Integridad y Sabiduria
Sermones

El evangelio alborota a unos y hace sedientos a otros (parte 1)

Miguel Núñez 6 enero, 2019

El mismo evangelio que enciende la fe en unos produce rechazo violento en otros. Esta tensión atraviesa el libro de los Hechos y se hace especialmente visible cuando Pablo llega a Tesalónica. El evangelio funciona como el fuego: derrite la cera pero endurece el ladrillo. La diferencia está en la condición del corazón que recibe la palabra. Cristo lo enseñó en la parábola del sembrador: la semilla es la misma, pero el terreno —el corazón humano— determina el fruto. Aunque la salvación es enteramente de Dios, hay un componente humano en la disposición con que escuchamos.

En Tesalónica, Pablo siguió su costumbre de comenzar en la sinagoga. Su método fue razonar con ellos, dialogar, presentar argumentos basados únicamente en las Escrituras. No apeló a sabiduría humana ni a filosofía, sino que abrió las Escrituras para mostrar la coherencia entre lo profetizado y lo cumplido en Jesús. Explicó que era necesario que el Cristo padeciera y resucitara: necesario porque había sido profetizado, necesario porque había una deuda moral que pagar, necesario porque un redentor muerto no sirve de nada.

El resultado fue doble. Algunos creyeron —judíos, griegos temerosos de Dios, mujeres principales— y se unieron a Pablo. Pero otros, llenos de envidia, contrataron hombres malvados, alborotaron la ciudad y arrastraron a Jasón ante las autoridades con esta acusación: "Estos que han trastornado el mundo han venido acá también". La expresión original significa que voltearon el mundo con la cabeza hacia abajo. Eso es precisamente lo que hace el evangelio cuando se predica y se vive como debe ser.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Para ayudarnos a conectar, porque ya tiempo pasó, quiero mencionarte que nosotros dejamos a Pablo en Filipos. Recuerda que el hombre de Macedonia, que se le apareció en una visión, le invitó a venir. La primera ciudad que ellos visitaron, donde bajaron y se establecieron por lo menos, fue la ciudad de Filipos. Lo dejamos ahí con su equipo misionero, con Lucas, con Silas, con Timoteo. Y allí fue donde Dios abrió el corazón de Lidia, aquella mujer vendedora de telas de púrpura. Allí Dios hizo una obra a orillas de un río. Aparentemente parece ser que no había sinagogas. Básicamente Pablo tuvo la oportunidad con los demás hermanos que le acompañaron de predicar y proclamar el Evangelio en aquel lugar.

En aquella ciudad, Pablo fue lamentablemente perseguido, fue azotado junto con Silas, fue tirado en la cárcel, eventualmente fue liberado de la cárcel. Pero podemos ver otra vez cómo la predicación resultó en persecución, eventual encarcelamiento de aquellos que pudiéramos llamar embajadores de Dios. Y cuando tú lees el libro de los Hechos, y luego miras la historia de la iglesia, parece ser que la fórmula más efectiva de propagar el Evangelio es a través de la persecución. El libro de los Hechos cubre 30 años de historia, y a lo largo de esos 30 años, cuando tú observas lo que pasó en cada ciudad, tú tienes que llamar a eso obligatoriamente un avivamiento, y ese avivamiento se produjo por medio de la persecución. Dos mil años han pasado. Si todavía hay lugares donde ocurren las mismas cosas, hay torturas, hay encarcelamientos, hay muertes por causa del nombre de Cristo, algo que Él mismo mencionó antes de partir.

Y con eso, yo quiero hacer la pregunta: ¿Alguna vez te has preguntado por qué el Evangelio que confiere fe a uno es el mismo Evangelio, el mismo mensaje, que hace que otros no solamente lo rechacen, sino que lo rechacen violentamente? Esa es la razón por la que se ha dicho, y hemos usado esta expresión antes, que el Evangelio es como el fuego: el fuego que derrite la cera, pero que endurece al ladrillo. Y en el caso de ese ejemplo en particular depende de cuál es la sustancia que está siendo expuesta al calor. Y en cierta forma, humanamente hablando, con una visión terrenal, nosotros también pudiéramos decir que el Evangelio produce reacciones distintas, de forma tal que hay corazones que son de piedra que son ablandados, y hay corazones de piedra que son endurecidos, que son todavía endurecidos mucho más por la misma predicación.

La pregunta es: ¿Qué causa estas reacciones tan distintas? Y la respuesta tiene un componente humano y tiene un componente divino. Nosotros creemos, afirmamos, proclamamos, enseñamos que la salvación es enteramente del Señor, de la A a la Zeta. Sin embargo, Cristo enseñó que a la hora de escuchar la Palabra, la condición del terreno en la que la semilla cae tiene algo que ver con la reacción y el fruto final de esa semilla.

Tú puedes escuchar eso claramente cuando Él expone la parábola del sembrador en el capítulo 13 de Mateo, donde Él da una serie de parábolas, de parábolas e instrucciones. Una de ellas fue la parábola del sembrador, y sus discípulos aprovecharon un momento cuando estaban en privado y dijeron: "Maestro, ¡no entendimos!" Otra vez no entendieron. Después de la resurrección, Cristo se les apareció a los dos hombres camino de Emaús, y vuelve y les llama tardos de corazón. Todavía no entienden. Bueno, no entendieron la parábola del sembrador, y entonces Cristo comienza a explicarles esto del terreno.

