El crecimiento trae consigo dolores inevitables. La iglesia primitiva, que había experimentado un avivamiento extraordinario con miles de nuevos creyentes, enfrentó su primera crisis interna: las viudas de los judíos helenistas estaban siendo desatendidas en la distribución diaria de alimentos mientras las viudas hebreas recibían el cuidado necesario. No era maldad ni negligencia intencional; simplemente, doce apóstoles no podían atender a miles de personas con la misma eficacia que a cincuenta. La queja era genuina y ponía en tensión la unidad que tanto había caracterizado a esta comunidad.
La respuesta de los apóstoles revela una sabiduría que toda iglesia necesita aprender: no descuidar la palabra de Dios para servir mesas. No porque servir mesas fuera secundario, sino porque la desatención espiritual genera más problemas de los que resuelve. La solución fue dividir las tareas: los apóstoles se dedicarían a la oración y la predicación, mientras siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, atenderían las necesidades prácticas. Resulta notable que los siete escogidos tenían nombres griegos, precisamente el grupo que se había quejado, y la congregación hebrea aceptó esto con humildad.
El resultado fue bendición multiplicada: la palabra de Dios crecía en influencia, el número de discípulos aumentaba, y hasta sacerdotes judíos abrazaban la fe. Cuando una iglesia honra las prioridades de Dios, atiende con justicia a los vulnerables y sus miembros caminan en humildad bajo el liderazgo del Espíritu, el crecimiento no es problema sino promesa.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Si tiene su Biblia, le pido que la abra en el libro de los Hechos, capítulo 6, o si la tiene electrónica, que la encienda. Nosotros continuamos en el día de hoy nuestra serie sobre el libro de los Hechos. Habíamos pausado intencionalmente para revisar algunas doctrinas bíblicas que fueron importantes hace cinco siglos atrás y que siguen siendo importantes hoy para la iglesia. Y el texto que yo voy a leer en unos momentos se encuentra, como ya acabo de decir, en el capítulo 6 del libro de los Hechos, y vamos a estar leyendo desde el versículo 1 al versículo 7. Pero antes yo quisiera revisar brevemente dónde hemos estado en los últimos cinco capítulos de ese libro de los Hechos, para algunos que quizás no tienen su memoria tan fresca de dónde hemos estado, y para otros que quizás han estado con nosotros.
En el capítulo 1 nosotros vimos cómo Jesús, antes de ascender a los cielos, dio instrucciones a sus discípulos de que no salieran de Jerusalén hasta que no recibieran la promesa, la promesa del Espíritu. Y justamente eso es lo que ellos hicieron, y que luego ellos serían entonces testigos de él en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra.
En el capítulo 2 nosotros vimos el primer sermón apostólico de Pedro, donde Pedro en esencia, inspirado por el Espíritu, ungido por el Espíritu, hace una presentación del evangelio extraordinaria. Y debió haber sido un sermón muy poderoso cuando tres mil nuevas personas se fueron unidas a la iglesia como fruto de su nuevo nacimiento. Y eso nos da a nosotros una idea de lo rápido que esta iglesia estaba creciendo, lo cual iba a crear necesidades nuevas todos los días y difíciles de llenar. Sin embargo, la satisfacción palabra de Dios nos dice que entre ellos no había nadie con necesidad, porque la gente estaba tan tocada por Dios que la gente estaba vendiendo sus cosas incluso para llenar necesidades de otros.
En el capítulo 3 nosotros vemos el primer milagro apostólico, donde Pedro va al templo junto con Juan y se encuentra con alguien que estaba cojo por muchos años y no podía caminar. Y él le pide una limosna, y Pedro le dice: "Yo no tengo oro ni plata, pero lo que tengo eso te doy. Levántate y anda". Y el hombre caminó, y eso generó gran asombro. La gente se maravillaba, y Pedro aprovechó entonces la ocasión para predicar su segundo sermón apostólico.
Y entonces, como fruto de todo esto, ya entrando al capítulo 4, las autoridades llaman a Pedro y a Juan, los tienen una noche en la cárcel, los liberan y les advierten que no podían seguir predicando en el nombre del Señor. Y ellos dicen: "Es que tenemos un problema, y es que no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído". Y entonces la iglesia continúa escuchando la predicación de la satisfacción Palabra. Y al final del capítulo 4, sorprendentemente, a pesar de que la iglesia seguía creciendo, se nos dice que ellos seguían unidos, que eran unánimes en la oración, que se dedicaban a la enseñanza los apóstoles, que compartían el pan, y que era una iglesia que realmente disfrutaba de gran gracia de parte de Dios. Y todo esto que estaba ocurriendo, incluyendo todavía las ventas de propiedades, era parte de esa gracia sobreabundante que ellos estaban recibiendo.
Cuando llegamos al capítulo 5 comenzamos a ver como los primeros visos de malas noticias, por así decirlo, porque otra vez los apóstoles son apresados y como que la persecución había comenzado. Pero hubo un hecho triste en el capítulo 5, y es que Ananías y Safira, la pareja de esposos, perdieron la vida como fruto de haber mentido. Habían vendido una propiedad por un precio, y luego uno fue el esposo y luego la esposa, y entonces Pedro le pregunta por separado que si verdaderamente ese fue el precio por el cual ellos habían vendido la propiedad. Ellos mintieron y ambos se cayeron muertos, en un momento en el que Dios no estaba listo para pasar por alto un pecado que parecería como menor con los hombres, pero en un momento coyuntural de la formación inicial de la iglesia no podía ser pasado por alto. Y eso como que llamó la atención de la iglesia, y el texto termina diciendo que un gran temor cayó sobre ellos, sobre toda la iglesia, y sobre todos aquellos que escucharon acerca de estas consecuencias.
