La obra de Dios en el mundo no depende de estrategias sofisticadas, metodologías de mercadeo ni planificación institucional. Todo eso puede hacerse sin la intervención divina. La iglesia primitiva fue altamente efectiva precisamente porque se sometió a la dirección del Espíritu, no porque dominara técnicas de crecimiento. Cuando Jesús describió el problema —la mies es mucha, los obreros pocos— no ofreció una solución organizacional sino espiritual: orar al Señor de la mies para que envíe obreros. Nosotros oramos, Él envía.
Hechos 8 ilustra esta dinámica con claridad. Felipe, un hombre lleno del Espíritu, está en medio de un avivamiento en Samaria cuando un ángel le ordena ir hacia el sur, a un camino desierto. No recibe explicaciones, solo una dirección. Y obedece. Allí encuentra a un eunuco etíope, alto oficial de una reina, que regresa de adorar en Jerusalén leyendo Isaías 53 sin poder entenderlo. El Espíritu le dice a Felipe que se acerque al carruaje. Una pregunta sencilla —¿entiendes lo que lees?— abre la puerta para anunciar el evangelio de Jesús.
Dios siempre ha trabajado con individuos: un Noé, un Abraham, un José. Con un solo hombre en una cruz redimió a la humanidad. Aquel eunuco, de raza negra, gentil, probablemente llevó la fe al corazón de África. Siglos después, hombres como Agustín y Tertuliano surgirían de esa misma región. El mundo cambia un hombre a la vez, cuando el Espíritu dirige y sus siervos obedecen sin cuestionar.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos, hermanos! ¡Para mi vida en su satisfacción!
Vuelvo al libro de los Hechos, capítulo 8. Continuamos con esta serie que titulamos "En un principio hasta los confines de la tierra", porque esa es la tarea que le fue encomendada, que comienza aquí, que se sigue extendiendo por todo el mundo, por todas las naciones hasta el día de hoy.
En el pasaje que nosotros vamos a ver, claramente vamos a poder identificar que la gran comisión, la obra de evangelización de todo el mundo, estaba bajo la dirección absoluta del Espíritu de Dios. No es accidente que mencionamos hace apenas unos minutos atrás, en otro contexto. En Occidente, Europa, Estados Unidos, Canadá, lo que es Norteamérica, pero también nosotros en este contexto que también hemos sido entrenados, educados conforme a la cosmovisión de Occidente, nosotros estamos muy acostumbrados al pensamiento lógico, a las estrategias, a las metodologías, a los procesos, a las estadísticas, a la planificación. Y todo eso tiene su beneficio y al mismo tiempo todo eso puede ser hecho sin la intervención de Dios.
Todo eso puede tener su beneficio, pero puede ser hecho sin la intervención de Dios. Y a pesar de la importancia que esas cosas pueden tener, nosotros tenemos que recordar todo el tiempo y recordarnos a nosotros mismos que ninguna de esas cosas, en la vida de la iglesia, ha convertido a una sola persona, que ninguna de esas cosas ha añadido una persona más de aquellos que el Padre eligió en la eternidad pasada, que ninguna de ellas requiere necesariamente la intervención divina. Y si de alguna manera nos sentimos aludidos, quizás esa es la revelación de que yo he estado confiando muchas veces en esas cosas más de lo que debiera, y que debiera confiar más en Dios, más de lo que estoy mostrando en mi vida.
Aquí uno pudiera decir: "Pastor, entonces ¿eliminamos todas esas cosas?" No necesariamente, pero yo creo que esas cosas tienen que tomar su lugar para que Dios tome el suyo. Y estoy haciendo esta introducción porque en el pasaje de hoy tú puedes ver claramente la mano de Dios dirigiendo los acontecimientos de los hombres.
La iglesia primitiva fue altamente efectiva sin ninguna de esas cosas que yo mencioné, sin ninguna de esas metodologías. Y lo que le dio el éxito a la iglesia de antaño fue precisamente su sumisión a la voluntad de Dios, la dirección que recibió y a la cual se sometió todo el tiempo, y un poder de Dios reposando de manera extraordinaria sobre una iglesia sumamente sencilla. Una iglesia que supo dedicarse a la enseñanza de los apóstoles, una iglesia que supo vivir en unidad, que supo ser de un solo corazón y de un mismo sentir, una iglesia que se entregó a los propósitos de Dios.
Y quizás parte de la inefectividad de la iglesia en la gran comisión precisamente ha sido que mucho de eso se ha hecho sin contar con el Espíritu de Dios, y por tanto sin contar con el endoso de Dios y la dirección de Dios. Eso que la iglesia ha hecho con institución y que yo acabo de mencionar muchas veces, y que no necesariamente es del agrado de Dios, es lo que muchas veces nosotros tendemos a hacer como individuos, porque al final del camino la iglesia está compuesta de individuos.
Yo creo que si nosotros estuviéramos o supiéramos obrar conforme a la voluntad de Dios, si supiéramos esperar de acuerdo al tiempo de Dios y trabajar contando con los recursos de Dios, quizás la realidad fuera otra cosa: desde la iglesia, la familia, el matrimonio, la crianza de los hijos y todos los demás. Pero lo que nos atañe hoy es la gran comisión y cómo Dios va tejiendo sus caminos para ayudarnos a ver cómo Él obra.
El Señor Jesucristo conocía la inmensidad de esta tarea, la magnitud de la tarea. Lo dijo en palabras que yo he mencionado en diferentes momentos cuando Él dijo: "La mies es mucha". Ese es el problema. Él no era ignorante del problema. Dos mil años atrás el problema era exactamente igual que hoy: la mies sigue siendo mucha, los obreros son pocos. De manera que el problema descrito desde arriba, por encima del sol, tiene una solución que terrenalmente no es compatible, y es que los obreros son pocos.
Uno esperaría que ante una problemática de esta naturaleza, si fuéramos a reaccionar de acuerdo a la mente de Occidente, nosotros diríamos algo como esto: "La mies es mucha, los obreros son pocos. ¿Cómo vamos a captar los obreros? Estudiar mercadología, o aprende a levantar fondos, o funda más seminarios e instituciones educativas". Con lo cual yo estoy de acuerdo, y todas esas cosas son necesarias en diferentes momentos. Pero la solución divina al problema monumental era otra, o es otra, y la solución divina a los problemas que llegan a nuestras vidas frecuentemente es una distinta a la que nosotros estamos tratando de implementar.
