La honra no es un valor que la cultura actual celebre, pero la Escritura lo ordena con insistencia: honrar a padres, a autoridades, a esposos, a amos, y también a quienes dirigen y enseñan en la iglesia. En 1 Tesalonicenses 5:12-13, Pablo exhorta a reconocer —o mejor, a honrar— a los que trabajan arduamente, dirigen en el Señor e instruyen a la congregación. No se trata de elevar personas por encima de otras, sino de valorar el llamado que Dios ha delegado sobre ellas y el peso que ese llamado conlleva.
El trabajo pastoral es arduo hasta el punto del agotamiento. Implica enseñar, aconsejar, orar, consolar, confrontar el pecado, reconciliar, y cargar con presiones físicas, emocionales y espirituales que no siempre son visibles. El pastor Núñez compartió que las últimas dos semanas habían sido de las más difíciles de su ministerio, no por circunstancias externas, sino por la intensidad de una batalla espiritual que solo la oración de otros pudo sostener. Ese tipo de carga es parte del paquete que acompaña a quienes cuidan almas por las cuales Cristo pagó con sangre.
Pero la exhortación no termina en la honra: Pablo añade que debe hacerse con amor, y cierra con un llamado a vivir en paz unos con otros. La paz no es pasiva; requiere renuncia, perdón, humildad. Cristo mismo procuró la paz entre Dios y el hombre al precio de su vida. Quienes han sido reconciliados con Dios reflejan esa reconciliación cuando viven en unidad, honrándose mutuamente y cuidando las relaciones que sostienen a la iglesia.
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Vamos a orar por la vida de cada uno y para vivir y servir adecuadamente. Quiero invitarles a abrir la Palabra de Dios en la primera carta a los Tesalonicenses, capítulo 5. Vamos a estar leyendo los versículos 12 y 13 solamente. Primera de Tesalonicenses 5:12-13.
Bueno, antes de leerla, estaba a punto de comenzar a leer, pero antes de leerla, este es un texto que cuando lo meditaba y lo revisaba esta semana, trajo cierta memoria y cierta melancolía a mi vida. Porque este fue el texto que yo prediqué hace 18 años y un mes, el último domingo de estar en la iglesia donde yo estuve en Estados Unidos por muchos años y donde serví como anciano 8 o 9 años. Y ese domingo ya me despedía de la iglesia, les despedía también del país donde había estado por todos esos años, y mi corazón estaba acargado emocionalmente. Pero yo quería un texto que representara la carga de mi corazón para las ovejas que yo dejaba atrás, por así decirlo, como uno de los líderes de aquella iglesia.
Y recuerdo predicar la Palabra y hacer algo en una iglesia más pequeña que esta, verdad, pues era acostumbrado que al final el pastor bajaba, o el predicador bajaba, y caminaba por un pasillo así central como este, pero más corto. Y yo recordaba caminar por el pasillo con lágrimas en mis mejillas, habiendo predicado este texto, y ver gente que también tenía lágrimas en sus mejillas, sabiendo que nos despedíamos. Una iglesia en la que yo no he vuelto a estar en 18 años. Y este fue el texto, con la única diferencia que en aquella ocasión yo prediqué del versículo 12 al 22, y hoy solamente vamos a estar predicando los versículos 12 y 13. Pero el próximo domingo que me toque sería el texto que yo estuve cubriendo en una sola ocasión.
Y con eso yo quiero que tú leas conmigo un texto que yo le pido al Espíritu de Dios que use en la vida de esta congregación: "Pero os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor, y os instruyen; y que los tengáis en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo. Vivid en paz los unos con los otros."
Con este pasaje nosotros abordamos o arribamos a la recta final de esta primera carta a la iglesia que estaba o que se reunía en Tesalónica. Y en estos últimos versículos, el apóstol Pablo da una serie de instrucciones acerca de diferentes temas, y lo hace de una manera similar a cómo solían cerrar las cartas de la antigüedad: con instrucciones cortas acerca de temas diversos que se habían quedado fuera a lo largo de la carta. Y esta es una de esas instrucciones en esta porción final.
Nosotros no tenemos evidencia de que hubiera problemas en la relación pastor-ovejas en la iglesia de los tesalonicenses, aunque sí hubo evidencia de esta división en la iglesia de los corintios. Pero la división debido a la inmadurez de la iglesia en Corinto no fue el caso en esta iglesia de Tesalónica. Los conflictos que se vieron en aquella iglesia, nosotros no leemos nada acerca de ellos en esta iglesia. Y los conflictos son muy humanos y son muy frecuentes. Por el hecho de que algo sea humano y frecuente no dice que nosotros debiéramos acostumbrarnos a algo que es pecaminoso, porque en el acostumbramiento nosotros pecamos de la misma manera acerca de aquella cosa a la cual nosotros ya nos hemos desensibilizado.
Esta iglesia caminó bien. Pablo reconoce eso de manera muy clara en el capítulo 4, versículo 1, cuando él les dice a estos hermanos: "Por lo demás, hermanos, os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús, que como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que debéis andar y agradar a Dios —paréntesis: como de hecho ya andáis— así abundéis en ello más y más." Esta fue una iglesia que se preocupó por su santificación, fue una iglesia que se ocupó de agradar a nuestro Dios. Es una iglesia que en su escala de santificación estaba más allá de lo que la iglesia de Corinto pudo haber hecho o pudo haber testificado.
