Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios proveedor (parte 2)

Miguel Núñez 7 agosto, 2016

La generosidad cristiana comienza y termina con Dios. Así como toda la historia redentora arranca con Dios y culmina en Él, así también nuestra capacidad de dar nace de lo que Dios primero nos ha dado y debe terminar glorificándolo. El Dios que se preocupó por los pobres en el pasado es el mismo que sigue preocupándose hoy, porque su justicia permanece para siempre. Como el sembrador que recibe semilla, la riega, y Dios provee agua, sol y tierra para multiplicar la cosecha, así Dios multiplica lo que damos. Pero hay algo más: cuando damos con las motivaciones correctas, Dios aumenta también nuestra justicia, nuestro carácter santo. La práctica de la generosidad contribuye a la santificación porque, a través del poder del Espíritu, conquistamos el dominio que el dinero quiere ejercer sobre nosotros.

Cuando los corintios dieran a los necesitados de Jerusalén, no solo suplirían una carencia material. Su ofrenda produciría acciones de gracias a Dios, cultivaría gratitud en quienes la recibieran, y los de Jerusalén comenzarían a orar fervientemente por estos hermanos gentiles que no conocían. La ofrenda, dice el pastor Núñez, es una prueba: para unos, prueba de carencia; para otros, prueba de abundancia. Y dar generosamente es simplemente obedecer la confesión del evangelio de Cristo.

Por eso Pablo cierra estos dos capítulos con una frase que lo sella todo: "Gracias a Dios por su don inefable." Cristo, siendo rico, se hizo pobre para que nosotros llegáramos a ser ricos. Entender eso transforma nuestra percepción de lo que tenemos y de lo que podemos dar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Amados, en su lugar. Invitamos a que pueda abrir la Palabra de Dios, el capítulo 9, la segunda carta de Pablo a los Corintios, continuando nosotros con esta serie que comenzamos ya hace meses atrás. Es el quinto mensaje de la mini serie sobre el dar, que está dentro de esa gran otra serie, que es la serie de la carta misma, que llamamos "Poder en la debilidad". Y este sería el mensaje 25 de esa serie, el quinto de este tema que termina hoy, que tiene que ver con el capítulo 8 y el capítulo 9 de la carta de Pablo a los Corintios, su segunda carta. Nosotros concluimos hoy; al mensaje pasado que titulamos "El Dios Proveedor", y este es "El Dios Proveedor, segunda parte".

Nosotros cubrimos del versículo 1 al 8, pero nosotros vamos a leer el 8 otra vez, cubrir algo del 8 para conectarnos con el mensaje anterior y continuar con la misma temática que iniciamos el domingo pasado. Versículo 8 del capítulo 9: "Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra. Como está escrito: él esparció, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre. Y el que suministra semilla al sembrador y pan para su alimento, suplirá y multiplicará vuestra sementera y aumentará la siega de vuestra justicia. Seréis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual por medio de nosotros produce acción de gracias a Dios. Porque la administración de este servicio no solo suple con plenitud lo que falta a los santos, sino que también sobreabunda a través de muchas acciones de gracias a Dios. Por la prueba dada por esta administración glorificarán a Dios por vuestra obediencia a vuestra confesión del evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos. Mientras que también ellos, mediante la oración a vuestro favor, demuestran su anhelo por vosotros debido a la sobreabundante gracia de Dios en vosotros. Gracias a Dios por su don inefable."

Ahí están las palabras de Pablo para la iglesia de Corinto en cuanto a cómo dar, y esto sella todo lo que hemos venido diciendo y lo hace de una manera extraordinaria, recordándonos el regalo de Dios para con nosotros. En esencia, yo quiero dividir la enseñanza de hoy en dos puntos. Número uno, volver a ver el carácter dadivoso de Dios, que conectará con el mensaje anterior, y luego ver los beneficios de nosotros obedecer la invitación de Dios a ser dadivosos. Número uno, el carácter dadivoso de Dios, que en sí mismo es una invitación a ser generosos; y número dos, los resultados y las bendiciones de nosotros responder a esa invitación.

Estos ocho versículos que acabamos de leer comienzan y terminan de la misma forma: comienzan con Dios y terminan con Dios. De hecho, el capítulo 8 comienza con Dios y el capítulo 9 termina con Dios. Escucha otra vez cómo Pablo inició toda esta temática de dar en 8:1: "Ahora, hermanos, os damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia." Y está Dios en su gracia, y luego en 9:15 Pablo diciendo: "Gracias a Dios por su don inefable."

