Dios establece una distinción clara entre quienes rechazan la verdad y quienes son genuinamente suyos. En 2 Tesalonicenses 2, Pablo contrasta a los apóstatas —aquellos que, habiendo oído la verdad, la rechazaron y prefirieron la mentira— con los creyentes fieles de Tesalónica. Mientras los primeros recibirán un poder engañoso como juicio divino, los segundos son llamados "amados por el Señor", y la evidencia de ese amor es precisamente haber sido escogidos por Dios desde el principio. No hay mérito humano que justifique la elección: como ocurrió con Israel, Dios no eligió a su pueblo por ser numeroso o especial, sino simplemente porque lo amó.
La salvación que Dios otorga implica separación del mundo y santificación progresiva, obra que se realiza mediante el Espíritu y la fe en la verdad. Todo el proceso —desde la regeneración hasta el arrepentimiento— es gracia sobre gracia. Dios sale a buscar, abre los ojos, prepara el corazón, concede el entendimiento y otorga la fe misma. Por eso Pablo se siente compelido a dar gracias constantemente por los tesalonicenses.
Frente a esta realidad, el llamado es claro: estar firmes. Firmes en la fe verdadera —no fe en la fe, sino confianza depositada en Dios y su Palabra—, firmes en la doctrina recibida, firmes en la voluntad divina. El pastor Núñez ilustra esto con Noé, quien construyó el arca durante décadas sin haber visto jamás lluvia, simplemente porque Dios había hablado. Esa firmeza produce fruto: buenas obras que Dios preparó de antemano y que glorifican su nombre ante un mundo que observa.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Fuimos, hermanos, para vivir en su Palabra. Yo le invito a que abra la segunda carta o epístola a los tesalonicenses, que busque el capítulo 2. Vamos a leer hoy del 13 al 17. En unos momentos trataremos de introducir primero el texto que nos corresponde. Es el texto que cierra el capítulo 2 de esta carta, y les recuerdo que en los últimos dos fines de semana, los últimos dos domingos yo debía decir, estuvimos cubriendo aquella cosa que Pablo le enseñó a la iglesia de Tesalónica. En particular les habló de dos eventos que precederían la venida de nuestro Señor Jesucristo, y uno de esos eventos era la apostasía, o es la gran apostasía, y el otro era la aparición del hombre de pecado, el hombre de anarquía, el hijo de perdición o el anticristo, dependiendo de la traducción y el pasaje que usted esté leyendo.
Al hablar de la apostasía vimos cómo Dios se iba a encargar en un momento dado de enviar a un grupo de incrédulos, a un grupo de personas que quizás se decían ser creyentes pero no lo eran. Dios mismo se iba a encargar de enviar un poder engañoso para que creyeran la mentira, porque no amaron la verdad. Y como estamos tratando de recordar algunas cosas que dijimos, y al mismo tiempo como siempre tratamos de hacer, colocando el texto de hoy en el contexto, yo quiero leerte literalmente las palabras del apóstol Pablo en la porción que antecede al texto de hoy, pero que es la porción que expusimos la semana pasada.
Comenzando en el versículo 7: "Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, solo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. Ese inicuo, cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por eso Dios les enviará un poder engañoso para que crean en la mentira, a fin de que sean juzgados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad."
Ese es el fin del pasaje anterior, y en esencia lo que Pablo nos está ayudando a ver es: ¿quiénes son esos apóstatas? ¿Por qué Dios decidió juzgarlos de la manera que los está juzgando? No hay un diluvio como en la época de Noé, o un fuego que caiga del cielo como en el caso de Sodoma y Gomorra. Lo que hay es algo distinto: es un poder engañoso, es alguien o mucha gente, falsos cristos, falsos maestros, capaces de hacer señales y prodigios mentirosos. Señales y prodigios mentirosos que podrán, no simplemente que podrían, pero lo harán, engañar a muchos. Y la razón de este tipo de juicio es porque ellos no amaron, no creyeron la verdad, habiéndola tenido, habiéndola oído. Rechazaron la verdad y prefirieron la mentira.
Lo que Pablo hace entonces en la sección que nos toca hoy exponer es que él establece un contraste entre ese grupo de apóstatas y los creyentes fieles en la iglesia de Tesalónica. Dios siempre ha hecho una distinción entre el pueblo incrédulo y su propio pueblo, no importa si se trataba de Noé en un momento dado, o de Abraham en otro momento dado, o en este caso de los fieles en la iglesia de Tesalónica. Pero Dios nunca ha tratado igual a aquellos que son suyos que a aquellos que han rechazado la verdad que les ha revelado.
Entonces ese contraste entre los apóstatas que acabamos de describir y que serán juzgados, y el grupo al que Pablo se va a referir ahora, ese es establecido con la primera palabra del texto de hoy en el versículo 13, que es un "pero". Yo quiero comenzar justamente ahí: "Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros." Ese es el otro grupo. "Hermanos amados por el Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Y fue para esto que os llamó mediante nuestro evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra. Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele vuestros corazones y os afirme en toda obra y palabra buena."
