Integridad y Sabiduria
Sermones

A la espera del día del Señor

Miguel Núñez 22 marzo, 2015

El día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en un momento cuando los habitantes de la tierra estén diciendo paz y seguridad. Será un día grande y terrible, un día de venganza donde la ira de Dios será vertida sobre quienes han rechazado la oferta de salvación. La destrucción llegará repentinamente, como dolores de parto que aumentan en intensidad, y no habrá escapatoria. Sin embargo, este mensaje no pretende amedrentar sino consolar. El apóstol Pablo escribe a los tesalonicenses no para inquietarlos, sino para darles quietud: vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas para que ese día os sorprenda.

Hay dos grupos claramente identificados en el texto: los hijos de la luz y los hijos de la noche. Quienes han sido redimidos por Cristo ya no pertenecen a las tinieblas; fueron sacados de ellas y traídos a su luz admirable. Por eso el llamado es a vivir de manera consistente con esa nueva naturaleza. Sería ilógico que el agua no quite la sed o que el fuego no queme; de igual manera, sería inconsistente que los hijos de la luz vivan dormidos, indiferentes a las cosas espirituales, atrapados en frivolidades que esconden pecado.

El creyente tiene razones concretas para la esperanza: es hijo de la luz, no ha sido destinado para ira porque esa ira ya fue vertida sobre Cristo en la cruz, y vivirá juntamente con él, esté vivo o muerto cuando regrese. Pero quien permanece en oscuridad tiene una sola ventana de oportunidad, y es ahora. No habrá arrepentimiento en aquel día; es día de juicio, no de segunda oportunidad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

No tenéis necesidad de que se os escriba nada. Con eso yo te invito a que abras la Palabra de Dios, la primera carta a los Tesalonicenses, el capítulo 5, para continuar con esta serie.

Yo quiero introducir nuestro texto de hoy simplemente recordando algunas breves cosas del texto anterior. Pablo comenzó al final del capítulo 4 diciéndole a los tesalonicenses en el versículo 13: "Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza." Los tesalonicenses tenían dudas, tenían interrogantes acerca de qué pasaría con aquellos que habían recibido a Cristo y murieron, durmieron, sin Él haber regresado. Y entonces Pablo quería disipar ese grado de ignorancia que ellos tenían y pasa entonces a hablarles de una serie de acontecimientos relacionados precisamente a la muerte de aquellos y a la venida de Cristo, pero termina esa porción del capítulo 4 con estas palabras: "Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras."

Dicho de otra manera, lo que Pablo estaba tratando de comunicarles es que, a pesar de que él estaba hablando de cosas futuras, cosas escatológicas, su interés principal no era tanto informativo o predictivo, sino más bien uno pastoral, donde ellos pudieran encontrar tranquilidad, sosiego y paz para su alma en la espera de esa segunda venida.

Y ahora entonces en este texto, Pablo comienza a hablar o continúa hablando también de algo futuro, de algo escatológico, pero una vez más el interés de Pablo no es profetizar cosas por venir, sino más bien un interés pastoral en poder brindar paz a aquellos que eran miembros de la iglesia en Tesalónica. Y por eso, al final de la porción de hoy, Pablo termina en el versículo 11 diciendo lo siguiente: "Alentaos los unos a los otros y edificaos el uno al otro." Otra vez, mostrándonos la preocupación pastoral con miembros de esta iglesia que tenía dudas e interrogantes acerca de cosas que estaban todavía por venir, que él quería que supieran, pero no para amedrentarlos, sino más bien para quietarlos.

Y con eso yo quiero entonces que leamos los primeros 11 versículos del capítulo 5 de esta epístola primera a los Tesalonicenses: "Ahora bien, hermanos, con respecto a los tiempos y a las épocas, no tenéis necesidad de que se os escriba nada, porque vosotros mismos sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche. Que cuando estén diciendo paz y seguridad, entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente, como dolores de parto a una mujer que está encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas para que el día os sorprenda como ladrón, porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino que estemos alerta y seamos sobrios, porque los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan. Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación. Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros para que, ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con Él. Por tanto, alentaos unos a otros y edificaos el uno al otro, tal como ya lo estáis haciendo."

