Integridad y Sabiduria
Sermones

Engaño, persecución y gozo al mismo tiempo

Miguel Núñez 18 noviembre, 2018

La estrategia principal de Satanás no es simplemente la mentira, sino el engaño, porque sabe usar tanto la mentira como la verdad para lograr sus propósitos. En Hechos 16, una muchacha poseída seguía a Pablo proclamando algo completamente cierto: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación." Un demonio confesando la verdad para encubrir su identidad. Esto no era nuevo; cuando Cristo caminó en Palestina, los demonios también lo identificaron correctamente como Hijo de Dios, y en cada ocasión Jesús los mandó a callar. Cristo no estaba dispuesto a que un demonio usara su verdad para encubrirse.

Cuando el engaño falló, Satanás cambió de táctica: la persecución. Los dueños de la esclava, al ver perdida su fuente de ingresos, arrastraron a Pablo y Silas ante los magistrados. La acusación honesta hubiera sido "perdimos nuestro negocio," pero en su lugar los acusaron de propagar costumbres contrarias a Roma. El resultado fueron azotes con varas y la cárcel. Sin embargo, a medianoche, con heridas sangrantes en sus espaldas, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos. Nosotros perdemos el canto en una congestión de tráfico; ellos cantaban en una celda con la espalda llagada.

Un terremoto abrió las puertas y soltó las cadenas. El carcelero, aterrorizado, hizo la pregunta más importante que cualquier ser humano puede hacer: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" La respuesta fue simple: "Cree en el Señor Jesús." Esa misma noche, el carcelero lavó las heridas de los prisioneros, los alimentó en su casa, y fue bautizado junto con toda su familia. El amor lo cambió todo: su dureza de corazón se convirtió en compasión, y quien custodiaba presos ahora servía a los siervos de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Volvemos, hermanos, para vivir en su Palabra! Les invito a que abramos el libro de los Hechos, capítulo 16, donde iniciamos la semana pasada. Hoy nosotros estamos continuando donde nos quedamos la semana anterior. Habíamos cubierto Hechos 16 hasta el versículo 15 y ahora nosotros nos disponemos a cubrir el resto de lo que ese texto tiene que decirnos. Vamos a leer una primera parte que va a cubrir la mayor parte del tiempo de la predicación, y más adelante yo les doy el final de la historia porque creo que va a facilitar la exposición. Hechos 16, del versículo 16 al 25, pero no lo vamos a estar leyendo todavía.

Yo quiero muy rápidamente introducir o conectar con el domingo anterior. Nosotros vimos la llegada de Pablo y su nuevo equipo misionero, compuesto por Lucas y Silas, Timoteo y él, Pablo, a Filipos. Esta es la llegada de los primeros misioneros al continente europeo. Vimos cómo ellos no encontraron en la ciudad una sinagoga. Aparentemente el texto no lo dice con claridad, pero eso es lo que la evidencia deja ver, y por tanto se fueron a orillas de un río donde parece ser que le habían comunicado, le habían instruido, que había un lugar de oración. Y cuando llegaron encontraron un grupo de mujeres, y entre ellas estaba Lidia, de la ciudad de Tiatira, una ciudad que estaba en Asia, a donde Pablo había querido entrar pero donde el Espíritu de Dios no lo dejó. Pero ahora Dios había traído a Lidia desde Tiatira a Filipos y la tenía ahí ese día para escuchar las buenas nuevas de Jesucristo que Pablo compartió.

El texto nos dice que el Señor abrió el corazón de Lidia para que pudiera recibir, de manera que Dios fue adelante y le abrió el corazón para que pudiera recibir lo que Pablo estaba compartiendo. La historia termina dejándonos ver que no solamente Lidia creyó, sino que también toda su familia terminó creyendo y siendo bautizada. Esos fueron los primeros creyentes en el continente europeo. Si tú quieres saber cómo comenzó la evangelización y la iglesia en Europa, ahí está en esa historia.

Y entonces hoy el texto continúa en el versículo 16. Yo quiero introducir mi mensaje de hoy, porque lo anterior fue simplemente la conexión con el domingo anterior. Yo quiero introducir mi mensaje de hoy de la misma manera que introduje el mensaje anterior, y es con otra pregunta retórica que tú tienes que pensar un poco. Y esta es la pregunta: si tú tuvieras que responder cuál es la estrategia número uno de Satanás para impedir que alguien conozca a Dios o que crezca en su fe con Dios, ¿cuál tú crees que es esa estrategia por excelencia?

Yo creo que algunos de nosotros pensaríamos inmediatamente en la mentira, y en cierta manera esta es una respuesta más o menos correcta. Cuando tú vas a estar en el huerto del Edén, eso es lo que Satanás hace: le vende una mentira a Adán y Eva, y ellos compran la mentira, y desde entonces el hombre ha estado caminando por malos caminos. En el Nuevo Testamento, Satanás es llamado el padre de mentiras. Pero yo pensaba en el día de ayer: si tú afinas un poco más la respuesta, yo preferiría decir que la estrategia número uno de Satanás no es solo la mentira, sino más bien el engaño. Y la razón por la que digo eso es porque Satanás sabe muy bien cómo usar la mentira y la verdad para engañarnos, como vamos a ver en el texto de hoy. Y si él es capaz de usar la mentira y la verdad para producir el engaño, entonces mi selección sería: el engaño es su estrategia número uno, independientemente de cuál forma tome al momento de engañar.

