Jesús fue elevado al cielo mientras sus discípulos miraban, y una nube lo recibió hasta ocultarlo de sus ojos. Lucas, el único autor bíblico que registra la ascensión, enfatiza un detalle crucial: Jesús no se elevó por sí mismo, sino que fue elevado. Es el Padre quien, complacido con su Hijo, lo resucita de entre los muertos, lo sienta a su diestra, somete todo bajo sus pies y le confiere un nombre sobre todo nombre. El Hijo se humilló hasta lo sumo haciéndose siervo y muriendo en cruz; el Padre lo exaltó hasta lo sumo dándole autoridad universal sobre todo principado, poder y dominio, en este siglo y en el venidero.
Mientras los discípulos seguían con los ojos fijos en el cielo, dos varones vestidos de blanco aparecieron junto a ellos con una pregunta que era también una comisión: ¿por qué siguen mirando hacia arriba? Este mismo Jesús que han visto ascender volverá de la misma manera. Pero el trabajo está aquí abajo. Hay un mundo que necesita testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra.
Entre su partida y su regreso, Jesús no está de vago en los cielos. Intercede por los suyos como abogado defensor, gobierna con soberanía absoluta y dirige su iglesia. Y cuando vuelva, no vendrá solo: los ejércitos celestiales lo acompañarán, y los muertos en Cristo junto con los vivos serán arrebatados para descender con él. Todo ojo lo verá, y será día de celebración eterna.
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Lo invito a que abra el libro de los Hechos, el capítulo 1. La semana anterior estuvimos viendo algunas de las enseñanzas que el Señor Jesús impartió a sus discípulos durante 40 días entre la resurrección y su ascensión, y cubrimos hasta el versículo 8, donde Él les informa que ellos serían sus testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra.
En el día de hoy nosotros vamos a estar cubriendo del versículo 9 al versículo 11. En su boletín dice que yo voy a cubrir un poco más allá, pero hace un par de domingos atrás yo les mencioné que también había anunciado que iba a cubrir más de lo que terminé cubriendo a la hora de desarrollar el texto. Y dije en esa ocasión que no fue culpa de producción que puso el texto más completo, más extenso en el boletín, sino mía. Presto eso, fue culpa del pastor Luis Núñez, porque él vio mi texto y entró a mi oficina y me explicó por qué él entendía que yo no debía cubrir más allá del versículo 11, y yo como persona sometida le escuché y cambié mi abordaje. De manera que en el día de hoy vamos a estar cubriendo básicamente el versículo 9 al 11, pero tengo que leer del 6 hasta el 11 para que usted pueda ver mejor el contexto.
Yo decía en el mensaje anterior que lamentablemente la ascensión y luego el regreso de Cristo es algo que ha sido de poco interés para muchos. Y en otros casos el regreso de Cristo es algo que ha sido criticado y aun burlado, y no en la iglesia de nuestros días, desde todos los tiempos. De hecho, el apóstol Pedro escribe en su segunda carta, en el capítulo 3, en el versículo 3 y 4, y dice: "Ante todo sabed esto, que en los últimos días vendrán burladores con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación".
Burladores, gente que no tiene ningún respeto ni siquiera por las promesas que Cristo haya hecho a su iglesia. Eso está como en un lado, en un polo, en un extremo. Pero del otro lado hay un grupo de cristianos como que tiene muy poco interés en el retorno de Cristo, a pesar de que, como bien puntualiza John MacArthur en su comentario sobre este texto, hay más de 500 referencias en la Biblia acerca del retorno del Señor Jesucristo, y algunos han calculado que uno de cada 25 versículos en la revelación de Dios tiene que ver con su regreso.
El texto que nosotros tenemos, que estamos a punto de leer, nos habla del ascenso de Cristo, pero lo relaciona a su regreso: su partida y su regreso. No nos da muchos detalles, pero yo creo que vale la pena preguntarnos: ¿qué está haciendo Cristo entre su partida y este regreso que no acaba de darse? ¿Qué continuará haciendo hasta que finalmente regrese a nosotros?