Y Pablo reconoce eso de manera repetitiva. Lo hace en el capítulo 1, versículos 2, 3, 6, 8, 9, 10. Pablo lo hace en el capítulo 2, versículos 13, 17, 19, 20. Pablo lo hace en el capítulo 3, versículos 6, 8, 9. De manera que una y otra vez Pablo anima, aplaude, felicita, si pudiéramos decir, honra a los hermanos de esta iglesia por la manera como se estaban conduciendo. Y sin embargo, esta iglesia todavía necesitaba instrucciones, al igual que cualquier otra iglesia.
Algunas de las instrucciones que Pablo da son correctivas, otras son preventivas. Y ciertamente las instrucciones preventivas siempre son mejor que las correctivas. La vacuna siempre es mejor que la medicina. Y en este caso Pablo está instruyendo a la iglesia que estaba caminando bien a que hiciera ciertas cosas, de manera que pudieran continuar caminando bien.
Y es interesante porque del versículo 12 al versículo 22, en apenas 11 versículos, Pablo usa 15 imperativos. Y eso me recordaba un almuerzo que tuvimos el viernes pasado los pastores de esta iglesia con el autor Jerry Bridges. Algunos de ustedes lo conocen por algunos de los libros que ha escrito. Uno de ellos es "En pos de la santidad", otro es "La gracia transformadora", un libro que yo le comentaba a él mismo que en la década de los noventa Dios usó para dar vuelta a mi vida, junto con otro libro más acerca de la gracia y una serie de circunstancias: "¿Dónde está Dios cuando la vida duele?" Y otro de sus libros.
Este hombre de 85 años de edad, que uno quiere que se retire y que trabaja arduamente para el Señor, nos comentaba, nos decía, que lamentaba que en la iglesia de hoy, en medio del énfasis que se ha hecho sobre la gracia —la cual es bíblica—, se ha hecho a expensas de olvidar los mandatos morales. Y recordaba eso porque aquí hay 15 de ellos en 11 versículos. Y él decía entonces que la gracia no hace innecesarios mis esfuerzos, sino que la gracia hace eficientes mis esfuerzos. En otras palabras, la gracia motiva mis esfuerzos, la gracia sostiene mis esfuerzos, y la gracia hace que mis esfuerzos sean eficientes, que funcionen. Y él nos decía: "Yo llamo a eso responsabilidad dependiente." En otras palabras, es una responsabilidad humana obedecer los imperativos de la Palabra, pero es algo que tú tienes que hacer dependiendo del Espíritu de Dios.
Y menciono eso porque al redactar mi mensaje recordaba esas palabras de este autor, Jerry Bridges, y veía entonces cómo en esta carta, a partir del capítulo 4, versículo 1, hasta el final, la retórica, el tono de la carta, es uno de exhortación, y por tanto los imperativos abundan, y sobre todo en estos últimos versículos que vamos a estar leyendo o exponiendo los próximos domingos.
El último de esos imperativos aparece en el versículo 27, el penúltimo versículo de esta carta, y dice: "Os encargo solemnemente por el Señor que se lea esta carta a todos los hermanos." Sin embargo, una de las traducciones más literales aún dice: "Les ordeno que esta carta se lea a todos los hermanos." La versión en inglés conocida como ESV dice: "Los pongo bajo juramento de que lean esta carta a todos los hermanos." Y Pablo hacía esto no solamente por la autoridad apostólica que había sido delegada sobre él, sino por la responsabilidad que Dios había colocado sobre él como líder de la iglesia.
Y estas exhortaciones van dirigidas a las ovejas para con sus líderes, pero en el próximo mensaje las exhortaciones van dirigidas a los líderes para con sus ovejas. De manera que Dios entiende que una de las funciones de la iglesia es la proclamación de la gloria de Dios, pero otra de las funciones de esa iglesia es exhibir en su caminar esa misma gloria. Y no hay mejor forma de exhibir esa gloria de Dios que manteniendo la unidad del Espíritu que ya Él nos dio.
De hecho, nosotros tenemos un mandato en Efesios 4 que nos llama a preservar la unidad del Espíritu. Yo no creo la unidad; Dios nos dio la unidad en su Espíritu, pero es mi responsabilidad contribuir a la preservación de dicha unidad. Algo que hoy en día se hace un poco más difícil en general. Estoy hablando no necesariamente de nuestra iglesia, pero de la iglesia de nuestros días.
Amohler, en esta semana, decía que uno de los problemas de nuestra generación es justamente el énfasis que hemos hecho en la autonomía personal, donde cada persona se cree estar en independencia de los demás para ejercer su propia voluntad. Él está hablando del mal que afecta a la sociedad en general y que, por tanto, afecta también a la iglesia. Hoy en día se hace mucho más difícil, bajo ese espíritu de autonomía personal, el someterse a la autoridad de los líderes espirituales. Y eso entonces nos regresa al jardín del Edén, donde la primera criatura humana rehusó en el último momento someterse aún a la autoridad de la vida de Dios y la verdad de su Creador, lo cual inició todo el caos en medio del cual nosotros vivimos hoy.
