Integridad y Sabiduria
Sermones

Esperando en el Señor

Miguel Núñez 26 marzo, 2017

Caminar con Dios requiere aprender a esperar, y esa lección resulta especialmente difícil para una generación acostumbrada a lo instantáneo. Jesús ordenó a sus discípulos que permanecieran en Jerusalén hasta recibir la promesa del Padre: el Espíritu Santo. No podían salir a evangelizar sin ese poder de lo alto. Abraham esperó veinticinco años por el hijo prometido; Noé construyó el arca durante ciento veinte años antes de ver la primera gota de lluvia; y la humanidad aguardó cuatro mil años desde el anuncio de Génesis 3:15 hasta la llegada del Mesías. La mayoría de nuestros errores y fracasos ocurren porque actuamos fuera del tiempo de Dios, como Saúl, que perdió su reino por no esperar unos minutos más a Samuel.

Los discípulos seguían pensando en términos terrenales cuando preguntaron si Jesús restauraría el reino a Israel. Cristo no respondió directamente, sino que redirigió su mirada hacia arriba: recibirían poder cuando el Espíritu viniera sobre ellos y serían testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra. La evangelización del mundo no depende de estrategias humanas sino del Espíritu que convence de pecado, guía a toda verdad y glorifica al Hijo.

La iglesia primitiva abrazó este llamado con tal pasión que, en menos de doscientos años, Tertuliano pudo escribir a los romanos que los cristianos habían llenado ciudades, islas, palacios y el senado. Hoy, 2.800 millones de personas viven en regiones donde nunca se ha predicado a Cristo. Por lo menos, eso debiera dolernos. Porque si duele, algo haremos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a abrir la Palabra de Dios en el libro de los Hechos! Por los próximos tres años sigo abriendo el libro de los Hechos, más o menos. Capítulo 1, variarán los capítulos, continuará el libro. Este texto continúa justo donde terminamos el anterior.

Este recorrido, hablamos la semana pasada acerca del tema sobre el cual Cristo estuvo hablando a los apóstoles por espacio de cuarenta días después de su muerte y resurrección, pero antes de su ascenso. Un solo tema: el reino de los cielos. Y de eso nos habla Lucas en el capítulo 1, versículo 3. Un reino que ellos necesitaban entender como una realidad espiritual y no tanto terrenal como en ese momento esperaban. Eventualmente será un reino que vendrá y se establecerá sobre la tierra, pero en el momento en que vivían era una realidad espiritual, igual que en el momento actual.

Un reino que ha avanzado y avanza con poder, pero es un poder de lo alto, no es un poder político. Es un reino que, como vimos, comienza en el corazón de cada creyente, pero desde el corazón se extiende una persona a la vez a lo largo de los continentes de nuestro planeta. Y es un reino que avanza según el cronograma de Dios y no el calendario de los hombres.

Y tú puedes ver mucho de eso en el texto de hoy, de manera que si lo tienes ahí, léelo conmigo comenzando en el versículo 4, capítulo 1, hasta el 8: "Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. Entonces los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y él les dijo: No corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad. Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra."

Este texto formó parte de las conversaciones. Entonces, Jesús estuvo por casi seis semanas con ellos, y nosotros ahora vamos a conversar con él.

Padre, gracias. Jesús, gracias. Espíritu de Dios, gracias. Te pedimos que este texto inspirado por el Espíritu, para la gloria de tu nombre, sirva para edificación de tu iglesia, para el fortalecimiento de la misma, para la expansión de tu reino, y que nos ayude a salir de nuestras zonas de comodidad y ser testigos de la misma manera que la iglesia primitiva supo ser testigo de la obra, de la vida, de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesús. Danos lo que no tenemos para comprender lo que debemos y hacer lo que se nos ha ordenado, en Cristo Jesús.

El texto que leí está íntimamente relacionado al reino de Dios y lo entendemos correctamente cuando vemos cómo este se expande. Una vez más, yo quiero enfatizar, no lo voy a hacer en cada mensaje, pero lo haré hoy quizás por última vez: si tú no conoces nada o conoces poco de la fe cristiana, esta serie es para ti, porque aquí comienza la iglesia. Tú vas a aprender cómo la iglesia nace, cómo se expande, lo que se requirió. Tú vas a aprender cómo esta gente vivió, quiénes fueron, gente sencilla, quizás gente como tú y como yo.

Pero si tú has estado mucho tiempo en la fe cristiana, muchos años en lo que es la fe cristiana, quizás por igual esta serie también es para ti, porque a lo largo de toda la serie tú vas a descubrir el rol que el Espíritu Santo juega hoy en día de una manera extraordinaria en lo que es la vida de la iglesia. En algunos círculos, como ya has escuchado, el rol del Espíritu Santo ha sido abusado y toda clase de desórdenes han sido atribuidos a la obra del Espíritu Santo, con lo cual yo entiendo que él ha sido ofendido.

Pero por otro lado, en el otro extremo, hay otro grupo de hermanos o de iglesias que ha ignorado por completo la obra del Espíritu Santo, de tal forma que el rol del ministerio del mismo ni siquiera se enseña como parte de lo que es la trama curricular para formar a un discípulo. Y nosotros necesitamos entonces recobrar el balance, y a lo largo del libro de los Hechos poder ver el rol extraordinario que tanto el Padre como el Hijo le asignaron al Espíritu para esta época. La evangelización del mundo está bajo la dirección del Espíritu de Dios, pero bajo la soberanía y el señorío de nuestro Señor Jesucristo.

