Integridad y Sabiduria
Sermones

Tiatira, la iglesia tolerante de la mundanalidad

Miguel Núñez 13 septiembre, 2015

La iglesia de Tiatira recibió elogios de Cristo por su amor, fe, servicio y perseverancia —cuatro pilares que parecerían garantizar una congregación saludable—, pero tenía un problema grave: toleraba el pecado sin confrontarlo. Una mujer que se autoproclamaba profetisa, identificada simbólicamente como Jezabel por la gravedad de su maldad, seducía a los creyentes hacia la idolatría y la inmoralidad. El problema no era solo su falsedad, sino que la iglesia le permitía enseñar y arrastrar a otros sin oponerle resistencia.

Cristo, presentado con ojos como llama de fuego que escudriñan mentes y corazones, revela que había dado tiempo a esta mujer para arrepentirse, pero ella rehusó. Esto ilustra un patrón bíblico: Dios siempre concede tiempo para el arrepentimiento antes del juicio, como lo hizo con Israel durante generaciones de profetas ignorados. Pero ese tiempo tiene un límite. En Tiatira había tres grupos distintos: los seguidores de Jezabel que aún podían arrepentirse bajo tribulación, sus "hijos espirituales" cuyo juicio ya estaba decretado, y los fieles que no abrazaron esa doctrina, a quienes Cristo no impone ninguna carga adicional sino que les dice: retengan lo que tienen hasta que yo venga.

El sermón confronta una tensión que la iglesia enfrenta en toda época: quienes enfatizan el amor por encima de la verdad terminan tolerando el pecado; quienes elevan la verdad sobre el amor pierden los dos grandes mandamientos. La Biblia nunca contrapone un atributo de Dios contra otro. El vencedor —quien persevera hasta el fin— recibirá el lucero de la mañana: a Cristo mismo y la autoridad sobre las naciones que le ha sido dada.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Para vivir en su paladero. Y con eso, yo les invito a que abran la Palabra de Dios, el libro de Apocalipsis, capítulo 2, menciono el versículo 18 al 29. Apocalipsis 2, del 18 al 29.

Continuamos aquí con esta serie del juicio de Cristo a las iglesias, siete iglesias en la zona, en la región de Asia Menor, en el primer siglo, final del primer siglo, que habían sido fundadas quizá 35, 40 años atrás, posiblemente por discípulos del apóstol Pablo, a partir de lo que muchos asumen probablemente fue la iglesia madre, la iglesia de Éfeso. Y esta es una más de esas cartas enviada a una iglesia localizada en un pequeño poblado llamado Tiatira. Yo quiero que prestemos atención a las palabras y que tú puedas remontarte un poco al primer siglo, a la situación de aquella iglesia.

Escucha lo que el texto dice: "Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, que tiene ojos como llama de fuego y cuyos pies son semejantes al bronce bruñido, dice esto: Yo conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y que tus obras recientes son mayores que las primeras. Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos. Le he dado tiempo para arrepentirse y no quiere arrepentirse de su inmoralidad. Mira, la postraré en cama, y a los que cometen adulterio con ella los arrojaré en gran tribulación si no se arrepienten de las obras de ella, y a sus hijos mataré con pestilencia. Y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones, y os daré a cada uno según vuestras obras. Pero a vosotros, a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esta doctrina, que no han conocido las cosas profundas de Satanás, como ellos las llaman, os digo: no os impongo otra carga. No obstante, lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro; como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre. Y le daré el lucero de la mañana. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."

Imagina en el primer siglo estar sentado una mañana, quizás un domingo como este, en la iglesia de Tiatira, escuchando la lectura de una carta que el apóstol Juan envía a esa iglesia de la cual tú eres parte, y que viene directamente del Señor Jesús, quien se la ha dictado. Alguien que es descrito aquí con ojos como llama de fuego y cuyos pies son semejantes al bronce bruñido. Deja que esas palabras que leíamos retumben en tu mente e imagínate por un momento sentado allí. Como que lo hubiéramos hecho aquí, imagínate la mente, el corazón, la cara del liderazgo y la membresía de aquella iglesia, y de Jezabel si estaba allí esa mañana, y de sus seguidores, al escuchar estas palabras que vienen de parte de alguien que tiene ojos como llama de fuego.

Yo creo que el día que esa carta fue leída a esa congregación, todos sudaron. Yo hubiese sudado. Quizás algunos pensaron dentro de sí: "¿Seré yo, Maestro?" O quizás otros pensaron: "Por suerte que yo estoy seguro que no seré." Pero a veces el que está más seguro está más lejos de Dios que el que está inseguro, en ocasiones.

Imagínate ahora la carta que va a ser leída. Yo leí la carta, ustedes son los que la escucharon, y quizás yo no la había leído previamente. Imaginemos eso y que esta fuera mi primera lectura. ¿Qué tú haces después de una carta de esta naturaleza? ¿Qué hizo el liderazgo de la iglesia, a quienes esta carta se les dirige en primer lugar? ¿Qué esperaba la congregación que los líderes hicieran después de leer esa carta? Yo no estoy seguro. Después de una carta como esa, ¿qué tú haces? ¿Oras? ¿Cantas? ¿Lloras? ¿Te arrodillas? ¿Te das golpes en el pecho? ¿O simplemente te vas para tu casa porque no quieres que nadie te vea la cara con la que quedaste? ¿Qué haces? Yo no sé, es difícil saber.