Por ese énfasis, ese cuestionamiento a la autoridad espiritual o a la autoridad en general, yo debía decir, comenzó a partir de la década de 1960, donde la generación de los hippies hizo un valor el hecho de cuestionar la autoridad. Los eslóganes abundaban en esa década que decían: "Cuestiona la autoridad." Y obviamente eso afectó la autoridad de la Palabra y afectó la autoridad de todo el mundo, incluyendo padres, maestros, pastores, autoridades civiles. Fue penoso ver hace unos días atrás a una autoridad oficial actual en un juicio comerse al fiscal de la nación en palabras, en frente del juez que permaneció en completo silencio. Eso lo hace la desensibilización a lo que es el respeto por la autoridad.
Donde si yo quiero leerte otra vez, de otra traducción, el texto de hoy. Esta traducción es conocida como la Nueva Traducción Viviente, es una traducción considerada muy buena, muy fiel, pero con un lenguaje un tanto más práctico sin variar el contenido de la Palabra. Escucha el texto otra vez: "Amados hermanos, honren a sus líderes en la obra del Señor. Ellos trabajan arduamente entre ustedes y les dan orientación espiritual. Ténganles mucho respeto y de todo corazón demuéstrenles amor por la obra que realizan. Y vivan en paz unos con otros."
Tenemos el lenguaje fraternal de la mayoría de las cartas de Pablo: "Amados hermanos." Esto nos representa una amonestación, esto representa una exhortación, un estímulo. "Amados hermanos." "Hermanos" es una palabra común en el vocabulario de Pablo. En esta carta solamente aparece dieciséis veces, y del versículo 12 hasta el final de la carta aparece cinco veces. Y esa frase "amados hermanos" introduce un nuevo tema. Es como cuando tú estás hablando y en medio de la conversación tú quieres variar en otra dirección, y dices: "Pero hermano, déjame decirte también..." Hay como un giro. Eso es exactamente lo que Pablo hace, no solamente en esta carta sino en muchas de sus cartas.
Y lo que hace básicamente es que él les da una instrucción en estos dos versículos, una sola, y luego le da las razones para esta instrucción. Le da el sostenimiento, la explicación, el porqué esta instrucción es buena, es válida, es importante. Escucha otra vez, escucha la instrucción: "Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros." La palabra que la versión de las Américas traduce como "reconozcáis" literalmente significa "conocer," pero los lingüistas, muchos de ellos, opinan que en el contexto en que esto está siendo usado la mejor traducción sería "que honren." Y esa es la razón por la que la Nueva Traducción Viviente usa esa palabra: "Honren a los que trabajan arduamente entre vosotros."
Esa es una instrucción un tanto extraña en nuestra generación, en el siglo XXI, porque es una generación que no ve la honra de las personas como un valor, incluyendo la iglesia de nuestros días. Yo quise hacer un ejercicio para ver qué tanto la palabra de Dios habla acerca de la necesidad de honrar a otros, y yo me quedé boquiabierto con el énfasis extraordinario que la Palabra hace acerca de la necesidad de honrar a otros.
Yo no quiero cansarte, pero yo quiero simplemente darte algunas ilustraciones del Nuevo Testamento. En Efesios 6, versículo 2, se nos manda a honrar padre y madre. En Romanos 13:7 se nos ordena honrar a quien honra merecen. En 1 Corintios 12:26 se nos instruye a regocijarnos con el hermano que es honrado. Solamente que nos gocemos con él, es decir, no que nos gocemos con el que se goza, sino que nos gocemos con aquel hermano que está siendo honrado. En 1 Timoteo 5:17 se nos dice que los ancianos que gobiernan bien son dignos de doble honor. En Filipenses 2:29 el apóstol Pablo habla bien de Timoteo y dice que debemos honrar a aquellos que son como él. En 1 Timoteo 6:1 se nos ordena a los esclavos honrar a sus amos. Es increíble el número de veces que la honra es ordenada en diferentes tipos de relaciones. En 1 Pedro 2:17 se nos dice que debemos honrar, escucha, a todos, pero en especial al rey, la figura de autoridad. En 1 Pedro 3:7 se nos manda a honrar a nuestros esposos. Y eso es solamente una muestra de un solo rastreo del énfasis que Dios hace en la necesidad de honrar a personas.
La palabra traducida como "reconozcáis" en nuestra traducción de la Biblia de las Américas, que como ya mencioné otros entienden que debiera ser traducida como "honrar," y entonces Pablo nos dice a quiénes honrar en estos versículos. Y esa identificación del grupo al mismo tiempo nos dice por qué honrar: "Honrar a los que con diligencia trabajan entre vosotros."
La realidad es, hermano, que nosotros nos dificultamos honrar a otros. Y una de las razones primeras, quizá la razón primera, es nuestro propio orgullo. Yo quise escudriñar la Palabra y a la vez escudriñar mi vida. Yo creo que es una buena cosa: cuando tú escudriñas la Palabra, escudriñar tu vida, porque tú puedes ver en tu propia vida muchas veces lo que la Palabra te señala. Y escudriñando mi propia vida, en el pasado hasta el presente, pude realmente percatarme que ciertamente el orgullo es el primer obstáculo para honrar al otro. Que aquellas personas que han cultivado humildad no tienen ninguna dificultad en hacerlo. Y eso yo lo he visto en otras personas.
