Vivimos días perversos. No se trata solo de dificultades económicas, sino de una época donde la maldad nos rodea hasta el punto de cambiar nuestros hábitos más cotidianos: ya no bajamos el cristal en un semáforo, no dejamos a nuestros hijos dormir en casas que no conocemos bien, desconfiamos de funcionarios, empresas e incluso de quienes nos pastorean. La impureza se consume masivamente por internet, el matrimonio se debilita, y una encuesta reveló que el 75% de los jóvenes en Inglaterra tienen como objetivo principal de vida ser millonarios. Frente a esta realidad, la pregunta inevitable es: ¿y entonces, cómo viviremos?
El apóstol Pablo, escribiendo a los efesios que también enfrentaban días malos, ofrece tres caminos. Primero, andar con mucho cuidado, lo que requiere niveles de reflexión a los que nuestra generación superficial no está acostumbrada. Como señala el psiquiatra Enrique Rojas, vivimos una época de hombres "light": bien informados pero triviales, que todo lo aceptan sin criterios sólidos. Segundo, aprovechar bien el tiempo, no haciendo más cosas sino mejores cosas, entendiendo cada momento como una oportunidad para glorificar a Dios. Tercero, conocer y abrazar la voluntad de Dios, porque la verdadera sabiduría bíblica no es acumular conocimiento sino vivir como Dios quiere.
Los días malos representan tanto un peligro que puede arrastrarnos como un llamado urgente a ser luz. Como el niño que se prepara intensamente para su turno al bate, debemos vivir con ese sentido de "ahora o nunca", enfocados en lo que realmente importa: conocerle y glorificarle.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, como ustedes saben, estamos en modo de conferencia. Y para mí era difícil estar en ese modo de conferencia y traer un mensaje totalmente divorciado a lo que sería la conferencia de esta semana. Yo no quiero adelantarme a lo que va a ser el contenido de este fin de semana, pero sí quisiera traer una especie de aperitivo de lo que pudiera ser y de lo que pudiera representar esta conferencia para nosotros. Entre los pastores hemos comentado que es más que una conferencia. Es el deseo de nosotros de que la iglesia haga lo que tiene que hacer en nuestra generación, y que nosotros, específicamente la iglesia dominicana, entienda que los tiempos que estamos viviendo requieren una participación de nosotros que quizás hasta ahora no hemos visto.
Y esa es la idea: que reflexionemos un poco acerca de ciertas condiciones que estamos viendo en nuestra sociedad, en nuestra generación, y que nos llaman, que requieren nuestra absoluta atención e iniciativa. Nosotros verdaderamente estamos viviendo días malos, y no me refiero a días económicamente malos. No. Días perversos. Eso es lo que quiero decir cuando digo que estamos viviendo días malos. Vivimos días en los que el pecado abunda, en los que la maldad nos rodea y nos asedia, al punto que muchos de nosotros estamos en un constante estado de temor, de ansiedad, de inquietud, de sospecha frente a todo el mundo. ¿O no es así?
¿No nos sentimos constantemente en ese sentido de temor, sospecha, inquietud, donde quiera que vamos, con quien sea que nos relacionemos? Muchos de los hábitos que eran comunes en nosotros han cambiado, cosas sencillas y cosas no tan sencillas. Ya poco se atreven, por ejemplo, a bajar un cristal en un semáforo. Poco se atreven a dar una limosna al que se les acerca. Obviamente nuestras casas están cerradas a todo lo que es ambulante: vendedor ambulante, limpiador ambulante o predicador ambulante. No queremos que nuestras casas sean abiertas a absolutamente nada. Tenemos temor de dejar ir a nuestros hijos a cualquier lugar. No nos atrevemos a dejarlos en ninguna clase o en ninguna instrucción sobre la cual nosotros no tengamos un absoluto control.
No dejamos ir a nuestros hijos a dormir a ninguna casa de la cual no tengamos absoluto conocimiento de lo que en esa casa sucede y de lo que en esa casa ocurre. No confiamos en las empresas que nos venden productos, no confiamos en los funcionarios que nos gobiernan, y en algunas ocasiones no confiamos en los pastores que nos pastorean. Vivimos en una época donde el pecado abunda, y la abundancia de pecado ha llevado nuestros corazones y mentes a vivir en constante temor, sospecha y ansiedad.
Mi propósito en el día de hoy no es alarmar a nadie, pero sí alertar. Porque quizás nosotros, en las condiciones en las que estamos viviendo, estamos al tanto de ellas, pero no estamos del todo claros en cuanto a lo que se requiere de nosotros. ¿Qué implican estos tiempos para nosotros? Y a modo de alertar, no de alarmar —aunque inevitablemente algunos se van a alarmar—, yo les voy a presentar algunas informaciones que he estado manejando en estas semanas, producto de la conferencia, producto de una serie de programas de radio a los que he estado asistiendo, precisamente hablando del deterioro moral que nuestra sociedad está experimentando.
Recientemente, en un discurso que pronunció el presidente Barack Obama hace apenas unos días, él indicaba que una de cada cinco mujeres en los Estados Unidos es sexualmente asaltada durante sus años universitarios. Eso alarmaba, y de hecho propuso una ley para controlar esa realidad. La pena es que la ley lo que trata es evitar las consecuencias y someter a los responsables, pero no tiene ninguna solución a las causas de esta situación.
