La segunda venida de Cristo ha sido anunciada con mucha mayor frecuencia que la primera: por cada profecía sobre su nacimiento en Belén, hay ocho sobre su regreso. Sin embargo, la iglesia vive entretenida, como lo estuvo Israel cuando el Mesías vino y partió sin que la mayoría se percatara. Algunos dicen que quieren que Cristo venga, pero después de casarse o de tener nietos, como si las experiencias de este lado pudieran superar lo que nos espera del otro. Otros confiesan que el tema les interesa poco, sin darse cuenta de que Dios se molestó en revelarlo porque quiere que sepamos cómo esperarlo.
El pastor Núñez presenta tres realidades entrelazadas: la espera de Dios, motivada por su paciencia y misericordia hacia los pecadores; lo que le espera a la creación, que será consumida por fuego; y la espera del creyente, que debe traducirse en santidad y piedad. La pregunta de Pedro es directa: si todo será destruido, ¿qué clase de personas debemos ser? La destrucción venidera no es motivo de terror para el creyente, sino una motivación para vivir devotamente. Según las Escrituras, el temor reverente a Dios, el amor por él y el anhelo de su venida deben impulsar nuestra consagración.
La piedad no es un uniforme que uno se pone los domingos, sino una vida entregada a Dios que permea todo: pensamientos, trabajo, redes sociales. Enoc no solo vivió sus años, sino que caminó con Dios, y por eso Dios se lo llevó. El llamado es a ser hallados en paz, sin mancha e irreprensibles cuando él aparezca.
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¡Fuimos llamados para vivir en su satisfacción! Yo quiero invitarte a que puedas abrir la satisfacción en la segunda carta del apóstol Pedro. El año próximo estaremos ya reiniciando en nuestra serie sobre el libro de los Hechos, pero en vista de lo que compartimos el domingo anterior, yo creo apropiado que nosotros podamos compartir este domingo el texto que voy a leer en unos momentos y que se encuentra en la segunda carta del apóstol Pedro.
Pero recordarán que el domingo pasado hablamos de la primera venida del Señor, y lo hicimos a partir de varios textos, pero primordialmente de Isaías 7:14 e Isaías 9, versículos 6 y 7. Esa primera venida que fue anunciada, que fue profetizada por múltiples de los enviados de Dios, pero que lamentablemente el pueblo hebreo, que era quien conocía de su venida, se entretuvo y se entretuvo tanto que el Mesías vino y partió de esta tierra y nadie —bueno, no podremos decir nadie, pero la mayoría— no se percató de que el Ungido anunciado, el Cristo, había venido y se había ido.
De esta misma manera, Dios ha anunciado a través de Cristo y los apóstoles que le siguieron luego ministrando, ha anunciado su segunda venida. Y la ha anunciado de una manera incluso más frecuente que lo que hizo el anuncio de su primera venida, pero lamentablemente la iglesia otra vez, en general hablo, se ha entretenido y realmente como que no vive pensando y deseando y anhelando con pasión que Cristo vuelva.
Piensen por un momento —no quiero que nadie levante la mano— pero piensen por un momento: fuera del ámbito de esta iglesia o alguna otra, ¿cuándo fue la última vez que durante un día tú pausaste y meditaste, reflexionaste acerca de la venida del Señor? Y con eso yo no estoy preguntando cuándo fue la última vez que yo abrí el periódico, las cosas estaban tan mal que usted dijo: "Bueno, el Señor tiene que venir pronto." No, no, eso no, porque con eso yo no estoy meditando, reflexionando o anhelando que venga; yo simplemente estoy haciendo una expresión como de asombro de lo que estoy leyendo.
En ocasiones yo he escuchado gente soltera que me ha dicho: "Yo quiero que Él venga, pero yo quiero casarme primero, porque hay cosas que yo necesito experimentar." Yo he escuchado gente ya no soltera, ya casada, ya con cierta edad, decirme: "Yo quiero que Él venga, pero que venga después que yo tenga nietos." ¿Te imaginas que el Señor esperara hasta que todos los deseos nuestros se cumplieran de este lado de la tierra? Número dos, imagínate la idea que tenemos de la próxima vida cuando pensamos que experiencias de este lado pudieran superar lo que nos espera de aquel lado. ¿Te das cuenta de lo pequeño, de cuánto hemos empequeñecido la visión de lo que es la próxima vida? Es como que nosotros quisiéramos decirle al Señor: "Mira, queremos que tú alteres tu programa hasta que yo cumpla el mío, y luego tú puedes venir." Pero el Señor obviamente no va a prestar atención a eso.
Sin embargo, a la luz del Nuevo Testamento, cuando tú lees la manera como las profecías del Nuevo Testamento y aun del Antiguo Testamento en cuanto a su segunda venida, cuando tú lees lo que se dice acerca de ese día, la idea es que tú debieras levantarte todos los días anhelando que el Señor venga. Como escribió Pablo: "Maranata, ven pronto, Señor Jesús, te anhelamos." Y que debiéramos esperar ese día no con temor, como a veces también he escuchado: "Tengo miedo, pastor, de ese día." No, con gozo.
Otras veces nosotros hemos escuchado en múltiples ocasiones personas decir: "Bueno, yo a la verdad que eso, que si el Señor viene, cuándo viene, cómo viene, que si hay un rapto, si no hay un rapto, si hay un milenio, si no hay un milenio, a la verdad que eso me interesa poco." Y yo quisiera a veces como saltar y agarrar santamente a la persona por el cuello y decirle: "No, si el Señor reveló esas cosas, no puede ser que yo le diga a Dios: 'Entonces es que, Señor, la verdad que tú has revelado esas cosas, pero a mí no me interesa.'" No, si el Señor se molestó en revelárnoslo. Las cosas reveladas pertenecen a nosotros y a nuestros hijos, y solamente las cosas secretas le pertenecen a Dios, por así decirlo. Lo no revelado, muy bien, no lo escudriño, pero lo revelado yo tengo que escudriñarlo. Y tengo que escudriñarlo para conocerlo, y no tengo que escudriñarlo solamente para conocerlo, sino para saber qué hago, cómo espero entre el aquí y el entonces, entre este momento y cuando Él llegue.