Y una de las maneras como yo descubrí que ciertamente el orgullo es esa primera piedra de tropiezo en nosotros para honrar a otros es que a todos nosotros, escucha lo que estoy diciendo, a todos nosotros, no a ustedes o a mí, a todos nosotros, nos es mucho más fácil reconocer a otros que están fuera de nuestro círculo que a alguien que está dentro de nuestro mismo círculo. Y tú lo piensas bien, lo verás, te darás cuenta. Que si nos es mucho más fácil reconocer, honrar y aplaudir a alguien que no pertenece a mi círculo, Jesús lo dijo. Jesús lo dijo de otra manera y dijo: "Nadie es profeta en su propia tierra." Sus hermanos no creían en Él. "¿Cómo voy a creer en Él? ¡Creció conmigo!" Yo he oído personas decir: "Yo no puedo creer en tal pastor porque él se crió conmigo," como si eso tuviera algo que ver con la posición que ahora ese pastor pudiera ocupar. Natanael lo dijo en sus propias palabras: "¿Algo bueno puede salir de Nazaret?" De donde nosotros somos. Y nosotros lo decimos de esta manera aquí en este país: "Nada sirve." ¿Por qué te ríes? Porque es verdad. Porque es verdad que lo decimos. Yo no quise decir que es verdad que nada sirve, sino que es verdad que lo decimos.
Eso muestra el corazón humano. Aquello que es nuestro, que es común, que pertenece a mi círculo, yo no lo veo como digno de honra. No solamente por la familiaridad que tengo con eso o con ella, sino también porque reconocer el honor que tengo que debo darle a otro implica como si le estuviera concediendo algo de superioridad sobre mí. Y como está tan cerca, eso no es algo que yo quisiera reconocer. Pero en realidad no implica reconocer ninguna superioridad del otro sobre nosotros. Y de hecho descubrí, si pudiera así decirlo, que el honrar a otros es una señal de madurez por las veces como Dios lo ordena en su Palabra, por el énfasis que Él hace.
Y de sí, cosas como esta pudieran llevarme o llevarnos a pensar: "Este es un mensaje difícil para un pastor predicar." Pero la realidad es que si quiere ser fiel a la Palabra, y si reconoce el llamado que la Palabra nos hace de predicar todo el consejo de Dios, entonces tenemos que predicar todos los pasajes que vienen a nuestro encuentro. Y este pasaje estaba ahí en esta semana cuando yo abría el libro, porque era el pasaje que nos tocaba.
Ahora, ciertamente en nuestra humanidad nosotros somos capaces de distorsionar la honra, como somos capaces de distorsionar cualquier otra cosa. Nosotros podemos distorsionar la ley y convertirnos en legalistas. Podemos distorsionar la gracia y convertirnos en libertinos. Podemos distorsionar la honra y convertirla en lisonja. Es una gran verdad. Pero lo cierto es que yo tengo que obedecer los imperativos de la Palabra. A veces nosotros excusamos nuestra falta de honra hacia otro y decimos: "Bueno, hay que tener mucho cuidado porque eso lo puede volver orgulloso." Y eso es verdad. Pero la última vez que yo chequeé la Biblia, para mí mismo recuerdo que a mí no me dieron la potestad de mantener al otro humilde. Que eso es un derecho del Espíritu de Dios, que Dios ha de hacerlo. Y créeme que Él sabe hacerlo. Yo puedo dar testimonio de eso. Dios sabe cómo humillarnos, y Él se reserva el derecho para Él solo.
Otras veces nosotros vemos a los nuestros ser honrados y no nos atrevemos a gozarnos con él. No nos atrevemos a gozarnos con él. Y de hecho nos volvemos sospechosos de ese otro. Es decir: "Eso sí le gusta a él." ¿Por qué nos reímos? Porque es verdad. Pero la Palabra nos dice en 1 Corintios 12:26 no solamente que lloremos con los que lloran, sino que nos gocemos con el que es honrado. Algo hace la honra en las relaciones humanas según Dios.
Ciertamente nuestra humanidad puede convertir la honra en lisonja. Pero la lisonja no es honrar al otro. Escucha una de las definiciones encontradas en uno de los diccionarios acerca de lisonja: "Adulación interesada." Hay un interés en la lisonja; en la honra no hay interés. "Que se hace a una persona para ganar su voluntad u otra cosa." La honra no tiene nada que ver con eso.
El apóstol Pablo nos llama a honrar a aquellos que trabajan arduamente entre vosotros. La traducción de las Américas dice "diligentemente," pero de nuevo, lingüistas opinan que esta palabra pudiera perfectamente ser traducida como "arduamente."
traducida como "arduamente", hasta el punto de llegar a estar exhausto. No sé cuántos de ustedes se percatan de cuál es el trabajo de un pastor. Y ahora no estoy hablando del pastor titular de ninguna iglesia, sino de cualquier pastor en el desarrollo responsable de sus funciones. Los pastores necesitamos enseñar la Palabra, necesitamos aconsejar las ovejas, necesitamos orar por ellas, defender la verdad y visitar a los enfermos, casar a los que se enamoran por si no lo habían notado, enterrar a los que mueren, consolar a aquellos que han perdido a sus familiares, estudiar continuamente la Palabra y otras cosas para mantenerse creciendo, para ayudar a la congregación a crecer, conocer sus tiempos y las circunstancias, reconciliar a los que necesitan ser reconciliados, amonestar a los que requieren corrección, animar a la congregación, confrontar el pecado, y muchas otras cosas que el tiempo no nos daría para definir.
