Integridad y Sabiduria
Sermones

El Dios de toda consolación (parte 1)

Miguel Núñez 25 octubre, 2015

Dios es presentado en 2 Corintios como el Padre de misericordias y el Dios de toda consolación. Estas no son simples descripciones; la palabra "padre" implica que Dios es el originador, la fuente de toda misericordia y de todo consuelo verdadero. Sus misericordias van desde la eternidad hasta la eternidad, son más altas que los cielos, y se renuevan cada mañana. Su consolación no consiste en palabras muertas dejadas en un libro, sino en una presencia que viene al lado del creyente para aliviar su dolor, fortalecerlo y capacitarlo para enfrentar la vida. No hay pérdida que su presencia no pueda reemplazar, ni vacío que su suficiencia no pueda llenar, ni herida que su toque no pueda sanar.

Esta consolación es perfecta porque es paternal y personal. Dios conoce a cada uno de sus hijos y adapta su consuelo a la circunstancia específica de cada uno. La consolación que trae a una madre que perdió un hijo es diferente a la que da a quien enfrenta persecución o a quien perdió su negocio. Pero además tiene un propósito claro: Dios consuela en toda tribulación para que los consolados puedan consolar a otros con el mismo consuelo recibido.

La aflicción ablanda el corazón duro. El pastor Núñez recuerda cómo su esposa le señaló que hablaba a los pacientes como un catedrático y no como alguien cercano. Se puede tener un cerebro muy grande y un corazón muy pequeño; es en la prueba donde el corazón crece. Como decía Tozer, Dios difícilmente usa grandemente a alguien sin haberlo quebrantado enormemente. Las heridas sanadas dejan cicatrices visibles que Dios pretende usar para su gloria.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Quiero invitarte a que abras la segunda carta o epístola que el apóstol Pablo escribió a los corintios, o quizás debería llamarse la segunda epístola de Dios a los corintios vía la pluma de Pablo. Porque en realidad es de Dios que es la carta. Esto no es palabra de hombre, es palabra de Dios.

Habíamos anunciado que en el día de hoy nosotros estaríamos comenzando una nueva serie, y titulamos la serie "Poder en la debilidad". Lo hicimos a propósito en vista de que es en esta epístola que nosotros encontramos la frase "mi poder se perfecciona en la debilidad", en 12:9 de la carta. Es una carta inmensamente o intensamente personal, donde Pablo habla del Dios de toda consolación y lo presenta como tal. Y a la vez, hacia el final de la carta, Pablo presenta una respuesta, una apología, una defensa de su ministerio apostólico, algo que él realmente no quería hacer, pero que se vio en la obligación de hacer. Porque de no haberlo hecho, las verdades contenidas en esta carta hubiesen quedado en entredicho o en cuestionamiento, porque la única razón por la cual tú deberías prestar atención a lo que aquí está escrito es porque Dios designó a alguien con autoridad apostólica para dejar este legado para nosotros.

Esta es la carta más personal de todas las cartas que Pablo haya escrito y fue escrita por diferentes razones. Por un lado, Pablo escribe esta carta para presentarnos, como ya yo acabo de mencionar, al Dios de toda consolación, algo que él menciona del capítulo 1 al capítulo 7, o escribe de una u otra forma en esos primeros capítulos de la carta. Pero también Pablo escribió esta carta para motivar y recordar a los corintios de una promesa que ya habían hecho de levantar una ofrenda para los santos que estaban en la iglesia de Jerusalén, capítulos 8 y 9. Y hacia el final, capítulos 10 al 13, Pablo presenta esta defensa de su ministerio apostólico en vista de que falsos maestros habían infiltrado la iglesia y habían tratado de, no solamente tratado, habían logrado diseminar la idea de que ciertamente Pablo no tenía ninguna credencial para escribir como estaba escribiendo y demandar obediencia a una serie de cosas como parecía estar haciendo.

Para que tú tengas una idea de qué trata esta carta y que tú puedas sentirte animado desde ya a querer escuchar más acerca de lo que esta carta contiene, déjame presentártelo de esta forma. Te voy a dar ideas, pinceladas de algunas de las palabras que aparecen de forma recurrente a lo largo de todo el cuerpo de la epístola, y eso te va a dar una idea de qué: "Oh, yo quiero oír acerca de eso". La palabra afligir, por ejemplo, aflicción, sufrir, aparece 15 veces en esta carta, y 7 de esas veces aparecen en este capítulo primero que vamos a leer en un momento, porción de él. La palabra debilitar o ser débil aparece unas 12 veces. La palabra consolación aparece 27 veces, y nueve de esas veces, de esas ocasiones, aparecen en este capítulo primero. La palabra perdonar aparece 5 veces. La palabra gloria aparece 19 veces. La palabra gracia aparece 18 veces. La palabra sufrir o sufrimiento aparecen otras 18 veces, y 8 de esas ocasiones aparecen en el capítulo 2.

De tal forma que en esta carta Dios nos va a enseñar cómo ser afligido y cómo pasar por la aflicción. Dios nos va a enseñar también por qué Él permite dicha aflicción. Nos va a enseñar incluso cómo Él usa la debilidad, cómo Dios nos consuela y cómo nosotros podemos aprender a consolar a otros. Nos va a enseñar a perdonar. Dios nos va a enseñar el rol de la gracia en la vida cristiana, en el diario vivir, y no simplemente como una idea teológica que nos dice que nosotros fuimos salvos por gracia, sino cómo esa gracia opera en el día a día para yo poder vivir cada uno de los días de mi vida.

En esta carta Dios nos va a enseñar cómo sufrir bien. Nosotros todos sufrimos, pero no todos sufrimos bien. De hecho, yo creo que una de las cosas que peor hacemos es sufrir. Y es importante para Dios cómo yo vivo, cómo yo muero y cómo yo sufro, porque cada una de esas cosas representan testimonios buenos o malos a favor de la fe cristiana. Esta carta es la clave para yo saber cómo sufrir bien.