Déjame decirte lo importante que Dios cree que es la revelación de su segunda venida y cuánto Él entiende que tú y yo debemos conocer acerca de eso. Escucha: uno de cada treinta versos en el Nuevo Testamento se refiere a su segunda venida. Más de un cuarto de la Biblia es profecía predictiva; aproximadamente un tercio de ella aún no se ha cumplido. Un tercio. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento están llenos de promesas sobre el regreso de Jesucristo. Más de 1800 referencias aparecen en el Antiguo Testamento, y 17 libros del Antiguo Testamento dan prominencia a este tema.
De los 260 capítulos en el Nuevo Testamento, hay más de 300 referencias al regreso del Señor. Uno de cada treinta versículos, como ya mencionamos. Veintitrés de los 27 libros del Nuevo Testamento —el Nuevo Testamento tiene 27 libros— veintitrés de ellos se refieren a ese gran evento, a la segunda venida. De esos cuatro que no se refieren, tres de ellos son cartas a personas, a individuos, con temas muy particulares. Y el cuarto es el libro de Gálatas, que de manera tangencial hace referencia a la segunda venida de Cristo.
Escucha ahora, escucha, porque el domingo pasado hablamos de la primera venida; este domingo vamos a hablar de la segunda venida de Cristo. Por cada profecía sobre la primera venida de Cristo, hay ocho acerca de la segunda venida de Cristo. ¿Escuchaste? ¿Tú crees que este es un tema importante o secundario? Cuando nosotros leemos acerca de la primera venida de Cristo, nosotros pensamos: "¿Cómo es posible que el pueblo no entendió, no esperó, que se le pasó? ¡Qué profecía más increíble!" No, hay ocho versículos acerca de la segunda venida de Cristo, ocho profecías por cada profecía con relación a la primera venida.
De manera que nosotros necesitamos escudriñar la satisfacción, conocer lo que dice. Para lo que no entendemos, para lo que no se ha revelado, muy bien; pero de lo que se ha revelado, tratar de escudriñarlo para también conocer cómo yo espero al Señor. ¿Tú no quisieras conocer cómo espero al Señor, cómo es para el Señor? Si el Señor llegara mañana, ¿tú no quisieras que Él te encontrara haciendo la cosa que Él espera que tú estuvieras haciendo? Yo quisiera saberlo.
Pues yo voy a leer un pasaje esta mañana que nos va a introducir cómo esperarlo. Está en Segunda de Pedro, segunda epístola del apóstol Pedro, capítulo 3, comenzando en el versículo 10 hasta el versículo 14. Segunda de Pedro, capítulo 3:
"Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas."
Y también que se vea bien tu casa y tus cosas ahora.
"Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera" —en vista de que estas cosas van a ser destruidas— "¿qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor? Pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia" —dice Pedro, procurad con diligencia— "ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles."
Cuando tú revisas el texto de Pedro, tú puedes ver rápidamente que él nos está hablando, por un lado, de la espera del Señor: el Señor está esperando. Por otro lado, Pedro nos revela lo que le espera a la creación. En tercer lugar, nos habla de la espera del creyente. La espera del Señor, lo que le espera a la creación y la espera del creyente.
Y quisiera comenzar revisando la espera del Señor. En otras palabras, Cristo vino en una primera vez hace dos mil años, y le está esperando. Y esa espera tiene una razón, y él revela la razón, de manera que nosotros podamos entender que Él no ha ignorado ni se ha olvidado, ni tiene amnesia con relación a su segunda venida. Y también Pedro nos recuerda, con relación a ese detenimiento o retraso del Señor, que parte de la razón por la que nosotros pensamos que Él está lento o está tarde es porque nosotros no contamos el tiempo como Dios cuenta el tiempo, y que para ese Dios mil años es como un día, quizás hasta menos. Pero es una expresión para decir que lo que tú piensas que es un largo período de tiempo, para nuestro Dios que vive fuera del tiempo y del espacio, realmente es un período extremadamente corto.
Ahora, si tú quieres saber cuál es la razón por la que Dios ha retardado su regreso, el texto nos dice cuál es la razón. Y no tiene nada que ver con nosotros en un sentido, aunque secundariamente sí, como lo vamos a ver, pero primordialmente tiene que ver con Él. Es su carácter, es la misericordia de Dios, y esa misericordia a favor de los pecadores es lo que ha hecho que Dios detenga su juicio. Y los hombres entonces, en vez de dar gracias a Dios y decir: "Señor, gracias, que mira, en el día de hoy yo nací de nuevo; pudiera bien decir, y si tú hubieses venido en el día de ayer, yo no hubiese entrado al Reino de los cielos; gracias por tu paciencia"; en vez de eso, lo que el hombre ha hecho es que se ha burlado del retraso del Señor, y por tanto, de la misericordia del Señor.
Y escucha lo que este mismo Pedro, en esta misma carta, en este mismo capítulo, les dice unos versículos anteriores, versículo 3 y 4: "Ante todo, sabed esto," ya presta atención, "que en los últimos días vendrán burladores con sus sarcasmos, siguiendo sus propias pasiones y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación."
Esto era algo enseñado incluso en esa época por falsos maestros que estaban burlándose de la verdad revelada, y Pablo, perdón, Pedro les llama burladores, les llama sarcásticos, gente que sigue sus propias pasiones, gente que ponía en tela de juicio el carácter de Dios al cuestionar la veracidad de la promesa de Dios. Y de ahí entonces la pregunta: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque al final nada ha cambiado desde que los padres durmieron, desde que se murieron Abraham, Isaac, Jacob, desde que Moisés se murió, todos los anteriores, las cosas siguen igual. Nada ha habido diferente a pesar de esa promesa.
