Integridad y Sabiduria
Sermones

Cuando Dios parece distante

Joel Peña 9 agosto, 2020

Hay momentos en la vida cristiana donde Dios parece haberse alejado. La Biblia que antes hablaba con poder ahora se siente como cualquier otro libro. Las oraciones parecen rebotar en las paredes sin llegar a ningún lado. David conocía bien esta experiencia. Perseguido por Saúl durante ocho o nueve años, escondiéndose en cuevas, fingiendo locura para sobrevivir, pasando hambre, clama en el Salmo 13 con cuatro "hasta cuándo" que revelan una desesperación profunda. Hasta cuándo me olvidarás, hasta cuándo esconderás tu rostro, hasta cuándo tendré este pesar en mi corazón.

Lo notable es que Dios nunca reprende a quienes se acercan con este tipo de lamentos. No tiene un departamento de quejas con el peor empleado masticando chicle. Tiene su corazón abierto esperando a sus hijos atribulados. Los salmos de lamento son tesoros porque ponen voz inspirada a nuestras almas en tribulación y nos muestran cómo expresar nuestro reclamo de forma que honre a Dios. Sin embargo, cuando Dios parece distante, el primer lugar donde mirar es nuestra propia vida: relaciones rotas, pleitos sin resolver, orgullo, amargura, chismes. El pecado no confesado hace que Dios esconda su rostro.

Pero el salmo no termina en el lamento. David pasa de quejarse a adorar, y el cambio ocurre cuando deja de enfocarse en sí mismo y contempla la misericordia y salvación de Dios. Cristo mismo experimentó el abandono del Padre en la cruz para que nosotros nunca fuéramos verdaderamente abandonados. Aunque él me mate, en él esperaré, dijo Job. Esa es la postura del creyente que conoce a su Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, es estar una vez más en dos servicios. Ya tuvimos la bendición de compartir con otros hermanos, una buena cantidad de hermanos en el primer servicio, y ahora verlos a ustedes aquí adorando al Señor y juntos teniendo esta comunión. Con la distancia incluso podemos tener esa bendición. Yo hablaba con un hermano en estos días de que hoy para qué vale la pena ir a la iglesia si como quiera vamos a estar lejos, con la boca tapada, no podemos saludarnos ni abrazarnos. Y la realidad es que, hermanos, solamente de mirar a los ojos a algunos de ustedes, solamente decirles desde lejos, es diferente que hacerlo por una pantalla. Y entonces eso es la iglesia, eso es parte de lo que es congregarse.

Y en el día de hoy, hermanos, nosotros vamos a estar hablando acerca de un tema que personalmente a mí me ha no solo intrigado sino afectado de alguna forma. Lo he vivido y he tenido también que caminar con otros cuando han pasado por esa experiencia: cuando Dios parece distante, cuando nuestro día a día como hijos de Dios que supuestamente tenemos a ese Padre que camina con nosotros, no sentimos esa cercanía, no sentimos su presencia. Alguien dijo una vez que lo peor del infierno es no tener la presencia manifiesta de Dios. Yo estoy de acuerdo completamente con eso.

Y podemos decir todo lo contrario acerca del cielo también. Lo mejor de estar en el cielo en algún momento es tener la presencia manifiesta de Dios en nuestras vidas. Eso va a ser glorioso, eso opacará a todo mar de cristal o calle de oro. Lo paradisíaco realmente será tener esa comunión íntima con nuestro Señor y Creador y Salvador, nuevamente como lo teníamos en el Edén, o quién sabe si mucho más gracias a Cristo. Eso será glorioso.

Ahora, cuando hablamos de este tiempo, ya no del aspecto eterno de nuestras vidas, nosotros también, como Dios nos ha hablado recientemente, podemos experimentar la presencia de Dios ahora. Y los salmistas son muy expresivos y poéticos en cuanto a esto. Incluso David decía, ¿verdad?, en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra. Y él está hablando desde este lado de la gloria, él no está hablando de aquel lado. Podemos experimentar y disfrutar y deleitarnos en la presencia de Dios ahora también.

Pero si seguimos viendo el resto de la revelación bíblica, nosotros no solamente vamos a encontrar a hombres y mujeres que pueden disfrutar de su presencia, sino también hombres y mujeres que han experimentado la ausencia de esa presencia. Hijos de Dios, hijas de Dios, que aman a Dios, que buscan a Dios, han tenido que pasar por valles y desiertos donde ese Dios que una vez fue cercano, que una vez escuchaba, que un día hablaba, ahora parece silente, ahora parece mudo, ahora parece que no actúa.

Y esta experiencia, por los siglos de la historia cristiana, han vivido hombres y mujeres de Dios. Incluso hay una expresión usada para caracterizar lo que es vivir de esta forma o tener este tiempo de escasez o de oscuridad: le han llamado la noche oscura del alma. Esto basado en un poema escrito por un cristiano místico llamado Juan de la Cruz de España, un poema muy famoso, que aunque no tiene mucho que ver con esto de la lejanía de Dios, los hombres y mujeres de Dios han identificado esta expresión como lo que han vivido. Estoy en tinieblas, mi alma está en tinieblas porque no tengo a Dios cerca.

Glenn Stanton, uno de los directores de Focus on the Family, Enfoque a la Familia, dice lo siguiente en un artículo relacionado a esta expresión, noche oscura del alma: "Esta frase se ha utilizado para describir períodos oscuros y difíciles en las vidas de los hijos de Dios, en los que Dios parece no solo lejano sino totalmente ausente, y las pruebas de la sequía espiritual y los problemas de la vida son su compañero constante."

