La vida no consiste en la abundancia de bienes que se posean. Jesús lo declaró con claridad cuando un hombre interrumpió su enseñanza ante miles de personas para pedirle que arbitrara una disputa de herencia con su hermano. Aquel momento reveló precisamente lo que el dinero hace en el corazón humano: desenfoca, desvía de lo verdaderamente importante. Jesús aprovechó la ocasión para advertir sobre la avaricia y luego ilustrar su enseñanza con la parábola de un agricultor rico cuya tierra había producido en abundancia.
Este hombre cometió tres errores fatales. Primero, olvidó que Dios es el dador de todo. De todas las ocupaciones, un agricultor debería ser el más agradecido, pues su éxito depende enteramente de factores fuera de su control: la lluvia, las plagas, el clima. Sin embargo, pensó que su prosperidad era fruto exclusivo de su esfuerzo. Segundo, olvidó que las riquezas no son solo para uno mismo. En apenas tres versículos aparecen ocho veces "yo" y cuatro veces "mi". Su solución ante la abundancia no fue compartir sino construir graneros más grandes. Tercero, olvidó que la vida es corta. Se preparó para disfrutar muchos años, pero esa misma noche Dios le reclamó el alma.
El caso reciente de Paul Allen, cofundador de Microsoft, ilustra esta realidad: murió a los 65 años con veinticinco mil millones de dólares, sin poder disfrutarlos. La esperanza de vida promedio son 75 años, y un tercio se pasa durmiendo. La pregunta que queda es directa: ¿dónde estás acumulando tu tesoro?
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¡Buenos hermanos! ¡Paz a mi vida en su Palabra! Vamos a ir ubicando nuestras Biblias. Lucas 12 es una continuación, el mensaje de hoy, de lo que compartimos la semana pasada. Esa es la intención en el día de hoy.
En ese capítulo 12 de Lucas, todavía no vamos a leer el pasaje, pero a manera de introducción, recuerden que en ese capítulo se nos relata un evento en la vida de Jesús donde Jesús está enseñándole a miles y miles de personas. Se calcula que entre unas 15 y 20.000 personas estaban presentes. Tantas personas, nos dice el versículo 1 del capítulo 12, que se atropellaban unos a los otros. La gente estaba que no cabía literalmente. No sabemos cuál era el espacio del que disponían, pero Jesús era muy popular en ese momento y la gente venía. Venían los genuinos discípulos y venían muchos curiosos también a escuchar su enseñanza.
En el versículo 13, dicho eso, de manera repentina y súbita, Jesús se siente interrumpido en su enseñanza. Él está enseñando de cosas espirituales, él está enseñando del perdón que Dios extiende a los hombres, del Espíritu Santo, de múltiples temas espirituales, y él es interrumpido en el versículo 13 por un individuo que no sabemos si ni siquiera levantó la mano o se presentó, pero sencillamente él se pone de pie y le dice: "Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo."
Es algo extraño que ocurriera eso, porque realmente imagínese, la audiencia era de unas 15.000 a 20.000 personas. Se levanta este individuo y trae un tema totalmente privado, personal de él, un tema que no era relevante para nadie más. Era un tema que tenía que ver con la herencia, con la división de la herencia de su familia. Por lo visto su padre había fallecido. Nos llama la atención y sorprende este egoísmo y egocentrismo, pero no es casualidad precisamente para lo que va a ocurrir ahora, para lo que Jesús va a enseñar. Porque precisamente Jesús va a enseñar a partir de la interrupción acerca de las cosas materiales, pero esta interrupción ilustra muy bien lo que hace el dinero y las posesiones y lo material en el corazón del ser humano: nos tiende a desviar, nos tiende a desenfocar. Este individuo, habiendo recibido la enseñanza de Jesús de todos los temas espirituales, no reparó en eso, no se detiene a ver los temas espirituales, sino que le está interesado en la herencia que tiene con su hermano. Y se desenfocó completamente.
Jesús aprovecha el momento, pone distancia y le dice en el versículo 14: "¿Quién me ha puesto por juez o árbitro entre vosotros?" Ese no es un tema que yo vengo a tratar, ese no es mi foco, esa no es mi misión en esta vida, en otras palabras. Y aprovecha entonces para dejar una enseñanza de valor eterno, y le dijo en el versículo 15, y ahora se extiende a toda la audiencia, no solamente a él, y les dijo: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia, porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes."