Esta es la segunda carta de Pablo a los corintios, por lo menos lo que nosotros conocemos como segunda carta, porque con toda probabilidad esta fue la cuarta carta a esta iglesia. Yo no te voy a dar todos los detalles porque no quiero cansarte, y no tengo el tiempo, y quizás el púlpito no sea la mejor ocasión de ayudarte a entender todos los detalles de todas estas otras cartas y ocasiones, pero te voy a dar algunas pinceladas.

Es una iglesia que Pablo plantó en su segundo viaje misionero. Pablo llegó a Tesalónica; en Tesalónica los judíos le persiguieron y solamente pudo estar allí por tres días de reposo. Salió de Tesalónica justamente por la persecución de los judíos y bajó a Berea, iba viajando hacia el sur. Cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo había llegado a Berea, ellos corrieron hasta allá y les hicieron la vida imposible en esta otra ciudad. Por tanto, Pablo deja Berea y se va a Grecia, específicamente a Atenas, donde él fue ridiculizado, donde no quisieron escucharlo. Él se fue al Areópago a discutir con los epicúreos, los estoicos, y ellos pensaron que Pablo no era más que un palabrero. Y entonces de Grecia, Pablo, estando en Grecia, en vez de irse de regreso a Tesalónica, preocupado por los tesalonicenses, él se va a Corinto. Y es entonces en este segundo viaje misionero que Pablo planta esta iglesia y permaneció allí por unos 18 meses.

Tú puedes ver entonces que desde el principio la predicación de la Palabra ha estado acompañada de oposición dentro y fuera de la iglesia. Luego de esa plantación, Pablo escribe una carta donde él instruye a los hermanos a que se aparten de aquellos que llamándose hermanos viven en inmoralidad, y él habla de eso en la carta que nosotros conocemos como 1 Corintios 5:9, pero allí habla de una previa carta donde él dio esas instrucciones. De manera que la carta que nosotros conocemos como Primera Carta a los Corintios es su segunda carta a dicha iglesia.

Eventualmente Pablo regresa a Antioquía, Antioquía de Siria, donde él salió en cada viaje misionero y a donde él regresó a reportar al final de cada viaje misionero. Y tiempo después, Pablo entonces decide hacer un tercer viaje misionero, y en ese tercer viaje misionero él llega a Éfeso, desde donde él escribe la Primera Carta a los Corintios, lo que nosotros conocemos como Primera Carta a los Corintios, que en realidad era su segunda. Él la escribió desde Éfeso, y entonces desde allí Pablo va en una visita corta a Corinto y dolorosa, de dicha visita a la cual él hace referencia en esta carta que estamos comenzando hoy, en 2:1, esa visita dolorosa. Y después de esa visita dolorosa, Pablo escribe una tercera carta a los corintios que ha sido llamada la carta severa, una carta donde él les habló severamente, una carta hoy perdida también, y de la cual él habla en 2:4 de esta Segunda Carta a los Corintios que nosotros conocemos como tal.

Pablo desde Éfeso entonces se mueve a Macedonia. No sabemos exactamente a qué ciudad o desde qué ciudad de Macedonia él escribe lo que hoy nosotros estamos revisando como la Segunda Carta a los Corintios, desde aquel lugar. Y en realidad, como ya expliqué, representa la cuarta carta de este apóstol a una iglesia que le dio mucha agua de beber: una iglesia que en sus inicios estaba dividida, una iglesia que tenía inmoralidad, una iglesia cuyos hermanos iban a la cena del Señor y se emborrachaban, otros sufrían de glotonería y no dejaban nada para el resto, y una iglesia que cuestionó el ministerio apostólico de Pablo.

Este es un hombre que cuando él habla de sufrimiento, él sabe lo que es sufrir. No solamente él sabe lo que es sufrir, él sabe cómo hacerlo. Él fue forjado en la escuela del sufrimiento. Este es el hombre de quien yo quiero oír acerca de cómo sufrir bien.

Es una carta que le escribe probablemente en el año 55 de nuestra era; la mayoría está de acuerdo que probablemente fue en esa ocasión, y que fue enviada a esta ciudad griega de nombre Corinto, muy famosa, muy conocida en aquella época. Ocupaba un lugar muy estratégico porque estaba en ese istmo que conecta la parte norte de Grecia con la parte sur, un área sumamente estrecha que mide unos 4 kilómetros de ancho. Tan estrecha que en el siglo XIX se fabricó un canal, pero hasta ese entonces lo que algunas embarcaciones pequeñas solían hacer era que, estando en el puerto del lado este, o viceversa, para trasladarse al otro lado, al otro puerto, preferían, en vez de irse por el mar, montar la embarcación en una especie de carro de ruedas y rodarlos esos 4 kilómetros y llegar al otro lado y ahí recoger su próxima carga.

Corinto tenía dos puertos, uno en el este, uno en el oeste, y toda mercancía que venía del norte hacia el sur o del sur hacia el norte pasaba por Corinto, porque la ciudad estaba ahí en el mismo medio de ese istmo que yo acabo de mencionar. Toda esa actividad comercial la convirtió en una gran metrópolis, en una ciudad comercial de mucha actividad, con mucha gente de muchas nacionalidades diferentes.

Pero lo que hizo a Corinto famosa no fue solamente el aspecto comercial, sino el hecho de que también ellos celebraban uno de los dos juegos más conocidos de la época. Uno de ellos, o el primero de ellos, el más conocido, son las olimpiadas que se iniciaron en Grecia, que todavía hoy celebramos. Pero luego estaban los juegos del istmo, de esa parte estrecha de que hablamos donde estaba Corinto. Tenían ellos un anfiteatro de 18 mil personas al aire libre, que para esa época era una cosa enorme, y 3 mil personas bajo techo. Eso nos da una idea de cuán famosos y cuán bien asistidos eran estos juegos que yo acabo de mencionar. Lamentablemente, como toda metrópolis del pasado y toda metrópolis del presente, la ciudad se caracterizó también por su inmoralidad.