La estrategia número dos de Satanás en contra de la iglesia, a lo largo de la historia, yo diría que ha sido la persecución. Por veinte siglos ahora. Y el antídoto en contra de esa persecución ha sido el gozo. Y con eso yo creo que tú sabes ya cuál es el título de mi mensaje: es engaño, persecución y gozo a la vez. Eso es exactamente lo que tú vas a ver en esta primera parte de mi exposición.

Yo quisiera llevarte al versículo 16 y de ahí en adelante hasta el 25: "Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación." En el original dice "espíritu de Pitón," Pitón como la culebra, el Python en inglés. Y eso tiene que ver con toda una historia un poco compleja con la mitología del pasado. Esta culebra serpiente tenía la capacidad, tenía un oráculo a través del cual hablaba, y la gente supuestamente iba allí y recibía revelaciones. Y eventualmente el dios Apolo terminó matando la serpiente y terminó quedándose él como el oráculo de Apolo. Es un poco más compleja de lo que acabo de resumir, pero para darles una idea. Y esto ha sido como un espíritu de adivinación, que es lo que Pitón o Python terminó queriendo significar.

"Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días. Mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te ordeno en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. Y salió en aquel mismo momento. Pero cuando sus amos vieron que se les había ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza ante las autoridades. Y después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observar, puesto que somos romanos. La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varas. Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad. El cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo. Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban."

¡Wow! Vamos a ver primero el engaño de que les hablé. El texto nos habla de una muchacha con espíritu de adivinación que seguía a Pablo y a sus compañeros todo el tiempo. Ella es descrita como una esclava. En realidad era esclava dos veces: era esclava de Satanás porque estaba poseída, y era esclava de unos hombres, unos amos que sacaban sus ganancias usándola a ella.

En aquella época la gente vivía muy atormentada por la posibilidad de que alguien pudiera echarle una maldición, lo que en nuestro país llaman un mal de ojo. Y la gente entonces visitaba todo tipo de brujos y de adivinos para encontrar alguna protección de parte de los dioses. Eso fue dos mil años atrás. Mil años antes, nosotros vemos a Saúl consultando a la adivina o la bruja, dependiendo de cuál traducción se tenga, de Endor, tratando de hacer contacto con Samuel. Y anterior a eso nosotros vemos los magos de Egipto que lograron duplicar algunos de los milagros de Moisés.

Y esto no solamente tiene tres mil años de historia; esto tiene la historia de la humanidad. Tan pronto Adán y Eva cambiaron la verdad de Dios por la mentira, el hombre terminó adorando a la criatura antes que al Creador, y ese es el origen de todo el animismo que vemos en Latinoamérica, en África, en Asia, no importa en esos continentes. Cuán avanzada esté la tecnología en esas naciones, los habitantes de esas naciones continúan siendo eminentemente animistas. Incluyendo en el Japón, la creencia en espíritus que controlan las fuerzas y los eventos de la naturaleza. Por eso hay tanta adoración a diferentes dioses o espíritus, incluyendo los familiares tuyos que ya han partido de este mundo. Y si piensas todavía en una nación más cercana a Estados Unidos, está llena de adivinos, de gente que te da la baraja, te lee las manos, gente que te da los horóscopos, y que no sales de tu casa si antes no lees el horóscopo, y así sucesivamente. De manera que tú puedes ver que la historia del hombre es una historia animista, creyendo en seres y espíritus que controlan los fenómenos de la naturaleza. Y esta es otra manifestación en el texto de hoy de ese animismo.

El texto que leímos nos dice que esta muchacha seguía a Pablo "y a nosotros," lo que nos deja ver con el "y a nosotros" que Lucas está con Pablo, y que probablemente Timoteo y Silas también. Escucha lo que la muchacha decía: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación." ¡Eso es verdad! Y lo está diciendo un demonio. Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y proclaman el camino de salvación. No hay otro camino; eso es lo que ellos proclaman. Por eso yo te decía que Satanás es capaz de usar la verdad para engañar.

La primera vez que nosotros vemos la designación "el Dios Altísimo" es en Génesis 14: El Elyon, el Dios Alto, Altísimo. Es una designación que no es única del judaísmo, no es única del cristianismo. De hecho aparece en el pasado; los fenicios la usaron igual que otras culturas. Zeus, el padre de todos los dioses, llegó a ser llamado el dios altísimo. Pero es una designación especial en el contexto ahora cristiano en que esto se está desarrollando.

Nosotros no podemos olvidar que los demonios saben más teología que nosotros, porque todos ellos fueron educados inicialmente en la universidad del cielo. Este demonio está usando la verdad para ocultar su identidad, de tal forma que los demás puedan creer que él está del lado de Pablo, y que Pablo pueda creer que realmente él no es lo que verdaderamente era. De manera que ahí tienes el engaño a través del uso de la verdad.

El versículo 18: "Mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: Te ordeno en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. Y salió en aquel mismo momento." Pero esto ocurrió por muchos días, dice el texto. Nosotros no sabemos por qué Pablo le permitió continuar con esta verdad engañadora. Quizás simplemente él no había recibido la revelación de parte de Dios de que se trataba, y en el momento que lo hace es cuando Dios le dio la revelación. Es posible.

