Integridad y Sabiduria
Sermones

El engaño del dinero (parte 1)

Héctor Salcedo 14 octubre, 2018

La avaricia se mueve en el corazón con una sutileza peligrosa. Jesús advierte en Lucas 12:15: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes." Los términos que usa son reveladores: "estad atentos" significa observar con agudeza, y "guardaos" es un término militar que implica mantener la guardia arriba. Esta selección de palabras indica que el deseo de más y más cosas materiales nos seduce sin que nos demos cuenta, ganando terreno en nuestro corazón antes de que podamos percibirlo.

El contexto del pasaje lo ilustra con claridad. Mientras Jesús enseñaba a miles de personas sobre temas eternos, un hombre lo interrumpió para pedirle que interviniera en una disputa sobre herencia. Su interés por lo material lo distrajo completamente del hecho de que tenía a Dios mismo enfrente, enseñando verdades que trascienden lo terrenal. Así nos ocurre a nosotros: lo material nos desenfoca de Dios y su propósito.

Nuestra generación asocia el éxito con el dinero y opera dándole a lo material una importancia desproporcionada. Esto se refleja en cómo tratamos a las personas según su nivel económico, en la vergüenza que sentimos por ciertas marcas, o en comprar porque queremos y no porque necesitamos. El dinero compra comodidad, pero no plenitud; ofrece alegrías pasajeras que confundimos con gozo verdadero. Como dice Proverbios 30, tanto la riqueza como la pobreza pueden alejarnos de Dios. La buena vida, la vida plena y satisfactoria, no está en la abundancia de bienes: está en Cristo, quien vino para darnos vida en abundancia.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos llamados para vivir en su satisfacción!

Le voy a pedir que vayan ubicando el capítulo 12 del Evangelio de Lucas. Vamos a leer en unos minutos unos versos ahí que van a ser la base de nuestro mensaje en el día de hoy. Lucas 12, en un momento le digo el verso a partir del cual vamos a leer. Hay una hermosa y significativa historia relatada en ese pasaje.

Pero antes de eso, y a manera de introducción, simplemente decirle algunas cosas. Como muchos de nosotros sabemos, el dinero y las posesiones, que es un tema del que yo he hablado mucho, ha jugado un rol fundamental en el desarrollo y desenvolvimiento de las civilizaciones a través de la historia. Mucho de lo que se hace en el mundo hoy en día, de hecho, se hace por dinero, aunque no todo el mundo lo reconoce así, pero mucho de lo que se hace es por dinero. Y esa motivación de conseguir riqueza y obtener posesiones ha sido lo que ha movido el mundo, ha sido el motor del mundo a través de la historia. Es como un combustible a la creatividad, a la innovación, a la iniciativa, ese deseo de recibir beneficios en ese sentido, como motor de la innovación y la creatividad y el servicio. Es bueno en un sentido.

No obstante, como ocurre con todo, la presencia de pecado en el corazón humano ha hecho que ese deseo legítimo de beneficio se desborde y produzca todo tipo de problemas. Hasta hay un pasaje en la Biblia que dice que el amor al dinero es la raíz de todos los males, 1 Timoteo 6. Y tal y como ocurre con cualquier otro tema de nuestra vida, la Palabra de Dios en este tema también es una luz para nuestro camino, es una lámpara a nuestros pies. Y cuando de dinero y posesiones se trata, la Biblia tiene mucho, mucho que decir. Por el efecto que tiene en el corazón humano y por la presencia que tiene el dinero y las posesiones en toda la existencia humana, la Biblia habla mucho de eso.

Específicamente Jesús habló mucho de dinero, y para algunos nos sorprendería ver y saber, es una curiosidad yo diría, que el consejo más repetido de Jesús con relación al dinero y a las posesiones, el consejo más repetido, si sacamos todo lo que Jesús enseñó acerca de dinero y posesiones, el consejo más repetido, implícita o explícitamente, es: cuidado. Cuidado con el dinero. Ese es el consejo más recurrente de Jesús acerca de estas cosas.

Y dicho eso entonces, vamos a leer el capítulo 12 de Lucas. Desde el versículo 13 vamos a leer apenas tres versículos, tomar una porción de lo que es esta historia, 13, 14, 15, y ahí nos vamos a detener. Nos dice así la Palabra de Dios: "Uno de la multitud le dijo: Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo. Pero él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros? Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."

Ahí nos vamos a quedar. La semana que viene continuaremos con la segunda parte, digamos, de esta historia donde les relata una parábola. Pero yo quisiera primero que profundicemos en este primer intercambio de Jesús con este individuo y este primer principio que vemos en el versículo 15.

