La resurrección de Cristo no es solo una doctrina que afirmamos, sino una realidad que debe transformar la manera en que vivimos. Podemos decir que la resurrección es la victoria sobre la muerte, la base de nuestra esperanza y la garantía de las promesas de Dios, pero la pregunta verdaderamente importante es: dadas estas realidades, ¿cómo viviremos en medio de una sociedad decadente?
Los discípulos antes de la resurrección eran hombres de poca fe, impulsivos, orgullosos y dispersos. Cristo mismo los llamó "insensatos y tardos de corazón para creer". Pero algo cambió radicalmente después del domingo de resurrección. Estos mismos hombres que abandonaron a Jesús en Getsemaní ahora aparecen unidos en el aposento alto, obedeciendo la instrucción de esperar en Jerusalén sin saber por cuánto tiempo. La cruz les dio el incentivo para vivir en santidad; la resurrección les dio el poder para hacerlo.
El texto de Hechos 1 revela cinco marcas de esta vida transformada: cultivaron fe y obediencia inmediata, permanecieron unánimes cuando antes peleaban por posiciones de honor, se entregaron de continuo a la oración cuando antes no podían velar ni una hora, comenzaron a ver los eventos a la luz de las Escrituras, y dependieron del Espíritu Santo y la providencia de Dios para tomar decisiones. Incluso ante la traición de Judas, no se paralizaron: si la traición de Judas paraliza, la resurrección de Cristo moviliza.
La iglesia primitiva modeló cómo esperar el regreso de Cristo: en santa conducta y piedad, confiando en que el mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos ahora vive en nosotros.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Te invito a abrir el libro de los Hechos, porque aunque estamos continuando nuestra serie, yo empecé desde el día de la resurrección. Esas dos cosas están conectadas de alguna manera. Lo que sigue en el texto que tenemos por delante guarda estrecha relación con el evento de la resurrección. Yo he titulado el mensaje de esta mañana "Y entonces, ¿cómo viviremos?". Tomé prestado ese título, dije en el servicio más temprano, de una obra que escribió Francis Schaeffer en el año 1976, que se llamó justamente "Y ahora, ¿cómo viviremos?". En el caso de Schaeffer, él la escribió para hacer la pregunta en vista de la subida y la caída de la civilización de Occidente, y él hacía la pregunta en vista de eso: a la luz del ocaso de Occidente, nosotros los cristianos, ¿cómo viviremos?
Pero yo quiero hacer otra pregunta similar, pero bajo otra luz, y es: en vista de la realidad de la resurrección, entonces, ¿cómo viviremos en medio de una sociedad decadente, como planteaba Schaeffer, y que va de mal en peor? Yo creo que este es un buen día para hacer esa pregunta. La mayoría de nosotros estamos muy familiarizados con las afirmaciones doctrinales que están en esta Biblia. Lo que nos falta con frecuencia son las aplicaciones de la doctrina que afirmamos.
Nosotros podemos decir, por ejemplo, que la resurrección es la victoria de Cristo sobre la muerte, y lo es. Que la resurrección es la base de toda nuestra esperanza, y lo es. Que la resurrección es la garantía de todas y cada una de las promesas hechas en Cristo Jesús, y lo es. Que la resurrección confirma la divinidad de Jesús, y así es. Y que la resurrección es el amén del Padre al sacrificio perfecto del Hijo en la cruz, y sin duda alguna así es. Pero la pregunta en esta mañana no es doctrinal sino aplicativa: y entonces, dadas esas realidades, ¿cómo viviremos? ¿Cómo vivió esta primera iglesia primitiva y cómo viviremos nosotros?
Recordemos que al final del mensaje anterior hablamos de la ascensión de Cristo a los cielos y vimos alguna de sus implicaciones. Cómo la iglesia primitiva entendió que Cristo hoy reina muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio, y de todo nombre que se nombra, no solamente en este siglo sino también en el venidero, Efesios 1:21. Nosotros vimos en el mensaje anterior cómo los discípulos estuvieron ahí escuchando al Señor, y cómo este fue llevado a los cielos, y cómo lo recibió una nube que le ocultó. E inmediatamente después de ese ascenso se aparecieron dos ángeles que les dijeron: "Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo."
A partir de ese momento los discípulos se quedaron sin la presencia física de Jesús. La pregunta sería entonces: ¿qué hicieron, qué decidieron, cómo comenzaron a vivir, qué revelan las Escrituras acerca de su nueva vida sin la presencia física de Cristo entre ellos? Yo quiero entonces invitarte a que puedas leer conmigo desde el versículo 12 hasta el final del capítulo 1. Es un texto largo, pero es bueno verlo en todo su contexto.
"Entonces regresaron a Jerusalén" —esto es después del ascenso— "desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto donde estaban hospedados Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hijo de Jacobo. Todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración, junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de él."