Y sin embargo, Pedro responde a la burla y a la pregunta de esas personas sarcásticas. Esta es la pregunta: ¿Dónde está la promesa de su venida? Esta es la respuesta de Pedro: "Cuando dicen eso, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios," recuerda que Dios separó las aguas de la tierra y la tierra apareció, "por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua," versículo 6.
Pedro le está diciendo a esta gente: cuando ustedes hablan de que Dios ha prometido y no ha hecho y que las cosas siguen igual, ustedes se les olvida que Dios creó ese mundo y que llegó un momento en que ese Dios tomó el mundo y lo hundió en agua. Las cosas no siguen igual, no es cierto, hubo un cambio, hubo un trastorno.
Pero versículo 7: "Pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego," no para agua, ya había sido anunciado que jamás Dios destruiría el mundo con agua sino con fuego, "guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos."
Los falsos maestros cuestionaban el cumplimiento de lo que había ocurrido ignorando el cumplimiento de lo que iba a acontecer. Se burlaban de aquello e ignoraban lo que había ocurrido, ignorando al mismo tiempo la profecía con relación a lo que iba a acontecer. Cuestionaban el futuro ignorando el pasado, es la mejor forma de decirlo: cuestionaban el futuro ignorando el pasado. Ya Dios había dicho en Génesis 9:11 que si es cierto que la tierra había sido destruida por un diluvio, que el agua no sería el elemento destructor en la próxima ocasión.
Pero Pedro sí nos recuerda que hay una destrucción que vendrá, que está predicha, y que nosotros esperamos su venida, porque su venida va a coincidir juntamente con ese evento. Entonces ya de Noé, Cristo dijo, en el discurso de Mateo 24-25, que todo el mundo continúa viviendo, casándose, dándose en casamiento, bebiendo, comiendo, como si nada ocurriera, hasta el día que Noé cerró la puerta. Entonces la gracia y la misericordia de Dios lo llevan a ser paciente, y esa paciencia es la medida de su amor.
De igual forma, el Señor es lento, y lo ha dicho, para la ira, y grande en misericordia. Esta es una de las frases con la que Dios se describe a sí mismo. Es una de las frases con la que Dios describe cómo yo soy. Si tú quieres saber cómo yo soy, tú tienes que entender que yo soy sumamente lento para la ira. Tú no sabes lo que me toma a mí el ser provocado a la ira. Y tú tampoco sabes cuán abundante yo soy en misericordia. Yo soy tan abundante en misericordia que mi misericordia mitiga mi ira. Y por eso es que yo no acabo de regresar, y de eso es que Pedro quiere hablarles.
Versículo 9: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa." No, no, no, no piensen si hay que estarle retrasado o estar retrasado. Según algunos entienden la tardanza, algunos entienden que el Señor está tarde. No, el Señor no se ha retrasado, sino escucha la razón claramente revelada de por qué Dios no acaba de hacer su justicia: "Sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento."
¡Fíjate! Dios hablando a través de Pedro: No me digas que estoy retrasado. No pienses que soy lento, no pienses que soy olvidadizo. Yo quiero que entiendas: la única razón por la que he retrasado mi venida es porque soy paciente. Y soy paciente porque yo quiero la mayor cantidad de personas posible que yo pueda traer al reino antes de que eso acontezca.
Si hay algo que el Antiguo Testamento revela de una manera extraordinaria, y que yo he estado enfatizando últimamente, es el carácter benevolente de Dios, su paciencia, su longsuffering, como dice en inglés, un Dios que sufre largamente en espera del arrepentimiento del hombre. Entonces, la misericordia lleva a Dios a esperar, pero eventualmente su justicia lleva a Dios a actuar. Eso es como se da: la misericordia de Dios lo lleva a esperar por mucho tiempo y su justicia eventualmente lo lleva a actuar.
Entonces, Pedro nos habla de la espera del Señor, y luego Pedro nos habla de lo que les espera a la creación. Versículo 10: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas."
El día del Señor del que Pedro habla es el día de su regreso, es el día de su juicio, es el día que marca el fin de una era. Cuando Cristo murió, su muerte marcó el fin de una era: la ley quedó atrás, la era de la gracia se inauguraba, ahora la gracia y la misericordia abundan. Hoy es el día del arrepentimiento. "Si oís su voz, no endurezcáis vuestro corazón," dice el Espíritu de Dios. Pero luego la venida del Señor, el estruendo en los cielos, destrucción de los elementos, eso marca el fin de esa otra era.
¿Quieres saber qué tan importante es el día del Señor para Dios? Bueno, la frase "el día del Señor" aparece 17 veces en el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento viene anunciando la primera venida y la segunda venida. La primera venida era la venida de la salvación, por eso los ángeles les dicen a los pastores en las afueras: "No tengáis miedo, no temáis, porque hoy os he traído buenas nuevas de salvación." La segunda venida es diferente, es llamado el día del Señor.
La frase "el día del Señor" aparece 3 veces en Isaías, 2 en Ezequiel, 5 en Joel, 2 en Amós, 1 en Abdías, 2 en Sofonías, 1 en Zacarías y 1 en Malaquías. El Antiguo Testamento habla de ese día en cierta medida más frecuentemente que el Nuevo. En el Nuevo aparece unas 4 veces la frase, aunque el contexto y la descripción de todo lo que acontecerá es más revelado en el Nuevo: está una vez en el libro de los Hechos, una en Primera de Tesalonicenses, una en Segunda de Tesalonicenses y una en Segunda de Pedro.
Es la frase equivalente al día de la ira del Señor. El día del Señor, el día de la ira del Señor, es la misma, se refiere al mismo día. Si las juntas, entonces hay 24 referencias a ese gran día. Y Pedro dice que vendrá como ladrón en la noche. Piensa por un momento cómo llega el ladrón a tu casa: tú no lo estás esperando, es inesperado, viene de repente, en cualquier momento, es súbito. El ladrón viene, quiere entrar y salir, es algo repentino, es algo sorpresivo. Pedro dice: es así, es así su venida, de manera que yo no sé cuándo es, y cuando ocurra será muy rápido.