Hermano, yo no sé si en tu caso lo has vivido, pero yo lo he vivido varias veces, por corto tiempo y por largo tiempo. A veces hemos leído la Biblia y cada palabra salta como si fuera lo que es, ¿verdad?, una palabra viva, y nos habla a nuestra alma. Retumba de la emoción de que Dios esté hablando a nuestra necesidad, a la decisión que vamos a tomar, y eso es glorioso. Pero otras veces es la misma Palabra que se abre. Son palabras que no tienen significado para mí. Parece como otro libro más que yo abro y cierro y es algo igual.

Tengo momentos de oración, o he tenido momentos de oración, donde yo sé que Dios me está escuchando, donde él me responde, donde puedo sentir su dirección. Pero en otros momentos esas oraciones parecieron como que rebotaran de las paredes y fueran a ningún lado, porque Dios está en silencio y no siento completamente nada. ¿Dónde está Dios?, pregunta uno. ¿Dónde está? ¿Qué estás haciendo? ¿Qué está pasando? De una forma u otra todos estaremos o habremos estado en una condición como esta. Y la pregunta para el día de hoy es: ¿qué puede hacer un hijo, una hija de Dios cuando Dios parece distante?

Vamos a ver eso en el Salmo 13 en esta mañana, en esta tarde ya, y vamos a leerlo del uno al seis, que son los versículos que tiene este Salmo. Salmo 13 dice así: "¿Hasta cuándo, oh Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí? Considera y respóndeme, oh Señor Dios mío. Ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte, no sea que mi enemigo diga: lo he vencido, y mis adversarios se regocijen cuando yo sea satisfecho. Mas yo en tu misericordia he confiado. Mi corazón se regocijará en tu salvación. Cantaré al Señor porque me ha colmado de bienes."

Glorioso Salmo escrito por un hombre que conocía la aflicción, que conocía la persecución, que conocía el dolor, que es David, ¿verdad? Los estudiosos no se ponen de acuerdo, aunque sí la mayoría se inclina porque este Salmo fue escrito en relación a su momento donde él huía de Saúl como rey, quien lo perseguía para matarle. Era un momento difícil, ya que Saúl no solamente tenía el poder de ser rey, movilizaba todo un ejército y podía dar órdenes en diferentes ciudades para encontrar a David. David, cansado de esta persecución, angustiado de lo que implicaba toda esta experiencia de estar escondido, escribe un Salmo como este de lamento a Dios, expresándole lo que está en su corazón.

Hay muchos Salmos como este en la Biblia, Salmos de lamento. Hay alrededor de entre 47 a 54 Salmos de lamento dependiendo de los estudiosos y sus opiniones, pero 39 de esos son de lamento personal e individual, o sea, de una persona como David expresándole a Dios: esto me está pasando y me lamento por esta situación. El resto de los Salmos son lamentos de la comunidad, del pueblo de Dios, puede ser hasta de la nación, pero también de la congregación que adoraba.

También nosotros podemos ver que David, como en muchas ocasiones de experiencias personales, tiene un fruto que escribe en una canción para él adorar y para el pueblo adorar. Y yo no sé si a ti te ha pasado, pero yo he dado muchas gracias por las experiencias que vivió David y que las escribió en canciones. ¿Por qué? Porque hermanos, qué difícil sería nosotros tener en la Biblia solamente hombres perfectos y que no cometen pecado, o que no tienen debilidades, o que no expresan sus emociones y la frustración que tenemos en esta tierra.

En los Salmos nosotros vemos todo eso y vemos a un hombre, en muchos casos, frustrado, triste, temeroso, escribiendo y expresándole a Dios su situación. En otros casos gozoso y celebrativo, ¿verdad?, por lo que Dios ha hecho. Es un trabajo valedor y ese es el valor del libro de los Salmos, todo el conjunto que tiene allí.

Yo tuve la bendición de participar en uno de los cursos que damos aquí en la iglesia, Viviendo los Salmos, impartido por nuestro pastor Luis. Y allí pudimos sacarle el jugo de toda la bendición que tienen los Salmos. Hay una cita que se me quedó en la mente y era de Calvino. Calvino decía que los Salmos representaban la anatomía de todas las partes del alma. Sigue diciendo: no hay emoción del alma de la que uno esté consciente que no esté representada en los Salmos como si fuera un espejo. Toda emoción está representada allí de alguna forma, y él le llamaba a eso ver esa anatomía del alma: los elementos que componen el alma, las emociones, sentimientos, pensares. Allí encontramos dudas, temores, sufrimiento, vergüenza, esperanza, consuelo, gratitud, y demás. Esto es maravilloso.

Y voy a usar unas dos citas que el pastor Luis presentó en ese momento. Él dice lo siguiente, y algo maravilloso que los Salmos, o de los Salmos, es que no son solamente la palabra de Dios para nosotros. Eso es, son revelados, verdaderos, son canónicos, son palabras de Dios para nosotros. Sino que también son las palabras que él nos ha dejado a nosotros para que le hablemos a él. O sea, que nosotros recibimos de los Salmos, pero también son herramientas y formas, canales para nosotros poder decirle a Dios cómo nos sentimos y cómo estamos en esta vida.

También el pastor Luis decía: en ellos, en los Salmos, podemos encontrar una guía para nosotros poder canalizar ante Dios todos nuestros sentimientos y emociones en todas las circunstancias de nuestra vida.

