El futuro no es incierto para el hijo de Dios; simplemente le es desconocido. Hay una diferencia crucial entre ambas palabras: si Dios va delante, orquesta cada circunstancia y regresa para tomarnos de la mano hacia ese futuro que ya preparó, entonces no hay motivo real para la ansiedad que tantas veces nos consume cuando pensamos en nuestros hijos, nuestra salud, nuestra provisión o nuestro matrimonio.
El capítulo 16 de Hechos revela a este Dios que va adelante en cada detalle. Cuando Pablo pierde a Bernabé como compañero de misión, Dios ya tiene preparado a Timoteo, un joven del cual los hermanos hablaban elogiosamente y que llegaría a ser mencionado en nueve de las cartas paulinas. Pablo lo circuncidó no por necesidad teológica, sino por amor al evangelio, para evitar que su condición fuera piedra de tropiezo ante los judíos. Esa misma disposición a remover obstáculos debería caracterizarnos hoy en asuntos como la bebida, ciertos lugares o conciertos: la pregunta no es si algo está prohibido, sino si puede estorbar que alguien crea.
Cuando el Espíritu impidió a Pablo entrar a Asia y Bitinia, él no se frustró ni negoció con Dios. Simplemente preguntó: ¿cuál es la dirección? La visión del hombre macedonio llegó esa noche, y el equipo partió enseguida. En Filipos, a la orilla de un río, el Señor abrió el corazón de Lidia, una vendedora de púrpura originaria precisamente de la región asiática donde Pablo no pudo entrar. Dios la había traído desde Tiatira hasta el lugar exacto donde el apóstol predicaría. Así nació la iglesia de Filipos, pequeña como semilla de mostaza, pero profundamente amada por Pablo. Los "no" de Dios son tan buenas bendiciones como sus "sí", porque el mismo Dios que cierra puertas conoce lo que hay detrás de ellas.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Hoy estamos de regreso a la serie sobre el libro de los Hechos, titulada "Hasta los confines de la tierra", que dejamos hace un par de años luz atrás, pero que estamos recogiendo hoy. Yo estaba, por un lado, queriendo —si esta mañana regresara— predicar, pero por otro lado me estaba gozando al ver que Dios estaba alimentando bien a su iglesia por medio de pastores más jóvenes, de forma tal que el futuro de la iglesia parece garantizado, siempre y cuando la mano de Dios continúe con nosotros, porque hay una generación que viene subiendo y que Dios ha estado usando.
Yo había hablado con el pastor Luis Méndez para que él concluyera el capítulo 15, porque yo me había quedado a mitad del capítulo 15, y que yo pudiera entonces iniciar en el capítulo 16. Las cosas no se dieron de esa manera. De todas formas, yo volví a hablar con él y él me dijo que tenía casi todo ese mensaje preparado, y yo dije: "Bueno, no vamos a desperdiciar tu preparación; yo voy en ese caso al capítulo 16, y luego tú rellenas cuando regresas". Y ese es exactamente lo que estamos haciendo, pero yo necesito obviamente, para poder entrar al capítulo 16, situar el contexto, y sobre todo cuando hay una parte que no hemos cubierto.
Pablo había regresado de su primer viaje misionero, había regresado con Bernabé, su compañero por excelencia de misiones, había presentado un reporte a la iglesia de Antioquía, rindiendo cuentas, y tiempo después Pablo decidió hacer un segundo viaje misionero. De repente, a Bernabé, el compañero fiel de Pablo, se le ocurre que sería buena idea tomar a Juan Marcos, el autor del Evangelio de Marcos, otra vez, a pesar de que los había abandonado en Panfilia. Y Pablo dice, como dirían en inglés, "no way", no hay manera de que Juan Marcos pueda venir con nosotros. Y eso produjo un desacuerdo, del cual va a estar hablando el pastor Luis más adelante, de tal forma que Pablo se fue en una dirección con Silas y Bernabé se fue en otra dirección con Juan Marcos.
A partir de ahí nosotros no volvemos a oír ni a escuchar jamás de Bernabé, no porque necesariamente hizo las cosas mal, sino porque Lucas es quien relata el libro de los Hechos, se estaba viajando con Pablo, y él no sabía nada de lo que estaba pasando con Bernabé, a pesar de que estos dos hombres, Pablo y Bernabé, eventualmente se reconciliaron. Y ese es como el contexto en el cual va a continuar la narración en el capítulo 16.
Pero antes de yo iniciar mi mensaje, yo quiero hacer una pregunta retórica, pero yo quiero que tú trates de contestarla internamente, que no sea simplemente así: "Es una pregunta retórica, yo no tengo que hablar, no tengo nada que contestar". ¿Qué es lo que más te preocupa en el día de hoy? Cuando digo en el día de hoy no significa hoy domingo en este momento presente. ¿Qué es lo que más te preocupa?
Si tú tuvieras que mencionar algo, yo no sé lo que cada cual de nosotros, cada uno de nosotros, respondería. Pero yo estoy seguro que con toda probabilidad aquello que te preocupa está situado en el futuro. Raramente a nosotros nos preocupa el pasado. El pasado nos carga, y a veces nos carga de culpabilidad erróneamente, porque eso es algo por lo cual Cristo pagó. Pero el pasado no es algo por lo que yo particularmente me preocupo.