De esto habló Cristo: una persona que oye la Palabra, dijo Cristo, y no la entiende. Y entonces, como no la entendió, el maligno aprovecha la oportunidad y se la arrebata. Y se la arrebata, dice el Señor, le arrebata la semilla que fue sembrada en su corazón. De manera que, a la hora de explicar la parábola, Cristo entiende que el terreno donde cayó la semilla es equivalente al corazón del hombre. ¿Por qué? Esto es lo que le está explicando: en esto que no entendió, el enemigo viene y le arrebata la semilla que fue sembrada en su corazón, no en el terreno.

Luego hay otra semilla que cae en pedregales, y como cayó en pedregales, pues esa semilla no tuvo raíz muy profunda. Y como no tuvo raíz muy profunda, cuando llega la aflicción, cuando llega la persecución, entonces esa persona tropieza y cae. Su fe no le da para continuar. Es como un Judas, ¿verdad? Que todo iba bien, él estaba administrando, era el tesorero del grupo, hasta que vino la persecución, tropezó y cayó.

Hay un tercero, donde la semilla cae entre espinos. Pero qué resulta, que esa persona tiene preocupaciones del mundo, y tiene también, aparte de eso, el atractivo de las riquezas del mundo que ahogan la palabra sembrada, y entonces se queda sin fruto.

Sin embargo, hay un cuarto hombre que Cristo usa como ejemplo, donde Él dice que esa semilla cae en tierra buena. Recuerda que la tierra, el terreno, representa el corazón del hombre, y que esa persona entonces produce frutos y dio fruto al ciento por uno, al sesenta por uno, al treinta por uno. Esos son creyentes, pero aun entre los creyentes, unos dan al treinta por uno, al sesenta por uno y al ciento por uno. Yo diría que en cada enseñanza, en cada sermón que la semilla es plantada, unos producen más frutos que otros. Y hay un elemento humano que tiene que ver con la disposición que yo tenía cuando escuché la Palabra: dónde estaba mi mente, dónde estaba mi corazón, dónde estaba mi voluntad. Yo creo que eso muchas veces es lo que hace que un mismo sermón produzca en unos fruto e incluso en ti ya motivación, y otros salen del mismo sermón diciendo: "Yo no sé, como que no me llegó." La misma Palabra, el mismo Espíritu morando en el interior de cada uno.

Bueno, todo eso para hablar de que en la historia de hoy tú vas a encontrar que en la ciudad de Tesalónica, donde Pablo se encuentra ahora —viajó de Filipos a Tesalónica—, cuando él predicó, en unos la predicación causó un alboroto y alborotaron la ciudad. Sin embargo, cuando llega a la próxima ciudad, a la que no llegaremos hoy porque no lo pude hacer la primera vez, en la ciudad de Berea, cuando Pablo llega, la predicación produce sed por la Palabra. El mismo mensajero, el mismo Dios, el mismo Espíritu, la misma Palabra, ahora hay sed por la Palabra. Y es por eso que yo he titulado mi mensaje hoy: "El Evangelio alborota a unos y hace sedientos a otros."

Nosotros sabemos que hay un elemento sobrenatural vital, y es que el Espíritu Santo aplica la Palabra al corazón y al entendimiento del que está escuchando, y es el Espíritu Santo que produce la regeneración. Todo de Dios, de la A a la Z. Sin embargo, la condición del corazón, y más cuando pensamos en el creyente, tiene mucho que ver con el fruto que la palabra predicada y enseñada vaya a producir. Ahí está el elemento humano. De hecho, hoy mismo la palabra que ha de predicarse va a tener un efecto distinto en muchos de nosotros. Y si cierto es que el Espíritu Santo la está aplicando de manera diferente a la vida de cada uno, no es menos cierto que cada uno de nosotros entró aquí con una disposición distinta, incluyendo los predicadores. Ahora sí, continuemos en los pasajes.

Habiendo dicho todo eso entonces, hablemos un poco de para dónde vamos y lo que vamos a leer. Pablo estaba en Filipos. Allí estaba con su equipo misionero entero: Silas, Timoteo, Lucas. Los cuatro estaban ahí, y ahora ellos deciden viajar a la próxima ciudad, y es la ciudad de Tesalónica. La estrategia de Pablo fue siempre, a lo largo de toda su carrera, predicar el Evangelio donde Cristo no había sido predicado, pero predicarlo en las grandes comunidades, las grandes ciudades, para que desde allí entonces esas ciudades se encargaran de predicarlo alrededor de ellas, en las comunidades más pequeñas. Y yo creo que esa estrategia llega a ser válida todavía hoy en día.

Tesalónica estaba a 160 kilómetros de distancia de Filipos. En esa ocasión no había trenes, no había carros obviamente, no había ningún otro vehículo de motor o de transportación que no fuera caballo, burro, mulas y tus dos piernas. Cómo ellos hicieron este trayecto no sabemos, pero aparentemente lo hicieron en unos tres días. Macedonia era toda la región. Tesalónica era la ciudad más importante, la ciudad más poblada, la capital del segundo distrito de Macedonia, pero considerada también la capital de toda la región. Eso como trasfondo.

