Integridad y Sabiduria
Sermones

Como esperar Su segunda venida

Miguel Núñez 29 diciembre, 2019

El día del Señor vendrá como ladrón, los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra junto con todo lo que hay en ella será quemada. Ante esta realidad que Pedro describe en su segunda carta, surge una pregunta inevitable: ¿qué clase de personas debemos ser mientras esperamos? La respuesta es directa: en santa conducta y en piedad. No hay ambigüedad ni espacio para la imaginación propia. Dios no espera que tengamos su carácter, porque él ya lo tiene; espera que nuestra vida esté tan limpia que, como la luna refleja la luz del sol, podamos reflejar su luz a un mundo en oscuridad.

Ese reflejo tiene forma concreta en las bienaventuranzas: pobreza de espíritu que reconoce la bancarrota espiritual propia, llanto genuino por el pecado, mansedumbre, hambre de justicia, misericordia hacia quien peca contra nosotros, corazón limpio sin malicia ni manipulación, y amor por la reconciliación. El pastor Núñez advierte que algunos creyentes, después de años en la fe, no lucen más cerca del carácter de Cristo que hace una década. La vida piadosa requiere entrenamiento, disciplina intencional, no ocurre de manera automática.

La tardanza del Señor en regresar no es infidelidad a su promesa sino expresión de su misericordia: él no se complace en la muerte del impío, sino en que se arrepienta y viva. Mientras tanto, el llamado es crecer en gracia y conocimiento del Señor, medirse conforme a los frutos del Espíritu, y procurar con diligencia ser hallados por él en paz, sin mancha e irreprensibles. Una vida entregada a Dios, considerándolo en todas las cosas.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Yo quisiera invitarte a que abramos la segunda carta del apóstol Pedro, capítulo 3. Vamos a estar leyendo desde el versículo 10, que ya cubrimos, pero para brindarte contexto necesito hacerlo hasta el final. Yo voy a introducir mi texto primero.

¿Te percataste de que este es el último domingo del año, cierto? Fácil de ver. Esta mañana alguien me escribía y me decía: "Pastor, no solamente del año, la década, el último domingo de la década". Ya el próximo domingo estamos en el 2020. Nosotros vamos en el día de hoy a cerrar como domingos la década, vamos a cerrar el año y vamos a cerrar la segunda carta de Pedro a sus seguidores.

Es una carta que ha tenido mucho que enseñarnos, una carta que le envía a aquellos que consideraba sus discípulos que estaban en necesidad de permanecer fieles a la fe en medio de muchas falsas enseñanzas y falsos maestros. Pero estaba tratando ahora, lo que está tratando de hacer en este capítulo 3, mantener fresco en su memoria algunas de las promesas que ya ellos habían recibido, habían escuchado, de manera que ellos pudieran poner su atención no en este mundo presente sino en el mundo venidero.

Yo quiero que tú recuerdes eso, porque el problema del cristiano frecuentemente, el problema emocional, la lucha con la que él vive más frecuentemente, tiene que ver con el hecho de que mi atención está en el aquí, en el ahora, en este mundo presente, lo que yo veo, lo que yo palpo, lo que yo huelo, lo que yo toco, en vez del mundo venidero. Y sin embargo la llamada de atención de la Palabra es que mi mente tiene que estar en los cielos.

La inauguración de este reino futuro que Cristo trae la hace la misma persona que inauguró el pacto de gracia bajo el cual tú y yo estamos hoy, y es esa persona, la persona de Jesús. Es increíble pensar que hace veinte y cuatro o cinco días nosotros estábamos celebrando la primera venida de Cristo, lo que el pueblo hebreo consideraba la venida, la llegada del Mesías. Había mucha expectativa a lo largo de los siglos: ¿cuándo será? Los profetas tienen mucho tiempo anunciándolo, ¿cuándo es que va a ocurrir? Y sin embargo nosotros, que tenemos muchas más razones, muchas más profecías acerca de la segunda venida, no tenemos el mismo sentido de expectación acerca de cuándo Él vendrá, cómo vendrá.

Lo que nosotros quisiéramos hacer hoy es que tú puedas hoy y de aquí en adelante enfocarte en que su segunda venida es real y que tú y yo necesitamos vivir precisamente con esa realidad, de forma tal que podamos celebrar. De hecho, la verdadera celebración no es la de ahora, de la primera venida, porque ha pasado mucho tiempo y todavía han pasado muchos sufrimientos. ¿Cuándo es la verdadera y grande celebración? Su próxima venida, en la consumación de los tiempos, cuando cada profecía haya sido cumplida, cuando la creación entera haya sido liberada de la esclavitud bajo la cual hoy se encuentra, para usar un lenguaje de Pablo, toda la creación liberada de una esclavitud a la cual Adán la sometió.

¿Y qué mejor manera de terminar el 2019 y terminar la década que hablando acerca de su segunda venida? ¿Qué te parece? O sea, ¿que tú no quieres que Él venga? ¿Qué mejor manera de terminar el año hablando de su segunda venida? Ahí está la respuesta, gente. Amén. A lo mejor yo no creo que tú lo creas, o yo no creo que tú quieras que Él venga, pero la realidad es que... vamos a ver si me editan esto mañana y escucho.

Yo tengo varios días pensando sobre esto. Yo no quisiera que este servicio sea un servicio ordinario. No quisiera que la reflexión sobre la segunda venida de Cristo produzca ningún cambio en tu estilo de vida o ligeros cambios en tu estilo de vida. Yo sé que hay diferentes posiciones dentro del mundo ortodoxo con relación a los eventos futuros. La realidad es que independientemente de cuál posición tú tengas, lo que sí yo estoy convencido es que esa posición debe afectar profundamente tu estilo de vida, la que sea.

Nosotros vamos a comenzar en el versículo 10, que nos da un resumen de cómo... un resumen pero extremadamente resumido, valga la redundancia, intencionalmente dicho así, de cómo regresará el Señor en su segunda venida, la próxima vez, y cómo va a terminar este mundo. Entonces el versículo 10 lo vamos a leer otra vez, ya lo cubrimos, lo vamos a decir algunas cosas otra vez, el versículo 10 para brindarte contexto, y luego vamos a hacer una sola pregunta: en vista de la segunda venida, ¿cómo debemos vivir tú y yo? Porque Pedro en el versículo 11 se hace exactamente esa pregunta y responde ahí mismo la pregunta. De manera que ni siquiera el Espíritu de Dios que inspiró esta Palabra nos dejó a nuestra imaginación. ¿Cómo que yo tengo que vivir esperando la segunda venida? No. Si el pueblo judío no lo tenía claro, nosotros lo tenemos extremadamente claro de qué es lo que nos toca hacer en espera de su segunda venida.