"Por aquel tiempo, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos —un grupo como de ciento veinte personas estaban reunidos allí— y dijo: Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura en que, por boca de David, el Espíritu Santo predijo acerca de Judas, el que se hizo guía de los que prendieron a Jesús. Porque era contado entre nosotros y recibió parte de este ministerio. Este, pues, con el precio de su infamia adquirió un terreno, y cayendo de cabeza se reventó por el medio, y todas sus entrañas se derramaron. Y esto llegó al conocimiento de todos los que habitaban en Jerusalén, de manera que aquel terreno se llamó en su propia lengua Acéldama, es decir, Campo de Sangre. Pues en el libro de los Salmos está escrito: Quede desierta su morada y no haya quien habite en ella, y que otro tome su cargo."
"Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea constituido testigo con nosotros de su resurrección. Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, al que también llamaban Justo, y a Matías. Y habiendo orado, dijeron: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has escogido para ocupar este ministerio y apostolado, del cual Judas se desvió para irse al lugar que le correspondía. Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías, y fue contado con los once apóstoles."
Si tú lees este texto con detenimiento y conoces el relato de los Evangelios, te percatas de que aquí hay evidencias de vidas transformadas de parte de estos hombres. Recordemos que estos discípulos, estos apóstoles, no fueron reconocidos por su vida de fe mientras Cristo estuvo en vida. Cristo mismo, con cierta frecuencia, les llamó hombres de poca fe. La fe no caracterizó a estos individuos. De hecho, ellos tenían tanta incredulidad que fueron forzados a creer en la resurrección, porque ni eso habían creído inicialmente.
Quizás algunos recuerden el relato de Lucas acerca del Señor Jesucristo después de su resurrección, en el capítulo 24, cuando él se les aparece a dos discípulos que van camino a Emaús. Ellos no le reconocieron. Él comenzó a hablar con ellos y se hace como que no sabe nada, cuando en realidad él era el único que realmente sabía lo que había pasado. Y estos dos discípulos le dicen: "Tú eres el único en toda esta área que no sabe lo que pasó." Y Jesús les dice: "Cuéntame." Y ellos comienzan a contarle lo desilusionados que estaban, porque esperaban que este Jesús fuera el redentor de Israel.
Tan pronto ellos terminaron de decir esas palabras, en el versículo 25, Jesús les dice: "¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrara en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a él en todas las Escrituras. Cristo les llamó insensatos y tardos de corazón para creer. Pero luego de la resurrección ellos quedaron convencidos y se convirtieron en personas que creían y obedecían.
Y tú comienzas a ver los primeros indicios de esa obediencia en el versículo 12: "Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo." La última instrucción del Señor Jesús en Hechos 1:8 fue precisamente que esperaran la llegada del Espíritu Santo en Jerusalén, y el texto dice que Jesús ascendió e inmediatamente después ellos se regresaron a Jerusalén a esperar por el Espíritu. Y Jesús no les dijo si esperaran un día, una semana, un mes, un año, pero ellos se fueron.
La tendencia hubiese sido, anterior a la resurrección, a desobedecer, a desanimarse. Pero ahora, después de la resurrección, estos son hombres cambiados. Cristo había triunfado en la cruz sobre el pecado, había triunfado el domingo sobre la muerte. Ya no habría excusa para continuar con la incredulidad, ni había excusa para continuar con su vida de pecado anterior. Ni las había para ellos, ni las hay para nosotros. Nuestra desobediencia es un reflejo de nuestra incredulidad.
La ascensión evidentemente ocurrió en el monte de los Olivos, y de allí a Jerusalén, dice el texto, hay como la distancia de un día de reposo. La tradición rabínica establecía que en el día de reposo tú podías caminar como unos mil cien metros, o un kilómetro más o menos, de tal forma que el monte de los Olivos no estaba muy lejos de Jerusalén. Tan pronto Jesús ascendió, ellos se dirigieron adonde se suponía que debían esperar por el Espíritu Santo.
El miércoles pasado, para los que estuvieron aquí, nosotros vimos lo cruento que fue la cruz para nuestro Señor, quien murió allí de esa manera por mi pecado. Eso debe ser un incentivo. Eso solo, el ver lo que le costó a Dios mi pecado, debe ser un incentivo para querer honrar dicha cruz viviendo en santidad. Pero la resurrección no es solamente un incentivo, es un poder. El poder que levantó a Cristo de entre los muertos ahora vive en mí, de manera que yo no solamente tengo en la cruz el incentivo para vivir una vida de obediencia, sino que ahora tengo también en la resurrección el poder que mora en mí, que es el mismo, para vivir de esa manera.
De tal forma que, ante la pregunta "entonces, ¿cómo viviremos?" a la luz de su resurrección, la primera respuesta es que debemos cultivar una vida de fe y de obediencia. Esperar en Jerusalén, y a Jerusalén fueron. Lo primero que hicieron, su primera decisión: no más incredulidad e insubordinación a sus mandatos. Los apóstoles obedecieron las palabras de Jesús y estaban esperando en Jerusalén. En Getsemaní, el día que Jesús fue apresado, todos se dispersaron. Ahora tú los encuentras a todos unidos.
