Integridad y Sabiduria
Sermones

El dolor, la oración y la soberanía de dios… todos inescrutables

Miguel Núñez 13 mayo, 2018

El dolor, la oración y la soberanía de Dios son tres realidades que el cristiano enfrenta constantemente sin poder descifrar del todo. En Hechos 12, la iglesia primitiva vive esta tensión de manera cruda: Jacobo, uno de los tres discípulos más cercanos a Jesús, es decapitado por orden de Herodes; mientras tanto, Pedro es encarcelado con la misma sentencia pendiente. La iglesia no se paraliza ni abandona la oración porque Jacobo murió. Tampoco asume que orar es inútil. Ora fervientemente por Pedro, aunque cuando este aparece libre en la puerta, la primera reacción es llamar loca a la sirvienta que lo anuncia. Oraban, sí, pero con la incredulidad que todos cargamos.

Lo inescrutable aquí no es solo el dolor, sino cómo Dios entrelaza tristeza y gozo en un mismo momento: mientras Jerusalén llora la persecución, Samaria se llena de alegría porque el evangelio llegó precisamente por esa dispersión. Un hermano es liberado y otro decapitado; Andrés celebra mientras Juan llora. Las razones profundas solo Dios las conoce. Quizás Juan estaba mejor preparado para sufrir la pérdida. Quizás los más equipados reciben las circunstancias más difíciles, como ocurrió con Moisés, José, Daniel y el mismo Jesús.

La oración no garantiza resultados, pero prepara el corazón para entrar en los propósitos de Dios. Jesús oró tres veces que pasara la copa, y al final tuvo que beberla, pero la oración lo preparó para glorificar al Padre desde la cruz. El capítulo cierra con una verdad que desafía toda lógica: a pesar de la sangre derramada, la palabra del Señor crecía y se multiplicaba. La sangre de los mártires es semilla; las lágrimas de la iglesia, el agua que la riega. Y el carácter bondadoso de Dios sigue siendo la única garantía del creyente, aun en sus peores momentos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El dolor, la oración y la soberanía de Dios, todos inescrutables, es el título de mi mensaje en el día de hoy. Yo creo que ya tú sabes para dónde vamos en esta mañana. Está basado en el capítulo 12 del libro de los Hechos. Todo el capítulo realmente es un texto largo, pero es todo un solo relato, por así decirlo. Y una vez más, recordamos que lo que Dios tiene que decir es más importante que lo que cualquiera de nosotros tiene que decir.

A manera de introducción, yo quiero mencionar que una gran cantidad de las preguntas que yo he recibido como pastor yo pudiera colocarlas debajo de tres grandes sombrillas, no todas, pero una buena cantidad de ellas. Una de esas sombrillas, la primera, tiene que ver con: si Dios es soberano, poderoso, bueno, misericordioso, muy potente para cambiar las cosas, ¿por qué Él permite el dolor y sobre todo en la vida de sus hijos? Y tan pronto nosotros comenzamos a hacer esa pregunta, comenzamos a descubrir quizás que muchas veces la razón número uno para nosotros orar es que Dios nos evite las dificultades, que no lleguen a nosotros.

Una segunda sombrilla yo pudiera decir que tiene que ver con la vida de oración. Si Dios es soberano y Dios ha decretado todo cuanto ha de acontecer desde antes de la fundación del mundo, ¿cómo es que la oración opera? De hecho, ¿para qué orar si Dios es quien ha de decidir todo cuanto ha de suceder? Porque al final lo que será, será, como decía esa canción. Y yo creo que esa pregunta nos revela inmediatamente que ciertamente la oración es una de esas cosas inescrutables e insondables. Pero yo te puedo decir también, a manera de introducción, que Dios de alguna manera ha unido sus decretos con la oración, las oraciones de su pueblo, seguro, sin lugar a dudas, a la luz de la Biblia.

La tercera sombrilla pudiéramos decir que tiene que ver justamente con la soberanía de Dios. La soberanía de Dios en todas las áreas de la vida, incluyendo la soberanía de Dios en el dolor, el sufrimiento, en la salvación de los hombres, por qué es Él quien decide dicha salvación y no nosotros, y además nosotros todavía estamos llamados a responder a dicha salvación. La sombrilla número uno está relacionada con por qué Dios permite el dolor. Sombrilla número dos está relacionada con cómo es que la oración opera y para qué es. Y sombrilla número tres está relacionada a la soberanía de Dios en general.

Yo creo que en dos mil años de historia que nosotros tenemos, los teólogos han tratado de escudriñar y de proporcionar respuestas a esas preguntas. De manera que yo no te voy a prometer hacer en una hora, una sola persona, lo que dos mil años no han podido hacer con múltiples personas. Pero sí te prometo por lo menos cargar contigo, escudriñar contigo tres áreas: la experiencia del dolor, el rol de la oración, y la interacción de esa oración con el control que Dios tiene de manera soberana sobre todos los acontecimientos de la historia.

