Lo que hizo sobresalir a Daniel en medio de imperios paganos no fue su inteligencia ni su experiencia política, sino algo que el texto llama un "espíritu extraordinario": una vida de integridad que fluía de conocer profundamente a Dios. Cuando Babilonia cayó y los medos y persas tomaron el poder, lo lógico habría sido que Daniel, como figura del régimen anterior, perdiera su posición o su vida. Pero Dios tenía otros planes, y este israelita exiliado terminó sirviendo al nuevo rey Darío con tal excelencia que despertó la envidia de otros funcionarios.
La trampa que urdieron sus enemigos revela quién era Daniel: después de investigarlo exhaustivamente, no encontraron ninguna falla en él, excepto su devoción inquebrantable a Dios. Cuando se promulgó el edicto que prohibía orar a cualquier dios que no fuera el rey, Daniel no cerró sus ventanas ni buscó formas discretas de orar. Subió a su aposento, abrió las ventanas hacia Jerusalén y oró con acción de gracias, como siempre lo hacía. Su conocimiento del amor y la soberanía de Dios le permitió enfrentar la amenaza sin temor.
Lo más revelador es que un rey pagano, al enviar a Daniel al foso de los leones, le dijo: "Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, él te librará". Darío conocía al Dios de Daniel porque Daniel no solo le servía con fidelidad, sino que hablaba de él constantemente. La liberación milagrosa llevó a que todo el imperio temblara ante el Dios viviente. Conocer a Dios profundamente y darlo a conocer con nuestra vida: esa es la invitación que deja este relato.
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Bueno, mi deseo esta mañana es que cuando vengamos ahora a la Palabra, cuando vengamos a escuchar la voz de Dios a través de lo que Él nos ha expresado, tanto tú como el que habla podamos salir de aquí con una comprensión más clara, con un deseo mayor de conocer al Dios a quien hemos cantado. Yo he titulado mi mensaje del día de hoy "El Dios detrás de Daniel", porque yo quisiera que mientras reflexionemos en esta historia que vamos a estar viendo, en este relato, podamos ver al Dios que Daniel adoraba, al Dios que Daniel conoció, y eso cree en cada uno de nosotros un hambre y un deseo por conocerle más a Él.
Quiero invitarte a que me acompañes al libro del profeta Daniel, capítulo 6. Estaremos viendo el capítulo completo en el día de hoy, pero antes de leer el texto es bueno que nos situemos donde nos vamos a encontrar, que podamos ver un poco del contexto de este tema que vamos a estar hablando en el día de hoy. Como muchos saben, Daniel fue parte de un grupo de exiliados que vino desde Israel, desde Judá, hacia Babilonia. Con él vinieron tres amigos que, desde que llegaron a Babilonia, se destacaron grandemente. Dice el capítulo 1, versículo 4, del libro de Daniel que el rey Nabucodonosor mandó a buscar entre los hombres de Israel hombres que fueran sabios, hombres que fueran altamente conocedores de la ciencia y de todas las ramas del saber. Y de todos esos hombres, Daniel y sus amigos se destacaron.
Se destacaron a un punto que, si vemos el versículo 20 del capítulo 1, dice que en todos los asuntos de sabiduría y de conocimiento que el rey Nabucodonosor les presentó, estos cuatro hombres se destacaron diez veces por encima del resto. Estos hombres eran hombres especiales; la gracia y el favor de Dios estaba con ellos, en especial con Daniel. Daniel fue utilizado por Dios en altos cuartos políticos en Babilonia, siendo un israelita, siendo un inmigrante, siendo un extranjero. Dios lo usó para liderar al pueblo de Babilonia, a la nación de Babilonia, pero también lo usó para hablar de manera personal a reyes.
Vemos cómo lo hizo con Nabucodonosor, contándole el significado de ciertas visiones y ciertos sueños. Y vemos también cómo lo hizo en el capítulo 5 con el rey Belsasar, quien estaba altamente ansioso porque no entendía una descripción, una mano que él veía en un sueño que escribía en la pared. Y él estaba tan ansioso que no sabía quién podía contarle este sueño, hasta que Daniel vino y pudo interpretarlo. El rey Belsasar estaba tan contento y tan emocionado que decidió nombrar a Daniel como el tercer hombre al mando de toda Babilonia. El israelita llegó a ser el tercer hombre al mando de toda Babilonia.
Pero ¿qué pasa? Que el capítulo 5, versículo 30 nos dice que luego de esto, el rey de los medos y persas invade Babilonia y el rey Belsasar muere. Daniel es investido como el tercer hombre al mando y su rey, inmediatamente a eso, muere. Y nos preguntamos: ¿qué va a pasar ahora con Daniel? ¿Qué pasará con un hombre que ahora su imperio, al que él servía fielmente, ha caído y un nuevo imperio, unos nuevos gobernantes vienen a dirigirlo? Y en ese contexto es que yo quiero que veamos lo que pasa posteriormente con Daniel.