Ese fue el mensaje de la semana pasada, ese principio que Jesús está ahí plasmando. Jesús hace una advertencia de un mandato. Les dice "estad atentos", en el original es: presten atención, observen con cuidado, estén suspicaces alrededor de la avaricia, que es una tendencia natural en ustedes. Y "guardaos de toda forma de avaricia", les dice ese versículo. Perdón, esa palabra "guardaos" tiene que ver con una protección militar. O sea, lo que les dice es: estén atentos y prestos a defenderse de la avaricia del corazón.
La avaricia es el deseo de tener más y más, es el deseo de acumular más y más. No porque el tener cosas sea malo en sí mismo, no; es por el efecto que tiene el yo pensar que lo material me llena, que lo material me da plenitud, que lo material es lo más importante en la vida. Ese es el problema.
Jesús agrega en el mismo versículo 15: cuídense de esto porque la vida no está en la abundancia que se tenga. Es el tema, es la razón. No se enfoquen en eso, no dediquen sus energías a eso, porque la vida no está ahí. Pero en medio de la generación que nosotros vivimos, eso es un mensaje como que se nos confunde. Y nosotros a veces asociamos y vemos la diversión que el dinero y las posesiones proveen, y la confundimos con el gozo que solo Dios provee. A veces vemos el poder que el dinero provee, y lo confundimos con el valor que Dios nos da como personas. A veces vemos la comodidad que el dinero provee, y lo confundimos con la plenitud que solo Dios provee. O sea, que el dinero como que compite con Dios en nuestros corazones, y nos desenfoca, nos desenfoca de lo que es realmente importante.
Y eso es lo que Jesús le señala a este individuo y a su multitud: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia." No está ahí la vida. La palabra en los originales, la vida buena, la vida plena, la vida de satisfacción, no se encuentra en la abundancia que alguien logre en esta vida.
Y dicho eso, entonces ahora les dice una parábola, usa un recurso didáctico, ahora le expande el principio, y les dice esta parábola a partir del versículo 16, que es donde nosotros vamos a concentrar nuestro mensaje en el día de hoy. Comienza así, diciendo en el versículo 16: "También les refirió una parábola diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho, y pensaba dentro de sí diciendo: ¿Qué haré, ya que no tengo donde almacenar mis cosechas? Entonces dijo: Esto haré, derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe y diviértete. Pero Dios le dijo: Necio, esta misma noche te reclaman el alma, y ahora, ¿para quién será lo que has provisto? Así es el que acumula tesoro para sí, y no es rico para con Dios."
Es el último versículo, el 21, es la conexión con el 15. El 15, Jesús dice: la vida no está en los bienes, la vida no está en la abundancia de cosas que yo tengo. Y el versículo 21 dice: "Así es el que acumula tesoro para sí", así es el que cree que la vida está en los bienes, "y no es rico para con Dios."
¿Qué es lo que Jesús está señalando? Porque el versículo 21 es la enseñanza que nosotros tenemos que llevarnos. El punto es el siguiente: si nos descuidamos con la avaricia, con el deseo de tener, si nos descuidamos, esto va a producir un desenfoque en mi vida que me va a conducir a una vida de acumulación para mí y de pobreza para con Dios. Eso es lo que él dice. Cuídense y guárdense de toda forma de avaricia. Estén atentos y guárdense de toda forma de avaricia porque la vida no está en los bienes. Y ahora les refiere la parábola, y la concluye diciendo: "Así es el que acumula tesoro para sí, no es rico para con Dios." Aquí hay un problema de desenfoque que Jesús está señalando.
El mensaje no es que ser rico sea malo. El mensaje no es que comprar ciertas cosas sea malo, o que disfrutar de las cosas que tenemos y que Dios provee en su gracia y en su favor hacia nosotros sea malo. El mensaje es cuando yo dejo que eso material se convierta en el enfoque de mi vida, en el tesoro de mi corazón, en el dios funcional de mi alma. El problema está en acumular aquí a expensas de acumular allá. Pensar que la vida es esto y que no hay un segundo capítulo, más largo de hecho y más significativo.