¿Estás conmigo? ¿Están despiertos? Amén. ¿Estás expectante? Amén. Ok, no quiero ver nada pequeño en reacción a su segunda venida. Nada. Prepara tu mente y prepara tu corazón.

Segunda de Pedro, capítulo 3, versículo 10: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos..." A la vez, estuvieron afuera, para que lo oyeran otra vez: "Los cielos pasarán con gran estruendo". ¡Bum! "Y los elementos serán destruidos con fuego intenso. Y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas". Mira a tu alrededor. Nada de esto va a quedar.

"Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera..." Escucha, en vista de esta masiva destrucción que viene, la pregunta: "¿Qué clase de personas no debéis ser vosotros?" Respuesta: "En santa conducta y en piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor. Pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra..." ¡Aleluya! "...en los cuales mora la justicia".

"Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles". Esa es parte de la respuesta de qué yo debo hacer, cómo debo vivir. "Y considerad la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada..." Pedro reconoce que a Pablo le dieron una sabiduría especial. "Asimismo en todas sus cartas Pablo habla en ellas de esto..." ¿De qué cosa? De lo que él está hablando. "...en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender". Absolutamente. "Los ignorantes e inestables tuercen, como también tuercen el resto de las Escrituras, para su propia perdición. Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano..." Lo saben de antemano. "...estad en guardia, despiertos, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén".

Bueno, ahí estamos. Como tenemos solo un servicio, creo que tenemos hasta las tres de la tarde para rumiar sobre este mensaje, y poco tiempo es. En cortas palabras, en un texto relativamente corto, Pedro nos da una enorme cantidad de información y de exhortación. Voy a resumir y luego lo vamos a desglosar, luego vamos a pelar la cebolla, por así decirlo.

Primero, Pedro nos habla de la venida del Señor y de su juicio venidero, versículo 10. Segundo lugar, Pedro usa la venida del Señor y el juicio venidero para estimularnos a vivir una vida piadosa. Pero usa eso, el juicio venidero y su próxima venida, versículos 11 y 12, para estimularnos a vivir una vida de piedad. Tercero, Pedro nos anima recordándonos que nuestra próxima vida tendrá lugar en una nueva tierra y bajo nuevos cielos. Eso es extraordinario. En cuarto lugar, Pedro nos habla de ver la tardanza que el Señor ha desplegado en regresar como salvación, no como señal de que Él no cumple su promesa, no, todo lo contrario, como señal de que el Señor Dios está muy serio, curioso, que está esperando para salvar a más personas, versículos 15 y 16. En quinto lugar, Pedro nos exhorta a estar alerta, no sea que nosotros seamos arrastrados por vientos de falsas doctrinas, falsos maestros, con la consecuencia de alejarnos del Señor y que nosotros podamos caer de nuestra firmeza. Y número seis, Pedro nos llama a crecer en gracia y conocimiento del Señor, y eso está en el versículo 18.

De manera que tenemos una gran cantidad de terreno que recorrer. Ponte los tenis a macorrer. Vamos a revisar esas enseñanzas en el mismo orden que yo acabo de mencionarlas.

Número uno: la venida del Señor y el juicio venidero. Mira cómo está descrito, versículo 10: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón", repentinamente, "en el cual los cielos pasarán con gran estruendo y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas". Esta idea es completada por el mismo Pedro en el versículo 12. Yo te leí el versículo 10, pero en el versículo 12 escucha lo que dice: "Los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor". Si no lo entendiste bien la primera vez y pensaste que ya estaba usando una metáfora, no, yo estoy diciendo cómo va a ocurrir.

Y esa idea no es de Pedro, esa idea ni siquiera es del Nuevo Testamento, esa idea viene de muy lejos atrás. En el Antiguo Testamento, los profetas, varios de ellos, Isaías en varias porciones, Miqueas en otra porción, claramente describieron exactamente acerca de esta destrucción masiva a la cual nosotros nos enfrentaríamos. Los profetas tenían bien claro que el mundo no sería destruido otra vez por agua, y no solamente tenían claro que el mundo no sería juzgado por agua, tenían claro que la próxima vez el juicio no sería simplemente global como terrenal. No sería universal, en otras palabras: la tierra y los cielos serían parte de lo que sería destruido, toda la destrucción.

Si quieres que te lea un solo versículo, o mejor dicho, un solo pasaje del Antiguo Testamento para que veas cómo Isaías, 750 años antes de Cristo, comenzó a ver algo que todavía es completamente futuro para nosotros, déjame decirte cómo Isaías lo describía. Isaías es el profeta mesiánico para la primera venida. Faltaban 700 años para la primera venida y él está hablando de la segunda venida y del juicio en esa ocasión.

En Isaías 13, versículos 10 al 13: "Pues las estrellas del cielo y sus constelaciones no destellarán su luz. Se oscurecerá el sol al salir y la luna no irradiará su luz. Castigaré al mundo por su maldad" —la primera venida no fue eso, Él vino a salvar al mundo— "castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad. También pondré fin a la arrogancia de los soberbios y abatiré la altivez de los despiadados. Haré al mortal más escaso que el oro puro y a la humanidad más que el oro de Ofir" —se va a reducir la población—. "Por tanto, haré estremecer los cielos y la tierra será removida de su lugar ante la furia del Señor de los ejércitos en el día de su ardiente ira."

Al principio, te imaginas que yo dije: "Imagínate que el Señor venga hoy en medio del servicio", y como que hubo una gran algarabía. Pero eso ocurrirá, eso es lo que va a pasar. Todo esto que acabo de describir estaría pasando, toda esta destrucción masiva, y luego entonces su entrada. No habrá nueva tierra y nuevo cielo sin que lo viejo sea destruido por completo. Y la razón de la destrucción, Isaías la da en la porción: "Castigaré al mundo por su maldad y a los impíos por su iniquidad. También pondré fin a la arrogancia de los soberbios y abatiré la altivez de los despiadados."

Yo hablé de esto con el mensaje anterior con más detalle, y por tanto no voy a abundar sobre esta porción para no llover sobre mojado. Yo simplemente quiero recordarte que este es el día del Señor. Este no es el día de Dios. El día del Señor es una cosa, el día de Dios es otra cosa. Yo leí el día de Dios también aquí en el texto del día de hoy. El día del Señor es este, es el día del juicio, es el día de su segunda venida para entrar a un reino milenial para aquellos de nosotros que así lo creemos, y posteriormente, cuando entremos mil años después al estado eterno, ese es el día de Dios.