Oh Dios, una vez más pausamos, oramos, te imploramos ante el texto de tu Palabra para que tú la uses como espada más cortante, o como algo que tiene más filo que cualquier espada de doble filo. Oh Dios, en el texto de hoy y en la mañana de hoy hay dos grupos de personas. En el texto hay un grupo denominado "vosotros hermanos," quienes conocen al Señor. En esta mañana, en este salón, de seguro hay muchos que son hermanos que ya te conocen. Pero el texto habla también de los demás, de otros, y de seguro que en un grupo tan grande hay otros de ellos que no te conocen. Oh Dios, tu Palabra es la que crea la fe, porque la fe viene por tu Palabra y la Palabra por el oír. Yo te pido, oh Dios, que circuncides los oídos de cada persona que ha de escuchar en esta mañana, y en especial de aquellos que aún no te conocen. Para que, de la misma manera que en el texto nosotros leemos de algunos que están en la luz y otros todavía en tinieblas, que aquellos que pudieran estar en tinieblas en esta mañana puedan ser traídos a tu luz admirable. Para que te glorifiques en la mañana de hoy, glorifícate en tu siervo en sus debilidades. Recuérdale a tu siervo, Dios, que cuando somos débiles es entonces cuando tú puedes ser fuerte. Si es verdad, y lo es, pues debilítalo, Dios, para que tú seas fuerte. Sé con tu pueblo. Tú lo convocaste, tú lo trajiste. De ti ellos quieren oír, no de mí, de ti. Ayúdame a hacerte un micrófono, para la gloria de tu nombre, en Cristo Jesús.

El apóstol Pablo comienza esta porción del capítulo 5 introduciendo un nuevo tema que tiene que ver con los tiempos y las épocas. Y específicamente, de esos tiempos y de esas épocas él se refiere muy rápidamente al día del Señor. Es una frase, "el día del Señor," muy común en el Antiguo Testamento. Diecinueve veces aparece allí, cuatro veces en el Nuevo Testamento. Es ese día del Señor que es conocido también como el día donde Dios vierte la ira sobre los habitantes de la tierra. Es ese día que Dios llama el día de la venganza a través del profeta Isaías 34:8, 61:2, 63:4. Si Dios decide traer la venganza sobre el planeta tierra, un Dios tan poderoso, tan infinito, tan extraordinario, ¿se imaginan, tienen idea de lo que pudiera ser aquel día?

Es ese día del Señor que el profeta Joel describe en 2:31 como el día en que el sol se convertirá en tinieblas. ¿Se imaginan la luz del sol hecha tinieblas? Donde la luna se convertirá en sangre antes que venga el día del Señor grande y terrible. Un día de venganza, un día de ira, un día grande y terrible. Es el mismo día que Cristo hizo referencia en Mateo 24:29 cuando habló de que el sol se oscurecería, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas.

Es un día del cual no se habla mucho en los púlpitos. Es un día del cual muchos predicadores no quisieran predicar. Pero si nosotros vamos a proclamar todo el consejo de Dios, no podemos pasar por alto cuando el día del Señor aparece en el texto. Y el apóstol Pablo no nos da muchos detalles del día del Señor, pero nos dice algunas cosas. Él nos habla más bien de qué hacer entre el día de hoy y aquel gran día del Señor. Y es la razón por la que yo he titulado mi mensaje "A la espera del día del Señor," más que el día del Señor es la espera, qué hacemos en el interín, cómo nos comportamos.

Y de eso justamente el apóstol Pablo quiere hablarnos, pero primero introduce su nuevo tema con esta frase: "Ahora bien, hermanos." Nosotros a veces hablamos así, estamos en una conversación y de repente como que terminamos lo que estamos diciendo y decimos: "Ahora bien, con relación a esto otro," como otro tema en otra dirección. Yo quisiera decirte, y eso es exactamente lo que el apóstol está haciendo: él concluye el tema anterior del capítulo cuatro y ahora abre un nuevo tema, y comienza esa nueva dirección con esta frase: "Ahora bien." Ahora bien, hermanos, con relación a los tiempos y las épocas.

Es una frase que no es nueva tampoco, es una frase que el Señor Jesús mismo usó antes de ascender a los cielos. Cuando los discípulos vinieron y le preguntaron: "Señor, ¿es ahora que tú vas a restaurar el reino a Israel?" Escucha cómo lo dice el texto de Hechos 1, versículos 6 al 7: "Entonces los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad." Si no les correspondía a los apóstoles conocer los tiempos y las épocas, mucho menos a nosotros.

En aquella época había mucha curiosidad acerca de ese día o tiempo final cuando Dios iba a traer un redentor libertador al pueblo judío, y parecía como que Jesús pudiera ser ese hombre, y lo es. Después de la resurrección, sus discípulos vienen, se acercan y le preguntan: "¿Es ahora? Moriste, fuiste hasta la muerte, saliste de la tumba, ¿es ahora que vas a restaurar?" Él dice: "No, esos tiempos y esas épocas todavía no son, solamente el Padre conoce los tiempos."