Padre, gracias te damos por estas instrucciones al final de este capítulo de la epístola del apóstol Pablo, este deseo, esta intercesión y estas verdades aquí reveladas. Yo te pido que tú puedas perfeccionar tu poder en la debilidad del predicador en esta mañana, que tú puedas glorificarte a ti mismo por medio de tu Espíritu que ilumina la mente de aquellos que escuchan tu Palabra. Te pido que cuides al expositor del error, te pido que le des discernimiento a los que escuchan para separar el error de la verdad, sin importar de dónde venga el error, aun fuera del expositor mismo. Dios, yo te pido que tú les des discernimiento a los que escuchan, porque tu verdad, tu Palabra y tu nombre es aquello que tú has engrandecido por encima de todo. Ayúdanos a honrar ambas cosas, tu nombre y tu Palabra, en esta mañana. En Cristo Jesús, amén.
Decía que el "pero" con el que comienza esta sección es una palabra de contraste entre aquello que le precedió y aquello que sigue. El grupo anterior era un grupo de personas incrédulas que habían abrazado una mentira, que habían amado la mentira por encima de la verdad. Pero este grupo distinto al que Pablo se refiere, este es un grupo que mueve el corazón de Pablo hasta el punto que él dice: "Nosotros tenemos necesidad de dar gracias por vosotros." Pablo se siente compelido, Pablo se siente movido, casi obligado a dar gracias a Dios por este otro grupo de hermanos. Y esas palabras son casi idénticas a las que Pablo usa o revela en 1:3 de esta carta, cuando también daba gracias a Dios y también decía "tenemos que hacerlo", y justamente lo hacía por estos hermanos de Tesalónica.
Inmediatamente después de Pablo expresarles a ellos la compulsión que él siente en su interior de dar gracias por ellos, él les llama, les voy a llamar hermanos, pero los califica ahora de una manera que no lo había hecho antes y les llama "amados por el Señor". Ustedes no son simplemente hermanos míos en el Señor, yo quiero que entiendan, que sepan, que recuerden que vosotros sois amados por el Señor. E inmediatamente después, en el mismo versículo, Pablo revela la razón, cómo él sabe que ellos son amados del Señor. Escucha: "Porque Dios os ha escogido desde el principio."
Entonces, ¿cuál es la razón por la que Pablo está dando gracias a Dios cuando piensa en los tesalonicenses? Número uno, porque ellos son amados del Señor. Número dos, porque ellos han sido escogidos por el mismo Señor desde el principio. Esa es la base. El amor de Dios sobre los suyos, ese amor especial, incondicional, es la única base de la elección. Es la única base de su elección, es la única base de tu elección si tú eres creyente, es la única base o fue la única base de la elección del pueblo de Israel por encima de cualquiera otra nación.
No había, no hay, no habrá en ninguno de nosotros, en ninguna nación, ninguna característica, logro o circunstancia que nos haga meritorios de la salvación. Y por tanto yo necesito preguntarle a la Palabra: ¿cuál es la razón de la elección de Israel y de mi elección como parte del pueblo especial? Y Dios dice en Deuteronomio 7, comenzando en el versículo 7, lo siguiente: "El Señor no puso su amor en vosotros," hablando de Israel, "ni os escogió por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos. Más porque el Señor os amó y guardó el juramento que hizo a vuestros padres, el Señor os sacó con mano fuerte y os redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto."
De manera que si tú eres creyente nacido de nuevo, tú debes considerarte amado por el Señor. Y la evidencia, la primera y la mejor evidencia de que tú eres amado por el Señor, es el hecho de haber sido escogido por Dios, el mismo hecho de haber creído en Dios. Dios te salió a buscar cuando tú no le estabas buscando, y tú sabes que sus ojos recorren toda la tierra y que cuando Dios sale a buscar a alguien lo encuentra. Y en este caso no solamente te encontró, sino que te abrió los ojos, te preparó el corazón, te abrió el entendimiento, puso su Espíritu dentro de ti, te dejó escuchar el evangelio, te ayudó a entender el evangelio, te hizo entender el evangelio, te dio el arrepentimiento, y luego tú, movido por todo eso que ya Dios había hecho, fuiste y te arrepentiste delante de él y pediste perdón por tus pecados, y luego él te perdonó también. Si todo eso no es gracia sobre gracia, yo no sé lo que es gracia, entonces.
Y Pablo les dice a ellos: "Vosotros sois amados por el Señor." Y ahora, en el mismo versículo, Pablo no solamente les habla de cómo ellos son amados por el Señor, sino también les habla de cuál fue la meta por la cual o para la cual Dios los escogió y les dio salvación, y cuál fue la manera como Dios lo hizo. Es increíble cómo Dios puede empaquetar tanta información, conocimiento, sabiduría en un solo versículo. No hemos salido del versículo 13 todavía y Pablo tiene más cosas que decir, porque Pablo les habla de que ellos fueron escogidos para salvación mediante la santificación.
Escogidos para salvación. Cuando alguien te pregunta, o si tú has hecho la pregunta, "¿eres salvo?", ¿has pensado bien de qué es que Dios nos salva? ¿O has pensado bien cuando tú le dices a alguien "eres salvo" qué es lo que tú le estás preguntando? ¿De qué o de quién nos salva Dios? Dios nos salva de él mismo. Dios nos salva de la ira que estaba sobre nosotros en el momento de nuestra incredulidad.