De los cuarenta autores, más o menos, que la Biblia tiene, Lucas es el único autor que habla, menciona y registra el ascenso de Cristo a los cielos. Lo hace en el Evangelio de Lucas, que dijimos es el primer volumen de la historia, y lo hace en el libro de los Hechos, que es el segundo volumen de la historia. Entonces, ¿cuál es la importancia de la ascensión de Cristo, que el Espíritu de Dios consideró importante inspirar a Lucas para que lo registrara dos veces? De nuevo, Lucas no nos da detalles, pero relaciona su partida con su regreso. Yo creo que es algo que nosotros necesitamos explorar.
Con eso en mente, entonces yo creo que podemos leer juntos en el libro de los Hechos, capítulo 1, a partir del versículo 6 hasta el 11: "Entonces los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad, pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra."
Y ahora el texto de hoy: "Después de haber dicho estas cosas, fue elevado mientras ellos miraban, y una nube le recibió y lo ocultó de sus ojos. Y estando mirando fijamente al cielo mientras él ascendía, aconteció que se presentaron junto a ellos dos varones en vestiduras blancas, que les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo."
Jesús venía hablando con sus discípulos, como vimos semanas anteriores, las últimas dos semanas. Él venía hablando del reino de Dios por cuarenta días, y en esta última conversación que Cristo está teniendo, de repente los discípulos le interrumpen y le dicen, versículo 6: "Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?" Vimos la semana pasada cómo los discípulos, aún hasta este momento, estaban pensando más en un reino terrenal, en un reino político con Israel a la cabeza, cuando en realidad Cristo había venido a instaurar un reino celestial, de orden espiritual y con Jesús a la cabeza.
Jesús escuchó la pregunta, pero prácticamente la ignoró, y más bien les ayuda a entender que no les correspondía a ellos saber los tiempos ni las épocas, versículo 7, que el Padre ha fijado con su propia autoridad. En otras palabras, el calendario de Dios está vedado a los hombres. Dios no nos da detalles de por qué ha querido vedar el calendario a los hijos de los hombres, pero yo decía que yo puedo ver por lo menos una razón que a mí me parece lógica. Dios tendrá las suyas, y seguro que son más que las mías y mejores que la que yo pudiera mencionar.
Pero yo me imagino que si Cristo dijera: "Yo regreso el primero de enero del año dos mil veinticinco", que de aquí al dos mil veinticinco, de aquí hasta el primero de enero, muchos de sus hijos se relajarían y tratarían de jugar a la vida, y probablemente como una semana antes de su regreso comenzarían a arrepentirse de todas las barbaridades que hicieron. ¿Estamos de acuerdo? Yo creo que hay una parábola que tiene que ver con eso justamente, de cómo aquel siervo tenía un amo que se fue lejos, pensó que el amo no vendría por ahora. ¿Ustedes recuerdan la parábola? Cristo ilustrando el corazón del hombre.
Pero Cristo en este momento ignora la pregunta de cuándo él instauraría el reino de los cielos, y más bien les recuerda que hay un programa que ya tiene que comenzar, y ese programa está resumido en el versículo 8: "Me seréis testigos en esta ciudad de Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta todos los confines de la tierra. Van a recibir poder justamente para eso." De manera que, en vez de estar descifrando o tratando de descifrar el futuro, "yo quiero que se enfoquen en el presente: me seréis testigos." Testigos de su causa, testigos de su vida, testigos de su muerte, testigos de su resurrección, testigos de su ascensión a los cielos.
Y nosotros seríamos testigos también, no oculares, pero nosotros seríamos como el eco de estos testigos oculares que registraron la historia. Nos gustaría haber sido testigos oculares, ¿no crees? Nosotros daríamos lo que no tenemos por haber visto a Cristo caminar sobre las aguas, ¿cierto? Yo creo que daríamos lo que no tenemos por haber visto a Cristo decirle a un paralítico: "Levántate y anda", o poner las manos sobre dos ojos que no veían y devolverle la vista, o ver la multiplicación de los panes, o sentarse ahí a escuchar el Sermón del Monte, escuchar a Cristo predicar el sermón acerca de su propia persona. Eso sería como extraordinario. ¿Cuántos darías tú por una experiencia como esa?
Sin embargo, Cristo pensó un poco diferente, porque después que él resucita, él tiene un encuentro con Tomás. Tomás no había creído la resurrección. Él demuestra sus heridas a Tomás, Juan 20, versículo 28, y cuando Tomás ve las heridas dice: "¡Señor mío y Dios mío!" Presta atención a la respuesta de Jesús. Jesús dijo: "Porque me has visto, has creído. Dichosos los que no vieron y sin embargo creyeron." Dichosos vosotros que habéis creído sin haber visto. Esa es la opinión de Jesús.