Y este Salmo es un ejemplo de esto. Está dividido en tres partes, de dos versos cada una. La primera, los primeros dos versos, habla del lamento de David. ¿Por qué se lamenta? Los versos tres y cuatro, de la petición que le hace debido a ese lamento. Y los versos cinco y seis, la adoración, la adoración que expresa ante Dios. Y así mismo vamos a dividir nuestro mensaje de hoy.

Comenzaremos con el lamento. Leemos nuevamente los versos uno y dos: "¿Hasta cuándo, oh Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro? ¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día? ¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?"

Ay hermano, cuatro veces "hasta cuándo". Definitivamente este hombre está desesperado, ¿verdad? Ha pasado mucho tiempo en su espera y él dice: ya está bueno, ya tocó esto.

Yo no soporto más. Hay un grito aquí donde se expresa una angustia mayor, una aflicción, un clamor sobrio de necesidad de liberación, ya. Y esto es muy coherente si nosotros pensamos en lo que implicaba la experiencia que David estaba viviendo: la persecución de un rey.

Ahora, yo quise detenerme un poco a revisar todo lo que conllevó esa persecución, porque a veces nosotros la mencionamos y podemos decir: "Bueno, sí, él fue perseguido y pasó muchas cosas y tiene que expresarse de esa forma", pero no entendemos la profundidad de todo lo que pasó. Y eso me pasaba a mí, y por eso me detuve un poco. Vamos a tener como una cápsula ahora de lo que implicó la persecución de Saúl a David.

Voy a comenzar con David, un jovencito, pastor de ovejas que cantaba a Dios allí en el campo. De repente lo llama su papá y le dicen: "Te buscamos". Y hay un profeta entonces que le unge y le va a decir: "Vas a ser rey". Yo no me imagino cómo se puso David: "Pero yo estaba aquí con las ovejas, ¿y que voy a ser rey? ¿Qué es esto?" Bueno, su historia continúa y al parecer Dios va confirmando: "Sí, tú vas a ser rey". Se encuentra con un gigante, donde del pueblo nadie quiere pelear con él; él pelea y vence. De ahí en adelante David sube la escalera de la fama. El pueblo le aplaude. El mismo rey Saúl lo recibe y le da posiciones. Él ahora es parte de su ejército y comanda parte de su ejército, y va a batallas en el nombre de Saúl y sale victorioso. Y no solo eso, sino que entra al palacio y puede estar en cercanía con el rey, tocando su arpa para calmar las emociones del rey. El pastorcito en un campo, allá con las ovejas, todo sucio, ahora está en el palacio, nada más y nada menos cerca del rey, cantándole. Y este rey, además de darle todos esos privilegios y posiciones, le ofrece a su propia hija para que él sea yerno ahora del rey. David, si tú le hubieras preguntado: "David, ¿se está cumpliendo la profecía que te dijeron?", él te hubiera dicho: "¡Claro que sí, mano! Tiene que ser".

Pero algo ocurrió, y es que este rey ve la fama de este jovencito, ve las victorias, ve los aplausos, ve que la gente aplaude más, alaba más las obras de David que las obras de él, y comienza a tener celos, comienza a tener envidia, comienza a tener odio para con este joven. Y llega al punto de que mientras David estaba tocando, él en tres ocasiones arroja lanzas para asesinarlo. Y David no tiene otra opción que salir huyendo. Ya está bueno: la primera, yo me equivoqué; la segunda, ¿qué está pasando?; la tercera es la vencida. Y se fue huyendo del palacio de Saúl, y comienza entonces a correr, a ocultarse en diferentes ciudades. Y vemos que él huye del palacio y va de ciudad en ciudad, y Saúl pisándole los talones.

Y en una ocasión no tiene qué comer, y lo único que hay son los panes que son ofrecidos a Dios por los sacerdotes, y come de esos. No hay nada que comer; alguien que estaba en el palacio ahora está tomando de los panes que son para Dios. En otra ocasión finge que está loco para salvar su vida. Y huye de cueva en cueva, y en una cueva famosa, Adulam, allí se congrega mucha gente: "¿A dónde va David? Yo voy para allá también". Y uno pudiera pensar: "Ahora David ha formado un ejército y ahora se va a levantar". Pero cuando ves el currículum de esos que van para allá, tú puedes decir: "¿Y qué es eso?" Primero de Samuel 22:2 dice: "Todo el que estaba en apuros, todo el que estaba endeudado y todo el que estaba descontento se unió a él, y él vino a ser el jefe sobre ellos". Una posición, ¿no? De la promesa de que tú vas a ser el rey, ahora tú eres el jefe de estos hombres con muchas heridas, endeudados, descontentos.

Y David huye, y huye, y huye. Y uno pudiera decir: "Bueno, ya entiendo yo. David estuvo huyendo y pasando todo eso, y eso fue fuerte. Me imagino que esas semanas que tuvo así..." ¿Semanas? No. "Ah, bueno, pues esos dos o tres meses que tuvo David..." ¿Meses? "Ok, bueno, ese año, dos años, eso fue fuerte..." ¿Dos años? El cálculo es de ocho a nueve años huyendo, huyendo, escondiéndose, sin comer, peleando. Y tú puedes ahora tener como un sentido de la expresión "¿hasta cuándo?" O sea, las cosas, los años pasan, las cosas no cambian, y pasa el tiempo y pasa el tiempo, y ¿hasta cuándo, Señor? ¿En qué momento es que esto ya dice "hasta ahí es"? David no tenía una fecha a la vista; al revés, él podía pensar que esto era para siempre, como es el caso en el verso uno.

