El cristiano no fue dejado en este mundo para consumir, sino para proveer. Esa convicción atraviesa la enseñanza de Pablo en 2 Tesalonicenses 3, donde confronta a ciertos hermanos que, pudiendo trabajar, habían decidido no hacerlo y andaban metiéndose en los asuntos de todos. El apóstol no ruega; manda. Y lo hace invocando la autoridad de Cristo mismo, señalando que existe una doctrina bíblica del trabajo que ya les había sido enseñada.
Pablo ofrece su propia vida como modelo: trabajó con fatiga, de día y de noche, para no ser carga a nadie y para demostrar que se puede vivir de manera autosostenida. El principio es directo: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. No se trata de quienes no pueden, sino de quienes no quieren. Martín Lutero ayudó a recuperar esta visión sagrada del trabajo, recordando que para el cristiano toda la vida es sagrada, ya sea que trabaje como mecánico, médico o pastor. Los puritanos lo resumieron en dos componentes: trabaja arduamente y gasta poco.
Dios no es glorificado cuando trabajamos por debajo de nuestra capacidad o solo para suplir nuestras propias necesidades. Adán y Eva fueron puestos en el jardín para cultivar, someter y agregar algo al mundo. Ese diseño no ha cambiado. El pastor Núñez lo ilustra con una pregunta sencilla: piensa en alguien que admires de la historia bíblica o de la iglesia, y verás que esa persona trabajó arduamente. El llamado es a imitar a Dios, quien no consume sino que provee, y a vivir con la misma generosidad.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Por sus llagas fuimos sanados. ¡Gloria a mi Dios! Ahora quiero invitar a abrir la Palabra de Dios, la segunda carta a los Tesalonicenses, capítulo 3. Vamos a estar leyendo desde el versículo 6 hasta el final. Hoy estamos terminando esta carta a los Tesalonicenses.
"Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente y no según la doctrina que recibisteis de nosotros. Pues vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir nuestro ejemplo, porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros. Ni comimos el pan de nadie de balde, sino que con trabajo y fatiga trabajamos día y noche, a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. No porque no tengamos derecho a ello, sino para ofrecernos como modelo a vosotros, a fin de que sigáis nuestro ejemplo. Porque aun cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo. A tales personas ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que, trabajando tranquilamente, coman su propio pan. Pues vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien. Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence. Sin embargo, no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a un hermano. Y que el mismo Señor de paz siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Señor sea con todos vosotros. Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano, y esta es una señal distintiva en todas mis cartas. Así escribo yo. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros."
¡Padre, gracias por tu Palabra! Lo decimos y no sabemos cuán agradecidos debiéramos estar de que Tú escribiste un libro. Y ese libro que Tú escribiste lo tenemos en nuestras manos, en diferentes versiones, en diferentes idiomas. Y pensar que el libro que Dios escribió está tan poco leído, tan poco apreciado… otra vez, perdónanos. Porque no hay otro libro igual, no lo habrá. Un libro que refleje tu mente, tu corazón, tu voluntad, tu carácter, no hay otro. Ayúdanos en esta mañana a deleitarnos en tu Palabra como si fuera un manjar que ningún otro chef puede preparar. Danos apetito para tu alimento. En Cristo Jesús, amén.
"Una ética de trabajo que honra a Dios." Ese es el título de mi mensaje en esta mañana. Yo les decía al primer grupo que, si yo hubiese tenido que escoger el tema de predicación para hoy, yo no hubiese escogido este tema. No porque no lo creo importante, sino porque este es un tema que uno lo piensa más para fines de charlas, seminarios y cursos de institutos. Y hemos hecho eso. Hemos hecho incluso un programa de televisión, el programa Respuestas con el pastor Pepe, acerca del hecho de que tu trabajo le importa a Dios. Pero raramente nosotros pensamos en un tema como este para el púlpito del domingo en la mañana.
Una de las cosas buenas de la predicación expositiva, decía yo, es que te fuerza a tratar con temas que normalmente te parecería que evitarías por diferentes razones. De manera que en el día de hoy yo tengo delante un tema que no puedo eludir, porque es el texto que sigue y con el cual concluye esta carta. La mayoría de nosotros probablemente no haya oído nunca un sermón acerca de la ética de trabajo. Quizás usted leyó un libro, quizás tuvo una conferencia en un seminario, pero un sermón de domingo en la mañana no es probable que usted lo haya oído. Y una de las razones, yo creo, es porque nosotros como cristianos no hemos entendido la importancia que Dios le da al trabajo.
La persona que nos ayudó a recobrar la visión sagrada del trabajo es Martín Lutero. Porque hasta ese entonces el trabajo era visto como un mal necesario: habría que hacerlo, pero es un mal. Los griegos, por ejemplo, no pensaban muy bien del trabajo, sobre todo del trabajo manual, y por eso le daban mucha importancia a los literatos, le daban mucha importancia a los filósofos, que hablan cosas que nadie puede entender y luego te hacen sentir que es tu falta. El trabajo manual es un trabajo de segunda clase.
Por otro lado, el mundo estaba —como ha seguido dividido en la mente de muchos— dividido en dos sectores: la vida cristiana y la vida secular. Martín Lutero nos ayudó a entender que para el cristiano eso es una falsedad. Para el cristiano toda la vida es sagrada. Lo que se hace en el mundo secular es tan sagrado como lo que se hace en la iglesia, porque el cristiano tiene el mismo llamado de hacerlo todo para la gloria de su Dios, a quien él representa, no importa dónde esté. De manera que si tú eres pintor, mecánico, ingeniero, abogado o médico, no importa: tú tienes dones, talentos, llamados, inteligencias y habilidades, todas conferidas por el Dador, para que lleves a cabo una labor que Él considera vital en este tiempo, en esta generación, en este lugar donde Él te puso. Por eso tú estás aquí y no en otro lugar.
