La batalla espiritual se gana o se pierde en un solo campo: la mente. Antes de pecar con palabras o acciones, ya hemos pecado en el pensamiento. Antes de caer en la tentación, la batalla ya se decidió en lo que permitimos que entrara a nuestra mente. Por eso Satanás siempre ha buscado acceso a ella, desde el jardín del Edén cuando se acercó a Eva con una simple pregunta: "¿Con que Dios ha dicho...?" Esa misma estrategia sigue usando hoy, haciéndonos comparar nuestras acciones con las de otros creyentes en lugar de con el estándar de la Palabra.
El llamado de Filipenses 4:8 es claro: meditar en todo lo verdadero, lo digno, lo justo, lo puro, lo amable, lo honorable. La verdad es aquello que corresponde a la realidad, y solo Dios tiene la apreciación correcta del mundo y de la vida. Mucho de lo que pensamos son especulaciones, patrones del mundo absorbidos casi por ósmosis, o pensamientos de orgullo, celos, resentimiento y autocompasión que no corresponden a la realidad de Dios. Como decía alguien, hablar con uno mismo es peligroso porque el yo siempre convence al yo de que tenía razón.
Una mente sucia produce un estilo de vida pecaminoso; una mente limpia, un estilo santificado. No se trata de memorizar versículos, sino de aplicar la verdad a la propia vida, preguntándonos qué tan lejos o cerca estamos de ella. El pastor Núñez concluye que Pablo mismo ofrece su vida como ejemplo de que esto es posible: lo que han aprendido, oído y visto en él, eso deben practicar. Y entonces el Dios de paz estará con nosotros.
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¡Vamos a Filipenses! ¡En su Biblia! ¡Vamos a Filipenses!
Para continuar con nuestra serie, creo que este es el sermón número 29 o 22, y creo que nos quedan tres más a partir de este, incluyendo este. Yo voy a leer solamente los versículos 8 y 9, que será nuestro texto para esta mañana: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. Lo que también habéis aprendido y recibido, y oído y visto en mí, esto practicad, y el Dios de paz estará con vosotros."
Bueno, en mensajes anteriores habíamos hablado de cómo el apóstol Pablo venía advirtiendo a la iglesia de Filipos acerca de ciertos grupos de personas. Hablamos de aquellos que él llamó enemigos de la cruz, cómo debían ser cuidadosos porque ellos estaban alrededor de Pablo en aquel momento, en la prisión en que se encontraba. Les habló también de los judaizantes, aquellos que querían agregar parte de la ley a lo que es el evangelio como complemento a esa verdad. Y hablamos en último lugar, creo que no en el mensaje anterior, sino en el mensaje anterior a ese, acerca del conflicto entre Evodia y Síntique, y cómo él les alentaba a que pudieran vivir en armonía en el Señor. Reconociendo en cada uno de esos casos que algo se podía haber amenazado en el cuerpo de Cristo cuando estas cosas son permitidas en su interior, y no hay duda de que cualquier conflicto es capaz de desestabilizar la vida de una iglesia.
Bueno, Pablo, en estas cortas palabras que yo acabo de leer, provee para sus oyentes, porque esta carta se iba a leer, provee una estrategia de cómo luchar nuestra guerra espiritual, que no es tanto como hoy se habla, no es tanto como hoy se dice, sino que es más bien conforme a lo que él está revelando en esta palabra. Lo hace en Efesios 6, pero ahora de manera particular lo revela en Filipenses 4, versículos 8 y 9. Y la manera como Pablo lo hace es ayudándonos a entender que el campo de batalla realmente es mi mente.
Ninguna batalla se ha librado sin la participación de la mente. No importa cuál sea la batalla, dónde se haya dado, quiénes hayan participado, la realidad es que la mente tiene que ser involucrada en el conflicto si queremos ganarla. O el enemigo, si quiere ganarla, él trata de involucrar mi mente con sus estrategias. Los mercadólogos de hoy en día han aprendido esta lección e invierten hoy en día millones y millones de dólares en capturar la mente de los niños y adolescentes, de tal manera que ellos puedan mejorar la venta de sus productos. Los vendedores de pornografía han capturado la misma idea, y una de las cosas que se proponen es poder invadir la mente de niños de 9, 10 y 11 años, pensando que si ellos logran hacer eso tienen consumidores de por vida. Los vendedores de drogas han pensado de la misma manera: que ellos pudieran conseguir personas que consuman drogas y hacerlos adictos a una temprana edad, de tal manera que se le haga prácticamente imposible, aunque no lo es, poder salir de patrones pecaminosos de adicción. Todo el mundo está consciente de que la mente es esencial si nosotros queremos alcanzar o hacer que el otro se comporte de una u otra manera.
Toda una generación ha sido perdida porque padres muchas veces no se han percatado de la necesidad de guardar lo que entra a la mente de sus hijos, como perros guardianes guardan su territorio. Y nosotros tenemos que aprovechar la oportunidad de este texto para reflexionar un poco acerca de qué es lo que la Palabra me está llamando a hacer.
El versículo 8 del texto me llama a la reflexión. El siguiente versículo me llama a la práctica, y esa es la razón por la que el primer versículo termina con la frase "en esto meditad" y el segundo versículo con la frase "esto practicad". Lo que yo pienso, lo que yo reflexiono, es aquello que eventualmente se va a convertir en mi acción. Santiago hacía referencia a algo parecido; Santiago y Pablo estaban conscientes de la relación que existe entre lo que es mi mente y lo que es mi acción, o mi vida de práctica o práctica de vida. Por eso leemos en Santiago 1:22 que seamos no solamente oidores de la palabra, lo que tiene que ver con mi mente, sino que seamos también hacedores, para que no nos engañemos a nosotros mismos.