Yo pienso que probablemente esa sea para mí, por lo menos, la opinión más acertada. Lo increíble es que esto tampoco es nuevo. Cuando Cristo anduvo caminando en Palestina, en más de una ocasión le salió un endemoniado al paso y ese endemoniado lo identificó como el Hijo de Dios. Y en cada ocasión que el endemoniado usó la verdad, Cristo lo mandó a callar y lo expulsó. Cristo no estaba dispuesto a que un demonio usara su verdad para encubrirse. De manera que tú puedes ver que ciertamente Satanás puede usar tanto la mentira como la verdad para lograr sus propósitos.

De hecho, si tú te vas al libro de Job, tú te encuentras a Satanás tratando de usar la verdad en frente de Dios para él lograr sus propósitos. Escucha lo que Dios le dice a Satanás. "¿Te has fijado?", capítulo 1, versículo 9. "¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra." El verso continúa, pero esa es la parte que me interesa. Satanás responde: "¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por todos lados?" Pero es verdad. De hecho, Dios admite que eso es verdad porque cuando Satanás pronuncia su palabra, no solamente no lo desmiente, sino que dice: "Está bien." Entonces, es como que: "Yo remuevo mi valla, tú lo tienes, tú puedes hacer lo que tú quieras, pero no le puedes quitar la vida, no toques su vida."

Obviamente la prosperidad de Job se la debía a Dios. Obviamente, el hecho de que Job fuera un hombre intachable se lo debía a Dios. Dios le había protegido por todos lados. Y ahora Satanás toma esa verdad, se la tira a Dios a su rostro como queriendo provocar a Dios para lograr sus propósitos. ¿Y cuál era el propósito? Quítale la protección, déjamelo a mí y tú verás si él no te maldice a tu propia cara. Satanás estaba convencido de que él llevaría a Job a ese estado. Pero él pronunció verdad ante Dios y, entre comillas, obviamente provocó a Dios a la prueba.

Esa es la razón por la que Pablo escribe a los corintios y les dice: "Nosotros no ignoramos sus ardides", de acuerdo a la Biblia de las Américas, o "sus maquinaciones malignas", de acuerdo a la Nueva Traducción Viviente. Maquinaciones malignas. Satanás maquina en su mente, te conoce, construye un plan conforme a cada uno de nosotros de manera que tú puedas tropezar conforme a lo que tú eres. Y conforme a su propósito, así viene la estrategia. Pero siempre es el engaño: a veces a través de una verdad maquinada, a veces a través de una mentira.

Yo quiero que veamos ahora la persecución, que es mi segundo punto, de Pablo y su equipo misionero. Yo creo que la segunda estrategia de Satanás contra la iglesia a lo largo de la historia ha sido la persecución. Y del versículo 19 al versículo 23 hay una descripción de la acusación y la persecución contra Pablo. Cuando los dueños de la esclava, la muchacha esclava, se percataron de que sus ganancias ya no las iban a poder seguir percibiendo, ellos prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza del mercado. La Biblia de las Américas simplemente dice "hasta la plaza". Otra traducción dice "la plaza del mercado", que es exactamente lo que era. Y ahí había un trono, había una corte que se llevaba a cabo. Y los magistrados estaban ahí como para recibir casos, de manera que los arrastraron hasta allá.

Escucha cómo el versículo 19 lo describe: "Cuando sus amos vieron que se les había ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron hasta la plaza del mercado ante las autoridades." Satanás cambió la estrategia, cambió la táctica. No me funcionó la verdad para encubrir a ese demonio. Vamos ahora a ir a la persecución para evitar que la fe cristiana se propague. Pero cada vez que Satanás ha usado la persecución en la historia de la iglesia, tarde o temprano el tiro le ha salido por la culata, porque la iglesia se ha fortalecido, la iglesia ha crecido. Y esa no es una buena estrategia, aunque ha producido sufrimientos incontables.

¿Notaste que los amos de esa muchacha, ahora liberada, ahora libre, que ya puede disfrutar su vida, no tenían el más mínimo cuidado? En buen dominicano, les importaba un pito que ella estuviera libre ahora. Lo que les importaba era su bolsillo, porque su dios estaba en sus bolsillos. Y otra vez, esta no es la primera vez que algo parecido es relatado en la Palabra.

Si tú te vas a Marcos capítulo 5, del versículo 1 al 20, hay un relato donde Jesús está caminando y le sale al encuentro un hombre que lo llama "el Hijo del Dios Altísimo". Otra vez, usando el mismo nombre para Dios, El Elión. "El Hijo del Dios Altísimo, ¿qué tenemos que ver contigo?" Y dice el texto que le invocaban, le rogaban los demonios diciendo: "Por Dios, no nos mandes a un lugar lejano o al abismo." Los demonios diciéndole a Cristo: "Por Dios, no me mandes." Ellos saben que no dependen de Satanás, ellos saben a través de quién es que se dan las cosas. "Por Dios, no nos mandes a un lugar lejos. Mándanos a esa piara de puercos que está ahí." Y Cristo concede tal cosa.