Nosotros estamos revisando el libro de los Hechos. El libro de los Hechos cubre treinta años de la historia de la Iglesia, los primeros treinta años de una iglesia que en general se portó obedientemente y valientemente. Y sin embargo, en esa historia, en ese libro, tú encuentras la ocurrencia de hambrunas, encarcelamientos, oposición de parte del mundo, oposición religiosa, chisme, cinismo, burla, ira del enemigo, gente que desertó, injusticias en contra del pueblo de Dios, falsos maestros, oposición satánica, celos, envidias y múltiples otras cosas en contra de una iglesia obediente. Esta fue la experiencia de la primera iglesia.

Ahora déjame decirte por lo menos una cosa que esa iglesia nunca experimentó, y fue apatía en su vida de oración. Esta iglesia, mientras más sufría, más oraba. Esta iglesia descubrió y eventualmente llegó a celebrar el hecho de que el dolor es la hormona del crecimiento del cristiano. ¿Por qué nosotros estamos pequeños? Poca hormona del crecimiento. El dolor es la hormona del crecimiento del cristiano y es el abono de la vida de oración. No me digas que no. Tú y yo hemos orado más mientras más en dolor hemos estado, ¿sí o no? De manera que yo sospecho que el dolor no se va a ir de la vida del pueblo de Dios, porque si hay algo que yo sé que yo sé es que Dios quiere a su pueblo orando.

La iglesia de nuestros días es una iglesia enferma, pero es una iglesia enferma porque quiere planificar sin orar. Quiere poder sin el Espíritu Santo. Quiere milagros pero sin fe. Quiere resultados pero sin la participación del Señor de la mies. Quiere metodología para hacer pero sin teología para creer. Quiere entender a Dios sin creerle a Dios. Y finalmente quiere triunfar sin glorificar a su Dios.

Ciertamente nuestro Dios es inescrutable. Tiene que ser inescrutable, es una mente infinita. Pero sus medios son claramente discernibles en su Palabra. Ambas cosas son ciertas. Dios es inescrutable. A veces me sorprende cuando yo escucho a cristianos decir: "No, porque yo sé que lo que Dios está haciendo es..." Y yo como que bajo la cabeza. Yo no sé lo que Él está haciendo. Pero al mismo tiempo yo sé que sus medios son claramente discernibles en su Palabra.

Padre, toma este texto e ilumina nuestra mente, ensancha nuestro entendimiento, ablanda nuestro corazón y rinde la voluntad. En Cristo Jesús. Amén.

Michael Green escribió un libro que se llama "30 años que cambiaron el mundo", y básicamente es un análisis, no un comentario, un análisis de este libro de los Hechos. Excelente argumento, excelente interpretación de los Hechos. Dice en uno de sus capítulos, comienza de esta manera: alguien de nombre F. K. Maldi decía que Jesús prometió a sus discípulos tres cosas. Si eras discípulo de Jesús, aquí tienes tres promesas: que ellos estarían paradójicamente gozosos, que serían completamente inintimidables, por lo menos la primera iglesia, y que estarían en constante tribulación. El creyente se hubiese quedado con los dos primeros. Gozo en medio de la dificultad, paradójicamente gozosos, inintimidables. Pero eso de tribulación constante no nos parece. Sin embargo, esas tres cosas resumen el libro de los Hechos. Treinta años de historia de la iglesia primitiva.

Y eso es algo que nosotros hemos estado viendo. Nosotros vimos el capítulo dos, el capítulo cuatro, la iglesia primitiva llena del Espíritu, rebosante de gozo. Todos eran de un solo sentir, vendían sus cosas y nadie tenía necesidad. Se habían hecho devotos de la enseñanza de los apóstoles y estaban unidos en la oración. Muy bien, capítulo dos, tres, cuatro. Y luego nosotros avanzamos y en el capítulo siete aparece el primer mártir de la iglesia, Esteban, que al morir su cara, su rostro lucía como la de un ángel. Y tú volteas la página, llegaste al capítulo ocho, y dice que con la muerte de Esteban se desató una gran persecución. Y todos salieron corriendo menos los apóstoles que se quedaron en Jerusalén, y llegaron a Samaria, o de ahí luego comenzaron a llegar a Fenicia y a Chipre, como estuvimos viendo la semana pasada.

Y es como que tú tienes esta combinación como de triunfos y como de fracasos. De otra forma, como que ahora tú tienes la iglesia de Jerusalén triste porque está perseguida. Y resulta que esa gente salió corriendo y llegó a Samaria, que le dieron el evangelio, y Samaria se llena de gozo. Al mismo tiempo Dios, el mismo Dios, con el mismo pueblo, entretejiendo la tristeza de una iglesia en Jerusalén con el gozo de otra iglesia en Samaria. Su voluntad ciertamente es inescrutable. De hecho, la causa del gozo de Samaria es la tristeza de Jerusalén, la persecución.