La meditación de que habla el versículo 8 tiene que ver con la vida de la mente, la vida práctica de la mente. Pero la práctica, la que me llama el próximo versículo, tiene que ver con el ejercicio de nuestra voluntad. Nosotros pensamos y luego actuamos; nunca hemos actuado sin haberlo pensado primero. De tal forma que podemos decir que nuestra mente gobierna nuestras vidas, nuestras vidas de santidad y nuestras vidas de pecaminosidad, según sea el caso. Antes de yo pecar de palabra, de acción, hace tiempo que yo he venido pecando en la misma área de pensamiento. Toda acción es precedida por un pensamiento, no importa si el pensamiento era santo o era pecaminoso. En ambos casos nosotros hemos pensado primero lo que luego fuimos a actuar.
Y por tanto podemos concluir que nuestras batallas no son perdidas en el momento en que yo caigo en la tentación. Nuestras batallas son perdidas o ganadas en el campo de batalla de nuestra mente. Antes de yo ir a actuarla, nosotros primero ganamos la batalla o perdemos la batalla, y luego vamos y la actuamos. Pablo está consciente de eso, por eso está trayendo esta estrategia. Él conoce que desde el inicio lo que Satanás ha tratado de hacer es ganar acceso a mi mente. Y si él gana acceso a mi mente, será muy difícil sobrevivir su ataque.
Escucha lo que Pablo les escribe a los corintios en su segunda carta, en 11:3: "Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva" —escucha bien ahora— "de la misma manera que la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo." Pablo está estableciendo una relación entre la manera como mi mente es desviada de la devoción pura y santa a Cristo, con la manera en que la mente de Eva fue desviada cuando Satanás logró involucrarla en una conversación. Si él gana ese acceso, lo más probable es que nosotros terminemos perdiendo la batalla, por lo menos saliendo heridos de la batalla.
Y él gana el acceso a nuestra mente de la misma forma que lo ganó en el caso de Adán y Eva: de una forma muy sutil, de una forma que parece ingenua, tan ingenua que lo hace frecuentemente a través de una pregunta, como si él no supiera la respuesta. Y por eso él va a donde Adán, va a donde Eva en primer lugar, y le dice a Eva: "¿Es verdad que Dios dijo? ¿Conque Dios ha dicho esto y aquello?" La pregunta que él introduce a la mente de Eva logra involucrarla en una conversación, y desde entonces, como alguien dice, ese ha sido su mantra todo el tiempo: "¿Será cierto? ¿Es verdad? ¿Dijo Dios?"
Cristo sale del Jordán habiendo oído: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." Va al desierto, inmediatamente Satanás le encuentra con una especie de pregunta: "¿Será verdad que tú eres el Hijo de Dios? Si es cierto que tú eres..." Pero nota cómo el Hijo, conociendo sus artimañas, no entra en conversación acerca de la veracidad o no, de si él era Hijo o no del Padre, sino que él simplemente lo reprende citando la Palabra de Dios.
Y Satanás viene a nosotros y nos dice en ocasiones: "¿Será verdad que un cristiano no puede actuar así? ¿Será cierto que un cristiano no puede pensar de esa forma? ¿Será verdad que un cristiano no puede hablar de esa otra manera? Mira a fulano, él es cristiano y él habla así. Mira a esta otra persona, él es pastor y él piensa así." Y todo el tiempo nos hace comparar lo que nosotros estamos hablando, pensando, actuando, con lo que otro ser humano está haciendo, pero nunca comparándome lo que yo hago, digo, actúo con el estándar de la Palabra o con la vida de Cristo, jamás. Y él logra entonces capturar mi mente hasta el punto que mi mente es involucrada en una comparación de mi estándar con otros estándares, que yo termino entonces justificando mi acción.
El apóstol Pablo sabe que la mente tiene una vida: la vida de la mente. No hace mucho, el pastor John Piper utilizó esa frase en una de sus conferencias, en uno de sus seminarios que él llamó "Think" (Piensa), y hablaba de la vida de esa mente. Bueno, de esa misma manera Satanás sabe de esa misma vida. De hecho, el libro de Proverbios nos dice que como piensa dentro de sí, así es. Si tú quieres saber lo que tú eres, la mejor forma, o lo que yo soy, la mejor forma de saberlo no es preguntándole a un amigo, no es preguntándole a un pastor: "Pastor, ¿qué usted piensa de mí?" O preguntándole a esta otra persona: "¿Cuál es su opinión acerca de lo que yo soy?" No, la mejor forma de nosotros saberlo es analizando nuestros patrones de pensamientos, porque tal como yo pienso, así yo soy. Yo necesito revisar mi mente, mis pensamientos.
Si Satanás logra ese acceso, prontamente nosotros haremos como un Pedro, que en un momento dado Cristo tiene que reprenderlo diciendo: "Apártate de mí, Satanás, porque me eres causa de pecado, de caída, me eres piedra de tropiezo, porque tú no tienes en cuenta las cosas de Dios, sino las cosas de los hombres." Date cuenta de qué forma nosotros podemos fácilmente ser usados y convertirnos en instrumento del reino de las tinieblas, siempre y cuando nuestra mente haya podido ser capturada primero y dominada después.
Nuestras vidas son tan santas o tan pecaminosas como son nuestros pensamientos. Cristo nos dijo de una forma muy peculiar que no es lo que entra al hombre lo que contamina al hombre; es lo que sale de él que lo contamina. Y entonces él comienza a hacer una lista de las cosas que contaminan al hombre, y en primer lugar cuando él hace esa lista lo que él tiene es "malos pensamientos", y luego todos los demás son acciones. Pero esas acciones son precedidas por malos pensamientos. Eso es lo que contamina al hombre.
Mi mente es el filtro; por mi mente entra todo lo que llega a mi vida y por mi mente sale todo lo que yo voy a vivir. De manera que ese es un campo de batalla prioritario, esencial, para ser ganado, cultivado y defendido por nosotros, y en el caso de nuestros hijos, los padres en defensa de sus hijos. Nosotros pensamos el pecado primero y luego lo actuamos. Y si tú piensas en eso, entonces quizás podamos entender por qué el estrago ha sido tan severo en la iglesia de Cristo en nuestros días.