Es el mismo principio que Jesús expuso en Mateo 6:24, cuando habla de la riqueza y Dios, y la competencia que hay entre la riqueza y Dios, y concluye en el versículo 24: "Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Podemos tener riquezas y servir a Dios. Lo que no podemos hacer es servir a Dios y servir a las riquezas. O sea, no podemos plegar nuestra vida, el enfoque de nuestra vida a las riquezas y a Dios al mismo tiempo. No es posible, porque seremos desleales en una dirección o en otra dirección. Eso es lo que el Señor está señalando: el enfoque de la vida en lo material, al pensar que lo material suple lo que el hombre busca y necesita en su alma.
El mismo versículo 21, fíjense cómo lo traduce la Nueva Versión Internacional: "Así le sucede al que acumula riquezas para sí." ¿Cómo es que le sucede? Vamos a analizar entonces a lo largo de la parábola. ¿Qué fue lo que pasó en este corazón que se desvió a ese punto, al punto que él no acumula riquezas con Dios y se dedicó simplemente a acumular riquezas para sí mismo? ¿Qué fue lo que ocurrió? Porque yo no me quiero ver ahí. Yo no quiero ahogar mi relación con Dios en el mar turbulento e incierto de la avaricia. Yo no me quiero ver ahí.
Y aquí hay tres aspectos que le pasaron a este individuo, que le ocurrió en su corazón, que él no se percató, que el dinero estaba teniendo este efecto en él, que las posesiones estaban teniendo este efecto en él. Se descuidó. Fue lo que gritó el versículo 15: se descuidó con la avaricia, y la avaricia le cobró la vida, le cobró el alma al descuidarse.
Lo primero que nosotros vemos entonces en el versículo 16, si me acompaña, fíjense, dice: "También les refirió una parábola diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho." Lo primero que este individuo olvidó, ignoró, no vio, no consideró, es que Dios es el dador de todo lo que se tiene y todo lo que se posee. Contrario a lo que ocurre en el mundo típicamente, que el que mucho tiene se enorgullece, que el que mucho tiene se le sube a la cabeza, es lo que típicamente ocurre. Bíblicamente, la riqueza debería llevarnos a la humildad y a la gratitud, y no al orgullo como típicamente ocurre. Este individuo se nos dice que había recibido o había tenido una cosecha enormemente abundante.
La gente tiene muchas teorías de cómo el ser humano se hace rico. Hay teorías de cómo tú te haces rico. Bueno, hay algunos que dicen: "Bueno, la suerte les sonrió a fulano."
Que le ha ido buenísimo, les sonrió la suerte. A saber Dios cómo es que la suerte ríe. Pero otros plantean: "No, no, no, es que fulano... o sea, es un asunto de destino". Otros más esotéricos dicen: "Eso es el karma, el karma positivo, la vibra". En dominicano decimos: "Te nació", y lo llaman "metía", como dicen. Hay otros un poquito más sofisticados que dicen y entienden: "Yo creo que es parte... es verdad, no, el trabajo, el fruto del... la riqueza es fruto del trabajo". Otros dicen: "Sí, el trabajo es importante, pero sin relaciones esto no llega a ningún lado. Entonces tenemos que estar conectados con la gente que tiene, tú sabes". Hay algunos que dicen: "No, es la educación, eso es lo crucial. La educación. Si tú eres un individuo educado, a usted le va bien en la vida económicamente hablando". Y otros hacen como una especie de sancocho de todo el criterio y dicen: "No, tiene que haber de todo: trabajo, educación, relaciones y un poquito de suerte para que te vaya bien en la vida".
Es cierto, a nivel aquí humano terrenal nosotros vemos que algunos de estos componentes tienen que estar presentes. Pero bíblicamente la Biblia dice que Dios es el dueño de todo y el da a quien le place. Dios es el dador de los bienes materiales.
Y en el caso de esta parábola es interesante que Jesús tomara precisamente el ejemplo de un agricultor, porque de todos los empresarios, de todos los ricos, el que más agradecido debería estar es ese agricultor. Porque si hay una actividad que depende de la gracia de Dios es la agricultura. Eso es todo por verse: si llueve mucho, se daña la cosecha; si llueve poco, se daña la cosecha; si viene un gusanito, me mata la cosecha; si viene una plaga de otros tipos; si otros producen al mismo tiempo que yo, se va a caer el precio y fracaso yo. La semilla brota de manera espontánea, nadie le aplica. El fruto se genera de manera espontánea. Si la cosecha salió chiquita, vamos a ver qué pasó. La agricultura es un problema.