Es un trabajo arduo, es un trabajo capaz de cansar a cualquiera, es un trabajo que puede ser extenuante. Entre las cosas que pueden extenuar en el trabajo pastoral, hay una carga física y una carga emocional y hay una carga espiritual. En cuanto a la carga espiritual se refiere, hay cosas en el mundo espiritual, no tangibles, no visibles, pero que son reales y que pueden ser extenuantes.
Yo daba testimonio, y lo daba de testimonio porque me da… tal vez después te voy a pedir que haga algo. Yo daba testimonio al primer grupo de la mañana: las últimas dos semanas para mí han sido quizás de las dos semanas más difíciles de todo mi ministerio, sin que nada humanamente visible haya ocurrido mal. Pero la intensidad de la batalla espiritual, como yo la entiendo, fue tal que yo le pedía a Dios que levantara personas que oraran por mí. Habían ya algunos orando por mí, y Dios ha sido tan fiel que literalmente Dios levantó gente aun fuera del país que me escribió sin conocer absolutamente nada, y me preguntó: "¿Qué está pasando?".
Pero ora a Dios por ti. Y al final del primer culto recibí un mensaje de alguien en una iglesia que me decía: "Quiero que sepas, por la razón que sea, que esta iglesia pasó un tiempo considerable orando por tu persona". Ves, ni siquiera de este país es. Pero hay una carga física, hay una carga emocional, hay una carga espiritual. Hay decepciones, hay incomprensiones, hay falta de apoyo moral en ocasiones, que quizás sea una de las cosas más hirientes para una persona. En muchos casos, que no es el nuestro, gracias a Dios, es la carga económica; no es el caso nuestro. Hay quejas, hay acusaciones, en ocasiones hay falta de aprecio, hay divisiones. No estoy hablando de la condición del trabajo pastoral. Hay expectativas que nosotros mismos nos imponemos, algunas reales, otras irreales. Nuestro propio orgullo, celos, envidias, rumores, inseguridades. Todas esas cosas contribuyen a la fatiga del pastor, que es un ser humano al igual que cualquier otro, la frialdad y las reconciliaciones.
Y esa es la razón por la que el Espíritu de Dios, hablando por medio de Pablo, nos habla: honrar a esos que os dirigen. Dice que trabajan arduamente, y luego dice que os dirigen en el Señor y os instruyen. Esa frase "en el Señor" es clave. La razón no es que ellos son superiores; la razón es que ellos están haciendo un trabajo en el Señor que ha sido delegado por el mismo Señor, y que es un trabajo que tiene sus propias cargas. Es un paquete que viene cargado de muchas cosas.
Honrar a aquellos que trabajan arduamente entre vosotros, que os dirigen. Esa frase "que os dirigen" tiene que ver con el ejercicio de la autoridad, algo también que es contrario a la naturaleza humana, y eso es el sometimiento a la autoridad que otros tienen, incluso cuando esta es delegada por Dios. Y muchas veces entonces tenemos nuestras propias justificaciones para rebelarnos y explicar nuestras insubordinaciones. Así es la naturaleza humana. Pero Dios nos manda, Dios que es el que merece toda honra, nos manda honrar. Dios que es el que merece y que tiene toda autoridad nos manda a someternos a autoridades: a nuestros padres, a las autoridades civiles, a nuestros pastores, aquellas que son esposas que se sometan a sus esposos, aquellos que son siervos a sus amos, y así sucesivamente. Dios sabe que hay una salud y hay una gloria de su autoridad que es demostrada a través de la sumisión.
El autor de la carta a los Hebreos, que pudo haber sido Pablo pero quizás no fue Pablo, no sabemos con certidumbre quién escribió la carta a los Hebreos. Algunos postulan que fue Apolos, otros que fue Pablo, y a la verdad que al final no tenemos certidumbre. Pero veinte años después que esta carta se escribiera, se escribe más o menos veinte años después, se escribe una carta a otra congregación, y esta carta se llama a los Hebreos. Y en esa carta, escucha, hay una instrucción muy similar a la instrucción del apóstol Pablo para con los tesalonicenses.
Escucha el versículo 17 del capítulo 13: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas". Nota el porqué: ahora el porqué no es porque ellos son superiores y se han ganado el cielo, sino porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta. "Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros". Más claro de ahí el Espíritu de Dios no pudo haberlo revelado.
Cuatro instrucciones en un solo versículo. Versículo: "Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos". Obviamente eso excluye algo que sea pecaminoso, pero fuera de ahí hay una instrucción. La razón: ellos velan por vuestras almas y ellos tienen que dar cuenta. Yo no sé cómo será eso, pero llegará el día en que tendremos que rendir cuenta por vuestras almas. Número tres: si eres oveja, permite que tu membresía en el redil traiga gozo a tus pastores, que ellos puedan ejercer su pastorado con gozo, porque de no hacerlo, número cuatro, ese pastorado sin gozo entonces lo harán quejándose, y eso no será de provecho para vosotros. Cuatro instrucciones, cuatro verdades en un solo versículo de por qué la oveja debiera hacer ciertas cosas para con sus líderes.
Nota que una de las razones para honrar a esos líderes en el texto de hoy es que ellos os dirigen en el Señor. Es la clave, la clave. De manera que cuando tú lo honras, tú no estás honrando tanto la persona humana sino el llamado del Señor. Ellos laboran y os dirigen en el Señor. Yo estoy honrando mayormente la posición que Dios le ha otorgado, que Dios ha delegado, y por eso le honro.
