Integridad y Sabiduria
Sermones

Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe

Miguel Núñez 27 noviembre, 2016

La iglesia de Corinto representa un caso extremo de una congregación que, a pesar de haber recibido el evangelio genuino, persistía en pecados graves: inmoralidad sexual tan escandalosa que ni siquiera se encontraba entre los paganos, divisiones que fragmentaban el cuerpo en bandos rivales, y una corrupción de la cena del Señor donde algunos se embriagaban mientras otros pasaban hambre. La situación llegó a tal punto que Dios mismo intervino con disciplina severa: muchos enfermaron y otros murieron.

Es en este contexto que Pablo lanza su exhortación final: "Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis en la fe". Pero el apóstol no está sugiriendo que todos sean incrédulos, sino volteando la moneda hacia quienes cuestionaban su autoridad. Si los corintios reconocen que Cristo vive en ellos, deben preguntarse: ¿por medio de quién y de qué mensaje llegaron a la fe? La respuesta inevitable apunta al ministerio de Pablo. Su autenticidad no se demuestra con autoritarismo ni imposición, sino precisamente con lo que ellos despreciaban: mansedumbre. Cristo fue crucificado en aparente debilidad, pero vive por el poder de Dios. De igual manera, Pablo acepta parecer débil si eso significa que ellos sean fuertes espiritualmente.

El corazón pastoral de Pablo brilla al final: escribe con advertencias severas no porque desee aplicar disciplina, sino para que cuando llegue no tenga que hacerlo. Prefiere aparecer como reprobado él mismo si con eso los corintios hacen lo bueno y alcanzan madurez. La autoridad apostólica existe para edificación, no para destrucción.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos sanados para vivir en su bondad! Es bueno contar con un Salvador como el nuestro, el único, porque no hay otro.

Yo quiero invitarte a que abras la Palabra de Dios. El texto del día de hoy está en la segunda carta a los Corintios, capítulo 13, pero por razones que explicaremos más adelante, vamos a revisar algunos pasajes de la primera carta a los Corintios también. De forma que si quieres abrir tu Biblia en la primera epístola de Pablo a los Corintios en el capítulo 5, donde vamos a estar revisando algunas cosas, y tener marcada la segunda epístola también. El texto de hoy lo vamos a leer un poco más adelante.

En la manera como está escrito es un tanto complejo, de manera que yo voy a hacer una larga introducción haciendo uso de la primera epístola, precisamente para ayudar a algunos que están menos familiarizados con la condición de la iglesia de Corinto a entender mejor por qué Pablo está cerrando una carta con llamados de atención y todavía señalando pecados, cuando uno esperaría que la carta termine en un tono mucho más alto, mucho más estimulante quizás. Pero cuando tú veas parte de la historia de esa iglesia, creo que vas a entender mucho mejor por qué Pablo está todavía siendo tan enfático al final de esta carta con cosas que verdaderamente afectan la salud de la iglesia si no son atendidas.

Yo quería mencionar como parte de esta entrada: el título de mi mensaje es "Examinaos para ver si estáis en la fe". Quizás algunos de ustedes ya lo vieron en el boletín, pero esa frase viene del versículo 5 del texto que vamos a leer como mensaje para hoy y viene de la Reina Valera del 60. La Biblia de las Américas tiene una frase muy similar y dice: "Poneos a prueba para ver si estáis en la fe". La Nueva Traducción Viviente lo dice de esta manera: "Examínense para saber si su fe es genuina".

A lo largo de esta carta la iglesia supo cuestionar a Pablo en diferentes momentos, como hemos venido mencionando. Y ahora, al final de esta carta, Pablo como que voltea la moneda y los pone a ellos a examinarse para ver a qué conclusión ellos llegan, como vamos a ver más adelante. Porque la conclusión a la que ellos lleguen acerca de su salvación va a hablar o no a favor de lo genuino que era el ministerio de Pablo. Pero por ahora simplemente nos quedamos ahí, y quería mencionar esas cosas porque aun en una frase, buscarla en diferentes traducciones, y estas son buenas, nos ayuda a entender mejor qué es lo que Pablo está ayudándonos a comprender acerca de lo que les está expresando.

Y a pesar de que ya mencioné que nuestro texto está en la última parte, en el último capítulo de la segunda carta a los Corintios, yo voy a comenzar leyendo los dos últimos versículos del capítulo 12, el capítulo anterior, porque esto está conectado y es una continuación del final de este capítulo que leímos hace un par de semanas atrás.

Leamos otra vez, 2 Corintios capítulo 12, versículos 20 y 21: "Porque temo que quizás cuando yo vaya, os halle que no sois lo que deseo, y yo sea hallado por vosotros que no soy lo que deseáis. Escucha: que quizá haya pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancias, desórdenes. Temo que cuando os visite de nuevo, mi Dios me humille delante de vosotros, y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado".

Quizás algunos de ustedes no están familiarizados con la historia de esta iglesia, a la que Pablo tiene que amenazar al final de su segunda carta con la aplicación de disciplina de una manera severa. Pero si tú tomas tres palabras que aparecen en el versículo 21 —impureza, inmoralidad y sensualidad— tú sabes que estas cosas no pueden ser pasadas por alto sin que la salud de la iglesia se afecte.