La tierra se llenará del conocimiento de su gloria, y la única manera que se le ocurrió a Dios para que eso ocurra es vía la predicación de su Palabra, y luego cuando aquellos que son alcanzados y convertidos se van a sus lugares a ejercer su función.
El texto que leímos identifica un problema. Yo menciono eso porque en ocasiones algunos de ustedes se me acercan, con más o menos frecuencia: "Pastor, yo quisiera aprender a estudiar la Biblia, sacar de la Biblia tanto como los predicadores pueden sacar." Y de vez en cuando —no es la primera vez que yo hago algo como esto— yo uso una ilustración sencilla para ayudar a los miembros a entender cosas que son sencillas pero que pudieran ayudarles mucho. Si tú lees un texto —y acabamos de leer uno— y te preguntas: ¿de qué está hablando el texto?, bueno, está hablando de un problema que el mismo texto identifica. Y segunda pregunta: ¿qué está diciendo acerca de aquello de lo que está hablando? Tú tienes el texto, tú tienes el sermón, tú tienes la clase dominical. Así de sencillo.
Entonces, nosotros tenemos un problema que el texto identifica. Aquí hay algunos que están caminando desordenadamente —vamos a ver cuál es el desorden, porque es una palabra bastante general en principio. Luego, Pablo se ofrece a sí mismo como modelo para corregir este problema: mi modo de vida, mi estilo de vida, es un ejemplo para ustedes para corregir este problema. Número tres, Pablo ofrece instrucciones para aquellos que no se quieran someter a esta dirección que él está dando. Número cuatro, Pablo se despide. Ahí está todo el mensaje.
La identificación del problema. El modelo de vida que Pablo ofrece para corregir el problema. Número tres, la conducta a disciplinar y cómo hacerlo. Número cuatro, la despedida. Y vamos a seguir exactamente ese mismo orden.
Comencemos leyendo el versículo 6. Es interesante ver cómo Pablo no comienza el versículo 6 identificando el problema para luego ampliar, sino que él comienza diciendo qué hacer con aquellos que están causando el problema. Escucha: "Ahora bien, hermanos, os mandamos en el nombre del Señor Jesucristo…" Ahí está, qué hacer, pero todavía no sé cuál es el problema. "Que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente…" Todavía no sé cuál es el problema. "Y no según la doctrina que recibisteis de nosotros."
La palabra traducida como "apartéis" en el griego original implica alguien que no se somete a las reglas, que no se somete a las normas de la comunidad en la que vive —en este caso, de la iglesia—, alguien que está fuera de los límites. Pero todavía no sabemos en qué área específica estos hermanos están andando desordenadamente. Sin embargo, si tú sigues leyendo, pronto descubres exactamente cuál es el área de su vida que está causando el problema.
Pablo dice que a esos hermanos que estén andando desordenadamente, y no según la doctrina que recibisteis de nosotros, hay que hacerles algo. Nota el énfasis, la importancia, el peso que Pablo le da a lo que está ocurriendo, al que él le llama doctrina: "aquellos que no estén caminando según la doctrina que os hemos enseñado." En otras palabras: ya yo hablé de esto en mi primera visita; les hablé acerca de este tema, y si hay alguien que no ande conforme a estas instrucciones, pues hay que tomar una acción.
Pablo también nos deja ver, antes de decir cuál es el problema, la seriedad del mismo. Él no comienza el versículo 6 diciendo "os rogamos" —esa no es la frase—. "Os rogamos" es la frase más común de este tipo en las cartas de Pablo, cincuenta y cuatro veces. Pablo habla de: "os rogamos, hermanos, en virtud de la misericordia de Cristo" —eso es Romanos 12—. Esa no es la frase aquí. Esta frase es "os mandamos", una frase mucho más enfática, en el imperativo, es una obligación. E inmediatamente después Pablo agrega una frase que lo único que hace es aumentar el peso del mandato, porque él dice "en el nombre de nuestro Señor Jesucristo", identificando no solamente la fuente de las palabras, sino la fuente de autoridad detrás de este mandato.
La conducta desordenada de estos hermanos, que el versículo 6 todavía no me identifica, está claramente señalada en el versículo 11. Escuche: "Porque oímos que algunos entre vosotros andan desordenadamente, sin trabajar, pero andan metiéndose en todo." Claro, porque les sobra tiempo. Ahora nosotros sabemos a qué aludía Pablo en el versículo 6, y a qué aludía incluso en la carta anterior, cuando hablaba de algunos que estaban andando desordenadamente: gente que estaba fuera de parámetros. Y no está claro por qué razón estos hermanos no querían trabajar.
Pablo no está hablando de hermanos que no podían trabajar queriendo, sino de hermanos que pudiendo no querían. No está del todo claro, pero algunos —la interpretación tradicional— han sostenido que estos hermanos habían comprado la herejía de que hablamos al principio de esta carta: que el día del Señor ya había llegado, y que entonces estos hermanos habían parado de trabajar esperando que el Señor llegara y se apareciera en cualquier momento.
