Dios es paciente, pero eso no significa que sea indiferente al sufrimiento de sus hijos ni que deje el mal sin castigo. A lo largo de la historia, muchos han cuestionado la justicia divina al ver que el pecado parece reinar sin consecuencias. Profetas como Habacuc clamaron preguntando hasta cuándo Dios toleraría la iniquidad; Job, en medio de su dolor, llegó a cuestionar si era justo que Dios mirara con favor a los malvados mientras él sufría; Salomón contempló las opresiones bajo el sol y felicitó a los muertos más que a los vivos. Sin embargo, el texto de 2 Tesalonicenses 1 revela que habrá un día de ajuste de cuentas: Dios retribuirá con aflicción a quienes afligen a su pueblo y dará alivio a los que sufren.
El sufrimiento no es algo que el creyente pueda evitar; forma parte del proceso de redención. A los filipenses se les dice que se les ha concedido no solo creer en Cristo, sino también sufrir por él. Las aflicciones prueban y fortalecen la fe, revelan las grietas del carácter y lo forman. Pero Dios no es injusto al permitir la prueba porque capacita a sus hijos para atravesarla, como un profesor que prepara a sus estudiantes para el examen que les traerá.
La venganza no nos pertenece. Cuando el Señor Jesús se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles, habrá retribución completa para quienes no conocen a Dios y no obedecen el evangelio: destrucción eterna, excluidos de su presencia. Por eso el llamado es a vivir dignamente, porque nuestra obediencia glorifica a Cristo y él nos glorifica a nosotros conforme a su gracia.
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Sí, pero en su Biblia. La semana pasada leímos del 1 al 5, cubrimos del 1 al 4, y en esta semana estamos entonces leyendo de nuevo el 5 para cubrirlo junto con el resto de este primer capítulo de esta epístola. Esto es del apóstol Pablo.
"Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estáis sufriendo. Porque después de todo es justo delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen, y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído, porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros. Con este fin también nosotros oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestro llamamiento y cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder, a fin de que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo."
Padre, gracias por tu satisfacción, gracias por sus recordatorios, gracias por sus afirmaciones, gracias por las cosas que dice acerca de tus hijos, gracias por las promesas que nos esperan, gracias que tu satisfacción muestra tu carácter de una manera diáfana, gracias que tu carácter no es para amedrentar a tus hijos, sino al contrario, para que ellos, nosotros, podamos confiar en ti de una mejor manera. Ver a qué sepamos cómo esperar tu gloriosa venida, la venida de tu Hijo, qué hacer en el interín, qué hacer entre la primera y la segunda venida. Te pedimos que tú guíes nuestros oídos, que tú guíes nuestros labios para hablar a dichos oídos, para que al fin de esta hora tu Hijo haya sido glorificado y tu pueblo edificado. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén. Amén.
"Dios es paciente, pero no injusto" es el título de mi mensaje. Y justamente de eso habla el texto que acabamos de leer. A lo largo de la historia, mucha gente ha cuestionado a Dios, ha cuestionado su benevolencia, ha cuestionado su poder para restringir el pecado, o la benevolencia al ver que el pecado aparentemente reina de manera imperante. Y esos muchos han sido creyentes e incrédulos, hasta el punto que un grupo de ellos ha llegado a la conclusión de que realmente, o por lo menos en algún momento de su vida, ha llegado a la conclusión de que realmente Dios es indiferente al sufrimiento de los seres humanos, y peor aún, al sufrimiento de sus propios hijos.
Quizás algunos de nosotros hemos tenido sentimientos similares o nos hemos preguntado: ¿Está Dios realmente oyendo mi oración? Como que esto que está pasando en mi vida o alrededor de mí, a mí no me luce nada como el fruto de un Dios que dice orquestar los eventos de la historia. ¿Pudiera el Dios de la Biblia realmente estar detrás de todo esto? Y quizás no nos acordemos de cuándo hicimos eso, de cuándo cuestionamos de esa manera, pero la realidad es que eso ha ocurrido múltiples veces.
A Habacuc, el profeta de Dios, le pareció que su Dios no estaba tomando en cuenta la iniquidad de los hombres de sus días. Escucha a Habacuc en el capítulo 1, versículos 2 al 4, cómo él cuestiona a Dios: "¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda y no escucharás? Clamaré a ti violencia y no salvarás. ¿Hasta cuándo esto va a durar, Señor? ¿Hasta cuándo no vas a prestar atención a mis palabras, a mis oraciones? ¿Por qué me haces ver la iniquidad y haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia. Por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia." ¿Hasta cuándo vas a tolerar esto, Dios?
Job, el hombre que comenzó declarando en sus propias palabras que Dios sabe lo que hace, perdió diez hijos y en ese momento él dice: "Bendito sea el nombre del Señor." Es el hombre que en un momento dado, en el capítulo 10 del libro que lleva su nombre, dice lo siguiente: "Hastiado estoy de mi vida. Daré rienda suelta a mi queja, hablaré en la amargura de mi alma. Le diré a Dios: No me condenes, hazme saber por qué contienes conmigo. ¿Es justo para ti oprimirme, rechazar la obra de tus manos y mirar con favor los designios de los malos?" Job está diciendo: Dios, ¿es justo que tú mires con favor los designios de los malos? Probablemente prestando atención a algunos hombres malvados que aparentemente parecían estar floreciendo en aquella época mientras él languidecía ahí, de dolor y en penuria.