Y ahora el texto que nos disponemos a leer, en el libro de los Hechos, capítulo 17, versículo 1:

"Después de pasar por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos —subraya la palabra 'discutió'— basándose —subraya esta palabra— en las Escrituras, explicando —subraya eso— y presentando evidencia —subraya eso— de que era necesario —subraya 'necesario'— que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: 'Este Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo.' Algunos de ellos creyeron y se unieron a Pablo y Silas, juntamente con una gran multitud de griegos temerosos de Dios" —algunos judíos creyeron, griegos o gentiles temerosos de Dios, por esto era una gran multitud— "y muchas de las mujeres principales."

"Pero" —ahí está el otro grupo, el grupo del alboroto— "los judíos, llenos de envidia, tomaron consigo a algunos hombres malvados de la plaza pública, los pagaron, los contrataron, organizaron una turba y alborotaron la ciudad. Y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos de los hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: 'Estos que han trastornado al mundo han venido acá también, y Jasón los ha recibido. Todos ellos actúan contra los decretos del César, diciendo que hay otro rey: Jesús.' Y alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oían esto. Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los otros, los soltaron."

Este es el texto de hoy. Yo voy a abordar ese texto de una manera un tanto diferente, como normalmente lo hago. Yo no sé si tú lo necesitas, pero yo lo necesito. Yo trato de cada domingo, si es posible, y si no varias veces en el mes, cambiar el abordaje del texto porque yo necesito refrescarme para mí mismo en la presentación de la verdad, de forma de que el evangelio no parezca de un solo color. A mí me ayuda, no sé si a ti te ayuda.

De manera que en esta ocasión yo voy a abordarlo haciéndole preguntas al texto. Me va a cuestionar el texto, y esa es una forma sencilla si tú no sabes nada de hermenéutica, nada de exégesis, nada de griego, nada de hebreo, como la mayoría de la población. Entonces, ¿cómo entiendo la Palabra? Al final del primer culto alguien se me acercaba y conversamos sobre esto. Yo decía: la Palabra no puede ser para gente que va a seminarios solamente, que solamente la pueden entender ellos, porque Jesús sería elitista. La Palabra no puede ser tampoco exclusivamente para gente con PhD, gente muy inteligente; tiene que ser para el pueblo también. De manera que vamos a hacerlo sencillamente como Luis: con parábolas, comparaciones, analogías. Ahora lo vamos a preguntar al texto.

Hay diferentes cosas que pudiéramos preguntarle al texto. Explico a este joven: yo puedo preguntar, y no lo vamos a hacer complicado, lo vamos a hacer lo más simple posible, acerca de tiempos verbales. Yo puedo preguntar si esto está en singular o en plural, yo puedo preguntar si es nombre de persona, nombre de una ciudad, si es un adverbio, si es un adjetivo. Se le dan color al texto, pero estas son preguntas sencillas que cualquiera las puede hacer. Número uno: ¿dónde comenzó Pablo a predicar? Número dos: ¿cuál fue el método de enseñanza que Pablo usó? Número tres: ¿cuál fue la fuente de autoridad a la que Pablo apeló? Número cuatro: ¿cuál fue el centro o la columna vertebral de su predicación? Número cinco: ¿cuál fue el resultado de la predicación? Nada complejo, nada gramatical, nada gramático-histórico, nada tan lleno de reglas. Preguntas sencillas.

Pablo va de Filipos a Tesalónica y pasa por dos comunidades: Anfípolis y Apolonia. Dos excelentes nombres para sus hijos, si alguien quiere nombres que nadie más tenga, sobre todo Anfípolis. Pero no se detuvieron allí. El texto no nos dice por qué, pero no se pararon, no bajaron a avisar. Recuerda que la predicación también es dirigida soberanamente. Llegaron a Tesalónica.

Entonces, pregunta número uno: ¿dónde inició Pablo la predicación del evangelio? Versículo uno, ahí está: en la sinagoga de los judíos. Dice Lucas como si fuera de otra gente, pero para ayudarnos a entender que la sinagoga era un lugar donde los judíos se reunían cada día de reposo. El texto mismo nos dice que esa era su costumbre. Pablo está honrando lo que él dice y escribió en Romanos 1:16, que el evangelio es el poder de Dios para salvación del judío primeramente y también del griego o gentil. Y ahora Pablo inicia en la sinagoga en esta ciudad, como era su costumbre, dice el texto.

Claro que sería como lógico comenzar por la sinagoga. La sinagoga era un lugar donde se reunía mucha gente los días de reposo. Número dos: el que iba a la sinagoga estaba mucho más familiarizado con el Antiguo Testamento que lo que estaba la gente que no iba a la sinagoga. Por tanto, tiene sentido, porque lo que Pablo está ayudando a ver, haciéndoles ver, es que lo que se profetizó en el Antiguo Testamento es lo que se cumple en el Nuevo, y específicamente en la persona de Jesús. Y en tercer lugar, aquellos que acudían a la sinagoga eran no solamente judíos, sino también griegos temerosos de Dios, que con toda probabilidad eran gentiles que se habían convertido al judaísmo.