Dos mil años han pasado desde entonces y en diferentes momentos de la historia la gente se ha estado preguntando: ¿Será este el tiempo del fin? Y usualmente esa inquietud surge cuando las cosas comienzan a ponerse color de hormiga, como decimos en nuestro país. Primera guerra mundial, ¿será ahora? Segunda guerra mundial, aún peor, ¿será ahora? Y en los últimos años nos hemos estado preguntando: ¿Será que ahora sí hay una descomposición moral tal que pudiera ser que esto representa el presagio del fin? ¿Será ahora? Y quizás parte de la razón por la que creyentes y no creyentes se hacen la pregunta es porque nos inquietamos de tal manera que pensamos quizás esto corresponda a un inicio de esos tiempos y de esas épocas. Pero quizás también es que el pueblo, sobre todo el pueblo que espera, oh Dios, se cansa, se agota y anhela encontrar el fin de su dolor, de su sufrimiento, y está entonces esperando por ese día.

Y el apóstol Pablo quiere decirle a los tesalonicenses algunas cosas y comienza a introducir su tema diciendo, versículo 1: "Ahora bien, hermanos, con respecto a los tiempos y a las épocas, no tenéis necesidad de que se os escriba nada." Ustedes conocen acerca de esto. De alguna forma parece ser que Pablo les había hablado acerca de estos tiempos futuros cuando él fundó la iglesia. A diferencia de lo que él les dice en el capítulo anterior cuando dice: "No quisiera que estén en ignorancia acerca de aquellos que duermen," ahora él les dice: "Ustedes conocen esto, yo no tengo que decirles absolutamente nada."

Pero él usa un recurso literario donde tú dices algo como "de eso no voy a hablar", y luego pasa a decirte cosas de aquello que tú entiendes no tiene que decirte nada. Nosotros hacemos a veces la misma cosa: "De eso no, de eso no vamos a hablar, eso no tengo que decirte nada. Pero déjame decirte..." Pues Pablo hace algo similar en el versículo 2. Después de haberles dicho que no tiene nada que decirles, dice: "Pues vosotros mismos sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche." La palabra traducida ahí como "perfectamente" puede ser traducida como cuidadoso, preciso, minucioso. Vosotros sabéis de manera precisa, de manera minuciosa, de manera detallada acerca de esto, por lo menos lo que el Señor reveló, lo que puede ser conocido. De manera que esto que él está a punto de comunicar quizás sea simplemente un resumen, un recordatorio de cosas ya habladas de forma más extensa.

Y esto es como Pablo entonces introduce su nuevo tema. Él introduce el tema del día del Señor, dice algunas breves cosas del día del Señor, y luego nos habla de qué hacer entre este día y ese gran día. Y en esencia, de eso yo quiero hablar en el día de hoy, solamente de dos cosas: el día del Señor y qué hacemos a la espera del día del Señor. No podemos especular, tenemos que ser fieles al texto, de manera que nos vamos a quedar pegados al texto.

De ese día del Señor, Pablo dice que vendrá como ladrón en la noche, una frase que no es nueva tampoco. Es algo que Cristo mismo introdujo cuando hablaba acerca de los días finales en Mateo 24, y él también profetizó que vendría como ladrón en la noche. Si el dueño de la casa supiera cuándo viene el ladrón, él se quedaría despierto, él permanecería en alerta. Pero el dueño de la casa no sabe, él es sorprendido. Y de esa misma manera que el ladrón entra a la casa de noche y sorprende al dueño e invade su hogar, de esa misma manera el Juez pretende invadir este planeta en un momento en que la humanidad se descuida. No es solo el dueño de la casa el que se descuida, sino que los habitantes del planeta también serán sorprendidos. Es un día que vendrá repentinamente. Peor aún, es un día que va a ocurrir en un momento cuando los habitantes del planeta estén diciendo paz y seguridad.

Ciertamente hay un gran mover de líderes poderosos hoy en día, en medio de agitación ciertamente, un mover tratando de que se produzca una paz mundial que todavía no hemos visto. Y muchos líderes políticos y religiosos están tratando de unirse para que se produzca tal cosa. El mismo Papa Francisco va en esa dirección, y para conseguir tal unidad y ecumenismo ha comenzado a dejar a un lado principios fundamentales de la fe cristiana, al espanto de muchos de sus feligreses y de muchos de nosotros. La paz, la necesidad de la paz, la paz a todo precio. Y Cristo dice que habrá un sentido falso de paz y de seguridad cuando el ladrón en la noche haga su aparición, o aquel que es representado por la metáfora como un ladrón en la noche. Cristo predice un tiempo como ese, y Pablo les dice a los tesalonicenses que vendrá un tiempo como ese.