Salomón, el hombre más sabio que haya venido y que jamás vendrá, en un momento dado también contempla la vida y concluye algo similar. Eclesiastés 4, versículos 1 al 3: "Entonces yo me volví y observé todas las opresiones que se cometen bajo el sol, todas las opresiones, todas las injusticias, y he aquí las lágrimas de los oprimidos sin que tuvieran consolador." Nadie los consuela, nadie parece importarle a aquellos que están siendo oprimidos. Eso es lo que Salomón está tratando de comunicar. "En mano de sus opresores estaba el poder sin que tuvieran consolador. Y felicité a los muertos, los que ya murieron, más que a los vivos, los que aún viven." A los muertos los felicité más que a los vivos, versículo 3: "Pero mejor que ambos es el que nunca ha existido, que nunca ha visto las malas obras que se cometen bajo el sol, que nunca ha estado en el vientre de una madre." Es este mejor, decía Salomón.
A Habacuc, a Job, a Salomón, a todos y cada uno de ellos les pareció que Dios como que estaba haciendo injusto. Y yo estoy aquí para decirte esta mañana a través de este texto que Dios es paciente, pero no injusto.
En el mensaje del domingo anterior nosotros vimos cómo la iglesia de Tesalónica estaba bajo persecución, una persecución aparentemente severa, bajo esa aflicción, pero cómo ellos habían florecido con una fe robusta y con amor incondicional del uno con el otro, y cómo ellos pudieron sostenerse en medio de ese sufrimiento significativo.
Inmediatamente después de Pablo explicar la situación de ellos y cómo pasaron por la tribulación, él dice esto en el versículo 5 del texto de hoy: "Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estáis sufriendo." No está claro cuál es la señal evidente del justo juicio de Dios, y diferentes opiniones han sido propuestas, pero a mí me parece que lo que Pablo está tratando de comunicar es que el hecho de que Dios los bendijera con una fe y un amor especial, un amor incondicional en medio de la tribulación para sostenerse, es una señal del justo juicio de Dios. Porque si bien es cierto que Dios ha permitido que la persecución, la aflicción vaya hacia ellos, no es menos cierto que Dios los acababa de capacitar con fe y con amor especial para que ellos pudieran pasar la prueba.
De tal manera que Dios no es injusto al permitir la prueba porque los capacita justamente para pasar por dicha prueba. Es como el profesor que capacita a sus estudiantes para la prueba que les va a traer y que garantiza incluso que ellos puedan pasar la prueba. Entonces ese profesor no pudiera ser tildado de injusto porque les ha garantizado que sus estudiantes pasen por la misma prueba que les está a punto de traer. Es nuestro Dios, excepto que lo hace de una mejor manera.
Ahora, de acuerdo a este verso, pasamos por la prueba "para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estáis sufriendo," para que seáis considerados dignos del reino. Nosotros no sufrimos para ganarnos la salvación, pero yo quiero recordarte que tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento se nos instruye que el sufrimiento es parte del proceso de redención, es parte de nuestra salvación. Nosotros no sufrimos para ser salvos, pero parte de nuestra salvación incluye dolor y sufrimiento.
El apóstol Pablo lo declara de esa manera, de una forma sin avergonzarse de lo que estaba a punto de declarar en ese momento, y lo dice de esta forma a los filipenses en el 1:29: "A vosotros os ha sido concedido por amor de Cristo no solo creer en Él" —ahí está la salvación, se nos ha concedido no solamente creer en Él, salvación— "sino también sufrir por Él." El sufrimiento es parte del proceso de redención que Dios ha destinado para los hombres que han sido elegidos para salvación, y las razones están explicadas a lo largo de toda la Escritura. Vamos a explorar algunas de esas razones, pero nosotros no podemos ser redimidos sin sufrir. De hubiese eso ser posible, Dios lo hubiese hecho de esa otra manera. Como siempre decimos, Dios diseña todo conforme al mejor plan que su mente sabia, su mente infinita y su sabiduría infinita pudieran concebir, y el hecho de que no lo haya concebido de otra forma es la evidencia exacta de que nosotros necesitamos el proceso.
Nosotros no podemos vivir en un planeta caído sin experimentar las consecuencias de la caída. Nosotros tenemos naturalezas pecaminosas que cometen actos pecaminosos que nos traen consecuencias. Nosotros no podemos vivir con naturalezas pecaminosas sin en algún momento tener que vivir las consecuencias de nuestras propias acciones. Nosotros no podemos vivir rodeados de hombres y mujeres malvados sin en algún momento experimentar las consecuencias de alguno de ellos. Esa es la realidad de la vida.
A los tesalonicenses Pablo les dice que ellos sufren por causa del reino, y a los filipenses les dice que ellos sufrían por causa de Cristo. Nuestra sociedad evita el dolor a toda costa.
Nosotros sabemos que ha habido paulatinamente un aumento de los suicidios al final de la vida, y hoy en día suicidios asistidos aún por médicos en algunas naciones. La única razón para que dichos suicidios estén ocurriendo es precisamente el hecho de que la gente no quiere llegar al final de sus días y tener que pasar por algún dolor, alguna dificultad, y para evitar ese dolor prefieren terminar con su propia vida. Pero nosotros tenemos que recordar que las mismas experiencias dolorosas por las cuales pasamos están destinadas y diseñadas para proveer parte de nuestra santificación.