Y esta es la razón por la que yo quiero visitar algunos de los pasajes de la primera carta de Pablo a esta iglesia, para que puedas entender mejor por qué, cuando leamos más adelante que Pablo los está amenazando con no ser indulgente y con ser severo quizás, tú puedas entender mejor cuál es el trasfondo detrás. Sin lugar a dudas que esta iglesia tuvo un grupo de personas creyentes, como Pablo mismo va a afirmar, pero tenía que haber entre ellos un grupo de personas no creyentes que habían contribuido a dañar la iglesia, a infectar la iglesia si pudiéramos decir. Y fue una iglesia caracterizada por una alta pecaminosidad y al mismo tiempo por un grado significativo de división.

Leamos parte de lo que Pablo escribe en 1 Corintios, en su primera carta, capítulo 5, versículos 1 y 2: "En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros".

Pablo está alarmado con la insensibilidad de esta iglesia hacia la inmoralidad, hasta el punto que hay una persona que asiste a la iglesia que está viviendo con la esposa de su padre. Imaginamos era su madrastra. Y ustedes no han hecho nada. A ver, ¿ustedes están orgullosos de esa situación?

Pablo continúa en este mismo capítulo 5 instruyendo a la iglesia acerca de qué cosas hacer cuando este tipo de pecado u otros similares invaden la iglesia. Nosotros leemos, por ejemplo, en los versículos 9 en adelante, todavía en el capítulo 5 de esa primera carta. Escucha lo que Pablo dice: "En mi carta os escribí —una carta anterior— en mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales. No me refería a la gente inmoral de este mundo, a los avaros y estafadores y a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo".

En otras palabras, tú vives en un mundo de pecado, la gente que no conoce a Cristo va a vivir en medio de dichos pecados, tú no te puedes separar de ellos. "Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno —aquí viene— que llamándose hermano es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ese ni siquiera comáis".

El problema para nosotros no está con la gente del mundo que está allá afuera, porque ellos van a vivir en pecado. Ellos no conocen otro estándar, ellos no tienen la sensibilidad del Espíritu, no conocen la Palabra. El problema está con alguien que se llama cristiano, y llamándose cristiano entonces vive una vida de pecado, con lo cual está manchando el nombre de Cristo, está deshonrando su iglesia, le está dando una mala reputación, una ofensa tanto a la santidad de su nombre como a la santidad de aquellos que han sido comprados y lavados por la sangre de Cristo. Y Pablo dice: si eso existe entre vosotros, con los tales ni siquiera comáis.

Y eso comienza a darte una idea, pero no termina, comienza a darte una idea de que esta fue una iglesia verdaderamente en problemas. Esta fue una iglesia que no sé ni cómo Pablo pudo continuar pastoreándola, pero su corazón, su tremendo corazón de pastor, continuaba preocupado por ellos y continuaba ministrándoles.

Cuando tú llegas al capítulo 11, tú comienzas a entender todavía más cuán amplio era este problema de pecado en esta iglesia, e incluso vas a entender en un momento hasta dónde Dios tuvo que llegar para disciplinar y corregir a esta iglesia.

En el capítulo 11, haciendo un "fast forward" como decimos, yendo rápido hacia adelante, en el versículo 17 en adelante nosotros leemos lo siguiente: "Pero al daros estas instrucciones, no os alabo, porque no os congregáis para lo bueno sino para lo malo". ¿Te imaginas? Cuando ustedes se reúnen, no se congregan para hacer lo bueno sino para hacer lo malo. "Entonces en primer lugar, oigo que cuando os reunís como iglesia hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo. Porque es necesario que entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados. Por tanto, cuando os reunís, eso ya no es comer la cena del Señor, porque al comer, cada uno toma primero su propia cena, y uno pasa hambre y otro se embriaga. ¿Qué? ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios y avergonzáis a los que nada tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré?"

Corintios, ustedes tienen un grave problema. Ustedes se reúnen, y cuando se reúnen, en vez de estar unidos en un mismo sentir, con una misma meta, de un solo corazón, cantando a una sola voz, lo que hay es divisiones entre ustedes. De hecho hay bandos, y tú lees acerca de eso en el capítulo 1, cuando uno decía que era de Pedro, el otro era de Pablo, el otro era de Cristo, porque el duro pensaba que no iba a seguir ningún nombre.

Pablo dice de manera interesante, y nos ayuda a entender algunas cosas, que las divisiones muchas veces son permitidas por Dios porque Dios tiene un propósito en permitirlas. Escuchen los versículos 18 y 19: "Hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo, porque es necesario —necesario, una necesidad— que entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados".

En otras palabras, cuando ocurren estas situaciones en las iglesias, aquellos que tratan de permanecer unidos, aquellos que tratan de ser pacificadores, dan muestra de que la aprobación de Dios está sobre ellos. Aquellos que mantienen la división, que procuran la división, son los que dan evidencias de que no han sido aprobados por Dios. Y eso es algo que Dios ha mostrado a lo largo de toda la historia, de toda la historia redentora.

Si vas tan hacia atrás como el libro de Éxodo, te encontrarás que en un momento dado, cuando Coré se levanta con 250 otros líderes y viene y cuestionan a Moisés, Dios se hizo cargo de tal cosa, y en un momento dado hizo que la tierra se abriera y se tragó a Coré, su familia con todo el resto, y 250 personas murieron en un solo día. Y es que la unidad del cuerpo de Cristo habla bien de una iglesia, y la división hace todo lo opuesto: desacredita el nombre del Señor.