Ahora, antes de entrar a esas razones por las cuales él se lamenta en estos dos primeros versos, yo quiero preguntarte: ¿Tú has estado allí? ¿Tú has estado en situaciones donde tú sientes que Dios no está haciendo nada, no está respondiendo, no se siente, y no solamente por un día, sino por un tiempo extendido en tu vida, que tú puedes decir: "Me ha caído, ¿dónde está el Dios que yo conocía? Ven acá, ¿dónde está ese Dios que me habló, que me llamó, que era evidente, que me transformó, que ahora no hay nada?" Y pasa el tiempo y nada. Yo no sé si tú has estado allí, pero yo he estado allí muchas veces.

Y David hace la pregunta "¿hasta cuándo?" para expresar su lamento. Pero si tú revisas los demás salmos de lamento y otros más, la pregunta no solamente es "¿hasta cuándo?", sino la más famosa cuando estamos confundidos, que es "¿por qué?" Varios salmos —no los voy a leer todos, solo algunos— dicen: "¿Por qué, oh Señor, te mantienes alejado y te escondes en tiempos de tribulación?" Esto lo dice el salmista. O sea, Señor, ahora está la tribulación y ahora tú estás alejado y te escondes. Salmo 22: "¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?" ¿Por qué? Salmo 42: "¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué ando sombrío por la opresión del enemigo?" Y siguen los "¿por qué?", los "¿por qué?". Incluso hay uno que dice: "¡Oh Dios, despierta! ¿Por qué duermes, Señor?" Salmo 44: "Levántate, no nos rechaces para siempre". ¡Wow! ¡Wow!

La verdad que la primera impresión cuando uno lee salmos de este tipo es: "Ven acá, ya este hombre está siendo como irreverente delante de Dios. Este hombre como que le está faltando el respeto a Dios. ¿Y quién eres tú pa' decirle a Dios por qué? ¿Quién eres tú pa' decirle a Dios hasta cuándo?" Pero cuando nosotros vemos todo el registro bíblico —y de verdad, por lo menos yo, si usted encuentra alguno me lo dice al final— no encontramos en ningún momento que Dios reprenda, rechace, le eche para atrás a un hombre o una mujer que vaya donde Él a expresarle su lamento. Dios está abierto a recibirlo y es paciente. Increíble. Dios pudiendo decir: "Mira, mucha chochería, vete para allá". Pero Dios escucha. Y Dios muestra compasión y entendimiento ante aquellos que con sinceridad le dicen: "Señor, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿Dónde estás?"

Y eso vale oro, para mí, en la Palabra de Dios, y para muchos de nosotros. El Dios santo, santo, santo, digno de temer, el que es fuego consumidor, ahora vienen estos hijos de Él a reclamarle, y Él es paciente, y Él escucha, y Él entiende.

Yo quiero hacer una nota aclaratoria, porque Dios nos habló de una forma muy especial el domingo pasado acerca de mostrar un corazón agradecido, de que debemos bendecir a Dios por todas sus bondades y sus beneficios. Y aquí ahora estamos hablando de hombres que están quejándose delante de Dios. Entonces me cae: ¿Somos agradecidos o podemos presentar nuestra queja? La realidad es que ambas son correctas. Dios no espera un corazón agradecido que, como decimos nosotros los dominicanos, sea un "ayantoso". O sea, si tú estás mal, hermano, si tú te sientes mal, si no entiendes algo, ¿cómo vas a ir a donde Dios sin decirle: "Señor, ¿sabes? Estoy mal y me siento débil", y entonces presentar tu situación, tu caso delante de Él con sinceridad y honestidad? Pero no quedarte en el lamento ni en la queja ni en el reclamo, sino que este salmo va en ascendencia hasta llegar a la adoración y la gratitud que Dios espera de nosotros. Y allí confluyen, en verdad se unen estas dos verdades: ser agradecido y también ser sincero y honesto delante de Dios cuando estoy mal.

Jon Bloom, cofundador y miembro de la Junta Directiva de Desiring God, donde el pastor John Piper sirve, escribió un artículo titulado "Dios quiere que nos quejemos ante Él". Él escribe en el artículo lo siguiente: que los salmos de lamento son tesoros para los santos. Ellos le ponen voz inspirada a nuestras almas en tribulación. Estos salmos nos modelan cómo expresar nuestro reclamo ante Dios de una forma que le dé honor. Y ellos mismos son expresiones del cuidado y la compasión de Dios por nosotros, porque en ellos vemos que no estamos tan solos como nos sentimos y que Dios sí comprende.

¡Qué bendición, hermanos! Yo no sé si tú has tenido deseo de desahogarte de Dios. Muchos de verdad podemos tener amigos y hermanos a quienes lo podemos decir: "Mira, brother, estoy cansado. Estoy harto", con la jota dominicana. "Ya está bueno". La pregunta es: ¿pudiéramos hacerlo delante de Dios, sí, dándole honor, con respeto, pero siendo transparentes como David lo es? Él, Dios, es el lugar más seguro donde tú puedes presentar tu queja. Él no tiene un departamento de quejas como muchas de las compañías dominicanas ahora, donde hay el peor empleado de la compañía masticando un chicle y con una cara de "no te me acerques". No tiene un mostrador así ni un empleado así. Dios tiene a Él mismo con su corazón abierto en espera de sus hijos atribulados que vengan a Él. "Ven a Él" es el llamado de un salmo como este. Ven ante tu Dios cuando te encuentres de esta forma.

