros sueños, nuestras ambiciones, que con Dios.
Y resulta que temporalmente parecería como que esas cosas nos producen satisfacción, hasta que llegamos, por así decirlo, en la noche frente al espejo, nos quitamos las máscaras y decimos: "¿Sabes qué? Todavía duele en mi interior. Todavía hay algo que yo no tengo, todavía hay algo que no me satisface, todavía hay algo que no está bien." Pero una vida enfocada por Dios, vivida en la generación donde él te ha puesto, con una singularidad de propósito, va a producir en ti el gozo que tú quisieras tener.
Y el peligro de no vivir el propósito de Dios es que Satanás siempre tiene uno que ofrecer. De hecho, tiene dos y tres y cuatro que ofrecer. Todo el tiempo, aun cuando Dios te ofrece propósito, él tiene ofertas. Mucho más, yo entiendo que si no tengo propósito abundarán las ofertas. Lo hizo con Cristo en el desierto. Cristo tenía clara su misión y aun así Satanás fue y le ofreció propósito de cómo vivirlo. Pero tenemos que recordar que sus propósitos son temporales, los de Dios son eternos. Sus propósitos son engañosos, los propósitos de Dios son verdaderos. Los propósitos de Satanás son de vergüenza, los propósitos de Dios son de gloria.
Y David escribió en el Salmo 138: "El Señor cumplirá su propósito en mí." En otras palabras, quizás mi preocupación número uno no es tanto cómo descubro el propósito y dónde lo encuentro y dónde acaso está. Quizás es más bien rendirme. En la rendición, Dios me encamina a sus propósitos. En la rendición, yo no peleo con la corriente hacia donde Dios me está llevando. En la rendición, yo soy llevado por el viento de Dios.
Y entonces, cuando tú terminas de vivir el propósito de Dios en tu generación, o mientras lo vives, esa es la definición de éxito en el reino de los cielos. La definición de éxito para Dios no tiene nada que ver ni con títulos de PhD, ni con recursos económicos, ni tamaño de la casa, ni tamaño de las propiedades, ni tamaño de mis cuentas de banco, ni nada que ver con eso, aun si Dios lo haya provisto. La definición de éxito del reino de los cielos para mí es: ¿llenaste o no el propósito para el cual tú fuiste creado? Porque cuando lo llenas estarás satisfecho. Para eso yo te hice, para eso yo te pensé, para eso yo te soñé, para eso yo te puse. Por ilustrarlo de esa manera: un asa. Para eso yo te puse una base ancha, para eso yo te di inteligencia, para eso yo te di estos dones, para esto yo te di estos talentos. Nosotros podemos tener éxito en la vida y haber fracasado en el reino de los cielos.
David fue una combinación como de éxito y fracaso, porque David alcanzó... La nación de Israel alcanzó su clímax bajo David, no hay duda de eso. Pero cuando David quiso fabricar el templo, Dios le dice: "Tú no eres el hombre. Tú has derramado demasiada sangre, David. Es verdad que yo te hice guerrero, pero en un punto, déjame decirte, te pasaste. Tú mataste a gente que no tenías que matar, y eso incluye a Urías. Por incluir otra gente en batallas que tú no tenías que eliminar." Y entonces tú puedes ver que en un sentido David tuvo éxito parcialmente, pero una parte del propósito de Dios que él pudo haber vivido, y era el sueño de construir él mismo el templo del Dios de que él era tan adorador, a quien perseguía, cuyo corazón era tras él, y Dios le dice: "No, David, tú no serás, será tu hijo." Lo más triste es que el hijo que lo hace salió peor que el padre.
En mano, también tenemos que reconocer que el texto dice: "Después que David cumplió el propósito de Dios en su generación, David durmió." Propósito, no actividades. La gente piensa que estoy muy involucrado, mucha actividad, estoy llenando el propósito. No, no. Cuando yo pienso de esa manera es como confundir movimiento con desplazarme. Que puedes entrar en una estera rodante, te puede dar mucho movimiento y no paras para ningún lado. Es como confundir ruido con poder. Hoy es un carro viejo con muchos ruidos y piensas que ese motor tiene mucho poder. Ni el ruido puede ser confundido con el poder, ni la actividad con propósito. Puedes tener mucha actividad, poca productividad. Tu productividad es medida en comparación con los propósitos que Dios soñó para ti. Y eso es lo que nosotros intentamos recordar.