Vayamos a Daniel capítulo 6 y estaremos leyéndolo por porciones para un mejor entendimiento del pasaje. Daniel 6, versículos 1 al 3 dice: "Le pareció bien a Darío" —luego que él conquista Babilonia, dice el texto, le pareció bien a Darío— "constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas que gobernaran en todo el reino, y sobre ellos tres funcionarios, uno de los cuales era Daniel, a quienes estos sátrapas rindieran cuenta, para que el rey no fuera perjudicado. Pero este mismo Daniel sobresalía entre los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinario, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reino."
La gran Babilonia ha caído. La cabeza de oro que vemos profetizada en el capítulo 2 del libro de Daniel ha caído. El imperio más grande conocido ha caído. Y dice el versículo 1 que Darío, el nuevo rey que viene a regir sobre este imperio, ha planificado cierta estrategia para gobernar ahora a su pueblo. Él decide constituir ciento veinte sátrapas o ciento veinte líderes que pudieran gobernar, regir y administrar el reino, y sobre ellos tres gobernantes a quienes ellos tenían que dar cuentas. Y me llama la atención que uno de esos gobernantes era Daniel.
La caída de la gran Babilonia no cambió los planes de Dios para su pueblo, ya que vemos cómo Daniel se desplaza a través del ir y venir de las naciones. Lo más lógico era que si Darío conquistaba esta nación, a toda persona de autoridad como lo era Daniel, ¿qué le iba a hacer con ellos? Quizás lo encarcelaría, quizás le quitaría la vida. Pero nuestro Dios no juega con dados, y Él tiene planes diferentes a nosotros y estrategias diferentes a nosotros. Y aquí vemos cómo el israelita que vino a Babilonia a hacer el tercero al mando del imperio de Babilonia, ahora está al lado del rey Darío sirviéndole, porque nuestro Dios tiene planes que nosotros no entendemos. Daniel está ahí ahora como una figura de autoridad sirviendo al rey Darío.
Ahora, ¿quién era este rey Darío? La realidad es que cuando nosotros profundizamos un poco acerca de este personaje, la historia no nos habla mucho acerca de él. Incluso se entiende que posterior a la caída del reinado de Babilonia, el rey que vino a reinar fue un hombre llamado Ciro, por lo cual muchas veces se ha creado una confusión y se pregunta: ¿quién es este Darío entonces? Muchos estudiosos han entendido que este Darío era otro nombre para el rey Ciro, y se basan en que, según algunas investigaciones arqueológicas, en cinco grandes instrumentos arqueológicos de los reyes de Persia aparecieron la inscripción "Darío", por lo cual muchos de ellos entendían que este Darío era simplemente otro nombre o un título para el rey Ciro. Pero no sabemos realmente quién era Darío. Lo que sí sabemos es que el texto nos dice que era el rey de los medos y persas.
Darío se sienta en su trono y Daniel, el israelita, es uno de los líderes más altos de su pueblo. Y vemos cómo el versículo 2 dice que, entre todos los designados de Darío, Daniel sobresalía, y Darío hasta pensó ponerlo por encima de todo su reino. ¿Por qué? Porque él tenía un espíritu extraordinario. ¿Qué había detrás de Daniel que lo hacía sobresalir? Quizás era su sabiduría, quizás era su inteligencia, quizás era su valor como estadista, quizás era su experiencia. Probablemente Daniel en este punto de su vida tenía entre ochenta y noventa años y había estado sirviendo, ya había servido a muchos reyes. Sin embargo, cuando nosotros vemos el texto nos damos cuenta de que ninguna de estas cosas están enumeradas.
Dice que Daniel se destacaba porque él poseía un espíritu extraordinario. Y un espíritu extraordinario es una forma de decir que Daniel era un hombre que se comportaba en todo su proceder de una manera digna y fiel. Y eso era posible para él, ¿saben por qué? Porque él conocía a Dios. Daniel podía comportarse de una manera fiel porque él conocía el carácter de Dios, y ese conocimiento le permitía a él comportarse de una manera digna y destacarse del resto.
A. W. Tozer, en su libro "El conocimiento del Dios Santo", dice lo siguiente: "La historia de la humanidad ha demostrado que ningún pueblo se ha alzado a niveles más altos que su religión, y esta ha demostrado que ninguna religión ha sido jamás más grande que su concepto de Dios. La adoración será pura o baja según el lugar que el adorador tenga a Dios." Daniel pudo destacarse porque él tenía un alto conocimiento de quién era el Dios vivo y verdadero, y ese conocimiento de Dios le permitió tener y mostrar un espíritu extraordinario y destacarse por encima del resto.
Pero ¿qué pasó? Que al Daniel prosperar, se levantaron a su alrededor hombres con ira, envidia y encono. Versículo 4: "Entonces los funcionarios y sátrapas buscaron un motivo para acusar a Daniel con respecto a los asuntos del reino, pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel, y ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en él."