Y ahora, estos discípulos tuvieron esas experiencias extraordinarias que nosotros hubiéramos querido tener, y al final de esa historia con ellos, el texto dice que él habló estas cosas y entonces fue elevado mientras ellos miraban, y una nube le recibió y lo ocultó de sus ojos. Nota cómo el texto no dice que Jesús se elevó, sino que Jesús fue elevado. Eso está en voz pasiva. Yo quiero que tú pienses en eso, porque vamos a regresar ahí una vez más, más tarde, desde otro ángulo. Pero Jesús fue elevado.
Un comentarista habla de que quizás, por la manera que el texto está expresado, como que pudiera dar la impresión de que una nube descendió, esa nube lo cubrió, lo envolvió, y entonces como que lo levantó, y así se fue a los cielos. Yo quiero que tú pienses o recuerdes que Jesús fue elevado mientras ellos miraban.
Y yo no sé qué sensación ellos experimentaron mientras estaban viendo esta nube como que se llevaba a Jesús, pero yo me imagino que se produjeron en ellos una mezcla de emociones y sentimientos y de experiencias. Yo me imagino que debió haber ocurrido algo de asombro, un sentido de sorpresa, o de admiración, o de maravilla, como "¡wow!", de fascinación, de deslumbramiento, de desconcierto, quizás hasta de confusión, de sobrecogimiento, quizás de temor, y sin lugar a dudas, después de haber experimentado todo lo que experimentaron, de adoración.
De hecho, Lucas dice en su primer volumen, en el Evangelio de Lucas, justamente eso: que ellos le adoraron en el momento que lo vieron ascender, o momentos después. Lucas 24:50-52 dice lo siguiente: "Entonces Jesús los condujo fuera de la ciudad hasta cerca de Betania, y alzando las manos, los bendijo. Y aconteció que mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de adorarle, regresaron a Jerusalén con gran gozo."
Para este momento, Jesús era Dios. En el contexto judío, nadie que no fuera Dios sería adorado. Tomó la vida, la muerte, la resurrección, cuarenta días de apariciones y desapariciones para ellos finalmente entender con toda claridad que Jesús era Dios. En ese momento ellos le adoraron.
Ahora, ¿notaste otra vez cómo Lucas en el Evangelio que lleva su nombre relata lo que ocurrió? Escúchalo otra vez: Jesús fue llevado arriba al cielo. Él no se va; él fue llevado. Yo quiero que lo pienses, porque vamos a regresar a esa idea. Lucas en el Evangelio dice que Jesús fue llevado. Lucas en el libro de los Hechos dice que mientras ellos miraban, Jesús fue elevado a los cielos. Una nube lo recibió, una nube lo ocultó. Es como que Jesús es un ente pasivo en esta experiencia que está ocurriendo. Es el Padre que está tan complacido con su Hijo que ahora le está honrando. Es el Padre que está haciendo esto por su Hijo amado.
Y la nube que ellos vieron debió haberles recordado a los apóstoles, que conocían las Escrituras, múltiples experiencias. Pudieron haber pensado en la nube que los cubrió en el desierto durante el día para que el sol no los quemara. Pudieron haber pensado en la nube que descendía sobre el tabernáculo cuando Moisés entraba a hablar con Dios. Pudieron haber pensado en la nube que llenó el templo que Salomón construyó el día de su inauguración. Pudieron haber pensado, sobre todo Pedro, Juan y Jacobo, que estuvieron en el monte de la transfiguración, en esta nube que cubrió a Jesús de repente, y luego momentos después la nube desaparece y Jesús está descubierto ante sus ojos. Pudieron haber pensado en cada una de esas experiencias. La nube no era más que simbólica de la presencia de Dios, y es esa nube que simboliza la presencia de Dios como que levanta a Jesús hasta los cielos.
Yo creo que cualquiera de nosotros que hubiese estado allí hubiese quedado viendo hacia arriba, como ellos lo hicieron, quizás esperanzado en que esa misma nube bajara, lo dejara aquí otra vez, desapareciera y Jesús quedara allí. Jesús tenía cuarenta días apareciendo y desapareciendo. Algunos de ellos vieron algo así en el monte de la transfiguración: la nube lo cubrió, Jesús quedó oculto, y de repente la nube lo descubrió y Jesús estaba allí. De manera que no es sorprendente que ellos estuvieran ahí viendo a Jesús hasta que finalmente desapareció, y quizás esperanzados en que viniera así mismo de regreso.