Esta es la construcción de toda la historia redentora: comienza con Dios, termina con Dios. Esta es la realidad de toda la Biblia, así comienza y así termina. Esa debe ser la realidad de tu vida cristiana y de mi vida cristiana. Mi vida comenzó con Dios cuando Dios la entretejió en el vientre de mi madre; mi vida terminará con Dios cuando Él me glorifique en su presencia. Mi vida, o mi salvación, comenzó cuando Dios me eligió en la eternidad pasada, y mi salvación terminará en gloria en la presencia de Dios. Tus dones comenzaron con el Dador de ellos, y tus dones deberán terminar glorificando a dicho Dios. Y de esa misma manera, entonces, aquello que nosotros podemos dar comienza con Dios, quien suple primero nuestras necesidades y sobreabunda, y terminará o deberá terminar con la gloria de Dios, que es el Dador de eso que estamos pasando a otros. De manera que tú y yo necesitamos mantener el mismo enfoque del apóstol Pablo a lo largo de toda esta enseñanza.

El versículo 8, entonces, que leímos hoy otra vez, nos conecta con el mensaje anterior. Escúchalo una vez más: "Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra." Nuestra abundancia es resultado de su abundancia. Nótalo, lo absoluto de este texto: toda gracia, teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas para toda buena obra. Dios es el Dios de toda gracia, es el Dios de toda suficiencia, es el Dios de toda misericordia, de todo poder, de toda sabiduría, es el Dios de toda justicia, pero es también el Dios de toda provisión. Y es acerca de ese Dios Proveedor que Pablo está hablando como motivación número uno para nuestra provisión de otros. Y con eso terminamos de conectar con el mensaje anterior y comenzamos con el versículo 9, que es donde comienza el texto que teníamos por delante.

"Como está escrito" —lo que implica que esto es una cita— "él esparció, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre." Esta es una cita casi idéntica del Salmo 112, versículo 9, donde el salmista nos recuerda, y ahora Pablo con él, que nuestro Dios en el pasado estuvo y continúa estando preocupado con la necesidad de los pobres o la necesidad de aquellos que están en dificultad, y que ese mismo Dios tiene una justicia o un carácter justo que permanece para siempre. En otras palabras, el Dios que se preocupó de los necesitados en el pasado es el Dios que está preocupado de los mismos necesitados en el presente, es el Dios que estará preocupado de los necesitados en el futuro, porque su justicia permanece para siempre y ya Él proveyó a los pobres en el pasado. Su carácter es inmutable, sus propósitos son inmutables, su naturaleza es inmutable. Tú puedes confiar en ese Dios. El Dios de toda suficiencia y provisión es el Dios de toda justicia de manera permanente. De eso es que está hablando el salmista, a eso es que se está refiriendo Pablo cuando lo cita.

Y ahora entonces Pablo, reconociendo que esta era una cultura, como dijimos la vez pasada, agrícola en cuanto a su producción, toma otra vez una ilustración de su diario vivir. Y en el versículo 10: "El que suministra semilla al sembrador y pan para su alimento, suplirá y multiplicará vuestra sementera" —y era algo más, no se quedará en la parte material— "y aumentará la siega de vuestra justicia." Pablo está tratando de ayudar a los corintios a entender de qué manera nuestro Dios multiplica lo que el sembrador tiene. El sembrador sale con algunas semillas que Dios ha provisto, él riega la semilla, Dios provee el agua, Dios provee el sol, Dios provee los ingredientes en la tierra. Luego hay una cosecha; esa cosecha no solamente termina en productividad para el sembrador, sino que le provee más semilla para la próxima cosecha, y por eso Pablo habla de que Él multiplicará vuestra sementera.

Pero en la medida en que nosotros imitamos el carácter de Dios dando, siendo dadivosos y haciéndolo con las motivaciones que Pablo ha estado presentando a lo largo del capítulo 8 y 9, en esa misma medida, entonces, Dios, dice el texto del versículo 10, aumentará la siega de vuestra justicia, refiriéndose al carácter justo, al carácter santo. De alguna manera, la práctica de la generosidad contribuye a mi santificación. Y aunque el texto no nos explica cómo, si tú piensas por un momento que cuando nosotros somos dadivosos hemos conquistado, a través del poder del Espíritu que mora en nosotros, el poder del dinero sobre nosotros, entonces pudiéramos comenzar a entender de qué forma la dádiva, la generosidad, contribuye a mi santificación. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males. Si el amor al dinero es la raíz de todos los males y la generosidad ha podido eliminar el amor al dinero en mí, entonces hay muchos males que estarán también saliendo de mi camino.

