La apostasía no es simplemente un enfriamiento espiritual o una lejanía pasajera; es una rebelión activa contra verdades que alguna vez se abrazaron. La palabra griega misma sugiere un divorcio, una ruptura deliberada con lo que antes se profesó creer. Y lo más perturbador es que quien apostatará en el futuro luce, al menos por un tiempo, indistinguible del cristiano genuino. Solo la prueba del tiempo revela la diferencia.
Hebreos 6 presenta uno de los textos más temerosos de las Escrituras: personas que fueron iluminadas, que probaron del don celestial, que participaron de la obra del Espíritu, que gustaron la buena palabra y vieron poderes sobrenaturales, pero que después cayeron. Para ellos, dice el autor, es imposible renovarlos para arrepentimiento. No porque Cristo carezca de misericordia, sino porque el corazón que rechaza todo eso se ha endurecido hasta perder el interés en regresar. Judas encarna perfectamente este patrón: elegido apóstol, testigo de cada milagro, tesorero del grupo, tan confiable que nadie sospechó de él cuando Jesús anunció la traición. Cada discípulo preguntó "¿seré yo?", ninguno señaló a Judas. Sin embargo, resultó ser un doble agente que terminó con una reputación peor que la de Caín.
El proceso suele comenzar con un estancamiento espiritual que parece inofensivo: la palabra ya no atrae, la predicación pierde sabor, la adoración no conmueve. Ese alejamiento gradual disminuye el temor a Dios, luego el temor al pecado, hasta que la conciencia se cauteriza y deja de dar alertas. Por eso el autor de Hebreos advierte cuatro veces sobre este peligro a hermanos bajo persecución, recordándoles que la verdadera conversión se demuestra perseverando hasta el fin.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Que Dios sea con nosotros a lo largo de la predicación, conmigo de una manera y con ustedes de otra manera, pero al final es su palabra la que queremos escuchar.
Decía esta mañana en la primera parte, en el primer culto, que hace varias semanas atrás el pastor Luis Núñez, pastor de adoración de nuestra iglesia, me abordó con el tema de por qué no hablar de la apostasía. La verdad es que cuando él me mencionó el tema, como que inicialmente no le puse mucha atención. No porque no le diera importancia a lo que me estaba diciendo, porque no es la primera vez que Luis hace algo como esto, sino porque pensé que quizás había otros temas que la iglesia necesitaba escuchar. Y como estamos en este interludio entre una serie que terminamos, el libro de los Hechos, y una próxima serie, pues hemos querido traer algunos temas que quizás no caigan dentro de la próxima serie necesariamente.
Yo no sé exactamente qué estaba cargando el corazón de Luis con relación a este tema, pero la realidad es que luego de él insistirme a principio de esta semana una vez más, le prometí que pensaría, oraría, y así hice, y aquí estamos hoy. Hoy estamos hablando acerca del espíritu de la apostasía. La apostasía es algo que se puede dar a nivel individual, se puede dar a nivel de una iglesia, se puede dar a nivel de una denominación, y literalmente ha ocurrido a lo largo de toda la historia.
Es un tema importante, aunque poco tratado. Del punto de vista escatológico, del punto de vista de las últimas cosas, la apostasía tiene una importancia preponderante. Y es que cuando Pablo le escribe a la iglesia de Tesalónica en su segunda carta, capítulo 2, versículo 3, Pablo les advierte o les aclara y les dice lo siguiente: "Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá" —refiriéndose al anticristo— "sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición."
Lo que Pablo está tratando de ayudarlos a ellos a entender es importante, porque la iglesia de Tesalónica había sido confundida. Muchos habían infiltrado y habían enseñado que el día del Señor ya había llegado, y ahora Pablo está tratando de aclarar algunas cosas. Y comienza diciendo: no se inquieten, porque en realidad, antes de que el anticristo haga su aparición en la escena, va a haber una apostasía, algo que algunos han llamado la gran apostasía. Y más adelante, ahí mismo en el capítulo 2, Pablo les dice que llegará un momento en que Dios les enviaría un espíritu engañoso para que crean la mentira, en vista de que no habían amado la verdad. En ese contexto entonces, la idea de la apostasía o de la gran apostasía antes del día en que el anticristo aparezca es un concepto fundamental.
Desde un punto de vista práctico, por otro lado, es un concepto también sumamente importante, porque el que apostatará en la fe en un futuro, dice Sinclair Ferguson, luce muy similar al cristiano común y corriente. Y pueden lucir muy similar también a aquellos que simplemente como que se han deslizado, que no son apóstatas, que han de regresar, pero que se hace difícil diferenciar entre uno y el otro. Lo único que determina la diferencia entre un grupo y otro grupo es la prueba del tiempo.
