La humillación de Cristo encuentra su contraparte en su exaltación suprema. Filipenses 2 revela que por haberse despojado de su gloria, tomado forma de siervo y obedecido hasta la muerte de cruz, el Padre le confirió el nombre que es sobre todo nombre. Ese nombre no es "Jesús" —que corresponde a su humillación y encarnación— sino "Señor" (Kyrios en griego), la traducción de Yahvé, el nombre sagrado con que Dios se reveló a Moisés. Es el mismo nombre que Cristo reclamó cuando dijo: "Antes de Abraham, yo soy." Llegará el día en que toda criatura —ángeles en el cielo, humanos en la tierra, demonios debajo de ella— doblará la rodilla y confesará que Jesucristo es Señor, quizás de manera tan involuntaria como el endemoniado que gritó aterrorizado reconociendo al Hijo del Altísimo sin que Jesús hubiera pronunciado palabra.
Pero este pasaje no es un tratado teológico abstracto; Pablo lo ofrece a una iglesia con rencillas y reconciliaciones pendientes. Si Cristo es Señor, la pregunta práctica es devastadora: ¿por qué lo llamamos Señor y no hacemos lo que dice? Señorío implica autoridad absoluta sobre todas las áreas de la vida, no solo las que decidimos someter. El pastor Núñez advierte que muchos confiesan el señorío de Cristo sobre ciertas áreas mientras mantienen otras en rebelión.
La visión de Apocalipsis muestra el cumplimiento: multitudes de toda nación, con palmas de gozo, adorando al Cordero. Algunos lo harán a regañadientes; otros, finalmente libres del pecado, con brazos levantados dirán: "Señor, tu voluntad y solamente tu voluntad."
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Este texto que nos toca exponer es del nueve al once, pero yo voy a leer una vez más del cinco al once. Voy a resumir y decir algunas cosas que tienen que ver con la primera parte de todo el texto, a manera de introducción al texto de hoy, pero también porque el texto de Filipenses fue considerado por la iglesia primitiva como un himno. De manera que esto fue algo que la iglesia primitiva cantó, desde el cinco hasta el once, y exponerlo de manera dividida quizá no es la mejor forma, pero teníamos cosas que compartir que no podíamos decirlas todas en una sola exposición. Por eso yo me voy a tomar el tiempo en el día de hoy para volver a leer del cinco hasta el ocho, que fue lo que expusimos la semana anterior, y decir algunas cosas introductorias, y entrar entonces del nueve al once.
Esta es la Palabra de Dios, Filipenses 2, versículo 5: "Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual, por tanto, Dios también le exaltó hasta lo sumo y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre."
La semana anterior estuvimos viendo la encarnación del Hijo, de la segunda persona de la Trinidad, y en su encarnación la humillación de Jesucristo. Cómo él estuvo dispuesto a despojarse, a ofrecerse desde toda la eternidad como el Cordero por el perdón del pecado del hombre. Cómo él estuvo dispuesto a dejar a un lado su igualdad con Dios, su gloria. Cómo él no consideró eso, esa igualdad con Dios, como algo a qué aferrarse, sino que prefirió bajar, descender, llegar hasta la cruz, convertirse en hombre, convertirse en siervo y llegar hasta la muerte, y muerte de cruz.
Estuvimos viendo entonces cómo nosotros debemos ser animados a tener la misma actitud que hubo en él. Que debiéramos nosotros tener la misma disposición de abandonar la posición como él lo hizo. Debiéramos estar dispuestos a la auto renuncia; debiera ser parte de nuestra actitud, y debiéramos tener una abnegación a la hora de sacrificarnos hasta el punto de llegar a lo absurdo, si fuera necesario, como él supo hacerlo. Y hablamos de lo absurdo que fue su sacrificio: que Dios muriera en una cruz, el Dador de vida dando la suya para que aquellos que estaban muertos pudieran tener vida. Y hablamos entonces de cómo él no fue humillado, sino que él se auto humilló.
Él se humilló, pero es el Padre quien lo exalta. La auto humillación es algo deseable, pero la auto exaltación es condenable. En este caso, mientras él se humilla, el Padre lo exalta, con lo cual él cumplía incluso sus propias palabras: "El que se humille será exaltado", dijo Jesús. Pero nota que Cristo habla de que "el que se humille" está en una voz activa: yo tengo que humillarme, aquel que se humille, tú lo haces; "será exaltado" en voz pasiva, otro lo hace por él, que es el Padre. Ahora, la razón y motivación para mi auto humillación no es esperando la exaltación del Padre, sino la glorificación del nombre de nuestro Dios. Pero el texto nos habla de que nosotros, si nos humillamos, el Padre se encargará en su momento de reivindicarnos y de exaltarnos. Y es lógico entonces pensar que aquel que se humilló a lo sumo, ya ha sido exaltado a lo sumo por el Padre, por el mismo Padre.