El siervo de Dios prospera y enemigos se levantan. Y es sorprendente cuando Dios eleva a alguien cómo hay otras personas que su corazón se llena de celo. ¿Cómo alguien podía tener algo contra Daniel? ¿Cómo alguien podía querer acusar a un hombre como este? Sin embargo, si a Jesucristo lo crucificaron, que era Dios mismo en la tierra y de la manera perfecta, qué no esperemos nosotros sus siervos, qué no pueden esperar sus siervos. Pero al igual que con Jesús y con Daniel, Dios permite la oposición y la aflicción en la vida de los suyos para que Él pueda ser exaltado. Nada de lo que ocurre en la vida del creyente es fortuito, nada de lo que ocurre en la vida de nosotros como creyentes es casualidad. Dios lo permite con el propósito de mostrar que Él es quien se encarga de fortalecer, de defender y preservar a aquellos que son suyos.
Los líderes y jefes del reino sintieron celo contra Daniel y buscaron un motivo para acusarle y sacarlo del camino. Pero el versículo 4 dice que esta gente no encontró nada. Cuando un hombre de casi noventa años de edad tiene a tantas personas con poder político investigando para tratar de encontrar algo y no encuentran nada, esto es una muestra de que Daniel era un hombre honorable. Esto era una muestra de que Daniel era un ejemplo de integridad, de bondad, de nobleza, de lealtad. No encontraron ninguna falla, no encontraron algo que él debía haber hecho que no hizo, no encontraron algo que él no debía haber hecho que hizo, no encontraron absolutamente nada.
Entonces, como no encontraron nada, algo había que hacer. Versículo 5: "Entonces estos hombres dijeron: No encontraremos ningún motivo de acusación contra este Daniel, a menos que, a menos que encontremos algo contra él en relación a la ley de su Dios." Este versículo nos dice claramente quién era Daniel.
Cuando tus enemigos no pueden encontrar nada contra ti, más que el hecho de que tú estás absolutamente entregado a Dios, de que tú quieres honrar la ley de tu Dios, es una evidencia de que tú eres un hombre fiel. Y eso lo vemos en la vida de Daniel. Podemos ver a Dios capacitando a este siervo, a este líder para mostrar su corazón y su carácter. Daniel era un hombre de integridad, y para ser un ministro y para servir a Dios es una cualidad indispensable.
Tozer dijo exageradamente, aunque con mucha razón: los tres ingredientes más importantes en el trabajo cristiano son la integridad, la integridad y la integridad. Es un hecho de la vida que nunca se sabe cuándo se va a poner a prueba, pero también es cierto que en medio de la adversidad, en medio de las situaciones difíciles, es que nuestra integridad brilla con más luz. La gente puede no creer lo que nosotros decimos, pero ellos van a creer lo que nosotros hacemos, por lo cual yo tengo que entender que si yo quiero servir fielmente a Dios, yo tengo que mostrar un carácter de integridad.
Una persona íntegra es una persona impecable. Él o ella defiende los principios sin importar las consecuencias. De hecho, muchas veces, y lo vemos en la vida de Daniel, mantener mi integridad va a conllevar que yo pierda mi reputación, que yo pierda recursos, que yo pierda relaciones, incluso que yo esté dispuesto a perder la vida. Daniel está ahora en una posición complicada, en medio de una trama diabólica, probablemente por este mismo hecho, porque él se negó a violentar su integridad.
Y dice el versículo 6 y 7, ¿qué pasó después? Dice: estos funcionarios y sátrapas de común acuerdo, ellos se pusieron de acuerdo, se juntaron, fueron entonces al rey, le dijeron así: "Rey Darío, vive para siempre", algo que era protocolar; cada persona que se acercaba al rey debía decir estas palabras: "Rey Darío, vive para siempre". Y ellos le dijeron: "Todos los funcionarios del reino, prefectos, sátrapas, altos oficiales y gobernantes han acordado que el rey promulgue un edicto".
Ya ahí nosotros vemos la trama diabólica. Cuando tú ves que un enunciado comienza con un absoluto y con una mentira, tú sabes que hay algo complicado, hay algo que no es real. Que todos los funcionarios se reunieron, pero Daniel no estaba ahí. A Daniel no lo llamaron, le preguntaron: "Daniel, ¿qué opinas de esto?" Es probable que hayan habido otros funcionarios que no se consultaron para esto, que probablemente hubieran dicho que no, pero esta gente van con una mentira para tratar de conquistar el corazón del rey Darío.
Y dicen: "Todos han acordado que el rey promulgue un edicto y ponga en vigor el mandato de que cualquiera que en término de treinta días haga petición a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado al foso de los leones". Ellos vienen donde Darío con esta trama, le dicen: "Darío, mira, nosotros, todos los oficiales nos hemos puesto de acuerdo y queremos que tú seas Dios por treinta días. Solo a ti te pueden adorar, solo a ti te pueden pedir, solo a ti te pueden exaltar, solo a ti".