Hasta ahí habíamos cubierto en líneas generales. Ese es mi resumen de todo lo transitado por unos diecisiete, dieciocho mensajes distintos. Y ahora yo quisiera leer junto con ustedes el versículo 1 hasta el versículo 7 del capítulo 6 del libro de los Hechos:
"Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la satisfacción Palabra de Dios para servir mesas. Por tanto, hermanos, escoged entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea. Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la satisfacción Palabra. Lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación, y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía, a los cuales presentaron ante los apóstoles, y después de orar pusieron sus manos sobre ellos. Y la satisfacción Palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe".
Yo decía esta mañana que de tiempo en tiempo yo he pausado para dedicar el sermón o el mensaje a un grupo particular de la iglesia. Y recordaba que la primera vez que se me ocurrió hacer algo como eso fue un domingo en que yo iba a predicar acerca de cómo llorar tus pérdidas, y providencialmente a un día o dos después mi madre iba a partir, como en efecto ocurrió. Y yo recuerdo haber dicho que iba a dedicar ese mensaje a mis familiares. La segunda vez que yo hice eso lo dediqué a un grupo de jóvenes que estaban pasando por cierta circunstancia, o nosotros con ellos por cierta circunstancia, y yo recuerdo que eso causó incluso cierta discusión entre algunos. Y una tercera vez yo dediqué el mensaje a los pastores y ancianos de la iglesia porque esa misma tarde nos íbamos de retiro.
Y en esta ocasión yo quiero dedicar el mensaje a los diáconos de la iglesia. Y yo creo que es bueno hacer eso de vez en cuando, porque de cierta manera como que despierta la atención extra para escuchar como siempre debiéramos escuchar la satisfacción Palabra de Dios.
Yo he titulado este mensaje "Dolores del crecimiento". Y todos nosotros, bueno, no sé si todos, pero la mayoría hemos oído esa frase: dolores del crecimiento. Y se refiere a dolores que niños en crecimiento experimentan en los muslos, las piernas, las rodillas. Y lo cierto es que nosotros no tenemos ninguna evidencia de que haya una relación entre su crecimiento y dichos dolores, o que haya algún tratamiento específico para ellos. Pero de todas maneras la población conoce esto como dolores del crecimiento. Y usamos la frase entonces cada vez que alguien, una compañía, una institución, una nación, puede ser una iglesia, comienza a crecer y hay necesidades nuevas que no han sido atendidas o no pueden ser atendidas, y entonces hablamos de dolores del crecimiento.
Eso es exactamente lo que está pasando con esta iglesia. La iglesia primitiva ha comenzado a crecer de manera vertiginosa, las necesidades han aumentado también proporcionalmente con su crecimiento, los creyentes también se han diversificado, ahora no todos pertenecen al mismo grupo, y entonces el número de personas que hasta ese momento estaban atendiendo las necesidades permaneció fijo: doce personas. Lo cual nos dice a nosotros que las cosas no iban a seguir como hasta ahora habían seguido, porque doce personas no podían atender a cincuenta igualmente que a diez mil personas o más que pudieran estar presentes en la iglesia para esta época.
De manera que ahora surge una nueva queja. La queja pone en tela de juicio la unidad de la iglesia, una unidad que había sido enfatizada en el capítulo 2 y en el capítulo 4. Y básicamente lo que estaba ocurriendo era lo que acabamos de decir: la iglesia estaba experimentando los dolores del crecimiento, que nosotros como iglesia en veinte años y pico de enero también hemos experimentado.
La iglesia ha crecido en número de discípulos, ha crecido en el número de ministerios que tenemos ministrando a personas, hemos crecido hacia adentro pero hemos crecido también hacia afuera, el número de necesidades se ha multiplicado, las complejidades de las necesidades e incluso de los casos de consejería ha ido en aumento. Tenemos grupos tan diversos como los niños que van a la escuela dominical, más de cuatrocientos niños todas las semanas asisten a la escuela dominical. Eso es más que una gran cantidad de colegios en cuanto a número de niños se refiere, y eso lo recibimos todos los domingos. Pero igualmente hay otro grupo de personas de una edad que ya está en el otro polo, la tercera edad, que tiene sus propias necesidades y sus propias demandas. De manera que en ese mismo sentido nosotros también hemos tenido la tensión entre qué hacer, cuándo hacer, con quién comenzar, con quién terminar, a quién atender primero. Eso es natural y es parte del crecimiento.
De manera que este texto es muy apropiado, es altamente práctico. Y para ver todo lo que está aquí, yo quisiera dividir los puntos de enseñanza en siete puntos. Rápidamente: en primer lugar, la problemática que surgió; en segundo lugar, la propuesta de los apóstoles para resolver este problema; en tercer lugar, la aceptación de la congregación; en cuarto, la calificación requerida para aquellos que iban a ser la solución; quinto, la identidad de los escogidos; seis, la dependencia del Espíritu de Dios; y número siete, la bendición de haber honrado a Dios. Esos son mis puntos de enseñanza. Vamos a tratar de cubrirlo dentro del tiempo estipulado para la predicación.