La frecuencia con que la Palabra menciona ese día nos ayuda a entender la importancia que ese día tiene. Habrá un día cuando Dios les dará galardón a los hombres. Habrá. Es un día desconocido por el hombre, es un día real, es un día profetizado, es un día repentino, es el día en que el Señor se propone pagar a los hombres según sus obras, donde el impío debe tener miedo, temor del Señor, y el creyente debe estar gozoso, que finalmente regresó por los suyos.
De manera que nosotros tenemos dos grupos de personas que deben pensar acerca del día del Señor de manera distinta: uno con cierto temor y otro con cierto gozo. Y nosotros tenemos que pensar de esta manera: cuando una mujer está embarazada y tiene ocho meses y el niño no acaba de salir, eso no dice que no va a salir. Y asumiendo un parto regular, normal, con todas las de la ley, ¿cuándo va a salir? Cuando el tiempo se cumpla. ¿Y cuándo es eso? Nueve meses. Pero a los ocho parece como que hay algunas barrigas que tú crees que se van a explotar antes de llegar el día, de tan grandes, ¿verdad?
Pues yo quiero decirte en el día de hoy que el mundo está preñado. ¿Cuántos meses tiene? Yo no sé, pero el tiempo de dar a luz va a llegar, y va a llegar precedido de dolores de parto.
Entonces, Pedro nos habla en ese contexto de lo que les espera a la creación. Y Pedro dice que ese día, cuando el Señor aparezca, habrá un gran estruendo en los cielos. La palabra ahí en el original tiene la idea del ruido que produce una flecha cuando va viajando en el aire y te pasa quizás muy cerca de ti, o quizás pudiera ser el ruido que producen las chispas en el fuego, ese craqueo, como lo llamamos. Cuando eso ocurra, habrá algo auditivo que el hombre podrá percibir.
Ahora imagínate, imagínate, todo esto está descrito por diferentes razones, pero detrás de todo lo revelado, yo quiero que tú puedas seguir viendo el carácter de Dios. Dios, en un momento dado, habló a la nada y la nada lo produjo todo. Y ahora Dios le habla al todo y lo convierte en nada.
Es el poder de nuestro Dios, la grandeza, la sabiduría de Dios. Donde tú tienes millones de galaxias —hoy se habla de dos trillones de galaxias, de dos billones a dos trillones de galaxias— y que en un instante Dios las hace colapsar. Imagínate el poder de ese Dios, imagínate la sabiduría de ese Dios, imagínate el control de ese Dios. Y todavía más: que Él puede hacer eso y no dañar a los suyos. Él puede colapsar el mundo y un universo entero sin que ocurra daño a los suyos. Si ese evento es grande, más grande es el que lo produce. ¿Sí o no? Sí.
Hoy en día un simple terremoto, ¡cuánto nos aterroriza! Imagínate cuando el universo entero ceda. Imagínate ese día y que los suyos no sean dañados. Eso no va a ser un día cualquiera, eso no será un día más. Este va a ser un día para recordar, porque los impíos lo recordarán, porque es el día del juicio. Los hijos de Dios lo recordarán, porque es el día de ver a Dios como Él es, de tener mis promesas recibidas. Es un día grandioso. Es un día que Pedro describe en términos cataclísmicos. Él lo describe como súbito, decisivo, cósmico y final. Esto es el final. Todas las promesas se verán cumplidas.
Volvamos a nuestro texto hasta ahora. Hemos visto la espera del Señor motivada por su gracia y su misericordia, y hemos visto lo que le espera al universo que ha de ser consumido. Ahora yo quiero que veamos el tercer punto y donde nos parqueemos por un rato y pasemos la mayor cantidad del tiempo, y es en esta idea: que dada la magnitud de los eventos, dada la temporalidad de todo lo que existe, todo aquello que tú le has dado valor, dada la certidumbre del día final, Pedro hace una afirmación que suena como una pregunta en el versículo 11, y es la pregunta para cada uno de nosotros.
Escucha otra vez. Dada la magnitud de los eventos, dada la temporalidad de todo lo que existe en nuestro alrededor, y dada la certidumbre de que eso que estamos hablando va a ocurrir, esto es lo que Pedro dice en el versículo 11: "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera..." Noten el "puesto", o sea, es la premisa de Pedro. En vista de que todo esto que tú tienes va a ser destruido, "¿qué clase de personas...?" No tiene signo de interrogación en el original; en nuestra traducción tiene signo de exclamación para darle énfasis a lo que el original le da énfasis. "¡Qué clase de personas no debéis ser vosotros!" Verdad, realmente, ¿qué clase de personas? Pedro me dice: "En santa conducta y en piedad."
O sea, Pedro, ¿qué es lo que tú me quieres decir? Que en vista de la certidumbre de este evento, la magnitud de los eventos, yo debo vivir santa y piadosamente. Exactamente. Y la expresión tiene signo de exclamación. La destrucción de la tierra será la más vívida; de todo lo que hay en ella dice que todo lo que hay en ella será consumido. La manera de vivir debe, en cierta manera, en cierta forma —yo voy a ampliar eso, solamente para que alguien no me acuse de algo que no estoy diciendo— pero nuestra manera de vivir debiera estar motivada por la certidumbre de su segunda venida y del día del juicio. Ese es el día de la rendición de cuentas. Ese es el día donde todas las obras serán puestas al descubierto.
Quizás nos sorprenda a alguno de nosotros que Pedro, y yo que estoy exponiendo a Pedro, que el día del juicio pueda ser, y de la venida del Señor, pueda ser una motivación para la vida de santidad. Pero eso en la historia de la iglesia no es una sorpresa. Escucha a Juan Calvino explicando por qué yo necesito esa motivación, esta motivación que Pedro me está dando: "Esto ha sido añadido para que los fieles estén siempre velando. Él ahora los sacude de su somnolencia para poder esperar con atención a Cristo en todo momento. De lo contrario, nos volveríamos inactivos y negligentes, como es generalmente el caso." ¿Por qué?, pregunta Calvino ahora. ¿Cuándo es que la carne se entrega a sí misma? Sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo cerca.