Y para que entendamos un poquito el contexto de lo que está pasando aquí, en este momento nos dice el versículo 1 de ese capítulo que Jesús estaba enseñando a miles y miles de personas. Se estima que quizás había una audiencia de unas 15.000 a 20.000 personas en ese momento. No me pregunten cómo le enseñaba a entre 15.000 a 20.000 personas a una sola vez sin micrófono, pero lo cierto es que había multitudes de esa magnitud alrededor de Jesús en ese momento. De hecho, el versículo 1 de ese capítulo 12 se dice que se atropellaban unos con otros para poder escuchar las enseñanzas de Jesús y poder estar cerca de Jesús.

Y Jesús comenzó en este caso en el capítulo 12, el versículo 1, con un discurso que se termina en el capítulo 13, el versículo 9. Es todo un mensaje, obviamente hay un resumen de ese mensaje, de esa enseñanza, enseñó muchas cosas. En los primeros versos antes del que nosotros vimos ahora en el versículo 13 que leímos, en los primeros versos él está hablando de diversos temas espirituales, significativos, importantes. Él comenzó hablando y advirtiendo sobre la hipocresía de los fariseos.

Los fariseos, como nosotros sabemos, es una secta religiosa judía, y Jesús habló mucho de los fariseos, a los fariseos y contra los fariseos. Eran conocidos, por así decirlo, por ser gente muy piadosa, muy devota, pero Jesús los confrontó de múltiples formas y en diferentes ocasiones por su hipocresía. Eso de que yo soy una cosa por fuera y otra por dentro, eso de que yo predico algo que no vivo, esa fue la actitud que Jesús con regularidad confrontó en el caso de los fariseos. Y él está hablando de esto en estos primeros versos del capítulo 12. Luego pasa a hablar del temor de Dios versus el temor de los hombres, que le tema más a Dios y no tanto a los hombres, habla del amplio perdón que Dios ofrece a los hombres. Todo eso está ocurriendo en los versos previos a lo que yo leí en el día de hoy.

Y en el verso 13, extrañamente, en medio de su enseñanza a miles y miles de personas, es interrumpido por un individuo. Yo no sé si se paró, si levantó la mano, si se puso al lado de Jesús, y le dice algo de una herencia. Algo extraño. El hombre le dice específicamente: "Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo." Había un problema con la herencia, algo típico, algo muy común, que la gente cuando los padres o el padre o la madre fallecen, pues hay temas indefinidos con las herencias y con las cosas que quedan.

Y como les digo, parece muy extraño la interrupción de este individuo. Cuando en una audiencia de miles y miles de personas alguien está enseñando, y hay uno que se pone de pie y trae a colación y trae a consideración del que expone un tema puramente personal. Llama la atención la inoportunidad, o lo inoportuno que fue este individuo de traer un tema personal en medio de un discurso a miles y miles de personas.

Y claramente, claramente, el interés por su herencia le distrajo completamente del hecho de que tenía enfrente a Dios mismo, a Cristo enseñando, enseñando cosas que trascendían lo material. El individuo estaba tan enfocado en sus deseos por lo material, que ignoró y obvió por completo la presencia de Jesús y la enseñanza de Jesús en temas que son mucho más importantes que lo material.

Y esta interrupción ya de por sí tiene una enseñanza para nosotros, porque ilustra de manera muy precisa lo que las posesiones tienden a producir en el corazón humano, a saber: captura nuestra atención a tal punto que nos desvían de Dios. Este individuo ignoró por completo las enseñanzas, la audiencia, la presencia sublime de Jesús entre ellos, Dios mismo enseñando de asuntos que tienen que ver con cosas mucho más importantes que lo que este mundo ofrece. Pero él ignoró todo eso y le trajo el punto, la inquietud, de que su hermano no quería dividir su herencia.

Hermanos, nosotros con frecuencia vivimos para el aquí y para el ahora mucho más que lo que vivimos para el allá y para Cristo. Lo material, ya sean nuestras necesidades legítimas o nuestros deseos avariciosos, nos desenfocan completamente de Dios y de su propósito en nuestras vidas. Y no quiere decir que el dinero en todas sus manifestaciones y todo lo que eso representa sea malo, vamos a llegar ahí en un momentito. Pero ciertamente el primer efecto y el efecto más mostrado en la Biblia que el dinero y las posesiones tienen en nuestro corazón es este: de desvío, de desenfoque, y de nosotros privilegiar y preferir lo material por encima de lo espiritual.