Escucha el versículo 13: "Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto." Presumiblemente el mismo aposento alto donde habían pasado la noche anterior a la crucifixión, o quizás, algunos postulan, pudiera ser un aposento alto en la casa de María, la madre de Marcos, donde ellos son encontrados posteriormente reunidos en Hechos 12:12, si la memoria no me falla.
Los aposentos altos en esa época eran con frecuencia rentados o tomados prestados para reuniones, porque eran un poco más silenciosos que las primeras plantas. Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto donde estaban hospedados Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hijo de Jacobo. Y este otro Judas, todos estaban unánimes. ¿Escuchaste cómo estaban? Unánimes. Esta palabra es de un solo sentir, de un solo corazón. Es una palabra que aparece en el Nuevo Testamento once veces; diez de las once veces está en el libro de los Hechos. La iglesia inicial aprendió la bendición de permanecer unida.
Si el ejemplo de Cristo en la satisfacción y el poder que resucitó a Cristo de entre los muertos no son ejemplos suficientes o muestras suficientes para mantenernos unidos, no habrá nadie en el universo que nos mantendría, no sería capaz de mantenernos unidos. En Cristo, Dios nos dio un ejemplo y nos dio un poder para que sus discípulos puedan modelar la unidad de tal forma que el mundo sepa que el Padre envió al Hijo. Esa es justamente la oración del Hijo al Padre la noche antes de la crucifixión: "Padre, que ellos sean uno para que el mundo sepa que tú me enviaste." Ahora tú los encuentras a estos discípulos junto con otros y dice el texto que estaban unánimes.
Estos eran hombres comunes y corrientes, ordinarios, hombres que no tenían ninguna cualidad especial. Hombres de Galilea, varones galileos. "Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo?" Todos ellos eran de Galilea con una excepción: Judas. Judas era de Queriot. La gente de Galilea era considerada poco pulida; eran campesinos, de poca educación, de poca preparación.
Cuando tú ves ese grupo en conjunto, era un grupo de individuos de Galilea poco pulidos, sin educación, sin ningún título. No tenían experiencia ministerial, nunca habían enseñado la Palabra. Ninguno de ellos fue fariseo, saduceo, escriba o sacerdote. No tenían ninguna de las características consideradas importantes en la sociedad. No pertenecieron al sistema religioso como yo acabo de mencionar. Algunos de ellos eran apenas pescadores, como Juan, Jacobo y Pedro. Pedro el negador. Juan y Jacobo, los hijos del trueno, eso nos da una idea de lo impulsivos y airados que estos hombres eran. Uno era un recaudador de impuestos, Mateo, y con mala reputación obviamente, porque los judíos odiaban a los recaudadores de impuestos. Uno fue reconocido por su escepticismo, Tomás el que dudaba, que tenía que ver para creer. Y otro era un zelote. Los zelotes eran una banda de individuos que se habían rebelado contra Roma y no querían pagar impuestos, y eran individuos que se habrían matado simplemente por el hecho de ser rebeldes. Uno de los discípulos era un zelote.
De manera que este equipo no era el dream team, no era el equipo estelar en lo más mínimo. No tenían condiciones, no tenían el carácter a la hora de su llamado, no tenían la educación, no tenían la experiencia, no tenían conexiones, no tenían abolengo, no tenían dinero. No tenían ninguna de las cosas que el mundo valora. Solamente Dios puede tomar un puñado de hombres tan mal preparados y hacer lo que les hizo en ese primer siglo.
Además, estos hombres estaban llenos de orgullo anterior a la resurrección. Estos hombres eran de los que querían sentarse a mano derecha o a mano izquierda cuando Cristo viniera en su reino. Juan y Jacobo, usted recuerda la petición, y cuando ellos no pudieron conseguir eso, le dijeron a su madre que se lo pidiera a Cristo, a ver si ella podía manipularlo. Y el texto de Marcos 10, el versículo 38, dice que cuando Jesús oyó lo que estaba ocurriendo les dijo: "No sabéis lo que pedís." Porque cuando Juan y Jacobo pidieron la mano derecha y la mano izquierda, el texto dice que el resto se indignaron. De manera que estaban airados porque los otros dos se les habían ido adelante, que tenían la misma intención.
Y Cristo les dice esto: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber de la copa que yo bebo? ¿O ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?" Hablando de la satisfacción. La humildad hubiera preguntado: "¿Cuál copa, Señor? ¿Qué tú quieres decir con la copa?" Pero no, inmediatamente dice que ellos dijeron: "Sí, podemos." Estos hombres tenían una sobreconfianza sobre sí mismos, hasta que Pedro niega a Jesús el día de su juicio.