No podemos olvidar que en el aposento alto Jesús le pide al Padre que nosotros seamos uno, como Él y el Padre son uno, con la intención de que el mundo sepa que tú me enviaste. De manera que la misión de Cristo, y ahora la misión nuestra de ser enviados al mundo, está íntimamente relacionada a la unidad que ese mundo puede ver entre nosotros. Los corintios habían comprometido esa unidad, pero habían hecho más que eso.

Los corintios habían comprometido la Cena del Señor. En un momento dado se estaban reuniendo, y al momento de celebrar la Cena, los corintios estaban tergiversando el propósito de la Cena. En vez de recordar, como un memorial, lo que Cristo hizo, algunos estaban comiendo de más y dejando a otros con hambre, y otros estaban bebiendo de más y hasta embriagándose en la Cena del Señor. Y las cosas llegaron a un punto que Dios tuvo que intervenir y disciplinar la iglesia de manera severa, de forma tal que cuando Dios nos manda ahora a ejercer disciplina en la iglesia, parte de lo que Dios está haciendo es dándonos no solamente la autoridad, sino los medios para llevar a cabo una disciplina que impida que Él tenga que hacer algo peor.

Escucha entonces cómo Dios tuvo que intervenir en Corinto, en ausencia de Pablo, que ahora, como vamos a leer más adelante, está proponiéndose regresar a poner las cosas en orden. Escucha lo que Dios dice en esa primera carta, todavía en el capítulo 11, versículos 27 al 32: "De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí."

Escucha ahora: "Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre vosotros, y muchos duermen." Por esta razón, de haber comprometido la Cena del Señor, Dios intervino hasta el punto que enfermó a algunos. Escucha como dice: "y muchos duermen." No algunos, muchos perecieron. Dios directamente intervino en la disciplina de la iglesia y le quitó la vida a muchos que de esa manera comprometieron la Cena del Señor. "Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados." Es la idea de la disciplina: vamos a juzgarnos nosotros para que Dios no tenga que hacerlo. "Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo."

Ahora tú tienes una mejor idea de qué clase de iglesia era esta iglesia a la que Pablo ahora les escribe estas palabras que son el texto del mensaje de hoy. De manera que mi sermón comienza ahora, porque es el texto del día de hoy. Bueno, exactamente ya comenzamos el sermón, pero yo quisiera que tú pudieras leer conmigo el capítulo 13 de la segunda carta a los Corintios, versículos 1 al 10.

"Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos. Dije previamente cuando estuve presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente lo digo de antemano, a los que pecaron anteriormente y también a todos los demás, que si voy otra vez no seré indulgente." Hay como una amenaza que Pablo está haciendo, o una advertencia. "Puesto que buscáis una prueba del Cristo que habla en mí, el cual no es débil para con vosotros, sino poderoso en vosotros. Porque ciertamente Él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en Él; sin embargo, vivimos con Él por el poder de Dios para con vosotros."

"Poneos a prueba" —este es el versículo— "para ver si estáis en la fe. Examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros? A menos de que en verdad no paséis la prueba. Mas espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y rogamos a Dios que no hagáis nada malo, no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros aparezcamos reprobados. Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solo a favor de la verdad. Pues nos regocijamos cuando nosotros somos débiles pero vosotros sois fuertes. También oramos por esto: que vosotros seáis hechos perfectos. Por esta razón os escribo estas cosas estando ausente, a fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad, según la autoridad que el Señor me dio para edificación y no para destrucción."

Ese es un texto un tanto complejo, no por las ideas que contiene, sino por la manera como Pablo desarrolla su argumento. Y lo primero que yo quisiera que veamos es la intención de este tercer viaje. Nosotros leímos al final del capítulo 12 que entre ellos todavía había pleitos, celos, enojos, rivalidades, difamaciones, chismes, arrogancias y desórdenes. Años después de haber venido a la fe cristiana: chismes, rivalidades, celos, divisiones, difamaciones, pleitos. Todavía ustedes están creando bandos, a pesar de lo mucho que Dios ha dicho en contra de la división.

Cuando Pablo les escribió a Tito, en el capítulo 3 versículo 10, le dice: "Al hombre que causa divisiones, después de la primera y segunda amonestación, deséchalo." Eso nos da una idea de cuán vital es para Dios mantener la unión del cuerpo de Cristo. Estos pecados de convivencia, como yo les llamaba —los pleitos y disensiones, envidia— estos son pecados de convivencia. No solamente hieren a aquellos que están involucrados, sino que hieren los corazones de los pastores que ven las rivalidades, ven los alejamientos, ven las maneras como el cuerpo de Cristo muchas veces se divide. Y Pablo dice: "Yo temo que yo tenga que llorar" —capítulo 12, al final— "por algunos de ustedes que todavía no se han arrepentido y que pecaron anteriormente."

Y él expresó entonces su preocupación de volver a Corinto y encontrarse con situaciones similares. En cierta manera, esta advertencia de no ser indulgente y esta advertencia de quizás tener que ser severo es como una especie de estrategia santa de advertirle a los corintios, como vamos a ver, de hasta dónde él está dispuesto a llegar, para que ellos quizás se arrepientan antes de su llegada y él no tenga que hacer tal cosa.