Nosotros tendemos a preocuparnos por el futuro de mis hijos y su conversión, el futuro de mis hijos y su educación, si tendré fondos para enviarlos donde yo quisiera enviarles, por el futuro de mis nietos y la condición de la sociedad en la que ellos van a crecer, por mi matrimonio que no ha andado bien y no sé qué pasará, por mi salud ahora que me han diagnosticado esta cosa y no sé de qué manera evolucionará, por la provisión del mañana porque no tenemos ahorros y llegará un momento que yo no tendré la energía para producir lo que hoy produzco y no sé cómo ese futuro va a lucir. Y como esas cosas, hay un sinnúmero de otras cosas que tienden a cargar al hijo de Dios cuando no debiera hacer de esa manera.
Y esa es la razón por la que yo he titulado "El Dios que va adelante". De tal forma, mi mensaje es "El Dios que va adelante", de tal forma que tú lo puedas ver en el texto que nosotros vamos a exponer. Porque la verdad es que no hay motivos para yo preocuparme por el mañana, aun si el predicador de hoy lo vuelve a hacer otra vez.
Una frase que con frecuencia nosotros escuchamos es que nosotros nos preocupamos por el futuro porque el futuro es incierto. Yo quiero decirte que no. Tu futuro, si eres de Dios, no es incierto. Te es desconocido, pero esas dos palabras no son la misma cosa. Si Dios va adelante y orquesta tu futuro, y cuando tú vienes a llegar al futuro Dios ha estado en el futuro, lo ha orquestado para tu bien, ha regresado, te toma de la mano y te lleva camino al futuro, tu futuro no es incierto. Es desconocido para ti, para mí. De manera que no vuelvas a decir jamás que tú tienes un futuro incierto. Dios controla tu futuro, Él tiene tu futuro en la mano, Él organiza tu futuro y Él es quien te lleva a ese lugar. Y tú vas a ver eso en el mensaje de hoy, o por lo menos así yo espero.
Pablo ha iniciado su segundo viaje misionero, ha tomado consigo a Silas, ha pasado por Siria y Cilicia. Esas dos localidades él nunca había estado ahí, lo cual expresa el corazón misionero de Pablo, su pasión por los perdidos, predicar a Cristo donde este no había sido predicado anteriormente. Y Pablo pasa por allí, pero esa no era la intención primaria del segundo viaje misionero, como nosotros vamos a ver en el versículo 5.
De manera que la narración de hoy continúa el segundo viaje misionero de Pablo después que él ha estado en Siria y después que él ha estado en Cilicia. Y ahora Pablo va a pasar por un par de ciudades nuevas donde nos vamos a detener para decir algunas cosas, pero el propósito principal de este viaje está expresado en el versículo 5 del texto que vamos a leer. Escucha: "Así que las iglesias eran confirmadas en la fe y diariamente crecían en número". El Espíritu de Dios se ha desbordado, hay un avivamiento a lo largo de todo el libro de los Hechos. Por treinta años tú puedes ver las huellas digitales del Espíritu de Dios en avivamiento, y aquí tú lo ves: las iglesias crecían en número diariamente.
Quizás, no lo sé, eso es especulación, quizás Pablo pensó: "Si el propósito principal de este viaje misionero es fortalecer la fe de las iglesias, yo no creo que Juan Marcos es un buen ejemplo de una fe madura cuando él nos abandonó en Panfilia, y no sería un buen modelo si a él se le ocurre hacerlo otra vez, de lo que implica ser maduro en la fe. De manera que, Bernabé, este no es el viaje de Juan Marcos". Quizás Pablo pensó de esa manera. Quizás en otra ocasión futura. Bernabé quería trabajar con Marcos, quería ayudarlo a crecer, y ciertamente Marcos creció, porque Pedro lo menciona en una de sus cartas como alguien que le fue de mucho servicio, de mucha utilidad. Y Pablo vuelve a mencionarlo posteriormente en otra de sus cartas como alguien que le era de mucha utilidad.
Y con eso entonces yo quiero que leamos en Hechos 16, a partir del versículo 1 hasta el versículo 15:
"Llegó también a Derbe y a Listra en este segundo viaje, y estaba allí cierto discípulo llamado Timoteo". Nota esa palabra "discípulo", ya él creía, ese viajaba con Jesús. "Hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego, del cual hablaban elogiosamente" —subraya esa palabra— "los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Pablo quiso que este fuera con él, y lo tomó y lo circuncidó por causa de los judíos que había en aquellas regiones, porque todos sabían que su padre era griego. Y conforme pasaban por las ciudades, entregaban los acuerdos tomados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén para que los observaran. Así que las iglesias eran confirmadas en la fe y diariamente crecían en número. Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia". ¿Escuchaste? "Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Y pasando por Misia, descendieron a Troas. Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole y diciendo: 'Pasa a Macedonia y ayúdanos'. Cuando tuvo la visión, enseguida" —subraya esa palabra— "procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio". ¿Notaste el plural? "Persuadidos", "nos fuimos". Lucas está narrando, Lucas es parte de este viaje. "Así que, zarpando de Troas, navegamos" —en plural— "con rumbo directo a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis, y de allá a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia romana. En esta ciudad nos quedamos por varios días. Y en el día de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos" —plural— "y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido. Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios. Y el Señor abrió" —subraya esa palabra— "su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. Cuando ella y su familia se bautizaron, nos rogó diciendo: 'Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid a mi casa y quedaos en ella'. Y nos persuadió".