Cuando vemos, por ejemplo, lo que está pasando a nivel de la pureza —y voy a usar ciertas palabras, y a los adultos les pido que entiendan de qué estoy hablando, pues voy a mantener ciertos términos fuera de mi exposición por los niños que hay presentes, quizás de 12, 13, 14 años todavía—, la impureza abunda, la inmoralidad abunda en nuestros días. Y ustedes saben a qué me refiero. En el año 2004 —y estamos en el 2014—, existían más de 1,6 millones de sitios web inmorales e impuros, con muchísimas ramificaciones. En el 2004, 70 millones de personas consumían inmoralidad sexual por internet todas las semanas en los Estados Unidos, y 11 millones de esos que consumían eran menores de 18 años.
En Dinamarca, una encuesta de 700 personas realizada en el 2007 arrojó que el 70 por ciento consume inmoralidad por internet todas las semanas, coincidiendo con los datos de Estados Unidos. En el año 2007, la Universidad de Alberta en Canadá reportó en una encuesta que entre los 18 y los 23 años, un 90 por ciento de los varones confesó que había visto inmoralidad en internet antes de los 13 años, y el 70 por ciento de las mujeres encuestadas también reportó que había visto inmoralidad en internet antes de los 13 años.
Por otro lado, nuestra generación tampoco se quiere casar. Hoy en día las estadísticas indican que la gente se casa menos y se casa más tarde, pero los que se casan no prevalecen ni perduran tampoco, por el asedio que hay sobre la familia en nuestra generación. Ya hoy en día 14 países a nivel mundial han aprobado y han eliminado las fronteras de los géneros para el matrimonio: no importa el género para casarte, puedes casarte con una persona de tu mismo género. Y aunque son relativamente pocos, hay mucha presión para que ese número aumente rápidamente, y los países que han aprobado este matrimonio entre personas del mismo sexo son países de mucha influencia a nivel mundial.
No solamente eso: nuestra generación ha visto una disminución en las edades en que se permite tener relaciones sexuales. Hoy en día en Venezuela un niño de 12 años puede tener intimidad con un adulto y el adulto no ser sometido a la justicia. Costa Rica, 15 años. Puerto Rico, Jamaica y Nicaragua, 16 años. Estados Unidos, entre 16 y 18, dependiendo del estado. República Dominicana, 18. Fíjense lo que está pasando a nivel mundial. Cuando lo vemos así en estadísticas decimos que nos preocupamos, pero las implicaciones psicológicas y espirituales de toda esta realidad son incalculables sobre nuestras familias, sobre nuestros hijos, sobre los profesores de nuestros hijos, sobre los que nos rodean y sobre nosotros mismos.
Si analizamos otra realidad, la realidad del materialismo, nos daremos cuenta de que también hay serios problemas. A manera de referencia, y aunque hay muchas cosas que pudiera presentar, ninguno de nosotros ignora que el materialismo y el consumismo es un mal de nuestra época. La gente hace lo que sea por dinero. En el año 2010 se llevó a cabo en Inglaterra una encuesta con 1.678 jóvenes, realizada por el periódico The Star, y entre las respuestas, el 75 por ciento de los jóvenes respondió que el objetivo número uno de su vida era ser millonario. El 75 por ciento de los jóvenes en Inglaterra tiene como objetivo número uno de su vida ser millonario.
Pablo dice en su carta a Timoteo, en esa segunda carta, que los que quieren enriquecerse caen en condenación y lazo, y se torturan con muchos dolores. Una sociedad cuyos jóvenes quieren en un 75 por ciento ser millonarios, y ese es su objetivo número uno, tiene problemas. De hecho, este mismo grupo de jóvenes respondió —más de un 50 por ciento— que los millonarios son más felices, asociando la felicidad con el dinero. El 74 por ciento respondió que si uno es millonario, eso es el éxito, equiparando el éxito con el tener dinero. El 26 por ciento está dispuesto a ceder moralmente en algo por ser millonario, y el 36 por ciento está dispuesto a sacrificar su familia por ser millonario.
¿No creemos que esta manera de pensar, que esta impureza, que este materialismo que estamos viendo —y esto es solamente una muestra, y es como dicen, para muestra basta un botón— tiene un efecto profundo en la sociedad en la que nosotros estamos viviendo? Tiene un efecto profundo en el comportamiento de nuestros contemporáneos, de la gente que vive alrededor de nosotros. Claro que sí, muy profundo. Y la pregunta es para nosotros: ¿y entonces cómo viviremos?
Ese es un título que tomé prestado de un autor que se llama Francis Schaeffer, que escribió un libro llamado "¿Y entonces cómo viviremos?". Esta realidad de nuestros días: ¿entonces cómo viviremos? Ese es mi título para el día de hoy. En estos días malos, ¿cómo estamos supuestos a vivir?
Yo quisiera que fuéramos a Efesios 5 y vamos a leer un par de versículos ahí, porque en ese texto nosotros encontramos al apóstol Pablo instruyendo a la iglesia de Éfeso en cómo vivir en días malos, en días perversos, como los que nosotros estamos viviendo, días difíciles moralmente hablando. En todo el capítulo 5, antes de leer los versículos que quisiera que estudiáramos en el día de hoy, hay más o menos tres secciones. Hay una sección donde le dice a los efesios que tienen que vivir en amor, y eso está en los primeros versículos. Luego les dice que tienen que ser luz, y eso está desde el versículo 5 hasta el versículo 12 o 13. Y luego, más adelante, dice que en días malos tenemos que vivir con sabiduría.