Tuviste al demonio confesando la verdad. Le mandó a callar, lo expulsa, y eso es lo que tú ves cada vez que un demonio lo confesaba por lo que Él era. "No me interesa que los demonios me confiesen, me interesa que los hombres me confiesen." Y lo manda a expulsar y él sale. ¿Qué tú piensas que ocurrió en ese pueblo? Lo mismo que ocurrió aquí en Filipos. La gente debió haber estado contenta de que esta legión de demonios salió de un solo individuo y ahora estaba ahí sano, bañado, cambiado, y dice el texto, luciendo bien, libertado o liberado. Pero no. La gente del pueblo vino a Jesús y le dijo: "Te rogamos que te vayas y nos dejes tranquilos." Y el texto explica por qué: habían perdido dinero. ¡Wow!

Cada vez que Cristo se refiere al dinero en los evangelios, tiene una connotación negativa. Cristo en los evangelios... El hijo pródigo le pidió a su padre que le diera su parte de la herencia. Jesús sabe que el dinero es una estrategia frecuente de Satanás que nos hace confiar en su poder, en el poder del dinero, más que en el poder de Dios. De esa misma manera, Jesús sabe que el dinero, más frecuentemente que no, nos alimenta el apetito para adquirir las cosas de este mundo, los deseos de este mundo, en vez de los deleites de Dios.

La acusación contra Pablo debió haber sido, si iba a ser honesta, que perdimos nuestro medio de ganancia. Pero eso no fue lo que hicieron. Bueno, no les iban a hacer caso. Estos magistrados son romanos, no nos importa la economía de una persona. Escucha lo que hicieron. Ellos cambiaron la acusación y la relacionaron a Roma, versículo 21: "Proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observar, puesto que somos romanos."

Roma permitía prácticamente que todo el mundo, cada grupo, pudiera practicar la religión que quisiera, siempre y cuando no presentara una amenaza a Roma. El judaísmo representaba una amenaza a Roma porque estaban en contra de la adoración del César. El cristianismo, que apenas está comenzando, representaba una amenaza para Roma, y eso es lo que esta gente le trae. Les dicen que tienen costumbres que nosotros no nos es lícito aceptar, puesto que somos romanos y ellos son judíos.

Entonces, ellos vienen y prenden a estos hombres. Han prendido a Pablo y a Silas. No sabemos de Timoteo y Lucas, no sabemos por qué no los tomaron también. Quizás porque Timoteo y Lucas tenían un trasfondo gentil; Timoteo era medio judío, medio gentil, y Pablo y Silas eran completamente judíos. Quizás, en fin, esa sería la razón. Y dice el texto que toda la ciudad se alborotó, todos. Con eso lograron alborotar a toda la ciudad, no muy diferente a lo que tú lees cuando toda la ciudad de Jerusalén fue alborotada y gritaban el día antes de la crucifixión de Cristo: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!"

Entonces los magistrados dieron instrucciones para que se les azotara. Eran unas varas las que se usaban, las que Roma usaba. Y entonces ellos fueron azotados con varas. El texto dice que recibieron muchos azotes, que les rasgaron las ropas de manera que estas varas caían directamente sobre la piel de estos individuos, por personas entrenadas en dar varazos. Esta fue una de las múltiples ocasiones en la que Pablo sufrió por causa del evangelio, una de las múltiples.

Déjame recordarte algunas cosas del sufrimiento de Pablo por amor al evangelio, porque él está en medio de ese sufrimiento ahora y todavía le falta la cárcel. Pablo había sido ignorado en Atenas, había escapado escasamente de Berea, había sido burlado y se rieron de él en Corinto, había sido azotado y luego echado a la prisión en Filipos, donde estamos ahora mismo. También había sido apedreado y dejado por muerto en Listra; ya pasamos por Listra y lo dejamos apedreado, y ellos lo dieron por muerto. Había sido perseguido en Tesalónica, salió corriendo para Berea, y cuando llegó a Berea ya te dije lo que pasó.

Cuando Pablo escribió a los corintios en su segunda carta, estaba defendiendo su ministerio. Él les escribe en el capítulo 11, a partir del versículo 23 hasta el 25, y él les dice lo siguiente: que él ha estado en azotes un sinnúmero de veces, a menudo en peligros de muerte. Cinco veces he recibido de los judíos treinta y nueve azotes. Esos son diferentes a los azotes de los romanos. Los azotes de los judíos era como con lo que nosotros llamamos un fuete. Los judíos limitaban los azotes a treinta y nueve pensando que nadie podía soportar más de treinta y nueve latigazos. Los romanos no tenían número; le daban el número de veces que tú quisieras y usualmente lo hacían con varas. "Tres veces he sido golpeado con varas." Esta que te conté, que te leí, es una de esas tres veces. "Una vez fui apedreado." Eso fue en Listra. "Tres veces naufragué y he pasado una noche y un día en lo profundo, en alta mar." ¡Wow!

Uno pensaría, si no ha leído bien la Biblia... De hecho, yo he tenido esas preguntas, múltiples veces me lo han hecho.

Porque es que Dios toma una gente, lo escoge como Pablo, para que predique el Evangelio. Y está predicándole el Evangelio, está haciendo su voluntad, le estaba obedeciendo, entonces permite que todas estas barbaridades le ocurran. Piensa por un momento: Él pudo haber hecho con Pablo lo que hizo con Job, a pesar de que Él no lo hizo ni con su propio Hijo. ¿Qué tipo de motivaciones tú requieres para estar dispuesto a sufrir lo indecible por amor al Evangelio y continuar haciendo la misma cosa? Porque tú dices: "No, yo estoy dispuesto", y pasa una vez y pasa dos veces, la tercera vez tú dices: "Bueno, no, ya se acabó, porque hay que ser prudente también. La próxima vez van a haberme matado". Pero eso no fue Pablo. Pasó su vida entera. Yo creo que Pablo estaba más sufriendo que con buenas horas.