Entonces Pablo está ahí por tres días de reposo. Tres días de reposo son tres semanas. Algunos dicen, y me parece lógico pero no sabemos con certidumbre, que Pablo solamente estuvo en Tesalónica tres semanas predicando. Si eso es verdad, eso es histórico, eso es épico, por así decirlo, porque Pablo escribe a la iglesia de Tesalónica en 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses. Con todas estas cartas, no hay duda de que esa es, para mí por lo menos, la mejor iglesia del Nuevo Testamento. Si eso se produjo con tres días de predicación o tres semanas, es extraordinario. Algunos entienden que probablemente no, que Pablo tuvo más tiempo allí precisamente por la calidad de iglesia que allí se levantó. Pero como decía alguien del pasado, creo que fue A. B. Simpson, que dijo algo como esto: saca del texto lo que está en el texto. Y como el texto no dice que pasó más de tres días de reposo, yo me quedo ahí. En el cielo nos dirá mejor si fue diferente.

Pregunta número dos, y vital: ¿cuál fue la metodología de su enseñanza? Porque probablemente esa debería ser nuestra metodología. Respuesta: discutía con ellos. Yo voy a continuar la respuesta, pero comencemos ahí: discutía con ellos. La Nueva Traducción Viviente dice que razonaba con ellos, de forma que probablemente Pablo no estaba predicando como un monólogo, sino que estaba compartiendo con ellos y recibiendo preguntas. Quizás estaba siendo interrumpido con preguntas, levantando la mano, quizás no. El punto es que Pablo razonó con ellos, lo cual fue vital, porque si Pablo no razona con ellos, si nosotros no tenemos sustancia para razonar con los demás, nosotros no podemos mostrar que nuestra fe es una fe racional.

La palabra que aparece ahí como "discutió" es la palabra diálogomái en el griego. ¿Dónde ven la palabra? Diálogo. Pero es traducida, porque no tiene la misma connotación que en nuestro idioma, como "discutió" o "razonó con ellos". Y en el original la idea es que tú presentas argumento en lo que estás dialogando, por así decirlo. El mismo apóstol Pedro nos dice en 1 Pedro 3:15 que nosotros deberíamos estar siempre preparados para presentar defensa de la fe que hay en nosotros.

Ahora, si la salvación es completamente del Señor desde la A hasta la Z, ¿para qué hacer apologética? ¿Para qué presentar defensa de la fe si al final del camino Dios es quien determina la salvación de los hombres? Eso pudiera ser una buena pregunta. Yo quiero darte tres respuestas. Por un lado, Dios usa en ocasiones la defensa, la apologética, para convertir a algunos. De manera que la usamos porque es instrumento de Dios en ocasiones. Número dos, como ya yo mencioné, debemos tener respuestas a las interrogantes de los hombres, a las preguntas de los hombres, porque si nos quedamos en "ah, no sé" en todo, pues entonces nosotros tendríamos una fe emocional, una fe que depende básicamente de mis emociones y mis sentimientos. Y nosotros entonces pudiéramos ser acusados de que somos unos fideístas, unos sentimentales, y que básicamente no tenemos respuesta para los cuestionamientos.

La tercera razón: yo voy a tomar un dominicanismo prestado y voy a decir de antemano que lo que voy a decir es bíblico y lo voy a mostrar. La tercera razón para presentar defensa de la fe es para darle un tapaboca a algunos necios. Pastor, usted dijo que es bíblico, eso no suena muy bíblico. No, porque no es un tapaboca literal, es un tapaboca verbal. ¿Dónde está eso? En Proverbios 26:5: "Responde al necio según su necedad, para que no se estime sabio ante sus propios ojos." Si tú lees el versículo anterior dice que no le respondas al necio. Dice como todo lo contrario, como que la Palabra se está contradiciendo. No, no, no. Lo que Dios está diciendo es: mira, hay necios tan necios que no vale la pena responderles. Pero hay algunos necios a los que hay que taparles la boca para que no sigan esparciendo su necedad; entonces respóndeles. A esos necios es que estamos respondiéndoles muchas veces cuando hacemos apologética. Y para decirte la verdad, en mi caminar cristiano yo recibí un par de tapabocas, bien recibidos y bien aprovechados. De manera que Dios tiene que hacer eso de vez en cuando.

Pregunta número tres: ¿cuál fue la fuente de autoridad a la que Pablo apeló? Versículo 2. No hemos salido del versículo 2 y hemos respondido dos preguntas, y ahora la tercera. El texto dice claramente que basándose en las Escrituras. El texto no dice que Pablo usó argumentos filosóficos como él usó en Atenas, y lo vamos a ver, no el domingo que viene, el siguiente domingo. Pero honestamente ahí no hubo gran cosa, no hubo grandes frutos. Atenas, la única ciudad donde Pablo estuvo donde no se fundó una iglesia y donde muy pocas personas creyeron. Cuando él terminó en Atenas, salió corriendo para Corinto. Cuando llegó a Corinto, él dice: "Cuando vine a ustedes, yo decidí predicar a Cristo y a este crucificado."

Recuerda, hermano, que la Palabra de Dios no dice que la fe viene por el oír y el oír por argumentos filosóficos. No. Tampoco dice que la fe viene por el oír y el oír por una apologética sólida. No. No dice tampoco que la fe viene por el oír y el oír por una sabiduría humana. No. La fe viene por el oír y el oír por la palabra de Cristo, Romanos 10:17.