Nosotros pudiéramos comparar a Corinto hoy en día con París, o con New York, o con San Francisco, o con New Orleans, con cualquiera de las otras grandes ciudades hoy en día caracterizadas por mucha inmoralidad. Corinto se parecía, o se puede comparar, o era comparable a estas ciudades de hoy por su actividad comercial, por la cantidad de nacionalidades diferentes que en ellas se congregaban, por la gran inmoralidad como ya hemos mencionado. Y tú puedes ver que la globalización en el día de ayer y en el día de hoy siempre ha originado el mismo tipo de problemas: una moral nacional en deterioro, como nosotros vemos que se dio en Corinto.

Otra de las atracciones de la ciudad, y esa es la palabra, atracción, porque atraía mucha gente, era el templo a la diosa Afrodita, diosa del amor. Un templo con unas mil prostitutas, perdón, prostitutas consideradas sagradas, involucradas en rituales a dioses distintos, especialmente a la diosa Afrodita, donde se consideraba que parte de este ritual religioso era practicar o reproducir estas actividades sexuales que allí se llevaban a cabo.

La ciudad de Corinto se llegó a conocer tanto por su inmoralidad que se acuñó un término para aquellas personas que estaban practicando esas cosas, y se llamaba korinthiazomai, o traducido a nuestro lenguaje, corintianizar. Tú dirías: "Esa persona está corintianizando", para referirte a alguien que estaba viviendo en la inmoralidad. ¿Te imaginas el nivel de inmoralidad de una ciudad cuando tú verbalizas, haces un verbo del nombre de la ciudad, para referirte a alguien que estaba viviendo de una manera inmoral?

La ciudad estaba llena de templos a dioses distintos, con mucha actividad demoníaca con toda probabilidad. Quizás la abundancia de esa actividad demoníaca es lo que hace que Dios haga aparecer tanto los dones sobrenaturales que abundaron en esta iglesia. A pesar de que no fue una iglesia madura, no fue una iglesia súper espiritual por la gran mayoría del tiempo, a pesar de todo eso, en la iglesia de Corinto abundaban los dones sobrenaturales. Y una de las razones posiblemente haya sido la gran abundancia de poderes del mundo de las tinieblas manifiestos en medio de ellos o alrededor de ellos, que requirió justamente que Dios autentificara su mensaje y su mensajero de formas tan sobrenaturales como ellos lo vivieron.

Las condiciones, otra vez, lo dijimos a lo largo de la última serie, una vez más: las condiciones de la ciudad donde una iglesia se encuentra frecuentemente afectan negativamente la condición o el estilo de vida de los integrantes de dicha iglesia. Y de ahí el llamado de Dios a separarse del mundo. Dios le dice a los corintios a través de Pablo: "Salid de en medio de ellos", de ese estilo de vida.

Entonces, esta iglesia es fundada en el segundo viaje misionero de Pablo. Tú puedes leer acerca de ella en Hechos 18, en los primeros 17 versículos. Pablo estuvo allí 18 meses en compañía de Priscila y Aquilas, que junto con Pablo hacían tiendas de campaña y que habían salido de Roma probablemente durante la expulsión de los judíos de allí.

Y con eso, yo quiero entonces que nosotros podamos leer los primeros 11 versículos del capítulo 1, que no vamos a exponer todos, pero los queremos leer en su contexto para luego exponer parte del texto y hacer la segunda parte de esto el próximo domingo.

Capítulo 1, versículo 1, Segunda Carta o Epístola del apóstol Pablo a los Corintios: "Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya. Gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo. Pero si somos atribulados, es para vuestro consuelo y salvación; y si somos consolados, es para vuestro consuelo, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros está firmemente establecida, sabiendo que como sois copartícipes de los sufrimientos, así también lo sois de la consolación. Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que aún nos ha de librar. Cooperando también vosotros con nosotros con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don que nos ha sido impartido por medio de las oraciones de muchos."

Padre, nosotros te alabamos, nosotros te bendecimos, nosotros te decimos gracias por tomar el tiempo de dejar por escrito un legado de parte de un hombre a quien Tú usaste mucho, a quien Tú permitiste que sufriera mucho para usarlo en gran manera. Gracias por dejarnos su legado tan personal en esta carta. Yo te pido en esta mañana, y en los domingos que vienen, que Tú abras los ojos de tus hijos, comenzando por quien predica, para nosotros ver de qué manera podemos ser testigos fieles en medio del dolor, en medio del sufrimiento, en medio de la dificultad, en medio de la debilidad, que es cuando verdaderamente tu poder se perfecciona. Gracias por debilitarnos para que tu poder se haga perfecto en cada uno de nosotros. Te lo pedimos en Cristo. Que su pueblo diga: amén, amén.

El autor se identifica desde el principio de la carta. Se identifica como el apóstol Pablo. No solamente se identifica por nombre, se identifica por el oficio que él ocupa: apóstol. Pero no solamente nos dice qué es lo que él es, sino que nos dice quién lo hizo tal cosa: por la voluntad de Dios. Él es el autor, él y el hermano Timoteo. Timoteo es un hermano, pero Pablo es un apóstol. También es un hermano, pero en este contexto él está destacando el hecho de que la razón de la autoridad detrás de la carta es justamente el apostolado entregado a él por Dios. Y para esta iglesia cuestionadora de quién él era precisamente ante Dios, quizás esto fuera de suma importancia.