Las aflicciones ponen a prueba nuestra fe, pero a la vez fortalecen nuestra fe. Las aflicciones revelan nuestras grietas, y no solamente revelan nuestras grietas, las grietas de nuestro carácter, sino que forman nuestro carácter. Y también pudiéramos decir que las aflicciones revelan precisamente en el presente las consecuencias de mis acciones pecaminosas en el pasado, y al revelármelas yo recibo entonces convicción de pecado. Al recibir convicción de pecado yo puedo ir donde Dios, pedir perdón, ser perdonado, ser limpiado, de tal manera que ciertamente las aflicciones forman parte de mi proceso de santificación.
En medio de todas esas aflicciones Dios no es injusto, porque para el creyente Él provee la fe, y en el caso de los tesalonicenses, el amor mutuo suficiente para que aquellos puedan pasar y atravesar la prueba, formando al mismo tiempo la imagen de Cristo en ellos. A nosotros nos gustaría poder tener la elección de determinar nosotros cuál va a ser el proceso que va a formar la imagen de Cristo. Nos gustaría poder ir donde Dios y decirle: "Yo creo que es una idea extraordinaria que tú quieras formar la imagen de Cristo en mí. Yo tengo diez pasos por los cuales yo quisiera atravesar y te los voy a dar para que tú puedas someterme a ellos". Nos encantaría poder hacer eso, escribir la receta de nuestra santificación, pero no podemos hacerlo porque nosotros no conocemos lo que Dios conoce, y si conociéramos lo que Dios conoce, nosotros diseñaríamos el mismo peregrinar que Él ha diseñado para nosotros.
Leon Morris, en su comentario acerca de esta carta a los tesalonicenses, dice: "El Nuevo Testamento no mira el sufrimiento de la misma manera que la mayoría de las personas modernas. Para nosotros el sufrimiento es algo malo o malvado, algo para ser evitado a todo costo. Ahora, mientras el Nuevo Testamento no pasa por alto este aspecto del sufrimiento, no pierde de vista que en la providencia de Dios el sufrimiento es frecuentemente el instrumento de Dios para llevar a cabo su propósito eterno. El sufrimiento desarrolla en los que sufren cualidades del carácter, les enseña lecciones valiosas. El sufrimiento no es algo que el creyente puede evitar; para él es inevitable, él ha sido predestinado para eso".
Habiendo visto todo lo anterior, yo quiero decirte que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento prometen de manera repetitiva que llegará un momento cuando Dios enderezará todo lo que está torcido. Que llegará un momento donde Salomón entenderá por qué las cosas fueron como fueron, donde Job entenderá, si no lo entendió ya al entrar en gloria, por qué las cosas eran torcidas en un momento y tendrían que esperar todavía a un futuro para que sean enderezadas por nuestro Dios. Pero cree, hermano, cree lo que la Palabra dice: Dios no es injusto a pesar de su paciencia extraordinaria.
Miremos cómo el apóstol Pablo continúa este texto en el versículo 6, y ahí él comienza a dar una visión de aquel día para enderezar las cosas. Porque después de todo, es justo delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen, y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego.
Recordemos que los tesalonicenses estaban bajo persecución y aflicción, y en ese momento Pablo dice: es justo que, llegado el momento, aquellos que os afligen ahora sean afligidos por Dios, y que los que son afligidos ahora reciban alivio. Ustedes junto con nosotros. Ese momento tendrá que esperar. Este texto declara cuál es la suerte final de aquellos que estaban afligiendo a los tesalonicenses: ellos serán afligidos por Dios de una manera equitativa, de una manera conforme a lo que ellos habían hecho. Y al mismo tiempo la Palabra nos dice que nosotros recibiremos alivio de las aflicciones presentes.
Habrá una retribución. La palabra ahí, retribución, es una palabra compuesta, es una palabra fuerte que implica un pago total y completo, de manera que llegará un momento donde Dios se encargará de pagar totalmente y completamente a aquellos que causan la aflicción de los hombres. El alivio pertenece a una época futura, no ahora. Cuando algún grupo denominado cristiano para de sufrir y habla de que eso es para este tiempo de ahora, están dejando ver que desconocen completamente la revelación de Dios y están poniendo de manifiesto lo que realmente son: una herejía. Habrá un tiempo de parar de sufrir donde toda lágrima cesará, donde todo dolor será detenido, pero eso es en un tiempo futuro, eso no es ahora.
Aquellos que siguen el movimiento de la confesión positiva, donde cada vez que algo negativo es pronunciado ellos dicen "no lo recibo", porque entienden que el cristiano tampoco pasará por el dolor y el sufrimiento, quizás entiendan que ellos vivirán para siempre, porque todos nosotros pasaremos por el dolor y moriremos de alguna manera, lo quieras tú recibir o no. Es una herejía enseñar o pronunciar tal cosa. Cuando Joel Osteen enseña que tu mejor vida es ahora, él miente. Tu mejor vida no es ahora; esta es tu peor vida, y tu mejor vida te espera en gloria. Esa es la realidad.