Veamos el primero: la problemática. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo? Escucha, versículo uno: "Por aquellos días, al multiplicarse el número de discípulos, surgió una queja." Lucas claramente establece la relación entre el surgimiento de la queja y el tamaño de la iglesia. Por aquellos días, al multiplicarse el número de discípulos, surgió una queja. La queja es el fruto del crecimiento. De parte de los judíos helenistas, en contra de los judíos nativos, porque sus viudas estaban desatendidas en la distribución diaria de los alimentos. Era una queja genuina, era real.
Y ahora nosotros comenzamos a ver cómo la iglesia se ha comenzado a diversificar, porque ahora con el crecimiento aparecen dos grupos. Aparece un grupo que eran judíos pero helenistas, y otros judíos que eran hebreos, pudiéramos llamarles, o judíos nativos, dependiendo de la traducción que usted tenga.
No está claro lo que estos dos términos significan, pero la mayoría piensa —o un buen grupo piensa— que básicamente cuando habla de judíos helenistas se refiere a judíos que hablaban el griego como lengua primaria. Luego, otros piensan que los judíos hebreos o nativos eran aquellos que hablaban el hebreo. Pero otros van un poco más allá y dicen: "Bueno, probablemente no es todo el cuadro". Yo pienso que los judíos helenistas eran aquellos —dicen algunos— que habían crecido o habían nacido fuera de Jerusalén, fuera de Palestina, y que habían crecido en ciudades griegas. Por tanto, ahora al migrar, hablaban básicamente griego, habían perdido el hebreo, habían perdido el arameo, y ellos constituían los judíos helenistas. Los judíos nativos eran aquellos que habían nacido en Jerusalén o áreas aledañas y que hablaban hebreo o quizás arameo.
Entonces ahora hay una tensión porque hay un grupo que parece ser que está siendo atendido mejor que otro. Yo decía que eso siempre pasa aún en las familias. Cuando una familia tiene tres hijos y estos hijos han ido creciendo, y quizás de los tres el más joven ya tiene ocho o nueve años, y de repente la esposa se embaraza otra vez, como que aparece un niño que ya no estaban esperando. Toda la atención es volcada hacia el niño, y ahora el de nueve años, el de once, el de diez comienza a sentir como que hay cosas que a mí no me están atendiendo ahora como antes. Básicamente se debe a que hay un miembro más vulnerable que ha entrado a la ecuación y hacia donde se ha volcado la atención.
Yo creo que eso es como ocurre, pienso yo, en todas las iglesias. Ciertamente en nuestra iglesia yo lo he dicho: como médico muchas veces lo he pensado de esta manera. Hay miembros que están en cuidados intensivos y hay mucha atención por algo que ha ocurrido. Luego esa persona mejora y le damos de alta y pasa a una sala regular, y entonces todavía tenemos un cierto seguimiento cercano pero ya no tan intenso. Y luego son dados de alta, y ahora es: "Bueno, vuelve la próxima vez que tengas un problema". Y de vez en cuando el miembro dice, a veces jocosamente y otras veces no sé: "Pero parece que ustedes me botaron". "No, no te he botado, es que ahora estoy atendiendo a otro que está en cuidado intensivo". Eso es natural, y yo creo que lo debemos entender y debemos verlo de esa manera, porque ciertamente la iglesia es un organismo más que una organización. Es un organismo móvil que sufre mucha distensión en una dirección u otra dependiendo de los casos.
Ahora, dentro de ese grupo de personas hay unos más vulnerables que otros, y Dios tuvo en mente todo el tiempo, desde la antigüedad, desde la época de Moisés, llamar la atención y enfatizar hacia ciertos grupos. Entre esos, Dios llamó la atención hacia los huérfanos, hacia las viudas y hacia los extranjeros. Antes del pueblo entrar a la tierra prometida, antes de ellos comenzar a organizarse como nación ahí en la tierra prometida, Dios completó el Pentateuco, los cinco libros de Moisés. Y en el último, en Deuteronomio capítulo 10, versículo 18, Dios les dice lo siguiente: "Él, Dios, hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra su amor al extranjero dándole pan y vestido".
La razón por la que Dios hace distinción en esos grupos es porque son grupos vulnerables. El huérfano no tiene padre y madre que lo defienda. El extranjero no tiene familia, ha llegado a otra cultura, no conoce cómo esa cultura piensa, cómo se mueve, no conoce su cosmovisión, quizás llegó solo, no tiene a nadie. Él también está en una situación vulnerable. Y las viudas tienen una vulnerabilidad también, sobre todo cuando hace poco han perdido a su esposo, porque han perdido a su cabeza espiritual, su cabeza emocional y su soporte físico.
De manera que, aunque Dios siempre ha entendido que los familiares más cercanos a estas necesidades son los primeros que deben tratar de abordarlas —y por eso en el Nuevo Testamento leemos que si alguien no provee para los suyos es peor que un incrédulo—, al mismo tiempo Dios entiende que la iglesia tiene un rol importante que jugar cuando esos elementos no están presentes. Y esa es ahora la situación que nosotros estamos viendo en el libro de los Hechos.
Santiago, en el Nuevo Testamento, cuando escribió su carta —es una carta altamente práctica—, Santiago está preocupado con que la gente dice que cree pero no muestra frutos. Y dice: "Muéstrame tu fe sin frutos; yo voy a mostrar mi fe por los frutos". En ese contexto, Santiago dice lo siguiente en 1:27: "La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo". Obviamente había otras necesidades, pero parece ser que en este momento, en esta comunidad, había un descuido hacia el huérfano, hacia la viuda, y al mismo tiempo la vida de santidad como que no se estaba cuidando. Y Santiago dice: "No simplemente basta con decir que creíste, que abrazaste a Cristo, con invitarlo a tu corazón, que pasaste adelante. No, no, no. Tú tienes que mostrar en la manera como caminas, la manera como vives, tu fe". Y él hace algunas ilustraciones de dónde pudiera eso verse.