Pero yo reflexionaba, a manera de introducción para mi texto hoy, una vez más sobre este pasaje de la auto humillación de Jesús, y comencé a ver algunas cosas otra vez. Me percataba de que ciertamente, aunque dijimos la semana pasada que nosotros nunca nos humillaremos como Cristo lo hizo, porque él comenzó en el tope, no podía ascender más; y cuando yo soy humillado, o aun si yo me auto humillo, yo comienzo en la parte más inferior de la escalera, si pudiéramos decirlo así. Pero también comencé a percatarme que en realidad nosotros nos humillamos de una manera distinta a como realmente él lo hizo.
Pensé que muchas veces nosotros decimos estar dispuestos a algo, o antes que eso, vamos y decimos: "Señor, yo sé que yo no merezco esta posición, me considero inmerecido", pero nos quedamos con la posición. Cristo renunció a su posición. Nosotros muchas veces decimos en palabra que estamos dispuestos a hacer el mayor sacrificio que fuera posible, pero aun cuando estamos trabajando a favor de la causa de Cristo, a la menor incomodidad o al menor descuadre de lo que implicaría mi estándar, nos comenzamos a quejar. Cristo abandonó su posición; nosotros nos consideramos no merecedores, pero la abrazamos y la mantenemos. Nosotros decimos que estamos dispuestos a hacer lo que él hizo y Cristo dio su vida, pero nosotros, a la hora de humillarnos, muchas veces no damos ni la ropa, o ni la limosna, o ni la gracia, o ni el perdón.
No podemos olvidar que Pablo ofrece este pasaje no como un tratado teológico, no como un texto teológico, porque de ser así probablemente hubiese estado en Romanos. Pablo nos ofrece este texto como algo extremadamente práctico para la convivencia de una iglesia llamada Filipos, donde había rencillas y confrontaciones. De tal forma que, a pesar de la profundidad teológica de este texto, de este himno que la iglesia primitiva cantó, esta forma de vida fue ofrecida en su momento para la convivencia de los hermanos en medio de dificultades, para la gloria de Dios Padre, para mantener la unidad de la iglesia, para sanar las heridas y solucionar las confrontaciones. De tal manera que, hacia el final de mi exposición, yo quisiera considerar de manera práctica la implicación que este texto tiene para nosotros.
El texto nos recuerda acerca de la humillación, pero también nos recuerda de la exaltación de nuestro Señor Jesucristo. Nos recuerda que la obediencia que Cristo exhibió tuvo, y tiene para nosotros también, grandes bendiciones. La obediencia absoluta del Hijo, exaltación absoluta para el Hijo. Y de esa misma manera, Dios nos recuerda entonces que él fue encumbrado a la posición más alta, lo cual implicaría que él tenía la autoridad, el derecho a la posición, a la autoridad, al poderío, a la mano derecha del Padre.
Y por eso el texto dice "por lo cual", porque Jesús estuvo dispuesto a hacer todo lo anterior, debido a eso, por tanto, Dios le confirió el nombre que es sobre todo nombre. ¿Notaste que el texto nos dice un nombre, el nombre, un nombre específico que es sobre todo nombre? Un nombre que algunos han pensado que es Jesús, pero nosotros sabemos que ese no es el nombre de su exaltación. Jesús es el nombre de su humillación, es el nombre a la hora de su encarnación. Es cierto que el texto dice que al nombre de Jesús se doble toda rodilla, pero a ese Jesús le han conferido el nombre que es sobre todo nombre, y que en un principio no es revelado ahí, pero que más adelante nosotros comenzamos a tener luz de cuál es ese nombre.
Es un nombre específico que es sobre todo nombre que haya sido recibido por parte del Mesías. Está por encima de Mesías, por encima de Alfa y Omega, por encima de Hijo del Hombre, por encima del Santo de Israel. Es el nombre que está sobre todo nombre y que ha sido dado al Hijo después que, en su función como Jesús y su paso por la tierra, él cumplió a cabalidad con todos los requisitos dados por el Padre para con él.