Si mi mejor vida es esta, nosotros somos dignos de lástima. Si esta es mi mejor vida, nosotros somos dignos de lástima. Para el que muere sin Cristo, esta es su mejor vida, porque la próxima será mucho peor. Pero no para el creyente, no para el que ha confiado. De tal manera que aquellos que siguen movimientos de esa naturaleza, si ellos no se arrepienten antes de su muerte o antes de entrar en gloria, cuando pasan de este mundo al próximo mundo descubrirán que lamentablemente su verdadero sufrimiento apenas ha comenzado.
La retribución de la que habla el apóstol Pablo ocurrirá cuando el Señor se revele desde el cielo con sus poderosos ángeles en llamas de fuego. Esa es una descripción de la venida del Señor, es una alusión de hecho a Isaías 66. En Isaías 66 el Señor es descrito como viniendo en llama de fuego para descargar la furia de su ira, la intensidad de su ira, junto con sus ángeles, como el texto avala y dice.
Y este texto entonces nos recuerda, junto con otros, que no es para nosotros vengar el mal hecho. La venganza no es nuestra. De forma repetitiva, desde el Antiguo Testamento hasta el final del Nuevo Testamento, se nos dice que nosotros no debemos tratar de vengar aquello que hoy parece injusto a nuestros ojos. Un solo texto para recordarte lo que la Palabra de Dios dice, en Romanos 12:19: "Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". Mía es la venganza, y la misma idea aparece en múltiples pasajes. La venganza que nosotros pudiéramos llevar a cabo es temporal, pero la venganza de la que Pablo está hablando es eterna. Por otro lado, nosotros somos personas pecaminosas que nunca tenemos la justa medida de las cosas; por tanto, si fuéramos nosotros a vengar lo mal hecho, nosotros siempre llevaríamos a cabo una venganza desproporcional, ya sea en exceso o en deficiencia. Y finalmente, personas pecaminosas dignas de condenación, salvo por gracia solamente, no son dignas de llevar a cabo venganza sobre nadie, cuando en realidad hemos sido visitados por la gracia de Dios.
Hoy en día algunos incrédulos, para introducir el próximo versículo 8, algunos incrédulos dicen no temer el infierno. Pero es muy fácil decir eso cuando tú nunca has estado ahí. Es muy fácil afirmar eso cuando tú ni siquiera lo has visto. Es muy fácil decir eso cuando tú no quieres exponerte a lo que el Señor Jesús, Dios mismo, ha revelado acerca de dicho lugar. Pero escucha lo que el texto de hoy dice; aquel que tenga oído, que oiga lo que la Palabra de Dios tiene que decirnos hoy: "Dando retribución", comienza el versículo 8, "a los que no conocen a Dios y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder".
Pablo habla quizás de dos grupos diferentes de personas. No sabemos si él quiso hablar de un solo grupo y lo dijo de dos formas diferentes. Yo me inclino a pensar que él está hablando de dos grupos de personas distintos: los que no conocen a Dios y los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. ¿Por qué pudiera haber dos grupos distintos aquí? Porque hay personas que nunca han oído el evangelio de Jesucristo, y no podemos hablar de aquellos que no obedecen el evangelio porque nunca lo han oído.
Sin embargo, aquel que ha crecido en medio de una jungla o quizás en algún lugar remoto del planeta donde el evangelio nunca ha sido predicado, la Palabra de Dios nos habla de cuál es la suerte de ellos también, y lamentablemente no es mejor que la suerte de aquellos que han oído el evangelio, pero por razones distintas. Romanos 1 declara de manera categórica, enfática, clara, que Dios se ha revelado al hombre en la naturaleza y se ha revelado a ese hombre en su conciencia, y que ese hombre que tiene a Dios revelado en su conciencia no le ha reconocido como Dios ni tampoco le ha dado gracias, y que por eso él no tiene excusa. Romanos 1:21 dice que, en cambio, ese hombre se volvió necio en su razonamiento, y lo que hizo fue, conforme al versículo 25, que tomó la verdad de Dios que él conocía, la cambió por una mentira, y terminó adorando a la criatura en vez del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.
Esa es la razón de su condenación. Él no está condenado porque no ha oído el evangelio, no. Él no lo ha oído, pero esa no es la razón de su condenación. Él se condena porque tiene una revelación de Dios a la que él no responde, y teniendo esa revelación él va y se postra delante de ídolos creados por él mismo. Esas personas sufren la condenación, y la razón es que el hombre nace condenado.
Nosotros tenemos que recordar eso una y otra vez: yo no me condeno por no oír de Jesucristo, yo nací condenado porque eso es lo que heredé de mi padre Adán y de mi madre Eva. La Palabra de Dios claramente me declara que en pecado yo fui concebido, Salmo 51:5. La Palabra claramente me declara que desde la matriz se desvían los impíos, Salmo 58:3. Por tanto, al momento de nacer ya yo tengo la condenación sobre mí. Por eso dice Cristo que Él no vino para condenar al mundo, no, el mundo no tenía necesidad de ser condenado. Él vino para salvar al mundo.