Eso no lo puedes leer y no puedes sonar como algo ajeno, pero yo recuerdo perfectamente en la década del 70 y principios de los 80 incluso, cuando la frase "Cristo viene" se popularizó. Yo recuerdo oír conversaciones entre personas evangélicas decir: "Bueno, ya que Cristo viene, cualquiera ni sigue trabajando, cualquiera dejaría de trabajar, ¿para qué se va a afanar tanto uno?" Yo pienso en eso y lo recuerdo, porque quizás esta interpretación tradicional no está tan descabellada; quizás fue eso exactamente lo que estaba pasando. Porque si eso ocurrió en los años 70 y 80 de nuestra época, me imagino en el primer siglo, cuando había todavía mucha incertidumbre —"vendrá el Señor, será mañana, será ahora"— y la persecución de los romanos, con las cosas tan difíciles. Pues quizás esa era la razón.
Pero más recientemente había habido otra posibilidad que ha sido introducida, y que también tiene sentido a la luz de lo que ocurría en el mundo antiguo, en el mundo de Grecia, en el mundo grecorromano. Era muy común que hubiera patronos. Un patrón tenía hombres y mujeres que no trabajaban, que dependían de él y que eran mantenidos por él. A ambos les convenía por razones distintas: el que recibía, porque no trabajaba y recibía manutención; y el patrón, porque el tener muchos de esos hombres y mujeres dependientes de él le daba un nombre, una fama de benefactor, y creaba una reputación de buen hombre. Nosotros en Latinoamérica hemos tenido una serie de gobiernos similares a eso. Nosotros vivimos los años del pasado presidente Balaguer: mucha gente que recibió muchas cosas, mucha canasta, mucha comida, que nunca trabajó, pero eso le daba un nombre al presidente. De manera que esa es una práctica que no ha terminado del todo.
Ahora bien, estos hermanos, de acuerdo al versículo 11, tenían otro problema: no era solamente que no trabajaban, sino que andaban metiéndose en todo. Obviamente cuando estás ocupado, tu mente está ocupada; tú tienes tantas cosas en las que involucrarte que no tienes tiempo para estar pensando en niñerías. Pero cuando tú no tienes nada que hacer, te levantas en la mañana, son las 11, son las 3 de la tarde, pues obviamente vas a querer saber qué está pasando con el vecino, para entretenerte, tan aburrido como estás. Y Pablo comienza a dirigirse a esta situación que estaba ocurriendo.
Básicamente esas son las dos opciones presentadas como posibilidades de qué pudo haber estado ocurriendo para que estos hermanos no estuvieran trabajando. Pero nosotros tenemos que aplicar lo que ocurrió hace dos mil años a nuestro contexto hoy, o perdemos de vista el impacto de la enseñanza. Porque tú pudieras decir: "Bueno, nosotros aquí en la iglesia no tenemos ningún patrón —ojalá hubiera alguno, pero no hay—." O pudieras decir, por otro lado: "Nosotros creemos que Cristo viene, creemos que quizás será pronto, pero no tenemos la teología de que hay que parar de trabajar porque ya está a punto de llegar." Entonces tú pudieras concluir que este texto no tiene nada que decirte.
Sin embargo, nosotros tenemos que reconocer nuestro contexto —el contexto de la generación de hoy, y probablemente a lo largo de toda la historia, pero esta es la generación que conozco porque la vivo—. Algunos han usado una enfermedad para no trabajar. Una enfermedad, como yo tengo mis propias enfermedades, y más de una; pero nos sobreponemos a la enfermedad y trabajamos, porque entendemos el valor del trabajo delante de Dios, y ni siquiera solamente delante de los hombres. Para otros, la razón es que no han hecho diligencia suficiente: hemos hecho dos o tres gestiones y esas dos o tres gestiones sirven de excusa para decir "yo sí he hecho diligencia", pero apróntese si ha hecho todas las diligencias. En otros casos, algunos boicotean la posibilidad de trabajo, ya sea a la hora de la entrevista, en la forma como se expresan, o después de entrar al mes ya están fuera porque boicotearon la manera de trabajar de la empresa. Y en otras ocasiones es que tenemos aspiraciones tan altas que estamos desfasados, o consideramos que el trabajo manual o un trabajo que está por debajo de nuestra posición no nos corresponde.
Pablo ha recibido noticias. No sabemos cómo le llegaron, pero posiblemente fue a través de Timoteo, quien había ido —recordemos— desde Atenas de regreso a Tesalónica, y Pablo se fue a Corinto; luego Timoteo se juntó con Pablo en Corinto, y probablemente le trajo la noticia: "Pablo, hay algunos hermanos allá en la iglesia que no quieren trabajar, y peor de todo —lo peor de todo, Pablo— es que aparte de eso andan perturbando la vida de todo el mundo." Identificamos el problema. Ahora vamos a ver la oferta de Pablo como una vida digna de imitar.
Escuchen lo que dice el versículo 7 en adelante:
"Pues vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir nuestro ejemplo, por qué no obramos de manera indisciplinada entre vosotros ni comimos el pan de nadie de balde, sino que con trabajo y fatiga trabajamos día y noche, a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. No porque no tengamos derecho a ello, sino para ofrecernos como modelo a vosotros, a fin de que sigáis nuestro ejemplo."