Quizás hace un tiempo atrás, una generación que quizás hoy tiene mi edad o un poco más, le huía a todo lo que tenía que ver con la mente, todo lo que era mental, todo lo que era cerebral, todo lo que era intelectual. Nada de eso podía ser correspondiente a una vida de fe, de tal manera que todo el mundo tenía que venir a la iglesia y dejar su cerebro afuera. Y ahora tú ibas a creer todo lo que tus maestros te enseñaran sin nunca chequear absolutamente nada de lo que la Palabra decía. No hicieron como los de Berea. Los de Berea, dice Pablo, eran más nobles que los de Tesalónica, y su nobleza estribaba en que ellos chequeaban diariamente lo que Pablo decía para ver si era verdad. Toda una generación consumió lo que le brindaron sin haber chequeado la Palabra de Dios.
Pero cuando esa estrategia estaba a punto de ser descubierta, Satanás diseñó otra estrategia para otra generación que es más joven que yo. Y a esa otra generación él le ha vendido otra mentira, pero la ha cubierto, la ha empapelado de otra manera. Y ahora la idea es similar al principio, pero un tanto diferente en la segunda parte: no pienses tanto, lo que necesitas es sentir. Lo que necesitas es sentir a tu Dios, sentir la emoción, sentir la pasión. De tal forma que ahora mucha gente, muchos de los creyentes, dicen: "No, voy a desistir porque yo no lo siento así. Yo no siento que Dios me dice, yo no siento paz con eso." De tal forma que la medida, el estándar para medir la verdad, dejó de ser la Palabra y pasó a ser mis sentimientos. Y ahora toda una generación que anhelaba prosperidad, comodidad, importancia, significado, sentido, poder, emociones, toda esa generación abrazó una mentira otra vez que dejó afuera su mente.
Y la razón por la que eso ha ocurrido es porque no hemos consumido su Palabra. ¿Tú has leído lo que Dios dice? Meditar en mi ley, eso requiere mi mente. ¿Tú has leído lo que Dios dice? El primer mandamiento de la ley de Dios: amarás al Señor tu Dios con toda tu mente, con todo tu corazón, con toda tu fuerza, y con toda tu mente. Yo quiero toda tu mente, deseo poseer tu mente, saturar tu mente con todo lo que tiene que ver conmigo, para que me ames de la manera que debes amarme. Y si me amáis, obedeceréis mis mandamientos. ¿Tú has leído cómo surge la fe? Es por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Predicar el evangelio; el evangelio se predica a través de los labios, por lo que tiene que ser procesado con la mente una vez es oído para ser aceptado.
Dios diseñó su estrategia para que sea primordialmente entendida con la mente, y nos envió a su Hijo y le llamó la Palabra, el Logos. Algo que yo entiendo con mi mente. Y luego el Logos me dijo que el primer mandamiento de la ley de Dios es amar a tu Dios con toda tu mente, todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente. Satanás contraatacó y diseñó otra estrategia y la presentó al hombre, pero hizo esa estrategia que entra primordialmente no por la mente —aunque la mente era la meta— sino por los ojos. Como Dios no quiere engañarme, no desea engañarme, no tiene la intención de engañarme, Dios me dice desde el principio por dónde comienza su estrategia: yo quiero tu mente, que me ames con toda tu mente. Como Satanás quiere engañarme, quiere pretender que no desea nada de la mente, y él diseñó su estrategia para que entre a través de su estrategia de engaño a través de mis ojos.
Entonces, cuando Eva vio que la fruta, que el árbol era bueno para comer, ella comió. Cuando Acán vio que entre el botín había un manto hermoso, cuando él vio, él vio el manto, él vio el oro, él vio la plata, lo codicié y lo robé. Y el texto nos dice que cuando David vio literalmente a una mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso, David adulteró. Entró por los ojos, pero capturó la mente, y una vez la mente es capturada, yo soy presa fácil del enemigo. Juan habla en su primera carta, en Primera de Juan, nos habla de la pasión o la lujuria de los ojos. Job había jurado no poner cosa alguna contaminada delante de sus ojos.
Pablo sabe cuál es la estrategia del enemigo: es capturar la mente. Y estoy tratando por medio de estas enseñanzas de ayudarnos a nosotros a entender cómo yo necesito usar mi mente, de tal forma que la estrategia que sea sembrada en mí pueda servirme de defensa en contra del enemigo.
Y entonces ahora, con todo eso de introducción y de entendimiento, escucha las palabras de Pablo: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad" —o "en esto pensad", dependiendo de la traducción que usted tenga—. Ahí está la estrategia, no necesito mucho más. La frase inicial "por lo demás" me deja ver que Pablo ya está concluyendo, quiere concluir su carta. Pablo quiere finalizar lo que él había comenzado a decir, pero no lo va a hacer sin antes dejarle a los filipenses una estrategia de guerra espiritual que involucre su mente, que le permita usarla correctamente, de tal forma que ellos puedan ganar la batalla espiritual en la que ellos se encontraban y en la que todos nosotros nos encontramos.
"En todo lo verdadero" es la primera, el primer mandato. En eso yo tengo que pensar. ¿Y qué es verdad?, sería la pregunta entonces. Verdad es aquello que corresponde a la realidad. Si la verdad es aquello que corresponde a la realidad, entonces tú entiendes por qué esto es verdad: porque esto es la visión de Dios del mundo y de la vida, y solamente Dios tiene la apreciación correcta del mundo y de la vida. Nadie más la puede tener. Y si yo quiero tener una apreciación congruente, verdadera, veraz, yo necesito entonces ponerme los lentes de Dios y ver la vida y el mundo a través de esos lentes, de tal forma que el día de mañana yo no concluya erróneamente que las cosas son de una manera y no como Dios lo dice.