Este es el día del Señor, es una frase repetida a lo largo del Antiguo Testamento. La verdad es que el Antiguo Testamento no solamente alude a la primera venida, sino también a la segunda venida. Tres veces en Isaías el día del Señor es mencionado. Dos en Ezequiel —no te voy a dar las citas para hacer esto un poco más dinámico—. Cinco en Joel, dos en Amós, uno en Abdías, dos en Sofonías, uno en Zacarías, uno en Malaquías. El día del Señor, 17 veces. Uno en Hechos ya llegando al Nuevo Testamento. Uno en Primera de Tesalonicenses cinco, dos en Segunda de Tesalonicenses dos, dos en Segunda de Pedro tres. Cuatro veces en el Nuevo Testamento el día del Señor es mencionado. Esta frase es equivalente a otra frase mencionada también en la Palabra, que es "el día de la ira del Señor". Si tú juntas esas dos frases, 24 veces en la revelación de Dios aparece una alusión directa al día del Señor, al cual nosotros nos estaremos refiriendo.

El versículo del día es que yo te digo hoy que habla de que ese día, esto es cómo va a ocurrir: el Señor aparecerá como ladrón en la noche y luego todo será fundido por fuego intenso. Eso es lo primero que Pedro dice.

Lo segundo que Pedro quiere enseñarnos es cómo debe vivir el creyente. Y aquí yo voy a hacer un énfasis extraordinario en el resto del tiempo que me queda: cómo debe vivir el creyente mientras espera su segunda venida. Y lo bueno de este pasaje es que me hace la pregunta y me da la respuesta en el mismo versículo.

Y esta es la pregunta: ¿Dada la magnitud de los eventos, dada la temporalidad de todo lo que existe, todo lo que tú tienes, todo lo que has guardado, todos tus documentos, todas tus finanzas, todas tus posesiones, todos tus títulos, dada la temporalidad de todo eso, dada la certidumbre del día final, qué cree Dios que espera de nosotros? ¿De qué manera Dios entiende que tú y yo debemos vivir?

Y esta es la parte donde yo digo: yo no quisiera nada pequeño que ocurra en el día de hoy como fruto de reflexionar sobre este pasaje, porque yo tengo una respuesta directa de parte de Dios. Yo te puedo decir ahora mismo: así dice el Señor. ¿Y cómo dice que debemos vivir? En santa conducta y en piedad. Pedro entiende que la realidad de su regreso y de su juicio deben producir en nosotros un estilo de vida extraordinariamente piadoso.

Adoptar el estilo de vida de aquellos que viven en este mundo no tiene ningún sentido porque este mundo es desechable. Va a pasar, y va a pasar más pronto de lo que tú piensas. Es inconsistente con aquello que nos espera. Además, adoptar el estilo de vida de la gente de este mundo es invitar el juicio de Dios a mi vida, y tú y yo no queremos eso. No queremos una invitación de parte de Dios de ese tipo. En su lugar, lo que Dios hace a través de este pasaje es enseñarnos que deberíamos exhibir un estilo de vida que refleje su carácter.

Final 2019, último domingo. Entonces, una pregunta personal. No tienes que responderla, pero préstame atención seria. Yo quiero que tú te la respondas y que te tome semanas para responderla. Realmente, ¿tú entiendes que en el 2019, en el 18 y en el 17, pero más cercanamente en el 2019, reflejaste el carácter de Dios a un mundo que se pierde?

"Pastor, pero ¿cómo luce el reflejo de la vida de Dios en nosotros? Porque eso es un poco místico. Además, nadie puede hacer eso. Eso es tan complejo, eso es tan difícil." No lo es. Porque Dios no te está diciendo que tengas su carácter, por eso lo tiene Él. Lo que te está diciendo es: "Yo soy el sol —y ya tengo una comparación— y tú eres la luna. De manera que tú no tienes luz. Yo soy la luz. Lo que quiero es que tu superficie esté tan limpia que cuando mi luz te dé, tú puedas reflejar lo que yo soy al mundo que vive en oscuridad. Yo quiero que tú seas como la luna en una noche oscura." ¿Tu vida hizo eso en el 2019?

"Pero pastor, ¿y cómo luce eso?" Bueno, gracias por preguntar. ¿Qué te voy a decir? Te voy a decir de la Palabra de Dios. Te voy a decir de los labios de Cristo cómo luce el carácter de Dios en tu vida y en la mía. Porque la mejor descripción de eso, una descripción para seres humanos de este lado de la gloria con una naturaleza caída, la da el Señor en el Sermón del Monte, capítulo 5 de Mateo, en sus bienaventuranzas.

"Bienaventurados..." Makarios es la palabra en el original. ¿Qué significa? Gozoso, feliz, contento, bendecido. "Benditos los pobres en espíritu." ¿Qué significa eso? Aquellos que entienden que están en bancarrota espiritual, que ellos no tienen ningún mérito para merecer no solamente la salvación, pero ni siquiera para merecer una posición que me quieran dar o no dar en una iglesia. Yo ni siquiera merezco eso. Si me la dan, bien; si no me la dan, tan bien, porque al final yo no la merezco. Gente que no se cree digna de estar en un púlpito predicando la Palabra de Dios. Eso es parte del reflejo del carácter de Cristo.

Gente que tenga una vida piadosa son gente que lloran por sus pecados. "Bienaventurados los que lloran", ¿y por qué lloran? Por su pecado. Que no son gente que pecan, lo confiesan superficialmente y siguen como si nada hubiera ocurrido. ¿Cuándo fue la última vez que tú lloraste por tu pecado? "Bueno, pastor, yo no he llorado por mi pecado." Bueno, bienaventurados los que lloran, los que lloran por su pecado. ¿Por qué? Porque han llegado a amar a Dios tanto que les duele haber transgredido no simplemente su ley, sino su carácter mismo. Les duele.

Gente humilde. "Bienaventurados los humildes, los mansos de corazón." Verdadera, realmente humilde, obviamente sin orgullo. Gente que no habla de sus logros, no le interesa que otros necesariamente mencionen sus logros. Más bien, gente que otros hablan bien de ellos, pero ellos no se refieren a su propia vida. Gente que perdona fácil y pide perdón fácilmente. Son humildes y bienaventurados. Gente no acusadora, gente que pasa por alto las faltas de otros contra ellos. Eso es como la humildad luce.

Gente con hambre y sed de justicia. Escucha, no podemos ser completamente justos como Cristo, pero hay gente que está interesada en llevar una vida justa, en actuar justamente, en ver incluso que otros actúan de la misma manera. Gente que mide sus acciones por el estándar de Dios para saber si está viviendo justamente en relación con otros, en relación con sus finanzas, en relación con la sociedad en general, en relación con sus hijos, con sus hijas, con sus esposos. Gente que tiene hambre y sed de ser justa.