Pero hay otro grupo, hay otro grupo distinto a eso que yo acabo de describir. Este otro grupo quizás está mencionado aquí cuando Pablo dice "no obedecen al evangelio". Hay personas que han escuchado el evangelio. Yo no sé si tú estás en ese grupo, pero si tú tienes oídos yo te pido que prestes atención. Hay quienes han oído el evangelio y no han respondido al evangelio, o quizás han dicho, han profesado que han abrazado el evangelio, pero no viven conforme a lo que sería un verdadero nacimiento. Alguien que ha nacido de nuevo vive conforme a ello, y por tanto quien vive en desobediencia del evangelio, con ello evidencia que realmente no ha nacido de nuevo. Pablo dice que en ese día final habrá retribución para aquellos que no conocen a Dios y para aquellos que no obedecen el evangelio.
Esto es algo sumamente serio. La mejor evidencia de cuán genuina es mi fe, mi nuevo nacimiento, es mostrar una vida de obediencia a la Palabra. El creer de manera verdadera es obedecer al Señor Jesucristo. Escucha lo que dice Juan 3:36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él." Ahí está la palabra: el que no obedece, ese es el problema, el que no obedece al Hijo. Para Juan creer es obedecer, obedecer es creer. Y para Juan entonces, el que no obedece al Hijo, la ira de Dios permanece sobre él. No es que viene, sino que permanece, porque ya nosotros nacemos bajo esa condenación. Lo que ocurre entonces es que si no obedezco al Hijo durante mi vida es porque no he creído, y al morir la ira de Dios permanece sobre mí, excepto que en esta ocasión se incrementa al padecer la retribución de la que he hablado más tempranamente en estos mismos versículos.
Estos, los que no obedecen al evangelio, que no conocen a Dios, estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.
Cuando Pablo habla de la eterna destrucción, él no se está refiriendo al aniquilamiento, como algunos entienden, como que al final de la vida si yo no he creído en el Señor Jesucristo voy a ser destruido y dejo de existir. De eso no es de lo que Pablo está hablando, porque la Palabra es muy clara y Cristo mismo fue muy claro en que el dolor y el sufrimiento de la condenación son eternos. Pero tú tienes que entender varias cosas para poder ver de qué forma Pablo habla de que esto es una destrucción eterna, siendo excluido de la presencia de Dios.
Cuando nosotros hablamos, por ejemplo, de que el incrédulo está muerto, él tiene vida y sin embargo lo llamamos muerto. Él está muerto espiritualmente porque está incapacitado de hacer cosas que el creyente sí puede hacer, y en ese sentido es como un muerto. Sin embargo, está vivo; es como una paradoja. De esa misma manera, el apóstol Pablo está hablando de personas que serán destruidas pero que continuarán en existencia.
Yo voy a continuar explicándote un poco más, pero recuerda de nuevo que cuando hablamos de que el incrédulo está muerto es porque él no puede hacer cosas que el creyente sí puede. Por ejemplo, el creyente puede entender la Palabra de Dios. El incrédulo puede entender gramaticalmente la sintaxis de las oraciones que se están haciendo, pero él no entiende las implicaciones espirituales detrás de las oraciones, porque esas cosas se disciernen espiritualmente y él no tiene el Espíritu de Dios con él.
Por otro lado, el incrédulo no puede dejar de pecar. Su única opción es pecar o pecar; él tiene una voluntad esclavizada al pecado. El creyente, es cierto que peca aún, pero él va dejando hábitos pecaminosos del pasado y por tanto tiene una capacidad de no pecar, aunque todavía por su naturaleza pecadora que persiste, peca y necesita ir donde Dios con cierta frecuencia en arrepentimiento. El creyente tiene un corazón de carne y por tanto él puede amar a Dios y puede sentir por Dios. El incrédulo tiene un corazón de piedra, no siente por Dios, y por tanto su condición es similar a aquel que está muerto.
De esa misma manera, cuando Pablo habla de la destrucción completa eterna no se refiere a que el incrédulo dejará de existir. Escucha cómo él describe lo que le va a pasar: excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. Hoy en día los incrédulos no están completamente excluidos de la presencia del Señor, porque hay muchos beneficios que el incrédulo recibe hoy, de los cuales él disfruta simplemente por cohabitar junto con los hijos de Dios en el mismo planeta. Pero llegará un momento donde él estará excluido completamente de todo aquello que Dios representa, y por tanto su carencia será tan severa que pudiéramos hablar de una destrucción completa.
Imagínate un país que ha pasado por una guerra y ha perdido la guerra. En ocasiones pudiéramos decir: "No, ese país quedó completamente destruido," y sin embargo el país sigue existiendo. En otras ocasiones podemos hablar de personas que tenían un negocio próspero y algo pasó y el negocio se fue a pique, como decimos, y muchas veces hablamos de que ese negocio quedó destruido cuando en realidad todavía el negocio existe y las personas existen. De tal forma que a lo que Pablo está refiriendo acerca de estas personas que están excluidas de la presencia de Dios, de la gloria de su poder, es que su carencia será tan grande que tú puedes describirla de esa forma. Y esa destrucción no solamente será grande, sino que será eterna, será para siempre. Algo que nosotros mismos ni siquiera pudiéramos imaginar cómo es, cómo será eso.