Y pasa, como ocurre cuando se han colocado algunos artistas y músicos en lugares públicos. No sé si usted ha visto estos breves videos que a veces han sacado en YouTube u otras plataformas, que por ejemplo en el metro de Nueva York ponen un gran violinista en una esquina, un violinista galardonado, un violinista famoso con quizás un violín extremadamente costoso, y él se pone a entonar una pieza, y la gente pasa por ahí y no se da cuenta quién está tocando, ni se da cuenta de lo sublime de la pieza, ni de la calidad de la interpretación. Así pasa con pintores, ha pasado con otros dramaturgos, que se ponen a hacer cosas extremadamente sublimes en medio de la gente, pero la gente enfocada en lo cotidiano, enfocada en lo material, en el ajetreo, en lo que tiene que hacer, ignora la grandeza de lo que está ocurriendo. Y eso nos pasa a nosotros con los temas espirituales y los temas materiales. Lo material nos desenfoca de Dios, como le pasó a este individuo en este caso, y nos pasa a nosotros.

Y Jesús, al ser interrumpido por este individuo inoportuno enfocado en lo material, no pierde el tiempo con asuntos que no tienen que ver con su misión. Jesús no vino a eso, y eso es lo que le dice en el versículo 14: "Hombre, ¿quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?" En otras palabras: yo no vine a eso, yo no estoy aquí para eso. Y pone distancia. Y aunque el individuo quería usar a Jesús y el liderazgo de Jesús para sus propósitos, Jesús no se lo permite y se mantiene al margen de la discusión. Es como si le hubiera dicho literalmente, ya lo mencioné: no estoy aquí para eso.

Y Jesús, al percatarse entonces de lo que está pasando en el corazón de este individuo, aprovecha la ocasión para dejar una enseñanza de valor eterno. Y yo diría que esa es otra enseñanza que podemos sacar: es frecuente que la gente quiera usar, que queramos usar a alguien con cierto liderazgo, incluso espiritual. A nosotros nos han pedido con frecuencia que intervengamos en asuntos que se escapan de nuestro ámbito pastoral, pero queremos que como pastor le diga a fulano que resuelva el problema.

Y nos quieren meter en asuntos que se escapan a nuestro ámbito. Pero como les dije, Jesús se percata de esto, se percata del problema en el corazón, y entonces en el versículo 15, luego de poner distancia —"Hombre, ¿quién me ha puesto por juez?"— entonces en el versículo 15 les dice: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."

¡Uy! Tiremos nosotros. Yo no sé si el individuo se la llevó, no sé si se la llevó. Yo me imagino que algunos de los que estaban ahí le dijeron: "Coge ahí, tú querías atención para ti." Yo me imagino que sí, que la gente es mala. "Está bueno que le pasa por tardío, inoportunio y egocéntrico." Pero lo cierto es que, claramente, la enseñanza de Jesús no fue solamente para el inoportuno, porque Jesús toma esta interrupción, le dice al individuo "¿quién me ha puesto por juez?" y les dijo... Entonces Jesús aprovecha la ocasión para enseñarles a todos. Y les dijo, dice el versículo 15, vuelvo y repito, les dijo: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."

Esta selección de palabras es particularmente importante. Todas las palabras de Jesús son importantes, ciertamente, pero hay una selección de palabras que realmente tienen un mensaje muy, muy claro acerca del dinero y de las posesiones en nuestra vida. Jesús arranca diciendo "estad atentos." Es un mandato. Está en el original, está en imperativo, es un mandato. Atiendan, marquen esto, observen con agudeza es lo que quiere decir en el original. Observen con agudeza. Ojo con el dinero. Algunos más contemporáneos dirían "chivo, está pendiente."

¿Ustedes han entrado en alguna ocasión? Nos buscan para matar cucarachas. No sé si a ustedes les pasa, pero a mí me buscan para matar cucarachas. Entonces, a mí no me gustan las cucarachas realmente, pero si en la casa hay una cucaracha, yo soy el que la tengo que matar. Cuando me dicen, cuando mi familia viene en estampida saliendo desde una habitación corriendo: "¡Una cucaracha, una cucaracha, una cucaracha!" Yo tengo que entrar con una chancleta y yo entro, miren, es con una hipersensibilidad. Y a veces uno entra porque uno no quiere que le caiga ese pájaro por asalto, ¿sabe? Y a veces uno roza una cortina, haya una sabanita. ¿No les pasa? Como que brota. Es el término que usa aquí.