Y entonces dice que al final toda criatura en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra confesará que Jesucristo es Señor. Kyrios en el griego. Ese es el nombre. Yo te voy a explicar por qué ese es el nombre que es sobre todo nombre, y los teólogos concuerdan con eso.
Hoy en día no todo el mundo llama a Jesús Señor. Algunos lo ignoran, otros lo odian, otros lo rechazan, otros lo ignoran de una manera irreverente. Pero llegará el día en que todo el mundo ha de confesarlo como es. Yo no me imagino exactamente cómo eso será, pero me imagino que habrá un momento en que su presencia, su figura, su autoridad será tan evidente, tan abrumadora, que quizás la respuesta sea semejante a la respuesta de este hombre que estaba endemoniado, que estaba poseído, y que tan pronto Jesús aparece, él grita y dice: "¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?" Jesús no había pronunciado una sola palabra, Jesús no lo había confrontado, y el demonio está completamente atemorizado, intimidado, dice: "¿Qué tengo yo que ver contigo, Hijo del Dios Altísimo?", en reconocimiento de quién era. Yo me imagino que pudiera ser algo como eso.
O quizás es algo como cuando tú y yo estamos en un lugar oscuro, de poca luz, y de repente salimos al exterior y el sol está quizás en su punto más brillante, y de repente decimos: "¡Wow, qué sol tan fuerte está hoy!" El sol no ha hablado, el sol no ha hecho nada, no ha dicho nada, y nosotros estamos reconociendo la intensidad de su luz de una manera audible. Quizás es eso, que va a llegar el momento en que la gloria del Hijo va a ser tan claramente develada, que todo el mundo que le vea tendrá que reconocer, de manera hasta involuntaria quizás, que él es Señor del universo. Quizás algo así será.
Kyrios. Kyrios es la palabra griega para Señor, y es la palabra griega para Yahvé en el hebreo. El nombre que Dios usa, con el cual él se identifica, es Yahvé. Yahvé es el nombre que Dios le da a Moisés cuando Moisés le dice: "Cuando yo vaya a Egipto, me pregunten quién, cuál es el nombre del Dios que te envía, ¿qué les diré?" Dios dijo: "Yahvé", traducido al español: "Yo soy". ¿Te acuerdas cuando la autoridad de Cristo, su origen, de dónde él venía, su edad, su procedencia estaba en cuestionamiento, y Cristo dijo: "Antes de Abraham, Yo soy"? Yahvé. Él estaba identificándose con el mismo Yahvé que se le apareció a Moisés.
Ahora estamos diciendo que la palabra "Kyrios" es la forma griega de Yahvé, y lo estamos diciendo por una razón. Yahvé es el nombre que el judío temía tomar en vano. Yahvé es el nombre propio de Dios; Dios lo reveló, y lo vamos a ver en un momento, en el Antiguo Testamento. Es el nombre protegido por el tercer mandamiento de la ley de Dios, y ellos se atemorizaron por eso. Evitaban su pronunciación o aun su escritura, tanto así que cuando la Septuaginta escribió la traducción del hebreo, del Antiguo Testamento en hebreo al griego, 6,156 veces el nombre Yahvé es sustituido por Kyrios. No hay en el griego de Filipenses, que este es el idioma en que se escribió, la palabra hebrea Yahvé, sino el nombre griego Kyrios que sustituía al nombre Yahvé en el hebreo.
De tal forma que los teólogos entienden que lo que Pablo está diciendo es que el nombre que el Hijo recibe, que es sobre todo nombre en su exaltación, es el nombre Yahvé. El nombre con el cual Él mismo se identificó cuando dice: "Antes de Abraham, satisfacerla soy". Antes de Abraham, satisfacerla soy el Señor, satisfacerla soy Yahvé, el nombre con el que Dios se le reveló a Moisés.
Escucha lo que Dios dice en Isaías 42:8: "Yo soy el Señor, ese es mi nombre". Lo he visto: "Yo soy el Señor", pero el Señor ha sido introducido por La Biblia de las Américas, por la traducción de las Américas; es Jehová. "Yo soy Jehová, ese es mi nombre. Mi gloria a otro no daré, ni mi alabanza a imágenes talladas". Es ese mismo profeta Isaías que Dios usa para exaltar la gloria de su nombre Jehová.