La palabra apostasía viene de una palabra casi idéntica en el griego, apostasía, que implica alejarse. John MacArthur, en uno de sus estudios, habla de que es una palabra muy relacionada, cercanamente, a la palabra divorcio. Hay como un divorcio entre lo que tú habías aprendido y lo que ahora tú rechazas. Es algo que tú habías creído, habías profesado, habías quizás hasta predicado, pero que hoy en día ya tú no lo crees. Una de las fuentes consultadas habla de que la apostasía pudiera definirse como un desafío a un sistema establecido o a una autoridad, una rebelión, un abandono de la fe. En el siglo I la palabra era usada para referirse como a una revolución política, y eso nos da a nosotros una idea de que el espíritu de la apostasía no es simplemente una especie de enfriamiento o una especie de lejanía, sino que es como una rebelión en contra de cosas que ya tú habías abrazado con anterioridad.
El texto que yo voy a leer realmente tiene tres versículos claves donde yo quiero anclar prácticamente todo el tema del día de hoy. Pero para tú poder entender el contexto y la preocupación del autor de Hebreos, yo voy a tener que leer un texto mucho más largo que comienza en el capítulo cinco, versículo 11, y termina en el capítulo seis, versículo 12. Yo creo que eso nos va a permitir ver parte de cómo comienza quizás dicha apostasía.
Escucha lo que dice el autor de Hebreos, capítulo 5:11 hasta 6:12: "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal."
Capítulo seis. Recuerden, en el lenguaje original no hay capítulos; esto es una continuación de lo mismo que él viene hablando, y las palabras prueban eso: "Por tanto" —esto me une lo anterior a lo que sigue— "dejando las enseñanzas elementales" —ahí vamos de nuevo— "acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios, de la enseñanza sobre bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios lo permite."
Ahora escucha, ahora viene mi texto clave, del versículo 4 al 6: "Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al satisfacer Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública. Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios. Pero si produce espinos y abrojos, no vale nada, está próxima a ser maldecida y termina por ser quemada. Pero en cuanto a vosotros" —este otro grupo— "amados, aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación. Porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas."
Como tú puedes ver, comenzando en el capítulo 5, el autor de Hebreos está altamente preocupado con un grupo de creyentes, o aparentes creyentes, que comenzaron a crecer en la fe y se estancaron. Es ahí donde comienza. Esa es toda la introducción antes de llegar a la apostasía: se estancaron y no estaban creciendo, se acostumbraron a tomar leche. Él dice: yo tengo muchas cosas más que explicarles, pero no puedo, porque ustedes simplemente pueden digerir leche. Y la leche hace referencia a verdades fundamentales reales de la palabra. Pero, hermanos, ya es tiempo de que ustedes avancen hacia la madurez. De hecho, ustedes debían ser maestros para esta época y, sin embargo, todavía tienen necesidad de regresar a los principios elementales de los oráculos de Dios.
Y él entonces los compara con otros que ya han pasado y están consumiendo alimentos sólidos. Y dice que esos que han consumido alimentos sólidos, que están consumiendo alimentos sólidos, son los que tienen los sentidos ejercitados para diferenciar el bien del mal, son los que tienen discernimiento. Los otros, no.
Cuando él termina de hacer esa explicación, pasa al capítulo 6 y continúa con la misma temática, porque él les dice que ya ellos debieran avanzar hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios. En otras palabras, ustedes se han acostumbrado al mensaje ligero, a la lectura ligera, a aquello que yo puedo comprender de una vez sin tener que pensar mucho. No les gusta el mensaje que me deja quizá pensativo o que me deja convicto, el mensaje que quizá yo tengo que llevarlo para la casa y seguir pensando, rumiando, o hablar con otros donde yo necesite como acabar de descifrar su contenido. No, es preferible la leche: es simple, práctica, algo que me sirva sin yo tener que pensar demasiado, nada complicado. Y en el capítulo 6 él sigue con la misma preocupación.
Yo creo que el estancamiento es una primera señal de que algo no anda bien. Escúchame bien lo que acabo de decir: yo no estoy diciendo que el estancamiento es la primera señal de la apostasía, pero es la primera señal de que algo no anda bien, y si eso no anda bien, es posible que luego ande peor. Y menciono esto porque eso es lo primero que él menciona, y lo menciona de varias formas: en el capítulo 5 lo vuelve a retomar, en el capítulo 6, antes de llegar a este texto que te quiero leer que, para mí, literalmente —yo sé que no miento— es uno de los textos más temibles, más temerosos de la Palabra de Dios.
Capítulo 6, versículos 4 al 6: "Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible" —es la palabra peligrosa— "es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública."