Entonces, esta iglesia hizo sufrir mucho al apóstol Pablo. Y la última parte de su dolor tenía que ver justamente porque Pablo no encontraba en ellos el apoyo moral que él pensó iba a encontrar. Y de ahí su visita dolorosa de que hablamos: fue justamente porque al llegar no encontró lo que él esperaba encontrar, el apoyo de los miembros de esta iglesia a su apostolado, porque se habían dejado persuadir por falsos maestros a lo largo del camino. De manera que establecer su apostolado como parte de la voluntad de Dios quizás era un imperativo al principio de esta carta.

Entonces él se identifica e inmediatamente pone sobre la mesa sus credenciales, e inmediatamente después entonces él identifica a quién él está escribiendo. Eso es importante que lo conozcamos, porque tú tienes que pensar o recordar: una carta y un libro no son la misma cosa. Tú escribes un libro, ese libro tiene una audiencia general y no tiene ningún contexto particular por el cual tú quizás lo estuvieras escribiendo. Pero una carta está dirigida a un grupo de personas que tienen ciertas condiciones, ciertas características, de quienes tú conoces algo, y tú les estás enviando la carta justamente porque tú tienes cosas que decirles a ellos, que pueden tener aplicación para otros, pero es particularmente para ellos. Y esta no es una excepción.

Entonces, ¿para quién él está escribiendo? Escucha quién: a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya. Ahora, yo sé que esta carta fue enviada no solamente a una iglesia, sino a una iglesia más: a la de Corinto y a santos que estaban en toda Acaya. Acaya era la parte sur de Grecia en aquella ocasión, y nosotros sabemos que por lo menos había, que sepamos, una iglesia más en Cencrea. Ahí había una iglesia de la cual formaba parte Febe como diaconisa de dicha iglesia. Esta carta está dirigida a Corinto, a la iglesia en Cencrea, y quizás alguna otra iglesia plantada por ahí que nosotros no conocemos. De tal forma que lo que Pablo tiene que decir acerca de su vida, esto es una carta autobiográfica, tenía que ver con la vida y la forma de pensar de aquellos que estaban allí, pero que tiene una aplicación para nosotros hoy.

Inmediatamente después entonces, en el versículo 2, Pablo usa su forma de salutación clásica tradicional, donde él dice: "Gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo." Es la forma conocida paulina de él saludar: gracia y paz de parte de nuestro Dios. Es apropiado que él clarifique que es de parte de nuestro Dios, porque la única manera que yo puedo recibir gracia es si viene de la fuente divina, y la única manera como yo puedo vivir en paz es justamente si Dios ha hecho la paz entre yo y Él en la persona de Jesús.

Antes de creer en el Señor Jesucristo yo era un enemigo de Dios, estaba en enemistad con Dios. Hoy en día es posible que haya personas aquí que no hayan recibido a Cristo como Señor y Salvador, no hayan entregado su vida. La condición en la que se encuentran es una condición de enemistad con Dios. Pero una vez yo soy reconciliado con Él por medio de la sangre derramada por Cristo en la cruz, ahora yo puedo disfrutar de paz.

Una paz que a veces la alteramos cuando no vivimos conforme a lo que es el estándar de nuestro Dios. Y todo eso Dios lo hace disponible para nosotros por medio de su gracia.

Una vez que pasa esa parte introductoria de la carta, Pablo me presenta al Consolador y me habla de su consolación. Y eso es lo que yo quiero hacer en el resto del tiempo que me queda en el día de hoy y el próximo mensaje: básicamente hablar del Consolador y de su consolación. Del Consolador yo quiero que tú veas cómo Pablo lo presenta, y de la consolación yo quiero que puedas ver hoy y en el próximo mensaje cómo Pablo caracteriza la consolación del Consolador.

Porque esa consolación es una consolación perfecta, es una consolación con propósito, es una consolación proporcional, es una consolación precisa, y es una consolación con un producto final que es una bendición. La consolación es caracterizada por Pablo de cinco formas distintas: es una consolación perfecta, con propósito, proporcional, con precisión, y con un producto final que es una bendición.

Ahora escucha cómo Pablo comienza a presentar al Consolador. No te puedo hablar de la consolación sin presentarte al Consolador. Pablo no lo hace, yo no lo puedo hacer, no sería apropiado. De manera que lo más lógico es hablarte primero del Consolador. Versículo 3: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias" —en plural— "y Dios de toda consolación." Ahí está la presentación.

Lo primero que Pablo hace es bendecirlo, bendice al Consolador. "Bendito sea el Padre." La palabra ahí traducida en nuestro idioma como "bendito" es eulogetos en el original, que implica —de donde viene la palabra elogio— lo que es un elogio: hablar bien de alguien. De tal forma que cuando Pablo bendice a nuestro Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, él está hablando bien de él por alguna razón.

Entonces esa frase "bendito sea Dios" aparece en el Nuevo Testamento tres veces: aparece aquí en el texto que yo acabo de mencionarte, aparece en Efesios 1:3, y aparece en 1 Pedro 1:3. En el texto de hoy, Pablo está bendiciendo o hablando bien de nuestro Dios por lo que le está haciendo en el tiempo presente. Cuando tú vas a Efesios 1:3, Pablo está bendiciendo o hablando bien de nuestro Dios por lo que le ha hecho en el pasado, cuando nos eligió en la eternidad pasada. Pero luego, cuando tú te vas a la primera carta de Pedro en 1:3, Pedro está bendiciendo a nuestro Dios o hablando bien de él por lo que él va a hacer en el futuro.

De tal manera que Dios es bendito y alabado por lo que hizo en el pasado, por lo que hace en el presente, y por lo que él va a hacer en el futuro. Y el pueblo de Dios necesita recordar eso, necesita exaltar a su Dios por ser Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, obrando en el pasado, en el presente y en el futuro.