"Y estando mirando fijamente", versículo 10, "al cielo mientras él ascendía, aconteció que se presentaron junto a ellos dos varones en vestiduras blancas." Dos varones que no se identifican, pero probablemente sus vestiduras y su apariencia fueron suficientes para ayudarles a entender que esta gente vino del más allá. Yo no creo que Lucas o cualquiera de los otros
Algunos autores, cuando hablan de estas vestiduras blancas, están ayudándonos a entender que las vestiduras solamente son blancas en el reino de los cielos. Yo creo que más bien lo que nos están ayudando a entender es que el blanco representa el resplandor de la gloria de Dios, de la misma manera que la cara de Moisés resplandeció cuando estuvo con Dios. Cuando estos ángeles vienen de la presencia de Dios, vienen vestidos de gloria, y eso es lo que ellos están viendo.
Y esta es la pregunta entonces que ellos traen. Versículo 11: "Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo." La pregunta de esos ángeles representa como un cierto cuestionamiento acerca de por qué continuaban viendo hacia arriba, cuando en realidad el trabajo que Jesús les había dejado en el versículo 8 de ser testigos está aquí abajo. Y eso es algo que nosotros necesitamos recordar todo el tiempo.
Pedro, Juan y Jacobo ascienden al monte con Jesús, experimentan la transfiguración, y Pedro inmediatamente quiere hacer tres chozas y quedarse allá arriba. Pero eso le es negado: "Pedro, hay trabajo allá abajo." Moisés sube al monte y está en la presencia de Dios por cuarenta días. Para Moisés solo debe haber sido una experiencia fuera de descripción, pero eventualmente Moisés tuvo que bajar a lidiar con el pueblo que estaba allá abajo adorando el becerro de oro. Elías estuvo cuarenta días ayunando y experimentando la presencia de Dios; hasta le habló en ese tiempo desde ese susurro del que habla la Palabra. Pero eventualmente tuvo que regresar a lidiar con Acab y con Jezabel.
Nosotros tenemos que recordar que a nosotros se nos dio una misión. Los monjes de la antigüedad que se retiraron para meditar, reflexionar y orar, y pasarse toda la vida haciendo eso, no estaban siendo bíblicos. Porque claramente Jesús dice en el aposento alto, horas antes de su crucifixión, orándole al Padre en Juan 17:18: "Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo." En una celda de un monasterio yo no soy de mucha utilidad para el mundo. Yo no puedo ser sal de la tierra y luz del mundo. Con el respeto que ellos merecieron, hay todo un mundo ahí afuera que estaba muriendo, y a ese mundo Cristo nos envió a hacer testigos. Nosotros somos los descendientes de los testigos oculares a quienes Cristo les encomendó la satisfacción comisión. Esa es tu misión, esa es mi misión.
De manera que quizás los ángeles se están tratando de decirles: "No sigan viendo hacia arriba, porque aquí abajo es que está la misión. Ustedes necesitaban ver esto, ustedes necesitaban escuchar lo que nosotros les estamos diciendo. Estas son las palabras que ustedes necesitan abrazar, que necesitan aceptar, que necesitan proclamar. Porque este mismo Jesús que ustedes han visto ascender es el mismo Jesús que será visto descender de los cielos."
Si los apóstoles iban a abrazar la satisfacción comisión, ellos tenían que entender varias cosas. Y una de esas cosas que ellos necesitaban entender precisamente es que Jesús se iba, pero regresaría por su satisfacción. Sin esa creencia no habría esperanza de que Jesús vendría por los suyos, y por tanto el movimiento probablemente terminaría perdiendo fuerza. Y sin esa esperanza no habría valor ni coraje para poder proclamar las buenas nuevas en medio de las peores circunstancias.