Es muy probable que Darío al escuchar esto, un rey pagano, se sintió halagado. Y bueno, algo bien hecho estoy haciendo yo, que mis gobernantes y las personas que me sirven quieren que yo sea Dios por treinta días. Probablemente Darío se sintió halagado, pero a la vez estaba siendo altamente engañado.
Y qué le dicen ellos, verso 8: "Ahora pues, oh rey, promulga el mandato y firma el documento para que no sea modificado conforme a la ley de los medos y persas, que no puede ser revocada". Darío, la ley que tú vas ahora a promulgar tiene algo interesante. Tú sabes que la ley de los medos y persas no puede ser revocada. Después que se promulgó, nadie puede cancelarla. Ahí no hay de que una amnistía, no hay de que una excepción, ahí no hay exoneración; el que la viole tiene que pagar, porque ahora Darío, tú eres Dios. Recuérdalo, si tú promulgas eso, tiene que cumplirse.
Y ahí estamos en la posición de saber y de ver qué hará Darío, que era el rey. ¿Qué ustedes creen que hará el rey ante tal petición que lo convierte a él en Dios por treinta días? Versículo 9: "Por tanto, el rey Darío firmó el documento, esto es el mandato". Formalmente vemos aquí que el rey Darío es Dios por treinta días. Nadie podía pedirle absolutamente nada a nadie. Nadie podía orarle a otro Dios. Aquel que osare hacer eso, ¿qué iba a pasar con él? Al foso de los leones.
Ahora, ¿qué hizo Daniel al enterarse de esto? ¿Qué hizo Daniel al enterarse de esta trama malévola y diabólica? Versículo 10: "Cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa, en su aposento superior, tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén, y como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios".
Daniel al enterarse de eso no corre a llamar al rey: "Pero rey, ¿qué pasó? ¿Por qué tú no me consultaste?" Él no llama a sus subordinados y dice: "¿Cómo pasó? ¿Qué es esto? ¿Qué fue lo que estaba pasando?" Empieza a cuestionar, él no hace nada de eso. Dice el texto que ese día cuando él se enteró hizo exactamente lo que él hacía siempre. Él entró a su casa, a su aposento superior, con sus ventanas abiertas y oró al Señor. Y me llama mucho la atención que el texto es claro cuando dice que él no oró cuestionando a Dios, él no oró reprochándole al Señor, él no oró cuestionando al Señor, él oró con acción de gracias, agradeciendo al Señor.
¿Cómo un hombre puede reaccionar así ante tal amenaza? ¿Reaccionaríamos nosotros así ante tal amenaza? Para nosotros poder actuar así, nosotros tenemos que conocer a Dios, y yo tengo que conocer su carácter, y yo tengo que conocer su poder, yo tengo que saber quién él es. Si yo no conozco a Dios, yo no puedo reaccionar así, todo lo contrario. Si yo no conozco a Dios, ante tal amenaza yo me voy a llenar de inseguridad, yo me voy a llenar de ansiedad, yo me voy a llenar de temor. Cuando nosotros conocemos a Dios y conocemos su perfecto amor, el temor es disipado, las dudas son disipadas, la ansiedad es disipada, porque yo sé que el Señor me ama.
Daniel sabía cuando estaba orando en su aposento en lo alto que si Dios había permitido que esta ley fuera promulgada era por algo bueno, porque Dios es un Dios de amor y es un Dios de gracia. Daniel conoció el amor de Dios y ese amor quitó todo su temor. Primera de Juan 4:18 dice así: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera todo el temor". No hay duda que en ese momento Daniel conocía a Dios, él conocía al Dios que estaba detrás de esta aflicción.
Pero no solamente conocía el amor de Dios, él también conocía que Dios es un Dios soberano. Él también conocía que si esta aflicción estaba pasando en su vida o iba a pasar en su vida, si esta ley se había firmado era porque Dios lo había permitido. Porque así como dice Jeremías en Lamentaciones 3:38: "¿No salen de la boca del Altísimo tanto el bien como el mal?" Daniel pudo actuar de esta manera porque él conocía al Dios soberano, aquel que estaba sobre su creación, aquel que controla y que gobierna, aquel que sabe todas las cosas, aquel que dice que un pájaro no cae del cielo sin su control, aquel que tiene control hasta de las hojas que caen.
Hermanos, cuando nosotros podemos conciliar el amor de Dios con su soberanía, nosotros podemos encontrar la paz, y en medio de la peor amenaza yo puedo estar confiado. Oswald Chambers, hablando sobre la importancia de conocer a Dios, dice: "Los obreros cristianos fracasan en tiempo de adversidad porque ubican su deseo primordial en la santidad personal más que su deseo de conocer a Dios".