Una vez más, Pablo tiene la osadía de ofrecer su forma de vivir como modelo para ser imitado. Y honestamente, eso en la antigüedad era común. Pero hasta hace poco tiempo tampoco era tan infrecuente que líderes de una nación entendieran que ellos debieran ser modelos a ser imitados. Si no vamos a la antigüedad, el filósofo y orador Séneca decía: "Un modelo de conducta servirá más que la palabra escrita." Generaciones anteriores entendían esto; entendían, por lo menos en algunas naciones, que un presidente debía ser un modelo para el resto de la nación. Por eso, naciones como Estados Unidos tuvieron a George Washington, a Abraham Lincoln, a Eisenhower: gente que había sido héroe de alguna manera.
Hoy nosotros no tenemos héroes, sino que tenemos celebridades. Los héroes tienen hazañas detrás; las celebridades tienen un grupo de mercadeo detrás. Es una gran diferencia. Generaciones anteriores entendían que un padre de familia debía ser un modelo, que un pastor debía ser un modelo, que el dueño incluso de una empresa debería llegar primero que sus empleados. Esas eran cosas que yo las viví, que yo las vi, que yo las oí. Hoy no. Hoy, en el relativismo de nuestros días, nadie quiere ser modelo, nadie quiere ser ejemplo; todo lo anterior está mal, todo lo de antes estuvo mal. Pero lo hemos relativizado todos, hasta los modelos son relativos.
Se esperaba que un padre pudiera decir a su hijo alguna vez: "¿Tú me has visto hacer o decir eso?" Sin ánimo de alarmarme, la corrección más común que yo escuché de mi padre era justamente esa. Nunca me pegó. Pero siempre me llamó, me sentó y me decía: "Hijo, ¿tú me has visto decir eso? ¿Tú me has oído decir eso? ¿O tú me has visto hacer eso? No. ¿Por qué tú piensas que tú puedes hacerlo?" ¿Qué me dices? ¿Ya eso fue suficiente? Hoy nosotros no pensamos así. Pero escucha: la Palabra habla de otra manera.
Escucha lo que Pablo le dice a Timoteo en la primera carta, en 4:12: "Timoteo, tú eres joven; no dejes que nadie menosprecie tu juventud. ¿Cómo lo hago, Pablo? Sé ejemplo de los creyentes en palabra, en conducta, en amor, en fe y en pureza." ¡Sé ejemplo! ¡Sé modelo! La Palabra habla en ese sentido. A nosotros los pastores, cuando Pedro escribe su primera carta, dice: "Yo, Pedro, apóstol y anciano como vosotros..." Dice: "...no teniendo señorío sobre los que os han sido confiados" —hablando de cómo liderar—, "sino siendo ejemplos del rebaño." Eso no es una opción que yo tengo; eso es una obligación que el llamado me impone.
Pablo se ofrece como modelo a seguir a los corintios en 1 Corintios 4:16: "Por tanto, os exhorto a ser imitadores míos." En otro momento les dice: "Como yo soy imitador de Cristo." Claro, esa es la idea; pero él tiene la confianza de poder decir eso porque entiende que está imitando a Cristo. Perfectamente no, pero es un modelo a seguir. Y Pablo usa frases similares en 1 Tesalonicenses 1:6, en 2:14, en 2 Tesalonicenses —donde estamos— capítulo 3, versículos 7 y 9, en 1 Corintios 11:1, en Filipenses 1:37; esto era una costumbre en el apóstol Pablo. Cuando se juntó con los ancianos de Éfeso, en Hechos capítulo 20, dijo: "Vosotros sabéis cómo me conduje todo el tiempo, con lágrimas, con humildad entre vosotros", usando siempre su vida como comparación, ejemplo y modelo.
Otras veces, Pablo llamó a imitar a Timoteo —Filipenses 2:19-24, 1 Timoteo 4:12—, o a imitar a Epafrodito —Filipenses 2:25-30—, o a imitar a Tito —Tito 2:7—. De manera que Pablo no estaba poniendo el foco sobre sí mismo; Pablo estaba ofreciendo modelos humanos, de carne y hueso, para que otros pudieran ver que se puede. "Dios te capacita así, en su gracia así, en su poder así, pero se puede."
Y en este texto, ahora, a los tesalonicenses, en el versículo 7, Pablo dice: "Vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir nuestro ejemplo." Versículo 9: "Para ofrecernos como modelo a vosotros, a fin de que sigáis nuestro ejemplo." De tal forma que nosotros pudiéramos revisar la historia bíblica y ver que este es el modelo que el Señor Jesús, o que Dios en la inspiración de la Palabra, sigue. De Enoc nos dice que él caminó con Dios, y por tanto Dios se lo llevó; no dejó registrado cómo caminó con Él, como ejemplo para nosotros. De Abraham, dice Santiago, que llegó a ser llamado amigo de Dios. Hay un ejemplo de Job, que fue intachable, hombre justo.
Hay un ejemplo de esta iglesia de Tesalónica. Pablo nos dice más de una vez que fueron ejemplo para las iglesias de Tesalónica, en Acaya y mucho más allá. Hay un patrón continuo de ser algo de una manera conforme a la instrucción de la Palabra, y ofrecerse como modelo para otros. Y Pablo enfatiza esto cuando dice: "Vosotros mismos, ¿sabéis cómo debéis seguir nuestro ejemplo?" Esas dos frases ahí son claves: "vosotros sabéis". Esto no es algo que yo lo estoy escribiendo ahora. Esto es algo que ya ustedes habían oído cuando yo estuviera allá plantando la iglesia. Vosotros sabéis, y cómo sabéis vosotros que tenéis la obligación de hacer esto.