Entonces ahora la iglesia está creciendo. Hay judíos helenistas, hay judíos hebreos, hay viudas en ambos grupos, y la iglesia era una iglesia temprana, apenas había comenzado a organizarse. Nosotros sabemos, nosotros intuimos, que la iglesia había hecho una membresía por una serie de pasajes y anotaciones como esta que te voy a leer, que tiene que ver con las viudas. Pablo le escribió a Timoteo y le dice a Timoteo a cuáles viudas se van a incluir en la lista. Déjame leerte el texto para luego comentarlo. Esto es lo que Pablo dice en su primera carta, en 5:9: "Que la viuda sea puesta en la lista solo si no es menor de sesenta años, habiendo sido la esposa de un solo marido".
Alguien pudiera decir: "¡Oh, esa discriminación de parte de Pablo!". No, no es discriminación. Es que la iglesia había crecido enormemente y no había manera de llenar la necesidad de todos. Se estima que probablemente la iglesia pudiera tener hasta veinte mil personas en este momento. ¿Cómo tú manejas veinte mil personas sin los recursos que hoy en día tenemos? Es como algo inmanejable. Por tanto, si no tenemos todos los recursos para proveerle a todo el mundo, vamos a tener que priorizar. ¿Y a quiénes vamos a priorizar? Bueno, las viudas de más de sesenta años, porque ellas son las que tienen menos probabilidad de encontrar trabajo en aquella sociedad. Una de las razones por la que las viudas eran vulnerables era precisamente porque las mujeres no tenían mucho chance de trabajar, pero mucho menos las de sesenta años. También, las de menos de sesenta años tenían más chance de volverse a casar, lo cual era común, incluso con algún familiar del esposo. Y aquellas que habían tenido más de un esposo tenían más chance de haber recibido una herencia quizás del primero, segundo o tercer esposo. También porque los contratos de matrimonio en esa época estipulaban una cantidad de dinero a hacerse durante la vida del matrimonio por si la esposa quedaba viuda a lo largo de su vida.
De manera que esas son como algunas estipulaciones de parte de Pablo que nos dicen: la iglesia se está organizando, hay una lista, vamos a priorizar las cosas dentro de esa lista. Y eso nos pasa a nosotros como iglesia, y creo que le pasa a toda iglesia en diferentes momentos.
Entonces ahora la iglesia necesita resolver ese problema. Pero antes de hablar de cómo lo resolvieron, déjame de manera práctica enfatizar algo que se ve menos pero que es vital. Y es que el extranjero, el huérfano y la viuda no solamente tienen necesidades físicas; ellas tienen, o ellos tienen, necesidades emocionales y espirituales que tenemos que atender. La viuda ha perdido su cabeza espiritual, y hay una soledad que el huérfano puede experimentar, igual que el extranjero pudiera experimentar en cierto grado. No solamente eso, pero ese proveedor de familia también proveía, en el mejor de los casos, cuidado emocional y cuidado espiritual. Y eso tampoco está, lo cual implica que aquellos de nosotros que estamos más cercanos a esas situaciones debemos estar más apercibidos de que no solamente necesito ayudar a proveer lo físico, sino que también necesito ayudar a proveer el apoyo emocional y espiritual que ahora no está, pero que nosotros como cuerpo de Cristo tenemos una responsabilidad de llenar.
Y creo que eso es importante porque a veces lo más fácil y lo más práctico en un sentido de proveer es lo físico. Pero hay otra dimensión frecuentemente olvidada, ignorada, y que es difícil que un huérfano, una viuda, un extranjero venga y te diga: "Sabes qué, me siento solo, ¿puedes hacerme compañía?", "Sabes qué, todavía esto me duele, me duele haber dejado mi país". Esta mañana alguien se me acercó y me dijo: "Yo estoy aquí, yo soy de Venezuela, esta es la primera o segunda vez que vengo a la iglesia. Yo estoy haciendo trabajo doméstico ahora porque es como me puedo mantener, y me llegó mucho el mensaje porque como extranjera yo siento esto y aquello". Y tuve la oportunidad de orar con ella. Esas cosas difícilmente esas personas vulnerables vengan y te lo digan. Entonces es mi estímulo pastoral que lo tengas pendiente y puedas hacer las preguntas que quizás te lleven al terreno de ministración necesaria.
Pero de algo estamos seguros: Dios nos ha llamado al ministerio de misericordia. Nosotros no podemos olvidar eso. En nuestra iglesia, lo menciono simplemente para información, para que ores y para que nos ayude a mantener ese espíritu y aumentarlo también: hay unas setenta familias que reciben comida todos los meses, y hay unas ciento veinticinco o más personas que reciben medicamentos todos los meses. De manera que eso es parte del ministerio de misericordia de la iglesia, poco hablado, poco mencionado, pero que es vital. Y que Dios nos ayude a hacer todavía más en el futuro en la medida en que crecemos.
Entonces, esa es la problemática: viudas no atendidas, necesidades presentes.
Reales que necesitaban ser atendidas. Entonces ahora la propuesta, versículo dos: "Entonces los doce convocaron a la congregación de los discípulos y dijeron: No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir mesas." Versículo cuatro: "Y nosotros nos entregaremos a la oración y al ministerio de la palabra."