Y entonces ahora, después que Pablo lo bendice, después que habla bien de él, ahora lo presenta. Y lo presenta como Padre de misericordias —plural— y Padre de toda consolación. En la mente griega, la palabra "padre" implica originador, fuente. Cuando se habla de que Satanás es el padre de mentira en Juan 8:44, Satanás es la fuente, el originador de toda mentira. Todo comenzó ahí en el corazón de Satanás, que creyó una mentira y que ahora ha diseminado la mentira.

Y de esa misma manera, cuando Pablo habla del Padre de toda consolación y el Padre de toda misericordia, él está hablando de que en Dios se origina cada acto de misericordia que yo he recibido, y de Dios proviene cada consolación que yo he recibido en mi vida. De hecho, la Palabra revela que si no fuera por sus misericordias, tú y yo hubiésemos sido consumidos.

Ahora escucha cómo la Palabra presenta las misericordias de Dios, porque es Padre de toda misericordia. Escucha cómo la Palabra lo presenta: en Efesios 2:4, su misericordia es descrita —o Dios es descrito— como rico en misericordia, abundante, como él le dice a Moisés cuando pasó frente a él y le dejó ver sus espaldas. En el Salmo 103:17, la misericordia de Dios es presentada como algo que va desde la eternidad hasta la eternidad. En otras palabras, no ha habido durante toda la existencia de Dios un solo momento donde Dios no haya sido misericordioso.

Yo decía esta mañana que en ocasiones, cuando estoy orando y comienzo a decirle al Señor que tenga misericordia de mí o de otros, a veces me autocorrijo y digo: "Bueno, es que tú no sabes hacer otra cosa que no sea ser misericordioso." De manera que simplemente te voy a pedir que me permitas verlo, porque cuando tú obras, tú obrarás en misericordia.

Y luego el salmista otra vez, en el Salmo 108:4, sus misericordias son presentadas como por encima de los cielos: más grande que los cielos, más alta que los cielos, no contenible por los cielos. De manera que ahora, cuando Pablo nos habla de que este es el Padre de toda misericordia, nos está hablando del Padre de misericordias que van de la eternidad hasta la eternidad, que no son contenibles y que son ricas en el corazón de Dios. Ese es el Padre nuestro.

Y luego él es presentado, ese Consolador, como el Padre de toda consolación. La palabra en el original ahí para consolación es paraklesis; aparece diez veces en el texto de hoy. Algunos de nosotros hemos ido a consolar a alguien y hemos dicho algunas palabras en ese momento, y nosotros tenemos una idea de lo que implica. Pero en realidad nosotros no tenemos una buena idea de lo que Pablo está tratando de transmitirnos cuando habla del Padre de toda consolación.

Porque esta palabra que yo te mencioné, paraklesis, es una palabra extremadamente rica en el idioma original. Implica venir y estar al lado de otro, implica aliviar el dolor de otro, apoyar a ese otro en medio de su dolor. Implica incluso venir al lado de ese otro para fortalecerlo, de tal manera que él pueda hacerle frente a la vida y a la dificultad a la que él se está enfrentando.

De manera que nuestro Consolador no es alguien que nos deja unas palabras muertas en un libro cualquiera, donde yo tengo que entonces reflexionar y ver si saco algo positivo de allí. No, es alguien que viene a tu lado en la persona del Espíritu Santo, alivia tu dolor, te ayuda a llevar la dificultad, te ayuda a enfrentarla y te motiva para que lo puedas hacer.

Yo no necesito simplemente alguien que está a mi lado y me dice algunas palabras. Yo necesito a alguien capaz de traer alivio al dolor, alguien capaz de perdonar el pecado cuando yo he pecado, alguien capaz de restaurar lo que yo he dañado o lo que otro ha dañado, alguien que pueda fortalecer al debilitado, alguien que pueda traer gozo a mi alma que ha sido debilitada o ha sido abatida, alguien que me permita sentir compañía cuando yo me siento solo, alguien que pueda darme esperanza cuando yo estoy desalentado. Esto es lo que yo necesito. Ese es el Padre de toda consolación.

Después que Pablo describe al Consolador, él comienza a ayudarnos a entender su consolación. Entendido el Consolador, cuando me habla de su consolación yo voy a poder entender mejor, aquilatar mejor, apreciar mejor eso que tú me estás diciendo.

Y lo primero que yo quiero que tú puedas ver es que esa consolación de la que habla Pablo es una consolación perfecta. Quiero que veas la perfección de la consolación en el versículo 4. Escucha: "Él nos consuela en toda tribulación." Dios no nos consuela una sola vez, Dios no nos consuela en algunos tipos de tribulaciones; su consolación es en todo tipo de tribulación. De tal manera que es una consolación perfecta.

Y es tan perfecta que es una consolación paternal, porque viene de parte de mi Padre. Y es una consolación personal, porque viene hecha a la medida para la situación en la que yo me encuentro en este momento. La consolación que Dios da a una madre que perdió a un hijo no es la misma consolación que Dios dio a un Pablo cuando estaba siendo perseguido y tenía que presentar defensa del evangelio. Esa no es la misma consolación que Dios da a alguien que ha perdido su casa.

No, él es mi Padre. Como él es mi Padre, él conoce a cada uno de sus hijos. Él conoce a ese hijo a quien él ha hecho coheredero con Cristo. ¿Te imaginas eso? Que mi Padre no ama al Unigénito más que a mí, porque Dios Padre ama perfectamente. Y cuando ama a su Hijo Unigénito, lo ama tan perfectamente como me ama a mí. Ese es el Padre que viene y me da la consolación necesaria en la oportunidad personal en la que yo me encuentro.