Cuatro razones de su lamento. La primera: Dios aparentemente olvidó a David. La verdad, alejado, se siente distante y olvidó la situación de David. David necesitaba ayuda, la ayuda no llegaba; la conclusión es: Dios se olvidó. Y cuando vemos esta frase "¿hasta cuándo?", verdad, "¿hasta cuándo me olvidarás para siempre?", vemos un tiempo, y aquí la espera está incluida. Y nosotros siempre como seres humanos tenemos problemas con la espera. No hay forma de que el tiempo de nosotros y el tiempo de Dios como que coincidan.

Para él el tiempo no es un factor. Él toma el tiempo necesario para hacer lo que quiere y formar nuestro carácter, no importa cuánto sea. Para nosotros el tiempo es muy importante. Si tú vas a encontrar una frase profunda del mensaje de hoy, es esta: lo más difícil de la espera es que hay que esperar. No es tan profunda, verdad, pero es cierto. Es tan difícil.

Incluso hay una experiencia de un conocido predicador, se llama Phillips Brooks, del siglo XIX. Un día él estaba agitado y eso no era normal en él. Él era un hombre tranquilo, un hombre paciente, un hombre que podía manejar los momentos de estrés. Sin embargo, ese día estaba agitado, caminando de un lado para otro, tratando de resolver el problema. Y un amigo se le acerca y le dice: "¿Cuál es el problema, Phillips? Tú no eres así." Y él respondió: "El problema es que yo estoy apurado, pero Dios no. Yo quiero que esto se resuelva rápido, pero por otro lado, yo siento como que Dios no." Eso sí le pasa a mucha gente.

Y así muchas veces nosotros sentimos esta situación. Dios se olvidó, el tiempo pasa y esto parece que es para siempre. ¿Hasta cuándo será esta situación? Y muchos de nosotros podemos relacionarnos con esta situación. El tiempo pasando, nada ocurre. Dios está distante, Dios parece haber olvidado.

La siguiente reclamación o lamento es que Dios ha escondido su rostro. "¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?" Es una expresión muy, muy usada en toda la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento. Y nosotros podemos ver que se refiere a la desaprobación de Dios. Dios es, con, de verdad, esto es un libro poético, esa es una expresión ilustrativa, figurada, y es como que Dios esconde el rostro para no ver la situación y la desaprueba. Cuando Él muestra su rechazo a dar una solución a un asunto es cuando Él esconde su rostro.

Y nosotros, cuando revisamos cuándo es que se usa esa frase, esconder el rostro de Dios, mano, casi en la totalidad de las veces el pecado está en la situación. Dios esconde su rostro cuando hay pecado en su hijo, en su hija, no resuelto, no confesado, no arrepentido. Y nosotros no estamos diciendo con esto la condición general de pecado de la naturaleza humana, porque si no Dios viviera con su rostro escondido siempre. Sino pecados como estos, pecados como aquellos que yo no he presentado delante de Él, no me he confesado, no he llorado, no me he arrepentido, y que estoy jugando con Él, y que estoy viviendo en esa práctica. Y entonces Dios decide: es el momento de esconder mi rostro y que tú sientas mi ausencia.

Esto lo podemos ver en un pasaje muy claramente en Deuteronomio 31:16-18. Dice: "Este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar." Esto fue Dios a Moisés, diciéndole lo que va a pasar. "Este pueblo me dejará y quebrantará mi pacto que hice con él, y se encenderá mi ira contra él en aquel día, los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos." El pasaje sigue diciendo: "Será consumido y muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, sobre el pueblo, por lo que dirá en aquel día: ¿No será porque mi Dios no está en medio de mí, que me han alcanzado estos males?" Y termina diciendo: "Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses."

Dios escondiendo su rostro, Dios poniendo distancia cuando el pecado está en medio. Y la realidad es que el pecado afecta nuestro compañerismo, nuestra relación y nuestra cercanía con Dios. Dios, al ser como es, no admite el pecado aceptado en la vida de nosotros. Y entonces Él se retrae y nosotros experimentamos su ausencia.

Entonces, amados, cuando nosotros estamos viviendo un momento donde Dios parece distante, el catálogo o el checklist que debiéramos hacer, una lista de chequeo, debiera incluir en los primeros lugares, si no el primero, el revisar nuestro caminar de santidad delante de Dios. El revisar si nosotros estamos viviendo jugando con el pecado o estamos realmente tratando con él como Dios trataría con él. La Palabra de Dios nos habla de cómo este pecado afecta nuestras vidas.

Y aunque el Espíritu Santo en esta tarde puede estar aplicando esta palabra de una forma particular a cada uno de nosotros, yo quisiera dar como una lista de revisión que tal vez pueda ayudarnos a ver cómo el pecado está afectando esa relación con Dios. Si has sentido que Dios está distante, revisa tu vida. Mira a ver con quiénes tienes pleitos y diferencias, relaciones rotas en tu casa o con tus familiares. El revisar cuál es tu posición: "Antes que resuelvan ellos, yo me quedo aquí." Dios se aparta.

¿Tienes ese tipo de problemas con hermanos tal vez de la misma iglesia? Cristianos en medio nuestro donde dices: "De ahora en adelante no te voy a hablar y ya se acabó esto," pero venimos a adorar a Dios en un templo y queremos sentir a Dios cerca. ¿Problemas con los líderes, con los pastores? Y es verdad que fallamos muchas veces, pero ¿será que Dios quiere eso? Que dices: "Sí, hay problema con eso, yo no se los soporto," pero vamos a adorar y cantar juntos y hacer vida. ¿Será eso coherente con lo que el Hijo de Dios nos muestra? Y sentimos a Dios distante y nos preguntamos por qué.