Este es el cuarto mensaje, el mensaje número 4, a la iglesia de Tiatira, de 7 mensajes que Cristo envía. Esta es la carta más larga de todas y sin embargo fue enviada a una iglesia que estaba en la ciudad o poblado más pequeño de todos, refiriéndonos a esas siete iglesias y sus comunidades alrededor.

Tiatira fue una ciudad fundada más de 250 años antes de Cristo, que fue anexada al imperio de Roma alrededor del año 190 antes de nuestra era. Y fue una ciudad pequeña, pero estaba situada en una carretera que comunicaba a Pérgamo y a Sardis con ella, y eso le permitió, su localización, que a pesar de ser pequeña pudiera proliferar el comercio. Y de hecho, para esta época, al final del primer siglo, probablemente el comercio estaba en su mejor momento en aquella ciudad.

Los comerciantes estaban organizados en lo que hoy nosotros llamamos sindicatos. Los sindicatos lamentablemente tenían fiestas patronales. En las fiestas patronales se hacía dedicación de animales sacrificados a los ídolos. Para un cristiano vivir en aquella ciudad y tener algún tipo de negocio, tenía que pertenecer a uno de los sindicatos y tenía que asistir y apoyar estas actividades. De manera que el problema del cristiano aquí no fue tanto el rehusar adorar al emperador y la persecución por parte del imperio, porque ese no fue el problema con ellos. Probablemente tenía que ver con cómo yo sobrevivo, para yo vender o comprar, en una ciudad que está completamente organizada en sindicatos, y que el sindicato requiere membresía en él y además asistencia a estas fiestas patronales.

La idolatría de la ciudad no tenía múltiples divinidades como en otras, pero tenía su idolatría, y el dios principal era el dios Apolo. Y ellos tenían que adorar a este dios como parte de pertenecer al sindicato, como igual tenían que hacerlo con el patrón del sindicato. Algo que todavía nosotros vemos en países como los nuestros en América Latina, donde provincias, ciudades, colonizadas o evangelizadas o cristianizadas por lo que es la Iglesia de Roma, todavía conservan la herencia del paganismo de la antigüedad.

En cada carta que Jesús envía a estas iglesias, él tiene algo que decir. Solamente dos, como hemos dicho, de estas iglesias no tuvieron nada negativo que escuchar, pero las otras usualmente escuchaban lo bueno que Cristo había encontrado en ellas al examinarlas y luego en dónde habían errado. Y lo cierto es que la falibilidad humana nos deja entender que no ha existido una iglesia perfecta. Para encontrar tal iglesia necesitamos esperar entrar en gloria, y entonces estaremos en la iglesia más grande y más perfecta que jamás ojo humano haya podido ver.

Cuando Cristo no le llama la atención a la iglesia de Filadelfia, a la iglesia de Esmirna, no es porque ellas eran iglesias perfectas, sino simplemente que hay cosas que en las iglesias del Señor Jesús él no está dispuesto a tolerar, y otras que él lidia con ellas según nos va santificando. Pero errores graves, como lo que vemos aquí de inmoralidad, de idolatría, no pueden ser tolerados dentro de la vida de la iglesia. Y esa es la iglesia que Cristo disciplina ahora en Apocalipsis.

La iglesia de Éfeso, que nosotros estudiamos, la primera carta que le fue enviada, valoró tanto la verdad que perdió su primer amor, perdió su amor por Dios y perdió su amor por los hermanos. Jesús no estaba dispuesto a tolerarlo. La segunda iglesia es Esmirna, pero en la iglesia de hoy que estamos revisando, esa iglesia de Tiatira valoró tanto el amor que entonces llegó a tolerar el pecado y perdió la verdad, o perdió la verdad y toleró el pecado. Jesús no estaba dispuesto a tolerar eso tampoco.

De manera que lo que nosotros vemos aquí es a un Cristo, dueño de las iglesias, inspeccionando las iglesias al dedillo, con ojos penetrantes, que entonces evalúa las condiciones y dice qué cosas en ellas no son de tolerar, y entonces hace ciertas advertencias.

Con frecuencia nosotros hemos dicho quizás, o hemos participado en conversaciones, en discusiones, en debates, como usted quiera llamarlo, donde algunos dicen: "¿Qué es lo que debe prevalecer, el amor o la verdad?" Y algunos dicen: "No, no, el amor está sobre todo, Cristo lo dijo." Y otros dicen: "No, no, no, la verdad tiene que prevalecer por encima del amor." Piensa por un momento: ¿cuál de esos dos valores tú crees que debiéramos poner uno por encima del otro? No voy a hacer la pregunta para que me respondan audiblemente, pero piénsenlo por un momento.

Porque la historia de la iglesia, usualmente lo que ha ocurrido es lo siguiente: a los liberales usualmente les interesa enfatizar el amor por encima de la verdad, y eso hace con frecuencia que ellos enarbolen la bandera del amor para producir un movimiento ecuménico, como está tratando de hacer el actual papa Francisco, y entonces el amor es elevado por encima de la verdad. Por otro lado, los más dogmáticos han elevado la verdad por encima del amor, y entonces terminan comprometiendo el principio del amor.