Los discípulos estaban aprendiendo todavía y siguieron aprendiendo en la medida en que hacían ministerio, y nosotros necesitamos aprender tanto como ellos o quizás mucho más que ellos. Yo quisiera ver algunas de las enseñanzas que se desprenden de manera natural y otras de manera aplicativa del texto que nosotros acabamos de leer.

Y la primera enseñanza que yo quiero traer a partir de la observación de este texto se encuentra en el versículo 4, y es esta: si tú quieres caminar con Dios, tú tienes que saber o tienes que aprender a esperar. Versículo 4: "Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre."

En una de las múltiples ocasiones cuando Jesús se reunió con ellos, Jesús les ordenó, no les sugirió, les mandó a esperar. Y les mandó a esperar no de manera general, sino de manera específica, en Jerusalén. Jerusalén era la capital, si tú quieres, de Israel. Jerusalén era el lugar donde se encontraba el templo, el centro de la vida religiosa. Jerusalén fue la ciudad donde Cristo fue crucificado. Jerusalén fue la ciudad donde Cristo resucitó. Jerusalén era el corazón, representaba el corazón del judaísmo. Y por ahora, en esa fase todavía de transición, Jerusalén seguía siendo un lugar importante. Cristo les ordenó que permanecieran en Jerusalén.

La pregunta entonces sería: ¿cuánto tiempo, hasta cuándo, con qué propósito? Y el texto mismo nos dice: hasta que llegue aquello que el Padre ha prometido. Y esa promesa que el Padre hizo no fue otra cosa que la venida del Espíritu Santo.

Recuerda que hablamos extensamente de que Lucas es el autor tanto del Evangelio que lleva su nombre como del libro de los Hechos, y que la mayoría de los académicos concuerda que esta es una historia en dos volúmenes, escrita por un mismo autor. El primer volumen tiene que ver con la vida y ministerio del Señor Jesucristo empoderado por el Espíritu Santo. El segundo volumen tiene que ver con el ministerio de los apóstoles empoderados por el mismo Espíritu Santo.

Y es importante recordar esos detalles porque nosotros vamos a encontrar grandes congruencias con el final de la primera historia, el final del primer volumen, y el comienzo de la segunda historia o el comienzo del segundo volumen. De hecho, en la primera historia, al final, tú encuentras a Lucas relatando la enseñanza de que los discípulos esperaran en Jerusalén por la llegada del Espíritu Santo.

Escucha cómo Lucas lo escribe en su primer volumen, Lucas 24:49, del Evangelio que lleva su nombre: "Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros permaneced en la ciudad," esa es Jerusalén, "hasta que seáis investidos con poder de lo alto."

Cuando tú revisas el texto completo de Lucas 24, tú descubres que Jesús les dijo eso comiendo con ellos. Él se les apareció, creían que era un fantasma, él enseña sus heridas, y para convencerlos decidió comer con ellos, les dice: dame un pedazo de pan. Y en ese contexto, de compartir una comida, Jesús les ordena esperar en Jerusalén hasta que llegara la promesa del Padre.

Cuando Lucas se propone escribir el libro de los Hechos, o el segundo volumen de su historia, él los conecta: el final de la primera con el principio del segundo volumen. Y escucha cómo él dice la misma cosa en el texto de hoy: "Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí." Claro, cuando estábamos comiendo. "Pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días."

Ahora Lucas nos da un poco más de información. Jesús, antes de ascender, les informó con detalle acerca del ministerio de la tercera persona de la Trinidad, porque las cosas no serían iguales. Cristo no estaría con ellos, las demandas serían múltiples, los desafíos serían enormes, las amenazas y las persecuciones aumentarían y serían mayores en magnitud, de manera que ellos necesitaban de algo especial para poder hacer un ministerio que estaba más allá de sus capacidades. Necesitaban una investidura especial o una cobertura real de parte de Dios. No la cobertura falsa e irreal que ofrecen falsos maestros y falsos apóstoles hoy en día, cuando hablan de que "yo te ofrezco y te doy mi cobertura." Nadie puede cubrir a nadie que no sea Dios. Y eso es lo que él está ofreciendo cuando dice: cuando el Espíritu venga, serán investidos con el Espíritu. Pero tendrán que esperar por el Espíritu.

A manera de aplicación, e inmediatamente voy aplicando, vamos a exponer el texto y aplicar el texto. Yo quisiera que nosotros pudiéramos pensar un poco en cómo somos. Enseñanza número uno es que si tú quieres caminar con Dios, tienes que aprender a esperar. Nosotros quisiéramos que las cosas ocurrieran ahora mismo y como nosotros las concebimos.

Y si la enseñanza de esperar era importante para ellos, es mucho más importante hoy en día en esta generación instantánea, donde el microondas, los celulares, el Facebook, Twitter, Instagram y todo lo demás, nos han convencido... internet de como cien megas, no es el dial-up que teníamos antes, pero esta cosa súper rápida nos ha convencido de que todo tiene que ser adquirido ya, de que si esperas un minuto esto está demasiado lento, y todo lo que ocurre es para ser publicado instantáneamente para que el mundo entero sepa de mi ministerio. A lo largo de toda la historia, si hay algo que el ser humano no sabe hacer es esperar, y si hay algo que Dios sabe hacer perfectamente con cada uno de nosotros es ponernos a esperar.