Reflejar el carácter de Dios implica tratar al otro con misericordia. "Bienaventurados los misericordiosos." Gente que piensa cómo Dios los trata todos los días para de esa misma manera intentar tratar a los demás. Es sentir por el otro, sentir el dolor del otro, sentir cuando el otro peca, sentir incluso no solamente cuando el otro peca, pero sentir incluso cuando ese otro peca contra ti, y tú sientes misericordia por él de la misma manera que Dios es movido a misericordia cuando te ve pecar y te perdona por pura gracia. Bienaventurados los que reflejan la misericordia de Dios. Eso es como se refleja el carácter santo de nuestro Dios.

Gente que tiene corazón limpio. "Bienaventurados los de corazón limpio", o limpios, o puros, dicen otras traducciones. Obviamente un corazón completamente puro lo tendremos cuando entremos en gloria.

Pero el Sermón del Monte no es para el próximo reino, es para este reino. Y Cristo dice: "Bienaventurados los de corazón limpio". No solamente gente que ya Cristo les ha perdonado, sino que en su vivencia diaria no es gente con malicia, no es gente que maquina en su interior, no es gente con mala interpretación, con malas intenciones, con malas motivaciones, no es gente manipuladora. Es un corazón que piensa continuamente en el mejor bien del otro. Actúa, habla, se mueve, llama, busca, pregunta, siempre teniendo en mente el mejor bien del otro. Es una gente de corazón limpio. Eso es para esta tierra.

Gente que ama la reconciliación. "Bienaventurados los pacificadores". Gente que literalmente odia la irreconciliación. Cuando se produce una irreconciliación en un día con alguien, no duerme tranquilo. Gente que anhela reconciliarse con su hermano, con su hermana, con el vecino, con el esposo, con la esposa, con los hijos, aún con el inconverso. Gente que es como Dios. Gente que guarda silencio cuando otros profieren o dicen o pronuncian vituperios contra él o contra ellos, como hizo el Señor Jesucristo. Bienaventurados, felices. "Está reflejando mi carácter, y eso es lo que se supone que hagas mientras esperas el regreso de mi Hijo: que vivas en santa conducta y piedad".

Y eso es reforzado en el versículo 14 del texto de hoy. Y por tanto, amados —Pedro usa esa palabra repetitivamente: "beloved", amados, queridos, entrañables— y bueno, acuérdate que no son simples discípulos, esta es gente, discípulos que él llama amados. "Puesto que aguardáis estas cosas" —¿cuáles cosas? La satisfacción de la segunda venida y el juicio— "¿qué hago, Pedro?" Procurad con diligencia. Sé proactivo. Es intencional que tu vida tenga un cierto sentido de urgencia, una cierta intensidad. ¿Para qué? Para ser hallados por Él. O sea, cuando Él venga, que Él te encuentre. Escucha: "En paz" implica reconciliado con Él y con los hombres, sin mancha e irreprensibles.

O sea, Pedro no me dice simplemente "en santa conducta y piedad", sino me dice: "Mira, yo quiero enfatizar todavía más, y te voy a hablar de que debieras ser hallado por Él sin mancha y de manera irreprensible". Bueno, pastor, pero lo que él está hablando es de alguien que ha recibido a Cristo como Señor y Salvador y ya fue limpiado por la sangre de Cristo. No, porque entonces le estaría hablando a incrédulos, y él no está hablando a incrédulos. Está hablando a creyentes amados en Cristo. Y él dice que tú debes, yo debo, procurar con diligencia poderme ofrecer a Dios como un cordero sin mancha e irreprensible.

Si sabemos que el cordero perfecto, sin mancha, irreprensible, es Cristo Jesús, y ese es mi modelo, pero al mismo tiempo Pedro me está diciendo: "¿Cómo? Si este es tu modelo, entonces con diligencia tú procura tratar de imitarlo para vivir. Tú haces tu mejor esfuerzo para vivir como Él vivió". Eso no es una idea nueva del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento, el cordero que se le ofrecía a Dios, tenía que ser de la misma manera: sin mancha, irreprensible. Cuando Cristo se ofrece en la cruz, Hebreos 9:14 dice que Él fue el cordero que se ofreció sin mancha.

Y ahora me dice a mí: "Entonces, sabes qué, si el cordero del Antiguo Testamento que era un animal tenía que ofrecerlo sin mancha, si mi Hijo fue y se ofreció sin mancha y luego pagó por tus pecados, lo menos que puedes hacer es que diligentemente tú procures vivir de manera irreprensible y sin mancha". Lo que implica una vida continua de examinación, una vida continua de arrepentimiento, de tal manera que tú puedas brillar. Cuando la luz de Cristo, la luz del Hijo te dé, tú puedas reflejar esa luz. Esa luz pueda ser reflejada en ti porque tu vida está siendo mantenida en la piedad. Ese es el llamado, y al final tú vas a poder responder a ese llamado.

Pero esto es serio, extremadamente serio, porque esto es cómo Dios espera que tú y yo le esperemos a Él. Pedro está usando dos motivaciones relacionadas a la vida de santidad y de piedad. Pedro me dice: "Desde mi punto de vista, desde el cual yo estoy escribiendo ahora, yo quiero animarte a que vivas en santidad debido a la venida de Cristo y al juicio venidero". Ese es el día de rendición de cuentas. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bien o sea mal, 2 Corintios 5:10. Cada uno de nosotros dará cuenta por cada palabra ociosa que haya pronunciado. La naturaleza de ese día nos llama a la sobriedad.

Quiero hacerles algo de notar que nos sorprenda: que Pedro use como motivación de santidad como un miedo, como que viene el Señor y viene el juicio. No es Pedro que lo está usando, es el Espíritu Santo que usó a Pedro para que escribiera lo que Él entendía. Escuchen cómo Juan Calvino entiende la necesidad de que Pedro haya hecho lo que hizo. Esto es lo que Calvino dice de este texto: "Esto ha sido añadido" —refiriéndose a la venida del Señor y al juicio venidero— "para que los fieles estén siempre velando. Él ahora los sacude a quienes" —a los fieles, estamos nosotros— "de su somnolencia". ¿Por qué eso es? Y Juan, el Señor viene algún día, sabrá Dios. Para poder esperar con atención a Cristo en todo momento, de lo contrario nos volveríamos inactivos y negligentes, como generalmente es el caso", ese es Calvino.

¿Por qué? Él se hace la pregunta: ¿Cuándo es que la carne se entrega a sí misma sino cuando no hay pensamiento de la venida de Cristo cerca? Claro, si la venida de Cristo y su juicio y esa rendición de cuentas como que eso se me ve tan lejos, bueno, cuando llegue yo me voy a entregar a la pasión, me voy a disfrutar un poquito del bando. ¿Entendiste lo que Calvino entiende? Si tú no tienes como presente continuamente la venida de Cristo, la carne tiende a entregarse a las pasiones. Para esta motivación de la venida de Cristo y el juicio venidero para la vida de santidad, eso no es de Pedro solamente.