Aquí hay varios términos que han dado mucha agua que beber. Sin embargo, la línea reformada, desde la época de la Reforma hasta el día de hoy, en general cree que el autor de Hebreos le está hablando a dos grupos de personas. Como aquí hoy en día yo le estoy hablando a dos grupos de personas: hay personas ya convertidas, nacidas de nuevo, pero hay algunos —yo no sé quién, no sé cuántos— que realmente no han nacido de nuevo. Algunos saben que no han nacido de nuevo, otros creen que han nacido de nuevo pero así no ha ocurrido.
Entonces ahora tenemos que ir como deshilachando, desenvolviendo, desempacando algunos de estos términos. Y el primero de ellos es "aquellos que fueron una vez iluminados". Para algunos esto significa conversión, pero claramente, a la luz de la Palabra de Dios, el ser iluminado no implica el hecho de que yo me haya convertido. La palabra iluminación tiene mucho que ver con conocimiento: aquel que entiende el Evangelio, lo entendió. Me explicaron el Evangelio, me lo han explicado tantas veces. A veces, para la elaboración de la salvación, volvemos y explicamos el Evangelio: del hombre pecador en necesidad de perdón, que solamente la sangre de Cristo puede lavar sus pecados, que Él fue a la cruz y se crucificó allí en tu lugar, que Dios Su vida dio por ti, que luego fue sepultado, resucitó al tercer día, y que tú tienes necesidad de darle tu vida a ese Señor Jesús reconociendo el sacrificio que hizo en tu favor, y que luego tú le proclamas personalmente como Señor y Salvador. Yo creo que eso que me acabo de decir es perfectamente entendible por cualquiera. Si yo nunca oí eso, yo acabo de ser iluminado. Si yo lo oí pero no lo entendí, y lo oí dos, cinco, seis, siete veces, yo he tenido más iluminación acerca del mismo.
De hecho, en el Evangelio de Juan hay una expresión muy similar, en Juan 1:9, que dice lo siguiente: "Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre". La luz verdadera es Cristo. Cristo vino, vino al mundo, y alumbró, iluminó —dependiendo de la traducción que tú tengas— a todo hombre. ¿Convirtió a todo hombre? Claro que no. Pero trajo un conocimiento que la gente no tenía, trajo un conocimiento que penetraba la oscuridad del ambiente y del corazón. Y en ese sentido podemos ver que el ser iluminado no implica el ser convertido.
Segundo término con el que tenemos que lidiar: "probaron del don celestial". No está cien por ciento claro lo que esto implica, lo de probar el don celestial. Sin embargo, lo que muchos han opinado es que probar el don celestial es básicamente probar las bendiciones de Dios. Y ahora yo te voy a explicar un poquito eso a partir del Salmo 34:8. Escucha cómo el salmista invita al lector a probar algo acerca de Dios: "Probad y ved que el Señor es bueno". Esa no es una invitación a la conversión, pero es una invitación a probar, ¿qué cosa? Las bendiciones de Dios. Es como los israelitas: cuarenta años en el desierto, maná todos los días, nube que los protegía durante el día, fuego durante la noche para iluminación. Claro que ellos probaron las bendiciones de Dios, claro que ellos probaron que Dios es bueno, pero eso no es una invitación a la salvación. De manera que probar el don celestial no implica necesariamente una conversión.
El tercer término que está ahí, que se hace difícil de interpretar en ocasiones, habla de "aquellos que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo". Y algunos han pensado que ser partícipes del Espíritu Santo es tener la morada del Espíritu. Wayne Grudem, que yo creo que es la persona que más ha trabajado a partir del lenguaje original este pasaje —él tiene todo un capítulo en un libro conocido como Still Sovereign, o "Dios es todavía soberano", él tiene un capítulo dedicado a este texto básicamente— él habla de cómo, en el contexto del lenguaje original, realmente el ser partícipe del Espíritu Santo en esencia lo que implica es estar cercanamente relacionado a la obra del Espíritu.
Déjame ilustrártelo a partir de la vida de Jesús. En un momento dado, Jesús está expulsando demonios y a Él le acusan de expulsar los demonios por el poder de Beelzebú, el poder de Satanás. Y Cristo afirma que Él no expulsa los demonios de esa manera, sino por el poder del Espíritu. Ellos están viendo algo milagroso —expulsión de demonios por el poder del Espíritu— y le atribuyen esa obra al poder de Satanás. En ese contexto, Cristo dice que esa es la blasfemia contra el Espíritu Santo que no te será perdonada ni en esta vida ni en la venidera. En otras palabras, si tú rechazas el poder del Espíritu que tú mismo estás viendo, tú estás cercanamente asociado a la obra del Espíritu y lo rechazas. Y ese Espíritu es el que produce regeneración, pues no pienses que tú podrás tener salvación sin su intervención. De manera que esta gente no tiene que haber sido creyente para haber participado de la obra del Espíritu, sino estar relacionada con la obra del Espíritu.