Y no es por casualidad. Yo entiendo que no fue casualidad que Jesús usara una ilustración de la agricultura. Aunque era muy común en la época, pero usó nuestra estampa de agricultura donde el agricultor debe reconocer que todo lo que recibe lo recibe por obra y gracia de Dios. Es Dios que bendice. Dios es el dador de todas las cosas.
Y una de las formas en la que las riquezas nos engañan y nos seducen, y que la avaricia comienza a ganarte terreno en nuestros corazones, es cuando nosotros pensamos que lo que tenemos es por la sola destreza gerencial o empresarial mía. Eso es mío, personal, individual. El individuo que se siente autorrealizado tiende a enorgullecerse. El individuo que siente que se ha hecho a sí mismo tiende a independizarse de Dios. Y la avaricia sutilmente utiliza esta inclinación natural humana para hacerme creer que yo soy lo último, que yo soy capaz, qué grande me he dado.
Por eso es que Proverbios 28:11 dice: "El rico es sabio en su propia opinión". O sea, el que cree que se las sabe todas. Porque como ha logrado el éxito en un ámbito donde todo el mundo quiere lograr el éxito, pues él piensa que se las sabe todas. Y eso es un real obstáculo para acumular tesoros en los cielos. Porque cuando yo pienso que yo me hago a mí mismo, yo me alejo de Dios, me independizo de Dios. Y entonces el dinero me hace pensar que yo soy más de lo que realmente soy.
Y hermano, yo y tú y todos somos simples receptores de la bondad de Dios. Simples receptores. Por eso la riqueza debería conducirnos a la humildad y a la gratitud, más que al orgullo y a la autosuficiencia.
En un momento dado al pueblo de Israel Dios les advierte y les dice en Deuteronomio 8, le dice lo siguiente por vía de Moisés: "No digas en tu corazón: mi poder y la fuerza de mi mano me han producido estas riquezas". Eso es en el versículo 18 de Deuteronomio 8: "No digas mi poder y mi fuerza y la fuerza de mi mano me han producido estas riquezas. Más acuérdate del Señor tu Dios, porque él es el que te da poder para hacer riquezas". No digas eso en tu corazón.
Por alguna razón, obviamente que tiene que ver con el pecado, nosotros pensamos que el logro material es fruto de mi solo esfuerzo y no vemos con frecuencia la bondad de Dios en nuestra prosperidad. Y eso es parte de lo que la avaricia usa para desviarnos de Dios y desenfocarnos de Dios.
Pablo, confrontando a los corintios en un momento dado porque ellos se habían enorgullecido de una serie de cosas, les dice lo siguiente. No en el contexto de lo material sino de otras cosas, pero esto es aplicable a lo material. Les dice en 1 Corintios 4:7: "Porque ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?"
Pablo desafía a los corintios y les dice: "Dime de algo que tú tengas, que tú poseas, sea material, espiritual, emocional, algo que tú tengas, que tú lo aprecies y que tú digas que no lo has recibido de Dios. Dime algo". "No, no, porque yo lo que tengo yo lo hice yo, yo, yo, yo, yo, porque sé mucho". ¿Y quién te dio la inteligencia? ¿Quién te dio la capacidad? ¿Y quién te dio la educación? ¿Quién te dio el contexto de relaciones a través de las cuales tú has logrado lo que has logrado? ¿Quién te dio todo eso? Dios te lo dio. Dios te dio la capacidad. De Dios vienen todas las destrezas, capacidades posibles pero necesarias para tú llegar donde has llegado.
Esto es lo primero que nosotros vemos en este individuo, esto es lo primero que vemos. Es una de las formas en que la avaricia va ocupando terreno en nuestro corazón, nos va desviando de Dios: cuando pensamos que el tener es fruto de mi esfuerzo y no de la mano bondadosa de Dios. Y claro que hay un esfuerzo humano que se involucra muchas veces en obtener las cosas materiales, claro. Pero en último caso eso es posible por la gracia de Dios y por la bondad de Dios y por el permiso de Dios para que yo tenga esas cosas. Cuidado si la avaricia te conduce o te lleva a pensar que tú te has hecho a ti mismo. Y eso lo vemos aquí.
Y el segundo elemento que vemos también, que es una de las formas en que la avaricia nos desvía de la acumulación de tesoros celestiales, que es lo que está señalado en el versículo 21, es lo siguiente. Aquí vemos que el rico de la parábola ignoró por completo que las riquezas no son solo para mí, no son solo para él. Contrario a lo que parece, la abundancia de cosas debería conducirme más a la generosidad que a la autocomplacencia. La abundancia de cosas me debería llevar más hacia la generosidad que a la autocomplacencia.