Quizá la mejor ilustración que podamos usar es una que hemos usado en otras ocasiones. Cuando tú encuentras al Hijo, a la segunda Persona de la Trinidad, a Dios mismo, desesperado en la cruz gritando: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Ahí Él está experimentando la ausencia de Dios, que a propósito le está dejando sentir su separación al cargar con los pecados de la humanidad. Esa desesperación que Dios experimentó en la cruz cuando el Padre se separa de Él es multiplicada por toda la eternidad en aquellos que son excluidos de su presencia. ¿Te imaginas?
Hoy, si oyes su voz, no endurezcas tu corazón. No endurezcas tu corazón a la voz de Dios. El juicio venidero es seguro, es certero, es severo.
¿Cuándo será eso? El versículo 10 dice: "Cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día, y para ser admirado entre todos los que han creído, porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros."
Cuando él venga para ser glorificado en sus santos, nuestras vidas glorificarán a nuestro Salvador. Nuestra propia salvación es motivo de gloria para nuestro Redentor, y es motivo de gloria para nuestro Redentor porque fue su gracia que nos salvó y fue su poder que nos obtuvo en el camino de la salvación. Por tanto, nuestra mera salvación es motivo de glorificación para nuestro Dios. Y cuando él venga, entonces será glorificado en sus santos y será admirado. Todos lo miraremos y diremos: ya no vendrá a una aldea, a una aldea campesina del primer siglo, a un establo rodeado de animales. No, esta vez rodeado de sus ángeles poderosos. No solamente de ángeles, sino de ángeles poderosos, y en llama de fuego, de tal manera que aquellos que le están viendo se admirarán. Aun los mismos ángeles, que son descritos como poderosos, luego de ver a los ángeles poderosos venir, dirán: "¡Wow, viene el Señor y el amo de los ángeles! Rey de reyes, Señor de señores, el Verbo de Dios, el capitán de los cielos, el capitán de la tierra, aquel que es dueño y Señor de todo lo creado".
Para ser admirado, dice el texto, entre todos los que han creído. Juan dice en Apocalipsis 1:7: "He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron". Imagina eso: aun aquellos que clavaron sus manos, que clavaron sus pies, ellos le verán, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Le glorificarán, le glorificaremos, le admiraremos.
¿Por qué? Dice el texto: nuestro testimonio ha sido creído por vosotros. El testimonio que los tesalonicenses creyeron fue la predicación del evangelio por parte de Pablo en este caso, por parte de Pedro en otros casos. Y nosotros ahora, el testimonio que hemos creído es justamente la misma cosa: la predicación del mismo evangelio que ha llegado hasta nosotros por medio de estas epístolas. Y entonces aquellos que hemos creído en ese testimonio, un testimonio que un Pablo, un Pedro, un Juan no solamente escribieron con tinta, sino que también escribieron o exhibieron a la hora de morir. Decapitado Pablo, decapitado Pedro. Justamente continúa hasta el día de hoy dando testimonio, testificando para nosotros acerca de la verdad. De esto que estos hombres creyeron, que estos hombres abrazaron, que estos hombres vivieron, y que estos hombres estuvieron dispuestos a dar al morir. Imagínalo, que esta gente creyó y cómo lo creyó.
Y en el próximo versículo, entonces versículo 11, el apóstol Pablo les menciona cómo él estaba orando en el presente por una condición futura de la iglesia. La vida de oración de Pablo por las iglesias es impresionante y es productora de convicción en todos nosotros. Continuamente Pablo está orando como oró el Señor Jesucristo en el aposento alto cuando dijo: "Padre, yo oro no solamente por ellos", no solamente por ellos en tiempo presente, "sino por todos los que han de creer en mí", tiempo futuro. De esa misma manera, Pablo con frecuencia oraba por las presentes circunstancias en que se encontraba la iglesia y por sus circunstancias futuras. Y eso es exactamente lo que él hace ahora en el versículo 11.
"Con este fin también nosotros oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os considere dignos de vuestro llamamiento y cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder". Con este fin, ¿cuál fin? Pensando en la venida del Señor, pensando en la venida del Señor. Nosotros oramos para que cuando él venga, él los encuentre dignos del llamamiento que habéis recibido. Eso tiene que ver con obediencia. El cristiano puede vivir con mayor o menor grado de obediencia. Mientras más conforme a la voluntad de Dios él vive, más dignamente de su llamado él está viviendo. Déjame decirlo otra vez: mientras más sujeto a la voluntad de Dios vive el cristiano, más se pudiera decir que vive una vida digna de su llamado.
Esa es una preocupación continua en las cartas de Pablo, y eso es algo que yo he tratado de enfatizar para nuestra iglesia una y otra vez, justamente porque lo encuentro en la Palabra. Pablo le dice a los tesalonicenses en su primera carta lo mismo que le dice a los tesalonicenses en su segunda carta. En la primera, en 2:12, se les dice: "Para que anduvierais como es digno del Dios que os ha llamado a su reino y a su gloria". Que puedas andar, que puedas caminar, que puedas llevar a cabo una vida de obediencia digna del Dios que te ha llamado a su reino. Primera carta a los tesalonicenses. En la segunda ya leímos cómo él decía lo mismo.
Escucha ahora cómo le dice a los efesios en 4:1: "Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados". Que viváis de una manera digna. Esa palabra yo les mencioné, creo que en un pasado, en la antigüedad se usaba para hablar de una balanza que estuviera perfectamente balanceada. Y lo que Pablo está diciendo es: verán, de un lado de la balanza Dios pone nuestro llamado; del otro lado de la balanza, si la vamos a balancear perfectamente, debiera haber una vida de obediencia que pueda mantenerse al nivel del llamamiento que yo recibí.