Y tú sigues avanzando y al capítulo nueve, la conversión de Pablo. ¡Wow, gran algarabía! ¡Dame cinco, que Pablo se convirtió! El perseguidor de la iglesia. Ahora sí es verdad, las cosas van a cambiar. Y las cosas continuaron cambiando. Llegas al capítulo diez y Cornelio se convierte. ¡Wow! Ahora el evangelio está siendo abrazado por el mundo gentil. ¡Extraordinario! Ahora sí es verdad que aquella cosa que oímos de la Gran Comisión sí se va a extender de Jerusalén a Judea, a Samaria, hasta los confines de la tierra. Ya eso ha comenzado. Capítulo diez, capítulo once. Y ahora tú le das la vuelta, llegas al capítulo doce, y de repente tú te encuentras con lo que vamos a leer en el día de hoy.

Yo quiero que tú me sigas comenzando en el versículo uno, el capítulo doce, básicamente hasta el final. "Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos, y mató a espada a Jacobo, el hermano de Juan. Y viendo que esto agradaba a los judíos, decidió arrestar también a Pedro. Esto sucedió durante los días de los panes sin levadura. Y habiéndolo tomado preso, lo puso en la cárcel, entregándolo a cuatro piquetes de soldados para que lo guardaran, con la intención de llevarlo ante el pueblo después de la Pascua. Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, pero —subraya— la iglesia hacía oración ferviente a Dios por él."

"Y esa noche, cuando Herodes estaba a punto de sacarlo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y unos guardias delante de la puerta custodiaban la cárcel. Y he aquí, se le apareció un ángel del Señor, y una luz brilló en la celda. Y el ángel tocó a Pedro en el costado y lo despertó diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas cayeron de sus manos. Y el ángel le dijo: Vístete y ponte las sandalias. Y así lo hizo. Y le dijo el ángel: Envuélvete en tu manto y sígueme. Y saliendo, lo seguía, y no sabía que lo que hacía el ángel era de verdad, sino que creía que era una visión. Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma. Y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ángel se apartó de él. Cuando Pedro volvió en sí, dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a su ángel y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos."

Al darse cuenta de esto, fue a la casa de María, la madre de Juan, llamado también Marcos, donde muchos estaban reunidos y orando. Y cuando llamó a la puerta de la entrada, una sirvienta llamada Rode salió a ver quién era. Al reconocer la voz de Pedro, de alegría, no abrió la puerta, sino que corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta, allá afuera. Y ellos le dijeron: "Estás loca". Pero ella insistía en que así era, y ellos decían: "Es su ángel". Mas Pedro continuaba llamando, y cuando ellos abrieron, lo vieron y se asombraron. Y haciéndoles señal con la mano para que guardaran silencio, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel y les dijo: "Informad de estas cosas a Jacobo". Otro Jacobo, más adelante hablamos de él, y a los hermanos. Entonces salió y se fue a otro lugar.

Cuando se hizo de día, hubo un alboroto no pequeño entre los soldados sobre qué habría sido de Pedro. Y Herodes, después de buscarlo y no encontrarlo, interrogó a los guardas y ordenó que los llevaran para ejecutarlos. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí por un tiempo.

Herodes estaba muy enojado con los de Tiro y de Sidón, pero ellos, de común acuerdo, se presentaron ante él, y habiéndose ganado a Blasto, camarero del rey, pedían paz, pues su territorio era abastecido por el rey. El día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y les arengaba. Y la gente gritaba: "¡Voz de un dios y no de un hombre es esta!". Al instante, un ángel del Señor le hirió por no haber dado la gloria a Dios, y murió comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.

Tú puedes ver cómo este texto del capítulo 12 comienza hablando de la muerte de uno de los doce, el primero de los doce: Jacobo, que murió decapitado. El texto dice que murió a espada. Josefo, historiador judío, dice que murió decapitado, que era usualmente la forma. Y yo creo que nos damos por preguntarnos un poquito acerca de Jacobo para poder ver la soberanía de Dios, lo inescrutable de la oración y lo inescrutable del dolor y el sufrimiento.

Jacobo era el hermano de Juan, el mismo texto lo dice, llamados hijos del trueno. Ellos dos y Pedro aparentemente tenían un negocio de pesca y eran muy cercanos. Ellos tres tuvieron el privilegio exclusivo de estar presentes con el Señor cuando resucitó a la hija de Jairo. Ellos tres tuvieron el privilegio de subir al monte cuando el Señor Jesucristo fue transfigurado; tuvieron un destello de la eternidad al ver al Cristo encarnado transfigurado. Eso nadie más vio. Ellos tres tuvieron el privilegio de estar con el Señor en el huerto de Getsemaní.

Y es uno de ellos tres, privilegiados, que es decapitado. Que alguien pudiera decir: "Pastor, no entiendo". Quizás recordamos de alguna ocasión cuando nosotros mismos hemos dicho: "No entiendo, yo no entiendo a Dios". Pero frecuentemente, cuando decimos eso, estamos ocultando que detrás quizás hay un sentimiento al mismo tiempo de "no acepto". Y luego comprendemos, luego llegamos a entender que nuestra aceptación frecuentemente produce comprensión. Nuestra aceptación frecuentemente produce comprensión.