Cuando yo conozco a Dios, cuando yo conozco su carácter, no importa si yo estoy viviendo tiempo de escasez, no importa si yo estoy viviendo un tiempo de abandono, no importa si yo estoy viviendo un tiempo de enfermedad, de persecución, de deseos no complacidos, no importa si yo estoy viviendo un tiempo incluso de luto y de muerte. Yo sé que mi Dios está por mí y que si él ha permitido esta situación, él me sostendrá. No importa la situación, no importa lo grave que parezca, si él la ha permitido, él me sostendrá.
Daniel había conocido algo por lo cual valía la pena morir, por lo cual que él hizo, él siguió orando, él siguió haciendo lo que hacía cuando probablemente otros habrían renunciado o quizá se habrían escondido. Pero como él conocía a Dios, él no tenía miedo a morir, porque sabía que si moría lo iba a hacer bajo el cuidado y la dirección de su buen Dios.
Dice el texto que leímos, hermanos, que Daniel tenía la costumbre anteriormente y posterior a la ley de orar tres veces al día. Esta ley no iba a cambiar su patrón de oración, esta ley no iba a cambiar la forma como él se iba a comportar. Él había abrazado el patrón que David había mostrado en el Salmo 55 cuando dice: "Tarde, mañana y a mediodía oraré y clamaré a ti". Daniel no iba a cambiar en su estilo de vida. Él subía a su casa con sus ventanas abiertas, mirando hacia Jerusalén porque ahí estaba su corazón, en la ciudad de Dios. Ahí él entendía que en el templo que había sido destruido, él entendía que estaba la presencia de nuestro buen Dios.
Ahora, muchos se preguntarán: ¿no debía Daniel obedecer esta ley? ¿Él no estaba pecando probablemente al violentar este mandato? Y la respuesta, yo creo que la mayoría de aquí lo sabemos, la respuesta es absolutamente no. Daniel no estaba violentando ningún mandato. Los hombres pueden hacer sus leyes, pero cuando esas leyes interfieren con la ley de Dios, interfieren con los mandatos de Dios, nosotros no estamos llamados a cumplirlas. Porque como dice el apóstol Pedro en Hechos 5:29: "Obedecer a Dios antes que a los hombres". Daniel estaba claro de a quién él debía obedecer.
Ahora, que si ustedes se preguntaran: pero está bien, pero él iba a orar a Dios, pero ¿él no podía ser un poco más discreto? ¿Él no podía cerrar la ventana por lo menos, u orar mientras caminaba, mientras se bañaba? ¿No había otra forma de hacerlo?
Daniel sabía que cuando nosotros cedemos a la presión de los hombres por temor, estamos dejando ver grietas en nuestro carácter. Daniel era un hombre de integridad, y un hombre de integridad todo cuanto hace, lo hace por convicción, no por temor. ¿Por qué él quería honrar a Dios? Porque él sabía que su Dios estaba con él.
¿Y qué pasó entonces? Versículo 11 y 12. Entonces estos hombres de común acuerdo se pusieron de acuerdo otra vez y fueron y encontraron a Daniel orando y suplicando delante de Dios, por lo cual se presentaron ante el rey y le hablaron tocante al mandato. La operación "destruyamos a Daniel" está en proceso. Ellos van y ¿qué hacen? Ellos encuentran a Daniel haciendo lo que ellos sabían que iba a hacer. Ellos encuentran a Daniel orando al Señor. Ellos encuentran a Daniel clamando a su Rey, sin importarle ninguna ley. Y al ver esto, ellos van de común acuerdo delante del rey, vienen con la queja. Ellos dicen: "Rey, Daniel no ha cumplido tu mandato, y tú sabes que tu mandato es una ley, y la ley de los medos y persas hay que cumplirla. ¿Qué tú vas a hacer ahora?"
Y la verdad es que el rey Darío, al escuchar esto, probablemente sintió vergüenza. Probablemente se sintió engañado, dijo: "Esta gente me hicieron rey por un día para atraerme hasta aquí, hasta este lugar." Probablemente sintió tristeza. El verso 14 nos dice cómo se sintió Darío al escuchar esto. Miren lo que dice el verso 14: "Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho." No fue simplemente que al oír las palabras de estos hombres que acusaban a Daniel, el rey se avergonzó, se molestó, se entristeció siquiera, "oye, qué pobre Daniel." No, no, no. Dice el texto que el rey se afligió en gran manera, su corazón estaba destrozado por eso.
Y al parecer él le tenía tanta estima a Daniel que dice el verso 14 que se propuso librar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo buscando la manera de librarlo. El rey escucha estas quejas, ve que es una trampa, y ¿qué hizo? Se propuso en su corazón buscar resolver esto. Se propuso en su corazón liberar a Daniel. Es probable que él haya reunido a todos sus eruditos, a todas aquellas personas que eran conocedores de la ley, para ver de qué manera, cuál era la brecha jurídica, por dónde lo podemos hacer, qué podemos hacer para liberar a Daniel. El rey se afanó en buscar la solución, pero al final concluyó que no había nada que hacer. Daniel estaba condenado a morir y el rey lo sabía.