Lo bueno y lo mejor es que nosotros no tenemos que hacer eso, porque la Biblia nunca contrapone un atributo de Dios contra otro atributo de Dios. Dios nos ama a través de su verdad, y Dios nos dice la verdad a través de su amor, sin nunca dejar de ser una cosa o la otra. Si decimos que la verdad es más importante que el amor, terminamos perdiendo el primero y el segundo mandamiento de la ley de Dios: "Amarás al Señor con toda tu alma, toda tu mente, toda tu fuerza", y el segundo mandamiento es igual a este: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Si perdemos eso, tenemos la suerte de la iglesia de Éfeso. Si decimos que el amor es más importante, entonces terminaremos perdiendo la verdad, la columna vertebral del movimiento cristiano, con lo cual perdemos la iglesia por completo.

Y aquí en Tiatira lo que nosotros vemos es una tolerancia del pecado, probablemente basada en el amor, que es la primera característica que Cristo dice que están haciendo bien. El problema es que lo están haciendo mal, es que lo que están haciendo está incompleto y desbalanceado.

Padre, gracias de nuevo por tu satisfies que es clarificadora de nuestro caminar. Glorifícate a ti mismo, en tu nombre Jesús. Amén.

Cuando tú lees el texto, lo primero que encuentras es la identificación de Jesús como el Hijo de Dios. Él es a veces identificado en la Palabra como el Hijo del Hombre, tratando de enfatizar en esos casos su humillación, su vida, su pasión, su muerte, la representación que él vino a hacer de nosotros para que eventualmente pudiera llegar a ser el sacerdote perfecto, nuestro sumo sacerdote, quien puede identificarse con nuestras debilidades. Pero en otros casos, como en este, Jesús es identificado no como el Hijo del Hombre, sino como el Hijo de Dios, y esto es lo apropiado aquí porque él es presentado como el juez, el inspector de la iglesia que él posee, con autoridad para llamar a capítulo, como decimos nosotros, a aquello que está transgrediendo su ley.

Él es visto aquí ya como alguien que está a la diestra del Padre. Él es visto aquí como alguien que ya resucitó, como alguien a quien todo el mundo tendrá que rendir cuenta y a quien todo el mundo adora, como vemos en Apocalipsis 5. Cristo es presentado aquí como alguien que viene a juzgar la tierra en la plenitud de los tiempos, de manera que el título más apropiado sería Hijo de Dios, identificándolo como igual al Padre, más que Hijo del Hombre. Y es así como él es identificado en este capítulo 2, a diferencia del capítulo 1 o 3, donde él es identificado como Hijo del Hombre.

Este Hijo de Dios, entonces, es quien es descrito con ojos como llama de fuego y cuyos pies son semejantes al bronce bruñido. Ojos penetrantes, conocedores de todo cuanto existe. Ojos que conocen lo que se ve exteriormente y lo que no se ve, que está en el interior del hombre. Ojos que conocen lo que el hombre hace hoy en el presente, lo que hizo ayer en el pasado y lo que hará mañana en el futuro. Ojos capaces de evaluar mis intenciones y las motivaciones de mi corazón y de mis obras conforme al estándar perfecto de justicia.

Ojos que recorren toda la tierra, dice el autor del libro de Crónicas en su segundo libro, 16:9, para fortalecer a aquellos que tienen el corazón totalmente comprometido con él. Ojos que recorren toda la tierra todos los días, en todo momento, en toda iglesia, en toda nación, en toda ciudad, para pagar a cada cual según sus obras una vez llegue el final, porque compareceremos ante el tribunal de Cristo para que cada cual rinda cuentas de todo cuanto haya hecho, sea bueno o sea malo.

De hecho, posiblemente Juan tuviera en mente el texto de Jeremías 17:10: "Yo el Señor escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras." Ya desde el Antiguo Testamento esa condición había venido siendo anunciada.

Y Juan describe aquí al Señor con esos ojos de fuego y con unos pies de bronce bruñido, eso es bronce pulido, bronce brilloso. Imagínate esta figura imponente. Yo no sé cómo lucía exactamente, pero imagínate que sea una figura tal que lo único que yo puedo pensar es que estos ojos parecen llamas de fuego y que estos pies parecen bronce brilloso. Imagínate la autoridad, la majestad que eso debía haber transmitido. Y eso es lo que hace que Juan dice: cuando yo vi tal cosa, yo caí al suelo como muerto. Imagínate, temporalmente un estado de cierta inconsciencia. Nuestro Dios habita en luz inaccesible, pero cuando él hace visible esa luz en la persona de su Hijo Jesús de una manera especial en la historia pública, nosotros vemos a las personas reaccionar de una manera extraordinaria y de una manera extrema ante dicha aparición.

Y esa es la persona entonces que Juan está contemplando y que le dice: "Yo quiero que le digas a la iglesia de Tiatira que yo conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio y tu perseverancia, y que tus obras recientes son mayores que las primeras." O mejores, las obras de la iglesia de Tiatira en el pasado y en el presente, el reciente pasado, sus obras más recientes son mejores que las anteriores.

Yo te quiero decir que hay cuatro áreas en las que tú has obrado bien: yo conozco tu amor, tu fe, tu servicio y tu perseverancia. En cuanto al amor, Tiatira, la iglesia de Tiatira pasó la prueba. En cuanto a su confianza en el Señor, fueron aprobados. Es como subir una lista y este es el inspector diciendo: amor, chequeado; fe, chequeado; en el servicio, buena calificación, porque el que ama sirve y sirve con gusto. En relación a la perseverancia en medio de los sin sabores, en medio de las dificultades, tampoco tuvieron ningún problema.