A estos hombres les faltó fe anterior a la satisfacción y a la resurrección. Y sin embargo, posterior a la resurrección y ascensión, inmediatamente tú comienzas a ver indicios de fe y de obediencia, porque el Señor los envió a Jerusalén a esperar, sin saber por cuánto tiempo, por el Espíritu Santo. Y el texto dice que se dirigieron inmediatamente a Jerusalén.
De manera que ante la pregunta: ¿cómo debemos vivir?, ¿cómo viviremos ante la realidad de la resurrección?, yo quiero sugerir que lo primero es que tú y yo necesitamos cultivar una vida de fe y de obediencia. Número dos: tú y yo debemos cultivar una vida de unidad, como vemos que los discípulos comenzaron a hacer. Ellos estaban en el aposento alto, pero no simplemente estaban juntos, dice el texto, sino que estaban unánimes. Y como yo les mencioné, esa palabra aparece de manera repetitiva en el libro de los Hechos, dándonos una idea de que la iglesia primitiva entendió la bendición de la unión y las consecuencias de la división.
La iglesia entendió la bendición de la unión y la consecuencia de la división. Cristo oró por esto la noche antes de su crucifixión. Pablo supo de la división en Corinto y la confrontó. Pablo supo de la división en Filipos y la confrontó. Uno de los testimonios más poderosos para el mundo que está allá afuera es la unidad de la iglesia, por la cual Cristo oró.
Ahora escucha lo que el texto dice en el versículo 14: "Todos estaban unánimes." En el capítulo 2 y capítulo 4 vamos a ver cómo el texto dice que eran de un solo sentir y de un solo corazón. "Todos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración, junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de él."
El texto no dice que estaban unánimes orando simplemente. El texto no dice que estaban entregados a la oración simplemente. El texto dice que estaban unánimes, entregados de continuo a la oración. Algo está cambiando en esta gente. Anterior a la resurrección, a la crucifixión, en el huerto de Getsemaní ellos se dispersaron; no había unidad entre ellos. Anterior a la resurrección había trifulcas entre ellos; cada cual quería ocupar la mano derecha o la mano izquierda. Pero ahora ellos están cultivando una vida de fe y de obediencia, ahora están cultivando una vida de unidad, y ahora están cultivando también una vida de oración.
Eso no fue muy parte de su estilo de vida con anterioridad a la resurrección. De hecho, en el huerto de Getsemaní, Cristo se lleva a Pedro, a Juan y a Jacobo, y él se adelanta un poco y les dice que velen ahí con él orando. Y al regresar una hora más tarde los encuentra dormidos. Cristo, un tanto sorprendido y un tanto molesto, les dice: "¿Es que no podéis velar y orar ni siquiera una hora?" Y él se adelanta una segunda vez, ora al Padre, y regresa y vuelve y los encuentra dormidos. Y él vuelve y los reprende de la misma manera, y regresa otra vez y vuelve a orar, y los encuentra dormidos. Y Cristo les dice: "Velad y orad para que no entréis en tentación." Horas después ellos entraron en tentación y cayeron en la tentación. Cristo trató de prepararlos en oración para lo que venía, y ahora después ellos todos fueron dispersos y abandonaron al Maestro.
La oración es mencionada treinta y una veces en el libro de los Hechos y aparece en veinte de los veintiocho capítulos del libro. Esa iglesia aprendió a orar. Aprendió a orar de una manera que anteriormente los discípulos no habían sabido cómo. De hecho, en un momento dado, los discípulos le dijeron: "Maestro, enséñanos a orar, porque no sabemos cómo." Esta fue una iglesia que comenzó de forma obediente, estaba unida y era una iglesia de oración continua. El Maestro ascendió, ellos se volvieron a Jerusalén a esperar y a orar, y estaban juntos en la oración.
Una de las cosas que contribuye a que nosotros permanezcamos juntos es justamente la oración. Es muy difícil orar y permanecer orando en un grupo de manera recurrente con alguien que es tu enemigo, o alguien que a ti no te cae bien, sin que una de varias cosas ocurran: o tu enemigo deja de ser tu enemigo, o tu vida de oración y tu caminar con Cristo se enfría, o Dios deja de ser Dios. Y tú sabes que Dios no dejará de ser Dios. De manera que la oración conjunta contribuye a la unidad nuestra.
La oración hace más que eso. No solamente contribuye a eso; la oración nos recuerda que nosotros somos personas dependientes y en necesidad. Cuando nosotros dejamos de orar, nos creemos autosuficientes, autónomos, independientes, y no ha habido un solo ser humano de esa manera.
La oración nos recuerda la bondad de nuestro Señor, que quiere oírnos a nosotros. El Dios alto, sublime, trascendente, creador del cielo y los cielos, sustentador de todo lo que existe, que está recibiendo la adoración continua de miríadas y miríadas de ángeles, de las huestes angelicales, quiere oír el clamor individual de cada uno de sus hijos en el planeta Tierra. La oración nos recuerda la bondad de nuestro Dios.