Escucha otra vez, versículos 1 y 2 del texto de hoy: "Esta es la tercera vez que voy a vosotros." La primera fue cuando él plantó la iglesia. La segunda, a la que él alude aquí, es cuando él hace esa visita corta a la que aludimos en el capítulo 2, que fue una visita dolorosa donde él se entera que hay gente que está tratando de dividir la iglesia contra Pablo. Entonces él dice: "Por el testimonio de dos o tres testigos se juzgarán todos los asuntos." Pablo está trayendo un principio del Antiguo Testamento, desde Deuteronomio 19, y practicado a lo largo de la historia redentora, de que toda verdad debía ser establecida por el testimonio de dos o tres testigos. En otras palabras: yo no pienso ser superficial, yo no pienso ser un fiscal acusador, yo voy a investigar los hechos, yo voy a encontrar testigos y yo voy a hacer uso de esos testigos. Algunos han pensado que cuando Pablo habla de dos o tres testigos se está refiriendo a sus tres viajes a Corinto, que en cada viaje él fue testigo de cosas que estaban pasando. Pero yo creo que es más natural pensar que él iba a ir y va a hacer disciplina, y antes de pasar disciplina ahí va a encontrar los testigos que avalarán que ciertamente esas cosas eran así.

Pablo dice en el versículo 2: "Dije previamente cuando estuve presente la segunda vez, y aunque ahora estoy ausente lo digo de antemano, a los que pecaron anteriormente y también a todos los demás, que si voy otra vez" —sería la tercera— "no seré indulgente." La primera vez yo fui, pasé un tiempo con ustedes, planté la iglesia. La iglesia estaba apenas comenzando, yo encontré esos pecados, no hice disciplina. La segunda vez yo fui por muy breve tiempo y me encontré con una situación dolorosa, me retiré rápidamente, también pasé por alto y decidí escribir. Esta tercera vez, si yo voy, yo no voy a ir y me encuentro con la misma situación, no voy a ser indulgente. Esto va a tomar otro color.

Ahora, Pablo en el texto de hoy menciona la intencionalidad de por qué los amenaza. Está en el versículo 10. Pablo no está como aquel que dice que amaga y no da. No, les está siendo sincero. Escucha lo que él dice en el versículo 10: "Por esto os escribo estando ausente, para no usar de severidad cuando esté presente, conforme la autoridad que el Señor me ha dado para edificación y no para destrucción." En otras palabras: Corintios, yo les escribo porque no les amenazo, para así decir, les advierto, es que mi intención, mi corazón pastoral, no quisiera tener que verse involucrado en aplicar la severidad de la disciplina, sino que yo preferiría encontrarlos en un estado de arrepentimiento.

Pablo no explica qué él quiere decir con esto de severo, pero nosotros tenemos una idea. Porque por un lado ya leímos en uno de los textos anteriores, en la primera carta, que Pablo entendía que aquel que estaba viviendo con la mujer de su padre debía ser expulsado de en medio de ellos. Y ahora, en esa misma primera carta, en ese mismo capítulo 5, Pablo se refiere a esa persona. Escucha lo que dice: "Entregar a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús."

Nosotros no tenemos completamente claro lo que implica entregar a alguien a Satanás, pero lo que pensamos es que cuando tú expulsas a alguien de la iglesia, eso equivaldría a entregarlo a Satanás en este sentido: mientras esa persona está en la iglesia, él tiene el chance de escuchar la Palabra, y como la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios, él tiene una oportunidad todavía de arrepentirse, tiene una oportunidad de recibir convicción. Mientras esa persona está entre los hermanos, los hermanos que lo conocen pueden ir, confrontarlo, pueden aconsejarle, pueden exhortarle, y esa persona recapacitar y devolverse. Pero cuando esa persona sale de esa sombrilla de la iglesia, aquello que le puede producir convicción, que es justamente la acción del Espíritu Santo iluminando la Palabra que escucha, ya él no la tiene, y en cierta manera él queda a expensas de Satanás.

Pablo hizo eso con otros dos individuos en el Nuevo Testamento. Aquí en 1 Timoteo 1:20 él entregó a Satanás para que aprendieran a no blasfemar. Quizás Pablo estaba hablando de eso, que él no quisiera tener que ir a Corinto y tener que empezar con algo así en su tercera visita. Pero quizás la advertencia impide que se tenga que llegar a ese nivel.

Pablo está ayudándonos a nosotros a entender como iglesia que ciertamente la iglesia no puede ser indulgente con el pecado. No puede ser indulgente con el pecado porque el pecado que infecta a uno puede infectar a todos. No puede ser indulgente con el pecado porque es contrario a la santidad del cuerpo de Cristo. No puede ser indulgente con el pecado porque deshonra el mismo nombre de Dios, la misma naturaleza de lo que la iglesia se supone que sea. Y no puede ser indulgente con el pecado porque la iglesia que es indulgente con el pecado cosecha los frutos de la indulgencia, y cosecha los frutos en los hijos de esa iglesia posteriormente de una peor manera. Y esto es algo que Pablo nos ayuda a entender al hablar de esta forma a nosotros, que estamos ahora viviendo y haciendo iglesia dos mil años después.