Parecería que una iglesia que esté como con esos cuatro pilares debe tener todo bien. Y uno se pregunta entonces: ¿qué pasó? ¿Cómo es que esto ocurre? Y si pensamos antes de nosotros conocer las palabras que siguen, nosotros mismos, si hubiéramos llegado a la conclusión y nos hubiéramos parado ahí, después que Cristo los aprueba en su fe, en su amor, en su servicio, en su perseverancia, si hubiéramos parado ahí, nosotros probablemente hubiéramos llegado a la conclusión: esa es una iglesia.

Pero uno de los problemas a veces es que somos muy reduccionistas. Y ese es uno de los problemas en el estudio de la Palabra de Dios, que reducimos todo el consejo de Dios a tres o cuatro o cinco principios. Nosotros estamos descartando una revelación masiva que tomó 66 libros, 1500 años de historia para traerla, múltiples autores, quizás unos 40 autores, entre tres continentes distintos. Y es por eso que el apóstol Pablo insistía: necesitamos predicar todo el consejo de Dios.

La iglesia de Tiatira y sus miembros no tuvieron problema con la falta de amor, con la falta de servicio, con la falta de fe y con la falta de perseverancia. En el pasado y recientemente, tus obras recientes son mejores, mayores que las anteriores.

¿Cuál fue el problema de la iglesia de Tiatira? El problema de la iglesia de Tiatira fue la tolerancia, la tolerancia sin la confrontación del pecado. Cristo, de hecho, cuando le habla a la iglesia usa la palabra tolerancia, o toleras. Hoy en día la tolerancia es un valor muy reverenciado en nuestra sociedad. La tolerancia siempre ha tenido un lugar; el problema está en cómo la definimos.

En el pasado, la tolerancia tenía que ver con el hecho de que yo puedo conversar con alguien que difiere de mí, no estar de acuerdo con él, no aprobar su estilo de vida, pero yo apruebo la dignidad, por un lado, humana que está en él porque es portador de la imagen de Dios, y por otro lado yo apoyo y defiendo el derecho que él tiene de expresar su opinión.

La tolerancia hoy en día es otra cosa. Es probablemente el valor número uno de la sociedad posmoderna, pero la definición es otra. La definición es que tú no puedes juzgar como malo ningún estilo de vida de ninguna persona, porque inmediatamente tú eres calificado de intolerante. De manera que en la sociedad hoy en día, el cristiano que no aprueba el estilo de vida de otros es visto como intolerante de parte de aquellos que se consideran todo tolerantes. ¿Entendiste esa? Me llamas, te llamas a ti mismo tolerante y no me toleras a mí con mi posición.

Ese fue el pecado de Tiatira. Escucha lo que Cristo dice en el versículo 20: "Pero tengo esto contra ti, que toleras" —mira la palabra— "que toleras, permites, te has quedado callado, a esa mujer que se dice ser profetisa y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos."

El nombre de Jezabel en esta carta, prácticamente todos ustedes están de acuerdo, que es probablemente algo metafórico para hacer referencia a la Jezabel del Antiguo Testamento. Para aquellos que no están tan familiarizados con la historia, Jezabel fue la esposa de Acab. Acab fue uno de los reyes más perversos que Israel tuvo, y cuando tú lees la historia, lo interesante es que Dios dice en la revelación de su Palabra que una de las cosas más perversas que Acab hizo, en 1 Reyes 16:30-31, fue casarse con Jezabel. ¿Te puedes imaginar eso? Acab anduvo en todos los pecados de Jeroboam, que fueron horribles, y como si eso fuera poco, dice el texto, entonces fue y se casó con Jezabel.

Imagínate lo que es Jezabel. Fue una mujer que tomó dominio del poder de la nación. 450 profetas de Baal, 400 profetas de Asera, 850 profetas comían en su mesa todos los días. Aparentemente en Tiatira había una mujer tan pecaminosa, tan maligna, como dicen en inglés, tan evil, que el nombre que le calificaba era Jezabel, por la gravedad de su maldad.

Y de esa mujer, Cristo, al examinar la iglesia, dice varias cosas. Número uno, ella dice ser profetisa. Número dos, ella seduce a quiénes: a mis siervos, doulos, mis esclavos, aquellos que ya yo compré, a ellos ella seduce. Y la seducción de ella es terrible, porque tiene que ver con idolatría e inmoralidad.

Si se decía ser profetisa, es porque nadie la nombró profetisa, como hay tantos hoy. Si decía ser profetisa, probablemente ya no estaba leyendo la Escritura para enseñar a partir de ahí, sino trayendo oráculos nuevos de parte de Dios, como hacen muchos hoy, profetizando una nueva era, como dicen algunos por ahí.

Tú puedes estar seguro que esta mujer nunca dijo a la iglesia de Tiatira: "Yo soy una falsa profetisa con revelaciones del Dios Altísimo." Ni dijo mucho menos: "Yo soy una falsa profetisa con revelaciones de Satanás." No: "Yo soy una profetisa verdadera del Dios Altísimo."