En la misma historia que está la decapitación de Jacobo, está la liberación de Pedro, otro apóstol, amigo del decapitado, con quien él compartió privilegio. Uno de los doce es decapitado, el otro de los doce es liberado. Ahora dale para atrás a la historia: Jacobo tuvo un hermano, Juan. Está ahí en el texto. Juan era el discípulo amado, y es al hermano del discípulo amado que decapitan. Es como: ¿qué forma de amar es esta? Y Pedro tenía un hermano, también miembro de esos doce, de nombre Andrés. Y Andrés está gozoso porque a su hermano lo han liberado, y Juan está llorando porque a su hermano lo han decapitado. Un hermano llora y el otro se regocija. La voluntad de Dios es insondable.

Yo creo que alguien pudiera haberse preguntado, o aún el mismo Juan: "Yo no sé por qué liberaron a Pedro, porque él fue el que negó al Señor tres veces, no mi hermano, pero él fue el liberado". O quizás Juan pudo haber estado preguntándose: "Yo no entiendo cómo es que el Señor me ha moldeado tanto, pero es mi hermano el que sufre". Y realmente eso pudiera sacudir la fe de cualquier cristiano, a menos —y esto es importante, porque yo estoy convencido en buen dominicano hasta el tuétano de mis huesos— que una de las cosas que el cristiano más tiene que cambiar para poder cambiar es su concepto de Dios.

Y déjame decirte esto: Dios, si tú eres su hijo, en tu peor momento, en el momento quizás de tu disciplina más severa, si tú eres su hijo, Dios está por ti, Dios está por tu bien. No hay manera de que Dios, si tú eres su hijo, pueda estar contra ti, porque tú eres la razón de la crucifixión. ¿Tú puedes entender eso? Para que podamos dejar de cuestionar a nuestro Dios: en tu peor momento, Dios está contigo y por ti. Y después que te salvó, Dios ha puesto su gracia y su poder a disposición para formarte de tal forma que llegue el día que tú luzcas como Él es. Eso debiera terminar mis cuestionamientos de Dios. La iglesia primitiva aprendió mucho de eso.

Dios no le envió un ángel a Juan para explicarle por qué a Pedro lo liberaron y al otro no. Humanamente hablando, si había que decapitar a uno de los dos, como que Pedro era el que más lo merecía. Pero quizás hay otras razones que tú y yo no conocemos. Yo no voy a aventurar a decir "yo sé por qué", pero yo voy a especular un poco: quizás Juan estaba mejor preparado para sufrir la pérdida.

En el mundo de la medicina, nosotros dividimos los hospitales en primario, secundario y terciario. Un hospital terciario, ese hospital, por lo menos en Estados Unidos, es el hospital mejor equipado, y por tanto recibe los peores casos. Y yo le decía al grupo de consejería que está siendo entrenado recientemente que yo oro que Dios no nos haga una iglesia terciaria y nos envíe los peores casos. Quizás Juan estaba más preparado. En la historia de la Biblia parece que es así: lo mejor de Dios le pasa lo peor. Moisés, José, Job, Daniel, Pablo, y después, como para coronar la historia, su Hijo Jesús, clavado en un madero. Lo mejor de Dios con las peores experiencias. Los mejores dotados y equipados con las peores circunstancias. Yo creo que algunos se están pensando: "Que me dejen bien ordinario a mí, no me interesa nada de equipamiento".

Quizás Jesús sabía que el amor de Juan por el Maestro no lo iba a sacudir. Ahora, llegado el tiempo, Pedro iba a morir igual, martirizado, clavado en un madero boca abajo. Las razones, ¿las quieres saber? Te voy a decir: solo Dios las conoce.

Ahora, en el ínterin, parte del problema es que nuestra inversión de valores no nos deja experimentar las cosas como debieran ser experimentadas. La muerte de Jacobo por decapitación, vista bien vista, es menos dolorosa que la muerte de Herodes comido por gusanos, porque cuando a Jacobo lo decapitan, lo enviaron inmediatamente a la presencia de Dios, la mejor experiencia que él podía tener. Cuando Herodes se lo comen los gusanos, pasa a una eternidad donde hay llanto y crujir de dientes para siempre. A nosotros nos parece doler más la salida de este mundo de algunos de los nuestros, aun sea a la presencia de Dios, que la salida de este mundo a la condenación eterna de personas que vivieron o comieron o trabajaron junto con nosotros. Esa inversión de valores nos hace sentir de esa manera, pero no a Dios.

El texto de hoy comienza diciendo que por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos. Eso está bajo el permiso de Dios. Echó mano a algunos de la iglesia para maltratarlos. Este Herodes mencionado aquí es Herodes Agripa Primero. Yo te voy a dar en un trozo de cuatro minutos la historia de los Herodes. Es una familia malvada de principio a fin, corrupta y sin escrúpulos. Se van a mencionar varios Herodes.

El primero de los Herodes es el Grande. Ese fue el responsable de la muerte de los niños cuando Jesús nació. ¿Te acuerdas de esa matanza? Ese fue Herodes el Grande. Herodes el Grande era el abuelo del Herodes de hoy, Herodes Agripa Primero. Él murió y su reinado y territorio fueron divididos entre sus tres hijos: Herodes Antipas, Herodes Arquelao y Herodes Felipe.