En el texto que acabamos de ver, nosotros podemos claramente identificar un nuevo misionero que se ha agregado al equipo, y su nombre es Timoteo. Nosotros podemos claramente identificar una nueva visión. Y podemos ver, no tan claro, pero podemos ver el inicio de una nueva iglesia en Filipos. En cada uno de esos casos, Dios era quien iba delante abriendo el camino. Yo quiero que no olvides eso, porque lo vamos a seguir viendo con cierta claridad: el Dios que va adelante.
Y con eso, tres puntos que yo mencioné. Yo quisiera comenzar con el primero. Vamos a ver el nuevo misionero que ha sido agregado al equipo, cuyo nombre es Timoteo. Pablo había perdido un compañero de viaje vital: Bernabé, alguien que le introdujo a la iglesia cristiana, alguien que le fue de apoyo, alguien que le fue de estímulo, alguien que Pablo necesitaba, que tú y yo necesitamos, alguien que nos dé ánimo, que cuando nosotros estamos caídos pueda venir al lado nuestro y decir: "No, el Señor estará contigo, tú puedes hacerlo".
Pablo no tiene a Bernabé, pero como el Señor va adelante, el Señor tiene el sustituto de Bernabé, cuyo nombre es Timoteo, y que jugó un papel protagónico en la vida de Pablo. De hecho, esta es la primera vez que tú oyes o que tú lees acerca de Timoteo, pero Pablo menciona a Timoteo en nueve de sus trece o catorce cartas, a veces como coautor y a veces como un embajador que él envía a hacer un trabajo en particular.
Y el texto de hoy nos dice que cuando ellos estuvieron en Derbe y en Listra, se encontraron con un cierto discípulo de nombre Timoteo. Posteriormente nosotros sabemos que la fe en ese Dios que va adelante nació en Timoteo desde la niñez. Pero la mayoría especula, y tiene razón, que con toda probabilidad Timoteo se convirtió en el primer viaje misionero de Pablo, y probablemente él, su mamá y su abuela, porque Pablo estuvo en Listra, donde ahora él está fortaleciendo la fe de la iglesia. Y Timoteo probablemente vio o escuchó de los sufrimientos de Pablo, y decimos eso porque Pablo le menciona eso en una de sus cartas, acerca de los sufrimientos que él tuvo en Listra, donde él fue apedreado y dejado por muerto.
Es Timoteo de quien los discípulos en Derbe y Listra hablaban elogiosamente. Yo te dije que subraya esta palabra, de manera que este es un joven, pero su juventud no hizo que él fuera alguien que no fuera valorado de manera especial. No, no. De él era elogiosamente hablado por aquellos que vivían alrededor de él.
En la ciudad de Derbe, Timoteo tenía un problema. No con él, no con Pablo, no con Dios. Tenía un problema con relación a los judíos: que no estaba circuncidado. Su madre era judía, su padre era griego. En esa época los hijos tomaban la religión de la madre, y resulta que su madre era judía, pero Timoteo no estaba circuncidado. El texto no nos dice por qué. Quizá el padre se opuso, pero se podía hacer un problema para los judíos. Pablo era el apóstol a los gentiles, pero él tenía un interés de continuar ministrando a los judíos a lo largo de todo el camino mientras evangelizaba a los gentiles. De manera que le dijo: "Timoteo, aunque tú no necesitas circuncisión para salvación, yo quiero que tú te circuncides para que me acompañes en este viaje misionero y tu circuncisión, o falta de, no sea una piedra de tropiezo."
Pablo estaba continuamente apercibido de las personas que estaban a su alrededor y de aquellos que pudieran hacer una piedra de tropiezo que le impidiera a alguien creer el evangelio. Mira cómo Pablo lo dice cuando le escribió a los corintios en el capítulo 9, versículos 19 al 23: "Porque aunque soy libre de todos, de todos me he hecho esclavo para ganar al mayor número posible. A los judíos me hice como judío" —de manera que Timoteo, circuncídate— "para ganar a los judíos. A los que estaban bajo la ley, como bajo la ley, aunque yo no estoy bajo la ley, para ganar a los que están bajo la ley. A los que están sin ley, como sin ley, aunque no estoy sin la ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo, para ganar a los que están sin ley. A los débiles me hice débil para ganar a los débiles. A todos me he hecho todo para que por todos los medios salve a algunos." Escucha ahora: "Y todo lo hago por amor del evangelio, para ser partícipe de él." ¿Escuchas? Todo lo hago, todo, absolutamente todo lo hago por amor al evangelio.
En otras palabras, cualquier cosa externa que pudiera representar una piedra de tropiezo para que alguien llegara a creer en el evangelio, yo la voy a quitar del medio, justamente por amor al evangelio, por amor a la salvación del perdido. Pablo impidió que Tito se circuncidara porque Tito era de padre y madre gentil; no necesitaba eso. Los judíos no tendrían problema con que Tito no estuviera circuncidado. Con Timoteo, quizás por causa de los judíos de aquellas regiones, dice el texto.