El problema con esta mujer no era simplemente su falsedad, no era simplemente su seducción. Escucha el problema principal: ella enseña, que no debiera haber estado en la iglesia enseñando, y seduce a mis siervos, a los que yo he comprado, a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.

La Palabra claramente enseña de principio a fin, pero en algunos pasajes de forma clara, que el hijo de Dios puede ser seducido a la inmoralidad. Tú puedes verlo incluso ilustrado: David, Salomón. Primera de Crónicas 21:1 habla incluso de que Satanás indujo a David a hacer un censo. El hijo de Dios puede ser seducido al pecado de diferente tipo. Primera de Corintios 6:15-20, Pablo habla de una manera muy clara de qué forma el cristiano puede ser inducido, seducido a la práctica de la inmoralidad, y vuelve y habla de lo mismo. Y perdón, un poco más adelante, en Primera de Corintios 10:21, habla de cómo el cristiano puede ser seducido a la idolatría. El cristiano puede ser seducido a la inmoralidad y puede ser seducido a la idolatría. Salomón terminó adorando dioses ajenos.

Y uno puede preguntarse entonces, uno puede detenerse un momento y preguntarse: ¿cómo es que cristianos que estaban caminando bien en el área del amor, de la fe, de la perseverancia, del servicio, se dejan arrastrar de esta manera? Yo creo que cuando nosotros hacemos la pregunta, si decimos "bueno, no entiendo", es porque nosotros no entendemos bien la anatomía del pecado. El pecado tiene una anatomía y una fisiología. Fisiología, me decían, es la rama que estudia cómo funcionan los órganos. El pecado tiene una anatomía, como una organización, y tiene también una fisiología, una forma de funcionar. Y una de las cosas que hace el pecado es engañarnos.

Y cuando nos llega, hacemos cosas que son obvias a los que están alrededor de nosotros, pero que a nosotros que las estamos haciendo no nos son obvias. Entonces, esa es una de las maneras como el pecado nos engaña, y tú pudieras estar caminando así y el pecado engañándote. Pero por otro lado, la manera como quizás pudo haber ocurrido, y algunos han especulado sobre esto, es que para el final del primer siglo, en la época en que esta iglesia está siendo disciplinada, ya comenzaban a surgir las ideas que luego, en el próximo siglo, los gnósticos proliferaron, hicieron proliferar. Y es que el espíritu y la carne no se juntan, coexisten, pero de una manera como separada.

Y entonces tú pudieras, por ejemplo, ser cristiano y darle rienda suelta a los placeres de la carne, porque la carne, al estar separada del espíritu, nunca va a contaminar el espíritu. Y quizás enseñanzas prognósticas de este tipo pudieron haber estado circulando, y algunos llegaron a creer eso, porque la carne le gusta creer lo que a ella le satisface.

Pero hay algo más: que entra esta mujer y dice ser profetisa, ella enseña a mis siervos, los seduce. Pero hay algo más, y es que le he dado tiempo para arrepentirse y no quiere arrepentirse de la inmoralidad. Y, hermanos, si hay algo que la Biblia revela, si hay algo que yo he aprendido en mi propia vida, es que Dios, antes de disciplinarnos, viene tratando con nosotros. Y nos da tiempo, e incluso Dios hace esto con el incrédulo.

Noé, "quiero que fabriques un arca, y va a venir un diluvio." ¿No es así? Y Noé fabricando un arca por ciento veinte años. Y el texto no nos da detalles, pero yo me imagino que de alguna manera Noé dijo por ciento veinte años: "Va a llover, va a llover", dice Dios, "va a llover." Y después de ciento veinte años de espera: "No voy a arrepentirme." La maldad estaba muy arraigada. Le concedió tiempo para arrepentirse, ella rehúsa arrepentirse.

Eso suena tan familiar cuando yo estudiaba este texto con la nación de Israel. Reino del norte, diez tribus; reino del sur, dos tribus. Dios le advierte al reino del norte, a esas diez tribus: "Te voy a juzgar, te voy a juzgar, te voy a juzgar." Ahí va un profeta, ahí va el otro. La nación no se arrepintió, rehusó arrepentirse. Ahí vino el juicio, setecientos veintidós antes de Cristo.

Reino del sur: "Me quedan dos tribus ahora con las que tengo que lidiar: Judá, Benjamín. Mira lo que le pasó a tu hermana del norte, a las diez tribus del norte. Presta atención, tuviste mis juicios en el norte. ¿Oyes lo que está pasando? Arrepiéntete." Te mando un profeta, te envío otro profeta, otro profeta. Finalmente, aquí está Jeremías llamándote al arrepentimiento. Ciento cincuenta años después, más o menos, boom, el exilio del reino del sur. Siempre Dios concede un tiempo para el arrepentimiento como parte de su bondad, tanto para el incrédulo como para el creyente.

El caso de David: tuvo como nueve meses antes de que Natán llegara a él, donde él pudo haber hecho algo. Pregunta a manera de aplicación, antes de continuar: es posible, no lo sé, es posible que entre nosotros hay alguno a quien Dios le esté dando tiempo para arrepentirse en este momento, y que haya o que esté rehusando hacerlo. Quizás es un incrédulo, alguien que todavía no tiene salvación, pero con quien Dios viene trabajando y trabajando y llamándole, susurrándole incluso. Es posible que haya alguien entre nosotros en esa condición. Es posible que haya uno o más creyentes entre nosotros a quien Dios haya venido hablando y susurrando, le ha leído acerca de algo, y que no hayas respondido a su voz.