Tú tienes que estar pendiente de cómo el dinero, de manera sutil, puede crear un efecto perverso en tu corazón. Tienes que observar, estar pendiente. "Estad atentos" y agrega "y guardaos," que es un término militar que significa proteger, cuidar. Puede ser traducido también como "tengan la guardia arriba." Tú estás pendiente, chivo de todo, y la guardia arriba. Esa es la actitud con la que Jesús aborda el tema del dinero y de las posesiones. Ese es el tipo de actitud con la que Jesús entiende nosotros debemos vivir con relación al dinero y las posesiones.

Si ahora agrega "estad atentos, tengan la guardia arriba de toda forma de avaricia," ¿qué es la avaricia en este pasaje? ¿Qué es lo que Jesús está queriendo decir y contra qué es que Él nos está advirtiendo? El término usado significa sencillamente deseo de más y más. Más cosas materiales. La avaricia es un deseo de más y más. Yo quiero más, quiero tener más, quiero tener lo último, quiero tener mucho y bueno, más cosas, más posesiones, más dinero. Ese es el término que se utiliza y eso es lo que significa: sed por más.

Entonces, visto estos términos, como les decía, hay una selección de términos muy especial, porque lo que Jesús está apuntando es que la avaricia, este deseo humano de tener más cosas y mejores cosas, por los términos que Jesús usó nos quiere decir que esta avaricia se mueve en nuestro corazón con sutileza. La avaricia es subrepticia. El término subrepticio, quiero explicar, actúa, es como actuar de manera oculta. Se mueve sin que yo me dé cuenta, me seduce sin que yo me percate. Yo no me doy cuenta cuando la avaricia, muchas veces, está ganando terreno en mi corazón. Eso es lo que literalmente entiendo significa e implica cuando Jesús me dice "estad atentos de esta manera y guárdense, protéjanse de esta forma de avaricia." Esta inclinación del corazón humano es problemática, es problemática, porque como les digo, no nos damos cuenta con frecuencia cómo es que esto gana terreno en nuestro corazón.

Y les dice por qué. Les advierte por qué. La segunda parte del versículo 15 dice por qué: "Aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes." Porque si ustedes tienen este deseo, les dice, cuídense de querer más y más, porque cuando ustedes quieren más y más, van a buscar más y más y más. Pero aun cuando alguien tenga abundancia, superabundancia, excesos, su vida no consiste en sus bienes. Y esa palabra "vida," hay dos palabras en el griego para vida. Una es bios, que es la vida biológica, y otra es zoé, que es la vida plena, la vida buena, la vida satisfactoria, la vida eterna.

Aquí el término que aparece es zoé. Lo que Jesús está diciendo: aun cuando alguien tenga exceso de bienes, la buena vida, la vida noble, la vida significativa, la vida satisfactoria, la vida que es una vida mejor y apela al ser humano, no está en la abundancia de bienes que tenga. Eso es lo que el Señor nos está diciendo. Qué tremendo error sería para nosotros dedicar toda nuestra vida, una buena parte de nuestra vida, a la consecución, a perseguir abundancia y comodidades que no produce los resultados esperados en nuestro corazón.

Es que lo que nosotros estamos haciendo en este mundo, la mayoría de nosotros, si no todos, estamos detrás de sentirnos bien, de sentirnos plenos, de sentirnos llenos. Eso es un deseo legítimo. Y algunos deciden buscar esa plenitud de una manera y otros deciden buscar la plenitud de otra manera. Pero una manera muy común en que la gente decide buscar la plenitud de su vida es por la vía de conseguir más y más y más bienes materiales. Y Jesús nos dice, nos advierte temprano, nos dice: "¡Ojo! La buena vida no se va a conseguir con más cosas. No está ahí la satisfacción. El hombre no se llena, el corazón del hombre, del ser humano, no se llena de cosas. Se llena de Dios."

Y eso es algo, ese es el mensaje que sale a relucir en esta enseñanza. Lo que tú estás persiguiendo de más y más, o lo que yo persigo de más y más, es el consejo de la avaricia: "Consigue más para que te sientas mejor, consigue más para que te sientas lleno, busca más para que te sientas pleno." Y este consejo de la avaricia contrasta dramáticamente, categóricamente, con lo que Jesús está diciendo: la vida, la buena vida, la vida satisfactoria, no consiste en la abundancia de bienes que alguien tenga.