Yo me puse a pensar, a meditar un poquito ayer, acerca de cuáles eran las convicciones de Pablo. Y luego me puse a pensar un poquito en: ¿Por qué es que Dios permite la tribulación y el sufrimiento de tal forma, a veces, en los mejores de sus hijos? Y yo quisiera como pausar ahí y hablar un poco de eso de manera práctica: las convicciones de Pablo.

Él las explica. Y las explica en Segunda de Corintios capítulo 5. En el mismo libro donde él defiende su ministerio, al defender su ministerio, él explica su ministerio. Y en el capítulo 5, por si lo leéis, él dice que estamos convencidos de que compareceremos, de que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas de todo lo que hayamos hecho, ya sea bueno, ya sea malo. E inmediatamente después dice: "Por tanto" —es una conclusión de lo anterior— "conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres". En otras palabras: yo estoy consciente, yo estoy haciendo lo que estoy haciendo porque, en primer lugar, estoy consciente de que hay una comparecencia ante el tribunal de Cristo para que todo el mundo rinda cuenta —valga la redundancia— de todo lo que ha hecho.

Yo estoy consciente de eso. Yo también estoy consciente de que la única manera de quedar exento del castigo es que tú resuelvas esa situación antes, porque de lo contrario te espera una sentencia de condenación. Conociendo el temor del Señor, conociendo la disciplina del Señor, conociendo la reverencia que el Señor necesita o merece, yo hago algo al respecto. ¿Y qué hago? Persuadimos a los hombres. ¿De qué persuadimos a los hombres? Del error en que están. ¿De qué persuadimos a los hombres? De que el Evangelio es el camino de salvación. ¿De qué persuadimos a los hombres? De que hay una condenación eterna. ¿De qué persuadimos a los hombres? De que el poder del Evangelio es lo único que te puede sacar de la condenación.

Pablo continúa en el capítulo 5 dando, expresando sus convicciones. Yo menciono todo esto porque eso es lo que explica por qué él está dispuesto a sufrir lo indecible por amor a la proclamación del Evangelio. Luego Pablo dice: "El amor de Cristo me constriñe, me empuja, no me deja tranquilo, es el viento debajo de mis alas". Cuando pienso cómo me ha amado, cómo me ha libertado, por esa razón yo hago lo que hago.

Y continúa un poco más abajo y dice: entonces, él está convencido de que Cristo murió por todos, y uno murió por todos, y por tanto todos morimos. Y que ahora lo que ahora vivimos, no debiéramos ¿qué cosa? No debiéramos vivir para nosotros mismos, sino para Aquel que murió por nosotros. Yo estoy tan convencido de eso que yo no puedo seguir viviendo para Pablo, y si esto es lo que quiere que yo haga, esto es lo que yo voy a hacer.

Y sigue inmediatamente después y dice: "Somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de los hombres: reconciliaos con Dios". Esas son mis convicciones. Esas cosas explican por qué yo sufro por causa del Evangelio. Y luego él termina en el versículo 21 diciendo: "Porque a Cristo, que no conoció pecado, fue hecho pecado para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él, para que llegáramos a ser santos, y llegáramos a ser salvos en Él". Con esas convicciones, yo estoy dispuesto a sufrir, y no voy a parar. Pablo se sentía compelido por el amor de Cristo.

Ahora, de nuevo, esta es parte de mi reflexión: ¿Por qué Dios permite que los mejores de Él a veces sufran lo peor? Viendo la cruz, incluso. Yo quería reflexionar en voz alta con ustedes acerca de esto, porque esto es donde Pablo y Silas están ahora mismo, en medio del dolor y el sufrimiento por causa del Evangelio.

Yo quiero decirte que la fidelidad a Dios en medio del dolor, del sufrimiento, de la pérdida, de la escasez, de la persecución, habla mucho más elocuente que la fidelidad en los buenos tiempos. Es muy fácil ser leal a Dios, fiel a Dios, cuando nada me está ocurriendo. Mi economía está boyante, mis hijos van bien, están sacando A's en la universidad. Mi salud está perfecta, ni siquiera he ido al médico en cuántos años. Es muy fácil ser leal a Dios en estas condiciones.

Pero permíteme compartir algunas ideas acerca de por qué Dios permite el sufrimiento en sus hijos. Dios permite el dolor en nuestras vidas porque sin el sufrimiento no hay profundidad de vida. Yo lo voy a decir de otra manera, sin deseo de acusar a nadie porque no tengo nombre en mi mente: pero si tú has sufrido poco en tu vida, a tu vida le falta profundidad.

Richard Foster, lo he mencionado en otras ocasiones, en uno de sus libros dice que la superficialidad es la maldición de esta generación. Y yo estoy igualmente convencido de que la razón es que esta es la generación más provista que menos ha sufrido; esta es la generación que más tiene y, por tanto, esta generación no tiene profundidad. Si piensas en el clavo, cuando clavaron a Jesús, mientras más profundo es el clavo, más peso puede soportar. Y los tres clavos de Jesús en la cruz soportaron el peso del pecado de todos sus elegidos.