Y ahí mismo el versículo 7, la segunda parte: "No obramos de manera indisciplinada entre vosotros." ¿Notaste el plural? No obramos. Ni yo, Pablo, ni Timoteo, ni Silvano, que es el Silas del libro de los Hechos. Porque ellos eran parte de ese equipo plantador, y ellos juntos realmente habían estado una vez allí cuando plantaron la iglesia. No obramos así, desordenadamente.
¿Y qué es lo que hizo Pablo decir con esto, que no obramos así desordenadamente? La respuesta está en el versículo 8: "Ni comimos de balde el pan de nadie." ¿Notaste el plural otra vez? Ni comimos, "sino que con trabajo y fatiga trabajamos día y noche." ¿Notaste el plural también? Sino que trabajamos. No comer el pan de balde probablemente era una expresión semítica, una expresión hebrea. No quiere decir que solamente comían pan. Es una forma de decir que no tuvimos de nadie nuestro sostenimiento.
Pablo no hizo eso por el orgullo. Esta era una estrategia misionera revelada tácticamente en algunos de los textos. Pero cuando él escribe a los corintios, él dice exactamente la misma cosa, cómo él no obtuvo ningún beneficio de ellos. Le dice lo mismo a los ancianos de Éfeso en Mileto. Pero en 1 Corintios 9:2, Pablo dice que él tenía el derecho a recibir un salario. Y en efecto, todo ministro de la Palabra tiene ese derecho. Pero Pablo dice: "Sin embargo, no hemos usado este derecho, sino que sufrimos todo para no causar estorbo al evangelio de Cristo."
"Hemos decidido hacer esto porque quizás en la mente de algunos no debíamos recibir salario; vamos a quitar esa piedra de tropiezo. Hemos decidido esto porque quizás en la mente de otros pudiera hacer que pensaran que estoy recibiendo más de lo que debía; vamos a quitar esa piedra de tropiezo. Pues quizás otros piensan que yo estoy predicando la Palabra por dinero; vamos a quitar esa piedra de tropiezo." Por tanto, esto es una estrategia misionera para la predicación de la Palabra. Y Pablo dice entonces que la manera como él quitó esa piedra de tropiezo de en medio fue trabajando con trabajo y fatiga, de día y de noche.
Trabajo hasta fatigarse. Esa combinación de palabras —trabajo y fatiga, día y noche— nos habla de la intensidad. No es como que Pablo un día trabajó, hizo un trabajito, se ganó un dinerito, eso le dio para dos semanas, y después de irse hizo otro trabajito. No, esto habla de una continuidad de día y de noche, intenso. Y si las palabras "día y noche" no nos transmiten eso, ahí está: "trabajamos hasta la fatiga."
Pablo, ¿y por qué? Ponlo en tu cabeza: ¿por qué? ¿Cuál fue la necesidad? El versículo 8 y el versículo 9. "A fin de no ser carga a ninguno de vosotros." Razón número uno. Razón número dos: "Para ofrecernos como modelo a vosotros, a fin de que sigáis nuestro ejemplo." Yo tenía dos motivaciones. Número uno, no quería hacer carga a ninguno. La iglesia era pequeña, de pocos recursos, y yo no quería cargarlos; no quería que la iglesia, que ya tenía de por sí pocos recursos, tuviera que cargar conmigo. Y número dos, porque yo quería ofrecerme a mí mismo como un modelo que tú pudieras imitar.
Porque él entendía que Dios nos dejó en este mundo para agregarle algo a este mundo. Dios lo entregó a Adán y Eva. Les entregó el jardín, pero les entregó el jardín y los puso a ellos como representantes de Dios, iconos de Dios. Es una de las palabras usadas ahí cuando se dice que Dios nos hizo a imagen y semejanza, en el griego por lo menos. De manera que Adán y Eva eran representantes de Dios y tenían que elaborar la tierra, cuidar del huerto, cultivarlo, someterlo, dominar la tierra. Ellos le estarían agregando a la tierra algo, aquello que Dios les había entregado para producir.
Dios entiende que nosotros en este mundo no hemos sido dejados para ser consumidores sino proveedores. Dicho de otra forma, el modelo que Pablo está ofreciendo es un modelo de autosostenimiento, número uno, y de trabajo arduo con una ética de trabajo que honre y agrade a Dios. Dios nos llamó a dominar la tierra. Dios nos llamó a ejercer dominio sobre los peces del mar y todo lo que se mueve sobre la tierra. Tú no haces eso con trabajos a medias.
De hecho, una manera de desafiarnos a todos es pensar en alguien que tú admires de la historia bíblica o de la historia de la iglesia. Verás que si lo admiras, esa persona —si tiene razón de admiración— trabajó arduamente. No importa si fue Moisés, si fue José, si fue Abraham, cuyos ganados la tierra ya no podían ni siquiera sostener en la cantidad que tenía, si fue David, si fue Pablo, si fue Jesús y sus discípulos que no tenían tiempo ni siquiera para comer.
La mejor ética de trabajo la llevaron los puritanos a Estados Unidos. Posteriormente fue conocida como la ética de trabajo protestante, y era un concepto tan cabal que incluía un componente teológico, sociológico, histórico y económico. Y en esencia, en la práctica tenía dos componentes: tú trabaja arduamente y gasta poco —la frugalidad—. Y yo creo que cuando tú miras lo que la Palabra de Dios dice, es fácil entender de dónde ellos obtuvieron algo como eso.