Ellos necesitaban creer que era necesario que Jesús partiera de este mundo, como vimos la semana pasada, como Cristo les enseñó. "Es necesario, es conveniente," les dice Jesús en el satisfacción de Juan, "que yo me vaya, porque si yo me voy os enviaré al Espíritu Santo, y a vosotros conviene la presencia del Espíritu." Ellos tenían que creer que, a partir del momento que Jesús partió de en medio de ellos, había un trabajo que hacer. Había un trabajo que hacer que tenía que ver con ser testigos, y que ellos tenían que continuar la obra que Jesús había iniciado.
Eso que ellos vieron, eso es lo que ha sido llamado teológicamente como la ascensión de Jesús. La ascensión de Jesús, cuarenta días después de la resurrección. La pregunta que quizás pudiera surgir ahora que Jesús ascendió, y ahora que estamos esperando la segunda venida, es: ¿cuál es el estado de Jesús en estos momentos? ¿Qué está haciendo? ¿Cuál es su función? ¿Cuál es el ministerio de Jesús en los momentos actuales? Porque independientemente de cuál pudiera ser tu especulación, de algo podemos estar seguros: que Jesús no está de vago en los cielos, no está aburrido en el reino de los cielos.
Y yo creo que una vez más el Nuevo Testamento, y aun el Antiguo Testamento, no nos deja en completa ignorancia, sino que nos da una idea de algunas de las cosas, algunas de las funciones, algunas de las posiciones de Jesús mientras nosotros esperamos. Porque los ángeles están ahí y llaman a desaparecer también, pero ellos quieren dejarlo con una cierta esperanza. Y de esa misma manera la Iglesia ha sido dejada con esperanza de parte de Jesús mientras nosotros esperamos.
En el mismo libro de los Hechos hay un evento narrado donde se nos habla de Esteban, el primer mártir de la Iglesia, que está siendo apedreado. Y dice el texto en Hechos 7:55 que Esteban estaba lleno del Espíritu y que tenía los ojos fijos en el cielo, y que él vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios. Y dijo: "He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios." Jesús de pie, con toda probabilidad, representaba a ese abogado defensor a favor de Esteban, como tratando de comunicarle a Esteban que no temiera las acusaciones de la mentira de los hombres, que no temiera por su juicio, que Él era su garantía. Y la diestra del Padre representaba la autoridad con la cual Cristo estaba allí representándole.
De hecho, Juan escribe en su primera carta, en 2:1: "Si alguno peca, abogado tenemos con el Padre, a Jesucristo el justo." Si alguno peca, abogado tenemos con el Padre, a Jesucristo el justo. Es una de las funciones de Jesús. Leí algo similar en el libro de Zacarías, en el capítulo 3, donde tú ves a Josué el sumo sacerdote siendo acusado por Satanás, y al ángel de Jehová, que representa a Cristo, también de pie defendiendo a Josué justamente de las acusaciones contra él de parte de Satanás. Es nuestro abogado defensor.
Pero el apóstol Pablo, quien estuvo en el tercer cielo, que conoció cosas que tú y yo no conocemos, que vio cosas y oyó cosas que tú y yo no conocemos, nos ayuda a ver algo de lo que está ocurriendo y algo de lo que ocurrió después de la ascensión de Jesús, y que tú y yo necesitamos conocer mientras esperamos por su regreso. Cuando les escribe a los efesios en el capítulo 1, a partir del versículo 18, él comienza a orar y hace una oración de iluminación: que Dios pueda iluminar el entendimiento de los efesios, para que ellos puedan ver algo que otros no habían podido ver, que nosotros no hemos podido ver.
Y mira cómo Pablo ora en Efesios 1:18 en adelante: "Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder." Escucha ahora: "El cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos y le sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio, y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. Y todo sometió bajo sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo."
Tú recuerdas en el capítulo 1 de Hechos, en el texto de hoy, que dice que Jesús fue elevado a los cielos. Es el Padre que estaba haciendo eso. Cuando tú miras este texto otra vez, tú puedes ver qué más continuó el Padre haciendo, o hizo, después que lo elevó a los cielos. El versículo 20 nos dice que Dios Padre le resucitó de entre los muertos. El Nuevo Testamento no hace tanto énfasis acerca de que Cristo resucitó, sino de que Él fue resucitado. El Padre le resucitó de entre los muertos.
El versículo 20 en la segunda parte nos dice qué más hizo el Padre. El Padre le sentó. No fue que Él se sentó, sino que le sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio, y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. Jesús fue sentado. El Padre le sentó en ese lugar de autoridad, a la diestra del Padre. Sentado implica soberanía absoluta, soberanía y dominio y gobierno universal. Porque el texto no solamente dice que le sentó por encima de poderes y dominios y principados, sino sobre todo dominio, poderes y principados.