Esa es la razón por la que todo pensamiento, toda acción, toda palabra que no sea congruente con esta verdad y esta realidad es digna de ser reprendida, porque no corresponde a la verdad; corresponde a la mentira, a lo falso, al engaño, aquello que se asocia con Satanás y no con nuestro Dios. Si nuestras mentes no están saturadas de la Palabra de Dios, el mundo las va a saturar. Y la verdad es que nuestras mentes hoy en día están más saturadas de aquello que viene vía internet y televisión que de lo que es el conocimiento de su Palabra, y de ahí los estragos de Satanás en el seno de su iglesia.
Cuando nosotros no saturamos nuestra mente con la revelación de Dios, con la verdad de Dios, nosotros las saturamos vía los medios audiovisuales. Por eso son tan efectivos estos medios, porque estos medios capturan mi mente y estos medios usan mis ojos, que es parte de la estrategia que Satanás ha diseñado para ganarle la batalla, la carrera, al hombre. Y cuando yo no tengo mi mente saturada por la Palabra de Dios y yo necesito una opinión frecuentemente, yo voy a mí mismo y comienzo a hablar conmigo mismo. Por eso decía Paul Tripp que la persona con quien nosotros más hablamos es con nosotros mismos. El problema es que no es sabio hablar contigo mismo, porque el yo siempre convencerá al propio yo de que el yo estaba en lo correcto. Por eso es su mejor fuente de referencia, porque el yo siempre me deja salir sintiéndome mejor. El yo siempre me justifica, el yo siempre me da la razón, y por tanto, ¿a dónde mejor ir que a mí mismo?
El problema está en que mucho de lo que nosotros concluimos no corresponde a la realidad, y si no corresponde a la realidad, ¿a qué corresponde? Bueno, corresponde a patrones y enseñanzas de este mundo que han ido siendo absorbidas como por ósmosis, que llegan a mi mente y que ahora yo las creo y que ahora yo las practico. No es un accidente el hecho de que Dios nos dice en el libro de Romanos, cuando llega al capítulo 12 —del capítulo 12 en adelante hasta el final—, el libro de Romanos nos habla de la vida práctica. Los primeros 11 capítulos, todo doctrinal. En vista de las misericordias de Dios, de todo lo que Dios reveló en los primeros 11 capítulos, en vista de toda esa gracia, en vista de todo ese perdón, en vista de todo lo que Dios ha hecho, de aquí en adelante aprende con el libro.
Y es ahí donde el texto de los primeros versículos de Romanos 12 comienza diciéndome que no me adapte a los patrones de este mundo, sino que sea transformado por medio de la renovación de mi mente. Dios sabe qué es lo que necesita ser ganado para que nuestra vida pueda cambiar. Dios sabe qué es lo que Satanás quiere ganar para que mi vida no luzca como la de un hijo de Dios. Y por tanto, mucho de lo que nosotros pensamos y actuamos son patrones y enseñanzas del mundo.
Mucho de lo que nosotros actuamos corresponde más bien a una especulación que nosotros hemos hecho a partir de un hecho —que ni siquiera necesita ser verdad—, a partir de un hecho que ha entrado a mi mente, y al final yo terminé abrazando no la verdad que entró, si ciertamente fue verdad, sino la especulación a la que yo arribé. Y mucho de lo que pensamos es así. Y si es especulación, no es verdad, y el llamado es a meditar en la verdad. Y si es un patrón del mundo, tampoco es verdad, y el llamado es a meditar en la verdad. En otras ocasiones corresponde a pensamientos de orgullo que me hacen sentir superior a los demás, lo que tampoco es verídico.
O corresponde a patrones de autojustificación donde yo racionalizo y arribo a la conclusión de que yo tenía toda la razón, pero no corresponde a la realidad. O corresponde a pensamientos de celos cuando yo temo perder lo que tengo, o corresponde a pensamientos de envidia donde yo deseo lo que el otro tiene porque yo no lo tengo y yo lo quiero, y el otro tampoco lo merece, y si lo merece yo también lo merezco. Pero no corresponde a la realidad y por tanto no lo debo pensar. O a pensamientos de ira que son fruto de mi resentimiento.
Alguien me dijo recientemente que había escuchado o leído de alguien que el resentimiento es tomar veneno y esperar que sea el otro el que se intoxique. Y eso es una gran verdad porque estamos resentidos pensando que estamos castigando al otro, pero el que se está envenenando soy yo. Y mucho de lo que yo pienso y mucho de lo que hago corresponde a pensamientos de ese tipo, o a pensamientos de autocompasión donde yo me veo como una víctima. Y de repente el resto del mundo no es víctima y yo soy la única víctima. O corresponde a pensamientos de temores, de incredulidad en vista de mis inseguridades, pero nada de eso corresponde a la verdad de Dios y por tanto no es realidad.
Pablo está consciente de eso. Nos está llamando a meditar en todo lo que es verdadero. Hasta ahora, pero sí, si la mayoría de lo que yo le digo al yo no corresponde a la realidad, porque es que yo hablo tanto conmigo mismo. Y yo te dije, nos hace sentir bien. Pero escucha, Dios nunca me ha llamado a hablar conmigo mismo, nunca. Su llamado es a meditar en una verdad que la tiene otro, y ese otro es Él. Él no me ha llamado a hablar o a escuchar o a creer las mentiras que yo mismo me digo, sino a creer la verdad que Él me ha revelado. Ese es Su llamado: en todo lo verdadero, en esto meditar.