¿Y qué es el propósito entonces? Lo he dejado insinuado, pero déjame dar un par de definiciones. El propósito de tu vida o el propósito de cualquier cosa es la intención original para la cual algo es creado, o para lo cual tú fuiste creado. La intención original. Si hubiese sido posible una entrevista a Dios en el momento en que me formaba, me estaba formando en el vientre de mi madre, alguien hubiera podido preguntar: "¿Y qué tú piensas hacer con este bebé que se va a llamar Miguel?" La respuesta que Dios hubiese dado en ese momento definía mi propósito de vida. Es la intención original para la cual algo es creado. Es la razón para la existencia de algo o de alguien. Es el objetivo que inspiró la creación de algo.
¿Cuál era el propósito de Bernabé al caminar al lado de Pablo? ¿Cuál era el propósito de Timoteo? Ser ese discípulo fiel en quien Pablo confió y le pasó el bastón. Y en un momento dado le dijo a Timoteo: "Solamente te tengo a ti, no tengo a nadie que sea del mismo interés que el mío." ¿Y quién es el que va a ser conocido? Pablo. Pero Pablo, sin Timoteo, no hubiese podido llevar a cabo el propósito de Dios.
Los dos días más felices de una persona, decían, son el día que nace y el día que descubre para qué nació. El día que nace y el día que descubre para qué nació. El propósito de tu vida le da razón a tu vida. El propósito de mi vida no es predicar; predicar es el instrumento por medio del cual Dios está llevándome a realizar el propósito de mi vida. Son conceptos como finos, pero yo necesito entender la diferencia.
Dios me creó para predicar, y esto que voy a decir también es para ti, pero de forma distinta: para que con el instrumento que Él te dio, en mi caso la predicación, tú seas un agente de influencia en tu generación. Y cuando la influencia que Dios pensó que tú debieras ejercer se cumplió, te mueres. Él te llama. Algunos de ustedes son sus hijos, para otros ustedes son el apoyo a alguien, para otros ustedes no sé qué otra cosa, pero Dios no nos llamó a registrar la historia. Eso que nosotros hacemos cuando nos juntamos: "Esto nos sirve, y viste lo que pasó, y viste lo que le hice, y viste la audiencia, y viste el caso, y viste lo otro, y viste la corrupción." Entonces, Él no nos llamó a registrar la historia como los periodistas; Él nos llamó a impactar la historia. Y ese es el propósito tuyo y el propósito mío.
La pregunta es: ¿cómo la vas a impactar? ¿La vas a impactar directamente tú? ¿La vas a impactar apoyando una visión? ¿La vas a impactar formando parte de una iglesia, de un ministerio, formando parte de un equipo que está impactando una región para Dios, para el reino de los cielos, para que juntos podamos hacer el trabajo para lo que Dios nos llamó a hacer? Cuando David cumplió su propósito, Dios lo llamó.
Recuerda, el encontrar tu propósito comienza, primero, recordando que tú fuiste creado para conocer y amar a Dios. Conociéndole poco, amándole poco, probablemente tu propósito se haga un poco turbio. "En esto quiero que se complazca: aunque me entienda y me conozca." Tú fuiste creado para llenar ciertas metas que Dios ha puesto en tu camino como parte de su plan de redención. Tú fuiste creado con un propósito que requiere un orden de prioridades en tu vida y en la mía para poderlo llevar a cabo.
Tú fuiste creado para que uses el tiempo, aproveches bien el tiempo, porque los días son malos. Y que tú recuerdes que mucha de la diversión de este mundo es algo que tú podrás multiplicar con creces en la eternidad y de mil formas mejor. Que la prioridad del reino de los cielos y su justicia, y realizar el propósito de tu vida como Dios lo concibió, es la clave de tu vida.
A veces pensamos que con esto y con lo otro, a veces pensamos que si yo cambiara de país, si yo cambiara de trabajo, si yo cambiara de posición económica, este sentido que yo tengo de insatisfacción va a cambiar. De mano te digo: no va a cambiar. A menos que el cambio resulte en el llenado del propósito para el cual Dios te creó en esta generación y no en otra. Tú estás en esta generación porque Dios entiende que tú tienes algo que darle a esta generación. Si Dios pensara que lo que tú tienes que darle es para la próxima generación, te hubiese esperado, hubieses nacido de otra familia más adelante.
Después que David cumplió el propósito de Dios en su generación, David durmió. Eso a mí me da tranquilidad de que hasta que mi propósito se cumpla, Él estará conmigo. Cuando yo cumpla mi propósito, no quiero vivir un día más; estaría viviendo un despropósito. Y ese es el Dios que construye toda esta historia redentora, pero lo hace a través de una persona a la vez.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.