Claramente este individuo dice y pensaba dentro de sí: "La tierra de cierto hombre rico había producido mucho. Y pensaba dentro de sí diciendo: ¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?" ¡Qué problema! No me cabe, todo lo que tengo no me cabe. Muchos de nosotros no nos caben las cosas y no terminamos de salir de algunas de ellas.
Entonces dijo... Oigan la idea. Entonces dijo... Ojalá hubiese dicho: "Voy a compartir una parte". "Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes. Y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, no tienes problema. Mis problemas están resueltos. Yo estoy para disfrutar ahora. Alma, porque lo que uno necesita..." En su mente este individuo pensaba que lo que uno necesita es dinero. "Yo tengo mi vida resuelta. Alma, tienes bienes para muchos años, no te tienes que preocupar, descansa, come, bebe y diviértete". Porque él entendía que la vida es eso. La vida es eso.
Y obviamente lo que vemos aquí es un enfoque en sí mismo. Este individuo se olvidó que la riqueza Dios se la provee precisamente no solo para nosotros, sino para otros a los cuales él quiere bendecir a través nuestro. Él entendió que era el objeto de su prosperidad. Y lo vemos en un principio preocupándose: "¿Qué voy a hacer con todo lo que tengo? ¿Cómo lo guardo? ¿Cómo lo conservo?" Aquí está la ansiedad típica del que mucho tiene: la ansiedad de la conservación, la ansiedad de cómo conservar y preservar mi patrimonio. Es una ansiedad típica que no muchos experimentan, porque la experimentan los que mucho tienen. El que no tiene nada, no tiene nada de qué preocuparse. Pero mucha gente lo experimenta.
Entonces este individuo, teniendo esto, su idea fue no compartir sino ampliar sus capacidades de acumulación. Y es interesante. Yo voy a sacar mi lapicero porque quiero contar las veces que digo esto. En tres versículos, 17, 18 y 19, en el original hay ocho "yo" y cuatro "mí". En esos versículos él dice en el original: "yo, yo, yo, yo, yo, yo", conectados con "mí, mí, mí, mí". ¿Ustedes creen que Jesús quiere decirnos algo? ¿Qué es lo que le está diciendo?
Una de las formas como la avaricia se introduce en el corazón es que nosotros entendemos que la vida y el dinero y las posesiones es para nosotros. Se trata de mí y de mis deseos. Eso es lo que piensa el avaricioso, el materialista. La persona cuyo tesoro está aquí vive de manera egoísta, centrado en sus deseos, más que en cualquier necesidad de los demás. Así como no vemos la gratitud de él hacia Dios por la cosecha que había recibido, tampoco vemos en él la sensibilidad de que hay otros con necesidad. Entendió que Dios lo prosperó para que él se lo tirara todo arriba.
Y la idea, la genial idea que se le ocurre es: "Ahora yo voy a guardar". Y él tenía graneros, se acuerda que él derriba sus graneros, él tenía guardado o capacidad de acumulación. "Pero yo voy a derribar mis graneros y voy a hacer otros más grandes, para entonces poder vivir una vida cómoda, fácil, entretenida y sosegada". Así es el que acumula tesoro para sí y no es rico para con Dios. Enfoca su disfrute y su gozo en la vida aquí. Él piensa que la vida aquí es para disfrutarla.
Y sí hay un gozo y sí hay un disfrute que muchos de nosotros experimentamos. Pero hay mucha gente que sufre también y de veras hay sufrimiento, incluyendo el Señor Jesús. Uno de los títulos del Señor Jesús en el Antiguo Testamento es que fue varón de dolores y experimentado en la aflicción.
En esta vida tendremos aflicción, pero muchos entendemos que la vida es para disfrutarse, y este individuo tenía esa idea, esa cosmovisión de la vida: que la vida es para disfrutarse, para pasarla bien. Y cuando me enfoco en eso, lo material yo lo uso para mí. Y cuando así es que yo manejo mis cosas, entonces yo no acumulo tesoro allá, sino que pienso que la vida se trata de lo de aquí, de lo de ahora. Y se olvidó de la generosidad; increíblemente se olvidó de compartir, se olvidó de ver a otros, se olvidó de la necesidad de otros.