El problema es que en medio de ese sentido falso de seguridad y de paz, entonces la destrucción vendrá sobre ellos repentinamente. Una de las características de los falsos maestros es la predicción de buenos tiempos en los peores tiempos. Antes de la catástrofe económica extraordinaria de Argentina, los falsos maestros del cristianismo que abundaron allí profetizaron tiempos tan extraordinarios para la nación. Algunos de sus maestros llegaron a nuestro país, recién llegado yo al país, y vinieron y profetizaron que vendría una bonanza económica tan extraordinaria para República Dominicana que nuestros perros comerían filetes. No me lo contaron, yo estaba presente.

Una de las cosas repetitivas acerca de los falsos maestros es la predicción de bonanza económica, es la predicción de tiempos de paz y de seguridad, de felicidad, de ausencia de enfermedades, como lo estaremos oyendo prontamente en nuestra nación con algunos de los falsos profetas que estarán predicando prontamente entre nosotros. Nosotros leemos a través del profeta Jeremías, el Señor hablando en el capítulo 6, versículo 14, diciendo: "Y curan a la ligera el quebranto de mi pueblo, diciendo: Paz, paz; pero no hay paz." Dice el Señor a través de Jeremías: "Estos falsos maestros y profetas le hablan a mi pueblo que necesita un arrepentimiento, y lo que le dicen a mi pueblo es que no, que no se preocupen, que habrá paz." Con la realidad de que no hay paz entre ellos y yo, y tampoco habrá paz entre ellos y los demás pueblos. Prosperidad, abundancia, seguridad... En ese momento vendrá como ladrón en la noche el Hijo del Hombre.

Y el Señor no vuelve simplemente para traer un segundo chance de arrepentimiento, una renovación del evangelio, un nuevo evangelio. Él viene para traer un juicio. Es un juicio que cae sobre todos los habitantes de la tierra que le han dado la espalda al evangelio de salvación, y no simplemente sobre aquellos extremistas del pecado como pudiéramos pensar nosotros en el grupo ISIS en el día de hoy, sino sobre toda carne que le haya dado la espalda a la oferta de salvación ofrecida a través de la persona de su Hijo.

Y vendrá repentinamente, como llegan los dolores de parto a una mujer que está encinta. Nosotros no sabemos qué desencadena los dolores de parto, las contracciones de una mujer. La ciencia médica no tiene idea de por qué eso se inicia un día y no otro. Pero una cosa es segura: ella no es quien lo inicia, está bajo el control de otra persona, obviamente del plan perfecto diseñado y establecido por Dios. De esa misma forma, la venida del Hijo del Hombre y sus dolores de parto, las circunstancias y eventos, no están determinados por la humanidad sino por Dios mismo. Los tiempos y las épocas le corresponde a Dios conocerlos.

Pero de la misma manera que esos dolores de parto comienzan de forma repentina, de forma lenta y espaciados, pero comienzan, y van aumentando en intensidad y en brevedad, se comienzan a acercar, de esa misma manera acontecimientos comenzarán a ocurrir que aumentarán en intensidad y serán cada vez más cerca el uno del otro. El texto que leímos hace un rato habla de quiénes: "Entonces vendrá repentinamente la destrucción sobre ellos, y no escaparán." No habrá lugar para esconderse, no habrá lugar donde ir, no habrá lugar para buscar refugio, porque es el día de la ira del Señor. La palabra conocida o traducida como "ira" es la palabra "orgé" en griego, que es la palabra de donde viene el vocablo en español "orgía", lo que nos da a nosotros una idea de lo consumidor que será la justicia de Dios vertida sobre la tierra en aquel entonces. No escaparán.

Hay una sola manera. Escúchame: si tú no has entrado en paz con Dios, hay una sola manera de escapar de ese día, y es ahora, en este día presente. Es ahora, en esta ocasión, a través de la oferta de salvación vía su Hijo Jesús, sacrificado en la cruz para el perdón de los pecados del hombre. No hay otro camino, no hay otro nombre dado a los hombres debajo del cual o por medio del cual tú puedas ser salvo. Esa ocasión, esa oportunidad es ahora, no entonces. El que tenga oído que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Es ahora, el tiempo de la salvación es ahora, por medio de su Hijo. Todo va a cumplirse, no habrá ni una tilde que dejará de cumplirse, afirmó nuestro Señor Jesús.