Escucha otra vez a Isaías en el capítulo 45. Si tú quieres un capítulo de la Biblia, y solamente uno, que exalte la soberanía, el control, la gloria, la majestad de nuestro Dios, este capítulo 45 de Isaías es el capítulo. Y el texto dice en los versículos 5 y 6: "Yo soy Jehová y no hay ningún otro. Fuera de mí no hay Dios. Yo te ceñiré aunque no me has conocido, para que sepan que desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, no hay ninguno fuera de mí. Yo soy Jehová y no hay otro".
Pero inmediatamente después, en el 23, escúchame ahora, porque esto es lo que me conecta con Filipenses: "Por mí mismo he jurado. Ha salido de mi boca en justicia una palabra que no será revocada: que ante mí, dice Jehová, se doblará toda rodilla y toda lengua jurará lealtad". Es el cumplimiento en Filipenses. Ante mí, Jehová, Yahvé, se doblará toda rodilla, confesará toda lengua. Y Pablo dice: ese es el nombre sobre todo nombre que el Padre le confiere al Hijo en su exaltación, de tal manera que cuando sea pronunciado y Jesús esté presente, toda creación responderá en adoración.
¿Te imaginas ese día? Eso es lógico y tiene sentido si lo que dice Colosenses 1:16 es correcto: todo fue hecho por Él y para Él. Si todo fue hecho para Él, tiene sentido que todo se postre ante Él. Eso es consistente con las palabras de Jesús en Juan 5:22, cuando Él dice que el Padre le confirió al Hijo todo juicio. Si Él es exaltado a lo sumo y Él es la figura ante la cual se postrará toda la creación, entonces tiene sentido que Él sea el que ha de ejecutar todo juicio.
Ahora, eso que Pablo proclama en Filipenses, que es algo que va a ocurrir en el futuro, nosotros lo vemos en cumplimiento en el libro de Apocalipsis, cuando Juan tiene esta visión de algo todavía a futuro, pero donde Juan puede ver que ciertamente lo que Pablo dice en Filipenses 2 ha de ocurrir.
Escucha lo que dice Apocalipsis 5 a partir del versículo 11: "Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes y de los ancianos; y el número de ellos era miríadas de miríadas y millares de millares, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza. Y a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra —eso es Filipenses— y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos".
Al Cordero que ha sido entronizado, que está en los cielos a la diestra del Padre, a quien se le ha conferido un nombre que es sobre todo nombre, Yahvé, todo ser angelical en el cielo se postrará, todo ser humano en la tierra se postrará, todo demonio debajo de la tierra se postrará y confesará que Jesús es Señor, para la gloria de Dios Padre, dice el texto. No hay criatura que ha de resistir su autoridad, o su nombre, o su poder, o su juicio. Todos nos postraremos.
La humillación de Jesús trajo gloria al Padre porque proveyó el camino de retorno al Padre, el camino de perdón de los pecados. La exaltación de ese texto es para la gloria del Padre, porque al Padre le glorifica ver a su Hijo que, después de haberlo visto humillado en su peor condición, la condición más debilitada posible, más vergonzosa posible, al Padre le glorifica que, habiendo Él pasado por la tumba, ahora lo tenga exaltado en gloria, devolviéndole al Hijo aquello de lo cual Él se despojó.
El Hijo no está siendo exaltado a una posición más alta que la que Él tenía anteriormente; eso es una imposibilidad. Él, Dios, la segunda satisfacerla persona de la Trinidad, siempre ha tenido la misma posición exaltada. De hecho, esto es simplemente la respuesta a la oración del Cordero en el aposento alto, cuando nosotros leemos en Juan 17:5: "Padre, te pido que me devuelvas la gloria que compartía contigo desde antes de la satisfacerla fundación del mundo". Aquí está ahora la gloria siendo devuelta en respuesta a tu oración, Hijo, y en cumplimiento de lo que me has pedido. La supremacía del Hijo siendo reconocida por la creación glorifica al Padre.
Ahora escucha una vez más. Pablo no ofrece esto como un tratado teológico, de manera que nosotros tenemos que comenzar a aterrizar esto y ver de qué manera su humillación, su exaltación, tiene las implicaciones para las cuales Pablo entregó este pasaje en medio de una carta sumamente práctica para una iglesia con problemas.
Yo puedo proclamar el señorío de Cristo de dos maneras: o con palabras o con hechos. Pero yo debiera proclamar el señorío de Cristo con palabras y con hechos. Si la iglesia de Filipos, que está teniendo problemas y rencillas, entiende la humillación de Cristo en su encarnación y entiende su exaltación y señorío, ese sería el fin de todos sus problemas. Esa es la razón por la que Pablo les está ofreciendo esto. Y ya decía que yo pudiera proclamar el señorío de Cristo en palabras o en acción, o dicho de otra manera, en palabras y con hechos.