Dios se deleita en hacernos esperar, no porque se deleita en lo que yo sufro en la espera, sino porque Dios entiende y disfruta lo que yo tengo que aprender en la espera, que no lo podría aprender de ninguna otra manera. Yo no sé si te has fijado en el registro bíblico, pero este es el Dios que le dice a Abraham y Sara que van a tener un hijo cuando ya no estaban buscando eso. "Abraham, vas a tener un hijo". Cinco años y el hijo no llega, diez años y no llega, doce, trece años. "Abraham, este hijo no va a llegar. Mira mi sierva ahí, yo creo que debo tener un hijo con ella para que tengas descendencia". Imagínate, decirle a su esposa... Su esposa le está dando permiso para que tenga a otra persona. Él pensó: "Esto tenía que ser de Dios, seguro". Ellos tomaron un atajo y el hijo de la promesa llegó veinticinco años después.

Y Dios le pide a Abraham que le sacrifique un hijo a los dos o tres años, de manera que entre la promesa y el Abraham que ya estaba listo para sacrificar un hijo, pasaron treinta y siete años, porque ese hombre había que formarlo. Ese hombre no estaba listo para entregar a un hijo. Dios le dice a Noé: "Hay que fabricar un arca porque va a llover". Cuando meteorología dice "hoy va a llover", nosotros pensamos que dentro de una o dos horas va a llover y tú sacas la sombrilla. Ahora, si lo viste en el celular, piensas que ya está casi lloviendo, porque es así. Y Noé comienza a construir su arca: diez años, quince, veinte, cincuenta, ochenta, noventa, cien, ciento diez, ciento diecinueve... A los ciento veinte años, yo me hubiese olvidado del arca y del diluvio. Y Dios anuncia en Génesis 3:15 a Jesucristo, y Jesucristo se aparece cuatro mil años después. Dios vive fuera del tiempo y del espacio. Si queremos caminar con Dios, tenemos que aprender a esperar.

La mayoría de nuestros errores, fracasos y tropiezos ocurren porque actuamos fuera del tiempo de Dios. Sara actuó fuera del tiempo de Dios, tuvieron un hijo Ismael, y desde que nació comenzaron los problemas y las consecuencias. Moisés actuó fuera del tiempo de Dios, terminó matando un egipcio, tuvo que huir al desierto y pasar cuarenta años alejado. El rey Saúl quería ofrecer sacrificio para ir a la guerra y garantizar su triunfo. Así pensaba. Estaba esperando por Samuel para ofrecer el sacrificio; él no estaba autorizado. Samuel espera, no llega por siete días, él se desespera, él ofrece el sacrificio, y el texto dice que inmediatamente él ofreció el sacrificio, inmediatamente después —yo estimo minutos— se apareció Samuel. Y en una sola acción, Saúl perdió su reino por no haber esperado minutos más.

Si tú quieres caminar con Dios, tú tienes que aprender a esperar, y yo también. Esperar el tiempo de Dios es vital. Y a lo largo de toda la Biblia tú ves al pueblo de Dios no sabiendo esperar y cosechando consecuencias. A los discípulos comenzaron a ser enseñados en esta dirección: "La promesa del Espíritu, la promesa del Padre, tienen que esperar en Jerusalén, la cual oísteis de mí, pues Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días". Eso es esperar.

Enseñanza número uno. Enseñanza número dos: Dios cumple lo que promete. Jesús les pidió que esperaran por una promesa que el Padre había hecho. Como Dios es fiel, Dios va a cumplir sus promesas. Dios no simplemente es un Dios de promesas; Dios es un Dios de cumplimiento. Algunos de nosotros hemos hecho promesas y haremos promesas. Cada vez que tú y yo hacemos una promesa, esa promesa es una posibilidad, pero cuando Dios hace una promesa, esa promesa es una realidad, porque las promesas de Dios están ancladas en su carácter. Y dudar de las promesas de Dios es dudar de su carácter, es dudar de quién es Él, es dudar de la fidelidad de Dios.

Y aquí está la promesa del Padre por la que debían esperar. Una promesa que fue anunciada incluso antes de que Cristo comenzara a ministrar. Cristo no había bajado del cielo, Cristo no había sido bautizado, y la promesa del Espíritu en un tiempo futuro ya había sido anunciada por Juan el Bautista. Tú lo escuchas en Mateo 3:11, Lucas 3:16, y lo dicen básicamente de la misma manera: "Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento —dice Juan—, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitar las sandalias. Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

Juan vino bautizando con agua. El agua era simbólica de la limpieza de pecados. La gente venía a Juan, Juan los bautizaba, ellos se arrepentían, pero el Espíritu Santo no descendía y venía a morar con ellos. De hecho, más adelante en el libro de los Hechos nosotros nos vamos a encontrar con gente que había conocido el bautismo de Juan, pero no había conocido ningún otro bautismo, y hubo que presentarles el otro bautismo que vino después, que fue el bautismo del Espíritu, por medio del cual nosotros nacemos de nuevo. No es el bautismo de hablar en lenguas; es el bautismo por medio del cual nosotros nacemos de nuevo. De ese bautismo habló Juan, de ese bautismo hablaba Cristo al final de sus días, y ese es el bautismo que ellos tenían que esperar para poder comenzar la satisfacción de la Gran Comisión, poder comenzar a evangelizar y ser testigos de la vida, muerte y resurrección del Señor Jesucristo.

Pero nosotros podemos empujar eso todavía más atrás y encontrarás que el anuncio de la venida del Espíritu Santo sobre el pueblo de Dios se hizo en el Antiguo Testamento, cientos de años antes de que abriera el Nuevo Testamento. Tú lo encuentras en Joel 2:28-32, tú lo encuentras en Isaías 44:3 y tú lo encuentras en Isaías 32:15. Déjame leerte una porción de Isaías 32:15 solamente: "Hasta que se derrame sobre nosotros el Espíritu desde lo alto".