Lo increíble de la Palabra de Dios, cada vez que tú lees algo, tú puedes decir: "Eso no es de este autor solamente". La congruencia de los pensamientos a través de la Biblia es extraordinaria. Pablo le dice exactamente lo mismo cuando le escribe a Tito, con otras palabras, pero escúchenme, exactamente lo mismo. Escuchen Tito 2, versículos 11 al 13: "Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación" —así nos llegó la salvación, por gracia— "a todos los hombres, enseñándonos que negando la impiedad" —ahí comienza el llamado a la santidad— "y los deseos mundanos, vivamos en este mundo". ¿Cómo que vamos a vivir, Pablo, en este mundo? "Sobria, justa y piadosamente". ¿Suena como santidad eso? ¿Por qué? Versículo 13: "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús". ¡Wow!

El versículo 11 de este texto de Tito que yo mencioné, Tito 2, nos dice cómo la gracia de Dios nos ha salvado. Al mismo tiempo nos dice que esa gracia que nos salvó nos capacita para negarnos a los deseos mundanos, de manera que tú y yo podamos vivir en este mundo de manera sobria, de manera justa, de manera piadosa. Fíjense que Pablo dice: "Aguardando la gloria, la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador". Mientras tú lo aguardas, tú vives así. A mí me ha dado gracia que nos salva, a mí me ha dado gracia que nos empodera para vivir de esa manera. La gracia nos empodera, pero yo tengo que negarme los placeres pecaminosos. Y nosotros podemos lograr hacer eso mediante la gracia que me ha sido dada, pero esa es nuestra responsabilidad.

Tanto es mi responsabilidad que Pablo le quería decir a Timoteo, y le dice a Timoteo. Escucha su primera carta, 4:7: "Entrénate, ejercítate, disciplínate". ¿Cuántos sinónimos va a usar Pablo? Entrénate, ejercítate, disciplínate para la piedad. Eso lo haces tú, yo no lo voy a hacer por ti. Dios te da el Espíritu Santo que te va a guiar y te va a capacitar, pero tú te entrenas, tú te ejercitas, tú te disciplinas para la piedad. De manera que hay cosas que son mi responsabilidad. El carácter piadoso no ocurre de manera automática por años en la fe cristiana.

He de decirles, hermanos, yo te lo voy a decir con el corazón más pastoral que te lo pueda decir, pero tengo que decirte, porque si tu pastor no te lo dice, no creo que venga otro pastor a decírtelo. Hay algunos de nosotros que después de años en la fe cristiana no lucimos más cerca del carácter de Cristo que hace cinco, ocho o diez años atrás. Algunos quizás lucimos peor, porque nos hemos ensuciado y curtido y alejado en el camino.

Pablo le dice: "Entrénate". Un entrenamiento presupone una disciplina de vida. Algunos de nosotros no tenemos ni siquiera vidas disciplinadas. Comemos lo que sea, comemos a la hora que sea, dormimos lo que sea, si terminamos las cosas a tiempo bien, si no las terminamos también. No disciplinamos los hijos, no les llamamos la atención, no sabemos lo que ven. No tenemos disciplina de ningún tipo. Y yo no puedo vivir una vida santa y piadosa sin disciplina. Y eso es lo que me va a permitir vivir así. No tenemos disciplina de la vida sexual. Vemos en la computadora lo que queremos ver. Nos sentamos frente a la televisión y vemos lo sensual y decimos: "Bueno, qué imagínate, todo es así y todo, todos los programas están llenos de esto, por tanto yo no tengo, yo no soy el problema, es la televisión el problema". Vive una vida sobria, justa, piadosa.

El hombre necesita múltiples recordatorios para vivir una vida de piedad. Dios lo sabe. Por nuestra condición caída, yo no puedo tener un solo tipo de recordatorio para mi vida de piedad. No va a funcionar. Y la Palabra lo que hace es que reconoce eso y entonces me da diferentes motivaciones. Una de ellas es su retorno y su juicio venidero. ¿Y cuál es la otra? Levítico 15:44, Levítico 20:7, 1 Pedro 1:15-16: "Sed santos porque yo soy santo". Entonces ahí hay otra motivación: el carácter de Dios, el carácter de Dios que rehúsa relacionarse con el pecado. Esa es la motivación ahí para yo ser santo.

En Levítico 19, el libro de la santidad en el Antiguo Testamento —si tú quieres saber cuál libro es el de la santidad, Levítico en el Antiguo Testamento—, en Levítico 19:2, Dios dice: "Yo soy Jehová, tu Dios." Aparece dieciséis veces. Gary Bridges, uno de los hombres que murió hace dos o tres años, uno de los hombres que más escribió acerca de la santidad personal y de lo práctico que esto es, decía que él estaba convencido que el número de veces que el nombre personal de Dios, Jehová, y "Yo soy", el "Yo soy" de Moisés, es repetido, esa repetición sagrada, dice Bridges, en Levítico 19, aparece como un recordatorio de que la obediencia a sus estatutos y a sus leyes debe fluir como resultado de una reverencia y temor del Señor.

La motivación en Levítico para mi santidad no es el juicio del Señor, ni es la segunda venida, es el carácter santo de Dios. En Filipenses 1:27, la motivación es el evangelio, que yo debo vivir una vida digna del evangelio, por medio del cual yo fui llamado. Tú puedes ver, entonces, que Dios reconoce en nuestra condición caída las diferentes motivaciones que yo necesito para vivir una vida de santidad. En Juan 14:15, la motivación para mi vida de obediencia es el amor que yo debo tener por Cristo. "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos." De manera que si tú quieres una motivación para vivir en santidad, en santa conducta y piedad, de acuerdo a lo que Cristo, nuestro Señor, dijo a sus discípulos la noche antes de su crucifixión, es una: ámame. Si me amas, me obedecerás.

Ahora, pero mira, ¿qué, el Antiguo Testamento hace más énfasis como en otra cosa? ¿Es solamente, digo, que hace tanto énfasis en esa santidad y esa justicia? No, no, no, no. Escucha el autor de Hebreos, capítulo 12, el versículo 26 en adelante. Antes de leer, déjame decirte, el autor de Hebreos es el que me dice que me acerque al trono de la gracia con toda confianza. ¿Ok? Entonces, el mismo autor que me llama a acercarme al trono de la gracia con toda confianza, escucha lo que me dice en el capítulo 12, versículo 26 en adelante: "Su voz hizo temblar entonces la tierra, cuando bajó en Sinaí. Pero ahora él ha prometido diciendo: 'Aún una vez más, yo haré temblar no solo la tierra, sino también el cielo.'" Yo hice temblar el Sinaí, pero cuando yo regrese, yo no voy a hacer temblar el Sinaí, yo voy a hacer temblar la tierra y el cielo entero.