¿Y por qué es que Pablo rechaza la sabiduría humana en Corinto? En la primera carta a los corintios, en el capítulo uno, claramente tú puedes ver cómo Pablo rechaza la sabiduría humana. La llegó a detestar. Porque, por un lado, Dios ha investido su poder en su Palabra. Su Palabra representa quién Él es. Su Palabra es una extensión literal de su ser. Donde su Palabra está, Dios está; donde Dios está, está su Palabra. Dios nunca ha hecho nada que no sea por medio de su Palabra. No tiene brazos, no tiene manos, no tiene ojos, no tiene cara, nada para hacer que no sea el hablar de su Palabra. Y Pablo está consciente de eso. Su Palabra es una extensión de su ser, de su misma esencia. Cuando la Biblia habla, Dios habla; cuando las Escrituras hablan, lo que las Escrituras dicen, Dios dice.

¿Donde las Escrituras condenan y contradicen, nosotros negamos también? ¿Donde las Escrituras afirman, nosotros proclamamos y afirmamos? ¿Lo que las Escrituras ordenan, nosotros nos sometemos? Cuando las Escrituras hablan, nosotros callamos. Cuando Dios habla, las cosas ocurren. Tú viste a Cristo cómo hablaba y cómo las cosas ocurrieron. Aquí está Pablo diciendo que razonó con ellos, discutió con ellos, basado en las Escrituras, no en sabiduría humana.

Ahora la pregunta es, pensando en Pablo, pensando en lo que dijo a los corintios: ¿por qué es que Pablo rechaza la sabiduría humana? Bueno, porque la sabiduría humana tiene que ver con una forma terrenal y temporal de ver la vida y de vivir la vida. La mesilla es otra vez: la sabiduría humana tiene una forma terrenal y temporal de ver la vida y de vivir la vida, como hizo Salomón y expresó en el libro de Eclesiastés. La sabiduría humana tiene una cosmovisión, una forma de ver el mundo centrada en el hombre y no en Dios. La sabiduría humana tiene un conocimiento parcial, y ese conocimiento parcial de la sabiduría humana está distorsionado por la caída de Adán y Eva. Oye, pero entonces la sabiduría humana como que no sirve para mucha cosa, ¿no? No sirve para mucha cosa, pero eso no dice la Biblia.

Tiene que ver la sabiduría humana con un entendimiento materialista que valora las cosas de este mundo por encima de las cosas del mundo venidero. Tiene un entendimiento materialista que valora las cosas de este mundo por encima del mundo venidero, y la sabiduría humana disfruta y tiene que ver con las cosas, o valora las cosas por su valor —valga la redundancia— temporal y no por su valor eterno. Hubo un momento en que Pablo estaba imbuido de la sabiduría humana, en ese momento cuando él consideraba que era importante sacar su currículum: circuncidado al octavo día, fariseo de fariseos, de la tribu de Benjamín, en cuanto a la ley irreprensible. Luego Pablo dice: cuando yo adquirí sabiduría divina, todo eso fue basura, y ya no lo quiero más.

Esta sabiduría humana es egoísta, está centrada en mí, está centrada en lo que queremos. Es una sabiduría que busca la exaltación del hombre y por tanto le roba, o trata de robarle, la gloria a Dios. Yo no quiero nada de eso; de ahí salí. Esa sabiduría humana dice: hay diferentes caminos para llegar a Dios. La sabiduría divina dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Esta sabiduría humana dice: la verdad es relativa. Cristo dice: Yo soy la verdad. La sabiduría humana dice: no seas dogmático, tú tienes que ser un poco más abierto, de mente abierta, inclusivista. La sabiduría de Dios dice: en realidad, ¡ay de aquellos que llaman al bien mal y al mal bien! La sabiduría humana te dice: predica la Palabra para que nadie sea ofendido. La sabiduría de Dios dice: ¡ay de aquellos de quienes todos hablan bien!

¿Entiendes ahora por qué Pablo discutió y basó toda su apologética en las Escrituras? Explicando y presentando evidencia —recuerda marcar esto— explicando y presentando evidencia de que era necesario —subrayaste la palabra "necesario"— que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y diciendo: este Jesús a quien yo os anuncio es el Cristo.

Lo primero que el texto nos deja ver es que Pablo razonó con ellos, discutió con ellos. Luego el texto nos dice que Pablo estaba explicando la Palabra en el versículo 3. De manera interesante, esa palabra "explicando" tiene que ver con abrir las Escrituras, de forma similar a cuando Jesús, postresurrección, se les aparece a los dos discípulos que van camino a Emaús, y Él comienza a explicarles todo lo relativo a Él desde Moisés, pasando por los profetas. Y luego, comentando entre ellos, decían que cuando Él les abrió las Escrituras, ¿no ardía nuestro corazón? Bueno, eso es lo que Pablo está haciendo aquí. Él les abrió las Escrituras para enseñar la coherencia entre lo que se había revelado y lo que ahora era historia presente en esa ocasión. Algo así: les abrió las Escrituras a los tesalonicenses y les presentó evidencias, probó.