Entonces, la intencionalidad del tercer viaje ya la vimos: poner las cosas en orden. Veamos ahora de qué manera esta iglesia cuestiona a Pablo y lo genuino de su ministerio. Dijimos que la línea melódica o el tema central de esta carta de principio a fin es justamente la autenticidad de un ministerio, y que Pablo brinda su defensa, por así decirlo, para probar cuán auténtico es no solamente su ministerio, sino cuán auténtico puede ser otro ministerio.

Pero esta iglesia no estaba contenta. No importa lo que Pablo le ofreciera. Unos sermones atrás hablamos de que Pablo les dijo: las marcas, las señales y los prodigios que acompañan a un apóstol, yo los he hecho. Eso era una prueba, pero todavía no estaban contentos. Y ahora nosotros vemos el cuestionamiento en el versículo 3: "Puesto que buscáis una prueba del Cristo que habla en mí." ¡Qué iglesia tan difícil! Ustedes ahora quieren que yo les dé prueba de que Cristo habla por medio de mí. "El cual no es débil para con vosotros, sino poderoso en vosotros; porque ciertamente él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en él; sin embargo, viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros."

Aparentemente, por cosas que están reveladas en la carta a los corintios, habían aprendido a apreciar a líderes impositivos, autocráticos, que hablaban con mucho autoritarismo. Hasta el punto que Pablo les dice en 11:20: "Si alguno viene a vosotros y os devora y os golpea en el rostro, ustedes lo toleran." En 10:1, Pablo les dice: "Pero yo he sido manso." En otras palabras, ustedes no han sabido apreciar la mansedumbre, la humildad de mi liderazgo, y han preferido las asperezas y si se quiere el carácter impositivo, tiránico de algunos de los otros líderes, pensando que en eso estriba la autoridad.

Y a veces pensamos así. Yo leí acerca de un pastor muy conocido y un autor muy conocido que decía que él estaba en una iglesia en una ocasión, sentado escuchando a un pastor practicar, y que este pastor que estaba practicando tenía muy buen sermón, muy buen contenido, pero tenía una forma muy mansa de hablar, casi conversacional. Y que una persona que estaba al lado de él dijo: "¿Cuándo será que va a comenzar a predicar?" Porque a veces pensamos que esa forma autoritativa es la forma. Y Pablo está diciendo: lamentablemente ese es mi estilo.

Eso es lo que él hace en el versículo 4. Yo les decía que el texto, por la manera como está escrito, es un tanto difícil de entender, pero escucha con detenimiento, y Dios nos dé entendimiento para que podamos entender a Pablo. Ellos le han pedido una prueba del Cristo que habla en él, versículo 3. Se quiere una prueba. Él les va a dar una prueba, pero no la que ya estaban esperando.

Escucha el versículo 4: "Porque ciertamente él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros —esa es la prueba— somos débiles en él; sin embargo, viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros." En otras palabras, tú miras el ejemplo de Cristo, que fue crucificado por debilidad. ¿Cómo por debilidad? ¿Él no era Dios? Sí, pero él se dejó llevar al matadero, no abrió su boca, no ofreció oposición, entregó sus derechos. Él pudo haber soplado desde la cruz y haber eliminado a todos sus enemigos que estaban al pie. Y sin embargo Cristo calló, y cuando habló, cuando abrió su boca, no lo hizo para soplar a aquellos que estaban enfrente de él, sino para decir: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."

En el contexto grecorromano en que esto se da, eso era una señal amplia de debilidad: perdonar a tus enemigos, amar, no defenderte nunca, no bajar de la cruz cuando tú tienes el poder. Imposible, impensable. Pues Cristo fue crucificado por debilidad, él lo dice. Pues tú miras su ejemplo, así también nosotros somos débiles en él, somos mansos. No nos defendemos de la manera que ustedes quieren que me defienda, no subimos la voz, nos hemos comportado con humildad. Cristo toleró el pecado de los hombres, nosotros hemos tolerado el pecado de ustedes. Cristo toleró las ofensas de ustedes, nosotros también toleramos las ofensas de ustedes. Nosotros somos débiles en él. La prueba de que Cristo vive en mí es la mansedumbre ofrecida ante las ofensas de ustedes.

El mundo juzga las fortalezas de los hombres por el tono de la voz, por la posición que ocupamos, por el rango que tenemos, por la manera como alguien impone su posición sobre otros. En el reino de los cielos, totalmente lo opuesto. Lamentablemente nosotros somos adictos al poder y a la gloria, dado el orgullo humano. Pablo lo dice: no, esa no es la manera. Para Dios, o mejor dicho, Dios está formando hombres mansos y humildes, cuya fortaleza es mejor vista cuando ellos restringen su fuerza física o fuerza bruta para dejar salir su fortaleza espiritual.

Requirió mucho más fortaleza permanecer en la cruz con todos los derechos, todas las prerrogativas, con todas las formas de hablar, con todas las formas de destruir. Requirió mucho más fortaleza permanecer ahí en silencio, soportando a los débiles, que haber respondido de una manera que los hubiese arroplegado a todos. Y Pablo lo dice: como Cristo fue débil y se dejó crucificar en debilidad, nosotros también somos débiles en él, a la manera como el mundo juzga debilidad. Y para los griegos y los romanos la humildad era una señal de debilidad; sin embargo, en el reino de los cielos la humildad era la mayor marca de todas las fortalezas.