La oración nos da poder de lo alto, porque como dice Santiago, la oración del justo puede mucho. De acuerdo a la traducción que usted tenga, puede decir: es poderosa y eficaz. No dice la vida del justo simplemente; es más que la vida del justo, es la oración del justo. La oración nos da poder, y poder de lo alto. La oración nos coloca en una posición donde a Dios le place oír, venir y servirnos. La oración es el motor de tu vida. Cuando tu vida no anda bien, tu oración no anda bien. Cuando tu oración no anda bien, tu vida no anda bien.
E. M. Bounds fue un líder cristiano ampliamente reconocido en el pasado, que escribió ampliamente acerca de la oración, y él dice lo siguiente:
La vida, poder y gloria de la iglesia es la oración. La vida de sus miembros depende de la oración, y la presencia de Dios es asegurada y retenida por la oración. El lugar mismo es hecho santo por medio del ministerio de la oración; sin ella, la iglesia está sin vida y sin poder. De manera que, ante la pregunta "¿entonces cómo viviremos?", yo quiero sugerir que debemos cultivar una vida de fe y de obediencia, una vida de unidad y una vida de oración.
Lo que estaba en el aposento alto era unos ciento veinte. Dice el texto que estaban allí unánimes en oración, estaban con las mujeres y con María la madre de Jesús, y los hermanos de él. Esta es la última vez que María es mencionada en el resto del Nuevo Testamento. Estos hermanos de Jesús eran los hermanos que no habían creído en él. Eran los hermanos que habían pensado que Jesús estaba demente, que había perdido la cabeza anterior a la resurrección. La resurrección cambió vidas, incluyendo la vida de sus propios hermanos. Ahí estaban, junto con María, junto con los once, y junto con un grupo que sumaban unos ciento veinte.
Nosotros no sabemos todos los que estaban ahí, pero podemos especular un poco. Yo asumo, especulativamente, pero asumo, que probablemente ahí debió haber estado María Magdalena. Debió haber estado Salomé, que estuvo al pie de la cruz. María la madre de Jacobo, que estuvo al pie de la cruz. María la madre de Marcos, que es mencionada más adelante en Hechos 12. Yo asumo que ahí debieron haber estado algunos de los que Cristo sanó, quizás el leproso que se devolvió y dio gracias. A lo mejor Nicodemo, que fue y procuró el cuerpo de Jesús y le dio sepultura junto con José de Arimatea. Quizás, quizás, algunos de ellos o todos ellos estuvieron ahí.
El texto dice en el versículo 15: "Por aquel tiempo Pedro se puso de pie en medio de los hermanos, un grupo como de ciento veinte personas estaban reunidos allí, y dijo: 'Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura en que por boca de David el Espíritu Santo predijo acerca de Judas, el que se hizo guía de los que prendieron a Jesús, porque era contado entre nosotros y recibió parte en este ministerio'".
Nota que Pedro trae a colación a Judas, pero no lo trae como Judas el traidor. Pedro ha aprendido algo que yo asumo iba a ser vital para el resto de su ministerio: Pedro trae a Judas en conexión con un cumplimiento de las Escrituras. Quizás en esos cuarenta días entre la resurrección de Cristo y la ascensión, todavía el Espíritu no ha descendido, quizás estos hombres se dedicaron a escudriñar las Escrituras. Recuerda que ellos dependían mucho de las enseñanzas del Maestro, pero no eran escribas, no eran fariseos. Y ahora Pedro, cuando se levanta, puntualiza el hecho de que la traición de Judas representaba más bien un cumplimiento de las Escrituras. Ellos tenían que aprender a aquilatar, a escudriñar, a aquilatar y discernir las Escrituras, porque eso no era parte de su vida anterior a la resurrección.
Es interesante que cuando Cristo se aparece a estos discípulos que iban camino a Emaús, ¿qué es lo que Cristo les dice? Después de llamarlos insensatos, después de llamarlos tardos para creer, les dice el versículo 27, o dice el texto: "Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras". En otras palabras, eran tardos para creer las Escrituras. Pero Pedro ahora tiene un nuevo entendimiento.
Probablemente es bueno notar también que Cristo, durante los tres años que estuvo ministrando, continuamente citó las Escrituras. Cuando se vio tentado por Satanás en el desierto, dijo: "Escrito está", citó las Escrituras. Cuando estaba colgado en la cruz, clavado allá en ese madero, desde allí citó las Escrituras. Y cuando Cristo resucita y se encuentra con estos dos discípulos camino a Emaús, ¿qué hizo? Les citó las Escrituras, todo el tiempo enfatizando la centralidad de las Escrituras.