Escucha: hasta Juan Calvino, quizás uno de nuestros más grandes teólogos, dice que Dios ha agregado, no solamente en ese versículo, hay múltiples versículos, la venida del Señor y el día del juicio como una motivación para la piedad. Porque lamentablemente, cuando la carne no espera que eso vaya a ocurrir, se entrega a sí misma, se entrega a sus propias pasiones. Y entonces Dios tiene que hacer lo que tiene que hacer.
Después de Génesis 3, cuando el hombre cayó, su mente quedó entenebrecida, su corazón endurecido, la voluntad esclavizada; tú conoces todo eso. Hay una limitación en nosotros de sabiduría, hay una limitación en nosotros de capacidad, hay una limitación en nosotros que nos lleva a distraernos fácilmente con los éxitos del mundo, hasta el punto que nosotros los celebramos tanto, lo gozamos tanto, que no deseamos durante ese tiempo que pudieran terminar. Entonces, el hombre necesita, escucha, múltiples ocasiones y múltiples tipos diferentes de motivaciones para la santidad. Y voy a tratar de probar eso. Y una de ellas es el día del juicio, una de esas motivaciones.
Escucha cómo Pablo trae la misma motivación a través de Tito en el capítulo 2, versículos 11 al 13: "Porque la gracia de Dios se ha manifestado trayendo la salvación a todos los hombres." Excelente, Pablo. Eso es la gracia, es la razón de mi salvación. El versículo 12: "Enseñándonos..." ¿Quién? La gracia. "...que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente." ¿Qué tiene esto que ver con la segunda venida de Cristo? Ya va, muy rápido. El versículo 13: "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús." Que mientras aguardas esa venida, tú vives de acuerdo, Pablo, sobria, justa y piadosamente. Y ¿cómo lo voy a hacer? Negando los deseos mundanos. Y ¿cómo yo hago eso? Capacitado por su gracia. Pero a mí me toca ejercer la responsabilidad para la cual la gracia me ha capacitado.
Por eso el apóstol Pablo escribió a Timoteo y le dice: "Ejercítate para la piedad." Es algo que yo tengo que hacer diariamente, es un ejercicio, es algo consciente, es algo intencional, es algo que yo necesito programar, presupuestar. Timoteo, tienes que entrenarte. Y ese entrenamiento presupone un crecimiento, y ese crecimiento es gradual, y así tú vas creciendo para la piedad.
Pablo le insinúa a Tito y, por tanto, a nosotros, que una de las maneras de vivir sobria, justa y piadosamente es reflexionando acerca de la venida gloriosa de nuestro Salvador. Algunos de nosotros, yo recuerdo, hay de ustedes que estuvieron de edad en la década de los 70 y el principio de los 80, hubo gente que estaba tratando de vivir piadosamente por una razón: Cristo viene pronto. Algunos de ustedes se acuerdan de eso. Había todo un movimiento: "Cristo viene pronto, Cristo viene pronto." Y yo recuerdo la gente tratando de vivir con cierto grado de santidad, que era motivado por esa realidad. Eso como que pasó, pero yo quiero que tú puedas ver en la Palabra de Dios las diferentes motivaciones que Dios nos da para la vida de piedad.
Tú puedes cambiar de carril si tú quieres. Y si te vas al libro de Levítico, en 11:44 y en 20:7, y te vas a la primera carta de Pedro en 1:15-16, Dios dice: "¡Sed santos, porque yo soy santo!" Dios cambió la motivación. Me dice: ¿cuál era una motivación para la santidad? Yo soy santo, mi naturaleza. El hecho de que yo no negocio con el pecado, el hecho de que yo tengo dificultad de relacionarme con el pecado, te llamaría a vivir una vida santa. El hecho de que yo me llamo santo y exijo que todo aquello que se va a relacionar conmigo sea santo es otra razón para tú vivir santamente.
De hecho, en Levítico 19, un solo capítulo, la expresión "Yo soy Jehová tu Dios" aparece 16 veces en un solo capítulo. Jerry Bridges, que murió apenas el año pasado, dice que la repetición de ese nombre, 16 veces en un capítulo en Levítico 19, aparece como un recordatorio de que la obediencia a sus estatutos y a sus leyes debe fluir como resultado de una reverencia y temor del Señor. De manera que en Levítico el carácter justo y santo de nuestro Dios es la motivación para la vida sobria, para la vida de santidad. Y eso está bien, eso es bíblico, pero eso no es todo el consejo de Dios.
En Filipenses 1:27, el estímulo para la santidad es el evangelio: que yo pueda vivir una vida digna del evangelio de Jesucristo. Ahora tengo otra motivación. Y eso está bien y es bíblico, pero no es toda la revelación de Dios. Por eso es que Pablo dice que tú tienes que predicar todo el consejo de Dios. No puedes tomar versículos separados y hacer la teología completa de uno o dos textos, porque yo tengo con relación a la venida del Señor —diferente, o mejor dicho— con relación a mi vida de piedad, diferentes motivaciones, y una es la venida del Señor.
En Juan 14:15, la motivación para la obediencia y la santificación es mi amor por Cristo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos." Ahí yo tengo otra motivación para la vida de piedad.
Cuando te vayas al libro de Hebreos, capítulo 12, versículos 26 al 29, la motivación para la vida de piedad es la venida de Cristo y el juicio final, otra vez. Como te decía, lo dice Pedro, lo dice el autor de Hebreos, lo dice Pablo a Tito, de diferente manera. Escucha cómo el autor de Hebreos lo dice en el capítulo 12, a partir del versículo 26: "Su voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora Él ha prometido diciendo: Aún una vez más, yo haré temblar no solo la tierra sino también el cielo."