Como cuando veíamos las personas dando testimonio de su conversión aquí, esa es una obra del Espíritu de Dios. Y ese Espíritu ha hecho otras cosas en otras ocasiones. Tú lo ves, tú vienes a la iglesia, tú ves vidas cambiadas, tú ves matrimonios transformados, tú ves hijos rebeldes que estuvieron en drogas liberados. Todo eso es la obra del Espíritu. Tú lo has visto, tú has oído los testimonios, pero tú no prestas atención a lo que el Espíritu está tratando de comunicarte.
Luego el autor habla de "aquellos que gustaron la buena palabra". Yo creo que es el término más fácil de explicar, porque Cristo en Mateo 13 habla de la parábola del sembrador y dice que este sembrador fue tirando, regando semillas, y la semilla fue cayendo en diferentes terrenos, y algunas semillas cayeron entre pedregales. Y luego entonces los discípulos van aparte, dicen: "Maestro, explícanos la parábola, porque nosotros quedamos en Babia". Y Cristo les dice, entre otras cosas, les dice: "Mira, la semilla que cayó entre pedregales comenzó a germinar, pero cuando llegó la aflicción y la persecución, a causa de la aflicción y la persecución, la semilla se murió, no dio fruto".
Sin embargo, Cristo dice que ese grupo recibió la palabra con gozo. Yo creo que eso habría que subrayarlo, porque esto no fue una gente que recibió la palabra y dijo: "Es bueno, no sé". No, esta gente lo recibió con gozo. Pero cuando llegó la persecución... ¿Y por qué es importante subrayar la persecución? Porque el autor de Hebreos está escribiendo a cristianos bajo persecución, literalmente. Él está preocupado que estos sean de esos que, cuando llegue la persecución, la profesión de fe que hicieron la abandonen, y ellos cometan el pecado de apostasía.
Finalmente, el autor habla de que esta gente "gustó de los poderes del siglo venidero". Bueno, ¿qué significa eso? Yo creo que te lo puedo explicar a la luz de la Palabra de dos maneras distintas. Piensen en Judas, es un personaje al que vamos a regresar. Judas formó parte de los doce, y esos doce formaron parte de los setenta. Y en un momento dado Cristo los envía, los envía y van a realizar, los envía, y cuando ellos regresan vienen súper contentos y le dicen: "Señor, hasta los espíritus se nos sometían".
Ahora, eso no es como lo más sorprendente, porque si Cristo los envió y ellos fueron en el nombre de Cristo, quizás cosas pasaron no por los enviados, sino porque Cristo decidió honrar su nombre. Lo impresionante es la respuesta de Cristo ante lo que ellos vienen y cuentan. "Hasta los espíritus se nos sometían", y Cristo les dice: "No se alegren por eso". ¿Cómo que no se alegren por eso? Entonces, ¿sabes lo que hicimos? Por primera vez en misión, la primera que fuimos solos, fuimos en tu nombre y encontramos gente poseída y pudimos expulsarlos, ¿y tú nos dices que no nos alegremos por eso? "No se alegren por eso. Alégrense de que sus nombres estén escritos en el libro de la vida".
En otras palabras, el hecho de que señales hubiesen sido hechas cuando ustedes fueron en mi nombre no es garantía de que sus nombres estén escritos en el libro de la vida. Y Judas es el ejemplo típico: él fue, él fue de los que regresó, él fue de los que reportó, pero su nombre no estaba escrito en el libro de la vida.
Y si eso no es suficiente para convencernos, recuerda esta enseñanza de Cristo en Mateo 7, en el Sermón del Monte, ya hacia el final, los versículos 22-23: "Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre?' —tú ves que el nombre hace una diferencia— 'y en tu nombre echamos fuera demonios'". Parece que fue verdad, porque le están hablando al Señor; Él podría decir: "No, mentís, no hicieron eso". "Y en tu nombre hicimos muchos milagros". ¿Verdadero o falso? No lo sé, pero como quiera hubo demostración de ciertos poderes. "Y entonces les declararé: Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad". Eso es verdad. ¡Wow!
Cristo está reconociendo que en el día del juicio va a haber gente que va a venir, le va a decir: "Señor, en tu nombre, en tu nombre nosotros profetizamos, nosotros hicimos milagros, nosotros hicimos esto, hicimos aquello". Y Cristo les va a decir: "No, ustedes eran unos hacedores de iniquidad". Entonces hay gente. El autor de Hebreos está diciendo: hay gente entre ustedes que probaron de los poderes del siglo venidero, pero no eran parte de.