Pero si yo no consumo esa verdad, entonces voy a comenzar a consumir la dieta del mundo. Y cuando yo consumo la dieta del mundo, yo me comporto como el mundo. La frase en inglés muy conocida es "garbage in, garbage out". Basura adentro, basura afuera. Por eso decía alguien que nosotros necesitamos observar todo de lo que se alimenta mi mente tan cuidadosamente como observamos todo de lo que se alimenta mi cuerpo. Si algo se cae en el piso y se ensució, yo usualmente no me lo llevo a la boca porque yo observé que se contaminó. De esa misma manera, entonces yo necesito observar aquellas cosas contaminadas para no llevarlas a mi mente, porque si ellas se han llegado a la mente, aquellas tendrán un efecto terrible en mi manera de pensar y por ende en mi manera de vivir.
Nosotros no podemos tampoco consumir la verdad para aplicársela a otros. Yo conversaba en el retiro de pastores que tuvimos recientemente que cada vez que entro a la Palabra de Dios, y sobre todo cuando tengo que predicarla, yo tomo la verdad y la paso a través de mi vida, y luego paso mi vida a través de la verdad, de tal forma que yo pueda descubrir dónde yo estoy con relación a esa verdad. Yo no tengo ningún derecho para aplicar una verdad a otro hasta que yo no me la haya aplicado a mí mismo, porque antes de ver la paja en el otro, necesito ver la viga en el mío.
Cuando yo consumo la verdad para aplicársela a otro, me pasa como a David con Natán. Que cuando él oyó la historia, la parábola de este hombre que había matado a esta ovejita que era la única ovejita que él tenía, en lugar de haber tomado una de las suyas ya que él tenía tantas, cómo inmediatamente él conoció el estándar por medio del cual ese hombre debía ser juzgado. "Ese hombre merece la muerte." "David, ese eres tú." ¿Te das cuenta qué rápido y qué fácil nosotros aplicamos el estándar a otro cuando en realidad el estándar tenía que ser aplicado a mi vida? Con mayores consecuencias porque no estamos hablando de una oveja sino del esposo de una de sus siervas. Pero la autorracionalización, la justificación nos lleva a sentirnos mejor. Y de momento me siento mejor, y sentirme mejor me hace creer que este es el camino correcto, que este es el camino de la verdad, que este es el camino que yo debo seguir. Hasta que de repente yo encuentro la realidad, y la realidad entonces choca con lo que mi mente había pensado, y yo acabo de descubrir que yo había abrazado una mentira, pero ya las consecuencias están arriba de mí. Porque nunca medité en todo lo que era verdadero.
Nosotros pensamos de acuerdo a lo que nosotros hemos permitido que entre a nuestra mente. El pensar santamente es vital, no importante, vital, esencial para vivir santamente. El pensar santamente es esencial para vivir santamente. Hermano, si yo paso la mayor parte de mi tiempo pensando en lo trivial, lo temporal, lo mundano, lo ordinario, ¿qué clase de vida tú piensas que voy a tener? Trivial, mundana, regular, ordinaria. Yo no puedo tener una vida extraordinaria reflexionando y meditando en lo ordinario. Esto no va a pasar. Como se le ha dicho muchas veces, se nos ha dicho a nosotros los predicadores muchas veces: tú no puedes vivir tomando leche de lunes a sábado y predicar crema el domingo.
Bueno, es similar la analogía. Y ahora mi pregunta. No tienes que contestarme, no tienes que levantar la mano, pero yo sí quiero que hables con Dios y le contestes a Dios cuando la pregunta sea hecha. Simple, no requiere pensar mucho. ¿Cuánto tiempo de tu existencia pasas pensando en las cosas de aquí abajo versus las cosas de allá arriba? ¿Cuánto tiempo es consumido por las cosas de valor temporal versus las cosas de valor eterno? Porque de ese tiempo depende tu calidad de vida, la abundancia espiritual de tu vida. De eso va a depender cómo yo pienso, cómo yo vivo. Cómo yo vivo es la consecuencia de cómo yo pienso. Cómo yo pienso es la consecuencia de lo que ha entrado a mi mente desde que yo tengo uso de razón. Desde que comienzo a nacer, mi mente comienza a absorber impulsos que al principio, como no sé hablar, no puedo entender, pero estoy recibiendo impulsos que tienen un impacto en mi mente, que están creando una memoria que va a contribuir a que yo reaccione de una u otra forma en el futuro.
Pablo está tan consciente del rol de la mente en la batalla espiritual que no solamente nos dice en la carta a los Filipenses que pensemos o meditemos, sino que cuando les escribió a los corintios, por un lado les dice en 2 Corintios 11:3 que él estaba preocupado de que nuestras mentes fueran desviadas de la devoción que era pura a Cristo, de la misma manera que Eva fue engañada por su mente. Y les escribe a los mismos corintios, pero ahora en el capítulo 10, versículo 4 y 5. Escucha: "Porque las armas de nuestra contienda no son carnales" —está hablando de una guerra espiritual— "las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas." No he terminado aún, pero una fortaleza es un patrón de pensamiento que te domina, que te controla, del cual no te puedes deshacer, que tú has querido empujar de adentro de ti pero no lo has logrado, que tú sabes que es pecaminoso pero no lo puedes quebrar. "Para la destrucción de fortalezas, destruyendo especulaciones" —eso tiene que ver con la mente— "y todo razonamiento altivo" —ahí está la mente otra vez— "que se levanta contra el conocimiento de Dios" —ahí está la mente, conocimiento de Dios— "y poniendo todo pensamiento" —ahí está la mente— "en cautiverio a la obediencia de Cristo."
Pablo está convencido de que mucho de lo que pensamos no es más que especulaciones, especulaciones que luego dan origen a pensamientos altivos, orgullosos, arrogantes, que se levantan en contra de lo que Dios es, de lo que Dios ha revelado, y que necesitan ser destruidos por nuestras armas poderosas en Cristo Jesús. Y la manera de destruirlos es tomando esos pensamientos y trayéndolos cautivos a lo que es la obediencia de Cristo, porque yo he llegado a comparar el estándar de Dios con la especulación de mi mente y he decidido no hacer caso a lo que mi mente especuló y seguir en obediencia a lo que la Palabra de Dios me manda y me ordena.