Entonces, este es el problema: la mies es mucha, los obreros son pocos. Cristo dice: "Aquí está mi solución: rogad al Señor de la mies para que Él envíe obreros a su mies". ¡Hoy me simplificó el trabajo! Cristo me dice: "¿Sabes qué? Las cosas no son tan complicadas y complejas como tú las piensas". ¿Qué puede ser complicado para un Dios que abre su boca y forma el universo? Nosotros complicamos la vida, nuestra forma de ser, de pensar, de relacionarnos con Dios y de querer solucionar los problemas.
Él me dice: "Es sencillo, ora". El texto original es más como: "Ora fervientemente, frecuentemente, recurrentemente, diariamente, sin cansarte, al propietario de la mies". Él puede obrar en el corazón de los obreros el querer y el hacer por su buena voluntad, o para su buena voluntad. De manera que esa es la estrategia: nosotros oramos y Él envía. Oye, ¡me simplificaron la cosa! Yo oro y Tú envías. La tarea vista desde ese ángulo es sencilla. Nosotros la complicamos.
Dios tiene un plan, hermano. Yo tengo un plan, Dios tiene un tiempo, Dios tiene una forma, Dios tiene recursos en gloria en demasía, inagotables, recursos dispuestos para obrar en el tiempo correcto, en la forma de Dios, a la manera de Dios, a través de los obreros de Dios. Y Dios tiene los obreros para el desarrollo de su plan.
Y el texto de hoy ilustra claramente cómo, de una manera sencilla, Dios orquesta circunstancias, intercepta vidas, intercepta caminos, intercepta individuos que van migrando o emigrando de una región a otra, y Él lleva a cabo su plan. Por eso yo quiero invitarte a que puedas leer conmigo a partir del versículo 26 de Hechos 8 hasta el final de este texto.
"Un ángel del Señor" —ya ese no es de los obreros que son pocos, ya agregó el Señor arriba— "un ángel del Señor habló a Felipe" —ese es un obrero— "diciendo: Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza. Este es un camino desierto. Él se levantó y fue. Y he aquí había un eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros y había venido a Jerusalén para adorar" —a mil quinientos kilómetros de distancia—. "Regresaba sentado en su carruaje y leía al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Ve y júntate a ese carruaje". Hay otro personaje que no es parte de los obreros que son pocos: el Espíritu. El Espíritu le dijo a Felipe.
"Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías y le dijo: ¿Entiendes lo que lees? Y él respondió: ¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe? E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este: Como oveja fue llevado al matadero, y como cordero mudo delante del que lo trasquila, no abre su boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién contará su generación? Porque su vida es quitada de la tierra".
"El eunuco respondió a Felipe y dijo: Te ruego que me digas, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo o de algún otro? Entonces Felipe abrió su boca y comenzando desde esta Escritura le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino llegaron a un lugar donde había agua, y el eunuco dijo: Mira, agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees con todo tu corazón, puedes. Respondió él y dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carruaje, ambos descendieron al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó".
"Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso" —mil quinientos kilómetros otra vez—. "Mas Felipe se encontró en Azoto, y por donde pasaba anunciaba el evangelio en todas las ciudades hasta que llegó a Cesarea".
La semana anterior nosotros habíamos dejado a Felipe en Samaria. Felipe el evangelista, Felipe el que estaba siendo usado por Dios como instrumento de un gran avivamiento que se había levantado en Samaria, porque predicaba a Cristo, predicaba sus buenas nuevas. Las noticias llegaron, habían oído los apóstoles, ellos escogieron a dos, a Pedro y a Juan, y los enviaron para que pudieran ver qué era lo que estaba pasando en Samaria. Y al llegar a ver que era genuino lo que estaba ocurriendo, ellos decidieron orar por estos nuevos creyentes, impusieron sus manos, recibieron el Espíritu tal cual ocurrió el día de Pentecostés. Y aunque el texto no explícitamente lo dice, pero la mayoría está de acuerdo que con toda probabilidad esta gente habló en lenguas.
Entonces cuando Pedro y Juan vieron, y Simón el mago de quien hablamos, que el don del Espíritu vieron —de manera que no fue una cosa que oyeron, que les dijeron, ellos vieron— que el don del Espíritu le era concedido al igual que a los judíos en Jerusalén, entonces fueron convencidos de que Dios también les había dado a los samaritanos, a quienes los judíos odiaban por tantos años, el mismo don del Espíritu. Y como acabamos de mencionar, el agente, el instrumento de Dios para ese avivamiento es Felipe.
Yo voy a seguir, para terminar y cerrar este capítulo 8, el mismo formato del mensaje anterior, que hay tres personajes claves: Felipe, de quien hemos hablado; está el eunuco; y el protagonista otra vez es Dios, en un momento a través de un ángel, en otro momento a través de su Espíritu.
Pero obviamente Dios es la figura central, y en especial el Espíritu de Dios. Entonces pensemos en Felipe. ¿Qué nosotros sabemos de Felipe ahora con relación a este texto? Bueno, Felipe está en Samaria, un ángel del Señor se le aparece, le dice: "Levántate y vete hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza", que Lucas dice que era un camino desierto, un camino por donde prácticamente no transitaba nadie. Nota cómo Felipe está siendo dirigido por Dios. El ángel que se le apareció no le dice: "Hay un eunuco con quien tú tienes que hablar y tienes que predicarle". No, lo único que le dice es: "Levántate y ve en esa dirección".
Ya Felipe era conocido por ser un hombre lleno del Espíritu; quizá por eso obedeció inmediatamente. Un hombre lleno de sabiduría, un hombre lleno del Espíritu, es un hombre sometido, rendido a la voluntad de Dios, de manera que no necesita detalles del futuro. Él no necesita saber exactamente qué es lo que va a hacer el año que viene. Lo que necesita saber es que Dios quiere que vaya, y él va. Como Abraham: "Vete de tu tierra y de tu parentela". ¿Y para dónde, Dios? "Para allá". Abraham armó su mudanza y se fue. Aquí está Felipe en una situación similar.
Si bien es cierto que Dios obra soberanamente a través de quien Él quiera, incluyendo la burra de Balaam, no es menos cierto que la historia, el relato bíblico, muestra que Dios ha obrado poderosamente a través de personas piadosas que han caminado con Dios en integridad de corazón y en intimidad. Eso es cierto acerca de Noé, a través de quien Dios salvó el resto de la humanidad. Eso fue cierto a través de José, fue cierto a través de Moisés en el Antiguo Testamento, fue cierto de la vida de Daniel, de la vida de Isaías y de muchos otros. Y si llegamos al Nuevo Testamento, tú observas un patrón similar: esto fue cierto de Felipe en este caso, de Pablo más adelante, de los apóstoles posteriormente, de un Timoteo, de un Bernabé. Dios siempre ha usado personas que han cultivado la piedad con Él, y los ha usado. De una joven María, declarada como una mujer sencilla y llena de gracia, o como José, el padrastro de Jesús, considerado como un hombre justo. En este caso es Felipe el que Dios está usando de manera increíble.