Hay otra razón según ese texto del versículo 12, es que ellos os instruyen. Tú lees eso y pasas por alto. Eso es claro, ellos te enseñan la Palabra. Pero no puedes decir tan rápido. En el rumiar la Palabra tienes que detenerte, porque la instrucción de esa Palabra va acompañada de una serie de cosas, de una serie de cosas que el pastor necesita cultivar. Y ese cultivo que lo tiene que hacer en dependencia de Dios, él tiene que hacer un esfuerzo para cultivar esas cosas si él quiere ser un expositor de la Palabra. Y la primera cosa que él tiene que cultivar es dependencia de Dios, y eso no es un aspecto místico, eso es un aspecto práctico. Luego tiene que cultivar humildad y sabiduría, integridad. No lo hacemos todo esto bien, pero tenemos que cultivarlo. Tiene que cultivar el estudio intenso de la Palabra para manejar la comprensión. Él tiene que cultivar mansedumbre y amor ágape, y paciencia, y perseverancia. Y tiene que perdonar a aquellos que caen, y tienes que perdonar a aquellos que pecan, y tienes que perdonar a aquellos, sobre todo aquellos que pecan contra ti como pastor.
De manera que el llamado de honrar a aquellos que trabajan arduamente, que os dirigen y que os instruyen, tienes que entender todo el paquete que se esconde detrás de todo eso para que puedas entender mejor las instrucciones, no de Pablo, del Espíritu de Dios que escribió a través del apóstol Pablo. Eso fomenta la santidad y el caminar sano de las relaciones en la iglesia. Y ese caminar sano de las relaciones en la iglesia no solamente proclama sino que refleja parte de la gloria que Dios quiere ver reflejada en la novia de su Hijo. Hasta ahí lo que el versículo 12 tenía que decirnos.
Nos queda un versículo, el versículo 13. El versículo 13, Pablo va a decir básicamente lo mismo con otras palabras que nos ayudan a entender un poco más de lo que necesito y me toca hacer: "Y que los tengáis en muy alta estima", versículo 13, "con amor por causa de su trabajo, y vivid en paz los unos con los otros".
Pablo nos llama a tenerlos en alta estima. Algunos lingüistas opinan que eso debiera ser traducido como "en la más alta estima", y que debo hacerlo con amor o en amor, dependiendo de la traducción. Se supone que el amor es la base de toda relación, en este caso de la relación oveja-pastor, pastor-oveja. El amor debe ser también aquello que sustenta esa relación, porque la falta de amor es la causa de la impaciencia con los demás, es la causa de palabras hirientes, es la causa de los sarcasmos, es la causa del egoísmo que no permite que yo comparta mi tiempo y mi espacio con otros. La falta de amor es la causa de los resentimientos, de las irreconciliaciones, de los prejuicios y de los juicios.
Y el apóstol Pablo está diciendo: tú tienes que tenerlos en alta estima, en amor, con amor. Porque imagínate que uno rehúsa al otro, que uno rehúsa a los líderes diciendo: "Te obedezco, imagínate, no me queda de otra". O que digamos: "Bueno, si eso es lo que Dios dice, no tengo que someterme a la voluntad del Señor, pero bueno..." Eso no es honrarlos en amor y con amor. Yo es que amo a aquellos que te dirigen, que te instruyen, que te dirigen, que tienen cuidado y responsabilidad sobre ti.
Y pensando entonces en eso, reflexionaba y me preguntaba si en la Palabra había ejemplos de eso. Y creo que hay más de uno, pero yo creo que donde tú mejor ves esto es en la relación de Pablo con un grupo de personas, un grupo de ancianos de la iglesia de Éfeso. Él los manda a llamar para reunirse en la ciudad de Mileto porque no podía llegar hasta allá, y tiene una serie de instrucciones acerca de cómo ejercer el cuidado pastoral, pero tiene que despedirse. Y entonces en el capítulo 20 del libro de los Hechos, a partir del versículo 36, nosotros leemos lo siguiente: "Cuando terminó de hablar, se arrodilló y oró con todos ellos. Y comenzaron a llorar desconsoladamente, y abrazando a Pablo le besaban afligidos, especialmente por la palabra que había dicho de que ya no volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta el barco".
Esta gente no solamente se sometió a las instrucciones de Pablo; esta gente amó a Pablo. Y cuando él se despide de ellos, ellos no solamente lloran, ellos lloran desconsoladamente. Y ellos no solamente lo abrazan, ellos lo besan. Y ellos no solamente lo besan, ellos le acompañan hasta el barco hasta poder despedirlo. Ellos le amaron y no simplemente se sometieron a sus direcciones.
Pudiéramos decir: "Bueno, pastor, pero que era muy fácil amar a Pablo". Puede ser. Pero sabes qué, lo que la Palabra dice es: "Si solo amas a los que te aman, ¿qué mérito tenéis? ¿Qué mérito?" Y solamente ama a los Pablo. No te hagas.