Tú encuentras el anuncio hecho desde la antigüedad. El testimonio, el ministerio del Espíritu comienza en el libro de Génesis, al inicio de la revelación de Dios, cuando dice que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Está a lo largo de todo el Antiguo Testamento, está anunciada su venida, está anunciada por los profetas, fue anunciada por Juan el Bautista, fue enseñada por Jesucristo, y ahora ellos fueron instruidos en esperar hasta que llegara la promesa.

La noche anterior a la muerte de Cristo, el Señor Jesús consideró el ministerio del Espíritu que ahora ellos tenían que esperar tan vital, que Él dedicó tiempo a conversar con sus discípulos. En Juan 14 y en Juan 16 aparecen algunas de las cosas que Él les enseñó y que vale la pena que nosotros nos detengamos a verlas, porque están directamente relacionadas a la razón por la cual ellos tenían que esperar a que esto llegara.

Escucha lo que Juan 14 dice en los versículos 16 y 17: "Yo rogaré al Padre —dice Jesús— y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre, es decir, el Espíritu de Verdad". Otro Consolador. La palabra "otro" ahí en el original implica otro de la misma categoría, la misma esencia, el mismo rango, si tú quieres. Ese es el que viene. Pero ese también es llamado el Espíritu de Verdad, y si hay algo que los discípulos necesitaban era poder conocer la verdad, poder profundizar la verdad, escudriñar la verdad, discernir la verdad, evitar el error a la hora de hacer el ministerio. Ellos tenían que esperar por el Espíritu de Dios, que no es otro que el Espíritu de Verdad.

Seguimos más adelante en Juan 16, todavía en el aposento alto, todavía ahora antes de morir, y Cristo les dice en los versículos 7 y 8 de Juan 16: "Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros". Yo creo que tanto ellos como nosotros pensaríamos: "Mejor que tú te quedes con nosotros". Y Jesús dice: "No, a ustedes no les conviene que yo me quede con ustedes. A ustedes les conviene que yo me vaya, porque hasta que yo no me vaya, el Consolador no viene".

Y si tú piensas por un momento, cuando Cristo estuvo aquí en la tierra, Cristo estuvo ministrando, entrenando, formando a los discípulos desde afuera. Pero cuando el Consolador llegó, el Consolador comenzó a formar a los discípulos desde adentro. Y si tú piensas en un mánager o un coach de fútbol o algo similar, o de baloncesto, ¿qué tú prefieres? ¿Alguien que está afuera de ti dándote instrucciones, o alguien que puede venir y penetrar el interior de tu ser y desde adentro enseñarte a hacer las cosas como debes hacerlas?

Cristo les dice: "No, a ustedes les conviene que yo me vaya, pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga..." Tienen que esperar. "Y cuando Él venga, Él convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio". Diríamos: aquí vemos por qué no podían salir a evangelizar, porque quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio es el Espíritu. Cuando ustedes comiencen a predicar, no tendrán poder de convencimiento. Ustedes necesitan esperar por algo sobrenatural, porque el convencimiento de los hombres es algo también sobrenatural. Y lo que van a esperar es el Espíritu de Verdad. No podrían salir a predicar. Ve la importancia del ministerio del Espíritu.

Y algo más en Juan. Cristo enseñó esa noche muchas cosas. Me imagino lo que no está registrado acerca del ministerio del Espíritu. Versículos 13 y 14: "Pero cuando Él, el Espíritu de Verdad —ahí está su nombre otra vez— venga, os guiará a toda verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir. Él me glorificará". Escucha: "Él me glorificará, porque tomará de lo mío —dice Jesús— y os lo hará saber".

Ahí está la obra del Espíritu Santo claramente definida. El Espíritu de Verdad, Él nos va a guiar a toda verdad. Cuando estudies y escudriñes la Palabra, Él ilumina lo que estás leyendo. Él te ayuda a discernir la verdad del error. Él te ilumina cuando escuchas un falso maestro versus un verdadero maestro para que puedas discernir. Pero si hay algo que el Espíritu viene a hacer es a glorificar al Hijo. No puedes opacar al Hijo, no puedes poner al Hijo en un segundo plano, porque el Espíritu que mora en ti tiene el deseo de glorificar precisamente al Hijo. Esa es su función: Él va a tomar de lo mío y me va a glorificar.

El libro de los Hechos puede ser definido como el libro de los hechos del Espíritu Santo a través de los apóstoles para la gloria del Hijo. Yo creo que eso define cómo las cosas son. Menciono todo esto porque, a partir de este momento del texto donde nosotros estamos hasta el resto del libro, lo que tú y yo vamos a ver es el Espíritu Santo empoderando las iglesias y creyentes para la obra para la cual ellos fueron llamados.

Enseñanza número uno: si quieres caminar con Dios, tienes que aprender a esperar. Enseñanza número dos: Dios cumple lo que promete. Enseñanza número tres ahora: el reino de Dios no está restringido, no se limita a Israel, y tiene un programa y calendario que escapa a nuestra comprensión.

Versículos 6 y 7: "Entonces los que estaban reunidos le preguntaban diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? Y él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad."