Tenemos que saber vivir con sabiduría, y ese es mi llamado en el mensaje de hoy. Lo que se requiere en días malos del cristiano —y este texto está dirigido a cristianos fundamentalmente— es aprender a vivir con sabiduría. ¿Pero cómo es eso? ¿Qué implica eso? Los versículos 15, 16 y 17 nos dan tres recomendaciones, tres aspectos de cómo podemos nosotros vivir con sabiduría en días malos, en días como estos, perversos. En Éfeso también había días malos. La gran diferencia entre la perversión de antes y la perversión de ahora es que ahora nuestra generación está conectada constantemente, y los niveles de perversión a nivel mundial se nivelan.
No hay ninguna región, digamos, casi a nivel mundial, que no padezca de estas mismas cosas, porque precisamente la conexión que hay, la aldea global a la que todos pertenecemos, hace que el nivel moral a nivel mundial sea prácticamente el mismo.
Entonces leamos Efesios 5:15-17, donde Pablo le dice a estos cristianos: "Por tanto, tened cuidado cómo andáis, no como insensatos sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor."
Fíjense que en el centro de estos tres versículos está la idea de que son días malos, días perversos, y como vamos a ver un poquito más adelante, veremos qué implica eso. Pero esa es el tipo de días en el que nos encontramos nosotros. ¿Y cuál es la recomendación que Pablo le da a los efesios que están viviendo y enfrentando estas cosas que nosotros mismos estamos enfrentando?
En primer lugar, les dice que vivir sabiamente en días malos requerirá vivir con mucho cuidado. La vida sabia requiere de mucha reflexión. Mire lo que dice el versículo 15 al principio: "Por tanto, tened cuidado cómo andáis, no como insensatos sino como sabios." Lo primero que se requiere es que pongamos atención, que no seamos espectadores sencillamente de lo que está ocurriendo, pasivos, desconectados. Más allá de desconectados, muchos de nosotros no queriendo escuchar lo que está pasando: "Ay no, no, no me diga eso, no me cuente esa historia, no quiero ver esa noticia, no quiero leer ese libro, eso es muy profundo, eso es muy denso." Vivimos constantemente tratando de evitar que estas noticias negativas, que estas realidades perversas de nuestros días, nos lleguen, porque ciertamente son pesadas. Pero ¿cómo vamos a saber vivir si no las entendemos, si no las reflexionamos y no vemos cómo hemos de vivir?
En términos llanos, Pablo dice "tened cuidado cómo andáis". En términos llanos, lo que les está diciendo es: asegúrense de vivir como deben vivir; asegúrense —eso es lo que significa el original— de que ustedes están viviendo vidas como se supone que deben vivir los hijos de Dios. Pongan atención. Así es como vive el sabio, por eso la segunda frase dice: "no como insensatos, sino como sabios." ¿Cómo vive el sabio? ¿Cómo vivo la sabiduría en mi vida práctica? Teniendo cuidado, en primer lugar, de los pasos que doy.
Fíjense que Pablo viene aquí, en el versículo 15, razonando con los efesios a través de una serie de realidades, y al final llega al versículo 15: "Por tanto, vivid con mucho cuidado." ¿Por tanto de qué? Bueno, en el 4:1 él les dice: "Vivid de una manera digna de la vocación a la que han sido llamados." En el 4:22 les dice: "Despójense del viejo hombre y vístanse del nuevo hombre." Yo estoy haciendo un resumen, no tienen que ir texto por texto. En el 5:1 les dice: "Sean imitadores de Dios como hijos amados." En el 5:3 les dice: "Aléjense de toda inmoralidad, de toda impureza, de toda avaricia." En el 5:7 les dice: "No sean partícipes de las tinieblas, ya que somos luz." Y por el contrario, en el 5:11 dice: "No participen de las obras de las tinieblas, sino más bien denunciadlas."
Entonces, si tienen que vivir de una manera digna, si tienen que ser imitadores de Dios, si tienen que ser luz, si tienen que alejarse de toda inmoralidad y de toda impureza, entonces tengan cuidado cómo andan. Tengan todas estas cosas en cuenta, observen los pasos que están dando, para que sus vidas sean consistentes con lo que se supone que son las vidas de los hijos de Dios, hijos de la luz, llamados a desenmascarar las obras de las tinieblas y no a participar de ellas.
Y yo quiero bajar todavía más. ¿Qué implica vivir con cuidado? Teniendo todo esto en cuenta, ¿cómo llevamos esto a la práctica en nuestras vidas? Yo diría que lo primero que nosotros tenemos que observar es que una vida vivida con cuidado requiere reflexión. Un nivel de reflexión, hermano, al que nosotros no estamos habitualmente acostumbrados. Unos niveles de profundidad que el hombre de hoy no quiere, a los que no quiere llegar. Y cuando digo el hombre de hoy, sí es el hombre de hoy, porque hay características en el hombre de hoy que le impiden llegar a los niveles de reflexión que la vida requiere.