A manera de aplicación, quizás —escucha cómo yo lo dije, a manera de aplicación, no de acusación—, nosotros necesitamos revisar. Quizás parte de la razón por la que Dios no me ha usado más es porque me falta llenura. ¿Y llenura de qué? Llenura del Espíritu. Felipe era un hombre lleno del Espíritu. La llenura del Espíritu facilita el trabajo de Dios y complace a Dios. Y quizás por un lado me falta llenura, y por otro lado me sobra llenura. ¿Y llenura de qué ahora, pastor? De mí mismo.
Nota que Dios le dice: "Levántate y vete a caminar hacia el sur", se lo dice vía ángel, y Felipe no cuestiona a Dios. No hubo resistencia, no hubo cuestionamiento, no hubo incredulidad como la hubo en un momento dado de Moisés, porque todavía no conocía a ese Dios de manera personal. Yo creo que humanamente hablando —recuerda que todos los eventos tienen dos lecturas—, humanamente hablando uno pensaría que Felipe hubiese optado, como a veces nosotros razonamos de esta manera: "Señor, pero ¿un camino desierto? Yo estoy en medio de un avivamiento. Si tú me vas a sacar de la acción a la soledad... Señor, porque yo soy el instrumento del avivamiento. Es verdad que nosotros dependemos de ti, es verdad que nosotros en ti somos nada, pero al final yo soy el instrumento ahora mismo de este avivamiento que tú mismo has traído. ¿Para qué me vas a sacar de Samaria?" Como que eso serían argumentos humanos más o menos entendibles. Pero cuando tienes un hombre lleno del Espíritu, él aprende a no cuestionar a Dios. Él se levantó y se fue.
Dios lo está sacando de la multitud, de avivar a Samaria, a hablar con un hombre. Ahí no hay como prominencia ni popularidad ni reconocimiento en el camino de la soledad. "¿Tú quieres que yo vaya a llegarle a un solo hombre?" "Sí, tú no sabes los planes que yo tengo con el eunuco. Tú no sabes lo que yo he hecho siempre con un solo hombre. Con un solo hombre yo formé la humanidad entera; comencé con un hombre, Adán. De él mismo tomé una costilla e hice a su esposa, y el resto es historia. Con un hombre, una vez yo salvé la futura humanidad, y su nombre fue Noé. Con un hombre, Abraham, yo formé una nación. Con un hombre, José, yo salvé a toda una nación, y lo dejé que lo vendieran como esclavo, lo dejé que lo maltrataran, lo dejé que lo metieran en la prisión para hacer mi trabajo. Y con un hombre, el último de todos, ofrecido en una cruz, en un instrumento de maldición, yo estoy redimiendo la humanidad entera". Entera, la humanidad elegida, por supuesto, por Dios.
El mundo es cambiado, hermano, un hombre a la vez. Todo el tiempo, un hombre a la vez. Un Martín Lutero a la vez, un Juan Calvino a la vez, un Agustín a la vez. Nosotros no conocemos ninguna de la gente que estuvo detrás, y si los conocemos, se nos olvidan sus nombres, de esos personajes que para llevarlos hasta ser usados por Dios como fueron usados. En esta ocasión es un hombre, es Felipe, y es otro hombre, el eunuco, a quien Felipe le va a hablar.
No sé cuántos de ustedes están familiarizados con la geografía de donde este hombre era. Dice el texto que era de Etiopía. Etiopía en ese entonces, más o menos la Etiopía de hoy. Si usted mira el mapa de África, Etiopía está al este, como en el centro del continente y al este del continente. De esa área, 1500 kilómetros de distancia, era este hombre. ¿Usted sabe quién era del área de Etiopía y Yemen, donde está hoy, pero la misma área? La reina de Saba. O sea que mil años atrás ya Dios había estado trabajando en esa área. La reina de Saba fue movida a visitar a Salomón y quedó impresionada con la sabiduría de Salomón. Cuando ella regresó, yo pienso que de alguna forma, a través de Salomón y quizá algún otro en la corte de Salomón, ella escuchó de una religión llamada judaísmo. Porque este hombre, que de esa área viene a Jerusalén a adorar a Dios... En buen lenguaje juvenil: ¿en serio? O sea, allá no ha ido evangelista, y además en esa época no se conoce el Evangelio. Él viene atraído por un Dios que los judíos adoran, pero literalmente no dice que él vino a negociar, que quizás hizo algo de eso porque estaba encargado de los tesoros de la reina. No, él vino a Jerusalén a adorar.
Ahora, ¿de dónde era él? De África. ¿Tú puedes creer que en los primeros tres siglos, cuatro siglos, primeros cuatro siglos de la Iglesia cristiana, algunos de los hombres más influyentes era en África que vivían? Tertuliano, uno de los padres de la Iglesia, del África, de lo que hoy es Argelia. Agustín, San Agustín para la Iglesia de Roma, considerado el más grande teólogo de los primeros mil años, quizás de toda la Iglesia, era de Hipona. ¿Hipona es de dónde? Del norte de África, en Túnez. ¿Cómo llegó el Evangelio? Nosotros no sabemos, pero ¿no podría ser que Dios tomó al eunuco y, de regreso a Etiopía hacia el centro de África, él sembró algunas de las cosas que él aprendió? ¿Quién sabe cómo se extendió la fe? ¿Quién guió a Calvino a la fe? No sabemos. De esa misma manera tampoco sabemos lo que el eunuco pudo haber hecho y que luego resultó años después, quizá 400 años después, en un Agustín, en un Cipriano, otro de los padres de la Iglesia, era de la misma área.
Ahí está Felipe, está en Samaria, lo sacan de Samaria, hasta ahora camino al sur. Pero antes de continuar, yo quisiera recordarte, recordarme, que si tú y yo queremos caminar con Dios, tenemos que estar dispuestos en cualquier momento a ir en la dirección opuesta de donde yo y tú queremos ir. Moisés no quería regresar a Egipto, tenía miedo, y Dios lo devolvió; él argumentó para no regresar. Pablo iba camino a Damasco y Dios lo interceptó y le dice: "Pablo, hasta aquí, no más". Los apóstoles, algunos de ellos eran pescadores, se ganaban la vida de esa forma: Pedro, Juan, Jacobo. Dios interceptó sus vidas y les dijo: "Ya no". "Pero yo no he aplicado para esta posición de apóstol". "No tienes que aplicar. Yo te elegí, yo te llené el formulario, yo lo firmé, puse tu firma también y se la entregué al encargado, que es mi Padre".