Herodes Antipas fue el Herodes responsable de la muerte de Juan el Bautista. Fue el Herodes involucrado en la muerte de Jesús. Fue el Herodes que vivía con Herodías, la mujer de su hermano Herodes Felipe, con su cuñada. Esa unión que Juan el Bautista denuncia. Y entonces un día, celebrando el cumpleaños, la hija de Herodías baila, y Herodes Antipas le pregunta a la niña, a la joven, qué quería de cumpleaños, y ella fue donde su madre. Y Herodías le dijo: "Dile que te dé la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja". Y ese fue el regalo de cumpleaños.

¿Te imaginas la falta de valor por la vida del ser humano? No en aquella época: toda la vida. Porque en esa ocasión tú puedes leer acerca de esta decapitación como regalo de cumpleaños. Hoy en día hay gente que va con un bebé de 22, 24, 28 y 32 semanas, y hasta a término, que es una vida completamente formada. Y en ese estado de embarazo el niño es descuartizado pedazo a pedazo. Eso ocurre hoy, miles de veces al día. Es el valor de la vida humana que el ser humano le ha dado a su propia vida.

Entonces ahí está Herodes Antipas, que era el tetrarca de Galilea y de Perea. Herodes Arquelao es el que Mateo menciona en el capítulo 2; no vamos a entrar ahí para no confundir las cosas mucho más. Él era el tetrarca de Judea, de Samaria y de Idumea. Y Herodes Felipe entonces era el tetrarca de la parte norte de Galilea. Ese es el que su esposa Herodías se va con su hermano. Esa es más o menos la relación de estos Herodes. El Herodes del texto, Herodes Agripa Primero, era sobrino de Herodes Antipas, el que mandó a decapitar a Juan.

Y nieto de Herodes el Grande. Y ahora tú tienes a este Herodes que manda a apresar a varios de la iglesia para maltratarlos. Esa es, para ese momento, la voluntad de Dios para ese grupo. Es una voluntad inescrutable, pero es santa.

Escucha cómo el texto sigue. Entonces Herodes Agripa I, del texto de hoy, hace matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan, y viendo que esto agradaba a los judíos, procedió a arrestar también a Pedro. Pero Herodes, este Herodes y todos los que he dicho, eran iguales, era un gran hipócrita. Era un maestro de la doble moral: cuando estaba con los romanos, hacía como los romanos; cuando estaba con los judíos, complacía a los judíos, y él quería agradar a los judíos. Ellos, los judíos, Herodes sabía que los judíos tenían un gran desdén y le tenían un odio por la familia de los Herodes, porque ellos eran medio judíos vendidos al sistema.

Entonces, este Herodes apresa a Pedro durante la fiesta de los panes sin levadura. Los judíos tenían la fiesta de la Pascua, que era el 14 de Nisán, y Nisán era uno de los meses del calendario judío que coincidía a veces, sigue coincidiendo a veces hoy, con nuestro Viernes Santo, y luego siguen siete días de la fiesta de los panes sin levadura. Entonces, durante ese tiempo, Pedro está apresado, y Pedro está apresado porque Herodes se da cuenta que la decapitación de Jacobo complació a los judíos. Pero no quiere hacer algo durante la fiesta y entonces está esperando. Cerca al tiempo cuando Herodes lo iba a sacar de la cárcel para entonces ejecutarlo, es cuando las cosas comienzan a ocurrir.

Ahora, yo quiero que tú prestes atención y que puedas darte cuenta que la iglesia no asumió una postura pesimista. La iglesia no dijo: "Bueno, si el Señor no impidió la muerte de Esteban, y anterior a eso no impidió la muerte de Juan el Bautista, y después entre Esteban y Juan tampoco impidió la muerte de su propio Hijo, y ahora a Jacobo, pues ¿para qué vamos a estar orando? Lo que será, será". La iglesia no hizo eso. Esa no fue la actitud de la iglesia. La iglesia primitiva conoció muy bien que hay una interacción entre la oración y la soberanía de Dios. De alguna forma Dios ha unido la ejecución, la puesta en práctica de su soberanía, con la oración de su pueblo, hasta tal punto que hay cosas que no van a ocurrir porque tú y yo no hemos orado.

Y si no me crees, solamente un versículo es suficiente para convencerte. Santiago, el medio hermano de Jesús, escribe, dice: "No tenéis porque no pedís". Tan sencillo como eso. "Señor, ¿y por qué no tengo esto? ¿No tengo aquello?" Porque no lo has pedido. De manera que hay una interacción entre la oración y la soberanía de Dios. De hecho, el mismo Santiago escribe, dice: "La oración del hombre justo es poderosa y eficaz", o "puede mucho", dependiendo de la traducción que tú tengas. La oración, decía ahí Bavón, que escribió mucho acerca de la oración: "Mueve la mano que mueve el mundo".

Ahora, escúchame, el Señor no es títere de nuestras oraciones. Nosotros no dictamos ni le damos permiso a Dios para que haga lo que nosotros queremos que haga. No, no, no, no. Pero de alguna forma que tú y yo no entendemos, por eso es que es inescrutable, la oración, Dios ha unido su soberanía con la oración de su pueblo. La iglesia lo sabe, la iglesia no ha perdido ni su fe ni su fervor. Ninguna de las dos cosas. La iglesia está orando.