Y Colosenses 1:10 dice: "Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo". En todo: mis finanzas, mi negocio, mi casa, en mi hogar, en mi trabajo, en mi matrimonio, en la escuela, en el colegio, en la universidad, en mi profesión. Agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.
Gene Green es el autor de un comentario muy conocido, muy nombrado, conocido con el nombre de Pillar, Pillar New Testament Commentary, o Comentario Pillar del Nuevo Testamento. Él dice lo siguiente: "Este llamado del cristiano fue a un estilo de vida que se conformara a la voluntad de Dios. La iniciativa divina en su llamado conlleva consigo grandes responsabilidades". La iniciativa divina: Dios comienza, Dios inicia, Dios mantiene nuestra salvación. Pero eso lo único que hace es aumentar el número de responsabilidades que tenemos.
Yo quise ponerlo entonces de esta forma: Dios toma la iniciativa de salvarnos y él nos preserva en el camino, pero el sacrificio de Cristo en la cruz y la sangre derramada con la que se escribió el evangelio tienen que ser honrados por nuestras vidas. El sacrificio de Cristo y la sangre derramada en la cruz tienen que ser honrados con nuestras vidas, viviendo una vida digna precisamente de su llamado.
Eso es exactamente, o casi con las mismas palabras pero de una manera más escueta, lo que Pablo le dice a los filipenses en 1:27. Escúchame otra vez: "Solamente comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo". Comportaos de una manera digna del evangelio. ¿Qué es eso? Una vida de obediencia, una vida de sometimiento a su voluntad.
Para el Nuevo Testamento, el tener salvación era equivalente a vivir bajo el señorío de Cristo. La idea que surgió en la década de los ochenta de que tú podrías recibir a Cristo como Redentor, como Salvador, y no como Señor, es una idea extraña al Nuevo Testamento. Esa batalla se libró entre John MacArthur defendiendo la posición del evangelio y Charles Ryrie defendiendo una posición nueva en la historia de la iglesia. Los creyentes del primer siglo tomaron muy en serio la santificación, los que habían creído, y por tanto hicieron su parte para vivir de una manera que agradara al Señor. Los apóstoles entendieron eso, los apóstoles vivieron eso, los apóstoles murieron obviamente obedeciendo eso.
Escucha lo que Juan dice en su primera carta en 2:6: "El que dice que permanece en él", es el creyente, el que dice que es creyente, que permanece en él, "debe andar como él anduvo". Justamente para llevar una vida digna de nuestro llamado, debe andar como él anduvo. La Palabra de Dios no nos deja en el aire para que especulemos acerca de cómo fue que él anduvo. La Palabra de Dios no nos deja en el aire para que nosotros adivinemos qué significa vivir una vida digna de su llamado. La Palabra de Dios es clara y nos dice en varios pasajes distintos lo que esto significa.
Y una de las cosas, o varias de las cosas que la Palabra de Dios nos dice, es que para vivir una vida digna de nuestro llamado yo necesito caminar en humildad, Efesios 4:2; en unidad, Efesios 4:3; con mansedumbre, Efesios 4:2 otra vez; en amor, Efesios 5:2; en pureza, Romanos 13:13; en fe, 2 Corintios 5:7; en la verdad, tercera carta de Juan versículos 3 y 4; con contentamiento, Colosenses 1:12. Eso es una vida digna de su llamado.
Pablo está orando por eso. Con este fin yo estoy orando: para que cuando el Señor venga, cuando el Señor regrese, los encuentre, cuando los examine, que han vivido una vida digna de su llamado para recibir los galardones que él tenga para vosotros.
Y estoy orando por algo más, dice Pablo: que él cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder. Que él cumpla todo deseo de bondad. El creyente tiene deseos de bondad. Lamentablemente, muchas veces los deseos de bondad que él tiene no se llevan a cabo, precisamente por la lucha que libra la naturaleza pecadora y el alma redimida con la que él vive ahora después de su nuevo nacimiento. Una frustración que es expresada por el mismo apóstol Pablo cuando dice: "Yo no entiendo lo que me ocurre, porque muchas veces queriendo hacer una cosa no termino haciendo lo que no quiero, y otras veces no queriendo hacer algo termino haciendo justamente eso que no quiero hacer". Y él se declara y dice: "¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Obviamente él da la respuesta inmediatamente después: Jesucristo.
Por esos deseos de bondad es lo que Pablo está diciendo: yo estoy orando para que el Señor Jesucristo os cumpla todo deseo de bondad y la obra de fe con poder. Es una obra de fe porque tengo que creer sus promesas, pero es un poder que viene de Dios mismo. De tal forma que Pablo está orando para que el poder de Dios se haga fuerte en ellos, de tal manera que ellos puedan cumplir todo deseo de bondad en su interior. Y sobre todo, al final de los tiempos entonces podremos disfrutar de todo deseo de bondad que hoy en día no podemos llevar a cabo.