Si tú quieres caminar con Dios, tienes que estar dispuesto a ir en una dirección completamente contraria a la que tú querías ir. Ese fue mi propio caso. Yo me fui de mi país 15 años. Verán, me fui de mi país en el año 82 para no regresar, literalmente. Para vergüenza mía, porque no quería regresar, no me gustaban las condiciones. Y 15 años después el Señor me regresó, y en los primeros dos meses no me gustaban las condiciones. Y Dios me lo voy a ilustrar. Básicamente Dios me dijo: "Pero yo nunca te pregunté si te gustaban las condiciones o no. Mi pregunta era si quieres trabajar para mí o no quieres trabajar para mí. Dónde tú lo haces no es tu problema, es mi problema. Tú, ve a caminar al sur", le dijo a Felipe.
Hermanos, los caminos de Dios son soberanos, y el Soberano de los cielos soberanamente decide dónde Él envía a sus siervos. ¿Quieres caminar con Dios o no quieres caminar con Dios? ¿Quieres caminar solo o caminar con Él? La vida de Felipe nos ilustra eso. Sabemos eso de Felipe: un hombre lleno del Espíritu que obedeció inmediatamente, que no cuestionó.
Segundo personaje de la historia: es el eunuco. ¿Qué nosotros sabemos del eunuco? Bueno, era de Etiopía, era un alto oficial de la reina Candace. Algunos piensan que Candace no era su nombre sino como un título, como faraón o César, que era como el título de esa reina. No importa, era de Etiopía. Dice que era un alto oficial y que estaba encargado de todos los tesoros de la reina. Y en esa época, esa área de Etiopía aparentemente era muy rica, de manera que era un hombre de mucha influencia. Dios alcanzando a personas de influencia para ayudarlos a ejercer influencia a favor de su nombre. Pero era un eunuco. En esa época, algunos hombres eran hechos eunucos.
Hacían eunucos porque eso podía garantizarles una posición en el palacio cuidando a la reina, princesas y otras mujeres de la corte, porque era como la garantía de que ellos no abusarían sexualmente de las mujeres de la corte. Por eso algunos de ellos preferían una vida más o menos distendida, quizás de cierto lujo, de cierto favoritismo, precisamente por ser quienes llegaran a ser, y se hacían eunucos.
Sabemos algo más, aunque esto es más deducción, pero se piensa que este es un hombre de raza negra porque Etiopía es el área de Cus, y Cus significa justamente eso: negro. Probablemente adquirió su nombre precisamente por el color, porque eso es lo que el nombre significa. De manera que ahora tú tienes a un hombre gentil, quizás convertido al judaísmo, quizás temeroso de Dios como un Cornelio, de raza negra, de Etiopía, alguien completamente diferente al judío, que está buscando de Dios y que había venido a adorar.
No sabemos en qué momento él adquirió conocimiento del judaísmo, pero recuerda, mil años atrás la reina de Sabá vino de esa área y se encontró con Salomón. No sabemos en qué momento él se hizo temeroso de Jehová, que es lo que se presenta aquí. Este hombre viene a adorar y no sé si lo sabía o no, pero si era eunuco no estaban permitidos entrar al templo. De manera que a lo mejor fue a una sinagoga, a lo mejor no pudo entrar, o a lo mejor sí entró pero nadie sabía que era eunuco. Quizás él no lo dijo, pero Deuteronomio 23:1 claramente prohíbe a los eunucos ser parte de la adoración en ese momento.
Sabemos algo más también: él no viaja en una carretica, en un carruaje, y teniendo el título que tenía de un alto oficial de la reina, con toda probabilidad era una caravana. Dios está apuntando a un hombre como apuntó a Noé, como apuntó a Moisés, como apuntó a Daniel, pero Él está pensando en más gente que esa. De manera que si ciertamente esto era una caravana, y con toda probabilidad tenía que haber sido una caravana dado su rango, dada la distancia, dados los riesgos del camino, cuando este hombre se convierta ahí inmediatamente camino a Etiopía, hay un grupo de personas influenciables con el satisfacción.
Entonces el versículo 28 nos dice que él venía leyendo el texto de Isaías 53. Probablemente era un rollo, porque era la única manera como las Escrituras existían. La gente no tenía rollos privados en esa época, excepto si tú tenías dinero. No es muy distinto hoy en el sentido de que nosotros no tenemos rollos privados, pero hay museos que han pagado grandes cantidades de dinero por uno de esos rollos. Él venía con uno de esos rollos, probablemente lo compró en esta visita, y viene leyendo. De manera que él ciertamente es un hombre temeroso de Dios, él está leyendo las Escrituras. Quizás venía repitiendo en voz alta; era la costumbre en esa época que la manera de memorizar las Escrituras era leyendo en voz alta y tratando de repetir. Eso es lo que él venía haciendo.
Entonces ahora sabemos algo más, porque ya habíamos sabido bastante de Felipe, ahora sabemos algo nuevo de este eunuco, y ahora nos queda el tercer personaje, el personaje más importante: el Espíritu de Dios. Ahora yo quiero que lo veamos interactuando a los tres.
Sin lugar a dudas que Dios es quien mueve a este oficial de la reina desde Etiopía a Jerusalén. ¿Quién más pudiera hacer una cosa así, con todas las limitaciones de la ley, 1500 kilómetros de distancia? Y lo movió providencialmente en un momento en que en Samaria está ocurriendo algo especial, que hay un avivamiento. Y en Samaria providencialmente yo tengo un evangelista, y él no está tan lejos de mi evangelista. El eunuco no está tan lejos de mi evangelista, de manera que cuando yo lo dirija al sur, él puede llegar y unirse a su carruaje o a su caravana.
Y ahora el versículo 29 nos dice que el Espíritu de Dios dijo —ya pasamos de un ángel al Espíritu, Él es quien dirige la evangelización del mundo— le dice a Felipe: "Ve y júntate a este carruaje." El Espíritu de Dios no solamente es el protagonista de este evento, es el protagonista del libro de los Hechos por completo. Creo que les mencioné en un mensaje anterior que el Espíritu Santo es mencionado en el capítulo 1 y en el último capítulo del libro de los Hechos, y es mencionado en 15 de los capítulos restantes. Por otro lado, la palabra "espíritu" es mencionada 75 veces en el libro de los Hechos; 55 de esas ocurrencias tienen que ver con la tercera satisfacción de la Trinidad.