La pregunta es importante, no solamente de aplicación, es porque llega un momento en que ese tiempo se agota. Cuando tú lees la historia bíblica, eso es exactamente lo que pasó con los hijos de Elí, que Primera de Samuel 2 describe como los hijos de Elí: no se arrepintieron porque ya Dios quería quitarles la vida. ¿Escuchaste? Eso está horrible. Ellos siguieron viviendo sin arrepentimiento, pero el arrepentimiento no vino de parte de Dios porque ya Dios había predeterminado que los quería matar. Primera de Samuel 2:25.

Lo mismo pasó con esta mujer. Él le dio tiempo de arrepentimiento, no quiso arrepentirse, rehusó el arrepentimiento, y ya el juicio había sido decretado. Y como nosotros lo sabemos, mira las palabras que siguen: "Mira, la postraré en cama." No es que "quizás", no es que "lo estoy pensando", no es que "tiene un año más." "La postraré en cama", esto ha sido decretado.

Algunos piensan, MacArthur entre ellos, que esta cama es más bien algo metafórico para referirse al infierno: la enviará al infierno. Otros piensan que la palabra cama implica una cama de aflicción, dolor, de enfermedad. Y nosotros sabemos que en la iglesia de Corinto algunos que tomaron la cena del Señor, algunos creyentes que tomaron la cena del Señor indignamente, fueron enfermados; otros murieron justamente por haber tomado la cena del Señor de esa manera.

Nosotros podemos ver entonces cómo el cristiano está exento de las consecuencias eternas del pecado, porque él permanece con su salvación, pero nunca exento de las consecuencias temporales del pecado. Lo vemos desde el Antiguo Testamento: "Oye, es que Moisés no pudo entrar a la tierra prometida." Lo vemos en la vida de David, y lo vemos en la vida de la iglesia de Corinto. Algunos piensan, como mencioné, que quizás esta cama se refiera al hecho de que esta mujer ya está destinada para el infierno.

Ahora, en la iglesia de Tiatira, cuando tú lees el texto con detenimiento, hay como tres grupos de personas distintas. El primero de ellos, el versículo 22, de la segunda parte: "Y a los que cometen adulterio con ella, los arrojaré en gran tribulación si no se arrepienten de las obras de ella." Hay un grupo que se ha acercado a la Jezabel, que ha sido seducido y que está cometiendo adulterio. Adulterio espiritual, no pensamos que es literalmente fornicación con Jezabel, pero está cometiendo adulterio con Jezabel, adulterio espiritual en esta idolatría, y que todavía tienen tiempo de arrepentirse. "Si no se arrepienten de las obras de ellos, los arrojaré a una gran tribulación."

La gran tribulación probablemente, quizás, representa todavía el último llamado de Dios al pueblo a que regrese a Él. Es por eso que la disciplina de Dios, la tribulación que Dios trae a nuestras vidas, todavía sigue siendo una manifestación de su gracia. Porque si eres un hijo de Dios, por severa que sea, la intención de tu Redentor no es hundirte en el fango, es sacarte del fango, a pesar de que cueste trabajo pasar por esa tribulación. No está hablando de la tribulación final, está hablando de una tribulación temporal, justamente porque la intención no es condenarte, sino llevarte al arrepentimiento.

¿Has estado tú alguna vez, no tienes obviamente que responder ahora, en una tribulación donde, ya sea durante el tiempo de esa tribulación emocional, física, económica, combinada toda, de otra índole, matrimonial, familiar, durante la cual o después de, tú llegaste a la conclusión de que Dios estaba tratando contigo? Yo no sé si tú has estado ahí. Yo sé que yo he estado ahí en el pasado, y fue muy bueno su fruto.

En este primer grupo hay algo bueno: es que tienen tiempo. "Les enviaré una gran tribulación si no se arrepienten." Esta es la bondad de Dios. Romanos dos habla de cómo la bondad de Dios, al abundar, es lo que muchas veces, al perseverar Dios en su bondad y paciencia, te lleva al arrepentimiento.

Pero hay otro grupo en la iglesia que parece que ya no tiene tiempo. Parece que estos realmente entraron a las profundidades de Satanás, como habla el texto al final del versículo 24. "Y a sus hijos mataré con pestilencia." Ya está decretado, entonces "mataré", no es que lo estoy pensando. A estos que han cometido adulterio con ella, si no se arrepienten, les enviaré una gran tribulación. Quizás esos adorarán creyentes, y Cristo estaba tratando de devolverlos por la tribulación. Pero esto parece ser e ir un poco más allá, porque les llama hijos de ella. No creemos que son hijos biológicos, sino hijos espirituales, aquellos que han comprado todo el sistema, y Cristo dice ahora: "A esos yo los voy a matar con pestilencias, plagas." Cosas como han sido anunciadas en el libro de Apocalipsis más adelante, con cosas, con acontecimientos mundiales. Esos no tienen tiempo para el arrepentimiento.

Entonces, ¿cuál es el propósito de toda esta inspección, esta disciplina para la iglesia de Tiatira? No hay duda que es purificar la iglesia y sentar un escarmiento, como el mismo texto revela.