Ahora Pablo deja ver con claridad la razón por la que le está pidiendo todo esto. Pablo es un hombre centrado en Dios. Si hay algo que
La iglesia de hoy le debe al movimiento de la Reforma muchas cosas, pero si pudiéramos básicamente citar una, tendríamos que decir que la Reforma le devolvió a Dios su lugar en la mente de los hombres. Dios nunca lo ha perdido, pero en la mente de los hombres le devolvió a Dios su lugar. Dios es el centro de todo el universo, de todo cuanto ocurre y de todo lo que se mueve en este planeta y el universo entero.
Por tanto, Pablo al final revela la razón por la que le está pidiendo todo eso: tiene que ver con Dios en primer lugar, más que con nosotros. Escúchalo, el versículo 12: "A fin de que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros." Esa es la razón: a fin de que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
La razón para vivir una vida de obediencia no es para ganarme la salvación o para ganarme puntos, es porque es la única vida que puede glorificar a nuestro Dios. Y ya sea que tú comas o bebas, lo vas a hacer todo para la gloria de Dios. Esa es la razón. Y Pablo está pidiendo precisamente que ellos puedan vivir una vida digna de su llamado, a fin de que ellos puedan glorificar el nombre de nuestro Señor Jesucristo, porque también de esa manera nosotros tenemos gloria, somos glorificados en Él.
La Palabra revela de forma repetitiva que nosotros no solamente podemos glorificar a Dios, honrar a Dios, sino que cuando nosotros hacemos eso, Dios nos glorifica y Dios nos honra. Y eso es lo que Pablo dice: que vosotros podáis glorificar el nombre de nuestro Señor, y vosotros en Él. Mira, el Antiguo Testamento, tú lees 1 Samuel 2:30: "Yo honraré a los que me honran." La misma idea, diferentes palabras. En Juan 12:26, Cristo dice: "Si alguno me sirve, el Padre lo honrará." La misma idea, diferentes palabras.
Y ahora Pablo nos dice al final, ya cerrando el texto: "Conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo." Claro que es conforme a su gracia, porque la misma gracia que nos salva es la gracia que nos santifica. Y por consiguiente, a la hora de nosotros poder hacer cualquier cosa para la gloria de Dios, tenemos que hacerlo a través de esa gracia, conforme a la misma gracia que Dios provee. Dios nos da la motivación y la fuerza para obedecer.
Pero la oración, porque Pablo está orando, la oración juega un rol. La oración es lo que nos conecta con la fuente de inspiración, de sumisión, de obediencia, de motivación. De manera que tenemos que orar, y tenemos que orar bien, porque la oración no solamente es la que nos va a conectar con la fuente de Dios, la motivación, la inspiración, la sumisión, sino que cuando nosotros sabemos orar, nosotros sabemos vivir.
Escucha cómo John Owen lo dijo, este puritano de muchos años atrás: "El que ora como debe, se esforzará para vivir como ora." El que ora como debe, se esforzará para vivir como ora. Muchas veces, hermanos, no vivimos como oramos, pero quizás la razón es que no oramos como debemos. Si John Owen tiene razón, entonces la razón por la que no vivimos como oramos es porque muchas veces no oramos como debemos. El que ora como debe, se esforzará para vivir como ora. Es una excelente manera de ponerlo. Es la forma de nosotros tratar de vivir una vida que glorifica a Dios y digna de nuestro llamamiento.
Pero, hermanos, al final de esta reflexión del día de hoy, si tú estás aquí y Dios ha traído convicción sobre tu vida, yo no quiero que te vayas sin que antes consideres cosas que dijimos un poco más temprano. Y es que aquellos que no conocen a Dios y que no obedecen el satisfará, Dios retribuirá. Y la manera como lo va a retribuir es con destrucción eterna, destituidos, excluidos de la presencia de Dios y de la gloria de su poder. Eso es serio. Y quizás Dios te trajo aquí para que tú puedas reconsiderar eso.
Si el Espíritu de Dios trae convicción a tu vida, yo te ruego por el mismo Espíritu que no endurezcas el corazón, y que tú puedas responder a la convicción del Espíritu en arrepentimiento, pidiendo perdón por tus pecados a través de la sangre que Cristo derramó, reconociendo que solamente en su nombre hay perdón. A través de su sacrificio hay perdón, por su sangre hay remisión de pecado, porque no hay perdón de pecado sin derramamiento de sangre, y Él hizo justamente eso. Y que tú puedas entonces entregar tu vida, proclamarle Señor, proclamarle Salvador de tu vida.
Y que tú puedas entonces, a la revelación del Señor Jesucristo, regocijarte con aquellos que ya tienen salvación, aquellos que ya recibieron salvación en el pasado, aquellos que vienen en la compañía en gloria, de tal forma que tú puedas ver al Señor Jesús y admirarlo, como dice el texto. Porque si estoy fuera de Jesús, no puedo admirarlo; voy a tener miedo. Pero si tú eres uno de los suyos, podrás decir: "¡Precioso eres, Jesús, vestido de gloria!" Ya no destituido, por así decirlo, de su gloria, cuando Él se despojó a sí mismo y vino en un establo y vivió entre los hombres, sino que ahora vendrá revestido de toda su gloria y majestad para ser admirado. Y nosotros podremos decir, aquellos que hemos muerto, hemos muerto en Cristo: "¡Esto es glorioso! ¡Este es el Jesús de la gloria! ¡Hermoso eres, Jesús! ¡Glorioso eres!"