Ahora, yo creo que ninguno de nosotros diría de primera impresión o intención, quizá ni de segunda o tercera… Pastor, yo tengo un problema. Todavía no he tenido alguien que haya venido a la oficina con su esposa a decirme: "Pastor, yo tengo un problema, yo amo el dinero." No creo que lo voy a tener. Sin embargo, muchos de nosotros tenemos que reconocer, que admitir, que deseamos y demandamos más el dinero que las cosas espirituales, que pensamos más frecuentemente en cosas materiales que no tenemos que en las riquezas espirituales que no buscamos. Y eso nos deja ver qué es lo que realmente amo más. Y eso hace que muchas veces Dios retenga lo material para forzarme y provocarme a la búsqueda de lo espiritual.

Eso es exactamente lo que Dios dice al pueblo judío cuando lo saca al desierto. Al final de los 40 años, en Deuteronomio 8, le dice: "Te saqué al desierto para hacer varias cosas. Tenía que humillarte, tenía que probarte, tenía que ver lo que había en tu corazón. Pero sabes que también te dejé tener hambre" —ahí está, te retuve lo físico, te retuve hasta el alimento— "para que puedas saber, llegar a conocer, que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" —ahí está lo espiritual. Dios muchas veces retiene lo material para provocarme a buscar lo espiritual.

Es interesante que el versículo 10 contiene esa promesa de que la dádiva aumenta la siega de vuestra justicia también. En el 8, Dios promete suplir de manera abundante, y en el 10, Dios promete aumentar nuestro carácter justo también cuando seguimos en obediencia en esa dirección.

En el 11, Pablo une las dos ideas: Dios suplirá, Dios aumentará la sementera —la parte material— y aumentará la parte espiritual también. Escucha cómo lo dice: "Seréis enriquecidos en todo para toda liberalidad." La mayoría de los comentarios visitados concuerdan en que probablemente esto hace referencia a ambas cosas, conectándolo con el versículo anterior, cuando dice que estaréis enriquecidos en todo.

En cuanto a la parte material, Dios no está procurando enriquecerme para que yo aumente mis arcas o mis cuentas de banco. Esa no es la idea, sino para que yo aumente en generosidad, para que yo pueda dar con liberalidad, que yo pueda dar todavía más. Y al mismo tiempo, entonces, si Dios me prospera de esa manera y yo aumento en generosidad, probando verá que Dios me ha ayudado a conquistar el amor al dinero. Entonces mi carácter justo, mi carácter santo va también creciendo. Y Pablo dice: "Seréis enriquecido en todo", pero no para que abunde más simplemente, sino para toda liberalidad, liberalidad para que pueda dar.

Solo tenemos que recordar, no lo podemos olvidar: la riqueza que bendijo a Abraham es la riqueza que echó a perder a Lot. La riqueza que bendijo a David en un momento dado es la riqueza que echó a perder a Salomón. La riqueza que bendijo a José de Arimatea, que proveyó incluso la tumba para el Señor Jesucristo, es la misma riqueza que condenó y echó a perder al joven rico que viene a los pies de Jesús tratando de conocer cómo obtener la vida eterna, y le dio la espalda a Jesús cuando Jesús le comunicó que él tenía un ídolo del cual tenía que deshacerse. Todo eso muestra cómo el carácter dadivoso de nuestro Dios provee para nosotros proveer. Y cuando nosotros proveemos en respuesta a lo que Dios está haciendo, perdón, mi carácter santo, justo, piadoso, también va en aumento.

Ahora, cuando nosotros damos hay beneficios que ocurren, no solamente en nosotros como comenzamos a ver, sino que hay beneficios que ocurren en otros. Y esos beneficios que ocurren en otros, como vamos a ver un poco más adelante, muchas veces resultan en mayores beneficios para nosotros. En primer lugar, nota cómo el primer fruto de la generosidad a la que Pablo está hablando es gratitud o acciones de gracia.

El versículo, otra vez: "Seréis enriquecido en todo para toda liberalidad, la cual por medio de nosotros produce acción de gracias a Dios". La liberalidad produce, por medio de nosotros los dadores, acciones de gracias a Dios aparte de quién, de los que están recibiendo. Eso es exactamente lo que está ocurriendo, de manera que nuestro dar enseña a otros a tener gratitud. Nuestro dar enseña a otros a tener gratitud.