Y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones, y os daré a cada uno según vuestras obras. Toda la iglesia, las otras seis, o al menos esas, cuando estas cosas ocurran sabrán, número uno, que a pesar de que ellos externamente parecían acertados, bien en fe, en amor, por saberse del vicio, yo también escudriñé las mentes y los corazones y daré a cada uno según vuestras obras.

Según vuestras obras. Con esto, este versículo enseña algo que múltiples pasajes de la Biblia avalan. Y es que el juicio de Dios —tiene que darme un par de minutos para que escuche todo junto, para que no me malentienda— es que el juicio de Dios para el hombre en el día final es conforme a sus obras. Y no solamente conforme a sus obras, es conforme a la intención y la motivación detrás de las obras que hicieron, porque les escudriña las mentes y los corazones. Escucha otra vez: yo soy el que escudriño las mentes y los corazones, y os daré a cada uno según vuestras obras. De manera repetitiva, la Palabra insiste en que el juicio final es conforme a las obras.

Ahora, eso no dice que mis obras juegan un rol en mi salvación. Yo no contribuyo un punto, una tilde a mi salvación. De hecho, yo lo he dicho de esta manera: tú no contribuyes en nada a tu salvación excepto el pecado que hizo necesaria tu salvación. ¿Tú quieres saber qué es lo que tú contribuiste en tu salvación? Tu pecado, y es ese pecado el que hizo necesaria tu salvación. El tema de que los hombres serán juzgados según sus obras es porque las obras revelan las condiciones de nuestros corazones. Las ponen en público. De manera que ya no solamente las conoce Dios, sino que las conocen otros. Las conocen aquellos que estarán alrededor.

Cristo lo mencionó, o mejor dicho, el Nuevo Testamento lo menciona en múltiples pasajes. Y en Lucas 12:41-48 se nos dice incluso que habrá grados de castigo para los grados de iniquidad. Grados de castigos para los grados de iniquidad. Esto fue como Cristo reveló parte de esto que yo estoy diciendo en Mateo 16:27: "Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces —escucha— recompensará a cada uno según su conducta." Recompensará a cada uno según su conducta.

Esto es como Romanos 2:6 lo dice: Dios juzgará a cada uno según lo que haya hecho. Esto es como 2 Corintios 5:10 lo dice: todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo. Esto es como John Piper lo dice interpretando justamente ese pasaje de 2 Corintios 5:10: todos los cristianos comparecerán delante de Cristo como juez, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. No solo los incrédulos, sino nosotros, y no solo alguno de nosotros, sino todos. Cuando nos paremos ante Cristo como juez, seremos juzgados de acuerdo a las obras de esta vida. Piper finaliza ese texto citando Apocalipsis 22:12: "Y he aquí yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra."

La salvación no es por obras, es un acto exclusivo de Dios que depende de su elección y de los méritos de Cristo. Pero las recompensas en la vida venidera serán conformes al grado de piedad de nuestras obras, no simplemente a nuestras obras, sino el grado de piedad, porque Dios habrá juzgado la intencionalidad de mis obras. Es por eso que el apóstol Pablo en ese momento dado dice: ni siquiera me juzgo a mí mismo. Yo tengo que esperar al día final cuando Dios expondrá todo, lo sacará todo a la superficie, completamente desnudado todo para examinarlo, y ahí entonces sabré por completo.

El libro de Apocalipsis prácticamente cierra afirmando esa verdad, como nosotros leímos en 22:12: "He aquí yo vengo pronto, mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra." Nuestras obras ponen de manifiesto las intenciones del corazón. Esa era la lucha, el pulso que Santiago libra en su carta cuando dice: tú dices que tienes fe, yo no veo las obras, yo dudo de esa fe que tú dices que tienes. Lo dice: enséñame tu fe, yo te voy a enseñar mi fe por las obras. Cristo lo dijo de esta manera: por sus frutos los conoceréis, porque se supone que ese corazón debe resultar en obras que otros pueden incluso evaluar.

El tercer grupo, este es el grupo que más me motiva. Versículo 24: "Pero a vosotros, a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esta doctrina, que no han conocido las cosas profundas de Satanás, como ellos lo llaman, os digo: no os impongo otra carga." Estos son los creyentes de Tiatira fieles, que no abrazaron la doctrina de Jezabel, que no incursionaron en sus nuevas enseñanzas, que no prestaron atención a sus oráculos como profetisa, que no participaron en la idolatría. A ese grupo yo no les impongo ninguna otra carga.

No está claro exactamente qué es lo que Cristo quiso decir cuando dice "no les impongo ninguna otra carga", pero probablemente está refiriendo lo que ha hecho. Es que a los otros: sabéis lo que habéis recibido en el evangelio, en la revelación de Dios, eso que está ahí. Esto es lo único que tienen que continuar haciendo. Si han sido perseverantes, continúen ahí. Si han amado conforme la Biblia, continúen ahí. Si han rendido servicios conforme la Biblia, continúen ahí. Si han tenido fe bíblica, continúen haciendo eso. No les impongo ninguna otra carga. No hay ninguna otra nueva revelación, no hay ningún otro esfuerzo. Ya consumado es, todo fue completado. No impongo ninguna otra carga posiblemente.