Ninguna vida alcanza profundidad en la prosperidad, y menos en la felicidad o en medio de la felicidad, ¿no es verdad? Los estudios están hechos comparando la generación actual con la de los años de 1940, y la conclusión es la misma: esta generación no tiene la fortaleza de carácter para pasar por los años de la Depresión del año 30 y luego los años subsiguientes al año de 1940.

Los grandes pensadores y teólogos de la historia de la Iglesia son el fruto del sufrimiento. Y para poner uno solo, dos: Martín Lutero o Juan Calvino. Lutero con su persecución, Calvino con su estado de salud. Nosotros preferimos conocimiento, memorizar el texto. El conocimiento moldea tu mente; el dolor y el sufrimiento moldean tu corazón. Hay una gran diferencia. No hay una sola persona sensible hacia aquellos que no tienen si no ha pasado por la adversidad. La adversidad es la forma como Dios destruye nuestro egocentrismo y nuestra autosuficiencia.

Nadie será sensible al dolor del otro si él no sabe lo que es sufrir. Nadie, ningún hombre varón, sabe lo que son los dolores de parto. Cuando tú ves una mujer dando gritos en dolor de parto, muchas veces, en vez de ser sensible, tú te molestas y dices: "¿Pero qué, tampoco es tanto? Ese escándalo... Yo sé que te duele", pero no, tú no sabes que te duele. Tú no has parido. Que alguna persona puede exagerar, sí, pero eso no quita la realidad de otras.

Entonces ahí tú tienes la razón de por qué Dios permite que algunos de los suyos pasen por el dolor y el sufrimiento. De hecho, Pablo dijo ¿qué cosa? Que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad. Entonces Pablo dice: "¿Ah, pero es así? Entonces yo me voy a gloriar en la tribulación. ¿O es así, que para que el poder de Dios se fortalezca y crezca me toca a mí sufrir? Si es así, pues mándame todo lo que Tú quieras mandarme, pero sé que con eso viene el poder Tuyo".

Esa es la persecución. Mi segundo punto del cual hablé. Mi tercer punto es el gozo, el versículo 25. "Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban". ¿Tú puedes creerlo? Como que Pablo se voltea donde Silas: "Silas, vamos a dar un concierto a esta gente". De hecho, son presos que nunca han tenido un concierto en su vida.

Pero ponte a pensar. Ellos están con heridas sangrantes, como lo vamos a ver un poquito más adelante, pues yo quiero terminar la historia. Heridas que están sangrando desde hace dos o tres horas. Imagínate si se quisieran acostar: te vas a acostar en el piso con esas heridas. Imagínate si se quisieran sentar y recostar la espalda sobre la pared: te vas a recostar con esa espalda llagada, herida. No. Entonces, ¿qué hacemos? Bueno, te quedas parado, te sientas, pero no te recuestas. A pesar de las heridas sangrantes en sus espaldas, todavía quedaba un canto en sus corazones.

Y nosotros perdemos el canto desde que el tráfico se pone pesado. "¡Es que no se puede vivir! ¿Se puede? Porque tú has vivido. Mira esto, como que nunca lo había visto. ¡Es increíble! ¿Qué ha pasado? Y todo el mundo salió a la calle". Se te va el canto en un tapón de carros, en una congestión de carros. O sea, se me va el canto. Y estos hombres están azotados en la cárcel y están cantando, probablemente salmos. Y los presos estaban escuchando. Esta es como la adoración antes de la prédica. No les han predicado todavía. Esta es la adoración antes de la prédica.

De manera que está Pablo, está Silas. Si nosotros nos incomodamos en medio de una congestión de tráfico, y esta gente canta en la cárcel, eso habla de cuán superficial es nuestra vida con relación a la vida de estos evangelistas del pasado.

Ahora, su canto y oración tuvo un efecto. Ya lo voy a leer. De repente, en el versículo 26, se produjo un gran terremoto de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos. Al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron. Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar creyendo que los prisioneros habían escapado. Mas Pablo clamó a gran voz...

Acá hay alguien que está dirigiendo, diciendo: "¡No te hagas ningún mal! Pues todos estamos aquí." Pablo de alguna manera convenció a los otros prisioneros que se quedaran también. Entonces pidió luz y se precipitó adentro, y temblando se postró ante Pablo y Silas, no ante los otros. Y después de sacarlos dijo: "Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo?"

Como diría en un programa por ahí: ¡qué pregunta! Todo el mundo le tiene miedo a la muerte, y este carcelero estaba al punto de suicidarse. Y la razón era que cuando un preso escapaba, al carcelero le caía la misma pena que había sido asignada al preso. Había muchos presos; dos de ellos, Pablo y Silas, que no sabían todavía cuál iba a ser su pena. Pero él entendió que si se habían ido todos, pues lo mejor era que yo me matara, me suicidara. Por eso dice el texto que despertó atemorizado con el temblor, y luego cuando oyó a Pablo que dijo: "No te hagas mal, que aquí estamos todos," el carcelero temblando se postró ante Pablo y Silas, y después de sacarlos dijo: "Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo?" Esa es la pregunta más importante que el hombre se puede hacer. No "con quién me voy a casar" si estás soltera y los años van pasando; esa no es la pregunta más importante. Y si ya tú tienes esa pregunta respondida, pues no tienes mucho por qué preocuparte, porque tu futuro está en las manos de ese Dios que va adelante.