Y Pablo está comunicando algunas de estas cosas a los tesalonicenses, no con la intención de inquietarlos ni de amedrentarlos. De hecho, lo está haciendo con una intención completamente opuesta. No es la intención de inquietarlos a aquellos que han encontrado salvación en Cristo Jesús. Él quiere darles seguridad, él quiere darles sosiego y paz. Y comienza diciéndoles: vosotros no tenéis necesidad de que se os escriba nada con relación a los tiempos y a las épocas.

Pero si tú te detienes a leer el texto o lo haces más de una vez, descubrirás que hay dos grupos identificados en ese texto. Hay un grupo al que Pablo se refiere, que él llama "vosotros hermanos", y los califica de una manera. Y hay otro grupo que él llama "ellos" o "el resto", y los califica de otra manera. La destrucción viene sobre ellos, no sobre vosotros. Y es de ahí donde Pablo está tratando de darle quietud a los tesalonicenses.

Si tú lees el texto literalmente, habla de que la destrucción vendrá sobre ellos de manera repentina. Mas el versículo 4: "Mas vosotros, hermanos", este otro grupo, "no estáis en tinieblas para que el día os sorprenda como ladrón, porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas". Dos grupos: un grupo de la luz y del día, y un grupo de la noche. La frase "mas vosotros, hermanos" establece justamente ese contraste. "Pero vosotros, hermanos", "mas vosotros, hermanos", "sin embargo vosotros, hermanos", la misma idea: soy de la luz, soy del día, no de la noche.

En la Palabra de Dios, las tinieblas, la oscuridad, son representativas del pecado, de la iniquidad reinante, imperante en las sociedades. Pero también es simbólico del pecado en el interior del corazón del hombre. Pero es que nosotros leemos que en Isaías 9:2, profetizando acerca de la primera venida de Jesús, dice que el pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos. El pueblo que habitaba en pecado, en oscuridad, recibió la visitación de la luz: Cristo. Y esa luz, representada por la persona de Jesús, resplandeció en medio de las tinieblas. No era que Galilea estaba completamente oscura las veinticuatro horas del día, pero Galilea estaba sumergida en el pecado sin un Redentor, y esa luz resplandeció en medio de las tinieblas.

Lo terrible es que cuando Él vino a los suyos, los suyos no le recibieron. Y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; amaron más el pecado que a Cristo. Es el mismo veredicto cada vez que pecamos: amamos más ese pecado que a Cristo, que nos redimió del pecado. Y Juan habla de eso, es la condenación del mundo: que los hombres amaron más las tinieblas que la luz.

Los tesalonicenses habían vivido en tinieblas. Si tú has sido redimido por Cristo, tú viviste en tinieblas. No solamente viviste en tinieblas, igual que yo, tú eras tinieblas. Es como Pablo le dice a los efesios: hubo otro tiempo en que vosotros no solamente andabais en tinieblas, pues erais tinieblas. Había oscuridad alrededor de ti, había oscuridad en tu interior. Tú, yo. Pero Dios ahora te ha llamado de las tinieblas a su luz admirable para que proclames sus virtudes en medio de la oscuridad.

Por eso Pablo les dice: "Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas". Ya no. Habían estado allí, se han sacado de allí. "Para que el día os sorprenda como ladrón". No debes sorprenderte. "Todos vosotros sois hijos de la luz", y es la luz la que regresa, "e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas". ¿Notaste cómo Pablo dice "no somos"? Él se incluye en el grupo de los hijos de la luz. "No somos de la noche ni de las tinieblas". Si eres creyente en Cristo, nuevamente evidenciado por tus frutos, tú no eres un hijo de la noche, tú eres un hijo de la luz.

Y ahora entonces Pablo, que ha identificado lo que los tesalonicenses son, ahora que Pablo les ha hablado acerca de cuál es su naturaleza nueva, hijos de la luz, Pablo entonces les dice lo que ellos tienen que hacer. Primero les dice lo que son, y luego les dice: en vista de lo que ya son, ahora esto es lo que te toca hacer. Versículo 6: "Por tanto, no durmamos como los demás, sino estemos alerta y seamos sobrios". Entre este día de hoy y aquel grande y terrible día de venganza, donde la ira será vertida sobre el planeta Tierra, tú necesitas estar alerta y ser sobrio para que seas consistente con tu naturaleza.

Es como el agua: dada la naturaleza del agua, el agua quita la sed. Dada la naturaleza de la luz, la luz disipa la oscuridad. Dada la naturaleza del fuego, el fuego quema aquello que entra en contacto con su combustión. Sería ilógico que el agua no quite la sed, que la luz no disipe la oscuridad, que el fuego no queme aquello que entra en contacto con él. De esa misma manera, sería ilógico que los hijos de la luz estemos dormidos, que estemos adormecidos, que estemos en una condición de no alerta, de que seamos ignorantes o indiferentes a las cosas espirituales.