Esa consolación no es similar a la que un médico da a un paciente. Yo he hecho eso, pero eso no es lo mismo. Esta no es la misma consolación que la que un amigo trae a otro amigo. No, es la consolación de un Padre que engendró un hijo, adoptó un hijo, y que siente por él. Es una consolación personal porque es propicia para la ocasión. No es una consolación general, que él me dice: "Bueno, ahí está en la Palabra, cree lo que yo te digo." No, él viene a mi vida en la ocasión pertinente para proveer lo que yo necesito en su momento. Él adapta la consolación a la ocasión.

A una madre que ha perdido un hijo, muchas veces su consolación viene en términos de aceptación y de esperanza de que hay vida después de haber perdido a su hijo. A veces yo he tenido que decirle: "Hermana, hermano, yo siento contigo profundamente, pero quiero que te recuerde: hay vida después de esto."

La consolación que Dios trae a un Pablo que se encuentra en dificultad, que está siendo perseguido, que está en medio quizás de un tribunal donde tiene que defender la Palabra, la consolación que trae es una de valor, de valentía, de palabras que fluyen para su propia defensa. Eso es una consolación distinta a la que trajo a la madre.

La consolación que trae a una persona que ha perdido una casa o ha perdido un negocio es diferente. Le abre los ojos para que pueda ver que ciertamente las cosas que verdaderamente valen no están en esta vida, sino que están en la vida venidera. Y de repente la persona te dice: "Pastor, yo perdí mi negocio, pero ¿sabes qué? Después de haberlo perdido, yo he llegado a entender que ciertamente las cosas de este mundo no valen nada, y que lo que yo tengo es superior a lo que acabo de perder." Y tú le dices: "¡Wow! ¿Y cuándo aprendiste esto?" "No, yo lo sabía siempre, pero no tuvo realmente el sabor que tiene ahora que lo he perdido." "¿Y cómo te llegó ese entendimiento?" "Porque el Consolador vino a mi rescate."

De manera que Dios adapta su consolación.

A la circunstancia en la que yo me encuentro, porque Él sabe que yo soy su hijo. Conoce mi debilidad, conoce lo que necesito, conoce qué me puede sacar de donde estoy, sabe dónde estoy y para dónde Él me lleva. Como bien dice Spurgeon, me voy a parafrasear porque es incluso una traducción y no es exactamente así, pero es el sentido: si hubiera una mejor manera, un mejor camino de Dios de llevarte desde donde tú estás hacia donde Él quiere que tú estés, si hubiera un mejor camino que el que tú tienes, el que tú te encuentras ahora, el amor divino te tendría en ese otro camino y no en este.

Entonces, como esa consolación es personal, es particular, nosotros podemos decir con toda certidumbre que no hay pérdida que su presencia no pueda reemplazar. Nosotros podemos categóricamente decir: no hay vacío que su suficiencia no pueda llenar, no hay debilidad que su gracia no pueda fortalecer, no hay dolor que su misericordia no pueda aliviar, no hay tristeza que su gozo no pueda abatir, no hay herida que su toque no pueda sanar, no hay enemistad que su cruz no pueda reconciliar, no hay interrogantes que su sabiduría no pueda responder, no hay carencia que su provisión no pueda llenar o suplir, y no hay esclavitud que su poder no pueda romper.

¿Te imaginas qué clase de Consolador tú y yo nos gastamos? No hay absolutamente nada en todo un universo que Él no pueda suplir, enmendar, reconciliar, sanar, fortalecer, llenar, completar, orquestar, usar. Es el Padre de toda consolación, es el Padre de toda misericordia.

Ahora escucha lo que Pablo comienza a revelar de su consolación y el propósito de su consolación. Recuerda que una de las cosas que estábamos viendo es que queríamos conocer el propósito de la consolación. La consolación es perfecta por las cosas que ya dijimos. Dentro de esa perfección es paternal, porque viene de mi Padre, y es personal, porque es conforme a mi necesidad. Pero esa consolación tiene un propósito.

El versículo 4 comienza Pablo a revelar parte de esto: "El cual nos consuela en toda tribulación nuestra". Todavía no me ha revelado el propósito, pero para allá vamos. Hay que ver la palabra tribulación: es la palabra thlipsis en el original. Esa es una palabra también de mucho contenido. Implica algo estrecho, algo como sin espacio, algo entre la espada y la pared, estar confinado, es como estar bajo mucha presión. La mejor idea, la mejor forma de ilustrar es esto, porque eso es lo que la palabra podía significar incluso en el lenguaje original: es cuando tú tomas un animal de carga y le pones tanta carga arriba que él colapsa bajo la presión de esa carga.

Entonces Pablo está hablando de que Dios nos consuela en toda tribulación, en toda circunstancia donde yo estoy tan cargado, donde el peso es tanto que está amenazándome con hacerme colapsar. Ahí, en ese momento, nuestro Dios se hace presente para con sus hijos en medio de ese dolor, en medio de ese sufrimiento. ¿Tú puedes creer que en el lenguaje original hay diez palabras para sufrimiento? Cinco de las diez aparecen en el texto que yo leí hoy. Eso nos da una idea de que Pablo está tratando de ayudar a entender que ciertamente Él es el Padre de toda consolación en medio de toda tribulación, de todo dolor, de todo sufrimiento; el proveedor de toda consolación en medio de cada una de esas circunstancias.

La próxima pregunta es entonces: si Él es el Padre de toda consolación, ¿cómo nos consuela? Bueno, por un lado Él ha provisto su Palabra. En su Palabra hay poder para levantarme el ánimo, para sanar mi herida, para reconciliarme con alguien con quien yo estaba irreconciliado, para perdonar mi pecado. En esta Palabra hay poder de ese tipo.

Pero Dios también ha provisto, más que su Palabra, ha provisto su Espíritu, inspirador de la Palabra, y después de inspirarla lo ha colocado dentro de nosotros, de manera que yo pueda contar con una ayuda que viene desde adentro y que va a ayudarme en cada circunstancia que yo tenga que enfrentar.