El pueblo judío conoció la historia, conoció del apogeo del reino bajo David, bajo Salomón posteriormente, y conoció lo bajo que habían caído. Y había un interés marcado en saber si de alguna manera Jesús, ahora resucitado, él que había sido esperado por cientos de años, iba a devolverle a Israel el apogeo que yo creo que Israel había tenido. Y esa es la pregunta que ellos están haciendo, y Jesús no les contesta la pregunta. Más bien les enseña a pensar más espiritualmente, y por tanto esa es la respuesta: "Y él les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad."

Nosotros tenemos que aprender a pensar más espiritualmente, más en términos de la eternidad y menos terrenalmente, si nosotros queremos entender mejor lo que Dios está haciendo. La mayoría de las veces que los discípulos no podían entender las cosas era precisamente porque estaban pensando de manera terrenal; eran tardos para entender. Y la razón es que cada vez que la Biblia habla, la Biblia apunta hacia arriba. Cada vez que nosotros hablamos, nosotros tendemos a apuntar hacia nosotros, y si no, hacia nuestros iguales. Y por tanto nosotros no podemos entender lo que la Biblia dice porque está hablando hacia arriba y nosotros estamos hablando hacia abajo.

Para tú y yo poder entender lo que Dios está quizás queriendo hacer en mi vida, en nuestra vida, en la iglesia, yo tengo que pensar más en términos de la eternidad. Como José en el Antiguo Testamento, cuando lo vendieron como esclavo, él no está pensando en términos de cuánto él sufrió, él no está pensando en términos de la injusticia que se cometió contra él. Él está pensando que hay gente que se va a salvar y que lo que ha ocurrido ahora contará para siempre. Y por tanto él perdonó a sus hermanos; les dice: "No se preocupen, que ustedes lo quisieron para mal, pero mi Dios lo quiso para bien."

La historia redentora y la historia de tu vida tienen un calendario con años que no tienen doce meses ni tienen 365 días, y días que no tienen 24 horas. De manera simbólica, la Palabra de Dios nos dice que para Dios mil años son como un día, y mil años como un día. Cristo le dice a la iglesia primitiva: "Me voy, yo regreso, espérenme", y pasan dos mil años y no acaba de regresar. Los creyentes en Tesalónica dejaron de trabajar, algunos de ellos, para esperar, porque Jesús estaba a la vuelta de la esquina. Dos mil años después él no se aparece, porque su calendario está relacionado a la eternidad y no al nuestro.

Jesús les enseñó que a ellos no les correspondía indagar cosas que Dios no había revelado. Eso hay que aplicarlo a nosotros, porque muchas veces nosotros queremos conocer cosas no reveladas cuando todavía ni siquiera conocemos las reveladas. Con mucha frecuencia yo recibo preguntas de cosas no reveladas. Y no podemos ir a la predestinación; cada vez que estamos en la predestinación preguntan que por qué entonces Dios eligió y predestinó de esa manera. Y yo tiendo a decir muchas veces: "Esa es la pregunta más sencilla que yo escucho, con la respuesta más sencilla: yo no sé."

Pero no entendemos ni siquiera lo revelado acerca de la elección de Dios. Si queremos saber lo no revelado y rechazamos lo revelado, no entendemos lo no revelado. Nosotros queremos sueños, pero nosotros ni siquiera nos preocupamos de cuando estamos despiertos escudriñar y leer la Biblia, pero queremos sueños. Queremos visiones sobrenaturales cuando ni siquiera estamos percibiendo ni estamos tratando de entender lo que está delante de mis ojos, que Dios está haciendo en mi vida, en mi familia, en mi iglesia, en mi entorno. Los apóstoles, que eran lo que eran, no tenían todo el entendimiento de lo revelado, pero querían algunas cosas no reveladas.

Enseñanza número cuatro: la evangelización del mundo requiere del poder, el equipamiento y la sabiduría del Espíritu de Dios. La evangelización del mundo requiere del poder, el equipamiento y la sabiduría del Espíritu de Dios.

Escucha el versículo 8: "Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra."

Los discípulos le hicieron una pregunta: "¿Tú vas a establecer el reino de Dios ahora?" Y Cristo no les responde, pero cuando responde les pone un "pero". Es como: "Ustedes no necesitan conocer eso, pero esto sí: van a recibir poder." Este versículo algunos lo consideran el tema del resto del libro de los Hechos, porque de aquí en adelante lo que vamos a ver es el cumplimiento de lo que ese texto dice: la expansión cronológica y organizada de la fe cristiana, tal cual está ahí expresada.

No sé si recordarán que en el primer mensaje hablamos de que tú puedes analizar la historia en el libro de los Hechos y ver cómo la iglesia se expandió en seis fases. Yo no tengo todo el tiempo ahora, pero te las voy a resumir de la manera más breve posible. Primero, Hechos 6:7: "Y la palabra de Dios crecía." Unos eventos que ocurren antes y concluye con "la palabra de Dios crecía" en 6:7. Segundo, Hechos 9:31: "Entretanto la iglesia seguía creciendo." Ocurren algunas cosas y cierra ahora la próxima etapa. Tercero, Hechos 12:24: "Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba." Cuarta etapa, Hechos 16:5: "Así que las iglesias diariamente crecían en número." Quinta, Hechos 19:20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor." Y finalmente, al final, Hechos 28, versículos 30 y 31: "Y Pablo se quedó por dos años predicando el reino de Dios, enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad y sin estorbo."