El versículo 27: "Y esta expresión 'aún una vez más' indica," dice el autor de Hebreos, "la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles." Exactamente lo que Pedro dice en el día del Señor. Por eso, el versículo 28: "Por lo cual, por tanto, por consiguiente, concluye, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable, con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor."

Autor de la carta, ¿cómo es la cosa? ¿Me acerco con confianza o tengo temor, porque Dios es fuego consumidor? Que sean las dos cosas. Te acercas con confianza, basado en los méritos de Cristo, pero que tu confianza no se convierta en abuso. He dicho confianza, porque tu Dios es fuego consumidor, y Dios espera que yo le ofrezca un sacrificio con temor y reverencia. De manera que el autor de Hebreos, Pablo, Pedro, el libro de Levítico, mantienen la misma idea de manera congruente.

La idea que tú tienes de Dios —yo aludí esto en la invitación a la adoración al principio, hablando de que Dios te dé una idea grande de él— es por algo que dice John Murray. Escucha al fundador del Seminario Teológico de Westminster: "Lo que adoramos, o a quien adoramos, determina nuestra conducta." Como dirían en inglés: chew on that. Mastica eso. Lo que adoramos, o a quien adoramos, determina nuestra conducta.

Ahora que hay, revisa tu conducta el 2019, 2018. Esa conducta determina lo que tú y yo estábamos adorando, o a quien estábamos adorando. Un Dios grande, alto, sublime, santo, hace que tú y yo nos comportemos de esa manera. Un Dios medio terrenal, poco exigente, que todo está bien porque ya Cristo todo lo pagó, va a producir muchas de las conductas que nosotros vemos en el día a día.

Este hombre piadoso que está hablando la Escritura entiende que toda su desobediencia contra Dios es una afrenta contra la dignidad del carácter y la santidad de Dios. Donde Dios demuestra la incapacidad que él tiene, por un lado, de lidiar con el pecado, de relacionarse, familiarizarse con el pecado. Donde Dios demuestra el odio que él tiene al pecado. ¿Tú sabes dónde lo demuestra? Lo demostró en la cruz cuando hizo descargar toda su ira sobre su Hijo. Pero la va a demostrar una vez más, cuando él tome todo lo que él creó, que para nosotros es como inconcebible su tamaño —dos billones de galaxias, algunos hablan de miles de billones con miles de astros, expandiéndose continuamente— y lo va a destruir absolutamente todo por una sola razón, una sola, y es que cuando Adán cayó, el pecado pervirtió absolutamente todo.

Hasta el punto que Pablo dice en Romanos 8 que la creación entera, no la tierra, la creación entera, gime a una, esperando ser liberada de la esclavitud a la que fue sometida por aquel que la sometió. ¿El que la sometió? Bueno, Dios la sometió cuando Adán pecó, pero pudiéramos decir Adán la sometió cuando él pecó. Y Dios dice: "Se va." O sea, la dañó tanto que lo único que se puede hacer es hacer otra. Vamos a recrear. Yo te lo hice y punto, vámonos. Así que tenme paciencia.

Número tres: Pedro nos anima recordándonos que nuestra próxima vida tendrá lugar en una nueva tierra y bajo cielos nuevos. Por eso, el versículo 13: "Pero según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia." ¿Tú has leído la nueva Jerusalén, verdad? ¿Dónde está eso? Apocalipsis. Usted está intimidado, ¿verdad? Si es la santidad de Dios, me intimida, me alegro. También me intimida.

Apocalipsis 22 habla de la nueva Jerusalén. ¿Sabes lo que dice? En la nueva Jerusalén, ¿simbólico o no? Esto es lo que dice: hay un río de agua viva. Yo creo que o es un río río, o es algo que el río simboliza. Tradicionalmente un río río, porque vamos a comer incluso en el reino milenial. Y entonces, si usted está junto a ese río anunciado, al lado del río hay un árbol de la vida, a cada lado. ¿Te recuerda algo eso? El jardín del Edén, donde había ríos y había un árbol de la vida.

Es que, ¿sabes lo que Dios nos está diciendo? Vamos a regresar al diseño original, a lo que yo hice. Vamos a sacar todo esto de existencia y vamos al principio otra vez. Lo voy a recrear, lo voy a hacer nuevo. Hay un regreso a la creación, al estado original.

Hermano, yo te he amado tanto que después que tú y yo caímos —o Adán cayó y nosotros ahora como descendientes somos pecadores— yo envié a mi Hijo para que su vida pudiera hacernos nacer de nuevo. Todo tiene que ser nuevo, porque en el nuevo reino nada viejo cabe. De manera que no puedes entrar con una vieja vida, tienes que entrar con una vida nueva. De manera que él te hace nacer de nuevo, y luego que tú naces de nuevo te dice: "¿Sabes qué? Te hice nacer de nuevo para que cuando vayas a vivir por el resto de la eternidad, también entres a una nueva tierra y bajo cielos nuevos." ¡Wau!

Pero mira, yo tengo algunas malas noticias para ti. ¿Tienes un dinerito por ahí guardado? En el nuevo reino no corre. Ni tu dinero ni los cheques tienen fondo. ¿Tienes una gran casa, una gran mansión? Cuando llegues allá arriba, una choza de aquí en el reino de los cielos va a lucir mucho mejor que tu mansión que puedas tener aquí. ¿Tú me estás entendiendo? Amén. ¿Cómo dicen por ahí? ¿Me estoy explicando? Me estoy explicando.

En cuarto lugar, Pedro nos dice: ve la tardanza del Señor, que va a regresar, no como que él no va a cumplir su promesa, sino como paciencia, como una expresión de su misericordia, porque él quiere salvar más gente. Ya lo vimos en un texto anterior de Pedro, que el Señor no retarda su promesa, sino que lo está haciendo de esa manera porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan a la salvación.

Esa es la enseñanza que los falsos maestros, de los cuales venimos hablando en esta serie, estaban negando. Estaban negando la venida del Señor y estaban negando el juicio del Señor, de manera que la gente pudiera vivir de forma libertina. Y Pedro nos está recordando: la tardanza no es tardanza, no es falta de fidelidad, es paciencia. Es parte de su carácter, es su misericordia que está haciendo que el Señor espere un poco más y un poco más.