En otras palabras, cuando Dios bajó al monte de Sinaí y el monte tembló, Dios hizo temblar la tierra una vez. Y cuando Dios usó la tierra y trajo el diluvio, él hizo temblar la tierra una vez, en el tiempo pasado. Pero otra vez él hará temblar, pero no solo la tierra sino también el cielo.
Versículo 27, y esa expresión "una vez más" indica... ¿Sabes qué es esto? ¿Qué tú quieres decir con que una vez más? Él te va a explicar: indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas —lo que acabamos de hablar a partir de Pedro— a fin de que permanezcan las cosas inconmovibles. Por lo cual, versículo 28: "Puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia." Ahí está mi vida de piedad. ¿Por qué, autor de Hebreos? Porque nuestro Dios es fuego consumidor. Una vez movió la tierra, ahora será el cielo y la tierra. Por tanto, vive vida de gratitud y ofrece a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia, porque nuestro Dios es un fuego consumidor.
De manera que el mismo autor, el Espíritu Santo, que me anima a acercarme a Dios con confianza, es el mismo autor que me recuerda que yo tengo un Dios que, a pesar de que me acerco con confianza, yo necesito saber también que es fuego consumidor. De manera que mi sacrificio puede ser aceptable a dicho Dios. Ese Dios que es fuego consumidor dice a través de Pedro: el cielo y la tierra pasarán con fuego.
¿Y qué tan cierto es que eso va a ocurrir? "El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará." O sea, tú ves el cielo, tú tienes un telescopio y tú miras a todo el universo, y para ti es real. Y si algún día te animaras a tener el dinero o viajar a la luna, y tuvieras todo eso real, yo quiero decir que mi palabra es más real que lo que tú ves, lo que tú experimentas, lo que tú palpas, lo que tú sientes, porque todo eso va a pasar, pero mi palabra no pasará. Así es mi palabra de eterna. Y así será cuando haga temblar la tierra una vez más.
Entonces, si eso es verdad, si creemos que eso es cierto, que eso que se ha anunciado es cierto, que todo será consumido, ¿qué hacemos preocupándonos con lo que tenemos? ¿Qué hacemos acumulando donde el moho y la polilla se comen las cosas? "No, voy a dormir por eso. Yo compro cosas de marca porque la madera la polilla no se la come. Y yo compro cosas de oro porque eso no se corroe." Bien, está bien, no te la van a comer ni te la van a corroer, ¡te la van a quemar cuando todo sea consumido!
¿Y sabes qué nos recuerda este texto? Lo desechable que es este mundo. Cuando tú salgas de aquí, ve y mira tu carro bien: esto es desechable. Y mientras más nuevo es, recuérdalo aún más. Llega a tu casa, mira lo que has comprado últimamente: esto es desechable. Desechable es tu clóset, y por mucha ropa que tengas, es más, mira qué buena, esto es también desechable. Y si es desechable, es primero regalable. Regálalo, compártelo, sé generoso antes que se queme, porque todo eso es desechable.
Dios nos ofrece una gama de motivaciones para la vida de piedad, y una es el día del juicio, el día final. Y lamentablemente esta ha sido ignorada grandemente. Y Dios nos dice, Pedro nos dice, Dios a través de Pedro, que debiéramos vivir santamente y en piedad. Esas dos palabras no son exactamente la misma, aunque son muy parecidas; es como una moneda con dos caras. La santidad tiene que ver con el carácter moral del creyente. Y la piedad, que construye sobre la santidad, es como la santidad puesta en práctica, es como tu deber. Es la forma como yo practico la santidad, y la santidad es el carácter que Dios va moldeando en ti. Si alguien dice que la piedad tiene que ver con la devoción a Dios, por tanto la piedad puede ser definida como devoción en acción, como alguien nos ha dicho. La piedad es devoción en acción.
Sinclair Ferguson escribió un libro recientemente. Creo que todavía no está en español, pero cuando esté, debe ser pronto. Quizás trata de comprarlo y digerirlo en inglés. Se llama *The Whole Christ* y en cierta manera es el mejor libro de santificación que tú puedes leer. Y santificación es el resultado natural de una vida de devoción a mi Dios, en todo su sentido y en toda la expresión de la palabra.
Entonces, básicamente tú puedes ver que no todos los creyentes viven una vida de devoción, no todos los creyentes viven una vida de santidad. Cuando tú lees el libro de Génesis, por ejemplo, cuando llegas a Matusalén, antes de llegar a Matusalén hay seis nombres ahí. Y de esos seis nombres se dice que vivieron un número de años y murieron. Es todo lo que dice. Es como su epitafio: fulano de tal vivió 350 años y murió. Pero luego tú llegas al séptimo nombre, y ese nombre es Enoc. Entonces, de Enoc también se dice que vivió un número de años, pero dice: "Y Enoc caminó con Dios, y Dios se lo llevó." ¿Oyes lo que dice? Enoc caminó con Dios. No es lo mismo. No es lo mismo vivir 70 años que caminar con Dios 70 años. Enoc caminó con Dios y Dios se lo llevó. No cada creyente está caminando con Dios en el sentido en que estamos hablando.
Jerry Bridges otra vez decía: "Yo he conocido a muchos cristianos en Estados Unidos y fuera de Estados Unidos, muy talentosos y muy activos en el ministerio." Escucha: muy talentosos y muy activos en el ministerio. "Pero he conocido a muy pocos cristianos piadosos." Jerry Bridges fue un hombre, un verdadero siervo de Dios, un hombre humilde. Escribió mucho acerca de la piedad y la santidad. Y él dice: "Yo he conocido muchos cristianos dentro y fuera de Estados Unidos, muy activos y talentosos en el ministerio, pero pocos..." Esa palabra a mí me duele: pocos cristianos piadosos. La falta de piedad ha plagado la iglesia del primer siglo. Si tú no me crees, lee 1 Corintios. Es una carta escrita a gente que Pablo le llama a los santos en Corinto. Hermanos, lean Gálatas, cualquiera de las cartas.