Noten cómo los apóstoles y cómo Lucas relata esto: "No es conveniente." Nosotros lo podemos hacer, pero no es conveniente que nosotros descuidemos la prioridad número uno del cuidado pastoral. En este caso eran los apóstoles. No es conveniente descuidar eso para atender mesas, no porque la atención de las mesas fuera secundario, es que todo comienza por lo que es la alimentación espiritual. El Señor Jesús fue bautizado en el Jordán, Él sale del río, comienza su ministerio. Asumimos que Él predicó y enseñó la palabra todos los días hasta que murió, pero les dio de comer solamente dos días.
Y en un momento dado Dios instruye a Moisés, y Moisés escribe en Deuteronomio capítulo ocho, y le dice al pueblo de parte de Dios: "Yo te saqué al desierto por cuarenta años y te dejé pasar hambre para que aprendieras que no solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios." El mayor daño que un pastor le puede hacer a su iglesia es mantenerlos en malnutrición espiritual. La tendencia nuestra es a llenar las cosas físicas primero. Nuestra mayor tendencia es hacer aquello que es pragmático, pero esa no es la manera como Dios nos enseña. Él nos enseñó la prioridad de la palabra.
De hecho, Martyn Lloyd-Jones decía, que creo que se lo mencioné en un momento dado, que toda desviación o todos los males de la iglesia se deben a una desviación de la palabra. Ciertamente esto que está ocurriendo es el fruto de haber ignorado algo que está en la palabra, y es que las viudas, los huérfanos, los extranjeros, en este caso las viudas, no podían ser desatendidas. Cuando nosotros nos desviamos de la palabra, eso es cuando las cosas ocurren. Y por eso una vez más los apóstoles están ayudando a la congregación a entender lo que el llamado prioritario de un pastor debe ser.
Y ellos entonces decidieron: "Nosotros nos vamos a continuar en la administración de la palabra y la oración." Quizás debió ser en orden: la oración, la administración de la palabra. Nosotros necesitamos orar para entender la palabra, nosotros necesitamos orar para aplicar la palabra, y por eso entonces esas dos cosas están unidas.
Cuando yo escucho a veces de parte de un pastor que va a predicar: "Yo no he tenido tiempo" o "No tengo tiempo." Pastor, literalmente en consejería lo he oído un número de veces: "No, es que yo no tengo tiempo para preparar los mensajes del domingo porque mire, con esto, con esto..." Yo siempre concluyo diciendo: este pastor no ha entendido cuál es su prioridad. Él no puede atender esas cosas y desatender la palabra, porque la desatención de la palabra va a generar mucho más de esas cosas que le está atendiendo. Y aquí los apóstoles están ayudando a la congregación a entender lo que es su prioridad. Entonces ellos proponen eso.
Y ahora la segunda parte de la propuesta, versículo 3: "Por tanto, hermanos, escoged entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea." Esa es la segunda parte de la propuesta. Hay que buscar siete hombres. ¿Por qué siete? Bueno, no nos dice, pero el siete es un número bíblico desde la creación del universo, por un lado. Por otro lado, algunos piensan que es el número de la perfección. Quizás estaban siguiendo costumbre nada más. Israel tenía siete jueces que se dedicaban a ver los casos civiles y judiciales, y setenta ancianos que veían la parte espiritual. Quizás estaban siguiendo un patrón similar, no sabemos.
Pero estos hombres se iban a dedicar a atender las mesas. La palabra que aparece ahí traducida como atender las mesas es diakonía, diaconizar. Yo quería mencionar esto: no son los primeros diáconos, pero muchos entienden, y nosotros también, que esto evolucionó. No que estos son los diáconos, sino que esto evolucionó en el tiempo y entonces terminó siendo eventualmente el oficio final de los diáconos. Pero ciertamente esta es la primera vez en que ha surgido una necesidad que fuerza la división de las tareas. Un grupo de tareas, la palabra y la oración, iba a ser asumida por los apóstoles, y otro grupo iba a ser asumida en este caso por estos siete hombres. También entonces esa fue la propuesta: esto es lo que vamos a hacer.
Yo quiero que veamos ahora, en tercer lugar, los requisitos para los hombres que representaban la solución: "Por tanto, hermanos, escoged entre vosotros siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea."
Primero, buena reputación. Esa es la opinión que otros tienen de nosotros como fruto de caminar con Dios. Nosotros estamos siendo observados todo el tiempo, todo el tiempo, y los otros se forman una opinión de nosotros conforme a lo que observan. Y esa reputación es buena cuando los otros han observado algo bueno de parte de nosotros. Esa buena reputación en este caso era importante no solamente por el nombre que ellos iban a representar, el nombre de Jesús, pero también porque hay una disputa, hay una queja, hay algo que tiene que ser solucionado, y la gente tiene que tener credibilidad en aquellos que están siendo propuestos para resolver el problema.
Yo quiero hacer un paréntesis aquí y decirle a la oveja, todos nosotros comenzando conmigo, soy oveja también, pero también subrayar para nosotros los líderes, el hecho de que a Dios siempre le ha importado extraordinariamente la opinión que los demás tienen de sus hijos. Pablo le dice a los judíos en Romanos 2:24: "El nombre de Dios está siendo blasfemado entre los gentiles a causa de vosotros." El nombre de Dios está siendo pisoteado por vuestra conducta ante los incrédulos.