Cuando Pablo escribe a los romanos, él nos revela que Dios está airado contra el hombre, y hay dos pecados universales contra los cuales, o los cuales, tienen airado a Dios. Número uno, que el hombre no reconoció a Dios como Dios, y número dos, que tampoco le dieron gracias. La ingratitud es un pecado congénere e innato en el hombre que Dios pretende curar y trata de hacerlo de diferentes maneras. En primer lugar, mostrando el carácter dadivoso de nuestro Dios, quien entregó a su Hijo. Y en segundo lugar, entonces Dios lo hace permitiendo que carencias, sea como sea, ocurran en nuestras vidas para luego Él proveerlas de diferentes maneras. Y una de las maneras es a través de hermanos en la fe, como es este caso, los corintios para los de Jerusalén, y que entonces acciones de gracias sean dadas a nuestro Dios. En consecuencia, nuestro dar cultiva la gratitud en otros. Resultado número uno.

Escucha lo que dice el versículo 12 ahora, que reafirma parte de esto: "Porque la administración de este servicio no solo suple con plenitud lo que falta a los santos" —esto va a suplir lo que a los santos de Jerusalén hace falta— "sino que también" —aquí viene— "sobreabunda a través de muchas acciones de gracias a Dios". Otra vez la misma idea. Esto que yo les estoy pidiendo, corintios, que hagan, va a suplir, va a suplir una necesidad, pero yo quiero que sepan que ese no es el final de la historia. Esto va a sobreabundar en acciones de gracias a nuestro Dios. Ustedes estarían cultivando algo en el carácter de los de Jerusalén. Y la vida, la vida cristiana es siempre de esa manera, es como una carretera de dos vías: en una dirección va la ayuda de los corintios, en la otra dirección regresan acciones de gracias a nuestro Dios.

Pablo es quien va a llevar esto, ya hemos hablado de eso, y se va a hacer acompañar de unos dos o tres hermanos para que no haya duda de la pulcritud del manejo del dinero. Él llama esto un servicio, y él llama a lo que los corintios están por hacer, el suplir la necesidad de otros, una administración. Y el primer resultado de esta administración, vía el servicio que Pablo está proveyendo, es acciones de gracias o gratitud, que es uno de los frutos que Dios quiere sacar de nosotros, que no es natural de la carne.

El segundo fruto, segundo resultado, la segunda bendición es la glorificación de nuestro Dios. La glorificación de nuestro Dios como consecuencia de la obediencia de los corintios al dar, en respuesta al entendimiento del evangelio. Y usted puede decir: "¿Dónde está eso, pastor?". Ahí mismo, el texto lo dice. Vamos en el versículo 13, escúchelo: "Por la prueba dada por esta administración" —la de los corintios a los de Judea, a los de Jerusalén— "glorificarán a Dios por vuestra obediencia". ¿Obediencia a qué? "Vuestra obediencia a vuestra confesión del evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos".

Eso es como es. Esto es una prueba, esto es una prueba para los corintios y es una prueba para la iglesia de Jerusalén. Para la iglesia de Jerusalén es una prueba de carencia. Para la iglesia de Corinto es una prueba para ver hasta dónde ellos han entendido el evangelio, porque de eso es que Pablo estaba hablando. La iglesia de Jerusalén hasta aquí no ha abandonado la fe. Ellos permanecen ahí en medio de la dificultad, en medio de la persecución. Fue la primera iglesia que se levantó, está en medio del calor, por así decirlo, de Jerusalén, la más perseguida, es la que quizá estaba más empobrecida en este momento. Ellos no abandonaron la fe, a diferencia de muchos que han abandonado la fe en medio de las dificultades.

Pero por otro lado, la iglesia de Corinto está bajo prueba también, porque Dios no solamente prueba aquellos que están en la dificultad, eso es la carencia. Dios prueba aquellos que están en la abundancia, para ver de qué manera nosotros manejamos la abundancia en la forma en que Pablo está instruyendo. La pregunta sería para los corintios si ellos van a aprovechar esta prueba para exhibir el carácter de Cristo que Dios ha estado tratando de formar en ellos mientras los va madurando. Los de Jerusalén estaban bajo prueba, los de Corinto estaban bajo prueba.

Pablo no tiene un llamado primario a los judíos, por ahora no se ha olvidado de ellos porque son sus hermanos, pero él ha sido llamado a los gentiles. Esta iglesia de Corinto es básicamente gentil. Los gentiles recibieron el evangelio a consecuencia del rechazo del evangelio por parte de los judíos, de manera que ellos son beneficiarios secundarios. Ahora los gentiles deben responder a los judíos y ayudarles a suplir sus necesidades materiales. Pablo no ha abandonado a sus amigos allá en Jerusalén.