Una vez más, el énfasis que Dios hace: que los tengáis en muy alta estima, o en la más alta estima, con amor. Escucha la razón: no por ser Pablo, por causa de su trabajo. Yo hablé de esto más arriba de forma detallada. Apacentar ovejas es un trabajo delicado, es un trabajo peligroso, es un privilegio, es una alta responsabilidad. Pero no sé cuántos de ustedes entienden cuán peligroso ese trabajo es. Es un trabajo altamente delicado de cuidar de ovejas por las cuales Cristo pagó con sangre. Sería un trabajo de alto riesgo. Es un trabajo con múltiples tentaciones de diferentes naturalezas. Es un trabajo que puede llevar frecuentemente al agotamiento físico, emocional y espiritual. Es un trabajo parecido al trabajo del bombero que va en rescate de la víctima y en ocasiones en su rescate él pierde su vida. Es un trabajo que requiere de mucha dependencia de Dios, pero es a la vez un trabajo que está sometido a las presiones de las necesidades, la mayoría o muchas reales, de las ovejas. Y lo que ocurre es que tu relación y dependencia con Dios es lo...
Lo prioritario frente a lo urgente es un desafío constante en el ministerio pastoral. Las necesidades y demandas de las ovejas son urgentes, y lamentablemente es muy frecuente que lo urgente toma el lugar de lo prioritario. Cuando eso ocurre frecuentemente, termina derrumbando la vida del pastor en su buena intención. Es un trabajo de alto riesgo. Debemos tenerlos en alta estima con amor a causa de su trabajo.
Finalmente, el texto de hoy termina con un llamado a vivir en paz los unos con los otros. La paz es el resultado de la unidad, y la unidad es la ausencia de guerras y divisiones entre los seres humanos. Pero para nosotros vivir en paz y vivir en unidad, vamos a tener que amarnos, perdonarnos, soportarnos. Con ese mismo ánimo, soportar al otro no es: "¡Ah, qué bárbaro, yo sí te soporto!" Es difícil, pero yo tengo que soportarte en amor y tú a mí.
Tenemos que honrarnos, tenemos que perdonarnos, tenemos que creernos y dejar de ser tan sospechosos el uno del otro. Tenemos que humillarnos. Recuerda que el texto de 1 Corintios 13 dice que el amor todo lo cree. Tenemos que creernos y dejar de sospechar, tenemos que humillarnos, tenemos que reconocer a los que trabajan arduamente entre nosotros, que os dirigen y que os instruyen. Tenemos que amar de manera especial a nuestros líderes, y los líderes de manera incondicional a sus ovejas. Todo eso requiere mantener y cultivar la paz.
La paz es un concepto vital en la Palabra de Dios. Esa palabra aparece no menos de 400 veces en ambos testamentos. En el lenguaje hebreo, la palabra es "shalom", pero shalom en el hebreo no es simplemente la ausencia de conflictos. Shalom es todo el bienestar que puede llegar a ser disfrutado por una persona. De tal manera que cuando una persona judía despedía a otra persona y le decía "shalom", no le estaba diciendo que le vaya bien con su esposa. Estaba deseando todo el bienestar material, físico, emocional y espiritual que Dios pudiera traer sobre él. Shalom. La ausencia de conflictos y la presencia de paz es parte de shalom.
En el griego la palabra es otra, es "eirene". Aparece en 26 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Es la palabra para paz. Es un concepto vital en la Palabra de Dios porque ciertamente la paz entre el hombre y Dios, entre el hombre Adán y Dios, se interrumpió justamente cuando él decidió no someterse más a su autoridad. Y desde entonces no ha habido paz entre los hombres.
En el Sermón del Monte, Cristo dijo: "Bienaventurados aquellos que procuran la paz." El verbo traducido ahí como "procurar" es un verbo de acción que requiere que yo haga algo. No es algo pasivo, no es algo que ocurre con los brazos cruzados. En el griego, la palabra, según historiadores griegos de la antigüedad, hacía referencia a ciertos embajadores que eran enviados por una nación para ir y hacer la paz con otra nación. De tal manera que Cristo nos está diciendo que nosotros somos esos embajadores que debemos procurar la paz entre los hombres. Primero la paz del hombre con Dios, pero esa paz del hombre con Dios es la que permite que haya paz entre los hombres.
En ese sentido, el primer embajador fue Cristo, que vino a reconciliarnos con Dios. Pero cuando Cristo vino a procurar la paz —bienaventurados los que procuran la paz—, cuando Cristo vino a procurar la paz entre Dios y el hombre, Él tuvo que hacer algo. Él tuvo que sacrificarse. Y en su sacrificio, Cristo abandonó el cielo, Cristo dejó su posición, Cristo se encarnó, se humilló, predicó a favor de la paz con Dios, oró por esa paz, sangró por la paz entre el hombre y Dios, pagó con su sangre por esa paz y murió por esa paz. Por esa primera paz entre Dios y el hombre que permite vivir en paz unos con otros.
Y la manera de honrar precisamente la paz establecida entre el hombre y Dios es nosotros demostrando paz entre nosotros por medio de la gracia que nos visitó en primer lugar. Y así proclamamos su gracia sobre nosotros. Pero para nosotros vivir en paz, Pablo dice vivir en paz los unos con los otros, vamos a tener que renunciar y vamos a tener que hacer sacrificios. Vamos a tener que dejar a un lado nuestras concepciones y nuestras preferencias y nuestros deseos y nuestros anhelos, justo como Cristo.