La razón por la que Moisés no entra a la tierra prometida tiene que ver con esto. ¿Por qué? Porque delante de mi pueblo, Moisés, de ese pueblo que te observó hacer y te oyó decir lo que dijiste, delante de mi pueblo no me trataste como santo, por tanto no puedes entrar a la tierra prometida. Y de esa forma entonces yo quiero decirte, hermano, que a Dios le interesa tu caminar, seas líder o no, pero en especial si eres líder, de tal forma que el nombre de Dios no sea blasfemado entre los gentiles.
Y este es un buen fin de semana para decir que aquellos, no sé cuántos o quiénes o si ocurrió, pero si tú participaste en el Festival Presidente, siéntete reprendido. El cristiano no tiene nada que ver en un evento de ese tipo, nada que buscar. El nombre de Dios no puede ser blasfemado cuando el pecado está siendo celebrado.
Segunda característica: llenura del Espíritu. Tercera característica: lleno de sabiduría. Una cosa produce la otra. La llenura del Espíritu producirá el fruto del Espíritu, y el fruto del Espíritu es el que es mencionado en Gálatas 5:22-23: amor, paciencia, gozo, paz, mansedumbre, benignidad, fe, dominio propio. Tú necesitas eso para lidiar en medio de conflictos. Necesitas sabiduría también.
La sabiduría no implica conocer doctrina. Tú tienes que conocerla obviamente para saber discernir, pero hay gente con PhD, con maestría, y no tiene sabiduría. La sabiduría no implica inteligencia. Hay gente brillante que no son sabios. La sabiduría es la habilidad de conocer lo que Dios ha revelado y las implicaciones que tiene lo revelado. La sabiduría es típica de una mente no que está llena de la palabra, sino que está moldeada por la palabra. Es una mente que piensa bíblicamente, piensa de manera natural a través de los valores bíblicos. No es simplemente que piensa doctrina. No, yo puedo llenar un examen de doctrina y quedarme en la praxis, en la práctica. Es una mente moldeada conforme a la mente de Dios.
Y ellos necesitaban ser llenos del Espíritu. La palabra de Dios se refiere a sí misma, la Biblia se refiere a sí misma, como la palabra de Dios y la palabra de verdad. Un hombre de sabiduría camina en la verdad. Conoce la verdad, pero camina en la verdad. La verdad de la palabra de Dios forma nuestra mente a la imagen de Dios, y la mentira la deforma. La verdad me evita consecuencias, la mentira me trae las consecuencias. La verdad endereza mis caminos, la mentira tuerce mis caminos. La verdad resuelve los conflictos y la mentira crea los conflictos.
De manera que ahora que hay un conflicto en la congregación tiene que haber verdad. ¿Y cómo puede lucir esa verdad? "Miren, hermanos o hermanas, a las viudas helenistas, entendemos, perdónanos, nos pasó, no fue intencional." Nota que Lucas no dice: "Al crecer los discípulos había algunos hombres malos que no les importaban las viudas." No, lo que dice es que al crecer surgió una queja de parte de gente que verdaderamente estaba desatendida. ¿Por qué estaba desatendida? Porque no nos habíamos percatado. Y de esa misma manera, en una iglesia grande hay cosas de las cuales no nos percatamos, y alguien tiene que venir y recordarnos. Y cuando nos recuerda y vamos, tenemos que simplemente decir: "Sí, no nos percatamos, queremos repararlo." Eso es lo que los apóstoles están haciendo. Queremos arreglar esto que verdaderamente entendemos no estaba bien. Y eso es lo que ellos estaban haciendo ahí. Surge la verdad, una mente bíblica, una mente sumisa a la revelación de Dios.
En cuarto lugar, yo quiero que veamos la aceptación de la propuesta, versículo cinco, primera parte: lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación. Cuando yo rumiaba este pasaje yo decía: esto no está ahí sin propósito. Yo creo que esto está aquí porque Dios quiere que entendamos varias cosas. Por un lado, y yo aplaudo a esta congregación, la congregación entendió junto con los apóstoles las prioridades y la necesidad de dividir la atención de las necesidades. Ellos aprobaron unánimemente: "Claro, la prioridad de ustedes es la palabra, es la oración. Gracias por ponernos a otros hermanos aquí que puedan atender estas cosas. No queremos que se descuiden, no queremos que nos dejen de alimentar, no queremos que el pan espiritual de Dios sufra. Muy bien, les aprobamos, le damos el aplauso, le damos el espaldarazo." Y estos hombres...
Que nos sirvan en las mesas. El servicio de las mesas era diario, claro, no había refrigeración, no había alimentos empacados, no había alimentos secos. Esto tenía que ser distribución diaria de los alimentos, dice el texto. Una tarea vital, importante, pero no a expensas del pan espiritual.
Y es bueno ver cuando una congregación reconoce las prioridades y las organiza. Y nota cómo la congregación no dice: "La mesa mía siempre ha servido Pedro, ¿y a mí quién me va a servir? ¿Pedro? Eso me vengan con el canon, no, no, no, yo sé..." Entendieron. "No, a mí el que me puede dar consejería es el pastor, no es de una del pastor. No tiene... Yo no tomo consejería, no, no, no, no..." Es que las necesidades se han multiplicado con creces, y entonces ahora en este sistema hay que diversificar la atención. De hecho, ese es el llamado de la iglesia en Efesios capítulo cuatro, versículos 11 al 13. ¿Qué cosa? Nosotros necesitamos equipar al creyente para la tarea del ministerio. Los santos deben hacer el ministerio, y eso es lo que hemos estado tratando de hacer en la medida que los años han ido pasando. Esta congregación entendió eso.