El Espíritu de Dios fue y sigue siendo responsable de la misión de la satisfacción hoy en día. Esta es la era del Espíritu para la gloria de Cristo. Escucha lo que este autor dice en uno de sus libros, John Harvey; el título del libro es "Anointed with the Spirit and Power" (Ungido con el Espíritu y poder): "La iglesia cumple su misión solo confiando en el empoderamiento del Espíritu. Los eventos del capítulo 2 del libro de los Hechos nos enseñan que el Espíritu proporciona poder para el testimonio, para testificar. Trae convicción a través de la Palabra de Dios. La Palabra no actúa sola, trae convicción a través de la Palabra de Dios al dar testimonio, e incorpora a los nuevos creyentes a la iglesia como resultado del testimonio."
Si la misión de la iglesia es llegar al mundo con el satisfacción de Jesucristo, y lo es, el empoderamiento del Espíritu Santo es indispensable para la misión. No importa la edad de nuestras iglesias, no importa qué tan bueno sea el personal o los programas o los estrategas de nuestra iglesia; solo si el Espíritu empodera nuestros esfuerzos serán verdaderamente efectivos en lo que realmente importa: transformar vidas para el satisfacción de Dios.
Y eso que yo acabo de leer con relación a la iglesia es cierto con relación a tu matrimonio, es cierto con relación a tu familia. Solamente si el Espíritu de Dios te endosa, empodera tus palabras en la crianza de tus hijos, empodera tu satisfacción en la relación con tu esposa, con tu esposo, solamente a través de ese trabajo del Espíritu de Dios detrás, podemos nosotros ver y contribuir a la transformación de vidas. No es por el poder, no es por la fuerza, ¿cómo es? Por el Espíritu. ¿Le vamos a dejar trabajar o no? No es por el poder, no es por la fuerza, no es por nuestra estrategia, no es por nuestra sabiduría, no es por nuestro conocimiento, no es por nuestra inteligencia, no es por las luces, no es por el sistema de sonido, no es por nuestro nombre: por el Espíritu. Y Él está dirigiendo a Felipe en esta tarea evangelizadora.
Felipe es un hombre obediente. "Vete hacia el sur," se fue. El Espíritu ahora le dice: "Pégate al carruaje," ahí se pegó. Y entonces él oye que el eunuco viene leyendo. Tú ves que es en voz alta, que el eunuco viene leyendo. Si él no hubiese estado leyendo en voz alta, no hubiese sabido.
Evangelista, al fin él supo hacer la pregunta correcta. Yo estoy seguro, si yo me pego a un carruaje con una satisfacción que yo no conozco, ¿qué le digo, qué le pregunto? El Espíritu de Dios me dijo que viniera, pero de manera muy natural le dice: "¿Tú entiendes lo que lees?" Oye, qué pregunta más sencilla y más fácil. Oye una pregunta: "¿Tú entiendes lo que lees?" Y el eunuco le dice: "¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe?" Me imagino que Felipe le dijo: "¿Tú quieres mi ayuda?" Porque le dice: "Bueno, sube, móntate."
O sea que Felipe no tiene que regresarse, no tiene un carro en que regresarse. Y ahora van en un carruaje que va a saber Dios hasta dónde, hablando con este hombre, pero Felipe no sabe cómo va a regresar. Nosotros sabemos porque le hemos leído el texto. Ahora, lo menos que Felipe sabía es que lo iba a regresar por el Espíritu. Lo que él sabía es que él tenía que ir.
Y hermano, tu problema y el mío es simple. Tú me has oído decir que no conozco nada más simple que la vida cristiana. Tú puedes pensar a veces que yo estoy loco, está bien, esa es la necedad de Dios, que es más sabia que los hombres. Para esa sencillez yo tengo una sola preocupación: complacer a mi Dios. Por eso el texto que les he mencionado tanto, que está ahí frente a mi escritorio en la oficina, dice: "Cuando los caminos del hombre placen a Dios..." Es la parte que yo quiero recordar, porque la otra se da por añadidura, como que la otra ya no es mi problema. "Él hace que aun tus enemigos estén en paz contigo." Como eso ya no es mi problema, yo me paro ahí: "Cuando los caminos de Miguel placen a Dios," y hasta ahí.
Y eso es lo que Felipe tiene claro: es que yo tengo una orden, yo tengo una guía primero de un ángel, después del Espíritu, yo me voy. ¿Cómo regreso? No importa. ¿Qué va a pasar? No sé, pero tengo un mandato.
Entonces, el eunuco no entendía las Escrituras. No podía entenderlas. Nadie puede entender las Escrituras si no ha nacido de nuevo. Claramente está establecido en Su Palabra. La Palabra dice que nosotros estamos muertos en delitos y pecados. Los muertos no ven, no oyen, no entienden. Efesios 2:1. La Palabra dice que mi mente está entenebrecida, está en tinieblas. 2 Corintios 4. La oscuridad no me permite leer y entender, mucho menos. La Palabra de Dios no solamente me dice eso, sino me dice que mi mente no se somete como incrédulo. La satisfacción que no ha creído en Cristo todavía no se somete a la ley de Dios, y ni siquiera puede. Romanos 8:7. Es que no quiere ni puede. Es para que puedas ir entendiendo la incapacidad que tenía el eunuco y que tiene cualquier satisfacción en este lugar que sea incrédulo, a menos que Dios abra su entendimiento como en el caso de Lidia.
De manera que si tú no has entrado a la familia de Dios y al final de este mensaje tú entendiste, Dios te abrió el entendimiento. Ahora puede haber fe en ti. El corazón está endurecido, es de piedra. Como el corazón está endurecido, es de piedra, no siente por Dios, no le interesa la Palabra, no le interesa nada que tenga que ver con Dios. Es un corazón duro de piedra. Ezequiel 36:26. La voluntad está esclavizada al pecado. 2 Timoteo 2:25-26. Por tanto, él no puede entender las cosas de Dios.
Escucha cómo Pablo se lo explica a los corintios: "Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios." No las acepta. Y es tanta su rebeldía... Bueno, es rebelde, pero antes de su rebeldía hay un "porque". Una vez más, cada vez que hay un "porque", le viene lo que está adelante y luego le viene lo que está atrás, porque lo que viene ahora es la explicación a lo que está adelante. Él no las puede entender porque para él son necedad. ¡Wow! Son estupidez, necedad. Pero él tiene otro problema, y es que no las puede entender. Él dice: "Con toda razón, ¿y cómo lo voy a entender?" Porque se disciernen espiritualmente.