Ahí tienes claro el rol de la mente otra vez. Nosotros tenemos impulsos pecaminosos que nos quieren llevar en una dirección y tenemos mandatos santos que nos quieren llevar en otra dirección. Y unas veces me dejo a unos, otras veces me dejo a otros, y mucho tiene que ver con lo que yo he estado alimentando mi mente.
Pensar en todo lo verdadero, esa es la primera cualidad de todo lo que Pablo tiene que decirnos. Pensar en todo lo digno. De acuerdo a William Barclay, esa es una palabra difícil de saber lo que significa en el original, pero tenía una cierta aplicación en los rituales de los dioses paganos y en los templos, de manera que Barclay piensa que es una palabra que pudiera en cierta manera aludir, en el caso de nuestro Dios verdadero y santo, a aquello que es santo.
¿Cuánto de lo que nosotros pensamos es verdaderamente santo? En la gran cantidad de nuestros pensamientos, formas de ser, formas de actuar que nosotros damos como buenos y válidos simplemente porque así es nuestra cultura. Y nosotros nacimos en ese medio cultural y por definición tendemos a abrazar la cultura en la que nosotros nos desarrollamos. Satanás sabe que una de las formas sutiles de afectar la iglesia de Cristo es capturando la cultura, porque es prácticamente imposible que la iglesia de Cristo pueda existir en una cultura sin que sea contaminada por esa cultura, porque todos aquellos que entran al cuerpo de Cristo vienen ya contaminados desde ese mundo y con patrones de pensamientos fuertemente arraigados. De tal manera que si Satanás logra capturar la cultura, tarde o temprano él entiende que podrá capturar gran parte de lo que es la iglesia de Dios. Pero lamentablemente, como nosotros no tenemos una buena idea de lo que es pecado, tampoco tenemos una buena idea de cuánto de lo que pensamos es verdaderamente santo.
Nosotros podemos conocer las definiciones teológicas de lo que es pecado. Pecado en el lenguaje original tiene dos palabras principales: una significa errar el blanco, y lo conocemos, sacamos un cien en el examen. La otra palabra significa cruzar una línea, y lo conocemos. Pero a la hora de irlo a vivir, nosotros no sabemos dónde está la línea ni sabemos cuál es el blanco.
Ahí es donde está el problema, y nos parecemos más a este hombre que llegó a un pueblo y vio en un lugar, en especie de club o algo así donde se hacía tiro al blanco. Y mi amigo vio un tiro al blanco pintado y diez dardos clavados en el mismo medio, en el mismo centro, en el ojo del tiro al blanco. Y él dijo: "¿Quién sería ese que vino y tiró diez tiros y todos en el ojo?" Bueno, él se fue, y como estaba a uno o dos kilómetros de distancia, decidió devolverse, estaba curioso. Y él recordaba una casita que estaba al lado de ese lugar y dijo: "Voy a preguntarle al dueño de esta casa, quién sabe, quizá esto tiene una historia buena." Entonces le pregunta al señor, ya muy mayor, que si él sabía algo acerca del hombre que logró esa hazaña de poner todos sus dardos en el ojo del tiro al blanco. Y el señor se echa a reír y le dice: "¡Ah, no, no! Eso fue un señor hace muchos años, tiempo atrás, que tiró esos dardos a la pared, y después que los clavó, él dibujó un tiro al blanco alrededor."
Así hacemos nosotros. Nosotros vamos y vivimos nuestras mentiras en el mundo, y después que las vivimos, abrazamos eso que estamos viviendo y decimos: "Esta es la realidad, este es el tiro al blanco, yo le estoy dando medio a medio." Eso es como lo hacemos.
También quiero leerte una definición práctica de pecado que una vez yo compartí con algunos de ustedes. Es una definición que yo leo dos o tres veces al año. No es teológica, pero tiene teología detrás. No es tanto considerando lo que los idiomas originales dicen acerca de la palabra pecado, pero es una definición altamente sabia que la madre de los hermanos Wesley, Susana, le dio a uno de sus hijos, a John, un día que él le preguntó: "Mamá, ¿qué es pecado?" Y en vez de recurrir al diccionario, ella recurrió a esta definición: "Pecado es cualquier cosa que debilite tu razonamiento, altere la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu apreciación de Dios, o te quite la pasión por las cosas espirituales. En pocas palabras, cualquier cosa que aumenta el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu, eso para ti se convierte en pecado, independientemente de cuán bueno sea en sí mismo."
¿Entendiste? ¿O para los que procesamos más lentamente? No, seriamente, no todo el mundo procesa igual. Voy a volver a leerlo. Pecado es cualquier cosa que debilite tu razonamiento, altere la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu apreciación de Dios, o te quite la pasión por las cosas espirituales. En pocas palabras, cualquier cosa que aumenta el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu, eso para ti se convierte en pecado, independientemente de cuán bueno sea en sí mismo.
Entonces, ¿qué es lo que necesito? Aumentar el poder o la autoridad de mi espíritu sobre la carne como estrategia de batalla. Y para eso yo necesito meditar en todo lo verdadero, en todo lo digno, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable. Si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto pensar. Yo necesito eso para fortalecer mi espíritu sobre mi carne.
En todo lo justo, la próxima cualidad. Esta palabra hace referencia al carácter justo, perfecto de Dios: dikaios, justo, recto, libre de contaminación, libre de corrupción. ¿Quién en la tierra está libre de contaminación? La única persona que estuvo, pasó hace dos mil años por este mundo, y le estamos esperando en su regreso. Lo único que queda sin contaminación está aquí, en su Palabra. Todo lo demás no es justo. Nosotros no hemos sido justos en nuestros juicios.