Dios no me salva de Satanás. Satanás no tiene poder para juzgarme, para enviarme a ningún lugar. Por eso es que Cristo dice que no tengamos miedo a aquellos que pueden matar solamente el cuerpo, sino que le tengamos temor al que puede matar no solamente el cuerpo sino también el alma. De manera que Dios me salva de su propia ira, y Él hizo eso descargando dicha ira sobre los hombros de su Hijo en la cruz.
Esa es la razón por la que Juan dice en el capítulo 3, el último versículo, el 36, que aquel que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que no cree en el Hijo, la ira de Dios permanece sobre él. Esa ira de Dios bajo la cual yo nací, de la cual Dios me salva por medio de su Hijo. Y Pablo nos dice, o les dice a ellos, que Cristo los eligió para salvación mediante santificación.
Si lo piensas por un momento en términos de lo que la palabra santificación significa, en primer lugar la palabra implica separación. La manera como Dios nos ha salvado en primer lugar es separándonos, separándonos del mundo; del mundo hemos salido. Esa es de hecho el significado de la palabra iglesia, ekklesia en el original: ek, fuera; kaleo, llamar. Hemos sido llamados fuera y fuimos llamados fuera del mundo para entrar a la familia de Dios. De manera que Dios nos ha llamado para salvación mediante santificación, mediante la separación.
Y si piensas por un momento en lo que pasó con el pueblo hebreo cuando estaba en Egipto, esa historia tipifica perfectamente bien nuestra salvación. Dios tomó al pueblo hebreo y lo separó de Egipto, donde ellos estaban acostumbrados a adorar dioses ajenos, dioses paganos, dioses que ellos habían construido con sus propias manos y habían puesto y colocado en altares especiales. Y de esa misma manera, el día que Dios nos salvó, Dios me sacó de mi propio Egipto, el mundo de pecado, donde nosotros también teníamos dioses ajenos que adorábamos. Ya no construidos con las manos en la mayoría de nosotros o de nuestros casos, pero sí construidos con nuestra mente y colocados en el interior de nuestro corazón. Pero ídolos verdaderos, reales.
De manera que si piensas por un momento en la salida y el éxodo del pueblo hebreo de Egipto hacia el desierto, esa historia tipifica exactamente lo que ha ocurrido con nosotros. Y Pablo les dice: vosotros habéis sido escogidos para salvación mediante santificación.
Ahora, en la carta a los tesalonicenses, o las cartas, uno o dos tesalonicenses, cuando habla de santificación no es tanto en la separación inicial que ocurre el día que yo soy salvo, sino en la santificación progresiva que se va dando, que se supone que se va dando en la medida en que nos vamos pareciendo cada vez más a la imagen de Cristo y cada vez menos a la imagen del hombre.
Y esa salvación mediante santificación, Pablo dice que se da de dos maneras, todavía en el mismo versículo 13: por el Espíritu y por la fe en la verdad. Es por medio del Espíritu, como dijimos, que Dios abre el entendimiento. Es por medio del Espíritu que Dios regenera al hombre. Es por medio del Espíritu que yo puedo recibir la oferta de Dios cuando ese Espíritu viene a morar dentro de mí.
Pero una vez el Espíritu dentro de mí, yo necesito entender el Evangelio. Es la única manera como yo puedo entender el Evangelio. Como bien dice Pablo a los corintios, el hombre natural no entiende las cosas espirituales porque tienen que ser discernidas por medio del Espíritu. De tal forma que ahora que Dios me ha dotado de la capacidad de entender el Evangelio, al escucharlo, yo puedo entenderlo, puedo entender sus implicaciones y puedo responder a dicho Evangelio. Y eso es exactamente lo que ocurre, pero yo tengo que creer, yo tengo que creer, porque la Palabra dice que la fe —ahí está la creencia— viene por el oír, y el oír viene por la Palabra de Dios.
Cuando Adán cayó, él quedó imposibilitado, su entendimiento quedó entenebrecido. La inteligencia del hombre no es lo que le permite entender el Evangelio y sus implicaciones; es la iluminación del Espíritu de Dios sobre la mente humana. De manera que Dios hace la parte importante primero. Luego yo necesito oír su Palabra, responder al llamado de su Palabra, habiendo sido capacitado por el Espíritu para dicha cosa. Y entonces creo, pero esa fe con la cual creo no la produje yo; la produce la Palabra y el Espíritu de Dios trabajando a través de la Palabra. Dios lo dice claramente en Efesios 2:8-9, que la salvación es un don de Dios a través de la fe, y esto no es de vosotros, la fe no es de vosotros, sino que es don de Dios.
Pablo ha resumido múltiples cosas en un solo versículo. Número uno: si tú eres salvo, yo tengo obligación de dar gracias a Dios por ti, de la misma manera que Pablo tiene obligación de dar gracias a Dios por los tesalonicenses. Puedo decir: bueno, Pablo tiene un motivo especial porque él fundó esa iglesia y quizás algunos de ellos fueron parte de su cosecha. Puede ser, pero Pablo tenía muy claro que uno siembra y otro cosecha. Y él está dando gracias a Dios siempre por los creyentes en las iglesias, en este caso por los tesalonicenses.