¿Y de dónde saqué eso? Lo saqué del Antiguo Testamento. Es tan Nuevo Testamento, es Antiguo. Ezequiel 18:23, y ese Dios: "¿Acaso me complazco yo en la muerte del impío?", declara el Señor Dios. En otras palabras: es verdad que yo a veces mato al impío y le envío a la condenación, pero ¿tú crees que yo me complazco en eso? ¿Qué clase de carácter tú crees que yo tengo? Entonces, ¿en qué te complaces? Mira lo de aquí: "Y no en que se aparte de sus caminos y viva." ¿Escuchaste? ¿Tú sabes en qué yo me complazco? No me complazco en la muerte del pecador, yo me complazco en que se aparte de su camino y viva.

Tu arrepentimiento es el deseo del Señor. Lo escuchaste en Ezequiel 18: "Yo no me complazco en la muerte del impío, sino en que se devuelva de su camino y viva." Tu arrepentimiento, el Señor tiene más deseo de que tú y yo nos arrepintamos que lo que tú y yo tenemos. Eso es increíble. Él quiere que tú te arrepientas porque él quiere perdonarte. Él no ha regresado aún porque está esperando salvar a muchos más. Eso está claro en el Antiguo Testamento y está claro en el Nuevo Testamento en cuanto al carácter de Dios, que frena su justicia.

En el Antiguo Testamento, Dios es lento para la ira. Tiene ira, pero es lento, y es abundante en misericordia. Éxodo 34:6, Números 14:18, Salmo 86:15, Jonás 4:2. El Señor es lento, lento, lento, lento. Sufre el pecado de los hombres. Long-suffering, dice el inglés, que en español es como longanimidad. En el Nuevo Testamento, escucha, a mí me encanta este texto de Romanos 2:4.

¿O tienes en poco la riqueza de su bondad, tolerancia y paciencia, de esa paciencia que está hablando Pedro, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Ya escuchaste. Entonces, escuchaste lo que Pablo le dice al incrédulo: tú no te das cuenta que ni siquiera es la justicia de Dios y el temor, e infundirte temor, lo que te lleva al arrepentimiento. Entonces, ¿qué es lo que te lleva al arrepentimiento? La bondad de Dios. Creando condiciones en tu vida e impulsos internos para llevarte a que te arrepientas. Dicho de otra forma, la bondad de Dios tiene frenada su segunda venida, tratando de salvar, o buscando salvar, porque Dios nunca trata algo, Dios lo hace.

Dios nos juzga severamente cuando no hemos respondido a sus llamados amorosos de atención. Dios nos juzga severamente cuando, después de llamarnos la atención amorosamente múltiples veces, no hemos respondido. Dios dice: "Ahora tengo que hacer esto porque si no, te pierdes para siempre". Romanos 9:22 habla de su paciencia, Romanos 11:32 habla de su paciencia. A Dios le preocupa el no salvo. Le preocupa más que a ti o a mí, por eso nos dio la Gran Comisión y por eso nos dijo: "Tienen que llegar hasta los confines de la tierra". Y hasta que estas buenas nuevas no se prediquen a todo el mundo, no vendrá el fin. "Yo no voy..." Mateo 24:14: "No voy a venir, me rehúso a regresar, hasta que estas buenas nuevas hayan llegado a todos los confines de la tierra, porque a mí me interesa el no salvo".

Esa es la razón por la que Pablo nos dice en Romanos, Dios nos dice en Romanos capítulo 10 a través de Pablo: "¿Cómo puede invocar a aquel en quien no han creído? ¿Cómo es que van a invocar mi nombre para que yo los salve? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?" Dios está preocupado de que enviemos gente, porque a la gente que tiene que oír y no puede oír si no se le predica, si no se le predica no va a conocer mi nombre, y si no va a conocer mi nombre se va a condenar. Tienen que ir. Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el satisface del bien. Pedro dice en el versículo 15: "Considerad la paciencia de nuestro Señor como salvación". No como infidelidad a su promesa.

En quinto lugar, Pedro nos exhorta a estar alerta, no sea que seamos arrastrados por los falsos maestros y suframos las consecuencias de alejarnos del Señor. Pedro está consciente: mis seguidores están firmes ahora, pero estar firmes ahora no garantiza que van a estar firmes mañana. Escúchame, yo sé que tú no eres pastor, pero algunos de los que estamos aquí somos pastores, y otros conocen pastores, y otros pastores estarán oyendo el mensaje. Todo pastor con corazón de pastor —tú puedes ser pastor y no tener corazón de pastor— todo pastor con corazón de pastor está preocupado por la posibilidad de que sus amados se puedan apartar de la fe. Y esa no es mi opinión, es la opinión de la Palabra de Dios.

Y Pedro, la persona ideal para hacer esto. Si Pedro dice que él está preocupado, él lo dice aquí con otras palabras, pero él está preocupado de que puedan caer de su firmeza. Cuando dice: "Por tanto, amados, habiendo sabido esto de antemano, estad en guardia, no sea que arrastrados por el error..." —amados son creyentes— "...de hombres libertinos, caigáis de vuestra firmeza". Le está preocupado por eso. Y Pedro, la mejor persona para hablar de eso, porque a Pedro le comenzó a pasar justamente eso.

Tú lees Gálatas, cómo Pedro lo reprendió públicamente, por estar de hipócrita, porque cuando llegaron los judíos de parte de Jacobo de Jerusalén, él comenzó a apartarse, ya no se quería juntar con gentiles. Pedro, que había recibido la visión de que ya gentiles y judíos eran un solo pueblo, comenzó a apartarse y no se quería juntar con ellos. Si el texto dice que Pedro, que todos los judíos se unieron a Pedro, los arrastró, y que arrastró también a Bernabé. La misma palabra que usa Pedro aquí, que le está preocupado que sean arrastrados por falsas enseñanzas, falsos maestros, es la palabra que Pablo usa para decir acerca de Pedro: a ti también te estaban arrastrando.

Pablo dice: "¿Quién se le hace pecar sin que yo me preocupe profundamente?", le escribe a los corintios. Pablo les habla a los ancianos de la iglesia de Éfeso en Mileto y les dice: "Sé que después de mi partida..." Hechos 20, versículo 29 en adelante: "Sé que después de mi partida vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán al rebaño". Pablo está preocupado porque sus amados pueden ser arrastrados por estos lobos feroces, y que entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas —escucha la palabra— para arrastrar a los discípulos tras ellos. Pedro habla de arrastrar, Pedro fue arrastrado en un momento dado, Pablo ahora dice: "Yo estoy preocupado de que estos de vosotros que pueden levantarse dentro de ustedes puedan arrastrar a los discípulos tras ellos".