Ahora, lo más pesado para mí de digerir y decir esta mañana, igual lo digo, y el Señor es mi testigo que durante la preparación de este mensaje y al entregarlo hoy hay una cierta tristeza en mi interior: esta imposibilidad de arrepentimiento de aquellos que han tenido esa experiencia, "porque de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública".
El punto que el autor del libro de Hebreos está haciendo, está tratando de hacer, no es que Cristo no tiene suficiente misericordia para volver a perdonar a personas como ellos, sino que para hacer algo como eso, después de haber experimentado todas estas bendiciones, eso implica que en el medio del camino el corazón se fue endureciendo, se fue haciendo insensible, hasta el punto que es el corazón endurecido a quien no le interesa regresar ya a donde Cristo a pedir perdón.
Esta gente hizo profesión de fe, gustó de la buena palabra, fueron partícipes de la obra del Espíritu, llegaron a ser partícipes de los poderes del siglo venidero. Si después de todo eso terminan rechazando lo que una vez ellos creyeron, lo que están haciendo es a partir de un corazón endurecido.
Hace poco, ustedes lo conocen, lo he mencionado aquí, pero lo recuerdo otra vez: un líder muy conocido, crecido en la fe reformada, en un fin de semana, a raíz del divorcio de su esposa, se divorcia de la fe cristiana, abraza el movimiento LGTB. Y yo te puedo decir que hace diez años, si alguien hubiese dicho "fulano de tal va a hacer esto en diez años", todo el mundo, incluyéndome a mí que no soy gran cosa, pero me incluyo, creyéndome a mí para hacer parte del universo, le hubiese dicho: "Fulano, no, no, es imposible. Su caminar es contrario a lo que tú me estás diciendo".
El problema es que llega un momento en este tipo de gente que ha preferido un estilo de vida que en el aquí y en el ahora produce más placer y satisfacción. Y en su impaciencia, en vez de esperar por los placeres del siglo venidero en la presencia de Dios, donde hay plenitud de gozo, han elegido un estilo de vida que los ha llevado por el derrotero contrario.
Yo decía hace poco que Adán y Eva mordieron de la fruta prohibida y seis mil años después nosotros todavía estamos saboreando el agrio de la fruta. Yo mencionaba esta mañana, yo no sé cómo lucía la fruta, pero me imagino una fruta altamente atractiva. Como aquellos de ustedes que les gusta la manzana, esa manzana brillosa, grande, que tú quieres comértela ahí mismo. O a veces ocurre con las bananas que están tan amarillas y tú quieres comértelas ahí mismo. Algo así. Sin embargo, una vez mordida, pues supo distinto. Esto es lo que ocurre con la apostasía.
Déjame traer el caso de Judas. Yo creo que si nosotros traemos algunos ejemplos, algunas ilustraciones al tapete de la Biblia misma, podemos verlo mejor. Judas formó parte de los doce, fue elegido como apóstol por parte de Jesucristo, fue entrenado por Cristo mismo por dos o tres años, escuchó todos los sermones de Jesús probablemente, fue hecho tesorero del grupo. Judas lucía tan confiable que lo hicieron tesorero para que manejara el dinero. Judas vio los milagros. Judas fue en pareja de dos en dos y fue de los que regresó, quizás reportando que los demonios se le sometían. Y nadie, absolutamente nadie, podía percatarse de que Judas lucía diferente a los otros once.
Y la mejor prueba de eso es que cuando el Maestro dice que alguien lo iba a traicionar, cada uno de ellos se preguntó: "¿Seré yo, Maestro? ¿Seré yo?". Ninguno dijo "probablemente Judas, porque él siempre ha lucido un poco raro, un poco como no tan comprometido con la causa". De hecho, pensar que él formó parte de los doce y que ninguno de ellos tenía idea.
Claro que Judas fue iluminado. Cada vez que Judas escuchó un sermón de Jesús, un Sermón del Monte o algo parecido, claro que estaba recibiendo luz. Claro que Judas recibió del don celestial. Él disfrutó de todas las bendiciones de Jesús. Él participó de la multiplicación de los panes. Judas participó de cada milagro que Jesús hizo. Claro que fue partícipe de la obra del Espíritu Santo. Fue estar cercanamente relacionado al obrar del Espíritu. Una vez más, él probablemente incluso expulsó demonios en el nombre de Cristo junto con la otra persona con quien él fue. Y claro que gustó de la buena palabra cada vez que oyó a Cristo predicar, hablar. Imagínate a Dios mismo explicando una enseñanza que tiene que ver con Él mismo. Eso había sido extraordinario. Claro que fue iluminado en gran manera. Participó de los poderes del siglo venidero como ya explicamos.