Número dos: Pablo revela que si tú eres salvo, tú eres amado de Dios. Se lo dice a los tesalonicenses: hermanos amados por Dios. ¿Sabes que eres amado por Dios y eres salvo? Eso es un concepto vital para el creyente: no solamente creer que Dios le ama, sino experimentar que Dios le ama. Y una de las razones es que en innumerables ocasiones personas se han sentado en el cuarto de consejería y han podido expresar: "Pastor, yo no siento el amor de Dios. No es que no lo creo, es que no lo siento." Y hay razones detrás de esas cosas. Frecuentemente tiene que ver con una relación terrenal con el padre, porque es difícil yo poder experimentar una relación celestial, una relación vertical hacia el Padre celestial, cuando mi relación con el padre horizontal no se ha dado.
Pero Dios es capaz, y por tanto Dios quiere que yo pueda experimentar su amor en la vida. Es un amor incondicional, porque ese amor incondicional va a generar confianza en mí, va a generar fe en mí para continuar creyendo sus promesas. En otras palabras, como Juan lo dice, el perfecto amor echa fuera todo temor. Una de las experiencias más comunes del ser humano es el temor. Y si yo creo la Palabra de Dios, y si tú todavía estás siendo visitado con frecuencia con temor, y yo creo en la Palabra, yo tengo que concluir que en algún momento, en alguna área de tu vida, hay una deficiencia en tu experiencia del amor de Dios, porque todavía tus temores son muy frecuentes y son muy variados. Es el amor de Dios el que me garantiza que Dios está conmigo, no importa las circunstancias, no importa los eventos, no importa dónde esté, no importa la carencia, no importa el desierto. Si Dios me ama y yo lo sé y yo lo experimento, yo sé que Él está conmigo aquí en este momento.
Salvación es evidencia de que Dios nos elige por amor. La manera como Dios nos salva es mediante santificación, dice el versículo 13, implica separación del mundo, una santificación progresiva a lo largo de los años, y eso se da por medio del Espíritu y por medio de la fe en la verdad. Todo eso en el versículo 13.
Escucha ahora el siguiente versículo: "Y fue para esto que Él os llamó mediante nuestro Evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo." Y fue para esto que Él os llamó. ¿Para qué, Pablo? Para salvación, para santificación. ¿Y cómo lo hizo? Mediante nuestro Evangelio. Otra vez ahí está la verdad como instrumento, como mediador entre la incredulidad y el estado de creyente ahora, o de nacido de nuevo. Lo que media esas dos cosas, justamente dice Pablo, nuestro Evangelio.
Es increíble que Pablo se atreva a llamar al Evangelio "nuestro Evangelio." Lo hace en este texto, lo hace en 2 Corintios 4:3, lo hace en 1 Tesalonicenses 1:5, lo hace en 2 Tesalonicenses 1:2, 14. En otras ocasiones, como en el libro de Romanos, le llama "mi Evangelio": Romanos 2:16, Romanos 16:25. En otras ocasiones le llama "el Evangelio de Cristo": Romanos 15:19, 2 Corintios 2, 2 Corintios 9:13-14, Gálatas 1:7, 1 Tesalonicenses 3:2. Y todavía en otras ocasiones le llama "el Evangelio de Dios"; ocurre eso en Romanos 1:1, 15:16, 1 Tesalonicenses 2:2, 2:8, 2:9.
Obviamente el Evangelio es de Cristo; Él escribió el Evangelio con su sangre. Obviamente el Evangelio es de Dios Padre, porque la idea inicial de toda la historia de la redención fue de Dios. Pero Pablo se ha identificado de tal manera con el mensaje del Evangelio que él se atreve a llamarle al mensaje que está detrás de su salvación "mi Evangelio." Es como si él lo hubiese introyectado y lo hubiese hecho parte de su ADN. Y ahora es parte de mí; eso es lo que hablo, por eso vivo. Por eso puedo decir, y por eso debo decir, que para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. El Evangelio es lo que respiro, el Evangelio es lo que como, el Evangelio es lo que exhalo; por tanto es también mi Evangelio. No en el sentido de reemplazar a Cristo o a Dios Padre, pero sí en el sentido de que tanto Cristo como Dios Padre le han entregado un Evangelio, un mensaje, que tiene que ser tan extraordinario que él se ha apropiado de él.
Y luego dice entonces en ese mismo versículo 14: ¿Para qué es que él fue y les predicó mi Evangelio, o nuestro Evangelio? Escucha la razón: para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo. El propósito de la proclamación del Evangelio no es hacer que gente buena se haga mejores personas. No es para pasar del estado bueno al estado mejor. Es para pasar del estado de muerte andando al estado de la vida. Es para pasar de las tinieblas o la oscuridad a su luz admirable. Es para pasar del reino de los hombres y el reino temporal a la gloria del Señor Jesucristo por toda la eternidad.
Imagínate entonces por qué Pablo puede decir lo que dice con tanta propiedad. Esto es tan extraordinariamente único y fuera de serie que ahora este Evangelio ha pasado a ser parte de lo que yo soy.