El énfasis... No pienses que estos nombres distintos probablemente implican ángeles caídos, potestades caídas. Porque a eso se refiere Pablo en el mismo libro de Efesios, en el capítulo 6, cuando nos habla de que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra principados y poderes y dominios, contra huestes espirituales de maldad. Probablemente aquí es la misma referencia.
De manera que Jesús ha sido sentado por el Padre a su diestra con poder, no solamente sobre ellos, sino sobre todos ellos. Y no solamente sobre todos ellos, sino sobre todo nombre que se nombra. Como decía un pastor recientemente que yo escuché: si tú lo puedes nombrar, Jesús está sobre eso. Nómbralo, y Él está sobre eso. El Padre lo elevó a los cielos, el Padre lo resucitó de entre los muertos, el Padre lo sentó a su diestra.
Era importante que los discípulos pudieran entender el nivel de autoridad que Jesús tenía una vez Él ascendió. Porque ese nivel de autoridad les estaba dando garantía. Cuando ellos pudieran pensar que el Jesús que ellos vieron ascender tenía poder y autoridad sobre todo principado, ellos tendrían otra confianza. Y Dios Padre le sentó sobre todo nombre que se nombra.
Nota la congruencia de la Palabra de Dios, porque eso es Pablo hablándole a los efesios. Pero cuando Pablo les habla a los filipenses en el capítulo 2 y les dice que Cristo no consideró el ser...
Igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó y se hizo, ¿qué cosa? Se hizo hombre y se hizo siervo. Entonces, debido a eso, de que él estuvo dispuesto a hacerse hombre, a hacerse siervo, a ir a la muerte, muerte de cruz, entonces el versículo nueve de Filipenses dos dice: "Por lo cual..." Eso es una conclusión: por lo tanto, en consecuencia, debido a que Jesús hizo todo eso, Dios Padre también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Dios le asciende, Dios le sienta, Dios lo exalta, Dios le confirió un nombre que es sobre todo nombre. El Hijo le honró en la tierra, el Padre le honró en los cielos. Es el Hijo que se hace siervo, es el Hijo que se hace hombre, es el Hijo que muere por amor al Padre. Es el Padre que lo resucita, lo asciende, lo sienta, le da un nombre sobre todo nombre por amor al Hijo.
La autoridad de Jesús era y es universal, por encima de toda creación inanimada, por encima de todo ser viviente. No importa si son querubines, serafines, ángeles, arcángeles, hombres creyentes, hombres incrédulos, no importa quiénes. Autoridad, poder, dominio en este siglo y en el venidero, él está por encima de todo eso. Pero Jesús le enseñó eso a sus discípulos antes de decirles "me seréis testigos". Les enseñó cuál es el nivel de autoridad. Ya lo tenía y se lo dijo en la Gran Comisión. Mateo 28:18: "Toda autoridad en el cielo y en la tierra me ha sido dada." Toda autoridad. La misma enseñanza con diferentes palabras. "Por tanto..." Otra vez es una conclusión. Como yo domino la creación, id y haced discípulos. Ahí están los testigos, a hacer discípulos de todas las naciones. Ahí está Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra. Pero podéis ir porque toda autoridad me ha sido dada, yo estoy sentado a la diestra del Padre.
Eso es lo que ha sido llamado la sesión de Jesús, que tiene que ver con sentarse. Pero hay algo más que el texto de Efesios uno me dice. En el versículo 22, el Padre todo sometió bajo sus pies. ¿Te das cuenta que el Padre sigue haciendo estas cosas? Y a él lo dio por cabeza. No es Jesús que se da por cabeza; a él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.
Jesús no pidió su autoridad, no reclamó su autoridad, no demandó su autoridad, no impuso su autoridad, no usurpó la autoridad como trató de hacer Satanás cuando era llamado Lucifer. No. Jesús se humilló hasta lo sumo y el Padre le exaltó hasta lo sumo. Hay un ejemplo ahí. Ese Jesús que ellos vieron ascender es el Jesús que yo he de ver regresar. El Padre lo resucita, el Padre lo sienta, el Padre somete todo bajo sus pies, el Padre lo da a la iglesia por cabeza. Te decíamos el domingo pasado que si tú quieres caminar con Dios, tú tienes que aprender a esperar. Jesús supo esperar. Llegado el momento, el Padre entonces le exaltó hasta lo sumo.