"Pastor, bueno, pero en nuestro caso la circuncisión no es una piedra de tropiezo para nadie." No, pero quizás la bebida pudiera serlo. Como pastores, nosotros estamos convencidos de que si te tomas una copa de vino o dos copas de vino o algo similar, bueno, hay una enseñanza acerca del vino de que no hay nada pecaminoso en eso. Pero nosotros hemos decidido que públicamente nunca lo haríamos, precisamente para evitar ser piedra de tropiezo para alguien. El baile, la música secular en ciertos lugares y con ciertas líricas ofensivas a nuestro Dios pudiera ser una piedra de tropiezo. Ciertos conciertos de música secular, algunos de los cuales vienen de camino, y ya comienza la pregunta de que si está prohibido ir. Quítate de la cabeza la palabra "prohibido." Tú no has escuchado eso de ninguno de nuestros pastores. Esa no es la pregunta que siempre surge. La pregunta es si esto puede ser piedra de tropiezo y si yo voy a abstenerme por amor del evangelio. Es otra pregunta, de otro nivel, en otra dimensión.
Y así una serie de cosas. Pablo estaba dispuesto a abstenerse de lo que fuera para evitar que alguien no llegara a creer en el evangelio. ¿Estamos nosotros tan dispuestos a revisar nuestras vidas y ver qué puede ser piedra de tropiezo para un hermano de conciencia débil, para un incrédulo que pudiera rechazar el evangelio al verme a mí vivir de una u otra manera? Pablo estaba consciente, y estaba consciente de que el segundo más grande mandamiento es que ames a tu prójimo como a ti mismo. Y si tienes salvación por el evangelio, ámalo para darle el evangelio. Y eso es lo que Pablo está refiriendo, y por eso circuncidó a Timoteo. Claramente el texto dice: por causa de los judíos en aquellas regiones.
Pablo perdió a Bernabé, como dijimos, pero el Dios que va adelante sabía que Pablo necesitaba un Bernabé. Aunque Dios es capaz de ministrarlo y lo hizo de manera personal en la vida de Pablo, Dios con frecuencia, y más frecuentemente que no, hace las cosas a través de instrumentos humanos. Y el Dios que va adelante trajo a Timoteo al lado de Pablo. Y cuando tú lees todo lo que la Palabra dice de Timoteo y la relación con Pablo, tú puedes ver que Timoteo fue la más grande bendición que Dios pudo traer al lado de Pablo en reemplazo de Bernabé.
Escucha lo que Pablo dice de Timoteo en la primera carta a los Corintios en 4:17: "Por esta razón os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, y él os recordará mis caminos, los caminos en Cristo, tal como enseño en todas partes, en cada iglesia." ¿Notaste cómo Pablo le llama a Timoteo? No simplemente "mi hijo," sino "mi hijo amado," my beloved son. Eso es otra relación. Y eso no es lo único que Pablo dice de Timoteo, pero yo creo que tú prestaste atención: él es fiel al Señor, y como es fiel al Señor y yo también, él enseña los caminos de Dios al igual que yo.
De Timoteo se habla mucho. Hablamos mucho de Pablo, Pablo, Pablo, Pablo el autor. Pero ¿sabes qué? Humanamente hablando, Pablo jamás hubiese podido hacer lo que hizo sin Timoteo a su lado. Dios lo hizo, sí, pero lo hizo a través de alguien que estuvo dispuesto a tocar el segundo violín. Warren Wiersbe, en uno de sus libros comentarios, dice que tú puedes encontrar muy fácilmente quién quiere hacer el primer violín de una orquesta, pero es muy difícil encontrar un segundo violín, a alguien que esté dispuesto a ocupar una segunda posición para apoyar una primera posición. Y tú puedes ver cómo eso se da en la vida de Pablo y cómo Timoteo jugó el segundo violín.
Escucha, déjame leerte. Pero claramente, cuando Pablo le escribió a los filipenses, capítulo dos, del 19 en adelante: "Mas espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo" —esa es la persona en quien Pablo confía— "a fin de que yo también sea alentado al saber de vuestra condición." Timoteo al ir a los filipenses me va a traer reporte, yo voy a ser alentado. Escucha, porque esto es increíble para mí: "Pues a nadie más tengo del mismo sentir mío y que esté sinceramente interesado en vuestro bienestar, porque todos buscan sus propios intereses, no los de Cristo Jesús. Pero vosotros conocéis sus probados méritos, que sirvió conmigo en la propagación del evangelio." Escucha otra vez: "Como un hijo sirve a su padre. Por tanto, a este espero enviarlo inmediatamente, tan pronto vea cómo van las cosas conmigo."
Para mí eso es algo difícil de tragar: que de todas las personas y colaboradores que Pablo tenía, solo Timoteo tuviera el mismo sentir de Pablo, que solo Timoteo le hubiese podido servir como un hijo le sirve a un padre. Es como que el corazón de Timoteo latía con el de Pablo. Pablo y Timoteo no eran iguales; eso tú puedes verlo a lo largo de las Escrituras. Tenían personalidades muy distintas. Timoteo probablemente era tímido; Pablo era como una aplanadora que se llevaba todo por delante. Estos hombres eran distintos. Timoteo se preocupaba por el otro, dice el texto que acabamos de leer, en este caso por los filipenses. Tenía un deseo genuino por los intereses de Cristo, al igual que Pablo. Y Timoteo trabajaba bien con los demás; era un team player, era alguien que podía trabajar en equipo.