Entonces escucha ahora cómo Pablo continúa el resto del texto. "Así que, hermanos..." El "así que" también es una conexión, es una conclusión. Habiendo dicho esto, entonces ahora Pablo dice: "Así que, hermanos, estad firmes y conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra."
Ya que Dios os ha escogido, ya que Dios os ha dado salvación, ya que Dios está santificándolos, ya que Dios os ha dado el Espíritu, ya que Dios os ha dado la verdad, ya que Dios os ha hecho salvos mediante el Espíritu y mediante la fe, ya que eso ha ocurrido, así que estad firmes. Ese es ahora el imperativo. Esa es la reacción. Eso es lo que se espera que ellos hagan. Y les dice incluso cómo ellos pueden estar firmes: confiando en las doctrinas que ya les fueron enseñadas, ya sea de palabra, ya sea por carta nuestra.
La frase "estad firmes" es una frase recurrente en el Nuevo Testamento, sobre todo en el lenguaje paulino. Y la razón por la que menciono esto es porque una y otra vez Pablo nos deja ver la importancia de nosotros estar firmes en una posición. En uno de los pasajes de Pablo, la palabra usada ahí para estar firmes transmite la idea de alguien a quien se le ha entregado una posición. No tiene que conquistarla; la posición fue entregada. Lo único que necesita hacer es defender su posición, una posición que no puede perder, pero necesita defenderla porque se le ha entregado justamente para que la ocupe. Era una frase usada en batalla.
Escucha cómo Pablo repite una y otra vez a los diferentes hermanos la necesidad de estar firmes. "Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes" (1 Corintios 15:58). En la misma carta, en 16:13: "Estad alertas, permaneced firmes en la fe." A la misma iglesia de Corinto les escribe una segunda carta, y en 2 Corintios 1:24 les dice: "Porque en la fe permanecéis firmes." Cuando les escribe a los gálatas les dice: "Por tanto, permaneced firmes" (5:1). Cuando escribe a los efesios, de manera repetitiva Pablo les dice o les habla de la necesidad de estar firmes: en 6:11, "para que podáis estar firmes"; en 6:13, "estar firmes"; en 6:14, "estad, pues, firmes."
Ese es nuestro llamado, esa es nuestra meta, esa es nuestra responsabilidad. "Estad firmes en el Señor," les dice Pablo a los filipenses en 4:1. "Para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios," les dice Pablo a los colosenses en 4:12. Ahora, en el texto de hoy nosotros lo leímos: "Estad firmes y conservad las doctrinas que os han sido enseñadas, ya sea por palabra o por carta nuestra." Cuando Pedro escribe a otros en su primera carta, en 1 Pedro 5:9, dice: "Pero resistidle firmes en la fe."
No sé si tienes alguna duda de la alta responsabilidad que nosotros tenemos de permanecer firmes. Si consideramos todos los pasajes o versículos cortos abreviados que acabo de mencionar, nosotros pudiéramos agrupar todas esas citas bajo tres grandes sombrillas y decir que debemos estar firmes en la fe. Es una manera, y eso es cierto, pero yo tengo que entender lo que la fe es, porque hay mucha gente hoy que tiene fe en la fe, y fe en la fe no me lleva a ningún sitio.
Hay mucha gente declarando que están bien cuando están muy mal, gente declarando que están sanos cuando están muy enfermos, y ellos genuinamente creen que al declarar que están sanos, aunque no lo estén, ellos lo van a estar. Eso no es fe. Esa es credulidad. Fe en la fe no produce ningún resultado. El concepto bíblico de la fe es otra cosa. La fe no es creer que lo que yo quiero que ocurra va a ocurrir.
Yo puedo tener poca fe en un avión que no esté en muy buenas condiciones, pero tengo un piloto excelente, y a lo mejor llegamos al aeropuerto. Yo puedo tener mucha fe en un avión que esté en las mejores condiciones, pero que tenga un piloto muy malo. Tengo mucha fe, el avión está en óptimas condiciones, pero el piloto es muy malo, y no llego. En el caso de mi ilustración, lo que determinó el resultado final fue el piloto. Pero nosotros no vivimos en un avión. Nosotros vivimos en un planeta que forma parte de un universo, de tal manera que lo que determina mi resultado final es el Piloto del universo, y ese es Dios. En Él tiene que estar depositada nuestra fe. Él determina el curso final de los eventos.
La fe bíblica, cuando tú revisas la palabra, es creer en su Palabra independientemente de los resultados. Es creer en su Palabra cuando no entendemos. Dios nunca se ha sorprendido cuando decimos: "Dios, no entiendo." Y Dios frecuentemente diría, si pudiéramos oírlo hoy: "Yo sé que tú no entiendes. Si fueras Dios, entenderías. Dios, no entiendo. No, tus pensamientos no son mis pensamientos ni tus caminos mis caminos." Es creer en Dios, en sus promesas, en su Palabra cuando no entiendo. Fe es creer sin ver, a pesar de la evidencia, siempre y cuando Dios lo haya declarado.