Escúchame cómo el versículo 5 nos deja ver eso. Pedro está encarcelado, versículo 5: "Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacía oración ferviente a Dios por él". Ya Jacobo está muerto. Yo estoy seguro que la iglesia oró por Jacobo. La iglesia no dijo: "Mataron a Jacobo, la oración no funcionó, olvídate de orar por Pedro". No, no.

De hecho, hay dos palabras en ese versículo 5 que yo quisiera que subrayes. Una es "pero", porque el texto no dice: "Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, la iglesia hacía oración ferviente a Dios por él". No dice eso. Tiene un "pero" ahí. Y como nosotros creemos en la inspiración verbal, palabra por palabra, de lo que la Biblia tiene, ese "pero" está inspirado por Dios, porque el "pero" está estableciendo un contraste: Pedro está encarcelado, la iglesia está libre; Pedro ha sido silenciado, pero no la iglesia, la iglesia está orando.

Y segundo, el texto no simplemente dice que la iglesia estaba orando, sino que hacía oración ferviente. La mayoría de nosotros, yo creo, si somos honestos, oramos de manera general, y oraciones de manera general consiguen muchas veces respuestas en general. Pero yo creo que aquellos que verdaderamente creen que la oración puede cambiar cosas, porque "no tenéis porque no pedís", frecuentemente tienden a orar fervientemente, tienden a persistir en la oración, tienden a tocar el trono de Dios con frecuencia y con confianza.

La oración no garantiza los resultados, eso no es lo que el texto nos está enseñando, no, para nada. Jesús oró tres veces que pasara esta copa, y al final tuvo que beberse la copa. Pero la oración lo preparó para tomarse la copa, colgarse de un madero y hacer que su Padre luciera grande en la cruz, perdonando a aquellos que lo habían clavado. La oración preparó al Hijo para entrar en los propósitos del Padre. La oración preparó al Hijo para entrar en los propósitos del Padre.

Pablo oró tres veces para que Dios le quitara el aguijón, independientemente de lo que fuera, y Dios le dejó su aguijón. Le dice: "Pablo, bástate mi gracia". Pero la gracia de Dios en Pablo permitió que, con el aguijón presente, Pablo pudiera estar gozoso, satisfecho, sentirse triunfante, y que en ningún momento perdiera la fe ni el sentido de propósito en su vida, ni que perdiera el fervor en la oración, porque su gracia hizo posible todo eso.

Si solo seguimos orando y dando gracias cuando las cosas van bien, escúchame, si solamente estamos orando y dando gracias cuando las cosas van bien, no estamos orando, estamos negociando. Negociando el resultado, regateando, bargaining, como dicen en inglés.

El texto avanza, y entonces en el versículo 7 dice que de repente se apareció un ángel en la cárcel y que la luz brilló en la cárcel. Yo no sé qué tanto brillaría la luz de un ángel que se aparece, pero debería ser más que un bombillo. Yo prendo el bombillo de mi habitación, mi esposa se despierta inmediatamente. Pero Pedro, el texto dice que el ángel tuvo que darle en el costado. No sé si le dio un codazo, bueno, no sé si los ángeles tienen codo, pero tuvo que darle por el costado, dice el texto: "Levántate, ponte las sandalias y cúbrete". Me imagino que estaba en paños menores. "Cúbrete y sígueme". Lo tomó de la mano y pasaron la primera guardia y la segunda guardia, y finalmente llegaron a una puerta de hierro, lo dice el texto, esa puerta que abría hacia la calle, y de repente la puerta se abrió.

No sé si Pedro estaba pensando: "Wow, he pasado de este guardia, pero creo que pasaba otro guardia. Cuando abramos la puerta de hierro se va a despertar todo el mundo". Pero la puerta estaba abierta. Eso se parece como a las mujeres que iban camino al sepulcro a ungir el cuerpo de Jesús para honrarlo, y dice el texto de uno de los evangelios que iban preocupadas: "¿Y quién nos removerá la piedra?" Cargadas con esa preocupación, y llegan, y la piedra está quitada con un ángel sentado, y el ángel dice: "¿Por qué ustedes están buscando al que vive entre los muertos?"

Nos encanta la preocupación. Alguien decía: "No, yo sé que la preocupación funciona, por eso yo me preocupo, porque la mayoría de las cosas por las que yo me preocupo nunca ocurren, de manera que funciona". No es eso, es que nos preocupamos la mayoría de las veces por cosas que no debiéramos preocuparnos.

Y quien está haciendo esto es un ángel. ¿Tú sabes lo que la Palabra dice de los ángeles? Hebreos 1:14, que son espíritus ministradores enviados al servicio de aquellos que hemos de heredar salvación. ¿Quiénes son esos? Tú y yo. ¿Te imaginas ese privilegio? Dios tiene enviados que les llama ángeles, que son espíritus ministradores, que Dios dice: "Yo tengo un pueblo que estoy salvando, redimiendo, allá abajo. Ustedes me van a servir a mí sirviendo a ellos".