Y yo no sé a ustedes, hermanos, pero cuando yo leo esto, hay algo que me llama mucho la atención. Y lo que me llama la atención es que en ningún momento de este relato, en ningún momento de esta trama tan diablólica, nosotros vemos a Daniel diciendo nada. En ningún momento vemos a Daniel diciéndole al rey: "Rey, ayúdame. Tú fuiste que me metiste en este lío. ¡Sácame de aquí!" En ningún momento Daniel se defiende, él nunca dice una palabra, él nunca se ocupa de su propia causa. Y esto es muy similar a lo que el Señor Jesús hizo, que frente a sus acusadores guardó silencio. Daniel sabía que quien podía defenderlo ya conocía su caso, y no había palabras que decir, solamente quedaba esperar. La ley había sido violada, Daniel tenía que pagar.
Versículo 16: "El rey entonces dio órdenes que trajeran a Daniel y lo echaran al foso de los leones." No hay más nada que hacer. La decisión está tomada. Probablemente con dolor y con un corazón contrito, probablemente con lágrimas en los ojos, el rey da órdenes de que traigan a Daniel y de que muera. Daniel iba a ser echado en un foso, y este foso literalmente era una caverna bajo la tierra que se aislaba con cámaras divisorias, que se llenaba de leones, leones hambrientos, para que fueran verdugos de aquellos que debían morir.
El texto no nos dice realmente la cantidad de los leones, lo que sí sabemos era muchos, y sabemos que eran leones que estaban hambrientos. Y si usted quiere saber lo que es un león hambriento, vaya mañana al zoológico aquí, pase la mano por la cabeza de un león para que usted vea lo que es un león hambriento, que lo van a encontrar en el periódico, va a salir al otro día.
Realmente, como yo decía, no sabemos cuántos leones eran, pero sabemos que no era uno, no era dos, no era tres. Y lo sabemos porque al final de este capítulo nosotros nos encontramos que cuando los acusadores de Daniel son echados al foso, que lo vamos a ver más adelante, dice el texto que antes de caer al suelo, los huesos de ellos y su familia ya habían sido triturados. Por lo cual entendemos que la cantidad de leones que había en el foso era muchos, y muchos literalmente quiere decir muchos.
El rey da la orden de echar a Daniel al foso, no sin antes expresar una de las más poderosas declaraciones de todo este relato. Dice el verso 16, el final del verso 16: "El rey habló a Daniel y le dijo: Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, él te librará." ¿Cómo el rey sabía esto? ¿Cómo el rey sabía sobre el Dios de Daniel? ¿Cómo el rey sabía que Daniel le servía con perseverancia? ¿Cómo el rey sabía que ese Dios lo iba a salvar, incluso? ¿Cómo el rey sabía que ese Dios tenía el poder de salvarlo?
Hermanos, cuando leemos esta declaración, nosotros podemos ver claramente al Dios que está detrás de la vida de Daniel. Un Dios que era personal para él, un Dios que era real, un Dios a quien él servía con perseverancia. Y él no solo le servía a Dios con perseverancia, sino que probablemente le hablaba de Él con perseverancia. A mí no me cabe la menor duda que Daniel y el rey Darío hayan pasado largas horas, largas noches hablando acerca del Dios de Daniel, hablando acerca del carácter del Dios de Daniel, hablando acerca de las obras poderosas que hizo el Dios de Daniel, hablando acerca de su majestuosidad, hablando de los atributos, hablando acerca de quién Él es. Conversaciones que hicieron que el rey, un rey pagano, creyese que el Dios de Daniel podía liberarlo.
Ahora, una pregunta de aplicación quizá para nosotros en este día: ¿Las personas que están en nuestro alrededor pueden conocer y creer en Dios por la forma como nosotros vivimos? Las personas en mi trabajo, en mi colegio, en mi universidad, en mi hogar, ¿pueden conocer a Dios o creer en Dios por la forma como yo le sirvo con perseverancia? La forma como yo vivo mi día a día, en la abundancia pero también en la escasez, en las tribulaciones y en los momentos de bonanza. La forma como yo vivo en los tiempos de adversidad, ¿muestran que mi Dios es grande y poderoso, capaz de liberarme, o muestran que mi Dios es un Dios pequeño e indefenso? Hermanos, lo que nosotros mostramos acerca de Dios es lo que nosotros creemos acerca de Él.
Nuestras vidas consisten, ¿saben qué?, en conocer a Dios y en darle a conocer a otros. Cristo, en su oración, en Juan 17:3, dice esto: "Y esta es la vida." ¿En qué es la vida? ¿En qué consiste la vida? "Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, al que tú has enviado." El conocimiento que tenemos de Dios afecta directamente toda el área de nuestra vida. ¿Tú quieres ser un buen esposo, esposa? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor hijo? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor padre? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor amigo? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor empleado? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor empleador? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser una mejor oveja? Conoce más a Dios. ¿Tú quieres ser un mejor pastor? Conoce más a Dios.