Si tú revisas el libro de Hebreos capítulo 11, donde están todas las personas que son aplaudidas, por así decirlo, por Dios por haber creído, en cada uno de esos casos Dios les había hablado. Cuando Abraham salió de Ur, por fe salió, porque Dios le había hablado. Cuando Moisés regresó a Egipto, lo hizo por fe, y luego abandonó Egipto también lo hizo por fe, porque Dios le había hablado. Con Noé no se dio de una manera distinta.
Y tú puedes ver que fe entonces es creer a pesar de la evidencia. Noé va a llover, pero nunca había llovido sobre la faz de la tierra, pero va a llover. "Noé, comienza a construir el arca." Y Noé comienza a construir un arca, y van cinco años, y diez, y veinte, y cincuenta, y ochenta, y Noé seguía construyendo el arca. Pero nunca había visto lluvia, nunca había caído una gota. Pero, Noé, tú puedes asegurar que va a llover si Dios ha hablado, si está en su Palabra, si algo ha sido revelado, lo puedes creer y va a acontecer.
Cuando Dios dice que todas las cosas cooperan para bien, yo lo creo. Yo lo creo porque Él lo sabe todo, lo conoce todo, lo controla todo, lo orquesta todo, y por tanto yo creo en Él. El chance de que algo ocurra después que yo lo declaro es el mismo antes y después de mi declaración, porque mis palabras no tienen poder de crear realidades.
La Palabra nos manda a estar firmes, y podemos estar firmes en su voluntad. Fuera de su voluntad yo no puedo. Israel nunca ganó una sola batalla fuera de la voluntad de Dios. Adán y Eva perdieron su primera batalla porque se salieron de la voluntad de Dios. Cristo ganó su batalla en el desierto contra Satanás permaneciendo en la voluntad de Dios y citando la Palabra para reprender al enemigo. Cristo volvió y ganó una batalla monumental en el Getsemaní cuando dijo: "Padre, que se haga tu voluntad y no la mía." Tres veces Él volvió a decir la misma cosa. Podemos estar firmes en su voluntad, pero no fuera de ella.
Nosotros podemos estar y debemos estar firmes en las doctrinas que se nos han enseñado, las doctrinas, como Pablo les dice a los tesalonicenses aquí. Las doctrinas que se nos han enseñado deben estar en la Palabra, y esta Palabra es el ancla de tu alma. Los tesalonicenses perdieron por un momento, no sabemos cuánto tiempo, perdieron la tranquilidad. Se volvieron ansiosos, inquietos, porque fueron desanclados, por así decirlo. Era una herejía que no había sido enseñada por Pablo, y creyeron la herejía, y al creer la herejía su mente y su corazón se turbó. Y ahora de repente una iglesia que estaba tan bien está inquieta, y estaba inquieta simplemente porque se desenfocaron de la verdad. Por eso Pablo les dice: "Conservad las doctrinas que os fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra."
Ya de palabra, porque tienes que recordar que en el tiempo en que esto se está escribiendo, el Nuevo Testamento no existía. Esto que nosotros tenemos en palabras escritas, en algún momento fue enseñado. Tenemos evidencia de eso en esta misma carta, donde Pablo se refiere a algunas cosas y les dice: "Ya ustedes saben eso," "como ustedes saben tal cosa." Obviamente ellos habían escuchado eso mismo, y luego fueron puestas por escrito. Y por eso Pablo les dice: "Palabras que ustedes han recibido en enseñanza, ya de palabra, mis enseñanzas, ya por carta nuestra."
Y bueno, la necesidad de conocer la Palabra es vital para permanecer firmes. Mientras más nosotros conocemos la Palabra... o déjame decirlo de otra manera: mientras menos conocemos la Palabra, mayor el chance de que yo pueda ser engañado por el enemigo. Yo no puedo estar firme divorciado de la Palabra, como tampoco puedo ser santificado alejado de la Palabra. Eso no existe. Juan 17:17: "Padre, santifícalos en tu verdad; tu Palabra es verdad." Este es el instrumento. Nuestro grado de santificación es directamente proporcional al uso de su Palabra.
Déjame decirte un par de otras aplicaciones, pensando en que tengo que estar firme en la doctrina que había sido enseñada. Mientras más conocemos la Palabra sin aplicarla a nuestras vidas, mayor el chance de volverme un fariseo, porque creo que estoy muy santificado y tengo mucha imagen de Cristo porque tengo mucho conocimiento. Pero resulta que la imagen de Cristo se forma cuando el conocimiento de la Palabra pasa a la aplicación en mi vida.
Mientras más conocemos una doctrina a expensas de la otra, mayor el chance de que yo viva una vida desbalanceada. Mientras más yo estudio la doctrina del amor y la gracia de Dios, la misericordia de Dios, divorciada de su santidad y su justicia, mayor el chance de que yo pueda abusar de la gracia. Mientras más yo estudio y enfatizo la justicia de Dios, divorciada del amor y la gracia y la misericordia de Dios, mayor el chance de que yo me pueda convertir en un justiciero, juzgando a todo el mundo y condenando a todo el mundo.