A diferencia de lo que a él le ocurrió, cuando en su peor momento, en su peor hora, ya al final de sus días, cuando él estaba en prisión en Roma por segunda vez, esperando en esencia a ser decapitado, él escribe a Timoteo. Él dice que un tal Figelo y Hermógenes lo abandonaron en su peor momento, lo dejaron solo. Y una de las cosas que la dificultad hace es que prueba la calidad de lo que nosotros somos bajo el calor de las circunstancias. Y aquí hay una prueba, dice Pablo, y esa prueba se supone que debiera ser llenada con una respuesta. Es una prueba de carencia y es una prueba donde los corintios tienen ahora la oportunidad de poner de manifiesto la suficiencia de Dios a través de los recursos que el mismo Dios les ha dado y con los cuales Dios les ha suplido.

Ahora, Pablo les había dicho a ellos que Dios ama al dador alegre y que quería que ellos dieran de buena voluntad, que no dieran por obligación. Ahora se lo dice de otra manera y les dice en esencia que su dádiva, su ofrenda, su administración, su servicio debe ser una expresión —escúchalo— literalmente, cito: "de vuestra obediencia a vuestra confesión del evangelio de Cristo". Corintios, si entendieron el evangelio de Cristo, esto que les estoy pidiendo es simplemente un resultado de haberlo entendido. De lo contrario estarían negando la confesión del evangelio de Cristo.

Y esa es mi queja continuamente, que lamentablemente el cristiano con frecuencia niega el evangelio. El evangelio se proclama como un mensaje de salvación, y lo es. El evangelio se enseña como un concepto doctrinal, y lo es. El evangelio contiene elementos o términos teológicos, y lo son. Pero raramente el evangelio se ve como un estilo de vida. Y Pablo está diciendo: esta ofrenda debe ser otra expresión de vuestra confesión del evangelio de Jesucristo. Es un mensaje, son buenas nuevas, es un concepto, es una persona, es la persona de Jesús, pero también tiene ese evangelio que generar una respuesta de gratitud, no solamente hacia los cielos, sino una respuesta de gratitud que se vea en la manera como nosotros nos relacionamos hacia los demás. Y entendido el evangelio, entendido todo lo que el evangelio me trajo, los corintios debieran responder con toda liberalidad o generosidad.

Escucha el versículo 13 entero otra vez: "Por la prueba dada por esta administración glorificarán a Dios por vuestra obediencia a vuestra confesión del evangelio de Jesucristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos". Es una prueba, la ofrenda es una administración, la ofrenda debe glorificar a Dios. Glorificar a Dios es poner de manifiesto su gloria, poner de manifiesto su gloria es poner de manifiesto su carácter. La ofrenda debe poner de manifiesto la suficiencia de Dios para con los suyos. La ofrenda es un acto de amor, es un acto de obediencia. La obediencia es al evangelio de Cristo, y la ofrenda debe darse con toda liberalidad.

Ahora, ¿cuál es el próximo resultado de esa ofrenda? Recuerda que esta ofrenda, dice Pablo, va a resultar en acciones de gracias, gratitud. Resultado número uno: esta ofrenda, dice Pablo, cuando ellos la reciban glorificarán a Dios. Segundo resultado: el hecho de poder aprender a glorificar a Dios en la medida que Él nos suple. Ese es el resultado. Versículo 14: "Mientras que también ellos, mediante la oración a vuestro favor..." Ahora los corintios van a tener gente en Jerusalén orando por ellos, gentiles teniendo judíos orando por ellos, a vuestro favor. ¿Por qué? Porque esta gente va a reconocer de dónde vino la ofrenda, y eso va a moverlos o producir en ellos un deseo de orar.

De manera que en unos Dios obra un corazón dadivoso y en otros Dios obra un corazón fervoroso de intercesor, de oración. En unos Dios va produciendo un corazón desprendido y en otros Dios va produciendo un corazón agradecido. De manera que tú puedes ver esto en dos direcciones: unos proveyendo, otros recibiendo; unos dando muestra de la generosidad de nuestro Dios y otros dando muestra de la suficiencia de nuestro Dios. Pero esa oración que va a ir de los que están en Jerusalén a favor de los que están en Corinto va a ser algo más. Escúchalo: "La oración a vuestro favor, con esto ellos demuestran su anhelo por vosotros debido a la sobreabundante gracia de Dios."

Cuando ellos comiencen a orar a favor de ustedes, eso va a cultivar un anhelo, un anhelo por estos hermanos tan buenos que nos han suplido. Es como en ocasiones yo he oído eso: "Hermano, me enviaron esto, vino de una hermana, de un hermano de tal lugar que no te conoce, pero oyó de tu necesidad." ¡Oh, wow! ¿Qué pasó? Yo quisiera conocer a este hermano. Hay un anhelo de saber quién es este corazón dadivoso que nos envió esto. En este caso, la ofrenda resulta en oración, y la oración resulta en un anhelo por vosotros, y todo esto es debido a la sobreabundante gracia de Dios en vosotros.