Obviamente, lo que él leía —se especula— que probablemente era un texto en griego, quizás de la versión de la Septuaginta, porque es poco probable que alguien que viniera de Etiopía pudiera leer hebreo o arameo. Entonces, obviamente él entendió la gramática, las frases, pero no entendía el significado. Estaba leyendo un texto de Isaías 53. ¡Oye, qué texto! A veces aquí hay ustedes que son fanáticos del béisbol: ven un juego y dicen "¡wow, qué jugada!" Esto es "¡qué texto!"
¿Tú piensas que ese texto fue como coincidencia? Que el eunuco estuviera leyendo... No diría "Isaías 53" porque los textos no tenían capítulos y versículos en ese momento. Pero suponte que hubiese abierto tal identificación y que lo hubiera dicho "Isaías 53". ¿Tú crees que Felipe hubiera hecho "wow, qué coincidencia"? No. La idea del etíope en el momento en que Samaria tiene un avivamiento, con el momento en que Felipe el evangelista está ahí y su regreso... En inglés sería "timely", a tiempo. Mas el texto no andaba con quince rollos. Probablemente él tenía un par de rollos a lo sumo, pero resulta que providencialmente el rollo que él tiene incluye Isaías 53.
Dice: "Bueno, yo no puedo entender si alguien no me lo explica." Versículo 35: "Entonces Felipe abrió su boca." ¡Oye, esa es la mejor respuesta! Porque Felipe no tuvo que forzar su explicación. Le dice: "Si nadie me lo explica..." No te apures. Entonces, en otras palabras, después que él pidió ayuda, entonces Felipe abrió su boca. Eso es una buena lección para algunos de nosotros. A veces estamos tratando de introducir el evangelio por la garganta a alguien. No es así.
Entonces Felipe abrió su boca y, comenzando desde esta satisfactoraEscritura —o sea, comenzando en Isaías 53—, le anunció el evangelio de Jesús. En dos o tres meses, John MacArthur está publicando una exposición. El Evangelio de Acuerdo a Dios, El Evangelio de Acuerdo a Pablo, El Evangelio de Acuerdo a los Apóstoles, El Evangelio Según Jesús, y ahora es el evangelio de Isaías, que es este texto en Isaías 53. Yo creo que es una de las mejores obras de MacArthur. Lo menciono porque tuve el privilegio de revisarlo y endosarlo. Y es... cuando salga, léelo. Es ese solo capítulo en doscientas ochenta y cinco páginas expuesto.
Este es probablemente el texto que le estaba leyendo, porque Lucas, en el libro de Hechos, menciona un par de versos, pero el texto es mucho más amplio. De manera que yo me tomé una porción un poco más amplia para ver parte de lo que ellos leyeron ese día y cómo él le presenta el evangelio.
Versículo 3 de Isaías 53, aunque el texto realmente comienza en el capítulo 52 al final: "Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores, experimentado en aflicción, y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado y no le estimamos. Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores, con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido." Dios y afligido. "Mas él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino, pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros. Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió su boca."
Hace un tiempo atrás alguien me preguntó: "Pastor, ¿por qué usted no se defiende cuando lo atacan?" Mi respuesta fue: "Porque si Dios y mi testimonio no pueden defenderme, mis palabras tampoco." Cristo... Bueno, obviamente porque él me enseñó eso. Porque si el testimonio de Cristo cuando vivió y el Padre que lo envió no podían defenderlo, nada hacía él tratando de defenderse con palabras. Las palabras sobran.
El texto habla, y Felipe está aquí como evangelista explicando al eunuco que Cristo fue rechazado por parte del pueblo judío. A los suyos vino y los suyos no lo recibieron. Y en particular por las autoridades judías. Habla del tremendo dolor y aflicción por el cual él atravesó. Incluso habla de que Jesús fue uno de quien los hombres esconden su rostro. Él está ahí y los hombres no querían ver lo que estaba ahí colgado.
Pero el capítulo anterior dice ahí, al final del 52, nos dice por qué. Dice que su cara fue desfigurada hasta tal punto que él no se parecía a un ser humano. El final de Isaías 52. ¿Qué desfiguró su cara? Los golpes, el escarnecimiento, los latigazos, la corona de espinas. Escucha: el Hijo de Dios encarnado es golpeado sin causa hasta desfigurarlo, por tu pecado y mi pecado que han desfigurado mi vida. ¿Y luego nos vamos a ofender porque alguien dijo algo contra nosotros? ¿Has mirado la cruz recientemente? "Pastor, que en el internet salió algo de usted." Déjalo. En la cruz salió mucho de Jesús. La pregunta es qué va a salir cuando en el internet salen cosas en contra tuya. De Jesús salió: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."
Oye, como el texto dice en el versículo 10 de Isaías 53, que él fue herido de Dios y afligido. En el inglés dice "God crushed him", Dios lo aplastó. O sea, que no fueron los judíos. Bueno, ellos fueron el instrumento, pero la justicia de Dios lo aplastó cuando visitó su pecado en él hasta que lo desfiguró. Si la justicia de Dios te cae encima, tú vas a ser desfigurado. El Padre fue el que le pidió al Hijo que muriera en lugar de los hombres. El Padre fue el que le pidió al Hijo que muriera porque su ley no podía quedar violentada sin ser reivindicada. Esta es la manera como Dios ha provisto un camino.
Hermanos, si quieren caminar con Dios, tú tienes que estar dispuesto a vivir paradojas. La vida cristiana entera es paradójica. Si tú quieres vivir, tú mueres. Si tú quieres ser el primero, tú te pones en la cola, tú eres de último. Si tú quieres que Jesús pague por tus pecados, no puedes comprar eso con obras; lo único que puedes hacer es recibir su obra. Y es paradójico que el Juez sea desfigurado por el acusado. Es paradójico que el Juez sea el que pague la culpa del que transgredió. Es paradójico que Dios muera en un madero maldito de acuerdo a la ley. Totalmente paradójico.
Ahí está Felipe con ese texto rico, con ese texto lleno de verdad, hablando de un hombre que vino a ofrecer perdón para la humanidad. El texto dice que él fue llevado como oveja al matadero. No sé si han visto alguna vez... Yo no he visto ovejas llevándolas, pero he visto bueyes en nuestro país múltiples veces en los campos, cómo lo halan por una cosa aquí en la nariz —que me da pena— y lo van llevando. Y el buey va tranquilito entrando al matadero. He visto vacas entrar al matadero, ya en el matadero propiamente dicho, listas para ser muertas, y ellas no lo saben. Y así Jesús no abrió su boca.