Decía estas semanas que hoy se habla mucho de Evangelio, y lo he oído, y me alegro y me regocijo en eso. Pero a la vez veo poco de Evangelio en las relaciones interpersonales. Ese Evangelio tiene que ver con gracia y perdón; de esa misma manera debe fluir en nuestras relaciones interpersonales.
Mientras más conocemos la Palabra sin compartirla, más evidencia hay de que no entendí la Gran Comisión, de que no entendí el gran mandato que Dios nos hizo a través de su Hijo antes de partir. De manera que yo necesito esta Palabra y necesito conocerla, necesito aplicarla, necesito compartirla. Tú recuerda que hablamos hace un rato del texto de Romanos 10 que dice que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Ese texto culmina diciendo qué hermosos son los pies que traen, ¿qué cosa? El Evangelio, o las buenas nuevas del Evangelio. Y ¿cómo son los pies de los que no los traen? No sé, yo lo que sé es que hermosos son los pies de aquellos que traen el Evangelio. El Evangelio que luego puede hacer firme el llamado a salvación y santificación de aquellos que han sido alcanzados por el Evangelio.
Escucha cómo el apóstol Pablo ahora trata de traer este texto de la Palabra a un cierre, versículo 16, versículo 17: "Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia, consuele vuestros corazones y os afirme en toda obra y palabra buena."
Nota cómo Pablo se dirige al Hijo y al Padre al mismo tiempo, los equipara, les pide la misma cosa tanto al Hijo como al Padre, con lo cual él está equiparando a ambos. Pero nota también cómo Pablo le llama "nuestro Señor Jesucristo". Él se ha apropiado del Señor Jesucristo de la misma manera que se apropió de su Evangelio, y le llama al Padre "nuestro Padre", apropiándose de él también. ¿Por qué? Porque él siente que ahora se ha unido al Señor Jesucristo, a su causa, a su mensaje, de una manera indivisible. Nuestro Señor Jesucristo, Dios nuestro Padre, que le ha dado a él consuelo eterno y buena esperanza, y él está pidiendo al Hijo y al Padre que el mismo consuelo eterno y la misma buena esperanza que ha recibido, que se la dé a ellos.
Y llama la atención cómo Pablo pide en todas sus oraciones por cosas trascendentales relacionadas al reino de los cielos, y pocas veces pide por cosas temporales de aquí abajo. Esta es una iglesia bajo persecución; obviamente una iglesia bajo persecución necesita consuelo eterno y buena esperanza. Pero nota que Pablo no comienza a pedir: "Señor, que durante la persecución no les falte comida", lo cual sería bueno; "que no les falte agua", lo cual sería bueno; "que nadie esté magullado o muerto", lo cual sería bueno. Pero él no pide por eso. Él pide por consuelo eterno. Esto está relacionado con la próxima vida: consuelo, pero no simplemente consuelo, consuelo eterno, aquel consuelo que no viene de palabras temporales del día a día, sino que viene de una esperanza en la vida eterna. Y pide por buena esperanza, una esperanza también cimentada en promesas garantizadas por Dios mismo, y que eso sea lo que los pueda sostener en medio de la tribulación que esta iglesia está viviendo.
Ahora, ¿cómo es dado eso? Escucha, déjame leerte el pasaje casi entero comenzando en el versículo 16: "Y que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia." No puede pasar por alto esa frase. Pablo no ha recibido consuelo eterno y buena esperanza por ser el gran misionero, el más grande misionero de toda la historia de la iglesia, no. Él no ha recibido consuelo eterno y buena esperanza por su entrega al Evangelio, no. Él ha recibido lo que ha recibido por gracia.
Nosotros tenemos que entender mucho mejor nuestra vida cristiana delante de Dios, porque nosotros vivimos con Dios como en una especie de cuenta de banco. En el banco, si tú pones dinero tienes más, si tú sacas dinero tienes menos. Entonces con Dios nosotros pensamos: "Bueno, esta semana yo no me porté tan bien, esta semana yo fui un poco desobediente ante varias cosas." Entonces ahora en el fin de semana me pasa algo y yo digo: "Bueno, fue por mi desobediencia esta semana." Entonces ahí hay un cheque. Próxima semana me porto bien al dedillo, soy obedientísimo: lunes excelente, martes brillante, miércoles mejor, jueves una estrella, viernes también, y el sábado me pasa algo. Entonces yo no entiendo, porque esta semana yo estuve obedeciendo al Señor y mira ahora lo que me pasa. Porque nosotros creemos que nuestra obediencia compra favores de Dios. Pero no, lo que yo tengo si desobedezco, y si lo tengo cuando obedezco, ambas ocasiones es por gracia. No es suficiente logros, no hay logro de suficiente calidad que pueda garantizar que yo me gane los méritos suficientes para que Dios me dé algo.
Es cierto que muchas veces en desobediencia yo no tengo las bendiciones que pudiera tener en otras condiciones, porque si me bendice en desobediencia, estimula y alimenta mi desobediencia. Pero eso es otra cosa, no a manera de castigo. Mi castigo fue absorbido en la cruz. Todo lo que yo tengo, todo lo que tú tienes es por gracia, incluyendo la casa donde vives, la comida que comes todos los días, la ropa que te cubre y todo lo demás. El apóstol Pablo dice a los corintios, 1 Corintios 4:7: "¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas?" ¿Qué tú tienes que no hayas recibido? Y si lo tienes, fue porque lo recibiste. Entonces si lo recibiste, ¿dónde está la jactancia? No, él tenía muy claro que esto era por gracia.