Y finalmente, yo no quiero que olvides esto, porque este es uno que tú conoces pero que frecuentemente es poco usado: Dios nos consuela a través de otros creyentes. Dios te ha salvado y te ha colocado en medio de una iglesia local con hermanos en quienes mora el Espíritu, de tal manera que ellos puedan venir a tu lado, animarte, fortalecerte, hablarte palabras de sabiduría que vienen de su propia Palabra, recordarte cosas que ya se te habían olvidado, ayudarte a llevar parte de la carga. Y si tú no los tienes cerca, tú estás evitando o estás desperdiciando una ayuda extraordinaria provista por Dios para el creyente en medio del pueblo de Dios.

Y el propósito de esa consolación de Dios que Pablo comienza a revelar está íntimamente atado a lo que yo acabo de decir: a la existencia de un cuerpo de creyentes que contribuyen a la consolación de nuestro Padre de toda consolación. Escúchalo en el versículo 4 de una forma clara: "El cual nos consuela en toda tribulación nuestra". Escucha: "Para que nosotros podamos consolar". Ese es el propósito. "Para que" es una frase de propósito. Tú necesitas aprender a leer la Palabra. Entonces, cuando tú ves una palabra, una frase como "para que", tú dices: "Ok, lo que sigue es el propósito de lo anterior".

Y déjame leerlo otra vez: "El cual nos consuela en toda tribulación nuestra". ¿Para qué nos consuela Dios en toda tribulación nuestra? "Para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios". Dios permite el dolor, el sufrimiento, la aflicción para que Él pueda consolarme en la aflicción, y cuando Él me consuela en la aflicción, yo aprendo a consolar a otro con el mismo consuelo con el que yo fui consolado.

Esa es la primera razón por la que Dios permite la aflicción, hermanos. Tú tienes que cambiar tu forma de pensar con relación, si eres hijo de Dios, con relación a la aflicción, el dolor, y esta forma retributiva y punitiva acerca de todo lo que nos ocurre. Dios tiene un propósito en aquellas cosas que Él permite, claramente revelado en su Palabra.

Escúchalo otra vez: "Para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados". Nosotros no sabemos consolar a otros, y nosotros no sabemos consolar a otro por diferentes razones. Nosotros tenemos barreras que impiden que otros puedan venir y abrazarme y consolarme. Nosotros a veces... tienen ellos la barrera, y cuando yo voy a consolarlo no puedo, porque estoy abrazando alrededor de sus barreras, de sus muros. Otras veces no sabemos consolar porque yo vivo a distancia de los demás. Otras veces no sabemos consolar porque los demás son los que se distancian de mí, en ocasiones porque perciben que yo soy un puercoespín, que cuando me acercan los pincho.

Pero tienes que entender que la aflicción es parte del diseño de Dios en un mundo caído y en un mundo en crisis. Estas cosas no las controla la suerte. Hay tres maneras como tú puedes ver la vida. Bueno, la suerte, y entonces aquellos que piensan así dicen: "Bueno, que tengas buena suerte". Bueno, nunca he visto la suerte porque estarme nada bueno, porque la suerte no tiene la capacidad de pensar y de sentir por mí, de manera que solamente los necios creen en la suerte. Espero que ustedes no estén ahí, y si es la suerte la que orquesta, entonces nosotros estamos perdidos, somos dignos de lástima.

Yo puedo pensar entonces que el futuro no está en manos de la suerte, sino que yo soy quien lo controlo. Bueno, si tú eres quien lo controla, tú estás en problema. Yo no me imagino ni quiero que tú controles mi futuro, porque no lo vas a hacer bien, ni yo quiero controlar tu futuro, porque yo no sé cómo hacer eso. No puedo yo orquestar el mío, mucho menos el tuyo.

O tú puedes pensar que mi futuro está en las manos del Padre de toda consolación y el Padre de misericordias, y eso es otra cosa. Porque la persona que está en control del futuro es el Padre del Señor Jesucristo, y sabes qué, Él murió por mí. El futuro está en las manos del Padre que me ha adoptado. Él me encontró cuando era un bastardo, cuando era un hijo ni le hijo era, cuando yo era un enemigo de Él, y entonces me hizo su hijo, me adoptó, para que yo pueda ahora compartir todas las bendiciones del Señor Jesucristo.

Es el Padre que controla el futuro. El futuro está en manos de aquel que es el Padre de misericordias, como yo dije, y por tanto Él renueva sus misericordias todas las mañanas, porque ellas van desde la eternidad hasta la eternidad. Y el que controla el futuro es el Padre de toda consolación, de manera que en el día de mañana no hay pérdida, no hay dolor, no hay herida, no hay reconciliación, no hay debilidad, no hay muerte, no hay accidente, no hay absolutamente nada, no hay circunstancia en la que yo me vaya a encontrar sin un Consolador a mi disposición para proveer lo que yo necesito para ese momento, en cada una de las circunstancias en las que yo pueda verme. ¿Te das cuenta de quién es que está controlando tu vida?

Dios permite experiencias difíciles en nuestras vidas porque sin ellas yo no aprendo a consolar. La razón, una razón, es que nosotros tenemos corazones duros, y en el fragor de la batalla, en el calor del fuego, mi corazón es ablandado.

Yo recuerdo en una ocasión años atrás, vivíamos en Estados Unidos, mi esposa y yo estábamos conversando. No me acuerdo acerca de qué exactamente, pero ya me dijo... Yo recuerdo ahora, estábamos conversando. Ella iba a ver sus pacientes, se sentaba en la cama, comenzaba a hablar con ellos, y yo le decía: "No te puedes sentar en la cama de los pacientes porque tú no eres amiga de ellos, tú no eres la vecina de ellos". Y ella me dice: "¿Sabes cuál es el problema tuyo? Es que cuando tú te paras a hablarle a un paciente, tú lo que pareces es un catedrático dando una clase". Y yo me ofendí, hasta que yo descubrí que era verdad.

