Integridad y Sabiduria
Sermones

La disciplina de iglesia

Miguel Núñez 13 abril, 2016

La disciplina de la iglesia ha sido vista históricamente como algo odioso, hasta el punto de caer en desuso. Sin embargo, es esencial para la salud y santidad de la congregación, e incluso para el beneficio de quien es disciplinado. Hebreos 12 nos recuerda que a quien Dios ama, Dios disciplina. Por tanto, cuando la iglesia ejerce disciplina bíblicamente, está manifestando el amor de Dios.

Cuando Jesús habla por primera vez de la iglesia en Mateo 18, lo hace precisamente en el contexto de la disciplina. El proceso comienza de forma privada: si un hermano peca, hay que reprenderlo a solas. Si escucha, se ha ganado al hermano y todo termina ahí. Si no escucha, se llevan dos o tres testigos para añadir peso al asunto. Si aún así no responde, se informa a la iglesia, no para chismear, sino para que personas cercanas a él puedan aconsejarlo y llamarlo al arrepentimiento. Si después de todo esto el hermano no se arrepiente, se le trata como gentil y publicano, lo cual sugiere que probablemente nunca fue un verdadero convertido.

La disciplina, entonces, salvaguarda la santidad de Dios, protege a los hermanos de mayores consecuencias y ayuda a discernir quién es realmente cristiano. Pero debe ejercerse con cuidado y amor. No se trata de sentar al disciplinado en la última fila ni de impedirle participar de la cena del Señor una vez perdonado. Los líderes deben estar cerca de él durante todo el proceso, como un médico que se acerca más al paciente herido. La disciplina, bien ejercida, es una expresión de amor.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La disciplina de la Iglesia ha sido vista desde el principio como un proyecto odioso, hasta el punto que ha caído en desuso. Cuando en realidad la disciplina de la Iglesia es algo esencial para la salud y la santidad de la Iglesia, e incluso para el beneficio del disciplinado. La Palabra de Dios nos revela en el libro de Hebreos, capítulo 12, que a quien Dios ama, Dios disciplina. De manera que la disciplina de Dios, y por tanto la disciplina de la Iglesia cuando es ejercida bíblicamente, es otra manifestación del amor de Dios.

Cuando Jesús habla por primera vez acerca de la Iglesia, habla de esa institución en el contexto de la disciplina. En Mateo 18, a partir del versículo 15, nosotros leemos cosas como estas: "Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas". De manera que el proceso comienza de una forma privada. Si él te escucha, tú has ganado a tu hermano. Eso nos da una idea de que la disciplina de la Iglesia no es simplemente algo que corresponde a los líderes, nos corresponde a todos, porque todos debemos estar interesados en la santidad de la Iglesia, en salvaguardar el nombre de Cristo.

¿Qué ocurre con ese hermano si no te escucha? La Palabra nos instruye también. Entonces tú vas con dos o más que te sirvan de testigo, y lo que estás tratando de hacer es montar un poco más de presión sobre el hermano que le permita ver con mejor claridad la importancia que tiene para su propia vida este proceso. Si tú ganas a tu hermano en ese momento porque te escuchó, pues ahí termina todo y no hay necesidad de hacer esto más público.

Pero si no te escucha, el mismo texto de Mateo 18 nos instruye en lo que debemos hacer: tenemos que decirlo a la Iglesia. La idea no es que la Iglesia comienza a chismear sobre el asunto, sino que personas de la Iglesia que lo conozcan por un periodo equis puedan llamarlo y aconsejarlo y tratar de que se pueda arrepentir, con lo cual tú le evitarías mayores consecuencias en el futuro. Pero si ese hermano no se arrepiente, el texto dice que lo trates como un gentil o publicano, lo que nos dice a nosotros que hay una alta probabilidad de que este hermano que no respondió a la acción del Espíritu de Dios por diferentes personas probablemente no sea un convertido.

Por tanto, la disciplina de la Iglesia tiene el propósito de no solamente salvaguardar la santidad de Dios, sino de proteger a los hermanos de mayores consecuencias, y en muchos casos incluso de poder filtrar quién es verdaderamente un cristiano y quién no lo es. Es esencial para una Iglesia sana mantener el proceso disciplinario.

Ahora, nosotros tenemos que tener cuidado de cómo lo llevamos a cabo. Sentar a una persona en la última fila de asientos porque está bajo disciplina no es algo que realmente corresponde al patrón bíblico. Impedir que alguien que haya sido disciplinado pueda posteriormente tomar la Cena del Señor, cuando en realidad haya sido perdonado por la Iglesia, no es probablemente un lineamiento bíblico tampoco. Si tu hermano ha sido perdonado por Dios y ha sido perdonado por la Iglesia, y él muriera en el instante, participaría finalmente en la gran Cena del Señor.

De manera que el hermano debe sentirse amado a través del proceso disciplinario. Nosotros los líderes deberíamos estar cerca de él o de ella durante todo ese proceso, de la misma manera que un médico está más cerca del paciente herido que en cualquier otro tiempo. Aprendamos a amar a través de la disciplina.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.