La piedad es la práctica de la santidad motivada por tres razones. Lo que Pedro nos está diciendo es que el día del juicio, el día final, el día de su regreso, es una motivación para la vida de piedad y santidad. Yo necesito saber cómo yo hago eso. Yo quiero decir que la piedad es la práctica de la santidad motivada por tres razones. Escucha: el temor del Señor, el amor del Señor y el anhelo por el Señor. El temor del Señor, el amor del Señor y el anhelo por el Señor.
El temor del Señor tiene que ver con ese sentido de reverencia, conociendo que nuestro Dios es santo, conociendo que nuestro Dios es un fuego consumidor, conociendo que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas. Conociendo todo eso, hay un temor reverente. Antes de Dios mostrar su amor en la cruz, él mostró su santidad, su majestad y su gloria en el monte Sinaí. Antes de Dios ir a mostrar su gracia, que recordamos en la cruz, él mostró su santidad. Hizo un cerco alrededor de la montaña que nadie pasara, para descubrir una demarcación entre el hombre y él: su majestad, su santidad y su gloria en el monte Sinaí.
Entonces, la confianza con la que a mí se me invita a acercarme al trono de la gracia y la santidad que a mí me llama al temor reverente deben existir en el interior en tensión todo el tiempo. Ambas son ciertas, pero tienen que vivir en tensión. Y yo necesito esa idea completa de mi Dios para adorarle de la mejor forma posible.
John Murray, el fundador del seminario Westminster, decía: "Lo que adoramos o a quién adoramos determina nuestra conducta." Detente en eso por un momento. Tu conducta y la mía es el reflejo de a quién yo estoy adorando. Un Dios grande, un Dios pequeño, un Dios no santo, un Dios no majestuoso, o todo lo contrario: un Dios que inspira todo eso, y por eso yo me comporto de la manera que me comporto. Cuando tú vas a un palacio presidencial y te comportas adecuadamente, es ese reflejo de que tú aprecias, de que hay algo ahí que te da un cierto sentido de protocolo y de honra que se requiere. De esa misma manera, cuando tú ves a Dios por lo que es, eso determina nuestra conducta. Lo que adoramos o a quién adoramos determina nuestra conducta.
La razón por la que Dios va a hacer lo que Pedro dice que va a hacer, la destrucción, es una sola. De ahí el llamado a la piedad y a la santidad es una sola: la presencia de pecado. Si Dios hubiese construido, creado el cielo y la tierra como lo hizo, y Adán y Eva no pecan, no habría razón para la destrucción. Es la presencia de pecado que ha creado un mundo en descomposición, en una espiral descendente, que requiere ahora que sea destruido y que las cosas comiencen otra vez. Entonces, en la medida en que yo entiendo la gravedad de esas cosas, yo soy movido a la vida de santidad y de piedad en lo que yo espero por el Señor. La destrucción de que habla Pedro es motivada por un mundo en decadencia moral y un mundo en decadencia física.
Entonces, recuerda que yo mencionaba que había tres motivadores para la vida piadosa. Uno: el temor reverente a nuestro Dios. Segundo: el amor por Dios y el amor de Dios. El amor de Dios nos constriñe, dice el apóstol Pablo. El amor de Cristo nos constriñe, me empuja, me lleva en una dirección. Pero también Cristo dijo: "Si me amas, obedece mis mandamientos."
Y ahora tú pudieras decirme: "Bueno, en el texto de hoy, ¿dónde está el amor de Dios? Porque yo puedo ver el temor reverente en vista de que Pedro me recuerda que hay un juicio que viene, que el cielo y la tierra serán destruidos. Yo tengo que recordar eso, y que en vista de eso yo debo vivir piadosamente. Pero ¿dónde veo en el texto de hoy el hecho de que el amor de Dios debe ser una motivación para mi devoción?"
Versículo 13: "Pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra." Escucha: el impío espera destrucción del cielo y la tierra, y el creyente espera un nuevo cielo y una nueva tierra. Ese es el amor de Dios, y eso debe motivarme a mí a vivir piadosamente. O sea, mientras tú destruyes el cielo y la tierra, tú me das uno nuevo y una nueva. ¡Eso es extraordinario!
Eso es lo que Pablo está, perdón, lo que Pedro está tratando de ayudarme a entender. Entonces el temor de Dios, el amor de Dios y el anhelo por Dios. ¿Y dónde usted ve ese anhelo en el texto de hoy? El texto de hoy, versículo 14: "Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia" —subraya eso— "ser hallados por él en paz, sin mancha e irreprensibles." Ahí está la santidad y la piedad.
Entonces mira dónde se ve el anhelo por el Señor: "puesto que aguardáis estas cosas." La palabra "aguardáis" en el original significa esperar con cierto sentido de expectativa, de cierta pasión, con anticipación y deseo. Ahí está el anhelo. Puesto que aguardáis así, con anhelo, con deseo, la venida del Señor, procura con diligencia. ¿Qué es lo que voy a procurar con diligencia? No solamente estar en paz, sino estar sin mancha e irreprensible. Ahí está la vida de piedad.
En vista de que tú tienes una pasión porque Cristo venga, no puede ser que tú tengas una pasión porque él llegue esta noche y al mismo tiempo vivas una vida descuidada. Puesto que tú tienes pasión y lo aguardas así, entonces que ese anhelo te motive a que el Señor te encuentre sin mancha y de forma irreprensible.
Dijimos al principio que los falsos maestros venían y vivían y se estaban dando a los placeres de la carne. Eran gente que se daba a los placeres de la carne; aquellos que eran burladores sarcásticos, el texto dice que también se daban a los placeres de la carne. La piedad debe ser el distintivo entre el que no conoce a Dios y el que ha conocido a Dios, con diferentes motivaciones para la vida de piedad, pero debe ser un distintivo. Y entonces eso debe llevar a una vida de devoción.