Y luego el mismo autor de Hebreos, ya no en 1:14 sino en 13:2, dice que no olvidéis demostrar hospitalidad, porque por ella algunos sin saberlo hospedaron ángeles. Que hubo gente que hospedó gente en su casa y no sabía que eran ángeles. Como Abraham, que le visitaron tres hombres y uno era incluso el Ángel de Jehová, Jesús preencarnado, con otros dos ángeles. Hospedaron ángeles. Probablemente algunos están pensando: "Mañana me inscribo en el comité de hospitalidad de la iglesia".

Pero en dos mil años de historia de iglesia hay múltiples eventos, historias registradas, de misioneros visitados por ángeles en momentos de dificultad.

Cuando Pedro se percata de que él está fuera ya, él decide que va a la casa de María, la madre de Marcos, Juan Marcos, el que escribió el Evangelio de Marcos. Y cuando él entró, el texto describe que había mucha gente ahí orando, de manera que debía haber sido una casa grande. Y si había una casa grande, probablemente era gente de familia adinerada, porque las casas no eran así en el pasado. Y algunos especulan, aunque no sabemos, que en esta casa probablemente en el segundo piso fue donde se reunieron y estaban orando el día de Pentecostés. Y que quizás incluso era el mismo aposento alto donde se reunieron la noche antes de la crucifixión. No lo sabemos, pero algunos piensan eso. Y Pedro llega allí y toca la puerta.

No sabemos si siguieron orando y fue la criada que atendió la puerta. A veces ocurre eso en la oficina, que está en un tiempo devocional, de oración, y alguien toca y alguien que está atendiendo, porque alguien necesita atender. Quizás eso fue el caso, quizás siguieron orando y esta criada de nombre Rode fue a ver. Y obviamente la puerta no tenía rendija para ver quién era que estaba fuera, de manera que ella lo que oyó fue la voz. Y dice que al oír la voz de Pedro salió corriendo, al reconocer su voz corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta.

Es un poco como cómico, porque ahí está Pedro, abre la puerta y ya lo deja fuera y está ella corriendo. "¡Ahí está Pedro!" Y en vez de decir: "Ven, entra Pedro", pero el gozo era tanto que ya, quizás no se atrevía. ¿Qué hace? Pero imagino a Pedro afuera: "Y si me descubren aquí afuera". Y la primera reacción: "Esta está loca". Pero, ¿yo no estaba orando por la liberación de Pedro? Sí, pero yo no pensaba en la posibilidad de que sobrenaturalmente un ángel se apareciera en medio de la noche y le quitara las cadenas, abriera puertas, cruzara las guardias. Ellos probablemente estaban pensando que se ablandara el corazón de Herodes, que lo dejara ir, como a Pedro y a Juan los dejaron salir de la cárcel una vez de manera más natural. Eso es como somos.

Y para que tú notes la incredulidad del ser humano, cuando finalmente yo que comenzaron a creer un poquito: "Es Rode, no sé". Y al escuchar un poquito: "Es Rode, no, es su ángel". ¿Sabes qué significa esa expresión? Realmente, que ellos lo creían muerto y que era su espíritu. Les es más fácil creer: "No, lo mataron, ahí está su espíritu tocando", que: "Lo liberaron en medio de la noche sobrenaturalmente". Y eso, esta es la iglesia ferviente y que cree, ¿no? Como muchos de nosotros hoy. Y eso nos da una idea de que nosotros oramos, pero frecuentemente oramos con incredulidad en el corazón. Y de vez en cuando yo le digo: "Señor, yo creo, pero ayuda mi incredulidad". Pues somos honestos, eso es como es.

Y ahí está Pedro libre. Pedro continuaba llamando y cuando lo abrieron se asombraron. Parece que comenzaron a hablar y Pedro entonces les hace señal, dice el texto, con la mano para que guardaran silencio. Parece que el gozo es más viejo de lo que pensamos. Entonces les contó lo que el Señor había hecho y les dijo que le contaran a Jacobo. Este no es el Jacobo el hermano de Juan, que ya estaba muerto, decapitado con toda probabilidad; es Santiago, el medio hermano de Jesús. La palabra Jacobo, que en inglés es James, tiene dos traducciones al español: Jacobo o Santiago. No voy a entrar en la etimología de la palabra y cómo ocurre así, pero para que por lo menos lo sepan.

Entonces probablemente fue Santiago el medio hermano de Jesús. Él ocupó un lugar importante en el liderazgo de la iglesia de Jerusalén, y él dice: "Cuéntenle a Jacobo y a los demás hermanos". Y se fue a otro lugar. No sabemos cuál lugar. La Iglesia de Roma, la Iglesia Católica, muchos han afirmado que se fue a Roma desde ahí. Pero no hay ninguna evidencia de eso, y últimamente académicos de la misma Iglesia de Roma han desmentido eso mismo. Pero en fin, no importa, se fue. Obviamente tenía que salir de ahí porque se ve que lo iban a estar buscando el día siguiente, y se escondió. Quizás por eso su paradero tampoco es registrado; quizás ellos mismos no sabían a dónde él se había ido para que no pudieran forzarlos a delatarlo.