Y entonces somos llevados de aquí para allá por las corrientes morales, por las modas, por los ímpetus culturales. Y sin darnos cuenta, somos partícipes de las obras de las tinieblas que se supone debemos desenmascarar, porque no pensamos las cosas. Las decisiones que tomamos, el entretenimiento del cual disfrutamos, la gente con la que nos relacionamos, las compras que hacemos, las decisiones que tomamos en general, no son pasadas por un filtro de reflexión.
Y ese es el primer, la primera cosa que nosotros tenemos que hacer a la hora de vivir con cuidado: aumentar los niveles de reflexión en mi vida. Y pensar da trabajo, hermano, pensar da trabajo. Yo no voy a poner a nadie a levantar la mano, pero ¿no les resulta que pensar da trabajo? Sí, sí. Ese es uno de los principales males de nuestra generación: esa falta de profundidad, de análisis, de autocrítica. Tenemos esa idea de que "ah, no le dé mucha mente a eso, no le dé mucha mente a eso."
Si recientemente yo escuchaba, más bien leía, en una de estas revistas sociales de los periódicos dominicanos —creo que era Ritmo Social— que se le hacía una entrevista, y yo tengo que decir el nombre porque realmente eso está ahí, eso es público: Darianki. Ustedes podrán decir que cómo es que no se corresponde tu mensaje de vivir una vida de reflexión con que tú estés leyendo una entrevista de Darianki. Pero esos son los referentes culturales de hoy en día.
Entonces, ¿qué decía Darianki? La entrevistadora le decía que en el país, el puertorriqueño, en nuestro país, hay un programa de la vicepresidencia, de la oficina de la vicepresidenta de la nación, para convocar a los músicos urbanos a componer con valores; a componer no con el tipo de letra que denigra la mujer y que eleva el materialismo, sino a componer con valores. Y entonces el entrevistador le preguntaba qué pensaba él de eso, si no consideraba —le decía la entrevistadora— que algunas de sus letras eran denigrantes para la mujer. Y su respuesta fue que se toman las cosas muy a pecho. Cuando uno compone de esa manera —él no lo dijo así, pero yo estoy interpretando— letras que denigran la mujer, que elevan el dinero, los vehículos, el éxito, dijo él: "Estamos en vacilón." Esas fueron sus palabras textuales: "Estamos en vacilón, y la gente tiene que distinguir cuándo uno está componiendo para el vacilón."
Esa ligereza de vida está matando a esta generación, porque mucha gente entiende que esas cosas no tienen mucho impacto, no tienen mayor importancia. Recientemente se prohibió un concierto de Malverde en nuestro país. Mucha gente apoyó la medida, mucha gente se opuso. Pero es que no vemos lo que ese tipo de artista promueve. Sí, es cierto, no hay libertad sin costo para ese tipo de cosas. Pero lo otro tiene un costo también. ¿Qué costo queremos pagar? ¿El costo de controlar y filtrar ciertas cosas, o el costo de permitir que la inmoralidad sea promovida y aplaudida entre nosotros?
La reflexión es necesaria si nosotros queremos vivir una vida sabia en nuestros días. Tenemos que pensar bien cómo estamos viviendo. Y si yo no tengo los recursos, pidamos consejo, compremos libros, compremos literatura de gente de profundidad que nos enseñe a pensar. Consultemos nuestras decisiones antes de tomarlas, para vivir la vida de una manera que honra a Dios como hijos de la luz.
El autor Enrique Rojas es un autor que yo he estado usando en estos días precisamente con una intención muy clara. Enrique Rojas no es cristiano, pero escribió un libro que se llama *El Hombre Light*. Y cuando uno lo lee, dice: "¿Cómo puede ser que un hombre no cristiano llegue a este tipo de conclusiones?" Yo quiero usarlo intencionalmente, citando algo de él, para que ustedes vean que no es una observación desde la acera cristiana esto de la falta de reflexión. Hay pensadores e intelectuales en el plano secular que están pensando de la misma manera.
Él dice que nosotros vivimos una generación donde el hombre es light. El *Hombre Light*, así se llama su libro. Y cuando él habla del perfil psicológico del hombre light —él es psiquiatra—, dice lo siguiente: "Se trata de un hombre relativamente bien informado, pero con escasa educación humana, muy entregado al pragmatismo por una parte y a bastantes tópicos por otra. Todo le interesa, pero a nivel superficial. No es capaz de hacer síntesis de aquello que percibe, y en consecuencia se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, ligero, frívolo, que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos en su conducta. Todo se torna en él —en este hombre light— etéreo, leve, volátil, banal, permisivo, cómico. Ha visto tantos cambios, tan rápidos y en un tiempo tan corto, que empieza a no saber a qué atenerse; o lo que es lo mismo, a hacer suyas expresiones como 'todo se vale', 'qué más da', 'las cosas han cambiado'."
Eso es una realidad hoy en día, no solamente dicho por nosotros, sino también por otros. Entonces, si nosotros vamos a vivir con cuidado, tenemos que aumentar, mejorar y profundizar nuestros niveles de reflexión en la vida: qué implicaciones tiene una decisión económica, una decisión familiar, un cambio de colegio, un tipo de entretenimiento.