Dios es un Dios generoso, hermanos. Dios dice la Palabra que es generoso con buenos y malos. Mateo 5:43 dice que Dios da cosas buenas a buenos y malos. La propia creación de Dios, este planetita en el que nosotros vivimos, está provisto de tantas riquezas que teníamos miles y miles de años exprimiéndolo y no se agotan sus recursos. Y el problema de miseria y de pobreza en el mundo no es por escasez de recursos, es por distribución, pero no es por escasez. Dios ha sido abundante, y más aún, su mayor acto de abundancia y generosidad fue la cruz. En la cruz, la entrega de Dios, la dádiva de Dios, le dolió a Dios. En la creación, ¿qué le costó a Dios crear? Según Génesis, hablar. Dios habló y creó. ¿Qué le costó a Dios la cruz? El dolor del Hijo, el dolor del Padre. Su mayor acto de generosidad fue la cruz.
Dios es un Dios generoso de principio a fin, en su provisión, en su redención. Sus hijos deberían ser generosos. Estamos llamados a abrir la mano; es lo que significa el término generosidad en el original: a abrir la mano, ser una persona de proporciones amplias, que tratemos a los otros con amplitud, porque nosotros hemos sido tratados por Dios con generosidad y amplitud en nuestras vidas, comenzando con el perdón que nos ha sido concedido en Cristo. Los hijos de Dios están llamados a ser intencionalmente y gozosamente generosos con sus recursos materiales.
Cuando yo pienso que lo material es para mí, porque obviamente si yo pienso que yo me hice materialmente, también yo pienso que tengo legítimo derecho sobre lo que tengo. Pero cuando yo pienso que Dios me da lo que tengo, yo estoy más motivado a compartir lo que tengo, porque yo mismo he sido el receptor de un acto de generosidad. Me explico: el desvío de este individuo comienza en su idea de que Dios no le dio lo que tenía, y claro, como fui yo que me hice yo mismo, me autorrealicé yo, esto es para mí, al otro que resuelva su problema. Pero cuando yo me reconozco el receptor de un acto de generosidad, entonces yo puedo abrir la mano con mucho más motivación y estímulo.
Nosotros tenemos que ser intencionalmente y gozosamente generosos. Digo intencionalmente porque lo que normalmente pasa es que nosotros somos residualmente generosos. Damos si hay, si sobra, si podemos. Y usualmente nosotros no nos damos buscando al que necesita; nosotros esperamos que nos llegue. Si me piden yo doy, pero si no me piden yo no doy.
La Palabra incluso, en Primera de Timoteo 6, Pablo le enseña a Timoteo lo siguiente y le dice: "A los ricos de este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos. Enséñales que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos y prontos a compartir, acumulando para sí el tesoro de un buen fundamento para el futuro." Eso es riqueza con Dios, sí, claro, para que puedan echar mano de lo que en verdad es vida. Por eso Pablo cita a Jesús en Hechos 20 y dice que es más bienaventurado el que da que el que recibe. Eso es vida. Pero además de eso, cuando somos instrumentos de Dios para bendecir a otros, sentimos el regocijo de Dios y nos sentimos nosotros regocijados. También la generosidad nos enriquece celestialmente según ese pasaje.
Y este individuo no vio eso. Fue engañado por la codicia de su corazón y la avaricia de su corazón, fue engañado por las posesiones materiales y optó por inclinar su corazón hacia lo material. Pensó que él se había hecho y pensó que lo que él había hecho era para él.
Y hay un tercer problema con este individuo que nos es reportado aquí por Jesús en la parábola. El tercer problema es que él se olvidó que aquí la vida es corta. Primero, se olvidó de Dios. Segundo, se olvidó de los demás. Y tercero, se olvidó que la vida es corta. La realidad de la muerte, hermanos, le quita el sentido a vivir solo para aquí. No es que no vamos a vivir para aquí, porque estamos aquí, ¿verdad? Pero el hecho de que vamos a morir nos debe cuestionar nuestro enfoque aquí.
El versículo 20 del capítulo 12: "Diré a mi alma..." Eso es lo que él ha dicho: "Diré a mi alma: Alma, tienes bienes para muchos años; descansa, come, bebe y diviértete." Pero Dios le dijo: "Necio, esta misma noche te reclaman el alma, y ahora, ¿para quién será lo que has provisto?"