Pablo trabajaba arduamente hasta fatigarse, trabajaba de día, trabajaba de noche. Y resulta que es ese mismo Pablo que cuando les escribe a los efesios en Efesios 4:28, les dice a aquellos que antes robaban —antes de convertirse— y que ahora se convirtieron: "Bueno, ahora que son creyentes, ya dejen de robar y trabajen para que ayuden a los que están en necesidad." No puedes hacer eso si todo lo gastas en ti mismo. No puedes hacer eso si solamente piensas en ti mismo. Necesitas trabajar arduamente y ser frugal para que puedas ahorrar y puedas ayudar a aquellos que están en necesidad.
Dios no es glorificado cuando yo trabajo por debajo de la capacidad, los dones y talentos, las oportunidades y la inteligencia que Él nos ha dado. Eso no glorifica a Dios. No exhibir el potencial completo de aquello que Él me entregó es como el hombre en la parábola de los talentos. El que tenía cinco lo duplicó y le entregó diez; el que tenía dos lo duplicó y le entregó cuatro; el que tenía uno no hizo nada y le devolvió ese mismo. Y el amo estaba irado —ese es Dios— porque no fuiste productivo.
Dios no es glorificado cuando trabajamos solo para suplirnos a nosotros mismos, como ya acabo de mencionar. Dios no es glorificado cuando yo llevo poco fruto, pudiendo llevar mucho fruto. Dios no es glorificado cuando nosotros no somos ejemplo en el trabajo para los que nos observan. Porque el ejemplo que les ofrezco no es que "hermano, yo soy un trabajador que no digo malas palabras." A veces pensamos que en eso consiste el ejemplo. Cuando en realidad, si yo voy a trabajar en el mundo secular —aunque la vida para mí es sagrada—, yo tengo que ser ejemplo en la manera como sirvo, en mi transparencia, mi honestidad, lo servicial que soy, la actitud que demuestro. Yo reflejo a Cristo de alguna manera y soy ejemplo en mi lugar de trabajo.
Identificamos el problema de estos hermanos. Número dos, vimos la oferta de Pablo: su estilo de vida para que sirva de ejemplo. Número tres, ahora: ¿cuál sería la conducta disciplinaria a seguir si estos hermanos no se someten? Bueno, eso está aquí también. Comenzamos el versículo 6 diciendo que debíamos apartarnos de cualquier hermano que ande desordenadamente. Pero ahí todavía no me deja claro todo el cuadro, aunque me comenzó a dar una idea de cuál es su primera recomendación.
¿Recomendación número uno? Que te apartes. Él no está hablando de hermanos que quieren trabajar y no pueden. Está hablando de hermanos que tienen diferentes excusas para no trabajar, pudiendo trabajar. ¿Recomendación número dos? Dejar que el hermano sufra las consecuencias. ¿Es eso todo? Porque usted es muy duro. No, no es eso. Eso está ahí: dice, mira, versículo 10, "Porque aún cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma." ¿Pero lo entiende? El cristiano debe cargar con la responsabilidad de su propio sostenimiento, hasta el punto de que si él no quiere trabajar, pues déjalo sin comer, para que él pueda sufrir las consecuencias y quizás arrepentirse de su mala conducta.
¿Recomendación número tres? Exhorta a esa persona a que se autosostenga. Versículo 12: "A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo, con la autoridad que tenemos, a que trabajando tranquilamente coman su propio pan." Que dejen de estar metiéndose en todo y comiencen a trabajar tranquilamente, y que coman su propio pan. Esa es la exhortación del apóstol Pablo.
El trabajo es una de las maneras como Dios entendió que el hombre, haciéndolo bajo su señorío y para su honra y su gloria, obtendría parte del significado, sentido y propósito de su vida. Y nada ilustra eso mejor que lo ordenado a Adán y Eva en el jardín del Edén. Antes de la caída. Porque cuando ese hombre pecó, o cuando ese hombre después de pecar y de ser regenerado por Cristo no trabaja para la honra y la gloria de Dios, él no le encuentra sentido ni propósito a su trabajo y no lo puede gozar, no lo puede disfrutar. Le parece aburrido, le parece cansón, le parece cargado, y se quiere retirar más temprano.
Pero cuando tú trabajas para el honor y la gloria de Dios, tú puedes experimentar todo eso, porque eso es parte del diseño del trabajo, sin lugar a duda. La vida improductiva, cuando no tenemos la disposición de trabajar, porque a veces somos improductivos por imposibilidades o porque no tenemos oportunidades. Pero cuando soy improductivo y no tengo la disposición de trabajo, eso le agrega peso y responsabilidad a los demás. Y eso no es justo.
Recomendación número 4. Independientemente de que estos hermanos desordenados cambien o no cambien, en cuanto a ti, haz siempre el bien. El versículo 13 dice: "Pero vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien." En otras palabras, si tú encuentras un hermano que verdaderamente no puede trabajar y está en necesidad, tú tienes que ayudar. Si tú eres un patrón y te convertiste y tienes personas que dependen de ti, pues no les digas mañana que acabó la provisión; trabaja con ellos para que poco a poco se vayan responsabilizando. De manera que tú tienes que hacer el bien, independientemente de la actitud del otro. Si no pueden trabajar por razones de salud, ayuda, sé de manos; si no pueden trabajar por otras razones y están en necesidad, ayuda, sé de manos. No os canséis de hacer el bien, y eso es un principio de la vida cristiana.