Revisa tu orgullo, revisa la ingratitud que hablamos la semana pasada, revisa la amargura, los celos. Arrepiéntete cuando hay avaricia, chismes. Hermano, si eso está en medio nuestro, ¿cómo pensamos que vamos a sentir la llenura de Dios y del poder de Dios manifestándose cuando tenemos recelo con otro? Eso no encaja en el diagrama de Dios. Saca todo eso y dile basta ya. Yo quiero agradar a mi Dios y yo quiero vivir cerca de Él. Levántate con seriedad y di como el salmista, verdad, sobre todo David. Ríndete a Dios y reconoce que el problema es con Dios primero, como David decía: "Es contra ti, contra ti solo he pecado y hecho lo malo delante de tus ojos." Eso elimina muchas variables cuando tú reconoces que es contra Dios. Y uno entonces trata de arreglar toda la situación porque no quiere problemas con Él.

La siguiente razón es el pesar emocional que su situación le trae. David se lamenta porque Dios se ha olvidado, porque Dios ha escondido su rostro, y ahora este pesar emocional de esta situación. Y lo vemos verdad allí también: "¿Hasta cuándo he de tomar consejo en mi alma, teniendo pesar en mi corazón todo el día?" Aquí hay una expresión muy especial, es tomar consejo en mi alma. La explicación allí es como si el salmista estuviera teniendo conversaciones dentro de sí. Como si el salmista se aconsejara: "Mira la situación, ¿qué vamos a hacer para solucionarla?" Pasa el día, no se solucionó. "Bueno, la idea nueva es esta, vamos a ver si por este lado." Pasa el tiempo. No, tampoco, tampoco, tampoco. Y estás dentro de ti, verdad, aconsejándote internamente, pero nada tiene solución. Entonces David termina diciendo allí: "Teniendo pesar en mi corazón todo el día." Claro, esa lucha interna te lleva a un pesar que no tiene fin.

Martín Lutero, hablando de este pasaje, lo describe de esta forma muy, muy gráfica: "Su corazón, el corazón de este hombre descrito allí, es un mar embravecido en el que se mueve en toda clase de consejos hacia arriba y hacia abajo. Trata de todas las maneras de encontrar un agujero a través del cual puede escapar. Piensa en varios planes y todavía no sabe qué hacer. Tan pronto como el rostro de Dios se aparta de nosotros, sigue ahora la consternación, la distracción, la oscuridad en el entendimiento y la incertidumbre de consejo, de modo que andamos a tientas, por así decirlo, a medianoche, y buscamos en todas partes cómo escapar." Termina la cita.

Así era la condición de este hombre. ¿Hasta cuándo, Dios, yo voy a estar con este afán, este dolor y pesar en mi corazón?

La última razón es por la reacción de sus enemigos: "¿Hasta cuándo mi enemigo se enaltecerá sobre mí?" Y Saúl, muchas ocasiones, estuvo a punto de matar a David. En una ocasión dice la Palabra de Dios que en una montaña David estaba de un lado y Saúl estaba del otro. David huyendo y Saúl a punto de atraparlo, y Dios interviene para salvarlo. Pero David decía: "¿Hasta cuándo, Señor, él se va a enaltecer de mí?" Incluso en el verso 4, los enemigos se pueden hasta regocijar. Y uno puede decir, verdad: "Saúl y su ejército están persiguiéndome por una razón injusta. Yo vengo ante ti, Dios, que eres justo, dueño de la justicia verdadera. Aplícala. Si ellos me atrapan, esa justicia tuya no se verá enaltecida, sino su injusticia." Entonces, Dios, haz algo.

Terminando estos dos versos, el lamento, yo puedo tener un sabor de este hombre así lamentándose. Pero algo positivo es que su lamento tiene que ver con que él no siente a Dios. ¿Por qué es positivo? Porque él no está conforme cuando Dios está lejos. Y qué triste es, hermano, cuando nosotros, hijos de Dios, hijas de Dios, pasan los años, pasan las situaciones y las semanas, y Dios está lejano, y ya nosotros estamos acostumbrados. Y ya no sentimos nada y pasa, da igual. "Así es ya la vida cristiana." Y no hay un fervor para decirle a Dios: "Dios, ¿qué pasa? Yo quiero más, yo quiero tu cercanía." Eso es característico de un hijo de Dios que ama a Dios, que quiere estar en su presencia, que no está conforme, que quiere decirle a Dios: "Ven, ven, ven, acércate." Eso pasa con David aquí.

La pregunta es cómo tú manejas esa lejanía de Dios o esa aparente distancia. ¿Estás conforme? ¿Estás acomodado ya a que esto es lo mismo, a que la Biblia, bueno, así? Incluso: "Yo tengo mucho tiempo ya que no leo mucho." Quien conoce a este Dios y todo lo que Él es y bendice y satisface, tú no puedes estar tranquilo. Tú no puedes quedarte ni en tu pecado, ni en tu lejanía, ni en tu distracción. No, tú quieres buscar la forma de arreglar el asunto. Y eso pasaba con David.

Del lamento entonces David pasa a la petición. Esto lo vemos en los versos 3 y 4: "Considera y respóndeme, oh Señor Dios mío; ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte. No sea que mi enemigo diga: 'Lo he vencido,' y mis adversarios se regocijen cuando yo sea sacudido."