Este hombre ha alcanzado el éxito humanamente hablando. Este es un hombre exitoso terrenalmente hablando. Según nuestros criterios, el criterio más común hoy en día para considerar a alguien exitoso es la riqueza. El criterio más común, no es el único, pero es el criterio más común. Por eso muchos están dispuestos a dedicar su vida, a sacrificar su familia y su salud por adquirir riqueza. Porque el hombre tiene un apetito de satisfacción que quiere llenarlo con posesiones y con logros y con plenitud. Pero esas cosas no proveen la plenitud que el corazón humano anda buscando y que necesita.
Para usar una ilustración, es como el náufrago que bebe agua del mar pensando que se va a quitar la sed, pero sucede que el agua de sal que bebe al final lo termina intoxicando. Nadie se sacia de riqueza, dice Eclesiastés 5, nadie se sacia de riquezas. Este mundo no está diseñado para llenar el corazón del hombre. Este mundo está diseñado, según Romanos 1, para que veamos la gloria de Dios y encontremos a Dios. Él suple nuestra sed y nuestra hambre.
Entonces, este individuo, con todo el éxito que tuvo, ha trabajado. Y fíjense que esto es un individuo que trabajó legítimamente. Esto no es un perverso que robó; aquí no se nos reporta que él robó, que él hizo un negocio ilícito. Esto es un agricultor que legítimamente se ganó su cuarto. ¿Le fue bien? Y entonces él se prepara y dice: "Yo ahora, me quedan mis mejores años, mis mejores años. Alma, tranquila. Tú no tienes problema, ¿por qué? Porque el problema básico del ser humano es tener lo que necesita para disfrutar la vida." Y él se dijo a sí mismo: "Prepárate a disfrutar la vida, que ya tú tienes suficiente." Lo que en otras palabras está diciendo es: lo que tú necesitas para disfrutar la vida es dinero. Eso es lo que se está diciendo. Tranquila, descansa, reposa.
Me viene a la imagen un caso que se reportó esta mañana, que comenté esta mañana. La semana pasada murió un individuo muy conocido en el mundo de la tecnología y de los negocios, un hombre muy famoso y rico, de nombre Paul Allen. Paul Allen era el socio de Bill Gates en Microsoft, lo fue toda la vida y lo era todavía. Se murió con una fortuna de 25 mil millones de dólares. No tuvo hijos, no se casó nunca, nadie lo hereda. Murió con 65 años, en la flor de su juventud, diríamos hoy en día. No pudo disfrutar su riqueza. Yo no estoy cuestionando, yo no sé si era creyente o si no era creyente. Lo que digo es que, al espejo de un individuo exitoso económicamente y empresarialmente, cómo la vida le llega a su fin tan súbitamente. Incluso su riqueza va a ser distribuida en una serie de obras de caridad con las que él se identificaba.
A este individuo de la parábola le pasa lo mismo: él se prepara para disfrutar y Dios se prepara para retirarle la vida. ¿Es rico realmente en el momento que Dios le pregunta "y ahora"? Su pobreza ha quedado expuesta. Fue un hombre materialmente previsor y espiritualmente miope. Fue un hombre que guardó lo necesario para vivir aquí y no pensó en el después. Dios lo confronta con su falta de previsión y lo llama necio. Dios no se guarda la expresión, porque lo que significa es "no sabio": tú no eres sabio. Otras traducciones dicen "tonto, de dedicar tu vida a algo que se queda aquí"; ignorante, simple, dicen otras traducciones.
Y su error fue vivir como que no hay un más allá. No se preparó para su encuentro con su Creador. No se preparó espiritualmente hablando. Se preparó muy bien para vivir en el aquí y en el ahora, y se olvidó que todos tendremos que dar cuentas en algún momento delante de nuestro Creador.
Por eso es que la vida nos manda constantemente, no constantemente, pero con frecuencia, a meditar en la muerte. Parecería trágico y hasta morboso meditar en la muerte, pero es una cosa muy natural. Debería ser algo muy natural para nosotros. ¿Por qué pensamos nosotros...? ¿Usted conoce algún individuo, algún caso, una persona que se reporte que tiene mil doscientos cincuenta años viviendo? No. La probabilidad de muerte del ser humano es cien por ciento.