El bien que yo hago no depende de cómo tú me hablas, de cómo tú me tratas, de cómo tú respondes, de si tú me eres fiel o no me eres fiel. El bien que yo hago es el bien que a mí me toca hacer, de la misma manera que Dios ha sido bondadoso con nosotros cuando nosotros no hemos sido lo que nos toca ser. ¿O no? Y yo tengo que recordar eso.
Recomendación número 5: si un miembro de la congregación no obedece esto, muestra rebeldía y no quiere someterse a la Palabra, hay que tomar medidas disciplinarias de algún tipo. El versículo 14 dice: "Y si alguno no obedece nuestra enseñanza en esta carta, señalad al tal y no os asociéis con él, para que se avergüence." Esa última recomendación, en aquella sociedad, hubiese tenido un peso extraordinario. Hoy no tanto en nuestras sociedades, por razones que voy a explicar.
La sociedad del Medio Oriente, y todavía la sociedad del Lejano Oriente, como lo son China, Japón, Taiwán, son sociedades donde la honra y la vergüenza representan algo monumental. De tal manera que si un miembro de la familia deshonra a la familia, o la familia deshonra a un miembro de ellos, o lo hace pasar vergüenza, eso en sí mismo ya es una medida disciplinaria; y no haría falta nada más, porque no hay nada más pesado, más horrible para un miembro de esas sociedades, que estar deshonrado o pasar vergüenza. Eso es suficiente para reformar. Y realmente eso es lo que Pablo está tratando de hacer: esto no es punitivo, esto es para que te reformes, para tu bien y la bendición de otros.
Y yo menciono eso a manera de aplicación también, porque hoy en día, en este nuevo movimiento relativista, muchas veces nosotros en los púlpitos, o muchos pastores, quisieran acomodar tanto las cosas para que nadie pase vergüenza. Yo tengo que recordar hoy que el sentido de vergüenza es algo que Dios puso en el ser humano. Fue la primera y segunda experiencia que Adán y Eva experimentaron al alejarse de Dios: tuvieron miedo y tuvieron vergüenza. Esta es la sociedad actual, donde el sentido de vergüenza se ha ido, y nosotros también hemos empatizado con eso porque no queremos que nadie pase vergüenza. Y ahora la sociedad se ha desenfrenado, porque no tenemos vergüenza ni se la hemos inculcado. Pablo dice: señálalo, para que pase vergüenza.
Esto no es lo mismo que la excomunión de Mateo 18. En Mateo 18, tú recordarás el pasaje: si tu hermano peca contra ti, tú vas a él; si se arrepiente, terminaste. Si no, tú vas con dos o tres; si se arrepiente, terminaste. Si no, tú lo dices a la iglesia; si se arrepiente, excelente, terminamos ahí. Si no se arrepiente, lo tratas como publicano o gentil, lo cual implica tratarlo como un incrédulo, que es entonces expulsado por su rebeldía.
En este caso, el versículo 15 dice: "Sin embargo, no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a un hermano." Por tanto, él va a permanecer entre nosotros, porque lo vamos a amonestar como a un hermano; no lo vamos a tratar como a un incrédulo que es expulsado por su rebeldía. Eso parecería contradecir lo anterior, pero no. Quizás se pudiera entender un poco mejor si pensamos en una iglesia del siglo I, que eran iglesias pequeñas, iglesias de hogares. ¿Cuánta gente tú puedes hacer entrar en una casa pequeña de pocos recursos? En una iglesia de una casa tienes 30, 40 personas; cuántas más vas a poner.
En ese contexto también hay que recordar que en el libro de los Hechos, al principio se nos dice que muchos de los hermanos tenían todo en común y vendían sus cosas, y que muchos de esos hermanos habían sido expulsados por sus familias. Al ser expulsados no tenían familia que los ayudara, de manera que este grupo nuevo se constituía en la familia. Entonces, en un grupo de 20, 30 o 40, que haya 3, 4 o 5 que no quieran trabajar y que haya que mantener, cuando todos estamos compartiéndolo todo, eso le imponía al grupo un gran peso y una gran responsabilidad. Y Pablo dice: no, así no.
En un grupo como ese, todo el mundo se conocería. Al señalarlo y no asociarse con él, quizás lo que está diciendo es: socialmente, no estén socializando con él como si nada hubiese pasado. Pero no, no lo vamos a expulsar de la iglesia, porque esperamos que él pueda someterse a estas instrucciones tarde o temprano.
Entonces, habiendo llegado a la identificación del problema, habiendo ofrecido un modelo de vida como ejemplo de corrección, y habiendo ofrecido instrucciones para qué hacer con ese hermano que no se somete y que anda desordenadamente, Pablo se propone cerrar la carta. Y con este cierre de la carta, en mi caso yo también estoy cerrando la serie, lo cual, como he dicho otras veces, es siempre muy difícil, porque me encariño con los personajes y las iglesias que están en la serie.
El versículo 16 dice: "Y que el mismo Señor de paz os conceda paz en toda circunstancia. El Señor sea con todos vosotros." Un saludo, una despedida muy breve, muy judía. El término "señor de paz" —ya en el hebreo— implica mucho más que simplemente la ausencia de rivalidades, como hemos dicho otras veces; es un concepto bastante amplio que implica bienestar físico, económico —no rico, pero con las necesidades suplidas—, salud, tranquilidad, todo eso. Y ahí el énfasis es grande, pero eso solamente lo puede proveer el Señor de paz, el Dios de paz.