Tú puedes tener un cerebro muy grande y un corazón muy chiquito, y es en la aflicción donde tu corazón se crece y donde tú aprendes que tu cerebro tampoco es tan grande. Que era tu cabeza la que era grande, pero no tu cerebro. Y nosotros tenemos que aprender eso.

En medio de la dificultad, Dios permite que yo pase por estas dificultades porque cuando mi corazón es ablandado, yo experimento la consolación de mi Dios. Y una vez yo la experimento y digo: "Yo sé cómo esto se hace", cuando otros en el cuerpo de Cristo pasan por esta dificultad, ahora yo puedo ir y consolarles con un corazón transformado por el poder de Dios en medio de la prueba.

Hermano, no es la misma cosa dar una palabra de consuelo que ser dicho consuelo, que ser dicha consolación. Tú vas donde un hermano y le dices —estoy tratando de satirizar esto— pero le dices medio frío, le das un golpecito en la espalda: "Te acompaño en tu sentimiento", y te da eso. ¿Cuál compañía? La de un segundo que me acaba de decir ahora es la compañía.

Cristo no viene y te dice: "Hijo, te acompaño en tu sentimiento" y se va. Dice: "Hijo, yo soy tu consuelo y yo estoy aquí para quedarme, y yo no me estoy despidiendo ni me estoy despegando. Yo vengo en nombre de mi Padre y yo soy tu hermano y yo estoy aquí contigo. ¿Qué necesitas? ¿Qué requieres?" No es lo mismo alentar que ser un aliento. No es lo mismo untar un bálsamo que ser tú el bálsamo. Y yo no aprendo eso si no es en medio de la dificultad, para yo luego ser consolado y aprender a consolar a otro con la misma consolación del Dios que me ha consolado.

Decía A. W. Tozer: "Yo dudo que Dios pueda usar a un hombre grandemente sin haberlo quebrantado enormemente." ¿Tú quieres ser usado por Dios grandemente? Sí o no, ¿quieres? ¿Quieres no ser usado por Dios o quieres ser usado por Dios? Ok, te voy a decir cómo lo hace: te inscribe en la escuela de la tribulación y el dolor.

¿Tú conoces a alguien que haya sufrido más, que haya sido usado más que el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento, y que haya entonces sufrido más que el apóstol Pablo? Usado, sufrido. "No, bueno sí, pastor, hay uno." ¿Quién? "El Señor Jesucristo." Ok, ¿tú conoces a alguien que haya sido usado más que el Señor Jesucristo y que haya sido quebrantado más que el Señor Jesucristo? ¿No? Esas dos cosas van de la mano. Tú quieres ser usado, tú tienes que ser quebrantado.

Porque en el quebranto hay heridas, y Dios quiere a veces esas heridas profundas porque Él tiene toda la intención de tomar su mano de sanación, colocarla sobre tus heridas para que ellas sanen, y dejar cicatrices visibles que Él pretende usar para su gloria.

Creo que te conté una vez del indio de la jungla que por defender su fe fue herido múltiples veces, fue perseguido, fue azotado, estaba lleno de cicatrices. Finalmente quiso salir de su tribu, quería ir a otra tribu a contar la historia de su Salvador. El cacique de la tribu le dice que no, que no puede salir. Pero él insistió mucho y le dice: "Si quieres, puedo enviar a otro, pero no a ti." "Si vamos a hacer la misma cosa, ¿por qué tú envías a otro y no me envías a mí?" Le dice: "No, porque tú estás lleno de cicatrices, y si ellos ven tus cicatrices te van a creer."

¿Recuerdas la historia de Tomás? "A menos que yo ponga el dedo en la llaga, no voy a creer, Tomás." "Ven y pon el dedo sobre mi llaga y en mi costado." Y Tomás ve las heridas y cae de rodillas y le dice: "¡Mi Dios y mi Señor!"

La pregunta es si tú estás dispuesto a ser herido, a ser sanado, y luego ir y enseñar tus cicatrices. Si te va a pasar toda la vida escondiendo tus cicatrices, a nada por Dios para que fueras testigo de su gloria y testigo de su obra en ti.

La vida nos endurece, hermanos. Las pruebas de Dios nos ablandan, o por lo menos tienen el diseño de ablandar. Porque lamentablemente, cuando tú no sabes sufrir bien, te endureces. El mismo calor que derrite la cera endurece el ladrillo. Y la única manera de que tú puedas convertirte en una cera derretida en medio del calor es si tú sabes sufrir bien. Y Pablo provee la perspectiva para sufrir bien.

La primera cosa que él revela —no la última, pero la primera cosa que él revela en este texto—, el primer propósito por el cual Dios permite la aflicción es, escúchalo otra vez, versículo 4: "Él nos consuela en toda tribulación nuestra para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios."

La primera cosa que les he dicho, razón número uno: te voy a permitir la aflicción para consolarte, para que aprendas a consolar con el mismo consuelo que has recibido de parte del Consolador. Hay una tercera razón en el texto que leímos hoy. ¿Tú quieres escuchar la segunda y la tercera razón de por qué Dios permite la aflicción? ¿Tú quieres? ¿Seguro? Ven el próximo domingo y vamos a terminar la próxima ocasión.

Padre, Dios nuestro, el Padre de misericordias, el Dios de toda consolación, el Dios que permite con propósito mi aflicción, mi dolor, mi quebrantamiento, porque Él quiere usarme de una mayor y mejor manera en el día de mañana. Y te pregunto a ti y a mí: ¿tú quieres y estás dispuesto a que yo use tus heridas como testimonio de mi poder para la gloria de mi nombre?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.