¿Qué implicaciones tiene sobre mi hogar que yo tenga internet abierto en mi casa? ¿Qué implicaciones tiene que yo mande a mis hijos a tal tipo de colegio? ¿Qué implicaciones tiene que yo tenga tal tipo de negocio? ¿Qué implicaciones tiene la publicidad que yo hago en mi negocio? ¿Qué implicaciones tiene que la mujer salga a trabajar o que se quede en su casa? Todo eso, hermano, tiene que tener un nivel de análisis y de reflexión. No puede ser una decisión sencillamente porque eso es lo que todo el mundo hace, eso es lo que se está haciendo, es lo que se requiere. Sin un nivel de profundidad sobre las implicaciones de esas cosas en nuestras vidas personales y familiares, no podemos avanzar. Tenemos que pensar, tenemos que reflexionar.
Pero lo otro que yo necesito para manejar mi vida con cuidado, además de reflexión, es humildad. Se requieren grandes niveles de humildad. ¿Por qué? Porque yo tengo que abrirme a la consulta. La gente, cuando quiere hacer algo y sabe que alguien le puede llevar la contraria, no pide opinión. Él sabe, o ella sabe, lo que es correcto, lo que debe hacer, pero dice: "No voy a pedir opinión, no vaya a ser que entonces me impidan hacer lo que yo quiero hacer." Eso es arrogancia, eso es egoísmo, eso es una actitud cerrada a la consulta.
Yo necesito abrirme a la consulta en mi vida; yo no me las sé todas. Si hay un consejo que usted puede recibir del libro de Proverbios, si usted quiere un resumen del libro de Proverbios en un versículo, si quiere saber de qué se trata el libro entero —aunque también tiene que leerlo—, es este: no te apoyes en tu propia prudencia. El libro por excelencia de sabiduría en la Biblia, y su resumen es: no te apoyes en tu propia prudencia. Tú no te las sabes todas, ni yo me las sé todas. Consulta, pregunta, ora, haz una pausa antes de tomar decisiones, antes de moverte en la vida.
Y obviamente, si yo me abro a la consulta, también tengo que abrirme al cambio: a cambiar de opinión, a cambiar mi parecer, a reconocer que estaba mal en algo. Esa capacidad para aceptar errores, hermanos, es muy escasa, sumamente escasa. La gente puede estar convencida en su interior de que está en lo incorrecto, pero el reconocimiento de eso es muy difícil, muy difícil.
En resumen, hermanos, la vida sabia en días malos, en primer lugar, va a requerir que andemos con cuidado. Y andar con cuidado va a requerir mucha reflexión: nada de ligereza, nada de trivialidad, nada de superficialidad; debemos ser enemigos de eso. Yo he tomado una decisión en mi vida: a menos que yo no esté convencido de que me estoy moviendo por convicción, no me muevo. Si no hay una convicción que me sostenga en el paso que voy a dar en mi vida, no me muevo, hasta que no llegue a ese nivel de convicción. Necesitamos, hermanos, andar con mucho cuidado.
Pero la vida sabia en días malos va a requerir otras cosas también. El versículo 16 nos llama a vivir con sabiduría en días malos aprovechando bien el tiempo. En otras palabras, los días malos requerirán de mí que haga lo que tengo que hacer cuando tengo la oportunidad de hacerlo. Enfocados en lo que debemos hacer: así se viven los días malos.
En este texto, en el versículo 16, la palabra "aprovechando" es una palabra comercial que se usaba en el tiempo de Pablo, en griego, y que significaba comprar, redimir. Habla de adquirir algo antes de que se perdiera, pero tiene una connotación adicional al simple acto de comprar. Porque esta palabra —exagorazo, para los que siguen el griego— se usaba cuando alguien quería comprar un esclavo. Yo iba al mercado de esclavos, compraba un esclavo y lo redimía de su condición: pasaba de ser un esclavo bajo un amo a tener una condición mejor. Yo lo redimía, exagorazo.
Ahora bien, ¿qué pensaba el comprador de ese esclavo? "Dame ese esclavo, que le tengo un buen uso." Él no compraba sin considerar el uso que le iba a dar. Consideraba primero el uso: "Ese esclavo es el que yo necesito. Dámelo, lo quiero. Tengo un buen uso para él." Esa es la palabra que aparece aquí: aprovechando bien el tiempo. Yo tengo el tiempo como una oportunidad; voy a usar ese tiempo porque tengo un buen uso para él.
En días malos, lo que Pablo está diciendo es que el uso de mi tiempo debe responder siempre a la pregunta: ¿cuál es el mejor uso posible de este tiempo? Algunos dicen que la palabra "tiempo" aquí no es cronos sino kairos, y se referiría a toda tu vida. Tu vida es una oportunidad que Dios te da: ¿cuál es el mejor uso que tu vida va a tener? Pudiéramos aplicarlo de esa manera. Pero otros entienden que Pablo se está refiriendo más bien a los momentos de la vida. Dios te da momentos; la vida está compuesta de una diversidad de oportunidades. La crianza con tus hijos es una oportunidad. El tiempo con tu cónyuge es una oportunidad. El tiempo en tu trabajo es una oportunidad. ¿Cuál es el mejor uso que tú le das a tu tiempo en tu oficina? ¿Cuál es el mejor uso posible, dado que eres un hijo de Dios, que tienes que caminar de una manera digna de tu llamado, que eres luz, que tienes que alejarte de las obras de las tinieblas? ¿Cómo puedes usar bien ese tiempo, o el tiempo con tu esposo, con tus hijos? De eso es que está hablando: aprovechar el tiempo, darle un buen uso.