El Dios que va delante no solo orquesta las circunstancias, en este caso de Pablo, sino que Él toma también nuestras vidas y las entreteje como hilos que forman parte de un tapiz que al final va a lucir hermoso. Y tu vida es un hilo, y esta otra persona que Dios trajo a tu vida es otro hilo, y tú los ves entretejidos desde una perspectiva por encima del sol. Dios envía gente a tu lado, pero Él no lo hace indiscriminadamente; Él lo hace intencionalmente. Dios conocía que Pablo necesitaba un Timoteo.
En la hora final, antes de Pablo ser decapitado, la única persona que quedaba a su lado era Timoteo. A él le escribe su segunda carta, y esa fue la última carta de Pablo; luego, la decapitación. Pablo escribe a Timoteo, personalidad distinta. Parece que Timoteo era un poco tímido, y le dice: "Te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos." Quizás Pablo se postula, que Pablo probablemente ordenó a Timoteo al ministerio, y le dice: "Aviva ese fuego, Timoteo, no lo dejes apagar." E inmediatamente después le dice: "Dios no nos ha dado un espíritu de timidez ni de cobardía, sino de poder." Parece que Timoteo necesitaba un Pablo, y Pablo un Timoteo.
Cuando Pablo escribe su primera carta a Timoteo, en 1:2 le dedica de esta forma: "A Timoteo, verdadero hijo en la fe." Probablemente él nació con Pablo; con toda probabilidad se convirtió bajo el ministerio de Pablo. Y ahora el equipo misionero tiene cuatro integrantes: tiene a Pablo y a Silas, que salieron con Lucas, y ahora tiene a Timoteo. Sin embargo, Timoteo es quien va a jugar el rol protagónico entre esos tres.
Ya habían estado dónde: habían estado en Derbe y en Listra. Y ahora el pasaje continúa, dice que pasaron por la región de Frigia y Galacia. Habían sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia. Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Nosotros no sabemos cómo el Espíritu de Jesús o el Espíritu Santo, que es la misma cosa, se lo impidió. No sabemos si oyeron una palabra hablada, no sabemos si tuvo una visión, no sabemos si tuvo un sueño. Simplemente que Pablo quería ir en la dirección de Asia, y el Espíritu de Dios le dice: "No, Asia no está en el programa nuestro de arriba."
Bueno, pues me voy a ir a Bitinia, que también está en Asia. Te dije que Asia no está en el plan a que arriba ahora mismo. Esa región va a recibir el Evangelio, pero lo va a recibir más adelante y lo vamos a ver en la narración del libro de los Hechos. Ahora tus planes y los míos no son los mismos, pero Pablo no tenía problema con eso. Pablo entendía que cuando Dios cierra una puerta no hay quien la abra, cuando Dios abre una puerta no hay quien la cierre. Nosotros no leemos en el texto ninguna frustración ni incomodidad de parte de Pablo, porque Pablo estaba consciente de quién dirigía su vida y quién dirigía la evangelización, de manera que lo único que Pablo quiere saber es: ok, Señor, si no es Asia, si no es Bitinia, si no es Frigia, ¿cuál es la dirección?
A veces nosotros insistimos en abrir puertas que Dios no simplemente ha cerrado, sino que ha clausurado. Y cuando yo siento como que la cerradura no abre, no concluyo que Dios la cerró, sino que la cerradura se dañó, y ahora yo quiero tumbar la puerta. Y Dios dice: túmbala y verás lo que hay detrás. Y otras veces Dios abre puertas y yo me intimido y me amedrento y no quiero pasar, no quiero ir por las puertas que Dios me ha abierto. ¿Qué cosa? ¿Queremos ir por donde está cerrado y nos sentimos acobardados por las puertas que están abiertas?
En manos de Dios se orquesta tu vida de principio a fin. ¿Saben por qué? Porque Él conoce el fin desde el principio, y si tú conocieras lo mismo que Dios conoce, lo hemos dicho otra vez, tú orquestarías tu vida de la misma forma que ha sido orquestada en el día de hoy. No ha pasado porque usted no conoce mi vida. No, pero yo conozco al que la orquesta y Él no se ha equivocado. Nunca ha cometido un error, nunca ha errado. El Dios controlador de los eventos del universo, Dios va adelante todo el tiempo.
Miren, Dios lo conoce todo. Sí, pastor, yo sé. No, no, Él lo controla todo también. ¿Y qué más, pastor? Él orquesta todo, Él lo ve todo y lo oye todo. Escúchenme, Dios conoce lo que fue, Dios conoce lo que pudo haber sido pero que no fue porque Él lo impidió, Dios conoce todo lo que será y Dios conoce todo lo que podría ser en el futuro que no será porque Él tampoco lo va a permitir. De manera que Dios conoce todas las realidades y todas las potencialidades. Imagina el Dios que cuida de tu vida, el Dios que va adelante de tu vida. No solamente Dios lo conoce todo, conoce todo lo que fue, conoce todo lo que es, todo lo que será, sino que también Dios conoce las intenciones de lo que fue, lo que es y lo que será, y las motivaciones. Es más, Dios escucha nuestros pensamientos. Ay, pastor, ¿y entonces qué hago? Bueno, pues no pienses. Porque Él lo escucha.
Ese es mi punto número uno. Punto número dos: la nueva visión. El versículo ocho hasta el diez. Perdón, y pasando por Misia, descendieron a Troas. Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole y diciéndole: pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando tuvo la visión, subraya ahora, enseguida procuramos, plural, ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el Evangelio.