¿Y dónde está la abundancia entonces de la vida? La vida está en el Señor. Juan 10:10: "Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia." "Yo he venido para que tengan zoé y zoé en abundancia." No para que vivan largo, sino para que el tipo de vida que ustedes tengan sea una vida abundante, plena. Ese es el mensaje, fundamentalmente hablando, de este versículo. Quizás el mensaje más importante de esta enseñanza.

Yo quiero hacer notar algo a medida que hemos llegado a este punto. Yo no estoy diciendo que ser rico es malo, ni pecaminoso, ni perverso. Yo no estoy diciendo eso, porque si digo eso parecería entonces que el que tiene mucho está mal y el que tiene poco está bien. Y parece que no es el mensaje de este pasaje. El problema no es la cantidad de cosas que tenemos. El problema es la actitud nuestra hacia lo material. El problema es cuando yo pienso que para yo sentirme bien o para yo sentirme pleno yo necesito tal cosa o necesito otra cosa. El problema está cuando mi contentamiento yo lo deposito, lo pongo a depender de algo que no es Dios. Ese es el problema que Jesús está aquí señalando: cuando yo le atribuyo al dinero o a las posesiones una capacidad de llenar mi corazón que solamente Dios tiene. Solamente Dios tiene. Cuando yo le doy una importancia desproporcionada a lo material, es contra eso que Jesús está advirtiendo.

Y lamentablemente, hermanos, en el mundo que nosotros vivimos, en sentido general, en el mundo que vivimos desde toda la historia, pero yo voy a hablar de la generación en la que nos ha tocado vivir, opera otorgándole a lo material, a las posesiones, un nivel de importancia que está muy por encima de lo que la Biblia dice que tiene. Muy por encima. Y nosotros no estamos ajenos a esa influencia materialista de nuestro mundo. Nosotros estamos inmersos en el mundo, en la cultura, en la generación que nos toca vivir, y lamentablemente somos influenciados por este enfoque materialista del mundo.

Si nos exponemos, aunque sea mínimamente, a los medios de comunicación, es muy fácil percibir claro y alto el mensaje de que la buena vida es la que más cosas tiene. El mensaje claro y alto de nuestra generación es "más es mejor." Ese es el mensaje claro. Yo diría que pudiera ser hasta un eslogan de nuestra generación.

Hay medios especializados, como muchos de ustedes saben, a seguir la riqueza de mucha gente. La revista Forbes, que es una revista muy conocida, Forbes, su razón fundamental de existir y de circulación es que ellos hacen unos cálculos de la riqueza de la gente. Y se sabe quién es el más rico, quién es el rico más joven, quién es la mujer más rica, quién es el rico más bonito, quién es el rico con más hijos, quién es el rico que más disfruta, punto suspensivo. Sabemos quién es el más rico en tecnología, quién es el más rico en la música, quién es el más rico en los deportes. Lo que ganan, lo que gastan, dónde van. Es una cosa abrumadora. Yo no sé cómo es que le dan seguimiento a tanto chisme.

Increíblemente, usted oye hoy un programa de deportes, cualquier programa de deportes, y en general, yo no he hecho un estudio de esto, pero un porcentaje importante del programa de deportes no es hablando de las habilidades deportivas, sino de los contratos que se firman.

En realidad, ¿qué me importa a mí que al deportista fulano de tal le paguen no sé cuántos millones de dólares? En realidad, si a mí me gusta el deporte, ¿qué me importa a mí? ¿Qué nos importa a nosotros? Si yo lo que quiero saber es incluso, a veces cuando a fulano que se compara con sutano le pagan más que a sutano, yo digo que le deberían pagar a fulano también bien, mucho, porque él vale igual que el otro. Y yo he oído gente diciendo que a Ronaldo le pagan poco, cuando le pagan una cantidad de dinero grosera.

Mucha gente, hermano, por no decir la mayoría, entiende que si una persona ha logrado riquezas y buena posición económica, le ha ido bien. A fulano le ha ido muy bien, está... no, yo lo veo, pero fulano está muy bien, muy bien, porque sabemos, nos enteramos de lo que tiene, de lo que disfruta, de sus accesos a diferentes lugares y las cosas que experimenta. Nuestra generación asocia el éxito con dinero. Tú eres exitoso si tú tienes dinero, posesiones, tú has logrado cierto nivel socioeconómico. Y es inevitable entonces que el valor de las personas dependa del dinero que tienen, y nosotros le damos a las personas importancia en función de su nivel socioeconómico.