¿Qué? ¿Cuáles fueron las evidencias que Pablo presentó? Escucha el versículo 3: presentando evidencia de que era necesario —subraya esa palabra, porque nosotros creemos en la inspiración verbal de cada palabra de las Escrituras; si esa palabra no estuviera ahí pudiera ser un poco más corto, pero está ahí— era necesario, mandatorio, obligatorio que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos. Pablo no les dice simplemente: el Cristo vino y fue a la cruz, murió con nuestros pecados, resucitó. No, él les dice: era necesario que eso ocurriera. Y diciendo: este Jesús a quien yo os anuncio es el Cristo.

Vamos a hablar un poquito de eso que Pablo dijo ahí. Pablo dice que era necesario que Cristo muriera, padeciera en la cruz obviamente, y que resucitara. En primer lugar, era necesario que esas dos cosas ocurrieran porque habían sido ambas profetizadas, y si esas cosas son profetizadas por los profetas del Dios Altísimo y luego no ocurren, entonces Dios no hubiese sido fiel. Y si Dios no hubiese sido fiel, no hubiese sido Dios. Y si esto entonces no es Palabra de Dios, pues entonces nosotros hemos creído una ilusión.

Era necesario. La cruz de Cristo era necesaria porque había una deuda moral con Dios abierta desde que Adán pecó, y esa deuda moral vino a ser pagada por Cristo. Y si la deuda era infinita, así mismo era el valor de su pago: la muerte, la sangre del Hijo de Dios. Nada más puede ser más preciado, más sublime y más alto que ese pago. La cruz de Cristo era necesaria porque nos mostró cómo Cristo llevó sobre sus hombros la culpa que era mía y que sigue siendo mía. Eso, bien entendido, debiera producir un sentido de gratitud en nosotros que nos lleve a servirle por la eternidad, por lo que Él hizo, por lo que Él pagó, por lo que Él me evitó que yo tuviera que sufrir.

La cruz de Cristo era necesaria. Pablo dice que era necesaria, entonces vamos a explicar de qué es lo que está hablando. La cruz de Cristo era necesaria para propiciar la ira de Dios. Hemos hablado de eso en otras ocasiones: para aplacar la ira de Dios. Dios estaba sumamente airado con el pecado del hombre y lo sigue estando con aquellos que permanecen en esa posición. Romanos 1:18 nos habla de eso, de que la ira de Dios se manifiesta todos los días contra aquellos que suprimen la verdad. Dios, entonces, envió a su Hijo a aplacar su ira contra aquellos que recibieran el satisfechas el Evangelio.

La cruz de Cristo fue necesaria porque ahí es donde Dios demuestra, mejor que en cualquier otro lugar, su amor infinito por nosotros. Él dio a su Hijo en la cruz. Ninguno de nosotros daríamos a uno de nuestros hijos; es más, ni uno de tus nietos, bisnietos, tataranietos, por gente rebelde y que no quiere seguirte, gente que no reconoce ni siquiera que tú fuiste quien le diste la vida.

Y la cruz de Cristo fue necesaria porque en ese lugar es donde la justicia de Dios y el amor de Dios se besan. La justicia de Dios representada por el castigo de la ira de Dios sobre los hombros de Cristo, y el amor de Dios representado por el Padre que entregó a su Hijo y el Hijo que entregó su vida. Dos conceptos que en nuestra economía humana son divorciados, como que cuando aplico justicia no estoy siendo amoroso, cuando amo no aplico justicia. En el carácter de Dios, ambas coexisten de manera sin oponerse, ambas cohabitan.

La cruz de Cristo fue necesaria porque yo estaba lleno de culpa y merecía ser condenado, y Cristo tomó mi culpa para que yo fuera libre.

Por otro lado, la resurrección era necesaria. No solamente el padecimiento de Cristo en la cruz; la resurrección era necesaria. Pablo lo dice: era necesario que el Cristo padeciera y resucitara. ¿Por qué? Porque un redentor muerto no me sirve de mucho. En realidad, no me sirve de nada. Pablo dice a los corintios en su primera carta, capítulo 15, que si Cristo no hubiese resucitado, nosotros estaríamos todavía en nuestros delitos y pecados, y que fuéramos de todos los hombres los más desdichados, porque estaríamos creyendo, viviendo para una vida que no pasa de este mundo. Eso dice el capítulo, de manera que él mismo nos explica en otro lugar cuán infructuoso es tener un Mesías no resucitado.

Si una vez Pablo probablemente explicó mucho de eso, o todo eso, en diferentes sermones que él estuviera predicando o enseñanzas, entonces una vez él hace eso, por lo menos lo que Lucas registra, dice: este Jesús a quien yo os anuncio —pudiera traducirse como "a quien yo os proclamo"— es el Cristo. ¿Qué es lo que Pablo está diciendo? Bueno, piensa por un momento: Jesús era el nombre con el que este personaje fue conocido, pero en el Antiguo Testamento él no fue conocido como Jesús; él fue conocido como ¿qué cosa? El Mesías. Y Pablo está diciendo: el Jesús de quien yo hablo, de la historia actual —porque muchos de los que vivían, vivieron en la época en que Jesús vivió, y había testigos oculares por doquier— este Jesús del presente es el mismo Mesías del Antiguo Testamento. Es el mismo individuo. Esta es la persona anunciada: el Mesías del Antiguo Testamento, que significa "ungido", es el Cristo del Nuevo Testamento, que también significa "ungido". Ese es el Jesús que yo os anuncio. Está tratando de mostrar la coherencia entre lo revelado y lo que ahora había ocurrido recientemente.