Pero también mostró humildad. Mostró humildad porque escuchó el consejo de sus líderes, lo aceptó, lo aprobó, lo aplaudió, les dio el espaldarazo y dijo: "Bien hecho". También ahí ellos muestran sumisión, muestran humildad, muestran comprensión, muestran madurez.
En quinto lugar, yo quiero que veamos la identidad de los escogidos. Y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo. Nota cómo está la gente, o cómo Lucas, que está redactando, quiere que prestemos atención a Esteban, porque de los otros no dicen nada, simplemente menciona los nombres. Ya se dijo que tenían que ser hombres llenos del Espíritu, de buena reputación, pero él comienza con Esteban y dice: "Un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo".
Tú ves eso en Esteban cuando lo están apedreando en el libro de los Hechos capítulo 7, y cómo Esteban al morir le dice: "Padre, que no tomes en cuenta este pecado". O sea, que no tome en cuenta las piedras que le están dando en la cabeza. Ahora le están quitando la vida. "No, Padre, no le tomes en cuenta ninguna de esas piedras". Eso es un hombre de fe. Eso es un hombre no solamente de fe, eso es un hombre que sabe que si estas piedras le están cayendo es porque Dios Padre le está permitiendo. Esto es un hombre que vio la cruz, meditó la cruz, rumió la cruz, aceptó la cruz. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Déjame decir yo lo mismo que mi Señor dijo en la cruz: "No le tomes en cuenta este pecado". Y ahora es identificado aquí como lleno de fe y del Espíritu.
Hermano, si Cristo no tomó en cuenta los clavos ni Esteban las piedras, ¿cómo tú y yo tomamos en cuenta las palabras que a veces nos llueven de otros? ¿Cómo reaccionaríamos ante las piedras? Entonces pensamos en Esteban. Esto es un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo.
Felipe, quien se destacó como evangelista posteriormente en Samaria y fue quien llevó al eunuco a la fe en el capítulo 8 del libro de los Hechos. A Prócoro, a Nicanor. Ahí hay un par de buenos nombres, y si tienen hijos y no saben qué nombre ponerles: Prócoro, Nicanor. Timón y Parmenas, y Nicolás, un prosélito de Antioquía. Nota que Cornelio no es el primer gentil creyente; Nicolás era un prosélito de Antioquía, una ciudad griega.
¿Saben qué más llama la atención? Estos siete nombres son nombres griegos. ¿Cuál es el problema? Que las viudas helenistas se están quejando, y le vamos a poner líderes griegos. Nota cómo las viudas hebreas no se alteran porque entonces no las van a cuidar a ellas. Esta iglesia confiaba en la soberanía de Dios, confiaba en la elección de sus líderes, confiaba en la dirección de sus líderes. Y así es como quedaron siete hombres con nombres griegos.
Estos hombres tenían buena reputación. La gente podía seguirlos. Y este es un buen momento para recordarnos, aquellos de nosotros que estamos haciendo algún grado de liderazgo: cada vez que tú te ofreces para servir, ya sea a niños, te estás ofreciendo para que imiten tu ejemplo. Deja que eso se asiente en tu mente y en tu corazón. Cada vez que te ofreces: "Pastor, yo quiero hacer algo", o "Pastores", o "Anciano", o "Diácono fulano, yo quisiera hacer algo", recuerda: esto es un ofrecimiento para que otros me vean, me observen, quieran copiarme, quieran andar tras mis pisadas. Y eso incluye la enseñanza de los niños, lo cual me dice que mi servicio en nombre de Cristo es una tarea solemne.
En número seis, yo quiero que veamos la dependencia del Espíritu de Dios. Versículo 6: "A los cuales presentaron ante los apóstoles, y después de orar, pusieron sus manos sobre ellos". E hicieron la escogencia, y bueno, pero tampoco podemos ponerlos a servir si los apóstoles no están de acuerdo. Se los presentaron, ellos lo aprobaron, y ahora ellos les imponen las manos. "Yo quiero orar", y les impusieron las manos.
Yo quiero llamar la atención sobre eso, porque muchas veces nosotros hemos hecho eso, pero como que no le damos necesariamente la connotación que esto tiene. Porque no es simplemente imposición de las manos para que ya los iniciemos, no es eso. La imposición de las manos no confiere nada extraordinario, ningún don especial, pero sí es simbólico de que nosotros estamos pidiendo sobre ellos la unción del Espíritu, que nosotros estamos creyendo que el trabajo que van a hacer lo van a hacer en dependencia del Espíritu. Vamos a orar justamente para que el Espíritu de Dios los capacite y los ayude a hacer el trabajo que ellos necesitan hacer. Y esto es simbólico de todo eso. Por eso yo decía que quería que viéramos la dependencia del Espíritu. Esto no es mecánico, esto no es rutinario, esto es real. Esta gente creía en la administración del Espíritu de Dios.
De hecho, cuando apartan a Pablo y a Bernabé, tú estudias en el libro de los Hechos que dice que el Espíritu dijo: "Aparta a Pablo y a Bernabé para tal misión". Esta es la era del Espíritu para la gloria de Cristo. Literalmente, la evangelización está a cargo del Espíritu. Nosotros necesitamos depender de Él, de su poder, pero es para la gloria de Cristo, porque Cristo mismo dijo: "Cuando Él venga, Él los guiará a toda verdad. Cuando Él venga, Él tomará de lo mío y me glorificará a mí".