Esta es una manera de ver el desarrollo detallado. O pudiéramos graficar el desarrollo del libro de los Hechos en círculos concéntricos que tienen que ver con el versículo 8 que leímos. El primer círculo es la evangelización alrededor de Jerusalén, del capítulo 1 al 7. Capítulo 8 al 12, más o menos de manera generalizada, la evangelización de Judea y Samaria: segundo círculo concéntrico. Y el tercer círculo, del 13 en adelante, la evangelización de los gentiles, llegando la palabra de Dios hasta Roma. La iglesia de Jerusalén fue el centro en la primera parte, los primeros quince años. La iglesia de Antioquía fue el centro en la segunda parte, los segundos quince años, a partir del capítulo 13, donde Pablo sale en todos sus viajes misioneros. Eso es más o menos cómo tú pudieras visualizar el desarrollo de los Hechos.

Los discípulos realmente querían saber si el reino se iba a establecer ahora. Jesús no contesta; les responde con este "pero", y ellos recibieron poder. Hoy en día muchos quisieran recibir ese poder, muchos afirman haber recibido dicho poder, pero el poder que ellos afirman haber recibido es primordialmente para hacer milagros y obras semejantes. El poder que está prometido aquí, aunque contribuyó a los milagros posteriormente, la obra primaria de ese poder era ser testigos.

Un testigo es alguien que tiene conocimiento de primera mano acerca de algo que lo ha visto y oído. En una corte, muchas veces el juez quiere saber: el testigo, ¿qué vio, qué oyó, y qué sintió cuando vio lo que vio y oyó lo que oyó? Esta gente vio, esta gente escuchó, esta gente tuvo experiencias, que ahora Cristo entiende que ellos debieran salir y ser testigos de su persona y de su obra.

De hecho, el libro de los Hechos está enfocado en lo que tiene que ver con el ser testigo de Jesús. Esa palabra "testigo", en el Nuevo Testamento, aparece como 35 veces, y trece, una tercera parte de ellas, están en el libro de los Hechos. El ser testigo de Jesús es nuestro llamado.

Y eso me lleva a nuestra quinta enseñanza en el día de hoy: la función de la iglesia y la función de cada uno de los redimidos de Dios hasta que Cristo venga es ser testigo de su persona y de su obra. Tu función como embajador de Cristo, a través de quien Dios ruega a los hombres "reconciliaos con Dios", es ser testigo de la persona de Jesús y de su obra. La iglesia empoderada por ese Espíritu está en el centro del plan de Dios, y es el tema del libro de los Hechos, pero es una iglesia para ser testigo.

Escucha lo que este autor dice y cómo él ve a la iglesia en el libro de los Hechos. De acuerdo a lo que vemos en Hechos, la iglesia cristiana es: número uno, una iglesia misionera que responde obedientemente al mandato de Cristo. Número dos, actúa en nombre de Jesús en la extensión de su ministerio. Número tres, concentra su proclamación del reino de Dios como testigos de Jesús. Número cuatro, es guiada y empoderada por el mismo Espíritu que dirigió y apoyó el ministerio de Jesús. Número cinco, sigue un programa que ha sido delineado por el mismo Jesús.

La frase "me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra" es la enunciación de la Gran Comisión que aparece en Mateo 28, pero con otras palabras. De hecho, estos dos textos se complementan y son vitales para yo entender mejor detalles de la Gran Comisión.

En Mateo 28 aparece algo que Cristo, nuestro Señor, antes también de ascender... Escucha cómo el Señor le pasa la Gran Comisión, y luego en Hechos 1:8 Lucas registra otra parte de la Gran Comisión, y ambas se complementan. Cuando tú las pones juntas, tú puedes entender mucho más. Escucha Mateo 28:18 al 20: "Y acercándose Jesús, les habló diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."

Hechos 1:8 expande esa idea, porque lo que Mateo dice, o mejor dicho lo que Jesús dice que Mateo registra, comienza de esta forma: toda autoridad me ha sido dada, por tanto id. Sí, pero para ir yo necesito que el Espíritu descienda. Hechos 1:8 dice: no puedo, el mismo Jesús me dijo que no puedo. Yo necesito ser empoderado, yo necesito ser empoderado para enfrentarme a un imperio hostil con una iglesia sumamente débil. Si Tomás va a llegar hasta la India con el evangelio, como la historia, la tradición histórica señala, si él va a hacer eso y va a dejar su tierra y su parentela, necesita poder de lo alto, poder sobrenatural. No pienses que ningún misionero se ha ido al campo misionero dejando familia, amigos y su parentela, su tierra natal, en el poder de la carne. Yanine no está en Taiwán en el poder de la carne, ella lo sabe, ya testifica de eso.

¿A dónde ir? Bueno, Mateo 28 dice a todas las naciones. Hechos 1:8 me dice: sí, a todas las naciones, pero de esta manera: Jerusalén, Judea, Samaria, los confines de la tierra. Y entonces, ¿qué hacemos? Mientras estamos llevando a cabo la Gran Comisión, Mateo 28 me dice hacer discípulos. Sí, pero para hacer discípulos, el discípulo tiene que nacer de nuevo, y el nuevo nacimiento depende de la obra del Espíritu Santo, y el Espíritu Santo no ha descendido sobre la iglesia. Por tanto, tiene que esperar en Jerusalén a que el Espíritu descienda para que pueda ir y hacer discípulos. ¿Te das cuenta cómo estos textos se complementan?