Lo ilustraba esta mañana. Imagínate una balanza perfectamente equilibrada. En un lado estás tú o yo, y del otro lado está otra persona. Estamos, tenemos opiniones distintas con relación a un hecho. Cada uno de nosotros, imagínate que nuestras palabras son como pesitas, comenzamos a poner cosas de cada lado: "¿Por qué esto?" "No, no, no, porque esto." "No, porque esto, esto, esto." Y nosotros estaremos hablando y agregando las pesas hasta que yo vea la balanza inclinarse en mi dirección. Esta es la razón por la que siempre queremos la última palabra, porque con la última palabra yo pretendo desviar la balanza en mi dirección, y ya la podemos dejar ahí y se acabó la conversación. Dios es la única persona que piensa completamente de manera completamente justa con relación a todos los hombres, todas sus acciones, en todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las eras.
En todo lo justo, en esto pensar. Eso me lleva a reflexionar una vez más acerca de Dios y su verdad.
En todo lo puro. Eso una vez más hace alusión a la ausencia de corrupción, de impureza. En nosotros solamente Dios, solamente su Palabra. Sin embargo, todavía hay un llamado a vivir de esa manera. Pablo le dice a Timoteo en su primera carta, 5:22, le dice: "Consérvate puro." La misma palabra de Filipenses 4:8. La Reina Valera dice "consérvate puro," la Biblia de las Américas dice "libre de pecado," consérvate libre de pecado. Que no nos podemos mantener completamente libres de pecado, no, pero ese es mi llamado, ese es mi estándar, y por lo menos en esa dirección yo tengo que esforzarme.
Cuando Pablo le escribe, no solamente a Timoteo, cuando les escribe a los efesios en capítulo 5, versículos 3 y 4, escucha lo que les dice: "Pero que la inmoralidad y toda impureza," ahí está la palabra, "y toda impureza o avaricia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como corresponde a los santos." Que toda impureza ni se mencione, que ni aun se nombre, otras traducciones dicen, entre vosotros, porque así corresponde a los santos, a aquellos que Dios ha separado para sí. ¿Y cuáles son esas impurezas? Ni obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias. Eso es lo que debe existir entre nosotros.
Y el mismo Pablo entonces, cuando le escribe a Timoteo en su segunda carta, capítulo 2, versículo 21, nos dice que si alguno se limpia de estas cosas, será un vaso santificado para toda buena obra. Hay un llamado a una vida de pureza, libre de impureza. Si alguno se limpia, ese es mi llamado. Dios me limpia, es cierto, pero yo necesito ir donde Dios para que me limpie. Yo necesito ir a la Palabra para que la Palabra de Dios limpie mi filtro, que es la mente, de todo aquel sucio que había acumulado por tanto tiempo a lo largo de los años.
De ahí el llamado de Romanos 12, que nosotros no nos conformemos a los patrones de este mundo, sino que seamos renovados, o transformados por medio de la renovación de nuestra mente. Ahí está la mente otra vez. Y todo lo que Pablo tiene que decir de Romanos 12:1 y 2 en adelante hasta el fin tiene que ver con la vida práctica del cristiano, la vida práctica de la santidad. Pero mi vida práctica depende de la vida de mi mente, y la mente tiene una vida de la que podemos hablar. La mente dirige mi vida. El Espíritu Santo es quien está en control, es cierto, pero cuando yo desobedezco, no fue el Espíritu que me llevó a desobedecer, me llevó mi mente. Cuando yo obedezco, fue el Espíritu que me llevó a obedecer, pero lo hizo vía mi mente, al considerar todo lo verdadero, todo lo justo, todo lo digno, todo lo honorable, todo lo amable. La mente es el campo de batalla.
Una mente sucia, estilo pecaminoso de vida. Una mente limpia, estilo de vida santificado. Una mente orgullosa, un estilo de vida rebelde. Una mente sumisa, un estilo de vida humilde. ¿Te das cuenta que es la mente el laboratorio donde todo se fabrica, donde todo se levanta o se cae? Es de la mente. Y Dios quiere saturar mi mente con su Palabra para que yo le ame con toda mi mente.
Todo lo amable. Es una palabra también difícil de traducir, dicen los expertos. En inglés es traducida como "lovely," que tiene que ver con aquello que es agradable, aquello que es estético, gentil, manso, aquello que es atractivo en el buen sentido, aquello que es paciente y contrario a lo que es cruel, áspero, descortés, irrespetuoso, desordenado. Todo lo opuesto de eso es "lovely," es amable en español. Debemos hacer eso.
En todo lo honorable, en esto pensar. La Palabra de Dios nos habla que hay personas, instituciones aquí en la tierra que deben ser honradas. Honor y gloria a nuestro Dios, es cierto, pero aquí en la tierra Dios nos ha llamado a honrar algunas personas y algunas cosas. Y algunas de esas personas son padre y madre: honra a padre y madre. Rinde honor, respeto a la autoridad. Todo lo que es honorable, en otras palabras, todo lo que es de buena reputación, todo lo que es de buen testimonio, sería la traducción quizá más correcta. Todo lo que tiene esa cualidad, eso es digno de pensar en eso, porque cuando cultives eso vas a cosechar un estilo de vida. Si siembras una palabra, cosechas un estilo de vida.
Y Pablo entonces, después de darnos estos seis adjetivos con los cuales él caracteriza las cosas en las cuales nosotros debiéramos estar meditando, reflexionando, pensando, alimentando nuestra mente, después que usa esos seis adjetivos, él en esencia nos resume todos ellos en las últimas dos cosas que nos dice, al decir: "Si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditar." La palabra traducida como virtud hace referencia a excelencia moral. Si hay algo que tiene excelencia moral, pasa tu tiempo meditando, reflexionando acerca de esa cualidad. Y si tiene excelencia moral, es digna de elogiar. Y si es digna de elogiar, es digna de imitar. Ahí está tu estilo de vida: en esto pensar, en esto practicar. Eso es lo que el apóstol Pablo nos está tratando de decir a través de la meditación de su Palabra.