Nosotros no sabemos quién fue el ángel, el hombre de la visión, excepto que él estaba llamando, invitando a Pablo a venir a Macedonia, que lo ayudara. Y el texto nos dice que tan pronto Pablo tuvo la visión, enseguida el equipo misionero, porque está en plural, que andaba con él, procuraron ir a Macedonia.
Nota que Pablo no cuestionó a Dios. Pablo no lucha con Dios. Hermano, no luches con Dios. Dios nunca ha perdido una batalla y no la va a perder contigo. No luches con Dios porque lo más probable es que termines descoyuntado, como pasó con Jacob. Entonces ahora vas a tener que seguir caminando con Dios, pero cojo. Pablo no se frustró cuando le cambiaron, cuando lo pararon en la dirección que iba y le dirigieron a otra dirección. No cuestionó a Dios. No trató de convencer a Dios. No negoció con Dios, como Abraham trató de hacer: pero Tú estás seguro de destruir a Sodoma y Gomorra, si yo encuentro 50 justos, ¿Tú no dejarías a la ciudad que vivan? Pues claro, Abraham. ¿Y si hay 45? ¿Y 40? ¿30? ¿20? ¿15? ¿Cinco? Abraham se le olvidó que cuando Dios toma una decisión, ya lo ha calculado todo. Estaba negociando con Dios.
Pablo no le pidió a Dios que le mostrara todo el plan futuro. Simplemente Dios le dijo: vete a Macedonia, y él salió para Macedonia. En realidad, los planes de Dios son más fáciles de lo que nosotros pensamos. Yo usé esta ilustración el jueves o viernes en una consejería. Vino a mi mente, la persona vino a mí al final del primer culto, me dijo: no, esa es mi ilustración, no me pidió permiso para usarla.
Dios no te pone en una silla eléctrica, sino en una escalera eléctrica. Una pequeña diferencia entre la silla eléctrica y la escalera eléctrica. Y te dice: monta en el primer peldaño, y ese es tu paso de fe. Y agárrate, y nos vamos. ¿Tú has estado en una escalera eléctrica? Sé que no has estado en una silla eléctrica, porque estás aquí vivo. ¿Han notado cuánto esfuerzo tú haces para subir la escalera? ¿Notaste que lo único que tenías que hacer era ejercitar la fe en el primer peldaño de que te iba a llevar? Y sabes que milagrosamente terminaste exactamente donde tú querías. Así es la invitación de Dios. Macedonia, allá va Pablo. La única respuesta al llamado de Dios es obediencia. Y hemos preguntado cuántos de nosotros tomamos decisiones y proponemos decisiones y proponemos cambios después de haber hablado con Dios o sin haber hablado con Dios.
A los saltos, sea Macedonia, montan un barco en el puerto de Troas, toman la ciudad de Samotracia y al día siguiente Neápolis. De allí a Filipos, que es una ciudad principal de la provincia de Macedonia, una colonia romana. Pablo tenía una estrategia de ir a las ciudades principales a evangelizar y de allí que las iglesias fundadas se encargaran de evangelizar el resto. Yo creo que esa debe ser hoy en día la estrategia por igual.
No había condiciones en la ciudad. No había una sinagoga. No hay mención de eso. Se requería de diez hombres de familia para formar una sinagoga. Parece que no había mucha población judía allí. Y el próximo día de reposo, como no hay sinagoga, Pablo no va a la sinagoga, sino que tuvo que salir de la ciudad, ir a la orilla de un río. Aparentemente había escuchado que se reunían unas mujeres, entre las cuales estaba Lidia, y que se reunían a orar. Y eso es exactamente lo que Pablo hace.
Y eso me trae a mi tercer punto. El segundo era la nueva visión: Macedonia, Pablo fue. Ya te comenté cómo llegó hasta allí. Pero mi tercer punto es: una nueva iglesia ha sido plantada. Y los estudiosos están de acuerdo que este es el inicio de la iglesia de Filipenses.
Escucha lo que el texto dice en el versículo 14: Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios. Lidia era originalmente gentil de Tiatira, pero ahora está adorando al Dios de los judíos. Es como un prosélito del judaísmo. Y el Señor abrió su corazón. Subraya la palabra abrió. El Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía.
Este es el Dios que va adelante, este es el Dios que va orquestando los eventos del diario vivir. ¿De dónde era Lidia? De Tiatira. ¿Saben dónde está Tiatira? O ¿dónde estaba? En el área de Asia Menor, hacia donde Pablo quería ir. Señor, Tú no me permitiste entrar a Asia Menor a predicar, pero esta mujer es de allá precisamente. Esa es mi soberanía. Yo la traje de Asia Menor, a donde tú no fuiste, a Filipos, donde tú ibas a estar, donde tú ibas a convertirla al Evangelio para que ella creyera, porque yo necesito una iglesia en Filipos. ¿Tú estás viendo al Dios que va adelante? ¿Tú estás viendo al Dios que orquesta, que juega como... ¿ustedes han visto la gente que juega ajedrez?