Y ahora desde allí él tiene funciones que realizar. Ya vimos una: es nuestro abogado defensor. Esteban experimentó tal defensa. Pero el autor de Hebreos nos dice qué más Jesús hace. Escucha Hebreos 7:25: "Por lo cual Jesús también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos." Jesús fue elevado, Jesús fue sentado. Desde allí él intercede, desde allí él gobierna, desde allí él dirige y protege su iglesia. Desde allí Jesús gobierna con autoridad universal sobre todo dominio, sobre toda cosa que se nombra, y su dominio es permanente.
Escucha lo que no ocurrió cuando Jesús ascendió: cuatro años después no hubo elecciones para ver quién continuaría en el poder. No hubo cambio de constitución para reelección. No hay reelección, no hay elecciones. Él reina en los cielos, él es por siempre y para siempre. Sobre toda la creación él tiene dominio y potestad, sobre todo principado. El mismo Jesús que vieron ascender es el mismo Jesús que ha de descender.
Ahora la pregunta sería: si los ángeles les dijeron que al que ustedes ven ascendiendo, ese mismo descenderá, ¿es eso lo único que nosotros sabemos acerca de su regreso, de su retorno? Y yo creo que la respuesta rápidamente tiene que ser no, porque Dios no nos deja en ignorancia. De hecho, Dios consideró tan importante que tú y yo supiéramos algo de su segunda venida, que reveló parte de su segunda venida antes de su primera venida. ¿Imaginas eso? Antes de que Cristo viniera la primera vez, ya Dios Padre había hablado algo de su segunda venida. Y uno de esos pasajes está en el libro de Daniel.
Como ustedes saben, Daniel tuvo visiones, tuvo sueños. En el capítulo 7 de Daniel, durante una de esas noches, Daniel está teniendo sueños y visiones. Dice el texto como que se mezclan los sueños con las visiones y él no está claro qué es qué. Y cuando tú llegas al versículo 9 del capítulo 7, esto es lo que el texto dice. Daniel está viendo cosas, está impresionado, está tratando de entender. Y en el versículo 9 dice: "Seguí mirando..." Ya lo había visto mucho, pero seguí mirando hasta que establecieron tronos, hablando de los años, de las épocas que van pasando. Y el Anciano de días, ese es Dios Padre, se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y el cabello de su cabeza como lana pura. Su trono, llamas de fuego, y sus ruedas, fuego abrasador. Imagínate eso. Un río de fuego corría saliendo desde adelante de él. Miles de millares le servían y miríadas de miríadas estaban en pie adelante de él. El tribunal se sentó, hay un juicio, y se abrieron los libros.
"Entonces yo seguí mirando a causa del ruido de las palabras arrogantes que el cuerno decía..." Ese es el anticristo. "Seguí mirando hasta que mataron a la bestia," el anticristo, "destrozaron su cuerpo y lo echaron a las llamas del fuego. A las demás bestias se les quitó el dominio, pero les fue concedida una prolongación de la vida por un tiempo determinado. Seguí mirando," dice Daniel, "en las visiones nocturnas..." Para empeorar las cosas, yo digo, de noche viendo todo esto. "Y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de días y fue presentado ante él. Y le fue dado dominio y gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno."
El Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, Cristo Jesús, aquel a quien ellos vieron ascender, ese es el que Daniel está viendo ahora descender en su segunda venida, con miles de miles, con miríadas de pueblos y naciones y lenguas sirviéndole, y con dominio eterno. ¡Wow!
Y tú le das fast forward y llegas al libro de Apocalipsis. En el versículo 7 de Apocalipsis uno se nos dice: "He aquí, viene con las nubes." Una nube le recogió. He aquí, él viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron, y todas las tribus de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. El regreso en esta nube otra vez representativa de la gloria de Dios. Hay una diferencia, y es que cuando él ascendió, estos varones galileos fueron unos pocos que le vieron. Pero ahora el texto nos dice que en su segunda venida todo ojo le verá, incluyendo los que le traspasaron.