Y ya adelanto un poco: "tiempo" aquí no es la palabra tradicional que denota el tiempo que pasa, sino la ocasión que tengo. En realidad, estudiando este pasaje, llegué a la conclusión de que la traducción "aprovechar el tiempo" puede llevarnos por mal camino, porque en nuestra generación eso se traduce en hacer más cosas, más actividad. Y cuando leemos ese pasaje, los que queremos una vida tranquila sentimos que nos está presionando. Pero este pasaje no nos llama a hacer más cosas; cuando se interpreta correctamente, tiene que ver con hacer mejores cosas en el tiempo que nos ha sido dado. No es más, es mejor. Puede ser incluso que el pasaje te lleve a hacer menos cosas, porque te preguntas: "¿Cuál es el mejor uso que le puedo dar a este tiempo? Esto no tiene trascendencia, ¿para qué le voy a dedicar tiempo a eso?"
Entonces debería vivir constantemente para aprovechar bien el tiempo, para sacar el máximo provecho de cada oportunidad que la vida me presenta. Esa es mi paráfrasis: sacar el máximo provecho de cada oportunidad que la vida me presenta. ¿Para qué? Para glorificar a Dios, para exaltarle, para reflejarle, para vivir de una manera en servicio a Él. A eso es que ese versículo nos estimula.
Entonces me pregunto: ¿has entendido tu vida como una oportunidad? ¿Entiendes cada momento de tu vida como una oportunidad que tienes que aprovechar? Como le decía el mercader: "Dame eso, que tengo un buen uso para ello." ¿Puedes decir eso de tu tiempo? "Ven, que tengo un buen uso para estos cinco minutos. Los voy a emplear en estimular a mi esposa, en amar a mis hijos, en leer la Palabra, en ser íntegro en mi trabajo, en predicarle a alguien, en hacer lo que tengo que hacer." Se te ha concedido un tiempo aquí en la tierra: ¿qué es lo que tú estás tratando de conseguir? ¿Te has hecho esa pregunta?
Yo recuerdo que no soy un buen deportista en todas las cosas. En voleibol me defendía bien, pero en béisbol no era muy bueno. Estuve como un año y medio o dos años en una liga de béisbol cuando tenía quizás 12 o 13 años. Si hay algo que yo recuerdo de esa experiencia, no era precisamente la pasión que sentía por el deporte, sino que siempre me pareció muy largo el tiempo que pasaba entre turno y turno al bate. Los niños van a la liga es a batear; uno quiere batear. Entonces, cada vez que llegaba la oportunidad, había ese sentido de: "Este es mi momento." Los veían así, un niño chiquito mirando hacia abajo, pensando. Se ponía el casco, se arreglaba el pantalón, calentaba, todo concentrado. Luego se paraba en el home, miraba al pitcher de una manera intimidante, veía la bola como si fuera su vida. Yo recuerdo que mi papá me decía: "No le quites los ojos a la bola, no le quites los ojos a la bola." Ese era mi momento; todos mis sentidos estaban colocados en ese propósito. Yo quería hacer el mejor papel posible en ese turno al bate. Con frecuencia no di ningún palo, pero esa era la actitud: "Esta es mi oportunidad, yo estoy aquí para batear, y todos mis sentidos apuntan a ese propósito."
Entonces, ¿qué estás haciendo tú con tu vida? ¿La ves como una oportunidad? ¿Estás viviendo con ese sentido de "ahora o nunca", aprovechando cada momento, cada minuto, preparándote, calentando, entrenándote?
A veces hacemos calentamiento antes de batear. Yo hacía calentamiento antes de batear, me ponía a hacer calentamiento antes de batear para estar listo para cuando la oportunidad se me presentara. Y yo siento que no es así en muchos casos. Yo siento que no estamos listos para el momento del bateo en la vida, y en manera de reflexión para lo que estamos desenfocados.
Hermano, la vida tiene dos propósitos según su Palabra. Primera de Corintios 10:31 nos dice, Pablo nos dice de una manera muy llana, nos dice el juego de la vida: el juego de la vida se trata de glorificar a Dios. Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. Propósito de la vida: glorificar a Dios, honrar su nombre, levantar su verdad, glorificar a Dios. Eso es otro mensaje, pero ese es el propósito de la vida.
Jeremías 9 nos habla de otro propósito, el más valioso de la vida. Jeremías 9:23-24 dice que la vida no se trata de ninguna otra cosa que no sea conocerle, amarle y servirle. Yo no sé cómo lo dice: "No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza. Mas el que se gloríe, gloríese de esto: que me entiende y me conoce, pues yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas me complazco." La vida se trata de glorificar a Dios y de conocer a Dios. Eso tiene muchas manifestaciones en nuestro día a día, pero ese debe ser el enfoque de mi vida: cómo yo aprovecho cada minuto de mi vida, cada oportunidad que yo tengo, cómo yo aprovecho mi vida para hacer eso lo mejor posible. Ese es el enfoque del cristiano, del creyente, y ese es el enfoque que Pablo quiere que nosotros tengamos en la vida.
La razón de vivir con este nivel de estrés y de intensidad, el mismo texto nos dice, es que los días son malos. Los días son malos, y la palabra para "malos" —hay en español "malos", en inglés es "evil"— es perversos, wicked, podridos, dañados. Los días son malos, y nosotros sabemos que Pablo viene desde Efesios 5 hablando de que se alejen de la inmoralidad, que se alejen de la inmundicia, que se alejen de las obras de las tinieblas. Esos eran días malos también, y son días malos hoy también.