Para cuando Pablo y Silas contestaron la pregunta "¿qué debemos hacer para ser salvos?", nota lo que Pablo y Silas no hicieron. No le dijeron: "Bueno, mira, vamos a comenzar con los diez mandamientos." Tampoco le dijeron: "Bueno, vamos a comenzar como hicieron Moisés y todos los profetas para abrirte todas las Escrituras," como Cristo sí hizo con los dos discípulos, los judíos que iban camino a Emaús. Este carcelero no era ni judío ni muy versado; a alguien así no solo hay que profetizar, tenemos que pasar no sé cuántos tres meses enseñándole. Tampoco le dijeron: "Mira, eso es complicado, déjame hablarte de la predestinación primero." Tampoco le hablaron de los sacramentos, del bautismo y la comunión; todo eso viene, pero viene después.

La respuesta de Pablo y Silas a la pregunta más importante que todo hombre tiene que hacer, "¿qué debo hacer para ser salvo?", fue simple, sencilla: sola fide. Ellos respondieron: "Cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y toda tu casa." Sola fe. No es fe más las obras, no es fe menos la divinidad de Cristo como proclaman los mormones, los testigos de Jehová. Y ese es el punto cumbre del Evangelio: que el Evangelio, la salvación, el perdón, es a través de Cristo y Cristo solamente; es a través de él, con la fe depositada en él y por él.

Luego hay que hacer una observación con relación a este versículo: "y serás salvo tú y tu casa." Porque mucha gente ha venido donde mí a preguntarme: "Oye pastor, ¿es simple que si yo creo toda mi familia va a ser salva?" No. Esto es una promesa, slash profecía, que Pablo le hace al carcelero: de que si él cree, también junto con él van a creer sus familiares. Yo tengo que recordar que esto es una promesa al carcelero y una especie de profecía, y tengo que recordar que esto es un libro histórico: los Hechos. Los libros históricos relatan cosas que pasaron y no necesariamente que continuarán pasando; pero la frecuencia, cuando tú las revises, que no han vuelto a pasar. ¿Cuántas veces tú has visto diez plagas sobre una nación que Dios trae, con una última que mata todos los primogénitos de esta nación, incluyendo los de los animales? Nunca más. ¿Cuántas veces tú has vuelto a leer o a ver u oír que Dios abrió otro mar como abrió el Mar Rojo? Ninguna vez. Esos son libros históricos; solamente dice lo que pasó, no lo que va a continuar pasando.

Ahora nota que Pablo le dice "cree en el Señor Jesús y serás salvo tú y tu casa." Pero el versículo 32 dice: "Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa." Va a ser más completo que eso. Cuando el carcelero los sacó y se los llevó a su casa, en ese contexto le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. ¿Cuál fue la palabra del Señor? Con toda probabilidad, el Evangelio: "Soy pecador, que necesito el perdón de Dios, que solamente la cruz de Cristo me puede salvar, que su sangre me limpia de pecado, que tengo que recibirle como Señor y Salvador, entregarle mi vida, recibirla de él." Básicamente. Notaste que la familia llega a creer porque le hablaron la palabra del Señor. La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios.

Ahora, una vez la persona es salva, la persona comienza a cambiar. Eso de que "él es salvo pero no ha dado fruto"... no, si no ha dado fruto, no es salvo. Eso está en toda la historia de la Iglesia: los grandes teólogos diciendo que la justificación, que es la salvación, lleva a santificación, que son los frutos. Notaste lo que comienza a ocurrir en este carcelero. El primer cambio que él exhibe es compasión, y él los tomó en aquella misma hora de la noche y les lavó las heridas. ¡Wow! Este es un carcelero acostumbrado a este tipo de prisión, donde él mismo probablemente en alguna ocasión pudo haber dado azotes y demás. Él toma a Pablo y Silas, que están heridos, y les lava las heridas.

Pero nota también que sus heridas no robaron el gozo, no les quitaron su canto. Esta señal está siendo documentada por el carcelero, de la misma manera que las heridas del Señor en la cruz no le robaron su perdón, cuando él dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." ¿Y qué es lo que hace que esto comienza a ocurrir de esta manera, de dureza de corazón a compasión por los prisioneros, por estos dos por lo menos? El amor por Dios y el amor por el prójimo. Alguien me dijo recientemente esta semana: "El amor lo cambia todo." Y yo pausé momentáneamente y dije: "¡Wow! Sí, es cierto." Cambia definiciones. De repente, lo que era condicional ahora es incondicional. Él no les lavó las heridas a Pablo y Silas por dinero; él lo hizo incondicionalmente. Ahora él ama a estos prisioneros. El amor cambia la dureza del corazón por la bondad. La bondad ya lo vimos: las cadenas de Pablo y Silas el prisionero las dejó sueltas, el carcelero, y luego les lavó las heridas. De manera que cambió su dureza por bondad.

El segundo cambio que él y los suyos experimentan fue el deseo de ser bautizados. El texto dice en el versículo 33: "En seguida fue bautizado él y todos los suyos." Hermanos, si tú tienes una renuencia —no que no ha habido la oportunidad—, si tú tienes una renuencia, el "¿qué me va a importar?"... tu renuencia milita de manera grande en contra de tu conversión. Si te ofendí, perdóname; si te ofendió la palabra, aplácate con Dios. En la iglesia primitiva era inconcebible que una persona que poseía el Espíritu no quisiera, no fuera convencida por el mismo Espíritu de bautizarse. Y si el tiempo ha ido pasando, mayor la posibilidad de que no sea salvo.