Pregunta número cinco y final: ¿cuál fue el resultado de la predicación en Tesalónica? ¿Cuáles fueron los resultados? Versículo 4, primer resultado: algunos de ellos creyeron. ¿Algunos de quiénes? De los judíos. ¿Y por qué? Bueno, escucharon y se unieron a Pablo y a Silas, juntamente con una gran multitud de griegos —ahí dan los judíos y dan los griegos o gentiles— temerosos de Dios, posiblemente convertidos al judaísmo, y muchas de las mujeres principales. Tres grupos: algunos judíos, muchos griegos temerosos de Dios, y una gran cantidad de las mujeres principales. Y en la medida en que el satisfechas Evangelio se esparció, en esa misma medida el Evangelio fue calando entre los estratos sociales de influencia hasta llegar al tope.

Por eso es que lo está registrando, porque ¿qué importancia tiene el reino de los cielos si tú eres una mujer corriente o mujeres principales? Ninguna. Pero Lucas está tratando como historiador de ayudarnos a entender qué está pasando en la sociedad en la medida que el Evangelio avanza, y es que el Evangelio está calando en todos los estratos sociales.

Entonces, ¿cuál fue el resultado?, que es la quinta pregunta. Bueno, un grupo creyó y en el otro grupo hay gente que produce un alboroto. La predicación produjo un alboroto, y eso está en Hechos 5 a Hechos 9. Leemos ahí que estos judíos que se llenaron de celo fueron a la casa de Jasón, porque los había hospedado según el texto. Si lo siguen leyendo lo van a encontrar: los había hospedado. Esta es la acusación contra Jasón. Cuando llegaron a la casa de Jasón, Pablo no está, ni Timoteo, ni Silas, ni Lucas. Entonces, ¿qué hacemos? Nos llevamos a Jasón para la cárcel. Pero ¿qué? ¿No tiene nada que ver con la predicación? No importa, él fue el que los buscó, él fue el que les dio albergue a ellos. Y entonces se llevaron a Jasón con algunos hermanos y luego lo trajeron ante las autoridades.

Todas las ciudades, sobre todo en el sueño, tenían como una plaza pública. En esa plaza pública había un lugar elevado, casi fuera un trono, desde donde se conocían y se juzgaban estos casos. Probablemente fue a esa plaza que lo llevaron. Escucha la acusación. Primero: estos han trastornado el mundo. ¿Tú ves lo que has de leer, Henry? Cuando se predica como es y cuando se vive como es, trastornaron el mundo. Y entonces ahora han llegado hasta acá. ¡Qué calamidad esta! El sentido del original es que voltearon el mundo con la cabeza hacia abajo. De hecho, algunas traducciones del inglés dicen: voltearon el mundo upside down, voltearon el mundo de cabeza. ¡Pablo lo puso patas arriba, como decimos nosotros! Esto es lo que el Evangelio es capaz de hacer.

Además, la segunda acusación es que esta gente están hablando de que hay más de un rey, que es aparte del César. Bueno, ellos voltearon la acusación ahí de la misma manera que la voltearon en el juicio de Cristo, porque no le hicieron juicio con una acusación religiosa sino con una acusación política y social. Voltearon el mundo con la cabeza hacia abajo, y en segundo lugar ahora dicen ellos, políticamente hablando, que hay otro rey que no es el César. Bueno, eso era una verdad y una mentira al mismo tiempo.

Y la razón por la que era una verdad y una mentira es porque era una mentira porque Cristo no representaba a un rey como el César, un emperador rey. Él dijo: mi reino no era de este mundo, del reinado de este mundo. Por ahora yo no quiero gobernar, y de hecho, cuando trataron de hacerlo rey, él rehusó. Entonces Él está hablando de otro reinado. Un reinado era temporal como el del César y otro reinado era eterno. Uno era terrenal y el otro era celestial. Estamos hablando de dos cosas, es como manzanas y peras.

Un reino había sido impuesto por la fuerza de las armas, lo que había: flechas y demás, y lanzas. Y el otro reino no fue impuesto, fue ofrecido por la fuerza del amor, y la única arma con la que fue ofrecido fue por medio de la Palabra de Dios. Un reino era puramente materialista y el otro era puramente espiritual. Un reino se limitaba al Imperio Romano, pero Cristo no quiere ser rey de un pedacito del planeta, del inmenso universo. Él representaba y representa un reino universal. No estamos hablando de la misma cosa, de manera que en ese sentido eso era una mentira. En el sentido de que Cristo era rey, ya, el Rey era Rey por encima del César. Pero esa no es la acusación ni la dimensión desde donde ellos están hablando.

Entonces, ¿cómo lograron alborotar la ciudad? El texto dice que ellos le pagaron. Buscaron, pero se conoce por la historia cómo era esto: si tú le pagabas a hombres malvados que fueran e hicieran un buen dominicano, fueran e hicieran un lío, que alborotaran la ciudad. Terroristas pagos. Alborotaron a la multitud y a las autoridades de la ciudad que oían esto. Hombres malvados, eso es el texto. Pero después de recibir una fianza de Jasón y de los otros, los soltaron. La fianza existía hace dos mil años atrás. Increíble, no hay nada nuevo debajo del sol.