Y la verdad, hermanos, es que en medio de la aflicción, en medio del dolor, nosotros podemos ver qué tanto conocemos o no acerca del Dios que decimos servir y creer. Y Daniel es echado al foso de los leones sin pronunciar una palabra, y un rey pagano que ha sido destrozado por él le echa una palabra de esperanza y aliento. Dios utilizó un rey pagano para animar y confortar a su hijo.
Versículo 17 y 18: "Trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso. El rey la selló con su anillo y con los anillos de sus nobles, para que nada pudiera cambiarse de la orden en cuanto a Daniel. Después el rey se fue a su palacio y pasó la noche en ayuno. Ningún entretenimiento fue traído a él y se le fue el sueño."
Daniel está en el foso de los leones, y me llama mucho la atención que el relato no nos habla de qué pasa con Daniel. El relato ya no se enfoca en Daniel, el relato se enfoca ahora en quién, se enfoca en el rey. Porque Dios de otra manera quiere mostrarnos a nosotros qué pasó en el corazón del rey luego de haber hecho esto. La fosa ha sido sellada, ha sido marcada de forma adecuada para que nada mueva la piedra, que nadie pueda sacar a Daniel de ahí. El rey se va a su palacio y dice el texto que literalmente esa noche no hubo entretenimiento, no hubo ni siquiera comida. El rey estaba ansioso, estaba preocupado, estaba triste, estaba cargado, probablemente con muchas preguntas en la mente: ¿Lo habrá liberado Dios? Daniel, ¿tu Dios te habrá liberado? ¿Qué habrá pasado con Daniel? ¿Me dejé engañar? ¿Por qué me dejé engañar? ¿Habrá sufrido mucho cuando el león se lo comió? ¿Qué habrá pasado con Daniel? Yo imagino la cantidad de preguntas que pasaron por la mente del rey, a un punto tal que dice el texto que el rey esa noche no durmió.
Entonces, verso 19, dice: ¿Qué pasó después con el rey? "Entonces el rey se levantó de mañana, al rayar el alba, y fue a toda prisa al foso de los leones." Tan pronto el rey vio que salió el sol, salió corriendo apresuradamente al foso de los leones para saber qué había pasado con Daniel, para saber si el Dios en quien Daniel creía lo había liberado realmente.
Y dice el verso 20 que, acercándose al foso, gritó con una voz angustiada, con una voz triste, con una voz de ansiedad, probablemente deseando lo mejor pero esperando lo peor. Dice: "Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leones?" El rey viene con un corazón contrito, con una voz triste, él quiere escuchar a Daniel, él anhela escuchar la voz de Daniel. Él en ese momento probablemente estaba creyendo que había una posibilidad de que el Dios de Daniel lo haya podido salvar.
Si él no hubiera creído esa posibilidad, no hubiera levantado muy temprano en la mañana, no hubiera corrido apresuradamente. Pero en ese momento él estaba creyendo, confiando de que probablemente escucharía a Daniel responder. Y dice el verso 21: "Entonces Daniel respondió: Oh rey, vive para siempre." Daniel está en el foso de los leones, rodeado de leones, y sigue cumpliendo con la formalidad del reino. Él sigue cumpliendo con los protocolos de cada vez que el rey venía, decirle: "Oh rey, vive para siempre." Probablemente yo tengo una esquina escondido, vocifeando la cosa al rey: "Rey abusador, cómo permites que eso pase en mi vida." Pero Daniel está siendo fiel y cumpliendo con los protocolos.
Y dice: "Mi Dios envió su ángel que cerró la boca de los leones." No solamente la boca de los leones; yo puedo agregar más cosas ahí: cuidó de las patas de los leones, de las colas de los leones, de las garras de los leones. Dios preservó a Daniel. Y Daniel dice: "No me han hecho daño alguno porque fui hallado inocente ante él, y tampoco ante ti, oh rey, he cometido ningún crimen." Daniel fue hallado inocente delante de Dios. ¿Y cómo sabemos que fue hallado inocente? Porque este es el momento fácil para Dios haberlo castigado si Daniel no era inocente. Daniel era inocente de estos cargos que se le atribuían y Dios lo preservó.
Y dice el verso 23: "El rey entonces se alegró mucho y mandó a sacar a Daniel del foso." Cuando Daniel fue sacado del foso, no se encontró en él lesión alguna porque había confiado en Dios. Daniel es sacado del foso, un hombre entre 80 y 90 años, y no tiene una cortada. No tiene un peladito. Está completamente ileso. Y dice el texto que esto pasó porque él había confiado en Dios. Él había confiado en la bondad de Dios para su vida. Por eso él nunca abrió su boca. Él esperó silentemente para ver la justicia de Dios. Él confió en Dios y esperó.