Y al final, Judas probó ser un doble agente, donde él estaba en el interior de los doce, conocía al Maestro, habló con ellos, fue al otro grupo y le dijo: "Yo te lo voy a identificar con un beso en medio de la noche". ¿Han visto estas películas donde hay un espía que trabaja para uno y trabaja para el otro campo? ¿Han visto, o soy yo el único que ha visto películas? De hecho, hace poco apresaron a un espía que estaba trabajando para Estados Unidos y para Corea del Norte al mismo tiempo. De manera que estas películas con este tipo de trama están atrasadas por dos mil años, ya que Cristo mencionó cómo eso ocurría y cómo ocurrió de manera especial en la vida de Judas.
J.C. Ryle, uno de los grandes hombres de Dios de los años 1800 y tanto, dice lo siguiente. Escucha, porque es un párrafo bien organizado: "Judas es un ejemplo perfecto de hasta dónde un hombre puede llegar en una falsa profesión de la religión". Y agrega: "Es imposible concebir una prueba más sorprendente de esta dolorosa verdad que la historia de Judas Iscariote. Si alguna vez hubo un hombre que en un momento parecía un verdadero discípulo de Cristo y prometía alcanzar el cielo, ese hombre era Judas. Él fue escogido por el Señor Jesús para ser apóstol. Tuvo el privilegio de ser un compañero del Mesías y un testigo de sus milagros a través de su ministerio terrenal. Él era un socio de Pedro, de Santiago y de Juan. Él fue enviado a predicar el reino de Dios y hacer milagros en el nombre de Cristo. Fue considerado por todos los once apóstoles como uno de ellos. Era tan parecido a los otros discípulos que no sospechaban que era un traidor. Y sin embargo, ese hombre resulta al fin un hijo falso de corazón, se aparta completamente de la fe y ayuda a los más mortíferos enemigos de nuestro Señor, y deja el mundo con una reputación peor que cualquiera desde los días de Caín". Escucha esto: "Nunca hubo una caída como esta apostasía, un final tan triste para un principio justo, un eclipse total del alma".
Cuando Judas vio que al Señor lo apresaron, algunos textos dicen que Judas experimentó remordimiento. Reina Valera del 60 dice que Judas experimentó arrepentimiento. Pero cuando Pablo habla a los corintios en su segunda carta en el capítulo siete, versículos diez y siguientes, él habla de dos tipos de tristeza y arrepentimiento: una que viene de Dios que lleva a la salvación, y la otra que viene del mundo que lleva a la perdición. Porque una cosa es arrepentirme de las consecuencias y otra cosa es arrepentirme de haber violado la ley de Dios y haber, como dice el autor de Hebreos, pisoteado la sangre preciosa de nuestro Señor Jesús.
Déjame darte otra ilustración de la Palabra de Dios para que tú veas cómo estas cosas ocurren. Capítulo 8 del libro de los Hechos. Ustedes conocen esta historia porque la revisamos, pero la repetición es la clave del aprendizaje. "Y cierto hombre llamado Simón hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje. Y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención diciendo: 'Este es el que se llama el gran poder de Dios'. Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo, se bautizaban tanto hombres como mujeres".
Ahora escuchen: "Y aun Simón creyó". Creyó. "Y después de bautizarse" —se bautizó— "continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían". Hay un mago que exhibía ciertos poderes, que escucha a Felipe el evangelista, cree lo que oye, cree el evangelio. El texto dice que creyó, incluso se bautizó, y después de haber creído y de haberse bautizado, está tan emocionado con el ministerio que le dice a Felipe que le va a seguir.
Y luego entonces ve cuando llegan Pedro y Juan, que allí imponen las manos sobre otros y como que hablan en lenguas. Y cuando él vio que ese don del Espíritu Santo era recibido por la imposición de las manos, le ofrece dinero a Pedro para que le dé esa capacidad.
Ahora escucha cómo Pedro se dirige a él, para que tú puedas ver si este es el lenguaje que tú usas para referirte a un creyente: "Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad y ruega al Señor, a ver si es posible que se te perdone el intento de tu corazón, porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad estás preso". Pero Simón respondió y dijo: "Rogad vosotros al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que habéis dicho".
Pedro le dice: "Mira, lo que tú has hecho es tan vil que ruega para que Dios te perdone, a ver si Él te concede el perdón". Pedro dice: "De esta tu maldad ruega al Señor, a ver si es posible que se te perdone el intento de tu corazón, porque tú estás en hiel de amargura". Y él dice: "No, yo no quiero orar. Oren ustedes para que no me sobrevenga esto". De manera que tú puedes ver ahí otro ejemplo en las Escrituras de alguien que creyó según Lucas, se bautizó, y al final no era creyente.