Escucha a Cristo directamente llamando la atención sobre esto que yo acabo de decir de otra forma. El texto de la exaltación de Cristo es un texto completamente acerca de su señorío sobre la creación, y en el contexto, la iglesia de Filipos, si vives el señorío, no tendrías esos problemas que están teniendo. Escucha a Jesús en Lucas 6:46: "¿Y por qué me llamáis Señor, Señor —es el señorío— y no hacéis lo que yo digo?". ¿Por qué me confiesas Señor y me niegas con los hechos? ¿Por qué no afirmas con tus hechos mi señorío, que confiesas con tu boca? En esencia, eso es lo que Cristo le está preguntando a sus seguidores en este momento.
El texto que estamos exponiendo hoy, del nueve al once, es conocido como la exaltación de Cristo, y el anterior era la humillación de Cristo. Pero al momento de la exaltación, Él está siendo coronado como Kyrios, Señor. Y cuando hablamos de Señor, estamos pensando en alguien que es dueño, que es amo, y que en este caso es dueño de mi vida, es soberano sobre mi vida, me ha comprado por un precio, y por tanto yo no tengo ya potestad sobre mi vida.
Yo necesito tomar cada decisión en vista de que yo le pertenezco a alguien a quien yo llamo Señor. Y las decisiones pueden ser tan sencillas como cuando yo estoy a nivel de graduarme en la secundaria y yo quisiera estudiar en la universidad. Yo creo que mi Señor, que me compró, tiene una opinión acerca de qué yo debo estudiar, y quizá yo debo estar en oración pidiendo dirección para saber en qué dirección mi Amo quiere que yo vaya. Pero vivimos tomando decisiones aparte del señorío de Jesús. Señorío implica el ejercicio de la autoridad del Señor en todas las áreas de mi existencia. Yo necesito buscar su voluntad y someter mi pensamiento y mi vida a su voluntad, si yo he de proclamar su señorío y no oír las palabras de Jesús: "¿Por qué me llamas Señor, Señor? ¿Por qué me proclamas dueño de tu vida con tus labios y me niegas con tus hechos?".
Ahora escucha cómo nosotros lo hacemos. Pensamos en algunas áreas de nuestras vidas que están fuera de su señorío y las comenzamos a someter. Entonces sometemos, a manera de ilustración, el área número uno, tres, cinco, siete y nueve. Y nos convencemos de que nosotros vivimos el señorío de Cristo. ¿Y Cristo me deja tranquilo? Dice: "No, no, no, espera, espera. Yo necesito ser Señor del área dos, cuatro, seis, ocho y diez". "No, no, no, no, no. Yo sometí uno, tres, cinco, siete, nueve. Eso es suficiente". Y esas áreas las ponemos a relucir de tal manera que podamos decir, y otros ver, que ciertamente yo vivo el señorío de Cristo. Y Cristo dice: "No, no, no. Tú tienes áreas en rebelión donde yo todavía no estoy ejerciendo señorío".
Para que Cristo pueda verdaderamente ser Señor de todas las áreas de mi vida, yo necesito la misma mente que hubo en Cristo Jesús. ¿Cuál fue esa? ¿Cuál fue esa mente? La misma actitud mental que hubo en Cristo Jesús. Él tuvo una mente sumisa a los propósitos de Dios. Él tuvo una mente sumisa a la voluntad de Dios. Es posible nosotros lucir sometidos externamente y tener una mente en rebelión. Jonás lo hizo. Cuando no me queda de otra, bueno, pues qué voy a hacer, tengo que aceptar la voluntad de Dios. Pero la mente no está en paz, está en cuestionamiento, está airada, está molesta, la mente está en torbellino. Como Jonás, todo el tiempo, que cuando Dios lo encuentra al final de la historia dice: "Jonás, ¿tienes derecho a estar airado?". "Pues sí, tengo derecho hasta la muerte". Pero dice: "Tu voluntad, Señor".
No, Dios no quiere un señorío a eso alejado. No, no, no, no, no, no. Él quiere una mente sumisa. Nota que a la hora de describir la humillación de Cristo, la encarnación de Cristo, es con la mente que comienza: "Que haya, pues, en vosotros..." La América dice "actitud", pero el texto original dice "froneo", que es una actitud, pero mental. Esta disposición mental que hubo en Cristo Jesús. No puedes humillarte a la manera de Cristo si la mente primero no ha sido sometida a la sumisión.