Nota lo que Cristo no hace con los discípulos camino a Emaús. No les dice: "Déjame contarte lo que pasó entre el viernes en la noche y el domingo en la mañana", que todos nos morimos por saber. Cristo no hace eso. Cristo vuelve y los apunta hacia las Escrituras, desde Moisés y pasando por todos los profetas. Las Escrituras deben gobernarnos, y cuando las Escrituras no nos gobiernan, nosotros nos gobernamos a nosotros mismos. Y cuando nosotros nos gobernamos, usted conoce lo que nosotros hacemos de nuestra vida.
Entonces, ante la pregunta "¿entonces cómo viviremos?", yo vuelvo a sugerir que debemos cultivar una vida de fe y de obediencia, una vida de unidad, una vida de oración, y ahora una vida de la Palabra de Dios, una vida de la Palabra. Judas es mencionado en el contexto del cumplimiento de las Escrituras. Mientras más escudriñas las Escrituras, más llegas a conocerlas, más confianza se desarrolla en ellas. Nuestra vida de obediencia está directamente relacionada a nuestra vida en las Escrituras. Nuestra vida de desobediencia, y lo puedes probar por tu propia vida, está directamente relacionada a nuestra infidelidad en cuanto a nuestra vida en las Escrituras.
Y Pedro dice acerca de Judas: "Él fue contado entre nosotros y recibió parte en este ministerio". Es una manera, como sabia, de decir las cosas, porque en este momento él está recordando al grupo: "Hoy entre nosotros hubo un traidor. Entre nosotros hubo una decepción, la decepción de Judas". Pero él está trayendo esto en el contexto del cumplimiento de las Escrituras. Eso es importante, porque él sabe que Dios está en control. Él está aprendiendo estas cosas. Cristo le estuvo enseñando cómo Dios está en control, cómo esto es parte del plan predeterminado de Dios. No hay razón para que la decepción me haga cambiar en mi forma de caminar, o a nosotros los ciento veinte.
Cuando tú revisas las Escrituras, en la forma humana de decir las cosas, Adán decepcionó a Dios; el plan de Dios continúa. David decepcionó a todo Israel; el plan de Dios continúa. En el sentido humano de decir las cosas, Pedro decepcionó a Jesús, no una vez, no dos veces, tres veces. Y esa es la realidad del corazón humano, del tuyo y del mío. Hay una sola manera de no experimentar decepción en este mundo, y es partir para el mundo venidero. No hay otra manera. Y tenemos que recordar eso una y otra vez.
Cuando Jesús estuvo en el aposento alto la última noche y anunció su traición, Él no anunció quién era el traidor. Él simplemente por nombre no lo hizo. Y cuando no lo hizo por nombre, ellos comenzaron a preguntar: "¿Soy yo, Maestro? ¿Soy yo, Maestro?". Y quizás la razón por la que lo dejó de esa forma es para recordarle a cada uno de ellos que, aunque era solamente uno el traidor, la semilla potencial de la traición está en el corazón de cada uno de ellos.
Derek Thomas, en su comentario bíblico sobre el libro de los Hechos, dice que Jesús lo hizo así, lo que acabo de decir, para permitir que cada uno de ellos se viera confrontado con la realidad pecaminosa de su propio corazón. Jesús pudo haber dicho, antes de llegar a Judas, "no eres tú", cuando ellos comenzaron a decir "¿soy yo?, ¿soy yo?". Cristo pudo decir: "No, no eres tú, es Judas", pero no lo hizo. Y esa es la realidad: que cada vez que vemos a alguien pecar, tú podrías decir "ese no soy yo", pero pude haber sido yo. No soy yo, pero pude haber sido yo. Y la única razón es que Dios, por alguna razón y en su gracia, no ha permitido que la oportunidad de pecar de esa manera llegue a mi vida.
Ahora Pedro trae a colación la traición de Judas como un cumplimiento de las Escrituras, y ahora tú puedes ver el lugar que las Escrituras comenzaron a ocupar en la mente de estos discípulos. Pedro menciona la suerte de Judas, que terminó ahorcándose, y cómo la rama de donde colgó se partió presumiblemente, él cayó, se explotó, sus entrañas se salieron. Y el versículo 20 es una descripción de ese evento. Presumo es el cumplimiento de una profecía en el Salmo 69. El versículo 20 del texto de hoy dice: "Pues en el libro de los Salmos está escrito: 'Que sea hecha desierta su morada, y no haya quien habite en ella'". Es un cumplimiento del Salmo 69:25, un salmo escrito por David, un salmo de clamor y de confianza en Jehová.
La decepción de Judas sirvió para prepararlos para otras decepciones. El apóstol Pablo escribió acerca de Demas, que se había ido al mundo, lo abandonó. El apóstol Pablo escribió a Timoteo en su segunda carta, 4:16, y dice: "En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado". Ni con Cristo tampoco; el que tuvo más cerca fue Pedro, y lo negó. Sino que dice Pablo que todos lo abandonaron, y a Cristo también.