Al final de la historia, todo es resultado de la gracia de Dios. La palabra clave en la historia redentora es la palabra gracia. De hecho, en estos dos capítulos, ocho y nueve, de la carta que estamos tratando, si tú necesitas encontrar una palabra clave repetida que si se la quitas al contexto no sabes exactamente cómo es que las cosas están dándose, esa palabra es gracia. Así es como tú conoces una palabra clave cuando estás estudiando la Biblia y quieres saber lo que es una palabra clave: bórrala, quítala del pasaje, y cuando pierda su sentido el contexto, ya tú sabes que esa es una palabra clave.

Esa palabra gracia aparece en el capítulo ocho en el versículo uno, en el cuatro, en el seis, en el siete, en el nueve, en el dieciséis y diecinueve. Tú le quitas la palabra gracia al capítulo ocho y desapareció su contenido. Capítulo nueve, perdón, versículo ocho y versículo quince, otra vez la palabra gracia, gracia, gracia. Y ahora Pablo dice: "Todo esto es debido a la sobreabundante gracia de Dios en vosotros."

Hermano, a manera de aplicación, porque tú pudieras decir: "Bueno, gracias a Dios, yo no tengo ninguna carencia ahora." Está bien, pero estamos hablando de una sobreabundante gracia de Dios que hace todo posible. Quizás tienes otra dificultad, quizás estás en otra situación. Yo quiero ayudarte a pensar en la circunstancia en la que te encuentras, física, emocional, espiritual, no importa. Yo quiero que tú recuerdes que estamos donde estamos debido a la sobreabundante gracia de Dios, que la gracia de Dios es el vehículo sobre el cual yo fui montado para ser llevado donde estoy. Quizá yo no lo entienda, pero es así, porque es la soberanía de Dios y la bondad de Dios para con sus hijos la que continuamente opera para llevar a sus hijos por el mejor camino, para que nosotros podamos ser movidos del punto A al punto donde Dios quiere llevarme. Si hubiera un mejor camino, como decía Spurgeon, Él no me hubiese tirado por aquí, sino por el otro camino y no por el donde estoy.

Eso es importante, porque a lo largo de la vida, con frecuencia... Yo hablaba con alguien recientemente acerca de un niño, un niño X, y le decía a esta persona: "Ese niño es un privilegiado," por diferentes razones, en el buen sentido estaba hablando, por diferentes razones, "pero no lo podemos victimizar al niño, ni podemos victimizarte a ti." Tú no puedes victimizarte, hermano, porque entonces vas a tomar la gracia de Dios y la vas a convertir en el instrumento de victimización, porque yo acabo de decir que por la gracia de Dios estás donde estás. Y nosotros lo que hacemos es que nos victimizamos a nosotros mismos cuando no entendemos su gracia, cuando no entendemos sus propósitos, y entonces nosotros interpretamos la realidad a través de nuestro corazón caído. Y este corazón caído le da forma y color a la realidad de una manera que nos convertimos en víctimas, porque el corazón interpreta la realidad como Dios no la ve y decide responder a esa realidad como Dios no quiere.

Esta semana yo estaba revisando el libro de Jeremy Pierre, que estuvo aquí con nosotros recientemente dando consejería bíblica, o el curso de consejería bíblica. Es un libro que va a salir ahora en octubre y él me pidió que lo endosara, y por consiguiente tuve el privilegio de leer a través de conceptos que él mismo estuvo enseñando aquí en la iglesia. Y me encontré con varias frases, algunas de las cuales yo anoté incluso, pero una de esas frases dice: "Cómo el corazón activamente responde a Dios determina cómo responde a todo lo demás." ¡Wow! Literalmente. Aquellos de ustedes que leen en inglés, yo recomiendo que cuando el libro salga, ustedes lo compren y lo devoren. Es el mejor libro que yo he encontrado en este campo de la interacción, la dinámica del corazón caído: cómo funciona, cómo conecta con la voluntad, cómo conecta con las emociones, cómo conecta con la mente, cómo trastorna todo el mundo del individuo y cómo tiene que ser movido a un corazón entonces redimido por la sangre de Cristo.

Pablo está diciendo, corintios: "Si ustedes entienden el evangelio y ustedes obedecen el evangelio, como su corazón responda a Dios, al evangelio, ustedes van a responder a la necesidad de los necesitados en Jerusalén." Y tú puedes decir eso para el resto de toda la vida. Tanto es así, tanto Pablo está convencido de que es así, y espero poderte convencer de que es así, de que tiene que ver con la manera como yo entienda el evangelio, con la manera como yo entienda lo que Dios me ha dado, que Pablo sella, termina, culmina sus dos capítulos extensos acerca del dar con esta frase, versículo 15: "Gracias a Dios por su don inefable." Punto.