Y antes entonces de yo tener una mente sumisa, yo necesito una mente espiritual, una mente que pueda evaluar las circunstancias de mi vida y las enseñanzas de la Palabra a la luz de cómo las circunstancias afectan la causa, el reino de Cristo, y no cómo me afectan a mí personalmente, como hablamos en un sermón reciente. Esa es la mente espiritual, la mente madura.
Escúchame, si tú te conviertes en el día de ayer, hoy en la mañana tú todavía tienes una mente carnal. Tiene todos los hábitos de la vida anterior y tienes a pensar carnalmente. Esa mente tiene que morir. Y la mente espiritual, nutrida por Su Palabra, cultivada por Su Palabra, abonada por Su Palabra, necesita surgir. Que es una mente que va a comenzar a ver la vida, evaluar la vida, las circunstancias, lo que a mí me pasa, lo que a nosotros nos pasa, no en términos de cómo nos afectan, nos hieren, nos duele, nos ofenden, nos disgusta. No, sino en términos de cómo beneficia el reino de los cielos.
Es esa mente espiritual entonces que puede evaluar las circunstancias y entonces pasar a ser una mente sumisa, dispuesta entonces a activar la voluntad para hacer lo que Cristo hizo: que se despojó a sí mismo y no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse.
La mente carnal, hermanos, pensamos muchas veces que es la mente sensual, pero no es eso. Eso es parte de la mente carnal. La mente carnal o el pensamiento carnal es todo pensamiento que Cristo no pensaría. ¡Wow! ¿Te imaginas cuán carnal es nuestra mente?
Es la razón. ¿Por qué tú piensas que en esta misma carta donde Pablo está tratando de que estas reconciliaciones han salido a la luz con dos hermanas, pero que Pablo está tratando en esta carta de traerlos a la reconciliación, es exactamente la misma carta donde él les dice en 4:8? "Por lo demás, hermanos..." Ya les ha hablado mucho. "Por lo demás, en el tiempo que me queda por tener esta carta, todo lo verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad."
¿Qué les está haciendo Pablo? Filipenses están meditando de muchas cosas que no son dignas, son indignas de una mente de Cristo, no son amables. Estas cosas que estas dos hermanas tienen, no están siendo amables la una para con la otra. De hecho, muchos de ustedes, les está diciendo Pablo, quizás están elucubrando, haciendo especulaciones acerca de qué pasó entre ellas. Eso no corresponde a lo verdadero. Esto comienza con "todo lo verdadero", no especulativo. No es verdadero, y si no es verdadero no es digno, y si no es digno no es justo, y si no es justo no es puro, y si no es puro pues no es amable, y si no es amable tampoco es honorable, y si no es nada de eso pues no tiene ninguna virtud. Y por tanto, si algo no tiene virtud, pues no piensen eso. Pero si algo tiene virtud, en esto pensar. Y todo eso tiene que ver con la humillación y la exaltación de Cristo. Esto es como Pablo está ofreciendo, ese es el contexto.
Y para los que ya no se enterasen, recordar las palabras del Señor Jesucristo: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no obedecéis lo que os digo?" El Señor nos dijo cómo comportarnos, cómo humillarnos, cómo tratar al hermano. ¿Por qué no lo haces? Porque no lo recuerdas.
El viernes yo estaba en Santiago en la noche, predicándole a un grupo de misioneros, y el tema que me asignaron fue "La Gran Comisión a la luz de la cruz". Yo no tengo tiempo para mencionar todas las cosas que comentamos, pero una de las cosas que yo les decía es: la mies es mucho, los obreros sí, pero gran parte de la razón por la que la mies no está siendo recogida es porque los obreros que están yendo no están llevando el mensaje que Cristo nos dejó. Él nos dijo cómo hacer discípulos.
Una de las cosas que les decía yo a ellos, que a mí me anima a la hora de Redentor, es que yo no tengo que crearla, inventarla, recrearla, producirla. Yo no tengo que hacer el modelo. A mí me la dieron, el diseño está ahí. Entonces yo les hablaba de esa Gran Comisión. Escuchen lo que Cristo dijo: "Id por todo el mundo y haced discípulos." Y luego nos dice un versículo o dos después cómo hacer los discípulos: "Enseñándoles a obedecer todo lo que os he enseñado." ¿Tú crees que eso es Su señorío?