Ahora escucha la respuesta. Escucha lo que Pablo no dijo, escucha lo que Cristo no dijo, y escucha lo que Pedro no dijo. Ahora que Judas nos traicionó, ¿dijeron "no confiemos en nadie"? Pablo dice que no se les tenga en cuenta. Jesús dice: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Y Pedro dijo: "Hay que escoger a uno que reemplace a Judas". Si nunca quieres ser decepcionado y desilusionado, tienes que partir de este mundo. Y lo que los discípulos llegaron a entender es que tanto la crucifixión de Cristo como la traición de Judas eran parte del plan predeterminado de nuestro Dios.
Esta gente siguió confiando. Escucha lo que Pedro dice: "Entonces, por tanto, como Judas ya no está, es necesario que de los hombres que nos han acompañado, de entre los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea constituido testigo con nosotros de su resurrección". Presentaron a dos: a José llamado Barsabás, al que también llamaban Justo, y a Matías.
Aquí Pedro nos da los dos requisitos para ser apóstol: que haya sido testigo de la vida de Jesús. Es necesario que entre nosotros haya alguien que haya estado con nosotros desde el principio, comenzando con el bautismo de Juan. Ahí es que comienza el ministerio de Cristo; así es que Pedro lo ve.
Hasta que Cristo ascendió, alguien que sea testigo de la vida de Cristo, de las enseñanzas de Cristo y de la resurrección de Cristo. Solamente había dos que llenaban esos requisitos y presentaron a esos dos. No hay ningún apóstol hoy en día que llene esos requisitos, por eso el movimiento apostólico de hoy es falso.
Estos hombres vieron la traición de Judas, decidieron continuar, esto no los iba a paralizar. Hermanos, si la traición de Judas nos paraliza, la resurrección de Cristo nos moviliza. No hay ningún evento en la historia humana que pueda ser mayor que el poder de la resurrección que mora en ti. Por tanto, no hay evento en tu historia que pueda ser usado por ti o por mí para no continuar hacia adelante victoriosamente por el poder de la resurrección que mora en nosotros.
Justamente Cristo usó el Espíritu de Dios en nosotros para poder vivir a la altura de su llamado. Y entonces presentaron a dos candidatos: a José, llamado Barsabás, al que también llamaron Justo, y a Matías.
Ante la pregunta, entonces ¿cómo debiéramos vivir? Yo vuelvo y te digo, vuelvo y te animo a que cultives una vida de fe y obediencia, de unidad, de oración, de la Palabra, y una vida de dependencia del Espíritu Santo y de la providencia de Dios.
Y donde está el último, el próximo versículo, el versículo 24 y 25: "Y habiendo orado, dijeron: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has escogido para ocupar este ministerio y apostolado." Nota el orden: después de orar, no antes. Nosotros tenemos que saber quiénes llenan estos requisitos, fácil, fulano y mengano. Pero nosotros somos hombres falibles, no santos, no justos, no omniscientes. Nosotros no queremos escoger el sustituto, nosotros queremos que Tú lo escojas. Y como Tú conoces el corazón de los hombres, Tú conoces el corazón del uno, conoces el corazón del otro. Nosotros que dependemos ahora del Espíritu, que está a punto de llegar, pero que hemos comenzado a creer en lo que Cristo dijo, estamos tratando de depender de Ti, pero dependemos de Tu providencia. Muéstranos a cuál de estos dos debiéramos escoger para ocupar este ministerio y apostolado.
Y entonces echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías. Cuando habla de que echaron suertes, tenemos que recordar que esto es todavía un tiempo transitorio. El Espíritu Santo no ha descendido, ellos no tenían el Nuevo Testamento, no había una sola línea del Nuevo Testamento escrita. De manera que esto es un tiempo transitorio donde todavía algunas cosas como las del Antiguo Testamento se pueden ver. Y ahora ellos echaron suertes, pero nunca más, nunca más después de este momento.
En el Antiguo Testamento se echaba suerte haciendo uso del Urim y el Tumim, dos piedras preciosas se estima, que el sumo sacerdote llevaba en el pectoral, que quizás representaban el sí y el no, a través del cual el sumo sacerdote buscaba la voluntad de Dios en ese tiempo. Posiblemente en este momento usaron algo similar cuando habla de que echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías. Eso es un cumplimiento de las Escrituras en el Salmo 109:8, y todo esto Pedro lo está diciendo como bajo esa connotación: no solamente que Judas cometería la traición y que moriría como murió, sino también que habría un sustituto, Salmo 109:8.