Y finalmente, yo quiero que veamos la bendición que resultó de honrar a Dios apropiadamente. Versículo 7 y final: "Y la satisfacción de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe". Nota cómo Lucas separa el número de discípulos de "la satisfacción de Dios crecía". Cuando tú lees la primera parte, "la satisfacción de Dios crecía", la mayoría asume que se está refiriendo al crecimiento de la iglesia. No, el crecimiento de la iglesia está en la segunda frase: "Y la satisfacción de Dios crecía, y además crecía el número de discípulos".
Entonces, ¿de qué manera es que la satisfacción de Dios está creciendo? Lo que está creciendo es la influencia de la satisfacción sobre aquellos a quienes es predicada. ¿Y cómo nosotros sabemos eso? Lo sabemos por el mismo versículo que vamos a leer. Escucha: "Y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe". Sacerdotes judíos que habían sido ordenados para administrar en el judaísmo. Después de cientos de años de esta religión, de repente escuchan el Evangelio, abandonan la fe judaica que habían seguido y abrazan lo que sería la segunda parte de la fe judaica, que sería el cristianismo, que le daba continuación a lo que ellos habían creído.
Es como que muchos sacerdotes católicos hoy en día desabrazaran lo que han creído por muchos años, como ocurrió con Martín Lutero, Calvino y muchos otros. Quizás no tanto Calvino, pero sí Lutero, y Wycliffe, y John Huss, y abrazaran la fe. La influencia que está teniendo... En la medida en que tú avanzas en el libro de los Hechos, tú vas a encontrar agentes de dinero que han creído, tú vas a encontrar agentes en posiciones gubernamentales que han creído. De manera que la influencia de la satisfacción en todos los sectores sociales —carceleros que llegaron a creer— estaba creciendo. Y con eso, el número de discípulos también. Eso es una tremenda bendición sobre la iglesia primitiva.
Pero esa gran bendición resulta de honrar a Dios. Y esta iglesia honró a Dios porque fue una iglesia que honró la satisfacción de Dios. Capítulo 2: se dedicaba a la enseñanza de los apóstoles. Fue una iglesia que se dedicó a la predicación fiel. "No la vamos a descuidar, nos vamos a dedicar solamente a eso y al ministerio de la oración". Una iglesia que honraba la santidad de Dios, y Dios mismo practicó la disciplina entre ellos quitándoles la vida a Ananías y Safira. Una iglesia que aprendió a valorar la verdad y a vivir en la verdad.
Sus líderes no negociaron la prioridad de la satisfacción, no negociaron el contenido de la satisfacción. En la medida que la iglesia creció, no negociaron el estándar para servir a Dios. Ese es uno de los errores que a veces ocurre en las iglesias: "Que bueno, aquí vamos a poner... No, fulano no está listo, pero aquí vamos a poner porque ya necesitamos gente". No, si no está listo, no importa cuál sea la necesidad. No está listo, no lo prepares para un choque temprano, un accidente temprano. Si no está listo, no está listo. Quizás Dios no quiere que esa necesidad sea llenada todavía. Y esta iglesia no rebajó el estándar a pesar de que ya la necesidad estaba entre ellos. Hay que buscar a los que llenen esos requisitos.
Sus líderes y las ovejas fueron humildes. Aceptaron consejo, aceptaron dirección, se sometieron a la dirección de sus líderes. Atendieron la necesidad de sus miembros, vendían propiedades, llenaban la necesidad de cada cual. Ellos se tomaron en serio el ministerio de la misericordia. No solamente ahora que resolvieron el problema de las viudas, es que en el capítulo dos ya estaban vendiendo propiedades, en el cuatro también, para atender necesidades de miembros de la congregación. El ministerio de misericordia pasó a ser algo vital para esta iglesia.
Una iglesia con líderes llenos del Espíritu, con predicación fiel, con sometimiento a la satisfacción de Dios de parte de las ovejas. Unas ovejas humildes que se dejaron guiar, unas ovejas que querían que hubiera justicia, que hubiera equidad. Y eso resultó en la bendición.
Y el crecimiento de la satisfacción, hermano, es el crecimiento de la iglesia, es el deseo de Dios. Cuando una iglesia no crece, el problema no es de Dios, está en nosotros. Cuando un niño tiene buenos padres y esos padres alimentan a su hijo y lo cuidan, lo ponen a dormir a su tiempo y no está creciendo, cuando lo llevan al médico, el médico no comienza a averiguar y hacerle análisis a los padres, comienza a hacerle análisis al niño porque quizás tiene una deficiencia de hormona de crecimiento.
De esa misma manera, Dios es el dueño de la Gran Comisión. Él quiere que su iglesia se siga expandiendo. Cuando eso no ocurre, tenemos que revisarnos adentro, y esa revisión comienza conmigo, no con el otro. Cada vez que tú quieres revisar un problema y quieres que el otro comience a revisarse, has comenzado mal. ¿Y aunque requiera revisarme yo? Dios sabe y es mi testigo, de hecho hace pocos días yo hacía eso: que si hay algo en mi pareja como matrimonio que no está bien, yo tengo que comenzar conmigo a ver qué fue lo que yo hice o no hice, dejé de hacer o debía haber hecho, o hice de más.
Y esa iglesia Dios va a estar bendiciendo porque ella se ha puesto a tono con Dios. Yo creo que este es un mensaje altamente práctico para decirle: Señor, comienza conmigo, pero yo quiero ser parte de la bendición en mi iglesia, caminando en humildad, practicando la justicia y dando prioridad al ministerio de misericordia entre nosotros.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.