A mí me... yo no sé mucho de ajedrez, sé poquito. Una vez, cuando estaba muchísimo más joven, así como cinco años, me encantaba jugar ajedrez, pero honestamente nunca fui bueno porque no lo practiqué lo suficiente ni lo estudié, mucho menos. Pero hay gente que se pasa hasta una hora calculando una jugada. Nuestro Dios, en la eternidad pasada, tomó todas sus fichas del ajedrez, las puso en su lugar y les dijo a los hombres: ok, ahora jueguen y muevan todas sus fichas, que ya yo terminé de mover las mías. Y el resto de la historia de la humanidad ha sido el hombre jugando ajedrez contra Dios, y Dios sin mover una sola ficha porque ya las movió.
Spurgeon decía con relación a este pasaje: ¿No parece extraño que Dios impidiera a Pablo entrar a Asia para luego traer a Filipos a una mujer precisamente de la región de Asia para escuchar a Pablo compartir el Evangelio en Filipos? Eso es como extraño. Pero no lo era, porque Dios tenía un plan. Dios fue siempre delante y trajo a Lidia.
Ahora Lidia está ahí con otras mujeres, Pablo llega. Él no predicó, el texto no dice que Pablo predicó, sino que habló. Eso es como el original lo dice. Creo que la Biblia de las Américas dice compartió, compartió el Evangelio, las buenas nuevas. De las mujeres que estaban ahí, una sola creyó. Pero nota, ¿por qué creyó? Porque Dios le abrió el corazón, le abrió el entendimiento.
Después de la caída de Adán, el entendimiento quedó cerrado y entenebrecido hacia las cosas de Dios. Y si Dios no abre el entendimiento de una persona, no importa cuántas veces la persona escuche el Evangelio, lo va a rechazar una y otra vez, porque las cosas de Dios se disciernen por el Espíritu. Y Dios entonces abre el corazón de Lidia. Al abrir el corazón de Lidia, ella recibe lo que Pablo decía. La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Cristo. Eso es lo que Pablo está compartiendo. Pero si esa palabra no es tomada por el Espíritu de Dios y aplicada al corazón y aplicada a la mente para que este entendimiento sea abierto, Lidia hubiese quedado sin ningún entendimiento, al igual que el resto de las mujeres. Pero Lidia creyó porque Dios la había elegido para salvación.
Sin lugar a dudas, Pablo fue el instrumento de salvación de Lidia, pero parece que Lidia fue el instrumento de salvación de su familia. Decimos eso porque el versículo 15 y final de la historia dice: "Cuando ella y su familia se bautizaron..." Probablemente el mismo día, probablemente Lidia, que estaba en la orilla del río con el resto de las mujeres, después que se convirtió, invitó a Pablo y al equipo misionero a pasar a su casa y probablemente quizás introdujo su familia al evangelista Pablo. Ellos escucharon el evangelio y dice que cuando ella y su familia se bautizaron, nos rogó diciendo: "Si juzgáis que yo soy fiel al Señor, venid a mi casa y quedaos en ella." Y nos persuadió a ir.
Lidia tenía dinero. ¿Cómo lo sabemos? Era vendedora de púrpura. Eso era un negocio en el que solamente entraba gente de dinero, y la ropa teñida de morado, de púrpura, era solamente comprada por gente de dinero. De hecho, se decía que solamente la gente de la casa del César, del emperador, hacía negocio y vendía y compraba tela de púrpura. Por lo cual algunos sospechan que quizás Lidia se había mudado a Filipos después de haber pasado por la casa del César. Ella los persuadió que se quedaran en la casa. Bueno, es otra manera como sabemos que ya tenía que tener dinero, porque el equipo misionero que está con Pablo, y que ahí está expresado en plural "nos persuadió", es Pablo, Silas, Lucas y Timoteo. Para una casa albergar cuatro nuevos individuos a quedarse a pasar una noche o más, tenía que tener buena maña.
Y ese es el comienzo de la iglesia de Filipos, a orilla del río. Y esta iglesia llegó a ser muy amada por Pablo. Escucha lo que Pablo dice a los Filipenses en 1:3: "Doy gracias a mi Dios..." A mí me encanta cómo Pablo continuamente se expresa con relación al evangelio y a Dios. "Mi Dios", como si no fuera el Dios de nadie más. Y "mi evangelio", dice Pablo, como si no fuera de Jesucristo. Pablo está tan integrado a Dios y está tan integrado al evangelio que él habla de "mi Dios" y de "mi evangelio". "Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros." Cada vez que pienso en ustedes, filipenses, yo doy gracias a Dios.
Hay gente que cada vez que yo me acuerdo de él o de ella, yo doy gracias a Dios por su vida en la mía. Yo no sé si a ti te pasa eso, pero debiera pasarte, porque Dios ha traído personas a tu vida de nuevo, no aleatoriamente sino intencionalmente, para proveer un soporte y un cuidado que tú necesitas.
Y la iglesia llegó a amar a Pablo. Escucha lo que Pablo dice en 4:15 del mismo libro de Filipenses: "Y vosotros mismos también sabéis, filipenses, que al comienzo de la predicación del evangelio, después que partí de Macedonia..." Después que yo salí de Macedonia, escucha ahora esto: "Ninguna iglesia compartió conmigo en cuestión de dar y recibir, sino vosotros solos." Otra vez, a mí me llama la atención que después de Pablo plantar estas otras iglesias, después de Pablo ser fiel con un corazón pastoral extraordinario, a la hora de la necesidad, una iglesia estuvo dispuesta a dar y fue la iglesia de los filipenses.