Él está pidiendo a Dios entonces que esa buena esperanza y ese consuelo eterno que él recibió por gracia, que Dios se lo pueda dar a ellos, porque ellos también son hijos amados por Dios. Dios se ha propuesto santificarnos, ya se ha propuesto santificarnos, y eso debe ser motivo de consuelo eterno y debe ser motivo de buena esperanza. El mismo hecho de que Pablo me diga que yo soy amado por Dios debe ser motivo de consuelo eterno y de buena esperanza. Dios ha prometido una gloria futura. Pablo dice aquí que él nos salvó para que nosotros llegásemos a compartir la gloria del Señor Jesucristo. Eso debe ser motivo de consuelo eterno y buena esperanza.
Y luego el apóstol termina diciendo esto en el versículo 17, para que Dios consuele vuestros corazones y os afirme. Nota cómo: "Y os afirme en toda obra y palabra buena." El interés de Pablo no es simplemente que ellos conozcan teología, sino que la apliquen, la vivan, hasta tal punto que la teología que saben, la fe que tienen, se convierta y se traduzca en buenas obras. Escúchalo otra vez: que Dios consuele vuestros corazones y os afirme en toda obra y palabra buena. Estate atento: "buena" se aplica a ambas cosas.
Nosotros somos capaces de hacer buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, porque somos hechura suya, hechos en Cristo Jesús, Efesios 2:10. Yo simplemente te cité la Palabra. Las obras buenas que hacemos no han salido necesariamente de nuestros corazones, pero sí salieron de la mente de Dios. Él las preparó de antemano, y luego en la hora de redención y tarea que nos asigna, él me permite caminar en ellas y hacer esas obras.
Y eso tiene un propósito y tiene un beneficio. Escucha cómo Pedro explica el propósito y el beneficio en 1 Pedro 2:12: "Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación." Escucha esto, lo que Pedro dice: tú debes caminar de una manera irreprochable, de tal forma que aquellos que te acusan, pueda llegar un momento donde esos que te acusan, que son malhechores, si algún día son visitados por Dios, ellos puedan reconsiderar tus buenas obras que tú has hecho delante de ellos, y al considerarlas otra vez, quizás ellos puedan glorificar a Dios por esas buenas obras.
Cuando Cristo fue cuestionado en su enseñanza, él terminó apuntando a sus obras: "Bueno, examinen mis obras." Cuando Pablo fue cuestionado como apóstol, él apuntó a su testimonio: "Ahí está mi testimonio, vosotros sabéis cómo yo serví entre ustedes, con toda humildad, con lágrimas, una y otra vez, cómo trabajé arduamente de noche y de día para no cargarlos", etcétera, etcétera. En el libro de Santiago se nos dice que la fe sin obras está muerta. "Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré mi fe por las obras." Él no dice "yo me ganaré mi fe por las obras", nada, no podemos. Pero te mostraré que verdaderamente he creído, porque el que verdaderamente ha creído y ha sido regenerado, ese espíritu regenerado por Dios ahora quiere hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano y que se supone que él debe caminar en ellas.
Dios nos ha llamado a salvación, nos ha llamado a santificación, y nos ha llamado a obrar por su Palabra, por su Espíritu. Y de esa manera nosotros glorificamos a Dios. Y de esa manera nosotros estamos en su voluntad, y estar en su voluntad es estar firmes. Vivir por fe es estar firmes. Vivir en su Palabra y por su Palabra es estar firmes. Y es lo que Pablo está ayudando a la iglesia a entender hacia el final de esta sección.
Él comienza ayudándolos a entender su estatus. ¿Cuál es tu estatus? Tu estatus es que tú eres un hijo amado por Dios. Tu estatus es que Dios te ha elegido desde el principio para salvación y para santificación. Tu estatus es que esa santificación y salvación Dios la está haciendo por medio de su Palabra y por medio de su Espíritu. Tu estatus es que por medio de esas dos cosas Dios te puede mantener firme en la posición que él te ha entregado. Por tanto, está firme. De manera que ahora que Dios ha hecho toda esa cosa, tú puedes tener consuelo para vuestros corazones y así serás afirmado en toda obra y palabra buena.
Con eso Pablo termina esta sección del capítulo 2. Es mi deseo que en la medida en que nosotros examinamos estas cartas de Pablo, nos queda un capítulo más en 2 Tesalonicenses. Probablemente nos vayamos a la carta a los Corintios la próxima vez.
Pero en la medida en que nosotros examinamos estas cartas de Pablo, podamos ir ganando madurez en nuestra forma de pensar, en nuestra fe, en nuestra forma de relacionarnos con Dios, en nuestra forma de entender nuestra relación con Dios, en nuestra forma de entender nuestra salvación, nuestra santificación, en la manera como compartimos el buen mensaje de la Palabra.
Si nosotros podamos rumiar toda esta semana, acercados a estas palabras.