La razón de por qué los días malos me deben llevar a este tipo de vida son dos. En primer lugar, los días malos son un peligro para mí, para mi propia alma; son tentadores. Si tú no aprovechas bien tu tiempo, tú sabes una cosa: los días malos, la perversión de nuestros días te va a arrastrar, te va a envolver, te va a seducir, te va a engañar, te va a confundir. Si no aprovechas bien el tiempo en lo que tienes que hacer —en tu formación, en tu preparación, en tu calentamiento, en tu entrenamiento espiritual— los días malos te van a arrastrar.
Pero los días malos también llaman a nuestra total entrega y a aprovechar bien el tiempo, porque se requiere que los hijos de Dios seamos luz. Se nos requiere que seamos luz. Somos la luz del mundo; aun el cristiano confundido tiene más luz que el que no tiene a Cristo. Y esa es la razón incluso de esta conferencia. Una de las razones de esta conferencia es esa: todo este proceso, toda esta reflexión, este ser y mantenerse tiene que ver con los días malos que estamos viendo, el deterioro moral, la revolución moral en la cual estamos y cómo nosotros vamos a responder. Este mensaje tiene aplicación a nivel personal: cómo tú vas a responder a estos días malos. Por lo pronto, esta conferencia tiene tremenda importancia para nosotros.
Entonces, vivir en días malos requerirá mucho cuidado, vivir con mucha atención, con mucha reflexión, con mucha humildad, pero requerirá también que aprovechemos bien el tiempo para aquello para lo que el tiempo nos fue dado: para glorificar a Dios y conocer a Dios en todas las áreas de nuestra vida.
Por último, Pablo le da una tercera recomendación a los efesios y les dice en el versículo 17 que vivir con sabiduría en días malos requerirá que conozcamos y aceptemos la voluntad de Dios para nuestras vidas. Así pues, dice el versículo 17: "No seáis necios, sino entended cuál es la voluntad de Dios." Que se nos dijo en el versículo 15: "No como insensatos, sino que vivamos con cuidado, no como insensatos sino como sabios." Viene el versículo 16: "Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos."
¿Cómo yo vivo como un sabio? ¿Cómo yo aprovecho bien el tiempo? ¿Tú sabes cuál es la mejor manera de aprovechar bien el tiempo? Es pensar y discernir la voluntad de Dios para tu vida y vivirla. Eso es lo que Dios quiere. Eso es lo que te hace aprovechar bien el tiempo, eso es lo que te hace un hombre, una mujer sabia. La sabiduría en la Biblia no es intelecto, no es el mucho conocimiento que yo tengo. La sabiduría en la Biblia tiene una connotación eminentemente práctica: ser sabio, en la Biblia, es vivir como Dios quiere. No hay que elaborar mucho eso; es vivir su Palabra revelada. Eso es lo que la Biblia requiere de nosotros y pide de nosotros.
Obviamente, el principio de la sabiduría es el temor del Señor. Lo que inicia mi camino en la sabiduría es yo temer a Dios y entender que yo necesito su presencia en mi vida, entender que yo necesito su salvación en mi vida, entender que yo soy un pecador y que se me requiere que me arrepienta de mis pecados y de mi condición, y pida su redención y su salvación a través de Cristo. Ese es el principio de la sabiduría; después de ahí, vivir como Dios instruye en su Palabra.
Entonces, fíjense en lo que dice el versículo 17: "Así pues, no seáis necios." La palabra que usa aquí es diferente a la palabra que usa en el versículo 15, que se traduce como "insensato". A veces son sinónimos —insensato, necio pudieran ser sinónimos—, pero en el original es diferente. En realidad, esto no lo puse yo, hermanos. El texto: Pablo lo tomaba de una palabra que se utilizaba para hablar de estúpido. Yo no creo que Pablo lo diga con una connotación juzgadora, porque ese no es el tono de todo el capítulo, pero sí nos está diciendo que cuando yo vivo fuera de la voluntad de Dios es una actitud como de estupidez; es una estupidez vivir fuera de la voluntad de Dios.
El sabio vive —versículo 17, segunda parte— entendiendo cuál es la voluntad de Dios. Diligentemente, diligentemente entiende y la obedece; esa es la vida del sabio, ese es el que aprovecha el tiempo, de eso se trata. Y yo creo —no creo, yo estoy absolutamente convencido— de que una de las cosas que todo cristiano quiere es conocer la voluntad de Dios para su vida. ¿No es así? Quieres conocer la voluntad de Dios para tu vida. Lo que pasa es que a veces queremos que Dios nos la comunique de cierta manera, o a veces queremos que su voluntad coincida con nuestra voluntad. Pero nosotros todos queremos saber qué es lo que Dios tiene que decir, qué es lo que Dios quiere opinar.