Resulta que Tesalónica era una ciudad autogobernada. Roma le dio ese poder. Roma tenía ciudades que les creaba la oportunidad de autogobernarse, tener un gobierno de la ciudad más al estilo griego que al estilo romano, pero Roma le dio esa potestad. Y yo creo que alguna gente... Notaste cómo yo dije "yo creo", no "el texto dice", que alguna gente se llevaba la empresa en un macuteo que había con la fianza de esa época, sobre todo en una ciudad que se autogobernaba. ¿A dónde tú crees que llegó el dinero de esa fianza? A Roma no. Es más imposible que eso llegara a Roma de lo que aquí pasó en el día de hoy. Y pagar una fianza y soltar a Jasón y a los hermanos.

La próxima ciudad a donde nos vamos a internar, porque no voy a salir a tiempo, a donde Pablo llega es Berea. Y esa es la ciudad que tiene que ver con la segunda mitad de mi título: que el Evangelio produce un alboroto en unos y sed por la Palabra en otros, o hace sedientos a otros. Porque eso es algo que llama la atención de la gente de Berea.

Pablo dice, primero recuerda que yo te dije que yo entiendo por la Palabra que esta es la mejor iglesia en el Nuevo Testamento. Pablo escribe y habla de la fe de ellos que es conocida por todas partes, en la calle, más allá de Macedonia. Que él no tenía nada que enseñarles cuando les dice: "En cuanto a que yo digo, como ya están haciendo... En cuanto a que han hecho lo otro, como ya están haciendo..." ¡Es un interés extraordinario! Sin embargo, Pablo dice que cuando él llegó a Berea... Eso es parte del sermón del domingo que viene, de manera que si usted quiere toda la historia tiene que regresar, y no lo vea por internet: venga, sea parte de lo que Dios hace.

Los de Berea eran más nobles. El domingo que viene yo explico por qué eran más nobles que los de Tesalónica, la mejor iglesia que se levantó en mi estimación. Eran más nobles porque ellos escudriñaban las Escrituras todos los días para ver si lo que Pablo estaba diciendo era verdad.

La única razón por la que el evangelio de la prosperidad ha prosperado es porque la gente no abre la Biblia. ¿En qué cabeza cabe que el evangelio de Cristo tiene algo que ver con desatar jeepetas y carros y bendiciones? Habrá yo que más vacas, fincas, solares, casas, que son bendiciones para los de Dios. Si todo eso se queda aquí, pertenece a un reino temporal, terrenal, y todas las promesas de Cristo son celestiales y eternas. Solamente alguien que no abra la Biblia, que no chequee lo que se le está diciendo con lo que la Biblia dice, pudiera abrazar una mentira tan grande como esa.

Entonces, les insto a que abran la Biblia aun cuando estamos predicando. Vamos a ver si lo que el pastor dice... Pregúntele al de al lado: "¿En qué cita fue que el pastor dio? Déjame ver si es verdad." Y lo busque, porque nosotros tenemos que ser coherentes con lo que la Biblia dice. Y cuando la Biblia no lo diga, que tú sepas decir: "Yo creo, en mi opinión, en mi estimación..." Ustedes me lo habrán oído a veces decir eso, porque la Biblia no lo dice. Pero los de Berea hicieron eso, no eran fáciles de engañar. Puede ser Pablo, él dice que es apóstol. Muy bien, pero si es apóstol, que lo pruebe con la coherencia. Y comenzaban a buscar en las Escrituras. Gente que no tenía una Biblia en cada casa, ni siquiera ocho Biblias como tenemos muchos de nosotros, y diez Biblias en cada casa. Se habrá visto cuántas Biblias, pero chequeaban diariamente a ver si lo que Pablo decía era verdad.

Y Pablo no dice: "¡Oye, tan de ser incrédulos! ¿Entonces todo tienen que chequearlo?" Pablo dice... No, eso es lo que te dije, le agregó nobleza a ese grupo de hombres, o dijimos, y de mujeres. Fue que escudriñaron las Escrituras. El Evangelio los hizo sedientos de más Escrituras, de más Palabra, de más conocimiento, y entonces lo chequearon.

Nos quedamos ahí porque, como dije, si entramos en Berea nos salimos. En Berea huele a la misma cosa: Pablo tiene que salir corriendo otra vez. Tú pensarías que después de todo lo que él sufrió en Filipos, lo azotaron y estuvo en la cárcel, de todo lo que sufrió en Tesalónica donde también lo persiguieron y armaron alboroto, que cuando llegara a Berea es como que se tranquilizara por un tiempo y descansara. No, ya eso es lo que hace: voy a la sinagoga la primera, el primer día de reposo, ahí está haciendo la misma cosa que le causó problemas en las ciudades anteriores. Finalmente, decapitarlo para que no hablara, porque no lo podían detener.

Este es el Cristo que nosotros también predicamos, el Cristo capaz de inspirar hombres y mujeres a vivir por su causa.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridad y sabiduría.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.