Te lo voy a decir de otra manera: gracias a Dios por Jesucristo, gracias a Dios por el evangelio en Cristo, gracias a Dios por la obra de Cristo. Eso es lo que Pablo está diciendo. "Pablo, ¿qué tiene eso que ver con todo lo que tú has dicho acerca del dar y la generosidad?" Tiene todo que ver, porque solamente puede dar el que solamente tiene lo que tiene en Cristo. Y si no lo tiene en Cristo, pues no lo tiene, porque lo único que puedes tener es lo que Dios te ha dado en Cristo. Pero muchas veces queremos las cosas que no están en Cristo, y Dios dice: "Las puedes tener, pero yo no te las doy."

¿Por qué Pablo termina de esta forma? Por lo que él dijo en 8:9: "Porque conocéis la gracia" —ahí está la palabra— "de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo, por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros, por medio de su pobreza, llegarais a ser ricos." Ahí está. Por eso Pablo termina de esa manera, porque Pablo dice al final: "Gracias a Dios por su don inefable," porque Cristo, siendo rico, se hizo pobre para que yo, siendo pobre, llegara a ser rico, espiritualmente hablando. Él lo ha hecho posible.

¿Cómo debiera eso afectarnos? Entonces Pablo dice: "Bueno, obedece la confesión del evangelio de Cristo." Eso es lo que le está diciendo a los corintios. Y eso tú lo debes hacer en gratitud. Uno de los diccionarios consultados define la gratitud así, escucha: "Reconocimiento placentero de los beneficios o bendiciones recibidos debido a las acciones de otro." Reconocimiento placentero de los beneficios o bendiciones recibidos debido a las acciones de otro. Si es así, nadie ha traído más beneficios a nosotros que la persona de Jesús. Todo lo que tenemos se lo debemos a la persona de Jesús. Eso debiera producir en nosotros un inmenso gozo, un inmenso gozo y deseo de obedecer el evangelio, la confesión del evangelio, que me recuerda: Dios te ha dado hasta su Hijo, ¿qué vas a dar tú ahora? No para ganarte nada, sino para honrar lo que ya Dios te ha dado.

Entonces, si tú piensas en esa definición del diccionario y se la aplicas a Cristo, déjame decirte cómo se leería más o menos: La gratitud es el sentido de gozo extraordinario e indescriptible que experimenta el creyente debido al reconocimiento que él hace de los incontables beneficios o bendiciones recibidas como consecuencia de las acciones de Jesús, de la obra de Jesús. Eso debiera estar seguido de un amén. Pero está bien, no tienen que decirlo.

Simplemente, tenemos que digerir estas cosas mejor, y eso pone fin a nuestras quejas. Lo puso en la vida de Pablo: "Gracias a Dios por su don inefable." Ese don inefable que es Cristo compró a Pablo. Quiero que pienses un poquito en el autor de lo que te está diciendo. Porque Dios lo inspiró, pero es Pablo el que está sintiendo estas cosas, porque el don inefable se lo dieron a él como te lo dieron a ti. Entonces, ese don inefable que es Cristo lo compró. Pablo sabe que él no fue contratado; a él lo compraron, lo compraron como esclavo.

Y ese Dios es una persona que lo compró, pagó un precio por él, superior a cualquier salario que él pudiera obtener. Lo hizo esclavo, y sabemos que los esclavos no tienen ni derechos, ni reclamación, ni privilegios. Sin embargo, no hay empleado, no hay ejecutivo, no hay dueños de compañía, no hay VIP en todo el mundo, que posea mejores beneficios, condiciones o garantías que las que nosotros tenemos en Cristo Jesús. No hay nadie en el universo que tenga mejores garantías que las que nosotros tenemos en Cristo Jesús, a pesar de ser esclavos. Esclavos con mejores garantías que los VIPs del mundo.

Nosotros estamos sentados a la diestra del Padre en Cristo Jesús. No hay VIP sentado más alto que nosotros, no lo hay, no lo puede haber. Eso debería llenarnos de un sentido de agradecimiento y de gozo combinado que debiera estimularnos a la generosidad en el contexto de lo que estamos hablando. Lamentablemente, la falta de gozo en los hijos de Dios muchas veces es porque, teniendo las garantías de Dios, queremos las garantías de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo. Teniendo las riquezas eternas, preferimos las riquezas terrenales y temporales. Estando sentados a la diestra de Dios, preferimos los lugares más encumbrados del reino de los hombres. Es como si estuviéramos desfasados en cuanto a quiénes somos, lo que hacemos, lo que queremos y lo que perseguimos.