Una pregunta, hermanos: ¿cuál parte de "todo" tú y yo podemos desobedecer? "Enseñándoles a obedecer todo lo que yo os he enseñado." Eso es Su señorío.
Yo quise traer esto hoy porque hoy en día yo creo que tenemos una crisis de señorío que alcanzó su punto álgido. Bueno, yo creo que no alcanzó la explosión en la década de los 80 y hoy nosotros vemos los estragos. Yo recuerdo perfectamente, mi esposa te puede afirmar esto, recuerdo perfectamente cuando se produjo, porque teníamos unos años viviendo en Estados Unidos y apenas teníamos unos años de haber entrado a la fe cristiana, y comenzamos a ver esta controversia protagonizada por Charles Ryrie en un campo y antagonizada por John MacArthur. Y la pugna era si tú puedes ser salvo sin proclamar a Cristo Señor. Y Ryrie y otros defendían esa posición, y MacArthur y otros contrarrestaban esa posición.
Déjame leerte un video de esa época, un video producido para evangelizar de una manera que a la hora de ir a evangelizar tú supieras qué preguntas hacerle a los que tú ibas a evangelizar y cuál pregunta no hacer. Escucha el video. Este es el narrador. Primera pregunta: "¿Dirías tú a alguien: quieres dar tu corazón a Cristo?" Respuesta: "Tú nunca debes decir o preguntar a nadie si quiere dar nada a Cristo. Nunca preguntes si quiere dar su vida a Cristo. Solo pregunta si cree." Pregunta número dos: "¿Quieres entregar o someter tu vida a Cristo?" Respuesta: "Falso. Nunca le preguntes a nadie si quiere entregar o someter su vida." Tercera pregunta: "¿Quieres comprometer tu vida con Cristo?" Respuesta: "Falso. Nunca le pidas a nadie que haga eso." Cuarta pregunta: "¿Confiesas a Cristo como Señor de tu vida?" "Falso. Nunca le preguntes a nadie si confiesa a Cristo como Señor de su vida." Pregunta número cinco: "¿Te arrepientes de tus pecados?" Respuesta: "Falso. Nunca le preguntes a nadie si se arrepiente de sus pecados." Pregunta número seis: "¿Estás dispuesto a dejar atrás tu pecado?" Respuesta: "Falso."
Fin del video. El narrador dice: "Basta con que le preguntes a esa persona si cree que Cristo murió por sus pecados." No, mil veces no. Los demonios saben eso y tiemblan. ¿Te das cuenta que lo que comenzó hace 20, 25 años, hoy es una crisis monumental del señorío de Cristo en la vida de los individuos? Yo no creo que Ryrie podía saber lo que estaba tratando de producir. Ryrie escribe en ese momento libros como "So Great Salvation" y MacArthur responde con "The Gospel According to Jesus". Qué gran salvación, y MacArthur responde con "El Evangelio de acuerdo a Jesús", no de acuerdo a Ryrie.
¿Te das cuenta que estas cosas tienen implicaciones prácticas monumentales? El señorío de Cristo implica autoridad absoluta, y autoridad absoluta implica sometimiento absoluto y obediencia absoluta. Que no lo queremos alcanzar porque nuestra naturaleza humana no podemos, cierto, pero las implicaciones son que solamente obediencia absoluta se conforma a la ley de Dios, lo cual nos vuelve a hablar de nuestra necesidad de Cristo y de crucificar nuestra carne. ¿Cómo nosotros podemos llegar a unas conclusiones de esa naturaleza con esas respuestas?
Compara esas respuestas con esto que yo te voy a leer de los labios del Señor Jesucristo, Mateo 10:32-39: "Por tanto, todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos. No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su misma casa. El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que haya hallado su vida, la perderá; y el que haya perdido su vida por mi causa, la hallará."
Nadie está por encima de mí. No hay padre, no hay madre, no hay hijo, no hay nuera, no hay suegra, no hay suegro, no hay vecino, no hay primos, no hay amigo. Nadie está por encima de mi señorío. Yo soy Señor absoluto sobre toda la creación, y el que no lo viera de esa manera no es digno de mí. Eso dijo Jesús.
Es lo que Pablo le está diciendo entonces a los filipenses en el ejemplo de humillación, encarnación y exaltación del Señor Jesús. Filipenses, la encarnación de Cristo y la humillación de Cristo, su modelo, su ejemplo, su mente, su despojo de todo derecho, posición, autoridad, debiera despojarnos a todos nosotros de toda pretensión, de todo sentido de superioridad. Que Pablo les dice: "Considerad al otro como superior a vosotros." De todo orgullo, de toda demanda, de toda actitud defensiva, de todo resentimiento, de toda la reconciliación que era la situación en Filipo.