Pastor, yo recuerdo cuando estaba pequeño que me pusieron en un campamento, en un programa de niños donde se memorizaba mucho la Palabra. Eso no es meditar, eso se llama memorizar. Mucha gente ha memorizado mucha Palabra con pocos resultados. Piénsenlo. Por eso no soy muy amigo de programas que puramente enfatizan la memorización. Yo tengo que hacer algo más que memorizar.
La meditación de la Palabra implica varias cosas. En primer lugar, yo tengo que tomar la verdad que he leído, que he estudiado, y aplicarla a mi vida de tal manera que yo pueda ver dónde yo estoy con relación a esa verdad. ¿Qué yo he practicado y qué he dejado de practicar? ¿Qué cosa yo nunca he practicado y que tengo que comenzar a practicar? ¿Cuál es que yo practiqué una vez y la dejé de practicar? ¿Qué tan lejos estoy, qué tan cerca estoy? ¿Qué tanto la he creído, qué tanto la he abrazado? ¿Qué tanto es simplemente memorización de la verdad y nada de aplicación de la misma verdad en mi vida? ¿Cuánto mi vida se conforma a esto?
¿Qué ocurre entonces? Yo creo que es bueno, cuando en la Palabra estudias algo, pensar en lo que ocurre cuando tú aplicas una verdad. Siempre me gusta pensar qué ocurre cuando yo no la aplico, porque a veces descubro mucho más después que pienso en lo que ocurre cuando no la aplico.
Yo quiero mencionarte algunas cosas que ocurren cuando yo no medito en esa verdad, que es el llamado, el primer llamado de la Palabra en el día de hoy. Nosotros desarrollamos un espíritu crítico. En vez de ser de bendición para otros, tenemos un espíritu crítico porque tenemos el estándar que se lo aplicamos a otros, pero no a nosotros. Por eso la memoricé, para cuando yo tenga que aplicársela a otro me funcione, pero yo no la he meditado para aplicármela a mí mismo.
Cuando hacemos eso entonces alejamos a los demás de nosotros, los empujamos hacia fuera, creamos conflictos, amenazamos la unión del cuerpo de Cristo como lo estamos haciendo hoy día y como se sintió en Filipos. Ponemos de manifiesto que el amor de Cristo no está en nosotros. No, el amor de Cristo no está en nosotros si nosotros no amamos la verdad, vivimos la verdad, proclamamos la verdad, reflexionamos, meditamos en la verdad. Las bendiciones de Dios las convertimos en ingratitudes como muchas veces ocurre. Y entonces nosotros como resultado final terminamos llenándonos de todo aquello que debiéramos estar vaciándonos. Y por tanto, los resultados son estragos.
Pastor, pero mire, es interesante porque la Biblia nos llama a meditar al igual que hacen los budistas y los hindúes. No, no, no, no, no está hablando de la misma cosa. Y no es semántica, no es significado. Las religiones orientales, cuando meditan, su llamado, su ejercicio y su meta es que tú miras hacia adentro en búsqueda de una verdad que no ha sido revelada y que está adentro de ti. En la vida cristiana, tú meditas hacia afuera, no para descubrir una verdad, sino para entender una verdad ya revelada, por otro que no eres tú, que no está adentro de ti, sino que está fuera y es su Palabra. Son dos cosas completamente distintas y opuestas. La verdad no está adentro de mí, está fuera de mí, no está en mí, está en Dios y está en su revelación. La meditación bíblica, decía alguien, es practicada para alimentar el alma con la verdad de Dios y disfrutar de su voluntad ya revelada.
Pastor, pero mire, eso es tan duro que es imposible. Bueno, apartados de Cristo es imposible, sin la presencia del Espíritu Santo es imposible, sin estudiar, escudriñar, meditar en la Palabra es imposible. Pero el apóstol Pablo entiende que de este lado de la gloria es posible. ¿Sabes por qué? Por lo que él dice justamente en el próximo versículo, que es el versículo 9 que leímos hoy. Después que él dice pensar en todo lo justo, todo lo amable, todo lo digno, todo lo puro, todo lo recto, todo lo que es digno de alguna virtud, escucha lo que él dice: "Lo que también habéis aprendido y recibido, oído y visto en mí". En otras palabras, toda esa cosa que yo acabo de escribir es lo mismo que ustedes han visto, oído, recibido, aprendido de mí. Él lo está practicando.
Pero el texto no termina. Déjame leerte lo entero otra vez: "Lo que también habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practicad. Y el Dios de paz estará con vosotros". Esto meditar, esto practicar. Esto meditar, esto practicar. Esto meditar, esto practicar. Pablo sabe cómo funciona. Pablo sabe cómo funciona la práctica de acuerdo a lo que pensamos y meditamos.
Amados, si tú tomas Filipenses 4:8 solamente y lo aplicas a tu vida, tú descubres rápidamente cuán lejos hemos estado de vivir en la verdad, por la verdad, de practicarla como Pablo nos llamó a hacerlo. Tú descubres rápidamente cuán trivial, superficial, ordinario hemos estado viviendo, por las veces y las horas y los incontables momentos que hemos pasado pensando las cosas de aquí abajo. Tú descubres rápidamente cuán mundana es mi vida versus cuán santa es mi estilo de vida, mi forma de pensar y caminar.
Y solamente tiene que ver con una cosa: lo que ha capturado tu mente. Lo que ha capturado tu mente, eso determina cómo vas a vivir. Tienes que ser transformado por la renovación de tu mente, hasta el punto que tú puedas amar a Dios con toda tu mente. Y entonces, si le amas así, le podrás obedecer con la ayuda del Espíritu, con la ayuda de su Palabra. Apartados de mí, nada podéis hacer. Esto no es el pensamiento positivo de los que enseñan esas cosas por ahí, es otra cosa. Esto es el Cristo viviendo en nosotros. No yo, Cristo viviendo en mí.