Y seamos honestos con nosotros mismos. Yo lo fui conmigo anoche, o antes de anoche, cuando estaba meditando en esto. Hay tratos que nosotros le damos a ciertas personas que trabajan con nosotros, que nos sirven en un restaurante. Hay tratos que nosotros le damos a ciertas personas de un nivel socioeconómico menor al nuestro, que no se lo daríamos a un rico o a alguien que está por encima de nosotros. No le hablaríamos así a alguien que está por encima de nosotros. Y eso es parte de la influencia materialista de nuestro corazón, de la influencia materialista de nuestra generación, y ha ejercido y ha tenido incidencia en nuestra forma de ser. Aunque nosotros no lo decimos así, el rico y el que tiene es más importante para nosotros. Y hermanos, cuando esto ha ocurrido, hemos sido seducidos por la avaricia, hemos sido engañados por la sutileza y lo esquivo de este pecado.

Prosigamos profundizando un poquito más en algunas decisiones prácticas de nosotros, porque la fuerza que tienen las ideas avariciosas y materialistas en el corazón humano es enorme. Y la naturaleza sutil de este pecado hace que Jesús advierta en estos términos: manténganse en guardia, estén atentos, muy atentos a toda forma de avaricia. Y yo quiero poner algunos ejemplos de cosas prácticas en donde nosotros tenemos que poner guardia y estar atentos.

Por ejemplo, ¿cómo discernimos nosotros si queremos, estamos trabajando en un lugar, queremos cambiar de empleo porque queremos un ingreso mayor? ¿Cómo discernimos nosotros si eso no obedece puramente a un deseo avaricioso o es algo legítimo? Mi deseo, ¿es legítimo o es algo que nace de mi deseo de más? ¿Cómo yo puedo saber si la redecoración de mi casa es piadosa o responde a un simple deseo de más y mejor? ¿Por qué nosotros el criterio fundamental para comprar algo es que lo quiero y no que lo necesito? ¿Por qué? ¿Por qué usted cree que es eso? ¿No será eso fruto de mi avaricia? ¿Qué es lo que yo estoy tratando de comprar realmente? Yo estoy comprando mi gozo, yo estoy buscando satisfacción en lo material cuando yo compro porque quiero y me gusta y no porque necesito.

¿Cómo administrador de los recursos de Dios, que es lo que la Biblia dice que yo soy y tú eres, cómo yo justifico mis gastos en cosas para mí que son absolutamente innecesarias? ¿Cuándo soy el mejor ahorrador cuando se trata de dar o pagar a otros? ¿Será que yo soy un avaricioso? ¿Qué es lo que pasa en mi corazón cuando yo me siento ansioso por tener lo último? ¿Un celular, un vehículo, unas vacaciones, una ropa, una marca? ¿Qué creo yo que pasa en mi corazón?

¿Qué es lo que hay ahí cuando yo siento vergüenza de usar una marca? ¿Qué es lo que pasa en mi corazón cuando yo me avergüenzo de que me vean con una marca específica, o me enorgullece y quiero que me vean con una marca específica? ¿Qué es lo que pasa en mi corazón? ¿Cómo yo interpreto eso? Fíjate lo esquivo que es este pecado, lo profundo que va.

¿Qué es lo que pasa también cuando yo me avergüenzo de regalar las cosas que yo puedo regalar, y me avergüenza llegar con un regalo de cierto valor para abajo? Pero eso es lo que yo puedo, pero me da vergüenza. Prefiero no ir a la invitación porque no puedo llevar el regalo que yo entiendo está al nivel del que lo recibe. ¿Qué es lo que pasa en mi corazón cuando yo quiero que mis hijos sean observados y vistos usando ciertas cosas y disfrutando de ciertas cosas? Hermano, esto está más presente en nosotros de lo que nosotros nos imaginamos.

Lo que Jesús nos está diciendo es: aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes. Nosotros hemos creído lo contrario, al menos parcialmente. No es en su totalidad, pero hay cierta vida, hay cierta satisfacción que proviene de estas cosas materiales. Y ahí hay algo que tenemos que tener claro, hermano: el dinero compra comodidad, pero no compra plenitud, no compra llenura, no compra paz del alma.

Pablo llega a advertir en 1 Timoteo 6: "Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores."

Pablo dice que el deseo... no dice que ser rico es malo, no dice eso. Dice que el deseo de enriquecerse, el perseguir la riqueza como objetivo en la vida, me conduce a un momento, a una situación de vulnerabilidad espiritual y moral, donde yo soy tentado entonces a hacer cosas que no tengo que hacer para yo conseguir la riqueza que quiero. Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y muchos deseos necios y dañosos. Deseos necios como la envidia, como la competencia con otros. Deseos dañosos: hay gente que afecta su salud por tener más, su salud física o su salud emocional. Y hunden a los hombres en la ruina y la perdición y la ruptura familiar.