Pablo está diciendo: Corintios, abunden, que cuando ustedes den, aquellos van a aprender lo que es dar gracias a su Dios. Y ese sentido de gratitud que Pablo continuamente tenía y que quería que otros aprendieran, tenía que ver justamente con el regalo inefable de Dios para con nosotros. En segundo lugar, tenía que ver con el reconocimiento del carácter bondadoso de nuestro Dios en medio de las peores circunstancias. En tercer lugar, tenía que ver con el hecho de que él sabía que en la soberanía de Dios, Dios orquesta nuestras circunstancias: la carencia en Jerusalén y la suficiencia en Corinto, justamente para Dios combinar estas cosas y hacer lo que nadie más puede hacer en uno y en el otro.

Eso mantiene tu tanque de gratitud lleno. Nosotros necesitamos recordar todo el tiempo lo que hemos recibido en Cristo, porque eso es motivador de gozo y es motivador de gratitud. En las cartas de Pablo, tú encuentras con frecuencia esas dos virtudes unidas: el gozo y la gratitud. Cuando una está, la otra está; cuando una desaparece, la otra desaparece.

Cuando él escribe a los filipenses, escucha cómo él une estas dos ideas. Filipenses 1:3: "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, orando siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos vosotros". Yo me acuerdo, o mejor dicho, yo doy gracias a Dios siempre, gracias siempre, y oro con gozo siempre. Esas dos cosas van de la mano.

La palabra "gracias" es una de las palabras más frecuentes en el vocabulario de Pablo, unas 43 veces en la versión de las Américas. Las cartas de Pablo, cuatro de ellas fueron escritas desde una prisión: Filemón, Filipenses, Efesios, Colosenses. Pablo usa la palabra "gracias" en cada una de ellas: una vez en Filemón, dos veces en Filipenses, tres veces en Efesios, cuatro veces en Colosenses. La palabra aparece, a lo largo de toda la revelación de Dios, 144 veces, y de esas 144, hay 43 ocasiones donde ocurre en las cartas paulinas. Pablo usa la palabra "gracias" el 30% de las veces que esta palabra aparece en la revelación de Dios.

De manera que ni las injurias, ni los insultos, ni las cárceles, ni las privaciones, ni las carencias pudieron quitar del vocabulario de Pablo una palabra tan clave como esta en lo que es la revelación de nuestro Dios. Y es por eso que Pablo les dice a los corintios en esta carta que esto va a sobreabundar en muchas acciones de gracias a Dios, acciones de gracias, y termina con el versículo 15: "Gracias a Dios por su don inefable". En 8:1, donde comenzamos hace cinco sermones atrás: "Quiero dar a conocer la gracia de Dios para la iglesia de Macedonia". En 9:15, donde estamos terminando: "Gracias a Dios por su don inefable".

¿Te imaginas que nuestro vocabulario se vea inundado por la palabra gracia, que nuestro corazón se vea inundado por la palabra gratitud? ¿Te imaginas que en vez de buscar e indagar las carencias, nosotros podamos ver mejor las suficiencias, las veces que Dios ha suplido nuestras necesidades? ¿Te imaginas cómo eso cambiaría completamente nuestra percepción de la realidad? ¿Te imaginas cómo eso cambiaría completamente la percepción que tenemos del mismo Dios a pesar de que siempre estemos en medio de las circunstancias?

Reconociendo todo el tiempo que mi Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra. Lo primero que abunda en ese texto de 9:8 es toda gracia: para que abunde toda gracia, para que toda gracia abunde.

Y ahora nosotros, al cerrar, tenemos que recordar justamente, como para los barrocos, que lo que hace posible que tú puedas abundar en lo que sea que tú abundes que sea bueno, es el don inefable de Dios. Y eso incluye la generosidad. Mientras menos generosos somos, menos hemos apreciado la dádiva de Dios. Mientras más grande luce para mí la dádiva de Dios, más generosos debiéramos ser. Porque no hay forma, como se dice en inglés, de que tú puedas pasar al dador, a Dios.

Pero eso es el resultado de entender bien el satisfacer, porque así cierra el versículo 15. Cierra con la persona del satisfacer: gracias a Dios por su don inefable. Es mi oración que esta mini serie dentro de la serie grande no caiga en el vacío, sino que produzca en nosotros corazones dados y bocas llenas de gracias para ver la dádiva inefable de nuestro Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.