Alguien decía que humildad es fortaleza bajo control. La humildad tolera la impaciencia del otro, la humildad perdona las ofensas del otro, la humildad no necesita el reconocimiento de los demás, la humildad carga con las consecuencias del pecado del otro y carga como Cristo lo hizo, en silencio muchas veces, sin necesariamente decir: "Tú eres el culpable de cómo yo estoy actuando o de cómo yo me estoy sintiendo."

Y esa fue la respuesta de Pablo ante la exigencia de que él probara que Cristo hablaba por medio de él. Tú miras el ejemplo de Cristo, tú miras cómo lo hizo, tú miras cómo él se comportó. Si ustedes son creyentes y creen en ese Cristo, tú miras mi ejemplo y ahí tú puedes encontrar el mismo ejemplo. Él fue débil cuando lo crucificaron; nosotros somos débiles en él, según ustedes miden la fortaleza.

En tercer lugar, yo quiero que veamos el cuestionamiento de Pablo hacia los corintios. Versículo 5: "Poneos a prueba" —ya ahí viene el título de mi mensaje— "para ver si estáis en la fe. Examinaos a vosotros mismos." Ahora, si tú te detienes ahí, tú pensarías que lo que Pablo les está diciendo es: "Ustedes no son creyentes, pónganse a prueba, ustedes son unos incrédulos." Pero eso no es lo que Pablo está diciendo.

Escucha ahora la pregunta: "¿O no os reconocéis a vosotros mismos?" Ustedes mismos, ¿no reconocen de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba? Mira lo que Pablo está haciendo. Corintios, examínense, examínense para ver si estáis en la fe. Si ustedes están en la fe, ok, ustedes están en la fe y yo soy el que estoy mal, yo no soy genuino. Explíquenme algo: ¿por medio de quién y por medio de cuál mensaje ustedes llegaron a estar en la fe? Ustedes llegaron a creer, ¿por medio de qué cosa? Del evangelio que yo prediqué. Pues si ustedes reconocen que están en la fe, pues esa es la evidencia de que yo soy genuino y mi mensaje fue genuino, porque ustedes están donde están por el mensaje que yo les llevé.

Míralo otra vez en la pregunta. Es una pregunta: "¿O no os reconocéis a vosotros mismos?" Como que yo les digo: "Corintios, ¿ustedes no reconocen para ustedes mismos que Jesucristo está en vosotros? ¿No lo reconocen?" "Sí, Pablo, todos lo reconocemos." "Bueno, ok, a menos de que en verdad no paséis la prueba." Entonces, si ustedes se examinan y no pasan la prueba, entonces son incrédulos. Si son incrédulos, entonces no tienen derecho ni siquiera para juzgarme a mí. Porque, ¿qué hace un incrédulo juzgando la predicación y el evangelio y el mensaje del Señor?

Entonces dice Pablo: si ustedes están en la fe, como ustedes dicen, ¿qué es lo que yo espero? Versículo 6: "Espero que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados." Si ustedes entienden que están en la fe y saben que llegaron ahí por el evangelio que yo prediqué, entonces yo espero, versículo 6, que reconoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y eso es una buena argumentación, pero está escrita en una forma tanto extraña. Y por eso decía desde el principio que esta carta no es tan fácil, o esta porción no es tan fácil, no por la temática sino por la forma como Pablo se expresa.

Ahora vamos a hacer un paréntesis. Aquí puede haber uno o más que está pensando: "Yo quisiera examinarme para ver si estoy en la fe." Yo no sé si ustedes han hecho ese ejercicio alguna vez en el camino, pero yo sé por la experiencia de consejería que hay mucha gente que no está segura de si está o no en la fe. Es bueno tener seguridad. Y hay otra gente que está segura que está en la fe y no lo está.

Entonces yo creo que ante la pregunta, ante la exhortación de Pablo a los corintios —"Examinaos para ver si estáis en la fe"— yo creo que nosotros debiéramos pararnos y hacer un pequeño ejercicio, quizá no suficiente, pero un comienzo, y comenzar a preguntarnos verdaderamente cómo luce una persona que genuinamente está en la fe.

Y aquí hay algunas señales. Amor por Dios, por Dios. Recuerda que muchas veces nosotros amamos lo que Dios nos da: sus bendiciones, un buen trabajo, una buena familia, un buen matrimonio. No, amor por Dios. Número dos, amor por el prójimo y en especial por tu hermano en Cristo. De hecho, cuando nosotros hicimos la serie de Primera de Juan, nosotros vimos cómo de acuerdo a Juan, una característica de alguien que está en la fe, una característica cardinal, es que ama a su hermano. Y Juan dice: si tú no amas a tu hermano, ¿cómo me puedes decir que tú amas a Dios, a quien tú no ves? De manera que eso es importante.

Número tres, amor por la iglesia de Cristo. No las cuatro paredes, no el sermón ahora, no el pastor, no la predicación de alguien. La iglesia de Cristo, el conglomerado de hermanos, la hermandad de unos a otros. ¿Te hacen falta tus hermanos? Deseo de estudiar y escuchar su Palabra, el alimento del alma. Ya sé que te falta la comida física; bueno, ¿ya sé que te falta el estudio de su Palabra? Convicción de pecados: el Espíritu que mora en ti, que te ve pecando, te va a dar convicción de pecado, mayor o menor grado. Cada vez menos deseos por las cosas del mundo. Si los deseos que tenías cuando estabas en el mundo permanecen en ti, permanecen de igual manera, pues ese deseo milita en contra de que tienes una nueva naturaleza.