Pero Dios fue delante de Pablo y proveyó la provisión que Pablo tenía, aun si fuera a través de una sola iglesia. De esa misma manera, Dios proveyó compañía, soporte, apoyo, estímulo a Pablo, aunque fuera solamente a través de un solo hombre cuyo nombre era Timoteo. Pero Dios va delante proveyendo para nosotros y nuestras necesidades. Si ese es el Dios que va delante, o que está en tu futuro y regresa para tomarte la mano y llevarte a ese futuro, tú no tienes nada de qué preocuparte, ni yo tampoco. "Pastor, ¿por qué a veces usted se ha preocupado por cosas del futuro?" Sí, muchísimas veces. Pero eso no dice que es lógico, eso no dice que es bíblico, eso dice que es humano y humanamente caído, solamente. Ese es el Dios que conoce tu día hoy y tu día mañana.
Ok, me quedan pocos minutos. Ya debía haber cerrado, pero déjame cerrar ahora. ¿Con qué me voy? Ya me diste cuatro, cinco, seis principios rápidos. No tengo que desarrollarlos porque ya fueron desarrollados.
Número uno: lo que a veces parece un fracaso en nuestras relaciones —Pablo y Bernabé— resulta en la más grande bendición de tu vida. Lo que a veces parece un fracaso en nuestras relaciones, con frecuencia era el preámbulo a una gran bendición en tu vida.
Número dos: Dios trae a las personas a mi vida que necesitamos y entreteje nuestras vidas para su gloria. Dios trae a la persona que necesitamos a nuestras vidas y lo hace para su gloria.
Número tres: los "no" de Dios —no puedes entrar a Asia, no puedes entrar a Frigia, no puedes entrar a Bitinia— los "no" de Dios son tan buenas bendiciones como los "sí". Cuando Dios nos da algo que nosotros queremos, ¡qué bendición! Cuando Dios me ha llegado a decir "no", decimos: "Dios no se acuerda de mí, Dios no oye mis oraciones." Se nos olvida que la misma bondad de Dios que dijo "sí" es la misma bondad de Dios que dice "no", porque Él conoce qué hay detrás de la puerta si te dice "sí".
Número cuatro: cuando Dios nos cambia el rumbo, más de una vez en el caso de Pablo, es porque el trabajo a través de mí está en esa otra localidad, en esa otra oportunidad, en ese otro nuevo ministerio o lugar o plan.
Número cinco: muchas veces el trabajo de Dios comienza como una pequeña semilla de mostaza, como a la orilla de un río para fundar una iglesia en Filipos, como el nacimiento del Salvador del mundo en Belén entre animales, pequeño, como un estudio bíblico en una casa con doce personas que precedió a lo que la IBI es hoy.
Dios no tiene límites finalmente para llevar a cabo sus propósitos y usa las más extremas circunstancias para mostrar quién Él es. Dios no tiene límite para llevar a cabo sus propósitos y utiliza las más extremas circunstancias para mostrar quién Él es. La entrada hacia Asia está cerrada. Lidia es de Tiatira, Tiatira está en Asia. Traigo a Lidia, la traigo a Filipos, la traigo a orilla del río, la hago una prosélita del judaísmo, adora a Jehová. Pablo va detrás de ese grupo de mujeres, oye a Pablo, Pablo predica el evangelio, más bien comparte el evangelio, Dios le abre el entendimiento, Dios le da salvación, luego le da salvación a su familia, y ahí nace la iglesia de Filipos. Dios usa las más extrañas circunstancias para llevar a cabo sus propósitos.
No trates de, como dice en inglés, "figure out God". No trates de entender a Dios. ¿Por qué? La buena noticia: ¡qué grande es Dios! La mala noticia es que tú y yo no lo somos. Pero ese Dios está por ti. Ese Dios es el Pastor que ha dicho: "Nada te faltará", que puedes atravesar el valle de sombra de muerte y que su cayado y su vara estarán contigo. Es el Dios que te apacienta. ¿Estás angustiado? ¿Estás ansioso? El Dios que te apacienta, que te lleva a aguas tranquilas. No como las aguas tumultuosas de los wadis que todavía existen, grietas enormes secas. Aquí en la frontera hubo una especie de wadi hace años atrás, en un sitio donde no había un río. Y yo vi, se formó un río, ¿recuerdan? En un solo día, en una sola noche, se llevó muchísimas casas y personas que murieron, y al otro día no había río. Eso pasa en Israel todavía, eran wadis. Las ovejas no sabían que no podían estar cerca de esas grandes surcos, y un día el agua bajaba porque había llovido en la distancia y se llevaba las ovejas.
Y leo eso y la visto pensando en el Salmo 23: "Él me lleva junto a aguas de reposo", fuera de peligro. Pero hace todo eso por amor de su nombre. Qué bueno es darle gracias a Dios que obra por amor de su nombre. ¿Tú sabes por qué? Porque Él ha investido su nombre en mí, y como Él obra por amor de su nombre y Él invirtió su nombre en mí, yo voy a ser beneficiado cada vez que Él obra por amor de su nombre. Ese es tu Dios, ese es mi Dios, el incomparable, el unigénito de Dios, aquel que cuando hace evidente su presencia los ángeles rugen en alabanza y adoración.
De manera que ahora, al cerrar, tú y yo al cantar vamos a rugir en adoración. Nos vamos a unir al coro celestial que canta sin cesar a gran voz para honrar a nuestro Dios.