Un caso más. Demas es mencionado en la carta a Filemón, en el versículo 24, como colaborador de Pablo junto con Lucas, junto con Aristarco y junto con Marcos: "mis colaboradores". De manera que Demas ahí recibe el calificativo de colaborador de Pablo, alguien que está asociado con Pablo cercanamente. Un poco más tarde, en Colosenses, se menciona el nombre de Demas, pero no dice nada acerca de Demas. No dice que es colaborador de Pablo, no dice que es amigo de Pablo, no dice que es un hombre fiel. Como que hay un deterioro quizás. Estoy especulando un poquito, porque primero se menciona como colaborador de Pablo y ahora simplemente es un nombre.
La próxima vez, y última, en la última carta que Pablo escribiera, 2 Timoteo 4:10: "Pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica".
De colaborador de Pablo pasó al mundo. Pero nota cómo Pablo hace el contraste, o la Palabra hace el contraste: él está en un momento dado animado, entusiasmado con la obra evangelística, y en otro momento dado el mundo le atrae, las tentaciones del mundo, las ofertas del mundo, y él decide por el mundo antes que por el reino de los cielos.
Cristo habló justamente de eso de otra manera en la parábola del sembrador, porque habla de unas semillas que cayeron en cierto tipo de terreno. Y entonces, cuando él les explica a los apóstoles el significado, dice: esos son los que reciben la Palabra, inicialmente comienza a germinar, pero luego las preocupaciones del mundo, las cosas del mundo, las tentaciones del mundo los atraen, y la semilla queda sin fruto.
Fue por eso que el autor de Hebreos entra por el estancamiento que él está viendo que está ocurriendo en los creyentes, para luego llegar a decirles: es esto lo que está pasando, es esto lo que va a pasar en la vida de algunos de ustedes. Y luego Juan, estoy citando muchos textos bíblicos porque la verdad es que un pasaje tan complejo como este no lo podemos explicar a la luz de una opinión humana.
Y luego Juan, ya en sus noventa años, ha visto muchas cosas, tiene experiencia, y él dice en 1 Juan 2:19: "Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubiesen sido de nosotros habrían permanecido con nosotros, pero salieron a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros." Para Juan no está hablando de una iglesia local, salieron de la IBI y al salir de la IBI probaron que no eran creyentes, ¿no? No es eso de lo que Juan está hablando. Juan está diciendo: eran de la familia de Dios, eran de los nuestros aparentemente, al igual que todos, pero cuando salieron y apostataron, pusieron de manifiesto que nunca fueron de nosotros. De otras palabras, no fue que esta gente creyó y perdió su salvación, no, es que ellos nunca fueron de nosotros. El verdadero creyente no apostata de la fe; es aquel que cree que es creyente, que se dice como creyente, que se comporta como creyente, pero que al final no lo era.
Entonces, ¿cómo es que esto comienza? ¿Cómo es que esto se da en la vida de una persona? Porque se puede dar en una iglesia, de eso quizá hablemos en el próximo mensaje; se puede dar en una denominación y se está dando hoy en día de esa misma manera. Pero a nivel personal, ¿cómo comienza esto?
Bueno, hay un enfriamiento por las cosas de Dios que produce estancamiento. Ya el autor de Hebreos lo conectó directamente: hay una falta de crecimiento en la persona. Eso no dice que va a terminar como un apóstata, pero es una señal de que algo no anda bien en tu vida, que puede terminar mucho peor. Te reprende la Palabra que antes leías; realmente no tiene deseo de leerla. La predicación que antes tú disfrutabas, ya sea porque te causaba convicción, o te iluminaba, o te enseñaba, ya me parece un poco insípida, nada como que me está llegando. La predicación que me hacía sentir convicto de pecado, y que entonces me hacía ir donde Dios a hablar con él, realmente hace mucho que yo no siento convicción cuando oigo un sermón.
La adoración en la iglesia que antes me motivaba hasta levantar los brazos, eso no quiere decir que usted para adorar tiene que levantar los brazos, estoy ilustrando nada más, me motivaba tanto que leía en las líricas cosas que salían de la Biblia misma y me ayudaban a levantar mis brazos. Ya como que ya esas emociones no están, mis emociones no son movidas durante la adoración.
Entonces ese alejamiento de la Palabra y ese alejamiento de Dios comienzan a producir en mí una disminución del temor a Dios. Esa disminución del temor a Dios comienza a producir en mí una disminución del temor a las consecuencias del pecado. Y esa disminución del temor a las consecuencias del pecado comienza a permitirme incurrir cada vez más en áreas cada vez más preocupantes, y llega un punto en que mi conciencia comienza a adormecerse. Y esa conciencia adormecida es la que no me permite sentir el jalón que antes me daba. Quizás el jalón grande que yo antes sentía ahora es ligero, y esa conciencia continúa hasta encallecerse, y esa conciencia ahora cauterizada no me produce ninguna alerta roja ya. Y así es como se da ese proceso: se dio en Judas, en Demas, en Simón.