Y definitivamente estos son tiempos de mucha confusión. Si nosotros no estamos aprovechando bien el tiempo en los caminos del Señor, la voz de Dios como que no la oímos muy bien; no está clara para nosotros. Pero su voluntad está expresada en su Palabra, su voluntad está expresada en su enseñanza, su voluntad está expresada de diferentes maneras. Las circunstancias me hablan de su voluntad si yo soy capaz de reflexionar en lo que me está pasando, si yo soy capaz de vivir con cuidado y discernir lo que debo hacer en cada momento, si yo estoy viendo la vida como una oportunidad de hacerme pensar y concentrar en qué es lo que yo tengo que hacer. Yo tengo que mirar esa bola, mirar esta circunstancia, cómo le doy de lleno para ir por los cuatrocientos. ¿Me entienden? Es vivir así, con ese nivel de reflexión, de intensidad y de discernimiento.
Pero con frecuencia, hermanos, nosotros no hacemos ni llevamos a cabo la voluntad de Dios en nuestras vidas. Tristemente caemos en una estupidez por diferentes razones. Una posible razón es la ignorancia: hay gente que ignora la voluntad de Dios. La consejería bíblica trata precisamente de exponer la voluntad de Dios frente a todo el que viene. La gente va buscando consejería: "¿Qué usted cree? ¿Usted cree que, por ejemplo —nadie se sienta aludido porque no estoy pensando en ningún caso particular—, entonces yo tengo que perdonar a esa persona que me ofendió?" "¿Qué tú crees?" A veces en la consejería, nosotros: "¿Qué tú crees? Sí, yo creo que es así." Bueno, pero la persona necesita saber por qué tiene una lucha con sus deseos y una lucha con su carne en diferentes cosas. "O sea que entonces yo no puedo tener amor con unos creyentes. ¿Qué tú crees?" "Pero yo he visto tanta gente que se convierte en el proceso." "Entonces yo sí definitivamente tengo que pagar todos los impuestos."
Entonces hay gente que la ignora, pero mi experiencia es que la mayoría no la ignora; sin embargo, hay ignorancia. Eso puede ser una de las razones por la que yo no llevo a cabo la voluntad de Dios. Si tú la ignoras, hermano, en algún área de tu vida, pide consejo. No te muevas hasta que el consejo no te haya dado una dirección que su Palabra te instruye.
A veces no es ignorancia: es miedo, es costo. Es que lo que Dios me requiere tiene un costo que yo no quiero pagar. No es difícil, es demasiado difícil para mí. Es que yo no quiero, y no quiero porque tengo miedo: "Y si yo hago esto, entonces… Si hago aquello, entonces… ¿Qué me va a salir?" Tengo miedo a sacrificar eso que se requiere.
A veces es simple orgullo que me impide. Voy a ser… yo no, yo sé lo que Dios quiere, pero yo no voy a hacer eso. Orgullo. Desafiar a Dios. A todos los que nos ha pasado, los que tenemos hijos pequeños: "Vete a bañar." Me pasó ayer, antes de ayer. Daniel, en la cara, a los ojos lo mira, "Vete a bañar", y me hizo así: no. En serio, yo no estoy bromeando; de hecho, yo no lo tenía aquí en la nota, pero me acordé de eso precisamente hablando de esto. Me dijo: no. O sea, yo no pude divorciar la actitud que nosotros tenemos a veces con Dios cuando nosotros sabemos su voluntad y le decimos no.
A veces es simplemente pereza o ligereza en nuestras vidas. La pereza es difícil; caminar ese camino angosto de la vida cristiana es difícil. Amar al otro es difícil, morir a mí mismo es difícil, y me da pereza. Yo sé lo que tengo que hacer. Pero si nosotros queremos vivir una vida sabia, si queremos vivir una vida aprovechando bien el tiempo, se nos requiere que conozcamos su voluntad y la abracemos con todo nuestro corazón.
Entonces, hermanos, los días malos van a requerir extremo cuidado, extrema reflexión de nuestros pasos, de nuestro caminar. Los días malos van a requerir que aprovechemos bien el tiempo, que aprovechemos cada oportunidad para hacer lo que tenemos que hacer. Eso no implica, hermanos, que yo no me pueda un día relajar. Hay momentos en la vida en que lo que manda es dormir; eso es lo que la voluntad de Dios prescribe: dormir, descansar y relajarse sanamente. No vamos a vivir sin dormir porque, si no hago algo, el mundo se va a perder. No, no, no. Es hacer lo que tenemos que hacer en cada momento.
A veces hay que apagar la televisión en vez de estar desgastándonos en cosas que no nos edifican, y acostarnos. Eso es lo que manda; es la mejor forma de aprovechar ese tiempo. Reflexión, aprovechar bien el tiempo, conocer su voluntad y hacerla.
Yo creo, y Dios lo sabe, no estoy manipulando: un buen uso de mi tiempo, de nuestro tiempo en estas semanas, es venir a la conferencia. Porque de esto es que vamos a hablar: cómo nos preparamos, cómo nos edificamos, cómo nos calentamos para enfrentar la bola que viene allá, para que, en el poder de Dios, podamos batearla y sacarla de jonrón. Pero tenemos que ser lo que estamos llamados a ser en este momento.
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¡Hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra!
Héctor Salcedo es economista de profesión y pastor de corazón. Posee una maestría en Estudios Bíblicos del Moody Bible Institute de Chicago y estudios de posgrado en Macroeconomía Aplicada. Es pastor de la Iglesia Bautista Internacional desde 2004, donde supervisa áreas administrativas y financieras, además de predicar regularmente. Está casado con Chárbela El Hage y tienen dos hijos, Elías y Daniel.