Al otro día, si se vuelve día, hubo un gran alboroto y Herodes estaba airado, estaba molesto, investigó, no encontró a Pedro, y qué hizo, lo que se hacía siempre: ejecutó a los soldados. Claro, porque si el soldado está atado con cadena al prisionero y el prisionero no está al otro día, ¿quién lo soltó? La conclusión humana obvia es que tú lo dejaste ir. Pero ese no fue el caso. Por lo menos cumplieron su lugar, la manera que ellos murieron, y Pedro había sido liberado. Herodes es airado, descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí por un tiempo.

Ahora escucha, cómo es para yo ir cerrando, escucha cómo este texto concluye. Versículo 24, esta porción: "Pero" —subraya ahí el "pero"— "la palabra del Señor crecía y se multiplicaba". En otras palabras, a Esteban lo apedrearon, pero; a Jacobo lo mataron, lo decapitaron, pero; la iglesia está siendo perseguida, pero; la opresión ha ido en aumento o la persecución, pero a la Palabra no la han podido detener; pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.

Esta es la segunda ola de crecimiento en el libro de los Hechos. La primera ya la vimos, donde decía algo similar, que los discípulos crecían en gran manera en número, alrededor del capítulo 6. Ahora estamos ya en el capítulo 12 y se nos dice que la palabra del Señor crecía y se multiplicaba. Seis olas de ese tipo a lo largo de los treinta años. ¡Wow! Ya Lucas no nos sigue contando discípulos, ya es demasiado. ¿Qué es lo que crece? La palabra del Señor. ¿Y qué es lo que se multiplica? La palabra del Señor. ¿Y qué quiere decir Lucas con eso? Bueno, que no solamente está creciendo el número de discípulos, está creciendo el número de regiones donde está llegando, como hemos visto, y está creciendo la influencia de la Palabra. Porque como hemos visto, ya hay sacerdotes judíos que han creído, ya hay un centurión con él que ha creído con toda su familia, de manera que ahora la Palabra ha ido penetrando en diferentes estratos sociales de la vida pública y de la vida religiosa. La palabra del Señor crecía y se multiplicaba. A expensas de la sangre de Juan el Bautista, la sangre del Señor Jesús, la sangre de Esteban, la sangre de Jacobo y algunos más.

Como decía uno de los padres de la iglesia, para ir cerrando, yo quiero que te quedes con estas ideas últimas, a manera de bullets, y que resumen parte de lo que te estaba diciendo. La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia. La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia.

Número dos: cuando los mártires mueren, la iglesia llora, y las lágrimas de la iglesia es el agua que irriga la semilla que ha sido sembrada. La iglesia llora. Todo tipo de situaciones yo me he imaginado en mi mente con relación a nuestra historia como iglesia, y los ojos se me han llenado de lágrimas en ocasiones, tratando de dislumbrar posibilidades. Pero las lágrimas de la iglesia es el agua que irriga la semilla que ha sido sembrada.

La oración del pueblo de Dios es el poder en medio de la debilidad. No puedes dejar de orar. La oración no garantiza los resultados, pero la oración es tu poder en medio de la debilidad. La oración es lo que te posiciona para hacer la voluntad de Dios. La oración alinea tu voluntad con la voluntad de Dios. La oración te permite entrar en los propósitos de Dios para hacerlo de manera gloriosa.

El gozo de los hijos del Señor es experimentado en medio del gemido de toda la creación. Tú no eres el único que gime. Yo no soy el único que gime. Romanos 8: toda la creación gime a una con dolores de parto. La creación entera. Los ángeles ven lo que estaba ocurriendo y gimen a una. En medio de eso, Dios ha producido gozo paradójico. Y ese gozo paradójico es experimentado en medio del gemido de toda la creación.

La fe en el presente alimenta la esperanza futura. La fe en el presente alimenta la esperanza futura.

Y finalmente, el carácter bondadoso, soberano, omnipotente, amoroso, misericordioso, glorioso de nuestro Dios es tu garantía. No eres tú ni tu oración ni tu pastor ni tu iglesia ni nada más. Es el carácter benevolente, amoroso del Dios que está por ti, aun en tus peores momentos y circunstancias de la vida. Es el Dios que está contigo cuando estás en el desierto. Es la gracia de Dios la que te sustenta en el desierto. Y si estás en el desierto como de manera real y miras para abajo, como dice la historia, y solamente ves dos huellas, no son tus pisadas, son las pisadas de Dios que te lleva cargado en medio del desierto. Es su gracia que te sostiene y Él es tu garantía.

Y Dios está con nosotros y está por nosotros porque Él se crucificó por ti. Tú eres la razón de su crucifixión. Y si Dios nos dio a su Hijo y no lo escatimó, ¿cómo no nos va a dar todas las cosas? Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros? Alégrate, regocíjate en nuestro Dios. Confía en quién Él es. Cántalo a todo pulmón. Dios es por ti, Dios es con su pueblo. Que Dios nos ayude a recordar continuamente su amor infinito, su amor incondicional por los suyos. Dios es con nosotros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.