Yo me imagino que Judas por un tiempo disfrutó de la obra de la evangelización. El autor de Hebreos estaba altamente preocupado por la posibilidad de que estos hermanos apostataran; estos hermanos estaban bajo persecución. Él estaba tan preocupado que el autor de Hebreos menciona cuatro veces de cuatro formas distintas la posibilidad de la apostasía bajo la condición que ya estaban viviendo.
Déjame alertarte. En el 3:12: "Tened cuidado, hermanos." Esto es increíble, porque les llama hermanos. Se lo está asumiendo, que son hermanos, pero probablemente entre ellos hay algunos que no, pero les llama: "Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo." Les está hablando hermanos, pero algunos probablemente no lo eran. Les dice: cuidado que no haya en ustedes un corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.
La segunda advertencia es el texto que tratamos hoy, que no lo voy a leer ahora porque ya lo hicimos.
Tercera advertencia, en 10:26 y siguientes: "Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad," ahí está, deliberadamente, el conocimiento de la verdad, "ya no queda sacrificio alguno por los pecados, sino cierta horrenda satisfacción de juicio y la furia de un fuego que ha de consumir a los adversarios. Cualquiera que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que ha hollado bajo sus pies al Hijo de Dios y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado y ha ultrajado al Espíritu de gracia?" Tercera advertencia contra la apostasía.
Cuarta y última advertencia, 12:25: "Mirad que no rechacéis al que habla, porque si aquellos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo." El que me amonesta en la tierra es aquel que me habla, me confronta, me señala; y si no escuchamos ahora, mucho menos, ¡cuánto más sería mi culpa si aquel que me amonesta desde los cielos, que es el Espíritu Santo, si no le hago caso a él!
Nosotros iniciamos en abril, 5:11, hablando del estancamiento de esta gente que no había progresado, y luego llegamos al 6:1-2. Pero hay un par de cosas que yo necesito mencionar para dejar el texto entero expuesto y que son importantes.
Los versículos 7-8. Lo voy a hacer rápidamente. Lo que el autor hace es ilustrar lo que acaba de decir: "Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella, y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios." La tierra es el individuo que recibe bendición y produce frutos; esa tierra está dando muestra, en referencia al individuo, de su conversión. "Pero si produce espinos y abrojos, no vale nada, está próxima a ser maldecida y termina por ser quemada." Pero recibió la lluvia de Dios, pero los frutos que dio no se correspondían con los frutos de una buena tierra. A eso se está refiriendo.
Ahora el autor de Hebreos retoma el tema y se dirige a otro grupo, pero lo único es que ellos están juntos. Dice: "Pero en cuanto a vosotros." Ahí hay un "pero" y un "vosotros", o sea, que yo le hablé a este grupo, pero en cuanto a vosotros, amados, aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación. "Porque Dios no es injusto para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos." Es esa forma de vivir, ese estilo de vivir que honra a Dios, que honra su nombre, que le está sirviendo a los hermanos, a los santos, que está dando testimonio de que esta gente es creyente.
"Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud, diligencia, hasta el fin." Es necesario terminar bien. "Para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas." Les está hablando a otro grupo de personas.
Pero como decíamos al principio, esto pudiera darse a nivel individual, pudiera darse a nivel de una iglesia, pudiera darse a nivel de toda una denominación. Lo increíble de todo esto es que es tan fácil desviarse de la verdad y nosotros no lo creemos.
A nivel de iglesia, la iglesia de Galacia, a los gálatas, había comenzado un poco tiempo, dice Pablo, a alejarse del evangelio. Y Pedro, el apóstol, en un momento dado se comienza a comportar de una manera que Pablo dijo que Pedro había comenzado a arrastrar a Bernabé y a otros. Y dice Pablo: "Cuando yo vi que Pedro no se estaba comportando conforme a la verdad del evangelio, le llamé hipócrita." Pedro se estaba alejando de la verdad del evangelio.
Quizás la próxima semana tomemos el tiempo para explicar eso que yo acabo de decir, para que podamos entender cuál es el problema. Como decía Tozer, el problema es que cuando Satanás construye la mentira, la construye tan parecida a la verdad que, a menos que tengas tu sentido bien ejercitado para el discernimiento, tú a veces no sabes cuál es la verdad y cuál es la mentira. Si es posible, y es experto nuestro enemigo principal para hacer algo como eso, y esa es la preocupación del autor del libro de Hebreos: que en nuestro caso quizás no es la persecución la que nos hace desviar, pero hay otras cosas que pudieran hacernos desviar en el camino, distraernos y eventualmente abandonar la carrera.
Que Dios nos evite ser uno de ellos, como individuos y como iglesia.