Por eso Pablo dice "por tanto". "Por tanto" implica: en vista de lo que eres, hijos de la luz, por tanto no durmamos como los demás, como los que son hijos de las tinieblas, como los que son hijos de la oscuridad, hijos de la noche. No durmamos como ellos.

La palabra "dormir" traducida en el Nuevo Testamento tiene tres acepciones diferentes. En ocasiones tiene el significado literal: dormir, como el que se acuesta a dormir. En otras ocasiones tiene el sentido figurado de aquellos que mueren, como lo vimos en el capítulo 4: "No queremos que ignoréis acerca de los que duermen", o que ya han muerto. Y en otras ocasiones tiene también otro sentido figurado, que es el que Pablo está usando aquí, para referirse a aquellos que son espiritualmente indiferentes. En vista de que vosotros sois hijos de la luz, es ilógico que seáis indiferentes a las cosas espirituales como los demás, como aquellos que no conocen la luz.

Él habla de "los demás" en el capítulo 4 cuando dice: "No quiero que ignoréis acerca de los que duermen, como los demás", o "no quiero que os entristezcáis", mejor dicho, es la frase "como los demás". Ahora, de esos demás él dice otra cosa. Dice: ellos están en la oscuridad, y vosotros que estáis en la luz no pueden estar durmiendo como ellos. No puede ser que sean indiferentes, porque eso sería inconsistente con la nueva naturaleza que ahora ya sois.

Entonces, ¿qué hacemos, Pablo? Tú dijiste que es un día que viene, él dice que es un día grande y terrible, e Isaías dice que es un día de venganza. ¿Qué hacemos? Y no sabemos cuándo es, porque no nos toca conocer los tiempos y las épocas. ¿Qué hacemos? Estar alerta y ser sobrios.

Los dos, los del versículo 6. Este es un llamado importante porque él está consciente, y de una u otra forma lo hace en cada una de sus cartas, él está consciente de que aún después de ser regenerado, de nacer de nuevo, hay una tendencia con el tiempo a volver a las obras de la carne. En vista de que la carne en la que nosotros nos encontramos todavía tiene deseos pecaminosos, caídos, hay una tendencia a volver a esas obras de la carne. Y Pablo nos dice: tenemos que estar alerta, no sea que caigamos en las trampas y en los ardides del enemigo, de Satanás, para que no vayamos a tropezar.

Es el mismo llamado, con las mismas palabras, que Pedro les hace a sus seguidores en la primera carta, en el capítulo 5, versículo 8. Escucha: "Sed de espíritu sobrio, estad alerta". Pedro, ¿por qué tú quieres que yo sea de espíritu sobrio y esté alerta? Tú suenas como Pablo ahora. ¿Por qué haces eso? Escucha la razón: "Vuestro adversario el diablo anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar". Tienes que estar alerta y tienes que ser sobrio porque tú tienes un adversario. Porque tienes un adversario, y no es pequeño, y tú no lo ves, y es más sabio que tú, y tiene deseos de devorarte, y quiere atraparte, y quiere hacerle daño a la causa de Cristo. ¿Cómo le voy a poder hacer daño a Cristo? Así: a ti. Si te puede hacer daño. Tú tienes que estar alerta, tú tienes que ser sobrio. No te descuides, mantén la mirada en la persona de Jesús.

Sería inconsistente ahora que eres hijo de la luz. Hubo un tiempo en que tú eras hijo de tinieblas, hijo de la oscuridad, en que tú andabas en rebelión. Ya no más. Cuando Pablo habla de la nueva naturaleza que somos, nos está hablando de ser sobrios, nos está diciendo: tienes que tener dominio propio, tienes que guardar la excelencia moral para que seas consistente con los hijos de la luz, con lo que ya eres. La luz no puede comportarse como tinieblas.

Escucha el versículo 7, cómo lo dice: "Porque los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan". El dormir y emborracharse usualmente ocurre de noche. Pero en este caso, si tú lees el texto y lo vuelves a leer y lo vuelves a leer, te das cuenta que Pablo no está usando el dormir y emborracharse de manera literal, sino que les está hablando de una condición de inmoralidad que incluye la borrachera. Pero la borrachera es más simbólica aquí de los deseos pecaminosos carnales, y el dormir es la indiferencia y apatía espiritual de aquellos que no conocen al Señor.