De manera que nosotros tenemos una idea de cómo ocurre este segundo evento, esta segunda venida. Pero la primera vez Jesús fue solo, él ascendió solo. Los ángeles vinieron y hablaron con esos varones galileos, pero él se fue solo. Pero él no viene solo la próxima vez. Escucha cómo Juan en el libro de Apocalipsis, en el capítulo 19 a partir del versículo 11, describe su regreso. Versículo 11: "Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco. El que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son como llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas, y tiene un nombre escrito que nadie conoce sino él. Y está vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es el Verbo de Dios."
Escucha ahora: "Y los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, le seguían sobre caballos blancos." Todo el ejército celestial acompaña a Jesús en su regreso. Toda gloria desplegada en su segunda venida para que todo ojo le pueda ver, resplandeciendo de gloria que viene desde el cielo. Imagínense eso. Imagínate tal espectáculo, si pudiéramos llamarlo así. Imagínate cómo lucirán los cielos en ese momento cuando el Hijo de Dios decide venir en toda su gloria, con todo poder, dominio, y más, que está acompañado de todos los ejércitos celestiales.
Pero, como dirían en inglés, hay algo mejor todavía. Es mejor que eso. Porque si bien es cierto que él regresa por los suyos, si bien es cierto que él viene acompañado de los ejércitos celestiales, no es menos cierto que todavía hay más compañía a la hora de su regreso. El apóstol Pablo nos informa de quiénes más regresan con él. Escucha en Primera de Tesalonicenses 4:16-17: "Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor por siempre."
Tú y yo venimos con él. Nosotros somos arrebatados para regresar con él. De manera que yo no voy a estar pasivo esperando a que llegue. No, yo voy a su encuentro y regresamos juntos con los ejércitos celestiales. Imagina qué privilegio es eso. El Señor ha dicho: "Ni los muertos ni los vivos que han estado creyendo en mi nombre, ellos no van a perderse el hecho de mi regreso. No quiero que sean testigos oculares simplemente, como los varones galileos. Yo quiero que sean actores, participadores del regreso. Los arrebato y desciendo con ellos, y venimos todos juntos a ocupar por siempre el dominio de la creación."
Imaginas aquel día. Imaginas la celebración, el gozo, el sentido de asombro de nuestro Dios. Tú tienes toda la esperanza que tú requieres para esperar hasta su regreso. Tú tienes cada promesa hecha por nuestro Dios, un Dios fiel y verdadero. Él vuelve. Él vino la primera vez, él lo anunció. La primera vez vino tal cual lo anunció. Él regresa.
Segunda vez, tal cual lo ha anunciado. Por eso el texto está ahí, por eso es que estos ángeles bajaron a decirle: "Escuchen, ustedes han sido testigos de cosas anunciadas en el Antiguo Testamento; ahora esta cosa está anunciada en el Nuevo Testamento. Ustedes, la Iglesia, le verán descender de la misma manera que le vieron ascender. Será corporal, será visible, será real, será en gloria, y ese será día de celebración."
Pero lo mejor de todo es que Él no viene solo, y lo mejor de todo es que tú vas a regresar con Él. ¿Te imaginas eso? Él vuelve, Él vuelve por los suyos. Él es el que era, el que es y el que ha de venir. Y todo ojo le verá, y tú serás como Él es, y le verás como Él es, y te gozarás con Él por siempre. No habrá más lágrima, no habrá más dolor, no habrá más muerte. Y aquellos que hemos muerto en Él o vivimos en Él le acompañaremos a su regreso.
Ahora tú puedes ser un testigo en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra, porque quien está sobre ti tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. Toda autoridad. No tienes que temer las fuerzas de la naturaleza, no tienes que temer terremotos, no tienes que temer ciclones, no tienes que temer las huestes espirituales de maldad; ellas están sometidas al Hijo. No tienes que temer las circunstancias, no tienes que temer las acusaciones de los hombres, porque toda autoridad le ha sido dada a tu Juez, y Redentor, y Abogado defensor. Imagina: si Cristo está por vosotros, ¿quién contra nosotros?
Y nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús: ni lo alto, ni lo bajo, ni lo profundo, ni los poderes, ni principados, ni los ángeles, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús. Ni el arrebatamiento nos separará; el arrebatamiento nos une y nos trae juntos para la gloria de Dios, para gobierno eterno, por siempre. La gloria.