Y entonces, cuando iban por el camino, vieron un lugar con agua. Y él dice: "Mira, agua." Obviamente esto presupone que hay mucho que se ha hablado, porque si él inmediatamente asoció el agua con el bautismo, todo esto se ha discutido. Lucas solamente nos está brindando un resumen, porque si no tuviéramos volúmenes y volúmenes para tener una sola Biblia. Entonces aquí está la explicación de lo que se supone que un discípulo de Jesús haga: ir por todo el mundo y hacer discípulos y bautizar. Pero yo creo que esto está tácitamente implícito: que se habló de esto. Y tan pronto él vio el agua, él dice: "¿Qué me impide a mí también ser bautizado?"
¿Ves lo que está pasando? Tú tienes a un discipulador, Felipe, que es un hombre de fe que no cuestiona a Dios. Y ahí en un momento está produciendo a un discípulo que tampoco cuestiona: "¿Me bautizo? ¡Me bautizo!" No como algunos de nosotros todavía seguimos haciendo.
Lucas 6:40 dice que todo discípulo, cuando es entrenado bien, es exactamente como su maestro. Bueno, los primeros destellos de que este eunuco como que recibió buena instrucción es este: que él vio el agua e inmediatamente dijo: "¿Qué impide que yo sea bautizado?" Y Felipe le dice: "Si crees con todo corazón, puedes." Y él respondió: "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios." Esa última parte, en algunos de los manuscritos más antiguos, no está. Se piensa que quizás en algún momento, para aclarar en qué fue que creyó, algún escriba se lo agregó. Bueno, esto está sujeto todavía a debate, pero obviamente el corazón tiene que creer de todo corazón. No es si hago una profesión de fe simplemente; yo creo que eso sí está claro: si crees de todo corazón. ¿Y qué vas a creer? Creo que la Palabra dice que tenemos que creer.
Yo creo otra vez que Lucas simplemente está resumiendo. No creo que le dijo: "Bueno, creo que Jesucristo es el Hijo de Dios" y punto, basta. No, el diablo sabe eso. Tiene que depositar la confianza, tiene que creer en el sacrificio. Quizás Isaías 53, el texto que Felipe toma y arranca con él para explicarle el Evangelio, ese es el texto que él explicó. Él creyó eso. Obviamente él, el eunuco, entonces evidentemente había entendido el pasaje de Isaías, evidentemente había recibido convicción de pecado, evidentemente había entendido su necesidad de ser bautizado para agradecer la Gran Comisión.
¿Y qué usó Dios para levantar, hacer crecer fe en el eunuco? La Palabra. La fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios, Romanos 10:17. Ahora escúchenme: no es la Palabra sola lo que hace eso. Si fuera así, cada vez que la Palabra se predicara o se leyera, todo el que está oyéndola sería de nuevo. Si no lo es, no es así. Si la Palabra no es tomada por el Espíritu de Dios después de abrir el entendimiento, de hecho después de haber hecho nacer de nuevo a quien está entendiendo la Palabra por primera vez, eso es como opera.
Literalmente, cuando Cristo va delante de la tumba de Lázaro y dice: "¡Lázaro, sal fuera!", ¿cómo Lázaro va a escuchar eso y obedecer si está muerto? No, porque a él lo levantaron primero, y cuando estaba vivo él oye que Cristo dijo: "Sal fuera", y él salió. De esa misma manera es como opera: el Espíritu de Dios levanta al muerto, Él edifica su alma, y después que Él edifica su alma, él oye el Evangelio, él entiende el Evangelio. Ahora la voluntad ha sido liberada, él puede responder al Evangelio. Él escucha el Evangelio y él puede ahora ser capaz de poner su fe en Cristo Jesús, y ahora entonces el proceso completo ha sido sellado y terminado. La efectividad del evangelismo no depende de nuestras habilidades, sino del trabajo del Espíritu de Dios.
A ver, si es probable. Estaba leyendo las Escrituras en una ocasión y estaba leyendo un pasaje que decía —que lo voy a parafrasear— en el bosque un árbol cayó y ahí se corrompe y se muere. Y él se convirtió con eso, porque de repente el Espíritu de Dios aplicó eso a su vida y le hizo ver que él era ese árbol ahí muriéndose, corrompiéndose, sin esperanza, y que nadie se estaba dando cuenta, ni él mismo. Y esa noche nació de nuevo.
Yo creo que mencioné recientemente —o no sé si fue aquí o en otro lugar, porque estoy en varios lugares últimamente— que a menos que el Espíritu convenza de pecado, nuestras palabras pueden ser interesantes, nuestra lógica puede ser congruente, nuestra oratoria impresionante, nuestras oraciones estructuradas, nuestra idea lógica, nuestra exégesis impecable, pero si el Espíritu de Dios no endosa el mensaje expuesto, nada va a ocurrir. "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu," dice Zacarías 4:6.
Habiendo entendido el texto, convicto de pecado, el eunuco pone su fe en Cristo Jesús y se bautiza. Que la Palabra de Dios no nos presenta eso como una opción, sino como una obligación. El bautismo que recibimos, que recibimos algunos de nosotros como niños, no podía ser efectivo. Yo no sabía lo que estaban haciendo conmigo, ni fue un testimonio público de que yo había sido perdonado. Felipe le dice: "Si crees con todo tu corazón, puedes ser bautizado." Recuerda que aquí hay mucho resumido. Cuando Pedro predica su segundo sermón apostólico, le dice: "Arrepentíos y convertíos," de manera que el arrepentimiento era necesario. Yo estoy seguro que esto estuvo, que formó parte del mensaje de Felipe para este hombre.
Entonces el texto va a continuar, y escucha ahora cómo el texto continúa y cierra. Versículo 39: "Al salir ellos del agua —estamos los dos— el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso." Imagínate que Felipe le hubiera dicho: "Señor, Señor, pero el hombre va a montar un carruaje, no sé cuántas millas llevamos viajando, y ¿quién? Que yo voy a regresar, por lo menos provéeme un caballo, un camello, un asno o una carreta. La gente anda en carruaje, danos una carreta." Si Dios lo había dicho, Felipe, tú no tienes idea de lo rápido que tú vas a viajar y de lo extraordinario que va a ser el vehículo de transporte. "No, pero yo quiero saber ahora, Felipe." Donde manda capitán no manda soldado; cierra tus labios y obedece. Pero Felipe no hizo eso. Tú y yo tenemos que aprender que cuando Dios habla, tú obedeces. Tú no necesitas explicaciones. Cuando tú tienes un mandato de parte de Dios, tú le pagas un tal con madera quizás que te dé explicación, pero no a Dios.