Los discípulos ahora habían aprendido como su Maestro les enseñó: que se haga Tu voluntad y no la mía. Aquí están los sustitutos potenciales, pero que se haga Tu elección y no la nuestra. Por tanto, elige Tú y todo. Eso es una lección para cada uno de nosotros, porque con frecuencia en nuestra impulsividad y en nuestra pecaminosidad nosotros tendemos a elegir, y elegimos conforme a nuestras preferencias, a nuestros gustos, a nuestra naturaleza caída. Nos apoyamos en nuestra propia sabiduría en vez de ir donde Dios y decir: Dios, yo quiero que Tú elijas, que Tú escojas.
No importa cuál es la coyuntura, la disyuntiva, la bifurcación en la que yo me encuentro. Con frecuencia una de mis más repetitivas oraciones es: Señor, independientemente de lo que yo quiera, de lo que yo desee, de lo que mi carne anhela, yo te pido que Tú elijas por mí en esta decisión y que no me dejes la elección a mí. Porque si Él hace eso, es la única garantía que yo tengo de que voy a elegir bien. El resto de mis elecciones serán funestas.
Y ellos han aprendido esa lección, y no simplemente oraron, al orar supieron cómo orar: Señor, Tú conoces los corazones. En otras palabras, nosotros te estamos abordando y clamando bajo un nuevo entendimiento de quién eres. Tú conoces los corazones de los hombres. Elígelo Tú. Qué oración.
A partir del ascenso de Cristo a los cielos, la iglesia ha vivido esperando por su retorno. La iglesia primitiva, por lo menos en este momento de la historia, modeló cómo esperar. Y lo he dicho varias veces, pero la repetición es la clave del aprendizaje: tú cultivas una vida de fe y obediencia, tú cultivas una vida de unidad, tú cultivas una vida de oración, tú cultivas una vida de la Palabra, y tú cultivas una vida de dependencia del Espíritu Santo y de la providencia de Dios.
Te imaginas el estilo de vida de un cristiano, de una familia o de una iglesia que viva de esa manera. Te imaginas cuál sería el resultado de una iglesia que viva de esa manera. Lo vamos a ver en el capítulo 2, lo vamos a ver en el capítulo 4: cuál es el resultado de una iglesia que vive o que es caracterizada por esas condiciones.
Y en la medida entonces que nosotros traemos esto a un cierre, ya Matías ha sido escogido, la suerte cayó sobre él, ya son doce de nuevo, posiblemente representando las doce tribus de Israel. En la medida que yo traigo esto a un cierre, y en la medida en que tratamos de completar la pregunta entonces cómo viviremos a la luz de la resurrección, yo quisiera como completar todo lo que he dicho con un texto del apóstol Pedro que nos deja saber claramente entonces cómo viviremos. Porque luego yo quiero unir lo que he dicho del libro de los Hechos con el texto de Pedro.
Escucha lo que Pedro dice en su segunda carta, capítulo 3, versículos 11 al 13: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera" —pero está hablando del día del juicio, el día final, el día de la destrucción— "puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera." Escucha ahora: "¿Qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad?"
Pedro nos dice con otras palabras cómo viviremos, cómo deberíamos vivir. Entonces, a la luz de la segunda venida de Cristo, a la luz de la resurrección, a la luz de su ascenso, ¿cómo debiéramos nosotros vivir? ¿Qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad? Eso es cómo debemos vivir: en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor.
Pero según su promesa nosotros esperamos. Este es el mismo Pedro que habló aquella vez, pero según su promesa él ha aprendido a creer las Escrituras, las ha aprendido a confiar en ellas. Pero según su promesa nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. Eso es lo que estamos esperando: nuevos cielos y nueva tierra. ¿Cómo viviremos? En santa conducta y en piedad.
¿Y cómo nosotros hacemos eso? Tú cultivas una vida de fe y obediencia, una vida de unidad, una vida de oración, una vida de la Palabra, y una vida de dependencia del Espíritu Santo y de la providencia de Dios. Así puedes vivir en santa conducta y en piedad esperando la venida de nuestro Señor, nuevos cielos y nueva tierra.
Eso es tan cierto como que Cristo vino la primera vez, y tan cierto como que Él regresará la segunda vez. Él vive, y porque Él vive yo creo su Palabra, yo creo sus promesas, y tengo ahora el poder de la resurrección en mí para honrar tanto la cruz como su resurrección, esperando en Él y confiados en Él.
Que te sea eso de estímulo, que te sea eso de ánimo, que te sea eso de esperanza: saber que la iglesia temprana modeló para nosotros de qué manera debiéramos vivir y de qué manera debiéramos esperar. Que esta iglesia pueda copiar aquello que estamos viendo en este libro de los Hechos, cuando la iglesia comenzó a desarrollarse, y que nosotros podamos reconocernos por una iglesia que vive de la manera que comenzamos a ver hoy. Porque tú y yo recibiremos las bendiciones de dicha cruz. Recuerden, hermanos: Él vive, tú también vivirás. Y porque Él vive, debes honrar la vida que Él te ha dado, y Él te la dio en base a la cruz y la resurrección de su persona, Cristo.