Tres peticiones en la última parte, dos "no sea que". La primera petición, en verdad, es: considera, mira, evalúa esta situación de una forma que sea favorable para mí, porque tú sabes todos los detalles. Considera, chequéala, como decimos. La segunda es: respóndeme. Tú has visto lo que está pasando, Señor, tú has oído mi voz. Varias veces te he pedido, te he reclamado incluso. Ahora yo quiero escucharte a ti. No guardes silencio, respóndeme. Hermanos, ¿cuánta sed hay en nuestro corazón de escuchar realmente a Dios? ¿Háblame en esto, o no importa lo que opinen, sigo para adelante? No, David quería respuesta de Dios, escuchar su voz y su dirección.

Y la última petición es: ilumina mis ojos. Aquí, cuando vamos al hebreo, nosotros tenemos que entender lo que es el significado de esta frase. Es que cuando los ojos se estaban apagando era que la vida se estaba yendo, y David entonces está pidiendo: ilumina mis ojos, trae de nuevo la luz a mis ojos. Es: estoy a punto de morir, como evidentemente él dice, ¿verdad? Allí en este pasaje: ilumina mis ojos, no sea que duerma el sueño de la muerte. Porque él estaba al borde de la muerte, él estaba a punto de morir y sus enemigos se podrían regocijar. Es por eso: Señor, dame vida.

Hay dos cosas que yo quisiera resaltar de esta parte de la petición. Una: no sé si has pasado por esto, pero Dios está distante, Dios no se siente. Y muchos de nosotros los cristianos, que queremos un carácter más como el de Dios, en lugar de hacer lo que hace David, dejamos de pedir y orar y nos volcamos al mundo. Dios no me habla, Dios mira la situación en mi casa, Dios no lo resuelve, la situación en el mundo, mira mi corazón, mi pecado y todo esto. Y me envuelvo en la basura, me envuelvo en los entretenimientos, pensando que eso me traerá alivio y solución a mi vida. Lo que me hace es sentirme más destruido. En lugar de eso, lo que hace David es volcarse a Dios, buscar a Dios, orar a Dios, pedir a Dios: Señor, considera, responde, ilumina mis ojos. Hermano, no encontrarás solución a la lejanía de Dios alejándote más de él. No, la solución está en buscarlo más fielmente, lealmente, y allí nosotros aprenderemos entonces a confiar más en él.

Él estaba al borde de la muerte, y Dios a veces nos lleva ahí, al borde, donde no nos queda más nada, donde no hay recursos, donde no hay ideas, donde no hay ni siquiera fuerzas para nosotros decir: Señor, solamente me tengo a ti, solamente en ti confía mi alma. Pablo, de una forma muy coherente con esta experiencia de David, escribe en 2 Corintios 1:8-9 algo similar a esto. Dice así: "Fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida." Estaba a punto de morir. "De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte." Ya se acabó. Pero ahora viene la razón que Pablo sí le da a todo esto: "A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos."

Esa es la razón por la que muchos de nosotros Dios nos empuja hasta ese borde: para que en ese momento no tengamos otra cosa que decir: Señor, confiamos en ti y no en nosotros mismos, para que tú nos dieras vida e iluminaras nuestros ojos.

Así llega David. En medio del lamento, el lamento lo conduce a la petición, y la petición entonces lo lleva a lo impensable. Cuando comenzamos en el lamento, terminamos en la adoración. Increíble. Versículos 5 y 6: "Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se regocijará en tu salvación. Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes."

Yo no sé si tú te estás preguntando lo mismo, pero yo me pregunté: ¿y qué le dio a este hombre? Él estaba quejándose ahora mismo, él estaba diciendo: esto está cuando, esto no se aguanta. Y ahora este hombre está diciendo que yo voy a cantar al Señor y yo en tu misericordia he confiado. ¿Qué fue lo que cambió? ¿Qué fue lo que llevó el lamento a la adoración? Y lo evidente en este pasaje fue el cambio de enfoque de David. Comienza enfocado en sí mismo, en su problema, en su necesidad, y termina enfocándose en su misericordia y en su salvación. Eso le trae confianza, eso le trae regocijo, y eso lo lleva a cantar y a considerar. Hoy, hermano, no sé si yo no lo entiendo, se estaba quejando, y ahora pasa a considerar que él me ha colmado de bienes.

Como el Salmo 113 que nuestro pastor Héctor predicó el domingo pasado, considerando: ahora yo, mas yo, ahora voy a pensar en algo, y es cómo tú eres. Tú eres misericordioso, por eso puedo confiar en ti. Tú eres el Dios que salva, por eso me puedo regocijar en ti. Yo canto al Señor porque, cuando yo hago memoria, tú me has colmado de bienes. Puede venir un ejército, matarme y todo eso, pero yo no me puedo quedar allí sin reconocer que tú has sido bueno, bueno en toda situación. Y por eso te canto, y por eso te adoro, y por eso te alabo, no importa que no te sienta a veces.

¡Guau, hermanos! Ese es el cambio de enfoque que nosotros a veces necesitamos: salirnos de nosotros y meternos en Dios, meternos en lo que él es, en su naturaleza, sus atributos. Lo que mencionaba el pastor en el video, ¿verdad? El conocimiento de Dios, estudiarlo, conocerlo, que nos lleva entonces a adorarlo. Y eso no depende de circunstancias externas. Él es amor y no importa lo que pase. Él es santo y no importa lo que pase. Él es, y él es, y eso es verdad de Dios que no cambia. Entonces nuestra esperanza, nuestra adoración, no cambia si es de esa forma.