Mi llamado aquí en este texto es a vivir lo que ya soy. Escúchame: a vivir lo que soy. Es lo que Pedro me dice con otro lenguaje cuando nos recuerda, vosotros sois —Primera Pedro 2:9, mi memoria no me falla— vosotros sois nación santa, pueblo escogido, linaje escogido, real sacerdocio. Fuimos escogidos, sacados de las tinieblas y traídos a su luz admirable, para que proclamemos las virtudes de aquel que nos llamó.

Llamó justamente de esas tinieblas a su luz admirable. Pero nota cómo Pedro me lo dice: vosotros hoy ya soy algo. No hay algo que hacer, ya lo soy. Tengo que vivir de manera consistente con lo que soy. La rebelión es inconsistente con lo que ya soy, es ilógica, es un contrasentido.

Pero el versículo: "Puesto que nosotros somos..." Ahí está Pablo incluido. "Del día, seamos sobrios." Está llamando a la sobriedad otra vez. "Seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación." La vida, la vida es sobria. Pero si somos honestos, muchos de nosotros no vivimos sobriamente. Hay mucho en esta vida que atrae a la carne, que no es más que vanidades, cosas frívolas, sin sentido, sin propósito, sin contenido, sin profundidad. Cosas infantiles, inmadureces, niñerías, que de sobrio no tienen absolutamente nada. Pero como no representan pecados vulgares o gruesos, no le vemos nada de malo. Pero detrás de todas esas vanidades y frivolidades se esconde el pecado.

Cuando el llamado de Pablo a Timoteo: "Voy a hacer ejemplo en palabra, en conducta, en amor, en fe y pureza." ¡Wow! Ser ejemplo, siquiera es que lo intentes, es que seas ejemplo en palabra, en conducta, amor, fe y pureza.

Y entonces el apóstol Pablo usa otra metáfora, otra figura comparativa del habla, para ayudarnos a entender. Aquí él se está refiriendo, y él piensa nuevamente en un soldado, y él dice que ya ahora nosotros tenemos la coraza de la fe y del amor, aquello que cubría el pecho, el tórax, el corazón. Y por yelmo, el casco, la esperanza de la salvación. Ahí está la tríada cristiana que va a permanecer: 1 Corintios 13, fe, amor y esperanza.

La fe es vital en esa tríada porque la fe es lo que me va a anclar en el día de hoy. Yo tengo que tener fe que yo sirvo a un Señor que tiene toda autoridad, que se le ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra, que no hay ser, no hay evento, no hay circunstancia que no esté bajo su autoridad. Yo tengo que tener la fe para creer que él prometió que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos. Yo tengo su autoridad, o vivo bajo su autoridad, y yo tengo su compañía.

Creo sus promesas, y detrás de sus promesas está su nombre y está su poder. Su palabra no puede ser anulada, porque habría que anular su poder, su nombre y su ser para comenzar. Sus promesas son tan verdaderas y fieles que en Romanos 11:29 se me dice que mi llamado es irrevocable. Y luego se me dice que aun cuando nosotros somos infieles, él permanece fiel.

Pablo está tratando de anclar a los tesalonicenses y decirles: no tienes nada que temer. Ahora, el que no conoce a Cristo, el que está en oscuridad, el que no ha entregado su vida, el que no se ha arrepentido, él tiene gran cosa que temer. Es un día grande y terrible, el día del Señor. Pero ustedes tienen, o están bajo su autoridad, su poder, y tienen su presencia.

La fe, el amor, la esperanza. El amor de Cristo nos constriñe, el amor de Cristo nos ancla, el amor de Cristo nos asegura, el amor de Cristo nos protege, el amor de Cristo nutre mi amor por él. Primero él me ama para que yo luego pueda amarle, y luego pueda amar. Pero resulta que cuando yo le amo, yo obedezco sus mandamientos, me dijo Cristo. Y cuando yo obedezco sus mandamientos, me comporto como un hijo de la luz, me comporto como mi naturaleza es.

Tenemos una coraza de la fe y del amor. Tenemos un yelmo, un casco, de la esperanza, la esperanza de salvación, el tercer elemento en esa tríada. Esa esperanza que yo necesito en medio de las vicisitudes, en medio de las dificultades, en momentos cuando a veces podamos creer que Dios se olvidó de nosotros. El salmista escribió salmos donde él da a entender que él pensó que Dios había olvidado, o pensó en un momento dado que Dios se olvidó de él. La Palabra, a veces los eventos son narrados de una manera que parecería como que Dios se olvida de vez en cuando de los hombres, como cuando dice: "Pero se acordó Dios de Noé." Es como si se le hubiese olvidado.

De manera que tú y yo tenemos razón para tener una esperanza, el tercer elemento de esa tríada, una esperanza viva. Y la primera razón para eso es que nosotros somos hijos de la luz, ya no de la noche, ya no de las tinieblas. Es la primera razón.