Al salir del agua, el Espíritu del Señor lo arrebató. Con el Señor se fue así delante de los discípulos cuando partió el pan con ellos, se desapareció así mismo. Y no lo vio más el eunuco. Felipe no hace lo que hizo Jonás. Tú sabes que Señor le dijo que fuera a Nínive a predicar, y Jonás comenzó a discutir con Dios. Y yo creo que Dios le pudo haber dicho, como hemos dicho en otras ocasiones: "Ok Jonás, ¿tú quieres ir por mi Espíritu o quieres ir por ballena? Tú tienes la opción, ¿cómo quieres ir?"
Y de repente Felipe se encuentra en Azoto. Es otra ciudad. Al rato tú te fuiste al desierto y de repente tú llegas a una ciudad. Tú mismo no sabías ni cómo llegaste ni por dónde pasaste. Esto es lo mejor: esto es un evangelista. Personal. Y por donde pasaba anunciaba el Evangelio en todas las ciudades hasta que llegó a Cesarea. Este hombre no podía callarse. No podía callar lo que había visto y oído. Iba pasando por la ciudad, pero antes de ir para Cesarea, por el interior: "Yo tengo oportunidades aquí." Va predicando el Evangelio. El Señor se llevó a Felipe de manera sobrenatural.
Tú y yo necesitamos aprender de Felipe: a donde nos lleve Dios, ahí debo ser testigo de Él. Tú sabes que el Espíritu Santo fue enviado con una función —con muchas, pero esta en particular que quiero mencionar— con relación a esa función: su función es exactamente la misma que la mía, de acuerdo a las enseñanzas de Jesús. Escucha en Juan 15:26-27: "Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir el Espíritu de verdad —otro nombre para el Espíritu— que procede del Padre, Él dará testimonio de mí." Esa era la primera parte. Eso es lo que dice: que cuando el Espíritu venga, Él mismo dará testimonio de mí. "Y vosotros daréis testimonio también." ¿Cuándo? Cuando venga el Espíritu, ustedes van a hacer lo mismo que el Espíritu va a hacer. El Espíritu estaba hablando a Felipe, Él está testificando a Jesús, le está abriendo el entendimiento mientras le llama Isaías 53. Cristo dice: cuando venga el Consolador, el Espíritu va a dar testimonio, y ustedes también. ¿Por qué? Porque esa es tu función.
¿Y qué pasó con el eunuco? ¿Y quién lo discipuló? ¿Y quién fue su mentor? ¿Y quién le enseñó el resto de la revelación de Dios? Tuve todas esas preguntas que nosotros continuamente nos damos en la cabeza acerca de gente que se convierte pero no lo discipularon, pero no de esto. ¿Sabes qué? Si el Espíritu de Dios vive en él, en buen inglés: chill. Quédate tranquilo. Esa responsabilidad es primariamente de quien le dio la vida. Ahora, crea tu mecanismo para discipularlo, pero sabes qué, Dios no lo va a soltar. El tipo se fue gozoso, y yo estoy seguro que el Espíritu de Dios le cayó atrás. No le cayó atrás, no, le cayó adentro. Estaba dentro, morado adentro de él.
Yo creo que Dios nos deja nosotros muchas veces las respuestas sin cerrar, porque Dios entiende que mi responsabilidad no es entenderlo todo ni probarlo todo. Mi responsabilidad es ser fiel cada día, en cada tarea, con cada individuo, en cada momento, con cada oportunidad y con cada recurso que Él provea. Ese es mi tarea. A nosotros nos encanta preocuparnos. A veces me he encontrado con gente que me dice: "Pastor, estoy tan tranquila que estoy preocupada de que no estoy preocupada." A nosotros nos encanta preocuparnos con cosas que Dios no ha puesto en nuestra bandeja. A nosotros nos encanta crear métodos y estrategias para desarrollar iglesias. A nosotros nos encanta condenar cuando una iglesia no sigue exactamente el mismo patrón que nosotros seguimos. Al eunuco, pero no lo iban a discipular de la misma manera, le iban a mentorizar de la misma manera, ni iba a seguir la misma metodología.
Recordémonos de —y con esto ya cierro— recordémonos del último encuentro de Jesús con Pedro. Que ahí viene Juan junto, cayéndole atrás a Jesús, y Pedro dice... Pedro va, Jesús, Pedro atrás de Juan, o Juan atrás. Obviamente Pedro nunca hubiera tratado a alguien, él ve este otro, Jesús, él va entrando, su... pero Juan va detrás. Y entonces Pedro le dice: "Jesús, ¿y este? ¿Así? ¿Y este que viene tras de nosotros?" Jesús le dice: "Oye Pedro, si yo quiero que él siga vivo hasta que yo regrese, a ti qué." En buen dominicano, Pedro: ¿qué te importa? Ese no es tu problema.
Entonces, ¿cuál es mi problema, Señor? "Tú sígueme." Él te lo dijo ahí mismo, en ese mismo texto. ¿Cuál es mi problema? No solo preguntó así, pero el Señor le avanzó la respuesta: "¿Y este qué? A ti qué. Tú sígueme." Hermanos, deja esa necesidad de saber qué va a pasar con el otro, con tu esposa, con tu esposo. Hay una preocupación humana real, genuina, que está bien, pero más allá: tú sigue. Porque Dios, que le dio su Hijo, no lo va a soltar, no lo va a dejar. Tú no puedes cuidarlo mejor que Dios.
De alguna cosa sí me confieso: mi esposa no está aquí porque fue a ver a su papá ayer. Ayer fue el cumpleaños de mi esposa, mañana el de su papá. Ella fue a celebrar los dos con él. Muy bien, pero a una misma y otra preocupación.
Era que yo quería, y quiero, yo quisiera morir después de ella para poderla cuidar. Y estaba como preocupado con eso, hasta que Dios me dijo: "¿Y si yo quiero que ella sobreviva a tu vida? ¿A ti qué? ¿Tú piensas que tú la puedes cuidar mejor que yo? ¿Tú piensas que tú tienes más recursos que yo? ¿Tú piensas que tú tienes más amor que el mío? ¿Tú piensas que tú tienes más presencia que yo?"
No, no, no, no, Señor. Mátame cuando tú quieras. Entonces me voy cuando quieras: antes, después, en el medio, juntos, como tú quieras. Yo no puedo hacer lo que tú puedes hacer. Perdóname por engreído, pensando que tú me necesitabas. Tú no me necesitas para cuidar de nadie. Humanamente todavía quisiera hacerlo, humanamente. Pero divinamente...