Crecimiento emocional y espiritual. Como decía, en la medida... Nosotros todos tenemos inmadurez emocional de un grado o otro, en un área o en otra. Pero en la medida en que mi crecimiento espiritual se dé, ese crecimiento espiritual por así decirlo va aplastando las inmadurez emocionales, que van quedando atrás. Un nuevo estilo de vida del hombre nuevo versus el hombre viejo. Esas son señales de mi conversión.

Hay otras, hay otras de otra naturaleza que yo quisiera mencionar porque son importantes. Pablo las exhibe en diferentes momentos. Poder en medio de la debilidad. Pablo dice: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte." En momentos de debilidad física, emocional, pérdida de quizás un ser querido, pérdida de otras cosas, quizás de relaciones, te demuestras fuerte. Eso es porque Cristo vive en ti. Una vida piadosa en medio del pecado, como fue el caso de Daniel, por ejemplo. La mejor evidencia de que Dios estaba con él es que Daniel vivió una vida de absoluta integridad en medio de todo el pecado.

Esperanza, cuando todo el mundo le falta esperanza. En medio del caos, en medio de la sociedad en que vivimos, gente que vive con que lo ve todo negro hacia el horizonte. No, esta gente tiene esperanza. Eso lo hace Cristo. Gozo en medio de la tristeza. Estoy triste, algo me ha ocurrido, he perdido algo, he perdido a alguien; pero dentro de esa tristeza hay una satisfacción interna de que estoy bien con Dios, de que Dios está conmigo, Dios me está acompañando. Eso solamente pasa cuando Cristo vive en nosotros. Ausencia de deseos por el poder, la gloria, el tener, el querer, el ser el primero, el ser el último, el ser lo máximo, el ser lo mejor. Estas cosas las da Dios. De manera que a la hora de examinarnos y ver si estamos en la fe, hay algunas cosas prácticas que tú podrías ir a tu casa y usar para fines personales.

Ya que hemos avanzado, yo quiero que veamos en cuarto lugar el amor de Pablo por los corintios. A pesar de todo eso, dice Pablo: "Rogamos a Dios..." Pablo estaba orando. "Que no hagáis nada malo, no para que nosotros aparezcamos aprobados." Déjenme ir llevándolo por partes. Este segundo sermón del día dos yo lo he ido seccionando aún más para digerirlo mejor.

Me voy a parar aquí: "Y rogamos a Dios que no hagáis nada malo, no para que nosotros aparezcamos aprobados." Pablo está diciendo: "Corintios, yo quiero que entiendan que mi intención primera no soy yo, son ustedes. Yo no quiero aparecer aprobado; entonces, cuando les digo que no hagan nada malo, no es para nosotros lucir bien. No, al final del camino mi aprobación o desaprobación no es tan importante como que ustedes estén bien."

Mira cómo él lo dice ahora en la segunda parte del versículo 7: "Sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros aparezcamos reprobados." Ustedes pueden hacer lo malo o lo bueno. Yo espero que con esta advertencia...

Ustedes no se salgan del camino y hagan lo malo para que entonces nosotros aparezcamos aprobados a la hora de hacer disciplina. No, no, yo prefiero que hagan lo bueno, y si ustedes deciden hacerlo bueno y haciéndolo bueno al final me tildan de no genuino, no aceptan mi autoridad, yo prefiero eso porque lo que me interesa es la salud espiritual de ustedes más que yo mismo. Y en eso Pablo está dispuesto a intercambiar el lugar, Pablo está dispuesto a que él aparezca desaprobado para que ellos sean aprobados, de la misma manera que Cristo en la cruz pareció el desaprobado y nosotros los aprobados.

Eso es como la cruz. En la cruz Él es el que es castigado, el que más severamente es fustigado porque Él cargó con los pecados, Él es el culpable y nosotros aparecemos los aprobados por la sangre de Cristo. Ese es el modelo que Pablo está siguiendo y eso es lo que le está diciendo: yo prefiero que hagan lo bueno, y si al final en la evaluación de ustedes nosotros no somos lo que somos, pues bien, es preferible eso a que hagan lo malo.

Número cinco: la pasión consumidora de Pablo por la verdad. Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solo a favor de la verdad. Versículo ocho. Corintios, la razón por la que yo estoy hablando de esto y estoy hablando en contra del pecado, y estoy hablando de que no voy a ser indulgente y de que pudiera ser que llegue a ser severo, lamentablemente es que no puedo hacer nada en contra de la verdad, solo a favor de ella.

Es la verdad la que me ha llevado a la prisión muchas veces, es la verdad la que me ha llevado a la persecución. Es la pasión por la verdad la que me llevó a ustedes en primer lugar cuando planté la iglesia. Es la misma pasión por la misma verdad que ahora me lleva por tercera vez a ustedes y que ahora me lleva a confrontarlos en su pecado. Yo no puedo hacer otra cosa, lamentablemente.

Y Pablo continúa en el versículo nueve: "Pues nos regocijamos". Esto es lo que le trae a la iglesia Pablo, esto es lo que le trae consuelo. "Nos regocijamos cuando nosotros somos débiles pero vosotros sois fuertes. También oramos por esto: que vosotros seáis hechos perfectos."