Y sobre todo, en la manera como Pablo lo está diciendo: en toda circunstancia. Tener paz para un cristiano quizás no sea tan difícil, pero tener paz en todas las circunstancias, eso es otra cosa. Y yo sé, hasta por referencia personal, que esa paz tú tiendes a perderla cuando desvías los ojos y olvidas que Dios está en control de todas las circunstancias, de esa circunstancia en medio de la cual Pablo está diciendo que Dios os dé paz en toda circunstancia: de esas que tú no controlas, de esas que a ti no te agradan. Dios sigue en control. Entonces, en la medida en que tú recuerdas eso, en la medida en que yo recuerdo eso, en la medida en que yo me lo repito, en esa misma medida mi paz comienza a regresar. Pero a veces como que se va tan lejos que toma tiempo traerla de nuevo. Lo que se requiere es un reenfoque y un recordar.
El versículo 17 dice: "Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano; esta es una señal distintiva en todas mis cartas. Así escribo yo." En el mundo antiguo era común que alguien dictara una carta y tuviera una especie de secretario. En algunos casos, esas personas tenían una especie de taquigrafía —tres revelaron su edad ahí, ¿eh?, porque los jóvenes no saben lo que es eso; es computadora, nada más—. Unos garabatos que yo nunca supe lo que decían. Pero la tradición era que al final de la carta el autor tomaba la pluma y escribía con su propia mano el final, y ese cambio de letra era la indicación de que esa parte la hizo el autor. En algunos casos el autor se identifica con su nombre; Pablo lo hace aquí: "Yo, Pablo, escribo este saludo con mi propia mano."
El resto de la carta, ¿quién lo escribió? Quizás Silvano, quizás Timoteo. Y él dice: "Esta es una señal distintiva en todas mis cartas." Quizás lo que Pablo está diciendo es: esta es mi escritura, así es como yo escribo. Y quizás en el contexto de esta carta tenía todavía más importancia, porque recordemos que al principio de esta carta a los tesalonicenses, Pablo dijo que había una herejía que se había infiltrado entre ellos, que él no sabía cómo había ocurrido, si había sido por medio de una revelación, de un profeta, o por medio de una supuesta carta que venía de parte de ellos. Quizás Pablo estaba diciendo: esta es mi escritura, para cuando aparezca alguna otra carta. Así es que yo escribo: una señal distintiva en todas mis cartas.
Y finalmente, el versículo 18: "La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros." La gracia es algo que permea todas las exhortaciones de Pablo, todas las cartas de Pablo, todas las oraciones de Pablo, todos los saludos de Pablo, todas las despedidas de Pablo. Una cosa es cierta: este era un hombre de gracia.
Nosotros hablamos de gracia, hablamos de gracia, pero nosotros no conocemos la gracia como Pablo la conoció. Y quizás en parte, porque nosotros no tuvimos el mismo trasfondo de perseguidor de la Iglesia que Pablo tuvo. Quizás en parte, porque nosotros no sufrimos tanto como el apóstol Pablo sufrió, y donde Dios le visitó una y otra vez, una y otra vez con su gracia. Quizás en parte, porque ninguno de nosotros estuvo en el tercer cielo para ver las riquezas de su gracia. Quizás en parte, porque ninguno de nosotros está en un nivel como el apóstol para agradecer todo lo que hemos recibido de parte de Dios.
Pero al final del camino, si tú estás vivo, aun si eres incrédulo, estás vivo por la gracia de Dios. Si tienes trabajo, tienes trabajo por la gracia de Dios. Si tienes una cuenta de banco con 100 pesos o con 100 mil dólares, lo tienes por la gracia de Dios. Si tienes un hijo, o no tienes un hijo, lo tienes o no lo tienes por la gracia de Dios. Si tienes diabetes o no tienes diabetes, la tienes o no la tienes por la gracia de Dios, porque Él entiende que esa es la condición que tú más necesitas para el trabajo que quiere llevar a cabo en ti.
Si tienes un carro o andas en tus dos pies, lo tienes por la gracia de Dios. Hay mucha gente que quisiera tener tus dos pies para caminar y no los tienen. Mucha gente no necesita carro; lo que necesita son dos piernas. Hay gente que tiene dos piernas y por tanto no está anhelando dos zapatos porque no tiene con qué caminar. De manera que si tienes un par de zapatos o tienes 18 pares, lo tienes por la gracia de Dios, y si tienes 18 pares, estás pasado hace tiempo.
Yo voy a tomar la licencia, con la venia de la audiencia, de decir que eso es pecaminosamente pasado. En el nombre de Cristo te lo digo, estoy hablando en serio. Nosotros tenemos demasiadas cosas acumuladas, con gente pasando trabajo y dificultades. Tenemos ropa que no nos ponemos, tenemos dinero que no usamos, tenemos zapatos que no usamos. Ah, para este un día yo me levanto con el pie derecho y quiero un zapato de tres colores, por usar una ilustración.
Dios nos dejó aquí no para consumir, sino para proveer. Yo tengo que pensar siempre: ¿aquí en qué le puedo proveer a alguien? Y no es solamente material; a veces es comida, a veces ropa, a veces un albergue, a veces tiempo. Yo soy un proveedor, o no imito a Dios. Dios no es un consumidor, Dios es un proveedor. Y en la medida en que Dios te ve proveyendo y Él se agrada, en esa misma medida Él te sigue proveyendo para que sigas proveyendo.
Entonces tenemos que recapturar la ética cultural, o la ética del trabajo de los puritanos: tú trabajas arduamente y tú vives frugalmente, para que lo que ahorres lo compartas y ayudes.
Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en su Palabra.