El amor lo cambia todo. El amor por Dios ahora los llevó a ellos incluso a tener el deseo de bautizarse y dar este testimonio público de que ahora yo soy cristiano. El amor cambia expectativas. Ahora la persona comienza a dar sin recibir, o sin expectativas de recibir. ¿Dónde vi eso? Los llevó a su hogar, les dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos. En medio de la noche, no solamente les lavó sus heridas, sino que "sabes que no tienes que pagarme la comida, no te estoy esperando nada a ti; mira, aquí hay comida para ti Pablo, para ti Silas."

El amor lo cambia todo. Si tienes dificultad en darle al otro porque siempre estás esperando que el otro te devuelva, habla con Dios, a ver si el Espíritu está en ti, o quizá hay algo de eso pero tiene que crecer.

Cuando tú revisas este capítulo, esas son las tres conversaciones que Pablo tiene. Tiene tres conversaciones importantes: una es con Lidia, la mujer de dinero; la otra es con una muchacha poseída; y esta tercera conversación con el carcelero. Lidia y su familia fueron los primeros conversos en Europa. Se supone que esta muchacha liberada también llegó a creer; se supone, no está claro en el texto, pero es lo más probable. Y luego la familia del carcelero, con él, también resultaron bautizados. De manera que la iglesia de Filipos comenzó con una señora pudiente, una muchacha ya liberada porque había estado poseída, y un carcelero. Una interesante composición de esa iglesia.

La muchacha endemoniada con toda probabilidad no era de influencia en la población, o de poder o de dinero; el carcelero mucho menos. El cristianismo siempre ha funcionado de esa manera. Eso no quiere decir que Dios no haya llamado a gente y haya prosperado a mucha gente; no, no, no, que iban a ser hemos tampoco. Pero cuando Pablo escribe a los corintios, les dice: "Hermano, mira, fíjate en una cosa: cuando Dios comenzó a llamar gente aquí en Corinto, no te creas, llamamos a los sabios, a los inteligentes, a los poderosos." Escúchalo, capítulo 1 de Primera a los Corintios, versículo 26 en adelante:

"Pues considerad, hermanos, vuestro llamamiento. No hubo muchos sabios conforme a la carne, no muchos poderosos, ni muchos nobles, sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo —como una muchachita poseída— ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es —como un carcelero—, para que nadie se jacte delante de Dios. Mas por obra suya estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención, para que, tal como está escrito: el que se gloría, que se gloríe en el Señor." Amén.

Eso es lo que el Señor revela. Y eso pasó en Filipos, como pasó en Corinto.

Para dejarme ya darte el desenlace final de la historia, yo no tengo mucho que comentar, pero te daría el desenlace final. Versículo 35: "Cuando se hizo de día, los magistrados superiores enviaron a sus oficiales diciendo: suelta a esos hombres." ¿Cómo sería en inglés? Too late. Muy tarde. El carcelero comunicó a Pablo estas palabras diciendo: "Los magistrados superiores han dado orden de que se os suelte, así que salid ahora e id en paz."

Pero Pablo le dijo: "Aunque somos ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente sin juicio y nos han echado a la cárcel, ¿y ahora nos sueltan en secreto? De ninguna manera. Que ellos mismos vengan a sacarnos." Nosotros de aquí no nos vamos. Si nos quieren fuera, que los magistrados superiores sepan que somos ciudadanos romanos, que violaron la ley, y entonces si nos van a soltar, que ellos vengan a soltarnos para que quede clara nuestra inocencia.

¿Qué tú piensas que los magistrados dijeron? "No, eso es un prisionero, no lo merece." Escucha: "Los oficiales informaron esto a los magistrados superiores, y al saber que eran romanos, tuvieron miedo." Pablo sacó su carta de bajo de la manga al través. "Entonces vinieron y les suplicaron." Todos los magistrados superiores les suplicaron a Pablo y a Silas, "y después de sacarlos les rogaban que salieran de la ciudad." Les rogaban, o sea, por favor váyanse, que salieran de la ciudad. "Cuando salieron de la cárcel, fueron a casa de Lidia, y al ver a los hermanos, los consolaron y partieron." En la casa de Lidia estaban orando, porque al verlos: "Tranquilos, estamos aquí sueltos," y al otro día se fueron.

Tú puedes ver qué historia tan increíble es esta, del Dios que va adelante otra vez. Dios permite que Pablo y Silas sean azotados, vejados y llevados a la cárcel, para que un carcelero y toda su familia no pasen la eternidad en la condenación eterna, y para que ellos vuelvan a ser muy buenos. Y luego el trabajo del carcelero continúa en su trabajo, pero ahora había un evangelista detrás de los barrotes. Y Lidia continúa su trabajo de vendedora, pero ahora había una evangelista en la clase social pudiente. Y la mujer liberada, la muchacha liberada, probablemente terminó creyendo en el evangelio; ahora había una evangelista entre personas que incurrían en el mundo oculto.

Tú puedes ver cómo Dios distribuye sus evangelistas y por qué las circunstancias tienen que ser lo que están, de tal manera que nuestras vidas sean entrelazadas como hilos de un tapiz, como decíamos el domingo anterior. Ahí está nuestro Dios haciendo lo mismo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.