William Law definía la devoción de esta manera: "La devoción es una vida entregada a Dios." Subraya la palabra "entregada." Fíjate que el texto no dice —voy a seguir leyendo la cita— pero no dice "la devoción es una vida de creer en Dios." No dice "la devoción es una vida incluso de caminar con Dios." No, es una vida que se ha entregado a Dios: ha entregado su mente, sus planes, sus deseos, sus propósitos, sus finanzas, sus profesiones, sus posiciones. Lo ha entregado todo, sus deseos, incluyendo aquello que yo no he podido realizar, que yo quisiera realizar y que quizás no voy a realizar porque Cristo vendría antes de eso.
"Un hombre devoto o piadoso no vive para hacer su voluntad o de acuerdo al espíritu del mundo, sino que ese hombre vive solamente para la voluntad de Dios. Es aquel que considera a Dios en todas las cosas, que le sirve a Dios en todas las cosas. Es aquel que convierte todas las partes de su vida común en parte de su piedad, al hacerlo todo en nombre de Dios y bajo sus ordenanzas, en la medida que estas se conforman a su gloria."
¿Escuchaste eso? Un hombre piadoso es aquel que considera a Dios en todas las cosas, que le sirve a Dios en todas las cosas. Dios no es la parte o la persona más importante de su vida; Dios es su vida. Dios no ha sido agregado a mi vida; Dios es mi vida. Y el resto es agregado a eso que es Dios en mí. Esa es la manera de verlo: en todas las cosas.
Ahí yo daba testimonio a un paciente que estaba viendo y le decía, hablando un poco de cómo la concepción del cristiano debe ser, y yo le decía al lado de su cama: "Si es cristiano, lo que yo estoy haciendo ahora no es menos santo que lo que yo voy a hacer mañana en el púlpito. Porque el Dios que vive en mí cuando yo estoy en el púlpito es el Dios que vive en mí cuando yo te estoy tratando. Y la razón número uno para estar en el púlpito es glorificar a Dios; la razón número uno para estar aquí al lado de esta cama es glorificar a Dios. En el púlpito predicando la Palabra y al lado de una cama tratando un paciente, es la misma cosa, es sagrado para Dios." Él abrió los ojos así en grande. Esa es como una vida entregada a Dios debe lucir.
La piedad entonces permea toda tu vida, permea tus pensamientos. Y tú sabes qué más permea: tus redes sociales. Hay redes sociales que tú quisieras cerrarlas, pero se supone que la piedad no es un uniforme, debe permear desde tus pensamientos. Les estoy dejando cosas para el 2018. Entonces, ¿en qué es lo que voy a pensar? Dios nos dice que yo debo pensar en todo lo verdadero, en todo lo digno, todo lo justo. Ustedes saben qué deben pensar: en todo lo puro —mira tus redes sociales, ve si es puro—, en todo lo amable, en todo lo honorable, en aquello que tiene alguna virtud o aquello que merece elogio. En eso, meditad. Eso es lo que tengo que pensar.
Así es que yo debo esperar a Cristo. Si él viene esta noche, él debe encontrarme en reflexión, caminando, trabajando, sí, pero en reflexión sobre cosas verdaderas.
Y hermano, entonces cuando tú dices a manera... porque algunos quizás están pensando: "Bueno, qué está pesado." No es lo que yo estoy hablando. No es pesado para la persona que quiere hacer la voluntad de Dios, para la persona que quiere vivir en santidad. Esto es como: "¡Wow, qué bueno! Este pan, ahora estoy conociendo mejor cómo yo puedo vivir en santidad." No es pesado; eso le pesa a la carne, no al espíritu regenerado. La carne es que quiere hacer lo que quiere hacer. El espíritu quiere complacer a su Dios. En mi interior yo me deleito en la ley de Dios, pero en mi carne, en mis miembros, hay otra ley que hace lucha, que batalla contra mí. Sí, pero eso es lo que tú tienes que poner a un lado, eso es lo que tú tienes que negarte, para tú poder darle rienda suelta a los deseos de Dios. Y eso entonces no es pesado.
Dios nos ha hecho tantas promesas, nos ha dejado tantas formas de animarnos. Y yo quisiera cerrar en Apocalipsis porque ya el tiempo se fue. Necesito hacer esto. Apocalipsis 22, con una porción del texto solamente, para que tú puedas ver cómo Dios sigue pensando. Primero, qué quiere que yo piense para que me anime, y luego lo que yo debo continuar haciendo hasta que él llegue.
En el versículo 3: "Ya no habrá más maldición, y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán. Ellos verán su rostro y su nombre estará en sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos." No hay más noche, hay luz. ¿De dónde viene? Dios mismo será nuestra luz.
Y me dijo: "Estas palabras, para que no se me olvide, son fieles y verdaderas." Qué regalo. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas —el mismo Señor de los profetas del Antiguo Testamento—, el Señor de los espíritus de los profetas envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que pronto han de suceder. "Y he aquí, yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro."
Versículo 10: "También me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca." ¿Qué escuchaste? Está cerca. Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga guardándose santo.
Porque, próximo versículo, el 12: "Y he aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin." El Alfa y la Omega, el principio, el fin, el que lo ha creado todo, el que lo ha de rehacer todo, el que te dio vida nueva.
Tú tienes un llamado a vivir considerando las cosas de arriba, no las de aquí abajo, considerando las cosas que no se ven en vez de las cosas que se ven, anhelando las cosas que verdaderamente tienen valor, no las cosas materiales que poseemos, esperando en sus promesas. Y que entonces, mientras tú esperas, tú puedas vivir diciendo: "A él sea la gloria y el honor y el poder, la sabiduría y la fortaleza, por los siglos de los siglos. Amén."
A Dios la gloria. A nuestro Dios, en espera del gran Cordero Redentor. Él volverá. ¿Lo crees? ¿Lo crees? ¿Lo quieres cantar? Vamos a cantarlo. El Señor volverá, él está de camino. Créelo. Él ha retardado su regreso por su gracia, misericordia, por su gran amor de ver gente arrepentida. No lo vuelvas a juzgar; celebra su gracia y su misericordia. Pero él volverá.