Su humillación hasta lo sumo, su entrega, su actitud de despojo, el hecho de estar dispuesto a no considerar la igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, implicaría para nosotros y para los filipenses que nosotros no deberíamos estar reclamando estas cosas que reclamamos. Y les está diciendo en esencia: "Evodia, Síntique, saben qué, despójense de esas reconciliaciones, resentimientos, falta de perdón, pretensiones, sentido de superioridad. Miren la cruz."
Y luego mira la gloria: él ha sido exaltado, él es el amo, vosotros los siervos. Por tanto, vosotros siervos todos debéis obediencia absoluta al amo. Y el amo ha venido y nos ha dejado un ejemplo que debiéramos imitar. En esencia, eso es lo que Pablo está tratando de expresarles a ellos, porque esto no es un tratado teológico; esto es una enseñanza teológica con implicaciones altamente prácticas para la vida y convivencia de la iglesia. ¡Que Dios nos dé un corazón honrado! Las herejías pues sanadas y las reconciliaciones terminadas de una manera más diestra, porque el Hijo ha sido exaltado hasta lo sumo.
Ahora no lo vemos, pero llegará el momento, hermano, en que cada nación, cada lengua, cada dialecto, cada hombre con su lengua y dialecto, cada individuo, cada institución humana y cada nación como yo decía, cada mente, cada corazón, cada voluntad, cada hombre, mujer o niño, cada esposo y esposa rebelde, cada presidente, cada rey, cada líder, cada trabajador, cada maestro, cada catedrático ateo, cada estudiante —llegará el momento en que cada individuo tendrá que confesar con su boca y doblar sus rodillas y admitir que Cristo es el Señor de toda la creación.
Ahora, lamentablemente habrá un grupo que lo hará a regañadientes: los ángeles caídos entre ellos, para quienes no hay redención, pero tendrán que hacerlo. Aquellos que le rechazaron, aquellos que quizás murieron rechazándolo, negándolo, ignorándolo, rebeldes. Escucha cómo Dios lo revela en el Antiguo Testamento. Salmo 22:29: "Todos los grandes de la tierra comerán y adorarán, se postrarán ante él todos los que descienden al polvo, aun aquel que no puede conservar viva su alma." Y en Isaías 60:14: "Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel." Todos los que te afligieron, todos los que te rechazaron, todos los que te humillaron vendrán y se postrarán ante tus pies. ¿Se alegrarán? Y dirán: "Hágase tu voluntad." Pero lo dirán a regañadientes.
Pero habrá otro grupo, hermanos. Yo espero que tú quieras estar ahí. Habrá otro grupo que pronunciará las mismas palabras, pero no dirá "que se haga tu voluntad" con amargura, sino que con brazos levantados dirá: "Señor, finalmente tu voluntad y solamente tu voluntad. Hemos sido librados de la presencia del pecado y ahora en libertad te adoramos." Y estaremos alrededor del trono blanco en adoración.
¿Tú quieres ver a ese grupo? Déjame leértelo, porque está revelada la consumación de ese grupo. Tú te mueves a Apocalipsis, dos capítulos más, y te vas al capítulo 7, versículos 9 al 11. Escucha a Juan donde él está viendo la realización, la consumación de Filipenses 2: "Después de esto miré —dice Juan— y vi una gran multitud que nadie puede contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono." Y escucha delante de quién más: "Y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos" —palmas de gozo, hermano, de celebración— "y clamaban a gran voz diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está en el trono y al Cordero. Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios diciendo: Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén."
Amén. A nuestro Dios, al Cordero, sea la gloria, la alabanza. A ti, Jesús, el gran Dios exaltado. ¡Aleluya! Tú eres nuestro Dios, tú eres nuestro buen y gran Dios. ¿Imaginas ese día? Les leí lo que decía: que había multitudes de todas las naciones y todos los ángeles estaban alrededor. Ese es el momento en que toda criatura en el cielo, todo hombre en la tierra, todo demonio debajo de la tierra tendrá que confesar que ya, bajo el nombre conferido a Jesús que es sobre todo nombre, tendrá que doblar las rodillas y reconocer que él es Señor. ¿Imaginas? Imaginas el gozo, la gloria, la libertad, la paz, el reposo. Yo creo que es esa visión extraordinaria lo que hace que todo el mundo tenga que confesar.