De hecho, el próximo versículo le da pie a pensar de esa manera. El versículo 25: "No obstante, lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga." Parece que eso es lo que le está diciendo: lo que tenéis, lo que ya tienen que estar haciendo bien, eso es, retener eso hasta que yo venga. No hay más carga, continúen en las buenas obras.

Y entonces, al versículo 26: "Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre." El vencedor es el que llega hasta el final, es el que al no descarriarse da verdadera evidencia hasta el final de que ciertamente él ha sido comprado por sangre, regenerado, nacido de nuevo, y era un verdadero creyente.

Los que no perseveran, los que se descarrían en el camino y jamás vuelven, esos han puesto en evidencia que nunca tuvieron salvación. 1 Juan 2:19: "Eran de nosotros, salieron de nosotros, pero no eran de nosotros, porque si hubiesen sido de nosotros, hubiesen permanecido con nosotros. Pero al salir de nosotros pusieron en evidencia que nunca fueron de nosotros." Los que se desviaron y regresaron posteriormente ponen en evidencia que eran cristianos que fueron seducidos por el mundo, pero que en la finalidad de Dios y su perseverancia, Dios trajo a ellos circunstancias en la vida que los hizo regresar.

Su nombre era Janice, y Janice es una paciente mía en Estados Unidos a quien yo conocí en una clínica porque estaba sufriendo de una neumonía típica de un paciente con VIH. Cuando yo la conozco, ya me cuenta su historia. Su historia es la siguiente: había estado en la cárcel fruto del comercio, el uso y el comercio de las drogas. En la cárcel ya conoció al Señor, pero después que conoció al Señor volvió a incurrir en el mundo de las drogas. Cuando ya regresó al camino, ella descubre que ya tiene VIH. Regresó a los caminos de Dios porque cuando yo la encuentro en la clínica ella estaba descubriendo en ese momento que tenía VIH.

Ella regresó a los caminos de Dios, fue parte de un grupo de estudio bíblico que nosotros teníamos, fue parte de nuestra iglesia, miembro de nuestra iglesia. Yo prediqué en su funeral, y aunque después que regresó al Señor, fruto de muchas disfuncionalidades emocionales que ella tuvo, hubo todavía múltiples crisis de ese tipo. Y después de ello, pensando sobre ella, hemos pensado siempre que ella ciertamente era una creyente y pensamos que la veremos en gloria. Si es así, su VIH fue usado, y quizás fue la gran tribulación que Dios usó para atraerla. Y los que no regresan, pues nunca fueron.

Pero el que persevera, dice Cristo, le daré el lucero de la mañana. El lucero de la mañana pudiera ser Cristo mismo. ¿Qué más da Dios? Te doy a Cristo. ¿Qué quieres? Cristo y todo lo que Él implica, con toda su promesa, toda su bendición, toda su protección. No hay nada mejor que tener a Él mismo. Y aquellos que guardan mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones. Bueno, tiene más sentido si Cristo es el lucero de la mañana, porque si me das a Cristo, y Cristo es el amo y señor y soberano de todas las naciones, y estamos gobernando con Cristo, entonces tenemos en Cristo, a través de Cristo, por Cristo, para Cristo, la autoridad sobre dichas naciones.

¿Qué es lo que Cristo dice? El que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones. Pues el Salmo 2 dice que esas naciones le han sido dadas a Cristo. Las promesas de Cristo, el lucero de la mañana, es la base primera por la cual tú y yo debiéramos perseverar. Tú tienes que recordar que tu lucha contra el pecado no va a durar para siempre, no es para la eternidad. Tú tienes que recordar que tu lucha contra el dolor físico, emocional, espiritual, la enfermedad que tengas, el cáncer que puedas obtener, la diabetes que puedas obtener, la enfermedad coronaria que puedas tener, eso va a terminar.

Tú tienes que recordar que todo lo que es, todo lo que han sido caídas en tu vida que te han producido dolor, eso no va a continuar. Tú no vas a continuar una eternidad cayéndote y levantándote, cayéndote y levantándote. Eso va a terminar, y va a terminar por los méritos de Cristo, por la cruz, por la resurrección, y porque es el lucero de la mañana que está reservado para ti en el día final. No puedes vivir sin esa esperanza. No sé cómo la gente vive sin esperanza, pero esto me ilustra un poco de cómo la gente lo hace.

Larry King, muchos de ustedes lo conocen por el famoso programa Larry King Live, 35 años en el estudio. Se retiró, tiene 81 años de vida, y ahora resulta que él le está pagando a una compañía para que cuando él muera le congelen su cuerpo. Por si acaso en el futuro la ciencia descubra cómo traerlo a la vida de nuevo. Pero escucha lo que él dice de la gente que tiene este negocio: "Sí, yo creo que ellos son todos locos, todos ellos son todos locos, bueno, porque por lo menos me queda la esperanza fina de que a lo mejor pasa, a lo mejor yo regreso".

Miren, Larry King estaba viviendo su último año, aparentemente se ha vuelto obsesionado con la muerte. Lee la página de los obituarios todos los días para ver quién se murió y cómo se murió. Y para ver, me imagino, que él no está en ellos, o alegrarse. Estaba obsesionado con esto y estaba pensando en la posibilidad de un congelamiento para el final. Y eso es como la gente lo hace: pone una esperanza en vez de Dios en una compañía de locos, pero le da esperanza.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias del siglo XXI.

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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.