Sin embargo, no siempre sucede de esta manera. No siempre sucede que somos liberados de los leones. Isaías confió en Dios y fue cortado a la mitad. Pablo confió en Dios y le cortaron la cabeza. Pedro confió en Dios y lo crucificaron boca abajo. El Justo de Dios murió clavado en una cruz. No siempre que pasan cosas malas quiere decir que es parte del juicio de Dios o que no se ha confiado en Dios. Creer en Dios no significa que los leones no me van a comer. Es aceptar su voluntad. Si es vivir, vivir; si es morir, morir. Pero cualquiera que sea el caso, yo nunca seré derrotado porque yo estoy en su voluntad, porque yo estoy haciendo lo que él me ha pedido.
El rey dio orden en el versículo 24 de que trajeran a aquellos hombres que habían acusado falsamente a Daniel, y que los echaran a ellos, a sus hijos y a sus mujeres en el foso de los leones. No habían llegado aún al fondo del foso cuando los leones se habían apoderado de ellos y triturado todos sus huesos. Y de este texto yo no quiero abundar mucho, simplemente quiero sacar dos enseñanzas para nosotros esta mañana. Número uno: la venganza del Señor, él es el que se encarga de defender a aquellos que son suyos. ¿Nosotros confiamos en eso y esperamos eso? Número dos: es que realmente los leones eran leones de verdad y tenían hambre, porque inmediatamente esta gente entró con familia y con hijos, todos fueron totalmente triturados hasta sus huesos. Leones de verdad de quien Daniel fue preservado, fueron leones de verdad a quienes el ángel del Señor cerró su boca para preservar a su siervo Daniel.
¿Cómo termina esta historia? Versículos 25 al 27: "Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en la tierra: Que abunde vuestra paz. Por parte mía se proclama un decreto de que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen delante del Dios de Daniel, porque es el Dios viviente que permanece para siempre, y su reino no será destruido, y su dominio durará para siempre. Él es el que libra y rescata, hace maravillas y señales en los cielos y también en la tierra. Él es el que ha liberado a Daniel del poder de los leones."
Hermanos, cuando nosotros leemos un texto como este, una conclusión como esta, un decreto como este de parte de Darío, a mí no me cabe la menor duda de que nuestro Dios es un Dios de propósitos. Y yo veo, puedo ver claramente, cómo él usó la adversidad de los suyos con el propósito de llevar a cabo su plan, de él glorificarse. La aflicción en la vida del creyente no es como yo en esa orita, no es algo fortuito; Dios lo permite con propósitos. Y eso es algo que yo particularmente lo puedo ver en mi vida. Hace seis años el Señor nos permitió a mí y a mi esposa vivir una de las mayores aflicciones que podemos haber pasado, que es haber perdido a un hijo. Y como consecuencia de eso, hoy yo estoy aquí como uno de los pastores de esta iglesia, predicando su Palabra y queriendo honrarle, porque nuestro Dios es un Dios de propósito, es un Dios fiel.
Hermanos, nosotros lo podemos ver también en este texto. Cómo Dios pudo utilizar la vida de un hombre, de un solo hombre, para afectar e impactar todo un imperio. Ahora todo el imperio de los medos y persas está bajo este decreto, de no solamente temer, sino de temblar delante del Dios de Daniel. No se necesitan muchas personas, solo se necesita una apropiada que con su manera de vivir pueda mostrar la grandeza de nuestro Dios.
¿Tú quieres ser una de esas personas? ¿Tú quieres servirle fielmente? ¿Tú quieres ser un hombre, una mujer que honra a Dios? Conócele. Conócele, conócele su carácter, conócele quién él es. Adórale, sírvele con perseverancia. De una manera tal que otros puedan conocer al Dios bueno que te amó y te ama, que otros puedan conocer por la manera como tú vives a un Dios real, a un Dios de gracia, a un Dios que cuando nosotros estábamos en nuestra peor condición decidió encarnarse en la persona de su Hijo y clavarse en una cruz para que los enemigos pudieran ser hijos. Conócele a Dios y darlo a conocer. De manera tal que tu hogar sea transformado, tu trabajo sea transformado, tu familia sea transformada, tu iglesia transformada, esta generación y sociedad sea transformada por la forma como tú vives.
Que al ser de este día podamos quedarnos y salir de aquí con el deseo de conocer más al Dios verdadero que estaba detrás de Daniel, que lo hizo perseverar, lo preservó de los leones y que lo hizo vivir una vida fiel. Que nuestros ojos no estén puestos en Daniel, sino en el Dios verdadero que está detrás de él. Y yo puedo decir de aquí: Señor, si los cielos te alaban, yo también quiero hacer mi parte. Si los cielos proclaman tu gloria, yo también quiero proclamarla. Si los mares te obedecen, yo quiero obedecerte. Si Daniel pudo ser fiel como un hombre caído que era, que necesitó de Cristo también para poder tener salvación, yo también quiero hacerlo.
Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.