Luego, el autor del libro de Hebreos, al cual ya lo cité, una carta escrita unos 20 años después, en Hebreos 12:14 nos recuerda y nos dice: "Buscad la paz con todos." Y para los unos, dice el versículo 13 al final: "Vivid en paz los unos con los otros." No con aquellos que piensen como yo, no con aquellos que son como yo, con todos. Dijimos lo que significa esa paz: yo tengo que hacer algo para vivir en paz.
Pero escucha la bienaventuranza: "Bienaventurados los que procuran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios." La palabra traducida como "hijos" ahí es una palabra que hace referencia al carácter de la persona. De tal forma que Cristo nos está diciendo que bienaventurados y bendecidos son aquellos que procuren la paz, porque cuando ellos hacen eso ponen en evidencia que ciertamente ellos son hijos de Dios. Y el procurar esta paz es parte de esa evidencia.
De la misma manera que el Hijo, el Unigénito, procuró la paz y logró la paz entre Dios y el hombre, ahora aquellos que han sido reconciliados con Dios, en la demostración de la imagen de Cristo formada en ellos, van a ser pacificadores que procuran la paz entre los hombres. Por eso serán llamados de esa manera.
No sé cuánto se recuerdan, pero cuando Cristo hizo su entrada al mundo, escucha cuál fue el mensaje: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace." Se encuentra la gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres, a los hombres en quienes Él se complace. Y cuando Cristo iba a salir del mundo, Él dijo algo similar: "Mi paz os dejo, mi paz os doy." Él entra con un anuncio de paz, Él sale con un anuncio de paz. Vivid en paz los unos con los otros.
Cristo oró por la paz, no solamente entre Dios y el hombre, sino entre los hombres. Murió por la paz entre Dios y el hombre, pagó por la paz entre Dios y el hombre. Y ahora, si nosotros queremos desplegar su gloria de todas las maneras posibles, una de las formas de hacer eso es mostrando la esencia del carácter del Hijo de Dios, que es un pacificador, y busca y procura la paz. Y él es bendecido y bienaventurado porque exhibe la imagen de Cristo en él.
¡Wow! ¿No quieres vivir de esa manera? ¿No quieres que nos honremos unos a otros, que nos amemos unos a otros, que nos perdonemos unos a otros, que nos animemos, que nos fortalezcamos unos a otros? ¿No quieres ser un siervo que muestre la imagen de Cristo tallada en él? Que nos permita entonces vivir en paz, y esa vivencia en paz pueda hablar al mundo de que realmente Cristo vive en nosotros. ¿No quieres ser un siervo para su gloria? ¿No quieres honrar a los que trabajan arduamente entre vosotros, que os dirigen, que os instruyen?
Miren lo que vamos a hacer. Vamos a acabar de una manera distinta. Si tú eres diácono, diaconisa, diriges un grupo pequeño, si tú eres pastor, anciano, esposa de pastor —que he dicho de paso, marzo es el mes reconocido para honrar a las esposas de pastor y se me olvidó decirlo, ya se está acabando, porque no me enteré antes, pero me enteré antes de que acabara—. De manera que si tú eres esposa de pastor, yo quiero pedirte, junto con los pastores, los diáconos, diaconisas, y si tú estás sirviendo en cualquier capacidad, diriges un grupo, diriges niños, diriges jóvenes, yo quisiera que te pongas de pie. Yo quiero verte de aquí. En cualquier capacidad que estés sirviendo: si cantas en el grupo de adoración, tienes un grupo, enseñas, enseñas niños, diriges, trabajas en cualquier lado, en cualquier ministerio, en cualquier capacidad.
Voy a quedarme aquí arriba porque yo quiero pedirte que hagas algo que tú haces conmigo todos los domingos. Pero eso no tiene que hacerlo conmigo. Yo quiero que tú lo hagas con ellos, aquellos que están a su alrededor. Yo quiero que tú te pares y vayas donde uno de ellos y le digas cuánto le aprecias, o le amas, o valoras su trabajo, o le des gracias por el trabajo que realiza, o le des gracias por lo que Cristo puso en él, o que le puedas decir: "De hoy, gracias a Dios por darte, gracias a ti por darme lo que Dios te dio a ti."
Cualquiera de esas cosas. Ve ahora y dile a tu hermana lo que le aprecias, lo que le amas, cómo valoras su trabajo, cómo valoras lo que hace, cómo valoras su servicio, lo que te ha entregado, las horas que te ha dado. A alguien que tú no se lo habías dicho nunca, dile: "Hermano, perdóname que no te lo había dicho, pero te valoro, te aprecio, te amo. Aprecio lo que haces por la iglesia, aprecio lo que haces por mis hijos, lo que haces por nosotros como parejas." Y si vas a un grupo de parejas: "Gracias por ayudarnos a enseñar al pueblo de Dios todos los días, todos los domingos. Gracias por ser un siervo aquí entre nosotros. Gracias por servir en seguridad. Gracias por ayudarnos a parquear los carros. Gracias por ayudarnos a limpiar el templo, a organizar las sillas." No importa: apreciar el trabajo del otro, para que nosotros podamos mostrar la obra de Cristo en nosotros. Y que tú puedas ser un siervo para su gloria. ¿No quieres?
Si tú quieres hacerlo, lo vamos a cantar ahora. Que Dios nos ayude ahora a celebrar el espíritu y la actitud de Cristo, que dejó su gloria, se encarnó, se humilló, fue a la cruz y murió por nosotros. Que Dios te bendiga, hermano.