Oye, hermano, cuando tú te sales del lamento, te sales del lamento, y en oración entonces ahora tú clamas y haces memoria de quién es Dios, cómo ha sido su obrar contigo, tú saldrás del lamento y comenzarás a cantar. Esa es la promesa de ese salmo. No es un salmo enfocado en sentimientos, no es un salmo enfocado en emociones. Quédate allí, porque sí, comienzan las emociones, y qué bueno, porque podemos expresarlas delante de Dios. Pero de allí camino con Dios, le busco, me acerco, y termino entonces en la adoración que él merece. Ya sales de tus limitaciones, y tu tan qué vacío y todo eso, y ahora te enfocas en su gran poder y en lo que él ha hecho antes. Confías ahora que lo hará otra vez.

Oye, hermano, ¿cuántas veces Dios nos ha sacado de esa forma, de centrarnos en todo lo que nos falta para enfocarnos en todo lo que ya él ha hecho? Como Dios nos ha hablado: elige, hermano, interpretar tus circunstancias a través del amor de Dios, y no interpretar el amor de Dios a través de tus circunstancias. Dios es, y eso define cómo manejas tus circunstancias. Ahora, si no le conoces, si no has entrado en el mar de su revelación para salir empapado de su verdad, entonces te quedarás en el lamento y pedirás enfocado en ti y no enfocado en lo que él es.

Terminamos haciendo algunas cosas de recuerdo, de recordatorio. Si sientes que él está ausente, recuerda que hay algo que no cambia, y es su Palabra, porque él tampoco cambia. Fundamenta, ten fe. Si te fundamentas en lo que sientes, te hundirás. Pero si vas y asientas tu fe y tu obediencia en la Palabra inmutable de Dios, te sostendrás. Él es fiel, como dice ella, y siempre lo será. No depende del tiempo que está pasando, no depende de la situación que no cambia. Él permanece fiel, sus promesas siguen en pie.

Tú puedes seguir buscando, tú puedes, sí, lamentarte ante él, pero no te quedes ahí. No te quedes ahí y no salgas a buscar otra fuente. No. Póstrate y búscale con afán, como dice el Salmo 63. Espera en él, búscale y sigue esperando.

Hay un hombre que supo esto de una forma muy fuerte, y fue Job. Pero él llegó a conocer algo tan grande de Dios que pudo llegar a decir lo siguiente, hermanos. Esto es algo profundo: "Aunque él me mate, en él esperaré." ¡Guau! Aunque Dios decida que hasta ahí llegan mis días, y se acabó mi fuerza, y yo terminé así, yo no me voy para otro lado. Yo me quedaré allí esperando en él hasta el último segundo de mi vida. Eso decía Job. No vayas a otro lado.

Y por último, hermanos, nosotros hemos visto que esta experiencia de un Dios distante no es algo único de nosotros en este tiempo, ni tuyo ni mío. Esto lo vivieron hombres como David y hombres a través de toda la Biblia y la historia de la Iglesia a través de los siglos. Pero el ejemplo más importante es tu Salvador y el mío.

¿Recuerdas el grito de la cruz? ¿Recuerdas "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado, desamparado"? Él lo vivió primero que tú. El Hijo de Dios, sintiendo el abandono. Lo que es Dios abandonando a Dios, eso es algo incomprensible. Pero él lo sintió y exclamó: ¿por qué me has abandonado? Él sintió el abandono de Dios como tú y yo podemos haberlo sentido, y podemos entonces tenerlo a él como ejemplo. Y podemos decir: porque él fue abandonado, hoy yo tengo acceso directo, entrada al Padre, que no me abandonará por lo que él hizo. Él fue abandonado para que yo no fuera abandonado. Él fue rechazado para que yo nunca fuera rechazado. Él abrió una puerta para yo poder entrar con confianza al trono de la gracia, para que yo tenga entonces oportuno socorro. Mis oraciones serán escuchadas, y yo tengo esperanza en él y solo en él.

Oremos. Señor, nosotros en muchas situaciones no podremos entender por qué tú a veces callas, tú a veces estás distante. Pero a través de tu Palabra hemos entendido en esta mañana que a veces hay pecado en nosotros que nos ha alejado de ti. Hay orgullo, hay resentimiento, hay pensamientos que no caracterizan a un hijo de Dios, que me alejan de ti. Y me pregunto dónde estás. Señor, ayúdame a arreglar esa situación, a arrepentirme, a confesarlo, y a caminar de una forma que ejemplifique a un hijo de Dios, a Jesucristo. Señor, ayúdame.

Señor, otras veces yo soy el que me he alejado de ti. Tu Palabra dice: "Acercaos a mí, y yo me acercaré a vosotros." Pero yo no hago ni siquiera el intento de acercarme. Estoy distraído con mis labores, con mis estudios, con lo que sea. Estoy caminando como un niño en una tienda, soltándose de los brazos, de las manos de su madre o padre. Cuando de repente ya no ve a su madre o padre, dice: ¿dónde estás? Pero yo soy el que me he soltado y me he ido.

Señor, perdóname. Perdóname cuando mi vida, mi fe, mi caminar contigo se ha basado en experiencias, emociones, sentimientos y no en verdades absolutas e inamovibles que Tú has mostrado en Tu Palabra. Perdóname, Señor, cámbiame. Ayúdame a decir como Job: yo estaré esperando en Ti.

Señor, Tú eres fiel para siempre. Tus promesas no cambian, y como no cambian, yo me esconderé en ellas. En el nombre de Jesús. Amén, amén.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.