Porque raíz de todos los males es el amor al dinero. No está diciendo que todos los males tienen que ver con dinero; lo que está diciendo es que del amor al dinero sale todo tipo de males. Y advierte que codiciándolo, la codicia por dinero hace que algunos se extravíen de la fe. Es poderoso el efecto que el dinero tiene en el corazón humano, es muy potente. Y añade al final: y se torturaron con muchos dolores.

Dice Ryle con respecto a este tema de los dolores: "El dinero en realidad es una de las posesiones menos satisfactorias." ¡Oigan qué paradoja! "Indudablemente quita algunas ansiedades, pero introduce tantas como quita. Hay aflicción en conseguirlo, hay ansiedad en conservarlo, hay tentaciones en usarlo, hay culpa cuando abuso de él, hay dolor cuando lo pierdo. La mitad de todas las luchas, peleas y pleitos del mundo surgen de una sola causa: el dinero."

Este pasaje nos advierte que el dinero tienta, esclaviza, duele y me puede desviar de la fe. De hecho, Jesús llegó a decir en la famosa parábola del sembrador: "Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, mas las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y queda sin fruto."

¿Cuál es el engaño de las riquezas? ¿A qué se refiere Jesús con que el engaño de las riquezas, en el caso de algunas personas, ahoga la palabra? El engaño es que las riquezas me dicen: yo te puedo llenar, yo te puedo satisfacer, yo te puedo dar valor, yo te puedo dar importancia. Y no es así, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida, su buena vida, la vida plena, la vida de satisfacción, no consiste en sus bienes.

¿A quién vamos a escuchar? ¿A las riquezas que me dicen esto, o a Jesús que me lo advierte y me dice cuídate de esto, están atentos? Porque este engaño es sutil, es poderoso. Es muy seductor el mensaje que las riquezas nos presentan y nos dicen.

Trágicamente, hay ejemplos en la Biblia de gente que literalmente prefirió las riquezas al Señor. En Lucas 18 se nos cuenta de un joven rico, que dice que es cierto hombre prominente en el versículo 18. Oye, se le preguntó diciendo: "¿Qué haré para heredar la vida eterna?" Y Jesús le dijo... y él le dice: "Lo he guardado todo desde mi juventud." Cuando Jesús oyó, le dijo: "Te falta una cosa: vende todo lo que tienes y reparte a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos, y ven y sígueme." Pero al oír esto se puso muy triste, pues era sumamente rico. Mirándolo Jesús, dijo: "¡Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas!"

Obviamente, Jesús no nos pide a todos que vendamos lo que tenemos y se lo demos a los pobres, pero Jesús detectó en este individuo que está buscando la vida eterna, en este individuo, lo mismo que detectó en el que lo interrumpió: detectó un corazón materialista, avaricioso y de idolatría. Y le dijo: "¿Cómo quieres realmente entregarte por completo al Señor? Vende tus cosas y ven y sígueme." Y dice que se fue triste, porque la petición de Jesús le pareció demasiado.

Y yo sé que ninguno de nosotros de manera consciente diríamos: "No, yo voy a seguir acumulando y voy a dejar a Dios del lado." Nosotros de manera consciente no hacemos eso. Lo hacemos de manera sutil, o sea, la avaricia es sutil, es subrepticia, y entonces nosotros no nos damos cuenta, pero en realidad para lo que estamos viviendo muchas veces es para lo material y para el aquí, para el ahora, más que para el Señor.

En Proverbios 30 hay una oración increíblemente reveladora acerca del efecto del dinero y de las posesiones en nuestro corazón. Proverbios 30, versículo 7: el que escribe este proverbio le dice al Señor, le ora al Señor y le dice: "Dos cosas te he pedido, no me las niegues antes que muera: aleja de mí la mentira y las palabras engañosas; no me des pobreza ni riqueza, dame a comer mi porción de pan."

No sea que me sacie y te niegue y diga quién es el Señor, o sea menesteroso y robe y profane el nombre de mi Dios. Yo nunca he oído a alguien orar: "Señor, no me des riqueza". ¿Ustedes lo han oído? ¿Alguno lo ha orado? ¿Por qué este individuo pide que no quiere ir ni en pobreza ni en riqueza? El sabio está consciente de sus inclinaciones pecaminosas, y el ser humano es tentado por la riqueza y por la pobreza.