Lo que me produce regocijo es, en el contexto de toda la carta y de cómo usa la palabra fuerte y débil, que vosotros seáis fuertes. Porque si vosotros sois fuertes, están bien, están en obediencia, están complaciendo a Dios, están obedeciendo su Palabra. En ese caso nosotros vamos a aparecer como débiles ante los ojos del mundo. ¿En qué sentido? Nosotros vamos a ser mansos, nosotros vamos a ser humildes, nosotros les vamos a amar como una madre que ama a sus hijos, que está amamantando a sus hijos. Yo prefiero eso, eso es lo que nos causa regocijo. Nos regocijamos cuando nosotros somos débiles, mansos, humildes, no severos, y cuando vosotros sois fuertes.

Pero oramos por algo más, dice Pablo, por esto: que vosotros seáis perfectos. La Nueva Traducción Viviente lo dice de esta manera: "Nos alegramos de parecer débiles si esto ayuda a mostrar que ustedes en realidad son fuertes. Nos alegraríamos de eso. Nuestra oración es que lleguen a ser maduros." Perfectos, maduros. Ya no quisiéramos seguir oyendo de que ustedes son carnales, como yo les dije en mi primera carta, capítulo uno. No quisiera seguirles llamando niños, como yo les llamé en el capítulo uno de mi primera carta. No quisiera todavía escuchar que hay contienda, celos, envidia entre ustedes. Todo eso habla de inmadurez, inmadurez emocional, fruto de una inmadurez espiritual que no ha podido aplastar la inmadurez emocional.

Nuevamente, a manera de aplicación, alguno de nosotros pudiéramos preguntarnos cuáles serían algunas señales de inmadurez emocional. Y aquí no están todas, pero son algunas que nos ayudan a autoanalizarnos. Una necesidad sobremedida de aprobación de los demás habla de esa inmadurez. El perfeccionismo ha sido citado como una señal de inmadurez porque el perfeccionismo está generado por un temor, y el temor no es típico de alguien maduro emocionalmente o maduro espiritualmente. Resentimientos, dificultad para perdonar, el guardar rencor, el querer vengarme, arranques de ira como los niños todavía que tienen arranques de ira.

Cuando nosotros amamos servir, pero amamos servir porque nos gusta todavía ser centro de atención, no es tanto por el servicio que le brindamos al hermano, sino porque me gusta estar en el medio y ganar la atención de los demás. Cuando se nos dificulta apreciar los talentos de otros y experimentamos ciertas envidias. Dificultad para controlar la lengua, dificultad para controlar los deseos, dificultad para relacionarnos de cerca con otros que difieren de mí, a veces en doctrina, a veces en filosofía de ministerio, a veces en el trabajo, difieren de mí de diferentes formas. A veces en forma de criar los hijos, a veces en forma de enviarlos al colegio. Unos los envían a escuelas públicas, otros a escuelas privadas, unos a colegios cristianos, otros hacen homeschool o educación en el hogar. Pero si no estamos en la misma página como que nos sentimos incómodos. Eso no es típico de la madurez.

Y Pablo dice: nosotros oramos para que seáis maduros, espiritualmente y obviamente emocionalmente. Una cosa va a llevar a la otra. Entonces eso también nos ayuda a nuestra evaluación.

Y finalmente, entonces nota cómo Pablo concluye este texto en el versículo diez: "Por esta razón os escribo estas cosas estando ausente." ¿Por cuál razón? ¿Qué es lo que tú quieres, Pablo, ahora cuando llegues aquí? "A fin de que cuando esté presente no tenga que usar de severidad." Esa es la razón. "Según la autoridad que el Señor me dio para edificación y no para destrucción."

Yo tengo una autoridad apostólica, pero yo sé también para qué me la dieron. Me la dieron mayormente para edificar el cuerpo de Cristo, no para destruirlo. Entonces mi intención al escribir esto, al amonestarlos, advertirlos y hablar de que no voy a ser indulgente y de que voy a ser severo si es necesario, es que cuando yo llegue que no tenga que hacer nada de eso.

Es la misma razón del proceso de disciplina de Mateo 18: tú vas con uno, no responde; tú vas con dos o tres, no responde; tú dices a la iglesia. Tú esperas que en algún momento le llame al arrepentimiento, porque la idea no es terminar con la expulsión de alguien de en medio de la iglesia. No, la idea es tener el arrepentimiento del hermano, que pueda ser amado entre nosotros, ser restaurado. Y de eso es lo que Pablo establece.

Tú puedes ver el corazón pastoral de Pablo otra vez saliendo a relucir, pero al mismo tiempo ve la importancia de la santidad del cuerpo de Cristo, la importancia de salvaguardar la santidad de sus miembros, de salvaguardar la santidad del nombre de Dios.

Y con eso entonces llegamos casi al final de esta segunda carta. En los próximos tres versículos, con los que Pablo termina y cierra la carta, hay dos o tres instrucciones vitales en vista de todo esto que tú ahora conoces, iglesia de Corinto. Ese final es como el broche de oro de cómo Pablo quiere cerrar y dejarlos ahí con un llamado mucho más positivo que esto, ya ha sido bíblico obviamente, pero es un llamado a toda iglesia de cómo convivir como hermanos. De manera que venga el próximo domingo a escuchar cómo Pablo firma esta carta al final.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.