Bueno, ¿y qué vamos a enseñar cuando vayamos? Mateo 28, Cristo hablando: le vas a enseñar a obedecer todo lo que os he enseñado. Sí, pero para obedecer yo necesito el fruto del Espíritu. Nuestras desobediencias todas están ligadas a una ausencia o deficiencia del Espíritu en mí. Literalmente, a mayor llenura, mayor el fruto; a mayor llenura, mayor la obediencia. Si le voy a enseñar a obedecer todo lo que os he enseñado, yo necesito del Espíritu para que haga nacer a esos que han de ser salvos y luego los empodere para obedecer. Cada vez que tú y yo hemos intentado obedecer en el poder de la carne, tú y yo hemos fracasado. ¿Sí o no? Cada vez que tú has dicho el primero de enero: este año yo voy a leer la Biblia, me voy a levantar a las cinco de la mañana, eso dura en el mejor de los casos como tres semanas. Pero cada vez que tú te has sentado, te has arrodillado y has dicho: Dios, yo quiero pasión por tu palabra, deseo por tu palabra, y lo pides hasta que llegue, lo que sale de adentro es natural. No puedes vivir sin eso porque no lo formó tu carne sino el Espíritu.

Y entonces, ¿hasta cuándo? Hasta los confines de la tierra, pero Mateo 28, hasta los confines de la tierra, me dice Hechos 1:8, hasta allá yo tengo que llegar. Pero en Mateo 28 Cristo me dice: no te preocupes, yo voy a estar con ustedes hasta el fin del mundo. Tú puedes ver entonces cómo estos dos textos se complementan. Y Mateo 24:14 me dice que cuando este evangelio del reino se predique a todas las naciones, eso es Gran Comisión, y entonces vendrá el fin.

Nosotros hemos sido enviados. A veces dicen: pastor, es que yo no me siento llamado. Ahí no tienes que sentirte llamado, ya te enviaron. Tienes que oír un llamado para quedarte. Bueno, ¿no puedo ir tampoco? Pues envía a alguien, pero tienes que participar de esto. Y tú tienes que participar de esto yendo, o tomando la soga de los que van y agarrando dichas sogas.

Enviar a los discípulos hasta los confines de la tierra representó un cambio masivo de la estrategia misionera, por así decirlo. No representó un plan B, que Dios dijo: el plan A no me funcionó, ahora los voy a enviar. No, estaba diseñado de esa manera. Pero hasta este momento la idea era más o menos: ven y ve. Esta es mi nación, la nación de Israel. Ven, como vino la reina de Saba a ver a Salomón. Ven y ve que este pueblo vive diferente, cómo prospera. Por lo menos la intención de Dios era esa, hasta el punto que cuando Cristo estuvo presente, Él dio directrices completamente contrarias a lo que tú encuentras en Hechos 1:8.

Escucha este texto en Mateo 10, versículos 5 y 6, cuando Él se reúne con los doce y los envía. Dice: "A estos doce envió Jesús después de instruirlos, diciendo: No vayáis por el camino de los gentiles." Los gentiles no son parte del programa en ese momento. "Ni entréis en ninguna ciudad de los samaritanos, sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel." En ese momento es así la misión. Samaria no estaba incluida, los gentiles de manera primaria no estaban. Había gentiles que habían creído, pero no de manera primaria. Pero ahora, a partir de Hechos 1:8, las cosas cambiaron completamente. Ahora Jesús le está diciendo: ahora sí vamos a Samaria, ahora sí vamos a alcanzar a los gentiles, porque ese ha sido el plan de Dios desde el inicio.

¿Cuándo tú piensas que se anunció la Gran Comisión por primera vez? Si quieres una pista, te digo que es un hint, una clave: no fue en el Nuevo Testamento. Entonces fue en el Antiguo Testamento, obvio. ¿En qué libro del Antiguo Testamento? En Génesis, en 12:3: "En ti, en tu simiente, Cristo, serán benditas todas las naciones de la tierra." La única manera como las naciones de la tierra pueden ser benditas en Cristo es si ellas son evangelizadas. La única forma de evangelizarlas es que alguien vaya y sea testigo de la obra de Cristo: vida, muerte y resurrección. Nada ha cambiado, es simplemente el desarrollo de algo que ya había sido anunciado.

Las naciones que no conocen a Cristo y no viven bajo el señorío de Cristo viven en rebelión a su señorío. Y donde el señorío de Cristo no es reconocido, hay una rebelión a la voluntad de Dios que resulta en un caos social. La Gran Comisión es la única manera de traer a las naciones al señorío de Cristo. La Gran Comisión, lo que Hechos 1:8 está proclamando, es la única manera de destruir los ídolos y dioses paganos que esclavizan a las naciones, como nuestra hermana república de Haití, como mucha gente en nuestro país. Es la única manera de que estas naciones puedan llegar a adorar a nuestro Dios.

Tú y yo nos quejamos todos los días de los índices de criminalidad, de violaciones, de robos, de crímenes, de drogadicción, de alcoholismo. ¿Sabes que hay una sola manera de bajar dichos índices? Y es la Gran Comisión. No hay otra forma de bajar esos índices. Se ha tratado y se ha empeorado. La Gran Comisión es la única manera. La extensión del reino por la proclamación de la gloria de Dios es la única forma de traer gozo a las naciones.

2.8 billones de personas en el mundo actual están viviendo en las regiones no alcanzadas donde nunca se ha predicado a Cristo. 2,800 millones de personas. 50,000 personas diariamente se van al infierno sin nunca haber oído de Cristo. No podemos cambiar eso de la noche a la mañana, pero yo quiero decirte que por lo menos, escúchame, alguien aquí pudiera decir: yo no estoy llamado. Pero por lo menos eso debiera doler. Por lo menos doler, porque si me duele algo, hago. No sé cuánto, no sé cuán mucho, pero algo hago.