Eclesiastés 7 dice: "Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete, porque la muerte es el fin de todo hombre, y al que vive lo hará reflexionar en su corazón. El corazón de los sabios está en la casa del luto, mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer." Eso es exactamente el individuo del pasaje: "Alma, come, bebe, diviértete." Corazón de los necios, yo les digo, ¿eh? Tu mente está en la casa del placer, y Dios quiere que pienses en la muerte. Es sabio pensar que somos temporales y finitos. El saber que nos queda un tiempo definido y limitado nos enfoca en lo importante.
O si no, pregúntenle a los que tienen planes limitados de minutos. Que cuando uno tiene minutos limitados, uno llama a la esposa: "Dime, dime, dime. Dime, dime, dime. ¿Qué hay que hacer?" Enfócate en lo importante. El límite de tiempo hasta en los juegos deportivos. La gente, cuando sabe que le queda poco tiempo, como que sale un celo anotador que no estaba presente hace diez minutos atrás. ¿Qué fue? Que se le va a acabar el tiempo.
Por eso es que la meditación en el límite de tiempo de nuestra vida nos va a poner a pensar más en lo importante de esta vida y de la venidera. La esperanza de vida en el mundo en sentido general es 75 años, aproximadamente. Son 27.375 días. Pero de eso tú te pasas un tercio durmiendo, porque uno duerme normalmente 8 de 24 horas. Hay gente que duerme el 50% de su vida. Pero si tú vives 75 años y duermes un tercio, tú vas a estar despierto 49 años. Eso es lo que tú vas a estar despierto. En promedio, en República Dominicana, la esperanza de vida es menos de 75 años para los hombres. ¿Tú crees que es largo? Como que habito así, como que hoy me asusta un poquito. Eso es si tú llegas a los 75, porque ninguno de nosotros sabe si va a llegar a los 75.
Paul Allen, que tenía 25 mil millones de dólares y tenía todas las riquezas y todo el cuidado del mundo a su disposición, vivió 65. La semana pasada estuvimos en un funeral de un hermano, de un miembro de nuestra congregación, y falleció a los 50 años por una complicación médica. Un hombre sano, se le complicó una gripe, le dieron un antibiótico, le dio una alergia y se murió. Esta vida es frágil, es pasajera.
¿Pastor, usted está haciendo como medio aguafiestas? No, no, ok, olvídense de eso. Propónganse vivir 75 años, aún eso es corto. Es corto. ¿Estás acumulándote tesoro dónde? ¿Cuál es el enfoque de tu vida, de mi vida? ¿Qué es lo que nosotros estamos haciendo? ¿Dónde está tu gozo? ¿Qué estás construyendo? Esa es la pregunta de esta parábola.
Lo material sí, si lo tenemos bien, qué bueno, si somos dedicados, trabajadores, todo eso, la Biblia nos instruye a hacer eso. Pero que tu corazón no esté ahí, que tu esperanza no esté ahí, que tu gratitud sea constante: Dios, me lo diste. Señor, quiero compartir. Señor, cuando tú me lleves tendré riquezas en los cielos. ¿Cómo estás abriendo una cuenta en el cielo? Sí. Y la forma de abrir esa cuenta, hay una forma, hay una forma de abrir una cuenta en el cielo, es Cristo. Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es a través de mí.
En ese pasaje de Juan 14, Él está hablando con sus discípulos y Él les dice: yo me voy. Y los discípulos dicen: ¿cómo que tú te vas, Señor? Pero no te vayas. Y Él les dice: ¿ustedes conocen el camino a donde voy? Y un discípulo dice: si nosotros no sabemos dónde tú vas, ¿cómo vamos a conocer el camino? Y ahí es que Jesús emite esta hermosa expresión: Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida, nadie va al Padre si no es por mí. Tú no tienes que conocer el destino final del cielo, yo conozco a Cristo que es el camino allá, el único.
Y lo que el Señor Jesús nos está diciendo, se lo dijo a este individuo y a la multitud que estaba ahí: oye, olvídate de herencias. Déjate de ser seducido por estas cosas de este mundo. Haz tu trabajo y todo eso, sí, pero acuérdate que al final la vida no se trata de eso. Se trata de acumularte tesoros en el cielo donde tú pasarás tu eternidad, donde la vida no se acaba y no se acaba y no se acaba y no se acaba. Es para eso que tenemos que trabajar. Sería una muy mala inversión trabajar para aquí, para la hora, porque esto es muy corto y muy poco satisfactorio. Así que los dejo con esa pregunta: ¿dónde estás acumulando tu tesoro?
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.