La segunda razón por la que yo puedo tener esperanza, parece en el versículo 9: "Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo." Dios no me predestinó para luego verter toda su ira sobre mí. Si yo estoy ya ahora en la luz, si yo soy un hijo de la luz, toda la ira que a mí me correspondía fue vertida sobre la espalda de su Hijo en la cruz, donde él fue abandonado literalmente por el Padre por un período temporal. Donde la oscuridad, aquella que el mundo verá, fue vista durante tres horas cuando su Hijo colgaba de la cruz. Hubo densa oscuridad representativa justamente de la ira y del juicio de Dios, donde el Hijo se sintió tan abandonado que gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Imagínate los hombres en medio de tal oscuridad, qué gritarían.

Yo necesito esa esperanza, pero yo la tengo en la persona de su Hijo, quien sufrió un verdadero infierno de dolor y sufrimiento en la cruz, para que él que vio la oscuridad visitar la cruz aquel día pueda verme a mí en la luz en el día de hoy.

Y él murió por nosotros. El versículo 10: "Para que ya sea que estemos despiertos," léase vivos, "o dormidos," léase muertos, "vivamos juntamente con él." Ahí está la tercera razón de mi esperanza: es que independientemente de que cuando él regrese yo esté vivo o esté muerto, yo voy a vivir juntamente con él.

Tengo tres razones para tener dicha esperanza. La primera es que soy un hijo de la luz, si ciertamente he entregado mi vida a Cristo Jesús. La segunda razón es que Dios no me ha destinado para la ira, porque la ira ya fue visitada sobre su Hijo. Y la tercera razón es que independientemente de que yo esté vivo o muerto cuando él regrese, yo estaré juntamente con él por siempre.

¿Te das cuenta cómo Pablo pastoreaba este grupo de individuos a distancia que está en Tesalónica? ¿Te das cuenta por qué él concluye todas esas frases y palabras con esta exhortación? El versículo 11: "Por tanto, alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal como lo estáis haciendo." Alentaos, edificaos. Por tanto, en vista de todo esto que les es comunicado, ustedes tienen razón para alentarse.

Lo increíble de esta iglesia es que Pablo les dice: "Como lo están haciendo." No les estoy diciendo que hagan algo que no están haciendo. No les estoy reprendiendo porque no se están alentando. Les estoy diciendo que lo están haciendo bien. ¡Qué iglesia más ejemplar! "Alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro, tal como lo estáis haciendo."

Pero, ¿cómo? ¿Cómo tú quieres en medio de esto que tú mencionas, que será un día de destrucción, un día terrible, un día repentino, y va a venir como ladrón en la noche? ¿Cómo tú quieres que nos alentemos? Por el versículo 9 y 10: "Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con él." Es motivo de exhortación, motivo de aliento.

Pero si estoy en la oscuridad, ese día es un día grande y terrible. Pero ese no es el día del arrepentimiento. Ese día no habrá arrepentimiento, no puede haber arrepentimiento, porque no es el día de gran arrepentimiento, es día de gran juicio. Hay una ventana de oportunidad, y es ahora. Ahora cuenta para siempre. Si no es ahora, no habrá otro tiempo.

De manera que, como el Espíritu de Dios es quien habla a los corazones y es quien penetra el interior de cada uno de nosotros, si Dios ha penetrado tu interior con su Palabra en el día de hoy, y ha taladrado tu interior, y te ha mostrado que realmente hay oscuridad en el corazón en el sentido de que no has nacido de nuevo, el hijo no vive en ti, despierto santo no vive en ti, porque no has tenido un encuentro personal con el Hijo de arrepentimiento: si hoy tú oyes su voz, no endurezcas tu corazón.

Es la hora de poder decirle: "Señor, yo me arrepiento, y sí siento dolor por mi pecado. Y te lo entrego, Señor, y gracias por el dolor que siento, porque el dolor que siento viene de ti. Tú lo has traído para que yo pueda confesarlo y pedir perdón. Perdóname. Gracias por el Hijo que enviaste a la cruz por mí. Gracias por sacrificarlo en mi lugar. Yo quiero que la salvación me visite, y por eso te pido perdón y te entrego mi vida. Te confieso mi Señor y Salvador."

No importa quién seas, no importa cuánto tiempo tengas en la vida cristiana, si Dios te ha enseñado hoy. No importa si eres incluso líder o has sido líder en la feligresía o aún en esta iglesia. Si Dios te ha mostrado hoy, la luz de Cristo ha resplandecido en tu interior, y hoy escuchas su voz.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.