La riqueza me tienta, dice el texto. "Señor, no sea que me sacie y te niegue y diga quién es el Señor". La riqueza me tienta a olvidarme de Dios, porque la riqueza me da una seguridad que no es real, pero así lo sentimos nosotros. La riqueza me da una comodidad que nosotros la confundimos con plenitud. La riqueza me da alegrías que las confundimos con el gozo. Hay como un camuflaje de la buena vida, de algo que la riqueza me da, y entonces la gente tiende a alejarse y enfriarse con el Señor, porque reconozcámoslo, nosotros usualmente buscamos a Dios en los momentos de necesidad. Él reconoce esta tendencia y dice: "Yo no quiero tener riqueza, Señor, porque yo sé que yo tengo la inclinación en mi corazón a que cuando tengo me alejo".

Pero también le pide lo otro: "Señor, tampoco me des pobreza, no sea que siendo menesteroso robe y profane el nombre de mi Dios". Aquí está un individuo que está profanando al Señor porque está malagradecido, está descontento con el trato que Dios le ha dado, y es la tendencia que nosotros tenemos cuando tenemos poco. "Dios no me ha tratado a mí justamente, Dios no ha sido bueno conmigo, a mí no le importo a Dios, y yo entonces voy a profanar el nombre de Dios, y voy a hacer lo que tenga que hacer para conseguir lo que necesito".

Ay, Señor, ¿qué efecto tiene el dinero en nosotros? Si nosotros ponemos todos esos pasajes juntos, nosotros podemos, ya esto a manera de conclusión, podemos decir lo siguiente, y vamos a entender por qué es que Jesús dice "estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia". Podemos decir que el dinero tiene un efecto perverso, o podría tener en el corazón humano un efecto perverso. Es un efecto poderoso pero que paradójicamente es sutil para quien lo experimenta; es poderoso pero es sutil. Es tan poderoso para desviar la confianza de una persona, replantear lo que realmente vale en la vida, y hasta olvidarse de Dios. Estad atentos y cuidaos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes.

Entonces, ¿qué podemos aprender ya a partir de aquí, de todo lo que hemos dicho? Bueno, hay dos grupos, digamos, que pueden ser receptores de este mensaje. Un primer grupo es gente que, aunque no lo expresa así, vive la vida como que la plenitud la va a conseguir con la abundancia de bienes. Algunos decimos: "No, no, yo lo que hago es que yo trato de echar para adelante, yo trato de superarme", ponemos esos términos. Al final, detrás de lo que estamos es de una buena posición económica, en realidad, y de eso se trata mi vida. Y cuando Dios se mete en el medio, cuando cualquier cosa se mete en el medio, yo eso lo desecho, porque realmente lo que yo quiero es estar bien, cómodo, porque yo asocio la abundancia de la vida, la buena vida, con el mucho tener. Y a la gente que vive así, bíblicamente es una idea equivocada; vas a llegar al final de tu vida y te vas a dar cuenta que no estaba ahí lo que estabas buscando. Cristo te dice: "Yo te puedo dar vida, y vida en abundancia".

Para un segundo grupo, que somos los que ya hemos entendido que sí, que la vida no se trata de la abundancia de bienes, que en realidad no hemos sido tan cuidadosos con el dinero y con las posesiones como este pasaje nos advierte. Hemos sido ligeros e ingenuos en el manejo de nuestras posesiones, y aunque no es nuestro dios, hemos sido seducidos en algunas áreas, al punto que nuestros manejos económicos se parecen mucho al manejo económico del mundo.

Y yo apelo a los dos grupos a venir al Señor y a arrepentirnos, y a pedirle al Señor que Él nos haga entender de manera clara esta verdad y que la podamos vivir. La semana que viene yo voy a dar más detalle de qué podemos hacer entonces, y ahora qué, porque está en el pasaje. De hecho, a partir del versículo 16 en adelante hay una parábola que Jesús expone, que Jesús presenta solamente hablando de este principio. Y yo quisiera que entonces, a la luz de esa parábola, respondamos el "ahora qué". Pero por lo pronto quedémonos meditando en esto: desde este primer grupo, que realmente, aunque no lo ves así, realmente su vida se trata básicamente de buscar cosas materiales, de eso se trata básicamente tu vida; y otro grupo, que aunque ya hemos entendido que las cosas materiales no nos llenan y no nos dan plenitud, en realidad hemos sido muy ligeros y muy ingenuos en la forma como nosotros hemos manejado los recursos económicos y las cosas materiales, y hemos sido seducidos. Así que vengamos en oración con estas cosas en nuestras mentes.

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.