"Por tanto, estad alerta". Mismo lenguaje de Pedro: "Estad en guardia". Pablo dice: "Estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas". Pablo dice, ¿sabes qué? Como si te dijera: "Sí, te causé dolor, pero por tres años, de día y de noche, te amonesté, te llamé la atención, te corregí". ¿Sabes por qué? Porque estaba preocupado de que tú puedas ser arrastrado de la fe y de que tú puedas sufrir las consecuencias de la lejanía de nuestro Dios. Todo buen pastor con corazón de pastor está continuamente preocupado de que sus amados pudieran ser arrastrados de la fe hacia la lejanía de Dios. Mismo lenguaje de Pedro, mismo lenguaje de Pablo.

Pedro dice: "No quiero que caigan de su firmeza". No de su salvación, de su firmeza. Pero caer de mi firmeza me trae consecuencias, y pueden ser graves a la vida mía, como le pasó a un David, por ejemplo. Los falsos maestros, a los que Pedro se estaba refiriendo, estaban haciendo justamente eso: estaban trayendo una doctrina falsa que estaba produciendo un libertinaje en aquellos que les estaban siguiendo. Un estilo de vida libertino.

Y finalmente, en sexto y último lugar, Pedro nos llama a crecer en gracia y conocimiento del Señor. Versículo 18: "Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo". O sea, ¿cómo hago todo eso que está ahí arriba? Tú creces en gracia y tú creces en el conocimiento del Señor Jesucristo. Tienes la necesidad de llegar a conocer a Dios y tener una idea de Dios mucho más grande, porque es la única manera como tú vas a poder vivir en santa conducta y en piedad. Crecer en gracia y en conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Crecer en gracia significa parecerme más a la imagen de Cristo. Como decía uno de ustedes, que con cada año no necesariamente luces más cerca de Cristo que años atrás. De hecho, ¿cómo luces? Bueno, yo te abrí la puerta de entrada, pero si lo quieres oír otra vez de otra manera más resumida, aquí está: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley". ¿Tú quieres saber cómo tú reflejas el carácter de Dios? Esto es. ¿Tú quieres saber si estás creciendo en gracia? Esto es.

Que rápidamente —yo sé que vamos pasaditos de tiempo, pero es un solo servicio, es el último del año— pregúntate. Yo voy a tomar este fruto del Espíritu y te voy a hacer nueve preguntas rapiditas. ¿Cómo va tu crecimiento en amor hacia el otro? Crecimiento en amor hacia el otro. No, yo amo a mi esposa. No, no, no, no, hacia el otro, que incluye tu enemigo. Número dos, ¿con cuánto gozo estás viviendo? Número tres, ¿es tu paz interior una experiencia diaria? Estos son los frutos del Espíritu, y cada pregunta son frutos del Espíritu. ¿Es tu paz interior una experiencia diaria? ¿Cuánto has crecido en paciencia hacia los demás? Y en especial hacia aquellos que pecan contra ti. ¿Cuánta paciencia tú tienes contra aquellos que usan vituperios contra ti?

¿Cuán benigno, o gentil, o amable eres tú hoy en el trato con los demás? Benignidad es fruto del Espíritu, implica gentileza, amabilidad. ¿Qué tan bondadoso piensan los demás que tú eres? De manera natural, no cuando el pastor está presente. De manera natural, ¿qué tan bondadoso otros piensan que tú eres?

¿Has crecido en mansedumbre? ¿Humildad? Te voy a dar una forma rápida. Pudiera multiplicar formas de chequear mi orgullo, pero te voy a dar una forma. Si con frecuencia, si frecuentemente, te estás haciendo observaciones de que fulano es un orgulloso, "eso lo hizo por orgullo", "eso es por orgullo", "pero eso que no me gusta", "a mí no me gusta trabajar con esa gente", "a mí poco me gusta hacer esto porque la gente hace eso de por orgullo, para sobresalir y para hacer llamado de atención". Si tú tienes eso, eso es una muestra de orgullo. ¿Tú sabes por qué? Porque el corazón juzga conforme a su condición.

Yo te he dicho del orgulloso que yo era hace mucho tiempo atrás. De eso yo no me lleno la boca, porque es vergüenza para mí, pero me lleno la boca de decir: yo te puedo decir cómo luce el orgullo. La persona humilde no se anda fijando en el otro, no tiene tiempo para eso. Él está examinando su vida tan frecuentemente que no sabe ni cómo el otro anda luciendo, porque él está preocupado cómo él luce. ¿Estás creciendo en mansedumbre? ¿Estás creciendo en humildad?

Finalmente, ¿estás creciendo en dominio propio? Tus impulsos pecaminosos, ¿los puedes controlar? Tu ira, tus deseos, tu lengua, el chisme, la crítica, la condenación. ¿Sabes si estás creciendo en gracia? Te mides conforme a los frutos del Espíritu. Y ahí tú sabes si estás creciendo en gracia.

¿Estás creciendo en el conocimiento del Señor? Bueno, ¿estoy creciendo en cómo yo entiendo a Dios? Lo que adoramos, a quién adoramos, determina mi conducta. Tú mira tu conducta, tú mira si tu conducta va mejorando, se va haciendo cada vez más piadosa; realmente estás creciendo en el conocimiento del Señor.

Creo que también mencioné esto no hace mucho, pero te lo vuelvo a repetir y con eso cierro. Tú sabes cómo el conocimiento de Dios te cambia, esto es lo que ocurre. Tú le entiendes a Él en su inmensidad, sobre su eternidad, y eso se vuelve tan grande que te silencia. Su santidad es tan chocante que te transforma. Su soberanía está fuera de serie, que te aquieta. Su sabiduría te hace pensar: "Yo no sé nada, ¿de qué es lo que yo estoy hablando?", de pequeñeces. Su poder y su capacidad para hacer cosas en un instante te asombra. Su amor te sana de todas esas heridas y complejos y demás inseguridades. Su fidelidad te hace sentir preservado, seguro en tu salvación. Su gracia te redime, te hace de nuevo y te sigue redimiendo a lo largo del proceso. Y su paciencia te bendice y te da tranquilidad.

Nuestro llamado es a vivir piadosamente, devotamente. William Law, esta es una cita y es el final: "La devoción es una vida entregada a Dios, una vida, no un devocional en la mañana. Un hombre devoto o piadoso no vive para hacer su voluntad o de acuerdo al espíritu del mundo, sino que ese hombre vive solamente para la voluntad de Dios, solamente. Es aquel que considera a Dios en todas las cosas, que le sirve a Dios en todas las cosas. Es aquel que convierte todas las partes de su vida común en parte de su piedad, y al hacerlo todo en nombre de Dios y bajo sus ordenanzas, en la medida que estas se conforman a su gloria."

Ese es el llamado: una vida entregada a Dios, no un devocional. Considerando a Dios en todas las cosas, en todos tus pensamientos, en todas tus decisiones, en todas tus motivaciones, en todas tus intenciones. Esa es la manera como la Palabra nos manda a esperar su segunda venida, sin mancha y de forma irreprensible.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.