La iglesia de Esmirna era pobre materialmente y estaba bajo persecución severa, pero Cristo la llama rica. Esta carta del Apocalipsis plantea una tensión que incomoda: ¿por qué Dios permite que una iglesia fiel, sin ningún señalamiento negativo en su contra, sufra aún más tribulación? La respuesta desafía nuestra teología retributiva, esa tendencia a pensar que el sufrimiento siempre es consecuencia de algún pecado. Esmirna no iba a la cárcel porque estuviera en falta; iba porque estaba siendo fiel.
Cristo se presenta a esta iglesia como "el primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida". No es un detalle menor: quien escribe tiene poder sobre la muerte. Por eso puede decir "no temas" a quienes enfrentarán prisión y martirio. No promete sacarlos de la tribulación, sino acompañarlos en ella. El llamado es radical: "sé fiel hasta la muerte". Policarpo, líder de esta iglesia, lo cumplió literalmente. Con 86 años dijo: "¿Cómo voy a fallarle ahora a quien nunca me ha fallado?" Y murió en la hoguera.
El pastor Núñez cierra con la historia de la comunidad Amish que en 2006 perdió cinco niños a manos de un asesino. Horas después, visitaron a la familia del homicida para consolarla. La mitad de los asistentes a su funeral eran Amish. Sociólogos concluyeron que la sociedad secular difícilmente podría manejar el sufrimiento así. En el corazón de esa fe había alguien que murió por sus enemigos, y eso hacía posible lo imposible.