La pregunta es: ¿por qué no vamos? Yo creo que la respuesta es múltiple. Yo creo que tenemos poco valor por la obra redentora, por un lado. Yo creo también que nosotros muchas veces valoramos nuestra propia obra, lo que estoy haciendo, lo que estoy desarrollando, lo que estoy construyendo, más que la obra de Cristo. La obra mía consume más tiempo, energía, pensamientos, ideas, emociones que la obra de Cristo. Yo creo también que nosotros no valoramos sus clavos y sus heridas a favor nuestro. En otras palabras, no apreciamos su sacrificio, no valoramos su amor.

El apóstol Pablo dice: el amor de Cristo nos constriñe, nos convence. Habiendo sido persuadidos de que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, persuadimos a los hombres. Pablo era un hombre persuadido por el evangelio y del poder del evangelio para cambiar vidas. Nosotros no tenemos compasión por el que va a caminar al infierno por el resto de la eternidad. No nos duele eso. Por lo menos que nos duela, por lo menos pidámoselo.

Yo creo que nuestra perspectiva de la vida sigue siendo demasiado terrenal e individualista. Y siempre y cuando mis obras, mi extensión, mi reino vaya extendiéndose adecuadamente, yo me siento bien. Y creo que no nos vemos como embajadores de Cristo. Pablo dice que Cristo nos compró y nos hizo sus embajadores. La iglesia es la embajada del reino de los cielos. Tú eres un embajador y Dios quiere rogar por medio de ti a los hombres: reconciliaos con Dios.

Por eso tantas veces he dicho, más bien que la conversación es privada, yo odio las enemistades y reconciliaciones con toda mi pasión, porque ofende la cruz de Cristo. Que gente reconciliada por la sangre de Cristo esté enemistada, eso ofende la cruz. Yo creo que tenemos que ganar una mejor apreciación por la cruz de Cristo. La cruz bien entendida nos envía a otros. Y si no quieres pensar en otros países, está bien, pero nos envía a otros, aun en el escritorio de al lado en la oficina. El amor de Cristo desplegado sobre la cruz, bien entendido, nos va a constreñir, nos va a dejar, nos va a pegar contra la espada y la pared. La realidad de que bajo la cruz cabemos todos, blancos, negros, judíos, gentiles, americanos, chinos, africanos, indígenas, debe ser una garantía de que es ahí donde tenemos que reunirnos.

La iglesia primitiva entendió esta realidad también. La iglesia primitiva abrazó este llamado también, tan extraordinariamente bien, que déjame ir cerrando con esta cita para que tú puedas entender lo que el Espíritu de Dios fue capaz de hacer empoderando una iglesia pequeña, débil, contra un imperio hostil.

Escucha a Tertuliano, el historiador y apologista del año 200. En menos de 200 años, Cristo murió en el año 30-33, este está escribiendo en el año 200, en menos de 200 años. Tertuliano escribe una obra llamada Apología y él dice lo siguiente: "Nosotros, cristianos, apenas surgimos ayer" —claro, si la historia de la humanidad lo pone a la luz, 200 años, nosotros aparecimos el otro día— "Nosotros apenas surgimos ayer y hemos llenado" —esto le está hablando a los romanos— "hemos llenado cada lugar de ustedes: ciudades, islas, fortalezas, pueblos, lugares de negocio, los campos, las tribus, compañías, palacios, el senado, los foros. Nosotros no les hemos dejado nada a ustedes excepto sus templos a sus dioses. Se pueden quedar con ellos."

¡Wow! En menos de 200 años esta fe fue esparcida, fue regada, fue distribuida de tal manera que no había un solo lugar donde no hubiera testimonio cristiano. No importa si eran las ciudades, si eran las islas, fortalezas. Pablo hablaba de la Guardia Pretoriana, cómo sabían acerca de sus cadenas. Pueblos, lugares de negocios, los campos, las tribus, las compañías, los palacios, el senado, los foros. Todo estaba lleno de testimonio cristiano. Solo nos queda por llenar los templos paganos, y no nos interesa, se quedan con ellos.

¿Te imaginas que nosotros hiciéramos algo similar? ¿Te imaginas que llenáramos nuestras casas, familias, amigos, compañías, lugares sociales que frecuentamos de testimonio cristiano? ¿Te imaginas lo que Dios pudiera hacer con una iglesia que es más grande, más fuerte, por lo menos en términos de sus recursos, aunque no necesariamente más poderosa, porque a veces le falta poder de lo alto? ¿Te imaginas lo que pudiera hacer?

Pero nosotros tenemos que hacer eso en el poder del Espíritu para la gloria del Hijo. El Espíritu ha venido. Ahora tenemos que esperar en el Señor, no para que el Espíritu descienda, sino para saber cómo hacer lo que nos ha mandado hacer, cuándo hacerlo, no querer ir más rápido de lo que Dios nos ha llamado a caminar. Porque en las prisas frecuentemente le pasamos de lado a Dios, lo dejamos atrás, por así decirlo, y yo sigo caminando solo entendiendo que Dios sigue conmigo.

Dios tiene un cronograma. Dios no tiene ni piensa terminar todo cuando mi vida termine. Dios va a terminar en mi vida, con mi vida, aquello que Él se propuso hacer a través de mi vida, y no más. Yo entré a una historia que otro comenzó y salgo de una historia que otro continuará. Tienes que caminar con Dios, tienes que esperar en Él, pero tienes que llenarte del Espíritu. Porque es por medio del poder del Espíritu en tu vida que el reino se extiende, una persona a la vez, a lo largo de toda la tierra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.